Fanfic por MiauNeko
Créditos del beta/proof-reading a Artemis, Youko Gingitsune y Pekkochu

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 27.- Y cuando ya no esté...

Alex se detuvo frente a la dirección que decía el trozo de papel en sus manos. Sonrió al ver la fachada que se caía a pedazos, la pintura descascarada, una puerta de metal oxidada y chirriante. Estaba en medio de un húmedo y oscuro callejón, preguntándose por qué Hiroshi debía ser siempre tan extremista en los lugares que conseguía como refugio. Utilizaba sus misteriosos contactos, entre los hombres bajo las órdenes de poderosos yakuza; y era como si siempre hubiese un lugar, en cada ciudad y cada calle, donde ellos pudieran establecerse por un tiempo, en la seguridad de un pequeño local.

Dio dos fuertes golpes a la puerta y ésta, pese a verse débil y vieja, sólo resonó, sin ceder. El ninja suspiró mientras esperaba una respuesta. Todo lo que quería era volver lo antes posible cerca de Kyo, y, aunque su compañero lo había relevado para que pudiera descansar, no había modo en que pudiera hacerlo. No con Kyo así. ¡No podía desperdiciar tiempo!

Finalmente la puerta se abrió, despacio, dejando ver un interior simple pero plenamente iluminado y acogedor, contrastando con el aspecto del callejón. Sólo había dispuesta una pequeña sala, cuatro mullidos sofás individuales alrededor de una pequeña mesa baja de madera, donde yacían esparcidas varias revistas viejas.

- Pasa - la voz de su tercer compañero lo hizo volverse hacia él, que esperaba junto a la puerta con una sonrisa triste en sus labios.

- Shikai - murmuró Alex, entrando, pero sin dirigirse a los sillones -. ¿Dónde está Hiroshi? - preguntó de pronto, notando que las revistas sobre la mesa estaban desordenadas, algunas páginas rotas y convertidas en figuritas de origami. Obviamente, había sido Hiroshi el único capaz de hacer eso en un momento de aburrimiento.

- Salió hace unos segundos, quería comprar algo - respondió el alto rubio de ojos celestes que le había abierto la puerta.

Alex sonrió, sólo Hiroshi podía irse de compras en un momento como ese, tan despreocupado como siempre.

- Quiero que todos ustedes regresen a la mansión Kusanagi - dijo Alex simplemente. Su compañero, que había comenzado a dirigirse a los sillones, se volvió en medio de un paso, apartando su largo cabello rubio para poder clavar su mirada interrogante en Alex, que se había apoyado de espaldas contra la puerta -. Regresen, y esperen nuevas órdenes - aclaró Alex al ver su expresión.

- No me gusta tu tono de voz - dijo Shikai -. ¿Qué planeas?

Alex volvió a sonreír ante la percepción del joven. Se llevó una mano a la frente, echándose el cabello hacia atrás un momento, y luego dejando que los mechones regresaran sobre sus ojos verdes entrecerrados. Había intentado sonar autoritario, pero ciertamente lo hizo muy mal.

- No planeo nada. Es sólo que ya no hay nada que hacer aquí - explicó. Avanzó hacia Shikai, pasando por su lado con aire de indiferencia, pero súbitamente el ninja de cabello rubio lo sujetó por un brazo. Su brazo herido.

Alex se detuvo en seco, sin volverse para mirarlo. ¿Por qué tenían que hacerle más difíciles las cosas?

- Yo volveré esta noche o mañana - dijo, cerrando sus ojos verdes con expresión cansada.

- ¿Dejarás a Kyo? - preguntó Shikai suavemente, dejando ir a Alex, pero rozando su cabello con una suave caricia. Alex nunca le había ocultado algo, era su mejor amigo. Pero ahora Shikai tenía la impresión de que el ninja estaba lejos de su alcance. No había palabras que pudiera decir para consolarlo, ni siquiera para tratar de reconfortarlo. Y ahora, al preguntar eso, era una forma de obligarlo a expresarse. Cruel, sí, pero era todo lo que podía hacer. Shikai ya sabía la respuesta: Alex no dejaría a Kyo hasta que todo terminara... Y si Alex partiría al día siguiente... ¿de alguna forma significaba que Kyo moriría durante la noche?

Sabía que para Alex Kyo había sido como un hermano menor, su familia, alguien a quien debía vigilar y cuidar. Toda su vida la había consagrado a Kyo, y aunque el joven Kusanagi nunca había parecido tomarlo realmente en serio, para Alex, Kyo era todo.

Pero lo que Alex no sabía, era que no sólo él sufría y temía por la vida de Kyo. ¿Acaso no habían sido amigos, todos? ¿No habían compartido muchos años juntos durante la adolescencia? ¿Por qué se guardaba todo el dolor sólo para él? ¿Por qué trataba de volver a vivir el pasado, cuando ahora tenía en quien desahogarse?

- No imagino... cómo será mañana... - susurró Alex con ojos brillantes -. Él está con alguien ahora... - agregó -, pero no puedo dejar de pensar... - Hubo una pausa cuando su voz se quebró, hizo un esfuerzo para continuar -: Quisiera estar con él, e irme con él...

- Tranquilízate, ne... - susurró Shikai, muy cerca de Alex, limpiándole las lágrimas que amenazaban con caer -. Kyo no quiere eso para ti. Debes calmarte...

Alex negó con la cabeza.

- A Kyo no le importa - murmuró, estremeciéndose con una risa amarga -. Sólo me quiere lejos, porque lo único que le preocupa ahora es estar con Yagami...

Shikai parpadeó, sorprendido ante sus palabras. El otro ninja continuó:

- ¿Acaso crees que piensa en nosotros? ¿Crees que en algún momento piensa siquiera en nosotros? - Alex se apartó, volviéndose para lanzar un golpe con su puño cerrado contra uno de los sofás. Una nube de polvo brotó ante el violento impacto.

- A ti no te importa eso... - murmuró Shikai, su rostro serio pero confundido -. Prefieres que Kyo no se preocupe por nosotros... Y está bien.

Alex cerró los ojos, apoyándose en el sillón que acababa de golpear. Le dio la espalda a su compañero, sonriendo para sí, primero, y luego riendo abiertamente en voz alta, con amargura. Las lágrimas no tardaron en caer. Shikai caminó hacia él, posando sus manos en los hombros de Alex, atrayéndolo hacia él.

- Te estás alterando... - murmuró con tristeza, era la primera vez que veía al joven así. Su cuerpo se sentía tenso, recorrido por escalofríos -. Descansa un momento...

- ¡No quiero! - Alex se alejó de él otra vez, volviéndose y lanzándole una mirada, para luego recorrer con los ojos todo el salón -. ¡¿No hay un maldito lugar donde me puedan dejar en paz?! - exclamó de pronto, perdiendo, por fin, el control sobre sí mismo. Todos aquellos días habían sido demasiado, sentía que no lo soportaba más. No quería que terminara, pero era el único modo. Quería aceptarlo, pero no podía. Tenía miedo. Dejó que el miedo se convirtiera en furia, rabia por no poder hacer nada, por ser tan débil y no haber podido ayudar a Kyo ni una sola vez. - Ustedes regresen a la mansión - ordenó súbitamente, con una seguridad y frialdad que sorprendieron a Shikai. Era como si a quien tuviera delante no fuera el Alex que conocía -. Yo volveré mañana - terminó el joven líder, con un tono que no permitió que el otro rubio pudiera protestar.

- Alex... - fue todo lo que dijo Shikai.

El ninja volvió sus ojos verdes hacia él. Su compañero sonreía ligeramente, tristemente, con esa expresión tan suya, como si aceptara todo lo que le decía. Como si no fuera a protestar ni estar en desacuerdo con él.

- Alex, prométeme que lo harás - murmuró Shikai -. Prométeme que volverás con nosotros.

Era inútil tratar de sostener su mirada celeste por mucho tiempo más, pensó Alex, sintiendo nuevamente cómo las lágrimas acudían a sus ojos.

- Promételo - insistió el rubio -. Por favor. - Hizo un movimiento que Alex no se esperaba, fue rápido, como solía hacer cuando iba a atacar, pero todo lo que hizo fue abrazarlo, con todas sus fuerzas, atrayéndolo contra sí. Alex no opuso resistencia, después de todo, eran amigos -. No puedes irte tú también - susurró Shikai en su oído -. Tú pierdes a Kyo, pero olvidas que nosotros también te perdemos a ti...

- Es diferente... - Alex no devolvió el abrazo, sólo lo dejo ser -. Tienes a Kaiji... a Hiroshi... No vas a estar solo...

- Eso que dices... ¡también se aplica a ti! - casi exclamó el rubio, cerrando los ojos, sin liberar a Alex -. Aún quedamos nosotros... ¿O acaso no significamos nada para ti? - preguntó titubeante.

- No es eso... - murmuró Alex.

- Entonces promételo - insistió Shikai -. Tanomu... {Por favor...}

Alex cerró los ojos, apoyándose más en él.

No podía... Simplemente no podía...

* * *

La mano de Kyo acariciaba suavemente el cabello del pelirrojo. Estaban en la cama, Kyo bajo las sábanas, sus ojos abiertos, fijos en el techo, y su respiración trabajosa. Iori sólo se había dejado caer a su lado, pensando en la amenaza que acababan de escuchar. Orochi, otra vez, dispuesto a utilizar el dominio que tenía sobre su sangre para acabar con Kyo, o lo que tuviera planeado hacer con él.

Iori apretaba los puños enfurecido, sin saber qué hacer. Podía irse, lejos, tan lejos como fuera posible, ¿pero para qué? La muerte estaba a sólo un día, ya fuera por el Henka o por el Riot. Era por eso que ahora Iori simplemente yacía acostado junto a Kyo, sin hacer nada. Esperando, disfrutando su caricia, deseando que nada sucediera, que ese momento se extendiera por siempre.

No tenía nada que decir ahora. Podía parecer que perdía el tiempo, pero no era así. No había nada que decir, nada que pudiera hacer.

Escuchó la respiración de Kyo suavizarse hasta que supo que se había quedado dormido. Se levantó un poco, apoyándose en un brazo para apartar el cabello castaño de su rostro tranquilo.

Lo observó largo rato, acariciando su frente suavemente, haciendo a un lado todos los mechones húmedos y desordenados. Rozó sus cejas luego; el entrecejo, donde solía aparecer esa pequeña arruga que le daba a Kyo su aire de arrogancia... y que había desaparecido completamente ahora. Kyo le parecía un adolescente, durmiendo tan calmado. No podía imaginar siquiera que todo lo que habían vivido, juntos, realmente hubiese sucedido. Este Kyo que tenía enfrente no parecía ser el mismo que derrotó a Orochi, ni el Kyo con sed de venganza que iba contra NESTS. Este era el Kyo que nunca se había dejado ver, y que él con tanta desesperación había deseado sacar a la luz.

Jamás había podido herirlo lo suficiente como para dejarlo indefenso, como estaba ahora, pero en ese momento, al mirarlo, todo lo que sentía era una creciente incomodidad en su interior...

Maldijo en voz baja, sacudiendo la cabeza. Kyo despertó sobresaltado ante el brusco movimiento de Iori.

Abrió sus ojos, ahora rojos, escuchando en silencio.

- ¿Yagami? - preguntó, volviéndose hacia Iori. El pelirrojo sólo lo observó un momento más, antes de inclinarse sobre él para besar sus labios, tomando el rostro de Kyo entre sus manos.

Se encontró de rodillas sobre la cama, su cuerpo a milímetros del de Kyo, sintiendo su respiración acelerarse, y cómo súbitamente todo su cuerpo se ponía en tensión. Saboreó sus labios un poco, el salado de sus sangres mezclándose, acariciando con lentitud, disfrutando de la respiración del joven contra su rostro.

Sintió la mano de Kyo rozando su mejilla, para ir a apoyarse en su nuca y atraerlo más hacia sí, obligándolo a ahondar el beso, a entreabrir más sus labios, a introducir despacio su lengua...

El beso se volvió desesperado, y los dos lo sabían. Era el último beso; el primero en que realmente se entregaban, y el último al mismo tiempo. Inconscientemente Kyo llevó su mano libre al pecho de Iori, ni siquiera fue necesario mirarlo. Los botones de la camisa cedieron al mismo tiempo que Iori deslizaba su brazo bajo las sábanas.

Esperar a la noche, ¿para qué? En ese momento las gruesas cortinas estaban cerradas. Iori sabía que Alex podía estar vigilando, y simplemente quiso hacerle más difíciles las cosas bloqueándole la vista a su habitación. Por su parte, él estaba acostumbrado a la oscuridad, y Kyo ya no necesitaba luz. En ese momento era todo lo que tenían: la tranquila oscuridad.

El primer beso de la primera vez, pensó Iori. Intentaría ser gentil.

Dejó que Kyo se sentara, acercándose a él, explorando su cuerpo. De algún modo era diferente, Kyo tocándolo en todos aquellos lugares que la penumbra no le permitía ver, deslizando sus dedos de forma algo errática la primera vez, para luego parecer saber exactamente lo que quería, enviando placenteras sensaciones por la espalda de Iori.

Mientras él retiraba los pantalones y camiseta de Kyo, hasta dejarlo totalmente desnudo, medio cubierto por las sábanas, Iori sintió cómo el joven lamía suavemente sus tetillas, haciendo que su cuerpo reaccionara y los pezones se endurecieran. Sonrió levemente ante la gentileza con que se movía Kyo. ¿Acaso creía que él era tan frágil como su novia, la Kushinada?

Dejó que Kyo continuara, pero tomó una de sus muñecas, obligándolo a bajar su mano hasta su entrepierna. Kyo comprendió, soltando el botón del pantalón de Yagami, bajando el cierre frío, inclinando su cuerpo hacia allá, sus labios entreabiertos esperando sentir aquella erecta calidez...

Iori cerró los ojos lentamente, disfrutando de lo que Kyo hacía, mientras él mismo tomaba la excitación del joven Kusanagi en su mano, sintiendo brotar un poco de humedad.

Durante un momento le pareció extraño, el hecho de que a pesar de no haber tenido nunca una experiencia con un hombre, Kyo simplemente sabía lo que debía hacer. Acariciaba con su lengua y sus labios, estremeciéndolo con su respiración, con sus gemidos ahogados.

Iori obligó a Kyo a levantarse, empujándolo suavemente hacia atrás, mirando su rostro. Sus ojos abiertos estaban húmedos, y él parecía algo atemorizado y confundido. Lo acarició con cariño, indicándole que todo estaba bien, limpiando con sus dedos la humedad que había quedado impregnada en sus labios.

Dejó que Kyo lamiera, curioso, todo su dedo. Iori sonrió.

- Lo haces bien, Kyo - dijo en voz baja y vio, en la penumbra, que las mejillas de Kyo tomaban un poco más de color.

El pelirrojo hizo un súbito movimiento, lanzando a Kyo de espaldas contra el colchón, con las piernas levantadas y entreabiertas. Se dirigió a donde había estado acariciando todo ese tiempo, para humedecerlo completamente, lamiendo, haciendo que Kyo gimiera a medida que él comenzaba a bajar.

- Yagami... - murmuró Kyo, tenía la vaga idea de lo que Iori hacía, pero no podía dejar de alarmarse. Sentía la húmeda frialdad, resbalando entre sus piernas, mojándolo, enviándole una sensación que lo hacía desear más, más intensidad, a Iori pronto dentro de él.

- Tranquilo - dijo Iori con una sonrisa, apartándose, limpiándose los labios con el dorso de su mano.

Se inclinó hacia Kyo, una mano acariciando su excitación, la otra buscando un camino para entrar. El joven estaba respirando agitadamente, entre gemidos -. ¿No querías que te tomara, como a ellos? - preguntó Iori al ver su temor.

No esperó una respuesta, introdujo sus dedos en Kyo, arrancándole un grito ante el repentino movimiento. Cuando empezó a empujar suavemente, entrando más, Kyo jadeó, aferrándose a las sábanas, echando su cabeza hacia atrás.

El pelirrojo exploró el pasaje, acariciando y ampliando, humedeciendo, deleitándose en los gemidos de quien ahora era su amante. Sintió que la erección de Kyo se endurecía aun más, y continuó unos segundos, para obligar a Kyo a llegar a lo más cercano al clímax... y de pronto retirarse. Kyo suspiró profundamente, pero Iori no le dio más tiempo. Lo obligó a abrir más las piernas, y casi se puso sobre él, entre aquellos largos y firmes muslos, rozando con su propia erección aquel lugar estrecho, invitante.

Su rostro estaba casi sobre el de Kyo, sus brazos extendidos, sus manos apoyadas en el colchón. Miraba la expresión de Kyo, deseosa y temerosa a la vez. Pero su mirada... Iori frunció el ceño. No le gustaba ver su mirada, de ese color que no iba con él.

Entró violentamente, incómodo ante la sensación que los ojos de Kyo le habían producido en el pecho. Kyo gimió, arqueando la espalda ligeramente, y Iori aprovechó para deslizar su mano bajo él, para alzarlo y atraerlo contra sí, haciendo presión, penetrándolo aun más. Comenzó a moverse despacio, sintiendo que el más ligero movimiento suyo hacía que Kyo gimiera y se estremeciera. Era tan estrecho y cálido, que él mismo se sintió próximo a alcanzar el clímax.

Aceleró un poco más sus movimientos, acompasándose y conteniéndose, para esperar a que Kyo estuviera próximo también. Sabía que debía dolerle, por eso intentaba ser un poco más gentil de lo que era con sus ocasionales amantes, pero tener el cuerpo de Kyo contra el suyo, sentir su calor, su aroma, su sudor, hacían que él deseara poseerlo con violencia.

Kyo gimió al sentir el orgasmo, su miembro pulsante en la mano de Iori, y al momento siguiente, Iori llegó dentro de él, abrazándolo con más fuerza, dejando escapar un gemido apagado.

En aquel momento nada existía, salvo el pelirrojo en él, su cuerpo, tan fuerte, tan cerca. Su aliento en su cuello, su aroma, la calidez de su piel cuando lentamente Iori se apoyó en él...

Lentamente Iori se acercó a Kyo, cubriéndolo con las sábanas; acariciando su rostro y sus mejillas sonrojadas, antes de besarlo en los labios, sintiendo su aliento agitado.

- Con eso, eres totalmente mío - murmuró Iori. No podía evitar pronunciar esas palabras con satisfacción, pese a la situación. Había querido decir otras palabras, algo menos arrogante, pero era incapaz. ¿Amor? ¿Cómo tomaría Kyo el escucharlo utilizando esa palabra? Es más, ¿cómo estar seguro que lo que sentía por el joven Kusanagi era amor?

- Yagami... - dijo Kyo de pronto. Su mano estaba entrelazada con una de las de Iori, y la llevó cerca de sus labios antes de continuar -. Si no muero - comenzó el joven, algo titubeante -. ¿Qué harás?

El pelirrojo no respondió. No lo había pensado, no había considerado que sus palabras parecían un compromiso, que lo ataba para siempre al último descendiente de los Kusanagi. Se imaginó conviviendo con Kyo, pero era algo imposible, no se veía a sí mismo en semejante situación.

- Yagami - insistió Kyo al no recibir respuesta. Parecía frustrado con el comportamiento inentendible del pelirrojo. Pese a haber hecho el amor, ahora Iori parecía tan lejano como días atrás, observándolo perdido en sus pensamientos, aparentemente sin prestar atención a sus palabras.

- Nada cambiaría - se encontró diciendo Iori -. Tú harías tu vida, yo la mía.

Kyo sonrió.

- Así lo pensé - dijo suavemente, como si fuera lo que esperaba oír. Sintió que Iori lo obligaba a sentarse para que se vistiera -: ¿Y qué harás... después? - preguntó Kyo luego. Iori, que buscaba los pantalones entre las sábanas revueltas, se detuvo para mirarlo. Kyo estaba serio, pero con una expresión extraña en su rostro, observándolo fijamente, como si al escuchar la respuesta fuera a echarse a reír o a llorar.

- Nada fuera de lo común - respondió Iori, pero la verdad era que no lo sabía. Ir contra NESTS, quizás, y destruirlos a todos. Visitar la mansión Kusanagi y hacer pedazos a Souji, ¿tenía eso algo de especial?

Kyo asintió, aún con esa sonrisa extraña.

- ¿Crees que... me podrás extrañar... aunque sea un poco? - preguntó débilmente. Iori se quedó perplejo ante eso, pero lentamente se inclinó hacia Kyo, hasta poder apoyar su cabeza en el pecho del joven, que inconscientemente buscó su cabello y comenzó a acariciarlo.

- Bakame... {Idiota...} - gruñó Iori.

 

* * *

Continúa

[ Capítulo 28: Muerte en la Penumbra ]

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Shades of Flames and Passion
Septiembre, 2002