Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

 

Capítulo 20.- Como un Milagro en el Cielo

- ¿Kyo? ¿Kyo, estás despierto?

El joven oyó la suave voz llamándolo desde el exterior, en el jardín. Parpadeó, había estado pensando, totalmente ensimismado. El oír esa voz lo trajo de vuelta a la realidad.

- Ee {sí} - dijo en voz alta, y esperó a que la puerta se deslizara, dejando ver a su ninja, Alex. Intercambiaron una leve sonrisa, demasiado corta de parte de Alex, que entró rápidamente, arrodillándose frente al joven. Parecía ansioso por decirle algo, pero se contuvo, porque se limitó a observar a Kyo fijamente -. ¿Qué pasa? - preguntó Kyo, al ver que Alex lo miraba como si deseara algo que no se atrevía a pedir. De pronto Kyo sintió un aroma extraño, algo débil, pero familiar. Sangre, fuego. Al mirar mejor, se dio cuenta que la ropa de Alex estaba un poco chamuscada en algunas partes, pero como era un traje negro, y la luz de esa habitación demasiado tenue, no podía notarlo con claridad. ¿Había peleado con Yagami acaso?

Extendió su mano, tocando con la punta de los dedos el brazo de Alex. Sólo quería tocarlo, y atraerlo hacia sí, pero se encontró con que la tela estaba húmeda y pegajosa. Sus dedos se mancharon de rojo, sangre. Miró a Alex, pero él ya no lo observaba. Sonreía al vacío.

- Tu brazo... - murmuró Kyo, levantando la manga y dejando ver el vendaje totalmente manchado de escarlata.

- Déjalo, está bien - dijo Alex, también en un murmullo. Nuevamente sus ojos observaban a Kyo, brillantes, intensos, mientras apartaba su brazo un poco bruscamente. Repentinamente Alex le sonrió -. Ya vi el mirador - le dijo con ligereza, como alguien que está animado por la idea de dar un paseo -. ¿Quieres ir? La vista es preciosa.

Kyo se quedó observando a Alex con los labios entreabiertos. Veía sus ojos brillantes, la sonrisa congelada, su expresión de impaciencia mientras esperaba una respuesta.

- Ne... Ne, Kyo... - insistió, esta vez tomando la mano del joven y tirando levemente de él -. Vamos, antes de que anochezca. Quizás podamos llegar para el atardecer, verás el sol poniente, y el cielo... Quiero verlo contigo... ¿Recuerdas aquella vez cuando éramos pequeños y nos escapamos para ver la puesta de sol, cuando tú debías estar estudiando? ¿Verdad que fue excitante? Hagámoslo de nuevo, Kyo... Escapemos tú y yo juntos mientras nadie está observando. - Alex hizo una cortísima pausa para tomar un respiro y sonreír más ampliamente, tirando aún de la mano de Kyo, como si él fuera un niño difícil de convencer -. No hay nadie vigilando, podemos ir... y disfrutar del atardecer. Puedo llevar un abrigo, para que no tengas frío durante el regreso. O podríamos bajar a la ciudad a beber algo caliente en un café... Regresaríamos a tiempo para que descanses...

- Alex...

- ... Haría guardia en tu puerta toda la noche si es lo que deseas. Nadie te molestaría, nadie te diría nada, asumiré la responsabilidad si nos descubren... - el ninja rió suavemente.

- Alex... - repitió Kyo, observándolo preocupado ante sus palabras. Nunca lo había visto hablar tanto, de corrido, tan rápidamente, como si no quisiera darle tiempo de protestar. Como si, de detenerse, los sentimientos lo sobrecogerían haciéndolo colapsar.

- Yagami-san dirá que fui un idiota - prosiguió el joven rubio, sin dejar que Kyo continuara -, Kagura-san quizás me dé otra de esas miradas de desprecio. Dirán que soy irresponsable, que no pienso en ti antes de hacer las cosas, que soy egoísta, que lo hago porque soy yo quien no quiere perderte... ¡Que yo soy el único que se niega a aceptar que tú vas a morir...!

-¡Alex! - finalmente, Kyo sujetó al joven de los hombros y lo sacudió con violencia, para que callara, pero mientras lo hacía, Alex dejó escapar una risa entrecortada, seca. Kyo se detuvo, y vio cómo el rubio dejaba caer la cabeza, su cuerpo estremeciéndose por la risa. Lentamente, Alex levantó la mirada hacia Kyo. Despacio, observando primero su pecho, su cuello, su barbilla, para encontrarse con sus ojos castaños, cansados. Kyo vio que Alex sonreía, sí, pero el temblor que recorría su delgado cuerpo no se debía a la risa, sino a sollozos, suaves y contenidos. Las lágrimas caían por sus mejillas, e iban a deslizarse en la comisura de su sonrisa.

- ... Pero lo habremos pasado tan bien, ne, Kyo? - dijo Alex con la voz a punto de quebrársele -. Como cuando éramos niños, sin preocupaciones... Sólo tú, y yo, y la noche... Siempre me has hecho sentir bien cuando estoy contigo...

Alex se inclinó hacia Kyo, que lo abrazó suavemente, atrayéndolo contra su pecho, haciendo que su cabeza descansara contra él. Acarició el cabello rubio, respirando el aroma de Alex mientras una punzada en su corazón lo hacía cerrar los ojos. Sintió cómo Alex también lo abrazaba, cómo se aferraba a él, escondiéndose avergonzado.

- Te quiero, Kyo... - susurró Alex, con voz apagada.

- Lo sé... - respondió Kyo, también en un susurro calmado. El cabello castaño caía sobre sus ojos, ocultándolos, pero miraba el cuerpo de su amigo, en el suelo, abrazado a su cintura y con el rostro escondido. Parecía indefenso, por más que eso fuera contradictorio. Estaba allí para protegerlo, pero en ese momento parecía tan confundido, aferrándose a él para no perderse para siempre. Sintió un dolor insoportable al pensar en Alex, solo en esa habitación, cuando él ya no estuviera. Sabía cómo sería, sus ojos verdes tristes, observando el lugar donde se habían abrazado, su rostro inexpresivo, pero sufriendo. No... No quería imaginarlo así... - No quiero dejarte, Alex... - murmuró abrazándolo con más fuerza. En respuesta, el ninja dejó escapar un sollozo. Se mordía los labios, pero no podía evitarlo, no quería escuchar lo que seguía a continuación. Lo sabía muy bien, y si Kyo lo decía, no podría soportarlo.

En eso sintió una presencia a su espalda, en la puerta que daba al jardín nevado. No se soltó, porque reconoció de quién se trataba.

- Hn, patético. - La profunda voz de Iori Yagami llenó la habitación. Kyo levantó la mirada hacia él, que estaba de pie en el exterior, sin entrar. Sus ojos rojos observaban las dos figuras abrazadas. Los brazos de Alex alrededor de la cintura de Kyo, su rostro oculto. La mano de Kyo acariciando suavemente el cabello rubio -. Venir a llorar a ti luego de que alguien le diga unas cuantas verdades...

Kyo entrecerró los ojos.

- Yagami, ¿qué le has hecho? - preguntó, en un tono extraño, como preguntándole a un niño por qué ha hecho una travesura.

Iori pareció sorprendido, pero frunció el ceño, encogiéndose de hombros.

- Hacerle ver que no importa cuánto te lo pida, tú no vivirás mucho más.

La mirada de Kyo se suavizó de pronto, mientras observaba de nuevo al ninja. El pelirrojo se vio confundido ante esa reacción. Esperaba herirlo con sus palabras, pero Kyo parecía tranquilo.

- Alex - dijo suavemente -. Voy a hablar un momento con Yagami, a solas...

No hubo reacción de parte del joven rubio, así que Kyo retiró sus brazos de alrededor de su cintura y se puso de pie, yendo directamente hacia Iori, haciéndolo alejarse lo suficiente para cerrar la puerta para que Alex no pudiera oírlo:

- ¿Por qué no lo dejas en paz? - Eso fue todo lo que dijo una vez que estuvieron del lado opuesto del pasillo, en el exterior. No estaba molesto, sólo lo preguntó de manera cansada, como si no pudiera creer que a pesar de todo ese tiempo Yagami seguía siendo tan cruel como para hacer sufrir a alguien a quien ni siquiera conocía.

- ¿Acaso le he hecho algo malo? - replicó el pelirrojo con tono burlón -. Sólo le dije la verdad.

- Maldición, Yagami - gruñó Kyo apartando la mirada un momento, para luego enfrentar los ojos de Iori, que estaban clavados en su rostro -. No conoces a Alex... ¡Le haces daño al hablarle así!

Iori gruñó:

- No más del que te hace él a ti...

Hubo un momento de silencio. Kyo estaba perplejo. Las palabras de Iori fueron secas, cortantes, pero el significado... Lo que había querido decir... ¿Acaso se preocupaba por él? ¿Le preocupaba lo que él pudiera sufrir al hablar de su propia muerte?

Cerró los ojos un momento, suspirando.

- Deja a Alex, ¿sí? - pidió -. No es tan fuerte como parece.

- No parece fuerte - corrigió Iori, con malicia.

- Yagami - Kyo estaba serio -, Alex ha visto morir a sus padres... ¿Sabes lo que significa para él estar aquí, a mi lado... - hubo un ligero temblor en su voz - ... y verme... morir lentamente?

Iori no tuvo tiempo de responder nada, la manera en que Kyo se había expresado lo dejó sin palabras.

- Alex podría irse - dijo Kyo -. Alex debería irse... Tú no lo has visto cuando los recuerdos de la muerte de sus padres vuelven, no has visto el dolor en sus ojos, el miedo. No puedes entender lo que significa para mí el que esté conmigo ahora... - Iori observaba a Kyo con ojos vidriosos -. Y aunque me haga daño, Yagami... - Kyo sacudió su cabeza, para que los mechones castaños se apartaran -, me siento bien de que esté aquí. Así como... me siento bien al saber que también estás aquí...

Si el pelirrojo no había tenido palabras antes, ahora estaba totalmente en blanco. ¿Qué pretendía Kyo hablando así? ¿Acaso comenzaba a volverse loco?

- Yagami... - murmuró Kyo débilmente, observándolo a los ojos. Se acercó a él unos pasos, extendiendo la mano para tocarlo. Iori vio como lentamente la expresión de Kyo se volvía extraña, casi... seductora. Quiso retroceder, pero en eso sintió un estremecimiento. Fue como si la tierra misma enviara energía a través de su cuerpo, una corriente de luz blanca que estalló en su mente, cegándolo durante un momento, llenándolo de dolor. Un sonido de algo gigantesco quebrándose resonó en el aire. Un grito.

- ¡Kyo!

Lo sostuvo cuando el joven se llevó las manos a la cabeza, mientras el rumor de pasos llenaba el ambiente del templo. La puerta de la habitación de Kyo se abrió y apareció Alex, él también había sentido la explosión de energía. No tan claramente como Yagami, pero era obvio que algo estaba mal.

- ¿Yagami? ¿Kyo? - oyeron del otro lado, era Chizuru buscándolos. Iori no respondió a la llamada. Observaba a Kyo, estaba rodeado de un aura púrpura que se iba desvaneciendo cada vez más. Era su energía, la que le había dado, desapareciendo sin que Kyo pudiera hacer nada.

- ¿Qué demonios...? - gruñó. El cielo de la tarde se había llenado de nubes negras. El sol, dondequiera que estuviese, no tenía la fuerza para penetrar esa oscuridad. Pasos, cortos gritos, rumores de voces angustiadas.

Dos figuras aparecieron de pronto al lado de Iori, las reconoció sin tener que observarlas, sus compañeras, envueltas en las túnicas blancas de las sacerdotisas.

- ¿Qué está sucediendo? - preguntó Mature.

- Yo conozco esa energía - murmuró Vice.

Todos miraban el cielo tan repentinamente oscuro, excepto Iori, que sostenía a Kyo. Sintió la humedad de la sangre manchando sus manos, que estaban en los brazos del joven.

- Shimatta - gruñó. Kyo temblaba en sus brazos.

- Oneechan {Hermana}? - La suave voz de Tsukiyo se oyó desde el pasillo, y se acercó corriendo asustada hacia Mature. Ni siquiera miró a Iori o Kyo, sólo sujetó la mano de la otra joven rubia. Sus ojos brillaban, de miedo o de excitación, cuando señaló el cielo -. Look at that... {Mira eso...} - exclamó y, al mirar, todos vieron un familiar símbolo. Un círculo plateado contra las nubes negras. Las puntas, el brillo enceguecedor.

- Orochi - habló una voz. Era Chizuru, llegando hacia ellos. Su rostro estaba angustiado, no comprendía cómo era posible que esa energía se liberara del sello sagrado. Se había sentido tan intensa, como si el dios serpiente ya hubiera despertado. ¡Pero fue tan súbito! ¿Cómo era posible...?

- Maldición, Kyo... - Iori no le prestaba más atención al cielo. ¿Qué era un mero símbolo, mientras Orochi no estuviera justo frente a él? ¿Y qué importaba? Si aparecía, lo destruirían de nuevo. Lo que le preocupaba ahora era Kyo.

- Dios... - gimió el joven entre jadeos, antes de empezar a toser sangre. El pelirrojo miró a Chizuru un segundo, interrogantemente, pero ella negó con la cabeza. Alex se acercó a Kyo, preocupado. Miró a Yagami, como pidiéndole que hiciera algo, pero el pelirrojo sólo desvió sus ojos. Quería hacer algo, sí, pero no podía...

La energía de Orochi, la energía que le producía el Riot, se había llevado la poca que le había cedido a Kyo. Todo el alivio, la calma del dolor, todo... había desaparecido súbitamente y el Henka regresaba con toda su fuerza.

- Yagami... - susurró Kyo, sacudiendo la cabeza, con una mano en su pecho. Sus mejillas estaban manchadas con lágrimas rojas de nuevo. Alex no se atrevía a tocarlo, y no podía decir nada porque Iori estaba presente. Todos estaban presentes. Unos miraban el cielo, otros a Kyo. ¿Ninguno podía hacer algo?

- Kyo - susurró Alex -. Kyo...

- Llévenlo adentro, al templo - ordenó Chizuru, mirando el jardín, el cielo, las sombras que aparecían de la nada -. Hay peligro aquí, ¡de prisa!

Iori obedeció, le dio un ligero empujón a Kyo, pero al hacerlo se dio cuenta que el joven había perdido el conocimiento en sus brazos. Observó su rostro un segundo, su expresión de dolor. El rostro angustiado de Alex.

El pelirrojo sonrió levemente, tristemente. No había nada que pudiera hacer por Kyo ahora. No sabía quién había despertado a Orochi, pero con esa energía maligna en el aire, y Kyo en ese estado...

- No te preocupes - se encontró diciéndole al ninja que levantó sus ojos verdes, húmedos, hacia él..

- Lo... sé... - dijo con suavidad Alex, como si temiera que su voz le fallara, acariciando una mejilla del inconsciente Kyo -. Morirà... més aviat ¿veritat? {Morirá... más pronto... ¿verdad?}

* * *

El símbolo de Orochi resplandecía en toda la ciudad. Muchas miradas curiosas estaban dirigidas al cielo, observando ese milagro de Navidad. Pequeños copos de nieve empezaban a caer, traslúcidos, girando cerca a la luz, como deseosos de saber qué era ese círculo luminoso, entrando y saliendo de sus límites, y desapareciendo convertidos en vapor.

Era hermoso, decían, la manera en que la luz parecía extenderse por las nubes oscuras, como serpientes dominando la negrura para apartarla y convertirla en parte del resplandor. ¿Era sólo un efecto creado por una rayo de sol reflejado en la nieve? ¿O un verdadero milagro, quizás?

La irónica tranquilidad que les producía no anunciaba desgracias. Era la estela de un ángel que había pasado esa tarde por el cielo. Un ángel de cabello blanco y ojos dorados, que despertaba para vengarse de aquellos que se atrevieron a luchar contra él...

* * *

Cerca del templo, Hiroshi miró el cielo. Se sorprendió al ver el símbolo plateado, y durante un momento se preguntó por qué le resultaba tan familiar. No podía reconocerlo, pero una sensación de peligro llenó sus sentidos. Detuvo la moto que conducía, levantando sus lentes oscuros por sobre su cabello. Debía encontrarse con sus compañeros y ponerlos al tanto de la situación de Alex y Kyo, pero este fenómeno era tan extraño...

El joven frunció el ceño, pasándose una mano por el cabello, rascándose la cabeza con gesto confundido, tratando de recordar. Hizo un guiño para sí mismo, cerrando un ojo como si aquello lo ayudara a concentrarse. Dónde, dónde...

El rostro de Kyo vino a su mente. Aburrido, acostado en la alta rama de un árbol con las manos detrás de la cabeza... mientras su maestro le gritaba desde el suelo que debían terminar con esa importante lección de historia familiar. Hiroshi había reído, junto con sus compañeros, al ver como Kyo le sacaba la lengua al viejo hombre, mientras murmuraba: "ku-da-ra-n" {tonterías}. El maestro se había enfurecido, como nunca antes, y, lanzando el libro al suelo, se alejó maldiciendo en voz baja a toda aquella generación de Kusanagi’s.

El símbolo había estado en el libro, recordó finalmente. El símbolo del dios contra el que los Kusanagi lucharon mil ochocientos años atrás.

- ¿Orochi? - murmuró para sí. ¿Orochi aquí y ahora?

Se apresuró a reanudar su camino. Debía advertir al resto de su grupo y luego hacer lo posible por volver a Alex.

* * *

- Miro yo {Mira}.

La moto en que los dos jóvenes iban se detuvo. El que conducía era alto, de cabello corto y oscuro; a sus anchas espaldas iba uno delgado, vestido de cuero negro que contrastaba con su desordenado cabello gris.

Maxima y K’ estaban casi en las afueras de la ciudad cuando el joven más alto notó cómo la gente en las calles se había detenido para mirar el cielo. Claro, ellos, curiosos, lo hicieron también, y debieron entrecerrar sus ojos ante el furioso resplandor que parecía querer desgarrar las nubes.

No era una luminosidad que convirtiera la tarde en día nuevamente, era sólo una intensa luz que se quedaba en el cielo, como si éste fuera su territorio. El cielo, las nubes, rodeado de oscuridad.

- ¿Qué es eso? - preguntó K’ apartando la mirada, con cara de aburrimiento, como si no le importara -. Se me hace familiar.

Maxima bajó sus ojos oscuros hacia su compañero de cabello gris. Sonrió resignado ante su actitud apática, repitiéndose que K’ nunca dejaría entrever algo de curiosidad en su semblante.

- Quién sabe... - murmuró, volviendo a mirar el cielo durante un segundo.

- Hn, sigamos - dijo K’, cruzando sus brazos alrededor de la cintura de su compañero -. No creo que una luz en el cielo pueda hacer algo más que retrasarnos.

- Claro - gruñó Maxima aún con la sonrisa.

* * *

En una pequeña y acogedora casa, en uno de los barrios residenciales de la ciudad, una muchacha de corto cabello castaño oscuro vio el resplandor en el cielo y dejó escapar una exclamación. Al instante un joven apareció a su lado.

- Nan desu ka Kyoko-chan? Nan...? {¿Qué es, Kyoko-chan? ¿Qué...?} - preguntó, mirando a la muchacha como temiendo de que le hubiese sucedido algo malo. Ella sólo señaló hacia la puerta abierta que daba al pequeño jardín. El cielo se veía desde allí. - ¡¿Orochi?! - exclamó el joven, Shingo, saliendo al exterior con pasos largos y precipitados.

Kyoko lo había puesto al tanto del peligro que corría Kyo, y el ver ahora el símbolo de Orochi era un mal presagio. Un pésimo presagio. Se volvió para mirar a su nueva compañera, y por su expresión, comprendió que algo estaba yendo muy mal. Desde hacía mucho tiempo todo estaba yendo mal...

* * *

- Souji-sama está ocupado ahora, no desea que lo molesten - se disculpó un sirviente en la mansión Kusanagi cuando Saisyu intentó entrar a su antigua oficina, que ahora era de Souji. La mirada que lanzó el viejo Kusanagi hizo que el sirviente temblara, después de todo era su amo también, pero Souji lo mataría si desobedecía. Y sabía que Saisyu no era tan cruel.

- Espero que no esté escondido temblando de miedo - sonrió Saisyu con malignidad mientras se acariciaba la áspera barba.

- ¿Señor? - preguntó el sirviente sin comprender. Saisyu le hizo un gesto como si no importara y empezó a retirarse, pero antes de irse, se volvió a medias con una sonrisa igual de maliciosa.

- Por cierto, ¿ya viste el cielo? - dijo. Buscó su pipa entre los pliegues de su ropa y al encontrarla la encendió con una pequeña llama anaranjada -. Dicen que Orochi busca venganza contra los clanes otra vez... Compadezco a los herederos que tendrán que enfrentarlo...

Su risa llenó el pasillo, una risa totalmente burlona, que hizo estremecer al pobre sirviente.

* * *

Syo lanzó una mirada al grupo de mujeres que estaba en el jardín del templo Kagura. Él, oculto entre los árboles, también había visto el fenómeno en el cielo. Era el símbolo de Orochi, sí, pero lo curioso era que había aparecido de la nada, como un augurio, no como si el dios realmente hubiese despertado.

De haberlo hecho, lo más seguro sería que el templo ya hubiera sido destruído. ¿Acaso el sello no estaba allí, bajo ellos, en los subterráneos ocultos bajo hermosos jardines nevados? Las sacerdotisas lo sabían, y muchas de ellas habían acudido a los sótanos para rezar y vigilar, pero no era necesario. El sello estaba intacto. ¿Qué era, entonces, ese símbolo? ¿De dónde provenía?

Kyo y Yagami se retiraban, vio. La energía maligna que impregnaba el aire quizás había sido demasiado para Kyo, y en cuanto a Yagami... Syo entrecerró los ojos preocupado ante la posibilidad de que el pelirrojo volviera a sufrir un Riot. Estaba demasiado cerca de Kyo, y esta vez él no podría defenderse.

Presencias oscuras llamaron su atención. Lentamente, el templo empezaba a ser rodeado. Ninjas de la casa Kusanagi, supuso. Sus ojos ámbar se dirigieron hacia la oscuridad, alcanzando a ver sombras, sus oídos escuchando los susurros, los murmullos, el rumor de armas al ser alistadas.

- Maldición... - murmuró para sí -. Es un mal momento para intentar algo...

Saltó hacia el templo, para reunirse con las mujeres que también estaban atentas al peligro que los rodeaba. La sacerdotisa, Chizuru, lo observó un momento, como si estuviera a punto de atacarlo. No lo había visto antes, y pensaba que era un sigiloso enemigo, sin embargo ella sintió su aura a tiempo, percibió sus pensamientos, su energía impregnada con la presencia de Kyo, y supo que estaba de su lado.

Le dio la bienvenida con una leve sonrisa, lo único que podía hacer en ese momento de tensión.

* * *

- Orochi... - murmuró Vice estremeciéndose. Su señor, por el que habían estado dispuestas a matar y morir... Otra vez, con vida...

- Crees que... ¿Crees que venga por nosotras? - preguntó Mature titubeante, sin poder apartar sus ojos azules del cielo. Su cuerpo fue recorrido por un temblor, quizás debido al frío, o el temor.

- No se tomará esa molestia - gruñó Vice lanzándole una breve mirada -. Viene por otra razón...

La rubia no respondió, sólo bajó la mirada un momento, sonriendo con tristeza.

- Lo merecemos por traicionarlo - susurró, como hablando consigo misma, mientras sujetaba el traje blanco que vestía y se abrazaba a sí misma -. Pero... - sonrió suavemente -, luego de lo que pasamos... - Calló, no sabía cómo continuar.

- Yo también quiero seguir viviendo. - Vice terminó su frase inconclusa, sin mirarla, con sus ojos oscuros y fríos fijos en el cielo -. Y aunque venga por nosotras, no dejaré que me arrebate esta vida sin darle una buena pelea...

Mature no respondió.

* * *

- ¡¿Pero qué demonios está pasando?!

La mano de Souji golpeó con fuerza la superficie del escritorio, haciendo que las cosas salieran de lugar. Tenía el auricular del teléfono contra su oído, y exigía saber algo que su misteriosa interlocutora no le diría.

Ya sabía el nombre de la voz misteriosa que se había aliado a él para deshacerse de Kyo, al menos era un avance. Setsuna. Setsuna a secas. Una voz sensual, pero seca y cruel a ratos. En un momento se burlaba de él, en el siguiente lo maldecía, en el siguiente lo controlaba. Souji no podía evitar sentir una enorme curiosidad por conocer a semejante mujer.

Ahora temblaba de rabia, y miedo. Había podido oír el sarcástico comentario de Saisyu a través de la puerta cerrada. ¿A qué se refería con que Orochi venía a buscar venganza?

- ¡Vas a evitar que venga en contra mía! - gritó como una orden al teléfono -. Yo cumplí con mi parte del trato, ¡jamás me dijiste que mi integridad estaría en peligro!

- Baka na otoko desu wa ne... {Pero qué estupido eres...} - oyó que se burlaba la suave voz de Setsuna -. Si estás del lado de Orochi-sama, no te hará ningún daño...

- ¡Pero si lo que busca es venganza...!

Una suave risa, una suave burla.

- Qué testarudo eres, Kusanagi Souji... - escuchó, para luego estremecerse con la frialdad con que la siguiente frase fue pronunciada -. ¿Acaso no confías en mi palabra?

- Eh...

- Nee, Kusanagi-san... - la voz era burlona otra vez -. Mi señor Orochi busca venganza, sí, venganza contra aquellos que lo vencieron hace unos años... No creo que debas preocuparte... A quien busca es a tu primo...

Souji sintió un escalofrío, sabía lo que seguiría después.

- Por cierto... ¿ya lo atrapaste? - preguntó Setsuna -. Si le ofreces a Kyo a Orochi-sama, tu integridad estará asegurada. Además... - una leve risita juguetona -, ¿acaso no tienes un poco de sangre Orochi, tú, pequeño traidor? ¿Acaso no sientes el poder de Orochi despertando en ti una vez más?

- No lo digas, no lo vuelvas a decir - interrumpió Souji, como si temiera que alguien se enterara.

- Anda, Souji... - Setsuna jugaba con él, obviamente estaba de buen humor -. Aceptaste el poder de Orochi para poder ser más fuerte que tu primo, pero no pudiste controlarlo y te retiraste. Ahora tienes lo que querías, eres el líder de la gran familia de guerreros Kusanagi - la burla era evidente en cada palabra que la mujer pronunciaba -, nadie puede hacerte nada ahora.

Hubo una pausa en la que él no pronunció palabra.

- A menos que sientas remordimientos por lo que hiciste... - propuso la mujer. Souji saltó de su asiento.

- Chigau {No es así}- fue todo lo que dijo antes de apartar las cortinas y observar el símbolo resplandeciente de Orochi.

* * *

Desde su departamento, Setsuna observaba extasiada. Había dejado el teléfono hacía unos segundos, maldiciendo en voz baja al idiota de Souji. Sin embargo, ahora se sentía feliz. ¿Era posible que su señor Orochi hubiese despertado sin su ayuda? El símbolo tan familiar para ella estaba allí, en el cielo. Sentía la energía de su señor recorriendo cada parte de su cuerpo, y nunca había pensado que llegaría a ser tan placentero.

Todavía recordaba cuando, un par de años atrás, Orochi había revivido tomando el cuerpo de un muchachito para albergar su energía. En ese tiempo había elegido a otros para servirle: Yashiro, la despreciable Shermie, Chris... Y claro, ellos no habían servido para nada, ¡nada! Fueron vencidos por los simples mortales que participaban en el estúpido torneo. Pero esta vez ella había tomado cartas en el asunto y estaba realmente dispuesta a cumplir con su propósito. Orochi volvería a dominar esa parte del Japón; bajo su reinado, todos aquellos que le servían y que ahora se encontraban desperdigados por el mundo volverían, y poco a poco las viejas glorias regresarían.

Sin embargo, mientras más miraba el cielo, más preocupada se sentía. ¿Hacía cuánto rato que no sucedía nada? Sólo era el símbolo, la luz parpadeante, los rumores de las personas y las noticias en la televisión intentando explicar el raro fenómeno.

- ¿Orochi-sama? - preguntó en voz alta, tocando con la punta de sus dedos el vidrio helado de la ventana.

Una voz retumbó en su cabeza, haciéndola caer de rodillas con las manos en los oídos, como si fuera demasiado fuerte para ella. Cerró los ojos, pero una sonrisa adornaba sus hermosos labios, porque era la voz de su señor, la familiar voz de Orochi...

"Estás tardando, mujer..."

Ella se encogió aun más, sus dedos hundiéndose entre mechones de cabello gris azulado.

- Lo sé, lo siento, señor... - murmuró -. Pero, en este momento el descendiente de los Kusanagi debe estar siendo atrapado para usted.

La voz de Orochi desapareció, junto con la sensación de su presencia cercana. Setsuna se levantó lentamente, y vio que el cielo volvía a la normalidad.

- Tienen que darse prisa - murmuró, yendo a coger el teléfono. Sabía que los ninjas ya debían haber ido al templo Kagura. Conveniente, se dijo, si su señor estaba sellado allí, convertir el lugar en ruinas sería una buena manera de destruir el sello y liberarlo. Cerró los ojos y sonrió, para luego agregar -: Y pronto nos volveremos a ver, ne, Chizuru-chan...

* * *

Como si alguien la hubiera llamado, Chizuru levantó la mirada. A su lado, las dos compañeras de Yagami continuaban atentas a las sombras que se preparaban a atacar en cualquier momento. La sacerdotisa sacudió la cabeza, su largo cabello negro desordenándose, contrastando con su traje de impecable blanco. ¿Qué era aquello que sentía?

El símbolo en el cielo desapareció súbitamente, y aquello en vez de calmarla la hizo sentir peor. Estaba segura de haber oído una voz, llamándola por su nombre, una voz familiar...

Siguiendo un impulso, giró sobre sí misma y entró en la habitación donde Yagami había llevado a Kyo. Se detuvo a los dos pasos, rechazada por una poderosa energía que hizo arder su rostro y manos. Recuperándose, entrecerró los ojos y vio que era Yagami, de rodillas en el suelo, con Kyo yaciendo en uno de sus brazos mientras su mano libre se aferraba a su propio pecho. La camisa que vestía estaba desgarrada, manchada de sangre, y sus ojos brillaban con un maligno color rojo. Su energía parecía descontrolada, brillando a su alrededor, lamiendo el techo y paredes de la habitación. A un lado, Alex estaba de rodillas también, justo en el límite del brillo púrpura, observaba con expresión preocupada cómo Kyo continuaba aún inconsciente, demasiado cerca del descontrolado Yagami.

- Riot... - murmuró Chizuru, intentando acercarse -. El poder de Orochi ha despertado de nuevo...

Iori levantó la cabeza, lanzándole una mirada helada.

- No te acerques, mujer - gruñó, entre jadeos.

Ella se detuvo. Observó al ninja, a un lado, e intercambiaron una breve mirada. Alex no comprendía exactamente qué estaba sucediendo, sólo observaba, estando cerca por si debía hacer algo para alejar a Kyo. Chizuru le sonrió, negando suavemente con la cabeza.

No era el Riot, no el que ella conocía. Esta vez Yagami estaba controlándolo. Quizás el dolor había reaparecido, la sangre, la maldad, pero no le haría daño a Kyo. Podía asegurarlo, se dijo, por la forma en que Iori sujetaba el cuerpo fláccido del otro joven, por la forma en que lo observaba...

- Orochi jamás... - gruñó Iori, poniéndose de pie lentamente y levantando a Kyo con él -, jamás volverá a utilizarme.

Con una sacudida de su cabeza, apartó los mechones de largo cabello rojo de su rostro. Algunos volvieron a caer sobre su ojo, pero no importaba. La energía desapareció, como apagada por un fuerte viento, y Chizuru pudo acercarse, junto con Alex, para tomar a Kyo y dejar que Iori recuperara el aliento.

Los cuatro se quedaron allí unos últimos momentos de tranquilidad, mientras en el exterior el rumor de una pelea comenzaba.

 

* * *

[ Capítulo 21: Arekusu no omoide ]

KOF pertenece a SNK
Los demás personajes son propiedad de
MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Mayo, 2002