~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 1.~ Kin Eve ~ {Víspera Dorada}

Los copos de nieve caían suavemente sobre los transeúntes que paseaban por aquella estrecha y elegante calle céntrica. Los escaparates mostraban, despidiendo un cálido brillo dorado, la variedad de objetos que podían ser buenos regalos de Navidad.

Adornados con hojas de un fuerte verde y cintas blancas y rojas, cualquier chuchería parecía ser irresistible a los ojos de los clientes. Las tiendas ofrecían una variedad de artículos: desde muebles, modernos o antiguos, tapizados o forrados en suave terciopelo, hasta diminutos anillos de oro y diamantes que formaban parte de un lujoso juego de pulseras y pendientes. Habían locales que ofrecían bellas y tupidas alfombras de la India, mientras que de otros brotaba el aroma de un café recién preparado, invitando a entrar y alejarse del frío durante unos minutos.

La gente que paseaba observando las vitrinas no era diferente: de todos los tipos y colores, sin embargo tenían algo en común. Estaba en la forma en que se desplazaban, la manera como conversaban afectadamente entre sí, con gestos medidos y delicados, con una elegancia que rayaba la exageración.

Aquel lugar era tan rico, tan elegante, que el joven que se movía entre la multitud observando todo con sus ojos castaños vidriosos se veía irreal. Era como una simple vela en medio de candelabros y fuegos crepitantes. Discreto y silencioso, moviéndose lentamente, tratando de pasar desapercibido, y sin embargo atrayendo las miradas de todos los que se cruzaban en su camino.

Llegó un momento en que levantó los ojos y sintió que lo quedaban mirando fijamente. Todos. El hombre de sombrero ladeado, vestido a la antigua; la mujer con el vestido escotado rojo que parecía dirigirse a comprar un accesorio para su traje antes de ir a una fiesta; el joven, de su edad o menor que él, enfundado en traje y corbata y cubierto con un abrigo de piel que lo examinaba con sus ojos azules reflejando envidia; las muchachas que cuchicheaban entre sí lanzando risitas mientras sus mejillas enrojecían con secretos pensamientos...

Toda aquella gente... Rodeados de lujo y felicidad... Todos ellos que debieron haber muerto cuando Orochi quiso apoderarse del mundo... Todos... Todos le debían la vida a él, que se enfrentó con un [dios] por salvarlos, por protegerlos...

Ah, ¿pero cómo podían saberlo? Nadie fue testigo de esa batalla salvo ellos mismos; los que lucharon, los que sufrieron. Estaban completamente solos aquella vez, y continuaban estándolo. Solos.

Como una película que ha sido detenida durante unos segundos, el joven tuvo la sensación de que ese momento se eternizaba. Las chicas tenían su sonrisa congelada en los labios, y el eco de sus risitas aun resonaba en su mente. El joven de ojos azules seguía allí, nada se movía, no había un sonido salvo los ecos de las voces de segundos atrás. De antes que se detuviera el tiempo.

Sintió un dolor en su pecho, agudísimo, como si un calor se extendiera súbitamente partiendo de sus pulmones y amenazando con hacer arder su corazón. Entreabrió los labios, para respirar, y tal como se había detenido, el mundo volvió a la normalidad, al ritmo usual. Jadeó, llevándose una mano al cabello castaño mientras entrecerraba los ojos tratando de calmarse. Gente pasaba por delante y detrás de él hasta que finalmente terminó siendo empujado hacia un lado. Quedó apoyado contra un muro helado. Durante largo rato sólo se quedó allí, observando el suelo de mármol ante él. El brillo de las luces de los escaparates hería sus ojos cansados, pero sabía que si cerraba los párpados nada lo despertaría. Tenía sueño y frío, lo único que quería era llegar a casa y descansar.

Casa. La palabra se repitió en su mente. ¿Hacía cuánto tiempo no pasaba por ese lugar que alguna vez él llamó "casa"? 1997... Orochi. 1998... un completo vacío en su mente. 1999... N.E.S.T.S... y ahora, al final del milenio... estaba totalmente solo. Había sido su decisión, su responsabilidad. Él mismo había escogido el camino de la venganza a olvidarlo todo y convertir su odio en pasado.

Cuando levantó la mirada, un joven de expresión rencorosa lo observó fijamente a los ojos. Se sorprendió al darse cuenta que era su propio reflejo en el vidrio de un escaparate. Sí, ahí estaba, con el cabello desordenado cayendo sobre sus ojos, los labios entreabiertos dándole un aspecto agresivo. Vestía de negro, una camiseta y jeans, y encima una camisa de franela. No era suficiente para protegerlo del frío que ahora lo hería y parecía morder sus dedos, allí donde los guantes no alcanzaban a cubrir. Podría haber encendido un pequeño fuego para al menos sentir su calidez, pero no se atrevía... no quería intentarlo y llevarse la sorpresa de que... el fuego ya no le pertenecía más.

"Eso es, Kyo," murmuró para sí, amargadamente, "continúa engañándote como un perfecto idiota. Sabes que ya no hay fuego. Ya no hay nada."

Estrechó su camisa, como si aquel gesto le fuera a dar algo de calor. Era un tonto. Sí, tal como él lo decía: un perfecto idiota. Podría haber vuelto a su casa pero su orgullo no le permitía regresar vencido, luego de un torneo donde no había podido conseguir las respuestas que buscaba sino lo contrario: más preguntas e incertidumbre. Y lo que fue peor... Encontró a alguien que utilizaba su poder, sus llamas escarlata; alguien, K', que lo había retado y casi vencido, de no haber sido porque N.E.S.T.S. tenía otros planes para él.

Era irónico, K' odiaba el fuego escarlata porque le pertenecía a Kyo, y Kyo odiaba a K' por utilizar su poder... pero lo que K' no sabía era que él poseía el fuego de Kyo en todo el sentido de la palabra. Nadie lo sabía, pero lentamente el heredero de los Kusanagi había perdido su derecho a ostentar ese título... sus llamas no le obedecían más. No sabía la razón, pero era humillante. Y no pensaba volver así a casa, no quería que lo tomaran como si viniera pidiendo protección ahora que era incapaz de defenderse solo.

Estaba seguro de que de una u otra forma N.E.S.T.S. tenía la culpa. Todo había comenzado después de que despertó en ese escalofriante laboratorio. No lo notó al comienzo, pero cuando se enfrentó a K' pudo sentir claramente como el simple hecho de ejecutar su Orochinagi le requería un esfuerzo extremo. Invocar al fuego y luego liberarlo fue lo que lo dejó agotado y a merced del Heat Drive de K' que literalmente se burló de él en su cara al golpearlo y hacerlo arder en llamas... en sus propias llamas.

De eso ya había pasado un largo tiempo. El año terminaba. Kyo sólo esperaba el inicio del próximo torneo para volver a encontrarse con él. No había planeado nada en especial. No podía participar porque... maldición, porque no tenía el poder suficiente. Pero deseaba ver a K', exigirle que le devolviera el fuego...

El joven lanzó una risa seca. Como si eso fuera posible, pensó mientras reía para sí. Como si el fuego fuera algo que se quita y se otorga, algo que se puede adquirir con el tiempo, o que se pude implantar en una persona. Entonces Shingo debía estar rogándole a K' que compartiera su ADN con él... Una risa seca brotó de su garganta. Cuando comenzara el torneo sería dos los que le rogarían a K' que compartiera las flamas escarlata.

La risa murió en sus labios. ¿Qué tonterías estaba pensando?

Se llevó una mano a la frente. Oh, bien, ahora empezaba a tener fiebre... Justo ahora que no tenía un lugar donde pasar la noche.

Una melodía navideña llegó a él, alzándose por sobre el murmullo de los transeúntes; las campanitas y las suaves voces infantiles le trajeron recuerdos de su niñez, cuando pasaba el Christmas Eve {Víspera de Navidad} con sus padres, familiares, amigos... Recordó la calidez de su hogar, de la vieja mansión de los Kusanagi. Sintió unos irresistibles deseos de volver a ese lugar. Tenía tiempo, y no quedaba lejos...

La Navidad nunca había significado demasiado para él. Lo que ahora deseaba y necesitaba, era descansar en un lugar donde se sintiera seguro. Donde por un momento olvidara todo... Donde no estuviera solo.

Pero no iba a volver, ¿verdad? Estaba jugando consigo mismo.

Tosió un poco, por el frío o la fiebre, no podía decirlo. Observó sus dedos manchados de sangre al alejarlos de sus labios y entrecerró los ojos. Más encima esto... No era suficiente con estar solo, cansado e indefenso. También tenía que perder su fuego y enfermarse. Que bien.

Sin querer pensó en Yuki, su novia, en lo que estaría haciendo en ese momento. Preparando la cena, quizás. Escribiendo en su diario o volviendo a ver uno de los videos donde entrevistaban a Kyo. Claro, era muy posible; esa muchacha tenía grabadas todas y cada una de las odiosas entrevistas que a Kyo tanto le desagradaban... Dos años sin verla... Era demasiado. Quizás hasta ya se habría conseguido otro novio, se dijo. El corazón de las mujeres es tan cambiante... Se sintió herido al pensarlo, por dudar de Yuki y por saber que era lo más probable. Pero no podía hacer nada, había decidido que no volvería a su vida hasta que terminara con todo. Después de destruir a N.E.S.T.S. y K', sólo entonces volvería a Yuki. Si ella lo rechazaba, aun quedaba su familia. Y si ellos tampoco lo acogían, qué demonios. Toda su vida había estado solo. De una u otra forma, no tenía a nadie. No sería gran problema.

"Pero quién iba a imaginarse al gran Kusanagi Kyo en este estado tan miserable, ¿ne?" pensó para sí, entrecerrando los ojos y levantando la cabeza, apoyándola en el muro, recibiendo la débil luz de la luna en el rostro. "Bien, ahora... salir de aquí. Hace demasiado frío."

Iba a echar a andar para alejarse de esa calle intensamente iluminada cuando, inconscientemente, se volvió hacia un lado. Fue como si sintiera la mirada familiar de una persona tocándolo físicamente, produciéndole un escalofrío que corrió por su espalda. Parpadeó, aclarando su vista cansada.

Entre el ir y venir de la gente vio de quién se trataba, pero las figuras se cruzaban por delante de él, así que era como una presencia parpadeante, que en un momento estaba allí, y al siguiente en otro lugar. Sin querer retrocedió un paso. Golpeó a alguien, que le gritó para que tuviera cuidado, pero no lo escuchó, porque frente a él estaba Yagami Iori.

No era el hecho de que fuera el pelirrojo, sino la situación en que se encontraba. No parecía él. Kyo tardó unos segundos en asimilar su imagen.

Vestía un largo abrigo negro, de simple tela impermeable. Los únicos accesorios eran las correas de hebillas plateadas que colgaban de su cintura y mangas. Bajo el abrigo llevaba un ceñido traje también negro, adornado con bordados blancos de formas extrañas. Su vestuario oscuro hacía que su piel se viera pálida, y el rojo llameante de su cabello resaltaba más de lo normal, junto con sus ojos que en ese momento lo miraban fijamente. Pero eso no era todo... Iori tenía las manos ocupadas, llevando al menos cinco bolsas de regalos en cada una. Y, para completar la escena, una muchacha estaba colgada de su brazo, observando a Kyo con curiosidad. La intensidad de sus ojos verdes lo cautivó. No pudo evitar devolverle la mirada, sorprendido ante su belleza. No sólo sus ojos eran hermosos, cristalinos y sinceros, sino que encajaban perfectamente en su rostro ovalado de piel tersa y blanca, creando un hermoso contraste entre su palidez, el verde esmeralda y las largas ondas rubias que caían enmarcando sus mejillas. Sus labios estaban adornados de un ligero toque rojo, y sus párpados lucían una sutil sombra oscura, que, contra su piel, se veía exquisita.

Iba elegantemente vestida, y al pensarlo mejor, Kyo se dio cuenta que se debían estar dirigiendo a una reunión o una fiesta. Los diamantes abundaban en el dije, en forma de luna creciente, de su cuello, así como en los delicados y largos pendientes y los anillos que adornaban sus dedos, que en ese momento se posaban en su pecho.

- Are you alright, boy? {¿Estás bien, muchacho?} – preguntó la joven con una voz sumamente suave .

Kyo no comprendió. Entendía el inglés pausado y elegante de la dama, pero no sabía a qué se debía la pregunta. Observó a Yagami, mirándolo impasible, y luego su mirada volvió a la mujer.

- Nani? {¿Qué?} – preguntó en un murmullo.

Ella se llevó un dedo a la pequeña boca.

- There's blood in your lips {Hay sangre en tus labios} – dijo.

Kyo parpadeó. Rozó sus labios con el dorso de su mano, llevándose los restos de sangre. Oyó que ella reía.

- No, no, no like that. {No, no, así no.} – Y, para sorpresa de Kyo, y al parecer también de Iori, ella sacó un delicado pañuelo de su bolso, y lo sujetó con cuidado, doblando una punta para llevarlo a los labios de Kyo, que la observaba estupidizado -. Softly {Despacio}... – susurró ella, acercándosele un poco más.

Los rizos rubios casi tocaron a Kyo, pero en eso la mujer se detuvo. Iori la sujetaba del brazo.

- What's wrong {Qué sucede}, Iori? – exclamó ella, liberándose, pronunciando el nombre japonés con un acento americano delicioso. No parecía comprender el comportamiento del alto pelirrojo -. I'm just trying to help, he seems to be hurt! {¡Sólo trato de ayudar, parece que está herido!}

- Leave him {Déjalo} – fue todo lo que respondió Iori, en un tono bajo y contenido. Le lanzó una mirada a Kyo, que al fin reaccionó. El joven de cabello castaño frunció el ceño. Comprendía la mirada de Iori, ¿un reto?

- But {Pero}... – la mujer no había notado el intercambio de miradas airadas entre Iori y Kyo. Intentó insistir un poco más, el pelirrojo perdió la paciencia y exclamó en voz alta, haciendo que todos alrededor se volvieran para mirarlos.

- I said LEAVE him! You'll cure his wounds later... if he's still alive... {¡Dije que lo DEJARAS! Podrás curar sus heridas después... si es que aun sigue con vida...} – Iori rió con maldad, indicándole a Kyo que, en efecto, lo estaba retando a un duelo.

- Oh, no, you're not going to fight. Not NOW! We're late for an appointment! Iori! {Oh, no, no te vas a poner a pelear. ¡No AHORA! ¡Estamos atrasados para esa reunión! ¡Iori! – Ella se interpuso ante él, dándole la espalda a Kyo, que no pudo evitar quedarse observando el blanco cuello a través de la cascada de rizos rubios.

- Go away {Desaparece}– gruñó Iori mirándola fijamente, ensayando una de sus miradas asesinas. Sin embargo esto no pareció tener efecto en ella, que, obstinadamente, se cruzó de brazos y golpeó el suelo con el pie.

- I'm not! We're late, and I want to arrive at that party... {¡No lo haré! Estamos atrasados y quiero ir a esa fiesta...} – murmuró, firmemente.

Hubo un momento de incómodo silencio y luego, para total sorpresa de Kyo, el pelirrojo sonrió levemente, dejando escapar un suave suspiro. La joven rió. Se volvió hacia Kyo y le hizo un guiño.

- Go, go, pretty boy... {Ya vete, chico bonito} – le dijo amablemente -. And take care, right? {Y cuidate, ¿está bien?}

La pareja siguió su camino, dejando a Kyo con una sensación helada en el pecho. Esa joven, tan hermosa, ¿quién podía ser? La forma tan familiar en que trataba a Yagami le sorprendía. Era como si no le tuviera miedo, como si fuera capaz de controlar al volátil pelirrojo. Los observó alejarse, viendo como ella volvía a cogerse de su brazo. Escuchó la voz de Iori, suave como nunca la había escuchado, antes de que desaparecieran entre la multitud:

- You're gonna pay for that {Me las vas a pagar}, Tsukiyo.

Y la respuesta fue solo una risita ligera.

- Tsukiyo – repitió Kyo. Sintió una repentina envidia al saber que hasta Iori estaba bien acompañado. En cambio él...

El viento frió sopló contra su rostro, recordándole que debía irse.

- Maldición – gruñó, hundiendo sus manos heladas en los bolsillos buscando algo de calor -. Incluso Yagami...

* * *

La joven estaba feliz, notó Iori, mientras salían de esa calle y llegaban a donde dejaron estacionado el automóvil. Abriendo la puerta, Iori dejó que ella entrara y acomodara su vestido delicadamente mientras aprovechaba de dejar todas las bolsas que habían comprado, o que ella había comprado, en el compartimiento trasero. Oyó que ella reía y comentaba algo sobre el muchacho que acababan de ver. No le prestó atención, pero captó palabras sueltas, algo que sonó como "cute" y "nice".

Cerró la puerta trasera del vehículo y se quedó allí, apoyando las manos en el frío metal, observando su reflejo en la ventana. Los copos de nieve caían suavemente, ondulando mientras perdían altura y tocaban la superficie del automóvil, desapareciendo entre muchos otros que habían caído antes.

A pesar de la escarcha, su reflejo se veía claramente. Los largos mechones rojos que obstinadamente caían sobre uno de sus ojos, la mirada helada, la expresión mezquina de sus labios.

"Cute redhead-boy." {Bonito chico pelirrojo.}

Las palabras se repitieron en su mente, como si las volviera a oír. Era lo primero que Tsukiyo le había dicho cuando se la presentaron, y al instante ella se colgó del brazo, sin dejarlo ir, sin saber nada sobre él y totalmente ignorante de su pasado, de las peleas, el fuego, la crueldad y los asesinatos. Era sincera en todo lo que decía, y el que por primera vez alguien le dijera frente a frente que era "bonito" lo dejó sin saber cómo reaccionar.

Cerró los ojos suspirando. Tsukiyo despertaba en él una calidez y un anhelo que sólo una persona antes de ella había podido hacerlo sentir, pero de un modo totalmente inverso. Demonios... Tenía que aceptar que esa mujercita americana le gustaba, le agradaba estar con ella. Junto a ella se sentía totalmente en paz. Y también un total idiota.

Nunca antes había sentido algo como eso, salvo por... Kyo. Pero con Kyo era diferente, ¡quería ver a Kyo para enfrentarlo! Los minutos que pasaban intercambiando golpes y flamas eran los únicos, en toda su vida, en que podía ser como realmente era. Era un momento precioso, en el cual se sabía comprendido. Veía su odio reflejado en la mirada del Kusanagi y era un alivio saber que, al menos mientras peleaban, sólo ellos podían comprenderse.

Pero ahora que había llegado Tsukiyo... sentía como si no necesitara más a Kyo. Si ella estaba a su lado para siempre, incluso... Incluso ya no habría necesidad de volver a pelear...

Un gemido brotó de sus labios, inconsciente, al pensar en eso. Dejar de pelear, al fin. Dejar de sentir esa desesperación por liberar todo su odio haciéndole daño a otra persona. No estaría mal... Al contrario, podría llegar a ser muy placentero.

- Ioooori, what is taking you so much? {¿Por qué te tardas tanto?}- oyó que llamaba la joven.

- Coming {Voy}- dijo en voz alta, pero no se movió del lugar.

Las luces doradas eran las únicas que lo iluminaban ahora que el cielo estaba totalmente cubierto. Las nubes que dejaban caer sus copos ya habían cubierto la luna. Las siluetas de los transeúntes caían parpadeantes sobre él. Oía las voces, las risas y las melodías navideñas. Para su sorpresa, durante unos segundos todo aquello no le pareció inútil. Los regalos que acababa de guardar no eran tonterías. Todo tuvo un repentino significado, pero no acaba de comprender porqué.

Porque estás con alguien que te hace comprender... Que disfruta cada simple momento de la vida...

- Tsukiyo... - murmuró, sin poder evitar una sonrisa.

Cuando subió al auto, su semblante estaba serio y frío de nuevo. Le lanzó una mirada a la chica, que había metido un cassette en el radio, y ahora que encendía el motor el volumen altísimo lo había hecho saltar. Ella rió, se cubrió los labios y rió sin poder evitarlo. Iori golpeó el manubrio, porque era la única forma en que se le ocurrió reaccionar.

- ¡¿Qué es tan gracioso?! - le gritó. Sí, le gritó, porque sabía que ella no se molestaría.

- Oh, Iori... - continuó riendo ella mientras le bajaba un poco, casi nada, el volumen al radio. Sus rizos cayeron sobre sus mejillas blancas al inclinarse hacia adelante, y el pelirrojo no pudo evitar quedarse contemplándola. La música no le permitía oír nada de lo que sucedía en el exterior. Ella lo observó, aun sonriendo. Él frunció el ceño.

- ¿Qué demonios es eso? - preguntó al escuchar la voz que empezaba a cantar. Tsukiyo le mostró la cajita del cassette y el pelirrojo vio a cuatro rostros familiares. Cuatro bishounen exageradamente maquillados, que casi parecían hermosas mujeres. Apartó la imagen con un gesto desinteresado y una sonrisa de desprecio -. You like Lareine? {¿Te gusta Lareine?} - preguntó en voz baja y rió para sí mientras empezaba a acelerar.

- So what... {¿Y qué?} - murmuró Tsukiyo admirando la belleza de los rostros que salían en la carátula del cassette -. Japanese people is so cute... {Los japoneses son muy hermosos...}

Iori ya no la escuchaba. Bajó un poco más el volumen, para poder conducir tranquilo mientras cruzaban la gran avenida en dirección a la fiesta que los esperaba. Un semáforo en rojo los atrapó en la siguiente esquina, e Iori se reclinó contra el respaldar del asiento, relajando sus manos y suspirando mientras buscaba un cigarrillo en uno de los bolsillos de su abrigo. Tsukiyo disfrutaba de la música con los ojos cerrados, tarareando en japonés con una pronunciación muy graciosa. El pelirrojo la observó de nuevo, sus ojos no pudieron evitar posarse en el escotado vestido, allí donde su pecho subía y bajaba. Notó que no se había puesto el cinturón de seguridad y, sin dudarlo, se inclinó sobre ella, sorprendiéndola, para alcanzar el cinturón y ajustarlo en el broche. Notó claramente como Tsukiyo contenía el aliento al verlo tan cerca de ella, también se dio cuenta de cómo sus mejillas se encendían ligeramente y eso lo complació. Levantó sus ojos rojos hacia ella, y se encontró con los suyos verdes, brillando, anhelantes. Los labios de la mujer estaban entreabiertos, y su respiración aun no se normalizaba. Iori le sonrió, como si no hubiera notado nada, y volvió a sentarse bien, sacando al fin un cigarrillo y encendiéndolo con el dispositivo del automóvil.

Expiró lentamente, disfrutando. Tsukiyo abrió un poco la ventana, dándole a entender que el humo le disgustaba, pero él no lo apagó. Continuó fumando, esperando que la eternidad de la luz roja acabara pronto.

Sin quererlo, observó el brillo anaranjado de la punta del cigarro en el parabrisas. Aparecía cuando inspiraba, y parecía morir cuando dejaba de hacerlo. Parpadeó pensativo. El fuego escarlata siempre le traía a la mente la imagen de Kyo, pero esta vez fue algo diferente. Vio la silueta de su rival dibujándose en el parabrisas, contra la oscuridad de la noche exterior, y notó algo que no había tenido significado hasta ese momento, en que inconscientemente se daba cuenta.

Kyo había estado realmente extraño momentos atrás, allá en la calle donde lo encontró. Su sorpresa al verlo, y la insistencia de Tsukiyo para alejarlo de allí no le permitieron considerar cuánto tiempo había pasado desde que vio a Kyo por última vez. Fue después de la destrucción de N.E.S.T.S., pero desde ese momento no lo había vuelto a encontrar, y nadie sabía nada, absolutamente nada de él ni su paradero.

Y ahora lo había encontrado por casualidad y ni siquiera se detuvo a pensar qué demonios hacía paseando por las calles con ese frío. Definitivamente no estaba comprando regalos de Navidad. Parecía que estaba perdido y desorientado, como si no supiera qué hacer.

Recordó sus ojos enrojecidos y vidriosos, y luego... la sangre en sus labios.

Sangre en los labios de Kyo.

Sangre.

Riot...

- Masaka... {No puede ser... } Kusanagi no Henka... - murmuró para sí, dándose cuenta de qué era lo que estaba pasando con Kyo -. Shimatta... {Maldición...}

El chirrido de las ruedas contra el asfalto cuando el pelirrojo empezó a retroceder no fue nada comparado con el brusco movimiento que lanzó a Tsukiyo hacia adelante. Afortunadamente el cinturón evitó que se destrozara la cabeza contra el vidrio.

- What the hell are you doing, Iori!? {¿¡Qué demonios estás haciendo, Iori?!} - exclamó ella pero no recibió respuesta. El pelirrojo miraba hacia atrás mientras retrocedía a toda velocidad por la avenida casi desierta. Cuando hubo ganado algo de espacio, hizo girar el vehículo en ciento ochenta grados, haciendo caso omiso a las maldiciones de los demás conductores y los gritos de Tsukiyo a su lado.

El vehículo se alejó de todo, en dirección a la avenida de las compras. Tsukiyo lo sacudía, molesta, exigiéndole que se detuviera, o que al menos condujera más lento, pero él la apartó con un simple movimiento, lanzándola contra su asiento sin consideración. Todo lo que podía pensar en ese momento era en Kyo.

El Henka podía matar a un Kusanagi. Matarlo o convertirlo en una persona común y corriente, incapaz de dominar el fuego. Si eso sucedía, su duelo con Kyo jamás se llevaría a cabo. Era mejor acabar con todo ahora, arreglar cuentas, probar quién era el más fuerte, matar o morir. Ya no había más tiempo.

- IOOOORI!! - gritó Tsukiyo, pero él no la oyó.

Estacionó el automóvil como pudo, y bajó de un salto, corriendo por la atestada calle dorada, apartando a los transeúntes. Aun por sobre el resto de la gente no podía ver a Kyo. Se detuvo en donde lo había encontrado la primera vez, y al mirar hacia abajo notó que había rastros de sangre... que se dirigían en dirección contraria.

- ¡Kyo! - llamó, observando hacia todos lados. No hubo más reacción que miradas asustadas en el resto de la gente. Con un bufido, echó a correr siguiendo los rastros de sangre. Estos lo llevaron fuera de esa calle, del otro lado de la cuadra, donde un parque oscuro adornaba uno de los barrios residenciales más hermosos de la ciudad.

Los tupidos árboles siempre verdes estaban adornados de blanco debido a la nevada, y luces parpadeantes colgaban de sus ramas. Algunas parejas paseaban con tranquilidad, conversando y riendo. El rastro terminaba allí, pero ya no era necesario seguirlo, porque frente a él, en medio del parque, vio a una figura luchando contra un grupo de sombras.

- ¡Kyo! - gritó, furioso, yendo hacia el joven. Una sombra cayó de entre los árboles, justo frente a él para impedirle interrumpir, pero se deshizo de ella con un simple movimiento de su mano, que desgarró tela oscura y piel. Más sombras aparecieron rodeándolo. Una de ellas le habló:

- No interfiera, por favor, Yagami-san.

Pero él no estaba para escuchar a nadie. Apartó a varios con una llamarada púrpura mientras veía como Kyo esquivaba golpes a pasos de él. Se dio cuenta que Kyo tenía una mano en los labios, chorreando sangre, y la otra ardía en fuego escarlata. Una de las sombras, que Iori reconoció como ninjas, se lanzó hacia Kyo pero éste lo rechazó con un golpe de fuego.

- Es inútil que se resista, Kyo-sama - se oyó, mientras uno de los hombres se acercaba a Kyo, observándolo fijamente con helados ojos ámbar.

- Cállate y pelea - fue la obvia respuesta.

Iori estaba teniendo más problemas de los que esperaba, estos ninjas eran insistentes. No estaban ni medio segundo en suelo, y al siguiente ya habían saltado sobre él otra vez.

- ¡Kyo! - llamó por tercera vez, atrayendo la atención del muchacho.

- ¿Yagami? - jadeó Kyo. Iori observó sorprendido lo agotado que estaba. Su mano crispada apenas podía contener una agonizante llama anaranjada, y parecía como si el esfuerzo lo estuviera matando.

- ¡Cuidado...! - le advirtió, pero ya era tarde. Un ninja cayó sobre Kyo, enviándolo al suelo e inmovilizándolo para aplicarle un sedante. Kyo intentó liberarse, Iori quiso ir hacia él pero estaba en total desventaja.

Al demonio. Corrió hacia adelante, dispuesto a lanzarse contra la figura que estaba sobre Kyo, nadie se esperaba esto y los demás ninjas no reaccionaron. Sin embargo, antes de que pudiera hacer nada, un grito agudo lo distrajo y al volverse a medias para ver de qué se trataba vio que era Tsukiyo, atrapada del cuello por un ninja que mantenía una cuchilla lista para atravesar a la joven con el primer movimiento del pelirrojo.

- Kisama... {Bastardo...} - murmuró Iori, deteniéndose.

Un sonido de hojas al caer hizo que mirara en dirección a Kyo, pero todo lo que vio fue algunas siluetas alejándose contrastando en la dorada aura que despedían las luces de la ciudad. Apretó los puños, viendo cómo Kyo desaparecía, llevado por las sombras oscuras.

- Kisamara... {Bastardos...}- gruñó de nuevo, furioso. Clavó la mirada en el suelo, en las manchas de sangre. Las llamas púrpura empezaron a arder en sus manos mientras lentamente levantaba sus ojos llenos de amenazas hacia los ninjas que habían capturado a Tsukiyo.

Con un grito, se lanzó hacia el que sujetaba el cuchillo, que no alcanzó a reaccionar y salió despedido por el aire. Iori pasó junto a Tsukiyo, y notó que a sus espaldas un ninja iba a atacar, pero la chica se inclinó sobre sí misma y, en un movimiento que a Iori le resultaba muy familiar, lanzó un golpe hacia arriba, cortando el aire y desgarrando el cuerpo del atacante.

Eso era todo. Los demás ya habían seguido a su lider y el pelirrojo se encontraba relativamente a solas con la chica, que acomodó sus rizos algo molesta.

- What was all that, huh? {¿Qué fue eso, eh?} - murmuró, pero por su expresión era obvio que no esperaba una respuesta.

Iori sólo observó el horizonte, donde los ninjas se habían llevado a Kyo. Ninjas Kusanagi.

La noche había sido arruinada, pensó, y se maldijo a sí mismo por no haber notado antes que Kyo estaba experimentando el Henka.

En el camino de vuelta al automóvil, Tsukiyo murmuró para sí, mirando el largo corte que había arruinado su traje de noche:

- Mature-oneechan will be really upset when she sees this... {Mi hermana Mature realmente va a molestarse por esto...}

El pelirrojo simplemente no la oyó.

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Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001