Fanfic por MiauNeko
Capítulo by Miauneko & Artemis
Créditos del beta-reading a Pekkochu

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capitulo 35.- En el Límite de un Sueño

Desde donde estaba, Syo vio que Kyo conversaba con el joven Yagami, en voz baja, muy cerca uno del otro. Apartó la mirada, algo avergonzado, sintiéndose extraño. Era como si violara la privacidad de su amo, y no era su intención. Sin embargo, no podía dejar de preguntarse por qué estaban tan juntos, y qué era lo que hablaban. Era casi lo mismo que sentía hacia el ninja extranjero... ¿por qué podían estar tan cerca de Kyo-sama, con tanta familiaridad?

Él no lo conseguía. Habían sido amigos, sí, pero de una manera en que aún mantenían la distancia de amo y sirviente. Kyo siempre había sido un niño caprichoso, no importaba cuánto le advirtiera él que algo era peligroso. Kyo no lo oía, y lo hacía. A veces tenía buena suerte, otras veces recibía un severo castigo, pero no pasaban ni tres días para tenerlo de nuevo sonriendo y buscando alguna travesura para molestar a sus padres y tutores. No había manera de controlarlo, recordaba Syo. Una vez, sólo una vez, intentó controlar a Kyo por la fuerza, y ambos terminaron envueltos en una pelea, con Kyo gritándole que dejara de ser tan estúpido, que no pensara que porque eran amigos él no continuaba siendo un sirviente.

Esas palabras le habían dolido profundamente, pero no podía resentirse, porque después de todo eran verdad. ¿Qué hacía él esperando ser algo más para Kyo, salvo un huérfano que habían entrenado para que lo sirviera?

Si no le hubiera gustado tanto estar al lado de Kyo, seguramente nunca se habría dejado dominar por ese maldito clan... pero habían pasado más de diez años. Era demasiado tarde para intentar cambiar. Demasiado tarde para todo.

- ¿Kusanagi-san?

El joven ninja se sobresaltó ante la voz que lo llamó por la espalda. Había estado distraído, y no oyó llegar a la enfermera que traía unos papeles en sus manos.

- Usted es amigo de Gaunier Alex-san, ¿verdad? - continuó la joven sin esperar respuesta. Veía tal confusión en los ojos ámbar de Syo que podía hacerse la idea de que sí era quien había registrado a Alex en el hospital -. Uno de los doctores quiere hablar con usted, ¿puede acompañarme?

Syo miró a Kyo, aún conversando suavemente con Iori. No lo pensó mucho, siguió a la enfermera hasta una pequeña oficina, al terminar el pasillo, saliendo del sector de urgencias. El médico resultó ser sólo un hombre más entre muchos otros, un rostro que no tenía nada fuera de lo común, salvo unos ojos grises cariñosos. Le indicó a Syo que tomara asiento, pero él joven no se movió. Estaba acostumbrado a esperar de pie.

- ¿Sabe que debemos reportar este hecho a la policía, Kusanagi-san? - preguntó suavemente el doctor. Sus labios quedaban ocultos bajo una tupida barba y bigotes grises. Él sí se había sentado, y entrelazaba los dedos de sus rugosas manos, mientras observaba a Syo, erguido ante él -. ¿Kusanagi-san? - llamó de nuevo, al ver que el joven de cabello castaño no le hacía el menor caso.

Syo volvió en sí. Como el doctor se dirigía a Kyo, él había estado totalmente distraído. Era una vieja costumbre. Como ninja, y mensajero de asuntos secretos, estaba entrenado para intentar escuchar lo menos posible de conversaciones ajenas, así, en el caso de ser atrapado por manos enemigas, no tendría información importante que revelar, no importaba si lo torturaban o amenazaban. Desafortunadamente, ahora no era el momento para estar poniendo en práctica esas habilidades.

- Usted no es Kusanagi... - dijo suavemente el doctor. Syo le devolvió una mirada helada, pero se encontró con la expresión afable del viejo hombre. - Sin embargo se ve que está preocupado. ¿Es usted otro amigo?

Syo bajó los ojos un segundo. ¿Qué debía decir? ¿Que pertenecía a los hombres bajo el mando de una familia de yakuza?

- Si me disculpa, joven, debo hablar con Kusanagi-san... - dijo el doctor, aún amablemente, poniéndose de pie.

- No, espere - habló Syo al fin, dando un paso hacia el escritorio -. No... - agregó, negando con la cabeza -. Primero dígame cómo está...

- Se lo diré personalmente a Kusan...

- Por favor - Syo no pudo controlarse, golpeó el escritorio con ambas manos, asustando al doctor, que lo observó sorprendido. - Dígamelo a mí, asumiré la responsabilidad... por favor. - El ninja hizo una profunda inclinación, clavando la mirada en el suelo, tal y como hacía ante los líderes del clan. El doctor debía comprender, al verlo, de qué se trataba todo. Tenía que hacerlo. Syo no quería ver a Kyo recibiendo malas noticias sobre Alex. Ya había visto su expresión cuando él le comunicó que el extranjero estaba herido. Decirle que moriría... No...

¿Por qué hacía esto? No podía comprenderlo. Kyo no era un niño, era fuerte. Si Alex moría, él lo tenía que aceptar. Vivir, morir, era parte del proceso... pero... dentro de Syo, Kyo aún seguía siendo el niño desentendido de todo, que vivía feliz, lejos de las preocupaciones de un mundo de adultos. Sabía que no era así, las cosas habían cambiado... Pero él dejó a Kyo cuando ambos eran niños, y esa era la eterna imagen que tenía de su amo.

El doctor pasó al lado de Syo en dirección a la salida, el ninja no se movió, sólo esperó. Escuchó el pestillo de la puerta al cerrarse, y luego un suspiro. Se volvió, para encontrarse al doctor apoyado en la puerta, las manos cruzadas tras su espalda, su mirada preocupada.

- ¿Qué es lo que está pasando aquí? - preguntó el hombre, simplemente. No era amenazante, ni prepotente, pero su tono de voz exigía una respuesta satisfactoria. - Esa herida, es un ataque armado, y debemos reportarlo a la policía.

- ¿Qué herida? - preguntó Syo, no la había visto, no sabía si era grave o no.

- Un profundo corte en la espalda de Gaunier-san...

Syo no dijo nada, esperó que el doctor continuara:

- Parece un simple corte, pero no hay indicios de metal, o algo que pudiera haberlo producido...

Energía, pensó el joven, cerrando los ojos un momento.

- Lamentablemente... - murmuró el doctor, negando con la cabeza. Parecía sufrir él mismo al dar malas noticias. Los ojos grises y cálidos del hombre se encontraron enfrentando los ámbar y sorprendidos de Syo. "No está muerto, ¿verdad?", parecía, más que preguntar, anhelar.

- Deberían llamar a sus familiares y amigos cercanos - dijo el doctor, quitándole el seguro a la puerta -. No estamos seguros de lo que pueda suceder. Está en la habitación 306, por si quiere ir a verlo antes que Kusanagi-san.

Syo salió rápidamente, agradeciendo con una inclinación de cabeza.

* * *

306.

La puerta se abrió suavemente, y una figura entró con sigilo, como si tomara todas las precauciones para no ser oído. Era Syo, que se detuvo apenas traspasó el umbral, cerrando la puerta con sumo cuidado. El joven no pudo evitar quedarse observando la habitación; era tan simple y vacía, que daba una sensación de soledad. ¿Cuántas personas habían muerto, sin compañía, en ese lugar?

"Será mejor que llamen a sus familiares y amigos cercanos", había dicho el médico, tan dulcemente, como si tratara de dar una mala noticia y consolar al mismo tiempo. Syo pensaba en qué familia tenía Alex. ¿Y qué amigos? Sus compañeros, Kyo... ¿Había alguien más a quien debía avisar? ¿Y por qué tenía que preocuparse él de eso? Nada lo ataba a quedarse, nada lo obligaba a avisar a nadie. Además los compañeros del gaijin eran ninjas, si fueran buenos ya estarían ahí. Pero no había nadie. Nadie excepto él.

Se acercó a la cama, que estaba ligeramente levantada para mantener a Alex en un leve ángulo agudo y evitar demasiada presión sobre su herida. Alguien había humedecido su cabello para echárselo completamente hacia atrás, dejando que sólo algunas hebras cayeran sobre su frente. Se veía extraño, muy frágil. Los mechones rubios contrastando con la funda blanca de la almohada demasiado grande. La cama era estrecha, pero Alex allí parecía perdido, su cuerpo oculto bajo los tenues pliegues de las sábanas. Syo se dio cuenta que ahora, con los ojos cerrados, toda su expresión burlona y despectiva desaparecía, para ser reemplazada por una de necesidad. Tenía la impresión de que Alex sufría, pero al mismo tiempo, estaba claro que el rubio lo hacía a solas, como si no tuviera a nadie... o como si pensara que no tenía a nadie.

- ¿No llamas a Kyo-sama? - murmuró Syo, acercándose. No podía evitar un ligero tono de burla en su voz, porque, aun inconsciente, Alex seguía siendo ese gaijin insoportable

Un pequeño tubo de oxígeno descansaba sobre los labios de Alex, cerca de su nariz. El tubo caía hacia un lado, por su mejilla y luego hacia el colchón, donde se confundía con los cables de unas sondas ocultas bajo las sábanas. La pantalla que monitoreaba los latidos del corazón de Alex estaba a un lado. El ritmo era estable, pero débil.

- Eres un idiota - dijo Syo, aún en un murmullo, mientras rozaba levemente, con la punta de los dedos, el cabello húmedo de Alex, haciendo que los mechones cayeran sobre su frente, cubriendo sus delgadas cejas. Así estaba mejor, no tenía ese aire desvalido que incomodaba al joven de ojos ámbar -. ¿Qué le voy a decir a Kyo-sama ahora? - continuó Syo, sin dejar de mirar fijamente el rostro dormido de Alex. No se daba cuenta que hablaba en voz alta, ni que le hablaba a él -. ¿No te creías muy hábil? ¿Qué haces tendido en esa cama, gaijin?

Continuó allí, observando el rostro del rubio. ¿Despertaría? ¿O continuaría dormido hasta morir? ¿No tendría la posibilidad de ver de nuevo esos ojos? Se encontró pensando que quería ver ese verde intenso, con ese brillo burlón cuando hablaba con él...

- Estúpido extranjero - siseó. No podía evitar sentir un enorme desprecio hacia Alex. Hasta hacía unos momentos, había pensado que la fuerza que había mostrado al llegar consciente al hospital, pese a estar herido, era de admirarse. Pero ahora... ¿Cómo se atrevía? Un ninja no debía morir en una cama de hospital, debía morir luchando, con honor. Dejar ese mundo, lentamente, dando oportunidad a que alguien, quien fuera, sintiera lástima, era humillante. Pero Alex nunca había sido un buen ninja, ¿verdad? Ni siquiera en su forma de morir.

El motivo de la falta de respeto que Alex mostraba hacia todo en general, para él era claro: Alex y sus compañeros habían entrado a formar parte de los ninjas del clan Kusanagi por capricho de Kyo. Ni Alex ni ninguno se merecían ser llamados ninjas.

Pero el orgullo no parecía estar presente en Alex en ese momento. Vio cómo el joven rubio cerraba los ojos con fuerza, entreabriendo los labios para intentar respirar profundamente. Oyó un leve gemido ahogado en su garganta, y de pronto vio que Alex sacudía la cabeza, negando algo en sueños. El brusco movimiento estuvo a punto de desconectar el oxígeno, las sondas. Los cables se tensaron, pero Syo alcanzó a sujetar a Alex de los hombros, para que estuviera quieto.

Bajó su mirada, ahora que estaba tan cerca. El cabello rubio estaba desordenado, los ojos aún cerrados. Alex continuaba inconsciente, pero Syo vio que en sus pestañas doradas había lágrimas.

- Kyo... - murmuró Alex al fin, mientras las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas -. No...

- Kyo-sama no está aquí - dijo Syo, entrecerrando sus ojos, extrañado al ver esas lágrimas. ¿Qué le pasaba a ese extranjero? Quiso retroceder, pero se encontró con que Alex había sujetado la cinta que colgaba de su traje.

Era sólo un accesorio de suave seda, un cinturón negro bordado finamente en rojo, el único adorno visible en su eterno traje oscuro de ninja. Tiró de él, suavemente, pero Alex no cedió.

- Tienes miedo... - susurró Syo, mirando como los delgados dedos de Alex se aferraban a la tela, con tanta fuerza que los nudillos se marcaban en su piel. No lo preguntó, ni lo afirmó, solamente acababa de notarlo, y no podía creerlo. ¿Qué podía asustar a ese ninja? ¿Qué estaba viendo en sus sueños?

Syo sonrió levemente, posando sus dedos sobre los de Alex y forzándolos a soltarse. La mano de Alex era suave, pero estaba helada. La mantuvo en las suyas un momento, volviendo a mirar el rostro dormido del joven. Veía miedo, sí, pero lentamente notó como Alex parecía calmarse, como si la pesadilla terminara.

- Despierta - fue un murmullo, una orden muy suave -. Despierta y llamaré a Kyo-sama.

Sintió cómo Alex hacía presión, sus dedos fríos sujetando las manos de Syo, levemente. El joven no se movió. No podía pensar con claridad. No sabía qué hacer. Jamás había pensado que vería a Alex así... que "él" lo vería así. Y que sentiría la mano de Alex en las suyas, tan extraño.

- Sal de esa pesadilla, gaijin. - Quería que abriera los ojos. No soportaba pensar que un ninja de Kyo iba a morir de esa forma, que Alex moriría así. Cerró los ojos de pronto, apartando su rostro, para borrar de su mente, aunque fuera por un momento, la imagen de Alex: los ojos cerrados, las lágrimas... -. Maldita sea, ¡despierta! - exclamó de pronto, descargando un golpe con su mano libre, contra el colchón.

Se quedó asombrado ante aquella muestra de descontrol. Hacía tanto tiempo que sus sentimientos no brotaban tan violentamente que creía ser incapaz de volver a mostrarlos de forma tan abierta. Sin embargo, no pudo pensar mucho en eso, porque se encontró con dos ojos verdes mirándolo fijamente, nublados aún, pero vivos, conscientes.

- Kyo... - la voz de Alex fue sólo un susurro apagado, mientras sujetaba con más fuerza la mano de Syo y lentamente, débilmente, la llevaba hacia sus labios.

Syo no se movió, ni se retiró. Estaba demasiado sorprendido.

Sintió los labios de Alex contra su piel, enviando escalofríos por su espalda. Todo él estaba helado, sus dedos, sus labios. Incluso su respiración parecía fría, dolorosa.

Extendió su mano, con suavidad, pasando la punta de sus dedos por los labios del joven rubio, con delicadeza, llegando a la comisura de su boca, para continuar acariciando su mejilla, siguiendo el angosto tubo que llevaba el oxígeno. Su piel era tersa, suave, tan fría.

Vio cómo Alex le sonreía, se veía tranquilo, aliviado. ¿Era así como se mostraba con Kyo? Sus ojos no eran ni despectivos, ni helados. Lo observaba con cariño, como si no sucediera nada. Como si acabara de despertar de un simple sueño y estuviera feliz de ver a Kyo allí. Incluso... Syo se sonrojó cuando Alex ladeó su cabeza, buscando apoyar su mejilla en la mano que lo acariciaba.

- Estúpido extranjero - murmuró, con molestia, retirándose bruscamente, soltando la mano de Alex. Había visto la chispa traviesa en sus ojos verdes, el desprecio volviendo como si nunca hubiera desaparecido.

- Estoy harto de escuchar tu voz - fue lo primero que le soltó Alex, su voz todavía débil, pero la burla muy clara en ella -. Despierto, te escucho; en sueños, te escucho, ¿acaso nunca te callas?

Syo frunció el ceño.

- ¿Me escuchabas a mí o a Kyo-sama? - preguntó, aparentando fría calma, pero disfrutando al máximo la expresión confundida de Alex. Le sonrió, devolviéndole la burla -. No hacías más que llamarlo llorando - agregó, y se arrepintió al instante. ¿Qué estaba pasando con él? Aunque ese ninja extranjero no le agradara, no era correcto burlarse de su situación así. Estaba siendo irrespetuoso, hacía años que no se comportaba de esa manera.

- Yo no estaba llorando - dijo Alex, mirándolo fijamente a sus ojos, muy serio. Syo se inclinó hacia él súbitamente, quedando tan cerca que podía sentir el aroma de Alex, impregnado con el particular olor del hospital. Alzó su mano, acercándola al rostro de Alex, lentamente. El rubio hizo un movimiento para apartarse, pero se encontró con un cuchillo apoyado en su cuello que no le permitió alejarse. Los ojos verdes parpadearon con sorpresa al tiempo que los dedos de Syo acariciaban suavemente su mejilla. Alex frunció el ceño, indignado. Aún sentía la fría hoja del arma contra su piel, y sabía muy bien que ese ninja no lo estaba amenazando de muerte, sino humillándolo, dándole a entender con excesiva claridad de que en ese momento no estaba en situación para mostrarse tan despectivo. Pero eso no era lo que más molestaba a Alex -: ¿Cuándo vas a dejar de imitar mis técnicas? - preguntó, impulsivamente. Los ojos ámbar de Syo lo miraron un segundo, y el joven no se molestó en responder. Sólo levantó su mano, la que había acariciado a Alex. Sus dedos estaban húmedos.

- Has llorado - dijo Syo simplemente mostrando las lágrimas, apartando el cuchillo, alejándose de la cama -. Y sobre esto - agregó, mostrándole su cuchillo a Alex -, tus técnicas son bastante buenas. Alguien debe continuar con ellas luego de que mueras.

Qué fría era su voz... y qué falsas sus palabras. Syo sintió una punzada en el pecho al pronunciarlas, pero ya era tarde. Estaban dichas.

- Mis técnicas son muy buenas – siseó Alex, con un dejo de burla en su voz –. Pero prefiero que se pierdan a que las uses tú – una débil pero burlona sonrisa apareció en sus labios, molestando a Syo.

- Sólo para que no mueras en paz... – empezó a decir el ninja de ojos ámbar, pero de nuevo se sorprendió ¿Qué hacía? ¿Por qué dejaba que Alex lo irritara de esa manera? Sin darse cuenta se encontró mirando los profundos ojos verdes del ninja. Alex lo observaba sorprendido también, como si no pudiera creer que realmente hubiera conseguir molestarlo hasta ese punto.

- ¿Por qué estás aquí? - preguntó Alex de pronto, su tono de voz bajando, volviéndose suave -. ¿En verdad me desprecias tanto como para querer verme morir? ¿Por qué no te largas con tu Kyo-sama? ¿Por qué no lo llevas lejos, y lo cuidas, durante el resto de su vida? ¿Por qué...?

La mirada de Syo lo hizo callar. Ambos parecían sorprendidos, el uno del otro. Alex, de la actitud de Syo al estar allí, haciéndole compañía pese a sus palabras rudas. Syo, de ver cómo el carácter del rubio no cambiaba, ni siquiera en esa situación. Maldito extranjero, se repitió por enésima vez como si tratara de convencerse de eso. Era la única persona que había conseguido sacarlo de sus casillas en años. Solía ser demasiado impulsivo para ser ninja, sí, pero nunca había llegado a esos extremos.

- ¿Por qué estás aquí? - repitió Alex, lentamente, como si Syo fuera un tonto que no comprendía sus palabras -. Naze omae wa koko? Why are you here? Per què ets aquí? Pour quoi tu est ici? - continuó el rubio, una inevitable sonrisa burlona dibujándose en sus labios. Syo suspiró. Alex era imposible.

El joven caminó hacia la cama de nuevo, deteniéndose a la altura de la cabecera, observando fijamente los ojos verdes que lo siguieron con atención. Sin pensarlo, posó su mano entre los mechones rubios, y acarició, deslizando sus dedos hacia atrás, tiernamente, pasando por sobre la oreja de Alex, rodeándola hasta alcanzar su cuello, tibio, y bajar por allí. El rubio parecía paralizado, pero no dijo nada, se quedó con los ojos entrecerrados, los labios a punto de insultarlo, pero en silencio.

- Kyo-sama hubiera estado muy bien, contigo a su lado - dijo Syo en un susurro, tan bajo, que Alex casi no consiguió oirlo. Hubo un momento de silencio, y el rubio respondió, suavemente:

- También contigo.

Syo sonrió. Era la primera vez que el joven rubio le decía algo amable. Su mano continuaba en el cuello de Alex, y acarició una vez más, antes de decir:

- Es imposible reemplazarte, lo sabes...

La expresión de Alex fue de confusión total, evidentemente no esperaba algo así. Syo cerró los ojos un momento, la leve sonrisa continuaba en sus labios.

- Kyo-sama te quiere... Nunca lo había visto sentir algo así por nadie... Nunca... - Syo hizo una pausa, para observar al rubio, que escuchaba.

- Kyo está esperando afuera - dijo Alex suavemente, señalando la puerta, intentado hacer que Syo apartara la mirada.

- Lo sé - asintió Syo, sin moverse. Había oído a Kyo hacía mucho rato, pero no estaba seguro si debía dejarlo pasar.

- Fujimiya - Alex levantó su rostro hacia él, el cabello rubio cayendo sobre sus ojos. Había una leve sonrisa en sus labios también.

- Lo sé... - repitió Syo, mirando directamente a los ojos verdes de Alex. Kyo era lo único que tenían en común, lo único en lo que podrían estar de acuerdo, lo único que en cierto modo los unía. Dejó a Alex, dirigiéndose hacia la puerta. Estaba a punto de abrirla pero se detuvo un segundo -. Gaij... Gaunier - susurró, volviéndose sobre su hombro, para observar al rubio. Vio que Alex se había sentado, pero el dolor era evidente.

- Déjalo pasar - sonrió Alex, dulcemente, como nunca le había sonreído.

* * *

* * *

Continúa...

[ Capítulo 36: Una Última Vez... ]

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Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002