Fanfic por MiauNeko

Lost Memories

Capítulo 9
Yakusoku da. Uso da.

[Promesas. Mentiras.]

Pasaron meses desde que Iori se fue. Para Kyo fue insoportable, no sólo por la urgencia que sentía por enfrentarlo y vencerlo, sino porque se había dado cuenta de que... realmente lo extrañaba. No le agradaba llegar a su departamento y encontrarlo desordenado, frío y vacío. Cuando entraba a la cocina, imaginaba ver a Iori allí observándolo divertido mientras preguntaba "no me digas que esta noche tampoco vas a cenar... porque te obligaré a comer, ¿me oyes?". Si entraba a la habitación, por costumbre sus ojos miraba hacia la ventana, donde Iori adoraba sentarse a leer, o la cama, mientras todo su cuerpo anhelaba acostarse junto a la tibieza del pelirrojo. Era para volverse loco. Y cada vez que lo pensaba, Kyo sentía que lo odiaba más.

Finalmente decidió dejar el departamento por un tiempo. Fue a casa de sus padres, donde lo recibieron con frialdad. Él no comprendía a qué se debía hasta que supuso que se habían enterado de lo sucedido con Yagami mediante alguno de los espías repartidos por todo el país. Aquello lo enfureció; significaba que toda su familia ya debía haberse enterado de cómo vivía con el pelirrojo, de que dormían... juntos.

La única manera de calmarse la encontraba con Yuki. Dios... ¿cómo había podido dejarla durante tanto tiempo por estar con Iori? Era realmente un estúpido. Afortunadamente Yuki era comprensiva y cariñosa; le dijo que comprendía, y que todo estaría bien. Simplemente estaba feliz de tener a Kyo de nuevo con ella.

Estar con Yuki era agradable, reconfortante, pero no llenaba su vida como el pelirrojo. La angustia acometía a Kyo cada vez que se daba cuenta de que aun haciéndole el amor a la muchacha él pensaba en los fuertes brazos de Iori a su alrededor.

- Tienes que calmarte, Kyo. Yagami-san ya se fue, todo estará bien ahora - le decía Yuki al verlo así, pensando que ese era el motivo de preocupación de su adorado Kyo.

Era fácil para ella. Ella no se había enamorado del pelirrojo.

* * * *

Una tarde silenciosa de viernes, cuando el invierno casi había terminado, Kyo sintió una presencia familiar en el amplio jardín del campus. A esa hora había pocos alumnos. Todos se retiraban a descansar y disfrutar del fin de semana en la tranquilidad de sus hogares. El joven se quedaba rondando por allí, conversando con amigos o flirteando con las chicas que simplemente morían por él y su aspecto orgulloso y atractivo. Sin embargo justo ese día una de sus clases se había alargado demasiado y salía dos horas después de lo acostumbrado. Un grupo de chicos conversaba en la salida pero se retiraron pronto. Kyo se detuvo.

Tras él se alzaba el gigantesco edificio que era la universidad. A veces Kyo no podía dejar de quedarse admirándolo, sin creer aunque había conseguido aprobar el salvaje examen de admisión. Lamentablemente, si había aprobado fue gracias a Iori, que tan solícitamente lo había ayudado a estudiar. Iori, Iori, Iori; ¡ese maldito aun seguía en su vida!

El viento sopló a través del patio desierto, sacudiendo su cabello y su camisa. Su rostro era sereno, y ocultaba perfectamente las fuertes emociones que estaba sintiendo. Anhelo, furia, odio, deseo. Quería ver el rostro del pelirrojo que sabía se estaba acercando por su espalda, y al mismo tiempo quería destruirlo. Quería volver a oír su voz profunda y suave, y luego hacerla callar para siempre. Sintió un escalofrío.

- Hisashiburi da na {Tanto tiempo}, Kyo.

Se volvió bruscamente; y aunque todo el tiempo había sabido que se trataba de Yagami no pudo ocultar la expresión de su rostro. Iori lo miraba fríamente, y sin embargo... aun en su mirada cruel podía ver rastros de aquella ingenuidad que lo había seducido. Kyo entreabrió los labios, como si estuviera realmente dispuesto a decirle algo, pero se contuvo, y su expresión pasó de sorpresa a desolación. El pelirrojo vio esto y su mirada se suavizó un poco, o eso imaginó Kyo.

¿Dónde estaban la rabia y el odio cuando las necesitaba? Yagami estaba allí para matarlo, y él todo lo que hacía era quedarse contemplándolo y pensando...

- Te extrañé... te extrañé tanto...

¡¡...!!

Kyo se dio cuenta que había sido él quien habló. Iori parpadeó perplejo, pero al instante recuperó la compostura. Vestía como siempre, de negro, con su larga camisa blanca ondeando al viento, las manos hundidas en los bolsillos de sus pantalones rojos.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Yagami, bajó la mirada un momento, sacando las manos de los bolsillos con gesto tranquilo y relajado.

- ¡Ya puedes dejar de fingir, Kyo! - dijo, clavando sus ojos rojos en él. Kyo sonrió también, aunque en su interior se sentía adolorido y confundido como un niño que no sabe qué hacer. Sin embargo, se dijo, era mejor así. Que Yagami despertara el odio. Así no le dolería tanto tener que enfrentarlo.

- Saa na... {como quieras...} - respondió él dejando caer el bolso que llevaba al hombro y dando un paso hacia Iori.

Ambos sabían para qué estaban allí. Era otro acuerdo privado, su propia voluntad llevándolos hacia un destino que sus antepasados habían dispuesto. Era nuevamente un reto para terminar con todo, y esta vez sería en serio. Terminaría antes de que alguien los interrumpiera. Era el final.

Atacaron sin intercambiar más palabras. Kyo corrió hacia Iori, que esperó hasta el último momento para bloquear y contraatacar; sin embargo el muchacho esperaba esto y esquivó el golpe con habilidad, deslizándose por detrás del pelirrojo, sintiendo la cercanía de su cuerpo tan cálido, y asestando un golpe, no demasiado seguro, en su espalda. Iori dio unos pasos para recuperar el equilibrio, y con ese mismo impulso giró sobre sí mismo para golpear con su pierna el costado de Kyo, allí donde había sido herido por el metal del helicóptero hacía tantos meses.

El dolor inmovilizó a Kyo, pero también ayudó a enfurecerlo más.

Mientras Iori esperaba que cayera de rodillas por el golpe, él cargó hacia el pelirrojo y lo golpeó en el pecho con su hombro. Sintió que Iori se quedaba sin aire y golpeó nuevamente, esta vez encendiendo sus llamas y ayudándose de la explosión para hacerlo caer al suelo.

El pelirrojo se levantó lentamente y vio que Kyo se llevaba la mano al costado. Ese golpe había sido lo suficientemente fuerte para abrir la herida otra vez, y estaba sangrando profusamente. El joven entrecerró los ojos, el dolor debía ser terrible.

- Anda... ¿te rindes? - preguntó Iori burlonamente.

- No antes de matarte - fue su obvia respuesta. El pelirrojo sonrió.

* * * *

Uno de los espías de los Kusanagi informó a Saisyu y Shizu sobre la batalla que se daría en el campus de la universidad donde estudiaba Kyo. Al parecer los líderes Yagami habían ordenado a Iori que acabara con todo de una vez. Shizu ocultó su rostro tras la manga de su kimono. Saisyu sólo asintió. No había razón de preocuparse, debían confiar en el poder de su hijo.

Sin embargo, Yuki oyó también. Salió a toda prisa de la casa y se dirigió al campus. Quedaba a horas de donde se encontraba, pero tenía que estar allí por si algo malo sucedía. Ella había estado más cerca de Kyo de lo que sus padres jamás hubieran imaginado. Sabía que a pesar de todo, Kyo realmente no creía encontrar la fuerza para vencer a Iori. ¿Por qué? había preguntado ella. Kyo sólo había sonreído con algo de melancolía.

Cuando llegó al paradero cercano al campus, Yuki echó a correr a todo lo que daban sus piernas. Llegó justo a tiempo para ver una enorme explosión bicolor levantar el polvo del patio y retumbar en todo el lugar.

- ¡¡KYO!! - gritó, mientras la nube de polvo la rodeaba y cegaba.

Escuchó gruñidos y golpes, jadeos y quejidos. El fuego ardiendo...

Lentamente el polvo se disipó y pudo verlos. Se llevó una mano a los labios al ver el estado en que se encontraban ambos. Sus piernas temblaron y durante un momento estuvo a punto de caer. - Kyo... - murmuró.

El joven estaba gravemente herido, su camisa desgarrada dejaba ver su camiseta manchada de sangre. El costado estaba quemado, y la herida en carne viva era visible. Las gotas de sangre corrían y salpicaban el suelo. Era obvio que una explosión púrpura era la causante de eso. Pero no era todo, el brazo izquierdo de Kyo colgaba inerte, un profundo corte en su hombro no le permitía moverlo. Su rostro estaba cubierto de arañones y quemaduras, y tenía uno de sus ojos cerrados debido a la sangre que caía sobre él. El cabello desordenado y sucio, los labios entreabiertos en jadeos entrecortados.

Su oponente no se veía en mejor estado. En ese momento tenía una rodilla en el suelo y Yuki vio que su pierna sangraba. Su elegante traje estaba rasgado y las mangas de su camisa quemadas. Tenía una herida en su pecho que sangraba en abundancia, eso, sin contar que de sus labios corría un hilo de sangre, y que su ojo derecho parecía llorar lágrimas rojas que bajaban por sus mejillas.

- ¡YAMETE! {¡Deténganse!}

De nada le servía gritar, ellos no la escuchaban. Nada existía salvo ellos, el fuego y la sangre... hasta que uno de los dos cayera muerto. Kyo estaba en peor estado que Iori. Ella lo sabía. ¡Sabía que Kyo no sería capaz de ir contra sus sentimientos! El era demasiado bueno, demasiado sincero. Aun si odiaba a Yagami, habían sido amigos durante unos meses. No podría luchar contra él, ni mucho menos matarlo. Kyo se iba a dejar vencer, estaba segura.

- ¡Lo estás haciendo bien, a pesar de todo! - exclamó Iori utilizando su Yamibarai por primera vez desde que empezó la pelea.

"Debe estar agotado para atacar desde esa distancia" pensó Kyo haciéndose a un lado. El fuego pasó rugiendo a milímetros de él. Quiso avanzar para aprovechar la oportunidad pero sus piernas le fallaron y cayó. El dolor que sintió lo inmovilizó. Un espasmo recorrió su cuerpo. No podía creer que estuviera tan mal. Quería levantar la mirada hacia el pelirrojo, verlo acercarse con sus llamas listas para acabarlo, pero ni siquiera eso pudo hacer. Oyó pasos contra la tierra, lentos, torpes.

Una mano sujetó su cabello y lo hizo alzar la cabeza.

- ¿Piensas morir como un cobarde, Kyo? - preguntó Iori, inclinándose sobre él. Kyo sonrió, arañándole débilmente la mejilla y dejando un rastro rojo de sangre.

¿Y qué?

- Parece que Fone murió en vano - continuó Iori sin hacer caso de su gesto. Ante la mención de ese nombre, Kyo sintió que al furia lo llenaba -. ¿No fue suficiente lo que hizo para despertar tu verdadero poder? ¿Quieres que consiga a alguien que lo haga de nuevo?

- ¡Urusee! {¡Cállate!} - Kyo golpeó esta vez, lanzando una patada a la pierna herida de Iori y haciéndolo caer. Él se puso de pie lo más rápido que pudo e invocó al fuego, que lo rodeó con fuerza, creando un aura dorada que hizo sacudir su cabello y ondular los jirones en que se había convertido su camisa. Iori se levantó también. Su mirada brillaba; su cuerpo podía estar herido, pero su espíritu no se rendiría con facilidad porque estaba ardiendo con la pasión de la pelea. Era imposible que Iori disfrutara más ese encuentro.

Las llamas de Kyo comenzaron a tomar formas extrañas. No era el fuego dorado crepitante de siempre, este parecía chisporrotear, lanzarse descontrolado hacia cualquier lugar buscando algo que quemar. La intensidad de su brillo correspondía al poder que Kyo estaba manifestando. Iori estaba complacido.

Ambos rivales se miraban fijamente, las miradas eran idénticas. Yuki no podía ver nada más que odio y rencor ardiendo como el fuego que ellos invocaban. Este sería el último ataque, el que lograra sobrevivir sería el vencedor.

Dieron un paso, dos, acercándose, dejando una estela de fuego escarlata y púrpura detrás de sí. Kyo gritó, cerrando fuertemente los ojos, como si no quisiera ver a Iori en el momento del golpe final. Iori gruñó algo, y en sus labios se formó una sonrisa al ver el fuego de Kyo tomar tintes rojos. Yuki gritó. La explosión fue tal, que casi sale despedida hacia atrás... Oyó los gritos de Iori y Kyo también. Se echó a llorar, rodeada de polvo y cenizas. El resultado del encuentro estaba allí, ante ella, pero no se atrevía a mirar...

* * * *

"Kyo... ¿Estás bien?"

El joven escuchó la voz, quería ver de quién se trataba pero el sueño no lo dejaba ir. Unas manos cálidas y fuertes lo sacudieron levemente. Con lentitud abrió los ojos. El sol de primavera caía sobre la cama donde estaba acostado, las sábanas blancas estaban cubiertas de rosados pétalos de sakura que habían entrado por las ventanas entreabiertas. La brisa suave traía el olor a mar, a sol.

Se volvió sobre sí mismo, sonriendo. Las almohadas se sentían suaves contra su mejilla, enfundadas en blanco también. Salpicadas de rosa. Extendió sus brazos desnudos en el amplio colchón. A su lado la cama se sentía tibia, aun conservaba el calor de la persona que lo había acompañado durante toda la noche.

"Uhm..." murmuró, disfrutando del calor y el sol.

Un pelirrojo estaba inclinado sobre él, lo observaba con sus brillantes ojos escarlata preocupados.

"¿Estabas soñando?", preguntó gentilmente.

"Uhn..." Kyo le sonrió. "Contigo..." dijo. "Gracias por despertarme, Yagami, era el sueño más horrible que nunca he tenido."

Iori le acarició la cabeza. Deslizó su mano detrás del cuello de Kyo para hacer que se levantara un poco y lo besó en los labios, despacio, con cuidado, saboreando el beso. Kyo le sonrió, y él lo abrazó, sus labios tocando la mejilla de Kyo.

"¿Quién te asegura que no has despertado de un sueño para caer en otro peor, dulce Kyo?" preguntó Iori con un suave y gentil tono maligno. Kyo intentó incorporarse, de pronto había sentido miedo.

"¿Pero de qué hablas?"

Sólo entonces vio que había alguien detrás de Iori. Un joven rubio observándolo fijamente, mientras hilos de sangre brotaban de los costados de su cabeza debido a las profundas y horribles heridas que había sufrido.

"¡Tú! ¡Fone!" exclamó Kyo. No podía moverse, pensó que Yagami lo sujetaba pero no era él sino nuevamente el viento que lo inmovilizaba, la sangre, el dolor...

"He vuelto por ti..." rió Fone. "Para terminar lo que dejamos inconcluso".

"¡No! ¡No te lo permitiré otra vez! ¡No!" gritó Kyo.

Y, liberándose de las ataduras que lo mantenían contra la cama, Kyo pasó por sobre Iori, buscando la cabeza de Fone. Lo sujetó del cuello y empezó a golpearlo repetidamente, descargando toda su furia en explosiones escarlata. Iori lo observaba como si no comprendiera.

Aquel era *su* Iori. El que no recordaba. El que lo quería simple y llanamente.

Fone reía con cada golpe.

"¡Eso es, tu lado maligno!" exclamaba, en el límite de la euforia. "Continúa así, Kyo, y lo lograrás. ¡Conseguirás acabar con Yagami!"

Kyo se detuvo en seco. Dejó de golpear porque había oído la voz de Fone a su lado, donde debía estar Iori. Cuando se volvió, en efecto, vio al rubio sonriéndole, su rostro en perfecto estado, sin rastros de la herida mortal que le había producido, ni de los golpes que le había dado. Sus ojos claros brillaban con satisfacción, reía suavemente. Kyo sintió sus manos húmedas de sangre. Un escalofrío lo recorrió cuando comprendió qué era lo que había sucedido.

No pudo evitarlo. Bajó la mirada y ahí estaba, Iori, yaciendo frente a él, herido mortalmente por sus golpes y el fuego. Lo observaba con su mirada serena; si no se defendió fue porque no quería hacerle daño a Kyo. Así se lo había dicho aquella vez. No quería hacerle daño.

Kyo sintió que gritaría.

"¿Pero no es eso lo que siempre has querido? ¿Destruirlo?" canturreó Fone en su oído. "Ya tienes el poder, ya experimentaste lo que se siente, ¿no adoras la sensación?" El rubio lo abrazó, produciéndole dolor. "Ahora ve, ¡y mátalo!"

* * * *

Pétalos de sakura... Kyo los siguió con la mirada mientras caían suavemente del cielo y se encendían al entrar en el remolino de flamas bicolores que lo rodeaban. El dolor lo había traído de vuelta a la realidad. Si aquello había sido un sueño, se alegraba de despertar... A menos que la realidad fuera peor que una pesadilla...

Quiso levantarse pero ahora sí su cuerpo estaba totalmente rendido, si no muerto. El fuego se alzaba pero no estaba bajo su control. Apenas podía respirar, su costado le dolía horriblemente, no sentía su brazo y los ojos le ardían. Uhm... Debía seguir con vida. Ni siquiera un muerto podía sentirse peor que él.

Ahora... ¿dónde estaba Yagami? Volvió la cabeza en la tierra, y se sorprendió al verlo muy cerca, a su lado, inconsciente. Su cabello rojo estaba desordenado, y se veía cansado... pero satisfecho. Kyo se estremeció, vio que una de las manos de Iori descansaba sobre su pecho, cubriendo la herida... mortal... que Kyo le había hecho.

- Ya... gami... - jadeó Kyo tratando de incorporarse. ¿Acaso el duelo había terminado? Continuó mirando fijamente a Iori, esperando ver algún movimiento, un indicio de que seguía con vida, pero nada sucedió. Ni siquiera podía ver si respiraba -. Yagami... - gimió, contra su voluntad.

"¿Pero no es eso lo que siempre has querido? ¿Destruirlo?. Ya tienes el poder, ya experimentaste lo que se siente..."

Las palabras de Fone aun resonaban en su mente. Kyo cerró los ojos. No quería verlo. El conflicto de emociones se hacía cada vez peor. El odio, la culpabilidad, la lástima que había sentido al ver a Yagami solo en la habitación del hospital... Se llevó una mano a los ojos, limpiando la sangre que lo cegaba.

¿Qué era más fuerte? ¿El rencor que sentía hacia él... o el cariño? Quería acercársele y asegurarse de que todavía vivía, pero su cuerpo ya no daba más. No podía ni pronunciar su nombre. Kyo nunca pensó que el último duelo sería como aquel. Había sido tan lleno de odio que no disfrutó ni un momento de la pelea. En cambio Iori sí, se notaba que el espíritu de pelea que había despertado en Kyo lo animaba. Pero ahora... Kyo se sentía vacío.

"¿Continuarás a mi lado... luego de que yo recobre la memoria?"

Volvió a oír las palabras que tanto lo habían conmovido. ¿Cómo había sido capaz de llegar a atacar a Iori de ese modo? ¿Cómo era posible que se hubiese dejado llevar por el odio?

"No sabes lo necesario que eres para mí..."

Y de pronto, en medio de toda su angustia, Kyo se preguntó: ¿qué sucedería si el Iori que había amado continuaba vivo dentro de Yagami? Quizás él aun conservaba todos sus recuerdos, todos los momentos agradables que vivieron... Y si era así... lo había matado a él también...

- Dios... – musitó, cerrando los ojos.

- No te encomiendes a dios todavía, Kyo. ¡Esto no ha terminado! - exclamó una voz a su lado. Cuando abrió los ojos vio que era Iori, y se estaba levantando. Como vio que Kyo ya no podía más, una sonrisa se formó en sus labios. Se acercó a Kyo, se inclinó sobre él y él mismo lo levantó sujetándolo del cuello de su camisa desgarrada. El joven no hizo ningún movimiento. Iori lo acercó aun más hacia sí y siseó -: Te vencí. - Kyo no hacía más que observar sus ojos, ambos estaban agotados. Lentamente asintió. Sí... Iori había vencido.

Aquello solamente sirvió para enfurecer al pelirrojo. Con todas las fuerzas que le quedaban, empujó violentamente a Kyo contra el suelo, golpeado su espalda magullada, enterrando sus dedos en el pecho de él.

- ¡SHINE! {¡Muere!} - rugió. Kyo cerró los ojos, esperando la explosión púrpura.

Ya no había nada más que hacer. Era obvio que la persona que él quería ya no existía. En cambio Yagami realmente estaba dispuesto a matarlo. Si recordara lo que una vez sintió, toda esa pelea no hubiera llegado tan lejos. Pero no había esperanzas, se había dado cuenta demasiado tarde que todo su supuesto odio hacia el pelirrojo había sido una forma de negarse a sí mismo lo que en verdad sentía, ya no había marcha atrás y ya no tenía fuerzas para defenderse.

Hubo un momento de quietud en vez del fuego. Despacio, Kyo abrió los ojos. Tardó un poco en enfocar su visión, pero pronto pudo ver el rostro del pelirrojo que estaba inclinado sobre él.

- N- nani...

¿Quién estaba frente a él? Esa expresión en los ojos rojos, tan dolida...

- ¿Crees que vas a morir porque así lo decidieron nuestros clanes? ¿O simplemente porque te odio? - murmuró Iori.

Kyo sonrió débilmente.

- ¿No han sido siempre esas tus razones? - dijo con un hilo de voz, sintiendo los dedos de Yagami entrando en su carne.

- ¿¡Por qué crees conocerme!? - exclamó Iori, furioso -. ¡No sabes nada! - Sus dedos hicieron más presión, haciendo brotar sangre.

- Ore wa... {Yo...}

- Una vez eso fue todo lo que me impulsó a ir hacia ti - aceptó Iori -, pero ahora esto es más personal. ¿¡Cómo te atreviste!?

- ¿De qué hab...? - Las palabras de Kyo fueron cortadas por un grito cuando el fuego brotó de la mano de Iori, lamiendo su piel herida, haciendo arder la sangre.

- ¡Jamás pensé que serías capaz de mentir de ese modo para humillarme! ¡¿Acaso no tienes honor?! - Iori estaba furioso, en ese momento no expresaba odio irrazonable, sólo un profundo y violento rencor -. ¿Qué pretendías con esa mentira? ¿Evitar nuestro enfrentamiento final, acaso? Y todas esas palabras y promesas y más mentiras... ¡ERES DESPRECIABLE!

Yakusoku to uso. Promesas y mentiras... Yagami lo recordaba todo...

Kyo empezó a perder la conciencia, estaba débil y confuso. Se sentía tranquilo al ver a Iori vivo y estaba resignado a morir en sus manos. No podía creer que en verdad había llegado a sentir algo más que cariño por el pelirrojo. No entendía cómo era posible amar y odiar a alguien al mismo tiempo. Querer abrazarlo y querer matarlo, como si fuera un solo sentimiento.

- ¡NO MUERAS AUN, KUSANAGI! - gritó Iori sacudiéndolo -. ¡No he terminado contigo! ¡Quiero que me digas porqué mierda lo hiciste!

Los bruscos tirones de Iori hicieron que el dolor corriera por todo el cuerpo de Kyo, que pareció encogerse, tratando de huir del dolor.

- Si una mentira sirvió para reconfortarte... entonces... no fue para mal... ¿no crees? - gimió Kyo. Iori se quedó quieto observándolo airado, esperando a que continuara -. Necesitabas a alguien... y sólo yo estaba allí...

- ¿Te atreviste A COMPADECERME? ¡¿A sentir LASTIMA por mí?! - Iori rió amargamente -. ¡¿Y eso te dio derecho a continuar mintiendo?!

Kyo cerró los ojos, cansado. Iori lo volvió a sacudir para que reaccionara.

- Ya déjame... - murmuró Kyo -. No quieres oír lo demás... no te gustará...

Y lentamente, como si estuviera a un paso rendirse, Kyo susurró, más para sí que para Iori:

- Fue una mentira al comienzo... porque realmente te odiaba... pero me fue imposible continuar...

Un hilillo de sangre empezó a correr por sus labios. El joven tosió.

- ... porque dejó de ser una mentira, Yagami...

Miró directamente a los ojos del pelirrojo. Se sorprendió al ver la emoción brillando en ellos. Sonrió, intentando levantar su brazo para tocar ese rostro.

- Honto ni Iori ga... suki... {En verdad... me gustas...} – susurró Kyo con un último esfuerzo. El dolor desapareció repentinamente, pero ya no tenía tiempo para apreciar ni siquiera eso...

* * * *

-¡IYAAAA!

Iori levantó la cabeza de golpe al escuchar el grito de la mujer. Se volvió y por sobre su hombro vio que se trataba de la novia de Kyo, observándolos con ojos muy abiertos y un gesto de desesperación en sus delicadas facciones.

- ¡KYO!

Iba a avanzar hacia ellos pero Iori extendió su mano, amenazando con atacarla si se movía.

- Usero {Lárgate} - ordenó. Ella no obedeció y continuó avanzando, las lágrimas cayendo por sus mejillas. Se había cubierto el rostro con las manos, pero aun así Iori podía ver que estaba a punto de desmayarse. La miró con seriedad. Lo que veía la chica era a él, arrodillado sobre Kyo, con su mano atrapando su cuello, ambos cubiertos de sangre, y Kyo inconsciente. Sujetó la tela de la desgarrada camisa de Kyo y tiró de él para que Yuki lo viera bien -. Terminó, está muerto - le dijo. Y sí, Yuki vio los ojos entrecerrados de Kyo, su mirada perdida...

En algún momento ella cayó, llorando, y luego no recordó más. Pero de alguna manera sabía que Iori había alzado a Kyo para alejarse con él mientras las sirenas de las patrullas y bomberos se acercaban al campus. Sólo encontraron rastros de sangre y a una muchacha en shock murmurando incoherencias.

Continúa...

Capítulo 10: Mientras Florece la Sakura.       Volver a Shades of Flames

The King of Fighters y sus personajes pertenecen a SNK
Lost Memories pertence a MiauNeko &
Shades of [Flames]... and [Passion]
Noviembre 2000