~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

 

Capítulo 4 ~ Sentencia de Muerte

Los gemidos eran todo lo que se oía en la habitación. Las luces estaban apagadas, y la única iluminación provenía del fuego crepitante de la chimenea y una débil lámpara en el velador. Era mejor así. Las cuatro figuras reunidas en el lugar preferían no verse entre sí.

Shizu estaba sentada al lado de la cama, sujetando entre sus manos los dedos helados de la mano de su hijo. Kyoko estaba de pie tras ella, lista para hacer lo que le ordenaran, con la mirada fija en el suelo y sintiendo que en cualquier momento las lágrimas iban a volver a caer.

Más apartados de la cama, en la pequeña sala que había dentro de la habitación, Saisyu fumaba reclinado en el sofá. La luz no llegaba a él, ni al joven a su lado, que estaba de pie, erguido muy quieto. Lo único que le indicaba que su amo estaba allí era la ocasional iluminación de la punta del cigarrillo y los profundos suspiros que oía de vez en cuando. Era mejor que no le dirigieran la palabra, ni Saisyu ni Shizu, porque él no estaba de ánimo para mostrarse sumiso y respetuoso. Era culpa de ellos el que Kyo estuviera así ahora, ¡él se los había advertido! Syo se llevó una mano al cabello, apartándolo con gesto cansado. La tradición de esa familia era más de lo que podía comprender.

- Fujimiya - habló Saisyu de pronto, para su completa furia -. Souji requiere de tus servicios.

- No ahora - respondió Syo, secamente.

Saisyu se volvió hacia él, sorprendido ante esa muestra de desobediencia.

- No puedo ordenarte que vayas - dijo severo -. Pero tú aceptaste el puesto como mensajero principal de la familia y debes cumplir.

- Fui traído aquí para servir al líder del clan - le cortó Syo, volviéndose hacia él pero no viendo más que la cansada silueta de Saisyu, iluminada por el fuego de la chimenea -. A Kyo-sama - aclaró -. ¡No a un usurpador que no posee honor!

Shizu había levantado la cabeza al oír la alterada voz del joven. Nunca le había agradado del todo, su aspecto arrogante, su mirada orgullosa. Ella fue la primera en respirar aliviada cuando Syo fue transferido a la casa de otra familia, lejos de Kyo.

- ¡Silencio! - Saisyu se puso de pie, enfrentando al grosero joven. Sus miradas se encontraron. Syo se encontró observando unos ojos idénticos a los de Kyo. Vio un brillo extraño en ellos, un secreto oculto -. ¡Ve y obedece!

- ¡No lo haré! - gritó Syo, enfurecido -. ¡Si estoy aquí es por Kyo-sama, y no me moveré de su lado hasta que todo termine!

Sus palabras resonaron en el silencio de la amplia habitación. Shizu se sintió conmovida ante la lealtad del joven hacia su hijo, dándose cuenta que sus impresiones habían sido erróneas. Fue algo cálido, ver que aun había alguien que sabía lo que era la fidelidad y no la conveniencia. Aun recordaba los consuelos de las otras mujeres de la familia, y qué pronto estos se habían convertido en halagos hacia el nuevo lider. Familiares y sirvientes se deshacían en halagos para ganarse la preferencia de Souji. Pero eso a Syo no le importaba. Aun cuando había dejado de ser sirviente de Kyo desde hacía años.

* * *

La noche anterior a la partida de los muchachos seleccionados, una nota fue llevada hasta la pequeña habitación donde Syo dormía. Sus compañeros ya se habían cansado de decirle que aceptara el ofrecimiento y que saliera de esa casa que pertenecía a un simple miembro más del clan, para convertirse en el mensajero directo del viejo líder. Era una oportunidad como pocas, insistían. Pero él estaba decidido a quedarse con Kyo. Era algo que sentía en lo profundo de su corazón, un deseo de seguir viendo sus ojos castaños, su rostro redondeado y siempre animado. Ahora, al ver la nota y reconocer la letra de su joven amo, se preguntó qué sucedía. Era una sola palabra, para que no significara nada si alguien interceptaba el mensaje: "Ven".

Ir. Ir hacia Kyo. Era algo que solía hacer, escapar por la noche de su habitación y deslizarse por las sombras sigiloso, invisible, para trepar por el árbol y entrar en completo silencio al amplio salón que era el dormitorio de su amo.

Esa noche no fue una excepción. Llegó con facilidad, y al entrar se encontró con que Kyo estaba de pie a un lado de la cama, mirando fijamente un paquete que alguien había dejado en ella. Inconscientemente, Syo había apreciado todos los mínimos detalles en una sola mirada. La pesada puerta cerrada con llave, las luces altas apagadas, y sólo un par de lámparas para iluminarlos. Algunas bandejas con comida dispuestas en el saloncito contiguo, el fuego en la chimenea, libros y cuadernos nuevos, sobre uno de los estantes de madera oscura.

- Kyo-sama - llamó, entrando e hincando una rodilla en tierra, con una inclinación.

Kyo le sonrió algo tristemente. Le indicó que se pusiera de pie, y sus miradas se encontraron. Era algo común en esos últimos días, mirar los ojos de su amo y perderse en su expresión. Pero aquella noche había un aire diferente en esos ojos castaños.

- Mira... - Kyo desgarró el paquete que había sobre su cama, y de él sacó un traje negro. Syo observaba curioso. Kyo rió -. Mi futuro uniforme escolar - dijo, y lo lanzó a la cama como si lo despreciara. Como Syo no entendió del todo a qué se refería, Kyo volvió a reír. - Me voy de casa, ahora voy a vivir solo en la ciudad. Asistiré a clases en una escuela de allá.

- ¿Señor? - murmuró Syo, confuso. ¿Kyo se iba de la mansión?

El muchacho asintió. Alzó los brazos sobre su cabeza y se estiró perezosamente.

- Sí, dijo. Y - agregó -, como he oído que tú serás transferido...

- Yo no... - quiso interrumpir Syo.

- ... decidí hacerte una despedida... - terminó Kyo, sin escucharlo. Le indicó la mesa donde las bandejas esperaban, y fue hacia ellas, diciéndole con un simple gesto de su cabeza que él también debía ir. Algo incómodo, Syo se quedó de pie a su lado, mientras Kyo se arrodillaba frente a la baja mesita lacada, totalmente cubierta de viandas. - No seas tan formal, estamos solos - rió Kyo. Syo, luego de un largo momento de duda, se arrodilló frente a él.

Kyo apoyó los codos sobre la mesa, inclinándose hacia él, y estirando luego su mano para apartar los mechones castaños que caían sobre sus ojos ámbar. Rió. Syo estaba petrificado. Ese contacto tan suave, esa caricia de parte de su amo... Sin poder evitarlo, su mano se había cerrado alrededor de la de Kyo, que pareció sorprendido. Un impulso en su interior, algo que controlaba su cuerpo sin que él pudiera hacer nada, hizo que acercara esa mano a sus labios, y la besó suavemente en el dorso. Sus labios rozando la suave piel.

Se quedó así largo rato, respirando el olor a fuego, sintiendo su tibieza. Kyo estaba tan sorprendido como él. Eran sólo niños, criados en medio de severidad y golpes, una ligera caricia, una mirada dulce... eran simples satisfacciones a las que ninguno de los dos quería renunciar.

Syo miró los ojos de su amo y sonrió dejándolo ir.

- Gracias - dijo suavemente. Y Kyo se llevó un dedo a los labios, indicándole que guardara silencio. De uno de sus bolsillos sacó una larga cinta roja y se la entregó. Syo la miró confuso. Vio el bordado que representaba llamas de fuego en los bordes y levantó la vista hacia Kyo, sin saber qué decir.

Aquella fue la última noche que lo vio.

Al día siguiente, estuvo presente durante la partida de Kyo, pero, inclinado y con la mirada en el suelo, no pudo mirarlo a los ojos. Sin embargo, sintió que Kyo se detenía más tiempo del necesario frente a él y decía, como si hablara para el resto de sirvientes también.

- Ki wo tsukete... Arigatou...{Cuidate y gracias...}

* * *

De vuelta en el presente, Syo retrocedió un paso al recordar de golpe el dolor que había sentido al ver partir el automóvil que alejó a Kyo para siempre de él. A partir de ese día, se esforzó al máximo, tratando de ser el mejor, con la esperanza de que en alguna de las misiones que le asignaban tuviera la oportunidad de encontrarse con Kyo.

Sólo se enteró de lo que hacía cuando el joven empezó a participar en los torneos. Lo observaba atentamente en las transmisiones internacionales. Se sentía orgulloso de él al oír los comentarios que hacían los otros miembros del personal de seguridad de los Kusanagi cuando alababan el estilo de Kyo.

Luego ocurrió lo de Orochi. Un evento que nunca estuvo del todo claro, y la posterior desaparición del joven, y aparición de... se estremecía al pensar en ello, copias creadas genéticamente, tan perfectas como el mismo Kyo, pero carentes de ese 'fuego' que caracterizaba a su personalidad.

Y, cuando finalmente la misión que había estado esperando durante todos esos largos años llegó, se encontró luchando contra su sentido del deber y el cariño. Ver a Kyo sufriendo aquellos horribles dolores, totalmente solo, y negándose a aceptar la ayuda de su familia, hizo que todo el tiempo que había estado lejos de él se sintiera como una eternidad. Una vez, al verlo caer en una calle desierta, empezó a ir hacia él, pero la voz confundida de uno de sus subordinados preguntando qué iba a hacer lo detuvo, haciéndolo reaccionar. No podía desobedecer las claras órdenes que le habían dado siguiendo a sus sentimientos. Tenía que continuar vigilando, como si no estuviera allí.

Finalmente, la orden de llevar a Kyo a la mansión Kusanagi llegó, y ¡cuánto sufrió al detener sus débiles ataques, al verlo toser sangre escarlata cuando intentó invocar a sus llamas, al clavarle la aguja en el brazo e inyectarle el sedante para que por fin durmiera...!

Parte de la culpa recaía también en él, pensó, amargamente. Podría haber dicho que Kyo consiguió escapar, ¡podría haberlo dejado ir! Pero una parte de él, egoísta, quiso atraparlo, para poder tenerlo de nuevo en 'casa', para poder estar cerca de él como en los viejos tiempos.

Y ahora querían apartarlo de nuevo, ¡pero estaba dispuesto a negarse!

La voz de Saisyu, que había estado hablándole y a quien no escuchaba, lo hizo volver a la realidad.

- ¡... no arruines tu reputación por un capricho, muchacho! - era lo que decía Saisyu -. Mi hijo ya no tiene esperanzas. ¡No te arriesgues a un castigo por una causa que ya está perdida!

¡Pero con qué frialdad decía esas palabras! Syo no podía creerlo. ¡Saisyu estaba hablando de su hijo como si ya estuviera muerto! Clavó los ojos ámbar en los de su amo, y se llevó una sorpresa al ver estos brillantes de lágrimas.

- Ve con Souji - dijo Saisyu en voz baja ahora, contenida -. Ve con él, escucha sus órdenes, memorízalas y luego vuelve si quieres. Pero no lo desobedezcas. No hagas enfurecer a un loco...

Syo asintió lentamente, no podía apartar su mirada del rostro cansado de Saisyu... y cuando las lágrimas empezaron a caer, no lo soportó más y, dando media vuelta, salió de la habitación.

Dio unos pasos por el pasillo, su pecho le dolía horriblemente, no de dolor físico, sino de angustia. ¡Saisyu-sama estaba llorando! Eso sólo podía significar que Kyo... que Kyo realmente iba a morir... Y él tenía que irse a escuchar los caprichos de un joven al que odiaba... tenía que perder esos preciosos momentos para pasarlos con ese idiota que había traicionado a Kyo...

- Fujimiya...

Una voz baja lo hizo reaccionar. Al levantar la mirada vio que, frente a él, había una figura delgada y vestida de negro. Una máscara cubría su rostro y todo lo que podía ver eran un par de ojos verdes. Reconoció al único ninja de ojos verdes que conocía. Nunca se había llevado demasiado bien con él. Era el reemplazo que los Kusanagi consiguieron luego que él se fue. Decían que era muy hábil, pero para Syo eso no significaba nada. ¡No podía respetarlo porque ni siquiera era japonés!

- ¿Qué quieres? - preguntó rudamente -. Tengo prisa.

Los ojos verdes se entrecerraron fríamente.

- No creas que eres el único que se preocupa por Kyo - dijo el ninja -. No te des tanta importancia como para pensar que sólo tú puedes protegerlo.

Con eso, el ninja siguió caminando, hacia la habitación de la que Syo acababa de salir. No entró. Cuando Syo se volvió el pasillo estaba totalmente desierto. El ninja había desaparecido como si nunca hubiese estado allí.

* * *

El pelirrojo sintió un escalofrío, tenía un mal presentimiento. Levantó la mirada del libro que leía y vio pasar a la alta rubia en dirección a la puerta del departamento. Llevaba el cabello suelto y húmedo, y una toalla alrededor de su esbelto cuerpo. Sus piernas estaban desnudas y ella descalza, dejando huellas a medida que avanzaba por la alfombra. Al llegar a la puerta, se volvió a mirar a Yagami con ojos de asesina.

- ¿Ni siquiera puedes dignarte a abrir la puerta? - le preguntó, luego miró por el pequeño lente que permitía ver quién estaba del otro lado y sonrió, abriendo la puerta de par en par.

Una joven de cabello oscuro esperaba afuera, muy seria. Su abrigo verde olivo estaba cubierto de nieve, y temblaba. En sus manos llevaba algunos regalos.

- Okaeri, Vice - sonrió Mature, dejándola pasar. La joven de cabello corto no dudó ni un segundo, dejó caer sus zapatos de altos tacos, empujó los regalos en los brazos de Mature y al instante ya estaba junto a la calefacción, al lado del pelirrojo, que la observaba fríamente. Vice le sonrió, sin esperar reacción de su parte, y empezó a sacarse el abrigo.

- Traigo noticias - dijo, mientras tenía cuidado de que la nieve no cayera sobre la alfombra. Mature, sujetando su toalla con una mano y el abrigo y los regalos con la otra, preguntó:

- ¿De qué?

- Kusanagi - respondió Vice, mirando disimuladamente a Iori, esperando ver su expresión. Notó los ojos rojos brillar levemente, y se sintió complacida al saber que, a pesar de su frialdad, el pelirrojo sí prestaba atención a sus palabras.

Mature levantó su mano, pidiendo algo de tiempo mientras dejaba los regalos sobre la mesa y colgaba el abrigo de Vice en el genkan. Quería ir a vestirse apropiadamente antes de sentarse a tomar su café y escuchar la historia. Vice asintió, apoyándose en la estufa, aun temblando. En el camino a su habitación, Mature golpeó la puerta de su hermana, Tsukiyo, para que fuera a saludar a la recién llegada.

Como de costumbre, una cabeza se asomó por la puerta, junto con una mano diciendo 'hola' y desapareció de nuevo. Vice parpadeó. Odiaba a esa niña, ¡la detestaba! Aunque fuera tan hermosa como su hermana Mature, era la criatura más caprichosa que había conocido nunca. Ah, mejor ni pensar en ella. En seguida se volvió hacia Yagami y le sonrió.

- ¿No vas a decir nada? - preguntó. Sabía que Iori debía tener curiosidad por oír lo que ella había averiguado luego de pasar casi todo el día bajo la nieve, en los alrededores de la mansión Kusanagi.

Iori levantó la mirada un segundo, y luego volvió al libro.

- Si es referente al Henka, ya lo sé - murmuró en voz baja. Vice se sorprendió, pero ocultó su reacción bajo una sonrisa maliciosa.

- Oh, claro, había olvidado que tú sabes todo lo que pasa con ese muchacho... - dijo -. Pero, no sabes lo que sucedió anoche... ¿ne?

Nuevamente una fría mirada Yagami sobre ella, que se dio vuelta y se alejó en dirección al sillón, dejándolo en suspenso. Tomó asiento, cruzándose de piernas, y acurrucándose contra el respaldar.

Vice vestía unos simples pantalones negros, muy delgados para esa época del año, y un sweater de color azul oscuro, corto, sobre una ceñida blusa también negra. Sus manos estaban adornadas por los infaltables anillos, y su cabello oscuro continuaba húmedo luego que la nieve se derritiera ante el cálido interior del departamento.

Suspiró, cerrando los ojos. Se sentía agotada.

Con un estremecimiento, supo de alguna manera que los ojos de Iori estaban fijos en ella. No se movió, disfrutando de la sensación. Era algo extraño, pero le gustaba. Le recordaba lo amable que había sido con ella... aquella vez... cuando estuvo a punto de morir...

Sintió que algo le caía encima, ¿una manta? Abrió los ojos y vio a Iori a su lado.

- Estás temblando - fue todo lo que le dijo, antes de alejarse. Ella no pudo evitar sonreír. Se arropó bien en la tibia manta y volvió a acurrucarse.

Quizás el pelirrojo se mostrara frío y distante, pero no podía negar que, a pesar de todo, se preocupaba por ellas. Por ambas.

Parpadeantes imágenes volvieron en desorden a su mente. No estaba segura de cómo había sucedido todo. Sus recuerdos se remontaban al final del torneo del 96, cuando, enviadas a vigilar a Yagami, fueron obligadas a formar parte de su equipo. Fue ese año en que la energía de Orochi se manifestó en toda su fuerza, afectando a todos aquellos que, a diferencia de ellas, nunca habían experimentado un Riot.

Iori fue uno de ellos. Descontrolado y enloquecido, había asesinado a inocentes personas que se cruzaron en su camino. Mató a muchos, y ellas fueron las que se encargaron de desaparecer los cuerpos, mientras Kusanagi y otros luchadores intentaban contener a Iori. Hubo un enfrentamiento en los barrios bajos de la ciudad, recordó con un ligero temblor. Iori y Kyo solos. Iori totalmente fuera de sí, cubierto de sangre luego de la matanza, y tosiendo su propia sangre oscura. Mature y ella esperaban apartadas, sorprendidas ante la demostración de poder de Iori. Ellas también poseían sangre Orochi, pero sabían como controlarse. Nunca quiso admitirlo, pero ver a Iori en ese estado la entristecía. Le daba lástima... el dolor que debía sentir... La desesperación de no poder apartar la voz en su cabeza que repetía "mata, mata..."

-Ya basta, Yagami - había gritado Kusanagi, esquivando las garras que querían destrozarlo. El joven aun estaba cubierto de heridas luego de enfrentarse a la organizadora del torneo: Chizuru Kagura, y posteriormente a uno de los poderosos mensajeros de Orochi: Goenitz, pero estaba haciendo lo posible por calmar a Iori. Aquella matanza no podía continuar -. No eres tú, ¡reacciona!

Como respuesta sólo había recibido un gruñido salvaje.

- ¡Cuidado! - había gritado ella cuando el pelirrojo saltó sobre Kyo, sin que el joven pudiera esquivarlo, y rodaron por el suelo, entre charcos de sangre y restos de personas muertas. Estaba segura que era el fin del muchacho, pero vio, para su sorpresa, que lentamente Yagami volvía en sí.

Estaba aun sobre Kyo, que lo observaba con los ojos muy abiertos. Las manos de Iori estaban en su cuello, dificultándole el respirar, pero el pelirrojo volvía a su estado normal. Sus ojos mostraban algo de cordura al fin.

- Yagami... - había susurrado Kyo.

- K... Kyo... - El pelirrojo no pudo decir más, porque en ese momento un poco de sangre brotó, salpicando la mejilla de Kyo. Iori se llevó las manos al pecho, encogiéndose debido al dolor. Y luego, despacio, el joven de cabello castaño rozó esas manos con la punta de los dedos, rozó su mejilla pálida y sudorosa, acarició el cabello rojo, que estaba tan cerca de él. Y finalmente, el cuerpo de Iori había cedido, apoyándose en Kyo, que lo sujetó y lo abrazó sin miramientos.

- Oh, dios... Yagami... - fue lo que oyó Vice decir al joven. Mientras la sangre de Iori manchaba sus ropas, y las lágrimas de dolor caían sobre él.

Nunca supo porqué esa escena, el joven Kusanagi sentado en el suelo, abrazando al tembloroso pelirrojo, la había conmovido tanto. Ellas fueron las únicas testigos y, cuando se volteó a ver a su compañera, vio que ella también observaba con ojos brillantes.

- ¿Crees que... Kusanagi sea capaz de calmarlo... de ayudarlo a controlar el Riot...? - le preguntó a Mature, que negó con la cabeza. No era un 'no'. Simplemente no lo sabía. Vice miró a la rubia con ternura. La razón de aquella pregunta era porque Mature la ayudaba a controlar el Riot, y ella ayudaba a Mature. Era un lazo que las unía íntimamente, simplemente al tenerla cerca.

Estuvieron largo rato observando a la pareja, pero la tranquilidad de esa escena fue interrumpida por un fuerte viento. Kyo levantó la mirada hacia ellas, que también parecían sorprendidas. Una figura empezó a materializarse en el aire, allí donde la basura de la calle se juntaba y formaba un remolino. Vice y Mature habían corrido hacia Iori y Kyo, para protegerlos de lo que fuera que estuviera pasando.

El viento desapareció como había llegado, dejando ante ellas a una figura ataviada en celeste.

- Masaka {No puede ser} - había murmurado Mature, porque frente a ellas estaba Goenitz. Aquel a quien ellas habían dado por vencido luego que Kusanagi y Kagura lo enfrentaran.

La risa apagada del mensajero de Orochi hizo que ambas se estremecieran.

- Bien, mis tres bestias - murmuró él, observando a las dos mujeres y a Iori, que se había vuelto a medias para mirarlo -. Acaben con Kusanagi, AHORA.

Vice sintió un agudo dolor en su interior, el control que Orochi intentaba ejercer sobre ella, pero al mismo tiempo percibió que Mature la sujetaba, dándole la fuerza que necesitaba para resistirse. Sin embargo el pelirrojo no pudo evitar entrar en berserk de nuevo y, sujetando al desprevenido Kyo con sus garras, arrojó al joven al otro lado de la calle.

Demasiado débil como para intentar pelear, Kyo vio claramente como Iori se le lanzaba encima, esta vez realmente dispuesto a matarlo. No habían palabras que fueran a detenerlo. Quizás era el fin...

- ¡Alto, Yagami! - Una voz alta y clara resonó en la calle desierta. Era Mature, de pie frente a él, interponiéndose justo en el camino de Iori.

- ¡Baka! {¡Tonta!} - gritó Kyo, pero Iori ya estaba sobre ella. Cayeron al suelo, Iori sobre la rubia, sus manos desgarrando el ceñido vestido, arrancando la tela... y sangre. Se oyó el agudo grito de ella, pero eso no fue suficiente para calmar al enloquecido Iori. Kyo empezó a ponerse de pie, mientras escuchaba:

- ¡Acaba con Kusanagi! ¡Destruye a Kusanagi! - Era Goenitz, controlando al pelirrojo.

- Temee... {Bastardo...}- jadeó Kyo. Observo a Iori, que se alejaba de Mature para ir en su dirección de nuevo. Y luego a Goenitz, sonriendo a sólo pasos de él.

- Ve y acaba con Goenitz, Kusanagi - oyó. Kyo se había dado vuelta sorprendido. Era Vice quien estaba entre él y Iori ahora, sonreía débilmente, sus ojos mostrando tristeza, como si aceptara simplemente que su vida había llegado a su fin -. Ve y destrúyelo.

Su voz se perdió bajo el rugido inhumando del pelirrojo, pero Kyo ya no la escuchaba. Corría hacia Goenitz que, también débil después de su anterior derrota, pronto se encontró ardiendo en la columna de fuego que representaba a la espada de los Kusanagi. Kyo había golpeado con toda su furia y fuerza, y pronto todo lo que lo rodeó fue el viento, que terminó por desaparecer también.

Oyó un gemido a su espalda, y, al volverse, vio a Iori sujetando entre sus brazos el cuerpo fláccido de una de sus compañeras. Los rastros del Riot habían desaparecido, y había desesperación en sus ojos rojos cuando miró a Kyo y le dijo que lo ayudara y llevara a Mature a un hospital, que él se haría cargo de Vice... que debían darse prisa...

Un roce en la mejilla de la joven de cabellos cortos hizo que abriera los ojos. Se encontró frente a frente con el rostro de su compañera, con los ojos azules que la miraban con ternura.

- Uh, nani? - murmuró, incorporándose.

- Te quedaste dormida - sonrió Mature, sentándose a su lado.

- Yagami wa doko? {¿Dónde está Yagami?}- preguntó luego, acurrucándose contra Mature, que ahora vestía un casual atuendo de invierno.

- En la cocina - fue la respuesta -. Haciendo el café.

Vice no pudo evitar una sonrisa.

- ¿Ya lo domesticaste?

La respuesta fue negativa.

- Pero sabe que me encanta su café - rió la joven rubia, posando sus finos dedos en el cabello de su compañera -. ¿Qué es eso que averiguaste? - preguntó a continuación. Los ojos de Vice se posaron en ella un segundo. Luego en Iori, que salía llevando una bandeja con tazas. Café y galletas, notó Vice complacida. Ojalá Iori no reaccionara demasiado mal cuando se enterara de lo que ella sabía.

El pelirrojo tomó asiento en uno de los sillones, esperando. Observaba a sus dos compañeras fríamente, inexpresivo. Parecía estar de mal humor, pero ambas sabía que, de haberlo querido, Iori no hubiese estado allí en ese momento. Nadie lo obligaba a quedarse. Vice se sentó, tomando una de las tazas de café.

Iori pareció querer decir algo.

- ¡Ite! {¡Ay!}¡Itetetete! - Vice retiró su mano al instante, sacudiéndola. Mature sudó una gotita. - ¡Mou, Yagami, kore ga atsui yooooo{Esto está ardiendo}! - exclamó Vice, lamiéndose sus dedos quemados, como un gato.

- No había agua caliente - gruñó el pelirrojo mirando su propia mano. Obviamente había utilizado su fuego púrpura para calentar la taza.

Cuando Vice levantó la mirada hacia él vio que sonreía levemente. Se quedó observándolo. Se veía ciertamente atractivo cuando sonreía así.

- K... kawaii yo ne... {Lindo, ¿verdad?} - le susurró Mature con una risita, mirando también a Iori, que al instante se puso serio de nuevo.

Ambas rieron, pero pronto Vice empezó a contarles lo que sabía, mientras esperaba que el café se enfriara un poco.

Había estado rondando la mansión desde que Kyo fue llevado allí. Su contacto en el interior le comentó todo lo que había sucedido, el reto de Souji-san, la derrota de Kyo... Y la posterior agonía.

La joven dudó en continuar cuando vio la mirada de Iori. Él estaba tan sorprendido como lo estuvo ella cuando lo oyó. Mature sólo los miraba.

- Por lo que me dijo, ese chico no vivirá una semana más - dijo finalmente Vice, y no se esperaba la reacción de Iori, que cerró los ojos un momento antes de ponerse de pie e irse a su habitación -. O... Oi, Yagami... ¿Qué vas a hacer? - preguntó. Pero, obviamente, la respuesta fue sólo silencio.

En eso, Tsukiyo, que al parecer había estado escuchando en su habitación, salió y se metió a la de Yagami. Oyeron su voz hablando en un inglés rápido, y las respuestas de Iori, bajas y secas. Al cabo de un rato, Tsukiyo apareció, con una expresión de furia oscureciendo todo su rostro.

- ¡BAKA! {¡IDIOTA!} - le gritó a Iori y se encerró en su habitación nuevamente, lanzando la puerta con todas sus fuerzas. Mature suspiró. Esa chica...

Aunque era su hermana, a veces le parecía demasiado insoportable. Quizás se debía a que, al ser criada por sus abuelos en América, había sido demasiado consentida. Sabía que era hermosa, y estaba muy consciente de la fascinación que ejercía sobre el pelirrojo; eso la hacía pensar que Iori la consentiría en todo, pero cada vez que tenía que enfrentar al carácter tan helado del joven, se molestaba. Esta vez no fue la excepción.

- Los insultos son lo primero que se aprende, ne? - rió Vice, apartando la manta que la cubría y poniéndose de pie. Mature la siguió con la mirada mientras ella caminaba despacio por la gruesa alfombra, disfrutando del suave roce contra sus pies cansados. Fue hacia donde Mature dejó los regalos que había traído, y cogió un pequeño paquete adornado de rojo y plateado. Le hizo un guiño a su amiga -. Si me oyes gritar, agarras una escoba. O mejor un extinguidor, y me ayudas, ¿está bien?

Sin perder más tiempo, Vice entró en la habitación del pelirrojo.

Nunca había estado allí antes. No había tenido motivos para entrar, y ni siquiera imaginaba como era el lugar por dentro.

Se encontró con la cama desordenada, las sábanas caídas por un lado, las almohadas por el otro. Había un grupo de papeles con partituras desperdigados sobre el colchón, y el bajo apoyado contra la pared cerca de la cabecera. En el velador, junto a la pequeña lámpara, yacía un libro, una revista, y algunas píldoras. Recordó que ella misma le había entregado esos calmantes a Iori, pero ahora que los veía estos seguían intactos.

El pelirrojo estaba de espaldas a ella, poniéndose una gruesa camisa negra.

- I said LEAVE! {¡Dije que te FUERAS!}- gritó de pronto, sobresaltándola.

- ¡Por Orochi, Yagami... ¿Quieres calmarte?! - exclamó, sintiendo que su corazón iba a dejar de latir. Él se volvió sorprendido al oírla a ella y no a la otra niña, a quien acababa de echar de la habitación. Se encontró con los ojos oscuros de Vice.

- ¿Y tú qué quieres? - preguntó rudamente. Ella, haciendo caso omiso a su brusquedad, fue hacia él y, poniéndose de puntillas, sujetó el cuello de la camisa que se estaba poniendo. Contó los cuatro botones reglamentarios, y a partir del quinto empezó a abrochar, sujetando el regalo bajo su brazo. Iori no la apartó, sólo se quedó allí, observándola.

- ¿Qué vas a hacer? - preguntó Vice. Sus manos estaban a la altura de la cintura de Iori, y se detuvo allí para mirarlo a los ojos -. No puedes llegar y entrar a esa mansión ahora, está llena de Kusanagi's.

- No voy a entrar.

- ¿Entonces? - Vice se alejó unos pasos, dejando que Iori se pusiera el largo abrigo.

- Sólo voy a averiguar algo.

Vice asintió, sin cuestionarlo más. Haber recibido dos respuestas seguidas eran suficientes. Sonrió.

- Douzo {Toma} - dijo, entregándole el pequeño paquete. Iori pareció confuso -. Saa, Yagami - insistió ella, empujándolo en sus manos. El pelirrojo se veía como si no supiera qué hacer con eso. Ella rió, cubriéndose los labios con una mano. - No lo mires así. ¿Acaso nunca te han regalado algo por Navidad? - preguntó. Iori hizo un ligero sonido, como un bufido, y deshizo el lazo de mala gana, como si la única forma de deshacerse de esa molestia fuera terminar el asunto pronto. Apartó el papel y luego la tapa de la caja. Ella tuvo la impresión que se pasaría la eternidad observando lo que había en el interior, así que, perdiendo la paciencia, sujetó ella misma el regalo, lo estiró, y lo pasó alrededor del cuello de Iori. - Se llama bufanda, bu-fan-da, ¿entiendes? - sonrió -. Se usa para que el frío no te congele el cuello, especialmente cuando tienes una manía por no abrocharte los botones de la camisa.

Se alejó unos pasos, viendo la bonita combinación de la camisa negra con la bufanda oscura. Iori la miraba con tranquilidad. Ella sonrió.

- Suerte - le dijo y, súbitamente, se encontró siendo atrapada por el brazo del pelirrojo... en un... sorpresivo abrazo. Vice sintió que sus mejillas se encendían. Eso no estaba pasando, no, era imposible. Yagami no era capaz de...

Pero todo fue tan rápido, que ni se dio cuenta cuando Iori salió de la habitación, dejándola de pie, inmóvil y confundida.

En la pequeña sala, Mature esperaba. Estaba justo de pie en frente de la puerta, con la espalda apoyada en ella y cruzada de brazos. Su expresión era seria.

- ¿No piensas pasar la Navidad con nosotras, Yagami? - preguntó. En su expresión se notaba que no estaba dispuesta a dejarlo salir -. Bonita bufanda, por cierto - notó.

El pelirrojo la hizo a un lado, y ella tuvo que sujetarse de él para no perder el equilibrio. Lo miró directamente a los ojos, esperando una respuesta. Iori le devolvió la mirada y sonrió, despacio, rozando los mechones rubios que caían por un lado de su rostro con la punta de sus dedos. No dijo nada cuando salió, pero Mature estaba tan confusa ante su forma de actuar que no pudo evitarlo.

Minutos después, ella y Vice estaban sentadas juntas en el sillón, con la mirada perdida y aun sin poder calmarse.

- Vice... - murmuró Mature.

- ¿Hn?

- No te pareció que eso fue... - la rubia dudó.

- Una despedida - susurró Vice. Se miraron, intercambiando una mirada alerta y llena de comprensión -. ¡Ese loco...!

Se pusieron de pie y entraron a la habitación de Mature para cambiarse sus trajes. Al cabo de un rato dejaron el departamento, envueltas en gruesos abrigos, y tomaron un taxi, en dirección a la mansión Kusanagi.

* * *

- ¿Mature-neechan? - llamó Tsukiyo minutos después. Paseó por el departamento, mirando en todas las habitaciones, y al ver que estaba sola, se dejó caer en el sillón, cogiendo las galletas que su hermana y la otra chica no habían terminado. Hizo un puchero, pero al instante sonrió y cogió el teléfono. Al menos así no se aburriría.

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KOF pertenece a SNK
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Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001