~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 6.- Favor

Al día siguiente todos en la mansión Kusanagi estaban alterados. Kyo había aparecido ante ellos durante el desayuno, apoyado en el hombro de Alex, mirándolos a todos con desaprobación y rencor. Souji, a la cabeza de la larga mesa, se puso de pie y le hizo un hipócrita gesto de bienvenida.

- Ohayou gozaimasu {Buenos días}, Kyo-san - dijo suavemente, señalando un espacio que estaba libre en el extremo alejado de la mesa. Alex no pudo evitar estremecerse al sentir las miradas de todos aquellos Kusanagi fijas en ellos. Sabía que ninguno aprobaba su presencia, ni en ese salón, ni como miembro de los ninjas del clan. Un extranjero entre japoneses no era parte de la tradición. - Ogenki desu ka? {¿Cómo se encuentra?}- agregó Souji.

- Ohayou gozaimasu, Souji-san. Genki desu {Bien, gracias}- respondió Kyo con una leve sonrisa respondiendo al evidente sarcasmo.

Todos podían ver que no se encontraba bien. El dolor que le producía el estar de pie era notorio para todos. Pero Kyo continuaba sonriéndoles, dulcemente, como siempre había sido.

- Sólo quería desearles una feliz Navidad - dijo, despacio -, y despedirme de todos ustedes.

Hubo un rumor en el salón. Cuchicheos.

- No - interrumpió el joven -. No porque voy a morir, sino porque me voy de aquí.

Kyo hablaba mirando fijamente a Souji, el rencor en su mirada era oculto por su sonrisa, pero fue clara para él la expresión de sorpresa de Souji. Kyo ya lo sabía todo. Alex se lo había contado, y Syo corroborado. El veneno, la espera de su muerte. Si Souji quería sacarlo del camino, Kyo se retiraría por su propia voluntad. Estaba harto de todo. De su clan que lo había maldecido desde el comienzo, de pensar que moriría dejando pendiente su venganza contra Souji. Cerró los ojos un momento, dejando atrás una oleada de dolor, mientras pensaba que ojalá algún día, alguien, hiciera pagar a ese primo suyo que no poseía honor.

- Alex - dijo suavemente, indicándole al ninja que quería volver a su habitación.

Alex asintió, y luego de una leve inclinación de cabeza hizo retroceder a Kyo, cerrando la puerta del salón tras de sí. Hizo una pausa, para sostenerlo mejor y recorrer el largo camino hasta la habitación, pero sintió que Kyo desfallecía. Alarmado, lo ayudó a sentarse en el suelo. Su respiración era entrecortada, y sus ojos estaban cerrados.

- Te dije que no vinieras hasta aquí - le reprochó a Kyo, pero él sólo rió.

- No te hubiera molestado de haber podido venir solo - dijo -. Pero pronto dejaré de molestarte para siempre.

Alex sintió un escalofrío. Ese que hablaba no era Kyo... No, no podía ser... El joven entreabrió los ojos y lo miró, le sonrió.

- ¿Qué pasa? - dijo dulcemente.

Alex sólo lo miraba sin saber si reprocharle o no. Kyo agregó:

- No puedes decir nada. Sabes que de todas formas voy a...

No pudo continuar, porque Alex se había acercado a él y besó suavemente sus labios. No era que se sintiera atraído hacia ese joven, pero odiaba oírlo hablar así, y aquella reacción fue algo que no pudo controlar. Era extraño...

Kyo parpadeó perplejo.

- Oi... - dijo luego, con una sonrisa burlona, mientras se limpiaba los labios con un gesto exagerado de asco -, tú quieres matarme antes de tiempo, ne?

Alex estuvo a punto, a un paso, de darle un golpe. Él se angustiaba, y Kyo todo lo que hacía era burlarse. Sin embargo, no pudo evitar sonreír. Prefería que se burlara a verlo hablar sobre su muerte.

- Vine {Ven} - le dijo, ayudándolo a ponerse de pie -. Tornem {Volvamos}.

* * *

Kyo había dejado el salón, pero los cuchicheos continuaban. Souji estaba de pie, en la cabecera de la mesa, apoyando los puños sobre la superficie. Parecía estar conteniéndose, mientras un temblor de rabia lo estremecía. ¿Cómo se atrevía su primo a hacer eso? ¿Es que acaso jamás dejaría de ser tan arrogante? ¿Ni siquiera sabiendo que iba a morir? Lanzó una exclamación, que nadie oyó, y dio un paso alejándose de la mesa. Algunos lo observaron, un sirviente intentó preguntar si no iba a terminar el desayuno pero una mirada de Souji bastó para hacerlo callar. No iba a dejar que ese idiota primo suyo le faltara el respeto ahora que él era el líder del clan, y mucho menos frente al resto de la familia. Iba a acabar con todo en ese mismo momento. Tenía el derecho, como líder, de hacer lo que quisiera, por cruel que pudiera parecer. La muerte de Kyo le enseñaría al resto del clan que debían respetarlo si no querían pasar por lo mismo. Sonrió para sí, sin darse cuenta que lo que pretendía haría del clan Kusanagi sólo una copia de los Yagami, llevando un linaje basado en violencia y muerte.

Salió del salón cerrando de un golpe la pesada puerta de madera. Corrió escaleras arriba, en dirección a la habitación de su primo. Esa área de la mansión era silenciosa y nunca le había agradado. La mandaría a remodelar cuando Kyo muriera. No le gustaban las alfombras que cubrían algunos pasillos, y las copias de ambientes clásicos japoneses en otros. Era una mansión hermosa, pero quien la diseñó no había tenido sentido de la estética. ¿Cuál era la gracia de decorar bellamente un pasadizo, alfombrarlo con gruesos tapices bermellón, para, dos pasos más allá, convertirlo en lo que parecía una entrada a un viejo dojo? Y la habitación de Kyo... Suspiró como si le provocara repulsión, decorada con todo tipo de muebles de madera que despedían un olor a antiguedad que él no soportaba. Alfombras por doquier, de colores oscuros y adornos dorados. Una amplia cama siempre cubierta por finos edredones y adornada con cojines de terciopelo. La pequeña salita que habían dispuesto junto a la chimenea... Toda aquella habitación tan lujosa, para alguien tan idiota como su primo, que no sabía apreciarla y, ademas, ni siquiera vivía en esa casa.

La vida era injusta, pensaba Souji. ¿Por qué Kyo había tenido que heredar el derecho a ser líder algún día? Era hijo de un guerrero poderoso, pero Saisyu no era el mejor del clan. Su nivel dejaba bastante que desear... y el hecho de que una vez fue controlado mentalmente y utilizado en ese idiota torneo que ocultaba conspiraciones para controlar el mundo... Era tan idiota como su hijo. ¡Todo ese lado de la familia lo era!

Se detuvo, porque había llegado a la habitación que tanto despreciaba. Golpeó dos veces, pero no obtuvo respuesta, así que decidió entrar. Como era de esperarse, lo primero que sintió fue el dulce olor de la madera, e hizo una mueca. Pero, salvo por la frágil figura de una sirvienta ordenando la cama, no había nadie más.

- ¡Tú! - llamó, rudamente asustando a la muchacha, que abrió mucho los ojos al ver a Souji-sama allí, frente a ella y sin haberlo notado antes. Al instante junto sus manos en el regazo e hizo una profunda inclinación, mirando hacia el suelo, sintiendo que su corazón latía con temor.

- Hai, Souji-sama... - dijo suavemente.

- ¿Dónde está Kyo? - preguntó Souji, sin entrar. No vio como la joven apretaba su kimono con tal fuerza que los nudillos de sus delicadas manos se pusieron blancos. No notó como toda ella temblaba de rabia, mientras cerraba los ojos con fuerza y decía:

- Kyo-sama se fue hace unos instantes.

Kyoko sintió un escalofrío, como el estremecimiento previo a un golpe. No levantó la mirada, porque sabía que si lo hacía, miraría directamente a los ojos de ese joven que tenía al frente, y con sólo su mirada le recriminaría todo lo que había hecho pasar a Kyo. Su odio hacia Souji era tan profundo ahora, que hasta el miedo desapareció. Se sintió capaz de faltarle el respeto, de escupirle en la cara toda la rabia que sentía, de dejar de ser la sumisa sirvienta de Kyo-sama para poder golpearlo, y gritarle que era un farsante, ¡que no tenía honor!

Pero se mantuvo calmada, sintiendo la textura de su kimono mientras Souji maldecía y se alejaba por los pasillos hecho una furia.

La muchacha suspiró. Esperó un tiempo conveniente, luego terminó de ordenar la cama y salió con pasos cortos y presurosos a una habitación de ese mismo pasillo, donde sabía que Kyo se encontraba junto con Alex.

Entró sigilosamente, sin golpear porque se suponía que esa habitación estaba desocupada y ella sólo se encargaba de la limpieza una vez por semana. Las luces estaban tenues, y ni bien había entrado, cuando escuchó un sollozo ahogado. Y luego la voz suave de alguien llamando a Kyo por su nombre.

- Su... sumimasen... {Di... disculpe...}- murmuró ella, acercándose. Notó que era el ninja de ojos verdes de nuevo, y por un momento sintió temor, pero en seguida se dio cuenta que esta vez llevaba el rostro descubierto... y que era muy hermoso. Sus ojos eran grandes, y de una mirada clara. Ahora podía ver que la expresión de su rostro en realidad era muy dulce. Que no parecía ser malo... El cabello rubio llamó su atención, aun en esa tenue luz que iluminaba la habitación. En ese momento se dio cuenta de la angustia en el rostro del ninja, y vio que sostenía a Kyo, sentado al borde de la cama, aferrado a su brazo. - Kyo-sama... - murmuró Kyoko, al verlo.

Ni siquiera en esos días que había pasado inconsciente lo había visto tan mal. Sufría, sí, pero en ningún momento demostró cuánto. Ahora, que había estado a solas con el ninja, que era su amigo, no parecía poder controlarse. Se estaba ahogando en su propia sangre. Sangre que brotaba por sus labios, y que corría por sus mejillas como lágrimas rojas. Su mano estaba en su pecho, y la otra sujetaba a Alex, como si de soltarlo fuera a perderse en ese universo de dolor.

Sin detenerse a pensarlo, Kyoko sujetó el borde de su kimono y limpió con él la sangre del rostro de Kyo. Aquella caricia hizo que el joven abriera los ojos, y al ver que se trataba de su joven sirvienta, apartó la mirada. Que alguien lo viera así... que ella llorara por él... no quería, no lo soportaría...

Alex lo obligó a acostarse, ahora que la sangre había dejado de brotar. Lo hizo suavemente, causándole el menor dolor posible. Kyoko observó todo en silencio. El joven cerró los ojos un momento, pero luego clavó su mirada en ella. ¿Qué haces aquí?, parecía preguntar, y Kyoko dijo con voz baja y contenida, demostrando su rabia por primera vez.

- Souji-sama lo está buscando... - murmuró -. Le dije... le dije que ya había partido y se enfureció... Se molestó mucho...

- Ese tipo está loco - murmuró Alex, mirando a la muchacha -. ¿Dijo algo más?

- No... pero...

Un sonido en el pasillo interrumpió a Kyoko. En lo que ella tardó en volverse, Alex ya estaba junto a la puerta, con un puñal en su mano. La muchacha se sorprendió de lo rápido que había sido, y lo peligroso que parecía al entrecerrar sus ojos mirando fijamente como la puerta se abría, y una figura oscura entraba.

El cuchillo cortó el aire, y Kyoko contuvo la respiración. Afortunadamente Alex no había podido hacer eso cuando ella entró. Quizás fue porque sus pasos eran demasiado ligeros para ser oídos, o porque en ese momento Kyo lo sujetaba, no lo sabía. Pero ciertamente el que entraba en ese momento se sobresaltó al sentir la aguda y fría hoja cortante contra su garganta.

- Nani wo shiteirunda yo~, temee! {¿Pero qué demonios haces, estúpido?}- se oyó que decía furioso el desconocido, lanzándole una mirada asesina a Alex, que parecía no menos sorprendido.

- Fujimiya... - susurró el ninja rubio.

Syo, aun con una mirada furiosa en el rostro, apartó a Alex, junto con el cuchillo, cerrando la puerta tras de sí. Parecía molesto de que el ninja lo hubiera sorprendido de ese modo.

- Para ser el preferido de Kyo, eres ciertamente un ninja ruidoso - murmuró Alex, apartándose con desprecio -. I lent {Y lento} - agregó para sí. No le gustaba Syo, no. De ninguna manera lo soportaba.

- Alex - llamó Kyo débilmente, haciéndolo callar -. Ja ni ha prou {Es suficiente}.

El ninja se apartó, algo molesto, aunque sabía que Kyo tenía razón. No era momento para ponerse a discutir con Fujimiya, por muy mal que le cayera.

- ¿Qué quieres, entonces? - preguntó luego, cruzándose de brazos y parándose al pie de la cama.

Syo miró a Kyo fijamente, como si hablara sólo para él e ignorara despectivamente al ninja.

- Souji-sama ha prohibido que salga de esta región. Ha enviado a un grupo de ninjas a buscarlo... Piensa que usted ha dejado la mansión - ante esto Kyoko se llevó una mano a los labios -. Y, por lo que oyeron mis hombres... ha ordenado...

La mirada del joven pasó de Kyo a Alex, a Kyoko, y luego a Kyo de nuevo.

- Ordenó traerlo de vuelta a la mansión como fuera - continuó -. Si se resiste, ha dado autorización para matarlo, a usted y a los que pretendan ayudarlo...

- ¿Pero qué...?

Ni siquiera Alex pudo evitar sorprenderse. Aquello era una locura. ¿Acaso el resto del clan no se oponía? Souji no podía convertir al clan Kusanagi en un grupo de asesinos. Y haber dado la orden de matar a su propio primo...

- ¿Qué razones tiene...? - murmuró Alex, sin comprender -. Si Kyo de todas maneras...

Calló al darse cuenta de lo que estuvo a punto de decir. Syo le lanzó una mirada fulminante, y Kyoko entreabrió los labios, pero Kyo se limitó a sonreírle. Era como quería que fuera. Que todos lo aceptaran, y que no lloraran por él.

- ¿Razones? - repitió Syo, retrocediendo unos pasos para apoyarse contra la pared y cruzarse de brazos -. No se necesitan razones... Lo que él tiene es una excusa. Sin sentido por cierto. - Alex lo miró interrogativamente. Odiaba que Syo supiera algo que él no, y que disfrutara tanto ocultándoselo. - Dijo, frente al resto de la familia, que Kyo-sama pretende pedirle ayuda a los Yagami... y hacer todo lo posible para que los Yagami acaben con el clan. Ha dicho que es un traidor, y como tal, debe ser capturado o morir.

Kyo parpadeó, y no pudo evitar una risa corta, seca, sarcástica. ¿Él recurriendo a un Yagami por ayuda? ¿Él, tomándose tantas molestias por vengarse de un clan que no le importaba? No... Iori se lo había dicho una vez, los Yagami no ayudan a nadie, no hacen pactos con nadie, no después de haber sellado sus destinos con Orochi. Aquello era inconcebible.

- Eso significa que estoy atrapado en esta mansión, ne? - murmuró más para sí que para los demás -. Y yo que no quería morir aquí...

- Kyo... - Alex le lanzó una mirada, como reprochándole, pero tenía razón, y no podían hacer nada.

- Cuando descubran que estoy aquí, Souji se va a poner feliz - susurró luego, acurrucándose contra la almohada.

Alex miró a Kyo y luego a Syo, como si quisiera hacer algo y no supiera qué. Dio un paso hacia su amigo, y tocó levemente su hombro.

- Si no quieres estar aquí, te ayudaremos a salir... - le dijo con suavidad. Quería cumplir, quería que Kyo fuera feliz hasta el final. Syo sonrió despectivamente, pero era obvio por su expresión que en eso sí apoyaba al ninja. Kyoko hizo una ligera inclinación, y empezó a retirarse.

- Sé que no puedo hacer mucho - dijo suavemente -. Pero creo... Creo que todo saldrá bien.

Alex y Syo la miraron salir... Kyo observaba también, pensativo y triste.

* * *

- ¡KYO! ¡KYO!

Los gritos de la muchacha hicieron que varios guardias aparecieran de diferentes lugares de la mansión. No la habían detenido al verla entrar porque sabían que ella era su novia, pero no esperaban que en vez de tocar el timbre se pusiera a llamarlo como si estuviera loca. Alguien quiso tocarle el brazo, pero se dieron cuenta que lloraba. Sus ojos estaban rojos, las lágrimas habían marcado sus mejillas con su ardor y su sal. El cabello castaño corto estaba desordenado y su ropa cubierta de nieve. Golpeaba la puerta con sus puños, y continuó golpeándola a pesar de que los guardias querían apartarla para poder permitirle la entrada.

- ¿Qué es todo este escándalo? - exclamó una voz profunda, mientras la puerta se apartaba y se abría. La joven se lanzó hacia adelante, sollozando.

- Dígame dónde está Kyo, ¡¿dónde está?!

Una sacudida la hizo reaccionar.

- Kushinada Yuki desu ne? - oyó, y al levantar la mirada se encontró con unos cálidos ojos castaños, como los de Kyo. Pero ese no era Kyo. ¿Quién era?

Asintió como respuesta al reconocimiento, y se estremeció al ver como la mirada del apuesto joven se oscurecía.

- A.. anata wa? {¿Quién es usted?} - preguntó ella.

- Kusanagi Souji - fue la respuesta, mientras con un ligero gesto la invitaba a pasar.

Souji la llevó a la oficina, observándola todo el tiempo. Viendo su cuerpo menudo y su rostro bonito y lloroso. Kyo no tenía tan mal gusto, después de todo, se dijo. Lo que no podía entender, era qué le vio esa chica linda al idiota de su primo. Le sonrió con algo de falso pesar.

- Todo está bien - le dijo -, pero llegaste tarde. Kyo ya no está aquí.

Yuki se quedó mirándolo sin poder creerlo, demasiado sorprendida como para reaccionar. Souji le sonrió, deteniéndose un momento y rozándole la mejilla con el dorso de su mano.

- Pero tranquila, lo encontraremos.

* * *

Kyoko dejó a Kyo con Alex y Syo. Ahora que los había visto conversar, estaba segura que si Kyo estaba con ellos estaría a salvo. La fidelidad de Syo la conmovía, y la forma en que Alex lo protegía... Cerró los ojos un momento. Los tres vivían para servir a Kyo, pero de ellos, ella era la única que no podía hacer nada útil para ayudarlo. Se sentía mal por eso, por ser capaz sólo de hacer nimiedades que quizás el joven ni siquiera notaba. ¿Qué le importa al amo entrar a una cama cuyas frazadas siempre están tibias? ¿Qué le importa encontrar todas sus cosas dispuestas, ordenadas una y otra vez por un sirviente silencioso? Nada. Y por eso se sentía triste.

Pero esta vez... Lágrimas, no podía evitarlas. ¿Por qué...? ¿Por qué tenía que llegar a este extremo para poder serle útil al menos por una vez? Al final de su vida, ¿qué le iba a importar de todos modos?

En su pequeña habitación, Kyoko buscó una pesada manta para echársela sobre su gastado kimono. Se aseguró de poder moverse libremente con ella puesta, sin que cayera, y luego escondió sus manos en las mangas, lista para salir a la intemperie.

El lugar donde dormía estaba junto con el resto de cuartos de los sirvientes. El suyo era el más pequeño, pero no le importaba. Se lo habían asignado porque era normal que pasara las noches en la habitación de Kyo... De eso hacía algunos años, pero no había reclamado porque, comparándolo con el lugar donde había dormido cuando servía a los Yagami, aquella habitación era un regalo. Además, prefería su pequeño rincón privado a las miradas de reproches que le daban los demás sirvientes al saber que la preferida de Kyo-sama había sido sirvienta en la mansión Yagami.

Afortunadamente no se encontró con nadie cuando salió y echó a andar trabajosamente por la nieve. El frío de la noche la había congelado, y no se hundía, pero sus pies resbalaban y tenía que caminar despacio. Era algo agotador, especialmente llegar a la parte alejada del muro que protegía la mansión, allí donde los árboles crecían sin control y un pequeño agujero había sido formado por una rama rebelde en busca del sol. Debía agacharse y encogerse para llegar allí, arañándose las mejillas y rasgando sus ropas, pero no importaba, era necesario. Cruzó el bosque sin problemas, reconociendo el lugar a pesar de la nieve y las formas cambiantes del invierno. Un pájaro rojo trinó. Un precioso pajarillo en lo alto de una rama nevada. Era un bonito contraste con la nieve y el cielo gris. Y era un mensaje que sólo ella comprendía.

Tropezó y estuvo a punto de caer, pero vislumbró el agujero en el muro y se apresuró a llegar a él. Estaba más grande que la última vez pero, oculto entre los árboles del interior y del exterior, nadie lo notaría. No había guardias por ese sector, y salvo por las habitaciones de un grupo de ninjas, el sector estaba desierto.

El pájaro echó a volar, y ella sonrió, llegando al fin al muro, y apoyándose en el agujero, para poder salir.

Del otro lado, la luz de invierno la recibió. Saliendo de la penumbra del bosque nevado, el hermoso campo blanco que se extendía hacia el horizonte la hizo quedarse admirando la belleza del paisaje. Una carretera pasaba por un lado, lejano, y el camino de tierra y piedras que llevaba hacia la mansión había sido limpiado hacía poco, para que los vehículos de los invitados pudiesen entrar y salir sin dificultad.

Pero en ese momento, el único vehículo que había allí era un automóvil negro, ligeramente cubierto de escarcha y nieve. No fue necesario acercarse, porque apenas lo miró, la puerta del lado del conductor se abrió. Ella se apresuró a hacer una profunda inclinación.

- No es seguro que estés aquí - dijo la persona que había descendido del auto, mientras se le acercaba y la obligaba a retroceder junto al muro -. Muchos ninjas han salido esta mañana, y vigilan.

Ella asintió. Lo sabía.

- ¿Para qué me ha llamado? - preguntó luego, sin levantar la cabeza. Sus ojos fijos en los zapatos negros del joven que le hablaba.

- Información - fue la respuesta. Kyoko cerró los ojos. ¿Información? Sí... era lo mismo de siempre. Ella, la pequeña espía dentro de la mansión de los Kusanagi. - Quiero saber si es verdad el rumor del cambio de líder del clan.

Ella asintió.

- Souji-sama es ahora el líder... Kyo-sama no pudo pasar el He... Henka... - las palabras se le cortaban, sus labios temblorosos. No podía echarse a llorar frente a él, pero no podía decirle eso sin sentir una angustia por su joven amo.

Sintió una mano áspera limpiando una lágrima que bajó sin que ella lo notara.

- ¿Está vivo aun? - fue la siguiente pregunta. Un leve asentimiento, la respuesta. Kyoko no podía hablar. Veía la sangre, las lágrimas rojas, el dolor... Un sollozo escapó de sus labios. El viento la golpeó en ese momento, su frágil figura, el ondular de la manta que descubrió su viejo kimono. El joven se acercó a ella, cortando el viento con su alto cuerpo, protegiéndola.

- Souji-sama ordenó matarlo - susurró Kyoko -. No le importa si muere ahora o después. Lo quiere muerto lo antes posible. Por eso los ninjas... los guardias... Por eso vigilan todo, porque deben encontrarlo...

- ¿Dónde está?

Kyoko dudó, pero finalmente dijo:

- En la mansión, en una habitación que nadie usa.

Una leve risa hizo que su interlocutor se estremeciera.

- Ese idiota - dijo, con voz baja y profunda.

- Pero se irá - dijo Kyoko, luego -. Dice... dice que no quiere morir aquí...

- Es comprensible... - había un leve tono de pesar en su voz mientras daba media vuelta para irse. Ya había oído lo que quería saber. No tenía nada más que hacer allí.

La nieve crujió bajo sus pasos, pero en seguida se oyeron los ligeros pasos de Kyoko tras él.

- Onegai {Por favor...}- dijo ella sin levantar la mirada, y apretando sus manos -. Por favor... sé que es un atrevimiento... una locura...

La desesperación en su voz hizo que el joven se detuviera y la mirara. Era la sirvienta de Kyo, pero al mismo tiempo también lo era suya. Nunca en toda su vida le había pedido nada, le sorprendió el que se atreviera, y la observó pensativo. Lentamente Kyoko alzó la cabeza, y luego su mirada, observándolo fijamente a los ojos -. Por favor - rogó -. Por favor ayude a Kyo-sama...

- ¿Ayudarlo? - repitió él, extrañado -. ¿Haciendo qué? No puedo ofrecerle más de lo que le ofrece tu líder: una muerte. Es todo lo que he tenido para ofrecerle desde el comienzo.

Los ojos de Kyoko se llenaron de lágrimas desesperanzadas. Negó con la cabeza.

- Salir de aquí, es todo lo que quiere - murmuró -. No resistirá un viaje hasta la ciudad... y... morirá de todas formas, pero no quiero que esté aquí cuando suceda... Por favor...

Nuevamente pasos sobre la nieve, y la mano en su mejilla secándole las lágrimas.

- Jamás vas a cambiar. - Un susurro, sólo para ella.

El viento sopló de nuevo, y ella miró el rostro frío y serio de su segundo amo. El viento apartó los largos mechones de cabello rojo, dejando ver sus hermosos ojos del mismo color observándola fijamente. Vestía de negro, un largo abrigo que llegaba a sus rodillas o un poco más abajo, y su larga bufanda revoloteaba con la brisa helada.

- Sólo por esta vez - fue lo siguiente que oyó -. Antes de la medianoche.

Antes de la Navidad...

Kyoko sintió un gran alivio. Hizo una profunda inclinación mientras decía:.

- Arigatou gozaimashita, Iori-sama...

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MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001