Fanfic por MiauNeko
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~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 34.- Fading...

Los ojos ámbar de Syo observaron el vehículo oscuro alejándose del templo a toda velocidad. Era lo mejor, ir lo más lejos posible de esa mujer que había intentado despertar a Orochi. La sacerdotisa había dicho que ella podría hacerse cargo, ahora que había comprobado que el poder de Setsuna y sus hermanas era mínimo.

Sin embargo, aunque esas Kushinada quizás no eran capaces de lograr despertar al dios, sí tenían un poder superior al de muchos mortales, y lo habían demostrado. Tsukiyo fue la que los transportó en un segundo, del jardín del templo a la entrada donde Mature y Vice esperaban con el automóvil listo para llevarlos. Ellas habían estado al tanto de lo que la muchacha rubia había pretendido, no desde el comienzo, sino cuando Tsukiyo les confesó que ella había sido quien neutralizó el kekkai que sellaba a Orochi. Les confesó todo, lo que pretendía Setsuna, lo que sucedería... Y también les dijo cómo intentar evitarlo. Desafortunadamente, Tsukiyo actuó unos segundos demasiado tarde. No tuvieron tiempo de planear nada, el único objetivo que tenían era alejar a Kyo y a Yagami del templo Kagura.

Syo intentó no pensar en Kyo-sama en ese momento. Había pasado por lo peor del Henka, había muerto... había regresado, no era posible que la muerte se lo llevara otra vez. Solamente debía apresurarse para alcanzar a ese vehículo.

Desplazó su mirada hacia la figura que esperaba de pie a un lado del camino, dándole la espalda. La moto en que había llegado Alex continuaba estacionada allí, y dejó que el vehículo avanzara por la pendiente, despacio, hasta alcanzarlo.

- Oi - dijo, secamente, porque el ninja rubio no se movió -. ¿Te piensas quedar parado allí toda la mañana? - agregó, molesto porque Alex no pareció prestarle atención.

Extendió su mano para sujetar al joven por el brazo, pero se detuvo milímetros antes de rozarlo, recordando la manera en que antes le había gritado, no, ordenado, que no lo tocara.

- Gaijin - insistió una última vez y, por fin, Alex se volvió hacia él.

Syo se sorprendió ante lo que vio. El rostro del ninja estaba extremadamente pálido, una expresión de dolor sobre sus rasgos extranjeros. Sus ojos verdes estaban entrecerrados, como si no pudiera mantenerlos abiertos por más tiempo, los labios apartados, respirando con gran dificultad.

- ¿Qué...? - murmuró Syo, descendiendo de la motocicleta justo a tiempo para sujetar a Alex, que perdía el equilibrio y caía. Tuvo que sostenerlo por la espalda, y Alex gritó, intentando hacerse a un lado. Syo sintió que su traje estaba húmedo. Sangre.

Sólo entonces recordó el confuso momento en que Tsukiyo los había alejado de Setsuna. Lo primero que se oyó fue un grito, el de Alex... pero él había pensado que era sólo un grito de alarma. ¿No había sido así, acaso?

- Maldición, estás herido... - adivinó de pronto, observando a Alex directamente a los ojos. La expresión del rubio cambió a una de ligera burla, como si aquello no fuera lo suficientemente obvio, pero Syo no podía dejar de sorprenderse. Cuando la luz del poder de Tsukiyo se desvaneció, lo primero que Alex había hecho era verificar el estado de Kyo. No había parecido estar malherido en ningún momento, mientras ayudaba a Yagami a llevar a Kyo hasta el auto y tranquilizaba al joven Kusanagi con una ligera caricia en su mejilla. ¿Por qué...? ¿Por qué ese maldito extranjero siempre parecía estar bien cuando se encontraba cerca de Kyo? ¿De dónde sacaba la fuerza para fingir estar bien, luego de haber recibido un ataque directo de esa Kushinada?

Syo quiso apartar el traje de Alex, para buscar la herida. Podía saber que era grave, debido a la cantidad de sangre que estaba corriendo por sus dedos ahora. Sangre. En esos pocos días había visto demasiadas heridas en el cuerpo de ese ninja. Era como si no le importara; como si su cuerpo no importara porque, después de todo, lo estaba haciendo por Kyo.

¿Cuál de los dos le era más fiel a Kyo?, se preguntaba Syo ahora. ¿Era él capaz de hacer las mismas locuras que este extranjero... por su amo?

Parpadeó cuando notó que su muñeca había sido atrapada por la mano de Alex, impidiéndole buscar la herida. El rubio negaba con la cabeza, sin decir palabra. ¿No? ¿Qué pretendía?

- Vas a morir si no hacemos algo, ¿no te das cuenta, idiota? - gruñó Syo en voz baja, sosteniendo con firmeza a Alex, arrodillándose a su lado, sobre el asfalto. Alex no respondió, parecía que respirar le costaba un gran trabajo, y que toda su concentración estaba puesta en mantener los ojos abiertos -. ¿Estás loco? - insistió Syo un poco más suavemente. No comprendía a Alex, no entendía por qué le parecía ver tristeza en sus ojos verdes. Ni desesperación, ni miedo, sólo tristeza... Lágrimas.

- Es que no importa... - susurró Alex, suavemente -. Si Kyo va a morir, no me importa... Prefiero morir, que vivir... sin él...

Syo sacudió la cabeza ante lo que le parecían palabras tan necias. Quiso gritarle a ese extranjero que era un idiota al pensar así, pero se contuvo porque no lo conocía demasiado. No tenía idea de qué lo motivaba a hablar de ese modo.

- Kyo-sama no va a morir, ¿escuchas? - fue todo lo que gruñó, en un siseo furioso -. Y él te querrá ver vivo. Te voy a llevar a un hospital.

Alex quiso protestar, pero Syo no se lo permitió. Repentinamente, pero con cuidado, lo alzó, llevándolo hasta la moto y sentándolo de lado, para luego subir detrás de él. Vio que el rubio quiso apartarse, estaban demasiado cerca, así que se apresuró a murmurar:

- Tú te lo buscaste por dejar que te hirieran. Sujétate si no quieres caer.

Hubo un momento de silencio entre ambos. Alex parecía demasiado débil como para protestar, pero la furia en sus ojos le indicó a Syo que, de haber sido otra la ocasión, ya habría tenido un afilado cuchillo amenazando con cortarle el cuello.

- Date prisa, o los perderemos - insistió Syo una última vez, para que, finalmente, el rubio pasara un brazo alrededor de su cintura, sosteniéndose de él. Syo encendió la moto, y pronto ya estaban en camino, a toda velocidad por la carretera, siguiendo la ruta que hacía unos minutos había recorrido el vehículo que llevaba a Kyo. El viento helado hirió sus ojos claros, y parpadeó despacio, dejando que la fuerte brisa se llevara las lágrimas que cayeron. Sentía el cálido brazo de Alex en su cintura, y la cabeza del ninja apoyada en su pecho, como si buscara protección. Bajó su mirada un segundo, viendo que efectivamente, el ninja estaba contra él, sus ojos verdes entreabiertos, la mirada perdida. Se dio cuenta que luchaba por no quedarse dormido. Si cedía a la inconsciencia, quizás no volvería a despertar. - Ne, gaijin - murmuró en el oído de Alex -, Kyo-sama te regaló esta moto, ¿verdad? - Syo no esperó una respuesta antes de agregar -: Qué desperdicio. Yo le hubiera dado un mejor uso... - Un golpe en su estómago lo hizo callar.

- No sabes de lo que hablas... - gruñó Alex entre dientes.

- ¿Por qué un ninja habría de necesitar una moto? - insistió Syo, burlón -. ¿No confías en tu capacidad para llegar a tiempo...?

- ¿Y para qué la hubieras querido tú? - interrumpió el rubio bruscamente, con un siseo -. ¿Para tenerla de adorno mientras te arrastrabas a los pies de los líderes Kusanag...?

Esa vez fue Alex quien recibió un ligero golpe en la cabeza, para que cerrara la boca.

- ¿Acaso tú no te arrastras a los pies de Kyo-sama? - murmuró Syo.

- Pero yo no lo llamo "sama"... - se burló Alex.

- Es porque eres un gaijin y no sabes nada de modales japoneses - soltó Syo, acelerando un poco más. Quizás esas luces que veía en la lejanía eran del auto que debía alcanzar.

- Si estás tratando de mantenerme consciente, lo estás haciendo pésimo, Fujimiya - gruñó Alex de pronto, levantando la mirada un momento para encontrarse con sus ojos ámbar. Syo no pudo evitar sonreír.

- Acepta que está dando resultado - dijo, burlón -. Tú no serías capaz de lograrlo.

- Eres un idiota.

- Oh sí, venía incluido con las técnicas que "aprendí" de ti.

Continuaron así durante el resto del camino, pero Syo no podía negar que cada vez que oía una respuesta de parte del rubio, sentía un profundo alivio en su interior. Inconscientemente se preguntó desde cuando se preocupaba por ese maldito ninja engreído...

Llegó a la conclusión de que, si Kyo-sama lo apreciaba tanto, entonces algo bueno debía tener... y estaba dispuesto a comprobarlo, aunque tuviera que soportar la espantosa personalidad del extranjero.

* * *

- Yagami... - la voz de Mature sonó preocupada, dentro del auto, cuando se dio cuenta que el pelirrojo estaba a punto de perder la consciencia. Había estado peleando con Setsuna y sus hombres, haciendo uso de sus llama púrpura, no se había tomado ni un respiro luego de cederle tanta de su energía al joven Kusanagi -. Yagami... - repitió de nuevo, al ver que Iori no la escuchaba.

Tenía la mirada fija en el rostro de Kyo, sus ojos observándolo intensamente. Parecía estar perdido en sus propios pensamientos, apartado de ese mundo. ¿Qué pasaba por su mente? Mature no tenía forma de saberlo, pero le parecía extremadamente raro que Yagami estuviera haciendo eso por Kyo. ¿Cuánto en el pelirrojo había cambiado, en sólo una semana de estar tan cerca del Kusanagi? Definitivamente no era el mismo. Quizás con ellas seguía mostrándose frío, lejano, como si no le importaran, pero con Kyo... La rubia nunca esperó ver a Iori comportándose así con nadie. Ni siquiera cuando Tsukiyo intentaba seducirlo se veía tan tierno...

Tierno... pese a estar cubierto de sangre... Pese a no haber pasado ni diez minutos desde que asesinara a sangre fría a tantos hombres que habían intentado impedirle el paso al interior del templo.

¿Por qué? ¿Qué tenía ese Kusanagi, que conseguía mostrar ese lado de Iori? Parecía una persona totalmente diferente...

- No puedes esperar que alguien viva sin sentir absolutamente nada toda su vida, ne? - escuchó que decía Vice, conduciendo a toda velocidad por las calles de la ciudad. Mature se volvió a su compañera. Sí, tenía razón... pero de todos modos... Era tan extraño ver a Iori comportarse de ese modo. Vice notó la obstinada confusión de Mature, y sonrió -. Piénsalo así: todos temen a Yagami, Kusanagi lo trata familiarmente... Era inevitable que Yagami fijara su atención en él... - Vice rió suavemente -. No puedo negar que se ve bien, con esa expresión...

Mature sonrió ante el comentario, y se inclinó hacia su compañera de cabello oscuro, haciendo que volviera su rostro hacia ella, olvidándose del camino durante unos segundos.

- Todo esto me hace pensar... - susurró Mature, en voz muy baja -. No quiero encontrarme en la situación de esos dos. - E, inclinándose un poco más hacia Vice, besó suavemente sus labios -. Nunca.

* * *

El tranquilo hospital estaba en silencio; era temprano aún, y el sol todavía no terminaba de salir. La nieve estaba siendo apartada, dejando libre la entrada. Se podían ver las luces encendidas en varias ventanas, pero todo el lugar daba una sensación de paz y silencio, como si en su interior nadie sufriera, como si nadie llorara. Como si en verdad la construcción sirviera para traer alivio a los que entraban en ella, y no una cruel prolongación del sufrimiento.

Quizás fue por eso que varias miradas soñolientas se volvieron hacia la calle cuando con un chirrido de ruedas un automóvil negro se detuvo justo frente a la entrada. Un grupo de enfermeras no tardó en aparecer, llevando una camilla con sueros preparados. La ruidosa entrada de ese auto les hacía pensar que realmente se trataba de algo grave. Sin embargo, las jóvenes vestidas de blanco se sorprendieron cuando, al abrir la puerta trasera, se encontraron con el rostro tranquilo de un joven de cabello castaño que las observaba como si acabara de despertar. A su lado, un pelirrojo observaba por la ventanilla contraria, sin prestarles atención.

Hubo un momento de silencio, en que ninguna de las enfermeras supo qué hacer. Los jóvenes no parecían estar heridos, y como ninguna veía la sangre que manchaba la ropa de Iori, no se alarmaron. Comenzaron a retroceder pensando que la gran entrada hecha por el automóvil había sido una falsa alarma.

- ¿Kusanagi...? - preguntó Mature, volviéndose e inclinándose hacia él, extendiendo su mano para apartar los mechones castaños y rozar su piel. Sintió que estaba húmeda, y cálida, como si tuviera fiebre, pero aparte de eso, la palidez con la que lo había visto salir del templo había desaparecido casi completamente.

- ¿Qué? - preguntó Kyo, su tono de voz era firme, sus cejas bajando sobre sus ojos con aire molesto. Apartó su rostro de las manos de Mature, incómodo ante el contacto. Ella retrocedió un poco, y luego miró a Iori.

- No puedo creerlo... - susurró Mature, parpadeando un par de veces, aclarando la mirada de sus ojos celestes -. Yagami...

- ¿Yagami qué? - insistió Kyo, mirándola molesto, cuando ella no continuó.

- Maldita sea, estúpido Yagami - murmuró Mature, lanzándole una mirada directa al pelirrojo, que la observó un par de segundos antes de volver a mirar por la ventanilla con una sonrisa burlona en sus labios. La rubia se apartó. Cuando vio a Yagami mirando con esa expresión indefinida el rostro del Kusanagi, ella había tenido la seguridad de que Kyo estaba muriendo. Por eso se había dirigido al hospital. Pero tal parecía que Kyo se encontraba mejor de lo que había estado en mucho tiempo.

Kyo quiso preguntar de qué se trataba todo eso, pero en ese momento otro sonido lo interrumpió. Era el familiar rumor de una moto, deteniéndose a sólo pasos de ellos. La atención de las enfermeras se volvió a los recién llegados, y Kyo oyó claramente la voz de Syo:

- Rápido, por favor.

- Syo - llamó Kyo, y el ninja al verlo se le acercó. Lo ayudó a bajar del automóvil cuando vio que los movimientos del joven parecían algo inestables, y mientras pasaban por entre las enfermeras le dijo en voz baja:

- Alex está malherido, Kyo-sama...

- ¿Qué? - Kyo se volvió hacia Syo, notando claramente la preocupación en el rostro del ninja -. ¿Cómo...? - preguntó luego Kyo.

- No lo sé - murmuró Syo -. Fue en el templo. - Hizo una pausa, viendo como un joven vestido de blanco alzaba a Alex para depositarlo suavemente en la camilla. Al instante las sábanas blancas que la cubrían se tiñeron de rojo. Syo vio que Alex continuaba consciente, pero sus ojos verdes fuertemente cerrados, mientras enfermeras buscaban su pulso y examinaban su respiración. - No me permitió verlo, todo lo que pude hacer fue traerlo... - terminó Syo.

- ¡Suéltenme! ¡No se acerquen!

Era Alex, que había lanzado un violento golpe, sin poder evitarlo, para apartar las manos que habían intentado buscar la herida que sangraba tan abundantemente. El joven de ojos ámbar vio cómo el rubio seguía con los ojos cerrados, comenzando a encogerse sobre sí mismo. Ya nadie lo tocaba, pero continuaba murmurando, en voz baja, rogando, que lo dejaran, que se alejaran.

Las enfermeras no comprendían qué sucedía. Syo vio que del hospital salían un par de jóvenes doctores más, para ayudar a controlar a Alex. Quizás creían que estaba sufriendo un ataque.

- No, no se acerquen - dijo de pronto Kyo -. No llamen a más personas.

Pero entre la confusión de las enfermeras, y la urgencia de detener la hemorragia, las palabras de Kyo no fueron escuchadas. Los doctores debían agradecer que Alex no tenía sus cuchillos, de lo contrario, bien podrían haber terminado muertos.

Sin saber cómo, Kyo se encontró justo al lado de Alex. La vio estremecerse entre sollozos, y supo qué era lo que sucedía. Tanta gente a su alrededor, tantas personas intentado tocarla al mismo tiempo... Era para ayudarla, pero incluso eso le traía los horribles recuerdos de su pasado... cuando llegó herida de muerte a un hospital, y la atendieron del mismo modo en que lo hacían ahora.

- Alex... - llamó Kyo suavemente, buscando la mano de la joven, intentando calmarla.

- Que se vayan, haz que se alejen - oyó que susurraba Alex con otro estremecimiento -. Por favor...

- Son sólo enfermeras, estás herido... - dijo Kyo con voz suave. Acarició con su mano el cabello húmedo de Alex. - Tienen que curarte...

- Que no lo hagan, que se larguen - exclamó súbitamente la joven, abriendo los ojos al fin, encontrándose con el rostro tranquilo de Kyo. ¿Cuántas veces había visto al joven, y su cálida mirada la había traído de vuelta a la realidad? Pero ahora no había más cálidas miradas, todo lo que veía eran los ojos rojos, desconocidos, de Kyo. Se sintió muy mal por hacer pasar por eso al joven. Siempre había sido así, intentaba luchar contra la desesperación ella sola, para que Kyo no tuviera que preocuparse... pero era tan difícil. Y ahora, cuando era ella quien debía cuidarlo a él, tampoco lo conseguía. Pero... ¡los recuerdos eran tan abrumantes! No podía evitar recordar cuando la encontraron, su cuerpo herido y ultrajado, y la llevaron a un lugar idéntico a ése. No hubo nadie que la consolara mientras lloraba, nadie que le explicara que aquellas personas de blanco sólo querían ayudarla...

- No pienses en eso... - Kyo habló aún con dulzura, mientras escuchaba que a su espalda Syo murmuraba:

- Kyo-sama, deben atender a Alex ahora.

El tono del ninja era urgente, y Kyo asintió. No sabía exactamente qué le había sucedido a Alex, pero por la cantidad de sangre y la manera en que Syo habló, era obvio que su vida estaba en peligro.

- Déjalos - dijo Kyo con suavidad, inclinándose hacia la joven -. Estaré contigo.

Mientras Kyo decía esto, Syo hizo un gesto, para que las enfermeras volvieran a acercarse.

- Kyo, no me hagas esto... - sollozó Alex, acercando la mano de Kyo que sostenía, contra sus labios, mientras las lágrimas empezaban a caer. La joven rubia sintió que la tocaban, y se aferró con más fuerza a Kyo, tanta, que el joven sintió dolor.

- Lo siento... - murmuró Kyo, la camilla empezaba a avanzar, pero Alex no lo dejó ir. Caminó a su lado, sin poder apartar la mirada de su rostro asutado. En verdad Alex parecía no darse cuenta que esto era el presente, y que las personas a su alrededor no pretendían hacerle daño. Escuchó el comentario de una enfermera, mientras las demás decían en voz alta el ritmo cardíaco y la presión de Alex, "profunda herida en la espalda".

- Maldición... ¡que me suelten... Kyo! - gritó Alex, sin poder soportarlo más. Quiso volver a golpear, pero Kyo alcanzó a sujetarle ambas muñecas, con fuerza, sorprendiéndose de haber recuperado su energía. Iban por un pasillo ahora, notó. Puertas que se abrían para darles paso, personas que se apartaban. Y Alex, sollozando, a su lado, incapaz de defenderse, de nuevo.

Le dolía mucho hacerla pasar por eso otra vez, pero si estaba herida, no quería que su vida estuviera en peligro. No quería que ella muriera. Alex era demasiado importante para él.

- No te voy a perdonar esto jamás, Kyo... - oyó que decía Alex, furiosa, intentando forcejear, pero Kyo sabía que en ese momento ella no era consciente de lo que decía. Estaba demasiado confundida entre la realidad y los recuerdos -. Te odio, kusogaki... {maldito mocoso} - terminó la joven rubia, para total sorpresa de Kyo.

Sintió que lo tomaban de los brazos, para apartarlo, pero Alex no lo dejaba ir, aún tenía su mano sujeta, con fuerza.

- ¿Qué hace este joven en la sala de operaciones? - exclamó alguien -. ¡Llévenselo!

Tiraron de él, nuevamente. Alguien sujetó con cuidado los dedos de la joven, para hacer que liberara a Kyo. Él cerró los ojos un momento. Había dicho que estaría con Alex... pero ahora lo obligaban a dejarla sola. ¿Se habría dado cuenta? ¿Habría notado cuando tuvo que soltar su mano?

- ¿Quiere hacer el favor de salir...? - oyó que le decían, desde algún lugar. Abrió los ojos, volviéndose levemente hacia la voz con expresión ausente. - Joven, ¿puede salir? - de nuevo la voz a su lado. Una enfermera intentaba ser amable mientras le indicaba la puerta. Kyo obedeció y salió en silencio, sin poder darle una última mirada a Alex, que ya estaba rodeada de médicos y más enfermeras.

Kyo se encontró de pronto en el opresivo ambiente del pasadizo. Éste estaba desierto. Allí no se percibía el olor de antiséptico que había notado en la sala de operaciones, pero de todos modos no le gustaba. Odiaba los hospitales.

Esperó un momento tratando de asimilar todo lo que había pasado en tan poco tiempo. Maldijo a la estúpida enfermera, y luego se maldijo a sí mismo, llevándose una mano a los ojos, cerrándolos con fuerza, como si ese gesto pudiera aliviar en algo su confusión. El rumor de las voces de los doctores dentro de la sala de operaciones le llegó claramente. Alex...

Dejó caer los brazos, sin fuerza, bajando la cabeza, aún sin abrir los ojos. De pronto se daba cuenta que no sabía qué debía hacer. Todo parecía haberse salido de control y estar más allá de su alcance.

De pronto sintió que alguien lo sujetaba por los hombros, tirando de él hasta que se encontró rodeado por unos brazos que lo estrechaban con fuerza. No se molestó en abrir los ojos, ni siquiera entonces. Sintió las manos acariciando con violencia su cabello, unos labios que le robaron un beso inesperadamente, respirando dentro de él, tomándolo por sorpresa. Lo correspondió, levantado sus manos para alcanzar el cuello de Iori, rozando su cabello con la punta de sus dedos.

- Yagami... - susurró Kyo, como si necesitara saber que dentro de todo lo que había sucedido, Iori seguía siendo el Yagami Iori que conocía.

Iori se alejó algunos centímetros, observándolo fijamente a los ojos. Unos pasos se acercaban. Eran sus compañeras, y el ninja de Kyo, seguidos de una enfermera que los llevó hasta una diminuta sala de espera, para que tomaran asiento.

Kyo lo hizo, despacio, seguido por Iori, que se sentó a su lado. Syo los observó, pero no se acercó. Se alejó en silencio, perdido en sus propios pensamientos, mientras las dos jóvenes intercambiaban una mirada. Ellas no tenían nada que hacer allí, y sería mejor que Yagami y Kyo estuvieran a solas.

Iori paseó sus ojos por el lugar. Era sólo un rincón amoblado a un lado del pasillo. Demasiado estrecho, parecía diseñado para que sólo la familia del que se encontraba en la sala de operaciones pudiera sentarse a esperar. El silencio se hacía opresivo, no pasaban enfermeras por allí, intentando calmarlos con sonrisas pintadas.

Se volvió para observar a Kyo, en silencio aún. El joven estaba simplemente sentado, la vista al frente, los brazos cruzados. Se veía mucho mejor ya, la palidez que vio en su rostro cuando Setsuna lo atacó había desaparecido totalmente. Setsuna, atacándolo tan repentinamente... Fue tan inesperado que ni siquiera él tuvo tiempo de reaccionar... Pero Alex lo había hecho, se interpuso en el camino del ataque y lo recibió de lleno en su cuerpo... Quizás Iori fue el único que se dio cuenta de lo que realmente había pasado. Esa ninja realmente lo sorprendía. Parecía tan inestable... pero lo único que con toda seguridad hacía, era proteger a Kyo. Siempre Kyo.

- ¿Crees que sobreviva? - preguntó el joven de pronto, refiriéndose a Alex, sobresaltándolo. Iori no apartó la mirada, mientras lentamente Kyo se volvía hacia él. Podía ver claramente sus ojos teñidos de rojo, su mirada dolida. ¿Sería capaz de hacer volver su mirada castaña, si usaba un poco más de su energía?

- Quién sabe - murmuró el pelirrojo.

- Nunca pensé que él volvería a tener tanto miedo... - murmuró Kyo, bajando su rostro -. Le prometí que no volvería a suceder...

- Le estás salvando la vida y esa extranjera debe comprenderlo - interrumpió Iori bruscamente.

- Hace años que no decía que me odiaba - continuó Kyo con una sonrisa triste -. Nunca lo había dicho tan seriamente... - el joven de cabello castaño hizo una pausa, levantando su cabeza hacia Iori -. ¿Extranjera, dices?- murmuró, extrañado. ¿Por qué Iori sabía que Alex era una mujer?

- Si piensas que en verdad te odia, es porque eres un estúpido, Kusanagi - gruñó el pelirrojo.

- Dime qué sucedió mientras yo no estuve - pidió Kyo de pronto. Iori parecía saber cosas que él no, y ya era tiempo de enterarse de todo. Esperar que Alex saliera de la sala de operaciones sería demasiado largo, y prefería escuchar la profunda voz de Iori a su lado, que angustiarse con preocupaciones en su interior. Alex tenía que estar bien, debía estarlo.

Kyo escuchó un suave gemido de molestia de parte de Iori, y al observarlo notó que en verdad estaba agotado. Ahora no parecía tener fuerzas para nada, salvo estar sentado allí, a su lado. En su mente se repitió por milésima vez que era increíble que Yagami Iori estuviera haciéndole compañía, pero era verdad. Había temido no volver a verlo jamás, al morir, y ahora sabía que estaba con él... Kyo no podía dejar de sentirse extrañamente tranquilo.

Buscó la mano de Iori, y la acarició suavemente, disfrutando de ese momento de tranquilidad. No sentía dolor, era casi como volver a la normalidad, como si el Henka ya hubiera terminado. Pero no sabía qué sucedería. ¿Era esa energía para siempre? ¿O nuevamente llegaría un momento en que el dolor volvería comenzar?

Observó a Iori, que se había vuelto para mirarlo. El pelirrojo podía ser fuerte, pero su propio cuerpo sufría el deterioro que le producía el fuego púrpura... ¿Cuánto podía resistir si permitía que él absorbiera su poder?

Kyo sintió una leve punzada en su interior... ¿Eso significaba que... si Iori lo curaba del todo... debía dar su vida a cambio? ¿Era eso? Cerró los ojos un momento, confuso. Él ya le había dicho que no lo haría. Pero una de las viejas reglas había sido rota: habían dormido juntos, estaban juntos, y pretendían continuar así. La siguiente regla... la cura...

- ¿Kyo? - Iori notó el cambio en el semblante del joven Kusanagi.

- No quiero volver a dejarte - habló Kyo de pronto, volviéndose hacia Iori, que lo miró sorprendido -. No sé si te dolió en algo pensar que yo había muerto... Pero yo no quiero volver a dejarte... ¿entiendes?

- ¿Tienes miedo de morir, de nuevo? - susurró Iori, confundido ante las repentinas palabras de Kyo.

- No... - negó Kyo con la cabeza -. No lo sé... Es tan confuso - murmuró -. Dejarte... La idea... no la acepto. No quiero.

- Acéptalo - dijo Iori fríamente, volvió a apartarse, permitiendo que su cabello rojizo cubriera su rostro, para que Kyo no pudiera ver su expresión -. Porque volverá a ocurrir. Y esta vez será definitiv...

El pelirrojo se vio interrumpido cuando Kyo lo abrazó.

- Cállate de una maldita vez, Yagami - habló Kyo, exasperado, contra el pecho del otro joven. Sin embargo, sabía muy bien que Iori no iba a tener la delicadeza de hablarle con medias verdades. Era lo que buscaba, pero al mismo tiempo lo hería. Contradictorio, como siempre había sido.

Iori le acarició suavemente el cabello al joven que ahora estaba entre sus brazos. ¿No quería dejarlo, decía? No podía evitar sorprenderse. ¿A Kyo realmente le gustaba estar con él? ¿Por qué? No tenía nada que ofrecerle, salvo palabras rudas y secas. No podía expresarle cariño, no del modo en que Kyo parecía necesitarlo... Era... demasiado difícil...

* * *

* * *

Continúa...

[ Capítulo 35: En el Límite de un Sueño ]

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Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002