Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 9.- Sólo palabras

Iori detuvo el automóvil frente a la pequeña estación de gasolina del pueblo. Había tenido el buen sentido de verificar que su vehículo tenía suficiente combustible para la ida y vuelta, pero la razón por la que se detuvo fue para conseguir algo de agua para Kyo. En los últimos minutos había empezado a jadear, y Iori sintió su fiebre cuando le acarició el cabello. Kyoko le había dicho que quizás Kyo no resistiría el viaje a la ciudad, y el pelirrojo sabía que bastaba con que muriera fuera de los muros de la mansión Kusanagi para que su vida acabara en una relativa tranquilidad.

El problema era que él no quería que Kyo muriera. No todavía.

Entró bruscamente a la tienda que atendía las veinticuatro horas del día, y las campanillas de la puerta de vidrio resonaron, como quejándose de que la tranquilidad de la noche fuera interrumpida por este joven. El dependiente levantó la mirada y sólo vio a un alto pelirrojo con cara de pocos amigos dirigiéndose hacia los estantes del fondo, para coger algunas botellas de agua mineral. Un grupo de amigos reía cerca del refrigerador donde se hallaban los 6-pack de cerveza; comentaban entre murmullos ahogados, tratando de sacar algunas botellas extra sin que nadie lo notara. Iori los ignoró, pero estuvo atento a sus movimientos, sospechando que quizás ellos pudieran ser también ninjas Kusanagi.

Bien, tres botellas serían suficientes para el resto del camino, pensó, pasando frente al dependiente y lanzando un billete sin esperar el cambio. Mientras salía, pensó en porqué se tomaba esa molestia con Kyo. Comprarle algo a su peor rival, a la única persona en el mundo que había odiado irremediablemente y sin sentido. Estaba confundido, aun más de lo que lo estaba Kyo. No entendía qué lo llevaba a comportarse así. Se sentía extraño. No le gustaba ver a Kyo en ese estado, deseaba que estuviera bien, para así poder tratarlo mal y quizás pelear... Pero al mismo tiempo Kyo conseguía conmover algo en su interior, algo que él mismo se había obligado a volver frío y de piedra. Iori suspiró. Temía que aquella compasión hacia el joven Kusanagi terminara por romper las barreras que él se había impuesto. No quería sentir. No quería sufrir cuando Kyo finalmente... Cuando Kyo finalmente muriera.

¿Eso era? ¿Que no quería que muriera? ¿Y había ido hasta la mismísima puerta de la mansión de sus enemigos para llevárselo e intentar salvarlo? Se llevó una mano al cabello, sus hombros sacudiéndose con una risa apagada. ¿Acaso la ironía de llegar a apreciar a aquellos que más odias se había vuelto realidad? Era ridículo.

Ridículo, se repitió. Pero quizás cierto.

Salvar a Kyo. Ser salvado por Kyo. Sentir sus manos sujetando las suyas manchadas de sangre, sentir su aliento muy cerca de su rostro, rogándole que se quedara tranquilo, que pronto el Riot terminaría y podrían volver a casa. Esa escena... se repetía en su mente una y otra vez, en cada ocasión que pensaba en el joven. Había sucedido, sí, Mature lo corroboraba, pero él no estaba seguro de recordarla porque en esos momentos yacía semi-incosciente en brazos de Kyo, en un estado de agotamiento físico y mental, luego de intentar dominar el Riot.

En ese tiempo, Kyo era un maldito idiota. Era el típico chico arrogante y adorable, pero de un corazón tan puro que no podía soportar ver sufrir a gente inocente. Un héroe. Rió de nuevo, con burla. El líder del ridículo Hero Team. El título le caía perfecto. Había visto cómo el muchacho se enfurecía cuando personas inocentes eran asesinadas por alguien que sufría un Riot. Lo primero que hacía, como todo buen chico que se da aires de héroe salvador, era intervenir, arriesgando su propia vida por desconocidos. Esa entrega, y ese sacrificio le parecían TAN ridículos que sólo le ayudaban a despreciarlo más.

En la época que Orochi apareció, y Kagura Chizuru le rogó a Kyo que luchara a su lado para sellar al dios nuevamente, por fin el joven se negó. Aquello complació a Iori, que casi no pudo ocultar su expresión de sorpresa. Kyo no quería pelear, no quería verse envuelto en una batalla sólo porque su destino se lo decía. No le importaba el mundo. Había mucha gente en ese planeta, ¿por qué debía ser él entre todos el que peleara? Iori había sonreído, e iba apoyarlo cuando Chizuru habló de esa chica. De su prometida. Estaba en manos de Orochi, e iba a ser sacrificada. La octava doncella...

La forma en que Kyo se alteró sorprendió nuevamente a Iori. Lo vio dudar, y finalmente aceptar. Por esa mujer y las responsabilidades que tenía hacia ella. Esa situación sólo hizo que Iori sintiera un enorme desprecio hacia el joven. ¿Por qué aceptaba a la Kushinada sabiendo que una persona amada sólo puede traer sufrimientos? Ahora se veía obligado a luchar, y todo por ella. Era injusto. ¿Acaso esa mujer valía el sacrificio?

Aquella fue la última batalla en que Iori vio al Kyo que aun conservaba algo de inocencia en su mirada. A medida que la pelea contra Orochi continuaba, Iori vio que Kyo se iba llenando más y más de rabia. Sin embargo la lucha fue dura, y ambos estaban malheridos. La cálida energía de Chizuru los ayudaba, pero de nada servía para curar unos cuerpos que poco a poco se iban desangrando. Kyo se veía frustrado, furioso, y fue luego de ver esa mirada que Iori decidió ayudarlo.

Fue difícil, pero ayudó a que todo terminara... a que pudieran yacer en el suelo respirando dificultosamente y descansando. El miraba a Kyo, que estaba cubierto de sangre luego de destruir el cuerpo que Orochi había poseído. Más sangre inocente. Sangre de un niño. Sus puños temblaban.

"- No pienses en eso - se encontró diciéndole a Kyo -. No pienses más en eso o terminarás volviéndote loco..."

En aquella ocasión Kyo se había vuelto hacia él, las lágrimas brillando en sus ojos, pero sin caer. No dijo nada, sólo lo observó. Kyo sonrió levemente, negando con la cabeza.

"- No, Yagami... - murmuró, las lágrimas dándole un aire insano, que no iba con su rostro -. Es que no siento nada... No siento el más mínimo pesar de haberlo destruido... Al contrario... Nos hizo daño, y disfruté mucho... matándolo..."

Kyo...

Iori volvió a la realidad. Tener a Kyo tan cerca esta noche había despertado recuerdos muy vívidos en él. Recuerdos, estaban llenos de Kyo. Casi todos los buenos momentos, o los que él consideraba relativamente buenos, los había pasado con el joven. Que irónico, rió.

Se dirigió finalmente al automóvil, pasando por sobre la nieve húmeda y sucia, viendo cómo las manchas de sangre de sus ropas se habían secado. Seguramente el tipo en la tienda no lo notó... O quizás ya había llamado a la policía pensando que él era un psicópata que había raptado a alguien... Un asesino... Un asesino, repitió, sin poder evitar una risa.

Al acercarse más al vehículo, Iori notó que el automóvil estaba vacío. En el asiento del pasajero no había nadie. Dio unos pasos apresurados, lanzando las botellas hacia el interior y volviéndose para mirar a su alrededor. Apretó los puños. ¿Dónde demonios...?

- ¡Kyo! - llamó roncamente, molesto ante la situación, pero en seguida calló dándose cuenta de que sería fácil que dieran con ellos, especialmente si había ninjas en ese pueblo. Rodeó el auto, no había nadie. Cerró los ojos un momento, maldiciendo a Kyo por ser tan estúpido. ¿Apenas podía moverse y había decidido dar un paseo? O quizás lo habían atrapado mientras él compraba. No... Si ese hubiera sido el caso los hubiera sentido.

Se detuvo un momento, escuchando el silencio. Podía percibir la música en el interior de la tienda, los ronquidos del hombre de la gasolinera que se había quedado dormido en una silla, envuelto en una vieja frazada. Los ruidos lejanos de las casas del pueblo. Pero más cerca, a pocos pasos... Un sonido familiar...

- Neko? {¿Un gato?} - murmuró para sí mirando hacia un lado del camino, donde unos arbustos cubiertos de nieve ocultaban un pequeño claro. Podía oír los agudos maullidos de un gato. ¿Estaría Kyo allí?

Recorrió los pasos que lo separaban del lugar casi corriendo, aunque no se dio cuenta de eso. Pasó entre las plantas, llegando al claro y deteniéndose allí. Al mirar, vio a Kyo sentado en la nieve, mirando hacia abajo, acariciando el pelaje de un enorme gato que yacía a su lado. Kyo estaba quieto, el gato también, pero había algo más allí. Un gatito, apenas una cría, un pequeño gatito negro que pasaba entre los dedos de Kyo, jugando. Iori se quedó inmóvil, sólo mirando la extraña escena. El joven Kusanagi tenía los ojos bajos y vidriosos, mientras continuaba con las caricias. No parecía haber notado su llegada, aunque Iori no había intentado ocultar su presencia.

Sintió un estremecimiento, porque cuando miraba a Kyo tenía la impresión que de un momento a otro el joven se echaría a llorar.

Se arrodilló a su lado, al fin, sujetando su mano, deteniendo las caricias.

- Basta ya, Kyo. Está muerto - dijo, apartándolo -. Vuelve al auto.

Repentinamente Kyo lanzó una risa corta, volviéndose para mirarlo. La sonrisa desapareció lentamente, dando paso a unos ojos cada vez más brillantes.

- Esto tiene que terminar de una vez - dijo en voz baja, su voz temblando -. Yagami... ¿No puedes...? - Kyo se detuvo, su rostro lleno de dudas.

Iori retrocedió inconscientemente.

- ¿Matarte? - preguntó, sinceramente sorprendido -. ¿Quieres terminar con esto porque crees no poder soportarlo? Eres un cobarde... - dijo luego. No lo pensaba, en verdad lo sentía. Estaba allí arrodillado junto a Kyo, mirando al joven cuyas ropas estaban húmedas debido a la nieve. Aquella escena, Kyo tan desolado, le producía una angustia inexplicable. Era su fuerza lo que le gustaba, la forma en que parecía siempre desafiante, pero ahora...

Kyo rió.

- ¿Y eso qué importa? Si moriré de todos modos, puedo ser cobarde durante los últimos días. A nadie le importará... - el joven apartó los mechones de su rostro, mientras sonreía y levantaba su mirada hacia Iori. Sabía que era imposible que el pelirrojo entendiera lo que sentía. Aunque dijera que ahora estaban iguales, era inconcebible que Yagami tuviera sentimientos suficientes para comprenderlo.

- Yo no voy a matarte - gruñó el pelirrojo, sosteniendo su mirada, estremeciéndose al ver esa sonrisa en labios de Kyo que ocultaba un mar de desesperación..

¿Cómo te atreves a pedirme eso? No quiero matarte...

Y como no hubo respuesta, Iori ordenó secamente:

- Vuelve al auto.

Hubo un ligero temblor en el cuerpo de Kyo antes de que él exclamara:

- ¡Es que no puedo! No puedo... - repitió, avergonzando. Apretaba sus puños con toda la fuerza que le quedaba -. Y no quiero seguir adelante...

Un sonido de roces de telas, y Iori lo había sujetado por los brazos. Se veía furioso. No le gustaba ver a Kyo así, y su actitud sólo lograba hacerle perder la paciencia. Kyo rió.

- ¿Acaso vas a cuidarme cuando ya no pueda ni siquiera moverme? ¿? - hizo una pausa, bajando la mirada para observar los dedos de Iori que se clavaban en su brazo. Ambos estaban sobre la nieve ahora. El pequeño gato jugueteando entre los pliegues del abrigo de Iori, indiferente al cuerpo de su madre muerta que yacía inmóvil a un lado. - Es deber de mi familia, pero mi familia me rechaza...

- ¿Quién fue el idiota que quería huir de casa? - le cortó Iori -. ¿Cómo pensabas sobrevivir estos días solo?

La imagen de Alex pasó por la mente de Kyo... y lo hizo darse cuenta de lo egoísta que había sido.

Al tratar de dárselas de valiente, había arrastrado consigo a las personas que más quería... e inconscientemente había estado seguro que Alex lo acompañaría todo el tiempo, hasta el final. Era injusto... y muy egoísta... obligar a Alex a ver morir a alguien otra vez...

- Sí, egoísta - corroboró Iori, sabiendo lo que el joven pensaba. Se inclinó hacia él, tendiéndole una mano para ayudarlo a ponerse de pie. Kyo apartó la mirada. Avergonzado.

- No puedo - dijo en un murmullo.

Iori se quedó inmóvil, observándolo. Un dolor en su pecho lo hizo cerrar los ojos un momento. Miraba a Kyo, sentado allí. La nieve manchaba sus ropas, como si hubiera caído. Eso era, ¿verdad? Kyo había caído y no consiguió levantarse. Deslizó su mano por una de las piernas de Kyo que lo observó con ojos vidriosos.

- Al demonio - gruñó, ocultando su turbación. Se acercó más a Kyo, y pasó sus brazos tras su espalda y sus piernas, como había hecho en la mansión. Kyo seguía con la mirada baja.

- ¿Por qué haces esto...? - preguntó en un murmullo, sus mejillas encendiéndose ligeramente..

- Me das pena - se burló Iori abiertamente. Era la única forma en que podía decir algo que era verdad pero que ninguno de los dos aceptaría. Burlas, siempre habían sido así. Burlas e insultos. Era mejor seguir de esa forma hasta el final.

Iori miró al gato jugando en su abrigo y se tomó un tiempo para sujetarlo de la piel del cuello bruscamente y dejarlo caer sobre el pecho de Kyo, que lo protegió con sus manos. Luego alzó al joven, y al gato, y se quedó de pie un momento en ese claro.

- Kyo... - dijo suavemente, el joven levantó el rostro hacia él, pero no esperaba que estuvieran tan cerca. Los labios del pelirrojo casi rozaban su mejilla -. No tienes que pedirme que te mate si es que quieres que esté contigo cuando mueras... - Iori hizo una pausa. Miraba los ojos de Kyo, su expresión de sorpresa, le sonrió, pero dándose un aire maligno mientras lo hacía, como si aún se burlara -: Basta con pedírmelo... Es algo que siempre he querido, ¿crees que me negaría?

Aquellas palabras... tenían un claro doble sentido. Un ofrecimiento de compañía, ocultos bajo un tono de sarcasmo absoluto. Pero había sido extraño... Kyo se dijo que Iori nunca había sonado tan dulce... A pesar de que quizás era una burla... esas palabras estuvieron a punto de hacerlo aceptar. Sí, pedirle a Iori que estuviera allí. Pero se contuvo. No podía rebajarse tanto. No quería darle a Iori la satisfacción de verlo aceptar su ofrecimiento.

Volviendo al automóvil, Kyo no se atrevía a apartar la mirada del gatito que sostenía. Tenía miedo de enfrentar la mirada del pelirrojo. No entendía qué le pasaba. Nunca le había atribuido ese grado de amabilidad. Nunca.

Iori lo sentó en el asiento, abrochándole el cinturón de seguridad una vez más y cubriéndolo con la manta, que había resbalado al suelo, dejando al diminuto gato sobre ella. Rodeó el auto, pensativo, sintiendo el débil cuerpo de Kyo aun contra sus brazos. Era extraño, pensó Iori. Ese joven estaba haciéndolo mostrarse demasiado amable. Debía despreciarlo por ser tan débil y no poder soportar ese estado... pero no podía, porque se imaginaba a sí mismo y volvía a revivir el dolor y la desesperación que su sangre Orochi le producía.

Se dejó caer en el asiento, cerrando la puerta y posando las manos en el volante, pero sin encender el vehículo. Kyo estaba con los ojos cerrados, respirando entrecortadamente. Iori sujetó una de las botellas con agua, la abrió y miró el rostro sudoroso de su rival.

- Bebe - le dijo suavemente, acercando el líquido a Kyo. El joven de cabello castaño pareció sorprendido. ¿Iori lo había comprado para él?

El pelirrojo asintió, rozando los labios de Kyo con el borde húmedo de la botella.

- Yo puedo solo - gruñó Kyo, sujetando la botella de manos de Iori. Sin embargo, sus dedos estaban tan débiles, y su mano tan temblorosa debido al frío, que Iori tuvo que ayudarlo a sujetarla o sino terminaría vaciando todo sobre el gatito y el asiento. Kyo apartó la mirada, y cerró los ojos con fuerza. Su mano aun atrapada bajo la de Iori. Aquello era lo peor que el pelirrojo podía hacer: mostrarse amable. Era la peor forma en que podía herir su orgullo y humillarlo. Pero... parecía ser sincero en su preocupación. Kyo no comprendía por qué. ¿Dónde estaban las burlas y las ofensas? ¿Por qué habían sido cambiadas por caricias y una preocupación tan cálida? ¿Qué sucedía con Yagami? ¿Qué sucedía con ambos?

- Está bien - aceptó Iori, apartándose finalmente. Pero en vez de encender el automóvil, sujetó otro envase para abrirlo y, sacando un pañuelo de algún lugar de su abrigo, lo humedeció completamente. Sin que Kyo se diera cuenta, lo acercó a su rostro y limpió el sudor de su frente y sus mejillas. Estaba helado debido al tiempo que pasó en la nieve, y el pañuelo se sintió cálido y suave. El joven contuvo el aliento.

- Por... ¿por qué...? - murmuró, sus labios moviéndose apenas unos milímetros.

Iori lo observó un momento.

- Quisiera saberlo también - susurró.

* * *

En la mansión Kusanagi la familia se preparaba para la gran cena. Los primos más jóvenes estaban entretenidos disfrutando de los regalos recién abiertos, conversaban animadamente a la luz de decenas de candelabros que le daban al salón un aire de antiguedad y calidez. Sobre las alfombras yacían papeles y cintas, desgarrados y olvidados. Los niños estaban completamente felices, y la mayoría de los padres se divertían mirándolos.

En el exterior, una cruel pelea acababa de terminar, y los ninjas sobrevivientes habían regresado ya a la mansión, sin lograr su misión. Afortunadamente entre ellos llevaban a alguien que evitaría que Souji-sama los enviara a un calabozo.

- Ah, pero si es Syo - exclamó un Souji sarcástico mientras sujetaba una copa de vino. Estaban en la oficina de la que se había apoderado el nuevo líder de los Kusanagi. Los padres de Kyo estaban allí, así como su prometida. Los tres se veían preocupados. Syo los observó fríamente. - Cuéntanos qué sucedió - pidió Souji -. Las personas aquí presentes no creen cuando les digo que su hijo, y novio, ahora está en contra del clan. Cuéntanos, tú, pequeño traidor.

Syo entrecerró los ojos. Era una causa perdida tratar de luchar con Souji ahora. Todo lo que podía hacer era darle un poco más de tiempo a Kyo. Bajó la cabeza, en sumisión.

- Kyo-sama se fue con Yagami Iori... no sabemos a dónde.

La joven lanzó una exclamación aguda, llevándose las manos al rostro antes de echarse a llorar.

- Tranquila, niña - la consoló Souji con la mejor de sus hipócritas sonrisas -. Yagami no lo matará, na, Syo?

El joven negó con la cabeza.

- Yagami-san lo ayudó a escapar...

Ante esta frase, fueron Saisyu y Shizu los que se quedaron de una pieza. ¿Kyo siendo ayudado por un Yagami? ¿Por Yagami Iori?

- ¿Y por qué has vuelto, traidor? - preguntó luego Souji con una sonrisa cada vez más amplia.

Para acabar contigo, en nombre de Kyo-sama, se dijo Syo.

- No intentarás algo contra mí, ¿verdad? - rió Souji -. Es inútil...

No pudo continuar, porque en ese momento Syo desapareció de su vista y al instante el joven sintió un cuchillo helado contra su cuello, y otro sobre su corazón. La copa que había sujetado en sus manos cayó sobre la alfombra, la bebida formando una mancha oscura sobre los intrincados diseños.

Syo estaba muy cerca de él, clavando su mirada ámbar en su rostro hipócrita y falso.

- Sería muy fácil... na? - siseó lleno de malignidad -. Sería tan fácil como vencer a Kyo-sama durante el Henka...

Syo estaba realmente dispuesto a acabar con Souji; empuñó con fuerza los cuchillos en una técnica que no era suya. El otro ninja, Alex, le había mostrado lo eficiente que podía ser un puñal en esos casos. Una hoja aguda, un movimiento rápido y corto, y todo habría terminado. Despreciaba al joven rubio, pero no podía negar que sus técnicas eran más perfectas que las suyas... y en este caso, en que ambos arriesgaban sus vidas por Kyo, no le importaba utilizarlas, mientras le ayudara a obtener una venganza definitiva.

Iba a lanzar el golpe mortal, cortando el cuello y atravesando el corazón, cuando de pronto una llamarada anaranjada lo envolvió. Los cuchillos cayeron al suelo, y se oyó el grito de la novia de Kyo, junto con la exclamación de Shizu.

El joven rodó por el suelo, envuelto en llamas.

- ¡No te atrevas a dañar a nuestro líder! - Un grito. La voz... ¿la voz de Saisyu?

Syo entreabrió los ojos, a través del calor del fuego. Vio a Saisyu inclinado sobre él, apagando las llamas con sus manos mientras continuaba gritando amenazante que acabaría con él si se atrevía a levantar un dedo contra el clan. Syo estaba totalmente confundido con esta actitud, pero fue entonces que vio a Souji luchar con las llamas que habían encendido sus ropas también, y que les daba la espalda, sin poder verlos. Comprendió la idea de Saisyu y asintió, agradecido de que hubiera evitado que cometiera el peor error de su existencia.

- Malditos sean todos ustedes - gritó mientras se ponía rápidamente de pie y hacía una leve inclinación hacia Saisyu y Shizu -. Juro que volveré para vengarme por lo que le hicieron a Kyo-sama.

Saisyu sonrió levemente y le hizo un gesto para que se diera prisa en irse. En ese momento, por el bien de Kyo, era mejor un ninja con vida, que uno que se hubiese sacrificado inútilmente en una venganza personal.

* * *

Iori inclinó el asiento de Kyo para que el joven pudiese descansar el resto del camino. Lo cubrió bien con la manta, y apartó al gatito que quería jugar con su cabello. Se quedó observándolo un largo rato, sin decidirse a echar a andar el auto. Acarició su cabello de nuevo, tan suave, mirando sus ojos castaños. Veía la muerte claramente en su rostro, pero sus ojos eran tan brillantes como siempre. No le daba la impresión de estar tan mal, a sólo un paso de dejar ese mundo. Kyo se sonrojó ligeramente, Iori se extrañó.

- Lo que dijiste hace un momento - murmuró Kyo, adormecido por la suave caricia en su cabello -. Sobre estar conmigo...

Iori asintió.

- Quisiera... creo que quisiera... - dudando, Kyo levantó una mano y la posó en la de Iori -. Eres el único que no sufrirá si me ve morir - dijo finalmente -. Si pudieras estar allí...

Para el pelirrojo fue difícil ocultar los sentimientos que las palabras de Kyo despertaban. ¿Tanto miedo tenía de estar solo? Le sonrió, algo fríamente, porque eso era lo que el joven esperaba ver.

- Estaré allí.

Kyo asintió, y cerró los ojos. Iori se apartó, al fin iniciando el camino hacia la ciudad.

Estaré allí... pero te equivocas al decirme que no sufriré...

* * *

Continúa...

[ Capítulo 10: Aura en Púrpura ]

[ Volver a Shades Fanfics ]

KOF pertenece a SNK
Los demás personajes son propiedad de
MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001