Fanfic por MiauNeko

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 25.- Forbidden Fantasy

Al fin estaba lo suficientemente ebrio como para no poder pensar nada coherente, notó Iori, mientas entraba en su departamento. Alex lo había traído a casa, e incluso lo acompañó parte del recorrido por el pasillo, luego de salir del ascensor, pero ahora había desaparecido. Iori no podía decir si realmente había sido parte de la habilidad del ninja el dejándolo sin que él se diera cuenta, o si el alcohol afectaba demasiado sus sentidos.

Entró, sin fijarse en el desorden de la sala, ni pensar que hacía unas horas había estado teniendo sexo con una persona allí. Los muebles fuera de lugar no existían en ese momento. Todo lo que quería era llegar a su cama y dormir.

Su habitación estaba en penumbra, iluminada por las luces de la calle. Era como le gustaba, pero no tenía tiempo de quedarse a admirar el juego de sombras que caía sobre cada objeto y mueble. Todo su cuerpo le pedía un momento de total oscuridad y descanso.

Apartó las sábanas, listo para dejarse caer allí, cuando vio a Kyo. Se quedó quieto. Sorprendido, pero no por verlo allí, sino por haber olvidado que estaba allí. Era como un estado de ensueño, recordaba la razón por la que el joven yacía durmiendo tranquilamente en su cama, pero al mismo tiempo le parecía fuera de lugar. Ah, en fin, se dijo. Volvió a cubrirlo, y se dejó caer a su lado con un:

- Maldición, Kyo.

El súbito movimiento de la cama hizo que Kyo despertara.

- ¿Yagami? - preguntó, buscando en la oscuridad el cuerpo que ahora yacía medio a su lado, medio sobre él. Encontró el brazo de Iori, pasando sobre sus piernas, y luego su cabeza, con el rostro escondido contra él. El pelirrojo gruñó algo, Kyo sonrió levemente mientras acariciaba su cabello. El olor a alcohol se hizo penetrante durante un momento, y Kyo se sintió confuso. ¿Iori estaba ebrio?

Con su mano libre, tiró de uno de los cobertores, para abrigar a Iori. Se quedó largo rato despierto, en la relativa oscuridad, sintiendo el cabello de Iori entre sus dedos. Incluso esto era mejor que nada, que durmiera a su lado. Era simple, pero lo hacía sentir tan bien.

- Deja de hacer eso - gruñó Iori de repente.

- ¿Eh? - Kyo pensaba que el pelirrojo estaba dormido, por eso se sobresaltó al oír su voz, apagada, contra la sábana.

- Deja de moverte, maldita sea - aclaró Iori.

Kyo sonrió:

- No soy yo, es Alex.

En una fracción de segundo el cobertor y parte de las frazadas volaron al suelo, al tiempo que una llamarada púrpura iluminaba súbitamente la habitación.

El pelirrojo se incorporó bruscamente, listo para encender en llamas al entrometido ninja. Se encontró frente a frente con dos enormes ojos verdes, mirándolo indiferentes. Iori se quedó quieto, el fuego brillando en su mano, él totalmente perplejo.

El maullido de "Alex" lo hizo reaccionar, y aún sin moverse vio cómo el gato negro caminaba despreocupado hacia él, subiéndose sobre sus piernas, y haciéndose un ovillo entre él y Kyo. Iori miró a Kyo, luego, que hacía lo posible por contener la risa, sin lograrlo. El pelirrojo frunció el ceño, lanzando su mano en llamas contra Kyo, que ahora reía abiertamente. El fuego se apagó a centímetros del rostro del joven, antes de que Iori sujetara su cabeza y la empujara contra la almohada.

- Vas a pagar por esto, Kusanagi - murmuró Iori volviendo a tenderse, y cubriendo nuevamente a Kyo, "Alex" y a él, con las frazadas.

- Era una broma, Yagami - rió Kyo entrecortadamente.

- ¿De dónde lo sacaste? - gruñó Iori, acurrucándose contra Kyo, sin consideración por el gato que estuvo a punto de aplastar.

- Alex lo trajo - respondió el joven, volviendo a posar su mano en el cabello del pelirrojo.

- ¿Alex? - repitió Iori. Maldito ninja, ¿había tenido tiempo de seguirlos, entrar y visitar a Kyo, y luego ir hacia el bar? Jamás comprendería a esos sirvientes de las sombras... Volvió a incorporarse, esta vez a medias, apoyándose en un codo. Extendió su otro brazo, que había estado reposando en el pecho de Kyo, para tocar la frente del joven. Solamente la rozó, pero fue el tiempo suficiente para notar que ardía en fiebre. Acarició su mejilla al ver la expresión de Kyo. Era como si al joven no le gustara que Iori viera que se encontraba mal. - Ya no hables, duerme - le ordenó, dejándose caer una última vez, y cerrando los ojos también.

* * *

La noche pasó sin sobresaltos, y para Iori fue demasiado corta. El mortecino sol invernal lo obligó a abrir los ojos, incómodo. El primer pensamiento que pasó por su cabeza fue el habitual: un nuevo día, uno más en esa cadencia de amaneceres que, a pesar de saber que serían pocos, no conseguía disfrutar. Siempre era lo mismo, el mundo recibiéndolo con su eterno vacío. No había nada que pudiera hacer. La sensación de que todo el tiempo era un desperdicio jamás lo había abandonado, ni siquiera luego de conocer a Kyo.

El joven Kusanagi había mitigado esa oprimente sensación, pero no había acabado con ella. Sin embargo, el ligero alivio que durante un tiempo le proporcionó, ahora estaba a punto de desaparecer para siempre...

Kyo, recordó de pronto. Todos los eventos regresaron a su mente confusa, junto con un penetrante dolor de cabeza, producto del alcohol, quizás. Extendiendo su mano, buscó a su lado, pero sólo sintió las sábanas arrugadas y frías, la huella de alguien que había dormido a su lado, y que hacía rato ya no estaba allí.

- Kyo - llamó en voz baja, incorporándose a medias. Observó que la puerta estaba entreabierta, y notó que si se concentraba lo suficiente, podía sentir la presencia del joven Kusanagi. Suspiró, llevándose una mano al cabello. Se detuvo al sentir los mechones enredados, y refunfuñó para sí. Era normal amanecer despeinado, pero de despeinado a enredado había una gran diferencia. A pesar de todo, no pudo evitar una leve sonrisa al recordar el contacto de la mano de Kyo, acariciando suavemente su cabello.

Iori salió de la cama, y al apartar las frazadas se dio cuenta que no vestía su camisa. Estaba seguro de no habérsela sacado durante la noche, o no por voluntad propia, al menos. Inconscientemente rozó su pantalón, y vio que el botón estaba desabrochado.

- ¿Qué demonios...? - gruñó, entrecerrando los ojos. ¿Acaso el alcohol había hecho que sus actos siguieran el impulso de su instinto?

Salió precipitadamente de la habitación, buscando a Kyo con la mirada. No estaba en la pequeña sala, aún desordenada, luego de la visita de Akari. Entró a la cocina, esperando ver a Kyo allí.

De algún modo "sentía" a Kyo en el departamento, pero no era como acostumbraba. Antes era como si pudiera saber si Kyo era desafiante, o si se ocultaba para salirle al paso intentando sobresaltarlo. Ahora era solamente como saber que estaba allí, pero nada más.

Algo llamó su atención sobre la estrecha mesa de la cocina: dos tazas, aún tibias, de café. Algunas gotas habían salpicado la superficie de acrílico, dejando su marca oscura, goteando por un extremo, ensuciando las delicadas puertas de los estantes. Siguió la larga mancha con la mirada, pensando en que no podía esperar menos del inútil de Kyo.

Entonces lo vio.

Jamás hubiera pensado que ver al joven pudiera sobresaltarlo tanto.

Él sabía cómo era el Henka, sabía que así como el Riot casi lo convertía a él en un monstruo, el Henka también afectaría a Kyo a su manera pero... ¿a ese extremo?

Se arrodilló frente al joven Kusanagi, que estaba sentando en el suelo, su espalda apoyada contra la mesa, su cabeza baja, con los ojos castaños ocultos por los largos mechones de cabello. Sus manos estaban juntas, pero fláccidas, sus dedos manchados de sangre, sangre que también ensuciaba su ropa desgarrada, y el suelo blanco de la cocina.

El pelirrojo se inclinó hacia Kyo, obligándolo a alzar su rostro. Sus ojos se encontraron con los del joven, que le sonrió. Iori parpadeó perplejo ante este gesto. ¿Cómo podía? ¿Acaso no se daba cuenta que lloraba lágrimas de sangre?

- ¿Qué haces levantado? - preguntó Iori, secamente, sin dejar que Kyo bajara los ojos para ocultar su mirada. - Kyo - insistió cuando el joven no le respondió. Quiso atraerlo hacia sí, abrazarlo, pero Kyo lo evitó.

Se miraron largo rato a los ojos, sin moverse, hasta que Iori finalmente apartó el cabello de Kyo para poder limpiar las lágrimas rojas. Acarició su mejilla con gentileza.

- Estoy bien - dijo Kyo suavemente, al notar el reproche en los ojos de Iori.

- ¿Por qué no llamaste? - preguntó el pelirrojo, aún observándolo con intensidad, pasando su mano tras la espalda de Kyo, que como respuesta solamente apartó los ojos, sus mejillas tornándose de un color rosa pálido.

Había sido un ataque intenso, Iori lo podía notar. El imaginar a Kyo intentado resistirlo solo era algo que no podía soportar. Una molestia en su interior lo iba llenando, mezclándose con el miedo y la rabia de saber que lo perdería más pronto de lo que pensaba.

Se llevó una mano a la cabeza, frunciendo el ceño. La mañana le había parecido vacía al despertar, luego todo había tenido sentido cuando recordó que Kyo estaba allí con él... pero ahora...

Sin darse cuenta, se había inclinado más hacia Kyo. Su mano todavía entre su barbilla y su mejilla, sosteniendo a Kyo con gentileza. Temblaban, ambos, de frío y dudas. Se observaron fijamente a los ojos, cerca, pero sin moverse.

- Yagami - la voz de Kyo, profunda, mientras lentamente pasaba sus brazos alrededor del cuello del pelirrojo, para atraerlo contra sí. Iori se encogió de súbito, sintiendo el dolor de Kyo a través de ese contacto. Era como el Riot, sí... pero el Henka no le permitía a Kyo ese estado de inconsciencia durante el cual el dolor poseía su cuerpo con más intensidad. El joven debía estar todo el tiempo sintiendo cómo el dolor aumentaba, sintiendo el miedo de no poder ser lo suficientemente fuerte para soportarlo.

Iori se levantó, sujetando a Kyo de la cintura y alzándolo con él. Kyo miró las tazas de café que ya debían estar frías. El pelirrojo siguió su mirada y durante un segundo volvió a ver un brillo molesto en sus ojos. Una furia por no poder hacer siquiera eso.

- Ven a la habitación - dijo Iori, obligándolo a caminar -. Olvídalo.

Kyo dio unos pasos, apartando su rostro.

- Una de las pocas veces que deseo preparar el desayuno, y sucede esto - murmuró.

Iori le lanzó una mirada de reojo.

- Demasiado tarde para empezar... - le hizo notar. El joven Kusanagi se detuvo, su cuerpo tensándose, apartándose de Iori. Lo miró directamente a los ojos, su expresión furiosa.

- ¡¿Por qué haces esto?! - exclamó de pronto. Iori permaneció impasible, aunque interiormente sorprendido por la reacción de Kyo. Su actitud, al parecer indiferente, enfureció aun más al joven Kusanagi -. ¿Por qué? ¡Responde! ¿Por qué me ayudas, por qué me cuidas, si cada vez que puedes me hieres con tus palabras...? ¡Maldición, Yagami, no te entiendo! ¿Qué hacemos aquí, en tu departamento? ¿Qué hago yo, aquí? - Kyo hizo un gesto abarcando el lugar, un gesto desesperado. Su ira comenzó a tornarse en sarcasmo, quería herir a Iori con sus palabras. Antes no le había molestado, porque lo ayudaba a aceptar su destino, ¡pero Iori parecía regocijarse al decirlo! - ¿Acaso en verdad estás tan loco como para traerme aquí, a verme morir? ¿Es eso?

Los ojos de Kyo brillaban. Súbitamente se veía agotado, casi al borde de las lágrimas. El Henka lo estaba comenzando a alterar emocionalmente, pensó Iori, dolido. Eso era lo que él había tratado de evitar, pero al parecer era poco lo que podía hacer para proteger a Kyo.

- Fuiste tú quien pidió que te acompañara - le recordó a Kyo. No era burla, era un hecho. Kyo resopló, apretando los puños y dientes, apartando la mirada. Iori lo observó, sin poder evitar un aire de desprecio -: ¿Qué demonios quieres? - dijo, con calma, pero firmemente -. ¿Compasión? ¿Quieres que te trate como a un pobre desgraciado que va a morir? ¿Que te oculte la verdad?

Kyo sintió las manos de Iori sujetándolo firmemente de los hombros. Se estremeció ante el contacto cuando una sacudida lo envió de espaldas contra el suelo. Estaba entre la puerta de la cocina y la sala, todo había sido tan rápido que tardó en darse cuenta que Iori estaba sobre él. Vio sus ojos muy abiertos, un brillo enloquecido y salvaje en ellos. No había visto a Iori con esa expresión desde que terminaron la batalla contra Orochi. Ahora recordaba que era un ser peligroso, un verdadero asesino. Y estaba con él... Iori estaba con él...

Se cubrió el rostro con las manos, sin poder soportar seguir viendo al pelirrojo. ¡Es que eso era parte de lo que no comprendía! ¿Por qué alguien como él se preocupaba por ese modo? Lo cuidaba, lo protegía... lo abrazaba... lo había besado...

- ¿Por qué estás aquí, conmigo, Kyo? - preguntó Iori, aún inmovilizándolo por los hombros, inclinado sobre él, que yacía en el suelo -. Podrías haberte negado a venir...

- No te entiendo - murmuró el joven, sin poder mirar a Yagami a los ojos -. Yo...

Iori limpió una lágrima escarlata que cayó de los ojos castaños de Kyo. Le acarició la mejilla, tiernamente, al ver que lloraba en silencio.

- ¿Quieres irte de aquí? - le preguntó, y Kyo negó con la cabeza, su garganta ahogada por las lágrimas.

- Sólo si... tú vas conmigo - susurró Kyo, sin atreverse a mirarlo.

- Eres tú el que pide que esté aquí, contigo - le hizo notar Iori, ahora rozando su desordenado cabello.

- Pero... podrías dejar de recodarme el tiempo que queda - dijo Kyo con un murmullo apagado. Parpadeó, respirando con dificultad -. Deja de recordarme lo poco que podré... estar a tu lado... Iori...

Iori se quedó inmóvil, sorprendido ante esas palabras. Maldijo para sí, porque su intento de proteger a Kyo había sido un rotundo fracaso. El joven Kusanagi sufría... y ahora era sólo por su culpa.

Sin embargo, Kyo no se había dado cuenta que esas palabras que lo herían, también herían a Iori.

El pelirrojo salió de encima de él, tendiéndole una mano para ayudarlo a ponerse de pie. Kyo parecía resignado, sí; al menos eso había conseguido, pero al mismo tiempo una expresión amarga se reflejaba en su rostro. ¿Qué era? ¿El no poder soportar el dolor? ¿No querer someterse a ese cruel destino? Iori sintió una extraña presión en su pecho.

- Ya no pienses en eso - dijo suavemente, aunque eran palabras más para sí mismo que para Kyo. Se acercó al rostro del joven, besando sus labios con suavidad, tentativamente. Kyo pareció sorprenderse, pero luego se relajó, aceptando a Iori. Parecía tan normal, un beso, en ese momento.

Kyo posó sus manos en el cuerpo de Iori, que continuaba con el torso descubierto. Lo acarició con suavidad, sintiendo su piel, tersa y cálida. Se separó del beso, inclinando su cabeza para posar sus labios en el cuello de Iori, que se estremeció con ese contacto. Lamió traviesamente la piel, sintiendo cómo Iori se ponía tenso, sus manos sujetándose de la camisa que vestía él, como si quisiese separarlo, o evitar un movimiento más. Kyo sonrió levemente, Iori estaba tan erguido ahora, tan tenso.

- Kyo... - un susurro ahogado, como si Iori no quisiera que sintiera la excitación de su voz.

Como respuesta, solamente bajó aun más, por su pecho, besando y probando. Empujó a Iori hacia atrás, súbitamente, intentando llevarlo hasta el largo sofá tapizado, donde Iori pasaba la noche con sus invitados. El pelirrojo retrocedió ante el empujón. Ambos sabían que fácilmente lo hubiera evitado, resistiéndose a Kyo, pero al mismo tiempo también sabían que no quería que eso sucediera. Se dejó llevar, hasta que el mueble golpeó la parte de atrás de sus pantorrillas, haciéndolo caer sentado. Kyo sonrió, sus labios húmedos, obligando a Iori a tenderse, a medias. Él se arrodilló, una pierna a cada lado de Iori, sentándose sobre él, casi a la altura de su entrepierna.

El pelirrojo observaba a Kyo, dejándolo hacer. Sus movimientos le parecían desesperados. La forma en que lo besaba, como si no pudiera darse abasto para rozar cada parte de su cuerpo. Sus manos, acariciándolo, arañándolo. Podía ver sus ojos cerrados, sus pestañas brillantes, mientras bajaba hasta encontrarse con el botón abierto de su pantalón. Kyo lo acarició allí, sintiendo su excitación. Pareció dudar un momento, sus mejillas comenzando a sonrojarse.

- Kyo, no... - alcanzó a decir Iori antes de que una oleada de placer cortara sus palabras. Sorpresivamente Kyo había apartado su pantalón, y ahora sus labios acariciaban la excitación del pelirrojo. Su lengua se sentía helada, contra esa firme calidez.

Yagami sólo observaba a Kyo, su mirada era dura, pero su ceño estaba fruncido, y sus labios entreabiertos. Era placentero... ¡y lo deseaba tanto! Hacer el amor con Kyo... Era algo que más de una vez había pasado por su mente, desde hacía unas noches. Abrió un poco sus piernas, haciendo que Kyo casi cayera hacia un lado. El placer corría por su cuerpo, concentrándose en ese lugar que Kyo ahora frotaba suavemente contra el interior de su boca. Quería detenerlo, quería recordarle rudamente que estaba prohibido... pero... un poco más, un momento más...

Iori acarició con dulzura el cabello del joven. Tenía la seguridad de que Kyo nunca había tenido sexo con otro hombre, y la forma en que parecía querer esforzarse por complacerlo, sus ojos fuertemente cerrados, las lágrimas a punto de caer de sus pestañas, hacía que Iori se sintiera culpable.

- Kyo, ya bast... - quiso protestar, para que se detuviera. Intentó incorporarse, apartarse del joven, pero Kyo en ese momento succionó suavemente, haciéndolo gemir y callar. Iori se llevó una mano al rostro, cubriéndose los ojos, echando la cabeza hacia atrás, con un jadeo inaudible. Kyo no lo estaba haciendo nada mal... pero... debía detenerse. Si no lo hacía ahora, Iori sabía que no podría controlarse más, y no quería asumir las consecuencias. Kyo tenía suficiente con el Henka, no quería a una sacerdotisa persiguiéndolos para matarlos.

Pero no tuvo que hacer nada, Kyo se separó de él, lentamente, limpiándose los labios húmedos con el dorso de la mano. Miró a Iori con las mejillas sonrojadas, avergonzado. No sabía qué hacer.

Tener sexo con un hombre siempre había estado fuera de sus posibilidades, y aparte del detalle de que no sabía exactamente cómo debía complacer al pelirrojo, Iori no parecía querer colaborar.

- Yagami... - murmuró Kyo -. ¿Por qué...? - Su expresión era tan confundida... Ese rechazo, luego de que él se hubiera entregado al pelirrojo... No lo comprendía...

Iori se sentó finalmente, haciendo que Kyo cayera hacia atrás, pero sujetándolo de una mano, para que no se hiciera daño. Cerró su pantalón, sin mirar al joven.

- ¿No entiendes que hacer esto sería sentenciarte, Kyo? - preguntó en voz baja, volviéndose ligeramente hacia Kyo, que negó con la cabeza.

- Ya lo estoy - dijo -. No importa si muero, o si me matan, tú mismo lo dijiste...

El pelirrojo rió secamente.

- ¿Y qué hay de mí? - preguntó, cortando a Kyo -. ¿Crees que quiero lidiar con una sacerdotisa loca, luego que tú te hayas ido?

Kyo entrecerró los ojos.

- Yo ya no estaré, ¿acaso debería importarme? - dijo, con voz dura, sarcástica. Iori parpadeó. Kyo diciendo esas egoístas palabras... ¿eso era lo que había logrado, al intentar que no sintiera la desesperación por la muerte cercana?

- Tú lo has dicho, morirás. - Si Kyo se mostraba tan despectivo, Iori decidió hacer lo mismo, para ver hasta qué era capaz de llegar. - ¿Para qué tomarme la molestia de hacerlo contigo?

Kyo abrió los labios para responder, pero no dijo nada hasta segundos después, en que sonrió dulcemente, con una expresión irónica en su rostro cansado:

- Pues no parecías pensar que era una molestia cuando hicimos el amor anoche, Yagami...

* * *

Continúa

[ Capítulo 26: Incluso ahora... amenazas ]

* * *

- Créditos de corrección a mi betareader... Pekkochu. Do~umo.

* * *

KOF pertenece a SNK
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MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Agosto, 2002