Fanfic por MiauNeko

Lost Memories

Capítulo 10
Mientras Florece la Sakura

Ha sido un largo día, pienso mientras corro por el pasillo que me separa de la puerta de mi apartamento. Los libros y cuadernos se sacuden en el pesado bolso, pero no importa. Al fin es viernes, y vuelvo presuroso a casa.

El camino desde el campus se me hizo eterno. Dejé atrás a los compañeros y admiradoras que me esperaban porque quería llegar a ti lo antes posible. Cada paso que daba parecía el primero de una carrera alocada, pero me contenía. Sin embargo, durante el trayecto pensé decenas de veces en que quizás cuando llegara al departamento lo encontraría vacío, que tú ya te habrías ido y que mi vida regresaría a la normalidad. Casi echaba a correr de sólo pensarlo. La incertidumbre de no saber qué pasará en el futuro me angustia...

Abro la puerta y me recibes con una sonrisa, estás en la sala, de pie, a medio camino entre la mesa del pequeño comedor y la cocina. En tus manos llevas una toalla blanca. Veo que has preparado el almuerzo y lanzo mis cosas, el bolso, mi abrigo, sobre el sillón de tapiz oscuro.

- Tadaima {Ya volví} - digo, avanzando hacia ti con una media sonrisa.

- Okaeri {Bienvenido} - murmuras tú.

Cuando me acerco un poco más, tu mano se dirige a mi cabello y lo acaricias. Me gusta cuando haces eso. Me observas pensativo, y durante un momento yo temo que me reconozcas, que la visión de mi rostro te traiga todos esos viejos recuerdos que te quiero evitar. Sé que tratas intensamente de recordar. Aunque lo niegues y digas que no deseas tus memorias, sé que lo haces. No porque quieres saber más sobre mí, y lo que fuimos, sino porque deseas tu vida de nuevo. Si no hay pasado no hay futuro, y ambos lo sabemos. Parpadeas, finalmente, y me dejas ir.

Es en momentos como este que quisiera seguir contigo para siempre. Busco en mi interior algún rastro del odio que una vez sentí hacia ti pero no consigo hallarlo. Me gusta tanto que estés aquí. Silencioso y serio, leyendo alguna novela o escuchando música, pero aquí, conmigo, cuando despierto por las mañanas o cuando llego por las tardes.

Me gusta saber que también te agrada estar a mi lado. Que no sales a las calles porque simplemente quieres que yo vaya contigo. Yagami Iori.¿ Cómo hubiera podido imaginar que llegaría a sentir esto por ti?

Pero no lo demuestro. Ni siquiera yo lo sé. No lo he aceptado aun. Eres sólo una responsabilidad que me impuse hace meses, cuando salimos del hospital. Eres mi enemigo, el más poderoso, y algún día volveremos a luchar así que no quiero dejar entrar este cariño en mi corazón. Cuando me abrazas y me dices lo que sientes, intento seguir siendo duro. Y lo he logrado, porque recién ahora sé qué es lo que siento yo por ti. Ahora... Después de la última pelea...

Lentamente la visión desaparece. Y tú te vas con ella. Me observas fijamente, con tristeza mientras te desvaneces. Grito tu nombre y extiendo mi mano hacia ti, tómala, ¡tómala y quédate conmigo, Iori!

Pero mi brazo está débil, y sangrando. No consigo sujetarte con fuerza y nos separamos. No puedo moverme, no puedo hacer nada. El departamento es ahora el vacío, todo lo que me queda de ti es un recuerdo...

El próximo lunes iré a clases. Y cuando vuelva a *casa* ésta será solo un vacío absoluto. Las cosas continuarán allí; mis revistas, discos, libros... pero todo estará vacío.

Si es que regreso, claro. Quizás ni siquiera logre despertar de este extraño sueño.

* * * *

Kyo abrió los ojos.

Se quedó quieto, observando lo primero que vio: el techo, lejano. Muy alto, de madera oscura. Parpadeó.

A su izquierda el tic tac de un reloj marcaba los segundos y rompía el intenso silencio que lo rodeaba. No sabía dónde estaba. No parecía un hospital, ni un departamento. El aire olía a casa antigua, a humedad y habitaciones durante mucho tiempo cerradas. Se movió ligeramente, y al instante sintió cómo todo su cuerpo le dolía. Gimió. Se llevó una mano al costado, donde tenía la herida y maldijo en voz baja. Durante unos segundos su corazón había albergado la esperanza de que todo hubiese sido un mal sueño. Sin embargo aquí estaba, malherido y débil, en un lugar que no conocía y que ni siquiera le resultaba remotamente familiar.

Apartó las sábanas, notó que la textura de estas era más gruesa de lo normal y al mirar vio que se trataba de un tejido pesado pero delicado, de color verde olivo y bordado en hilos plateados que formaban abstractos dibujos entrelazados. Se dio cuenta que no era una cama donde estaba, sino un amplio diván, recostado sobre cojines de terciopelo cubiertos por una tela blanca que ya presentaba algunas manchas de sangre.

Observó su cuerpo... desnudo. Sí, de nuevo, desnudo. Y se volvió a cubrir. No era conveniente que alguien entrara y lo viera vestir nada más que vendas ensangrentadas y sus prendas interiores. Se incorporó trabajosamente, examinándose. Si bien alguien había tratado cuidadosamente todas sus heridas, se sentía de lo peor. Como si hubiese vuelto a despertar de un coma.

El solo pensamiento lo hizo estremecerse. No, no era posible. Si hubiese estado en coma de nuevo, entonces debería haber despertado en un hospital, no en esa habitación, dondequiera que estuviese. Miró a su alrededor, no habían máquinas ni sueros ni enfermeras. La habitación estaba en penumbra. Realmente le recordó el cuarto de un enfermo, colores opacos, el ambiente impregnado a medicamentos y sangre.

"¿Dónde demonios estoy?" se preguntó. ¿Y dónde estaba Iori? "¿Qué no debería estar muerto?" pensó, llevándose una mano a la frente. Recordaba haber estado en manos de Yagami, haberle dicho la verdad y luego sentir que moría. Pero allí estaba de nuevo, vivo.

Deslizó sus piernas bajo el cobertor, buscando la parte fresca de las sábanas bajo él. Tenía calor, quizás estaba con fiebre. Volvió la cabeza hacia la ventana, notó que eran una altas puertas vidrieras ocultas detrás de pesadas cortinas que no dejaban pasar más luz solar que una estrecha línea, cayendo a los pies de la cama. El viento hacía ondular las telas de vez en cuando y la línea dorada se anchaba y estrechaba, aumentando y disminuyendo la iluminación de la habitación. Kyo suspiró. ¿Dónde estaba?

Oyó pasos que lo sobresaltaron. Pasos lentos que se tomaban su tiempo para llegar a él. Le daban la oportunidad a sus sentidos medio dormidos de ubicar su procedencia. Eran pasos familiares, aunque quizás un poco débiles. Alguien que no podía caminar bien. Apretó los puños en su ansiedad por saber de quién se trataba y exigirle saber qué hacía allí.

Las cortinas se abrieron de pronto, apartadas por una mano de largos y blancos dedos, dejando entrar el torrente de luz que lo cegó durante un momento. Kyo se llevó la mano a los ojos, entrecerrándolos, intentado ver de quién se trataba. Pero era algo inútil, sus ojos, ya acostumbrados a la falta de luz, se negaban a adaptarse a la súbita iluminación. Todo lo que conseguía vislumbrar era una silueta alta, contrastando con el dorado del sol.

- ¿Dare...? {¿Quién...?} - iba a preguntar, pero una voz lo cortó en seco.

- Al fin despiertas.

Kyo tembló. Esa voz, tan conocida, despertó todas las emociones de golpe, pero fue una la que prevaleció. Una sola, por sobre el odio y el temor y el dolor.

- Yagami... – murmuró con voz trémula.

Así era, el pelirrojo lo observaba de pie, sujetando un cigarrillo entre los dedos de una mano y la otra hundida en el bolsillo de su pantalón. Kyo podía ver su silueta erguida, pero no sus facciones debido a la luz que aun hería sus ojos. Iori dejó oír un sonido como una risa apagada y dio un paso hacia el diván, dejando que las cortinas se cerraran detrás de él, sumiendo la habitación nuevamente en la penumbra. Kyo bajó su mano, fijando su mirada en el pelirrojo.

Sí, era él. Y qué feliz se sintió al ver su rostro alargado y sereno. El cabello le caía sobre un ojo, como siempre, sedoso. El ojo que quedaba visible sólo observaba, no expresaba nada. Sus labios estaban entreabiertos, exhalando el humo del cigarrillo justo en ese momento. En su oído izquierdo llevaba algunos pendientes plateados. Nunca se había fijado que Iori los llevara, pensó Kyo. De su cuello caían algunos dijes también plateados, que quedaban justo contra la piel de su pecho, visible a través de la camisa de seda blanca cuidadosamente desabotonada, atrapada en el cinturón de cuero que también ceñía la estrecha y esbelta cintura. Mirando un poco más hacia abajo, Kyo notó que un vendaje se notaba bajo la tela de los pantalones oscuros de Iori. Era la herida que él le había producido. No dijo palabra cuando Iori empezó a avanzar, cojeando ligeramente, hacia el diván donde yacía.

No hizo ningún sonido cuando se sentó en el borde, justo al lado de Kyo. El pelirrojo sólo lo observó fijamente mientras llevaba el dorso de su mano hacia la frente de Kyo para ver si aun tenía fiebre. Se miraron a los ojos durante unos segundos y luego con lentitud la mano de Iori fue bajando por un lado, hasta rozar su mejilla y posarse en el ángulo de su cuello.

- Estás bien, ahora - murmuró Iori, y para sorpresa de Kyo sonrió delicadamente, casi con afecto. Iba a retirar su mano pero Kyo la sujetó, algo torpemente pero con suficiente velocidad. La miró como si temiera ver las llamas púrpura, pero cuando notó los arañazos y quemaduras todo el temor desapareció y la acercó a sus labios para besarla. Esta vez fue Iori quien pareció confundido. Sin embargo reaccionó pronto, ocultando sus emociones, y tocando la boca de Kyo con la punta de sus dedos.

- ¿Qué es todo esto? Koko wa doko da... {¿Qué es este lugar?} - quiso saber el joven. Su mirada brillaba, estaba confundido, no comprendía porqué Iori se comportaba de ese modo, como si la batalla entre ellos nunca hubiese sucedido. Las pruebas estaban marcadas en los cuerpos de ambos, pero su comportamiento lo confundía totalmente.

- La mansión de mi familia - respondió Iori simplemente. Kyo sudó una gota.

- Quieres decir... ¿qué está llena de Yagamis...? ¿Y yo... estoy aquí... adentro?

Iori sonrió, divertido ante la reacción de Kyo.

- Estás aquí, conmigo - dijo, dándole una entonación afectuosa a sus palabras -, pero estamos solos. Desde hace mucho tiempo este lugar me pertenece, y nadie entra sin mi autorización...

Kyo miró a su alrededor.

- ¿Tu habitación? – preguntó, pensando lo diferente que era del pequeño cuarto en su departamento.

Iori se llevó el cigarrillo a los labios.

- Hn.

Era confuso como los sueños que había estado teniendo. Irreal. Demasiado perfecto para ser verdad. De pronto algo lo hizo volverse hacia Iori y le soltó:

- Oye... ¿sabes quien soy yo, no?

Ante esto el pelirrojo rió abiertamente. Sus hombros se sacudían con su risa y miró a Kyo divertido.

- Baka na... {tonto...}

- Es que... no entiendo nada... - se disculpó Kyo llevándose una mano al cabello, para apartarlo de sus ojos -. ¿Qué hago aquí?

El pelirrojo entrecerró los ojos observándolo fijamente.

- No podías morir y dejarme sin saber – murmuró.

- ¿Saber qué? – preguntó Kyo.

Iori se puso de pie y le dio la espalda, mientras aspiraba el humo del cigarrillo.

- ¿Saber qué? – insistió el joven.

Violentamente Iori se volvió hacia él, lo sujetó del cuello y lo obligó a acostarse contra el diván. Sus dedos hicieron presión, ahogándolo. Su mirada estaba encendida y amenazante. Kyo jadeó, tratando de respirar.

- Saber – siseó el pelirrojo apretando más y más su cuello -, cuántas de tus mentiras eran verdad...

- Ah... I... Io... ri... – El aire no llegaba a sus pulmones, pero Kyo no tenía tanto miedo como hubiera debido. Algo le decía que Yagami no lo iba a matar así. Levantó su brazo derecho, dándose cuenta que el izquierdo no podía sentirlo, y pasándolo tras el cuello de Iori, lo atrajo hacia sí, hasta que sus rostros quedaron muy cerca y casi podían tocarse. Luego, en un acto arriesgado, sacó la punta de su lengua y lamió delicadamente los labios del pelirrojo que no pudo ocultar su sorpresa. Aprovechando esto, Kyo lo besó, simplemente.

Para su sorpresa, no hubo resistencia, sino al contrario, la presión en su cuello cedió para dar paso a una caricia que recorrió sus brazos y bajó por ellos hacia su cintura, desde donde sintió que lo alzaban.

Iori hundió su rostro en su pecho, respirando agitadamente.

- Si esta es una mentira, te vas a arrepentir – dijo.

¿Era temor lo que oía Kyo en su voz? Sonaba como... como el Iori que él había amado.

- Ima wa uso janai... {Ahora ya no es mentira...} – le aseguró, acariciando su cabello rojo sin querer dejarlo ir, pero Iori finalmente se apartó.

- Estás muerto, ¿sabes? – murmuró, con una sonrisa maliciosa.

Con un estremecimiento, Kyo se dijo que obviamente algo malo debía haber en todo eso.

-... toda tu familia piensa que estás muerto... en lo más profundo del acantilado a donde el sádico y enloquecido Iori Yagami te lanzó envuelto en llamas...

- ¿AAH?

Con ojos entrecerrados, Iori puso su cigarrillo en labios de Kyo, que aspiró lentamente.

- Tu novia se encargó de correr el rumor...

- Yuki... - murmuró Kyo con pesar -. ¿Qué le hiciste, Yagami?

- Nada... Sólo te vio muerto.

Se quedaron durante un momento en silencio. Kyo observaba a Iori aun sin entender su comportamiento tan extraño. Como ninguno de los dos dijo nada, el pelirrojo se recostó a su lado, aun fumando el cigarrillo. Kyo vio que aun tenía heridas en su pecho y cuello, pero que no las había vendado así como lo había hecho con él.

- ¿Qué hacemos aquí? - preguntó de pronto, incapaz de contenerse por más tiempo. El lugar tenía tanta paz... Quería saber qué era lo que sucedía antes de que una nueva desilusión le terminara de destrozar el corazón.

Pasó un largo rato, tan largo que pensó que Iori no le iba a responder, pero finalmente escuchó:

- También te extrañé...

Con que tranquilidad lo dijo... su voz llena de afecto, como si fuera el Iori que había amado...

Kyo se detuvo al pensar eso, dándose cuenta de la realidad. Realmente, ambos eran un solo Iori. Su cruel y poderoso rival; y el ingenuo y entregado pelirrojo que lo sedujo. Una vez había pensado que Iori poseería esa sutil ingenuidad e inocencia de no haber sido criado en el odio y la venganza. Ahora, por primera vez comprendía que él siempre había sido así. Siempre había estado oculto bajo el fuego y el odio. El accidente y la pérdida de su memoria sólo le habían hecho olvidar a su obsesión pero no habían cambiado su carácter. Kyo estaba profundamente asombrado. En Iori, las emociones actuaban con tal fuerza que podían hacer que su personalidad tan tranquila se convirtiera en la rencorosa y vengativa que él conocía. Pero ahora que estaba a solas... era como volver a los días que tanto había añorado. Solos, en su departamento, conversando o simplemente estando juntos.

- Es mi manera de agradecerte - continuó el pelirrojo - por todo lo que hiciste. - Se volvió hacia Kyo. - Y por la última pelea. Realmente, fue como la imaginé durante toda mi vida... y te vencí - agregó con una amplia sonrisa.

Kyo apartó los ojos. Estaba feliz, pero aun continuaba resentido por lo sucedido en el pasado.

- ¿Y Fone? – dijo de pronto -. ¿Lo hiciste sólo para despertar mi 'lado oscuro' como le llaman? - Había un profundo tono de reproche en la voz de Kyo. No podía evitarlo. La experiencia no la borraría de su mente hasta que muriera.

Sintió que Iori se movía hacia él y apoyaba su mejilla contra su costado sano. Eso lo sorprendió nuevamente. Aun se sentía extraño al tenerlo de nuevo a su lado.

- Nunca le hubiera pedido que hiciese eso - dijo Iori secamente, dolido -. Jamás. Los Yagami tenemos honor, contrario a lo que ustedes Kusanagis puedan pensar.

- ¿Entonces por qué? - insistió Kyo. Le dolía recordarlo y le dolía la forma en que Iori se expresaba.

- Fone sólo debía pelear, Kyo.

- Pero... - los labios de Kyo temblaron al recordarlo -. ¡No me ayudaste...! Te quedaste allí, ¡no hiciste nada!

En ese momento Iori se incorporó, arrodillándose en la cama. Su pierna debía dolerle, pero no pareció importarle. Atrajo a Kyo hacia sí, para abrazarlo. Sujetó su brazo y miró la cicatriz sobre su muñeca. Depositó un beso sobre ella.

- Estabas herido de muerte... – murmuró -. Si peleaba con Fone... no hubiera logrado vencerlo a tiempo para salvarte. En ese momento, sólo tú podías deshacerte de él... y te lo dije. Fue lo único que pude hacer por ti...

Kyo miró a Iori, hablando con la cabeza inclinada y sus labios contra su muñeca. Hasta ese momento nunca se había preguntado cómo llegó a salvarse. Estaba tan malherido... Cuando Fone murió recordaba haber visto a Iori a su lado, pero sólo pensó que estaba tomando su turno después del rubio. La impresión había calado tan profundamente que nunca consideró el que Iori lo hubiese salvado...

- Omae... {Tú...} - murmuró.

Sí, pensó Kyo para sí. Iori siempre había estado a su lado, protegiéndolo a pesar de ser rivales. Con Fone, con Sakyou... El pelirrojo lo había cuidado porque él mismo aceptaba que Kyo era parte de su vida.

Era una entrega casi tan sincera como la que le había demostrado tiempo atrás, aquella noche en su departamento. Ahora estaba entre los brazos de Iori de nuevo. Habían tenido el duelo que sus familias les habían destinado, y sobrevivido, juntos. Se apoyó en Iori, sintiendo su esencia masculina y cálida.

- ¿Qué sucede? - preguntó Iori.

- Tengo miedo de despertar... - susurró él con una leve sonrisa. Iori se separó del abrazo y acarició su cabello, posando su mano tras la nuca de Kyo y atrayéndolo hacia sí para besarlo apasionadamente en los labios.

- ¿Es esto lo suficientemente real? - preguntó. Y luego se retiró para ponerse de pie. Caminó hacia la ventana, tirando de las cortinas y dejando entrar el viento y el sol de primavera junto con una lluvia de pétalos rosados. Miró a Kyo con cariño -. Y aunque esto fuera un sueño, pienso disfrutarlo - murmuró, saliendo al balcón. Perplejo, Kyo tardó un poco en salir de la cama, envuelto en el cobertor, e ir hacia él, al balcón.

Caminó hacia Iori, aun entrecerrando los ojos debido a la luz, y la vista lo impresionó. Era un valle que se extendía ante ellos, bajando en suaves pendientes cubiertas de verde, que terminaban en un acantilado sobre el mar. El cielo era intensamente azul. Y los pétalos... provenían del jardín de la mansión, donde algunos cerezos crecían como puestos al azar.

- Es hermoso... - comentó Kyo -. Ahora más que nunca parece un sueño.

Y entonces Iori se volvió hacia él, sujetado el cobertor y tirando de él para atraer a Kyo hacia sí.

- No, aun falta algo para que sea un sueño perfecto... – dijo misterioso -. Pero al mismo tiempo te hará darte cuenta que esto es real.

Y mientras hablaba deslizó sus manos por el pecho semivendado de Kyo, bajando por su estómago en dirección a su entrepierna. Cuando encontró lo que buscaba Kyo se aferró a sus hombros.

- No...

- No habrá dolor esta vez, Kyo...

- Yagami...

- Sólo confía en mí... Te haré olvidar a Fone...

Despacio, siendo considerado con las heridas de Kyo, Iori lo hizo recostarse en el suelo del balcón, enviando el cobertor hacia un lado, lejos, dejando ver su cuerpo aun herido y excitado. Con gentileza tomó entre sus manos a Kyo, acariciando con delicadeza, sintiendo su humedad y calor. Kyo se aferró a sus hombros, cerrando fuertemente los ojos. Conocía la sensación, lo había hecho muchas veces con Yuki, pero sentir que Iori entraba en él, produciéndole placer con el más ligero movimiento era tan diferente... Era intenso, tan doloroso como placentero. Iori se volvió, haciéndolo sentarse sobre sus piernas. Kyo pasó sus brazos alrededor del cuello de Iori, inclinándose hacia él con los labios entreabiertos y la lengua asomando ligeramente. Sus mejillas enrojecidas...

Inconscientemente empezó a moverse, siguiendo el suave ritmo del pelirrojo. Manteniendo sus ojos cerrados con fuerza, escondió su rostro contra el hombro de Iori, gimiendo cerca de su oído. Sintió sus manos deslizándose por sus muslos, acariciándolo para ayudarlo a moverse, arañando suavemente su piel, allí donde no estaba herido. Luego sintió que Iori rozaba su espalda con la punta de los dedos, para finalmente rodearlo con sus brazos y estrecharlo contra sí, penetrando en él aun más.

Un inevitable pánico lo embargó, la imagen de Fone parpadeó en sus recuerdos; el dolor, la crueldad... la sangre... el miedo... Kyo trató de liberarse, apartando el rostro, para no ver a Iori.

- Hanase... {Suéltame...} - gimió débilmente, sintiendo a Iori sujetarlo firmemente, para no dejarlo escapar -. Yagami... no... - insistió y su voz se quebró. No podía hacer demasiada fuerza a causa de sus heridas, Iori no lo iba a dejar ir. El pelirrojo se inclinó hacia adelante, haciéndolo arquear la espalda. La presión que ejercía le recordó a Fone sobre él... - ¡NO! - gritó, escondiendo el rostro entre sus manos. Sentía sus mejillas ardiendo. No se atrevía a mirar.

- Kyo - la voz de Iori, suave, cercana, pero autoritaria -. Abre los ojos y mírame.

No... Porque era Fone quien estaba allí, Fone, dentro de él...

- ¡Kyo!

Negó con la cabeza con vehemencia, los mechones castaños sacudiéndose de un lado a otro.

Iori apartó sus manos gentil y suavemente.

- Mírame, soy sólo yo... – susurró -. No te haré daño. Sólo confía...

Kyo dejó que Iori bajara sus brazos, pero no abrió los ojos. Apartó el rostro hacia un lado y de pronto sintió una oleada de placer recorriendo su cuerpo. Era Iori, saliendo de él y luego entrando lentamente, sin herirlo.

- Uhnn... Ahh... Iori... Ii da... {Se... siente... bien...} - gimió Kyo. Como respuesta, Iori sonrió suavemente y, levantando sus caderas, hizo presión contra las de Kyo que lanzó un grito ahogado. El viento sacudió su cabello castaño cuando dejó caer la cabeza perdiéndose en el insoportable placer. Iori repitió el movimiento, una lágrima cayó por la mejilla de Kyo mientras jadeaba suavemente. Su corazón latía acelerado, y sentía los latidos de Iori golpeando contra su pecho -. Aa... aa... ¡aah...! - Iori había llegado hasta lo más profundo, Kyo había escondido su rostro.

Kyo no pudo evitar un fuerte gemido cuando sintió a Iori llegar dentro de él y casi al mismo tiempo se estremeció al sentir su propio clímax, pulsante, siguiendo al de Iori. Quedó agotado, cansado, apoyado en el pelirrojo. Jadeaba. Iori se apartó despacio, con una ligera sonrisa de satisfacción. El joven lo siguió con la mirada mientras en silencio componía sus ropas y veía que Iori buscaba el cobertor para volver a cubrirlo.

Después, Iori lo levantó en brazos, para sorpresa de Kyo, y lo llevó de vuelta al diván, donde lo dejó y cubrió nuevamente.

- ¿Te convenciste ya de que es real? - preguntó mirándolo a los ojos. Kyo lo contempló con inocencia infinita y negó lentamente de un lado a otro.

- Demuéstramelo de nuevo – dijo, para total sorpresa de Iori, que luego se echó a reir.

- Es suficiente para alguien en tu estado.

- Iori...

Kyo sujetó su camisa y lo obligó a inclinarse sobre él, pero no dijo nada. La mirada del pelirrojo se suavizó de pronto mientras pronunciaba:

- No te preocupes, estaré a tu lado cuando despiertes. Te lo prometo.

Y besó a Kyo en la frente, apartando su cabello con un gesto delicado. Observó a Kyo cerrar los ojos y acomodarse en la almohada. Lo cubrió bien con las sábanas y luego salió de la habitación. Cerrando la puerta tras de si. Se apoyó en ella unos segundos, sonriendo para si, pensativo... Sin embargo un golpe en la puerta lo hizo salir de sus pensamientos, y cuando se apartó la puerta se abrió ligeramente. Kyo, envuelto en el cobertor, se asomó despacio. Se quedaron mirando sorprendidos, pero Kyo sonrió inocentemente.

- Sumanai {Lo siento} – dijo -. Pero no podía soportar estar lejos de ti.

Iori sonrió también, atrayéndolo hacia sí y abrazándolo. Kyo lanzó una risita, descansando contra él. Nunca en sus vidas se habían sentido tan felices.

Los pétalos de sakura revolotearon alrededor de la pareja, posándose luego sobre el suelo de piedra. La primavera había llegado, junto con una nueva vida para ambos.

*~* Owari *~*

MiauNeko
Octubre, 6, 2000


7 de Noviembre
Sakyou es un personaje de Yuu Yuu Hakusho, que organizó el primer torneo que se ven en las series ^^ Mi versión de Sakyou no tiene nada que ver con la de YYH, pero me gusta su nombre...

* * * *

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Noviembre 2000