Fanfic por MiauNeko

Lost Memories

Capítulo 3: Cambios

Había pasado un año desde el torneo organizado por Fone. El auspiciador actual era Sakyou, pero el torneo ni siquiera había comenzado y ya estaba suspendido. Todo ocurrió durante el duelo a muerte que había acordado con Yagami.

El encuentro se realizaría en las instalaciones dispuestas para el torneo. Así lo había decidido Sakyou, que estaba muy interesado en verlos pelear. Si uno de ellos iba a morir, había dicho, quería verlo, ya que muerto no podría participar y no quería perderse la oportunidad de ver una de sus legendarias peleas con sus propios ojos.

No tuvieron objeciones. ¿Cómo iban a saber lo que Sakyou planeaba?

Mientras él y Iori se enfrentaban con una furia nunca antes vista, y Kyo notaba que Iori era ahora mucho más poderoso que él, uno de los helicópteros de Sakyou empezó a sobrevolar el lugar. Las llamas seguían enfrentándose, la expresión de Iori era de satisfacción total al ver que Kyo correspondía su odio. ¡Kyo realmente quería matarlo! Se lo decían sus ataques, su mirada, la furia que destilaba en todos sus movimientos. Iori sabía que su nueva forma de dominar el fuego púrpura había dejado a Kyo en mal estado, las quemaduras en su rostro y brazos debía ser insoportables, pero Kyo también estaba satisfecho. Esta pelea lo liberaba de la angustia que lo había embargado desde que terminó el torneo de Fone. ¡Tenía la vida de Iori en sus manos, y estaba dispuesto a acabar con ella!

Sin embargo... No habían previsto lo que Sakyou tramaba. Era imposible de adivinar. Ese hombre con aspecto de negociador estaba tras sus cuerpos, quería obtenerlos como fuera, vivos o muertos; no le importaba la forma ni el momento. Sakyou obtendría el poder de los peleadores a como diera lugar.

Pero ellos no supieron eso hasta que del cielo llovió una ráfaga de disparos, proveniente del helicóptero. Todos los que se encontraban allí corrieron a cubrirse, entre gritos de alerta. Iori y Kyo estaban a campo abierto, en la plataforma de pelea; no había ningún lugar donde ellos pudieran esconderse.

- Malditos, ¿qué se proponen? - exclamó Kyo viendo que el helicóptero se dirigía hacia ellos. Una nueva ráfaga de disparos los hizo saltar hacia un lado, esquivándola.

- No permitiré que interrumpan esto - había gruñido el pelirrojo poniéndose de pie. Todo su semblante se oscureció. El helicóptero se le había acercado de frente, como si se dispusiera a embestirlo o hacerlo pedazos con sus hélices. Kyo pudo ver claramente cómo la sombra del poder de Orochi cubría los ojos de Iori dándole un aspecto salvaje. Quiso prevenirlo, quiso gritarle, muy a la Yagami: "Que no te mate, quiero tener el placer de destruirte yo mismo", pero eso lo hizo reaccionar. ¿Desde cuándo había empezado a pensar así?

No fue necesario advertirle nada a Iori. Cuando la sombra sobre sus ojos se apartó, Kyo vio como su poder se manifestaba en la forma de ocho gigantescas columnas de fuego púrpura que penetraron las nubes, haciendo retumbar todo el lugar. La figura de Iori se veía pequeña y frágil rodeada de las salvajes llamaradas púrpura. Sin embargo bastó un movimiento de sus brazos para que todo el fuego lo obedeciera y se lanzara hacia el cielo, contra el helicóptero que intentó esquivar el ataque haciendo un brusco giro, levantando el polvo del coliseo donde estaban con el girar de las hélices que por un momento parecieron poder apartar las hambrientas llamas.

Finalmente el helicóptero fue alcanzado por este ataque, una explosión lo mandó hacia abajo a una velocidad vertiginosa. El pelirrojo tardó en erguirse, parecía estar jadeando, como si aquello fuera demasiado para él.

Kyo estaba sorprendido ante el poder que Yagami había demostrado poseer. El primer ataque lo conocía: Eight Wine Cups o algo así. Pero el segundo, jamás en su vida había presenciado semejante explosión de fuego surgir de las manos desnudas de alguien.

Estaba demasiado distraído con estos pensamientos y se dio cuenta muy tarde que los restos en llamas del helicóptero caían del cielo.

El aparato caía en picada, sus hélices aun girando y la parte trasera explotando en mil pedazos. Trozos de metal caían a su alrededor, afilados y cortantes, algunos en llamas, otros ardientes. Poco a poco el fuego púrpura se apagó, pero el chirrido escalofriante de la hélice destrozada hizo que Iori levantara la vista y viera el peligro también. Ambos peleadores se habían quedado petrificados al ver pasar los restos del helicóptero a solo unos metros de ellos para ir a estrellarse en una pared cercana. Kyo se había vuelto hacia Yagami:

- ¡Eres un idiota! ¿Cómo pudiste hacer semejante estupidez? - le gritó. Ese duelo era para matarse entre ellos, ¡pero hacer que un helicóptero le cayera encima era el colmo!

Vio que Iori corría a toda velocidad hacia él, sus ojos encendidos de furia, más rápido que nunca, tan rápido que Kyo no alcanzó a reaccionar. ¿Un ataque a traición?

El cuerpo de Iori golpeó contra el suyo con tal fuerza que cayeron pesadamente al suelo...

No...

No había sido la fuerza del pelirrojo sino.. Los ojos de Kyo se abrieron con súbito horror cuando vio que se trataba de un trozo del fuselaje del helicóptero. Habría caído sobre él de no haber sido por Iori. Iori... ¿¡lo había salvado!?

- ¡¡Oi... omae {oye... tú}!! - gritó, tratando de sacárselo de encima. Lo sacudió, pero vio que Iori no estaba consciente, yacía sobre él, su cuerpo totalmente fláccido y una línea roja bajando por un lado de su rostro.

Sólo entonces sintió el frío dolor en su costado. El pelirrojo lo había salvado de la muerte, pero ambos habían sido alcanzados por el agudo filo del metal. El mundo pareció oscurecerse... Kyo sentía la cabeza de Iori descansando contra su pecho y sus manos aun aferradas a él.

* * * *

Cuando despertó estaba en el hospital. Sus brazos y costado vendados. Al parecer las enfermeras habían tenido problemas con él porque la tela estaba suelta. Uhm. Sus manos le dolían así que se llevó el borde del vendaje a la boca, lo sujetó con los dientes y tiró con todas sus fuerzas, arrancando un trozo que colgaba.

El súbito dolor, la frustración de no haber podido terminar el duelo a muerte, y la rabia que sentía hacia Iori lo hicieron gritar: "¡Yagami temee! {Yagami, bastardo}"

Al instante una enfermera apareció por la puerta, asustada.

- Oh , dios, despertó... - murmuró, pero en seguida agregó, señalando hacia la cama contigua a la suya -: No haga ruido por favor.

Kyo notó que había una división en la habitación. Una pantalla de tela celeste. ¿Había alguien allí con él?

- Perdón - se disculpó mientras la enfermera se acercaba a la cama de su compañero de habitación, que quedaba oculta por la tela.

- Usted también está despierto... - dijo suavemente la enfermera hablando con el otro paciente -. Bien, iré a llamar al doctor.

Con eso la joven salió, apresurada. Kyo miró a su alrededor. Era una habitación de cuidados intensivos, y él estaba conectado a dos o tres máquinas. Tenía una aguja insertada en su brazo y no la había notado; siguiendo el pequeño tubo con la mirada, se encontró con un una bolsa de suero, goteando lentamente. Se llevó una mano a su costado herido y sintió un escalofrío. El vendaje era enorme.

Observó por la ventana el cielo gris de invierno. Suspiró. Hasta que se recuperara de esa herida pasaría un largo tiempo... y tendría que soportar la desesperación por matar a Yagami con sus manos desnudas. ¡Iba a ser un martirio!

La puerta se abrió en ese momento y entró un médico seguido de la enfermera de segundos atrás.

- Así que ya despertaron, ¿eh? - dijo el doctor amablemente. Se acercó primero a la cama del desconocido y tardó unos segundos -. Va a estar bien. – Oyó que decía dulcemente, con la amable hipocresía de todos los médicos cuando quieren decir exactamente lo contrario. Luego pasó al lado de Kyo, que lo observó con recelo.

- ¿Qué sucedió? – preguntó mientras el médico examinaba sus ojos y las magulladuras de su rostro que, por cierto, no habían sido a causa del helicóptero sino gracias a los golpes y el fuego de Yagami.

- Una detective lo trajo de emergencia – respondió el doctor suavemente. Su cabello era blanco, y sus ojos húmedos y cálidos -. Dijo que hubo un accidente de helicóptero... Al parecer uno de los trozos de metal se incrustó en su costado – con esas palabras, Kyo sintió las manos del médico recorriendo el vendaje y produciéndole dolor. – Ya está fuera de peligro. Lo operamos hace un par de días y va a estar bien.

- ¿Detective? ¿Par de días? - repitió Kyo parpadeando perplejo.

- La señorita Mary Ryan - aclaró el doctor. Kyo asintió. Blue Mary se había encargado de todo. - Bien, volveré en unas horas, necesito que descanse, por favor – indicó el doctor obligándolo a recostarse -. Si se está tranquilo, quizás en una par de semanas pueda volver a su hogar. Ahora, me ocuparé del caballero aquí a su lado. Su estado es un poco más delicado.

La enfermera se acercó y ayudó a Kyo a ponerse un poco más cómodo. El dolor lo hizo estremecerse. Ella sonrió.

- Le daré unos sedantes para que pueda dormir, ¿está bien? – dijo suavemente, sin dejar de observar los ojos castaños de ese hermoso joven que tenía en frente.

- Como sea...

Kyo cerró los ojos para no ver la aguja y el sedante.

Ni siquiera se dio cuenta cuando se quedó dormido.

* * * *

Tres días pasaron, increíblemente aburridos. Todo lo que Kyo podía hacer era dormir, leer, ver TV y desesperarse pensando en que quería matar a Yagami. El tenía la culpa después de todo. Por su culpa estaba en ese maldito hospital.

Los doctores eran amables con él, y las enfermeras no dejaban de coquetearle, pero a pesar de las comodidades que le ofrecía, él estaba harto. Nunca había sido de quedarse en un solo lugar demasiado tiempo. De niño prefería salir a jugar al exterior, lejos de la mansión Kusanagi; y en los últimos años sólo pasaba por su departamento para dormir. No le agradaba ese lugar, desordenado y frío. Solitario.

Una tarde especialmente aburrida, Kyo empezó a hablar en voz alta, intentado conversar con su compañero de cuarto. No podía verlo debido a la cortina que los separaba, y no podía ir hacia él porque continuaba conectado a los sensores que medían su ritmo cardíaco.

- Oi, ¿omae no namae wa? {¿Cómo te llamas?) – preguntó, bajándole el volumen al televisor. Esperó unos segundos y no recibió respuesta -. Oi, ¿moshi moshi? {¿Alo?} ¿Hay alguien allí?

Nada. No obtuvo respuesta esta vez tampoco.

"Mou... ¿Y más encima esto?" se quejó cubriéndose con las sábanas.

Los doctores ya no lo examinaban mucho. Las únicas veces que los veía era cuando venían a tratar a su compañero de cuarto. Oía los murmullos apagados, las conversaciones, los consejos, pero no entendía palabra. ¿Qué tendría su compañero? ¿Sería algún enfermo terminal acaso? ¿Sería mudo? ¿O sordo?

Una noche vinieron a desconectarlo de las máquinas.

- Ahora sí está totalmente fuera de peligro, siempre y cuando guarde reposo – le indicó la enfermera de turno, tardándose más de lo necesario para retirar la aguja de su brazo. A Kyo no le importaba que ella estuviera tan cerca, tan coqueta. Se sentía aliviado al ver que se llevaban los sensores y el suero.

Lo dejaron solo, arropado como un niño pequeño. Vagamente notó que le daban las buenas noches con una risita juguetona, pero no les hizo caso.

Apenas estuvo solo se puso de pie con cuidado y estiró las piernas, suspirando con alivio. Se sentía torpe, después de pasar tanto tiempo acostado, pero pudo caminar hasta el teléfono que estaba sobre una mesita entre ambas camas, y probó marcar. Había línea. Sonrió. Al menos podría saludar a Yuki, que debía estar desesperada al no poder visitarlo en la sección de cuidados intensivos.

Su nerviosismo se incrementó a cada timbrada del teléfono, una, dos, tres... Yuki, ¿por qué no contestaba?

Cuatro, cinco... Kyo se volvió inconscientemente, y por primera vez vio el rostro de la persona que había estado con él todo el tiempo.

El auricular cayó de su mano con un golpe sordo al dar contra el piso. Sus ojos se abrieron de sorpresa y sintió una punzada en el pecho.

- Y... Y.... Yagami... - tartamudeó. Era el pelirrojo, allí, a solo pasos de su cama. Estaba recostado contra las almohadas, aun conectado a esas desagradables máquinas. Su cabeza estaba vendada, y su cabello caía desordenado hacia un lado. Observaba a Kyo con entrecerrados ojos vidriosos. Sus labios estaban entreabiertos expresando profundo dolor. La línea muerta del teléfono era lo único que se escuchaba aparte del sonido de la maquina que registraba los irregulares latidos del corazón del pelirrojo.

- A... anata wa... dare... desu ka... {¿Q... quién es... usted...?} – oyó que preguntaba débilmente.

Kyo parpadeó perplejo. Aquella voz... No parecía ser Iori... Y, ¿le estaba preguntando quién era?

Kyo quiso decir algo pero el dolor lo inmovilizó súbitamente, perdió el equilibrio y cayó de rodillas con un grito. Vio la mirada preocupada en los ojos rojos de Iori y notó cuando presionó el botón para llamar a la enfermera, que apareció a los pocos segundos.

Corrió hacia Kyo.

- ¿Qué hacía de pie? – exclamó, sosteniéndolo. Miró el teléfono que yacía en el suelo y comprendió. Observó con el ceño fruncido a Kyo -. ¿Acaso no le dijeron que debía quedarse en la cama? Si quería algo, nos hubiera llamado, para algo estamos nosotras. – Su voz contenía apenas la furia que debía sentir. Ese joven inquieto era su responsabilidad, después de todo, y el que sufriera una recaída no la favorecía a ella para nada.

Kyo le lanzó una mirada y esbozó una sonrisa:

- Lo siento, cariño – murmuró, sensual, y rió para sí cuando vio cómo la muchacha se sonrojaba.

Luego observó a Yagami, que también lo miraba. Por su expresión Kyo supo que algo debía estar realmente mal con él.

- ¿Qué le pasó? - le preguntó en voz baja a la enfermera mientras ella lo ayudaba a sentarse en la cama y acostarse de nuevo -. ¿A ese chico?

Ella ordenó las sabanas alrededor de Kyo.

- Vino del mismo accidente que usted - dijo suavemente, sin encontrarse con sus ojos y sus mejillas aun sonrojadas -. Pero, bueno, no corrió con tanta suerte... tiene una lesión cerebral grave... Fue un milagro que saliera con vida. - Calló de repente - Hey, hey, ¿se siente bien? – exclamó, mientras observaba el rostro pálido de Kyo. Salió presurosa para llamar a un doctor.

* * * *

Kyo despertó al medio día. Parpadeó tratando de aclarar su mente embotada. Esta mañana las cortinas estaban cerradas y la única luz provenía del fluorescente en el techo. La luz artificial lo hacía sentir perdido en el tiempo. No importaba realmente si era de día o de noche, porque todas las horas en ese lugar eran iguales, pero el ambiente que le daba a la habitación lo deprimía.

Algo llamó su atención, habían quitado la división que lo separaba de su compañero de cuar... de Yagami, pero la cama a su lado estaba vacía. Sintió un escalofrío mientras recordaba las palabras de la enfermera. No podía creerlo, no lo concebía. Le era imposible imaginar a Iori Yagami en ese estado. ¿Al borde de la muerte? No, no podía ser. EL pelirrojo era demasiado fuerte para eso, tenía que aceptarlo. Además, estaba seguro que no le pasaría nada hasta que terminaran con el duelo pendiente.

- Kyo...

Se sobresaltó. Había alguien con él. Una mujer... Parpadeó intentado aclarar su visión. ¿Era Yuki? No... Mary... No, tampoco.

- Kyo-san...

- ¿Athena? – murmuró él, por fin reconociendo la suave voz.

La muchachita que había estado esperando apoyada en un rincón, se le acercó despacio. Su rostro reflejaba angustia. Vestía uniforme de colegio, y sus manos apretaban nerviosas el borde de su falda azul.

- Cuanto me alegra que esté bien - dijo, sus ojos púrpura brillando con sincera felicidad mientras observaba con adoración al joven que amaba en secreto -. No dejan entrar a las visitas - continuó. - Yuki lo espera afuera, y algunos de los chicos también... – Su voz se quebró en ese momento. Las lágrimas inundaron sus ojos, para sorpresa de Kyo, y ella sonrió, a pesar de que lloraba.

El joven no pudo evitar levantar una mano para, débilmente, apartar las lágrimas de su mejlla. La muchacha entrecerró los ojos, sonriendo aun, mirando al perplejo Kyo. Despacio pasó sus brazos a su alrededor, estrechándolo con cariño.

- Kyo-san... – sollozó -. Pensé que todo terminaría en ese encuentro. Pensé que usted...

- ¿Que iba a morir? – preguntó Kyo con voz suave y agregó con una sonrisa traviesa -: Me tienes bastante confianza, ¿ne?

Athena negó con la cabeza.

- Sonna {No es eso}. Aun si usted ganaba, alguien hubiera resultado muerto. Y al convertirse en asesino, una parte de usted habría muerto también. Debo agradecer a Iori-san... por haberlo evitado.

- A... Athena... – murmuró el joven, y en seguida recordó al pelirrojo -. ¿Dónde está Yagami? - preguntó Kyo, para extrañeza de Athena que se alejó de él, secándose las lágrimas con el borde de su manga.

- No lo sé... – respondió -. Desapareció antes de que Mary-san pudiera ayudarlo. – La joven dejó de hablar cuando oyeron ruidos en la puerta. Alguien entraba. - Debo irme - sonrió ella y besó a Kyo en la frente -. No sabe lo tranquila que me siento al ver que usted está bien. Cuídese mucho, por favor.

Athena desapareció en un aura de luz justo cuando la puerta se abría. Kyo miró al que entraba, era un enfermero joven empujando una camilla. Un pelirrojo yacía en ella.

¿Yagami?

Sí, era él. Miraba fijamente el techo con los párpados entrecerrados. Su mirada estaba empañada de dolor.

Con algo de esfuerzo el enfermero lo ayudó a llegar a la cama, donde el pelirrojo se sentó, su mirada perdida, su expresión neutra.

- Si necesita algo, sólo llame - dijo el enfermero antes de salir. Iori asintió. Luego, lentamente, se volvió hacia Kyo, que lo observaba.

El pelirrojo sonrió levemente, casi imperceptiblemente.

- Ohayou gozaimasu {Buenos días} – saludó -. ¿Genki desu ka? {¿Cómo está?}

Kyo experimentó un conflicto de sentimientos. Quería matarlo, era su culpa el que el helicóptero hubiera caído y que ahora ambos estuviesen en el hospital... Pero al mismo tiempo, Iori lo había salvado y ahora sufría las consecuencias. Lo odiaba... Y a la vez la lástima lo embargaba. Quería saber desesperadamente cuáles habían sido las razones de Iori para salvarlo. Nunca había podido entender la actitud del pelirrojo. Era como si mantuviera a todos a distancia, haciéndose el indiferente en los momentos más críticos.

- ¿Yagami? - no pudo evitar preguntar.

- ¿Yagami? ¿Es ese mi nombre? - murmuró el pelirrojo llevándose una mano a la cabeza.

Kyo parpadeó, confuso, dándose cuenta que Iori no recordaba nada.

Los dedos del joven tocaron el vendaje y luego, en un movimiento impulsivo que durante un momento lo hizo parecer el Iori Yagami de siempre, sujetó las cintas blancas y las arrancó, para lanzarlas lejos, al otro lado de la habitación. Luego miró a Kyo más fríamente -. ¿Anata wa dare desu ka? {¿Y usted quién es?}

- Kusanagi Kyo... da. - respondió él, titubeante. No hubo señal de reconocimiento.

- Kyo... - repitió Iori. Apartó la mirada un momento, como si dudara, luego preguntó, levantando la vista hacia Kyo -: ¿Nos... conocemos?

Se quedaron observándose. Kyo asintió despacio. Iori entrecerró los ojos, luego negó con la cabeza. Abandonó su expresión dolida e intentó sonreír.

- ¿Qué te sucedió? ¿Alguien te atacó?

Kyo bajó los ojos esta vez. ¿Debía decirle? ¿O sólo estaba bromeando y era una coincidencia?

- No... – murmuró, dudoso -. En realidad... yo estuve peleando con alguien.

Oyó un sonido a su lado; cuando miró, Iori se había recostado y cubierto con las sábanas.

- Lo siento, estoy cansado, si me permites...

Kyo observó a Iori cubrirse y luego hizo lo mismo. No había nada más que hacer que dormir, de todas formas. Sin embargo le pareció que aun podía oír la voz de Iori, tan calmada, tan educada... ¿Acaso así sería Iori Yagami de no haber sido criado en el odio y la rivalidad?

¿Y como sería él?

* * * *

Un grito lo despertó, un grito de dolor y de furia. Pensó que estaba soñando pero se trataba de Iori. Estaba sentado en su cama, con la cabeza entre las manos, gimiendo. Kyo se levantó y se le acercó.

- Oi...

- ¡Aléjate!

Había lágrimas en sus ojos, notó Kyo. Puso una mano sobre su hombro.

- Oi... ¿Daijoubu? {¿Estás bien?} – insistió.

Como respuesta recibió otro gemido ahogado.

- Me duele...

- Espera... Voy a llamar a...- Kyo quiso tocar la alarma de las enfermeras pero una mano lo detuvo.

- No...

- Pero...

- ¡NO!

Esa determinación... Esa furia en su voz...

Kyo no sabía qué más hacer. Iori jadeaba, su pulso era irregular. De pronto una línea de sangre brotó de entre sus labios y el pelirrojo se llevó una mano al pecho. El joven de cabello castaño comprendió... Pero... ¿cómo explicarle lo del Riot sin asustarlo?

- Hey, hey, estarás bien - intentó calmarlo tocándole levemente la mano -. Es algo pasajero, ya verás. - Limpió la sangre de sus labios con un gesto imperceptible.

- ¿Cómo lo... sabes? - murmuró Iori. Kyo cerró los ojos un segundo, luego se tragó su odio, su orgullo, todo.

- Porque... te conozco lo suficiente para saber que te pondrás bien.

Iori bajó la cabeza.

- ¿Sou desu ka? {¿Si?} ¡No te recuerdo, tu rostro y tu nombre no significan nada...!

Kyo asintió. Se sentía miserable tratando de consolar a la persona que más odiaba. Le parecía una situación ridícula, como si todo fuese una mala actuación de Iori.

- Para mí tú sí significas algo – se obligó a decir -, y hasta que te recuperes eso bastará, ¿ne?

Iori asintió, retorciendo las sábanas entre sus dedos debido al dolor y quizás también al miedo.

- Arigatou... – susurró.

Continúa...

Capítulo 3.1: Transición       Volver a Shades of Flames

The King of Fighters y sus personajes pertenecen a SNK
Lost Memories pertence a MiauNeko &
Shades of [Flames]... and [Passion]
Noviembre 2000