Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 10.- Aura en Púrpura

Conducir por una carretera solitaria, a esas horas de la noche en completo silencio hicieron que llegara un momento en que Iori no prestaba atención al camino. Seguía adelante, siempre adelante, distraído, mirando de reojo la figura de Kyo, totalmente dormido y acurrucado en el asiento a su lado. De vez en cuando el joven despertaba, quizás debido a los continuos golpes de las irregularidades del asfalto que no eran suavizados por los amortiguadores, o quizás porque de pronto el dolor lo había obligado a abrir los ojos. Iori se sentía aliviado cada vez que Kyo despertaba. A veces, cuando lo veía demasiado quieto y silencioso, no podía evitar tocar su mejilla para sentir su tibieza, y acercar sus dedos a sus labios para verificar su respiración.

Todo aquel camino Iori pensó en qué era lo que sentía, y por qué lo sentía. No llegó a ninguna conclusión, pero decidió que, si le era posible, sería él quien estuviera con Kyo hasta el final. Momentos atrás se lo había dicho con afán de humillarlo, pero cuando el joven aceptó le dio la impresión de estar perdido. Que Kyo estaba perdido y sin saber qué hacer o a quién recurrir, y por eso lo había aceptado a él. Sonrió para sí. Kyo nunca antes le había parecido tan indefenso... y la verdad es que no le desagradaba del todo. No le gustaba verlo débil o enfermo. Por eso lo había ayudado a escapar de los laboratorios de N.E.S.T.S. en aquella ocasión, porque el hecho de pensar que Kyo estaba en unas manos que no eran suyas, y a merced de alguien que no era él, le enfurecía. Él nunca había especificado para qué quería que Kyo fuera "sólo de él", ¿verdad? Nunca había dicho que cuando fuera totalmente suyo lo mataría. Bien podría cuidarlo. Es más, estaba considerando seriamente el asunto.

De todos modos, se dijo, cerrando los ojos y apretando el volante. Estaba pensando en Kusanagi Kyo. Su rival. Su enemigo. ¿Por qué se preocupaba por él? ¿Por qué no lo dejaba en algún lugar de la carretera para que muriera antes del amanecer? ¿Qué le habían hecho para que de pronto sintiera que quería protegerlo?

Un automóvil pasó en sentido contrario, y sus luces cegaron a Iori un momento. La presencia de otro vehículo sólo le hizo darse cuenta que se aproximaba a la ciudad. Podía ver los edificios, y las luces brillando en el horizonte. En uno de los enormes rascacielos algún original diseñador había ordenado formar un árbol de Navidad con miles de luces verdes, y en ese momento podía verlas parpadeando, dándole la bienvenida.

Hasta tiempo atrás, la Navidad no había significado nada en absoluto para él. Era sólo un día, y nada más. Pero desde que conoció a 'esas dos', se había visto arrastrado y obligado a asistir a sus cenas anuales para Navidad y Año Nuevo. Si no asistía, Mature era capaz de ir hasta la mismísima mansión Yagami para aporrear la puerta exigiéndole que saliera. Lo había hecho una vez, pero en la puerta de su departamento, y la verdad era que Iori prefería ceder antes de escuchar los gritos de esa mujer despertando a todos sus vecinos.

El intercambio de regalos, afortunadamente, nunca se había dado, porque podían pasar dos cosas: O Mature o Vice se embriagaban hasta quedar totalmente dormidas sobre la alfombra, o él se embriagaba lo más rápido posible y se encerraba en la habitación que Mature reservaba para él. No había consciencia suficiente para abrir regalos.

Sin notarlo, rozó la bufanda que Vice le había dado. No sabía por qué la llevaba aun. ¡No sabía tantas cosas! De pronto se encontraba aceptando un regalo y ayudando a su enemigo. Negó con la cabeza. Algo estaba yendo mal con él.

- Hace frío - oyó de pronto, y al mirar vio que era Kyo. Había despertado y se estaba arropando con la manta, pero no parecía ser suficiente. Iori extendió su mano y rozó su frente. El joven tenía fiebre, y temblaba. Su frente ardía, pero sus manos y mejillas estaban heladas -. ¿Este auto no tiene calefacción? - preguntó Kyo, jugando torpemente con el dispositivo de ventilación y encendiendo sin querer el aire acondicionado. Iori se apresuró a apagarlo.

- No, no tiene - gruñó, apartando a Kyo como a un niño travieso.

- Hace frío - repitió Kyo, cerrando los ojos un momento. Iori desvió el automóvil a un lado del camino y frenó. Se volvió hacia Kyo. Se quedó observando su rostro durante lo que pareció un largo tiempo. Muchos vehículos pasaban por su lado, ahora. Las luces lo cegaban por momentos, pero pronto se acostumbró. Liberándose del cinturón de seguridad, y de paso soltando el de Kyo también, Iori se sacó el largo abrigo, echándolo sobre los hombros de Kyo para darle algo de calor. Sus movimientos hicieron que el joven volviera a abrir los ojos. - ¿No te dará frío a ti? - preguntó Kyo en un murmullo, agradecido por el gesto de Iori, porque realmente no esperaba que le importase lo que él dijera.

- Quizás - gruñó Iori en voz baja, acercando a Kyo hacia sí -, pero no me estaré quejando como cierta niñita que tengo a mi lado.

Era irónico hablar así mientras Kyo se acurrucaba contra él buscando calor como un gatito enfermo. Acarició su cabeza, y Kyo sonrió.

- No eres tan malo como pretendes ser... - murmuró.

- Ciertamente tú también eres algo diferente - aceptó Iori, continuando con sus caricias. Kyo quiso responder algo, pero Iori no se lo permitió -. Estaremos en la ciudad en unos minutos - dijo, interrumpiéndolo.

El pelirrojo oyó un ronroneo proveniente de Kyo, bajó la mirada sobresaltado y vio que se trataba del gato, que se había deslizado sobre las piernas del joven. Quiso apartarlo de allí, pero Kyo intervino.

- Déjalo, es mi estufa - murmuró con una sonrisa.

Era una conversación idiota, pensó Iori sin hacerle caso y volviendo a echar a andar el vehículo. No podía esperar por llegar al departamento, encender un cigarrillo y tomar una cerveza. Había sido una larga noche y al parecer nada terminaría hasta que Mature y Vice volvieran con vida. Debía pensar en algo para decirle como excusa a Tsukiyo.

Tsukiyo. La imagen de la muchacha rubia pasó por su mente, haciéndole sentir un súbito deseo de estar ya en el departamento, con ella. El pelirrojo no notó cuando aceleró un poco más. ¿Qué era eso que sentía? Tenía a Kyo con él, y pensaba en la única mujer que le interesaba en ese momento. Y se sentía bien. Se sentía extrañamente satisfecho.

* * *

En otro lugar, un grupo de amigos conversaba animadamente alrededor del árbol de Navidad. Habían pasado la medianoche con sus familias, pero era costumbre reunirse cuando la madrugada se acercaba y brindar por una mejor época. En esa ocasión dos personas faltaban, y pese a la charla aparentemente feliz, uno de los muchachos no podía ocultar una ligera tristeza en su mirada.

- ... y luego corrió y por detrás le levantó la falda...

Conversaciones sin sentido, con el afán de animarlos en vano. Era diferente estar allí con sus compañeros de clase, a estar con su senpai. Con Kusanagi-san...

- Oi, Shingo, ¿no estás escuchando? - exclamó alguien, tendiéndole una botella de cerveza. El muchacho finalmente regresó a la realidad, luego de vagar en sus pensamientos durante largo rato. Sus ojos castaños miraron la cerveza, y luego sus labios sonrieron levemente, mientras negaba con la cabeza.

- No me siento muy bien, me voy a casa - dijo poniéndose de pie, y alejándose en dirección a la puerta. Cruzando el pequeño departamento que era propiedad de uno de sus compañeros y que en ese momento estaba repleto de gente conversando en todos lados. Estaban demasiado felices, y aquello sólo le servía para notar aun más su dolor.

- ¡Pero Shingo! - exclamó alguien, al verlo retirarse. Los demás muchachos intercambiaron miradas. Conocían a Shingo, y sabían que él era la persona más animada y feliz de toda la clase. Siempre sonriendo, siempre bromeando y alegrando a todos con sus malos chistes. A veces era como un niño al que no se le puede preocupar con nada y que sonríe aunque el mundo se esté acabando, por eso al verlo salir cabizbajo y silencioso, todos supieron que algo andaba mal. Pero no podían saber la razón. Ni siquiera podían imaginarla.

Shingo cerró la puerta tras de sí, y lo primero que hizo fue echar a correr precipitadamente por el pasadizo, hasta encontrar torpemente la salida. La calle estaba nevada y desierta, como era de esperarse. En los escaparates de las tiendas y en las ventanas de los otros departamentos podía verse el brillo de las luces multicolores, parpadeando animadamente en medio de la fría noche. El muchacho hundió las manos en los bolsillos de su chaqueta y echó a andar en silencio.

Había pasado dos años desde que viera por última vez a Kyo. Lo recordaba claramente, mientras luchaba en el KOF'97. Siempre animado y siempre arrogante. La imagen perfecta que él idolatraba. Veía su sonrisa y su mirada brillante hacia el público que lo adoraba y se sentía afortunado de que Kyo lo considerara su alumno. No importaba si más que entrenarlo lo utilizaba como enviado a hacer encargos, no, no importaba en absoluto. Estar cerca de Kyo, saber que Kyo se dignaba a decir su nombre, y que lo había aceptado, eso era suficiente para que Shingo fuera totalmente feliz.

Estuvo dispuesto a sacrificarse por Kyo durante la batalla contra Orochi. Y se lo dijo, frente a frente, de pie ante él mientras estaban solos en los vestidores. Afuera el público disfrutaba del espectáculo, pero los peleadores sabían que pronto se desarrollaría una batalla mortal, y que todo cambiaría. El rumor de que Kyo había sido elegido por Chizuru para pelear contra el dios corrió rápidamente y pronto todos estuvieron enterados. Hubo algunos, como Terry Bogard, que disfrutaba el simple hecho de pelear, que animó a Kyo con alguna frase en inglés que Shingo no comprendió; otros, que luchaban por una relativa paz y justicia, como Kaphwan Kim, animaron seriamente a Kyo para que diera lo mejor de sí. Algunas chicas lloraban, otros ni siquiera se acercaron, totalmente indiferentes. Pero Shingo...

Por primera vez en toda su vida vio el futuro de la peor manera, oscuridad, destrucción, sangre y muerte. Confiaba en su senpai, pero algo le decía que esa pelea terminaría mal... porque Kyo no quería pelear, y él lo sabía. Si una persona no siente en verdad deseos de pelear, entonces su destino estaba sellado. Una derrota, y la muerte.

"- Kusanagi-san" - había dicho él, observando fijamente a Kyo, que estaba sentado en una banca, los codos apoyados en sus piernas, mirando el suelo como si no lo escuchara -. "Quiero pelear a su lado."

Kyo lo observó, levantando sus ojos lentamente. Estaba serio, y parecía que su presencia lo importunaba, pero eso no era lo que importaba.

"- Quiero pelear a su lado cuando se enfrente a Orochi..."

"- Urusee na! {¡Cierra la boca!}"

Eso había sido lo que le dijo Kyo, antes de que él pudiera explicarle siquiera. Sintió un nudo en su garganta, el joven Kusanagi lo observaba enfurecido, como si aquella idea fuera lo más estúpido del mundo.

"- No sabes lo que estás pidiendo" - gruñó Kyo, mirando hacia un lado, como si quisiera darle a entender que se fuera y que el asunto estaba terminado

"- ¡Sí lo sé, por eso le ruego que me deje pelear con usted!" - había gritado él impulsivamente, apretando los puños y dando un paso hacia Kyo.

Lo que siguió fue tan rápido, tan confuso, que hasta ahora, años después, seguía produciéndole escalofríos. Sintió la mano de Kyo en su mejilla. El joven se había puesto de pie tan sorpresivamente que Shingo sólo vio los ojos castaños frente a él, antes del roce en su rostro y luego en su cabello, acercando su rostro al de su senpai. Kyo lo miraba serio, aun furioso, pero sus ojos brillaban dolidos, con una extraña expresión.

Lo acercó más y más, podía sentir su respiración, y Shingo hubiera jurado que se sonrojó al percibir la calidez de la respiración de Kyo en sus labios. Pero cuando parecía que se rozarían, el joven Kusanagi se apartó, acercando sus labios al oído de Shingo.

"- No. Sabes. Lo. Que. Dices." - dijo simplemente, mientras él estaba allí de pie, totalmente paralizado, notando que la otra mano de Kyo se deslizaba por su cintura y luego detrás de su espalda... y de pronto se encontraba atrapado en un abrazo.

Nunca antes Kyo había hecho nada parecido con él. Nunca le había demostrado el más mínimo afecto... Shingo había bajado la cabeza, sintiendo que era una despedida y que todos sus miedos se volvían realidad. Era así. No podía evitarlo. Kyo lo rechazaba y todo lo que le quedaba era quedarse a observar como peleaba.

"- Kusanagi-san, yo... yo..."

"- Shhh..." - Kyo se apartó lentamente, y con una sonrisa le puso un dedo sobre los labios, mientras su otra mano sujetaba la de Shingo y depositaba algo allí -. "Ja mata... {Nos vemos...}"

Kyo se fue rápidamente, dejándolo confundido y solo. Pasó un largo rato hasta que un fuerte ruido lo hizo reaccionar. Una explosión, sobre él, en el local donde se realizaba el torneo. Inconscientemente miró su mano, y vio el pequeño broche con el kanji del nombre de su maestro. Sin poder evitarlo sus ojos se llenaron de lágrimas y el cayó al suelo de rodillas, mientras gritos de terror y más explosiones destruían el estadio y miles de vidas de inocentes espectadores.

No había vuelto a ver a Kyo desde aquella vez. No le permitieron acercarse a lugar donde la batalla se llevó a cabo. No, él era sólo un muchacho y no tenía el poder para ser oponente de nadie. Lo obligaron a volver al hotel, donde podría esperar.

Esperar, esperar.

Por lo que se convirtieron en largos años.

La nieve había empezado a caer de nuevo, y Shingo estaba en el parque vacío. Los árboles también estaban adornados con luces allí, pero sus ramas desnudas eran un espectáculo tenebroso pese al colorido adorno. Se detuvo frente a un árbol cualquiera, posando la palma de su mano contra el tronco duro y seco. Estaba con guantes gruesos, pero se los sacó y los guardó en sus bolsillos. Respiró profundamente, apretando los puños, antes de lanzar un golpe contra el tronco con un grito de "kurae". El árbol tembló, y nieve cayó a su alrededor procedente de las ramas. El sonido que hizo al caer se acalló pronto, porque un siguiente golpe remeció el tronco. Y otro, y otros más. Tantos, que sus manos empezaron a sangrar debido a la fuerza que utilizaba.

Gotas rojas tiñeron la nieve donde estaba parado, pero él continuó golpeando. Se imaginó oír la voz de Kyo a su lado, diciéndole que era un tonto y que de nada servía utilizar un golpe que en vez de herir a su oponente lo hería a él. ¿Acaso jamás iba a aprender? ¡Era un tonto! ¡Eso le costaría ir y venir a la tienda más cercana para comprarle algo de tomar, hacía frío y lo que menos quería era estar con él viéndolo entrenar!

- ¡Hai, Kusanag...! - Shingo se detuvo en seco dándose cuenta de que estaba hablando solo. Bajó los brazos, observando a su lado, donde no había nadie. Nada salvo la nieve blanca, la calle desierta, la madrugada silenciosa. Cerró los ojos un momento, sintiendo que se llenaban de lágrimas. Sonrió para si, que idiota era -. Hai, Kusanagi-san - susurró en voz baja, apoyándose en el árbol, descansando su frente contra el áspero tronco que había estado golpeando, dejando que las lágrimas cayeran ardientes por sus mejillas heladas. Y, cuando al fin se atrevió a sollozar, no pudo evitar susurrar -: ¿Dónde está? Kusanagi-san... Lo extraño...

* * *

- Kyo, ¡Kyo! - el pelirrojo sacudió al otro joven, y al ver que no reaccionaba se quedó helado. Estaba en el estacionamiento del enorme edificio de departamentos donde vivía Mature. Casi había pasado media hora desde que Kyo se quedara dormido envuelto en su abrigo, y Iori no le había prestado más atención, dejándolo descansar. Ahora que quería despertarlo para que bajara, el joven no reaccionaba. Su cabeza caía hacia adelante, los ojos cerrados ocultos bajo mechones de húmedo cabello castaño desordenado. Sus manos yacían a sus lados, inertes. El pequeño gato, incómodo, hacía rato se había instalado en el asiento trasero, alejado del joven. - Okiro, kisama! {¡Despierta, maldita sea!*} - Iori sujetó sus hombros, sacudiéndolo. El cuerpo de Kyo cayó hacia adelante, contra él. Durante un largo momento no se movió, sentía que estaba inmovilizado. Sus manos aun apretaban los brazos del joven, pero no podía moverse. Era como si la impresión lo hubiese paralizado. Sentía a Kyo contra él, frío, quieto, sin respirar.

Los labios de Iori dijeron algo, una palabra sin sonido, mientras cerraba los ojos y lentamente pasaba sus brazos alrededor del cuerpo de su enemigo, para estrecharlo. Había faltado tan poco para que llegaran al departamento... ¡unos pasos! Y ahora la única persona que había significado algo en su vida estaba muerta en sus brazos. Esa no había sido la idea, él quería matarlo, no verlo morir. ¡Había una gran diferencia! Rozó el cabello de Kyo con su mejilla, escondiendo su rostro en el ángulo de su cuello. Estaba oscuro allí, y frío. La nieve que caía empezaba a cubrir el parabrisas, aumentando la penumbra del interior del vehículo.

Había muerto mientras dormía. No había sufrido, se repetía Iori, sin embargo ¡debió haberse dado cuenta! ¡Debió haberlo evitado! En ese momento, Kyo era como un niño en sus brazos. Algo que le pertenecía y que él no había sabido cuidar. Pensar que lo había perdido le producía tal dolor, tal angustia y furia que sentía que, si dejaba ir a Kyo, haría estallar todo el lugar con sus llamas púrpura.

- ¿Qué me has hecho, en tan poco tiempo? - susurró Iori -. ¿Por qué de pronto me haces sentir todo esto? ¿Por qué me haces protegerte para luego dejarte morir en silencio? Kusanagi yarou...

Un ligero latido. Muy leve, quizás su imaginación. Un latido contra sus labios cuando pronunció las palabras rozando el cuello aun cálido de Kyo. Se apartó bruscamente, tocando su cuello y buscando el pulso. Sí, aun estaba allí. No respiraba, pero su corazón se resistía a morir. El pelirrojo sintió un violento alivio pero al instante reaccionó y, abriendo las puertas, se deslizó fuera del vehículo, rodeándolo para sacar a Kyo también. Con movimientos precipitados extendió la manta sobre la nieve acumulada en el estacionamiento y recostó a Kyo en ella, arrodillándose a su lado. Posó una de sus manos en el pecho del joven, y con la otra tras su cabeza, sujetándole mechones de cabello, lo obligó a arquear un poco el cuello hacia atrás.

Inclinado sobre él, Iori recordó todas las veces en que, en la misma posición, había ejecutado un Maiden Masher en Kyo, totalmente enfurecido y descontrolado por el Riot. Aquellas ocasiones fueron para destruirlo, esta era... para intentar salvarlo.

Respiró profundamente, y acercó sus labios a los de Kyo. Era una locura, ¿pero qué importaba? Su cordura había desaparecido hacía muchísimo tiempo. Nadie le decía qué hacer, y no le importaba lo que sucediera.

- Respira, Kyo - ordenó en un susurro, antes de posar sus labios sobre los de Kyo para obligarlo a tomar un poco de aire -. Respira - susurró nuevamente, alejándose unos milímetros para luego volver a repetir el proceso.

La nieve caía alrededor de ambos, fría. La mano que Iori tenía en el pecho de Kyo esperaba sentir algo, un leve jadeo, algo, pero no sucedía. Kyo continuaba allí, simplemente yaciendo en el suelo. ¿Era como todo terminaría? ¿En silencio?

Iori cerró los ojos con fuerza, confundido. Le enfurecía no poder hacer que Kyo reaccionara. Deseaba golpearlo hasta que despertara, pero sabía que era inútil, y estaba allí perdiendo el tiempo sin sabe qué hacer. Finalmente, miró el rostro tranquilo de Kyo. Apartó los mechones de cabello de su rostro y suspiró. Muchas veces había visto ese rostro mostrando una mueca de furia, o una expresión altanera y orgullosa; en este momento todo lo que podía ver era tranquilidad... porque Kyo había estado feliz de no estar solo, ¿verdad? Si notó el momento en que no pudo respirar más, no se alarmó, porque Iori estaba a su lado.

Un resplandor púrpura brotó de él, púrpura como el fuego que hería y destruía, pero esta vez fue diferente. Dejó que su cálida aura fuera hacia Kyo, que tocara sus brazos, su rostro, sus labios. Era sólo un poco de energía, algo insignificante, pero que lo mantendría con vida. Porque él no quería que muriera. No, no todavía, se repitió a sí mismo.

Levantó a Kyo, haciendo que se apoyara en él, mientras la energía era absorbida lentamente por su cuerpo. Era la energía del fuego, y sabía que, aunque era mortal para una persona común, a Kyo no le haría daño. Era lo que su cuerpo necesitaba, un poco de energía para que el Henka la consumiera sin hacerle más daño. Aquel período, el Henka, era como tener algo dentro de él que consumía todo su fuego, y una vez que este se había agotado, terminaba con la energía que mantiene con vida a un cuerpo. Era así de cruel. A veces incluso peor que el Riot, se dijo Iori. Por eso, mientras alimentaba a ese demonio que Kyo llevaba dentro de su cuerpo, el pelirrojo se preguntó qué sucedería si sometía a Kyo a...

Sacudió la cabeza. No, era imposible. No.

Un ligero movimiento entre sus brazos lo hizo perder el hilo de sus pensamientos. Su aura se desvaneció al instante, mientras veía como Kyo lentamente abría los ojos. Tenía una expresión confundida.

- ¿Qué haces? - preguntó Kyo, intentando incorporarse como si nada hubiera pasado, alejándose de los brazos de Iori. Se quedó sentando mirando a su alrededor. Aun estaba oscuro, pero claramente veía que estaba sentado sobre la manta, en la nieve. El pelirrojo estaba arrodillado a su lado, parecía agotado luego de conducir durante tantas horas sin dormir, y simplemente lo observaba -. ¿Ya llegamos? - preguntó luego Kyo, al no recibir respuesta -. ¡Oi, Yagami!

Iori frunció el ceño. Vaya, vaya, así que el viejo Kyo estaba de vuelta. Hmm... quizás no debió darle tanta de su energía.

Kyo parpadeó, como si poco a poco los recuerdos fueran haciéndose más claros en su mente. La huida, el automóvil, la amabilidad. Inconscientemente se llevó una mano a los labios, sintiendo el sabor del pelirrojo. No tenía la menor idea de qué "sabor" tenía Iori, pero algo le decía que eso que sentía en sus labios realmente era de Iori. Sus mejillas se sonrojaron de súbito. Es más, era como si todo su cuerpo estuviera impregnado con esa sensación. Miró a Iori fijamente a los ojos, su expresión suavizándose despacio.

- Me trajiste de vuelta - murmuró Kyo, entrecerrando sus ojos. En verdad había querido resistirse, quiso evitar que sus ojos se cerraran mientras el balanceo del auto lo arrullaba, pero fue en vano. Lentamente había sentido como todo dejaba de tener significado, y el deseo de no morir fue todo lo que quedó. Pensaba en eso, y se aferraba a eso aunque ya no sabía porqué. Y cuando finalmente se iba a dejar ir vio el resplandor púrpura. Púrpura, fuego púrpura, Yagami. Fue más fácil cuando recordó al pelirrojo, sólo bastó pensar en él para tener una razón y no dejarse llevar por la oscuridad. Y ahora estaba allí, frente a él.

- ¿Sí? - preguntó Iori fríamente, poniéndose de pie.

Kyo lo imitó pero con mucho esfuerzo. Se apoyó en la superficie del vehículo mientras el pelirrojo sacaba su abrigo, y el gato, y luego cerraba las puertas. Cuando se volvió para dirigirse a la entrada del edificio Kyo se puso frente a él. Lo miraba directamente a los ojos, se veían cansados, ambos, pero Kyo se sentía mucho mejor que cuando salieron de la mansión. Era algo inexplicable, la fiebre continuaba allí, y el dolor también, pero había algo más.

- ¿Y ahora qué? - gruñó Iori cuando intentó avanzar y Kyo le cerró el paso.

- Naze ka? {¿Por qué?} - murmuró Kyo, frunciendo el ceño y aun mirándolo a los ojos -. ¿Por qué me trajiste de vuelta?

- Yo no hice nada - le aseguró Iori, levantando una mano para apartarlo. Kyo no se hizo a un lado, pero cuando Iori lo empujó sin medir sus fuerzas, Kyo cayó sobre la nieve con un ligero quejido. Se quedó allí, ante Iori, sintiendo que el dolor regresaba con toda su intensidad. Contuvo el aliento, llevándose una mano a los labios antes de toser un poco de sangre. Iori lo observaba, dolido. - ¿Por qué tienes que cuestionar todo lo que sucede? - preguntó el pelirrojo al fin, tendiéndole una mano para ayudarlo -. ¿Por qué no lo aceptas y cierras la maldita boca?

Kyo sujetó esa mano que le ofrecían, y se puso de pie.

- Lo aceptaría, pero se trata de ti - dijo simplemente -. Y no lo entiendo. No lo entiendo, Yagami.

Iori parpadeó un par de veces. Cerró los ojos un segundo y luego le sonrió a Kyo. Para Kyo aquello fue extraño, y no supo como reaccionar. No era una sonrisa de burla.

- ¿Entiendes por qué esos ninjas querían salvarte? ¿Por qué esa niña me pidió que te ayudara? - preguntó a modo de respuesta.

¿Es tan difícil de comprender?

- ... - Kyo no supo qué decir.

- Mi razón es la misma - dijo Iori mirándolo un momento y luego apartándose. Kyo estaba de vuelta, y se sentía tan aliviado que no midió sus palabras... pero ya estaba dicho, y ante la mirada atónita de Kyo sólo pudo gruñir -: Entra de una vez, hace frío.

* * *

*Nota:
- "Okiro, kisama" es, literalmente "Tú (maldito), despierta!". Una forma masculina y muy ruda para dar una orden, no lo traduje así porque se veía mal, pero no está de más aclararlo ^^'

* * *

Continúa...

[ Capítulo 11: Silent Night ]

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MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Diciembre, 2001