Fanfic por MiauNeko

Lost Memories

Capítulo 5
Diagnóstico cruel

"Era una mala idea, era una mala idea, lo sabía", gruñía Kyo para sí mientras el doctor revisaba la herida y lo reprendía por haber dejado el hospital tan pronto. Como era de esperarse, la cicatriz se había infectado y por eso no dejaba de sangrar. Kyo le lanzó una mirada. ¿Eso significaba que debía quedarse en el hospital otra temporada más?

El médico no dijo nada, paseó la mirada por la habitación con un suspiro. Sus ojos cansados se detuvieron en Iori, que esperaba tranquilamente.

- Y se suponía que él lo iba a cuidar a usted... – comentó rascándose la cabeza.

- ¡OI! – exclamó Kyo, ofendido.

- Pero tengo razón – se defendió el médico encogiéndose de hombros y caminando hacia su escritorio -. Como sé que no va a aceptar ninguno de mis consejos, le voy a prescribir un desinfectante que espero se aplique siguiendo al pie de letra mis indicaciones.

Kyo refunfuñó, pero Iori dijo en voz baja, acercándose al doctor:

- Creo que yo me puedo encargar de eso... – Luego fue hacia Kyo para alcanzarle su camisa y abrigo, y ayudarlo, solícito, a vestirse. Ambos sintieron la mirada del médico sobre ellos.

- Kusanagi-san – dijo severamente -. ¿No le dije que Yagami-san debía reposar? Por lo que veo lo ha contratado de enfermero.

Definitivamente Kyo no estaba de buen humor. Maldijo por lo bajo, pero Iori rió con suavidad, abotonándole la camisa.

- Me siento bien, en serio – dijo, despreocupadamente.

- Eso lo decidiré yo después de hacerle algunos análisis – murmuró el doctor desde detrás de su escritorio.

Cuando Kyo estuvo listo, el doctor llevó a Iori a otra área del hospital, donde se le harían algunos exámenes. Kyo los siguió en silencio a través de pasillos donde se cruzaron con todo tipo de pacientes. Más de una vez el joven de cabello castaño sintió escalofríos al ver el estado en que se encontraban algunos, y durante esos momentos su herida le pareció un rasguño superficial.

El doctor abría una puerta, dejando pasar a Iori. Miró con desaprobación a Kyo, pero finalmente lo dejó entrar también. Una enfermera preparaba la camilla para Iori.

- ¿Qué van a hacer? – quiso saber Kyo. Iori estaba a solas con la enfermera, y un vidrio los separaba.

- Silencio, muchacho – fue toda la respuesta que recibió.

- Acuéstese aquí, y relájese, Yagami-san – decía la joven atendiendo amablemente al pelirrojo -. Vamos a inclinar esta camilla, durante un momento sentirá que está cayendo, pero no se preocupe, es normal, ¿bien?

Iori asintió. Kyo se acercó un paso, vio que tenía los ojos cerrados.

- Sólo relájese – indicó la enfermera con dulzura, mientras la camilla en la que Iori yacía se iba introduciendo en un enorme tubo blanco y luminoso. Se oía un zumbido en toda la habitación, quizás provenía de los paneles que controlaban aquellos extraños aparatos. Pasaron algunos minutos, y finalmente el zumbido cesó.

- Bien, ahora...

- ¡Doctor!

Ambos, Kyo y el médico, se sobresaltaron ante el grito de alarma de la enfermera. Ella señaló hacia la camilla, del otro lado del vidrio. El pelirrojo se había llevado ambas manos a la cabeza, en un gesto de angustia.

- ¡Yagami! – exclamó Kyo. El doctor corrió hacia la puerta y sin pensarlo entró. Se acercó al joven, tocándole levemente los hombros, pero Iori no parecía notar su presencia, jadeaba, y entrecortadamente llamo:

- Ky... o...

La enfermera le dio un empujoncito para que se acercara a su 'amigo'. Kyo miró al doctor mientras pasaba frente a él.

- No se preocupe, se le pasará. Siempre es así.

- ¡¿Siempre?! – exclamó el doctor abriendo enormemente los ojos -. ¿Acaso ya le había sucedido antes?

Kyo tragó saliva.

- U... un par de veces...

- ¡¿Y no lo trajo inmediatamente como le indiqué?!

No respondió. Se volvió hacia Iori y lo atrajo contra sí, susurrando en su oído, despacio, y mirando de reojo al doctor y la enfermera.

- Tranquilo... – dijo. ¿Cuántas veces Iori le había dicho lo mismo al oído cuando el dolor lo hacía encogerse en el suelo? Sabía que esa simple palabra bastaba para calmarlo. La palabra... y saber que habría alguien a su lado hasta que el dolor se desvaneciera.

Esa era la mejor medicina que podían haber encontrado.

* * * *

Kyo se inclinó hacia Iori, en el estrecho interior del taxi del hospital que habían tomado. Con cuidado, tiró del cinturón de seguridad, cruzándolo sobre el amplio pecho del pelirrojo, y lo abrochó. Luego, en silencio, lo cubrió con una manta que le ofrecía el conductor. Suspiró dirigiendo su mirada hacia el cielo gris. Empezaba a nevar suavemente.

Con una sacudida, el automóvil empezó a moverse. El joven se hundió en el asiento, no tan cómodo como hubiera querido a causa de la herida. A su lado, Iori dormía profundamente. El médico lo había obligado a tomar un fuerte sedante, y aunque quiso resistirse, finalmente había hecho efecto.

"¿Qué voy a hacer con él?" pensó Kyo para sí, llevándose una mano al cabello, para apartarlo de sus ojos.

El diagnóstico del doctor había sido claro: No había señal de mejoría, al contrario, parecía que su estado iba a empeorar aun más. Ante lo que Kyo le contó sobre las pesadillas que tenía, el doctor dijo que era normal, pero si ni soñando imágenes tan claras y vívidas podía recordar, entonces de nada les servía. ¿Por cuánto tiempo estaría así? No podía decirlo con seguridad. Días, o tal vez años. Tal vez toda la vida. Suspiró. Definitivamente NO estaba dispuesto a ser la niñera de Yagami por el resto de sus días. Tendría que enseñarle a ser independiente de nuevo, y hacer que tuviera su propia vida. Para que se fuera de su departamento de una buena vez.

Observó a Iori, sintiéndose culpable. Dormido se veía tan tranquilo, tan no-él. No podía imaginarse echándolo de su casa; Iori no lo interrumpía, a veces era como si estuviera allí, tratando de causar el menor problema posible, o pasar desapercibido. No hacía nada que desagradara a Kyo, pero... en su interior el joven aun seguía estremeciéndose cada vez que despertaba y veía el rostro de su enemigo en su propia casa.

Temía que repentinamente recordara todo, y lo atacara cuando él menos se lo esperara. No se sentía lo suficientemente fuerte para pelear contra él, y mucho menos para enfrentarlo en su propio departamento. ¡Si aunque sea tuviera la seguridad de cuándo Iori recuperaría por completo sus recuerdos!

Cerró los ojos, adormecido por el movimiento del taxi. A medida que se hundía en su sueño, empezó a resbalar hacia Yagami, hasta quedar apoyado en su hombro. No se sentía del todo mal, esa firmeza, esa calidez a su lado. Pero...

Continúa...

Capítulo 6: Visitas Inoportunas       Volver a Shades of Flames

The King of Fighters y sus personajes pertenecen a SNK
Lost Memories pertence a MiauNeko &
Shades of [Flames]... and [Passion]
Noviembre 2000