Fanfic por MiauNeko

Lost Memories

Capítulo 7
Kimi ga suki dakara

El tiempo pasó, y Kyo aceptó que Iori no era tan mala persona después de todo. Al menos, no este Iori.

Resultó ser un buen amigo, tranquilo y sensato, que no se dejaba sorprender por las tonterías de las que solía alardear. De vez en cuando dejaba entrever algo de la personalidad del 'antiguo' Yagami, pero para Kyo esto ya no tenía importancia. Se sorprendió, e incluso se alegró, cuando descubrió que ya no lo odiaba sino que al contrario, lo apreciaba bastante.

Era buena compañía para las tardes del invierno, cuando el frío intenso no les permitía salir del departamento. A veces él y Kyo discutían durante horas sobre temas como armas, o artes marciales... O incluso comida ^^.

Era sorprendente cómo Iori se sabía todos los tecnicismos de los estilos de pelea. No recordaba quién o por qué se los habían enseñado, pero a veces dejaba a Kyo sin palabras ni argumentos.

Todo iba perfectamente. Cuando no hacía mucho frío salían a caminar al parque cercano, o iban de compras al centro comercial. Kyo adoraba gastar dinero, notó Iori, compraba cualquier tipo de tontería que llamara su atención, desde juegos de computadora hasta videos de anime, pasando por posters, revistas, libros, cards y otras cosas.

Una tarde, saliendo del centro comercial, decidieron ir a un pequeño café cruzando el parque. Al llegar, tomaron asiento en un lugar apartado, y mientras esperaban las órdenes Kyo notó que Iori lo observaba fijamente, con la barbilla apoyada en la mano y el codo sobre la mesa.

- ¿Uh? ¿Nan da? {¿Qué sucede?}

Realmente los ojos del pelirrojo estaban clavados en los suyos.

- ¿Cómo será, cuando recuerde...? - murmuró Iori -. Seguiremos viéndonos o todo terminará allí?

Los labios de Kyo temblaron. Hacía tiempo que Yagami no tocaba el tema.

- Nos... Nos seguiremos viendo, eso te lo puedo asegurar - le dijo, y era la verdad.

- Pero... ¿por qué tengo esta sensación de fatalidad, Kyo? Y todos los sueños... Si esos son mis recuerdos...

Los sueños, las pesadillas. Por las noches a veces Iori despertaba con un grito, estremeciéndose violentamente y cuando Kyo le preguntaba qué sucedía él se apartaba o lo hacía a un lado, como si temiese herirlo. Lo había matado, le contaba Iori, en su sueño Kyo había muerto quemado en una hoguera púrpura. Y él estaba allí sin hacer nada por ayudarlo, sonriendo. Pero no era él, esa expresión no era de él...

Quería ayudar a Kyo pero no podía.

- Yagami... - murmuraba Kyo con tristeza.

Cuando Iori le contaba sobre esos sueños, se veía tan angustiado que no podía evitar sentir compasión por él. No podía explicarle que eso jamás pasaría, ni podía decirle que eran solamente sueños. El pelirrojo le tenía miedo a lo que no podía recordar.

En ese momento, mientras esperaban las órdenes, un conocido sonido en la televisión hizo que Kyo regresara a la realidad. Miró a su alrededor, el café se había llenado de gente que conversaba animadamente mientras disfrutaban del té, pero por sobre el murmullo escuchó una voz promocionando el nuevo torneo. Iori estaba de espaldas a la televisión, y no lo vio, pero Kyo se levantó de golpe.

- Vámonos – le dijo. No quería arriesgar a que Iori viera o oyera el promocional. Le indicó que lo siguiera.

- ¿Qué sucede? – quiso saber el pelirrojo, poniéndose de pie también.

- Vámonos Yagami, ¿si? - preguntó Kyo con una sonrisa, pero por la forma en que sujetó a Iori él supo que algo iba mal.

- ¿Por qué...? – dijo, preocupado.

- No es nada, sólo quiero que vengas conmigo – Kyo tiró de él hacia la puerta.

Y mientras salían, en el televisor Sakyou anunciaba el nuevo King of Fighters.

Estuvieron caminando por el parque durante un rato, sin rumbo fijo, evitando a las personas, buscando un lugar donde pudiera calmar su corazón.

- ¿Qué pasa? - preguntó Iori deteniéndose y negándose a seguir a Kyo en su errático camino.

Kyo rió inocentemente.

- No... No quería estar allí... Entró alguien que no me cae muy bien... – mintió sintiéndose estúpido, pero Iori sonrió negando con la cabeza, aceptando esa excusa.

- Eres gracioso – murmuró.

Estaban en la orilla del lago artificial del parque, las luces nocturnas y la luna se reflejaban plateadas en el agua semicongelada. Los juncos y hierba alta que habían sobrevivido a la nieve se ondulaban con la brisa fría.

Iori se detuvo en seco, llevándose una mano a la cabeza con un gemido.

- ¡Hey...! - Kyo lo sujetó. Hacía tiempo que no le venían esos dolores, incluso había llegado a pensar que Iori ya estaba mejor.

- Kyo... – llamó el pelirrojo, había angustia en su voz.

- Tranquilo... Aquí estoy. - Iori había caído de rodillas, y Kyo con él, para sostenerlo. En ese momento lo abrazaba, debido al frío y al dolor. Iori se apoyó en él, jadeando.

- Haz que se... detenga... Deténlo – rogó en un susurro -. No soporto más esto...

Kyo lo abrazó con fuerza, para que lo sintiera a su lado. Le pareció que lloraba, pero no podía decirlo. No veía el rostro de Iori.

Poco a poco se relajó, mientras el dolor se disipaba, pero ambos se quedaron así. Kyo sintió que Iori levantaba los brazos y lo rodeaba con ellos, aferrándose a él con fuerza. Hundiendo sus dedos en su ropa, como si no quisiera dejarlo ir. Aquello lo sorprendió.

- ¿Y... Yagami...?

- Kyo... Tú... - Iori se había apoyado en su hombro, y lo abrazaba con los ojos fuertemente cerrados -. Tú eres quien me mantiene vivo, ahora...

Kyo abrió mucho los ojos, no daba crédito a lo que oía.

- El dolor, aunque sea insoportable... Mientras estás conmigo no me da miedo...

Kyo no sabía qué decir, sólo acarició la espalda de Iori, tocando el cabello del pelirrojo con su frente y quedándose así, muy juntos.

- Quiero seguir a tu lado, y por eso... preferiría nunca recordar... – Kyo sintió que su corazón se detenía al oir eso -. Hay algo mal en mi pasado... Puedo sentirlo...

- No... Iori...

El pelirrojo rió suavemente.

- Es la primera vez que me llamas así... – murmuró -. Espero poder recordarte cuando todo esto termine... Recordarte y poder agradecerte todo lo que hiciste por mí.

- Yagami...

Kyo sintió que no podía hacer nada salvo abrazarlo un poco más fuerte. Nunca esperó que algo como eso sucediera. Nunca se imaginó que Iori lo abrazaría como lo estaba haciendo ahora. Era tan cálido... Y estaba tan desesperado. Y el cambio en su actitud, de querer recordar a rechazar sus recuerdos, lo había conmovido. Lo estaba haciendo por él, porque quería quedarse con él.

- Estaré contigo, Yagami... Te lo prometo... – murmuró, y fue más sincero de lo que él hubiera pensado -. Para cuando quieras, cuando me necesites, prometo que estaré allí.

Iori rió contra su hombro, pero era una risa demasiado triste.

* * * *

- Fui muy egoísta allá en el parque... - comentó Iori mientras Kyo le sonreía y abría las bolsas de las compras para sacar su nueva colección de revistas. Iori se dejó caer en el sillón y encendió la televisión. – Pedirte que te quedes para siempre conmigo... – repitió Iori -. Es una locura.

Kyo rió. No sabía qué decir.

- Es una locura... ¿o no, Kyo? – murmuró el pelirrojo, observándolo.

- Eso depende – respondió el joven, sentándose en el otro sillón -. Depende si es porque tienes miedo de enfrentar la vida solo o si es porque... eh...

Kyo apartó la mirada, sintiendo que se sonrojaría. Iori rió suavemente, había comprendido.

- ¿Puedo preguntarte algo? – dijo.

- No te aseguro que responderé. – Kyo fue a la segura. No quería meterse en aprietos.

- Dime... – Iori dudó. Miró el televisor sólo para verificar que no había nada interesante -. ¿Qué relación teníamos, tú y yo?

Kyo contuvo la respiración un segundo. Pensaba algo coherente para responder cuando sintió un escalofrío. En el televisor, el promocional, de nuevo...

- No... – murmuró.

Esta vez Kyo no pudo hacer nada para evitar que Iori viera el comercial. Estaba demasiado lejos del aparato, y además, si ese canal estaba pasándolo, entonces podría verlo en cualquier otro lugar. Maldición...

Allí estaban, las imágenes de los anteriores torneos, y él, el campeón, el finalista del torneo anterior que había derrotado a Fone, Aparecía de pie rodeado por los demás peleadores, un arrogante y altivo Kyo Kusanagi. El Kyo lleno de odio que había entrado malherido al hospital y que ahora había cambiado tanto gracias a un pelirrojo. Kyo miró en silencio las imágenes parpadeantes.

Sabía que Iori hacía lo mismo, y no se atrevía a encontrarse con sus ojos.

Las imágenes cambiaron a una escena de su pelea contra el Ikari Team. Él envuelto en el fuego escarlata preparando su Shiki Orochinagi.. Y la súbita liberación del poder como una llamarada que envolvió a su oponente, haciéndolo arder... Y gritar de dolor....

Un grito...

Pero no era de la televisión.

- ¡Iori!

Corrió hacia el pelirrojo para sostenerlo.

- Es... una pesadilla...

- No pasa nada... Todo está bien - murmuró para tratar de tranquilizarlo, pero cuando quiso tocar su hombro, la mano de Iori lo golpeó con fuerza, apartándolo.

- Ese eres tú... ¡Y no me lo dijiste! ¿¡Por qué no me dijiste que todos mis sueños eran realidad?! – gritó.

- Yo... - Kyo apartó la mirada. No quería que Iori recordara más. Gracias a dios el comercial sólo lo mostraba a él y unos pocos peleadores de otros equipos. Que afortunado había resultado el que Iori odiara a las cámaras...

- Y si son realidad... - continuó Iori -, ...entonces.. yo... - Observó sus manos, temblaban ligeramente.

En sueños destruía a Kyo con sus manos desnudas, y lo peor de todo era que lo disfrutaba grandemente... Aquella sensación lo mortificaba y abrumaba. Alejó de sí a Kyo, que aun intentaba ayudarlo. Cerró su mano fuertemente en un puño y golpeó con violencia el suelo. Súbitamente las llamas púrpura brotaron, ardiendo alrededor de sus dedos crepitantes y salvajes, como siempre habían sido. El pelirrojo observó sorprendido, sujetó su muñeca con la otra mano, como si no pudiera soportarlo, como si quisiera anular el dolor produciéndose aun más dolor. Sus ojos expresaban intensa sorpresa, pero pronto fueron llenándose de temor y dolor. Kyo se le acercó, arrodillándose junto a él, puso sus dedos sobre la mano de Iori, sobre el doloroso fuego púrpura, y tiernamente murmuró:

- Tranquilo, no te harán daño. - Dijo esto entrecerrando los ojos, observando el rostro de Iori. Extendió su mano libre, para que Iori viera, y le mostró el fuego de los Kusanagi. Iori observó, luego se apartó y con un movimiento inconsciente ahogó sus llamas.

- Déjame solo - dijo mientras se ponía de pie trabajosamente y se alejaba en dirección a la habitación que hasta esa noche habían compartido.

Confundido, Kyo continuó arrodillado en la alfombra durante largo rato. Pensaba en lo poco que debía faltar para que Iori recobrara por completo la memoria, y se sentía mal. Ya se había acostumbrado a tenerlo en casa, a conversar con él de un modo simple y sincero, como amigos, como el único amigo que realmente lo escuchaba y se preocupaba por él. A veces, cuando no tenía ganas de hacer nada, el pelirrojo le preparaba el almuerzo divertido al ver como Kyo se hacía el difícil argumentando estar agotado y con ganas de dormir solamente. Era agradable ver a Iori insistiéndole juguetonamente que fuera a comer. Le gustaba...

Si Iori volvía a ser el de antes... Si volvía a buscarlo para pelear... ¿Cómo podría? ¿Cómo iba a herir a una persona a quien aprendió a querer? Ojalá su odio volviera cuando Iori se recuperara. Así ambos estaría mucho mejor, y quién sabe, quizás podrían continuar con el duelo interrumpido...

Se quedó allí viendo ocasionalmente la pantalla del televisor. No iba a haber forma de evitarlo... En cualquier momento Iori vería toda la verdad...

Una idea cruzó por su mente. Lo hizo sonreír con tristeza. Apagó el televisor y se puso de pie, para ir a la habitación. No encendió la luz, con la poca iluminación que había notó que Iori sólo estaba acostado en la cama, no se había cambiado ni cubierto con las sábanas. Caminó hacia él y se sentó al borde del colchón. Aun sonreía.

- Oi, ¿duermes?

No recibió respuesta.

- Uhm.. Bueno... - continuó, con una voz firme y sincera, sin que la sonrisa desapareciera nunca -. Si no estás despierto tú te lo pierdes. Sólo quería decirte que si no mencioné nada al respecto fue porque temía herirte. Me preocupaba darte una fuerte impresión cuando no estabas preparado para recibirla... Pero si quieres, podemos hablar. Yo te lo dije, mientras estés conmigo estás bien porque...

Porque soy lo único que tienes en este mundo de olvido.

- ... casi todos tus recuerdos son míos...

Esperó un momento, a ver si Iori reaccionaba. Lentamente el pelirrojo se volvió hacia él, Kyo se sorprendió al ver sus ojos húmedos y vidriosos.

Vio que esbozaba una sonrisa.

- No quiero saber nada - dijo suavemente Iori, incorporándose y echando sus brazos alrededor del cuello de Kyo, atrayéndolo hacia sí, para completo estupor del joven -. Estoy bien así... Y si recordar significa perderte, entonces no quiero recordar.

- Io... ri... - murmuró Kyo cerrando fuertemente los ojos, sintiéndose culpable y extrañamente feliz a la vez. No podía hacer más que devolverle el abrazo -. ¿Por qué... por qué dices eso? – preguntó.

Iori lo estrechó con fuerza.

- Kimi ga suki dakara saa... {Porque me gustas mucho...}. Me da tanto miedo recordar y perderte...

De pronto Kyo se estremeció cuando los labios de Iori rozaron su cuello, acariciándolo con su aliento tibio. Se quedó como petrificado, sin saber qué hacer. No era como con Benimaru, porque con el rubio él sabía que era un juego, pero con Iori... Las manos de Iori se movieron por su espalda, mientras sus besos comenzaban a hacerse más apasionados. Atrajo a Kyo un poco más hacia sí, y cuando el joven trató de resistirse notó que la fuerza del pelirrojo no había disminuido nada.

- No sabes... no sabes lo necesario que eres para mí... - murmuró el pelirrojo obligando a Kyo a recostarse y retirando su ropa sin dejar de besar cada parte del cuerpo de Kyo que iba desnudando. Kyo sintió enrojecer sus mejillas. Su pecho estaba húmedo debido a los besos de Iori, y se aferró al pelirrojo cuando este se detuvo para lamer los rosados pezones...

Nunca antes había sentido algo como aquello. Era tan diferente... Tan apasionado. No como Yuki, que solamente se echaba allí esperando que él llevara la iniciativa. Era placentero pero algo le decía que no estaba bien. Porque era Yagami, por dios santo. ¡Y porque ambos eran hombres!

- Yagami, iyada {no}... - dijo, intentando apartarlo. Iori estaba sobre él, casi sentado a horcajadas sobre sus piernas, inmovilizándolo -. Yagami...

Sin embargo era obvio que Kyo estaba excitado, su cuerpo reaccionaba y Iori, mirándolo a los ojos, comenzó a acariciarlo suavemente.

- Yagami, por favor, no me hagas esto... - jadeó Kyo tratando de levantarse -. Yagami... ¡Ahhh...!

La sensación de los labios de Iori a su alrededor fue tan repentina y sorpresiva que la espalda de Kyo se arqueó y sus manos buscaron algo a qué aferrarse. Ni siquiera pudo protestar, los movimientos de Iori le habían cortado el aliento.

- Es la única forma que tengo para agradecerte, dulce Kyo... - susurró Iori. Sus labios estaban húmedos, y los limpió con la punta de sus largos dedos.

- No... Esto no es necesario... ¡Yagami! - Kyo soltó las sábanas y empujó a Iori para alejarlo. Estaba demasiado excitado y hubiera querido que eso continuara, pero no estaba bien, ¡no lo estaba!

Sin embargo Iori lo sujetó de un hombro y utilizando todo su peso lo inmovilizó contra las almohadas, mientras su mano libre apartaba las piernas de Kyo y comenzaba a acariciarlo, despacio, humedeciendo el camino para lo que vendría segundos después. Kyo comprendió.

- Iori... - jadeó, cuando sintió sus dedos dentro de él, sin embargo al instante todo el placer desapareció para dejarle una sensación de miedo extremo.

Miedo de morir, miedo de ser violado por alguien a quien no conocía; un rubio de ojos claros que se divirtió salvajemente con él. Su nombre le llegó como si alguien se lo hubiese susurrado: Fone. El agudísimo dolor en su interior lo hizo gritar. Gritar realmente, no de placer ni de excitación, sino de dolor. Era como si algo ardiera en su interior. Desgarrando sus entrañas...

Iori se retiró apenas oyó la desesperación en el grito de Kyo.

- Por... ¿Por qué estás llorando? - preguntó sin comprender. Miró el cuerpo de Kyo, que tan repentinamente había marchitado su excitación. Miró sus manos húmedas... y rojas de sangre. La mirada de Iori expresó un profundo pesar, pero no comprendía por qué había sucedido eso. Kyo gemía, como si aun estuviera dentro de él. - Kyo... Lo siento... - murmuró, cubriendo al joven con las sábanas -. En verdad... Lo siento.

Dejó a Kyo, que yacía con los ojos cerrados, encogido contra la almohada.

No dijo nada más...

* * * *

Iori despertó la mañana siguiente en el sillón, había estado bebiendo cerveza toda la noche, y las latas estaban desperdigadas por la sala. Apartó la sábana que lo cubría, sin recordar de dónde había salido y cuando intentó ponerse de pie notó que alguien estaba durmiendo a su lado, en el estrecho sillón, con la cabeza apoyada en sus piernas.

- ¿K... Kyo?

El joven abrió los ojos, no dijo nada.

- Kyo, lo de anoche...

- Olvídalo.

- En verdad, lo siento...

- Olvídalo, Yagami.

- No sé qué me sucedió...

- ¡Dije que lo olvides, demonios! - exclamó Kyo -. ¡No fue tu culpa!

El pelirrojo lo observó, sin comprender. Kyo apartó la mirada, avergonzado. La sangre había brotado debido a las heridas que no cicatrizarían nunca, y su temor se debía a algo que durante mucho tiempo se había negado a sí mismo pero que ahora recordaba claramente. Iori no había tenido nada que ver con eso.

- ¿Quién te hizo eso? - preguntó Iori, sintiendo un agudo dolor al pensar que Kyo podía pertenecer a otra persona. Kyo negó con la cabeza, sin mirarlo.

Iori parpadeó.

- ¿Te... violaron?

Kyo cerró los ojos. Escondió el rostro contra el vientre de Iori.

Inconscientemente Iori puso su mano entre el cabello castaño, acariciándolo con cariño.

- No lo recordé hasta anoche - murmuró Kyo -. Ni siquiera lo recuerdo todo, sólo veo a un hombre rubio... Y su mirada llena de lujuria... Y...

Iori hizo a un lado la sábana, para acariciar los hombros aun desnudos de Kyo.

Las noches anteriores no había notado las cicatrices de golpes y cortes que llenaban su espalda y brazos. Besó sus dedos fríos y vio los cortes sobre sus muñecas. Parecían haber sido profundos, justo sobre sus venas.

- Kyo, ¿intentaste suicidarte? – preguntó sin poder creerlo.

- No...

Claro que no, no era tan cobarde como para suicidarse. Aquellos cortes eran el regalo de Fone antes de morir, fue lo que lo puso en coma durante tres meses.

- ¿En coma, tú? - repitió Iori.

- Hasta anoche no lo sabía, ¡no lo recordaba! - murmuró Kyo -. Pero ahora lo sé, fue el último oponente... Su viento...

Iori cerró los ojos un segundo, como si sintiera molesto al saber que alguien se había atrevido a hacerle eso a Kyo.

- ¿Te venció y te violó...? – preguntó titubeante, pero sin poder contener su curiosidad.

- No... - negó Kyo -. A pesar de todo yo fui el vencedor... porque lo maté.

Iori se estremeció. Cerró los ojos nuevamente.

- ¿Es ese torneo donde participas siempre tan violento? ¿Por qué participas, entonces?

No podía explicárselo.

- ¿Por qué peleas? – insistió Iori.

- Toda mi vida entrené para eso... No puedo abandonarlo. Pelear, probarme a mí mismo contra otras personas... Ya es parte de mi...

Pelear contigo, enfrentarte, vencerte, odiarte... Matarte... Iori...

Iori bajó la mirada hacia él.

- Nunca pensé que tu vida fuera tan vacía, Kyo...

Aquello estuvo a punto de hacer reír a Kyo. Si Iori supiera...

Y, como si le hubiera leído los pensamientos, Iori susurró suave y resignadamente:

- Y cuando yo recuerde... ¿qué oscura sorpresa me llevaré...?

Hubo un momento de silencio, luego Iori preguntó:

- Kyo... ¿continuarás a mi lado luego de que yo recobre la memoria?

Aquello hizo que Kyo gimiera algo, pero Iori no comprendió. El joven levantó la mirada hacia el pelirrojo.

- Te prometí que estaría allí, cuando tú quisieras. Lo prometí... – le dijo, firmemente.

- No quiero recordar... - murmuró Iori.

- Pero tú no eres feliz así - susurró Kyo, disfrutando de las caricias que el otro joven hacía en sus hombros -. Cuando recuerdes, yo me alegraré por ti... Porque al fin estarás bien.

- Pero no quiero. ¡No quiero hacerte daño!

Kyo sonrió, conmovido. Ese era cariño simple y sincero. Nunca antes en su vida alguien se lo había ofrecido con tanta sencillez. Era increíble que lo hubiera encontrado en su rival a muerte.

- ¿Por qué haces esto? - preguntó Iori -. ¿Por qué me ayudaste? ¿No se supone que somos... enemigos?

Kyo parpadeó, negó con la cabeza, rozando su mejilla, sin querer, contra la entrepierna del pelirrojo.

- Rivales... Para mí somos sólo rivales... - mintió, pero sentía que era como tenía que ser.

- Entonces... debo ser yo quien quiere matarte... - dedujo Iori, la angustia presente en su voz.

Kyo levantó la vista hacia él, frunciendo el ceño.

- Quizás - dijo. La mirada de Iori se entristeció, Kyo continuó -: Pero no te lo permitiré. Nunca. - La mano de Iori se deslizó por la mejilla de Kyo, lentamente. El joven de cabello castaño prosiguió -: Quiero que seas feliz. Si tienes que recordar, no te preocupes por mí, ¿está bien? ¿Estás de acuerdo?

El pelirrojo se inclinó para besarlo tiernamente en los labios. No pudo evitarlo, ese muchacho era tan dulce. Sus labios invitaban a ser besados. No comprendía cómo era posible que hubiesen sido rivales.

- ¿Iori? - murmuró un Kyo sorprendido ante el comportamiento del pelirrojo.

- Ai shiteru... {Te quiero...} – murmuró Iori, su voz cargada de emoción.

Y quizás fue de ternura, o por los recuerdos que habían despertado la noche anterior, o por la culpabilidad de engañar tan cruelmente a Iori, que Kyo no pudo contener más las lágrimas.

Continúa...

Capítulo 8: Sayonara wa Mirai no Hajimari       Volver a Shades of Flames

The King of Fighters y sus personajes pertenecen a SNK
Lost Memories pertence a MiauNeko &
Shades of [Flames]... and [Passion]
Noviembre 2000