Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 8.- Comprensión

Kyo abrió los ojos. Se sentía harto de eso. Abrir los ojos y no saber donde estaba, sentir el dolor y desear seguir durmiendo. Dormir eternamente, hasta morir. Era lo mejor. Pero los bruscos movimientos que lo sacudían no lo dejaban descansar. Demasiado monótonos, y el sonido, un automóvil deslizándose solitario por la noche.

Un automóvil, la noche.

Intentó incorporarse, pero no pudo hacerlo. Sintió una mano sujetándolo del hombro, y otra sobre su pecho, presionando y causándole dolor. Observó, pero todo lo que vio fue un perfil iluminado por la tenue luz nocturna. El viento helado acarició su mejilla y su cabello, una puerta estaba abierta... No, ambas puertas del lado izquierdo estaban semiabiertas, y el conductor del vehículo era quien estaba vuelto hacia él, sujetándolo contra el asiento, inclinado de modo que no se podía ver a través de las ventanillas.

No avanzaban, el auto se había detenido.

Parpadeó al ver los ojos rojos tan cerca de él, observándolo fijamente.

- Ya... - su garganta estaba seca, y la voz que oyó no parecía la de él -. ¿...Yagami...? - consiguió decir finalmente.

- Cállate - fue la respuesta, en un susurro.

Fue entonces que Kyo oyó los gritos y los golpes. El sonido de cuerpos cayendo al suelo, y una risa femenina, cargada de crueldad y satisfacción.

- ¿Dónde estamos? - preguntó Kyo, levantando una mano para sujetar la muñeca de Iori e intentar apartarlo, en vano. El pelirrojo pareció perder la paciencia, y movió su mano del pecho a los labios de Kyo, cubriéndole la boca para que se quedara en silencio. Kyo se retorció levemente, y casi al instante empezó a toser. No podía respirar normalmente, jadeaba. Iori no había notado eso, y al cubrirle la boca lo había ahogado..

- Maldición, Kyo - oyó que decía el pelirrojo.

Un golpe violento contra la portezuela del vehículo sobresaltó a Kyo, que vio el rostro sangrante de un hombre resbalar por la ventanilla, dejando un rastro rojo en el vidrio. Una silueta oscura apareció tras él, sujetándolo del cabello con una sonrisa maléfica. ¿Vice?

- Dime qué está pasando - exigió saber Kyo, su voz cargada de rabia. No entendía qué hacía con Yagami. ¿Por qué Alex no estaba allí? ¿Y Syo? ¿Y dónde demonios se encontraban en ese momento?

Otro golpe. Esta vez sobre él. El vehículo se sacudió, era alguien de pie en el techo...

- Son los malditos ninjas de tu clan - murmuró Iori. El pelirrojo entrecerró los labios y empezó a alejarse un poco. Iba a salir del automóvil para ayudar a sus dos compañeras cuando de pronto un sonido familiar para ambos se escuchó. En un primer momento no pudieron reconocer qué era, un silbido, un largo sonido metálico... Como una espada al ser desenvainada. Los ojos de Iori se encontraron con los de Kyo en el momento en que una larga hoja de katana atravesaba el techo verticalmente, yendo directamente sobre el rostro de Kyo. Incapaz de reaccionar, vio claramente como la hoja traspasaba el metal con una facilidad abrumadora, con un sonido escalofriante. Sintió como la punta tocaba su mejilla mientras un chorro de sangre manchaba la hoja.

Era cálida, como la sangre que él había estado perdiendo todos esos días. Espesa y salada, cuando se introdujo entre sus labios entreabiertos de sorpresa. La hoja temblaba, y cortó su mejilla, pero era lo de menos. Ni siquiera notó el agudo dolor. Todo lo que podía ver era la sangrante mano de Iori, sujetando, desnuda, el filo de la espada. La sangre corría abundante, caía sobre él, pero la expresión de Iori era tan fría como siempre, como si el dolor fuera una mera sensación que él era capaz de ignorar.

Lentamente, el pelirrojo empezó a empujar la hoja de la espada hacia arriba, se oyeron algunas maldiciones antes de que, con una violencia que sorprendió a Kyo, el fuego rodeara la mano herida de Iori y corriera por la sangre, como si se tratara de un líquido inflamable. Pasó a través del agujero en el techo, alcanzando a quien se encontraba del otro lado.

- ¡Yagami! - Kyo no pudo evitar una exclamación, sabía que el corte había sido profundo. La cantidad de sangre sólo lo corroboraba. Quiso sujetar la mano de Iori, pero éste se apartó bruscamente, haciendo presión con su otra mano, usando una parte de su largo abrigo para detener la hemorragia.

No podía comprender por qué lo había hecho... ¿Por qué? ¿Un acto reflejo? Iori lo había salvado de una muerte segura. De nuevo lo había salvado. Pero era irónico. Morir ahora o más tarde... daba exactamente lo mismo.

Se incorporó trabajosamente ahora que Iori lo había liberado. Inclinándose hacia adelante entre los asientos, extendió su mano y rozó la de Iori, suavemente, para indicarle que quería ver su herida. No dijeron nada, el pelirrojo se volvió a medias hacia él, pero dejó que Kyo introdujera sus dedos helados entre los suyos, extendiéndolos despacio, dejando ver el profundo corte que se había abierto en su palma.

- Jamás voy a entender porqué haces este tipo de cosas, Yagami - murmuró Kyo, sujetando su mano y posando la suya sobre la de Iori.

Iori quiso decir algo, pero en ese momento un brillo dorado lo distrajo. ¿Fuego? Sorprendido, levantó la mirada hacia Kyo, que había cerrado los ojos debido al esfuerzo que le producía ahora el invocar a lo que quedaba de su poder. Iori pensaba que lo había perdido completamente, pero ya podía ver que no era así. La débil llama brotaba de su mano, quemando su sangre y su piel, sin producir demasiado dolor, cauterizando la profunda herida, al menos durante un tiempo.

- Tú tampoco eres fácil de entender - gruñó Iori cuando Kyo terminó, y lo sujetó cuando el joven resbaló entre los asientos, agotado.

Un grito en el exterior los distrajo. Era Mature, justo frente al vehículo. Sujetaba su hombro, donde su blusa había sido rasgada y sangraba abundantemente. Se veía furiosa y sorprendida, un ninja estaba frente a ella, amenazante. Iori hizo un movimiento para ir a ayudarla, pero Vice apareció de pronto detrás de la rubia, con una sonrisa sádica que Iori no había visto desde el final de la batalla contra Orochi. La joven tenía los labios manchados de sangre, y nunca dejó de mirar al ninja mientras se inclinaba hacia su compañera y apartaba su mano para ver la herida. Sacando la punta de la lengua, Vice lamió el rastro de sangre en la piel de Mature, y luego sonrió ampliamente. Dijo algo, algo que hizo retroceder al ninja un par de pasos.

Las dos mujeres se veían peligrosas, casi salvajes. La sangre manchando sus ropas, como en los tiempos en que eran Asesinas de Orochi. Los ninjas las conocían, pero una cosa era sorprenderse de verlas con vida luego de años de ausencia, y otra muy diferente enfrentarse a ellas y a sus maneras sangrientas y despiadadas.

Iori bajó del automóvil al mismo tiempo que Vice saltaba hacia adelante, como una fiera acechante, y con su látigo atrapaba del cuello al desafortunado que se atrevió a herir a su compañera. Mature se apartó y se acercó a Iori, sin dejarlo ir hacia la ocupada Vice.

- Será mejor que salgan de aquí - dijo, posando sus manos en las solapas del abrigo del pelirrojo, dejando algunas gotas rojas y empujándolo de vuelta al vehículo. Iori se negó. La rubia lanzó una risita. - De todas maneras los van a volver a atacar - le aseguró, como si eso fuera lo que Iori quería oir -. Tienes que pasar a través del pueblo, y lo más seguro es que allí también te reconozcan. No te detengas al llegar allí. Sigue hasta la ciudad y nos veremos en el departamento, ne?

Lanzándole una mirada a Vice, Iori asintió. Mature sonrió complacida, y Vice, que ya se había dado cuenta del asunto, alzó una mano cubierta de sangre diciendo "adiós" infantilmente. Aquella escena, la mujer cubierta de sangre despidiéndose despreocupada, hizo que Iori bajara la cabeza resignado. Esas dos... jamás cambiarían.

Una vez dentro del auto, Iori miró fijamente a Kyo, que esperaba, apoyado entre los dos asientos delanteros. Parecía un muñeco de trapo a quien alguien ha dejado caer descuidadamente, y Iori odiaba verlo así. Odiaba su palidez, sus ojos enrojecidos y el cabello cayéndole sobre la frente, desordenado y sudoroso. No era Kyo. No podía aceptar que eso fuera Kyo. En un arranque, lo tomó por los hombros, levantándolo bruscamente y obligándolo a pasarse a los asientos delanteros. Su debilidad no hizo más que hacerlo sentir una rabia y frustración extremas, pero no dijo nada. Lo dejó caer en el asiento, y se inclinó sobre Kyo para tirar del cinturón de seguridad y abrocharlo.

No pudo evitar tener que pasar sobre él, muy cerca de su rostro, y la ocasión en que hizo ese mismo gesto con Tsukiyo regresó a su mente. Que irónico. En aquel momento había pensado en Kyo, y ahora que estaba con el joven, pensaba en Tsukiyo. Sin embargo era diferente. Mientras alcanzaba el cinturón, percibió el aliento afiebrado de su rival en la mejilla y en su cuello; aquello envió escalofríos por su espalda. Lo miró fijamente, tan cerca. Kyo también lo observaba, confundido.

Finalmente, el cinturón estuvo abrochado y Iori le lanzó la manta a Kyo encima. Cerró ambas puertas, y encendió el motor. Sus compañeras se apartaron del camino del auto, y cuando el pelirrojo pisó el acelerador a fondo, el vehículo golpeó a más de tres ninjas.

- Tu padre va a estar furioso al hacer el recuento de pérdidas - gruñó Iori con burla, a un Kyo que había dejado caer la cabeza.

- ... mi primo... - corrigió Kyo.

Iori lo miró, mientras ganaban velocidad y la carretera se extendía ante ellos.

- ... pero eso será... lo que menos le moleste - continuó Kyo, sonreía levemente, irónico -. Enviará a más ninjas, no le importará... - hizo una pausa, llevándose una mano al pecho - ... no le importará a cuantos tenga que utilizar hasta encontrarme... Siempre ha sido un caprichoso...

Curioso, hablar de la familia Kusanagi con Kyo.

Hubo un momento de silencio, tan largo que Iori pensó que Kyo se había dormido. Dejó de mirarlo para concentrarse en el camino. El reflejo de las luces del pueblo contra el horizonte ya era notorio. En unos minutos estarían allí. Ya comprobaría si Mature tenía razón.

Buscó un cigarrillo en sus bolsillos, pero no encontró nada. Sus manos volvieron al volante, mientras pensaba qué hacía con Kyo en su automóvil, y qué haría luego con él.

Lo miró de reojo. ¿Por qué se sentía tan satisfecho de tenerlo a su lado? Sabía que iba a morir, y sabía que era un caso perdido retarlo a un duelo. Kyo había dejado de ser el Kyo que le interesaba como rival. Pero, ¿ahora le interesaba de otro modo? Debía ser, sino, ¿por qué estaba allí con él esa noche? ¿Por qué había aceptado ayudarlo? Definitivamente no fue porque Kyoko se lo pidió, no. ¿Era porque se trataba de Kyo? ¿Porque al fin lo iba a tener en sus manos?

No pudo evitar quedándose observando su rostro. Cubierto por el cabello, sólo veía sus labios entreabiertos y el final de sus mejillas. Las ocasionales luces de la carretera lo iluminaban por momentos, y luego sumían su perfil en la oscuridad. Se deslizaban rápidos y en silencio por aquel paisaje desierto. La tranquilidad era absoluta, y no parecía que recién hubiesen escapado de la amenaza de unos ninjas.

Escapado, repitió Iori en su mente. No, obligados a retirarse debido a las circunstancias. Él no había huido...

Ah, ¿pero qué más daba? Si había huido era por Kyo. Era su culpa y no debía preocuparse más al respecto.

Su mano derecha se dirigió al bolsillo de su abrigo manchado de sangre inconscientemente buscando de nuevo algo que fumar. Nada, vacío. Usualmente Iori guardaba cajetillas arrugadas en todos los bolsillos de todas sus prendas... y siempre encontraba alguna colilla para momentos como ese, pero en esta ocasión había tenido la suerte de tomar un abrigo que Mature amablemente había mandado a la lavandería, lo que significaba adiós cajetillas arrugadas y adiós restos de cigarrillos.

Suspiró.

Oyó una risa apagada, un rastro de burla. Al mirar hacia Kyo, vio que él le tendía una cajita blanca, adornada con rojo.

- Ii ko {Buen chico} - murmuró Iori, recibiéndola y sacudiéndola para dejar caer dos cigarros en la palma de su mano. Se puso uno en los labios, y el otro lo acercó a los labios de Kyo, que negó con la cabeza. ¿Fumar en ese momento? Ni siquiera podía respirar. Iori asintió levemente, mirándolo. Aun sujetando un cigarrillo en sus labios, uno en sus dedos, y la otra mano fija en el volante. Kyo lo observaba en silencio, los ojos entrecerrados, vidriosos.

Y, lentamente, la mano de Iori se posó en su mejilla. Los ojos de Kyo parecieron abrirse un poco más, pero no fue nada notorio. Sólo sus labios se movieron en un susurro de sorpresa. La mano era cálida, y sintió como los dedos rozaban su mejilla y el comienzo de su cuello. Era una caricia, reconoció, parecía brusca, pero era como todo lo que hacía Iori. El pelirrojo lo observaba con una extraña expresión de anhelo en su rostro. Era obvio que no se había dado cuenta, sus ojos observaban a Kyo de un modo que envió escalofríos por la espalda del joven Kusanagi. Los cálidos dedos continuaron rozando su mejilla, pasando por sobre la marca que había dejado la punta de la espada y llevándose los rastros de sangre, suavemente.

Kyo levantó su mano y la posó en la de Iori, sin salir de su sorpresa. Miraba aquellos ojos rojos, fijos en él y sin preocuparse del camino. Quizás era saber que ya no tendría oportunidad de verlos jamás, que le parecieron increíblemente hermosos. Brillando con la poca luz, fríos y a la vez...

- Cuidado...

Un susurro de Kyo, y Iori miró la carretera. Casi se había salido del camino, y volvió al asfalto con un brusco movimiento que hizo que Kyo se sacudiera en el asiento. Iori, aun sabiendo que estaba protegido por el cinturón de seguridad, cubrió el pecho del joven con su mano, como si fuera un niño al que debía sujetar para que no se haga daño. Kyo rió de nuevo, pero no dijo nada. ¿Iori lo trataba tan bien? ¿Acaso... lo trataba así porque él iba a morir?

El pelirrojo suspiró, volviendo a poner ambas manos sobre el volante. Recordó que tenía un cigarrillo apagado entre sus labios, y lo encendió, no con sus llamas púrpura, sino con el dispositivo del vehículo. Aquello hizo reír más a Kyo.

- Usa tu fuego, no me molesta - murmuró el joven de cabello castaño, mirándolo durante un segundo.

- Por un cigarrillo no vale la pena - fue su respuesta, suave, más para sí mismo que para Kyo.

Él lo miraba de nuevo.

- ¿Es verdad...? - hubo un ligero titubeo en la voz del joven cuando sintió los ojos rojos fríos y fijos en él, olvidándose una vez más del camino. Se obligó a continuar -: ¿Es verdad que el fuego te hace daño... Yagami?

Kyo apartó la mirada, no podía mantener los ojos abiertos, y le costaba trabajo hablar, pero más que eso, le avergonzaba estar así ante su peor rival... y haciendo una conversación. Era lo más obvio, no recibiría respuesta. Sin embargo, Iori rió apagadamente.

- ¿Y qué si lo fuera? De algo tenemos que morir...

Aquello sorprendió a Kyo. No había rastros de burla en su voz. Lo que decía era la verdad, pura y simple.

- Morir... - repitió con suavidad. Los ojos de Iori continuaban fijos en él. Kyo señaló el camino de nuevo, para que el pelirrojo viera por donde iba, y al mismo tiempo para que dejara de observarlo de forma tan penetrante. No dio resultado.

Iori frunció el ceño, aspirando lentamente el humo del cigarro, y exhalándolo antes de hablar. Kyo entrecerró los ojos, le molestaba el humo. Extendiendo su mano, presionó el botón que bajaba la ventanilla, y una corriente de aire helado entró. Se cubrió bien con la manta, ocultando sus manos y su cuello.

- ¿Tienes miedo, Kyo?

La pregunta se oyó tan clara, tan calmada, aun cuando provenía de los labios de Iori, que Kyo no pudo evitar un gemido. Fue muy suave, imperceptible, algo inconsciente. Aquella pregunta... Dios... ¿Por qué debía ser Yagami quien la formulara? ¿Cómo podría responderle a él, entre todas las personas, que sí, que estaba asustado?

No importaba cuánto fingiera. No importaba lo fuerte y calmado que había aparentado estar en la mansión. Aceptarlo todo con tranquilidad y resignación, no. Eso no era de él. Pero no se le ocurría otra forma, porque temía que de llorar todo lo que ganaría sería compasión. No quería compasión, sólo alguien que comprendiera.

"No quiero morir aquí", le había dicho a Alex, cuando lo que en realidad quería decir, lo que quería gritar, era "no quiero morir". Pero, ¿cómo hacerlo? Las palabras habían salido solas.

- Yo... - tuvo que decir algo, porque el pelirrojo esperaba. Su expresión parecía una amenaza: si la respuesta no era satisfactoria no miraría el camino hasta que Kyo respondiera bien. Tuvo que bajar la cabeza, avergonzando. Responde, se decía, ¿qué más daba si Yagami lo despreciaba ahora? ¿Qué importaba su orgullo ahora? Su final estaba decidido, y todo lo que sucedía era inútil.

La mirada del pelirrojo se ablandó al ver sus dudas. Fue él quien habló:

- ¿Nunca lo habías pensado?

Una expresión interrogadora en el rostro de Kyo.

- Tu muerte - aclaró el pelirrojo.

Kyo negó con la cabeza. Tenía veinte años, ¿qué iba a hacer pensando en la muerte a semejante edad, cuando la vida recién comenzaba?

- No lo aceptas y tienes miedo - sentenció el pelirrojo, pero su voz era suave. Kyo cerró los ojos un momento, el viento helado le despejaba, al fin, la mente.

- Creo que... tengo miedo del... dolor - dijo, con voz baja y sumamente avergonzado -. Morir, no sería tan malo... pero el dolor... No lo soporto... Y si... - hubo un momento de silencio. Kyo levantó la vista hacia Iori y sonrió. El gesto pareció sorprender al pelirrojo -. ¿Y si luego de esta vida todo lo que hay es sufrimiento? - preguntó, en una frase rápida y segura. Luego apartó la mirada otra vez -. Llámame cobarde, si quieres... - dijo.

- Si has sufrido tanto en esta vida, ¿qué importa un poco más de dolor? - preguntó Iori. Dejó de observar a Kyo y clavó la mirada en el camino -. ¿Por qué no dejas de pensar en el final, y disfrutas el tiempo que te queda? Será peor, si terminando todo esto, el sufrimiento continúa, y te preguntas eternamente porqué desperdiciaste los últimos días, los últimos minutos, lamentándote por algo que no podías evitar.

Era un sueño, ¿verdad?, se preguntó Kyo. Una alucinación. Él no estaba allí con Iori. Iori no le estaba hablando tan suave y seriamente sobre la muerte. No... Era imposible. Pero... tenía razón.

- Pareces tener experiencia en el asunto... - murmuró Kyo. Si aquel era un sueño, entonces podía decir lo que quisiera.

Por un momento todo lo que se oyó fue el viento entrando por la ventana, y el zumbar de los postes que parecían pasar raudos a través de las ventanillas. Las luces del pueblo ya eran visibles y brillaban anaranjadas contra el cielo, igual que la punta del cigarrillo de Iori, cuando el pelirrojo lo lanzó por la ventana, produciendo una larga estela de pequeñas brazas encendidas que pronto dejaron atrás.

Pensando que Iori no respondería, Kyo suspiró, pero al mismo tiempo el pelirrojo habló:

- Toda mi vida.

Sus ojos se encontraron, pero Iori apartó la mirada. Parecía que se le hacía difícil hablar de eso. Kyo no comprendía.

- En mi familia, desde que te consideran capaz de valerte por ti mismo, la vida termina - continuó Iori, su voz era profunda, calmada -. Termina cuando te dicen sin rodeos que todos aquellos capaces de dominar el fuego púrpura mueren antes de tiempo. Quince años, veinte años... treinta años. Es imposible de saber.

El pelirrojo sacudió la cabeza, los mechones cayendo sobre sus ojos.

- ¿Acaso imaginas lo que es vivir de ese modo? Sabiendo que todo lo que haces, que todo lo que tienes, lo perderás repentinamente. Que dejarás a personas que te amen, sueños, ilusiones y muchas cosas sin completar... ¿Sabes lo que es vivir así?

- Y entonces decides no amar a nadie, ni dejar que te amen, te alejas de todos, desafiante, porque nada tiene sentido... - murmuró Kyo, sintiendo algo extraño en su interior.

- Todo lo que puedes... todo lo que te queda por hacer - la voz del pelirrojo temblaba con furia contenida -, no te queda más que disfrutarlo. Disfrutar cada momento, cada segundo...

Kyo lo miró, vio como sus manos se aferraban al volante, su ojos fijos en el camino, como si no pudiera enfrentarlo. El pie hundido en el acelerador, avanzando a una velocidad vertiginosa.

- ¿Entonces por qué...? - empezó Kyo. Iori le lanzó una mirada como diciendo: "¿Por que qué?" - ¿Por qué no disfrutas de tu vida en vez de perder el tiempo en torneos sin sentido? ¿Por qué no dejas de perder el tiempo conmigo? Desde que te conocí me dio la impresión que me seguías a donde yo fuera, para retarme, para pelear, ¿acaso no tenías nada mejor que hacer? ¿Por que... - Kyo se detuvo cuando una punzada en su corazón lo hizo perder el aliento, pero continuó -: ... todo el tiempo que perdiste buscándome y siguiéndome el rastro..?

Hubo un violento chirrido de las ruedas contra el asfalto cuando el vehículo frenó. Kyo sintió claramente como el cinturón de seguridad se clavaba en su piel pero evitaba que saliera despedido del asiento. Lanzó una exclamación. ¿Qué había sucedido?

Se volvió hacia Iori y se sorprendió al ver su expresión, furiosa y ofendida. Lo miraba con ojos airados, brillantes de rabia.

- Eres un idiota, no entiendes nada - gruñó.

- No, lo siento, no te sabes explicar, no entiendo nada - fue la respuesta de Kyo, molesto de haber sido tan sincero en sus palabras.

El pelirrojo se inclinó hacia él, tanto como su cinturón de seguridad se lo permitió. Lo sujetó del cuello, pero no hizo presión.

- ¿Quién te ha dicho a ti que eso es una pérdida de tiempo? - preguntó en un siseo -. ¿Quién te ha dicho que...? - El pelirrojo se detuvo, organizando sus ideas. Los ojos de Kyo, fijos en su rostro, lo distraían -. Hay dos cosas que me importan en esta vida - dijo, al fin -. Mi banda... y matarte. - Iori se apartó, sacudiéndose con una risa -. Aunque debo aceptar que te he dedicado más tiempo a ti que a la banda...

Echó a andar el vehículo de nuevo, Kyo estaba demasiado sorprendido como para decir nada.

- Estoy destinado a morir, y lo acepto. Pero jamás pensé que tú compartirías ese destino conmigo, ¿sabes? - Iori continuó hablando, la furia desapareciendo. Incluso rió cuando dijo -: Debí haberme dado prisa en acabar contigo...

Kyo cerró los ojos y se llevó las manos al rostro, cubriéndoselo y dejando caer la cabeza. Los mechones de cabello castaño cayeron hacia adelante también, sobre sus manos y sus mejillas. Lloró en silencio. Las palabras de Iori, saber que irónicamente en él había encontrado lo que estaba buscado... No podía soportarlo. El miedo, el dolor, la comprensión...

Y fue Iori quien, poniéndole la mano suavemente entre el cabello, resumió todos sus confusos pensamientos en unas palabras suaves y una sonrisa.

- Nunca pensé que llegarías a comprenderme...

* * *

Continúa...

[ Capítulo 9: Sólo Palabras ]

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Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001