Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 13- Tiempo y paciencia

Alex despertó seguro de haber oído voces muy cerca suyo. Durante un momento no reconoció el lugar donde estaba, se sentía confundido. Recordaba haber peleado, haber encontrado a Kyo... ¿y luego?

Inconscientemente se llevó una mano al pecho, y se sobresaltó al sentir que lo único que llevaba era una vieja bata que le quedaba extremadamente grande y ancha. Alguien se había ocupado de sus heridas y rasguños. Una bandeja con un vaso de agua estaba sobre el velador. En la semipenumbra dio una mirada al lugar y finalmente supo que era el departamento de Yagami.

Salió de la cama despacio, cerrando la bata y asegurándola con el cinturón. Con lentitud caminó hacia la puerta. Debía haber amanecido ya, podía decirlo por instinto, y la luz que caía perpendicular por la ventana sobre la alfombra lo confirmaba, aunque era sólo una linea de luz, atrapada entre las gruesas cortinas. Ese sol de invierno le traía recuerdos.

Se detuvo un momento en la puerta, justo para ver pasar a una jovencita rubia que se sobresaltó al darse cuenta de su presencia, pero que al instante le sonrió.

- Hi {Hola} - dijo con una dulce sonrisa -. Are you feeling good, already? {¿Ya te sientes bien?}

- Ah... - Alex titubeó ante la rápida frase en inglés y se limitó a inclinar la cabeza y murmurar -: Hai, genki desu {Sí, mejor}.

La muchacha pareció sorprendida de que no le hablara en inglés, pero sólo continuó sonriendo. Quiso posar sus manos en los hombros de Alex pero éste retrocedió un paso, levantando las manos para evitarlo, en un gesto que indicaba que no quería que lo toque.

- I'm Tsukiyo - dijo la muchacha -. Nice to meet you...

- Alex - el ninja dijo su nombre, sin saber cómo reaccionar con esa chica.

- Nice to meet you, Alex.

Alex volvió a inclinar la cabeza, mirando por sobre el hombro de Tsukiyo, hacia la sala. Veía a Iori inclinado sobre Kyo, en el sillón. Tsukiyo notó su mirada y susurró:

- It seems the boy is sick {Parece que el chico está enfermo} - explicó sin saber que Alex estaba más al tanto de eso que ella -. He's gonna die, or something... Iori’s taking good care of him. {Va a morir, o algo así... pero Iori lo está cuidando bien}.

- Wakatteru yo {Lo sé} - murmuró Alex. Tsukiyo no quería apartarse del camino, y él no podía hacer más que observar a Kyo y a Iori desde donde estaba. Oyó la voz apagada de Kyo, entrecortada por la tos.

- K'so... - jadeaba el joven Kusanagi. Todo el alivio que Iori le había proporcionado había desaparecido. Ahora que el dolor regresaba, no podía mantener los ojos abiertos. Estaba encogido en el sillón, acurrucado contra Iori, que lo sostenía serio, como si le molestara verlo así. Sin embargo, y esto sorprendió a Alex, la mano de Iori acariciaba el cabello de Kyo, como si quisiera calmarlo.

Desde su posición, veía cosas que ni Iori ni Kyo notaban del otro. Kyo estaba con la cabeza sobre las piernas de Iori, y sostenía su mano... contra su mejilla. Cercana, cálida, sintiendo su piel. Sus ojos estaban entrecerrados y vidriosos, y su respiración seguramente rozaba la mano de Iori con cada jadeo. El pelirrojo tenía la mirada baja, hacia Kyo, su rostro serio, pero había una inevitable expresión de dolor, una mezcla de angustia y confusión, una batalla de sentimientos en su interior.

Alex cerró los ojos, entrando en la habitación de nuevo. El rostro de Kyo estaba tan resignado, tan calmado... En la mansión, la noche antes de escapar, había visto su decisión, su negativa a aceptar que moriría. Pero ahora... verlo así... resignado. No podía aceptar que fuera el Kyo que él conocía. ¿Qué le habría dicho el pelirrojo para que adoptara esa actitud?

Tonto, se dijo, dejándose caer en la cama. ¿De qué servía que Kyo se siguiera mostrando fuerte si ya no había nada que hacer? La forma en que él viviera sus últimos días dependía totalmente de él... ¡pero le dolía tanto aceptar que perdería a alguien a quien consideraba su hermano! Y le dolía aún más saber que se resignaba a su suerte.

Se recostó en la cama, abrazando las sábanas. No quería perder a Kyo, no quería que muriera. Era injusto, ¡no debía haberle sucedido eso a él! Estaba seguro de que lo vería convertirse en el líder del clan, pero no morir. ¡No quería ver morir a Kyo!

¿Cuántas veces Kyo le había dicho que, aunque solía discutir con su padre acerca de rechazar su nombramiento como líder, de todos modos estaba dispuesto a aceptar? Aún faltaba tiempo, decía, y adoraba ver rabiar a su viejo. Y, a pesar de todo, él había sido el más apto, el más poderoso. Sus familiares, Souji, y los otros primos cuyos nombres no importaban, no le llegaban ni a los talones a Kyo. Ni siquiera habían sido capaces de clasificar para el Torneo Nacional que se llevó a cabo para seleccionar a los que luego serían los miembros representantes del país en el King of Fighters. Muchos participaron, pero sólo Kyo fue el vencedor. Y ocupó el primer lugar.

Para Alex, Kyo ya era el líder. Y sería un buen líder, estaba seguro. No más crueldad, no más estúpidas rivalidades con otros clanes. Pensaba que traería un futuro tranquilo para la familia Kusanagi... y ahora su lugar había sido usurpado por un joven del que no sabía qué pensar.

¿Cuánto tiempo quedaba?, se preguntó Alex, dejando que sus lágrimas humedecieran las sábanas que aferraba entre sus manos. No, no quería saberlo. No quería ver morir a Kyo.

* * *

El amanecer no trajo consigo la tranquilidad de la Navidad. Aunque gran parte de los familiares había pasado una noche de fiesta, el recién nombrado líder del clan Kusanagi se paseaba inquieto por su oficina. Toda la noche estuvo esperando una llamada, esperando una orden, o una noticia acerca del paradero de su primo. Pero nada, ¡nada! ¿Era posible que un moribundo pudiera causarle tantos problemas? Con un bufido, se llevó una mano a la cabeza, dejándose caer en el mullido sillón, suspirando sonoramente.

Observó la oficina que alguna vez fue de Saisyu, y que ahora era suya. Era toda suya, todas las mansiones repartidas a lo largo del Japón y sus riquezas ancestrales le pertenecían, a él, Kusanagi-sama. No estaba dispuesto a perder de nuevo lo que una vez fue suyo. Por derecho de nacimiento el título le pertenecía, pero cuando ese estúpido de su primo demostró superar los poderes de cualquier Kusanagi que hubiera existido jamás, su nombre pasó a segundo plano. Ya no había más futuro para él salvo servir a su primo menor Kyo, durante el resto de su vida.

Al comienzo fue aceptable, su ambición no era grande, pero con el tiempo, cuando sufrió el repentino Riot y empezó a hundirse en la desesperación viendo cómo la imagen de su primo era conocida alrededor del mundo gracias al torneo donde participaba... Fue algo que no pudo soportar. Y fue unos meses después cuando recibió la primera llamada.

La voz, jamás la olvidaría. Andrógina, grave, tomando a veces unos tonos tan femeninos y sensuales que al instante imaginó a la poseedora, o poseedor, de esa voz, como una criatura de indescriptible belleza. Lo encantó desde la primera vez, y las palabras, como si lo conociera hasta lo profundo de su alma:

- Es un tonto, ¿verdad? - había dicho la voz por el teléfono -. Tan arrogante, tan infantil. Está tan seguro de poseerlo todo que vive de forma descuidada y desordenada...

- ¿Quién es? - preguntó él en esa ocasión. No se habían dicho nombres, pero sabía que hablaban de Kyo.

- Alguien que quiere deshacerse de él tanto como tú, Kusanagi Souji.

- ¿Qué quieres conmigo? - Que estúpido se sentía al recordar sus respuestas confundidas.

- Tu apoyo. Y tu paciencia. Sólo eso.

- Pero...

- Y tu fidelidad ante todo - lo interrumpió la voz -. Si dices algo de esto a alguien, eres hombre muerto.

- ¿Pero qué...?

- Paciencia, Kusanagi. El día en que recuperes tu vida llegará.

Paciencia, tenía mucha. Y en los días siguientes en la familia se dio a conocer el rumor de que Kyo había desaparecido. Fue una sorpresa para él, y al mismo tiempo un gran alivio y algo de felicidad. No sabía cuándo lo volverían a llamar, pero ahora sabía que esa voz tras el teléfono tenía razón. Tiempo y paciencia.

Fue esa misma voz sin nombre la que le ordenó que asistiera a la reunión de Navidad que realizaría la familia. Y también mediante una llamada le dieron todos los puntos que debía tocar cuando hablara con el antiguo líder para que le permitiera retar a un duelo a Kyo. No había reglas establecidas, los ancianos que redactaron los pergaminos donde se indicaba al menos qué se debía respetar jamás pensaron que alguien retaría a un familiar durante el Henka. Y, oh, que sorpresa había sido para Souji ver a su primo en un estado tan lastimoso. Supo que ya había ganado desde antes de empezar a pelear. Podía ver el dolor y el miedo en el rostro de su primo. Su frustración cuando el fuego no brotó, y su sorpresa cuando recibió todos sus golpes sin poder bloquearlos. Fue cruel con él, debía demostrarle a toda la familia que ese Kyo no era digno de ser un líder. Lo hubiera matado allí mismo, pero los entrometidos sirvientes de Kyo intervinieron. Esas molestias.

Intentó comprar a Fujimiya Syo, poner a prueba su fidelidad hacia la familia, pero al parecer su fidelidad era sólo hacia Kyo. Kyo debía haber muerto en esa mansión. Debía morir lo antes posible, porque había algo...

Souji maldijo en voz alta, en el silencio de la oficina. Saisyu y Shizu lo sabían, obviamente. Él no había tenido la menor idea de que algo como eso fuera posible. Maldición, ¿cómo iba a imaginar que el Henka podía ser contrarrestado?

Esa era la razón por la que estaba tan inquieto. Porque había recibido una llamada, otra, una sarcástica llamada saludándolo por Navidad, justo después que Fujimiya Syo huyera y él despidiera a Yuki y a sus tíos. En breves y secas palabras le dijeron eso: "si Kyo descubre que tiene una esperanza, y en verdad consigue vivir un tiempo más, puedes estar seguro de que todo el clan estará en tu contra, por haberte levantado contra el líder".

Demonios, ¡debía encontrarlo y matarlo lo antes posible! Si al menos supiera quién era la persona detrás de las llamadas todo sería más fácil. Encontrarla, preguntarle algunas cosas y luego proceder a deshacerse de una vez por todas de Kyo. Tenía muchas preguntas, realmente. ¿Qué se debía hacer para detener el avance del Henka? Él no lo sabía. Saisyu lo sabía pero no iba a decírselo, alegando desconocimiento total. Shizu sólo corroboraría las palabras de su esposo. Ese par de malditos...

Cuando era niño Souji había oído que algunos Kusanagi tenían el poder de curar. Quizás se trataba de eso.

Poniéndose de pie bruscamente, llamó a un sirviente para que anunciara que en un par de horas se llevaría a cabo una reunión familiar.

Antes de ir a prepararse, Souji repitió para sí lo poco que los ninjas le habían podido decir: Kyo estaba con Yagami Iori, habían huido hacia la ciudad, pero desconocían el paradero. Kyo estaba realmente mal, y había necesitado ayuda de un grupo de ninjas bajo las órdenes de Saisyu para poder salir de la emboscada con vida. Yagami lo había estado esperando, junto con sus dos compañeras como si supiera que Kyo estaría allí a esa hora. Malditos espías, murmuró Souji. No podía confiar en nadie.

Bien, Kyo estaba en la ciudad. Apenas había pasado una noche, no debía estar lejos. Encontrar al Yagami sería fácil. Ahora, todo lo que necesitaba saber era si Kyo tenía conocimiento de que aún poseía una mínima esperanza.

Negó con la cabeza. Si él, que era mayor, no lo sabía con seguridad, Kyo, que nunca se había preocupado por los asuntos familiares debía saberlo menos. Era un punto a favor. Si tenía suerte, Kyo moriría sin enterarse nunca que su salvación estaba en el lugar del que quiso huir.

* * *

- Oye.

Alex abrió los ojos. Los tenía húmedos aún, pero no lloraba. Volviéndose hacia la voz, vio que era el pelirrojo de pie en la puerta. Fumaba y estaba con los brazos cruzados. El ninja se incorporó tan rápido como su herida se lo permitió, sujetando la larga bata con algo de esfuerzo, evitando que resbalara por sus hombros. Algo en su mente le dijo vagamente que había estado durmiendo en la cama del pelirrojo, y que era obvio que éste estuviese molesto, pero ninguno de los dos dijo algo al respecto.

El joven rubio sentía la mirada de Yagami examinándolo, como si quisiese descubrir todos sus secretos, o saber... No pudo evitar sentirse divertido cuando la idea pasó por su mente, saber qué le veía Kyo a él.

¿Gelos Yagami-san? {¿Celos, Yagami-san?}, pensó para sí, aunque era algo que no podía creer. Por un lado estaba seguro que había algo entre Iori y Kyo, lo había visto en su mirada y la forma como lo odiaba. La forma como lo cuidaba. ¿Qué persona en su sano juicio podía decir al mismo tiempo que odiaba a alguien mientras lo acariciaba? Sólo Yagami. Sólo en él la escena no parecía totalmente descabellada.

- ¿Qué desea, Yagami-san? - dijo Alex, educadamente.

El pelirrojo sólo le lanzó una prenda en la cara.

- Vístete - ordenó fríamente -. Nos vamos de aquí.

Alex miró el sweater que le había dado. No era el suyo, pero sí parecido. Extendiéndolo, se dio cuenta que era de una talla pequeña, no era del pelirrojo.

- Gracias - dijo suavemente, sin comprender del todo si eso era un acto de amabilidad o qué. No conocía a Yagami Iori, y todo lo que sabía era lo que Kyo solía contarle a veces. O lo que veía en los torneos. De todos modos... incluso en las palabras de Kyo el pelirrojo era contradictorio.

- El resto de tus cosas está allí - el pelirrojo señaló el pie de la cama.

- Gracias - repitió Alex, y esperó a que Iori saliera. Afortunadamente cerró la puerta tras él. No parecía tan malo o salvaje como había oído... No, no lo era. De otro modo, no estaría cuidando a Kyo... Pero, eso sí, jamás en su vida había conocido a alguien tan contradictorio como él.

Escuchó las voces detrás de la puerta. El murmullo de Kyo, la voz de Iori, las palabras de Tsukiyo en un inglés rápido y agudo, y luego la risa de Yagami. Incluso la risa de Kyo. Kyo estaba riendo, repitió Alex, sintiendo un cálido alivio.

Cuando terminó de vestirse, extendió las sábanas de la cama, dejándola ordenada y libre de arrugas. Incluso dobló cuidadosamente un poco de ropa de Iori que estaba colgada desordenadamente en el respaldo de una silla. Una de las prendas era su chaqueta negra, aquella que tenía la luna creciente adornando su espalda.

La dejó allí, pensativo, y luego salió de la habitación. Tsukiyo conversaba tranquilamente con Kyo, parecía estar animándolo y ambos sonreían. Iori fumaba y les lanzaba ocasionales miradas. Cuando notó que Alex estaba listo, se puso de pie, fue a su habitación y tomó el bolso que había dejado junto a la puerta, junto con la chaqueta que Alex había doblado. Se quedó un momento parpadeando al ver la cama ordenada y la ropa dispuesta con tanto cuidado, pero no dijo nada, sólo gruñó algo sobre que iba a preparar el vehículo. La nieve había continuado cayendo durante la noche, y de seguro se había endurecido. Pero no era nada que una llamarada no pudiera controlar.

Salió dejando a Kyo con Tsukiyo y Alex, pero el ninja se apresuró a seguir a Iori. Lo alcanzó en el pasillo, mientras esperaba el elevador.

- Yagami-san - dijo suavemente.

- ¿Qué quieres? - la voz de Iori era fría, como Alex había esperado que sería. Era obvio que no quería hablar con él, pero había cosas que él quería saber, y Kyo no debía estar presente.

- ¿Qué sabe del Henka? - preguntó Alex simplemente, mientras las puertas del ascensor se abrían. Iori lo miró un momento.

- No mucho más que tú - respondió, presionando el botón del segundo piso.

- No... aparte de eso... - insistió Alex entrando tras él -. ¿Es verdad... que no hay cura...? ¿No hay nada que se pueda hacer?

- Es la ironía del poder de los Kusanagi - dijo Iori mientras descendían hasta el segundo piso. A partir de allí, debían bajar por las escaleras -. ¿Nunca te has preguntado qué es lo que quema el fuego? ¿Por qué arde, brotando de la nada?

- Energía - murmuró Alex. En verdad la primera vez que vio el fuego brotando de las manos desnudas de Kyo se había sorprendido. Parecía tan imposible...

- Durante el Henka, el poder consume toda la energía - explicó Iori con voz monótona -. Y cuando ya no queda nada, la vida se apaga. Es simple.

Alex cerró los ojos un momento. Caminaba detrás del pelirrojo, que ahora se dirigía a las frías escaleras.

- Cuando un fuego está apagándose, siempre se puede echar más leña, y avivar las llamas - dijo. Iori se detuvo en seco. Se volvió lentamente, serio, hacia el ninja. Había dicho algo acertado, pero no estaba considerando la magnitud del asunto.

- ¿Quién estaría dispuesto a otorgar esa energía, esa leña, para que también al cabo de un tiempo sea totalmente consumida? ¿Quién estaría dispuesto a morir por Kyo?

Alex frunció el ceño, ¿qué tipo de pregunta era esa?

- Yo lo haría - dijo firmemente. Iori parpadeó, y luego se echó a reír mientras empezaba a andar de nuevo.

- Tu energía no sirve. Tú no llevas el fuego en la sangre, debe ser otro Kusanagi, y obviamente ellos no lo van a hacer.

Esta vez fue Alex quien se detuvo.

- Entonces... ¿hay una cura? - dijo. Iori continuó adelante. Su mirada baja, las manos en los bolsillos.

- No le digas nada a Kyo - pidió, su voz grave y suave -. No es una cura. Es sólo prolongar su vida unos días, utilizando la energía de otro. Pero nadie estaría dispuesto a dar su vida por otra persona. Tendría que ser muy estúpido.

Alex bajó la mirada también, sus ojos verdes brillantes.

- Y... ¿para evitarle... el dolor...? ¿Hay forma de evitarle el dolor?

El pelirrojo abrió la puerta que daba al exterior. Estaba seguro de haber oído la voz del ninja quebrándose, pero no era de él consolar a las personas. ¿Por qué no podían guardarse sus sentimientos para sí, como hacía él? Era más fácil, no recibir palabras de aliento para no tener que sufrir más. Este joven que tenía con él, era demasiado sentimental para ser un ninja. ¿De dónde demonios habría salido?

- ¿Para evitarle el dolor? - repitió lentamente -. Korosu {Matarlo} - siseó.

Alex suspiró, cerrando los ojos, antes de seguir al pelirrojo al exterior, donde había empezado a examinar la nieve que cubría el auto negro. La muerte... era un alivio. Pero era justamente lo que él no quería, que Kyo muriera. Que irónico.

- Yagami-san - volvió a llamar, viendo como Iori apartaba la nieve con sus manos desnudas, despejando el parabrisas del auto. Se observaron a través del vehículo.

- Acéptalo - murmuró el pelirrojo, su rostro medio oculto bajo los mechones de cabello -. Él ya se resignó. No guardes esperanzas, porque sólo lo harás sufrir más.

- Es que no puedo - murmuró Alex con una leve sonrisa y negando con la cabeza -. No quiero que muera... si él muere... perdería lo más preciado que tengo en esta vida...

Una llamarada púrpura estuvo a punto de alcanzar a Alex en el rostro, pero fue lo suficientemente rápido para apartarse, aunque todavía se sentía algo débil después de la pérdida de sangre. Por un momento pensó que Iori lo estaba atacando, pero era sólo que se había deshecho de la nieve con una simple llama. Ahora miraba a Alex, fijamente, a través de las chispas que quedaban en el aire.

- Por eso es mejor no amar, no sentir, no sufrir - dijo, en voz baja -. Omae wa ninja darou na? Sore wo shiranakereba naranai {Eres un ninja, ¿o no? Eso deberías saberlo}.

Alex estuvo a punto de decir que era un ninja pero también era una persona, sin embargo se contuvo. No iba a desahogarse con el pelirrojo. Sólo quería saber algunas cosas, y ya había recibido las respuestas. Podía irse, ahora.

Dio media vuelta, dispuesto a entrar al edificio de nuevo, pero oyó la voz de Yagami:

- Oi, omae...

Se detuvo pero no lo miró. Podía sentir los ojos del pelirrojo fijos en él, y no quería encontrarse con su mirada.

Iori frunció el ceño. Obstinadamente ese Alex le daba la espalda. Era de esperarse, había dejado ver sus sentimientos y ahora se avergonzaba... que tontería. Sin embargo, al mismo tiempo, Iori se preguntaba qué tanto podía ese ninja amar a Kyo. Porque era amor, ¿verdad? Ahora estaba seguro de eso.

- ... acepta que va a morir - le dijo a Alex -. Será mejor para ti, y para Kyo.

Le extrañaba que Kyo estuviera rodeado de tanta gente que lo quería. Él sabía de su novia, de sus compañeros y de su alumno, pero ahora por primera vez veía que aparte de ellos, que eran amigos, sus sirvientes también lo querían. Mucha gente iba a sufrir con su muerte. Jamás creyó que él estaría incluido en ese grupo.

El ninja entró al edificio, y él no volvió a llamarlo. No quería seguir viéndolo y saber que Alex podía sentir tal afecto por Kyo. Era algo que lo incomodaba, y prefería que se fuera a tener que intercambiar más palabras con ese extraño joven.

Cerró los ojos un segundo, sintiendo la nieve fría derritiéndose en sus manos, en la herida que Kyo le había intentado curar. No quería que Kyo guardara esperanzas, no quería darle esperanzas a nadie. Incluso cuando había un método más que no le había mencionado a Alex, no estaba seguro... No sabía si quería decírselo... Involucraba demasiadas cosas, destruía otras, y no sabía si Kyo estaría dispuesto a sacrificarse de ese modo...

Apartó esos pensamientos de su mente con un gesto, mientras encendía las llamas púrpura. Golpeó la nieve con su fuego, que salió despedida hacia arriba, para caer luego lentamente como una nevada, sobre él.

¿Qué más quedaba? Quizás algún día le haría el ofrecimiento a Kyo. Si el aceptaba o no, ya no sería asunto suyo.

* * *

Lejos de allí, en lo alto de un lujoso edificio de cristal, un teléfono sonó. El ruido electrónico repiqueteó un momento en el espacioso salón del departamento privado, cerca a la amplia cama donde una silueta dormía. El salón era grande y sin divisiones. Una cama a un lado, sobre una pequeña plataforma a la que se llegaba subiendo tres escalones de suelo enmoquetado. Una enorme ventana ocupaba toda la pared lateral y frente a ella había dispuesta una oficina. El pequeño escritorio de superficie de vidrio estaba cubierto con papeles desordenados, fotografías y recortes de los King of Fighters, algunos viejos libros y una botella vacía de licor. Alguien había estado trabajando con todo eso hasta altas horas de la noche, totalmente sola, totalmente entregada a la tarea de descubrir la manera de acabar con esos dos jóvenes que durante años habían sido considerados los protagonistas del torneo.

El teléfono sonó de nuevo.

- Ohgoddammit - un murmullo apagado contra las almohadas, antes de que un brazo delgado, de piel clara y tersa, se extendiera para sujetar el auricular. El ruido de las sábanas de seda cuando hubo movimiento fue todo lo que quedó luego que el repiqueteo del teléfono se acallara -. Moshimoshi... {¿Aló?} - palabras arrastradas, una voz suave pero cargada de desagrado. Tenía sueño, y maldecía a las pocas personas que sabían su número privado.

- Ohayou gozaimasu {Buenos días} - una voz femenina le respondió del otro lado del teléfono, palabras cortas y bajas, como si temiera ser escuchada -. Ogenki desu ka, oneesama? {¿Cómo estás, hermana?}

Un suspiro de total frustración se oyó en la oficina.

- Olvida las formalidades, ¿qué quieres? ¿No te he dicho que no me llames a este teléfono?

- Gomen nasai... - la voz del otro lado seguía siendo baja, como si alguien la vigilara y no pudiera hablar más alto. Otro suspiro se oyó en la oficina al tiempo que la figura se incorporaba.

El cabello azul grisáceo cayó como suaves ondas sobre los hombros desnudos. Era una hermosa mujer, ojos grises, un rostro alargado y con la expresión que sólo poseen aquellos que son poderosos. Su cabello era largo, y aun cuando estaba sentada, los rizos se ondulaban por el colchón, sobre las sábanas. Vestía una simple bata de seda blanca, cuyas mangas habían resbalado dejando sus hombros y parte de sus brazos al descubierto. Su blancura, su casi palidez, contrastaba con el color de su cabello. Y sus delgados labios eran una tentación, mientras murmuraba:

- ¿Qué quieres? ¿Tienes noticias? ¿Ese idiota de Souji al fin ha hecho algo útil?

- Iie, oneesama. {No hermana (mayor)}

- ¿Kusanagi Kyo ya está muerto?

Hubo un momento de duda.

- Iie, oneesama.

- ¿Ya sabes dónde está?

- Iie, oneesama.

Una vena saltó en algún lugar de su cabello, antes de que se arrodillara en la cama y gritara con todas sus fuerzas al auricular:

- ¡¿ENTONCES POR QUÉ DEMONIOS ME LLAMAS?!

Un ligero balbuceo del otro lado.

- Oneesama... creí que querrías saberlo... Kyo huyó con Yagami Iori. No se sabe su paradero, pero es Iori, ¿entiendes?

- Eso ya lo sabía, ¿algo más? - le cortó a la estúpida informante que tenía al teléfono.

- Sí, Kyo tiene de su lado a dos ninjas... y por lo que oí, son los dos más hábiles del clan Kusanagi...

Aquello era más interesante. Sonrió, pero no dijo nada, mientras empezaba a hacer planes. ¿Cuánto le costaría comprar la fidelidad de un ninja? Se decía que eran leales como nadie en el mundo... pero después de todo eran humanos. Y el dinero era una tentación para cualquiera. Y si el dinero no lo lograba, el poder, el placer... Ella poseía lo suficiente para tentar a un dios.

Como no habló, la voz en el teléfono murmuró:

- Setsuna-oneesama?

El sueño, el malhumor por haber sido despertada a horas tan tempranas, más la rabia de no tener ninguna noticia que valiera la pena, hicieron que Setsuna, la mujer que había estado detrás de las llamadas a Kusanagi Souji, murmurara sarcásticamente:

- Ne, imouto {hermana menor}, creo que ya es hora de que hagas algo útil. Llevas un año sin servirme de nada. Si sigues así, pediré a alguien que te reemplace.

- Demo.. oneesama! {¡Pero... hermana!}

Estúpida hermanita, sonrió Setsuna, asustarse por eso. ¿Acaso no se daba cuenta que era la pieza más importante de todo el plan? No, claro. Siempre había sido bastante tonta. Por eso le encantaba amenazarla y asustarla.

- Haz algo, actúa por tu cuenta, y manténme informada, ¿quieres? - dijo, aun con una sonrisa, y empezando a sentirse mejor.

- Hai.

- Orochi-sama te recompensará si lo haces bien - agregó, llevándose una mano a su pecho, siguiendo la suave piel con la punta de sus dedos, y entreabriendo los labios al recordar el placer que le producían las manos de su señor siguiendo ese mismo contorno.

- No quiero una recompensa - fue lo que respondió su hermana menor firmemente -. Sólo quiero que la venganza se realice. ¡Hemos esperado por tanto tiempo!

- Saa... hiyaku sei desu ne... {Sí, ha sido un largo tiempo...} - susurró Setsuna, asintiendo. Por fin su hermana decía algo que valiera la pena. Tenía razón, no lo hacían por una recompensa, sólo una venganza.

- Sayounara, oneesama.

- Bye.

Dejó el teléfono en su lugar, y se estiró en la cama, observando el techo sobre ella. Era de espejos, y podía verse reflejada en ellos. Un hermoso rostro, un hermoso cuerpo, una mujer poderosa. La encargada de liderar a un clan que los Kusanagi y Yagami, e incluso los Yatta {Kagura}, habían olvidado y relegado hacía siglos. Ah... esos tres despreciables clanes disfrutaban de la vida porque Orochi-sama había sido vencido por segunda vez. La historia se había repetido... pero no volvería a suceder jamás. El tercer despertar de Orochi estaba cerca, y nadie se lo esperaba. En la última batalla, se preocuparon demasiado del poder para destruir a Orochi, pero luego de eso, cuando la maldita sacerdotisa lo selló, nadie se tomó el trabajo de verificar que lo hubiera hecho bien. Kusanagi Kyo había desaparecido, y Yagami... ese no era su problema. Fue muy conveniente que N.E.S.T.S. decidiera atrapar a Kyo en ese momento. Y, aunque a veces iban contra sus planes, N.E.S.T.S. le sería útil para llevar a cabo su venganza.Estúpidos humanos tratando de clonar el poder de un dios.

Setsuna rió, su risa resonando por todo el lugar. Su familia había cometido muchísimos errores en el pasado. Habían fallado en sus planes de emboscar a los Kusanagi y Yagami para dejarlos a merced de la poderosa serpiente de ocho cabezas. Luego fallaron para entregarle a Kyo a Orochi en el torneo de 1997. Ahora que un milenio terminaba, era tiempo de hacer algo bien, y acabar con esos estorbos para siempre. Era tiempo que Orochi volviera a gobernar esas tierras.

- Shinpai shinaide {No se preocupe}, Orochi-sama... - susurró, abrazándose a sí misma -. Esta vez yo me encargaré de todo... y tenga la seguridad de que lo estoy haciendo bien. Tiempo y paciencia...

Eso era todo: tiempo, y paciencia.

 

Continúa

[ Capítulo 14: Quedándose Atrás ]

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Shades of Flames and Passion
Febrero, 2002