Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 16.- Antes de que sea tarde

- Iori... Your friend is trembling... {Tu amigo está temblando} - murmuró Tsukiyo. Ella estaba sentada en el asiento trasero, y la cabeza de Kyo descansaba en sus piernas. Suavemente, su mano acariciaba el brazo de Kyo, mientras la otra lo sostenía para que el movimiento del vehículo no lo sacudiera. El joven tenía los ojos semicerrados, vidriosos, no observaba nada, sólo yacía allí -. He’s a beautiful boy... {Es un chico hermoso...} - comentó Tsukiyo, y al fin los ojos de Iori la miraron a través del espejo. Ella sonrió levemente.

- Abrígalo - dijo Iori, y Tsukiyo todo lo que pudo hacer fue arreglar la manta que ya cubría a Kyo -. Pronto llegaremos.

El automóvil surcaba en silencio las calles de aquella ciudad. La tranquilidad era ahora interrumpida por ocasionales vehículos, y algunas personas que al fin se habían levantado para limpiar los recuerdos que la Navidad había dejado en las calles. Era un sector residencial, no había tiendas ni oficinas, sólo grandes casas con amplios jardines delanteros y, más adelante, edificios de departamentos.

Allí se dirigían, al departamento de Kyo.

El pelirrojo miraba por los espejos hacia la parte posterior del vehículo. Sólo podía ver el rostro de Tsukiyo, enmarcado en sus desordenados mechones rubios, y sus ojos verdes dirigidos a su regazo, donde Kyo descansaba. También solía mirar más allá, por la ventana trasera, la calle. No había rastros de la moto, ni del ninja. Hacía mucho rato lo había visto perder velocidad hasta que finalmente desapareció en el horizonte. No sabía qué esperar del extranjero. Kyo parecía confiar mucho en él, como si supiera que mientras tuviera al ninja a su lado tendría dos vidas, que el ninja moriría antes que él por salvarlo.

Y ciertamente era un tipo extraño. Parecía calmado, frágil y cortés cuando estaba con el joven Kusanagi, pero era un testarudo sin remedio, y así lo había demostrado al saltar del vehículo en pleno movimiento. Iori sabía que era normal que los ninjas hicieran ese tipo de cosas, pero este ninja había estado malherido, recién se había recuperado, y debía estar débil. Y así, a pesar de todo, logró saltar y reventar el neumático del automóvil. Ni siquiera podía imaginar qué tipo de movimiento habría hecho. ¿Rodar por la nieve y clavar el cuchillo? ¿Aferrarse al vehículo y luego saltar? No lo sabía. Nunca había entendido del todo a esos sirvientes de las sombras.

La actitud de ese Alex, específicamente, le era incomprensible. Querer llevarse a Kyo con él... Ahora que lo pensaba había sido muy egoísta. ¿Por qué quiso llevárselo? ¿Acaso pensaba que estaría mejor con él que con Iori? Ante esto no pudo evitar sonreír, llevándose una mano al cabello, apartándolo. Era obvio, ¿no? Era mejor alejar a Kyo de su peor enemigo... pero...

El automóvil enfiló hacia un grupo de edificios.

- Kyo - llamó el pelirrojo, sin recibir respuesta. Sin embargo continuó hablando -: ¿Cuál es tu departamento?

Hubo un largo rato en que pensó que no recibiría respuesta, pero Kyo murmuró, con voz seca:

- Jyodan janai ze... {No bromees...}, Yagami.

Iori sonrió con malicia negando con la cabeza:

- ¿Y tú crees que después de tanto tiempo lo voy a recordar?

- Sí - dijo Kyo con una sonrisa similar, y dio por terminado el asunto.

- Kisama - siseó Iori, pero Kyo tenía razón. Él conocía muy bien el lugar.

Sus pensamientos volvieron al ninja una vez más. Kyo había tenido razón al decir que no era un sirviente, sino que era Alex. Y ese tal Alex estaba totalmente loco.

Sí, no era un sirviente común... Y esa figura tan delicada, era un gran contraste con sus verdaderas habilidades. ¿Qué más era capaz de hacer? Si ese extranjero aprendía a mantener bajo control sus emociones, se convertiría en un ninja perfecto.

Finalmente, habían entrado en el estacionamiento del edificio donde Kyo vivía. El pelirrojo recorrió las construcciones con sus ojos rojos, examinando, buscando algo que le recordara cual de todas las ventanas era aquella que en años anteriores había vigilado durante largas horas, esperando que Kyo saliera para poder cruzarse con él en una calle cercana.

En ese momento todas se veían iguales, ventanas oscuras, rectangulares, asomando por muros de color blanco.

Siguiendo a su instinto, eligió el edificio más lejano a ellos, y se estacionó frente a él, entre vehículos cubiertos de nieve.

Bajó del auto, y abrió la puerta trasera para hacer salir a Kyo, que no se movió. Tsukiyo acariciaba su cabello ahora, y Kyo sujetaba su otra mano, los largos dedos de ambos enlazados.

El pelirrojo miró esa escena un par de segundos, sintiendo una opresión en el pecho. La mirada que Tsukiyo posaba en el rostro de Kyo parecía ser cariñosa, demasiado cariñosa; y los ojos nublados del joven... Los dos parecían estar disfrutándolo.

- Ikou {Vamos} - ordenó Iori secamente, sujetando a Kyo del brazo y tirando de él, obligándolo a levantarse. Tsukiyo hizo un gesto como si quisiese evitar que Iori fuera tan rudo, pero ya era tarde. La manta resbaló por un lado, y el pelirrojo sacó bruscamente a Kyo del interior.

- Hey, careful {con cuidado} - musitó Tsukiyo, pero Iori le dirigió una mirada fría, ordenándole callar.

- Stay here {Quédate aquí} - dijo, y lanzó la puerta, cerrándola con un sonido apagado, dejando a la joven en el interior.

- You jealous bastard... {Bastardo celoso} - murmuró Tsukiyo haciendo una mueca, para luego sonreír. Ese pelirrojo era un encanto, tratando de mostrarse rudo, frío e insensible, ocultando unos celos que eran más que obvios -. Right? {¿Verdad?}- dijo luego, hablándole al gato que se había lanzado a jugar con la manta.

En el exterior, Iori se había dirigido al edificio, seguido por Kyo, cuyos pasos eran cada vez más lentos hasta que finalmente el pelirrojo tuvo que detenerse y esperarlo.

- Me siento cansado... - dijo Kyo -. ¿Por qué no olvidamos esto?

Iori no dijo nada.

- Sólo déjame recostarme en algún lugar... no quiero moverme - insistió el joven.

- Si no te mueves, vas a mo...

Kyo sonrió, levantando sus ojos hacia Iori y negando con la cabeza. Lo observaba como si fuera él quien debiera consolarlo. Como si fuera Iori quien no podía aceptar la realidad.

- De todos modos voy a morir - dijo Kyo en voz baja, aún sonriendo levemente -. Eso fue lo que dijiste.

El pelirrojo no respondió. Sólo estaban allí de pie, observándose, como antes. Como cuando se disponían a empezar una pelea. Pero Iori sabía que ya no habría más. Esa podía ser la última vez que él y Kyo se miraran de esa forma.

- Vamos - dijo Iori, haciendo un gesto hacia el edificio, y, al mismo tiempo, tendiéndole una mano a Kyo, que se sorprendió -. Hace frío.

* * *

El departamento había sido ordenado, pero no estaba limpio. Polvo de muchos meses se había acumulado en las superficies de los muebles y estantes... El televisor tenía una pantalla gris debido a la suciedad, y en general, el estrecho lugar lucía abandonado, triste.

- Ve a buscar lo que necesites - dijo Iori, recorriendo la colección de CD’s con la punta de los dedos. Kyo asintió, y despacio desapareció en el interior de su habitación.

Ni bien había entrado, oyó el repiqueteo del teléfono. El único teléfono en todo el departamento que estaba en su habitación. El sonido era bajo, apagado, tímido. No podía oírse desde la sala. Kyo no recordaba haber dejando tan bajo el volumen, pero atribuyó el hecho a alguna batería descargada. Se quedó observando el aparato, mientras sonaba y una luz roja parpadeaba insistente. Sintió el impulso de levantarlo y contestar, pero se contuvo. Sólo esperó a que el mensaje automático se escuchara.

"Kusanagi Kyo desu. En este momento no estoy en casa. Deja tu mensaje después de la señal..."

Beep.

Y de pronto, la voz... Su voz...

- ¿Kyo...?

El aparato fue a dar al suelo alfombrado, cuando el joven sujetó el auricular inalámbrico con demasiada violencia. Se quedó allí, de pie, el auricular en su oído, su mirada hacia el frente, sus ojos brillando al escuchar aquella voz que tanto había echado de menos. No dijo palabra, sólo escuchaba. Esa voz...

- Kyo... soy yo... - una pausa. Un sollozo. - Quería decirte... estoy en casa de tus padres... Pero volveré pronto a la mía... En verdad quería verte... Por favor, respóndeme cuando oigas este mensaje... En verdad... te extraño demasiado...

Iori, desde la sala, escuchaba lo que Kyo hacía. No sentía ningún movimiento proveniente de la habitación, así que supuso que algo estaba mal. Entró de golpe, pero se detuvo en el umbral de la puerta.

- ¿Kyo? - dijo. El joven estaba recostado en su cama, envuelto en el cobertor. El teléfono estaba por el suelo aún, pero el auricular... lo mantenía cerca de su rostro, mientras sus labios murmuraban algo. Iori frunció el ceño, dando un paso hacia él y obligándolo a volverse, furioso. Kyo lo observó, sus ojos tranquilos y cálidos, mientras murmuraba.

- Hai... Ore mo ai shiteru... Yuki... {Sí... También te amo... Yuki...}

El auricular fue a dar a la alfombra también, mientras el pelirrojo alzaba a Kyo por el cuello de su traje.

- Bakame! {¡Idiota!} - exclamó, sacudiéndolo furioso -. ¿Le dijiste a dónde irás? ¡¿Acaso quieres que te encuentren?!

Kyo fue quien pareció molesto esta vez y, con un golpe seco, apartó la mano de Yagami, clavando sus ojos castaños en los del pelirrojo.

- ¿Y qué si lo hacen? - exclamó -. ¡Lo harán de todos modos! ¡Tú mismo lo dijiste! ¡¿Qué demonios es lo que te sucede, Yagam...?! - el grito de Kyo intensificaba su volumen cuando de pronto calló. Se llevó una mano al pecho, y gritó de nuevo, pero esta vez de dolor, cayendo sobre su costado en la cama desordenada.

Iori lo observó. Aquel ataque había sido tan de improviso... Sin embargo no hizo nada más que quedarse allí, pensando. Había pasado apenas un día desde que empezara todo su problema con Kyo. Nunca lo había tenido tan cerca, y nunca había conversado con él salvo para intercambiar amenazas. Un día atrás había creído conocerlo, había creído saber muchas cosas sobre él, pero ahora... En sólo una noche y un día... Observar a Kyo le producía una profunda angustia en su interior.

No quería seguir sintiendo eso. No quería que el simple hecho de observar su rostro le hiciera pensar que quizás podía llegar a preocuparse realmente por él. Kyo iba a morir en menos de una semana... no podía sentir nada por él. ¡No debía! Si lo hacía, volvería a perder a alguien amado... y había tenido suficiente de eso en su vida. ¡Suficiente!

Pero... ¿cómo no sentir? Verlo así, sufriendo, solo, en silencio. ¿Cómo no pensar en Kyo como un...?

- ... niño indefenso... - susurró, entrecerrando los ojos, inclinándose hacia Kyo para sentarse a su lado en la cama. Sí, un niño al que no podía explicarle por qué iba a morir...

- Sólo... sólo quería despedirme... - murmuró Kyo sin moverse -. Sólo quería decirle cuánto la amo... Una última vez...

El pelirrojo atrajo a Kyo hacia sí, posó sus manos sobre las de Kyo que, crispadas, aferraban la tela de sus ropas. Lo obligó a soltarla, despacio.

- Relájate - susurró -. Deja que el dolor te llene completamente. No te resistas.

Kyo no pudo reprimir un sollozo. Tenía los ojos cerrados... y tenía miedo.

- Deja de luchar - insistió Iori, acariciando su frente -. No es necesario que lo hagas... Si te sirve de algo, yo estaré aquí cuando despiertes.

Así, finalmente Iori sintió que Kyo perdía el conocimiento. Cerró los ojos un momento, para luego levantar la mirada al techo. Ojalá pudiera tener esa sublime seguridad, pensó; saber que cuando él agonizara, del mismo modo que lo hacía Kyo, alguien estaría a su lado para susurrarle tranquilamente en su oído.

Rió para sí. Obviamente era una tontería.

Acarició nuevamente la frente del joven, apartando el cabello y mirando sus ojos cerrados. Kyo siempre había tenido más que él. Era de esperarse que su muerte, si bien sería dolorosa, sería al lado de una persona que lo amara. Y el pelirrojo sabía que muchas personas estaban más que dispuestas a acompañarlo.

No tenía porqué cumplir su promesa... ¿verdad?

* * *

Afuera, Alex finalmente había conseguido dar con el automóvil del pelirrojo y esperaba en la moto, a su lado, en el estacionamiento. Tsukiyo cruzó una mirada con él y le indicó que entrara al vehículo, pero Alex se negó con una leve sonrisa triste. Tenía frío, pero la sensación hiriendo sus manos desnudas y su rostro era de algún modo satisfactoria. Era lo que deseaba sentir, dolor. Se lo merecía por ser tan estúpido.

¿Qué estaría haciendo Kyo? ¿Yagami lo estaría ayudando?

Le parecía algo cruel lo que hacía el pelirrojo. Aquel era el departamento de Kyo, ¿verdad? Seguramente lo estaba obligando a sacar algunas pertenencias... pero... ¿Acaso no era como darle la oportunidad a Kyo para que se despidiera de lo que había sido su vida hasta ese momento? ¿Por qué no lo dejaba descansar tranquilo de una buena vez? ¿Acaso eso no era hacerle más difíciles las cosas?

Esperó y esperó, sintiendo que cada segundo se hacía interminable. No se atrevía a ir hacia Kyo, pero tampoco quería estar lejos de él y dejarlo solo con Yagami. Miró a Tsukiyo, que parecía aburrida, y la joven rubia notó que alguien la observaba. Sin embargo, cuando se volvió hacia la moto, Alex ya había desaparecido.

* * *

El pelirrojo estaba sentado en uno de los mullidos sillones fumando un cigarrillo. Tenía los ojos cerrados, y sólo disfrutaba de la sensación. El silencio, la tranquilidad y el humo. Quería dejar a Kyo de una vez donde Kagura, alejarse de él antes que ese sentimiento abrumante penetrara más en su corazón. No sabía qué era exactamente, pero no podía dejar de pensar en él. Necesitaba alejarse. No quería ver su sufrimiento, no quería pensar que pronto Kyo se iría para siempre. Preocuparse por otros era algo que nunca hacía, y no iba a empezar a hacerlo ahora. Y mucho menos por Kyo. Aún estaba a tiempo de evitarlo.

Un sonido llamó su atención. Dos sonidos. Simultáneos. El roce de los pasos de Kyo al salir de la habitación llevando un bolso colgando de su hombro, y la puerta del departamento, dejando entrar al ninja extranjero.

Los tres cruzaron una mirada, pero fue Iori quien se apartó primero, dejando que Alex y Kyo se observaran. Apagó el cigarrillo contra el dorso de su mano, esperando unos segundos para decir:

- ¿Terminaste? Nos vamos.

Se dirigió hacia la puerta, sin esperar a Kyo ni ayudarlo con el bolso que llevaba. Pasó junto a Alex sin dirigirle una mirada, mostrando su abierto desprecio, mientras el ninja daba unos pasos hacia Kyo para, solícito, hacerse cargo de su bolso y ofrecerle su brazo como apoyo. Un sumiso sirviente, pensó Iori, insistente en la idea de Alex siendo un mero esclavo de la familia Kusanagi, pese a haber visto su verdadero potencial como ninja, como protector de Kyo.

Sintió a los dos jóvenes yendo tras él en dirección al ascensor, y al menos les hizo el favor de esperarlos. Siempre en silencio.

Los ojos verdes del ninja se clavaron en los suyos, mientras él y Kyo se acercaban. Iori no era bueno leyendo las expresiones de los demás... salvo las de Kyo cuando peleaban, o las de Mature cuando se enfurecía... Pero los ojos de este muchacho, el verde cristalino y su expresión, una mezcla de sumisión y desafío, eran increíblemente contradictorias.

- Nan da... {¿Qué...?} - se encontró murmurando para sí, cuando las puertas del ascensor se abrieron y Alex pasó frente a él, como él mismo acababa de hacer al salir del departamento, sin prestarle la más mínima atención.

El descenso fue suave, rápido, la súbita aceleración e ingravidez. Iori le lanzó una mirada a Kyo, que mantenía los ojos bajos. No había rastros del ataque.

Tampoco... El pelirrojo suspiró suavemente, tampoco había rastros de la leve cantidad de energía que le había otorgado.

Te sientes mejor, ¿verdad?, se preguntó interiormente, aunque no estaba seguro si la pregunta iba dirigida a sí mismo, o al joven Kusanagi. Salió del ascensor, volviendo a dejar atrás a Kyo y su ninja.

* * *

La nieve había cubierto el camino que llevaba al templo. Las escalinatas se convertían en una peligrosa y resbaladiza trampa que podía terminar con la vida de algún incauto; pero la belleza de las piedras blancas, brillando a la luz de la mañana era indescriptible, y la sacerdotisa no podía evitar quedarse admirándolas, desde lo alto de la colina.

Los brazos cruzados, sosteniendo una gruesa manta blanca, bordada con diseños rojos y adornada por cintas del mismo color sangre, ondeando al viento.

Rojo como lo que había visto en el viejo espejo, se dijo Chizuru cerrando los ojos lentamente. Rojo como el destino que esperaba a Kusanagi Kyo.

Ni siquiera ella había podido saber que eso sucedería. Ahora que la energía de Orochi volvía a presentar un estado inestable, perder a una de las tres Armas Sagradas podría significar la destrucción del mundo. ¿Pero qué podían hacer ellos, simples mortales, contra el destino? No había forma de salvar a Kyo y que siguiera siendo la persona que todos conocían. De salvarlo, sólo sería eso, una de las tres Armas. Un mero objeto... Sintió que las lágrimas se acumulaban tras sus párpados cerrados. Ese no era el destino que Kyo se merecía.

Sin embargo, nuevamente tenían que unirse. Kagura, Kusanagi y Yagami. Quizás no para salvar al mundo... pero estaban unidos otra vez. Yagami y Kyo se acercaban a toda velocidad al templo, tratando de encontrar una seguridad o ayuda que ella no podía brindarles.

- Hisashiburi desu ne... {Ha sido un largo tiempo} - murmuró, al ver un vehículo negro detenerse al pie de las escalinatas, y a los dos jóvenes tan familiares para ella descender, despacio, levantando sus miradas en un saludo silencioso.

Otras figuras los acompañaban, una hermosa y graciosa muchachita extranjera y un joven vestido con un traje oscuro, de aspecto misterioso. Los dos desconocidos tenían cabello y ojos claros, y Chizuru se preguntó si serían hermanos.

Vio el brillo púrpura del fuego de Iori apareciendo como una llamarada en la mano del pelirrojo, y no se extrañó al verlo lanzar su energía hacia la escalera, derritiendo la nieve con una onda de fuego que se acercó peligrosamente a ella. Levantó una barrera protectora a su alrededor, que bloqueó las llamas, y cuando éstas se apagaron, su barrera también desapareció, dejando que la nieve ahora convertida en diminutas gotas de agua, cayera sobre ella. El espectáculo era hermoso, el sol reflejado en las pequeñas gotas, brillando, sólo para sus ojos.

Algo captó su atención mientras el poder de Yagami volvía a estar bajo control, y fue la manera en que la energía, la débil energía de Kyo, reaccionaba al poder púrpura. Fue un resplandor débil, pero notorio para ella, acostumbrada a sentir el ki de las personas. Frunció el ceño levemente al comprender que el pelirrojo había roto algunas reglas y le había otorgado una mínima cantidad de su energía al último descendiente de los Kusanagi.

Iori subió con la muchacha rubia tomada de su brazo, y Kyo subió al lado del otro joven. Por sus movimientos exactos y calculados, y sus pasos sin sonido, Chizuru supuso que era un ninja. Extraño, se dijo. Un ninja de cabello y ojos claros. Y eso no era lo único extraño que pudo sentir en él...

- Ohayou gozaimasu {Buenos días}, Yagami - saludó la sacerdotisa, haciendo una reverencia, uniendo sus manos sobre su regazo, y mirando hacia el suelo mientras Iori pasaba frente a ella. Vio las piernas de la muchacha desconocida detenerse ante ella, y levantó la mirada para sonreírle. Se encontró con sus curiosos ojos verdes.

- H... Hi - saludó la muchacha, sonriente.

- Hello - saludó ella, inclinándose levemente esta vez -. How are you...?

Tsukiyo miró a Iori, que la esperaba, y rió. Imitó la inclinación de Chizuru y dijo, en mal japonés:

- Douzo onegai yoroshiku!

Chizuru sudó una gota, mientras Iori sujetaba a la chica del brazo y la arrastraba al interior del templo. Kyo y su acompañante ya habían llegado frente a ella, y los saludó también, pero antes observó el rostro cansado de Kyo. No lo había visto desde el final de la batalla contra Orochi. No podía creer que este joven fuera el mismo muchacho que había peleado a su lado. Sujetó su rostro entre sus manos, acariciando las mejillas afiebradas. Los ojos de Kyo, castaños, tan dulces, no habían cambiado mucho. Pero esa sombra de muerte que los adornaban le produjo un agudo dolor en el pecho.

- Es bueno verte de nuevo, Kyo - le dijo, dejándolo ir, para poder inclinarse ante él en un educado saludo. Luego se volvió hacia el joven rubio, y repitió el gesto. Pareció que el joven no sabía cómo reaccionar. Se limitó a hacer una leve inclinación de cabeza.

- Kagura Chizuru desu - se presentó la sacerdotisa suavemente.

- Ah... Alex Gaunier - murmuró el ninja, aceptando la mano que la joven le tendía. Sintió su suavidad, el poder que emanaba. Quiso soltarla al instante, ¡no le agradaba esa sensación!, pero no pudo. Los ojos oscuros de Chizuru estaban fijos en los de él, y parecían querer penetrar en su alma y leer todos sus secretos. Secretos que Alex no quería revelar.

Se soltó bruscamente, pero Chizuru no pareció notarlo. Les hizo una seña para que entrara, y así lo hicieron.

* * *

Chizuru misma se encargó de hacer y servir el té, mientras los cuatro jóvenes esperaban en un salón del templo, arrodillados sobre las esteras. Para Tsukiyo era imposible mantener las piernas dobladas bajo ella, así que había adoptado una pose menos elegante, pero más cómoda. Iori estaba arrodillado, cabizbajo, parecía meditar. Su abrigo estaba doblado tras él. Alex entre él y Kyo, en la misma posición, pero vuelto hacia su amigo, que parecía tener dificultades para respirar.

Finalmente, el té estuvo listo, y Chizuru se acercó de rodillas a cada uno, dejando los pequeños vasos frente a ellos. Fue algo ceremonioso y lento, pero iba muy de acuerdo con la seriedad del lugar.

- Es un alivio que hayan recurrido a mí - dijo Chizuru observándolos, su mirada deteniéndose un largo segundo en la figura de Kyo -. He preparado habitaciones, para que se hospeden aquí si es lo que desean.

- Kyo se quedará - dijo Iori, su voz baja y profunda llenando los rincones de ese amplio salón -. Y Tsukiyo, hasta que su hermana regrese. Yo no tengo nada que hacer aquí.

Kyo había levantado la cabeza y observaba al pelirrojo con una expresión indefinible. Luego sonrió. Aquello era típico de Yagami.

- Bien, como desees - asintió Chizuru, sonriéndole amablemente a Tsukiyo, y luego observando a Alex -. ¿Y usted, Gaunier-san?

La respuesta fue suave, pero rápida y firme:

- Me quedaré al lado de Kyo.

- Bien - dijo Chizuru, sujetando su taza de té con ambas manos y bebiendo lentamente.

 * * * 

Minutos después, Chizuru acompañó a Kyo a una habitación en el ala este del templo. Era amplia, e iluminada. Sus ventanas daban al pequeño jardín ahora nevado. Dejó un par de juegos de cama, señalándole al ninja que del otro lado del pasillo encontraría otra habitación. En su interior sabía que Alex pasaría la noche al lado de Kyo, pero se lo dijo por amabilidad. Dejó a los dos jóvenes solos en ese lugar, y salió a despedir a Iori, que en ese momento estaba con la muchacha rubia, en la entrada.

- But Iori... when are you coming back? {Pero, Iori, ¿cuándo regresarás?} - preguntaba Tsukiyo, dándole golpecitos al pelirrojo en el pecho, mientras él la miraba cargado de paciencia.

- Saa na {Quién sabe}.

- But you will, won’t you? {Pero lo harás, ¿verdad?}

- Yeah - Iori se apartó algunos pasos, alejándola -. With your sister. {Con tu hermana}.

Tsukiyo sonrió maliciosa.

- And to see that boy die, don’t you? {Y para ver morir a ese chico, ¿verdad?}

Iori se quedó quieto y en silencio ante esto. ¿Por qué? ¿Por qué Tsukiyo sabía eso? No tuvo tiempo de pensarlo, porque en ese momento la muchacha lo abrazó.

- Please, come back to me {Por favor, vuelve a mí}, Iori... - dijo, contra él, y él le acarició el largo cabello rubio.

- Sure I’ll do {Claro que lo haré} - susurró él... al tiempo que ligeros pasos se acercaban a la entrada del templo.

Era Chizuru, lista para acompañarlo durante el recorrido hacia el final de las escaleras.

- Ikimashou ka {Vamos}, Yagami?

Los dos se alejaron de Tsukiyo, que vio claramente la mirada dulce que le dirigía la sacerdotisa, como si la felicitara por haberse acercado tanto al pelirrojo sin morir en el intento. Luego ambos estuvieron tan lejos que Tsukiyo dio medio vuelta y los dejó a solas.

Chizuru caminaba despacio, disfrutando del sol y el viento, como siempre había hecho. Cada vez que recordaba el cielo oscuro y la destrucción que había provocado Orochi, el cielo azul le parecía de una belleza indescriptible. La vida en general le parecía hermosa.

- Saa, Yagami - dijo, deteniéndose a medio paso. El pelirrojo, que iba unos escalones adelante, se detuvo también y se volvió para mirarla -. ¿Estás consciente de lo que has hecho?

Se refería a Kyo, por supuesto.

- No veo qué podría estar mal - gruñó Iori.

- Nada está mal, al contrario, está bien - continuó Chizuru -. Pero... lo que harás después...

- No haré nada, si es eso lo que te preocupa - le cortó Iori.

Una sonrisa triste se dibujó en los labios de ella.

- Eso es lo que me temía... - confesó, dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas. Iori se sorprendió.

- ¿Acaso quieres que vaya en contra de las leyes de nuestros clanes...? - preguntó algo titubeante. Había muchas reglas que él simplemente ignoraba, pero ésta a la que Chizuru se refería era una de las pocas que realmente tenía sentido e importancia.

- Todos somos egoístas, ne, Yagami... - sonrió ella.

- Cuida a Kyo - dijo Iori, y continuó bajando las escaleras -. Quiero averiguar algo.

- Yagami... - Chizuru quiso decir algo más, pero Iori la interrumpió nuevamente, diciendo sin volverse.

- Regresaré pronto.

La sacerdotisa asintió, sonriendo.

- Iteirasshai...

* * *

- Kyo, ¿podrías perdonarme...?

- ¿Eh?

El joven Kusanagi estaba de pie en la ventana, observando la figura de Chizuru regresando al templo. Se volvió para observar a su amigo, que estaba arrodillado en el centro de la habitación.

- ¿Por ponerte en peligro, por ser tan egoísta...? - agregó el ninja. Kyo le sonrió.

- No hay nada que perdonar...

Hubo un momento de silencio, antes de que Kyo oyera:

- Maldición, Kyo, maldición, maldición...

- Hey...

Kyo se acercó a la figura cabizbaja de Alex y se arrodilló frente a él. Lo obligó a alzar el rostro y mirarlo a los ojos.

- Oi, nan da? {Hey, ¿qué pasa?} - preguntó dulcemente, y Alex se lanzó contra él, echándole los brazos alrededor del cuello, abrazándolo con fuerza.

- ¿No puedes tomar mi energía? ¿No puedes absorberla, como haces con la de Yagami?

- Qué dices... Alex... - susurró Kyo.

- Soy egoísta... - murmuró Alex -. Perdóname... Yagami no quería que te diera esperanzas, pero en verdad, no soporto más esto, Kyo... - El rubio bajó aun más la cabeza, avergonzado -. Puedes salvarte... Hay una... esperanza...

- Qué dices... Alex... - repitió Kyo, sonriendo suavemente, apartando al ninja para poder observarlo a los ojos -. Eso es imposible...

Alex negó con la cabeza, pero la sonrisa desesperanzada de Kyo no le permitió decir nada más.

* * *

En el pasillo, fuera de la habitación, Chizuru no había podido evitar escucharlo todo. Cerró los ojos, negando con la cabeza.

- Ya no continúe, Gaunier-san - dijo para sí -. No continúe...

* * *

*Nota: "Jyodan" debería ser escrito sin la "y" de por medio. Digamos que la palabra se veía, er, mal si no la ponía, así que ustedes comprenderan ^^ 'Lil mistake for the sake of my fic ^^

Continúa

[ Capítulo 17: Los que Jamás Comprenderán ]

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Shades of Flames and Passion
Marzo, 2002