Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capitulo 24.- La Razón por la que haces las cosas

Iori esperaba al pie de las escaleras del templo, apoyado en la portezuela de su automóvil. Kyo ya estaba adentro, esperando también, su rostro cansado con expresión adormilada. La salida había sido tan brusca, tan repentina, que recién su mente se aclaraba. No estaba seguro de qué le había hecho Iori a Chizuru, pero debió ser algo grave, como para que la calmada sacerdotisa lo hubiese expulsado de ese lugar.

Pero... ¿lo había hecho? ¿En verdad lo había expulsado o era sólo el orgullo del pelirrojo que no le permitía seguir bajo la protección de una mujer?

- ¿Yagami? - llamó, pero su voz no se oyó a través de la ventanilla. Parpadeó despacio, la noche estaba tan oscura que apenas podía vislumbrar las luces del templo, escaleras arriba. Incluso el brillo del cigarrillo que Iori fumaba era difícil de ver, a pesar de estar tan cerca. - ¿A quién esperas? - murmuró Kyo para sí, sonriendo ligeramente.

Afuera, el pelirrojo sonrió también. Sí, podía oír la voz de Kyo, pero no quería responderle. No quería mirarlo. No se atrevía. ¿Qué iba a hacer con él ahora? Estaban solos, porque ni siquiera Chizuru los apoyaría. Podía hacerse cargo de Kyo el tiempo que le quedara, aceptaba que quería hacerlo... y quería...

Lanzó el resto del cigarrillo al suelo, con gesto impaciente. Abrió la puerta bruscamente y subió al vehículo. Miró al joven de cabello castaño mientras encendía el motor y arrancaba. Kyo le devolvió la mirada, abrigándose y acurrucándose en el asiento.

- ¿Dónde quieres pasar tus últimos días, Kyo? - inquirió. No había burla en su voz, ni ironía. Era sólo una pregunta.

Kyo apartó la mirada.

- Nunca lo había pensado... - murmuró, pero luego volvió a mirar a Iori, sonriendo levemente -. ¿Dónde te hubiera gustado... matarme?

Iori rió ante la ocurrencia.

- Cualquier lugar es bueno - gruñó, mientras ganaban velocidad.

Kyo dejó de mirar a Iori para observar las calles a través de la ventana. La nieve, la oscuridad de la noche, la repentina salida. Eso era lo último que sucedería para él... Continuaba siendo tan irreal. Morir. Morir nunca había estado dentro de sus posibilidades. No tan pronto.

Pero eso no era todo. Iori estaba a su lado. Iori conducía un auto que lo llevaba a algún lugar desconocido, por primera vez no estaba allí para matarlo. En verdad era Iori, su enemigo, el que había cambiado súbitamente el odio por... ¿por qué? ¿Qué era lo que lo impulsaba a comportarse de manera tan protectora con él?

- Yagami...

Iori se volvió hacia Kyo, sólo para ver al joven lanzarse hacia él. Instintivamente se echó hacia atrás, para evitar un posible ataque, pero sintió cómo los brazos de Kyo pasaban alrededor de su cuello, y el cuerpo del joven lo atrapaba contra el asiento. Frenó bruscamente, sin poder ver el camino, perdiendo el control en el pavimento resbaloso, notando cómo el auto giraba sobre sí mismo antes de detenerse por completo con un chirrido de ruedas.

- ¡Maldición, ¿pero qué pretendes?! - exclamó el pelirrojo cuando el movimiento cesó -. ¡Que vayas a morir no significa que...! - hubo una pausa, un ligero estremecimiento en el cuerpo contra él. Iori bajó la mirada hacia la cabeza que se ocultaba contra su pecho, el desordenado cabello castaño impregnado con olor a muerte -. ¿... Kyo...?

El pelirrojo posó sus manos en la espalda de Kyo, intentado separarlo, pero el joven se aferraba a él en ese abrazo. El rostro escondido le indicaba a Iori que había algo que Kyo no se atrevía a decir en palabras. Algo que lo angustiaba, pero que no podía compartir con nadie.

Kyo lo estaba abrazando, pensó, mientras recorría su espalda con los dedos, con firmeza, para que Kyo sintiera la caricia. Kyo... Kusanagi Kyo. Jamás lo hubiera imaginado abrazando así a nadie. Nadie. Ni siquiera a esa niña que decía ser su novia.

Tenerlo en sus brazos... era tan diferente a esos muchachos con los que pasaba la noche. Podría sentir sus músculos, su cuerpo fuerte. Podía sentir la firmeza de su abrazo pese a estar afiebrado y debilitado... Su leve gemido apagado mientras se escondía aun más contra él.

- Doushita no... Kyo... {¿Qué sucede... Kyo?} - murmuró, suavemente, en el oído del joven. Su mano subió por la espalda de Kyo, hasta posarse en su cabello. Podía sentir cómo se estremecía, aún abrazándolo, aún escondido. Si sollozaba, no podía saberlo, pero sentirlo temblando contra él solamente hizo que sintiera un violento impulso de devolverle el abrazo. Lo estrechó con fuerza contra sí, mientras Kyo se aferraba a su ropa.

- ¿Cómo será... exactamente? - preguntó Kyo con voz apagada.

- ¿Qué? - murmuró Iori.

- Morir... ¿Sabes cómo será?

Un automóvil pasó por el lado del vehículo de Iori, sus luces intensas iluminándolos un segundo antes de sumirlos en la oscuridad nuevamente.

- No pienses en eso... - susurró Iori, apartando el cabello de la frente de Kyo, intentado ver su rostro.

- Dímelo... - insistió el joven, alzando sus ojos hacia Iori. Estaban enrojecidos, pero no había lágrimas en ellos. Su expresión era de incertidumbre, de ingenuidad, como si no pudiese creer que realmente aquello estaba sucediendo. Y, notó el pelirrojo, más allá de eso, había un brillo obstinado, una negativa a aceptarlo tan fácilmente, un deseo de lucha, una llama que no había podido apagar a pesar de todos sus actos y palabras. Suspiró con fuerza, intentando parecer calmado y frío, como siempre. Sujetó la barbilla de Kyo, para mirarle el rostro mientras respondía:

- Continuarás así un tiempo - dijo, de mala gana -, todo depende de ti. Luego dejarás de moverte, de sentir. Ni siquiera lo notarás.

Kyo sonrió levemente.

- No necesito consuelo, Yagami - dijo, haciendo que Iori se diera cuenta del tono en que había pronunciado sus palabras. Turbado, apartó sus ojos un segundo, y luego los volvió hacia Kyo.

- Suéltame, entonces - dijo secamente, provocando que Kyo retrocediera hacia su asiento con los ojos entrecerrados, y haciendo que el auto arrancara con una sacudida.

El resto del camino intentó no observar a Kyo, pero era inevitable no fijarse en su perfil, en sus ojos firmemente clavados en el exterior del vehículo.

***

Qué cansado se sentía, pensó Iori. Sus párpados parecían pesar, y el cabello sobre su rostro no hacía más que molestarlo. Conducir, en esa noche, le hacía desear llegar a su departamento y dejarse caer en la cama para dormir eternamente. Sus pensamientos parecían un remolino dentro de su cabeza; aceptar, negar, rechazar, desear... No podía comprenderse. Había declarado sus sentimientos hacia el joven que ahora dormitaba a su lado, allá en el templo. Lo había besado y acariciado, explorando con curiosidad sus labios y su cuerpo, pero de todos modos, ahora que estaban solos, no podía evitar mostrarse frío. Como si quisiera alejar a Kyo de él para que el joven Kusanagi no percibiera esa desesperación que comenzaba a embargarlo completamente.

Las luces de los vehículos del otro carril herían sus ojos agotados, y por costumbre, Iori buscó y encendió un cigarrillo. Lo dejó colgar en sus labios, casi sin fumarlo, dejando que se consumiera solo, sacudiendo las cenizas en el pequeño cenicero del vehículo. No le ofrecía alivio, ni respuestas a sus preguntas.

Toda su vida había visto a los demás como molestias, estorbos de los que se podía deshacer con un simple gesto. Kyo había aparecido, y se había quedado para siempre en su vida, como la única molestia de la que jamás podría deshacerse. Nunca se preocupó demasiado por el vínculo que comenzaba a formarse entre el joven Kusanagi y él, porque sólo había dos opciones en su extraña vida: morir, solo, o morir en manos de Kyo. No había más.

Incluso si algún día conseguía destruir a Kyo, él moriría en poco tiempo. Era su destino y jamás había intentado ir contra él. Un Kusanagi podía contrarrestar la maldición de Orochi en un Yagami, pero nunca hubiera pasado ni remotamente por su cabeza el pedirle ayuda a un rival. No. La muerte no era un problema para él.

Algo lo angustiaba ahora, en el silencio del vehículo, como si estuviera totalmente solo con sus pensamientos. ¿Qué era lo que lo preocupaba? Había algo, algo que no podía decir con claridad. Era un detalle que hacía que las luces fueran dolorosas, y la noche demasiado oscura. Hacía que su pecho se sintiera pesado, y que deseara cerrar los ojos durante largo rato, para que al despertar todo hubiese terminado.

- Kyo...

Sus labios pronunciaron el nombre tan familiar, casi sin que él se diera cuenta. Era Kyo, ¿verdad? Él era la causa. Desde que lo ayudó a salir de los laboratorios de NESTS se había dado cuenta de lo frágil que podía llegar a ser. Enfrentaba a sus oponentes con una sonrisa socarrona, pero en realidad sólo era un humano más. En el laboratorio, rodeado por esos cables, y agujas, y sensores, con una expresión tan desorientada en su rostro, Iori no había podido más que pensar que Kyo bien podía no morir en sus manos. Y no quería perderlo.

Qué ironía le jugaba el destino. Siempre había pensando que la sangre Orochi haría que él muriera antes que nadie. No era necesario buscar amistades o amor en su vida, porque de todos modos terminaría pronto... Nunca había considerado que la persona que más le importaba moriría antes que él. No se sentía preparado para soportar ese tipo de dolor. Era como para enloquecer pensando en eso.

Y había querido matarlo él mismo. En verdad era irónico...

***

Qué sábanas tan cálidas, pensó Kyo, observando con ojos entrecerrados la tela desordenada y clara donde estaba acostado. Una almohada suave yacía bajo su cuello, un poco torcida hacia un lado, denotando un movimiento inquieto en algún momento de la noche. La ligera frazada que lo cubría casi desaparecía bajo un enorme cubrecama que resbalaba por el suelo, hasta ir a perderse en las sombras de la habitación.

¿Ese era el departamento de Iori?, se preguntó. Era de noche aún, no sabía cómo había llegado allí, ni qué hora era, ni en qué parte de la ciudad estaba, pero sentía que llevaba ropas suaves y limpias, y que estaba cómodo, como si volviera a los viejos tiempos de tranquilidad.

Aún tenía fiebre, podía notarlo en el dolor detrás de sus ojos, y la presión que parecía ejercer toda su cabeza.

- ¿Yagami? - llamó, intentando levantarse. Apartó las sábanas con algo de pesar, y se deslizó al suelo. Hubo un momento en que un mareo se apoderó de sus sentidos, pero se recuperó pronto, avanzando torpemente hacia la puerta de la ya familiar habitación. Era una situación idéntica a aquella vez, después de salir del laboratorio de NESTS, se dijo -. ¿Yag...?

Un gemido. Un escalofrío.

Kyo se detuvo en seco. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Acaso había regresado en el tiempo y nuevamente la historia se repetía? Ya había hecho esto antes, asomarse por la rendija entreabierta de la puerta y observar las dos figuras moviéndose rítmicamente en la sala.

No... Pero ahora había una pequeña diferencia. Kyo se apoyó en la pared, sus ojos castaños ardiendo en fría rabia. Veía a Yagami de espaldas a él, vistiendo su camisa negra desordenada. Los pantalones se veían arrugados. Estaba de rodillas en el suelo, sobre un joven, acostado bajo él. Kyo podía ver una de las blancas piernas desnudas del muchacho, porque eso era, sólo un muchacho. Iori estaba haciendo presión sobre él, y los gemidos intensificaron su volumen. No parecía importarle al pelirrojo, que continuó inclinándose hacia adelante hasta que quedó fuera de la vista de Kyo, oculto por la mesa baja de la sala.

Con un estrepitoso golpe, Kyo cerró la puerta. ¿Qué importaba si Iori se enteraba que había estado mirando? ¡Que lo supiera! No le interesaba. Maldito Yagami.

Regresó a la cama, y se dejó caer en ella pesadamente, escondiendo su rostro contra las sábanas. Cerró los ojos con fuerza, tratando de borrar esas imágenes de su mente, pero no podía. El perfil de Iori se dibujaba contra sus párpados, la silueta de sus labios entreabiertos en un gemido inaudible.

- ... Yagami-san...

La suave voz del muchacho en el exterior, temblorosa pero lo suficientemente aguda para que llegara a oídos de Kyo, hizo que el joven Kusanagi buscara una almohada para cubrirse la cabeza. No deseaba escuchar nada, no quería pensar en Iori afuera, con una persona desconocida en sus brazos. No sabía de dónde salía ese sentimiento tan fuerte, esa... envidia.

La respuesta de Iori se oyó a pesar de la puerta cerrada y la almohada sobre Kyo. Maldijo las paredes tan delgadas, y tiró de las sábanas y frazadas en vano. El pelirrojo hablaba con un tono bajo y tranquilo, aunque demasiado tenue como para entender sus palabras.

- Yagami-san, yo lo... yo lo amo...

Kyo se quedó inmóvil al oír esto. Oyó de nuevo a Iori, pero no entendió ni una palabra. Una risa, quizás, una burla. Junto con el sonido de una persona levantándose.

- Aparece después de tanto tiempo... - otra vez la voz del muchacho desconocido -, no permitiré que entre y salga de mi vida cuando le dé la gana. Quiero tenerlo a mi lado y yo... yo... quiero que usted me haga suyo, todas las noches... como ahora... durante el resto de mi vid...

El muchacho fue interrumpido por un fuerte golpe a su espalda. Se volvió bruscamente, su fino cabello rubio volando a su alrededor, sus ojos verdes clavándose en el causante del ruido, alertas. No esperaba que hubiese alguien con él en el departamento, salvo el pelirrojo que ahora estaba sentado al borde del sillón encendiendo un cigarrillo. A Iori parecía no importarle el intruso, porque sólo levantó la mirada, con expresión fría, e inhaló un poco del humo, haciendo brillar la punta del cigarro.

- Na... nani...? - murmuró el muchacho, buscando inconscientemente algo con qué cubrirse. Sentía la intensa mirada del alto joven que acababa de entrar en la sala.

- Kyo, te presento a Akari - gruñó Iori descuidadamente, notando el brillo furioso en los ojos castaños del joven Kusanagi.

Kyo no pareció escucharlo, sólo miraba a ese tal Akari como si quisiera golpearlo. Dio un paso más hacia la sala, sus ojos fijos en los verdes del muchacho que parecía cada vez más asustado. Estaba desnudo, arrodillado en el suelo. Su cabello húmedo y desordenado, su cuerpo aún mostrando las huellas de la pasión de Iori.

- Vístete y sal - ordenó Kyo secamente, intentando controlar el fuerte sentimiento en su interior sin lograrlo. Al ver que el muchacho no obedecía, intentó sujetarlo del cuello, pero para su sorpresa Akari se liberó fácilmente, poniéndose de pie y sentándose al lado de Iori, aferrándose a su hombro como si buscara protección.

- Yagami-san... - murmuró con voz indefensa, mirando de reojo a Kyo, que no podía creer la escena que se estaba desarrollando ante él. ¿Cómo era que había despertado en el departamento de Iori? ¿Cuánto tiempo hacía desde que habían llegado, para que el pelirrojo hubiese podido conseguir a este chico para pasar la noche?

Kyo observó al rubio, y luego a Iori, que no parecía afectado por lo que sucedía. Había una pregunta en la mente de Kyo, repitiéndose mil veces, pero no conseguía dar con una respuesta. ¿Por qué? ¿Por qué Iori había buscado a un muchacho? ¿Por qué tomarse el trabajo? ¿Por qué un desconocido y no a él? ¿Acaso era sincero cuando decía que ya ni siquiera valía la pena tomarlo?

Apretó los puños, sintiéndose como si hubiese sido derrotado en una pelea. Iba a apartar la mirada, cuando oyó la voz de Iori:

- Haz lo que Kyo dice.

Aquello lo sorprendió casi tanto como sorprendió al muchacho. El rubio intentó protestar, pero Iori lo cortó, poniéndose de pie y lanzándole una mirada helada.

- Vístete, y no regreses - dijo simplemente.

- ¡Pero, Yagami-san! - exclamó el muchacho, sus ojos muy abiertos, brillantes -. Yo en verdad lo...

Iori rió, burlón, negando con la cabeza.

- Pero yo no - lo cortó -. No me interesas, y te lo dije: sólo una noche.

El muchacho señaló a Kyo, mientras con su otra mano alcanzaba su camisa y se cubría a medias.

- ¿Por qué? ¿...Quién es él? - quiso saber. El pelirrojo le daba la espalda ahora, y estaba obligando a Kyo a entrar de nuevo en la habitación. En los ojos de Kyo podía ver exactamente las mismas preguntas, pero no tenía intenciones de responder. A ninguno de los dos.

- Me vas a hacer perder un contrato - gruñó Iori a Kyo una vez dentro de la habitación, mientras lo empujaba de vuelta a la cama. Cubrió al joven, ordenando rápidamente las sábanas y las almohadas -. Duerme y no causes problemas - le dijo en voz baja y seca, como una orden -. Voy a salir.

Iba a retirarse, pero un tirón en su camisa lo mantuvo inmóvil, inclinado a milímetros del rostro de Kyo. Miró sus ojos castaños, aún furiosos. Kyo no iba a aceptar una simple orden sin ninguna explicación. Iori sonrió ante su expresión obstinada, y levantó una mano para acariciar el cabello de Kyo, apartándolo de sus ojos molestos.

- Que estés aquí no significa nada, ¿oíste? - murmuró sólo para Kyo -. Nada va a cambiar, y no tienes derecho a exigir nada.

Su otra mano buscó la de Kyo, y lentamente lo obligó a soltar su camisa. Se quedó con esa mano en la suya, sintiendo lo fría que estaba. El joven no le respondió, no tenía argumentos, sólo esa extraña molestia. Iori sonrió de nuevo, negando con la cabeza. Lentamente, acercó la mano de Kyo a sus labios, aspirando su aroma a sangre y fuego. Depositó un ligero beso en el dorso, para sorpresa del joven Kusanagi, y luego se puso de pie.

- Yagami...

El pelirrojo se detuvo a medio paso, para volverse hacia Kyo. Sus miradas se encontraron un segundo, y fue Kyo quien sonrió esta vez.

- I... iie, nan demo nai... (No... nada...) - murmuró, titubeante.

- Duérmete - insistió Iori, antes de salir.

***

- Yagami-san... ¿en verdad...?

Akari hizo un débil último intento para ir contra la negativa de Yagami, pero fue inútil. El pelirrojo conducía su vehículo a toda velocidad, sin dirigirle ni siquiera una mirada, ni una palabra. Nada. Era como en ocasiones anteriores, encontrarse en el bar, hablar de hacer una presentación juntos, sus dos bandas, llenando una live house y haciendo gritar y saltar a cientos de jóvenes fanáticos. Luego tomar unas copas y después seguir a Iori en silencio hasta su auto, para compartir una ardiente noche en su departamento. Al terminar, todo acababa. Las miradas, las caricias. Eran nuevamente dos desconocidos dirigiéndose a un bar del centro de la ciudad.

Sin embargo, esta vez Iori no tomó el camino acostumbrado, sino que se detuvo en el cruce de una avenida y una tranquila calle iluminada por letreros de neón.

- Baja - dijo Iori, aún mirando al frente.

- Pero... ¿no viene? - preguntó Akari, mirando el lejano letrero del bar donde siempre se encontraba con el pelirrojo.

- No esta noche - respondió Iori, haciéndole caso por primera vez en mucho rato, pronunciando las palabras con un dejo cansado, como un suspiro.

El muchacho rubio descendió del vehículo, con una leve inclinación de cabeza.

- Hasta luego, Yagami-san - alcanzó a decir antes de que el vehículo volviera a partir a toda velocidad.

Iori se dirigió a una calle cercana, una que casi nunca frecuentaba. Había un pequeño bar allí, donde nadie lo conocía. Todo lo que quería era un rincón en la penumbra del local, a solas, para beber y beber hasta que el alcohol borrara todo rastro de Kyo de su mente.

¿Por qué había llevado a Akari a su departamento?, esa era una pregunta de la que ni el muchacho, ni Kyo, podían saber la respuesta. Pero era simple: para distraerse. Para evitar que su deseo por el joven Kusanagi lo hiciera romper una de las malditas reglas impuestas por los clanes. No necesitaban más problemas por ahora. Orochi parecía estar en vías de volver a despertar, y esos ninjas que los seguían a todos lados eran un problema. No entendía qué sucedía allí, todo lo que quería era pasar un tiempo tranquilo con Kyo.

Tranquilo, casi rió en voz alta. Nunca en su vida había tenido tantas malditas preocupaciones.

No había nada que pudiera hacer por Kyo, salvo cumplir su promesa y estar con él. Aún no estaba seguro si lo haría o no, pero inconscientemente deseaba hacerlo. Sin embargo, el aparente despertar de Orochi había hecho que volviera a sentir esa furia incontrolable que era capaz de convertirlo en un monstruo... Un ser sin consciencia que todo lo que quería era destruir al heredero de los Kusanagi. ¿Qué haría Kyo si el Riot lo alteraba? Y... ¿cómo seguir evitando hacer suyo a ese hermoso joven, cuando cada vez que veía sus ojos castaños, o sentía su presencia cerca, era lo primero que deseaba? Chizuru lo había amenazado con levantarse en contra de ellos, y esa mujer realmente estaba lo suficientemente obsesionada por las viejas tradiciones como para llevarlo a cabo.

Eran iguales, él y Chizuru. Basando su vida en una obsesión proveniente del pasado. Los clanes habían tenido demasiada influencia en ellos, quizás era por eso que Kyo había llegado a significar tanto. Viviendo libre y despreocupado, burlándose en la misma cara de sus antepasados, y despreciando el hecho de ser el heredero de su familia. Tal vez había sido por esa actitud que ambos intentaron arrastrarlo dentro de las tradiciones. Él, buscándolo para hacer presente en su vida el odio y la rivalidad del pasado. Ella, para traerle la responsabilidad de pelear a su lado, para proteger un mundo que para Kyo antes no significaba nada.

Si no hubiesen peleado contra Orochi, si NESTS no hubiese experimentado con él... ¿Kyo estaría bien ahora? Quizás todos esos eventos tenían la culpa de que el Henka lo hubiese afectado tanto, a él, que con tanto orgullo Kusanagi Saisyu había declarado como sucesor.

Iori entró al pequeño bar intentado imaginar cómo sería Kyo si nada de eso hubiese sucedido. En los torneos había sido sólo un escolar, incluso tenía el descaro de ir a pelear con su uniforme negro. Lo habían tomado por "héroe" cuando no pretendía ser nada de eso. Era un chico insoportablemente bueno, y lleno de sentimientos correctos, pero nada más. Así como lo veía ahora, desafiante, más agresivo, y lleno de odio hacia NESTS, le hacía pensar interminablemente en él, y no podía evitarlo.

- ¿Qué va a servirse, señor? — dijo una voz entre el murmullo de los clientes, y él respondió descuidadamente. No sabía qué fue lo que ordenó, pero daba lo mismo, porque al salir de allí estaría tan ebrio que ni siquiera lo recordaría.

Kusanagi Kyo... La cadencia de sílabas que durante tanto tiempo se habían repetido obsesivas en su mente, ahora resonaban en su alma y su corazón, y era angustiante. No estaba acostumbrado a esos sentimientos, y podría haber estado dispuesto a aceptarlos y disfrutarlos... pero sabía que si lo hacía, cuando Kyo finalmente se fuera, sería demasiado duro.

Sonrió para sí, mientras veía frente a él una copa de licor que no sabía de dónde había salido. Quizás sí era un cobarde, tal vez ni siquiera se atrevía a probar lo que era el verdadero sufrimiento.

Se tomó la copa de un solo trago, sintiendo cómo el alcohol ardía en su garganta y luego desaparecía. Con un gesto ordenó otro, y se apoyó en la mesa, descansando su frente sobre sus brazos cruzados. Sería difícil embriagarse lo suficientemente rápido.

Incluso ahora no podía dejar de pensar en Kyo durmiendo tranquilamente en su habitación. Quizás los ninjas lo habían encontrado y lo estaban atacando. Quizás muriera durante la noche. Podían suceder ser tantas cosas...

Prohibido.

Si la sacerdotisa no hubiese puesto tanto énfasis en el tema él no estaría pensando en eso, estaba seguro. Había una manera de que sus preocupaciones se redujeran a lo mínimo, pero no sabía si daría resultado o no, y si fallaba... Maldición, si fallaba todo habría terminado para él y para Kyo. Sonaba tan simple: salvarlo... ¡pero era tan difícil el decidirlo!

¿Cuándo había dudado él? ¿Cuándo se había visto entre dos caminos sin saber cual elegir? Obviamente, elegiría aquel que lo llevara a Kyo, pero en este caso, ¡ambos caminos no hacían más que separarlos!

Golpeó la mesa con su puño, haciendo saltar la copa vacía, para que luego ésta rodara por la mesa, en dirección al borde.

Una mano envuelta en un guante de terciopelo la sostuvo antes que cayera.

- Parecer que necesitas compañía, chico bonito...

Levantó sus ojos hacia la persona que hablaba, y se sorprendió al ver allí a una joven a quien no conocía. Era sólo una mujer, vestida con un traje ceñido, de noche. Su cabello negro caía ondulado por los lados de su rostro, y sus ojos azules lo observaban curiosos y juguetones. Quizás demasiado maquillaje adornaba sus párpados, un azul metálico que brillaba con las luces tenues del lugar, y una linea negra que agrandaba demasiado sus ojos, pero ¿quién era Iori para estar criticando el maquillaje de una mujer?

Sin ni siquiera pensarlo, la joven ya estaba sentada en la silla frente a él, mirándolo con aire divertido mientras él se hundía más en su asiento. Brazos cruzados sobre la mesa, y el rostro medio oculto, dejando ver sólo sus ojos rojos levantados hacia ella, casi cubiertos por los largos mechones de cabello.

- ¿Qué quieres? - gruñó él, mientras ella sujetaba la copa como si estuviera llena, y la acercaba a sus labios, sintiendo el aroma. Levantó una mano, llamando a una mesera. El pelirrojo pudo ver la blancura de su brazo, allí donde el guante dejaba de cubrir y aún no comenzaba su vestido. Sobre sus hombros colgaba un abrigo, al parecer de piel. No estaba muy abrigada para ser invierno.

- Otro, por favor - sonrió la joven desconocida a la mesera que vio su gesto. En seguida se volvió hacia Iori, aún con su sonrisa -: Ser esa mi pregunta para ti - dijo.

Al fin Iori reconoció el acento de la joven. Al comienzo le había parecido oír mal, pero ahora no tenía dudas, por la pésima forma de acentuar las palabras, y arrastrar las suaves erres japonesas convirtiéndolas en lo que sonaba como un tosido, supo que era francesa... o algo parecido.

No dijo nada, sin embargo. No tenía por qué hablar con una perfecta desconocida extranjera.

- Ore namae wa Noir desu (Mi nombre ser Noir) - continuó la joven sin inmutarse ante el silencioso pelirrojo. Iori parpadeó.

- ¿"Ore"? - preguntó, extrañándose que una mujer que se veía tan distinguida pudiese expresarse como un joven mal educado.

- Iie - negó ella, moviendo la cabeza -. No saber tu nombre, ese ser mi nombre.

- No deberías decir "ore" - gruñó Iori. Se dio cuenta que estaba hablando tonterías, quizás al fin el alcohol se le subía a la cabeza.

- Yo llamarme como quiera - sonrió la joven, dando por sentado el asunto -. ¿Y tú?

- Yagami - murmuró Iori.

- Ya... ga... mi... - repitió ella dulcemente, y luego ensayó en japonés -: Kanashii desu ka, Ya... ga... mi... san? (¿Está triste, Ya... ga... mi... san?)

- Hn - fue todo lo que dijo el pelirrojo.

- ¿"Hn"? - repitió ella, extrañada -. No conocer esa palabra - continuó, cogiendo una servilleta y luego mirando a Iori -. ¿Tener bolígrafo? - preguntó con una sonrisa -. Apuntarlo y luego buscar en el diccionario.

Iori sudó una gota, irguiéndose finalmente en su asiento, mientras negaba con la cabeza.

- Estás sonriendo - le hizo notar la joven. Parecía feliz de haber logrado eso en Iori.

- Estás loca - gruñó él. La mesera le había traído la segunda copa de la noche. Iba a tomarla, pero Noir fue más rápida que él, y la levantó entre sus dedos, admirando la luz a través de la bebida casi dorada.

- Pero animarte - le dijo, mientras lentamente extendía su brazo hacia Iori, dejándole tomar la copa -. Tú no volverme a ver jamás, así que... poder conversar un poco conmigo, oui?

Iori tomó un largo trago, observándola con ojos entrecerrados. ¿Una mujer fácil, tal vez? Era hermosa, el cabello negro haciendo contraste con sus ojos azules. Una extranjera que no tenía nada más que hacer que perder el tiempo con desconocidos en un bar.

- No comprenderías - murmuró Iori. Ella sonrió, poniéndose en actitud de prestar atención.

- Poder intentarlo - dijo.

Iori la observó un largo rato, desconfiado, pero ella tenía razón, jamás la volvería a ver así que, ¿qué importaba contarle lo que le preocupaba?

- Una persona está a punto de morir - dijo en voz baja, casi inaudible -. Y no me importa... pero eso puede cambiar... basta que lo... acepte...

- Pero no querer sufrir... - susurró Noir, bajando su mirada.

- Sufrir y que esa persona sufra - corrigió Iori -. Es decir, ¿qué ganaría? Podría dejarlo morir y todo terminaría, ya no tendría importancia...

- Pero te preocupas. - Noir parecía saber exactamente qué pasaba por la mente del pelirrojo. Sabía qué era lo que él quería decir, a través de esas medias palabras.

¿Se debía a que era una mujer, o quizás los franceses eran más sensibles para esas cosas?, se preguntó Iori entre trago y trago.

- Si amo a esa persona, la destruiré. Si no lo hago, otros lo harán... Y de todos modos morirá - murmuró Iori.

- ¿A... mar...? - repitió Noir, como si no hubiese comprendido. Iori ya no dijo más. No le servía de nada hablar con esa mujer extranjera que no debía haber entendido ni la mitad de sus palabras. Además, comenzaba a sentirse mareado y no podía pensar con claridad. Estaba cansado por los días anteriores, le había cedido a Kyo una gran cantidad de energía, y ahora el alcohol... Sintió una mano envuelta en terciopelo rozando su brazo -. Yagami-san, si esa persona morirá... ¿por qué no hacerla feliz durante sus últimos días? Eso es lo que tú desear, y eso deber ser lo que él desear también...

-¿Él? - repitió Iori, creyendo haber oído mal.

- Cuando la muerte llegar, nada importar... Y estará feliz..., al menos estará feliz...

La voz de la mujer sonaba lejana, como si se hubiese ido a medida que hablaba. Iori abrió los ojos, aunque no sabía en qué momento los había cerrado. Frente a él ya no había nadie.

- Malditas extranjeras - gruñó.

No había manera de saber cuánto tiempo había pasado en ese bar, pero ya estaba cansado, así que pidió la cuenta y pagó sin ni siquiera fijarse cuánto dinero estaba dejando. Salió con pasos pesados, y el aire helado del exterior no sirvió para despejar su mente. Observó su vehículo negro, preguntándose cómo haría para conducir si sus ojos se estaban cerrando por sí solos.

Fue hacia el auto, abriendo la puerta con sus llaves.

- Konban wa {Buenas noches}, Yagami-san - saludó una voz desde el interior, y el pelirrojo se sobresaltó. Ahí, en el asiento del conductor estaba una familiar figura rubia.

- ¿Qué demonios...? - gruñó, retrocediendo para que el joven saliera. Era Alex, observándolo con sus ojos verdes, fríamente.

- Oh, sí. Qué bien se hace cargo de Kyo, Yagami-san - dijo el ninja con sarcasmo -. Muy bien, ciertamente.

- Damare {Cállate} - Iori intentó apartar al joven, pero éste simplemente se hizo a un lado, esquivándolo.

- ¿Qué quiere? ¿Matarse? - preguntó el rubio. No había burla en su voz ahora, sólo una fría seriedad.

- Bien te gustaría que lo hiciera - rió Iori -. Tendrías a ese inútil de vuelta.

- Si usted va a cuidar de Kyo, entonces es mi deber... servirlo a usted también - murmuró el ninja en voz baja, como si no quisiera aceptarlo por su propia voluntad. En seguida se sentó nuevamente en el asiento, mientas decía -: Suba, Yagami-san, lo llevaré de vuelta a su departamento.

Iori obedeció maldiciendo para sí, pero no estaba molesto. Le lanzó una mirada a Alex, y luego cerró los ojos, sintiendo cómo el auto comenzaba a moverse. Antes de quedarse dormido, se preguntó cómo habría hecho Alex para encontrarlo, pero no tuvo fuerzas para negarse al sueño y pensar una respuesta.

Continúa

[ Capítulo 25: Forbidden Fantasy ]

* * *

Nota: Noir es un personaje que pertenece al fanfic "Llegendes de Foc", por Artemis. Tiene una relación bastante íntima con Alex.

* * *

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MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Agosto, 2002