~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 7.- Christmas no Puresento ~ {Regalo de Navidad}

Hacia el atardecer, Alex y Syo habían desaparecido. Cada cual fue donde sus hombres, a reunir algo de información. Kyoko se quedó acompañando a Kyo, y las horas pasaron lentamente mientras ella veía como el dolor iba y venía. Kyo le sonreía de vez en cuando, sin saber la agitación que había causado entre los hombres al mando de Souji. La muchacha había comentado que sería mejor sacar a Kyo de allí esa misma noche, y Alex estuvo de acuerdo. Era mejor ahora que los sirvientes estaban ocupados atendiendo a la familia. Syo los miró desaprobándolo todo, pero cuando regresó, aquella tarde, no pudo menos que aceptar el precipitado plan. Sus hombres le habían hablado de recompensas por quien matara a Kyo, así como ascensos, o la oportunidad de retirarse de la vida como sirviente y disfrutar de un futuro lleno de comodidades.

Ya se habían desplegado por toda el área, es más, estaban de incógnitos por toda la ciudad cercana y no había modo de pasar por ella sin ser descubiertos. Alex temía que Kyo no resistiera el viaje. Lo había visto tener problemas incluso para caminar hacia el salón de la mansión, estaba seguro de que no podrían lograrlo. Se sentía impotente al no poder hacer nada. Incluso la sola idea de llevarlo en su moto era una locura.

- Les estoy causando demasiados problemas - dijo Kyo al verlos discutir, se acababa el tiempo -. ¿Por qué no lo olvidan...?

La mirada de Syo y Alex bastó para que Kyo callara, silenciosamente agradecido por el deseo de aquellos dos jóvenes por obedecerlo hasta el final. Había sido afortunado al conocerlos... Se detuvo. Ah, ahora estaba pensando en pasado, como si ya estuviera muerto...

Hubo una larga discusión, y no llegaban a nada, hasta que finalmente Kyoko miró el reloj, algo impaciente y dijo tímidamente:

- Sé que es una locura, pero yo... Habrá un automóvil esperando a la medianoche...

Syo le lanzó una mirada indagante.

- Por el bosque... hay una salida allí... - los miró y se sonrojó -. No me pregunten por qué o cómo. Esa persona... yo confío en él... Sé que me ayudará...

- ¿A la medianoche, dices? - repitió Alex. Faltaba muy poco.

- Sin llevar nada, sin tardarse más de lo necesario, el camino se recorre en casi diez minutos - explicó ella.

Syo frunció el ceño.

- Diez minutos de noche es como ir y gritarles a los ninjas: Hey, atrápenme.

Kyoko asintió. Luego miró a Alex y se inclinó hacia él.

- Permítame... - dijo, señalando el puñal que el ninja llevaba en el cinto. Alex se lo entregó extrañado, y Kyoko lo miró como si disfrutara de la hoja plateada. En seguida se llevó una mano al cabello, soltándolo, dejando que le cayera lacio sobre los hombros. Era brillante y castaño, espeso. Muy hermoso. Kyoko sonrió.

- No lo hagas - la voz de Kyo, débil, los sorprendió porque pensaban que estaba durmiendo. Todos se volvieron hacia él. - No es necesario - insistió, pero Kyoko le sonrió suavemente.

- Pero quiero hacerlo - dijo -. Kyo-sama no tame ni {Por usted, Kyo-sama.}

Y, sujetando todo su cabello en una mano, se llevó el cuchillo tras el cuello, rozando la aguda hoja contra los largos mechones, que empezaron a caer al suelo como ondas. Poco a poco recorrió toda aquella larga melena, hasta que no quedó más abajo de sus orejas. Sacudió la cabeza, desordenando los mechones, cortos ahora... y Alex se sorprendió al ver a la joven copia de Kyo que tenía al frente. El parecido era increíble, a pesar de los rasgos femeninos de la muchacha, y su poca altura. Pero de noche, oculta entre las sombras, sería un perfecto señuelo para los ninjas sedientos de ambición, mientras Kyo llegaba a un lugar seguro.

- Te matarán - murmuró Kyo, frunciendo el ceño y negando con la cabeza -. Sabes cómo son, te matarán...

- Shitai desu {Quiero hacerlo} - repitió la muchacha, haciendo una inclinación. Su corto cabello cayó sobre sus ojos, y ella lo apartó con una mano, que luego se llevó a la cinta que sostenía su simple kimono, y tiró de ella. La tela se abrió, dejando ver que bajo la gastada prenda llevaba una camiseta blanca, y pantalones negros. Kyo parpadeó. ¿Qué no era ese su viejo uniforme de colegio? Kyoko no dijo palabra, sólo dobló el kimono cuidadosamente y se acercó al estante para guardarlo en uno de los cajones. De ese mismo lugar sacó la chaqueta negra que completaba el uniforme, y se la puso. Alex la miraba con una extraña expresión en el rostro. Syo estaba igual. Sabían que Kyoko se había parecido muchísimo a Kyo cuando ambos eran niños, pero jamás pensaron que una muchachita tan delicada pudiera tener las hermosas facciones del joven Kusanagi, y lo que les sorprendía aun más, era que aquella sumisa sirvienta había tenido todo planeado, incluso se les había adelantado a ellos -. Saa, ikimashou ka? {Y bien, ¿vamos?} - preguntó ella con una leve sonrisa, al ver que ninguno de los tres jóvenes se movía, y ya no había tiempo.

El plan fue improvisado en pocos minutos. Saldrían por la puerta trasera de la mansión, rodeándola hasta llegar al camino que llevaba al bosque. Si algo sucedía, Syo y Kyoko echarían a correr sin dirección determinada, para distraerlos, mientras Alex y Kyo intentaban llegar a la salida del bosque. Sonaba simple y, si tenían suerte, los cuatro saldrían a salvo de la mansión. Sino... ya encontrarían la forma de reunirse.

- El automóvil esperará hasta la medianoche - explicó Kyoko mientras, silenciosos, recorrían los pasillos casi a oscuras de la casa para llegar a la salida. Era la noche de Navidad, y todos debían estar reunidos en el salón. Los miembros del clan, y los sirvientes, todos. Quizás lograrían salir sin llamar la atención.

Alex abrió la puerta de madera, que se apartó con un chirrido. Syo sostenía fuertemente a Kyo, quien vestía un simple traje y estaba envuelto en un largo abrigo negro. Kyoko esperaba a su lado, envuelta en su manta también negra. Alex les hizo una seña y echaron a andar por la nieve endurecida. El resplandor del salón donde la familia estaba reunida iluminó el camino hacia el frente de la casa. Ambos ninjas observaban fijamente, atentos a cualquier ruido o presencia que pudiera dar la voz de alerta. Sin embargo todo estaba vacío y silencioso.

- Por allí - murmuró Alex, alejándose un poco del sendero y yendo hacia la izquierda. Las siluetas de los árboles se dibujaban contra el cielo gris de aquella noche invernal. Syo se detuvo, dejando que Kyo tomara un respiro. El joven miró a Alex interrogadoramente. El ninja sólo señaló una pequeña construcción que se alzaba un poco más allá. Era donde se encontraban sus habitaciones y las de sus compañeros -. Es normal ver gente por aquí en la noche. Todo este sector es nuestro territorio - explicó el joven rubio -. No nos molestarán si vamos por este camino.

- ¡Kyo-sama! - la exclamación de Syo hizo que Alex se sobresaltara. El joven estaba tosiendo, y la nieve se manchó con algunas gotas de sangre.

- Daijoubu... {Estoy bien} - susurró Kyo, cerrando los ojos un momento. Su corazón latía desesperado, tenía la sensación de que iba a morir en ese lugar, pero no quería alarmarlos. ¡Era suficiente con todo lo que estaban haciendo por él esa noche! Todos sabían que, de ser descubiertos, sus destinos habrían sido sellados. Jamás podrían volver a servir a los Kusanagi, y lo más probable sería que Souji enviara a matarlos a ellos también. Por Syo y Alex no temía. Sabía que eran capaces de cuidarse por sí mismos... pero ¿y Kyoko? Les estaba arruinando la vida a los tres... ¿y por qué? Sólo por un capricho. Un capricho de alguien que no viviría mucho más tiempo.

Un golpe seco contra la nieve se oyó claramente. Una sombra que cayó justo frente a ellos y a la que Alex se encargó de enfrentar. El joven estaba en guardia, listo para matarlo si era necesario. El puñal firme en su mano, desenfundado con un movimiento tan rápido que ni siquiera habían notado cuando lo tomó.

- ¿Qué es lo que quieres? - exigió saber Alex. ¿Cómo podía decir si era amigo o enemigo, si todo lo que tenía al frente era una alta sombra negra, cuyos ojos no podía ver?

Se quedaron quietos, ambos. Syo esperaba ver cómo Alex atacaba, pero se sorprendió al notar que el desconocido se quitaba la máscara que le cubría el rostro. Los rasgos tan jóvenes fueron lo primero que llamó su atención. Unos ojos azules oscuros, que a luz de la noche tomaban un brillo iridiscente, un rostro delicado, casi tanto como el de Alex... Pero en seguida Syo se dio cuenta del largo cabello rubio que, liberándose de la máscara, caía por su espalda, largo y sedoso, ondulándose con el suave viento frío.

Alex pareció relajarse, reconociendo a uno de sus compañeros.

- ¿Shikai? - dijo, suavemente, y el joven ninja asintió, sonriendo un poco. Pero en seguida vio a Syo, a Kyo y al muchachito parecido a Kyo y calló. Hizo un gesto para que se apresuraran.

- Estamos contigo, Alex - fue todo lo que dijo, haciéndole un guiño y cubriéndose el rostro nuevamente. Se acercó a su lider, señalando la lejanía -. No se detengan en el pueblo - dijo -. Obligadamente deben pasar por allí si toman la carretera, pero no se detengan. Hay un grupo de espías allá... y de seguro ya alarmaron a todos...

- Maldición... - murmuró Alex. El pueblo quedaba hacia el este, y debían cruzarlo para poder llegar a la ciudad más cercana al amanecer. Si iban hacia el oeste, no encontrarían nada salvo kilómetros de vacío. Kyo debía estar viajando el menor tiempo posible...

El joven, Shikai, miró preocupado la expresión frustrada de su lider. Usualmente Alex era alegre o confiado, pero toda esa situación lo había alterado en algo. Shikai lo sabía, aunque Alex no lo demostrara. Hizo un gesto como para despedirse, y una leve inclinación de cabeza a Kyo.

Alex le hizo una seña a Syo para que continuaran. El bosque estaba cerca y hasta el momento no habían visto ninjas ni guardias que pudieran causarles problemas. Volvieron a echar a andar por la nieve, dejando atrás a Shikai, que se quedó vigilando la mansión Kusanagi, llegando en silencio hasta la entrada del bosque. Kyoko se adelantó unos pasos.

- El camino es un sendero marcado en la nieve. Es imposible perderse - dijo, y en ese momento un silbido agudo resonó en la inmensidad de la noche. Alex se volvió sobre su hombro, mirando la mansión y sus luces, la pequeña casa donde dormían sus hombres, y lejanas sombras moviéndose a toda velocidad hacia ellos. El silbido volvió a sonar. Era el aviso de Shikai, anunciando el peligro.

- Maldición - murmuró Alex, dando unos pasos hacia la mansión, hacia los hombres que en pocos segundos estarían sobre ellos. No podían correr por el bosque en ese momento, no había tiempo.

- Alex-san - dijo Kyoko, yendo hacia él y entregándole la manta negra que cubría sus hombros, dejando al descubierto el traje de colegio que vestía. Se veía asustada, pero determinada al mismo tiempo. Syo los observó, y sonrió, volviéndose hacia Kyo.

- Kyo-sama - dijo suavemente con una dulce sonrisa en el oído de Kyo, que lo miró con ojos vidriosos -. Sayonara... - dijo Syo, repitiendo con ternura las palabras que Kyo le había dicho al despedirse, hacía tantos años -. Ki wo tsukete kudasai. {Adiós... cuidese por favor.}

- Syo... - Kyo cerró los ojos un momento. Podía ver a los ninjas y guardias que se acercaban. Sabía que si se entregaba sus amigos estarían a salvo, pero al mismo tiempo sabía que ellos no aceptarían el dejarlo hacer eso. Estaban preparados para hacer lo que fuera por él, no se echarían para atrás.

- Oi, Alex - Syo llamó al ninja, que esperaba, como si estuviera considerando la situación -. Te encargo a Kyo-sama - dijo suavemente, aun con una sonrisa -. Ore ga yaru, oamera ga koko kara dete, kure {Yo me haré cargo de ellos, ustedes sólo salgan de aquí}.

El joven rubio quiso protestar, pero Syo le hizo un gesto de silencio, y le sonrió con confianza.

- Estaremos bien - dijo, y luego miró a Kyoko -. Ike {Vamos}.

La muchacha asintió, hizo una profunda inclinación ante Kyo y Alex, que esperaban, y luego les dio la espalda. Era peligroso, y si la atrapaban quizás moriría... pero no le importaba. ¿Acaso no era el deber que tenía que cumplir ante su amo? Y Kyo la había tratado tan bien a lo largo de su vida, que se lo debía. Sin Kyo ella no hubiera llegado allí; tenía todo el derecho, y el deber, de arriesgar su vida por él.

Así, Kyoko y Syo echaron a correr, alejándose del bosque, siendo evidentemente visibles. Alex, aun sorprendido ante sus actitudes, vio como los ninjas se desviaban y seguían a las figuras en movimiento. Sí, estaba funcionando, y les daría el tiempo necesario.

- Vamos, Kyo - dijo. Quiso tomar el brazo del joven, para sostenerlo, pero él le sonrió débilmente.

- Puedo solo, no te preocupes - le dijo, y Alex, aunque reticente, asintió.

Él hizo el camino detrás de Kyo, por si en algún momento debía ayudarlo, pero, a pesar de sus pasos débiles e inestables, y los ocasionales gemidos de dolor, el joven recorrió el espacio que lo separaba del muro, sin ayuda. Alex se sintió ligeramente aliviado al ver que no parecía estar tan mal como había pensado...

La mano de Kyo se posó en el frío concreto del muro, y luego el joven se volvió para apoyar la espalda en él. Jadeaba, y cerró los ojos, en un intento de concentrarse en recuperar el aliento. Alex examinaba el agujero hecho por las ramas del árbol, y se asomó para ver el exterior. Había un camino en medio de aquel bosque. Un sendero de tierra, que llevaba a la mansión, y más allá se veía la carretera. Pero no había señales de un auto o de alguien esperándolos.

- Kyo, ¿crees que esa muchacha...? - empezó a preguntar, dudando de Kyoko, pero en seguida calló al ver el rostro del joven. Un hilo rojo brotaba de sus labios y sus ojos, como una lágrima que recorría toda su mejilla y manchaba su ropa. Temblaba, abrazándose a sí mismo, en medio del dolor. El ninja se le acercó, tocándole levemente el brazo. Kyo se inclinó hacia él, apoyándose en su pecho, dejando que sus brazos lo rodearan, cálidos. Le dolía, sí. Le dolía tanto que pensaba que iba a morir, sin poder salir de la mansión.

No estaría mal, pensaba Kyo, caer en la nieve y que el frío lo entumeciera y no sintiera nada más. Quería dormir, y en ese momento la nieve le parecía atractiva, un lugar perfecto. Pura y fría... Pero... ¿por qué Alex estaba allí? No quería que lo viera en ese estado. Le angustiaba el que su maldición tuviera que hacer sufrir a los que lo rodeaban también. Syo, Alex, su madre, Kyoko... Yuki... Pensó en Yuki con una punzada de dolor. Hacía mucho que no la veía... y no la volvería a ver jamás. Jamás.

Voces lo obligaron a abrir los ojos. Sintió que Alex se ponía alerta. Eran voces de ninjas, los habían descubierto.

- Demonios... - gruñó el ninja, ayudándolo a llegar al agujero, preguntándose qué había sucedido con Syo y Kyoko -. Será mejor que salgamos. No se puede pelear en este espacio tan reducido.

Kyo asintió, dejando que su amigo lo ayudara a pasar el agujero, y luego a llegar al otro lado del muro, donde se apoyó en un árbol. Las voces se oían lejanas, como si los buscaran. Debían salir de allí.

Sujetando a Kyo por la cintura, Alex lo ayudó a recorrer la distancia que los separaba del final del bosque. Podían ver el cielo de invierno al otro lado, iluminados sólo por la débil luz de la luna que se asomaba a través de las densas nubes. Para Alex la luz no era necesaria, estaba acostumbrado a la vida en las sombras, pero de alguna manera se sentía más seguro en un lugar iluminado. Afortunadamente ya casi habían llegado a la salida.

El viento helado los hizo estremecerse. Lejos de la protección de los árboles, el clima invernal los recibió con toda su crueldad. Alex dejó que Kyo se apoyara en el muro, mientras sus ojos recorrían el paisaje en busca de enemigos. No veía a nadie, pero aquello era relativo. Todos eran ninjas, y él no los conocía. Podían estar en cualquier lugar.

Un sonido agudo pasó junto a su mejilla, y apenas tuvo tiempo para esquivar la saeta que había sido disparada contra él. Sombras cayeron del cielo, rodeándolo, y rodeando a Kyo también. Lo primero que pensó fue en proteger al joven, pero primero tenía que deshacerse de sus atacantes. Furioso, empuñó el cuchillo y lanzó un golpe, girando sobre sí mismo, alcanzando las gargantas de los desprevenidos hombres. Intentó llegar a Kyo, vio que se defendía, que peleaba, sin invocar a sus llamas, pero eficientemente; después de todo sólo eran meros sirvientes.

Sin embargo aquello no podía durar mucho tiempo. Eran demasiados contra ellos dos solos. Alex frunció el ceño, sus ojos verdes oscureciéndose con furia. No podía dejar de pensar que todo había sido una trampa. Que Kyoko los envió a esa emboscada y Syo la había ayudado. ¡Era lo más obvio! Después de todo, ambos eran sirvientes en el clan Kusanagi. La forma en que había sido inculcada la fidelidad hacia el clan en sus mentes era algo que Alex jamás comprendería. Él y sus hombres eran diferentes, no le debían nada a nadie, y si estaban en esa mansión era por su amistad hacia Kyo. Sólo hacia Kyo.

Más sombras llegaron, cayendo a su alrededor. Sujetó firmemente el puñal, pero antes de que pudiera atacar, una voz habló:

- Hey, somos nosotros, Alex.

Y, al mismo tiempo, los recién llegados descubrieron sus rostros. El más cercano a él era Shikai, su cabello desordenado, sus ojos brillando por la emoción de una buena pelea. Tras él, los otros dos jóvenes ya le habían dado la espalda, observando fijamente al grupo de atacantes que se acercaba.

Alex se sintió aliviado. Bien, aquello se volvía más justo.

Dejando que sus amigos se encargaran de los guardias que seguían llegando, fue a darle una mano a Kyo, y se sorprendió al ver que se había deshecho de sus atacantes fácilmente. Kyo le hizo un guiño, y él no pudo evitar sonreír. Corrió hacia donde estaba, para asegurarse de que estaba bien. Kyo lo tranquilizó con una mirada. Alex iba a sonreírle cuando a su espalda oyó claramente el salvaje grito de un ninja que caía del cielo:

- ¡SHINE! {¡MUERE!}

Se volvió, pero no lo suficientemente rápido. Vio la figura sobre él, los brazos en alto sosteniendo una espada lista para cortarlos, a ambos, en dos. Abrió los brazos, intentando detener el golpe, y escuchó el grito de Kyo para que se apartara del camino de la espada, pero, ¿cómo iba a hacer eso? Prefería recibir el golpe él, a dejar que hirieran a Kyo.

Una mano en su cintura, y otra en su pecho, lo hicieron estremecer, y al segundo siguiente se sentía rodar por el suelo, en los brazos de Kyo que, reuniendo toda la fuerza que le quedaba, lo había apartado.

El chirrido de la hoja de la espada al hundirse en el muro y cortar la piedra como si se tratara de mantequilla le produjo escalofríos, pero no tuvieron tiempo de fijarse en eso, porque casi al instante una explosión púrpura envolvió al ninja que los había atacado, haciéndolo arder y retorcerse de dolor, antes de caer muerto al piso.

- ¿Qué...? - exclamó Alex. El fuego llamó la atención de los demás guardias, y algunos corrieron para atacar. Alex aun estaba atrapado en el abrazo de Kyo, y no podía ponerse de pie. Sólo se le ocurrió volverse e interponer su cuerpo para protegerlo, pero no fue necesario. Dos esbeltas figuras saltaron entre los ninjas y ellos, y de dos certeros golpes que parecieron cortar el aire, acabaron con los atacantes, seguidos de ligeros comentarios hechos con voz de mujer.

- No nos pensabas dejar sin diversión, ¿ne, Yagami? - habló una.

- Especialmente en la noche de Navidad - dijo la otra.

Alex se incorporó, ayudando a Kyo también, que yacía a su lado. Observó a las mujeres, una rubia y una de cabello castaño oscuro, con largos vestidos que dejaban ver sus piernas esbeltas. Parpadeó. ¿Acaso no eran las compañeras de Yagami Iori en el torneo?

Finalmente, la tercera figura apareció. Su imponente porte, y su expresión fría y despectiva, hicieron que Alex lo reconociera aun antes de poder ver bien su cabello rojo, o sus ojos, o escuchar su voz diciendo:

- El automóvil está en el bosque.

No podía creerlo. No, no podía, se repitió mientras se ponía de pie sosteniendo a Kyo, que parecía tan sorprendido como él. ¿Yagami era la ayuda que Kyoko había conseguido? ¿Pero cómo...?

- ¡Es un Yagami! - se oyó a su espalda.

- Souji-sama tenía razón, ¡Kyo-sama ha traicionado al clan!

- ¡Deben morir!

Alex miró por sobre su hombro. Sus hombres hicieron un buen trabajo en detenerlos, pero pronto necesitarían ayuda.

- ¿Qué demonios haces aquí... Yagami? - preguntó Kyo débilmente, pero con un dejo de furia en su voz.

No recibió respuesta. Iori sólo lo observó. Kyo se veía tan patético, tan mal... Pálido, con sangre en sus labios, incapaz de estar de pie por si mismo. Pero, al mismo tiempo... todo aquello le produjo una sensación de pesar. Henka... era el equivalente al Riot. Sabía que Kyo debía estar muy asustado, y sufriendo. Por primera vez en su vida, desde que conocía a Kyo, sintió algo de lástima por él.

Dio un paso hacia Alex, y apartó a Kyo de él. Pasando una mano tras su espalda, y otra bajo sus rodillas, para alzarlo tan súbitamente que ni Kyo ni Alex pudieron reaccionar.

- ¿Pero qué pretendes...? - intentó protestar Kyo, pero Iori dio media vuelta, caminando en dirección al bosque -. ¡Alex! - llamó Kyo al ver que su ninja no lo seguía.

El joven rubio le sonrió dulcemente.

- Em quedarè aquí amb els meus companys {Me quedaré aquí, con mis compañeros} - dijo con suavidad en catalán, para que sólo Kyo lo entendiera -, per donarvos una mica més de temps {para darles un poco más de tiempo}.

Kyo negó con la cabeza, su mano extendida hacia su amigo. Demasiados ninjas, era peligroso... era... el suicidio.

Pero no hubo forma de protestar, porque Alex ya corría hacia sus hombres, el puñal sujeto en su mano. No tardó en desaparecer, rodeado de aquellos guardias ambiciosos que harían lo que sea por ganar algo de dinero destruyendo a los traidores.

Mature y Vice se miraron, y luego corrieron para alcanzar a Iori, que casi había llegado al bosque y estaba de pie junto al automóvil oculto entre los matorrales. Continuaba con Kyo en sus brazos, como si el joven no pesara nada. Sus ojos brillaban pensativos, observando el rostro de su rival. Mature notó aquella expresión del pelirrojo, pero no la supo interpretar. No entendía porqué lo estaba ayudando.

Vice se apresuró a abrir la puerta del automóvil para que Iori pudiera depositar a Kyo en el asiento trasero, y lo cubrieron con una manta, dejando al descubierto sólo su rostro. La joven de cabello oscuro se sentó al lado de Kyo, haciendo que este apoyara su cabeza en su regazo, y, en un gesto inconsciente, acarició su suave cabello. Mature subió adelante, junto a Iori que ya había echado a andar el motor.

Retrocedieron arrancando los matorrales y regresando al camino con muchas sacudidas y maldiciones de parte de Vice, pero pronto estuvieron alejándose de la mansión Kusanagi, dejando atrás a los ninjas que aun se enfrentaban e intentaban alcanzarlos.

En el silencio que siguió, Mature se volvió para observar al joven Kusanagi, que parecía descansar plácidamente en el regazo de su amiga. La miró a ella, y se sonrieron. ¿Qué hacían con Kyo en esa noche? Era increíble.

Habían seguido a Iori porque temían que haría una estupidez, pero jamás se imaginaron que raptaría a Kyo.

Mature observó al pelirrojo, que notó su mirada y se volvió hacia ella, mientras conducía a toda velocidad por la carretera. La rubia sonrió, lentamente miró a Kyo, y luego a Iori de nuevo. Cerró los ojos dulcemente, creyendo comprender.

- Feliz Navidad, Yagami - dijo gentilmente. Rió ante la expresión sorprendida de Iori, pero luego se sintió complacida cuando el pelirrojo miró a Kyo por el espejo retrovisor y sonrió levemente.

* * *

Nota: Shikai y los ninjas a cargo de Alex (Kaiji y Hiroshi) son los personajes invitados, originales de "Llegendes de Foc ~ Jocs Perillosos" ^^

[ Capítulo 8: Comprensión ] [ Volver a Shades Fanfics ]

KOF pertenece a SNK
Los demás personajes son propiedad de
MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001