Fanfic por MiauNeko
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Créditos del proof-reading a Artemis

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 30.- Light from the tiniest hope

- Kochira e kudasai {Por aquí, por favor} - dijo una suave voz.

El alto actual líder de los Yagami le dio la espalda a Iori y Alex, mientras una sirvienta se les acercaba desde un pasillo lateral. Mantenía los ojos bajos, como si tuviera terror de mirar a Iori directamente al rostro. Les indicó un camino a un pequeño salón, donde en un antiguo estante de madera colgaban trajes que parecían ceremoniales. Eran de un color granate oscuro, los bordes claros, de suave tela con hermosos dibujos entrelazados en hilos de seda. Iori no entró en ese lugar, sólo hundió sus manos en los bolsillos de su abrigo, mientras la sirvienta se estremecía. Ese joven amo no iba a aceptar vestir como la tradición lo indicaba, y a ella la iban a castigar, quizás incluso la matarían, cuando Iori entrara en el salón de reuniones vistiendo esa larga camisa blanca desabrochada, y sus jeans negros. El extranjero no tenía necesidad de utilizar los trajes, pero el joven Yagami sí... y...

- Onegai desu... {Por favor} - susurró la sirvienta, cayendo de rodillas ante Iori, haciendo una inclinación hasta que su frente tocó el suelo. Iori gruñó algo y se alejó. Alex lo siguió un poco confusa, oyendo cómo la mujer se echaba a llorar. No estaba segura si era por la razón que suponía, pero se atrevió a preguntar:

- ¿Qué castigo recibirá por esto?

- La matarán, quizás - respondió Iori simplemente, sin detenerse, dirigiéndose directamente al salón donde sabía que su padre esperaba.

- Y a usted eso lo tiene sin cuidado, ¿verdad? - murmuró Alex, más para sí que para el pelirrojo. Sin embargo Iori sí la escuchó, y se detuvo en seco.

- ¿Vienes a darme lecciones a ? - preguntó con una expresión maligna, sus ojos brillando salvajes. Alex se sorprendió ante el cambio que se había producido en el joven desde que entraron en ese lugar. Parecía totalmente diferente al Iori que había cuidado de Kyo, y era más el Yagami Iori que había visto en el King of Fighters. La maldad que expresaban sus ojos, y la crueldad que parecía impregnar su semblante, hicieron que la ninja se preguntara cómo esa persona había sido capaz de preocuparse por Kyo.

No pudo seguir pensando, porque en ese momento la mano de Iori salió bruscamente del bolsillo, para sujetarla del hombro, empujándola hacia atrás, contra una de las columnas de aquel pasadizo.

- Tú no eres Kyo - siseó Iori muy cerca de su rostro -. No te tomes esas libertades, Alex. - Pronunció su nombre con un dejo sarcástico, complacido al ver el temor reflejarse en sus ojos verdes.

El pelirrojo siguió adelante, esperando que la joven no lo siguiera, sino que saliera de la mansión para esperar afuera, pero sucedió justamente lo contrario. Alex dio una corta carrera para alcanzarlo, y siguió caminando tras él, en silencio.

El pasillo terminó en un pequeño descanso, desde donde empezaba otro largo pasadizo. Éste era alfombrado, estrecho, iluminado por luces tenues. Ninguna puerta daba a ese lugar, y a medida que avanzaban, tenían la impresión de haber estado caminando allí durante horas. Cada paso era igual al otro, nada cambiaba. Alex sentía una creciente incomodidad, Iori parecía totalmente indiferente.

En cierto momento Iori escuchó un sonido a su espalda, y se volvió. Encontró a Alex de rodillas en la alfombra, una de sus manos apoyada en la pared.

- Nan da... {¿Qué te pasa...?} - gruñó, pareciendo molesto por la torpeza de la joven. Ella se levantó llevándose una mano a la cabeza. Se veía mareada. Iori sonrió, de nuevo con maldad, y se acercó a ella. Estaba a un par de pasos de distancia, pero el pelirrojo fue rápido. Alex lo vio venir, y su mano buscó por instinto, el cuchillo que llevaba en su espalda. Se sorprendió al no encontrar nada, e intentó retroceder, pero no fue necesario, porque Iori se había detenido a milímetros de ella. - ¿Sabes dónde te has metido? - susurró el pelirrojo. No se había movido, pero Alex retrocedió un paso más. - En esta casa, cualquiera es capaz de matarte, por la espalda, sin motivo alguno. - Una leve risa baja de parte del pelirrojo. Alex quiso protestar, pero Iori la calló poniendo un dedo sobre sus labios, para sorpresa de ella -. Los ninjas de mi familia no son como los inútiles de la familia Kusanagi. No lo olvides. - Iori terminó de hablar, retirándose, aún mirándola a los ojos. - No - dijo de pronto, cuando Alex levantó una mano para rozar la suya -. No te confundas. Yo no soy como Kyo.

Aquellas palabras hicieron reaccionar a Alex, volver a la realidad. ¿Qué hacía junto a Yagami? ¿Buscaba alguien que la cuidara como Kyo, acaso?

- Vamos - le ordenó Iori, el pasillo al fin terminaba, y desembocaron en una pequeña sala de espera. Dos cojines dispuestos en el suelo estaban preparados para que ellos se arrodillaran allí y esperaran a que los llamaran a entrar al salón principal. Iori se dirigió a una pared lateral, y se apoyó allí, cruzándose de brazos.

Alex entró y miró a su alrededor. Las paredes estaban adornadas con katanas y otros tipos de armas. Sus ojos se posaron en dos dagas gemelas, de un material plateado, con las empuñaduras talladas. Una tenía el símbolo de los Yagami, la luna. La otra, y aquello la sorprendió, tenía el símbolo de los Kusanagi.

- Tómalas - le dijo Iori secamente -. Son tuyas.

La joven se acercó para mirarlas, tomándolas suavemente, casi con respeto. Eran livianas y heladas al tacto. Despacio, introdujo la punta de una de ellas bajo las vendas que cubrían sus manos, y las cortó fácilmente, sin ni siquiera hacer un movimiento. Sus ojos brillaron complacidos al imaginar lo que podían hacer en la piel de una persona.

Iori notó el cambio en la mirada de Alex, y sonrió para sí. Era una asesina a pesar de todo. Se acercó a ella, que lo miró inexpresiva ahora. Tomó las manos de Alex, y retiró los vendajes que acaba de cortar, desapareciéndolos en una llamarada púrpura. No quería que le estorbaran, si se daba el caso de que ella tuviera que pelear.

Una voz los llamó en ese momento, imponente, severa. Su padre.

Iori entró primero, seguido por Alex. El salón donde entraban era amplio, iluminado por linternas tradicionales. Su padre estaba sentando en lo alto de unas escalinatas, no demasiado elevadas, pero sí para dar a entender que desde esa posición tenía el derecho de mirar despectivamente a todos los que estuvieran ante él.

El joven Yagami entró con pasos firmes, las manos en los bolsillos, su rostro bajo, pero sus ojos rojos mirando airados al hombre que lo había convertido en lo que era. La mirada de su padre no expresaba ese odio irracional, pero sí una frialdad que hizo estremecer a Alex, que no pudo evitar pensar en el contraste de los cálidos ojos de Kusanagi Saisyu, con la mirada helada del líder de los Yagami. El cabello era rojo como el de Iori, pero largo y amarrado con una cinta detrás de su nuca. Unos mechones blancos indicaban que su edad ya era avanzada, pero su aire era imponente, y al mirar su rostro, nada más parecía importar.

Como si no notara que Iori no vestía el traje que debía, el viejo Yagami les hizo una seña para que se arrodillaran ante él. Iori no se movió, y Alex hizo lo mismo, atreviéndose incluso a devolverle una mirada despectiva al hombre cuando sus ojos se posaron sobre ella.

El padre de Iori se tragó su rabia al ver cómo los dos jóvenes lo desafiaban, pero no lo demostró.

- Dices que quieres información... - murmuró, dirigiéndose a Iori y olvidándose del extranjero.

- Una mujer, al mando de un grupo de hombres que algo tienen que ver con Orochi - dijo Iori, sin entonación alguna. Odiaba hablar con ese hombre que era su padre.

El líder Yagami esbozó una sonrisa burlona. Sí, había sentido el poder de Orochi otra vez, pero él ya estaba demasiado viejo como para ser afectado por él. Era algo que nadie había esperado: su larga vida. A su hijo Iori no le quedaba mucho tiempo, y él había sobrevivido a generaciones de Yagami. Era irónico.

- ¿Y qué me darás a cambio de la información? - preguntó el viejo Yagami. Iori mantuvo la mirada fija en el rostro de su padre, que continuó -: ¿Ese joven que traes contigo, acaso lo piensas dejar aquí?

Iori ni siquiera miró a Alex, pero sintió claramente que la joven se volvía hacia él, desconfiada.

- No. Él está a mi servicio - murmuró Iori, dando por terminado el asunto. Sabía que eso iba a suceder, y tenía la esperanza de que su padre no insistiera -. A cambio puedo darte una noticia que de seguro será de tu agrado.

Hubo una risa seca de parte del hombre.

- ¿Que mataste, al fin, a Kusanagi Kyo? - se burló. Aquel era el punto que le sacaba en cara a Iori siempre que quería humillarlo, y siempre funcionaba para golpearlo directamente en su orgullo. Sin embargo, esta vez Iori sostuvo su mirada.

- Sonotoori da {Así es} - sonrió.

- Mientes - fue lo primero que le soltó el viejo Yagami, como si no pudiera ser verdad.

- Kusanagi Kyo está muerto - dijo Iori simplemente -. Yo lo vi morir.

No pudo continuar porque su padre estaba de pie, observándolo con una expresión incrédula. Sin embargo, al ver el rostro de Iori supo muy bien que su hijo decía la verdad.

- Finalmente... - dijo, y su risa llenó el salón. Alex intentó mantenerse firme, no quería que sus lágrimas echaran abajo el plan que Iori parecía tener, pero no podía evitar sentir una profunda rabia al ver como los dos Yagami se regocijaban con la muerte de Kyo.

- Dame la información que quiero - ordenó Iori, cortando la risa de su padre, pero el hombre parecía demasiado distraído, pensando en dar la noticia a los demás miembros de la familia -. Padre - llamó Iori, frunciendo el ceño, conteniéndose para no sujetar al viejo por el cuello y sacudirlo. Casi podía sentir los ojos de los ninjas que lo protegían, fijos en ellos, desde las sombras.

- Esa mujer, es líder de un cuarto clan - dijo el viejo Yagami -. Yagami, Kusanagi y Kagura fueron las familias que estuvieron en contra de Orochi. El cuarto clan estaba de su lado. Son nuestros enemigos comunes, servidores de Orochi.

Iori escuchaba, mientras su padre parecía meditar y continuar:

- Ella y sus dos hermanas son descendientes directos de una de las mujeres que hace siglos se sacrificaron voluntariamente por Orochi - dijo, rozando su barbilla con los dedos, pensativo -. El poder que se sintió hace poco, quizás es su responsabilidad. Intenta revivir a ese dios de nuevo.

- ¿Qué más? - exigió saber Iori, aún no oía algo que le dijera por qué se habían llevado el cuerpo de Kyo. Nada que le explicara qué estaba sucediendo.

- Ella, Setsuna, está al mando de un grupo de yakuza, también. Nuestros enemigos en Southtown y Osaka. Si te ocuparas de los asuntos familiares, no tendrías que estar pidiéndome información que es conocida por cada miembro del clan.

- Padre - interrumpió Iori, pensando en cómo esa palabra no significaba nada para él -. ¿De qué modo pueden hacer despertar a Orochi otra vez? ¿Por qué no me parece que eso tenga importancia para ti?

En ese momento, por primera vez en su vida, Iori oyó la risa sincera y confiada de su padre.

- Necesitan el poder de un Kusanagi y un Yagami, para poder despertar al dios - dijo -. Pero si dices que el hijo de Saisyu está muerto, entonces no pueden hacer nada.

Alex miró a Iori, sorprendida. No pudo pronunciar palabra, no debía hablar frente al líder de los Yagami.

En ese momento el hombre desvió su mirada de Iori a ella.

- Hijo - dijo, sin dejar de observarla -. Ya tienes la información, ahora vete y no regreses si no quieres terminar muerto. - Iori gruñó algo, pero no le importaba irse de allí. Toda esa conversación y esa actitud casi sumisa que había mostrado le sirvieron para averiguar lo que quería, pero ahora que lo había conseguido, no había necesidad de seguir con esa falsa intimidación. Se volvió sin agradecer ni despedirse, y Alex lo siguió. - Un momento - habló de pronto su padre -. Me gusta tu sirviente, déjalo aquí.

Iori se volvió y cruzó una mirada con Alex. La joven ninja parecía sorprendida, y desconfiada. El pelirrojo sonrió.

- Él es mío - dijo secamente.

- Tú no necesitas sirvientes, y yo lo quiero. Me serviría como perfecta otori {carnada} para un entrenamiento.

Iori sonrió con maldad. ¿Otori? Su padre se refería a hacer que un grupo de ninjas Yagami atacaran a Alex, todos a la vez, para matarla en el menor tiempo posible. Aquello le pareció gracioso.

- ¿Quieres quedarte sin sirvientes, acaso? - preguntó, burlón. Su padre no pareció comprender. - Él es mío - repitió Iori, volviéndose para irse.

En ese momento, y con una señal silenciosa del líder Yagami, una sombra cayó tras Alex. Un cuchillo contra el cuello de la joven, que contuvo el aliento al sentir la helada presión cortante. Iori la observó indiferente, y asintió levemente. Alex comprendió y, súbitamente, desapareció.

El ninja que la había atacado pareció confundido, mirando hacia los lados y tras él, intentando saber adónde demonios se había ido el extranjero. Iori vio caer a Alex, rápidamente y en silencio, desde lo alto. Sacando los cuchillos que él le había dado, el que tenía el sol en su mano derecha, notó, y cortando la espalda del ninja, desde su cuello, hasta su cintura.

El hombre cayó secamente al suelo, la sangre extendiéndose a su alrededor. El padre de Iori observaba perplejo. Todo había sido tan rápido...

- No necesito de tus inútiles sirvientes - aclaró Iori con una sonrisa satisfecha -. Pero mi ninja es demasiado superior como para estar entre tus hombres.

Con eso, Iori se retiró, Alex yendo tras él, despidiéndose del viejo Yagami con una inclinación de cabeza y una leve sonrisa burlona. Ver la sangre, y haber matado, le habían hecho sentir muy bien por un momento. Además, lo que había oído sobre el despertar de Orochi, y la necesidad de tener a un Kusanagi presente había encendido una chispa de esperanza en su interior.

* * *

- ¿Qué vamos a hacer ahora, Yagami-san? - preguntó Alex entrando al auto, mientras Iori encendía el motor. El pelirrojo estaba complacido con el desempeño de Alex, pero a pesar de esto, le extrañó la pregunta. ¿Qué quería hacer esa joven? - ¿No debemos ir a averiguar sobre esa Setsuna? - preguntó Alex luego.

- ¿Por qué? - preguntó Iori, observándola con fijeza.

- Por lo que dijo su padre - respondió ella, como si fuera algo perfectamente obvio.

- Kyo no está vivo, si a eso te refieres - murmuró Iori, sintiendo un perverso placer al ver cómo la expresión de Alex cambiaba de esperanzada a sombría, y ella terminó apartando la vista. Pero Alex tenía razón, aceptó Iori. No quedaba más que buscar a Setsuna.

* * *

- Alex no regresó... - susurró Shikai.

Él y sus dos compañeros estaban en las afueras de la mansión Kusanagi. Habían pasado la noche ocultos dentro de la casa que habitaban, sin encender las luces, sin hacer un sonido, arriesgándose a ser atrapados, pero con la seguridad de que si eso sucedía podrían controlar la situación. Habían esperado que Alex regresara, pero el día avanzaba y aún no había señales de la ninja.

- ¿Creen que Alex...? - empezó Shikai, mirando a Kaiji y Hiroshi. Kaiji le devolvió la mirada, mientras Hiroshi jugaba buscando algo en sus bolsillos.

- No. No lo haría. Alex volverá - dijo Kaiji simplemente, sin dar oportunidad a refutar.

Hiroshi al fin encontró lo que buscaba, y llevó un pequeño teléfono celular a su oído.

- Moshi moshi, Hiroshi da! {¿Aló? Habla Hiroshi} - exclamó con una sonrisa. Adoraba recibir llamadas. Kaiji estuvo a punto de darle un golpe por hablar tan fuerte, estando tan cerca de los otros ninjas Kusanagi. - Ah, Alex, ¡tanto tiempo! - exclamó luego, y pronto tuvo a los otros dos ninjas intentando oír su conversación. - ¡¿A OSAKA?! - exclamó súbitamente Hiroshi, haciendo que Kaiji y Shikai se alejaran con las manos en los oídos. Vieron a Hiroshi asintiendo, su expresión tornándose seria cuando preguntó -: ¿Y cómo está Kyo? - Hubo una pausa, en que el joven volvió a asentir, y luego frunció el ceño -. Entendido, jefe - dijo luego, presionando un botón para cortar la llamada.

Sus compañeros lo miraron esperando que los pusiera al tanto.

- Alex quiere que la encontremos en la carretera principal que lleva a Osaka - dijo ligeramente, haciéndole un guiño a Kaiji, que apartó la mirada -. Y también dijo... - hubo un leve suspiro por parte de él, antes de murmurar -: Kyo murió.

Oyeron un suave ruido, Shikai y Hiroshi se encontraron solos. Kaiji se había alejado de ellos.

- Oooi, Kaij... - empezó a llamar Hiroshi, con su tono juguetón de siempre, pero Shikai lo hizo callar.

- Déjalo. Ya regresará.

Hiroshi asintió con una leve sonrisa para corresponder a la del rubio, pero la verdad era que deseaba irse de allí, y estar solo, como Kaiji había hecho.

* * *

- ¿A quién llamaste? - el tono de Iori sobresaltó a Alex, que casi dejó caer el auricular del teléfono público que estaba usando. Se volvió hacia el pelirrojo, que acababa de salir de un pequeño mini-market, donde se detuvieron a comprar cigarrillos.

- Mis compañeros - respondió Alex simplemente.

- ¿No puedes hacer nada tú solo? - gruñó él, lanzándole una cajetilla a Alex, y abriendo la suya para sacar un cigarrillo.

La joven rubia frunció el ceño y pareció querer decir algo, pero simplemente se apartó.

Iori se quedó mirándola, parecía que de nuevo comenzaba a hacer cosas por su cuenta, como si algo la motivara. ¿Tan fácil era encender la esperanza en ella? Nadie les aseguraba que Kyo seguía con vida, pero ella ya actuaba como si fuera a rescatarlo. No dijo nada. No estaba seguro si deseaba verla animada o taciturna, pero en ese momento no tenía intención de acabar con sus esperanzas porque, aunque no quisiera aceptarlo, la verdad era que él deseaba lo mismo que Alex.

Osaka no estaba lejos ya. Tal vez llegarían antes que el atardecer terminara. Su padre le había dicho que Setsuna estaba al mando de un grupo de mafiosos, llevando negocios turbios en su compañía. Solamente quería asegurarse que esa Setsuna fuera la misma mujer que se había llevado a Kyo, y luego todo sería fácil. Obligarla a decir qué pretendía, obligarla a decir dónde estaba Kyo. Por qué se lo había llevado...

Alex subió al auto y esperó allí al pelirrojo, sin volver a mirarlo. Tomaron la carretera de nuevo, Alex acurrucada contra la puerta del lado del pasajero, con la mirada perdida otra vez, repitiéndose que no debía tener tantas esperanzas, porque quizás todo hubiese sido solamente un malentendido. Pero no podía evitarlo. El simple hecho de pensar que había una remota posibilidad de volver a ver a Kyo, la tranquilizaba. Y, aunque intentaba ser pesimista, no lo conseguía.

Se durmió pensando en Kyo, pensando que aquella persona que dejó caer su abrigo sobre ella era Kyo, y no Yagami.

* * *

Una sacudida la despertó. Se incorporó rápidamente, sorprendida de haber dormido tan profundamente. No sabía qué hora era, pero al mirar el cielo vio que ya estaba oscuro. Observó al pelirrojo, su mirada fija en el camino, la ventana de su lado abierta unos centímetros y el viento helado jugando con su cabello.

- ¿Qué hora es? - preguntó débilmente, sin incorporarse. Iori la observó un segundo.

- Estabas gritando - dijo secamente -. Pensé que al fin te habías vuelto loco.

- ¿Gritando? - repitió Alex, abrigándose con el sobretodo negro que la cubría, sintiendo la esencia de Yagami... y también la de Kyo.

- Pedías que te dejaran ir.

Alex cerró los ojos un momento, sí, ahora recordaba que había soñado.

- Pero despiertas a tiempo - agregó Iori, mirando por el espejo lateral del lado del pasajero -. ¿Los conoces?

Alex se incorporó, mirando hacia atrás. Vio tres altos faros, tres motocicletas siguiendo de cerca al vehículo. Una de ellas se acercó por el lado de Iori, acelerando hasta alcanzar al auto.

- ¡Yoooh, Yagami-saaaaan! - exclamó una voz que pronto se perdió en el viento. Fue tan inesperada que el pelirrojo desvió un poco el vehículo hacia la izquierda, mientras la moto perdía velocidad y su sonido se mezclaba con el de una risa divertida.

- Son ellos - dijo Alex, sin poder evitar una sonrisa. Iori le dio una mirada como queriendo decir "sí, ya me di cuenta", mientras enfilaba hacia la entrada de la ciudad.

* * *

Iori entró al hotel para averiguar si había una habitación disponible, mientras Alex saludaba a sus compañeros. Los cuatro se veían a gusto, estando juntos, y Iori notó sus expresiones tristes cuando Alex les dijo que sí, que Kyo había muerto. También observó como uno de los jóvenes, un alto rubio, se acercaba a Alex para mirar la herida entre su cabello. Ella le sonrió del mismo modo que le había sonreído a él, apartándose pronto. Iori ya había notado que no le agradaba el contacto físico, pero no podía evitar extrañarse.

- Gaijin - llamó de pronto, y Alex, para su sorpresa, se volvió -. Duermes aquí o te quedas con ellos - murmuró Iori, no preguntándole, sino dándole dos terminantes opciones.

- Será mejor que descanses, Alex - sugirió el joven rubio, sus ojos azules pasando de Alex a Yagami, como dudando si ella estaría bien cerca del pelirrojo. Otro de los jóvenes intervino en ese momento, sujetando a Alex de la manga y tirando de ella levemente.

- Me guardas la mermelada del desayuno, ne, Alex... - pidió Hiroshi con una sonrisa traviesa. Ella asintió.

El tercer ninja no dijo nada. Su largo cabello castaño pasaba por delante de su rostro con el viento, mientras observaba cómo Alex entraba al hotel junto al pelirrojo. Sus ojos eran fríos y desconfiados.

- Alex está mal - dijo de pronto, sin dirigirse a nadie en especial. Shikai se volvió hacia él, porque Hiroshi estaba demasiado ocupado despidiéndose de Alex diciéndole adiós con la mano.

- ¿Por qué lo dices? - preguntó Shikai, sujetando los largos mechones de su compañero, y pasándolos tras sus orejas, para que no se vinieran sobre su rostro. Observó la larga cicatriz en su mejilla, y dejó que algunos mechones se liberaran para ocultarla.

- Está agotada - respondió -. Herida y... lejos de Kyo.

El rubio parpadeó, sin comprender. O sin querer aceptar el significado que había detrás de esas palabras.

- Si Kyo no está vivo, como ella espera... - murmuró Kaiji, dirigiéndose a su moto -, la Alex que conocemos desaparecerá.

- No digas eso... - murmuró Shikai.

- Es la verdad - le respondió Kaiji.

- ¡Entonces hay que esperar que Kyo esté vivo! - interrumpió Hiroshi en ese momento, como si fuera lo más simple del mundo.

- Cállate, idiota - gruñó Kaiji -. ¿Acaso quieres que todos se enteren que buscamos a Kyo?

Hiroshi parpadeó inocentemente, antes de exclamar:

- ¡Atención, todo el mundo, ¿han visto a un joven llamado K...?!

Un cuchillo contra su cuello lo hizo callar. Kaiji estaba tras él, muy cerca, amenazando con matarlo. Hiroshi rió, haciendo un lado la aguda hoja.

- Maa maa - sonrió Shikai, separándolos.

* * *

La habitación que les asignaron, era un pequeño cuarto de dos camas, separadas por un pequeño velador. En el fondo se encontraba una ventana, cubierta por cortinas crema. Frente a las camas, una cómoda con un televisor. Alex tomó la cama más cercana a la ventana. Iori se limitó a sentarse, buscando sus cigarrillos.

Alex lo observó un momento, antes de dejarse caer sobre el colchón, boca abajo. Cruzó los brazos, apoyando su rostro contra ellos, suspirando levemente.

De pronto sintió que alguien apartaba su sweater, levantándolo un poco, para retirar los cuchillos que llevaba ocultos en su espalda. Sintió el frío metal rozando su piel, y se estremeció. Abrió los ojos, notando que ahora las luces de la habitación eran bajas, y que el pelirrojo estaba a su lado, levantando la parte superior de su prenda, mirando la larga cicatriz húmeda de sangre.

- Le dije que estaba bien, Yagami-san - insistió Alex cuando vio que Iori entraba al baño buscando algo de papel para limpiarla.

- No estará bien si mañana encuentran las sábanas manchadas de sangre - dijo, cortante, obligándola a callar. Cuando se sentó a su lado, y pasó el papel suavemente contra su piel, Alex se estremeció, sin poder evitar recordar a Kyo, aquella noche en que entró mientras ella tomaba un baño. Había sido una despedida... Incluso ahora que lo pensaba, no podía creer que ya hubiese muerto. Ese día se le había hecho eterno, yendo de un lado a otro con el pelirrojo. Con el enemigo de Kyo, a quien durante tanto tiempo había odiado y temido -. La persona que te hizo esto debió ser muy hábil - murmuró Iori.

- No... Yo era muy torpe - corrigió Alex, volviendo a cerrar los ojos -. Era sólo un niño.

- Pocas personas sobrevivirían luego de un corte así. - Iori no comprendía por qué le hablaba a Alex. No entendía... Quizás porque quería saber algo más de ella, y oírla hablar de Kyo.

- Pero ya nadie puede herirme de ese modo - murmuró Alex, con voz confiada.

- ¿Nadie? - sonrió Iori con maldad, pensando en lo interesante que sería hacer que Alex se tragara sus palabras.

- Mis compañeros no podrían - dijo ella -. Sólo Kyo... Kyo ha sido la única persona que me ha vencido.

- Sou ka... {¿Ah, sí?}

- Uhn...

Hubo un momento de silencio, y luego Alex continuó:

- Cuando nos conocimos... yo estaba de mal humor... y peleamos. Nunca pensé que un niño mimado como él pudiera llegar a vencerme.

Iori rió en voz baja.

- Ni siquiera yo puedo vencerlo - le recordó a Alex, y ella sonrió.

- Yo no lo vencería, Yagami-san. Lo mataría - susurró Alex suavemente -. Sin golpes, sin fuego. A la primera oportunidad... - Alex extendió una mano, para posarla sobre los cuchillos, pero se detuvo al darse cuenta de lo que estaba diciendo.

En ese momento Iori se alejó de ella.

- Duerme - fue todo lo que dijo.

* * *

Continúa...

[ Capítulo 31: Looking for... ]

* * *

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Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002