Fanfic por MiauNeko

Lost Memories

Capítulo 4
Dos Cálidas Acogidas

- No, ¡no lo voy a permitir! ¡Usted puede irse, si quiere, pero este joven no está en condiciones de dejar el hospital aun! - exclamó el médico cuando Kyo le dijo que pretendía llevarse a Iori con él. Kyo estaba de pie, con el doctor, en medio de la habitación. Sus ojos brillaban coléricos, harto de que todos tuvieran que negarse a lo que él pretendía hacer. Iori esperaba sentado al borde de la cama, con expresión cansada y distraída.

- Yo me encargaré de él, usted sólo dígame qué medicamentos conseguir y yo me encargo. ¿Acaso es tan difícil?

- Ese no es el punto... - gruñó el doctor -. Si algo le sucede no será capaz de atenderlo, y el tiempo que tarde en traerlo hasta aquí puede ser crítico... Puede costarle, si no la vida, su última esperanza de recuperación. Lamento ser tan duro, pero Yagami-san podría perder la memoria para siempre.

Kyo pensó para sí: 'no le haría nada mal'... pero al instante se maldijo por ser tan cruel y volvió a preguntarse desde cuándo había comenzado tener esa clase de sentimientos que no iban con él.

- No quiero dejarlo solo aquí - exclamó Kyo.

- ¡Entonces quédese con él! ¡Ya le dije que usted tampoco está en condiciones de salir! - el doctor aprovechó el asunto. Kyo lanzó un bufido, dio media vuelta y caminó hacia la ventana. Observó el jardín que rodeaba al hospital, ocho pisos más abajo. Quería salir de allí desesperadamente, pero... 'Oh no, Kyo. No estás pensando quedarte sólo por Yagami...¿verdad?' se dijo a sí mismo. En realidad... no quería, pero era muy capaz. A veces no comprendía su alma tan noble.

Pero antes de decir nada, oyó que Iori decía:

- En verdad, me siento mejor, doctor. Creo que estaré más a gusto fuera de este lugar... – el pelirrojo hizo una pausa, esperando que el médico se negara pero como no habló, continuó -: Además, si llegara a pasar algo, confío en Kyo.

Aquello dejó a Kyo atónito y sin habla. Iori lo dijo con tal serenidad y seriedad que no supo qué decir cuando el doctor lo observó, considerando qué confianza se podía tener en un joven tan impulsivo como ese.

- Ustedes ganan – suspiró -. Ya váyanse, pero deberán volver cada cierto tiempo para terminar el tratamiento.

Kyo asintió, aliviado.

- Ne, Yagami - dijo con una leve sonrisa, aun sorprendido por las palabras del pelirrojo -. Ike {vamos}.

* * * *

- ¡Kyo!

Apenas pusieron un pie fuera del hospital, Yuki apareció y se lanzó a los brazos de Kyo, que se encogió de dolor. Hubiera caído de rodillas, de no haber sido por Iori que lo sostuvo de los hombros mientras Yuki se retiraba unos pasos, aturdida.

- ¿Ya... Yagami-san? - tartamudeó. Iori, aun sosteniendo a un adolorido Kyo, le lanzó una mirada. Era una muchachita común y corriente, de corto cabello y vestida con traje de marinerito.

-Oi, Yuki... - dijo Kyo con una amplia sonrisa mientras se separaba de Iori y atraía a Yuki hacia sí para abrazarla, con cuidado esta vez -. No iremos a casa aun - murmuró en su oído.

- ¿Por qué? - quiso saber ella.

Kyo suspiró. El noble Kusanagi otra vez.

- Le dije a Yagami que podía quedarse en mi departamento...

La expresión de Yuki fue de total sorpresa.

- ¿Hablas en serio? – preguntó con voz trémula. ¡Si tan sólo habían pasado dos semanas desde que se enfrentaron a muerte!

Él comprendió la razón de su temor, le sonrió tranquilizadoramente y susurró:

- Yagami no recuerda nada, ni a mí, ni a la pelea. Lo voy a acompañar hasta que se recupere. Ve tú a casa y explícale a mis padres, ¿ne? Y... Yuki, no le digas la razón. No quiero que sepan que Yagami...

Yuki asintió sonriendo dulcemente.

- No te preocupes, no diré ni una palabra al respecto.

La muchacha se subió de un salto al taxi que había estado esperando por ella. Le hizo un guiño:

- Pero, Kyo, el fin de semana tus padres planeaban hacerte una recepción, ya sabes, por tu recuperación. Intenta ir, ¿si?

Él asintió. La joven le lanzó un beso.

- Cuidate mucho, amor. Te veré luego – dijo con una amplia sonrisa.

Kyo la observó perderse de vista.

- ¿Vamos? - le dijo a Iori, deteniendo otro taxi e indicándole la dirección a la que quería ir. Ambos se sentaron en el asiento trasero. Iori observaba todo en silencio. Kyo empezó a juguetear con los vendajes de sus brazos, pensativo.

Nunca se hubiera imaginado que él haría todo eso por un Yagami. Estaba de mal humor porque realmente quería volver a casa, estar con sus padres, Yuki, y amigos. Ahora tendría que conformarse con su desordenado departamento.

- Ya casi llegamos - indicó Kyo, rompiendo el incómodo silencio.

- Sou ka... {¿si?} – fue todo lo que dijo el pelirrojo.

Kyo pagó mientras Iori bajaba del auto y respiraba el aire frío de invierno. Luego forcejeó por bajar con su bolso sin abrirse de nuevo la herida. Iori amablemente le tendió una mano. Kyo imaginó que veía el fuego púrpura brotando hacia él, pero no sucedió nada. Miró a los ojos escarlata de Iori, tan serenos, y cogió su mano. Sintió lo firme y fuerte que era, y sin embargo, suave, cálida, aunque un poco temblorosa.

Nunca se había fijado si las manos de Yagami temblaban. Quizás había sido a causa del accidente.

- Es ese edificio gris de allá - murmuró indicando al frente, a una construcción bastante lujosa de paredes grises y vidrios oscuros. Iori se quedó observando, pensativo.

- ¿Pasa algo?

El pelirrojo volvió en sí, negó con la cabeza. Echaron a andar.

El departamento estaba en el piso 16; mientras subían en el ascensor, Kyo observó de reojo al pelirrojo. Era bastante incómodo estar con él, tan cerca y sin pelear. Parpadeó.

¿Qué tal si Yagami nunca recobraba la memoria? No tendría que enfrentarse a él nunca más. Eso sería bastante conveniente. Cruel, pero conveniente.

En ese momento recordó que su departamento estaba lleno de cosas relacionadas con los torneos y por ende con ellos. Fotos, filmaciones de sus enfrentamientos... de todo. Su mente buscó frenética una manera de evitar que Iori viera todo eso, al menos durante un tiempo, mientras su herida cicatrizaba y volvía estar en forma para enfrentarlo. Por eso fue que, al llegar al piso 16, Kyo salió casi corriendo del ascensor y se volvió hacia Iori diciendo:

- Chotto...! ¡Voy a ordenar un poco! ¡No entres todavía! - Y Kyo abrió, entró y cerró la puerta del departamento. Iori se quedó extrañado en medio del pasillo, luego bajó la cabeza y sonrió.

Dio unos pasos observando el ambiente. Las paredes eran de un color arena muy suave, al fondo del pasillo había una ventana por la que se podía apreciar la ciudad en el horizonte. Había pocas puertas allí, pero por la iluminación y la decoración del lugar, supo que no se trataba de un edificio de departamentos común y corriente. Este era demasiado lujoso, ubicado en los barrios elegantes de la ciudad. ¿Acaso Kyo pertenecía a una familia acomodada? En el hospital le había parecido bastante sencillo. Algo arrogante, pero no jactancioso. Sonrió para sí. ¿Habrían sido amigos? Le agradaba el joven, le gustaba como siempre parecía estar animado. Cerró los ojos unos segundos, haciendo un esfuerzo por recordar pero todo lo que logró fue sentir un agudo dolor en su cabeza. Gimió, apoyándose en el muro, sintiendo su textura contra sus manos desnudas.

- Ah...

Todo empezaba a nublarse ante él, como una nube negra que cubría sus ojos.

- Kyo... – llamó débilmente.

Adentro, Kyo estaba como loco. Todas las revistas fueron a dar al fondo de su armario, los videos a la alacena que nunca utilizaba, los posters... las fotos... los trofeos... todo desapareció en lo más recóndito de los rincones.

- ¡Ya puedes pasar! - exclamó con una sonrisa inocente mientras le abría la puerta a Iori. El pelirrojo lo observó, parecía confundido, pero en seguida frunció el ceño al notar algo que llamó su atención. La sonrisa de Kyo se quedó congelada en su rostro mientras Iori miraba por sobre su hombro y una enorme gota caía por su cabello.

- ¿Ordenar... un... poco... dijiste? - murmuró el pelirrojo al ver papeles, revistas, lápices, cuadernos, libros, periódicos, platos, tazas, envases, camisetas, zapatos, y un sin fin de cosas desperdigadas por el suelo de la salita. Kyo rió cerrando los ojos inocentemente.

- Gomen.... estaba peor...

Y mientras dejaba pasar a Iori, iba apartando con el pie las cosas inservibles, formando un camino en medio de aquel desorden.

Llevó a Iori a su habitación. El desorden allí era el mismo, pero al menos se notaba el esfuerzo de alguien por apartar todas las cosas inservibles y formar un sendero por el que se podía caminar sin temor a tropezar y romperse el cuello. La cama estaba a la izquierda, con la cabecera contra la pared. Frente a la puerta se encontraba una ventana que al abrirla daba a un pequeño balcón donde era imposible estar de pie sin terminar cayendo al suelo dieciséis pisos más abajo.

El armario estaba a un lado, las puertas entreabiertas, su camino bloqueado por ropa tirada descuidadamente. El interior no estaba mucho mejor. Iori se dijo que ese Kyo era realmente desastroso y se preguntó si realmente estaría bien con él.

- Puedes dormir aquí - le dijo Kyo, señalando la cama... que estaba desordenada y cubierta de prendas descartadas. Kyo fue quien sudó una gota esta vez -. Gomeeeeen... Parece que Yuki no hizo la limpieza desde que entré al hospital. Lo ordenaré en un segundo...

Kyo se acercó a la cama y empezó a lanzar toda la ropa al suelo, apartó las sábanas sucias y fue al armario por nuevas. Se deshizo del cubrecama lanzándolo por sobre su espalda.

- Oi, omae... - oyó gruñir a Iori. Al viejo Iori.

Se volvió sobresaltado, sintiendo un agudo dolor en el costado debido al brusco movimiento... pero todo lo que vio fue al pelirrojo con la cabeza cubierta por el cubrecama. No pudo evitar echarse a reír, y Iori rió con él, suavemente.

Estaba aliviado al ver que no era el "verdadero" Iori Yagami. Este le agradaba más. Incluso podría llegar a soportarlo, pensó.

- Ya está - dijo Kyo triunfante minutos después -. Tú duermes aquí, yo en el sillón.

Iori le lanzó una mirada al sillón al que se refería Kyo y vio, por debajo de todas las cosas que lo cubrían, que era un mueble bastante estrecho, y sumamente incómodo, especialmente para alguien que recién ha sido operado.

Negó con la cabeza.

- ¿Eh?

Iori sonrió.

- No quiero ser una molestia en tu departamento, tú duerme aquí, yo me voy al sillón.

- Pero... - Kyo no pensaba insistir. Si Iori quería dormir incómodo, allá el.

* * * *

Luego de un ordenamiento rápido por parte de Kyo, se sentaron un momento en la sala, bebiendo gaseosas y hablando en voz baja. Era Kyo quien habló todo el tiempo, contándole a Iori todo lo que sabía de él, sin mencionar la rivalidad, claro, ni los torneos. Iori parecía tranquilo, escuchándolo como si esa historia no le perteneciera.

¿Su padre era líder de un grupo de yakuza {mafiosos japoneses}? Eso llamó su atención. Pero al mismo tiempo se preguntaba por qué lo que Kyo decía sonaba tan vago, era como si ni el mismo Kyo estuviera seguro de sus palabras.

- Es que... nunca me contaste demasiados detalles, Yagami... - se disculpó Kyo cuando se lo hizo notar.

En realidad, lo que Kyo decía lo sabía porque todos los Kusanagi tenían esos conocimientos de los Yagami. Iori jamás le había hablado para algo más que no fuera pelear.

El pelirrojo tomó un sorbo de su bebida. Sumido en pensamientos. Kyo se dio cuenta que por momentos parecía incluso... casi tímido. Pero cuando levantaba la mirada ésta era tranquila pero firme, le daba el aire de superioridad que siempre había tenido. Aun cuando él no pudiera recordarlo.

"¿Por qué tienes tanto miedo de preguntar?" se dijo Kyo. "¿Temes saber algo que no te gustará?"

Lo miró con una súbita tristeza y decidió animarlo.

- Oi, Yagami, ¡alégrate! ¡Ya estás fuera del hospital y pronto estarás bien! – exclamó.

Iori sonrió, levemente. Su actitud seria no se la quitaría ni la misma muerte, pensó Kyo.

Al mirar el reloj, se dieron cuenta que había pasado el tiempo sin que lo notaran. Y no habían comido nada desde que salieron del hospital.

- Vamos, salgamos - invitó Kyo. Se puso de pie para ir a lavarse cuando notó la mirada de Iori en su costado. Miró también y vio que los vendajes se habían empapado de sangre y manchaban su camisa -. Voy a cambiar esto – dijo con un gesto de desagrado, y desapareció en el baño. Retiró la ropa y miró el horrible aspecto de las vendas rojas. Intentó sacarlas, pero al levantar los brazos sintió que una punzada le recorría todo el cuerpo. Escuchó que Iori llevaba los vasos a la cocina y los lavaba. En todo ese rato, él aun no conseguía ni encontrar la manera de moverse sin gritar de dolor. - ¡Itai! - exclamó después de intentar hacerlo a la fuerza.

- ¿Kyo? ¿Daijoubu ka? - oyó que preguntaba Iori.

- ¡H- Hai! - respondió algo avergonzado -. Ah, shimatta {maldición}...

Jadeando, se apoyó en el lavamanos, dejando caer la cabeza. A eso se refería el doctor cuando dijo que no sería fácil... De pronto sintió unas manos en sus hombros desnudos. Reaccionó de inmediato y miró en el espejo.

- ¿Y... Yagami? - tartamudeó, era el pelirrojo, empujándolo gentilmente hacia un lado.

El joven abrió la llave del agua y se humedeció los dedos, luego levantó despacio el brazo de Kyo e hizo que lo apoyara en su hombro mientras se inclinaba para buscar el pequeño gancho metálico con que habían asegurado los vendajes.

Las mejillas de Kyo enrojecieron de golpe. En el reflejo del espejo, parecía como si estuviese abrazando a Iori.

- No te muevas - ordenó el pelirrojo mientras comenzaba a retirar las telas ensangrentadas. Kyo gimió de dolor e inconscientemente sus manos se aferraron a la camisa que Iori vestía.

- Perdón si te hice doler... - murmuró Iori.

- No... está bien... - respondió él sin querer aceptarlo -. No es tanto...

Sin embargo sí era doloroso, y ambos lo sabían.

- Debiste haberte quedado en el hospital - comentó Iori.

- No comiences tú también... - jadeó Kyo.

Finalmente, las vendas quedaron a un lado, Iori humedeció un gran trozo de algodón y limpió la herida. El desinfectante hizo gritar a Kyo, muy a su pesar. Avergonzado, apartó la mirada. Iori continuó, sin mirarlo para no hacerle más difíciles las cosas.

- Kyo... - dijo después de un rato.

- Un... nnn... - fue todo lo que pudo responder Kyo para no soltar otro grito.

- Esto no es una herida por una pelea – murmuró el pelirrojo y levantó sus ojos hacia él. Kyo se encontró con una mirada preocupada. Tartamudeó algo, sin saber exactamente qué decir. El dolor que sentía nublaba su mente y además no quería entrar mucho en detalles.

- Fue una pelea, y algo más – dijo al fin -. Pero ya estoy mejor, así que ni pienses en eso.

El pelirrojo sonrió, sujetando firmemente los nuevos vendajes y empezando a pasarlos alrededor de la cintura de Kyo. El joven sintió que sus piernas se doblaban, y tembló. No podía soportar el roce de las vendas contra su herida. Era demasiado doloroso. Se mordió los labios, decidido a no mostrarse débil ante Yagami, pero fue en vano. Finalmente, una punzada lo hizo caer de rodillas, gritando.

Iori se alarmó.

- ¡Kyo!

Él lo miró y sonrió. Su rostro estaba húmedo de sudor.

- Daijoubu, daijoubu {estoy bien} – dijo, reponiéndose y aceptando la mano que Iori le ofreció para ayudarlo a ponerse de pie.

- ¿Seguro? – insistió.

Kyo gimió, incapaz de disimular más.

- No... – dijo débilmente, avergonzado, y se apoyó en el pelirrojo que lo sostuvo con firmeza para llevarlo a la habitación, donde lo dejó recostado en la cama. Esperó un momento, y al ver que Kyo parecía estar más tranquilo salió de allí, para sentarse a solas en el sillón.

Lanzó una mirada a la puerta entreabierta de la habitación y suspiró. Habían muchas preguntas en su mente. Ojalá Kyo pudiera respondérselas todas.

* * * *

Pasaron un par de días. Si no se equivocaba, Kyo dedujo que era sábado. Fin de semana. La reunión que Yuki había mencionado...

Sacudió la cabeza, desechando esos pensamientos y concentrándose en lo que hacía. Tenía que mezclar la cantidad exacta de dos medicamentos para dársela a Iori, y no podía equivocarse.

Estuvo a punto de volcar todo el contenido de un envase cuando el timbre del teléfono lo hizo saltar. "Maldición," se dijo. No podía dejar eso para ir a responder.

Oyó los pasos del pelirrojo.

- ¿Quieres que responda? – preguntó Iori.

- Uhn, claro – murmuró él.

Escuchó su voz profunda como un murmullo apagado mientras terminaba de preparar la medicina. Cuando salió de la cocina Iori estaba hojeando una revista con expresión distraída. Kyo le puso la medicina al frente con una sonrisa.

- Ten – dijo. Iori lo miró receloso, luego sujetó el pequeño envase con dos dedos. – Salud – rió Kyo. Sabía que el sabor era asqueroso, sin embargo Iori se lo tomaba sin oponerse, con una actitud estoica digna de admirarse.

- ¿Por qué no vas a casa? – preguntó Iori apenas se hubo tomado hasta la última gota.

- ¿De qué... estás hablando...? – quiso saber Kyo, sin comprender a qué se refería.

- Esa niña dijo que te están esperando.

Ah, se trataba de la llamada. De seguro Yuki le había dicho que dejara ir a Kyo al recibimiento que le habían preparado. Pero Kyo dudaba. En esos últimos días Iori no había estado bien. Tres veces lo encontró de rodillas en el suelo, presa de un violento mareo que no le permitía estar de pie. No podía dejarlo para irse a una fiesta, por mucho que lo deseara.

- ¿Por qué no vas? - insistió Iori.

Iba a responderle cuando el pelirrojo agregó:

- No me dirás que es por mí...

Kyo miró a Iori, estaba concentrado observando las ilustraciones de la revista, por eso no notó el súbito enternecimiento de los ojos del joven. Que extraño era... pensó Kyo. Era Iori, y al mismo tiempo parecía inocente como un niño. Si ese era el verdadero Iori entonces era imposible que lo odiara.

- Bueno... sí... No te puedo dejar solo... ¿ne?

- Deberías ir - sentenció Iori -. No me pasará nada.

Kyo sonrió.

- ¿Hablas en serio?

No estaría mal alejarse un tiempo de Yagami. Había estado con él durante su estancia en el hospital... y lo estaría hasta que se recuperara así que tomarse un descanso no era como para despreciarlo.

- ¿Pero estás seguro de que quieres quedarte solo? – preguntó una vez más.

- Estaré bien - le aseguró Iori.

- Nos vemos luego, entonces - sonrió Kyo.

* * * *

El recibimiento que le dieron a Kyo fue emotivo. Nunca antes se había sentido tan a gusto de volver a casa. Estar en ese ambiente familiar, que tan bien conocía, lo hizo olvidar durante unas horas el opresivo recuerdo de la habitación del hospital, e incluso lo solitaria que era su vida cuando estaba sin compañía en su departamento.

Shizu, su madre, había temido por su vida. Después de todo, era el duelo final contra Iori. Y cuando se enteró que estaba en el hospital, pero no debido al enfrentamiento... fue peor. Kyo ya había estado grave una vez. No quería volver a verlo en ese estado. Se comportó muy atenta con él, más de lo que lo hubiera sido nunca. Por unas horas dejó de ser la madre lejana que siempre había sido, para convertirse en una solícita mujer que a cada segundo le dirigía una mirada cargada de cariño.

Él notaba esto, y cada vez que sus ojos castaños se cruzaban con los ojos pensativos de su madre le dirigía una sonrisa tranquilizante. Era obvio que no era suficiente para ella, que continuaba mirando cada cierto tiempo los vendajes que asomaban por debajo de las ropas de Kyo. Sus brazos estaban aun envueltos hasta un poco más allá de las muñecas, y los cortes en su rostro aun no terminaban de desaparecer. Benimaru le hizo un comentario acerca de haber arruinado su imagen, pero no le hizo demasiado caso. En ese momento lo que le importaba era estar bien y vivo.

A medida que avanzaban las horas, el ambiente se volvió cálido y acogedor. Entraron al gran salón principal, donde los sirvientes había preparado todo para que tomaran el té. Yuki reía, mientras entraba del brazo de Kyo. Él le acariciaba la cabeza en ese momento, y sonreía. La muchacha no pudo evitar pegarse a él, sintiendo su calor y la firmeza de su cuerpo, a pesar de estar herido y aun un poco débil.

- Kyo, te quiero - sonrió.

Como respuesta él se inclinó un poco, con algo de esfuerzo, para besarla tiernamente, levemente, en los labios.

- Estoy feliz de estar contigo... - susurró, para que sólo ella escuchara.

Yuki se sonrojó ligeramente, pero no tuvo tiempo de responder porque en ese momento Saisyu entró y clavó la mirada en su hijo. Sus ojos eran severos bajo sus espesas cejas oscuras. Una mano acariciaba su barba, sumido en pensamientos, mientras que la otra hacía un gesto imperceptible llamando a Kyo. El joven se preguntó qué querría, mientras lo seguía hasta su oficina privada.

- ¿Oyaji? {¿Viejo?} - llamó Kyo entrando a la recámara y cerrando la puerta tras de sí.

- Tenemos que hablar. - Saisyu estaba de espaldas a él, observando por la ventana. Sus manos se cruzaban detrás de su espalda, fuertemente apretadas.

- Es por la pelea - adivinó Kyo con voz áspera. Saisyu asintió.

-Más bien es porque no pudiste terminar con el duelo – aclaró -. La familia estaba pendiente; ambas familias. Ustedes juraron que sería el final, y ninguno de los dos cumplió.

Kyo apartó la mirada, apretando los puños y sintiendo el dolor corriendo de nuevo por sus brazos.

- No tengo la culpa de que Sakyou haya enviado a sus hombres a interrumpirnos - repuso.

Las últimas luces del sol iluminaban apenas el salón donde se encontraban. Era una amplia estancia, amueblada con viejos estantes y sillones de madera antigua y perfumada. La vitrina a la derecha estaba repleta de viejos libros heredados por cada miembro de los Kusanagi, junto con algunos trofeos de cuando su padre era joven. El plateado y el dorado reflejaba los rayos del sol, dándole a todo un ambiente de familiaridad que hacía mucho tiempo no recordaba.

La gruesa alfombra bajo él acalló sus pasos cuando quiso avanzar hacia su padre, que continuaba sin mirarlo, observando el exterior a través de las altas ventanas.

- No es eso...- murmuró Saisyu, volviéndose al fin y haciendo que Kyo se detuviera en seco. - La cuestión es la superioridad que Yagami mostró tener sobre ti.

- Podría haberle ganado, de haber tenido tiempo - soltó Kyo, ofendido.

Saisyu frunció el ceño.

- Si hubiera sido cuestión de tiempo, Yagami te habría destruido. Debieras haberte visto, fue la actuación más patética de toda tu vida. Algo vergonzoso para la familia.

Aquellas palabras hicieron que el corazón de Kyo latiera con violencia; su propio padre lo estaba humillando diciéndole que era más débil que Iori. No podía creerlo. Pero antes de que se le ocurriera alguna palabra para defenderse, Saisyu continuó:

- Sin embargo, no se debió a que tú fueras más débil o no estuvieras apto. Fue Yagami quien demostró haber superado su propio límite con creces. Tú no hubieras podido hacer nada.

- Otousan... {padre} - murmuró Kyo. Por primera vez en toda su vida veía una mirada de resignación en los duros ojos de su padre.

- No voy a pedirte que entrenes y te esfuerces más, Kyo - continuó. - Creo que ya es tiempo de que puedas vivir tu vida como se te de la gana. Haré que alguno de tus primos menores se encargue de Iori Yagami...

Hubo una milésima de segundo de silencio antes de que Kyo exclamara:

- ¡¿Estás loco?! Toda mi vida la he pasado entrenando porque ustedes lo ordenaron así, ¿y ahora me vas a decir que recién puedo vivir como se me de la gana?

- Eso exactamente - respondió Saisyu con severidad al ver la exaltación de su hijo.

- Olvídalo. ¡Olvídalo! Yo terminaré mi duelo con Yagami, luego podrás hacer lo que desees. No vas a hacerme retroceder ahora que al fin podremos decidir quién es el mejor.

- Pensé que te alegraría la idea, hijo - intervino una suave voz. Al volverse, Kyo y Saisyu vieron a Shizu, de pie junto a la puerta. Había entrado en silencio, con su andar de gato, sigiloso e imperceptible. En ese momento miraba a Kyo con ojos brillantes. Sus manos estaban juntas delante de ella, retorciendo la tela de su kimono celeste. Parecía dudosa, y sus labios temblaron. Dio un par de pasos hacia Kyo, que por acto reflejo abrió los brazos y la recibió entre ellos, sintiendo el delicado cuerpo de su madre mientras ella se apoyaba en su pecho y lloraba. - Nunca estuve de acuerdo en que fueras tú y no otro de los Kusanagi el que tuviera que enfrentarse a los Yagami... Era obvio que algún día sucedería algo como esto... Pero, hijo... -Shizu levantó la mirada, y el joven se sorprendió al ver la sonrisa a través del velo de lágrimas - ... confío en ti. Sé que encontrarás la fuerza para vencerlos. Sé que volverás a casa con el corazón tranquilo, sin tener que preocuparte por ellos nunca más. Hasta entonces... quiero que sepas que hagas lo que hagas te ayudaré y te apoyaré.

- Shizu - Saisyu la cortó en seco, ordenándole con un gesto que los dejara solos. Ella se separó de Kyo, limpiándose las lágrimas con el borde de su kimono. Le sonrió levemente, e hizo una profunda inclinación antes de salir -. Las mujeres no saben nada - fue todo lo que dijo Saisyu una vez que estuvieron solos. Iba a dejar a Kyo ahí, pero pareció reconsiderarlo y lo observó con ojos entrecerrados y maliciosos, acariciándose la barba. - Aunque, concuerdo con ella en la parte final.

Con eso el viejo Kusanagi salió. Kyo bajó la cabeza y sonrió para sí. Sus padres confiaban en él, y él confiaba en sí mismo. No podía esperar el momento de recuperarse y enfrentarse a Yagami...

Volvió al salón donde algunos invitados aun conversaban y se quedó un par de horas más. No quería irse, pero sabía que si no quería ver su departamento convertido en una hoguera púrpura, debía volver.

Se despidió de todos asegurándoles que estaría bien y que volvería pronto.

No les dijo nada sobre el huésped que lo esperaba. Yuki tampoco lo mencionó, aunque estaba más que preocupada, después de todo, ellos habían jurado enfrentarse a muerte. Nada iba a evitar que cuando Iori y Kyo se recuperaran terminaran matándose.

* * * *

El departamento estaba frío y a oscuras, fue lo primero que notó Kyo cuando entró. Encendió la luz y se quedó de una pieza. Todo el desorden había desaparecido. Las revistas estaban perfectamente ordenadas en un estante, los cassettes dispuestos junto al radio, los videos cerca del televisor. Todo en su lugar.

¿Había sido Yagami? Vaya, debía haberse aburrido aquella tarde..

- ¿Yagami? - llamó Kyo. No habían rastros de él. Quizás había salido a caminar, pensó.

Lo que era él, estaba cansado. Lo único que quería era dormir. Arrastrando los pies se dirigió a su habitación y encendió la luz. Parpadeó ante la luminosidad y se quedó observando la figura que yacía en su cama.

- Yagami...- no pudo evitar murmurar.

Era como si el pelirrojo se hubiese sentado a descansar un momento y de pronto el sueño lo hubiera vencido. Su expresión era calmada y tranquila, dulce...

Se quedó observándolo fijamente, recordando la conversación que hacía poco tuvo con su padre. Ese joven que dormía tan plácidamente era su rival, era aquel que lo había humillado frente a su familia aun sin vencerlo. Lo odiaba, pero no podía hacer nada más que soportarlo. Matarlo en ese momento hubiera sido algo demasiado cobarde, aunque en su interior Kyo tenía la impresión de que era capaz de hacerlo.

Las manos de Iori estaban juntas, relajadas, parcialmente cubiertas por las sábanas. Aun estaba con la ropa de la mañana, pero llevaba las mangas recogidas, indicando que realmente había sido él quien hizo la limpieza.

Cuando Kyo vio todo esto apagó la luz rápidamente, para no despertarlo, sin embargo la línea de luz que venía de la sala caía sobre sus ojos.

Iori despertó lentamente, miró a Kyo, luego parpadeó confuso.

- Aa... suman {lo siento} - dijo incorporándose -. Me quedé dormido... En seguida salgo.

- No te preocupes - sonrió Kyo hipócritamente, ocultando los pensamientos de segundos atrás, entrando en la habitación. Se sentó en el borde de la cama opuesto al de Iori. Estaba demasiado cansado como para desvestirse así que sólo se recostó ahí. Iori lo miró extrañado.

- ¿Cómo te fue? – preguntó amablemente.

- Ah, todo bien – fue lo único que respondió Kyo, de mala gana.

El pelirrojo sonrió. Luego se volvió hacia Kyo, recostándose también y apoyando su cabeza en la mano. Observaba a Kyo con una expresión extraña.

- ¿Nan da? {¿Qué pasa?} - preguntó Kyo, nervioso y sumamente incómodo.

- Nada... sólo miraba... ¿No tienes que cambiarte los vendajes? – respondió Iori.

Kyo se llevó las manos a la cara en un gesto de desagrado.

- Mou, lo olvidé... - se quejó. No quería levantarse. Iori comprendió.

- Tú espera aquí - le dijo.

- ¿Eh?

El joven se dirigió despacio al baño, escuchó el agua corriendo y los pasos del pelirrojo cuando volvió llevando un envase con agua y un par de toallas.

Extendió las toallas sobre la cama, indicándole a Kyo que se echara allí, cosa que él hizo con algo de esfuerzo. Tenderse le producía mucho dolor, especialmente ahora que la herida parecía haberse infectado.

Iori se arrodilló a su lado, con sus largos dedos empezó a desabotonar la camisa de Kyo, apartándola y dejando a la vista los vendajes y gasas ensangrentadas. Sus ojos brillaron preocupados.

- Kyo...

- ¿Qué?

- ¿No debería haber dejado de sangrar? ¿No sería mejor ir al hospital a...?

- Olvídalo, no – le cortó -. No pienso volver a ese lugar.

- Pero... – Iori hizo un débil intento por convencerlo.

- Dije que NO, Yagami – volvió a cortarle Kyo, cerrando los ojos y dando por terminado el asunto. Oyó que el pelirrojo suspiraba ante su terquedad.

De pronto sintió que Iori retiraba su cinturón y luego soltaba el botón de sus jeans. Abrió los ojos al instante. Sabía que sólo trataba de ayudar, pero el roce de sus manos contra su cuerpo le producía escalofríos. Ya podía imaginar que recuperara la memoria justo en ese momento.

Kyo observó el rostro tranquilo de Yagami y en la semipenumbra notó el dolor que expresaban sus ojos.

- ¿Estás bien? - preguntó sintiéndose culpable por la falta de gentileza, porque realmente no le interesaba la respuesta.

Iori asintió.

- Sólo me duele un poco la cabeza, es todo - dijo, distraídamente, mientras curaba a Kyo.

El joven cerró los ojos un momento, apoyando su brazo en la frente.

Sentía a Iori muy cerca, y por primera vez en mucho tiempo no despertaba en él los deseos de matarlo. Se repetía que lo odiaba, pero en ese momento no sentía ni rastros del odio. Le parecía curioso el cambio que había sufrido el pelirrojo... y no estaba seguro de si quería que regresara a la normalidad o se quedara para siempre así...

Los vendajes fueron retirados y se mordió los labios, apretando fuertemente los puños y cerrando los ojos. Empezó a jadear, pero no iba a llorar. No esta vez. Ya era suficiente con que Yagami lo hubiese visto sollozando una ocasión. No quería... no debía...

Sin embargo las lágrimas corrían por sí solas, brotando por debajo de sus párpados cerrados. Gimió, con rabia, y de repente sintió algo amargo introduciéndose entre sus labios. Al mirar, se dio cuenta que Iori le había dado uno de los sedantes que le recomendaron tomar, y que le ofrecía ahora un poco de agua.

Tomó un sorbo algo torpemente porque estaba recostado, pero aceptó porque realmente ya estaba harto del dolor.

El sedante era fuerte, y en algún momento se quedó dormido sin darse cuenta. Cuando despertó Iori ya no estaba. Una sábana ligera cubría su cuerpo desnudo... Desnudo, repitió sudando una enorme gota mientras sus mejillas enrojecían. El vendaje estaba perfecto y limpio. Pero no había nadie con él.

Se levantó con algo de esfuerzo, envolviéndose en la sábana al no ver su ropa cerca. De puntillas salió a la sala, no había nadie allí.

- ¿Yagami? – llamó suavemente.

- ¿Qué?

La profunda voz de Iori a sus espaldas lo sobresaltó. Se volvió y lo vio sentado en el alféizar de la ventana entreabierta de la habitación, observando la avenida dieciséis pisos más abajo, oculto en las sombras.

- ¿No vas a dormir? - preguntó, ocultando su sobresalto.

Kyo se le acercó, aun desnudo, aun envuelto en la sábana. Iori fumaba un cigarrillo. Y no era el primero. A su lado, en el alféizar, yacían varias colillas completamente consumidas.

- No quiero dormir - gruñó el pelirrojo volviendo su vista hacia Kyo.

- Pero necesitas dormir - acotó el joven -. Acabas de salir del hospital, ¿y no vas a dormir?

Iori lo observó fríamente.

- ¿Y qué te interesa eso a ti?

- ... - Kyo se vio en problemas para responder. Si decía lo que Iori debía escuchar sería una gran hipocresía. Sus labios temblaron. Al instante Iori se llevó una mano a la frente y pidió disculpas.

- No sé qué me pasa... No quería hablarte así...

- No te preocupes. – aliviado, Kyo se acercó a la ventana; el aire era frío y se arropó aun más en la sábana. Observó que Iori vestía sólo una camisa que tomó prestada de su guardarropa, y, siendo tan delgada, debía tener frío también.

En un impulso inocente, porque realmente no pensó lo extraño que se veía, echó parte de la sábana sobre los hombros del pelirrojo, que lo observó extrañado.

- ¿Kyo?

- No te sientes bien, ¿verdad? – preguntó suavemente -. No duermes, te expones al frío, ¿y más encima fumas? - continuó con una leve sonrisa.

- ¿Qué pretendes? – quiso saber Iori, extrañado, pero sonriendo también, envolviéndose un poco más en la sábana y atrayendo a Kyo hacia sí.

Quedaron muy cerca, ambos observando la avenida aun transitada a pesar de ser tan tarde.

- Tienes que dormir - dijo Kyo un rato después.

- No.

- Pero Yagami...

- No, si duermo, soñaré, y no quiero ver esa pesadilla de nuevo - murmuró Iori en voz muy baja, tan baja que Kyo no lo hubiera oído de no haber estado a sólo centímetros de él.

- ¿Qué pesadilla? - preguntó. El pelirrojo lo observó directamente a los ojos con los suyos llenos de dolor.

- Una donde destrozo tu cuerpo... - Iori levantó sus manos, mirándolas como si se tuviera miedo -. Y luego río, y río, y río...

Kyo estaba sin habla. Pero se obligó a observar a Yagami.

- Es sólo eso, un sueño... – dijo, hablando lo más suavemente posible -. Ahora, vamos a descansar. Sé que lo necesitas tanto como yo...

Iori suspiró. Kyo insistió:

- No tienes que dormir solo en el sillón, hay espacio para dos en esta cama.

Eso era, y que luego la gente se entere que dormí con Yagami... Se dijo Kyo a sí mismo sabiendo que se iba a arrepentir de haber ofrecido semejante barbaridad.

- Además – terminó – debes descansar para que mañana el doctor no diga que no nos hemos cuidado.

Iori lo miró perplejo ante ese cambio de actitud (¿Kyo aceptaba ir al hospital?) y asintió levemente. Kyo le dirigió una sonrisa mientras se apartaba para dirigirse a la cama, donde se tendió con cuidado a un lado para que el pelirrojo pusiera hacer lo mismo. Una vez recostados los dos, tiró de las sábanas para cubrirlo. Iori se acurrucó junto a él, para sorpresa de Kyo, que sintió lo placentero que era volver a compartir el lecho con alguien. Cerró los ojos, tratando de olvidar que se trataba de Yagami, mientras la calidez del joven se extendía por su cuerpo.

Por la mañana sabría si Yagami estaba recuperándose o no, cuando fueran al hospital.

Continúa...

Capítulo 5: Diagnóstico cruel       Volver a Shades of Flames

The King of Fighters y sus personajes pertenecen a SNK
Lost Memories pertence a MiauNeko &
Shades of [Flames]... and [Passion]
Noviembre 2000