Fanfic por MiauNeko

Lost Memories

Capítulo 6
Visitas Inoportunas

- ¡Kusanagi-san!

Los golpes en la puerta fueron estruendosos, pero Kyo no podía ir a atender porque en ese momento estaba tratando de ordenar un poco un estante sin que las cosas le cayeran en la cabeza. Se volvió hacia el living, sabiendo que Iori estaba allí. Quiso gritarle que no se molestara en abrir pero el pelirrojo ya estaba en la puerta. Kyo cerró los ojos, mordiéndose los labios. Sabía de quién se trataba, y no quería que Iori se encontrara con él...

- ¡WAAAH! – distraído con sus pensamientos, Kyo no había visto una de las cajas resbalar y caerle encima, seguida de otras tantas cosas, que lo hicieron retroceder hasta caer sentado en la alfombra, rodeado de una colección de variedades.

Para entonces la puerta ya estaba abierta, y un jovencito vestido de uniforme azul esbozando una gran sonrisa dio un paso hacia adelante.

- Kusanagi-san, ohay... - Obviamente se trataba de Shingo. El muchacho retrocedió algunos pasos, sorprendido ante la presencia del pelirrojo en el lugar donde debía estar su maestro -. ¡¿Yagami-san?!

Ambos se quedaron observando, Shingo apretando fuertemente los puños, recordando el odio con que Iori y Kyo se habían enfrentado durante el duelo que fue interrumpido. ¿Por qué Yagami estaba allí? ¿Había ido a acabar con Kyo?

Mirando por sobre el pelirrojo, el muchacho vio a Kyo sentado en el suelo rodeado de cosas, como si le hubiese caído un estante encima, y haciendo presión sobre la herida de su costado. Sus ojos se encendieron furiosos cuando pensó que realmente habían estado peleando. ¡No era honorable de parte de Iori haber atacado a Kyo sabiendo que él estaba herido! De sólo ver a su maestro con esa desventaja, Shingo sentía que comprendía porqué Kyo y Yagami se odiaban tanto.

Dio un paso hacia Iori, echando su brazo hacia atrás y descargando toda su fuerza en un golpe dirigido al estómago del pelirrojo.

- ¡IYA! {¡NO!}– el grito de alerta de Kyo llegó demasiado tarde. El sorprendido Iori estaba inclinado hacia adelante, apoyado en el hombro de Shingo, que aun temblaba debido a la fuerza que había utilizado para ese golpe.

- ¡Yagami-san, deje en paz a Kusanagi-san de una vez por todas, por favor. ¿Acaso no le basta con haberlo herido?! – exclamó el muchacho retirándose unos pasos y dejando que Iori se arrodillara en el suelo, con los ojos cerrados debido al dolor.

- ¡BAKAYAROU! {¡Idiota!} – exclamó Kyo poniéndose de pie y yendo hacia ellos. No le molestaba el que Shingo hubiese golpeado a Yagami, sino que el verlo podría traer recuerdos que él no quería despertar.

La expresión de Shingo fue de confusión.

- Ku... ¿Kusanagi-san? – murmuró, viendo cómo Kyo se inclinaba hacia el pelirrojo preguntándole si estaba bien. Iori no respondió, su mano estaba donde había recibido el golpe, sus ojos aun cerrados.

Kyo le lanzó una mirada furiosa a su alumno, indicándole con un gesto de su cabeza que entrara de una buena vez. Luego ayudó a Iori a ponerse de pie y lo llevó a la habitación, donde se sentó con él en la cama.

- ¿Daijoubu? – murmuró, al ver que Iori no reaccionaba. Quería que le hablara, saber si había recordado algo, pero el pelirrojo se limitó a mirarlo con expresión desolada.

- ¿Por qué he de "dejarte en paz"? – murmuró, con voz trémula -. ¿Qué fue lo que te hice?

Kyo intentó sonreír para tranquilizarlo.

- Nada, nada. A veces Shingo – Kyo hizo un gesto hacia el living, refiriéndose al muchacho – habla demasiado. – Con suavidad apartó la mano de Iori y levantó el sweater que vestía, para ver si el golpe de Shingo le había hecho daño. Parpadeó al darse cuenta que estaba tratando a Iori como si fuera una persona común y corriente que puede salir herida ante un golpe de Shingo. El movimiento había sido el comienzo de un Aragami, pero aparte de la sorpresa y confusión, Iori estaba bien.

Kyo se iba a retirar de la habitación para ir a reprender a Shingo, cuando sintió que la mano de Iori lo sujetaba fuertemente de una muñeca, sin dejarlo ir. No lo miraba, pero era obvio que el pelirrojo quería una respuesta que lo satisfaciera.

Bruscamente Kyo retiró su brazo, súbitamente molesto por el contacto cálido de Iori. Aun sin dirigirle la mirada, él entrecerró los ojos, dolido.

- T... ¿Tuve algo que ver con esa herida? – murmuró en voz baja y temerosa. Kyo parpadeó. "¡Sí!", quería gritarle. "¡Todo fue tu culpa!" Pero lo que dijo fue:

- ¡¿De dónde sacas ideas tan estúpidas?! – su puño pareció golpear el aire, mientras Iori levantaba la vista hacia él, sorprendido de que lo tratara tan rudamente -. ¡¿Por qué demonios tienes que pensar que todo lo malo que me sucede tiene que ver contigo, maldita sea?!

Desde la sala, Shingo llamó, dudoso:

- Kusanagi-san, ¿todo está bien?

Kyo se volvió hacia la puerta, dirigiéndole una última mirada a Iori.

- Descansa un momento, me voy a deshacer de Shingo y luego hablaremos.

Lo dejó rápidamente, si Iori quería decir algo, él no estaba dispuesto a escucharlo. Sentía que la rabia iba a estallar en cualquier momento y lo haría actuar de un modo del que luego se arrepentiría.

Se dejó caer en el sillón, a un lado de su alumno.

- ¿Y bien? – gruñó, cerrando los ojos y haciendo presión sobre sus párpados cerrados con la punta de los dedos. Aquella situación le producía dolor de cabeza. El muchacho lo observó, no comprendía nada. Ni el porqué de que Yagami estuviera en el departamento de su senpai, ni porqué Kyo había reaccionado así cuando lo golpeó.

- Yo... vine para comunicarle que el torneo se efectuará pronto.

- ¿El King of Fighters? – preguntó Kyo extrañado.

Shingo asintió.

- ¿Y? – murmuró Kyo, maldiciendo interiormente.

- Etto... es que... si usted no participa, quería pedirle su autorización para integrar el Hero Team junto con Benimaru-san...

Kyo sonrió, malicioso.

- Si él te acepta, por mí no hay problema – dijo suavemente. Sabía que Benimaru consideraba a Shingo un novato. Por nada del mundo querría tenerlo en su equipo. Sin embargo Shingo pareció encantado con la idea y, poniéndose de pie de un salto, hizo una profunda reverencia.

- ¡Arigatou gozaimasu, Kusanagi-san!

Kyo se llevó un dedo a los labios.

- ¡SHHHHH!

Shingo sudó una gotita.

- ¿Are? ¿Nani? {¿Eh? ¿Qué?} – preguntó, pero como no recibió respuesta, supuso que se trataba de Yagami. Su expresión se puso seria, perdiendo su actitud alegre -. Kusanagi-san... Yagami-san... ¿por qué? – dijo, en voz baja, para que sólo Kyo lo oyera. El joven lo miró largamente.

- No recuerda nada – respondió, con voz apagada. Shingo abrió los ojos con sorpresa.

- ¿Nada?

- En absoluto. Y nadie lo sabe, así que no quiero que comentes ni una sola palabra, ¿entendiste?

El muchacho parecía no escucharlo, miraba su puño fijamente.

- Yo... yo pensé que estaba aquí para atacarlo, por eso lo golpeé... No comprendía porqué no se defendió... Discúlpeme, y discúlpeme ante Yagami-san también – dijo de corrido, avergonzado.

Kyo lo miró fríamente.

- Me metes en problemas, Shingo – dijo -. Ahora tendré que inventar algo para explicarle porqué lo conoces...

- Gomen nasai... {Lo siento...} – murmuró el muchacho bajando la cabeza.

- Ya veré qué hago, ¿eso es todo lo que querías?

- Sí...

- Vete ya.

- Sí.

Shingo se puso de pie y se dirigió despacio hacia la puerta, sin embargo antes de salir se volvió hacia Kyo, que caminaba detrás de él, y le dijo:

- Lo admiro aun más después de esto...

- ¿Ah?

- Acoger a alguien a quien odia en su propio hogar, realmente, es usted único, Kusanagi-san – sonrió Shingo. Kyo sintió que los colores le subían a las mejillas.

- Ya, ya, vete. – Empujó a Shingo hacia afuera, que rió.

- Genki da {cuidese}, Kusanagi-san – dijo, y se alejó por el pasillo.

Kyo cerró la puerta y se apoyó en ella, suspirando. Rió amargamente. ¿Admirable? Si Shingo supiera lo desagradable que era para él esa situación... De haber podido hubiera echado a Yagami a la calle, pero...

Sintió la mirada de alguien observándolo. Era Iori, de pie al otro lado de la sala, apoyado en el marco de la puerta de la habitación. No sabía cuánto de la despedida de Shingo había oído, pero por su expresión podía suponer que incluso escuchó toda la conversación.

El pelirrojo intentó una sonrisa.

- Ano hito wa dare {¿Quién era él?} – preguntó.

- Yabuki Shingo, un compañero de escuela.

- Es fuerte – murmuró Iori, rozando el lugar donde había recibido el golpe con la punta de los dedos.

- ¿Te duele? – preguntó Kyo, también en un murmullo.

Iori no respondió. Lo contemplaba inmóvil.

- Me conocía. ¿Por qué?

- Escucha, Yagami... – Kyo quiso evitar el tema, no se le ocurría nada coherente que decirle -. Él no...

- ¿Por qué no me respondes? – le cortó el pelirrojo -. ¡Quiero saber porqué me conocía, PORQUÉ ME DIJO QUE TE DEJARA EN PAZ, PORQUÉ DIJO QUE TE HE HERIDO...! ¡Aaaah...!

Kyo lo vio llevarse una mano a la cabeza, cerrando un ojo debido al esfuerzo por soportar el dolor.

- Responde... Kyo... – murmuró -. No es justo que no me lo digas, ¡son mis recuerdos!

- Volverán por sí solos – respondió el joven, apoyando la cabeza en la puerta -. A su debido tiempo.

El pelirrojo avanzó hacia él, con pasos inseguros, su mano aun perdida entre el desordenado cabello rojo, su mirada clavada en Kyo.

- ¿Cómo perdí la memoria? ¿Tampoco me dirás eso? – exclamó. Súbitamente, como movido por el instinto, sus manos sujetaron a Kyo por los hombros, sacudiéndolo con violencia, haciendo que el joven se golpeara contra la puerta -. ¿Sabes qué me dice tu silencio? – le gritó -. ¡Que los sueños son verdad, que algún día tendré que destruirte! Me preguntas porqué me culpo de todo... ¡Es porque tú nunca me has afirmado lo contrario! ¡¿Qué más puedo hacer que aceptar todas esas pesadillas como mi realidad?!

- Yagami... duele... – gimió Kyo. Podría haberse desecho de él fácilmente, pero era mejor mostrarse débil, para que se calmara.

El pelirrojo pareció reaccionar. Se retiró repentinamente, observando a Kyo como si recién se diera cuenta de lo que hacía. Sus ojos se humedecieron.

- Lo siento – dijo -. Lo siento.

Se fue a la habitación sin decir más. Cerró la puerta, cosa que nunca había hecho antes. Kyo sobó sus hombros. Sí le había dolido.

Con un suspiro, se dirigió al lugar donde las cosas del estante seguían desparramadas por el suelo. Se arrodilló con cuidado, recogiendo una por una, lentamente. Se detuvo al ver el broche con el kanji de su nombre. Recordó lo que significaba para él; lo había hecho un símbolo de su persona, pero en realidad significaba que era reconocido como miembro activo del clan Kusanagi... más bien, el futuro líder. Pensar en su familia le traía diversos recuerdos, algunos agradables, otros dolorosos. Estos últimos prefería olvidarlos. Parpadeó. ¿Como Yagami?

Se estremeció al imaginar un vacío en su mente. Ver cosas, o personas, saber que alguna vez le fueron familiares, pero que ahora no tienen significado. No saber qué debía hacer o qué debía continuar.

Ah, baka {tonto}... Era obvio que Yagami reaccionara así. El estado en que se encontraba debía angustiarlo demasiado.

Pero, ¿qué podía hacer él? No iba a contarle todo sobre todos, no quería hacerlo. Quizás debía consolarlo de algún modo, asegurarle que iba a estar bien. Oh, ¡pero qué difícil era! La sola idea de reconfortar a Yagami como si fuera su amigo le daba escalofríos.

"Pero realmente él no es Iori Yagami...", se dijo, cerrando los ojos. "Es una persona cualquiera. No sabe nada; lo único que le queda de Yagami es su aspecto exterior."

- Claro... él no es Yagami... – murmuró para sí -. Que tonto soy...

Aquella noche Kyo intentó estar despierto el mayor tiempo posible. No iba a ser él quien entrara a la habitación como si pidiera permiso para dormir en su propia cama. No. Esperaba que Yagami saliera y le pidiera que se acostara, pero pasaron las horas y él ya no daba más del aburrimiento. Estaba recostado en el sillón, con una lata de cerveza frente a él, pasando los canales del televisor con gesto distraído. Nada interesante. En algún momento se detuvo para ver anime, pero pronto lo aburrió también.

Finalmente apagó el aparato. Se quedó echado un rato más, escuchando el silencio de la noche. Le pareció oir algunos pájaros, y supo que el amanecer se acercaba.

- Maldito seas, Yagami – sonrió para sí -. Qué desconsiderado eres.

Se puso de pie y caminó hacia la habitación. No iba a entrar, sólo quería ver si Iori estaba dormido.

La puerta blanca se abrió sin un sonido ante su empujón. La habitación estaba a oscuras, pero el resplandor que entraba por la ventana era suficiente para darse cuenta que... la cama estaba vacía. La habitación olía a humo de cigarrillo.

Comprendió qué sucedía, así que decidió entrar.

Tal como esperaba, el pelirrojo estaba sentado en el alféizar de la ventana, fumando, envuelto en una frazada para protegerse del viento frío que entraba trayendo algunos copos de nieve. El humo de su cigarrillo ascendía y era arrebatado por la brisa helada.

Las cortinas semitransparentes se habían soltado de su lazo, y se ondulaban caprichosamente con el viento. Aun desde la puerta, Kyo podía sentir lo frío que era.

- Estás loco, ¿no? ¿Quieres coger una pulmonía? – murmuró finalmente, entrando y yendo hacia Iori. Quiso cerrar la ventana, pero el pelirrojo lo detuvo.

- Déjalo así – dijo.

- Pero hace frío – insistió Kyo, frunciendo el ceño. No se esperaba que Iori le pasaría la frazada por encima de los hombros. Lo miró sorprendido.

- A veces... cuando trato de recordar – dijo Iori suavemente -, todo lo que veo es un vacío. No hay nada. Entonces pienso en un punto de partida, algo desde donde poder guiarme para saber qué debo recordar. Parto de ti, pero todo lo que veo son esos sueños violentos...

Kyo cerró los ojos, escuchando la profunda voz del pelirrojo muy cerca suyo. Se estremeció al pensar que Iori confundía los recuerdos sobre él con sueños.

- ¿Cómo empezó todo? ¿No lo sabes o no me lo quieres decir?

En la parcial oscuridad, Kyo vio que la punta del cigarrillo se encendía. La voz de Iori era tranquila, como si no esperara una respuesta. Los labios de Kyo temblaron cuando sintió la mano de Iori en su espalda, evitando que la frazada resbalara al piso.

Cuando lo miró, fue como si sus ojos se encontraran, pero los de Iori estaban ocultos en la sombra. El cabello le caía desordenado.

- Kyo dakara... {Por mí...} – susurró Kyo al fin.

El pelirrojo se volvió hacia él.

- ¿Qué?

Kyo miró por la ventana, sin querer enfrentar su mirada sorprendida.

- Por mí. Me salvaste de morir.

Oyó un leve suspiro de alivio de parte de Iori. Cuando lo miró, sonreía.

- Me alegra saber eso – dijo muy suavemente -. Al menos hubo una buena razón... Creo que... me siento más tranquilo...

- ¡¿Cómo puedes decir eso?! – exclamó Kyo. La sensación de culpabilidad que lo había embargado fue más intensa en ese momento -. ¿No me odias? ¡Fue por mí que estás así!

Esto pareció sorprender al pelirrojo.

- ¿Odiarte? – repitió, con expresión ingenua, como si nunca se le hubiera ocurrido semejante idea. Negó con la cabeza -. Al contrario, me alivia saber que te salvé, y que no te hice arder en fuego púrpura.

Kyo se quedó de una pieza, pero se recuperó antes que el otro joven lo notara.

- Kyo dakara, ¿ne? {Por ti, ¿eh?} – repitió Iori con una risa apagada de resignación. Kyo no podía comprender porqué no había odio y rencor en su voz.

* * * *

No habían pasado ni dos días desde esa conversación cuando otro hecho vino a afectar la relativa tranquilidad en que vivían.

El invierno había llegado con toda su intensidad; afuera el viento aullaba arrastrando consigo nieve, y hielo. Las ventanas del departamento temblaban como si fueran a estallar en cualquier momento. Iori se pasaba el día sentado en el alféizar, leyendo los libros que Kyo una vez relegó al fondo de una caja y que sorpresivamente encontraron una razón de ser cuando cayeron en manos del pelirrojo. Ya no podía estar con la ventana abierta, eso sería una locura. Lo más probable, aparte de la pulmonía, sería que el viento arrancaría todas las hojas de los viejos libros.

Kyo se aburría, como siempre que no podía salir del departamento. El lugar ya no era tan deprimente como antes, pero pasar horas viendo televisión no era su concepción de diversión.

Con respecto a su herida, se encontraba mucho mejor. Ya no necesitaba más vendajes, salvo algunas gasas para evitar el roce con su ropa, pero, eso sí, y aun se sonrojaba al recordarlo, era Yagami quien se encargaba de eso. Kyo se dio cuenta que él había resultado un inútil en lo que a vendajes se refería.

Por su parte, Iori estaba mejor. Algunas noches las pasaba mal, pero ya no eran tan frecuentes. Quizás se debía al hecho que algunas mañanas Kyo despertaba y se encontraba con que Yagami tenía sus manos entre las suyas. Sin embargo lo dejaba ser. No le hacía ningún daño, al contrario, le permitía dormir tranquilo.

Dejó la taza con chocolate caliente al borde de la ventana, frente a Iori, que levantó la vista del libro para agradecerle sin palabras.

Kyo se apoyó en el alféizar también, mirando la nieve caer de un lado a otro. Se sentía tranquilo viendo caer la nieve y sintiendo el aroma del chocolate a su lado. Pero su paz se vio interrumpida por el timbre.

- Yo voy – se apresuró a decir, y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Iori notó este gesto y sus ojos se vieron dolidos por un instante. - ¿Y ahora quién, con semejante tormenta? – gruñó Kyo para sí. Entreabrió la puerta para ver de quién se trataba pero un fuerte empujón lo mandó hacia atrás. Un joven rubio entró, cubierto de nieve y temblando de frío. Su abrigo negro estaba blanco, su cabello húmedo, su rostro pálido.

- Samuiiiii... {fríiiiooooo} – gimió, estremeciéndose, pasando a Kyo y dirigiéndose directamente a la estufa eléctrica.

- ¿Benimaru? – preguntó Kyo, sorprendido.

- ¡Sou da! {¡Así es!} – respondió el rubio con una sonrisa, sacudiéndose la nieve -. Ohisashiburi, Kyo. ¿Cómo estás? ¿Mejor?

Kyo asintió, distraídamente. Pensaba la forma de hacer que Benimaru se fuera pronto, antes de que viera a Yagami, pero al parecer el rubio no pensaba irse. Se acomodó en el sillón y paseó su mirada por la sala.

- Veo que has ordenado, y... ¿eso que huelo es chocolate?

Forzando una sonrisa, Kyo asintió.

- Justo lo que quería, después de semejante frío que hace afuera – rió el rubio, seductoramente -. Ne, Kyo, ¿me invitas un poco?

- Claro...

Pronto una taza del humeante chocolate estuvo servida ante Benimaru, que la tomó al instante, saboréandolo delicadamente.

- Lo hiciste muy inspirado, ¿no? – rió -. Te quedó delicioso.

Otra vez una risita idiota como respuesta.

- ¿A qué viniste? – Kyo no tuvo otra opción que ir directamente al punto. Su compañero pareció ofenderse.

- Pues a ver si ya estabas bien, por supuesto – dijo. Pero luego agregó -: ¡¡Para que me las pagues por haber incluido a Yabuki en el equipo!!

Kyo no tuvo tiempo para hacerse a un lado cuando Benimaru ya lo tenía atrapado contra el sillón, sentado sobre sus piernas y sujetando con fuerza sus muñecas.

- ¡Suelta! – exclamó Kyo, sin ánimos para seguirle el juego.

- Mou, estás de mal humor hoy... Kyo-chan... – murmuró sensualmente, inclinándose sobre él -. Me encanta que te pongas así, lo sabes... Kyo-chan...

Entonces, por primera vez desde que se conocían, Benimaru hizo algo bastante atrevido. Se inclinó para besar el cuello de Kyo suavemente, y luego morder la piel, produciéndole escalofríos.

- ¡BAKA! – gritó el joven, empujándolo, pero al hacer fuerza para vencer la resistencia del rubio, sintió volver el agudo dolor de su herida.

- No te molestes, fue un simple beso... Me lo debes por haber metido a Shingo... Anda, Kyo-chan... No puedo resistirme a ti... ¿sabes cuánto he esperado por estar a solas contigo... y que tú no puedas defenderte? – Benimaru bromeaba, pero ese juego estaba pasándose del límite.

- ¡Mou ii! {¡Es suficiente!} – le cortó Kyo.

- No, no lo es... – Benimaru iba a insistir cuando repentinamente algo tiró de él hacia atrás, haciéndolo caer al suelo -. ¡Kuso! ¿Nan de...? {Maldita sea, ¿qué...?}

Cuando levantó la vista se encontró con los fieros ojos de un pelirrojo observándolo enfurecidos.

- Ya... ¡¡Yagami!! – exclamó Benimaru. Se puso de pie de un salto, con su agilidad de siempre, y extendió un brazo para proteger a Kyo -. No te preocupes, Kyo, yo me hago cargo...

Una corriente de electricidad chispeó entre los dedos del rubio. Kyo no alcanzó a detenerlo antes de que golpeara a Yagami con su Lighting Ken, pero para su sorpresa, cuando el resplandor desapareció, vio que Yagami había bloqueado el ataque con éxito. Su expresión era tan cruel como la del Iori que conocía, pero pronto fue reemplazada por una de turbación.

- ¡Alto! – Kyo se interpuso entre ambos, pero Benimaru vio claramente que estaba protegiendo al pelirrojo. El joven se volvió hacia Yagami y en voz bajísima le dijo que todo estaba bien, que por favor volviera a la habitación. Iori dudó, mirando fríamente al rubio que no podía salir de su asombro -. Benimaru yo... – empezó a decir Kyo.

- ¡¿Qué significa esto?! – exclamó el rubio, acercándosele -. ¿Qué está haciendo él aquí?

Kyo no tuvo más remedio que explicarle. Fue en pocos minutos, y hacia el final el rostro de Benimaru parecía un símbolo de interrogación.

- ¿Y ese es motivo suficiente para meterlo en tu propia casa? – exclamó, incrédulo -. ¿TU has metido a YAGAMI en tu departamento? – EL rubio parpadeó, de pronto se le había ocurrido una idea -. ¿Y dónde duerme? ¿En el suelo? – Kyo no dijo nada, pero por el color de sus mejillas comprendió. Benimaru sudó una enorme gota -. Du... du... ¿¿duermes con él??

- ¡No es lo que estás pensando! – gritó Kyo, sintiendo que le iba a lanzar un golpe si no se callaba.

Cuando al fin Benimaru se tranquilizó, Kyo apartó la mirada:

- No sé porqué lo hice... pero ya no puedo echarme hacia atrás. Sólo... sólo quisiera evitar que vea a personas que podrían parecerle familiares... Le dije a Shingo que no volviera hasta que Yagami se haya ido. Y lo mismo te digo a ti...

- Espera, espera – Benimaru levantó las manos, confuso -. Por lo que entiendo, tú no quieres que recuerde nada, ¿no? – No recibió respuesta, eso significaba "sí" -. Pero Kyo... – la expresión del rubio era seria ahora, sus ojos celestes se oscurecieron, preocupados -. ¿No te parece egoísta?

- Él no me importa – siseó Kyo -. ¿No comprendes? Lo que me interesa es vivir tranquilamente el resto de mis días, sin tener que preocuparme de un Yagami loco siguiéndome los pasos.

- No te creo – le cortó Benimaru -. ¿No fuiste tú el que lo retó a muerte?

No hubo respuesta. Todo era tan confuso... Kyo no sabía lo que sentía, ni porqué hacía las cosas que hacía. Ya no sabía si el odio continuaba allí. Estaba confundido...

- Piénsalo, amigo – Benimaru le dio un par de golpecitos en el hombro -. Quizás Yagami no sea tan malo después de todo, ¿ne? Yo me voy. Otro día me contarás qué tal es en la cama.

El rubio salió del departamento riendo, pero apenas cerró la puerta entrecerró los ojos. "Esto no puede quedar así.", pensó. "Tengo que hacer algo por Kyo." Se alejó rápidamente, esperando que la tormenta de nieve hubiera amainado un poco.

* * * *

"No puedo creer que haya ocurrido dos veces.", maldijo Kyo, cerrando los ojos, tumbándose en el sillón. "Si después de esto Yagami no recuerda nada será caso perdido."

- Iori... – susurró, levantándose para ir a ver al pelirrojo que esperaba en la habitación.

Al entrar, lo encontró recostado, con los ojos abiertos y la mirada perdida. Se sentó a su lado, y rozó suavemente su brazo un par de veces, para reconfortarlo.

- Pensé que te quería hacer daño – murmuró el pelirrojo.

- Está bien – sonrió Kyo -. Gracias por quitármelo de encima. A veces se pone demasiado pesado...

Despacio, Iori se volvió hacia Kyo y apoyó la cabeza en su regazo, cerrando los ojos. Kyo pensó que le preguntaría quién era el rubio, pero nada pasó. Se dio cuenta que Iori finalmente se había resignado, ya no trataba de recordar. Solamente esperaría a que sus memorias volvieran por sí solas, tal como Kyo había dicho.

Continúa...

Capítulo 7: Kimi ga suki dakara       Volver a Shades of Flames

The King of Fighters y sus personajes pertenecen a SNK
Lost Memories pertence a MiauNeko &
Shades of [Flames]... and [Passion]
Noviembre 2000