Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 14.- Quedándose Atrás

La muchacha rubia ya había sacado su pequeño bolso al pasillo, y esperaba pacientemente que alguien le hiciera el favor de bajarlo al primer piso. Hacía poco había llegado de los Estados Unidos, y todavía no se acostumbraba a vivir en una casa donde no hubiese sirvientes esperando para ayudarla a cada momento. Alex entró, viéndola en la puerta, y suponiendo sus intenciones, pero no le hizo caso. Fue directamente a Kyo, que esperaba en el sillón. Estaba inclinado hacia adelante, con un gato sobre sus piernas. El cabello castaño caía por sus mejillas, su mirada estaba fija en el animal y sonreía. Alex sonrió también, sin poder evitarlo.

- I això? {¿Y esto?} - preguntó suavemente, parándose al lado de Kyo que no se volvió.

- Un gat {Un gato}- respondió tranquilamente, para luego reír. Alex cerró los ojos, aún sonriendo. Le aliviaba ver a Kyo así, como si nada pasara.

- Com es diu? {¿Cómo se llama?} - preguntó luego, sentándose al lado de su amigo, mientras en la puerta Tsukiyo comprendía que de nada le serviría esperar. No estaba en América, y nadie la iba a ayudar. Sujetó su bolso y se alejó con dirección al ascensor, pero se detuvo, curiosa ante el extraño idioma que hablaban los dos jóvenes dentro del departamento. Volvió sobre sus pasos, y junto a la puerta se paró a escuchar, haciendo un esfuerzo por atrapar las palabras. ¿Era francés...? No... Portugués, tal vez. O español. En fin, un idioma que ella no conocía pero que sonaba extraño. Continuó escuchando.

- Nom? No ho sé... {¿Nombre? No lo sé} - era la voz de Kyo -. Què et sembla: "Alex"? {¿Qué tal "Alex"?}

El rubio frunció el ceño.

- Tonto...

Kyo se volvió hacia él y sonrió, levantando el gato con sus dos manos y poniéndolo justo frente al rostro del ninja, que retrocedió un poco.

- Mira, ojos verdes - le indicó Kyo, acercando aun más al gato, que maulló, incómodo en el aire - Los dos visten de negro... - Kyo al fin soltó al gato, que había empezado a retorcerse para liberarse. Lo dejó sobre sus piernas de nuevo, acariciando bajo su cuello y disfrutando de él, que se estiró para recibir más cómodamente las caricias. Kyo miró de reojo a Alex -. ... y los dos son hermosos, Alex sería el nombre perfecto - terminó.

Un intenso sonrojo subió de golpe a las mejillas del rubio, que apartó la mirada bruscamente, avergonzado. Sabía que Kyo era capaz de hacerle ese tipo de bromas; siendo niños había sido habitual que lo hiciera enfadar por decir cosas como esa, pero ahora... Ahora que ambos eran adultos, se sentía diferente... Y Alex no podía evitar sonrojarse. Por un lado se sentía mucho más aliviado porque Kyo sonreía y bromeaba con él, por otro estaba avergonzado hasta el extremo y no sabía cómo reaccionar, y por último... tenía ganas de darle un golpe con toda su fuerza, para que aprendiera a no burlarse de él.

Sin embargo, una idea pasó por su mente. Un parpadeo, una manera diferente de tratar a Kyo. Ambos eran adultos ahora, y decirlo... no estaría tan mal... Es más, sentía la tentación de seducirlo. Era una locura, sí, pero era el único joven que realmente importaba en su vida. Siempre lo consideró su mejor amigo, su hermano menor, pero... luego de dejar de verlo durante algunos años, y ahora encontrarse con que era un joven tan hermoso, era más de lo que su instinto podía soportar.

Así, acercándose hacia él, y sorprendiéndolo, murmuró, suavemente, su voz bajando los tonos graves y volviéndose un poco más aguda, aun más andrógina. Suave y seductora.

- Si es así... - dijo el rubio - ¿no quieres intentar...?

La expresión perpleja de Kyo fue una delicia para Alex, que despacio apartó al gato y se apoyó en las piernas de Kyo. El joven no se decidió a tocarlo. Sabía que a Alex el contacto físico no le agradaba demasiado... y no estaba seguro de si hacía lo correcto o no. Sin embargo, posó su mano en el suave cabello rubio, y lo recorrió, desde la frente, donde caían algunos mechones, hasta la base de su cuello.

- Ne, ¿también sabes ronronear, ko-ne-ko-chan {gatito}? - murmuró Kyo con una sonrisa burlona.

Alex rió, sin apartarse, inconscientemente pensando que un buen golpe contra el rostro de Kyo sería perfecto para ese momento.

Apoyó un brazo en las piernas de Kyo, y su cabeza sobre él, mientras continuaba disfrutando del roce de los dedos de su amigo. Su otra mano se posó cerca, cerrada en un puño que se llevó cerca de los labios, antes de estremecerse. Entrecerró los ojos, tratando de controlar el dolor que encogía su garganta, mientras intentaba evitar las lágrimas. Era algo que no podía dominar, la angustia, el dolor, sentir a Kyo más cerca que nunca... y pensar que esa podía ser la última vez que pudiera disfrutar de él.

El recién bautizado gato lo observaba desde la alfombra con sus grandes ojos verdes cargados de celos, pero pronto se volvió una mancha borrosa. Las lágrimas cayeron.

- ¿Alex?

Maldición, Kyo se había dado cuenta.

- ¿Kyo? - en un intento de dominar el temblor de su voz, Alex no dijo más, pero sintió las manos del joven en sus hombros, obligándolo a incorporarse. Obedeció dócilmente, y Kyo acarició sus brazos con cuidado de no rozar la herida. Alex se mantuvo con los ojos bajos, aunque sabía que era imposible que Kyo no viera las lágrimas. Un suave roce en su barbilla lo obligó a levantar el rostro, el cabello rubio fue apartado, dejando ver sus mejillas húmedas, sus ojos brillantes. Se obligó a esbozar una leve sonrisa. Kyo sólo lo observaba, estaban frente a frente. Qué pálido se veía, pensó Alex, que brumosa era su mirada, e irregular su respiración. Recordó al muchacho a quien conoció en la calle, tan alegre, animado y amable. El muchacho que, incluso luego de haber sido atacado sin motivo por él, lo había tratado bien y respetuosamente. ¿Cuánto tiempo podía haber pasado? ¿Por qué sentía que aún veía esos cálidos ojos castaños observándolo con la misma expresión que durante su niñez? Kyo ya no era el muchacho que conoció, así como él ya no era el pandillero que lo atacó. Demasiada sangre y demasiadas muertes habían pasado por las vidas de ambos... y a pesar de todo la expresión de Kyo seguía allí, mientras lo observaba algo dolido al ver sus lágrimas. Lágrimas de pena, de compasión. Lágrimas que el joven Kusanagi no quería ver derramar. Sonriendo a pesar de todo, Alex murmuró -: Lo siento... Sé que no debería llorar... Sé que no quieres que llore...

Kyo continuaba mirándolo, no sabía qué decir. Alex se comportaba de manera extraña. Él sabía que ese ninja sólo dejaba entrever sus sentimientos cuando estaba en su presencia, pero... era tan extraño verlo llorar...

Los ojos verdes, ahora totalmente húmedos, se clavaron en su rostro. Alex sonreía tristemente, las lágrimas continuaban bajando, mientras negaba con la cabeza.

- ... Lo siento, pero no puedo evitarlo - se disculpó. El ninja no intentó secar las lágrimas, era algo inútil, porque sabía que continuarían cayendo. Quería acallar sus sollozos, sabía que mostrarse así le hacía las cosas más difíciles a Kyo, pero en ese momento no tenía control de nada, ni de sus reacciones, ni de sus palabras, ni de sus actos.

- Alex... - Kyo intentó acariciarle la mejilla, para calmarlo, pero el ninja sujetó su mano y la mantuvo atrapada entre las suyas mientras decía, sacudiendo la cabeza de un lado a otro y cerrando los ojos con fuerza.

- ¡És que no vull que et moris, Kyo...! No vull perdre a la persona que més estimo en aquest món... ¡M’estimaria més morir abans de veure’t morir...! {¡Es que no quiero que mueras, Kyo...! No quiero perder a la persona a quien más quiero en este mundo... ¡Preferiría morir antes que verte morir...!}

Hubo un momento de silencio, cuando un sollozo cortó sus palabras.

- ¿Pero qué dices? - murmuró Kyo. Le dolía ver a Alex así, y le dolía aun más saber que el rubio realmente sentía lo que decía. Y un día tendría que dejarlo. No había nada que pudiera hacer, su destino estaba establecido; Kyo sabía que en un par de semanas ya estaría muerto...

El ninja posó sus manos a los lados del cuello de Kyo.

- Si no estás tú, ¿qué me queda? - dijo, también en un murmullo -. Mi misión es servir a tu familia... pero... mi vida está dedicada a protegerte... cuando sea necesario... - hubo una pausa, lo suficiente para que los labios de Kyo pronunciaran nuevamente el nombre de Alex en silencio; no sabía qué hacer, o qué decir -. Siempre que fuera necesario, yo estaría allí... Es todo lo que me importa... Si no estás tú... ¿qué me queda? ¿Qué, Kyo? Hace mucho tiempo que dejé de pensar para mí... todo era para ti... Y ahora...

Hubiera continuado, pero sintió que los brazos de Kyo lo rodeaban por la cintura, atrayéndolo contra él, mientras susurraba en su oído:

- Ya no digas más... por favor. Está bien, Alex... Te entiendo...

No, no me entiendes, pensó Alex, pero sólo disfrutó del abrazo y la calidez de su amigo. ¿Cómo podía Kyo entender lo que es vivir para otro, renunciar a tener una vida sólo por fidelidad y cariño hacia una persona?

Kyo tenía demasiadas personas queridas en su vida, demasiadas. A diferencia de Alex, que sólo lo tenía a él. Ni siquiera consideraba a sus compañeros, a pesar de lo mucho que los apreciaba. Era como si por Kyo hasta pudiera abandonarlos, dejarlos para siempre, todo por Kyo...

- Si tú mueres... - susurró, correspondiendo el abrazo, su voz ganando algo de firmeza - ... me iré contigo... Te acompañaré del otro lado... para que no estés solo.

Ah, ¡que egoísta de su parte! Darle una preocupación más a Kyo en esos momentos, pero era la verdad. Después de Kyo no había nada. Si no estaba Kyo... quizás ni siquiera se atreviera a enfrentar un mañana. Lo había pensando muchas veces, pero jamás imaginó que tendría que llevarlo a cabo... y, ahora que al fin se lo había confesado, se sentía mucho más aliviado.

- Alex - la voz de Kyo era dura, y se separó de él para mirarlo con severidad. Tenía miedo de la muerte, sí. Miedo de lo que viniera después, pero en ningún momento pasó por su mente la idea de llevarse a Alex, ni a nadie, con él -, estás hablando estupideces - dijo, sin ser nada gentil. Alex parpadeó, dolido, pero se limitó a sonreír levemente, haciendo que la mirada de Kyo se suavizara.

- No - dijo -, estoy hablando muy en serio...

Cuando Kyo dejó caer la cabeza, con una leve sonrisa de resignación, Alex cerró los ojos. Así, ninguno de los dos vio la expresión del pelirrojo que, desde la puerta, lo había escuchado todo.

* * *

En la mansión Kusanagi, una sombra se movía discretamente entre los árboles. Los ojos ámbar buscando alguna presencia. Las huellas de la persecución habían sido borradas por la nieve que cayó durante la noche, y los rastros de sangre y muerte ya habían desaparecido.

- Kyoko - llamó con voz suave, atento a cualquier movimiento o sonido. Pero a su alrededor todo era calma y silencio. La nieve crujía bajo sus pasos livianos, su respiración formaba un halo de vapor al exhalar.

- Fujimiya-san...

Ah, al fin. La voz de la muchacha. Cuando se vieron obligados a separarse durante aquella persecución, él le había dicho que se encontrarían en el bosque, para luego tratar de reunirse con Kyo. Si uno de los dos no lo lograba, el otro debía irse. Debían hacer lo posible para estar al lado de su amo nuevamente.

Se volvió hacia ella, que seguía vistiendo el antiguo uniforme escolar, y temblaba de frío. Una manta la rodeaba, pero eso no era suficiente para pasar toda una noche en la intemperie. Syo se apresuró a ir hacia ella.

- Pensé que lo habían capturado - murmuró la joven, acercándose también.

- Lo hicieron - afirmó él -. Pero Saisyu-sama aún está del lado de Kyo-sama.

- Yokatta... {Que bueno...} - murmuró Kyoko, apartando la mirada para observar la mansión. Todos los automóviles de la familia continuaban allí, y permanecerían hasta Año Nuevo. Entre fiesta y fiesta. Mientras Kyo moría lentamente, solo.

Syo vio como los ojos castaños de Kyoko se empezaban a llenar de lágrimas, y supuso qué clases de pensamientos pasaban por su mente. Negó con la cabeza, tratando de no pensar en eso. Sin embargo, como un torbellino, algunas escenas de su niñez aparecieron. No podía evitarlo. El rostro de Kyoko, el cabello castaño corto, sus ojos cálidos... Era como volver a tener a Kyo-sama frente a él. Más de lo que podía soportar.

- Vamos - dijo, echando a andar y dándole la espalda a Kyoko.

- Doko e ikimasu ka {¿A dónde?} - preguntó ella, siguiéndolo. El ninja se dirigía directamente hacia la mansión .- ¡Nos verán! - dijo en un firme susurro, alcanzando al joven.

- No lo harán si te quedas callada - le cortó Syo. De una mirada reconoció todos los automóviles, y encontró el que era de uno de los primos menores. Obviamente, había dejado las llaves dentro y las puertas no estaban aseguradas. Sonrió, que ingenuos. ¿Pensaban que porque estaban dentro de la mansión podían dejar de lado todas las precauciones? Ese era uno de los principales defectos de todos los miembros de esa familia, ser tan descuidados. Se confiaban mucho en sus ninjas y sus guardias, a veces cometían unas imprudencias dignas de admirarse, y así... le facilitaban su trabajo de espía.

Abrió la puerta del lado del conductor, mientras sentía cómo Kyoko se detenía paralizada al pensar que una alarma llamaría la atención de toda la mansión sobre ellos. Syo le abrió la otra puerta. El silencio era absoluto.

El vehículo que escogió era uno de los más alejados, el sonido del motor no sería escuchado. Era solamente un discreto sedán negro bien conservado.

- Sube - le dijo a la muchacha, que continuaba de pie sin moverse. Cuando al fin ella se decidió, él murmuró -: Esa actitud tuya no te llevará a ningún lugar. Ya has dejado de ser una esclava en esta familia.

Kyoko se limitó a bajar los ojos. Syo encendió el motor y puso marcha atrás, para salir del estacionamiento. Afortunadamente la nieve no le causó problemas, y pronto enfilaron hacia la salida. Era extraño, pero no se encontraron con ningún guardia en el camino. Syo supuso que debían estar descansando, todos, luego del enfrentamiento de la noche anterior.

Salió a la carretera, y aceleró a fondo dirigiéndose hacia la ciudad. Después se preocuparía de cómo encontrar a Kyo. Lo que ahora quería hacer era dejar a Kyoko en un lugar seguro. Se le hacía pesado y no se sentía a gusto teniendo que cuidar a una muchacha.

Se pasó una mano por el cabello, apartándolo de sus ojos.

- Oye - le dijo fríamente. Kyoko se volvió hacia él, que continuó -: ¿Por qué Yagami esperaba a Kyo-sama? ¿Cómo sabías que lo ayudaría?

La muchacha no respondió. Él adivinó.

- ¿Has sido la informante de Yagami todo este tiempo?

Vio como Kyoko negaba con la cabeza. Pero no dijo nada, sólo mantuvo la mirada baja.

- ¿Has sido una espía para el clan Yagami? - insistió Syo, hasta que finalmente ella lo observó.

- Chigaimasu... {No...} - dijo suavemente -. No del modo en que usted lo dice... Nunca le di información que pudiera ser perjudicial para la familia Kusanagi...

- Pero lo hiciste - la mirada de Syo era helada ahora. Para él, la fidelidad hacia los Kusanagi había sido su forma de vida. Encontrarse con alguien que aceptaba haber sido un espía para otro clan era algo que iba contra sus principios.

- Pero... sólo se trataba de Iori-sama... - se defendió ella -. No lo hacía por todos los Yagami...

- Pero lo hiciste - Syo fue cortante, súbitamente furioso. Kyoko lo observó, luego parpadeó y sonrió suavemente.

- Kyo-sama lo sabía...

Aquello sorprendió al joven. Kyoko terminó:

- Nunca me dijo nada, pero estoy segura de que sabía... Es imposible ocultarle algo a él...

Syo asintió, pensativo, calmándose un poco. Si Kyo no había hecho nada al respecto... quizás tuvo sus razones... A veces era tan difícil comprender por qué su amo hacía las cosas...

* * *

Iori entró en el departamento, haciendo ruido para que los dos jóvenes, que estaban abrazados, sintieran su presencia. Simuló no haber notado ni oído nada, pero no pudo dejar de fijarse en cómo el ninja rubio se secaba rápidamente las lágrimas, volviéndose hacia un lado, para luego observarlo fríamente como si nada hubiera sucedido. Kyo no necesitó disimular, sólo lo siguió con la mirada.

- Ya nos vamos - dijo Iori -. Bajen.

Alex se puso de pie, y le tendió una mano a Kyo, pero, para sorpresa de Iori y Alex, éste lo rechazó. Le sonrió levemente al rubio, y luego se puso de pie. Aceptó el abrigo que Iori le entregó, y luego se dirigió a la puerta.

Tsukiyo esperaba en el pasillo, su bolso seguía apoyado en la pared, en el suelo alfombrado. Ella vestía un estrecho traje de invierno. Blusa de largas mangas, bajo una chaquetilla de gruesa pero delicada tela. Llevaba una falda, exageradamente corta, con diseños escoceses, de un color verde oscuro. Sus piernas estaban cubiertas por altas medias negras, y usaba unos zapatos con taco que la hacían verse casi tan alta como Iori. Su traje era muy discreto, y lo fue aun más cuando se puso encima un largo abrigo negro. Los rizos rubios contrastaban con la tela, y sus ojos verdes brillaron risueños al ver aparecer a los tres jóvenes que, al fin, salían del departamento.

Hacían una bonita escena, pensó. El alto pelirrojo que en ese momento cerraba la puerta con llave. El rubio vestido de negro cuya mirada se extraviaba, pensativa, en el pasillo, mientras en sus manos sostenía al pequeño gato negro que casi desaparecía confundiéndose con el color de sus ropas. El muchacho de cabello castaño, que simplemente estaba allí, esperando, como si no le importara la razón de esa abrupta partida. Todos vestían abrigos largos, y no era para menos, porque afuera el viento había empezado a soplar.

La muchacha tomó su bolso, se lo echó al hombro, y se adelantó al ascensor. Alex echó a andar también. Sabía que Kyo se quedaba atrás porque no quería que lo viera. No quería que viera lo lentos que eran sus pasos, ni que sintiera la mínima compasión por él. Pero... era inútil, se dijo Alex, porque él lo sabía. Y sentía esa compasión. Y también sentía angustia y miedo, y no importaba lo que dijera Kyo, eso no desaparecería. No, hasta que todo terminara.

Tsukiyo presionó el botón del primer piso, mientras esperaban a que Iori y Kyo llegaran al ascensor, pero las puertas se cerraron súbitamente. Tsukiyo sudó una gotita y dejó escapar un ligero: "oops". Alex dejó caer la cabeza, moviéndola negativamente y cubriéndose el rostro ante semejante niña tonta.

Iori podría haber evitado que las puertas se cerraran con sólo interponer su mano entre las láminas de metal. El sensor se hubiera encargado de abrirlas de nuevo a la menor resistencia, pero no hizo movimiento alguno. Sólo esperó que se cerraran y luego se volvió hacia Kyo, que estaba a su lado, con la mirada baja. Su frente estaba húmeda de sudor.

Mientras esperaban que el ascensor volviera a subir, Kyo se apoyó en una pared lateral, suspirando ligeramente.

- ¿A dónde iremos? - preguntó, mirando al pelirrojo, que también lo observaba fríamente.

- Tu departamento - murmuró Iori -. A recoger lo que te sea necesario...

- ¿Y luego?

- Kagura.

Kyo cerró los ojos, frunciendo el ceño. No sabía por qué, quizás era parte del destino, pero cada vez que algo malo le sucedía, a él o a Iori, lo normal era recurrir a Kagura Chizuru. Y ella siempre parecía estar lista para ayudarlos o atenderlos, viendo en su espejo cuando ellos estaban cerca. Era un pacto sin palabras, ella ayudaba a los Kusanagi o a los Yagami. No le importaba si había una rivalidad de por medio, era totalmente imparcial. Y, en su templo, ellos no podían pelear entre sí. El templo Kagura era el único lugar donde, por unos momentos, el odio podía ser olvidado.

Pero... ¿aún había odio? Ahora que el final estaba escrito, y asegurado, ¿aún había restos de rivalidad u odio? Yagami Iori era superior a Kyo en ese momento. Superior en todo, en fuerza, en poder. No había necesidad de más duelos. Tampoco era necesario decirlo, si alguna vez hubo un asunto que arreglar, Iori había salido vencedor.

Kyo volvió a la realidad cuando vio los ojos rojos de Iori fijos en él. Lo miró también, y al instante Iori desvió su mirada en dirección al ascensor, que se tardaba demasiado en volver a subir. Kyo sonrió. ¿Lo estaba evitando? ¿Acaso ya no soportaba el verlo? ¿El hecho de pensar que era un muerto en vida? Era lo más obvio de parte de él. Ahora que no conseguiría nada de Kyo, bien podía considerarlo como muerto. Quizás lo dejaría donde Chizuru y luego desaparecería para siempre.

- Pero lo prometiste... - murmuró sin darse cuenta. Iori se volvió hacia él.

- ¿Qué?

Kyo se sobresaltó al notar que había hablado en voz alta. Sonrió para ocultar su turbación. No necesitó hacer más, porque Iori continuó hablando:

- Ese ninja, ¿de dónde lo sacaste? - preguntó, refiriéndose a Alex.

- Es una larga historia - respondió él, apartándose el cabello de los ojos. Hundiendo una de sus manos en el bolsillo de su abrigo.

- Él es... - Iori iba a decir algo, pero calló súbitamente, y apartó la mirada, de nuevo hacia el ascensor. Kyo sonrió.

- ¿Es...? - dijo, curioso al ver esa reacción en Iori. Nunca lo había visto dudar al decir algo.

El pelirrojo se maldijo por ser tan estúpido. ¿Qué pensaba preguntarle a Kyo? ¿Si ese ninja era su amante? ¿Pero qué podía importarle eso a él? Y, a pesar de todo, la pregunta estaba allí, pendiendo en el aire, la curiosidad ardiendo en su interior. No imaginaba qué otra cosa podía ser ese rubio. Parecía muy cercano a Kyo, y el grito de Kyo llamándolo aún resonaba en sus oídos. La desesperación y preocupación al ver que Alex se quedaba atrás, con sus compañeros. ¿Acaso esa ansiedad que había oído podía darse entre un amo y su sirviente? No... Entre el rubio y Kyo había, o hubo, algo. Algo que el pelirrojo no podía destruir con un golpe o herir con una palabra. Era algo que estaba totalmente fuera de su alcance. Algo a lo que él había renunciado desde que era un niño.

- Na, Yagami...

Observó a Kyo, con los labios entreabiertos. Él se le había acercado unos pasos, y sonreía débilmente. Lo miraba directo a los ojos, pero los suyos castaños estaban brillantes.

- ¿Por qué...? - susurró Kyo, alzando una mano hacia Iori, como si quisiera tocarlo -. ¿Por qué... duele... tanto...?

Lo recibió en sus brazos porque en ese momento Kyo cayó hacia adelante. Se arrodilló lentamente en la alfombra, dejando que Kyo se apoyara en él. Lo sujetó con firmeza, mientras Kyo tosía un poco y se encogía debido al dolor. ¿Por qué duele? Porque la muerte debe ser dolorosa. Porque esta vida nos hace sufrir hasta el último segundo, por eso, pensó, pero no lo dijo. Kyo no necesitaba escuchar eso ahora.

Cuando Kyo abrió los labios para respirar, Iori vio que su boca estaba inundada de sangre, y lo hizo volverse para que tosiera sin ahogarse. Secó la linea roja que manchó su barbilla con un pañuelo limpio que tenía en el bolsillo de su abrigo.

De pronto Kyo dejó escapar un grito. Un grito y un sollozo. Iori sintió el impulso de abrazarlo, abrazarlo con todas sus fuerzas para que supiera que no estaba solo en ese momento, y qué él estaría allí para cuando el dolor desapareciera. Miró el rostro de Kyo, apartó el cabello. Se encontró con sus ojos, su expresión asustada, las inevitables lágrimas de sangre.

- ¿Ya voy a...? - murmuró el joven Kusanagi. ¿Así terminaba todo? ¿Tan súbitamente?

Pero Iori negó con la cabeza. No. Esto era solamente pasajero. La muerte no llegaría aun... Era cruel, esa espera, pero aún tardaría un poco.

La respiración de Kyo era trabajosa y dolorosa, sus ojos miraban el techo, esperando que el dolor pasara, pero nada sucedía. En eso, tuvo la impresión que Iori lo miraba apenado, no de lástima, sino de verdadera tristeza. ¿Imaginaba cosas? Nunca había atribuido esa expresión al rostro del pelirrojo. Durante un momento le pareció que era la misma mirada de Alex cuando le dijo que no quería quedarse sin él. Alex...

- Quiero que lo cuides... - dijo súbitamente. Iori parpadeó.

- Dare ni {¿A quién?} - murmuró.

- Alex... - dijo Kyo con una sonrisa. Y sonrió aun más al ver la mueca de Iori que le soltó exactamente lo que él esperaba:

- ¿Por qué demonios tendría que hacerlo?

Kyo continuó sonriendo.

- Haz que esté a tu servicio... No parece ser fuerte... pero no te defraudará... - hubo una pausa, y Kyo se alegró de ver que Yagami lo escuchaba -. Es sólo que no quiero dejarlo sin nadie cuando... cuando me haya ido. Él siempre estuvo allí para servirme a mí... Mi clan lo rechaza... No quiero dejarlo solo...

El pelirrojo tenía una fría expresión en el rostro cuando respondió:

- ¿Por qué te preocupas tanto por él? ¿Por qué tienes que pensar en él? Cuando estés muerto ya nada importará, él no importará, ¡nada! ¿Por qué no dejas de preocuparte de la gente que te rodea?

- ¿Y de qué quieres que me preocupe? - Kyo no hizo el menor esfuerzo por incorporarse. Iori lo sostenía en sus brazos, y se sentía indescriptiblemente bien. No quería moverse, no quería que el dolor regresara. No tan pronto. Volvió a esbozar una leve sonrisa -. Lo siento, no puedo dejar de pensar... - dijo suavemente -. Pienso en qué hará Alex, qué harás tú... ¿Qué harás tú, Yagami...?

Iori se sorprendió de que el joven también pensara en él. Sinceramente, tampoco sabía qué haría. Su vida estaba dividida en dos: Kyo, y su banda. El resto no tenía importancia. Si Kyo no estaba, era imposible que la banda ocupara todo su tiempo...

Pero la verdad era que no quería pensarlo. No. En ese momento, ese mismo instante, con Kyo descansando entre sus brazos, sentía que podía quedarse así para siempre. Era algo extraño pero muy intenso. Hablando en murmullos, sintiendo el peso de Kyo contra sus brazos y su pecho. Escuchar la grave y a la vez suave voz de Kyo. ¿Para qué pensar en el futuro si podía disfrutar del presente? Unos minutos más adelante quizás tendría que ser cruel, pero no por ahora. Kyo descansó su mejilla contra su pecho. Cansado.

- ¿Qué harás...? - repitió Kyo -. Quisiera seguir aquí para ver cómo vivirías tu vida, ¿sabes? - continuó -. Morir, pero seguir aquí, y vigilarte. Seguirte de cerca... y conocerte... Quiero saber... más de ti... - rió suavemente, para luego mirar a Iori -. Yagami, hace un momento, cuando viste a Alex... ¿te pusiste celoso?

La expresión del pelirrojo fue tal que Kyo no pudo evitar echarse a reír. Rió débilmente, escondiendo su rostro contra el pecho de Iori que tardó un momento en reaccionar. Era una broma, ¿verdad? Kyo lo había dicho como una broma... pero celos era justamente lo que había sentido. Celos al ver los brazos de Kyo alrededor del rubio. Celos.

Kyo continuaba riendo. En otra ocasión hubiera mantenido la boca cerrada, pero ya no importaba si Iori lo mataba por eso o no. Hacer enfadar al pelirrojo con una broma tan simple era delicioso...

Iori miró a Kyo y sonrió.

- Eres insoportable - fue todo lo que dijo, mientras apartaba su cabello castaño para poder limpiar las lágrimas rojas que ensuciaban sus mejillas.

* * *

*Nota ^^: "Koneko" es gatito. "Chan" es un sufijo que podría traducirse como diminutivo, por lo que el uso de "koneko-chan" es una terrible falta gramatical =P

* * *

Continúa

[ Capítulo 15: Precio de un Capricho ]

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Shades of Flames and Passion
Febrero, 2002