Fanfic por MiauNeko
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~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 33.- Reencuentros

- ¿Qué demonios...? - gruñó Iori, mirando a su alrededor. Lo primero que vio fue el cielo pálido sobre él. Estaba al aire libre, y la luminosidad del horizonte anunciaba el amanecer cercano. Hacía frío, un viento helado de muerte. Se encontraba en alguna parte del templo, lejos de la cueva, lejos de Setsuna y de su estúpida obsesión por revivir a su dios.

- Yagami...

Se volvió al oír la voz de Chizuru a sus espaldas, y allí estaban ellos. La sacerdotisa sosteniendo a Kyo, que se hallaba sentando en el pasto. Se les acercó, observando al joven, sin poder evitarlo. Estaba vivo, sí. ¿Por qué, o cómo? No estaba seguro de eso. Sólo podía verlo respirando, confundido pero con tranquilidad, sin dolor, sin angustia.

- ¿Yagami? - repitió Kyo, levantando levemente su rostro, y el pelirrojo dio un paso hacia él, mirando sus ojos rojos.

- No me gusta huir - le dijo Iori a Chizuru, aunque a quien observaba era a Kyo. Se arrodilló junto a ellos, mientras la sacerdotisa simplemente negaba con la cabeza.

- No he sido yo.

- ¿Qué? - dijo Iori en un gruñido. No hizo ningún movimiento hacia Kyo, ni le respondió al joven. Sólo continuó mirándolo en silencio, hablándole a Chizuru.

- El poder que nos trajo aquí, no fue mío - explicó Chizuru suavemente -. Escucha, Yagami...

Los interrumpió una risa femenina, la voz de Setsuna, que los buscaba por el templo.

- Has hecho pedazos a todos mis hombres, maldito Yagami... - oyeron -. Pero por cada uno de ellos, una doncella lo pagará...

Chizuru se puso de pie.

- Quédate con Kyo - le ordenó al pelirrojo, demasiado repentina como para que él pudiera protestar. La joven se alejó, entrando por los salones que daban a ese pequeño jardín, cortando camino en dirección al otro lado del templo, volviendo hacia las Kushinada para proteger a todas las jóvenes doncellas que residían en ese lugar sagrado.

Iori y Kyo se quedaron solos. El pelirrojo observaba aún al otro joven, que ahora mantenía el rostro bajo y parecía totalmente confundido.

- He sido un tonto... - susurró Kyo, sabiendo que Yagami esperaba por él.

- Siempre lo he dicho - respondió Iori, inclinándose hacia él para alcanzar su mano y obligarlo a ponerse de pie.

De pronto, Kyo se encontró rodeado por los brazos de Iori, que respiraba con su rostro oculto contra su cuello, estrechándolo con fuerza. Fue tan sorpresivo que el joven Kusanagi no dijo nada durante un momento, sólo se quedó allí, recordando que el abrazo de Yuki había sido similar, ¿y para qué? Para que luego le dijera que todo su "amor" había sido un engaño, para salir con que en realidad sólo había estado con él para espiarlo. Y él sí la había amado, como un estúpido, sin notar nada, protegiéndola y pensando en ella cada vez que sentía que su mundo estaba a punto de desmoronarse.

Yuki era la única persona que parecía conocerlo a la perfección, la única que sabía todo sobre él. La única que parecía preocuparse por él, con ese estilo tan suyo. ¿Cómo todo eso podía haber sido mentira? ¿Era posible que alguien pudiera fingir tan hipócritamente durante tantos años? Y al amarse, al compartir esos momentos íntimos... ¿también había sido mentira?

- Kyo - Iori aún lo tenía abrazado, y había sentido que el aura de Kusanagi no era normal. Parecía estar lleno de una energía que no era suya, como el alivio que él le había proporcionado una vez. Algo temporal, que no tardaría en desvanecerse.

El pelirrojo quería luchar, quería matar a las tres Kushinada de una buena vez, pero sabía que al hacerlo, la energía que mantenía con vida a Kyo desaparecería. Si mataba a esa Setsuna, estaría matando a Kyo también. No quería matar a Kyo, se repitió mentalmente, sin poder evitar sonreír ante la ironía.

Pero... ¿acaso Kyo no estaba muerto ya? Maldición... todo era tan confuso...

- Tenemos que ayudar a Chizuru - murmuró Kyo, levantando levemente la cabeza, buscando su mirada, sintiendo la energía de la sacerdotisa extendiéndose por todo el lugar, protegiendo a las doncellas, intentando crear un kekkai que mantuviera bajo control a las Kushinada.

-¿Qué podrías hacer tú? - gruñó Iori, mirando el rostro de Kyo, sus ojos escarlata. De pronto le había molestado que, a pesar de todo, Kyo quisiera seguir cumpliendo su papel de héroe noble que no abandona a sus amigos. ¿Por qué no dejaba que la sacerdotisa muriera cumpliendo su deber?

- Lo posible, para evitar que Orochi despierte - respondió Kyo firmemente, sintiendo la furia contenida en la voz del pelirrojo -. No quiero que nadie vuelva a tenerte bajo control otra vez.

Iori rió en forma apagada. El maldito heroico y noble Kusanagi Kyo queriendo protegerlo a él. Pasó sus manos por el desordenado cabello castaño, echando la cabeza de Kyo ligeramente hacia atrás, para besar sus labios, sin contenerse, haciéndolo simplemente porque era algo que había deseado todo ese tiempo.

Kyo no pudo evitar sorprenderse, pero lo correspondió. ¿Acaso... Iori realmente había sentido perderlo? ¿Era posible...?

Yuki volvió a su mente en ese momento... ¿Había sentido alguna vez por ella, lo que ahora sentía por Yagami? Era algo totalmente diferente, más intenso. No quería que esos labios que lo besaban tan rudamente se apartaran. Sentirlos, sentir el calor de Yagami, su respiración dentro de él, le parecían la única manera de saber que estaba vivo.

El joven estaba consciente de que había muerto, realmente. Si Setsuna le cedió parte de su energía, significaba que llegaría un momento en que desaparecería, consumida por el Henka, tal como Iori y Chizuru le habían dicho. No quería volver a dejar a Iori. A Iori, solamente, no a Yuki, o al resto de sus amigos. Sabía que era egoísta, pero no podía pensar en nadie más, sólo el pelirrojo, abrazándolo.

- ¿No te importará que mate a tu novia? - sonrió Iori, con crueldad, pero sin esperar herir a Kyo, que pareció confundido un momento, sin responder. ¿Por qué veía tristeza en su rostro?, se preguntó el pelirrojo. ¿Era por la Kushinada?

Qué tontería, si ella lo había engañado, ¿por qué no matarla?

- No - murmuró Kyo, forzando una sonrisa mientras bajaba su rostro para ocultar su mirada.

* * *

Chizuru había ordenado al resto de sacerdotisas que se refugiaran dentro del templo. En ese lugar, el poder se incrementaba, y ellas mismas podían crear una barrera que le cerrara el paso a sus enemigos. De ese modo, Chizuru podía concentrarse en defender su templo, sin preocuparse de las continuas amenazas que profería Setsuna.

Las hermanas Kushinada habían salido de la cueva, y estaban justo frente a ella. Setsuna y Yuki la observaban con maldad, ambas emanando amenaza de sus ojos, pero la sacerdotisa sabía muy bien que la que tenía el poder era solamente Setsuna. Yuki aún no había demostrado capacidad para hacer nada, y la otra, Tsukiyo... estaba un poco apartada, observando simplemente, como si no quisiera tomar parte en el asunto.

- Vas a morir - murmuró Setsuna, todo rastro de una sonrisa desapareciendo finalmente.

Chizuru apartó la mirada, paseando sus ojos por el jardín del templo. Algunos hombres yacían muertos, luego de intentar enfrentarse a Iori. Los pocos heridos o sobrevivientes ya habían huido, pero ella no contaba con que Setsuna tenía más seguidores, y solamente ahora los vio. Unos cuantos ninjas ocultos entre las sombras de los árboles, asesinos silenciosos y despiadados, fieles a Orochi, que no conocían el significado de la palabra honor. Esperaban una orden de su señora para atacar.

¿Morir? Quizás.

Syo apareció de la nada tras ella. Notó que también estaba manchado de sangre, un cuchillo en su mano, cubierto de rojo. Sonrió levemente a este ninja que la ayudaba, sólo por fidelidad a Kyo.

- Los Kusanagi están lejos ya, Kagura-san - alcanzó a decir Syo, refiriéndose a Souji y K', antes de que el ataque de Setsuna comenzara. Chizuru no respondió, ocupada en bloquear la energía que Setsuna lanzó hacia ella. Yuki se retiró, confiada en el poder de su hermana. Tsukiyo sólo continuó observando, sus ojos azules pensativos, indiferentes al resultado de la pelea.

Fue ella la que vio a Iori acercándose despacio, con Kyo a su lado. El pelirrojo tenía un brazo del otro joven sobre sus hombros, como si lo sostuviera. Tsukiyo no pudo evitar una expresión dolida, al verlos regresar al lugar de donde ella había tratado de alejarlos con su poder, arriesgándose a recibir el castigo de su hermana mayor.

Como Setsuna estaba ocupada con Chizuru, y Yuki era demasiado insignificante, Tsukiyo corrió hacia Iori, que la miró con total desprecio.

- Váyanse - fue lo primero que dijo Tsukiyo, deteniéndose frente a ellos, sin querer dejarlos pasar.

- ¡Tsukiyo, mátalos! - oyeron que gritaba Setsuna, pero la rubia no hizo más movimiento que cerrar los ojos y volver a abrirlos, clavando su mirada en Iori. Matarlos; ese había sido el plan de su hermana mayor desde el comienzo... pero... luego de conocer a Iori, y a Kyo... se le hacía imposible.

Los había traicionado sí, pero ahora no podía, algo no se lo permitía.

- ¿Qué esperas? Mátanos - se burló Iori, pero Tsukiyo negó con la cabeza.

- No estarás pensando en traicionarme, ¿verdad, hermana? - dijo Setsuna, Chizuru había caído, y la joven de cabello azulado aprovechó la oportunidad para amenazar a la muchacha rubia -. ¿Quieres morir, acaso? - Rió burlona -. ¿Crees que ellos aceptarán tu ayuda, luego que tú amablemente me informaste de todo lo que hacían, los lugares a donde iban? ¿Tú, que te encargaste tan eficientemente de anular el kekkai que protegía el sello donde duerme nuestro señor?

Chizuru levantó la cabeza en ese momento. ¿Había sido Tsukiyo?

- Hice todo eso... - aceptó la muchacha -. Pero no puedo matarlos...

- ¡Entonces muere con ellos! - Setsuna se veía furiosa, y nuevamente el símbolo de Orochi brilló en el aire ante ella, haciendo que Tsukiyo gritara. Era un ataque invisible, contra el que nada podía hacer, ni siquiera sabía si su hermana realmente estaba atacando. La sangre corrió por sus brazos. Intentó apartarse, mientras lágrimas de dolor brotaban de sus ojos cerrados. Gritó de nuevo, pero esta vez su voz se mezcló con una maldición de Setsuna.

Tsukiyo cayó de rodillas, y de pronto sintió que Iori la levantaba. Se volvió para mirar la razón del grito de Setsuna, y vieron que había una figura oscura detrás de ella. El desconocido estaba semiarrodillado en la hierba, un cuchillo plateado y sucio de sangre firmemente sujeto en su mano derecha. A medida que se levantaba, largos mechones del cabello de Setsuna cayeron sin hacer sonido.

- Nos volvemos a encontrar... - habló una voz desafiante, y Setsuna se volvió para encontrarse frente a frente con dos intensos ojos verdes que la observaban fijamente.

- ¿Has venido a morir de una vez por todas? - sonrió Setsuna burlona, sacudiendo la cabeza, reconociendo al ninja extranjero que se había enfrentado a ella cuando quiso apoderarse del cuerpo de Kyo.

El súbito ataque de Alex había cortado parte de su cabello hasta la altura de sus hombros, pero no había alcanzado a herirla, por milímetros.

Alex le devolvió la sonrisa.

- Sólo vengo por Kyo - dijo fríamente, alejándose de Setsuna, dándole la espalda como si no le importara que la mujer atacara o no.

- ¿Pero acaso todos ustedes están locos? - exclamó Setsuna de pronto, sin atacar, sólo perdiendo el control. ¡Todos aquellos jóvenes no la estaban tomando en serio! Ella tenía un motivo, una causa: despertar a Orochi... Pero... su propia hermana se volvía en su contra, la otra era una perfecta inútil. Sus hombres, esos autodenominados yakuza, habían huido. Aunque peleaba contra Chizuru, sentía como si la sacerdotisa no estuviera prestándole suficiente atención a la lucha. ¿Qué demonios estaba sucediendo allí?

- Te dije que la tuya es una causa perdida - murmuró la joven Kagura, poniéndose lentamente de pie.

- ¿Pero qué dices...? - gruñó Setsuna, lanzándole una mirada asesina.

- No tienes el poder suficiente - dijo Chizuru -. No como para acabar con nosotros tres.

La joven de cabello azulado rió, burlándose de las palabras de su enemiga.

- Orochi-sama está a la espera, sólo debo romper el sello... - dijo, más para sí, que para Chizuru -. Ya lo demostró, pudo controlar al Yagami sin ningún problema... tal como yo se lo pedí.

- ¿Tú se lo pediste? - repitió Chizuru lentamente, entrecerrando los ojos, mirándola con superioridad -. Ya veo por qué hizo semejante tontería...

- ¿Cómo te atreves...? - exclamó Setsuna, pero no atacó, no comprendía del todo las palabras de la sacerdotisa.

- ¿Tienes idea de cuánta energía consumió Orochi para hacer eso? - dijo la joven, con seriedad -. Si no hubiese intentado dominar a Yagami, estando dentro del sello, todo hubiera sido mucho más fácil para ti... pero, ¿sabes qué has logrado con eso? - Chizuru hizo una pausa, disfrutando de la expresión impaciente de Setsuna, que la odiaba por no decirle todo de una buena vez -. Años, hasta que esa energía que utilizó, sea repuesta. Pero ya no lo permitiré - agregó Chizuru -. Ya nadie volverá a acercarse al sello jamás.

Setsuna atacó erráticamente, su rabia cegándola. Chizuru sintió un súbito alivio al ver que se había preocupado demasiado. Setsuna tenía el poder, sí, pero no la experiencia. Al menos en esta ocasión, casi tenía la seguridad de que Orochi no despertaría.

* * *

- Kyo... - Alex, al fin, había llegado hasta él. Rozó la mejilla del joven, que le sonrió, sin decir nada. Su ninja estaba allí, con él de nuevo, luego de haber pensado que jamás volverían a encontrarse. No era lugar como para intercambiar palabras de afecto, sólo dejó que Alex acariciara su cabello, como si quisiera asegurarse de que realmente era él, y que estaba vivo.

El mundo no existía cuando Alex echó sus brazos alrededor del cuello de Kyo, atrayéndolo hacia sí, estrechándolo con todas sus fuerzas, ocultando su rostro en el cabello castaño. Podía sentir el leve y familiar aroma de Kyo, pese a la esencia de sufrimiento y muerte que lo envolvía.

- No vuelvas a hacerme esto jamás - susurró Alex, para sorpresa de Kyo.

En ese momento, era Alex quien abrazaba a Kyo protectoramente, como si no fuera a permitir que nadie, ni la misma Muerte, se lo volviera a llevar. Sus ojos verdes brillaban, decididos, todo rastro de la confusión que la había angustiado mientras estuvo lejos del joven desaparecía con sólo mirarlo. Parecía una persona totalmente diferente. Incluso, más que un ninja que protegía a su señor, era como si Alex protegiera algo que le pertenecía.

- Estás bien, ¿verdad? - volvió a hablar Alex, apartándose unos centímetros para poder observar el rostro de Kyo. Él se veía cansado, luego de la larga agonía; continuaba pálido, pero al menos ya no tenía esa expresión de profundo dolor.

En ese momento el ninja notó algo extraño, algo que en la tenue luz del amanecer había pasado casi desapercibido. Los ojos de Kyo, semiocultos por los mechones de cabello castaño, eran rojos.

- Kyo... - murmuró, haciendo a un lado el cabello y obligándolo a levantar su rostro -. ¿Qué...?

El joven se apartó, como siempre hacía cuando sabía que otra persona miraba fijamente sus ojos. Estaba harto de eso, ¿qué iba a decir?

Sin embargo, la preocupación de Alex, su tono de urgencia, le incomodaban. No quería que lo sobreprotegiera. No le gustaba que lo tratara así, y mucho menos que fuera Alex quien tomara esa actitud. Ella siempre lo había tratado como a un hermano menor, un niño a quien debía estar reprendiendo a cada instante; incluso él mismo solía verla como una hermana, sensata como sólo una chica puede serlo pese a estar vestida de hombre.

La manera en que Alex se preocupaba por él eran usualmente palabras rudas, frías, despectivas... pero ahora lo abrazaba, angustiada... Era demasiado diferente a lo que estaba habituado. En ese momento, hubiera preferido que Alex se mostrara fría como Yagami. No sabía qué decirle. Ni siquiera estaba seguro si realmente debía decirle algo.

- Es el Henka - murmuró finalmente, entre dientes, volviendo a sentir las manos de Alex, rozando sus mejillas. Como si suavemente sujetara y alzara su rostro, para poder ver mejor sus ojos. Las palabras que le dijo Hiroshi volvieron repentinamente a la mente de Kyo: "Alex no puede verte así". - Alex... - murmuró, al no escuchar respuesta. La abrazó con cariño. Era halagador por un lado, que alguien pensara que valía tanto la pena como persona, pero al mismo tiempo le parecía mal. ¿Qué haría Alex cuando él se alejara, para vivir su propia vida, como un adulto...?

Kyo se detuvo, una punzada en su pecho al notar lo que estaba pensando. ¿Adulto? ¿Vivir su vida? ¿Alguna vez había pensado en eso siquiera? Sí, aceptó interiormente, aunque no pudo evitar sorprenderse. Con Yuki a su lado, una vida.

Y ahora no tenía ni eso. Ni a Yuki, ni un futuro. Todo había dado un giro, y lo único que quedaba era, irónicamente, la persona que había querido matarlo, y sus ninjas.

* * *

Iori observaba simplemente, las muestras de cariño de Alex ahora lo tenían sin cuidado. Lo que se preguntaba era cómo esa joven podía ir de un extremo a otro. Aún recordaba cómo la dejó en la habitación del hotel en Osaka. Casi estaba seguro que había perdido completamente la razón. No tenía idea de cómo consiguió llegar hasta el templo, pero al mismo tiempo, no pudo evitar prestar atención a la expresión totalmente feliz de Alex... sólo por estar cerca de Kyo otra vez.

Dejó al ninja a cargo de Kyo, y sujetó bruscamente a Tsukiyo, llevándola aparte, para terminar de aclarar el asunto con ella.

- Haz un movimiento en falso, y estás muerta - dijo simplemente, a la joven que asintió sin mirarlo. La soltó, observándola fijamente, viendo como ella se llevaba una mano al brazo herido, intentando detener la sangre que manchaba su simple blusa blanca. Pensar que había sentido una ligera atracción por una despreciable Kushinada le enfurecía. - ¿Qué es lo que pretendes ahora? - exigió saber, y Tsukiyo pareció encogerse.

- Nada... Es sólo que... - Iori iba a ordenarle responder algo coherente, pero la dejó continuar -. I never thought it was going to end like this {Nunca pensé que terminaría de este modo}. - murmuró Tsukiyo, cambiando súbitamente de idioma, como si así pudiera expresarse mejor, mientras las lágrimas comenzaban a caer de nuevo -. I thought it would be easy to please her... To please Setsuna by killing you. But I can't. Not now that I know you. {Pensé que sería fácil complacerla. Complacer a Setsuna matándolos. Pero no puedo. No ahora que los conozco}. - Hizo una pausa, y se atrevió a levantar su mirada hacia los ojos rojos de Iori, que la observaban fijamente -. Suddenly I found myself... caring... {De pronto... me di cuenta que me preocupaba por ustedes...}

- Lo suficiente como para informarle todo lo que hacíamos - gruñó Iori, fríamente.

- Pensé que si lo hacía, ella no tendría que venir en persona... - se defendió Tsukiyo débilmente.

- Estúpida - siseó Iori. Pero, ¿por qué no podía desconfiar de sus palabras?

- Mature-neechan is waiting for you {Mature-neechan los está esperando} - susurró Tsukiyo, intentando levantar sus ojos y mantener la mirada de Iori -. In the car, to take you all away from here. {En el auto, para sacarlos de aquí.}

Iori parpadeó, observando a la muchacha. ¿Mature había sabido también que ella no era su hermana?

- Go {Vete}, Iori - insistió Tsukiyo -. She can kill him {Ella puede matarlo} - dijo de pronto, haciendo un gesto hacia Kyo -. You don't want him to die again, do you? {No quieres que muera de nuevo, ¿verdad?}

La muchacha parecía estar a punto de echarse a llorar, Iori no podía comprenderla.

- Él ya está muerto - susurró con suavidad, alejándose de ella.

Sin esperar una respuesta, el pelirrojo se lanzó contra Setsuna, que sólo alcanzó a verlo venir antes de hacer un gesto para que sus ninjas la ayudaran. Pronto, todos se encontraron rodeados de sombras, las armas resplandecieron a la débil luz del amanecer.

- ¿Pero qué está haciendo? - murmuró Kyo furioso, y Alex se volvió por sobre su hombro, para ver a Setsuna y a Iori envueltos en fuego púrpura.

- Kyo... - murmuró, como si quisiera decir algo, pero el joven Kusanagi levantó el rostro en ese momento, como si hubiera sentido algo caer sobre él. Alex escuchó el sonido de un ninja, uno de esos despreciables sirvientes de Setsuna, que había saltado para atacarla por la espalda. En una milésima de segundo, Alex notó que no tenía tiempo para sacar su cuchillo y atacar, así que todo lo que hizo fue cubrir a Kyo con su cuerpo, aún abrazándolo, protegiéndolo del golpe mortal que el ninja estaba listo para dejar caer sobre ellos.

Inconscientemente cerró los ojos, sintiendo que Kyo intentaba hacerla girar, para apartarla del peligro. Ella protegía a Kyo, Kyo la protegía a ella... Pero Kyo estaba demasiado débil, no tenía la fuerza suficiente.

Se oyó un grito cuando un cuchillo cortó, pero no fue de Alex. La ninja se volvió a medias, lanzando una mirada de sorpresa, y se encontró con unos ojos ámbar que la observaban fríamente.

- De nada - sonrió Syo con una expresión sarcástica. Estaba justo detrás de ella, de pie, mientras sacudía el cuchillo que tenía en su mano derecha, manchado con la sangre del ninja que acababa de matar. Alex le sonrió del mismo modo, entrecerrando sus ojos verdes.

En menos de un segundo, ella ya tenía su propio cuchillo en la mano, aquel que Iori le había regalado, y se lanzaba contra Syo, que no se movió.

Se quedaron quietos, ambos, cuando el arma de Alex penetró en la piel y la sangre brotó corriéndole por sus dedos, espesa y húmeda. La rubia sonrió con un poco de malicia, retirando la hoja, dejando que el cuerpo de otro ninja de Setsuna cayera al suelo, junto con el que Syo había matado.

- Para servirte - dijo Alex entonces, disfrutando de la mirada de desprecio que le dirigió Syo.

- Llévate a Kyo-sama - ordenó Syo fríamente, ignorándola, viendo acercarse a más hombres, y sabiendo que no era momento para ponerse a discutir con ese insoportable extranjero. Se arrodilló ante Kyo, tomándole la mano, con la suya manchada de sangre, y acercándola despacio a sus labios, en un gesto que sólo se permitía ante su señor desde que era niño. Alex observaba con el ceño fruncido, en silencio. Era lo único bueno que tenía Syo, a su parecer; esa fidelidad hacia Kyo.

- Me alegra tenerlo de vuelta, señor - murmuró Syo, moviendo sus labios levemente, a milímetros de la mano de Kyo, que asintió sin poder evitar una leve sonrisa por la manera tan formal en que continuaba tratándolo, pese a todos los años de conocerse.

Syo era totalmente diferente a Alex. Era como si no le importara lo que sintiera en su interior, mientras pudiera seguir sirviendo bien a su amo. Alex y Syo eran los dos únicos ninjas que habían estado solamente a su servicio, era de esperarse que estuvieran allí por él, pero al mismo tiempo, Kyo temía por la seguridad de ambos.

Sabía que los dos estaban dispuestos a morir por él, si era necesario, pero no soportaba la idea. Había aceptado dócilmente el hecho de que él estaba muriendo, pero no aceptaría que Syo o Alex tuvieran que perder la vida debido al capricho de esa Kushinada.

Se puso de pie, aún de la mano de Syo, y sintió que el joven lo sostenía con cuidado cuando estuvo a punto de perder el equilibrio. Alex observaba solamente, quizás molesta, quizás despectiva.

- Por favor... - una voz llamó la atención de los tres jóvenes, era Tsukiyo, acercándoseles -. Llévense a Kyo, lejos, por favor... - murmuró la muchacha, observando los ojos verdes y los ojos ámbar, mirándola fijamente -. Mi hermana no dudará en matarlo, y realmente puede hacerlo... Es su energía la que trajo a Kyo de vuelta... ¿entienden?

Ninguno de los dos ninjas dijo nada. Kyo había dado un paso hacia Tsukiyo, frunciendo el ceño.

- ¿Y por qué habría de importarte eso a ti? - quiso saber, su voz sonando dura, severa. No podía evitar sentir resentimiento hacia esas Kushinada. Yuki y Tsukiyo habían sido unas hábiles mentirosas, traidoras. No podía aceptar que ella estuviese preocupándose realmente por él.

- Deben irse - insistió Tsukiyo sacudiendo la cabeza -. ¡Por favor!

- Pero Yagami aún está... - murmuró Kyo. No pudo continuar, porque en ese momento sintió un dolor lacerante recorriendo su pecho. Oyó el grito de Alex a su lado, y la voz de alarma de Syo, pero nada pudo hacer. El dolor llenó sus sentidos tan violentamente que se encontró perdido en la nada, semi-inconsciente. Sintió que lo sujetaban, se sintió ingrávido durante un momento, y de pronto todo el olor a muerte y fuego desapareció, para dar paso al aire frío de invierno, el silencio. Quiso llamar a Alex, preguntarle qué sucedía, pero unos fuertes brazos lo alzaron, protectoramente. Oía voces a los lejos, palabras imposibles de reconocer. La voz de... ¿Iori? Las rápidas palabras en inglés de Tsukiyo... Iori le exigía algo, su voz furiosa, amenazante, pero Tsukiyo no cedía. Tenía miedo, pero no cedía ante el pelirrojo.

Otra voz intervino, ¿Syo? No podía reconocerlas, las oía lejanas, pero no podía concentrarse lo suficiente como para saber a quién pertenecía... ni siquiera recordaba por qué tenía tanta urgencia por llamarlos, por intervenir, por advertirles... ¿advertirles de qué? Alguien faltaba allí, una voz, pero no estaba seguro de quién se trataba. ¿Qué estaba sucediendo?

- Resiste... - un susurro, profundo pero muy claro, como si alguien lo hubiese dicho dentro de sus pensamientos

¿Resistir? ¿Se refería al dolor? Ya no sentía dolor, estaba más allá de eso. Lejos de las sensaciones mundanas de un cuerpo mortal. Ingrávido, pero a la vez atrapado en unos brazos cálidos y fuertes, que, más que estrecharlo, lo inmovilizaban. No podía huir de ese cuerpo agonizante. El viento frío hería su rostro, las voces, superpuestas, intercambiando frases, gritos. La risa de Setsuna allá en lo alto, en el templo.

- Kyo... - Una voz...

- Yagami... - murmuró él. ¿Era Iori quien lo sostenía? ¿Qué había sucedido? ¿Dónde estaban...? - ¿Qué...?

Unos dedos cubrieron sus labios, haciéndolo callar. Sintió que lo sostenían más firmemente. Sí, era Iori.

- No hables - de nuevo una orden, apagada, dolor en la profunda voz de Iori.

La pesadez en su mente no lo dejó continuar pensando. No luchó, dejó que la inconsciencia lo invadiera, a pesar de saber que algo estaba mal... que no debía irse de allí... pero no tenía fuerza... no podía pensar...

- Alex... - susurró de pronto. Era Alex, algo estaba mal con ella... -. Alex - repitió...

- Todo está bien, Kyo - escuchó a su lado, junto con una caricia suave en su mejilla -. Aquí estoy.

Y, al oír a Alex, cerca suyo, Kyo cedió finalmente, cerrando los ojos. Sintió que empezaban a moverse. ¿Era un automóvil? ¿Pero por qué...?

* * *

Continúa...

[ Capítulo 34: Fading... ]

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Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002