Fanfic por MiauNeko
Capítulo por MiauNeko x Artemis

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

 

Capítulo 21.- Arekusu no omoide...

- ¡Kekkai!

La voz resonó, imponente, en los alrededores del templo. El brillo surgió al segundo siguiente, subiendo de las rocas del suelo hasta el cielo, creando una barrera impenetrable que hizo retroceder a las sombras que se habían lanzado a atacar.

Todos los que estaban en el exterior listos para defenderse se volvieron hacia el lugar de donde provenía la voz. Se sorprendieron al ver a Chizuru saliendo de la habitación de Kyo, rodeada de un aura plateada, sus ropas blancas ondeando como sacudidas por un fuerte viento. Su energía haciéndose visible y fundiéndose con la barrera protectora. Se veía furiosa, y su voz no fue nada gentil cuando habló:

- ¿Cómo se atreven, ustedes, a levantarse contra el templo Kagura? ¿Cómo osan atacar un lugar sagrado? - preguntó, pero obviamente no recibió respuesta -. ¿Qué creen? ¿Que pueden llegar y ofender con sus despreciables presencias a todos los dioses? ¿Acaso eso es lo que les enseñan en el clan Kusanagi?

Iori observaba desde la puerta de la habitación, con una ligera sonrisa de burla en su rostro. Su respiración aún no se calmaba, pero no pensaba quedarse dentro del templo sin hacer nada.

No había esperado que Kagura actuara de ese modo tan decidido. La había visto dudar y sufrir al ver a Kyo sufriendo el Henka, pero quizás esto había sido para mejor, y su rabia se había fortalecido ante la injusticia de la vida.

Sí, estaba furiosa. La recordaba años atrás, cuando titubeante le rogó que luchara junto a ella para vencer a Orochi. Había sido más joven en ese entonces, un alma buena y noble que todo lo que quería era cumplir su deber protegiendo al mundo. Buena, noble, inocente y pura, como Kyo.

Pero, al igual que el joven Kusanagi, el dolor de la batalla contra el dios, y la posterior desolación, la habían hecho cambiar. ¿Era crueldad lo que notaba en su voz? ¿Una sutil burla a los meros mortales que intentaban atacar el templo?

En respuesta a sus palabras, se oyeron silbidos cortando el aire, penetrando el kekkai {barrera de energía} con facilidad, líneas de luz reflejando el resplandor de la luna que comenzaba a asomar entre las nubes que se apartaban. Eran armas, estrellas y cuchillas, lanzadas con perfecta puntería hacia el corazón de la joven.

- ¡Chizuru-san! - los agudos gritos de las otras sacerdotisas no tardaron en oírse, pero bastó un gesto de la mano de la joven para que las armas se detuvieran en el aire, como si una fuerza invisible simplemente las hubiese sujetado. Después de un segundo cayeron sin hacer ruido sobre la nieve, y Chizuru dirigió la mirada de sus ojos oscuros hacia los atacantes.

- Tantos hombres - dijo, sonriendo levemente -, para atacar a tres mujeres y un ninja. - Miró a Mature y Vice, y a Syo que también esperaba, algo sorprendido ante la demostración de poder de la joven -. ¿Cuántos son ustedes? ¿Veinte? ¿Cien? - rió burlona, una risa aguda y delicada a pesar de todo. Se volvió hacia el otro lado, donde Iori esperaba. - No se preocupen por Yagami-san - dijo, en voz alta, sonriéndole casi pícaramente al pelirrojo -, él no intervendrá, ¿no es así, Yagami-san?

La expresión de Iori fue de sorpresa. ¿Qué le pasaba a esa mujer? Parecía más loca de lo que él había pensado. Nunca la hubiera imaginado actuando así pero, sonrió asintiendo, no estaba mal. Intimidante.

- Saa, minna-san - habló la joven en voz más alta y desafiante -. ¿Por qué no atacan? ¿Por qué no vienen e intentan hacernos algo?

Rumores entre los árboles, cuchicheos. Chizuru esperaba, todos esperaban, en silencio.

Finalmente, una figura salió a la luz. Un joven con el rostro cubierto, y una larga trenza negra cayendo por su espalda. Vestía de negro también, el símbolo del sol dorado adornando sus ropas. Hizo una ligera reverencia, que en esas circunstancias no tenía nada de educación, sino que pareció sarcástica y burlona... aunque esa no había sido la intención.

- Kagura-dono... - habló el ninja, su voz titubeante en un comienzo, y ganando fuerza después -. Todo lo que queremos es al traidor. Entréguenoslo y nos retiraremos, sin necesidad de derramamientos de sangre.

Chizuru rió, y con ella Iori, aunque él lo hizo apagadamente. Comprendía el plan de Chizuru y le hacía mucha gracia.

- ¿Traidor? - repitió Chizuru subiendo su tono de voz -. No sé de qué me hablan. No hay ningún traidor entre nosotros.

- Sí, lo hay, Kagura-dono - le aseguró el ninja.

- ¿Y de quién se trata? - preguntó ella, llevándose una mano a la barbilla en un gesto de curiosidad. Mature y Vice intercambiaron una mirada perpleja. ¿Qué estaba sucediendo allí?

- Kusanagi Kyo desu.

Silencio.

Aquello hizo que el ninja perdiera la ilación de lo que tenía planeado decir. Se suponía que la estúpida mujer debía contestar algo, negarlo, o defender a Kyo, y él argumentaría que apenas había aceptado la ayuda de un Yagami, ya había traicionado a todo el clan. Sin embargo, Chizuru no dijo nada. Sólo se quedó observándolo, como si esperara que él continuara hablando.

Chizuru sonrió cuando el silencio se hizo más denso e insoportable. El ninja tenía miedo. El poder de la barrera era visible para todos, y la forma en que ella había detenido las armas... Si era capaz de hacer eso, entonces podía defender el templo ella sola, y los ninjas no tendrían ni una mínima oportunidad de llegar a Kyo.

- ¿Traidor? - habló Chizuru al fin -. Ah... ¿Y qué razones tendría yo para entregárselo? No me importa si es un traidor o un asesino... Este templo es refugio para todos aquellos que necesiten un descanso, no puedo ir y expulsarlo. Yo no soy como Souji-san.

Ante la mención del nuevo líder del clan, el ninja quedó totalmente confundido. ¿Qué debía responder a eso? Era terreno inestable para él. Kagura debía estar mejor informada de por qué el clan había sufrido un cambio de organización tan repentino. Kyo-sama era declarado traidor, y uno de los primos asumía el cargo de líder. No estaba al tanto de eso, sólo cumplía órdenes.

Syo tocó suavemente el brazo de Chizuru.

- ¿Puedo...? - preguntó en voz baja, a lo que Chizuru respondió con una leve inclinación de cabeza. Syo asintió y dio un paso hacia el frente, clavando sus ojos ámbar en el ninja que había hablado todo el tiempo.

- ¿Satomi? - dijo Syo. El ninja pareció sobresaltarse.

- ¿Fu-Fujimiya-san...?

Syo asintió sonriendo fríamente. Lo conocía, sí. Podía decirse que habían sido amigos por un tiempo. Satomi fue su protegido y le enseñó algunas cosas, técnicas y secretos. Ahora estaban en bandos contrarios, pero de todos modos, Syo le dirigió una mirada de pesar.

- ¿Por... por qué está con el traidor, Fujimiya-san? - tartamudeó el joven ninja, al ver a quien consideraba su senpai en el grupo de personas al que debía atacar.

- ¿Traidor? - repitió Syo, igual como Chizuru lo había hecho minutos atrás -. Eres tú el que está del lado del traidor, Satomi...

- Tonterías...

- ¿Crees que yo traicionaría a la persona por la que daría mi vida? - interrumpió Syo bruscamente, sus ojos ámbar brillando coléricos ante la estupidez de aquellos que se decían fieles y no eran más que meros sirvientes que no se daban cuenta de los engaños -. ¿Crees que yo estaría del lado equivocado?

Iori frunció el ceño al ver la escena. Ciertamente los ninjas de Kyo eran casos extraños.

- Pero Kusanagi-sama dijo eso... Y Yagami está aquí para corroborarlo... - El ninja miró a Iori, que le devolvió la mirada con sus salvajes ojos rojos.

- Los clanes fueron aliados en el pasado - dijo Syo -, decir que Kyo-sama es traidor sólo por haber sido ayudado por un Yagami es la excusa más idiota que podrían haber buscado. Ciertamente, me atrevería a apostar que fue Souji-san quien la inventó, ¿verdad?

Nuevamente un rumor ofendido entre los ninjas ocultos. Era Syo, hablando abiertamente contra el líder. ¿Cómo era posible que Satomi se lo permitiera?

- ¿Por qué no averiguan cómo fue que Souji obtuvo el título? - preguntó Syo levantando la voz, dirigiéndose a todos, no sólo a Satomi -. ¿Por qué no le preguntan si es honorable retar a un duelo a una persona que está sufriendo el Henka?

Los susurros de los ninjas eran audibles ahora. ¿Henka? ¿Kyo-sama sufriendo el Henka? ¿Souji-sama retándolo sabiendo que en ese estado es imposible luchar...?

- ¡Silencio! - exclamó Satomi, observando furioso a Syo -. ¡Es usted quien está equivocado, Fujimiya-san! ¡Es usted quien no quiere ver la realidad! Souji-sama es el líder del clan por derecho, y Kyo es sólo un traidor que debe entregarnos para que reciba su escarmiento.

- Saa na - Syo cerró los ojos apartando su rostro un segundo. Se escuchó el sonido agudo de un cuchillo al ser desenvainado. Syo abrió los ojos, y miró directamente a Satomi -. ¿Te atreves a luchar a muerte por lo que crees correcto? - desafió -. Sólo tú y yo, aquí, ahora.

Un estremecimiento de rabia recorrió a Satomi. ¿Se atrevía a retarlo públicamente?

En ese momento Alex se asomó por la puerta, por detrás de Iori. Había oído todo, pero no se quiso alejar de Kyo, que había estado inconsciente aún. Ahora Kyo había despertado y estaba al otro lado de Iori, observando y escuchando cómo dos personas que habían sido fieles a él discutían sobre sus creencias. Iori le lanzó una mirada a Alex, que observaba con una expresión extraña, como si estuviera sorprendido y conmovido por las palabras de Syo. Como si él estuviese dispuesto a hacer lo mismo por el bien de Kyo. Luego Iori miró al joven Kusanagi, su respiración dificultosa, sus ojos vidriosos pero atentos a lo que sucedía. Intercambiaron una breve mirada, sin decir nada.

Los ninjas vieron a Kyo también, e hicieron un movimiento para prepararse a atacar, pero Satomi continuaba hablando con Syo y los detuvo con un gesto.

- ¿Quieres morir por una causa errada? - preguntó Satomi burlón, despectivo, mientras sacaba un largo hilo metálico y lo tensaba.

- Morirá el que no esté seguro de sus convicciones - sentenció Syo, inclinándose hacia adelante, dando inicio al desafío.

En el templo, todos retrocedieron. Las sacerdotisas se retiraron a un pasillo lateral, Mature y Vice sólo se quedaron por allí, cerca, observando. Vice cruzada de brazos, apoyada indiferente en el hombro de su compañera. Tsukiyo corrió hacia Iori y Kyo, como si se sintiera más segura con ellos a pesar de todo. Chizuru dudó un segundo, pero luego sonrió y retiró el kekkai. Satomi aprovechó ese momento para entrar al templo. El kekkai regresó a su lugar apenas él traspasó los límites, pero no llegó a tocar el suelo. Syo había saltado para recibirlo con una estocada en el aire.

Desprevenido, el joven ninja bloqueó con su arma, el hilo metálico. La hoja de la cuchilla de Syo resbaló por allí, hasta quedar atrapada en una doble vuelta que hizo Satomi. Sin embargo, otro cuchillo brilló, rasgando la noche y clavándose directamente en el brazo izquierdo del ninja. Syo se retiró entonces, un cuchillo goteando sangre.

Él y Satomi cayeron al suelo sin un sonido, observándose fijamente, sin expresar nada. Como si pelear fuera algo que debían hacer y no cuestionar.

- Warui na... {Qué mal...} - sonrió Syo, para total furia de Satomi, que se lanzó hacia él nuevamente.

Syo esquivó, un cuchillo desviando la mortal arma del joven, el otro clavándose entre su ropa, alcanzando la piel y dejando que la sangre corriera libre.

- Kyo-sama es el último descendiente de los Kusanagi - murmuró Syo -, el único por el que vale la pena arriesgar la vida y pelear.

Mientras decía esto, Syo le lanzó una breve mirada a Alex, que observaba atento. El semblante del joven rubio no cambió ante la indirecta, estaba con el ceño fruncido y los labios apretados. Una incomodidad creciendo en su interior a medida que veía cómo se desarrollaba la pelea de Syo.

Bloquear con un cuchillo, atacar con el otro, retirarse unos pasos. Esquivar, un amago de ataque para que a propósito ese tal Satomi utilizara su hilo como defensa y quedara abierto para el siguiente golpe. Una y otra vez se repitió, y repitió. En diferentes ocasiones, pero básicamente era la misma técnica: no una ofensiva directa, sino amagos y agotar al enemigo, produciéndole heridas rápidas y cortas que lentamente lo debilitaban. Alex gruñó algo en voz baja. ¡Ese despreciable Fujimiya estaba imitando sus técnicas!

El joven rubio oyó una leve risita a su lado y se volvió bruscamente. Se encontró con los cálidos ojos de Kyo, que le sonreía débilmente.

- Le falta tu velocidad y precisión - dijo al malhumorado Alex, como si quisiera calmarlo, pero ambos sabían que era verdad -. Tú lo habrías acabado al primer golpe, ¿no? Alex no dijo nada, pero apartó la mirada avergonzado. No era normal recibir ese tipo de halagos de parte de Kyo, y mucho menos en esa situación... Sintió como si se sonrojara.

- Sin embargo - continuó el joven -, tampoco puedes negar que no lo hace bien...

Alex quiso gritar algo contra el idiota de Fujimiya, pero lo guardó para sí. Sólo observó a Kyo y le dirigió una forzada sonrisa junto con un leve golpecito al brazo.

- No sólo lo hubiera acabado al primer golpe - dijo, con un dejo de arrogancia -, sino que antes lo hubiera convencido de la verdad.

Iori rió al oír eso, mirando de soslayo al ninja rubio. Bonita alma cruel... No lo parecía, pero quizás no era tan inútil como le daba la impresión, y la forma en que había hablando... de alguna manera aseguraba que realmente hubiera podido hacerlo.

- Kisamaaaa! - Satomi estaba perdiendo su concentración. Las heridas en su cuerpo no importaban. Lo que no podía soportar era que sus ataques no servían de nada contra Syo. ¿Acaso no habían practicado juntos? ¿Acaso no había descubierto los puntos débiles de Syo? ¿Por qué sucedía esto? Acaso... ¿acaso la razón de su lucha no era suficiente para ganar?

Se detuvo súbitamente, dejando caer los brazos, perdido en sus pensamientos. ¿Era eso? ¿Syo tendría razón?

Syo observó a quien había sido su amigo, y le dio un respiro. Su victoria estaba asegurada, y sentía un poco de lástima por Satomi. Hizo un gesto para que continuaran, cuando súbitamente vio una sombra caer sobre él.

No se dio cuenta de cómo sucedió, Chizuru aún mantenía el kekkai, pero otro ninja había conseguido penetrarlo y caía justamente para matarlo. Aunque lo vio, no tuvo tiempo de reaccionar y apartarse. Syo cruzó su mirada con la enloquecida mirada del atacante, con sus ojos púrpura, y en un segundo supo que no era un ninja de los Kusanagi. Quizás sus ropas lo eran, pero su instinto le aseguraba que entre los hombres que servían al clan, no había ninguno cuya mirada destilara tal maldad.

- ¿Quién demonios...? - se preguntó, la hoja de una cuchilla brillando a centímetros de su rostro.

Un leve quejido debido a un gran esfuerzo se oyó, y de pronto el cielo nuevamente estaba sobre él. Sin rastros de ese ninja misterioso, sólo Satomi corriendo en un último ataque desesperado. La hoja de ambos cuchillos de Syo penetraron limpiamente en el pecho del ninja, que cayó al suelo sin vida, sus ojos en blanco, su mente resignada a morir por algo, alguien, en quien nunca había creído.

Para Syo aquello fue demasiado rápido, y aunque ya había terminado, tenía la impresión que algo estaba mal. Se volvió bruscamente, y vio que dos figuras forcejeaban en el suelo. Una, la que estaba encima, era el ninja impostor de ojos púrpura. La figura de abajo... ¡Alex!

La nieve estaba manchada de sangre, y Alex parecía estar en problemas. Syo quiso intervenir, pero su honor se lo impidió. ¡No podía interrumpir una pelea! Dirigió su mirada a Kyo-sama, que observaba en la puerta. Vio su expresión atenta, sus ojos fijos en lo que hacía Alex y también miró.

Se encontró con los hermosos ojos verdes del ninja rubio, impregnados de un aire de demencia, o total desesperación. Pero sonreía, y la sonrisa iba dirigida a él, lo supo. Fue como si le dijera en voz alta: "te mostraré cómo se hace".

Un certero rodillazo en el estómago hizo que el desconocido se alejara unos centímetros del cuerpo de Alex, lo suficiente para que éste doblara su pierna y de una patada lo enviara hacia arriba, al aire. Alex desapareció de donde estaba, dejando sólo una estela de nieve que indicaba un brusco y salvaje movimiento. Syo miró hacia lo alto, donde el otro ninja empuñaba fuertemente su arma, el cuchillo, intentando dar con el paradero del rubio.

- Atacar a traición, interrumpir una pelea de honor... - oyó que decía Alex, pero él aún no era visible.

- No es un ninja Kusanagi - murmuró Kyo, dándose cuenta también.

- ... ¿a qué maldito clan perteneces? - terminó Alex, materializándose como de la nada detrás del impostor. Un cuchillo en cada mano, uno cortando limpiamente la garganta, el otro abriendo profundamente la espalda del ninja. No tuvo tiempo ni siquiera de gritar. La sangre se derramó en el suelo sagrado, mezclándose con la que Satomi también había derramando.

El cuerpo muerto cayó junto al otro, y Alex un poco más allá. Sus ojos verdes brillando helados, fijos en las dos figuras, para luego clavarse en la oscuridad, donde el resto de ninjas esperaba, sin habla. Vencidos.

Alex pasó junto a Syo, parecía observarlo fijamente, pero pasó por su lado sin decirle nada, yendo directamente a Kyo.

Hermoso, y cruel. Había sido una muerte producida salvajemente, pero con elegancia. Limpios cortes, todo en silencio. Quizás Alex parecía demasiado delicado, demasiado débil, pero acababa de demostrarles a todos, que cuando se trataba de proteger a alguien que estimaba, lo hacía. Y lo hacía con perfección.

Syo bajó la cabeza, estremeciéndose con una amarga risa. Los demás ninjas se retiraron confundidos. No tenían nada más que hacer. No había líder, y no había más órdenes.

Las sacerdotisas debieron purificar el templo, y sus suaves cánticos acompañaron el anochecer y todo el tranquilo amanecer.

* * *

- ¿Lo conoces? - preguntó Syo en un murmullo.

Estaba a solas con Alex, en un oscuro salón donde Chizuru había ordenado llevar a los dos ninjas muertos para hacerles una ceremonia digna. Eran dos jóvenes, Satomi y el desconocido. En ese momento, Alex y Syo observaban el rostro del impostor. Era sólo una persona cualquiera, un rostro más que se podría confundir con alguien en una multitud y luego olvidar para siempre. Buscaron marcas en su cuerpo, algo que pudiera darles una pista entre sus ropas, pero lo único que llamó la atención de ambos fue el arma que había utilizado. Tenía el símbolo de Orochi en la empuñadura. Era discreto, nada que llamara su atención, pero lo habían visto y no comprendían. ¿Orochi a punto de despertar, enviaba a un humano a intentar matar a Kyo? Era demasiado estúpido para ser idea de un supuesto dios.

- Nunca lo había visto - respondió Alex, cruzándose de brazos.

En un segundo los cuerpos muertos dejaron de ser lo principal, y Syo descubrió a Alex lanzándole una mirada de desprecio.

- ¿Qué te pasa? - gruñó, volviéndose hacia él, llevándose una mano para apoyarla en su cadera, como una provocación para Alex. El rubio sabía que Syo guardaba allí su cuchilla, y estuvo alerta, pero todo lo que hizo el joven fue apoyar la mano allí y ladear la cabeza, esperando una respuesta.

- Nada - fue todo lo que dijo Alex, entrecerrando los ojos y pasándose una mano por el cabello, con gesto cansado. Syo vio claramente el respingo que dio, y al fijarse bien, notó que sus ropas estaban manchadas de sangre. Suspiró. Alex lo había ayudado... debía al menos intentar mostrarse amable una vez.

- ¿Estás herido? - dijo, tomando a Alex por el antebrazo, atrayéndolo hacia sí. Un golpe hizo que su mano fuera apartada. El rubio lo observaba enfurecido.

- ¡No me toques! - amenazó Alex, retrocediendo. De pronto, como si se hubiese dado cuenta de lo que hacía, agregó en voz más baja -: Estoy bien.

Syo parpadeó confuso ante esto e intentó protestar. Sólo había tocado a Alex pero había bastado para sentir la sangre humedeciendo toda su ropa, y cómo su brazo se había paralizado un segundo debido al dolor.

- Déjame ayudarte... - dijo, observando los ojos verdes fijamente.

- Estoy bien - insistió Alex, más suavemente esta vez. Se veía agotado. Syo no sabía cómo se había hecho esa herida, pero sabía que si preguntaba la única respuesta que obtendría sería una mirada helada o de desprecio. Maldición, lo intentaría una última vez.

El joven esperó que Alex se volviera. Vio su gesto cansado, la forma como se apoyó un momento en la mesa donde yacía el cuerpo de los ninjas muertos, como si quisiera recuperar el equilibrio. Aprovechó ese momento para tocar levemente su espalda, sólo rozar la punta de sus dedos contra la tela negra, para indicarle que lo siguiera, que quería curarlo, pero antes de que nada sucediera, Alex desapareció de su vista, y el agudo metal helado de un cuchillo acarició su garganta.

- ¿Pero qué demonios... Alex...? - gruñó. Sabía que era él, aunque solamente lo había visto desaparecer. Sintió la respiración del joven en su nuca, escuchó su siseo furioso.

- ¿Te parece que estoy mal? ¿Eh? - dijo Alex -. A mí me da la impresión que eres tú quien está mal... ¡te mueves tan lentamente!

Syo tragó saliva, el cuchillo no se alejaba de su cuello. El cuerpo de Alex estaba muy cerca a él. El extranjero continuó:

- Vi cómo intentaste imitar mi técnica... - una breve risa amarga -, ¿acaso no confías lo suficiente en la tuya como para utilizarla? Fue patético... tan lento...

- Al menos sirvió - respondió Syo con tono burlón -. ¿Para qué intentar impresionar a Kyo-sama con un despliegue inservible de velocidad si con un poco de paciencia logras los mismos resultados?

Syo lamentó el tono sarcástico en que habló cuando la hoja se clavó en su piel e hizo brotar la sangre. No hubo palabras de parte de Alex, sólo ese movimiento.

- Estás buscando que te maten, ¿verdad? - dijo finalmente el rubio, apartándose bruscamente. Syo lo observó un momento. En verdad parecía cansado. Alex empezó a retirarse de la habitación sin esperar una respuesta. Syo lo siguió con la mirada para luego observar a los dos ninjas muertos, sus rostros parecían tranquilos ahora. Observó al que había sido su amigo, y suspiró. Ojalá hubiera comprendido, ojalá hubiera creído en él.

Volvió a suspirar, dirigiéndose a la salida.

Por eso era mejor no tener amigos, no hacer amistades y así evitarse el dolor de la muerte...

Muerte...

Kyo...

* * *

- Arekusu-san.

El ninja se volvió despacio en el pasillo hacia una muchacha que lo observaba desde una puerta entreabierta. Apenas sus miradas se cruzaron, la joven salió de la pequeña habitación donde se encontraba. Sonreía levemente, educadamente.

- Chizuru-san me dijo que le preguntara si desea... tomar un baño - la muchacha apartó la mirada un segundo, haciendo que Alex mirara por sobre su hombro y viera en la habitación un juego de toallas, y ropa limpia -. Para relajarse, alejar todos los malos recuerdos de la muerte de esta tarde...

Alex suavizó su mirada, y le sonrió. No le sentaría mal... Se sentía tan cansado...

- Kochira e kudasai {Por aquí, por favor} - dijo la muchacha cuando él asintió levemente. Tomó las toallas y ropa, y guió a Alex por pasillos silenciosos y en penumbra. Era de noche ya, y todo estaba silencioso. Grillos se oían, provenientes de algún lugar del helado jardín... Suaves voces, rezando. Sus pasos.

La joven la llevó a un amplio baño tradicional. Sentía la calidez del aire, la humedad, pero para llegar a él debieron cruzar un estrecho pasillo con paredes de papel de seda. El agua humeaba tibia, gracias a un fuego que alguien avivaba desde afuera, soplando a través de una caña. El vapor que brotaba había templado el lugar, y el frío del invierno no se sentía.

- ¿Desea que lo ayude? - sonrió la muchacha, dejando las toallas a un lado, tocando el agua para verificar que la temperatura fuera adecuada. Alex negó con la cabeza.

- No... - fue la débil respuesta -. Sólo... sólo no dejes que nadie entre, ¿sí?

La sirvienta pareció extrañada.

- Nadie entrará, señor... Pero si necesita algo, sólo llame.

- Claro...

La joven se retiró con una leve inclinación, y Alex se quedó solo. El agua era cristalina e invitante. Rozó el borde del furo {bañera}, sintiendo el líquido, la calidez. Suspiró. Como si no se animara.

Su cuerpo le dolía, y sí, se sentía cansado. Había realizado un esfuerzo cuando todo lo que su cuerpo le pedía era descansar. Sentía que sus manos temblaban, y que la herida en su brazo continuaba sangrando. Debía curarse eso, pero... no tenía ganas. No le importaba. Todo lo que quería era sumergirse en el agua y dejar que sus músculos se relajaran. Cerrar los ojos, y al abrirlos encontrarse con que todo había sido una pesadilla.

Sus manos sujetaron el sweater, húmedo de sangre y cubierto de polvo. Se lo sacó con esfuerzo, cerrando un ojo cuando el dolor de su brazo se hizo insoportable. Quiso retirar el vendaje, pero no pudo. Estaba tan ensangrentado y fuertemente apretado que decidió dejarlo allí. Pronto, la poca luz de ese lugar iluminó su blanca piel, mientras el espeso vapor tibio lo rodeaba. El sweater cayó al suelo, junto con el resto de sus ropas. Los pantalones resbalaron por sus piernas blancas, suaves. Dejó todo en el suelo, despreocupadamente. Con cuidado, tomó sus dos cuchillos y los dejó cerca del agua. Sabía que no lo necesitaba, no era necesario ser tan precavido, pero lo hizo por costumbre. Entró al furo con cuidado, primero una pierna, sintiendo cómo el agua tibia lamía su piel produciéndole un delicioso alivio. Se sumergió despacio, su cuerpo desnudo recibiendo con agrado la tibieza y suavidad del agua. Estirando una mano, alcanzó una de las toallas y la dejó cerca a él, para apoyar la cabeza allí, entrecerrando los ojos, dejando que el agua le llegara hasta el cuello. El vapor parecía hacerse cada vez más espeso, y se sentía agradable respirarlo.

¿Hacía cuánto tiempo no se daba la satisfacción de un baño de tina? En casa, en la mansión Kusanagi, bastaba una rápida ducha para estar listo. No tenía mucho tiempo para darse ese tipo de complacencias. Sin embargo, era delicioso...

Se volvió súbitamente, apoyando su brazo sano en la toalla y la cabeza sobre él, descansando. Dobló sus piernas, su esbelto cuerpo encogiéndose bajo el agua, como un niño asustado. Sintió frío en su espalda ahora que el agua no lo protegía, pero no quería moverse. Frente a él tenía solamente una pared, los diseños eran hermosos, y regulares. Sentía como si ese simple baño estuviera llevándose todos sus problemas y malos recuerdos. Syo no existía, el ninja muerto de aquella tarde tampoco. No había nadie, salvo él, la tibieza del agua...

La sangre... Cerró los ojos con fuerza, apretando los puños. Sangre, Kyo...

- Kyo... - murmuró con un gemido. No podía sacarlo de su mente, ni a él, ni las palabras de Yagami. ¿Cómo podía aceptar dejarlo morir?

Súbitamente sintió un movimiento en el agua, una onda que él no había producido, un poco de agua tibia cayendo sobre su hombro que sobresalía, y luego corriendo por su espalda. Se volvió violentamente, salpicando agua, su mano buscando los cuchillos sin encontrarlos... sus ojos observando al atrevido agresor.

Se encontró frente a frente con dos ojos castaños que lo observaban serenos. El cabello castaño desordenado, la expresión seria pero dulce del rostro...

- ¡¿Kyo?! - inconscientemente tomó la toalla a su lado e hizo un gesto para cubrirse. Sus ojos verdes estaban totalmente abiertos, fijos en los ojos de Kyo y en su sonrisa sorprendida y burlona. La toalla flotaba en el agua, pero no era necesaria, el vapor evitaba que la transparencia del agua dejara al descubierto su cuerpo. Apenas podía ver a Kyo, sólo a centímetros de él -. ¿Qu- qué... qué haces aquí? - pudo preguntar al fin, tenso, mirando fijamente al otro joven.

- Le dije a Chizuru que te sentaría bien un baño - respondió Kyo, haciendo un gesto para que Alex extendiera su brazo herido. Kyo retiró el vendaje, mientras Alex, sumergido hasta la altura de su pecho, simplemente esperaba con la mirada perdida, sus mejillas furiosamente sonrojadas.

El vendaje fue a dar al suelo, dejando ver el profundo corte. Kyo tomó un paño cercano, y lo sumergió. No pudo evitar quedarse mirando el cuerpo de Alex. La blancura de su piel, apenas visible a través de las brumas. Sus piernas flexionadas bajo el agua, su cintura tan delicada. Apartó los ojos, limpiando la herida de Alex con cuidado. El ninja seguía sin poder mirar a Kyo a los ojos, pero tampoco podía echarlo. No quería que se fuera. A pesar del dolor, se sentía bien tener a Kyo cuidándolo.

-¿Cómo te encuentras? - preguntó Alex cuando un nuevo vendaje estuvo casi listo. Kyo sonrió.

- Date vuelta - dijo. Alex frunció el ceño, pero obedeció al ver que era imposible discutir contra él. Se apoyó en la toalla de nuevo, en la posición que estaba cuando sintió la presencia de Kyo. Su espalda al aire, el cabello rubio cayéndole sobre los ojos entrecerrados.

Sintió claramente el paño acariciando, húmedo, su piel. Apretó los dientes. No le gustaba el contacto físico con nadie, no. ¡Lo odiaba! Demasiados recuerdos venían a su mente... Demasiados...

- Alex... - la suave voz de Kyo, y su mano acariciándolo -. Relájate... Soy sólo yo...

El joven observaba al ninja, que había comenzado a temblar. Dejó ir el paño, que se sumergió en el agua, para rozar su blanca espalda, tan tersa. Acarició con cuidado, tocando su hombro, bajando por su cuello. Se detuvo al notar la larga cicatriz que atravesaba diagonalmente su espalda, partiendo del hombro derecho y hundiéndose en el agua hasta su cadera. Había sido una herida profunda, producida por alguien a quien Alex jamás perdonaría. Una marca que estaría allí siempre, recordándole imágenes que deseaba olvidar.

Kyo no podía apartar la mirada de esa cicatriz que casi mató a Alex, esa cicatriz que lo llevó hasta casi la muerte, como estaba él ahora. Los dos habían tenido la muerte muy cerca, pero Kyo sabía que él ya no podría escapar; Alex sí lo hizo, sobrevivió. En cierto modo había sido afortunado, aunque durante largo tiempo el joven deseó haber muerto con sus padres. Así no hubiese tenido que vivir una niñez apartada, a solas con sus propias pesadillas. No hubiese conocido a Kyo, no tendría que sufrir por él ahora...

Sin darse cuenta, Kyo empezó a seguir la larga cicatriz con la punta de sus húmedos dedos, pero notó de nuevo el cuerpo del ninja estremecerse. Alex no podía evitar recordar, le era imposible. ¿Cómo olvidar la peor noche de su vida? La noche que hizo que se convirtiera en lo que él era ahora, un asesino.

- Alex... - el susurro de Kyo fue suave, al notar que Alex estaba perdido en sus pensamientos, el joven ninja solo se volteó ligeramente, una sonrisa, calmada, dando a entender que no importaba, que estaba bien. Kyo le devolvió la sonrisa, pero sabía que nada estaba bien... que Alex no estaba bien.

Así era, los recuerdos empezaron a invadir la mente del ninja... una noche oscura, unos gritos... sus padres. Había ido a mirar qué sucedía, quería saber la razón de los ruidos y gritos en el piso inferior de su hogar. Descalzo, bajó silenciosamente las escaleras, encontrándose con sus padres en el suelo, sangrando. Hombres de negro habían entrado en la casa, desconocidos que, como vulgares ladrones, revolvían las pertenencias de su familia, volcando mesas, destrozando vitrales, lanzándolo todo al suelo.

Demasiado pequeño para reaccionar, Alex no notó cuando uno de los hombres se acercó para agarrarlo y obligarlo a mirar, a mirar como violaban a su madre, enfrente de sus ojos, sin importarles el pequeño intruso, sino al contrario, parecían complacidos con su presencia. Su madre lloraba que lo soltaran, hasta el último momento todo lo que le importó a ella era la seguridad de su hijo. Su padre pedía clemencia para su familia, que a él le hicieran lo que quisieran pero que no tocaran a su esposa ni a Alex... El hombre que lo sujetaba se cansó, quería divertirse él también, pero con su madre ya no podía ser... ya había muerto por las profundas heridas, su cuerpo no había soportado el dolor. La habían violado, golpeado salvajemente, y no había aguantado; había muerto llena de desesperación al no saber qué sería de Alex.

Otro hombre había sujetado a Alex mientras los otros hablaban de que era una pena que la mujer hubiera muerto, pero pronto encontraron una solución: su padre. El hombre sólo pedía que soltaran a su hijo, pero no fue así, lo ignoraron mientas empezaban a rasgarle la ropa que llevaba y llenaban su cuerpo de marcas, sangrientas. Alex no comprendía el porqué de tanta crueldad, esa violencia. Los hombres no eran cualquier persona, llevaban trajes finos, como si estuvieran uniformados. Hablaban con voces profundas, educadas.

Alex había intentado desviar la mirada, no podía verlo, no quería verlo, pero el que lo sujetaba no se lo permitió, cogiéndole el cabello, obligándole a mirar, obligándole a ver la escena. Los gritos de su padre le dolían, sentía como si su cabeza le fuera a estallar, no tenía más de cinco años, y una escena como ésa... Su padre gritaba, lloraba, lloraba... la primera vez en su vida que Alex había visto llorar a su padre. Hasta que llegó el final, su padre tampoco aguantó, los cortes producidos por los cuchillos de los hombres eran demasiados, profundos. Alex miraba con horror, el suelo manchado de sangre, todo... El lugar en que más seguro se había sentido ahora estaba recubierto de rojo; todos los recuerdos, todo lo que había amado... rojo. La luz de la luna entrando por la ventana dejaba ver los cuerpos, reflejándose en las marcas de las profundas heridas. Alex tenía lágrimas en sus ojos furiosos, creía que todo había terminado... pero no fue así... No...

Esos hombres aún no se habían cansado.

- Alex... por favor - susurró Kyo, dándose cuenta que su ninja estaba recordando de nuevo el pasado, volviendo demasiado atrás, dejando que los dolorosos recuerdos lo invadieran... Estar junto a él no lo ayudaba, no, en nada. Kyo deseaba proteger a Alex, ¿pero como proteger a alguien de sus propios recuerdos? - No pienses más en ello, déjalo... todo pasó - continuó susurrando, ¿qué más podía hacer?

Alex se volvió lentamente y vio cómo sus ojos brillaban, sus hermosos ojos verdes pedían que las lágrimas bajaran pero una sonrisa, una muy triste sonrisa estaba dibujada en sus labios.

- Kyo... mataron a mis padres... - dijo, aún manteniendo la sonrisa - y... me... violaron - Kyo abrió los ojos sorprendido. Ya lo sabía, Alex ya se lo había dicho, pero ver que lo volvía a decir... ver que mantenía esa extraña sonrisa en sus labios. Kyo no quería que Alex siguiera, pero éste no le permitió que le interrumpiera -: Creyeron que me habían matado, me marcaron para toda la vida - continuó Alex, refiriéndose a la cicatriz en su espalda, que aún, de vez en cuando, le dolía, y no le permitía olvidar. Jamás podría olvidar -. Pero no morí... - la sonrisa se volvió cruel - ... no quise morir, tenía que vengar a mis padres - continuó Alex. El rostro de Kyo era de sincera preocupación -. Lo hice, ahora esos hombres están muertos y yo no. - La sonrisa de Alex ahora era cruel, sus ojos brillaban, un brillo malvado en ellos junto con lágrimas, Kyo sabía que no lo soportaría mucho más tiempo. Alex había recordado. - ¡¿Entonces por qué no me siento mejor?! - gritó el joven ninja al fin, mirando directamente a los ojos de Kyo, pidiendo una respuesta, suplicando por una respuesta, algo que le dijera por qué no se sentía mejor después de haber matado a los que osaron asesinar a sus padres, a los que lo violaron.

Kyo sólo pudo rozar el rostro del ninja con la punta de sus dedos, secando ligeramente las lágrimas, no le gustaba ver a Alex así, no quería verlo así. Alex era fuerte, pero... a la vez frágil, sólo recordar a sus padres hacía que sus ojos expresaran el dolor más grande que jamás Kyo había visto. No tenía respuesta para la pregunta del ninja, no la tenía. Se sentía mal al ver que Alex recordaba, que recordaba por su culpa. Quería que Alex se fuera, que no sufriera más por él... Pero a la vez, cierto punto de egoísmo, quería tenerlo a su lado. El ninja volvió a dar la espalda a Kyo, sonriendo.

- Perdona - dijo, un murmullo, un susurro, no quería recordar pero las imágenes eran claras en su mente, tenía que hacer que terminara, como fuera. Era Kyo el que estaba muriendo. No podía dejarle ver su dolor, su desesperación. Tal como había dicho Yagami, Kyo no necesitaba preocuparse por otras personas ahora. Alex cerró los ojos un momento, apartando las crueles imágenes y buscando una escena agradable, para él y para Kyo -. ¿Recuerdas a esas gemelas? - dijo al fin, una ligera risa escapando de sus labios con el leve recuerdo.

- ¿Las gemelas? - Kyo estaba algo confundido pero recordó a las gemelas a quien Alex se refería y rió también - Claro, ¿cómo olvidarlas? - murmuró, entrecerrando los ojos, echando distraídamente un poco de agua caliente sobre la espalda del ninja -. Nos seguían por todos lados, ¿cuántos años teníamos? - Kyo se dejó llevar por la conversación, sabía que Alex no quería hablar de lo que le pasó, no quería y él lo comprendía.

- Tu quince, yo diecisiete, y ellas... creo que quince también - dijo Alex intentando recordar, con su ceño ligeramente fruncido y su rostro medio girado hacia Kyo quien lo miraba con ternura.

- Tanoshikatta na, Alex? {Fue divertido, ¿verdad, Alex?} - dijo Kyo, aún en un murmullo. Una ligera risa escapó de sus labios, para que Alex también riera tenuemente, ambos recordando a unas gemelas que los seguían constantemente, intercambiando miradas, risitas y sonrojos. Ellos tuvieron que detenerse un día y preguntarles por qué los seguían. Las gemelas se declararon en ese momento, aún riendo tontamente, tímidamente. Una estaba loca de amor por Kyo, la otra estaba enamoradísima de Alex. Ambos chicos se habían mirado sin comprender e intentaron explicarles a las gemelas que no les interesaba salir con ellas... pero no hubo caso. Era como si para cualquier razón que les dieran, la única respuesta de ellas fueran risas tontas.

Hastiados, intentaron ignorarlas, pero notaban que siempre los seguían. Bastaba con que ellos pusieran un pie en una calle de la ciudad, para que ambas aparecieran. Los seguían sin acercarse demasiado, pero bastaba oír el tintineo de sus risas para que Kyo y Alex desearan no haber ido. De vez en cuando las despistaban, jugando, por algo eran ágiles, pero esas muchachas... siempre sabían donde encontrarlos. En un principio era divertido, pero al final se cansaron de que los persiguieran. Así que un día hablaron con ellas, les dijeron que estaban saliendo con alguien. Las chicas en un principio parecieron tristes, desilusionadas, pero luego dijeron que les harían olvidar a sus novias. Fueron tan enérgicas y animadas que Kyo se dijo que quizás lo lograrían... de haber tenido ellos novias, claro. Alex fue quien se cansó primero, harto del comportamiento infantil de esas dos chicas. ¿Acaso no tenían nada que hacer? Tomó a Kyo por la cintura, acercándolo hacia él bruscamente, y había besado sus labios. Las chicas se quedaron observando boquiabiertas a la pareja, y luego salieron corriendo ante tal escena, no se lo imaginaban y verlo las asustó.

Alex había suspirado aliviado mientras Kyo aún no reaccionaba. Estaba sorprendido ante el acto de su amigo. En ese tiempo Alex ya le había contado su secreto, le había dicho que no soportaba el contacto físico con nadie desde que lo violaron. El que lo besara... lo dejó de piedra, pero se calmó al ver que Alex decía: ‘Era el único modo, sino, nos hubieran seguido por el resto de nuestras vidas’. En su rostro había una sonrisa, sólo había sido un travieso beso entre amigos, entre hermanos, sólo para alejar a esas gemelas. Y ahora, recordarlo, les hacía sentir bien, a ambos, era divertido, habían hecho mil cosas juntos algunas buenas, otras malas, y siempre habían sido divertidas.

Ahora ambos sonreían ahora, Alex sumergido en el furo y Kyo mirándolo. Le gustaba recordar lo que había hecho con el ninja, habían sido tantas cosas. Su risa se vio interrumpida por un súbito ataque de tos, el dolor volvía a él, sin dejarlo descansar. Se arrodilló poniendo las manos en su boca, intentando frenar la sangre que se escapaba por sus labios. Alex se había girado y se encontró con Kyo tosiendo sangre sin parar, sangre espesa cayendo al suelo, sin dejarlo casi respirar.

Alex salió del furo de un salto, la toalla enfrente de él, arrodillándose al lado de Kyo. No podía hacer nada y se maldecía por eso. Le dolía verlo así. Le dolía que ese momento de tranquilidad fuera interrumpido de forma tan brusca. Tenía miedo cuando veía a Kyo sufrir de ese modo... ¡Es que era Kyo! El Kyo que había conocido hacía años y que lo había hecho regresar a la realidad, alejándolo de los fantasmas de su pasado. Kyo no podía morir. No así. No lo concebía. ¡No podía aceptarlo!

- Kyo... - susurró poniendo una delicada mano en el hombro del joven. Kyo intentó sonreír, como Alex había hecho antes, quería calmar al ninja, pero no tenía fuerzas ni siquiera para sostenerse. La sangre en sus labios se sentía ardiente, como fuego quemando su garganta y sus labios. Tosió, cerrando los ojos con fuerza, estremeciéndose. Gimió algo, mientras sentía como sus ojos se inundaban de sangre.

Alex apartó la toalla de su cuerpo, pasándola por los labios de Kyo, intentando secar la sangre de ellos. El acceso de tos desapareció lentamente, dejando a Kyo herido, yaciendo en el suelo húmedo. Esta vez había sido corto y Kyo lo agradecía. Esperaron que su respiración lentamente volviera a la normalidad, mientras él continuaba con la cabeza en regazo de Alex. Los dedos del ninja acariciando el cabello de Kyo.

Se levantó con la ayuda de Alex y abrió los ojos sorprendido al ver el cuerpo del joven desnudo ante él, un ligero rubor se posó en sus mejillas, no se había dado cuenta de que Alex había usado la toalla para secarle la sangre. Vio los ojos del ninja, preocupados, no le importaba que Kyo lo viera, era como si no tuviera nada que ocultar, sólo quería saber si se encontraba bien.

Kyo parpadeó lentamente, observando los hermosos ojos verdes, apartando el cabello rubio, húmedo, de los labios entreabiertos. Pequeñas cicatrices cubrían el cuerpo del ninja, viejas huellas de heridas de peleas, pero ninguna tan profunda como la que surcaba su espalda. Sintió el deseo de abrazarlo. ¿Cómo iba a dejarlo? ¿Cómo?

Alex no soportaba la cercanía de las personas... y sin embargo, se mostraba tal y como era ante él. Sólo ante él. Con él hablaba de lo que fuera, se recostaba en sus piernas, se tomaba de su brazo, dejaba que lo acariciara... Apenas él no estuviera, apenas Kyo se fuera, Alex se quedaría totalmente solo. Había dicho que se suicidaría. No en esas palabras exactas, pero lo había dado a entender muy claramente. Para Kyo era injusto que un joven, de la belleza de Alex, acabara con su vida a tan temprana edad por decisión propia. Si no hubiera sido por esos hombres que lo hicieron sufrir y lo marcaron para siempre, si no hubiera sido por esa casualidad que los hizo conocerse... Si no fuera por el Henka que pronto acabaría con él... De no haber sido por tantas cosas, Alex podría haber vivido tan feliz...

Pero todo estaba en su contra, pensó Kyo. Desde el comienzo había sufrido. ¿Acaso morir era la única manera que tenía de liberarse de su destino?

Ahora estaban muy juntos, las manos de Alex en los hombros del joven Kusanagi mirándolo profundamente preocupado, preguntándose qué ideas pasaban por la mente de Kyo. Limpió la sangre de su rostro con el dorso de su mano, como una suave caricia para su hermano menor. Se estremeció al sentir el aire frío tocando su cuerpo desnudo, pero era como si no se hubiera dado cuenta de que nada lo cubría.

Kyo vio su rostro, tan preocupado, su fino cuello, sus delgados hombros... dios, parecía como si Alex se pudiera romper. Le sonrió ligeramente, dando a entender que sólo había sido un leve ataque, asegurándole que ahora se encontraba bien y... sin saber cómo... se encontró con que Alex había rodeado su cuello con sus manos, su cuerpo desnudo pegado al de Kyo, estrechándolo con fuerza, como si no quisiera dejarlo ir... jamás. El joven respondió al abrazo, rodeando con sus brazos la fina y delicada cintura del ninja, se veía tan débil, tan frágil... y... se sentía tan bien tener el cuerpo de Alex cerca suyo, abrazándolo, sin miedo... Siempre había intentado que el ninja aceptara ciertas caricias, quería ayudarlo a olvidar, y lentamente lo había logrado. Ahora Alex podía entregarse de esta forma a él, con naturalidad, como si siempre hubiese sido así.

Lo estrechó con más fuerza, todo estaba bien, el dolor había cesado y Alex sólo estaba preocupado por él, no había nada más, sólo ellos dos... abrazados, en ese lugar... sin nadie más molestando. Era lo que Alex había querido hacer desde que empezó todo, abrazarlo y, aunque sonara egoísta... tenerlo para él, sin interrupciones de Yagami o Fujimiya... Nadie los podía interrumpir... Y así estaba bien.

 

* * *

Continúa

[ Capítulo 22: Omae dake ]

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Shades of Flames and Passion
Mayo, 2002