Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

 

Capítulo 18.- Dejándose llevar por la Tentación 

Desde su posición, vio como el joven de cabellos castaños tropezaba pero recuperaba el equilibrio a tiempo para no caer. Aquella imagen hizo que una punzada se clavara en su pecho, pero no se movió ni hizo un ruido. Sus ojos ámbar recorrieron el pasillo que daba al pequeño jardín del templo, siguiendo a la figura que, vestida con un holgado kimono oscuro, avanzaba despacio. No parecía tener un objetivo, sólo caminaba, mirando el jardín, la mullida hierba que asomaba bajo la nieve. El pequeño puente ornamental que cruzaba la laguna de aguas congeladas. La tranquilidad que emanaba todo ese lugar sagrado.

Se sobresaltó al ver los ojos castaños de Kyo dirigidos hacia él. No había esperado que lo viera, ni que sintiera su presencia y, sin embargo, allí estaba de nuevo, Kyo-sama... como si nada sucediera.

Saltó hacia él, cayendo justo frente al joven, e hincando una rodilla a tierra, manteniendo la mirada baja.

- ¡Syo! - dijo Kyo, sorprendido, mirándolo fijamente. Había sentido una presencia sí, más por instinto que por otra cosa, pero no había esperado que fuera su ninja. Pensó que se trataba de un enviado Kusanagi para matarlo. Ver a Syo, arrodillado ante él, le causó un enorme alivio. Estaba bien, había salido con vida de la mansión.

El joven levantó la mirada hacia su señor, cruzando sus ojos ámbar con los castaños de Kyo. Sonrió levemente, viendo como la mano de Kyo se acercaba para rozar su mejilla. No pudo evitar sujetarla entre sus manos, y al sentir su frialdad la acercó a sus labios, murmurando, siempre con los ojos fijos en Kyo:

- ¿Cómo se encuentra... señor...?

La respuesta fue una sonrisa, ¿acaso era necesario decirlo?

Con un gesto, Kyo le indicó que se pusiera de pie, y Syo obedeció, quedándose erguido ante él.

- ¿Cómo consiguieron huir? - preguntó Kyo, conmovido al ver tan claramente las emociones en el rostro del mensajero, que era frío e inexpresivo cuando sus preocupaciones no tenían que ver con él y su bienestar.

- Con la ayuda de su padre - dijo Syo bajando la mirada -, y de los hombres de ese ninja extranjero...

- ¿Y Kyoko? - Kyo paseó su mirada de forma inconsciente por el jardín, como si la muchacha se encontrara oculta allí también.

- Ella está a salvo, Kyo-sama - respondió Syo en voz baja -. La dejé... con su alumno... Nadie le hará daño si se queda con él.

- ¿Shingo? - murmuró Kyo, cerrando los ojos. De pronto se había sentido triste, triste por Shingo que pese a todo el tiempo pasado seguía esperando por él. Y ya no tendría oportunidad de volver a verlo, pensó. Recordó su sonrisa, sus bromas tontas, su voz siempre animada, profunda aun siendo tan joven. ¿Qué estaría haciendo ahora? - Fue una buena elección - aceptó Kyo, sonriendo de nuevo, apartando los anteriores pensamientos.

- Señor... - Syo finalmente dejó ir la mano de Kyo y levantó la mirada hacia él -. Este lugar es peligroso. Su familia debe suponer dónde está... Deberíamos ir a otro... - El joven calló súbitamente al notar la mirada de Kyo. Jamás había visto tal resignación en su rostro. ¡Nunca! No le agradaba... no.

A pesar de todo, Kyo le sonreía.

- ¿Cuál es el problema? - dijo con suavidad, mirando los angustiados ojos ámbar -. No entiendo por qué Souji quiere encontrarme. Ya tiene el clan, el título, todo... No creo que deba preocuparme por seguir huyendo.

- Señor... - La voz de Syo cambió, se hizo fría, dura, mientras miraba con desaprobación a su amo. Lo quería, sí, pero no tenía miedo de enfrentarlo, ni de discutir con él. - Mi misión aquí es protegerlo a toda costa. Prepare algunas cosas, si así lo desea, pero saldremos de este lugar ahora mismo.

Syo vio claramente como la sonrisa de Kyo no desaparecía, pero sus ojos estaban oscuros, furiosos. Cuando habló, le pareció que era agresivo, no él.

- ¿Quién te crees para hablarme así? - siseó Kyo, la sonrisa transformándose en una mueca burlona -. ¿Cómo demonios te atreves a decirme lo que tengo que hacer?

- ¿Kyo-sama? - murmuró Syo, sorprendido ante aquella actitud. Por un momento no le pareció la persona que conocía, sino alguien a quien no le gustaba que le dieran órdenes, ni aun cuando fueran por su propio bien.

- ¿Por qué no te vas? - dijo Kyo, aun con esa expresión tan extraña en él -. ¿Por qué no vas a servir a Souji ahora?

El joven dio media vuelta, para deshacer el camino que había recorrido hasta el jardín. No se volvió para mirar al confundido ninja, sólo se alejó de él, como si no importara. Syo lo observó, observó como Kyo obstinadamente miraba hacia adelante y se mordió el labio inferior. No soportaba verlo así. Después de tanto tiempo lejos de él odiaba encontrarse con que se había convertido en una persona tan diferente. Había un error allí, o no era el Kyo que conocía. ¿Cómo podía decirle que volviera a Souji, si sabía claramente cuánto lo despreciaba por lo que hizo? Kyo sabía muy bien que su lealtad hacia los Kusanagi se resumía solamente en serle fiel a él. Esas palabras tan hirientes habían sido dichas expresamente para hacerle daño. ¿Por qué?

Sus pasos fueron ligeros cuando fue tras Kyo, no titubeó al extender sus brazos hacia su amo, y su abrazo fue firme cuando atrajo al débil joven contra sí, impidiéndole dar un paso más. Kyo estaba tenso y sorprendido, pero no forcejeó. Syo apoyó suavemente su frente en la espalda de Kyo, casi en su nuca, cerrando con fuerza los ojos, con tanta fuerza como ahora estrechaba a Kyo.

- Kyo-sama... - susurró, firmemente, tratando de que su voz no se quebrara. El joven se sentía cálido, le gustaba tener sus brazos alrededor de él. Nunca se había atrevido a hacer algo semejante. Era una muestra de respeto mantenerse a prudente distancia de sus amos... pero Kyo al mismo tiempo era su amigo. El único...

- Ah... Souji no te aceptará, ¿es eso? - continuó Kyo, suavemente esta vez, levantando sus manos para posarlas en los brazos que lo rodeaban. Syo negó con un sonido apagado. Era más que eso.

- ¿Para qué seguir sirviendo a la familia a la que Kyo-sama ya no pertenece? - dijo.

- ¿Y qué fue de la lealtad hacia los Kusanagi? - preguntó Kyo. No había ironía en su voz, ni altanería. Sólo preguntaba, porque quería oír en voz alta lo que su corazón ya sabía.

- Morirá junto con usted, señor - fue la respuesta, baja, pero firme.

- Eso será pronto - sonrió Kyo, y sintió cómo el abrazo se aflojaba, hasta que finalmente se liberó. El frío fue más profundo en ese momento, mientras se volvía para mirar a Syo.

El ninja observaba al joven con ojos vidriosos. El color ámbar parecía oscurecerse, nublando su mirada.

- Debe haber una manera... - intentó decir Syo, pero su voz falló.

- La hay - dijo Kyo, con una sonrisa. Syo debía conocerla. Sólo quería darle a entender que también había oído de ella pero que no importaba.

- ¿Entonces por qué? - estalló el ninja de pronto -. ¿Por qué se resigna de ese modo?

La expresión de Kyo fue imposible de soportar para el ninja, que dio un paso hacia su derecha, para no tener que enfrentarlo.

- Tú y Alex son iguales - dijo Kyo con suavidad -. Insisten en eso. Insisten e insisten. ¿Creen que la cura sería tan fácil? Se trata de una vida a cambio de otra, si lo que recuerdo es cierto. - Hubo una pausa antes de que agregara -: No valgo tanto como para que alguien se sacrifique por mí. Si llegó mi hora... debo aceptarla, ¿verdad?

Syo estaba furioso. No con Kyo, sino con toda la situación.

- ¡No! - dijo -. ¡No si usted vale más que todos esos malditos que están reunidos en la mansión, que pueden traicionar a un miembro de la familia y ordenar matarlo!

El joven Kusanagi sintió pesar al ver cómo las lágrimas humedecían los ojos del hermoso ninja. No comprendía por qué Alex y Syo se aferraban tanto a la posibilidad de que él continuara con vida. Ellos tampoco podían entender al Henka que quería consumirlo. No importaba si recibía energía, infinita energía, el dolor estaría allí, la lenta muerte. Ellos no comprendían el dolor. Era imposible que se dieran cuenta de lo que "morir" significaba. En esos días lo había pensando mucho. Había pensado en la muerte, en Yagami, en cómo el pelirrojo había dicho que él también moriría joven. Con esa tranquilidad. Había admirado la actitud de Iori. Esa forma de aceptar el destino, como si no importara. Quería hacer lo mismo...

Eran egoístas, pensó. Syo y Alex, ambos lo querían vivo porque era importante para ellos. Porque ellos no querían dejar de verlo. Porque él era lo único que tenían en sus vidas. No los culpaba, porque sabía que ninguno de sus dos ninjas se había dado cuenta de el porqué de lo que sentían, y él sabía que estar solo era horrible.

Cerró los ojos un segundo. No se había preocupado demasiado en esas últimas horas, porque sabía que si pensaba en todo lo que dejaba inconcluso, y todas las personas a quien dejaba atrás, enloquecería sin remedio. ¿Por qué no podían aceptarlo como Yagami?

¿Qué sería de Syo cuando él no estuviera? Renegado para los Kusanagi, ¿qué haría? Desde su niñez estuvo al servicio de la familia... ¿tenía un hogar al cual volver? ¿Alguien que se preocupara por él? Y Alex... La imagen del joven rubio jamás abandonaba los pensamientos de Kyo. Sabía que apenas él expirara, Alex utilizaría su cuchillo contra sí mismo. Era de cobardes, no querer seguir viviendo, pero a Alex nada le importaría cuando no estuviera él, así que ¿por qué avergonzarse?

Él nunca debió ser un ninja, se dijo Kyo, con pesar. La vida había sido demasiado injusta con él... Los momentos que estaba viviendo ahora debían ser extremadamente dolorosos... el presente, y el pasado... y la larga espera. Kyo sabía que Alex no era tan fuerte. Un buen ninja, sí, pero era sólo una persona. Syo tenía más entereza que Alex, una mente más fría. Alex era demasiado sentimental...

- Esperaré a que Yagami vuelva, antes de irme de este lugar - dijo Kyo, lentamente, observando a Syo. El ninja asintió. Por respeto a Yagami, debía esperar también.

Observó a Kyo entrar en la habitación nuevamente, antes de saltar la copa del árbol nevado donde había estado oculto. Se arrodilló sobre una rama, en una pose cómoda, y cerró los ojos para esperar.

* * * 

El mirador que había nombrado Kyo no estaba tan cerca. Alex había tenido que descender las escalinatas, y caminar por el sendero de cemento que subía la montaña, girando y retorciéndose sobre sí mismo. A veces, cuando la altura no era demasiada, la salvaba de un salto, pero en general se sentía demasiado agotado como para realizar esas acciones. Sólo caminaba, cabizbajo, subiendo, hacia el mirador de piedra que podía ver, varios metros más arriba.

Kyo lo había enviado por una razón, y era para que se distrajera un momento. Debía estarle agradecido, pero no lo estaba. Lo que quería era estar al lado de Kyo, tanto como le fuera posible. Sabía que pronto dejaría de verlo, y no soportaba la idea. No ver sus ojos, no oír su voz. No saber que estaba allí...

La vida de algunos era muy injusta. Nunca había pensado que la de Kyo terminaría de ese modo, tan abruptamente. Hacía tiempo había temido que su amigo muriera a manos de Yagami, pero ahora estaba seguro de que eso jamás sucedería. Yagami no había podido superar a Kyo, y estaba muy lejos de matarlo... El destino se había adelantado al pelirrojo y ahora no había nada que pudieran hacer.

Y la cura... Suspiró, apartándose el cabello del rostro, que el viento volvió a enviar hacia adelante. ¿Cómo podían convencer a un Kusanagi que se sacrificara por Kyo? Las personas son egoístas cuando está en juego la vida, y obviamente nadie aceptaría voluntariamente el sacrificarse por el joven. Kyo se lo había dicho, con esa resignación imposible de soportar. Le había dicho que no siguiera, que lo aceptara, así como él lo hacía.

- Pero, Kyo... - susurró el ninja, para sí, sin darse cuenta que había hablado en voz alta.

Un grito interrumpió el silencio. Una voz, desde lo alto.

- ¡Aaaleeeeeeeeeeeeex!

Parpadeó, viendo como una figura bajaba la montaña de forma un tanto precipitada, resbalando por la pendiente, sin perder el equilibrio mientras se deslizaba por la tierra y nieve, dejando una estela de polvo tras él. Alex reconoció el desordenado cabello negro, la mirada traviesa de sus ojos antes de que el joven cayera con un salto perfecto ante él.

- ¿Cómo está Kyo? - fue lo primero que dijo el recién llegado, mientras Alex apartaba el rostro para evitar que toda la tierra que había arrastrado consigo le entrara a los ojos. Finalmente, cuando el polvo se acentuó, el ninja observó a su compañero algo perplejo. Su respiración era agitada, su expresión ansiosa, mientras esperaba una respuesta.

- ¿Qué haces aquí, Hiroshi? - murmuró Alex, preguntándose cómo había hecho para encontrarlo.

- Oh, Syo nos comentó antes de irse que quizás Kyo estaría aquí - respondió el joven, como si no tuviera importancia -. Ne, ¿cómo está Kyo?

- ¿Syo? - gruñó Alex entrecerrando los ojos. ¿Por qué ese sabía dónde encontrar a Kyo? Y si él lo sabía, entonces quizás el resto de ninjas de los Kusanagi también. Maldición...

Volvió su mirada hacia el templo, lejano, pensando en Kyo, solo allí.

- Será mejor que volvamos - dijo, echando a correr. Hubiera desaparecido en un segundo, pero Hiroshi también era un ninja, así que corrió tras él.

- Si estás aquí es porque Kyo no está tan mal, ¿ne? - insistió Hiroshi a medida que se acercaban más y más a al templo Kagura, saltando y corriendo, como dos sombras, invisibles para los ojos que pudieran estar mirando hacia ese lugar.

- No, porque es imposible que esté peor - fue lo que respondió el ninja, mirando hacia atrás a Hiroshi, que vio su expresión y decidió no decir nada más.

* * *

Tsukiyo esperaba a Kyo en la habitación, arrodillada algo incómoda en la penumbra, imitando el estilo japonés. Kyo se detuvo antes de entrar, admirándola mientras cerraba la puerta de papel. Se veía hermosa, su cabello rubio cayendo en ondas sobre el colorido kimono que quizás Chizuru le había prestado.

Realmente era una joven hermosa, y a Kyo ya no le sorprendía que Iori hubiese caído en sus redes al mirar aquellos hechizantes ojos verdes. Ahora, se preguntaba qué hacía allí, esperándolo.

- Kyo... - dijo ella, sonriéndole dulcemente, observándolo entrar y sentarse cerca de ella.

- ¿Qué haces aquí? - preguntó él, extrañado.

- I want to ask you something... {Quiero preguntarte algo...}- murmuró la joven, acercándose más. Kyo parpadeó. Ella continuó -: How is him? {¿Cómo es él?}

- ¿Quién? - murmuró Kyo, sin comprender.

- Him, Iori... - sonrió ella. Estaba apoyada en manos y rodillas, justo frente a Kyo. El kimono colgaba holgado, dejando ver su brassiere, su pecho blanco, subiendo y bajando al ritmo de su respiración. Kyo intentó apartar la mirada, pero era obvio que ella no lo dejaría. Cuando él miró hacia la izquierda, al rincón más oscuro de la habitación, ella se inclinó hacia ese lado, obligándolo a observarla.

- Está loco - murmuró Kyo, pero su voz no sonó convincente. Tsukiyo estaba en una actitud muy seductora, y no hacía ningún esfuerzo por disimular. Kyo sentía que esa atracción que ejercía sobre él estaba haciendo reaccionar su cuerpo. La muchacha era hermosa, y realmente tenía una actitud de estar dispuesta a entregarse a Kyo que, luego de años lejos de casa, y de Yuki, él no estaba seguro de poder, o querer, negarse.

- No... I didn’t mean that... {No quise decir eso...} - susurró Tsukiyo haciendo su clásico mohín -. I mean... in bed. {Me refiero... en la cama.}

Kyo contuvo la respiración un segundo. Qué... ¿qué quería decir esa chica con semejante frase? Rió algo forzadamente, para responder.

- I think you know better than me... {Creo que tú debes saberlo mejor que yo...}- murmuró.

Tsukiyo negó con la cabeza, su rostro estaba a milímetros del de Kyo, su cabello rozaba las mejillas del joven.

- So... you haven’t slept with Iori? {Entonces, ¿nunca te has acostado con Iori?} - preguntó incrédula, sin alejarse para nada -. Wrong impression... {Mala impresión...}

- ¿Qué impresión? - murmuró Kyo, retrocediendo un poco.

- Huh? - Tsukiyo pareció sorprendida -. You think I didn’t notice? The way he looks at you, the way he touches you, the way he cares for you... He doesn’t act like that, not even with ME! {¿No lo has notado? La forma en que te mira, la forma en que te toca, la forma en que se preocupa por ti... ¡Él no actúa así, ni siquiera CONMIGO!}

Kyo estaba totalmente confundido. Varias ideas pasaban por su mente, pero eran cada vez más y más imposibles. Sí, Iori se comportaba de modo extraño, pero siempre se lo había atribuido a su personalidad incomprensible. En realidad pensaba que sucedía justamente lo contrario. Yagami era capaz de interesarse en otros jóvenes, pero no tenía interés en él salvo para matarlo. Quizás era Tsukiyo quien estaba confundiendo las cosas. Quizás no estaba al tanto del odio de los Yagami hacia los Kusanagi.

- You don’t know... do you? {No lo sabes, ¿verdad?}- susurró Tsukiyo, con expresión desilusionada. Kyo negó con la cabeza, pero la carita triste de la joven lo conmovió.

- En verdad quieres gustarle, ¿verdad? - dijo suavemente. Y ella asintió.

- But he seems so far... {Pero se ve tan lejano...}

- Pero nunca lo había visto aceptar a nadie como te acepta a ti - sonrió Kyo. En realidad, jamás había visto a Iori aceptar nada nunca, pero no venía al caso decirlo.

- You think so? {¿Lo crees?} - Tsukiyo se animó un poco.

- Utsukushii, kimi {Eres hermosa}- susurró Kyo, tiernamente, levantando una mano para acariciar la tersa mejilla de Tsukiyo -. Estoy seguro de que le gustas...

Los labios de Tsukiyo se entreabrieron sensualmente mientras inclinaba su rostro para apoyarse en la fría mano de Kyo. La tomó entre las suyas, acariciándola con sus delgados dedos.

- You’re so cold... {Estás muy frío...} - comentó, acariciando luego los brazos de Kyo, acercándose a él, dejando que el kimono resbalara por uno de sus blancos hombros.

La tenue luz que entraba en esa habitación iluminó el pecho de la joven. Sus movimientos eran tan lentos, que a Kyo le pareció lo más normal del mundo sujetarla y atraerla hacia sí.

No fue hasta que la tuvo en sus brazos que sintió lo cálida que era, lo delicado que era su cuerpo. Ella rió suavemente, sus labios buscando los de Kyo para besarlos con ternura. Acarició las mejillas del joven, dejando que su ropa cayera, y tirando del kimono de Kyo para que cayera también. Besó su pecho, sus músculos, explorando con tranquilidad mientras sentía como Kyo hábilmente deslizaba sus dedos por sus zonas más sensibles.

Lanzó una risita, a la que Kyo no respondió. El joven sentía el placer del cuerpo de Tsukiyo contra el suyo, y tenía la impresión que cada caricia suya mitigaba un poco el dolor. No quería que se detuviera... Quería descansar un momento, no más dolor...

* * *

Alex continuaba su camino hacia el templo, su velocidad se había reducido por el cansancio y Hiroshi por fin había conseguido alcanzarlo. El joven de cabello negro no comprendía la alerta de Alex, era imposible que los hombres enviados por Souji llegaran tan pronto al templo. Además... ¿acaso no era un lugar protegido por una poderosa sacerdotisa? Eso había oído. Una mujer capaz de sellar el legendario poder de Orochi.

El rubio se detuvo en seco. Y en ese momento un cuchillo cayó delante de él, a sólo milímetros, clavándose a sus pies. Alex dio un corto salto hacia atrás. Hiroshi se puso en guardia. No habían sentido una presencia amenazante, el ataque había sido tan súbito que ni siquiera sabían de dónde provino.

- ¿Quién es? - exclamó Hiroshi, mientras Alex recorría el lugar con los ojos, en silencio.

No hubo respuesta, pero repentinamente una sombra apareció frente al joven rubio, como si se hubiese materializado de la nada. En una milésima de segundo, sujetó el cuchillo y atacó, pero Alex pudo esquivarlo, dejándose caer al suelo, lanzando una patada baja esperando acabar con la estabilidad del enemigo.

¿Acaso los ninjas de Souji ya estaban allí?, se preguntó, mientras se ponía de pie otra vez, alerta.

Hiroshi estaba a pasos de él, e iba a acercársele cuando Alex le hizo un gesto para que no interviniera. El atacante, no lo había visto, pero su modo de pelear le parecía vagamente familiar. Lentamente, Alex sacó su cuchillo y de pronto, sin pensar en realizar el movimiento, bloqueó un golpe mortal que cayó del cielo.

Sus ojos verdes se clavaron en unos furiosos ojos ámbar, al tiempo que ambos ninjas se reconocían.

- Vaya, pero si es el bueno para nada de Fujimiya - murmuró Alex para sí con una sonrisa de desprecio -. Ya no sabes quienes son tus enemigos, ne? - agregó, con tono de burla.

Syo frunció el ceño.

- Al menos no me aparto de lado de mi señor, como hacen otros... - gruñó, mirando a Alex de arriba a abajo, y luego lanzándole una despectiva mirada a Hiroshi.

El joven no pareció inmutarse. Hundió las manos en los bolsillos de su pantalón y echó a andar, adelantándose a Syo y Alex, que continuaban intercambiando miradas de odio.

* * *

Finalmente, el templo, pensó Iori. Las dos jóvenes se habían quedado atrás, subiendo las escaleras con calma. Él no podía evitarlo, subía los escalones de dos en dos, impaciente. Quería ganar tiempo.

Chizuru nuevamente lo esperaba en la entrada, y lo saludó con una leve inclinación indicándole que entrara. Ella esperaría a las dos jóvenes que subían conversando animadamente, para darles la bienvenida al templo. Era irónico, ella, que había enfrentado a todos los servidores de Orochi hacía años, ahora los recibiría con amabilidad. Esperaba no tener problemas. No les guardaba rencor. En ese tiempo cada uno había defendido sus ideales. No, se repitió, no le guardaba rencor a las jóvenes asesinas.

Iori la dejó cumplir con sus ceremonias, y fue directamente a la habitación de Kyo. Nunca supo por qué, pero se dio cuenta de que algo extraño sucedía allí. Quizás fue la falta de un torbellino rubio lanzándose a sus brazos para saludarlo, o la tranquilidad general del templo que le permitía sentir más claramente el lazo que se había formado entre Kyo y él, que ya sabía qué encontraría al entrar en la habitación de Kusanagi.

La puerta se deslizó en silencio, y el pelirrojo se limitó a asomarse. A través de la poca luz, vio la pequeña lámpara de papel ardiendo en un rincón, y, semioculto tras una pantalla de papel de seda, a Kyo, yaciendo en el futon, cubierto a medias por una manta que dejaba al descubierto su pecho desnudo. No estaba solo, a su lado, los rizos de Tsukiyo se esparcían por el suelo, mientras ella dormía abrazada al joven. Su kimono estaba a un lado, desordenado, su expresión era de completa tranquilidad y ternura. Una de sus manos entrelazadas con la de Kyo.

Más que enfurecerse, Iori se quedó observando la expresión del joven. Parecía en paz, tranquilo, como si no sufriera. Estaba profundamente dormido. Por fin estaba descansando, pensó, retrocediendo un paso para retirarse. Cerró la puerta despacio, pero no se movió. Su mirada estaba perdida. Era como si a pesar del papel entre ellos, aún continuara viendo ambos cuerpos entrelazados. Lentamente algo empezó a agitarse dentro de él, una opresión en su pecho, sentimientos que no podía definir y a los cuales no quería prestar atención.

La puerta se abrió bruscamente, y se encontró observando unos ojos verdes, rizos dorados, y los hombros desnudos de Tsukiyo mientras ella intentaba cubrirse con el kimono.

- Iori! - exclamó. No había sido su idea acostarse con Kyo, sólo quería jugar a seducirlo. En verdad, ¡no había querido! Pero el joven era tan atractivo que pensó que no sería malo dejarlo jugar un rato... No pensaba que Iori volvería tan pronto...

El pelirrojo se limitó a observarla fríamente.

- I... I didn’t... {Yo... Yo no...}- tartamudeó la muchacha, pero Iori observaba por sobre su hombro a Kyo, que también había despertado y lo observaba con una expresión neutra. "Si tú no la tomas, entonces yo lo haré", parecía decir, pero Iori sabía que era su imaginación. Algo le decía que no había sido idea de Kyo. Sin embargo, dio media vuelta sin decir nada y los dejó allí, a ambos. Tsukiyo corrió tras él -. Really... it was nothing, nothing happenned... {En verdad... No fue nada, no sucedió nada...}- intentaba explicar.

Iori no la escuchaba. Interiormente se reía de sí mismo por haber vuelto a ser tan ingenuo y permitirse sentir algo hacia esa joven. Sabía que no llegaría a ningún lado dejando que esa clase de sentimientos lo influyeran, pero en verdad, la manera tan familiar en que la rubia lo trataba le había gustado. No le temía, no lo conocía... Era una atracción mutua que él no se daría el lujo de concretar.

Quizás era eso. Quizás la joven quería que sintiera celos de Kyo y apresurara su decisión de formalizar su relación... pero no podía estar más equivocada. ¡No iba a formalizar nada! Esto sólo demostraba que si sentía algo puro hacia una persona, ésta terminaría hiriéndolo. No importaba cómo, siempre era así. Era una de las leyes inexorables de su vida.

- Iori, please, listen... {Iori, por favor, escucha...} - continuaba rogando Tsukiyo, hasta que finalmente llegaron al término del pasillo. Ambos se detuvieron. La joven tenía lágrimas en los ojos -. It was nothing... Trust me... Iori... {No sucedió nada... Créeme, Iori...}- murmuró ella a punto de echarse a llorar.

Iori le sonrió fríamente.

- ¿Y por qué habría de importarme? - dijo, para completo estupor de ella.

- What... what do you mean...? {Qué... ¿Qué quieres decir?} - tartamudeó Tsukiyo. Esa mirada, los ojos rojos brillando helados. La sonrisa burlona formándose en los hermosos labios de Iori...

- Nunca dije que habría algo... - dijo Iori con el más despectivo de sus tonos -. ¿De dónde sacaste semejante idea? Tú no me interesas, niña...

Tsukiyo se quedó helada. ¿Era posible? ¿Era posible que Iori le estuviera hablando así? ¿Luego de los besos, las caricias, la aceptación?

- Puedes seguir acostándote con Kusanagi - terminó Iori -. Lo que hagas no me interesa.

El pelirrojo la dejó allí, sin poder asimilar aún las palabras. La joven parpadeó sintiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas de rabia, mientras veía la alta figura alejándose. Apretó los puños, maldiciendo en su interior. Entonces, ¿todo había sido un estúpido juego para el pelirrojo? ¿Los besos, todo? Maldito fuera...

- Fuck you, Yagami - susurró en voz baja, dando media vuelta y saliendo del templo, donde vio la figura de su hermana esperándola. Se deslizó por el exterior, sin que la vieran. No quería encontrarse con nadie.

* * *

Kyo estaba envuelto en la manta, observando el fuego dentro de la lámpara de papel retorcerse y soltar volutas de humo gris, cuando entró el pelirrojo. Intercambiaron una mirada en silencio. Kyo parecía algo avergonzado... después de todo... se había acostado con la novia de Yagami. Aquello era una abierta ofensa contra alguien que lo había tratado con amabilidad, hasta entonces.

Iori no parecía molesto, sólo lo observaba. Veía sus ojos castaños, fijos en los suyos, el cabello desordenado. Cuando lo miraba, comprendía por qué Tsukiyo no había podido resistirse.

- ¿Cómo te encuentras? - preguntó secamente, para sorpresa del joven de cabello castaño. Kyo no respondió, sólo sonrió un poco.

- Debo estar mejor, ne? - bromeó débilmente al ver que Iori esperaba una respuesta.

De un segundo al otro, se encontró atrapado contra el suelo, la mano de Yagami en su cuello haciendo presión. El pelirrojo estaba sobre él, sus rodillas a ambos lados de su cadera, pero en una posición tan amenazante que Kyo no pudo evitar sorprenderse. Intentó forcejear, pero no era mucho lo que podía hacer. Frunció el ceño.

- ¿Qué pasa, Yagami? - preguntó con una voz burlona -. ¿No puedes aceptar que te cambien por otro?

El pelirrojo parpadeó perplejo.

- No por una mujer - gruñó para sí, pero Kyo no lo oyó. Levantó a Kyo del cuello, y violentamente lo lanzó de nuevo al suelo. El joven recibió el golpe con un grito ahogado. No estaba sorprendido; en realidad, Kyo esperaba que Iori lo matara allí mismo. No importaba. Se incorporó lentamente, Iori estaba arrodillado en el suelo, a centímetros de él -. Maldito seas, Kyo - dijo, observándolo fríamente. No parecía furioso ahora. No dijo nada más, ni explicó qué era lo que pensaba. Sólo continuaron allí, Kyo a medio vestir, él mirándolo con fijeza.

Pasó un largo rato, en que cada vez que Kyo levantaba la vista, se encontraba con los ojos rojos de Iori. No decían nada, sólo estaban allí.

- Yagami... - empezó Kyo de pronto.

- Kyo... - dijo Iori al mismo tiempo.

Ambos callaron, esperando que el otro continuara. El silencio prosiguió. Finalmente, Kyo sonrió.

- Quería preguntarte algo, tú debes saberlo... - dijo, algo titubeante.

- La cura... - adivinó Iori, apartando la mirada.

Durante un segundo la expresión de Kyo fue casi anhelante, pero pronto fue reemplazada por un sonrojo.

- ¿Por qué no te das por vencido de una maldita vez? - suspiró Iori. Kyo sonrió débilmente.

- No puedo... Aunque lo intente, no puedo sentarme a esperar que la muerte llegue... - dijo.

Iori lo sabía. Ese era Kyo. Aun cuando él había intentado convencerlo de lo contrario, seguía esperanzado. Aun cuando lo negara, y dijera que se resignaba, aquello no iba con él. Quizás lo decía para que los que lo rodeaban no se preocuparan más. Eso también era parte de Kyo, preocuparse por el resto. A Iori lo tenía harto, pero no podía negar que era lo que hacía que Kyo fuera Kyo. Esa mezcla de orgullo y generosidad imposible de encontrar en otra persona.

- Maldito Kusanagi - volvió a gruñir.

- ¿Cuál es la cura? - dijo Kyo volviendo al tema, envolviéndose nuevamente en la manta, debido al frío.

- La vida de alguien que quiera cederte su energía - respondió el pelirrojo en tono neutro. Luego agregó, algo irónico -: ¿Sabes de alguien en tu familia que quiera sacrificarse por ti?

Kyo negó con la cabeza. Iori continuó:

- Y si lo hubiera... ¿cuánto crees que tu cuerpo tardaría en consumir esa energía antes de volver al estado en que te encuentras? - hubo una pausa, sin respuesta -. Un par de días. Un sacrificio cada dos días hasta que el Henka termine...

El joven de cabello castaño bajó la mirada. Yagami debía tener razón...

- Tienes mala suerte - murmuró Iori encendiendo un cigarrillo -. Aquellos que están dispuestos a morir por ti no tienen el poder suficiente.

- Lo sé... - murmuró Kyo, pensando en Alex y Syo.

- ¿Te resignas de una vez? - gruñó Iori exhalando un poco de humo.

Lentamente, Kyo dejó caer la cabeza.

El pelirrojo pareció complacido, pero al mismo tiempo sentía justamente lo contrario. Se acercó a Kyo, sujetándolo de los hombros desnudos, y envolviéndolo en la manta, atrayéndolo contra sí.

- Sin embargo... iré a arreglar un asunto en la mansión Kusanagi - dijo, mientras pasaba sus brazos alrededor de Kyo, para sorpresa del joven -. Podrías aprovechar y ver... Quizás no todos son tan idiotas...

- ¿Yagami? - murmuró Kyo.

- Estás frío - gruñó Iori, como si eso le molestara -. Tsukiyo debe aprender a hacer bien las cosas.

- ¿De qué hablas? - preguntó Kyo cada vez más confundido. Yagami se estaba comportando de modo muy extraño.

El pelirrojo no lo diría, pero el olor de Tsukiyo en Kyo le resultaba insoportable. No podía aceptar que alguien hubiese estado tan cerca del joven, y el único modo de borrar ese aroma era con el suyo propio. Por eso sus brazos estrechaban a Kyo, y sus manos rozaban su cabello. Su energía se mezclaba con la débil de Kyo, no le entregaba nada, sólo lo suficiente para que la presencia de la joven rubia desapareciera. No iba a permitir que nadie se tomara esas libertades con algo que le pertenecía por derecho. El rostro confundido de Kyo le hacía gracia, pero no la expresaba. Que se quedara unos segundos así... Que aprendiera que sólo le pertenecía a él...

 * * *

Nota: Ya que la duda apareció durante un beta-reading... aclaro: Tsukiyo habla en inglés, y el resto le habla tanto en inglés como en japonés. El Nihongo es más fácil entenderlo que hablarlo, según yo ^^.

* * *

[ Capítulo 19: No sabes lo que tienes hasta que se ha ido ]

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MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Marzo, 2002