~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Prólogo ~ Henka no Toki ~ {Tiempo de Cambio}

- ¿Cuánto tiempo ha pasado ya?

- Casi un año.

- Hmm, ese hijo tuyo es un obstinado.

La pareja sostenía una conversación que se había estado repitiendo semanalmente durante mucho tiempo. Ella vestía un kimono celeste, que ceñía su esbelto y delgado cuerpo. Su cabello oscuro estaba recogido, adornado con un simple prendedor gris. Sus pequeños ojos pensativos observaban a su esposo, de pie frente a ella, luciendo un viejo gi verde olivo, bordado con el inconfundible símbolo dorado de los Kusanagi. Él se acariciaba la barba en ese momento, frunciendo el ceño y murmurando para sí. Sus ojos eran oscuros como los de ella, pero más fríos y duros mientras criticaba a su hijo.

- Es hijo tuyo también, querido - fue la respuesta de ella, su voz sumisa y calmada.

- Pues es un estúpido - repuso él, lanzándole una mirada impaciente -. ¿Cuando uno está en problemas a quién recurre? A la familia. ¡Pero ese obstinado se niega a venir!

Un golpe en la puerta los interrumpió. Ambos se volvieron para ver entrar a un mensajero del clan. Un delgado muchacho de aspecto oscuro, a quien no podían recriminar por haber entrado sin previa autorización. Se trataba de un ninja sirviente de los superiores de la familia Kusanagi, quienes, junto con Saisyu, intentaban continuar liderando ese clan agonizante y desperdigado.

- ¿Qué es lo que quieres? - preguntó Saisyu bastante rudamente mientras su mujer, Shizu, bajaba la cabeza respondiendo a la inclinación del mensajero que había hincado una rodilla en el suelo. Una muchachita de cabello oscuro apareció en la puerta en ese momento, sus mejillas blancas estaban teñidas de rosa, como si hubiese dado una apresurada carrera. El ver al mensajero dentro de la oficina de su amo Saisyu hizo que se estremeciera. Cayó de rodillas al piso, inclinándose hasta que su frente tocó el suelo. Saisyu la ignoró. Lo que tenía toda su atención ahora era ese delgado muchacho frente a él.

- Kusanagi Souji-sama me ha enviado hasta aquí con un mensaje para usted - dijo el mensajero, cuya voz se oía profunda y amenazante. Demasiado baja para ser de un muchacho de sólo veinte años -. Como todos saben, este año Kyo-sama debería empezar a experimentar el Henka {Transición/Cambio}. - El mensajero levantó la mirada y la clavó en los ojos severos de Saisyu antes de continuar -. Souji-sama envía un reto formal a Kyo-sama, para enfrentarse y decidir cuál de los dos tiene derecho a ostentar el título de ‘líder’ cuando la ceremonia del nombramiento se lleve a cabo en unos meses. El enfrentamiento se realizará en la mansión Kusanagi, donde toda la familia se reunirá en vísperas de Navidad, para compartir allí la llegada del nuevo año... De no presentarse, Souji-sama será declarado único líder de la próxima generación de Kusanagi.

Saisyu escuchó aquella sarta de estupideces en silencio. Cuando el muchacho terminó de hablar, intentó mostrarse lo más calmado posible. Sabía que no tenía sentido enfurecerse con él, que era un mero sirviente.

- ¿Desde cuando ese sobrino mío tiene derecho a disponer de los duelos familiares como se le ocurra? - dijo, cruzándose de brazos.

- Desde siempre señor. Y Kyo-sama también tiene ese derecho - murmuró el mensajero agregando luego en voz más baja -, sólo que él nunca se ha preocupado de los asuntos del clan.

A pesar de lo bajo de su voz, las otras tres figuras lo oyeron claramente, en el denso silencio que los envolvía. Saisyu bufó, molesto. Shizu continuó con la mirada baja, apretando el borde de su kimono entre sus dedos, y la muchachita postrada en la puerta sólo estaba quieta, porque eran palabras que ella no debería haber oído.

- Pero es injusto - intervino Shizu, sin poder contenerse. Sabía que no era la costumbre en esa familia el que las mujeres se dirigieran a los sirvientes del clan, pero ella no pudo evitarlo -. Retar a alguien durante el Henka es... como asegurar la victoria de una batalla contra alguien que simplemente no puede defenderse. ¡Es injusto!

El mensajero no respondió, para él sólo las palabras de un Kusanagi puro tenían sentido.

Shizu apretó los labios, molesta, pero una mirada de Saisyu bastó para hacerla desistir en lo que fuera que estuviera pensando.

- Son las viejas reglas del clan - explicó a su esposa, despacio. Luego se volvió hacia el muchacho -. Este clan ha sido regido, no por un solo líder, sino por las cabezas de las respectivas familias que lo conforman - dijo, severo -. ¿Por qué ha de haber un solo lider en esta generación? ¿Quién dispuso eso, sin consultar algo a los respectivos jefes?

El muchacho tardó algo en contestar, luego murmuró:

- No estoy en condiciones de responder a esas preguntas, Saisyu-sama... Pero creo que Souji-sama podrá hacerlo, en un par de semanas, cuando venga a cumplir su reto.

Eso era como dar por terminado el mensaje, supo Saisyu, y con un movimiento de su mano despidió al mensajero que se puso de pie al instante y empezó a retirarse. Sin embargo, en la puerta se volvió a medias, su semblante serio había cambiado, y sus ojos ámbar expresaban sincera preocupación. Se detuvo, volviéndose hacia la pareja que esperaba en la oficina. Dio un paso hacia ellos, como si, dejando de lado su condición de mensajero por un momento, quisiera comunicarles algo más. Sus ojos se veían brillantes, y él apartó los largos mechones de cabello castaño oscuro como si éstos fueran los causantes de la molestia.

- Señor - dijo en voz más baja y suave -. Kyo-sama... realmente está muy mal. Por favor, no dejen que se enfrente a Souji-sama. No dejen que lo haga... Por favor.

El muchacho hizo una última inclinación y empezó a alejarse por el pasillo.

Shizu miró a la sirviente que continuaba arrodillada en la puerta. La muchachita levantó la cabeza tímidamente.

- Perdón, le dije que no podía pasar pero no me hizo caso - dijo en un murmullo asustado -. Le pido a usted que me disculpe... pero aceptaré cualquier castigo que disponga...

Una mano en su hombro la hizo callar. Sorprendida, vio a Shizu arrodillada a su lado con una ligera sonrisa y ojos comprensivos. A pesar de amabilidad, la muchacha se encogió e intentó apartarse. Shizu sonrió un poco más.

- Tranquila - dijo, acariciándole la mejilla -. Tu nombre es Kyoko, ¿verdad?

La muchachita asintió mientras Shizu apartaba su cabello castaño, que había escapado del apretado moño que utilizaban las sirvientas de esa casa.

- Tranquila - repitió -. Nosotros no somos como los Yagami. No te castigaremos. Ahora ve a cumplir tus deberes.

Aliviada, Kyoko asintió, e incluso se atrevió a corresponder la cálida sonrisa de su ama. Se levantó y se alejó corriendo por el pasillo, en la misma dirección que segundos antes había tomado el mensajero.

Una vez a solas, Shizu se miró largamente con su marido. Entró a la oficina y cerró la pesada puerta de caoba tras ella. De pronto todo ese hermoso salón le parecía frío y diferente. Las alfombras seguían siendo de vivos colores, pero de alguna manera no las percibía como antes. Las flores no acababan de florecer, sino que empezaban a marchitarse. Incluso la tranquilidad que le ofrecía la figura imponente y severa de Saisyu no conseguían calmarla.

- Anata {querido}... - murmuró -. Tenemos que hacer algo por él. Él no vendrá por su cuenta...

Saisyu asintió. Una vez se había prometido a sí mismo no interferir en la vida de su hijo. No tenía derecho de hacerlo, después de todo él mismo se ausentaba largos periodos durante los cuales abandonaba sus responsabilidades, para ir a entrenar en la soledad de las montañas. Sin embargo esto era importante. Además... era una perfecta excusa para traer a su hijo de vuelta y cumplir su deber de padre, que nunca lo había tomado demasiado en serio, para ayudarlo a soportar el Henka...

- Henka... - susurró Shizu, estremeciéndose. Ella había visto a varios miembros de la familia morir y ser enterrados debido a ese periodo en el cual sus llamas se volvían contra ellos y los destruían. Había sido testigo incluso del sufrimiento que había significado para Saisyu. Ocurría alrededor de los veinte años, y era el periodo en que el fuego escarlata se fundía para siempre con la persona, o la destruía. Era cruel, pero ese era el destino del que un Kusanagi jamás podría escapar -. Y si nuestro hijo no puede... - murmuró, sin darse cuenta que se había expresado en voz alta.

- ¿Pero qué dices? - le cortó Saisyu -. Ese idiota de nuestro hijo no puede morir. NO VA a morir, ¿oíste, mujer? Es el mejor de entre todos los herederos del clan, dominó las técnicas finales antes de los veinte años. No tendrá problemas en soportar todo esto.

Ella asintió, quería creer, tenía que creer. Pero las palabras finales del mensajero la habían dejado con una sensación de mal presagio.

- Arreglaré todo para que Kyo esté en casa esta Navidad - murmuró Saisyu, saliendo del salón y dejando a Shizu sola con sus pensamientos.

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Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001