Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 11.- Silent Night

Iori entró en el silencioso hall del edificio. Las puertas automáticas eran sensibles al movimiento, así que no tuvo que hacer ningún esfuerzo para mantenerlas abiertas mientras Kyo entraba tras él, lentamente. El guardián apareció con su rostro medio dormido, saludando a Iori con una inclinación de cabeza. Las luces estaban bajas, tenues, y la única iluminación provenía del árbol de navidad, dispuesto en una esquina, adornado por brillantes puntos multicolores.

El guardia se quedó observando al joven que estaba detrás del pelirrojo. Por su aspecto, parecía que acababa de llegar de una gran fiesta y que estaba borracho. Era como si ni siquiera pudiera mantenerse en pie. Su rostro estaba pálido, y sus ojos enrojecidos y cansados. Incluso notó que su ropa parecía haberse manchado de escarlata. ¿Vino, tal vez?

Estuvo a punto de soltar una broma sobre su aspecto, cuando oyó al pelirrojo dar un paso hacia él. Se volvió para mirarlo bien, y se dio cuenta que tampoco se veía del todo normal. Aparte de la expresión amarga y amenazante que siempre llevaba, esta vez se veía agotado. Quizás la fiesta había sido algo realmente grande, para que dos jóvenes llegaran con esas caras. Pero eso no fue todo lo que llamó su atención. En parte, también fue el abrigo que colgaba de uno de sus brazos, y sobre él una manta oscura. Ambas prendas aun con un poco de nieve impregnadas. En su otra mano, el pelirrojo tenía a un gato negro. Todo el cuadro era tan fuera de lugar que el guardia dudó si estaba despierto o continuaba soñando detrás del recibidor.

El alto pelirrojo pasó frente a él, sin hacerle el más mínimo caso, y fue directamente hacia el otro joven, que se había apoyado en la mesa del hall, llevándose una mano a la cabeza y cerrando los ojos.

- ¿Kyo? - Que profunda era su voz, notó el guardia. Que poco apropiada para alguien de su edad.

El joven de cabello castaño dejó caer su mano, abriendo los ojos para mirar a Iori. Parecía molesto, pero no dijo nada. Iori le hizo un gesto para que lo siguiera, y ambos se dirigieron al ascensor. El guardia sólo los siguió con la mirada, y cuando Iori estaba a punto de presionar el botón de la pared le dijo:

- Disculpe, el ascensor no está funcionando en este piso.

Quieto, Iori desvió la mirada de sus ojos rojos hacia el hombre, que sintió un escalofrío. No era su culpa, pero semejante mirada lo hizo sentir como si él fuera el causante del problema. Sin embargo se obligó a aclarar:

- En el segundo piso sí funciona... Si pudiera subir hasta allá... Yo llevaré su... eh...

- Olvídalo - le cortó Iori. No le importaba tener que subir un tramo de escaleras, lo que le molestaba era no tener la seguridad de que Kyo podría subirlas también. Su equilibrio no parecía estar muy estable.

- Sí... señor... - murmuró finalmente el guardia, y esperó a que los dos jóvenes desaparecieran de su vista antes de dejarse caer contra un lado del escritorio del recibidor y secarse el sudor frío que cubría su frente. No entendía por qué, pero ese pelirrojo, y las dos mujeres que a veces lo acompañaban, le producían ese efecto. Era como si los creyera capaces de matarlo a sangre fría. Rió para sí. El sueño le estaba haciendo pensar tonterías.

Las escaleras casi no eran utilizadas. Quizás porque los diseñadores del lugar nunca les tomaron importancia y decidieron que todo el lujo debía estar dentro del ascensor, para el placer visual de sus usuarios. Las escaleras eran solamente áspero cemento, elevándose hasta lo alto del edificio entre paredes de frío concreto blanco. Las corrientes de aire, provenientes de quién sabe dónde, eran fuertes allí. Y heladas. Era como estar en la intemperie otra vez.

Los pasos de los dos jóvenes resonaban en ese lugar silencioso, el eco llevado y traído por el aire, como muchas personas subiendo esos escalones lentamente.

Lentamente.

Iori se volvió sobre sí mismo, para observar al joven que estaba algunos peldaños más abajo. Aún llevaba la manta y su abrigo, el gato se hallaba colgando de este último, jugando con las correas. Impacientándolo.

Pero el gato no importaba. Miraba a Kyo, que sujetaba fuertemente la baranda a un lado de la escalera. Vio su ceño fruncido, sus labios entreabiertos por el esfuerzo. El cabello que le caía sobre el rostro estaba húmedo de sudor, y jadeaba. Iori podía oír su respiración, y cómo el aire raspaba cruelmente su garganta. Esperó a que Kyo llegara hasta él, para ofrecerle un brazo donde apoyarse, dejando caer al gato en el proceso. Fue un gesto simple, tender su brazo para que Kyo dejara de aferrarse a la fría baranda. Sin embargo el joven Kusanagi lo miró como si pensara que Iori se estuviera burlando, y sonrió despectivo, a pesar de su aspecto tan adolorido.

- Yo puedo solo - fue lo que dijo, para sorpresa de Iori. Realmente, esperaba que Kyo aceptara su ayuda. ¿Acaso no se daba cuenta que a ese paso, solo, no llegaría ni siquiera al pequeño descanso entre piso y piso? Ah, Kyo no yarou, sonrió Iori para sí. Le agradaba saber que al menos no había perdido todo su orgullo.

Se hizo a un lado, para que Kyo pasara. Prefería ir detrás de él que oírlo rodar por las escaleras a su espalda. Mientras el joven pasaba frente a él, Iori notó que tenía lágrimas en los ojos, pero no dijo nada. Sólo se limitó a observarlo.

Una sombra, un sonido. Iori estuvo seguro de haberla visto y oído, en la puerta que daba a las escaleras. Lo sobresaltó, porque no esperaba que hubiesen ninjas en ese lugar. No los habían seguido, estaba seguro. A pesar de haberse detenido tantas veces a lo largo del camino, había tenido cuidado de fijarse si eran seguidos por un automóvil, pero no. Era imposible que los hubiesen encontrado.

Sin embargo su instinto le decía que había algo allí, alguien. Peligro.

Mientras Kyo subía, Iori descendió algunos escalones, para observar. Fue rápido, pero obviamente la sombra había desaparecido cuando él llegó a la puerta. Kyo lo miraba.

- ¿Qué pasa? - preguntó.

- Continúa subiendo - murmuró Iori, rozando con la punta de sus dedos el marco de la puerta.

- ¿Qué se supone que haces? - insistió Kyo, apartándose los mechones del rostro. Iori levantó la mirada hacia él, extrañado.

 

¿Me estás esperando? ¿Quieres que suba a tu lado?

- Nada - respondió el pelirrojo, subiendo de un salto los escalones y alcanzándolo -. Vamos.

Continuaron la lenta subida. Demasiado lenta para tan pocos escalones. El gato jugueteaba arriba ya, se les había adelantado. Kyo no quería aceptar la ayuda de Iori. No quería sentir sus manos sosteniéndolo. Pero, al mismo tiempo, le parecía que su corazón iba a estallar por el esfuerzo.

Finalmente, sintió que Iori subía hasta estar un escalón por debajo de él y lo sujetaba, obligándolo a apoyarse contra su pecho. Quiso alejarse.

- Te dije... que puedo solo - repitió. Poniendo sus manos sobre el pecho del pelirrojo para apartarlo. Iori no se movió.

- No he sido yo - murmuró Iori fríamente -. Tú te apoyaste en mí.

Kyo lo miró, incrédulo. ¿Qué tonterías estaba diciendo?

- Mou iinda, Kyo {Ya es suficiente} - dijo Iori -. Nadie te está mirando, no intentes hacerte el fuerte.

- ¿Qué...?

- Vamos - gruñó el pelirrojo de mala gana, pasando su brazo libre tras la cintura de Kyo. El joven no se movió. Iori frunció el ceño -. ¿O prefieres que te lleve en brazos?

- No... - murmuró Kyo con una sonrisa. Al mirarlo, Iori vio sus mejillas sonrojadas -. Está bien así.

Iori asintió, y continuaron el lento ascenso.

- ¿Tú... has tenido que soportar... esto...? - preguntó Kyo cuando tuvo un respiro. Iori asintió de forma casi imperceptible -. ¿Solo? - quiso saber Kyo.

- Claro...

- Pero yo nunca... Nunca pareciste...

- ¿Quieres callarte? - le cortó Iori.

Kyo bajó la mirada. Aquellas palabras... y el brazo de Iori en su espalda le parecían muy familiares, como si ya lo hubiera experimentado antes... Escaleras, frío, debilidad. Todo era igual. Como en años atrás... ¿cuándo? Parpadeó, mientras recordaba. Eran paredes metálicas, y escaleras oscuras. El camino que los llevaría fuera del laboratorio de N.E.S.T.S... Iori estaba con él...

Finalmente llegaron al segundo piso; el ascensor estaba cerca así que Kyo pudo descansar un poco mientras esperaban que las puertas se abrieran. Una vez adentro, no se dijeron nada. Iori ya no lo sujetaba, y tenía la mirada baja, pero era imposible para Kyo no observar su rostro en los miles de reflejos de los espejos que cubrían las paredes del ascensor. Iori le parecía calmado, tan diferente. Sus ojos usualmente fríos, o salvajes, eran normales. Su expresión tranquila. Amenazante, tal vez, pero si lo hubiera conocido así, jamás hubiese pensando que podía llegar a ser un asesino. Miró inconscientemente sus manos. Se detuvo un momento en el anillo que llevaba en el dedo medio de su mano izquierda. Nunca le había tomando importancia, pero ahora se preguntó de quién sería... Por qué lo llevaba... Era muy simple, sin adornos...

De pronto recordó algo.

- Yagami... el gato...

El pelirrojo murmuró algo que Kyo no alcanzó a oír.

- No lo puedes dejar... - intentó insistir Kyo y en ese momento Iori se lanzó contra él, golpeando con su puño la pared de espejo que estaba tras Kyo. Esta tembló, y todo el ascensor pareció estremecerse, pero no se rompió. Sólo fue el fuerte sonido, y la impresión de Kyo al ver el rostro del pelirrojo a milímetros del suyo.

- ¿Quieres dejar de ser tan bueno? - exclamó Iori, con furia contenida en su voz. Kyo lo miraba sin saber qué decir -. ¡¿Por qué te preocupas por un maldito gato cuando estás muriendo?!

La verdad, dicha cruelmente y sin tratar de suavizarla. Para Kyo fue como un golpe físico que hubiese podido sentir. Pero al mismo tiempo fue un alivio el oír la verdad que no se atrevía a aceptar. Y con respecto al gato... no lo sabía. Sólo pensó en él y ya.

Las puertas se abrieron e Iori se apartó de él, para que saliera. Estaban en un piso totalmente diferente a la decoración del recibidor. Este más parecía un piso de hotel cinco estrellas, alfombrado, de paredes crema, con hermosos marcos en sus puertas y adornos dorados. Crema y dorado, los números, los pequeños botones de los timbres. La áspera alfombra de color arena.

Iori echó a andar en dirección a un pasillo lateral, en silencio. Kyo lo siguió, mirando su espalda, confundido.

Finalmente, se detuvieron en una puerta. Bastó con que Iori girara el pomo para que ésta se abriera. El pelirrojo entró sin decir nada...

- Iori! Merry Christmas!

Un torbellino de rizos dorados y batas de seda apareció de la nada, yendo a hundirse en brazos del alto joven. Kyo retrocedió un paso, ese movimiento lo había cogido de improviso y no pudo evitar sobresaltarse. Cuando los rizos y pliegues se aquietaron, pudo ver que se trataba de una joven... y reconoció a la misma que había visto en compañía de Iori noches atrás.

En ese momento, ella no parecía haberlo visto, y sujetaba el rostro de Iori entre sus manos. Era alta, aunque no tanto como el pelirrojo. Pero sí lo suficiente para ponerse de puntillas y besar sus labios, primero tímidamente, y luego con más pasión, a medida que el pelirrojo le permitía ahondar ese sorpresivo beso. Kyo parpadeó. ¿Qué demonios...?

- Merry Christmas - repitió la rubia, sonriéndole a Iori y luego haciendo un mohín -. You were so bad... leaving me all alone in Christmas... {Que malos fueron, dejarme sola en Navidad...}

Iori no dijo nada, sólo levantó una mano para apartar los mechones rubios de los labios de la joven. Kyo se estremeció. Le parecía estar viendo algo imposible. Jamás había imaginado a Iori haciendo semejante movimiento, tan suave, con tanto cuidado... Nunca lo hubiera creído posible, excepto en el automóvil, con él. Sintió algo extraño, como una leve desilusión al saber que el pelirrojo trataba así a alguien más. Pensaba que sus golpes, y sus caricias, sólo estaban reservados para él. Que irónico, sonrió, al parecer el frío Iori Yagami sí sentía algo dentro de ese corazón cruel.

- I have your present... and neechan's... {Tengo tu regalo, y el de mi hermana...} - decía la joven, pero Iori la hizo callar, apartándola, dejando que viera a Kyo que los observaba con una expresión de completa perplejidad -. Ah... it's you, boy... {Ah, eres tú, muchacho...} - sonrió la joven.

- Namae wa Kyo {Su nombre es Kyo} - gruñó Iori, como informal presentación, entrando finalmente al departamento y lanzando su abrigo y la manta sobre el sillón. Lo dijo en japonés, sin molestarse en decirlo en inglés. Dejó a Kyo con la joven, y se metió en la cocina para sacar una lata de cerveza.

- Come in {Entra}, boy - sonrió la joven a un Kyo totalmente confundido -. Come in - repitió ella, sujetándole una muñeca y atrayéndolo hacia el interior. Lo besó dulcemente en la mejilla -. Merry Christmas to you, too. I'm sure Iori will make us a nice dinner, aren't you Iori? {Feliz Navidad a ti también. Estoy segura de que Iori nos hará una deliciosa cena, ¿verdad, Iori?}

El pelirrojo frunció el ceño murmurando una ininteligible maldición. ¿Qué demonios se creía esa chica?

++++++++

Horas después, casi al amanecer, Iori estaba tendido en el sillón, fumando. Sobre la mesa del comedor yacían los restos de una cena de comida rápida, proveniente del único restaurant chino que encontraron abierto a altas horas de la madrugada en plena Navidad. Tsukiyo había comido feliz, mirando a los dos jóvenes que estaban con ella. El pelirrojo obviamente despertaba su deseo, quería seducirlo, y ese beso que le dio al llegar aún lo sentía en sus labios, esa pasión, ese fuego... El otro muchacho, que por alguna razón parecía ser mucho menor que Iori, le agradaba. Le encantaba llamarlo "boy" y ver la mueca de desagrado en su rostro.

Pero estaba cansada, cansada de esperar sola a que su hermana y el pelirrojo volvieran, así que en determinado momento se retiró a su habitación, despidiéndose de Kyo y de Iori con los respectivos besos en las mejillas. Kyo la había seguido con la mirada hasta que ella desapareció tras la puerta de su cuarto. Luego había cerrado los ojos.

- No comiste nada - acotó Iori, desde el sillón.

- No tengo hambre - respondió Kyo en voz baja.

- Morirás de hambre antes de morir por el Henka, si sigues así - agregó Iori.

- ¿Cuándo vas a dejarme en paz? - exclamó Kyo. Se hubiera puesto de pie, pero no creía tener fuerzas suficientes.

- Cuando mueras - terminó el pelirrojo, incorporándose. Miró a Kyo, y luego la mesa cubierta de sobras. No había esperanzas de que Kyo lo ayudara a limpiar todo eso, así que Iori suspiró mientras le hacía un gesto para que se acercara. El joven no se movió. Impaciente, el pelirrojo fue hacia él -. No te preocupes, no te queda mucho tiempo - dijo, pero su voz no fue cruel, lo dijo suavemente. Kyo bajó aun más la cabeza -. Pensé que querías que alguien te dijera las cosas fríamente - murmuró Iori al ver esa reacción -, sin tratar de esconderte la verdad.

Los hombros de Kyo se estremecieron, Iori pudo verlo claramente.

- Quiero... y la vez no quiero... - dijo Kyo -. No quiero que me lo oculten... pero no quiero aceptarlo tampoco... - hizo una pausa. Iori sujetó su barbilla, obligándolo a observarlo. Los ojos de Kyo estaban húmedos, pero no lloraba. Las lágrimas no caían.

- ¿Quién te entiende? - gruñó Iori -. Como sea, necesitas descansar.

El pelirrojo obligó a Kyo a ponerse de pie, y lo llevó al sillón donde momentos atrás había estado recostado. Dejó que Kyo se sentara, y lo observó. Vestía un simple traje negro, sin adornos, estaba manchado de sangre, y el color hacía que Kyo se viera aun más pálido. Fue entonces que recordó que tenía fiebre.

- Maldición - murmuró. Dejó a Kyo solo un momento, y se dirigió a su habitación, donde encontró una vieja camisa y algunas mantas limpias. Volviendo a la sala, dejó todo a un lado y extendió sus manos hacia Kyo. El joven retrocedió por instinto, y aquel gesto sorprendió a Iori, pero luego le pareció divertido. No importaba lo bien que lo hubiese tratado mientras duraba el viaje de vuelta a la ciudad, ni que le hubiese salvado la vida. Kyo jamás confiaría en él, ¿verdad?

Alcanzándolo, sujetó a Kyo, sólo para ayudarlo a desvestirse. El joven no se resistió. La parte superior de su traje fue lanzada al suelo, y el pelirrojo se quedó observándolo. No se había esperado eso. Kyo estaba vendado a la altura de su abdomen, y todo su cuerpo, brazos y espalda estaban cubiertos de huellas de quemaduras y recientes golpes. El vendaje debía tener tiempo ya, y empezaba a soltarse, dejando ver una marca roja, la inconfundible marca del fuego escarlata.

- ¿Tu primo? - preguntó Iori quedamente, mientras soltaba la correa del pantalón de Kyo.

- Uhm - fue la respuesta -. Kusanagi Souji-sama - dijo luego Kyo con un obvio tono de burla, mientras los pantalones se deslizaban por sus piernas, hasta dejarlo al descubierto. A Iori nada parecía importarle, salvo las heridas que cubrían a Kyo. Rozó un corte a la altura de su rodilla.

- Esto ya no sanará - dijo suavemente -. Tu cuerpo está demasiado débil.

Luego Iori sujetó los vendajes, empezando a retirarlos. Miró el desagradable aspecto de esa herida, pero no dijo nada. Tenía frente a él el cuerpo casi desnudo de la única persona a la que había deseado con locura. No importaba si era para matarlo, lo había deseado. Es más, lo deseaba en ese momento, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no tocar ese lugar privado de Kyo, y no dejar que sus ojos expresaran lo que estaba pensando.

Sujetó la camisa que había sacado de su habitación y se la entregó a Kyo, que sin resistirse se la puso lentamente. Le quedaba larga, obviamente. Si se ponía de pie, quizás le cubriría las piernas hasta los muslos, pero no importaba. Iori lo obligó a recostarse, cubriéndolo con una de las mantas.

- Puedes pasar unas noches aquí - dijo simplemente, tocando la frente de Kyo. Sí, aún había un poco de fiebre -. Descansa.

¿Qué debía hacer?, pensaba Kyo. ¿Agradecerle?

Iori se puso de pie y le dio la espalda sin esperar respuesta. Se dirigió a la mesa, desordenada y sucia, y volvió a suspirar. Su instinto le decía que no sería mala idea prenderle fuego a todo, pero su sentido común lo obligó a ir a la cocina en busca de una bolsa, meter todo allí, y dejarlo en el basurero. Que, por cierto, estaba en el exterior del edificio.

Maldiciendo la fecha, Iori lanzó la bolsa llena de desperdicios en un rincón de la cocina. Él no iba a dárselas de ama de casa, de ninguna manera. Que Mature se ocupara de eso cuando regresara. Él tenía otras cosas que hacer.

Fue a la sala nuevamente, apagando las luces de la cocina y bajando la intensidad de la iluminación en el pequeño salón para que el brillo no molestara a Kyo. Sin embargo éste ya se había dormido profundamente cuando él pasó por su lado. No pudo evitar quedarse observando su rostro tranquilo. Pocas veces había tenido la oportunidad de ver a Kyo dormir, pero siempre que lo hacía, le recordaba su expresión cuando lo encontró inconsciente en el escalofriante laboratorio de N.E.S.T.S. Parecía dormir tranquilamente, sedado, y cuando lo despertó... Iori cerró los ojos. Cuando lo despertó y el efecto del sedante pasó, había oído sus gritos de dolor cuando notó las decenas de agujas clavadas por todo su cuerpo.

- Kyo...

¿Había tenido algo que ver el que experimentaran con su cuerpo con el grave estado en que lo había dejado el Henka? Para Iori era lo más probable. Kyo era fuerte, era el más fuerte según los ancianos de su propio clan. El Henka hubiese pasado desapercibido, pero quizás aun continuaba débil luego de la experiencia que vivió en N.E.S.T.S.

Se había sentado a su lado sin darse cuenta. Sujetó la manta, que resbalaba por un lado, y cubrió bien a Kyo. Sus manos rozaron su mejilla sin querer, y lentamente delineó su barbilla y sus labios con la punta de sus dedos. Que suave era su piel, como la de una mujer. Tersa y fría. Y que delicada era la curva de sus mejillas, sus cejas, sus ojos cerrados. Su expresión a veces tan infantil. Kyo infantil, sonrió. Cuando estaba con su novia y sus amigos, a veces dejaba entrever esa expresión, pero hacía años que no la veía.

Se sentía bien al tenerlo allí, bajo su techo. Era irónico, pero le agradaba. En momentos como ese, olvidaba que alguna vez quiso matarlo. Ahora todo lo que quería era quedarse allí viéndolo dormir.

Bien, como no podía pasar el resto de la mañana sentado haciendo nada, Iori acarició una última vez el rostro de Kyo y se puso de pie, para salir del departamento. Bajó en el ascensor hasta el segundo piso, y luego fue en silencio a las escaleras. Escuchó atentamente. Nada. Ni una presencia. Ni una sombra. Descendió algunos escalones, observando cada rincón, sus sentidos alerta. Nada. Suspiró.

- Neko? - llamó suavemente, inclinándose sobre la barandilla para mirar si el gato estaba en algún lugar. La puerta entreabierta llamó su atención, y supuso que el animal se había ido por allí. Salió en silencio. No se había dado cuenta que bajó un piso más del que debía, y aquella puerta lo había llevado al exterior. Estaba en el estacionamiento nevado. Cerca de su automóvil.

Nunca supo por qué, pero se acercó al vehículo aun sabiendo que no había nada allí. Rozó la nieve que se había acumulado en la superficie... y luego se estremeció al notar que en la parte posterior había menos nieve que en la delantera. El significado era obvio.

Sacando las llaves del auto de su bolsillo, la introdujo en la cerradura de la maletera y abrió. ¡Ah, era tan obvio! ¡Había sido un estúpido al no darse cuenta! Ahí estaba el six-pack, y las botellas vacías de cerveza... la misma marca que el grupo de jóvenes había estado comprando en la pequeña tienda, donde él compró el agua para Kyo. ¡Idiota! Los había llevado directamente al único lugar que él consideraba seguro. Maldición... ¿Cuántos jóvenes vio esa vez? Intentó recordar, pero su preocupación por Kyo, y el apuro, no le habían dejado prestar atención a ese tipo de detalles. ¿Cuatro? ¿Seis? ¿Y cuántos de ellos habían ido en el auto? No entraban más de dos, de ninguna manera. ¿Dónde estaban ahora?

- Muy descuidado, Yagami - dijo una voz a sus espaldas -. Muy descuidado.

Se volvió bruscamente, luego de cerrar la puerta con violencia, en su rostro una expresión amenazante. Estaba furioso, y esa voz jactanciosa sólo lo molestaba más.

- Dare da, kisama? {¿Quién demonios eres?} - preguntó, y una sombra salió a la luz. Era un ninja, uno de los muchos ninjas sin nombre que todos los clanes poseen. Un asesino silencioso, que mata y luego desaparece como si nunca hubiese existido. Era la sombra que Iori notó en la escalera, y uno de los jóvenes que estaban en la tienda.

- Nadie en especial - fue la respuesta, mientras el joven, obviamente borracho, se lanzaba contra el pelirrojo.

Iori gritó, sus manos como garras, encogiéndose en sí mismo para lanzar un golpe cuando el ninja estaba justo frente a él. Fue tan patéticamente fácil, atravesar su cuerpo, desgarrar su piel y salpicar su sangre. Tan fácil, tan frágil. Y el pelirrojo lo disfrutaba, le gustaba destruir una vida de ese modo, después de todo, él siempre había sido un asesino. No había ni remordimientos ni pesar, matar era algo tan natural en él... Y no había habido nadie que pudiera evitarlo. Si él deseaba destruir algo, lo hacía. Si quería matar a alguien, lo hacía. Y en toda su vida, el único que se le había resistido, sin hacer demasiado esfuerzo, era Kyo.

Dejó caer el cuerpo muerto sobre la nieve, que rápidamente se tiñó de rojo oscuro. Mirando a su alrededor, Iori se aseguró que nadie estuviera observando y, reuniendo su fuego en la palma de su mano, lanzó una llamarada que rápidamente encendió la piel y la tela, ardiendo salvajemente, como una hoguera descontrolada. Sin embargo no importaba lo vivas que parecieran las llamas, cuando no hubo más que quemar, se apagaron lentamente, por sí mismas, dejando una marca sanguinolenta y oscura sobre la nieve. Iori lanzó un golpe hacia el suelo, y toda la nieve del lugar se removió, salpicándolo, ocultando los restos y las huellas de ese asesinato. Era tan fácil...

Observó sus manos manchadas de sangre, y bastó con encender el fuego para que ésta se consumiera. Fuego. Nuevamente pensaba en Kyo. Cuando el Henka no tuviera nada más que consumir, se apagaría, y se llevaría con él a Kyo. Eso sería inevitable. ¿De qué servía protegerlo si de todas maneras moriría? No podía dejar de hacerse esa pregunta mientras volvía a entrar en el edificio. Habían sido descubiertos, y sería cuestión de horas antes que los malditos ninjas irrumpieran en el lugar. Quizás debía llevar a Kyo a otra parte.

Corrió escaleras arriba, rápidamente. Sentía que debía darse prisa y sacar a Tsukiyo y Kyo de allí. Ya le explicaría luego a Mature.

Pensando así, no notó la sombra negra que cruzó entre sus piernas y que estuvo a punto de hacerlo caer. Sujetándose ágilmente de la baranda, el pelirrojo maldijo en voz alta antes de mirar para ver de qué se trataba. Parpadeó. Ah, era el maldito gato.

- Koi {ven} - le dijo, sujetándolo de la piel del cuello y continuando su carrera escaleras arriba. En algún piso tomó el ascensor, pero incluso así no tenía la impresión de estar ganando tiempo. Maldición, ¿cómo había sido tan tonto para no notar que había llevado polizontes en su propio vehículo? ¿En qué demonios había estado pensando?

Una voz en su cabeza le respondió, al tiempo que entraba en el departamento: en Kyo.

Kyo observaba al agitado pelirrojo. Estaba sentado en el sillón, envuelto en la manta, y lo miraba algo soñoliento. Había sentido la explosión de fuego púrpura varios pisos más abajo y eso lo había despertado.

- ¿Qué sucede? - le preguntó a Iori cuando lo vio en ese estado. El pelirrojo pareció confundido y se limitó a caminar hacia él para entregarle el gato. Lo dejó caer sobre Kyo, que lo sujetó para que no rodara por un lado del sillón y fuera a darse contra el suelo. Parpadeó perplejo. Yagami... ¿Yagami lo había ido a buscar para él?

- Descansa un momento más - le indicó Iori, lamentando tener que obligarlo a salir nuevamente, cuando lo que necesitaba era estar en un lugar tranquilo y cálido -. Tus ninjas saben que estamos aquí.

- ¿Qué? - murmuró Kyo, pero en seguida su expresión cambió totalmente -. Deja que vengan - susurró con una sonrisa triste -. De todos modos no creo que vaya a salir de aquí con vida. - Y mientras decía esto, Kyo apartó la manta, y Iori pudo ver que su camisa, que era blanca, estaba casi teñida de rojo en los puños, y pecho. La sangre había salpicado la prenda y Kyo parecía perderse entre esas manchas escarlata.

Iori se quedó mirándolo. Sangre y un rostro bonito, siempre habían sido una buena combinación... pero no le agradaba verla esta vez en Kyo.

- Traeré algo para que te cambies - dijo Iori con suavidad.

- Se ensuciará de nuevo - le cortó Kyo, aún con una sonrisa, antes de empezar a toser. El pelirrojo cerró los ojos. Era como si él mismo sintiera el dolor. No quería ver a Kyo así, no lo soportaba.

Se dejó caer en el sillón a su lado, lanzó al gato a la alfombra y sujetó a Kyo entre sus brazos, para sorpresa del joven. El aura violeta apareció de nuevo, y Kyo gimió cuando sintió el poder penetrando en su cuerpo. No era doloroso, pero sí sumamente extraño, como si muchas manos lo tocaran y acariciaran para volverse uno con él. Era cálido, y calmaba su dolor y la debilidad que sentía.

Inconscientemente pasó sus brazos alrededor de Iori, aferrándose a esa dulce calidez que lo aliviaba. ¿Era posible que Iori pudiera... salvarlo de este modo? Pero antes de que pudiera pensarlo más, la calidez desapareció. Se sentía mejor, sí, pero no era suficiente.

- ¿Qué hiciste? - preguntó Kyo lentamente.

- No preguntes - respondió Iori apartándose, pero sin poder evitar dirigirle una mirada cargada de preocupación. Esta vez había sentido como si Kyo absorbiera su energía, no como si él se la ofreciera. En verdad era una mala señal, y Kyo tenía razón al decir que no soportaría un viaje más.

- Me siento mejor - murmuró Kyo, abrigándose con la manta nuevamente y levantando sus ojos hacia Iori -. Gracias, Yagami.

El pelirrojo asintió, luego se retiró a su habitación.

+++++

El atolondrado joven no podía evitar reír. Había pasado un gran momento oculto en el vehículo del Yagami sin ser notado. La excitación que le producía el haber corrido ese riesgo era aumentada cientos de veces por el alcohol que había en su sangre. No sólo habían bebido las seis cervezas que robaron de la tienda antes de introducirse en el automóvil. En realidad, estuvieron bebiendo toda la noche, mientras hacían guarida esperando que Kyo-sama apareciera. Bien, ya lo habían visto, había oído la conversación que tuvo con el Yagami y era totalmente claro que estaba traicionando a su clan.

El nuevo líder les había ordenado matar a Kyo, o capturarlo. Pues bien, él no era tan iluso como su compañero de pensar que podría vencer al pelirrojo en un combate cuerpo a cuerpo, así que en ese momento se dirigía a tomar un taxi que lo llevara hasta la mansión Kusanagi para anunciarle a todos dónde se hallaba oculto el traidor. La idea era fácil y atractiva.

Se había alejado algunas calles del edificio de departamentos, cuando el amanecer estaba cercano, pero oyó claramente la explosión, y sintió el brillo del fuego púrpura a su espalda. Para el resto de personas, aquello podría haber sido un fuego artificial que alguien hacía estallar tardíamente, pero este ninja sabía que era su compañero pasando a mejor vida. No se volvió, no le importaba. De este modo, toda la recompensa sería para él.

- Feliz Navidad.

Una dulce voz, muy amable, saludándolo cuando él llegó a la parada de buses.

- Ah... F-Feliz Navidad - tartamudeó, volviéndose para ver quién le hablaba. Se trataba de un joven, de cabello claro, rubio a la tenue luz de la madrugada. Sus ojos eran verdes, y resaltaban contrastando con su piel pálida. Vestía un simple sweater negro, y tenía una pequeña marca de un corte reciente en su mejilla, pero le sonreía cálidamente. Le resultaba vagamente familiar, pero con tanto alcohol en el cuerpo, era posible que hasta el cuchillo que el desconocido sujetaba en su mano fuera una ilusión.

¿Cuchillo?

La hoja cortó lentamente su cuello, sin profundizar mucho, pero sí fue doloroso. Gritó, pero su boca fue cubierta por una mano y su grito sofocado. Intentó liberarse, pero el cuchillo simplemente entró más en su piel.

- Dare da temee wa {¿Quién eres?} - preguntó en un jadeo, intentando hacer algo de espacio entre el cuchillo y su cuello.

- Eso no te importa, porque de todas maneras vas a morir - fue la respuesta en un susurro. Y en seguida una orden -: Responde, ¿dónde está Kyo?

Una oportunidad.

- ¿Me dejarás ir si te lo digo? - preguntó estúpidamente, realmente teniendo algo de esperanzas.

- Lo consideraría - fue la respuesta.

Levantando un brazo tembloroso, señaló a su espalda, al edificio que se alzaba tras ellos.

- Gràcies {Gracias} - susurró el joven rubio en su oído. Retiró el cuchillo lentamente, y cuando iba a respirar aliviado, sintió un corte helado que cruzó su cuello de lado a lado. Atacado a traición...

A medida que la sangre abandonaba su cuerpo, brotando abundante del corte que había sido abierto salvajemente, el joven ninja recordó que entre los grupos de guardias que protegían a las otras ramas de la familia Kusanagi se corría el rumor de que Kyo-sama tenía a un grupo de muchachos que, por un capricho tal vez, habían sido aceptados como ninjas. Estaban liderados por un tipo de cabello y ojos claros, y se decía que era capaz de atacar a sangre fría a sus propios compañeros si estos no lo obedecían. Usualmente trabajaban en secreto, sin llamar la atención... Tuvo la seguridad de que se había encontrado con uno de ellos... Siempre deseó poder medirse con ese tal Alex y murió pensando ingenuamente que de no haber bebido tanto podría haberlo vencido...

Continúa

[ Capítulo 12: Piezas de una Fantasía  ]

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Shades of Flames and Passion
Febrero, 2002