Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 12.- Piezas de una Fantasía

Alex se llevó una mano a su brazo, haciendo presión a la altura de su codo, donde sentía claramente que la sangre continuaba brotando, corriendo, impregnándose a su traje negro que no servía para protegerlo del frío. El viento se sentía más helado ahora que se dirigía lentamente al edificio de departamentos que le había señalado el ninja. Se sentía cansado, demasiadas luchas, demasiadas heridas, la incertidumbre de no saber qué había sucedido con sus compañeros...

Recordaba haber sido golpeado y caído en el camino, justo afuera de la mansión Kusanagi. Detuvo el golpe de un cuchillo que iba dirigido a su rostro, pero al hacerlo la hoja había atravesado limpiamente su brazo izquierdo. Debido al dolor, no pudo evitar que la hoja rozara también su mejilla, pero eso era un detalle mínimo. Sus compañeros lo habían ayudado, y le indicaron que descansara un momento, mientras ellos se hacían cargo de cubrirlo. Shikai lo acompañó durante unos pasos, para que no estuviera indefenso, y, en un susurro, le sugirió que fuera tras Kyo. Era Kyo quien necesitaba a alguien capaz a su lado. Pelear contra un grupo de ninjas era cosa fácil, pero enfrentar a aquellos que lograran dar con el paradero de Kyo ya era otro asunto. El muchacho rubio casi lo empujó para que entrara a la mansión de nuevo, y tomara una de las motos que guardaban cerca de sus habitaciones. Debía encontrar a Kyo, y debía hacerlo lo antes posible.

Eso había hecho, seguir el camino por el que vio desaparecer el vehículo del pelirrojo. Era un sendero silencioso, y el viento helado lo hería. No vestía nada que lo protegiera, ni guantes, ni un abrigo. Era sólo su traje negro, y su cabello rubio revoloteando al viento.

La oscuridad lo rodeaba, y el silencio. No podía dejar de pensar en la mirada que le dirigió Kyo cuando vio que lo dejaba ir con Yagami. Sentía algo de pesar al recordarlo, durante un momento le había parecido un niño que no quiere ser dejado solo... Sonrió... No podía dejar de ver a Kyo como a su hermano pequeño.

Casi había perdido la noción del tiempo cuando de pronto la moto que manejaba pasó sobre algo. Había estado tan distraído que no vio el bulto en medio del camino. Frenó bruscamente, el sonido del motor entre sus piernas apagándose y dejándolo rodeado de más silencio... y débiles quejidos. Girando la luz del vehículo, se sorprendió al ver el valle al costado de la carretera cubierto de cuerpos muertos o agonizantes. Ninjas, de otros grupos, pero todos sirvientes del clan Kusanagi. Alex no había descendido de la moto porque, justo frente a él, vio dos siluetas de pie, erguidas, muy juntas. Las reconoció: eran las compañeras de Yagami. Pero... ¿dónde estaba el pelirrojo? ¿Y Kyo?

- Doushita, anta? {¿Qué te pasa?} - preguntó una de las mujeres, al verlo paralizado en medio de aquella matanza.

- Doushite koko ni...? {¿Por qué están aquí...?} - pudo murmurar él, asqueado ante la escena. Era suficiente con anular a los ninjas, dejarlos inconscientes o por último matarlos limpiamente, pero lo que se extendía frente a él era en verdad una carnicería. No había necesidad de ser tan violentos, tan despiadados. - Kyo wa doko... ka...? {¿Dónde está Kyo?}

- ¿Kyo? - repitió la rubia, y se acercó un paso. Su vestido estaba húmedo de sangre que no era suya. Los ojos azules de la compañera de Iori se encontraron con los verdes de Alex, ambos sostuvieron la mirada unos segundos y finalmente la rubia lo reconoció -. Aa... tú eres ese ninja... - dijo con una media sonrisa. No era cruel, ni burlona, sólo un poco lejana -. Asoko {Por allá} - dijo, señalando el horizonte, hacia donde Alex sabía que estaba la ciudad.

- ¿Están heridas? - les preguntó a las mujeres, que parecieron sorprendidas. Ellas rieron.

- No es nada - sonrió Mature -. Ya vete.

Alex asintió. Tenía la vaga idea de que esas dos mujeres iban a deshacerse de los cuerpos luego de verificar que no quedara nadie agonizante que las pudiera delatar, pero no se atrevió a preguntarles. Sólo encendió la moto y pronto el sonido del motor fue todo lo que se oyó, alejándose a la distancia.

Ahora la moto estaba estacionada varias cuadras más allá, y Alex caminaba lentamente tropezando en la nieve. Dejando de lado toda su agilidad ninja para parecer un joven que regresaba a casa luego de una noche de fiesta. Entró en el estacionamiento del edificio cabizbajo, aún sosteniendo su brazo herido. Podía anular los impulsos del dolor, ordenarle a su cerebro que los ignorara, pero no quería. El dolor le permitía mantenerse consciente luego de haber estado perdiendo tanta sangre durante su camino a la ciudad.

Levantó la mirada al llegar a las puertas del edificio. Podía ver al guardia dormitando en la entrada, y las ventanas cerradas, elevándose hacia el cielo que empezaba a aclarar. Se preguntó si debía entrar sigilosamente, como alguien del edificio, o saltar hacia aquellas ventanas que en ese momento le parecían inalcanzables. Suspiró, mientras recorría el espacio que lo separaba de las puertas de vidrio. Pasó por la nieve, despacio, notando sin querer las claras huellas que había dejado alguien al intentar ocultar las marcas de una pelea. Sin duda se habían ocupado de uno de los ninjas de manera muy eficiente...

Con un silbido, las puertas se abrieron, sobresaltándolo. No se esperaba aquello. Pero luego todo estuvo tan silencioso que se obligó a entrar, sin hacer ruido. El guardia no despertó, ni siquiera lo sintió. El ninja no sabía en qué departamento estaba Kyo, pero no quería arriesgarse y preguntarle al guardia, eso sería muy tonto. Sólo entró, lanzándole una mirada a los elevadores descompuestos, que tenían un pequeño aviso que pedía que por favor se utilizaran a partir del segundo piso. No era problema, ¿qué más daba un piso más o un piso menos? Ya encontraría la forma de dar con Kyo.

* * *

Iori vio la figura cruzando la calle para dirigirse al edificio, pero no le prestó atención. Si hubiese sido un ninja no se habría dejado ver; este joven caminaba zigzagueando, como si no le importara que todos supieran que estaba borracho. Indiferente, el pelirrojo empezó a buscar algo de ropa en su armario. Revolvió todo hasta dar con lo que buscaba. Realmente odiaba que Mature, o quien fuera, cambiara de lugar sus cosas. Aunque era desordenado, sabía dónde encontrar cada una de sus cosas, pero cuando Mature intervenía en el armario, era cuestión de días volver a encontrar una simple prenda.

Lanzó algunas camisas sobre la cama, y pantalones que hacía tiempo había dejado de utilizar. Un abrigo, un poco de todo. Por último hizo aparecer un bolso desde algún lugar recóndito y también lo lanzó hacia la cama. Pensaba que debía salir de allí, con Tsukiyo y Kyo, lo antes posible. La idea de que un ninja lo había seguido aún lo enfurecía. Ya estaba muerto, pero su compañero posiblemente había escapado para informar a los idiotas en la mansión Kusanagi.

Todo por culpa de Kyo; su mundo privado, el lugar en que sentía que podía estar tranquilo, ahora sería blanco de los ataques de sus peores enemigos. Y, sin embargo, no se sentía tan mal, ahora que lo pensaba con detenimiento. Tsukiyo podía defenderse sola, después de todo, era hermana de Mature. Y Kyo... Él se haría cargo de que nadie lo tocara. No hasta decidir qué haría con él.

* * *

Kyo se había quedado esperando, acurrucado contra el sillón y envuelto en la manta. Aún vestía la camisa de Yagami, y sabía que estaba completamente manchada de sangre. No había podido evitarlo. Sabía que esa prenda estaba perdida para siempre, y que su futuro más probable sería alimentar a las llamas púrpura del pelirrojo. No vestía nada más que esa camisa y su ropa interior. Tiempo atrás se habría estremecido de sólo imaginar que Iori lo viera en ese estado tan humillante, pero se había sorprendido mucho cuando el pelirrojo lo empezó a desvestir y él no sintió nada... nada salvo un ligero deseo, una extraña sensación, cuando vio los ojos de Iori recorriendo su cuerpo, mirando las marcas de golpes, y luego sus manos tocándolo tan suavemente. Estaba seguro que vio algo brillar en esos ojos rojos, un segundo, un titubeo, que desapareció de repente, como si nunca hubiese estado allí. Creía saber qué había sido aquel brillo, y se sonrió amargamente al pensar: "¿Qué sucede Yagami, ahora ni siquiera vale la pena... tomarme?". Sacudió la cabeza, sintiendo que sus mejillas se enrojecían. No sabía por qué pero siempre había creído en los rumores que corrían entre los otros peleadores durante los torneos, aquellos que decían que Yagami solía pasar la noche acompañado de hermosas mujeres... o jóvenes de otras bandas que conocía durante sus conciertos. No le importaba la vida privada de Yagami, por él podía ir y seducir al mismo Orochi, pero cuando esos rumores llegaron a él, le pareció que eran muy probables. La forma de ser de Iori, la forma como trataba tan fríamente a todos... Sí, bien podía hacer cosas que escandalizaran a los demás y que para él no significaran nada más que una noche de placer.

Por eso, ahora que había estado tan cerca de Iori, pensaba en que cada mirada y cada roce de sus manos tenían un significado oculto, un deseo que mantenía bajo control, y se estremecía. Quizás sólo imaginaba todo, pero Kyo no podía evitarlo. Y, en esos momentos en que sabía que su vida pronto terminaría, sentía una profunda curiosidad por conocer al pelirrojo, por conocer la pasión del pelirrojo.

- Doushita no, Kyo?

Se sobresaltó. Era Iori mirándolo desde la puerta de la habitación con una expresión neutra, pero su voz denotando curiosidad. Kyo apartó la mirada, sentía que sus mejillas estaban encendidas, y no quería que el pelirrojo supiera a qué se debía ese rubor. Para su desgracia, Iori se acercó a él y puso una mano en su frente, pensando que tenía fiebre de nuevo. No, no era fiebre. Se miraron un momento, Kyo aún sonrojado, Iori algo confundido, sin entender la razón de su color.

- Nos iremos de aquí - dijo Iori fríamente, sin dejar de observar a Kyo cuya expresión cambió de sorpresa a algo de indiferencia. Como si preguntara: "¿y qué?" -. Tienes que vestirte - el pelirrojo dejó un poco de ropa junto a Kyo que no se movió. Iori frunció el ceño -: ¿Qué? - gruñó.

- Ya está bien - sonrió Kyo dulcemente -. Está bien que me encuentren... ya no importa - hizo una pausa, parpadeando despacio -. Prefiero quedarme aquí a esperar que lleguen y dejar de causarte problemas.

El pelirrojo pareció alterarse durante un momento, pero conservó su actitud fría cuando gruñó:

- ¿Crees que lo hago por ti, idiota? No quiero que encuentren este lugar y lo hagan pedazos tratando de matarte. - Kyo sintió un frío estremecimiento. No sabía por qué no se había esperado esa respuesta, aunque era típica de Yagami, que continuó -: Iremos a un lugar donde sea más fácil destruirlos. Ahora...

Kyo retrocedió inconscientemente, contra el respaldo del sillón. Las manos de Iori habían alcanzado su pecho, el cuello entreabierto de la camisa, para desabrocharla. Ambos se quedaron quietos súbitamente, Iori perplejo por el brusco movimiento de Kyo, y Kyo sorprendido de tener otra vez las manos de Iori encima de él... mientras sus mejillas se coloreaban de nuevo cuando sus pensamientos se salieron de control. El pelirrojo rió.

- ¿Qué? ¿Tienes miedo de mí? - se burló, riendo apagadamente, bajando la cabeza y sus hombros estremeciéndose. Kyo no asintió ni lo negó. No era miedo... Claro que no era miedo. Se sentía sumamente avergonzado.

El alto pelirrojo estaba sentado a su lado en el sillón, vuelto hacia él. Se había cambiado su traje y ahora vestía la clásica camisa blanca y larga, desabotonada en las mangas y el pecho, dejando ver sus músculos y su piel tersa. Los pantalones eran rojos, y en su cuello estaba ese curioso accesorio al que Kyo jamás le pudo encontrar sentido. Ver ese atuendo era tener a Yagami frente a él otra vez retándolo para pelear...

Los botones de la camisa que Kyo vestía fueron desabrochados, e Iori apartó la prenda ensangrentada, dejando a Kyo desnudo otra vez. El joven no le hacía fáciles las cosas, no ayudaba a que la prenda se deslizara por sus brazos. Se sentía paralizado al tener a Iori tan cerca, con esa expresión, y sus manos rozando su cuerpo.

- Estás tenso, Kyo - sonrió Iori burlón, mientras apartaba la camisa y miraba el cuerpo de Kyo una vez más. La sonrisa no desapareció mientras examinaba el pecho de Kyo, rozando con la punta de los dedos, sin darse cuenta, la firme línea de su musculatura.

- ¿Q... qué haces...? - murmuró Kyo.

Esa pregunta pareció hacer reaccionar al pelirrojo, que apartó sus manos alzando la mirada para encontrarse con los ojos de Kyo. Bastó con verlo, desnudo, acurrucado contra la esquina del sillón, y sonrojado, para que comprendiera qué le sucedía. ¿A cuántos jóvenes había visto con esa misma expresión? Si en verdad Kyo había empezado a comprender el que iba a morir en poco tiempo, quizás también estaba sintiendo esa curiosidad por lo prohibido, ese deseo secreto de intentar hacer algo diferente, algo que iba contra la moral, pero que no importaba porque en la muerte la moralidad no es nada. Sí... era eso. Podía leerlo claramente en su mirada. Comenzaba a sentir el deseo, y se avergonzaba porque quería que fuera él, su enemigo, quien...

Pero Iori no quería. La idea había pasado por su mente también, pero en verdad no quería involucrarse con Kyo. Aun cuando dejara de lado el hecho que era un Kusanagi, su enemigo, no quería llegar a nada porque simplemente sabía que Kyo iba a morir. Y secretamente temía que, de permitírselo, el joven se haría querer. El dulce Kyo...

Un golpe en la puerta los sobresaltó a ambos. Se miraron un segundo más antes de que Iori se pusiera de pie, alerta, para acercarse rápidamente a la puerta mientras miraba sobre su hombro para asegurarse que la ventana de su habitación estuviera cerrada.

- ¿Quién es? - preguntó secamente en el intercomunicador, inclinándose para mirar la pequeña pantalla que había a un lado, donde podía ver claramente la imagen de alguien vestido de negro, esperando pacientemente tras la puerta, en el pasillo desierto. Esa figura le resultaba familiar. - ¿Quién...? - iba a preguntar de nuevo, antes de salir y encender en púrpura a ese desconocido silencioso, cuando se oyó una voz suave y cansada.

- Soy Alex. ¿Está Kyo allí... Yagami-san?

Iori miró a Kyo, que se había vuelto al oír esa voz. Dudó. ¿Debía decirle? Si ese ninja había encontrado el departamento, varios lo seguirían, era obvio. No tenía la menor idea de cómo pudo dar con ese lugar, quizás los otros ninjas espía ya habían dado la voz. No quería que encontraran a Kyo, no todavía.

- Déjalo pasar, Yagami - murmuró Kyo al ver que Iori no reaccionaba -. Es Alex - insistió luego -. Está bien.

Finalmente la puerta se abrió, y los ojos de Iori examinaron a ese joven vestido de negro que esperaba afuera. Hermosos ojos verdes, pensó, dejándolo entrar. Alex hizo una ligera inclinación como saludo, y apenas vio a Kyo en el sillón tuvo que hacer un esfuerzo para no correr hacia él. La puerta se cerró, el pelirrojo se quedó apoyado allí, observando la reacción de sus dos invitados. Los ojos de Kyo brillaban, el sonrojo totalmente desaparecido. El ninja no parecía tal. Sus movimientos eran lentos y bastante torpes, mientras se acercaba a su amigo, sosteniendo su brazo con una mano. Ah, estaba herido, pensó Iori. No era tan bueno como había imaginado, si se había dejado herir por alguno de esos inútiles ninjas Kusanagi.

- Estàs bé, Kyo? {¿Estás bien, Kyo?} - la pregunta de esperarse, y la obvia ironía, pero ambos jóvenes parecían haberse olvidado de todo. No podían ocultar el alivio que sentían al verse.

- Tú estàs bé? {¿Tú estás bien?} - respondió Kyo. Alex realmente no parecía estar bien, demasiado pálido, demasiado cansado. El joven estaba seguro que su ninja estaba malherido, debajo de aquella ropa oscura.

Sin responder, Alex se dejó caer de rodillas ante Kyo, bajando la cabeza. No estaba bien, pero Kyo estaba peor, ¿por qué molestarlo con sus rasguños? Estaba allí para protegerlo, para ayudarlo, no para que Kyo se preocupara por él.

- Jo estic millor {Yo estoy mejor} - murmuró Kyo - pero tú no te ves bien, Alex.

Evitando el tema, Alex se volvió hacia Iori, que esperaba aún en la puerta.

- No se preocupe por los ninjas, Yagami-san - dijo suavemente -. Encontré a uno en el camino y ya no hablará... y creo que usted se encargó del otro, ¿verdad?

El ninja se había dado cuenta, por la forma de vestir de Iori, la ropa en el sillón al lado de Kyo, y el bolso asomando por la puerta de la habitación, que el pelirrojo pretendía dejar ese departamento antes que llegaran los enviados del clan. Se sintió ligeramente aliviado al saber que Iori se tomaba esas molestias, aun cuando la razón fuera salvar a su enemigo. Nunca pensó que Kyo estaría a salvo en manos de ese pelirrojo, pero ahora debía aceptar que bien podía estar con él, con Yagami o con Fujimiya. De las tres formas estaría a salvo. Pero era obvio que Yagami era el más hábil de todos. El único que podría protegerlo hasta el final. Alex deseó que las cosas siguieran así, y que en ningún momento Iori anunciara que abandonaba a Kyo a su suerte.

De alguna manera, notó algo en la forma en que Iori observaba a Kyo... Se sorprendió, porque nunca pensó que podría leer algo tan claramente en la expresión de la persona supuestamente más fría e insensible que llegaría a conocer en su vida.

- Alex, tu brazo... - Era Kyo. Kyo, siempre notando cuando algo andaba mal con él. Era imposible ocultárselo.

- No es nada... en serio - le sonrió, pero, como era de esperarse, el joven no le creyó.

Viendo esa escena, Iori negó con la cabeza. Bien, las palabras de ese ninja rubio le habían dado más tiempo, pero de todos modos quería salir de ese lugar. Considerando la situación, ahora tenía a un inútil, a un herido y una mujer. Era más fácil curar al herido que intentar algo en vano con el inútil, así que entró al baño para buscar algo de alcohol, algodón y vendas.

Miró en el pequeño estante de vidrio, donde Mature guardaba todo con un orden increíble. Encontró lo que buscaba, y cuando iba a tomarlo todo en una mano sintió el dolor en su palma. Había estado allí todo el tiempo, sólo que era tan mínimo que no le prestó atención. Miró su mano, donde el profundo corte de la espada había sido cerrado por el fuego de Kyo. Tenía una desagradable marca sanguinolenta, que se había abierto cuando él atacó al ninja en el estacionamiento. Sangraba un poco.

Encendió un llama, brevemente, esperando que quemara la sangre y la hiciera desaparecer. Vio la mirada de Kyo en el resplandor de su fuego, sus ojos preocupados. Preocupados por él aun cuando era Kyo quien necesitaba a alguien que se angustiara por su estado. Maldición... ¿es que acaso jamás iba a dejar de ser el chico bueno? Preocupándose por sus amigos y enemigos, sacrificándose por las personas a las que amaba. ¡Todas esas eran tonterías!

Y parte de esa tontería se estaba volviendo su costumbre también. ¡¿Qué demonios hacía protegiendo a Kyo?!

- ¡Alex!

Escuchó la exclamación de Kyo y salió rápidamente, llevando consigo todo lo que había tomado. En la sala encontró a Kyo, aún desnudo, sosteniendo al rubio por los hombros. Alex parecía haberse desmayado y estaba arrodillado, inclinado hacia adelante, hacia Kyo.

Maldiciendo para sí, Iori dejó caer las vendas y botellas en el sillón, y se arrodilló también para sostener al recién llegado. Escuchó un leve gemido, y por el rabillo del ojo vio la expresión angustiada de Kyo. ¿Qué era este ninja del joven? ¿Un sirviente, un amigo o algo más? Iori no podía negar que su rostro era extremadamente delicado, hermoso, con esos ojos de mirada clara, de un verde difícil de encontrar en Japón. Bien podía verlo como amante del joven amo Kusanagi. Sostuvo el cuerpo de Alex en sus brazos, notando lo delicado que era, lo frágiles que parecían sus huesos. Se puso de pie alzándolo.

- ¿Qué vas a hacer? - preguntó Kyo, al ver que Iori se lo llevaba a su habitación. Como respuesta recibió una extraña mirada de parte del pelirrojo. Iori no quería contestar. Si Alex era amante de Kyo, entonces la sensación que lo molestaba en su pecho debía ser celos, o envidia. Odiaba sentir algo más que odio por ese joven.

Entró en su desordenada habitación, dejando al rubio en su cama. Oyó pasos tras él, lentos, y al volverse vio a Kyo llevando las vendas y con la camisa que él le había ofrecido, a medio poner. Fue una escena extraña. Kyo contra la luz de la sala, la larga camisa resbalando por sus hombros y desabotonada, las mangas demasiado largas para él, sus piernas al descubierto. Su silueta esbelta.

El joven se paró a su lado, mientras él desviaba su mirada con algo de esfuerzo y la posaba en Alex. Rozó su brazo izquierdo, sus dedos humedeciéndose con la sangre que no se veía debido al color de su traje. Miró la sangre, luego miró el rostro del ninja. Realmente, un joven como pocos. Pasó sus dedos por su cabello, notando que no era rubio exactamente, sino un castaño claro, muy sedoso. Apartó los mechones, con delicadeza. Kyo frunció el ceño pero no dijo nada.

- Siéntate - le dijo Iori a Kyo -. Haz que se apoye en ti mientras lo desvisto.

Kyo pareció dudar, no se movió. El pelirrojo le lanzó una mirada, como diciendo: "¿y ahora qué?". Aunque para sus adentros pensaba que Kyo no quería que le pusiera las manos encima a su ninja, o lo que fuera.

Finalmente, Kyo se sentó hacia la cabecera de la cama, haciendo que la cabeza de Alex quedara apoyada en su regazo. Iori bajó los ojos hacia el rubio, sujetando la parte inferior del sweater y empezando a levantarlo. Oyeron un gemido cuando movieron su brazo herido, pero Alex no volvió en sí. Iori frunció el ceño. No podía hacerlo del modo convencional, usaría otro método más rápido y fácil.

Encendió sus llamas púrpura, pero al instante sintió la mano de Kyo cerrándose sobre la suya, ahogando las flamas.

- ¿Estás loco? - preguntó Kyo, apartando a Iori, que lo miró como si no comprendiera la razón de su molestia.

Kyo le sonrió levemente, sin explicar nada.

- Se gentil y déjanos solos un momento, Yagami- fue todo lo que dijo. El pelirrojo titubeó. ¿Dejar a Kyo solo con ese ninja? Se le hacía difícil pensar quién estaba en peor estado.

Al demonio con ambos, se dijo Iori, poniéndose de pie y saliendo molesto, cerrando la puerta de un golpe. Kyo suspiró, se llevó una mano al pecho, sintiendo que en cualquier momento el dolor regresaría. Sin embargo, pronto se olvidó de él y acarició el rostro dormido de su amigo. Se sentía aliviado al tenerlo a su lado.

Observándolo fijamente, apartó el cabello castaño claro, y recorrió sus delgadas cejas con la punta de sus dedos. Su nariz, sus suaves labios entreabiertos.

- Estaràs bé {Vas a estar bien} - susurró, sujetando el sweater suavemente y tirando de él para empezar a retirarlo.

* * *

En la sala, el pelirrojo fumaba un cigarrillo. Era su costumbre, fumar y fumar, aun cuando no hubiera razón. Estaba en silencio, atento a los murmullos provenientes de la habitación. No conseguía reconocer ninguna palabra. Si el ninja estaba consciente, quizás hablaba en ese extraño idioma suyo. Español, o lo que fuera.

Kyo se estaba tardando demasiado, y empezaba a impacientarse.

Ya había hecho algunos planes para Kyo. Iba a sacarlo del departamento, y de ser posible también de la ciudad. Sabía de un lugar que era seguro para él. Un lugar tranquilo y cargado de energía de los dioses: el templo Kagura.

No estaba seguro si la sacerdotisa estaría allí en esas fechas festivas, pero tampoco le importaba mucho. Las puertas de ese lugar siempre estaban abiertas para los forasteros cansados... y Kyo ciertamente podía hacerse pasar por uno.

Kyo... Nuevamente, pensaba en él y al mismo tiempo se decía que no debía importarle. No tanto. No podía dejar de prestar atención a los ruidos dentro de la habitación. Quería entender qué era lo que oía, quería saber qué era ese ninja de Kyo. Por la forma en que lo trataba, no parecía un sirviente. No había respeto, ni temor. ¿Acaso podía ser su amigo? ¿Amigo o algo más?

Por otro lado le sorprendía que Kyo pareciera ser tan fiel a esa noviecita suya. Los había visto juntos durante años, la muchacha siempre animándolo en los torneos. Y, aunque lo intentaba, el joven Kusanagi no podía ocultar su casi adoración hacia ella. Era tan evidente que le parecía patético. El héroe bueno y sacrificado con su dulce, inocente y pura amada. Iori no pudo evitar reír. No tenía la menor idea de qué era lo que veía Kyo en esa chica. No tenía nada, ni belleza, ni sensualidad, ¡nada! Era increíble que alguien como Kyo pudiera tener tan pésimos gustos.

Inclusive... inclusive si le hubieran asegurado que el ninja que estaba en su habitación era amante de Kyo se hubiera sentido más tranquilo. Podía apreciar su delicadeza y misteriosa belleza. Cabello rubio y ojos verdes, una combinación no muy común en esa parte del mundo. Aspiró un poco más del cigarrillo, exhalando despacio. ¿En verdad estaba pensando en eso? ¿Le importaba realmente?

Finalmente, un ruido en la habitación. Fuerte. Inesperado. Y el consiguiente gemido. Se puso de pie al instante, yendo a ver qué sucedía. Vio que el ninja estaba dormido, cubierto por las sábanas de la cama, y Kyo...

Fue hacia él, que estaba arrodillado en el suelo. Lo ayudó a ponerse de pie.

- Maldición, odio esto, Yagami - dijo Kyo en voz baja, mientras el pelirrojo lo hacía salir de la habitación, donde dejaron solo al ninja para que descansara.

- ¿Ya quieres morir? - sonrió Iori con sarcasmo, a lo que Kyo respondió inconscientemente con un golpe. Un golpe que fue detenido fácilmente por una de las manos del pelirrojo. - Pensé que tenías miedo - continuó. Kyo levantó sus ojos hacia él, nuevamente estaban vidriosos, se mordía el labio. "Claro que tengo miedo", parecía decir. - El dolor es insoportable, lo sé - aceptó Iori de pronto, sorprendiendo a Kyo, mientras lo dejaba sentarse en el sofá.

- Hay cosas que aún quiero hacer - murmuró Kyo. ¿Qué importaba si el que lo oía era Yagami? Cerró sus puños -. Quiero destruir a N.E.S.T.S., quiero darle su merecido a Souji... quiero...

Quiero volver a casa, ver a Yuki... Pasar un tiempo con ella y luego ir a luchar contigo, Yagami... como en los viejos tiempos, cuando sólo nosotros dos importábamos...

- Tengo cuentas pendientes con N.E.S.T.S.... - dijo Iori también en un murmullo -, de eso no te preocupes.

Kyo negó con la cabeza, sonriendo amargamente, mientras sentía cómo el calor comenzaba a llamear en su pecho y trepar por sus extremidades, hasta hacerlo sentir como si el fuego fuera a estallar fuera de control. Abrió los labios para respirar, cerrando los ojos, inclinándose hacia adelante.

Su grito de dolor fue cortado por su fuerza de voluntad. No quería gritar o quejarse frente a Iori. No más. Sin embargo, su cuerpo se encogió sobre sí mismo, en posición fetal. Iori lo observaba hundirse solo en el dolor. Kyo apretó los párpados, mientras sentía que las lágrimas caían. Gimió suavemente; unas manos lo acariciaron, una voz le dijo que pronto pasaría. Sabía que Iori estaba a su lado, se acurrucó contra él, esperando.

Continúa

[ Capítulo 13: Tiempo y Paciencia ]

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Shades of Flames and Passion
Febrero, 2002