Fanfic por MiauNeko
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Créditos del proof-reading a Artemis

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 36.- Una Última Vez...

Syo abrió la puerta, saliendo al pasillo. Kyo estaba de pie allí, sus brazos cruzados, a solas.

- Kyo-sama - dijo Syo, sin entonación en su voz, controlando perfectamente la confusión que había en su mente. Se paró ante el joven de cabello castaño, bajando la mirada, inclinando la cabeza, preguntándose si debía arrodillarse, o si no era necesaria esa muestra de obediencia. Alex nunca se había arrodillado ante Kyo, eso casi podía asegurarlo. Sonrió amargamente.

Para él era muy normal arrodillarse. No se sentía humillado al hacerlo. Era una muestra de respeto hacia alguien que lo merecía: Kyo. Con el resto de Kusanagi era sólo una costumbre formal, que no significaba nada, ni para ellos, ni para él.

- ¿Cómo está? - preguntó Kyo, sacándolo de sus distraídos pensamientos. La voz del joven era severa, parecía molesto por algo. Syo levantó la mirada un segundo, y vio que Kyo-sama realmente se veía serio. Estaban frente a frente, y sus ojos ámbar se encontraron examinando los ojos de Kyo que estaban fijos en los suyos. Era solamente un cambio en el color el que le daba una extraña intensidad a su mirada, pero a Syo no le agradaba. A veces sentía que era como si no fuera Kyo quien lo observaba, sino Yagami.

Ahora, mientras veía cómo la sangre había manchado su mirada, tan cálida, no podía hacer nada para evitar la sensación de extraño dolor que comenzaba a llenar su interior.

- Acaba de despertar - respondió al fin y Kyo pareció asentir débilmente. Descruzó sus brazos, dejándolos caer, holgados, a los lados de su cuerpo. Syo no comprendía por qué se veía tan molesto -. ¿Desea entrar? - preguntó luego.

Kyo no respondió, no hizo ningún movimiento. Syo había visto esa expresión en él hacía años, cuando ambos aún eran niños. Pensó en Alex, en cómo se veía Kyo-sama cuando estaba con ese rubio: a gusto, tan cómodo. Si Alex pudiera estar cerca de Kyo por siempre, él se sentiría mucho más tranquilo... porque Kyo lo aceptaba. Sin vergüenza, sin humillación, parecía normal que Alex se preocupara por Kyo y viceversa. Maldijo a Alex de nuevo, por estar allá adentro, muriendo. ¿Qué iba a hacer el joven ahora? No podía volver a su casa, sus padres ni siquiera habían dado muestras de estar intentado ayudarlo o ubicarlo. Y Yagami... Aunque ahora estuviera con Kyo, protegiéndolo con ese estilo tan suyo, no lo veía como una persona que quisiera hacerse cargo de nadie. Entonces, sólo quedaba él. Y estaba dispuesto a hacerlo, ¿acaso no había dedicado toda su vida a Kyo-sama? Pero, por lo que veía ahora, Kyo estaba incómodo. No lo diría, pero era evidente que hubiera preferido que fuera Alex quien estuviera con él.

Alex, Alex, Alex, ese maldito extranjero...

- ¿Kyo-sama? - Syo parpadeó al darse cuenta de que Kyo no había respondido. ¿Ni siquiera podía aceptar eso? Le dolió, levemente. Tantos años sirviéndolo, ¿y no podía permitirle ver el dolor que le producía su preocupación por Alex? ¿Acaso no habían sido amigos, antes?

De pronto Syo sonrió, bajando la mirada, su sonrisa amarga. ¿Y qué esperaba?, se dijo, aunque era como la voz de Alex burlándose de él, en su mente. ¿Que Kyo confiara en él, que había servido directamente a los líderes del clan, y que no era más que un mero sirviente? Un sirviente, se repitió. Alguien que debía estar allí pero que no era tomado en cuenta en lo más mínimo.

Un roce en su mejilla lo tomó por sorpresa, levantó la cabeza, encontrándose con Kyo-sama, muy cerca de él. Era su mano lo que sentía, rozando apenas su piel, subiendo por ella despacio. Syo entreabrió los labios para decir algo, pero no sabía qué. Se quedó inmóvil, mirando los ojos de Kyo, escarlata, que lentamente habían abandonado su expresión de molestia.

No sentía nada más que la caricia, ahora casi rozando sus párpados, no veía nada más que a Kyo-sama. No había hospital, ni Alex, ni nada. Sólo ellos.

Syo se preguntó hacía cuánto tiempo no recibía una caricia, por más simple que fuera. A su alrededor todo era órdenes, gritos de ataque, golpes y muerte. Cuando era niño, había tenido la costumbre de tomar la mano de Kyo, conformándose con sentir el roce de su piel contra sus labios. Kyo solía reír, divertido, sin negarse, para luego tocarlo suavemente; su cabello, su mejilla, tomar sus manos. Kyo-sama era quien podía acariciarlo a él, pero él tenía la impresión de que ese Kusanagi a quien servía, era algo totalmente fuera de su alcance.

- ¿Ya la perdiste? - murmuró Kyo, llegando a la frente de Syo, apartando los mechones de cabello oscuro. Syo parpadeó, no conseguía articular palabra, su mente estaba nublada y no estaba seguro de qué era lo que Kyo-sama quería decir. El joven de cabello castaño sonrió levemente. - Claro, la perdiste. Esa cinta...

Syo comprendió, y se sorprendió de que Kyo aún recordara ese regalo que le hizo al despedirse de él, tantos años atrás. Negó con la cabeza despacio, el otro joven aún no retiraba su mano, continuaba allí, entre su frente y su cabello.

- Nunca la he usado... - murmuró Syo, en voz baja -. No quería... perderla...

No podía dejar de mirar a Kyo. Lo tenía tan cerca... Pero Alex esperaba...

- Kyo-sama... - empezó, pero se vio cortado cuando Kyo deslizó su mano tras su nuca, y lo atrajo hacia sí un poco más. Fue tan sorpresivo que Syo no pudo evitarlo. Sintió que caería, perdiendo pie, y se apoyó en la pared, pero no fue el muro lo que tocó su mano, sino el pecho de Kyo. No intentó retirarse, pero todo su cuerpo estaba en tensión. Cerró los ojos con fuerza un momento. Kyo-sama... ¿lo abrazaba? Un escalofrío recorrió su espalda cuando sus propios brazos se cerraron alrededor de su amo. Sus labios temblaron.

- Gracias por traerlo, Syo - susurró Kyo en su oído -. Gracias por traer a Alex...

Syo se quedó de una pieza... ¿Y ahora debía agradecerle esta muestra de cariño por parte de Kyo... a ese extranjero?

- No... no lo hice para que me agrad... - alcanzó a decir entre dientes, apartándose, pero Kyo no lo dejó ir. Su rostro estaba serio de nuevo, y Syo no lo quiso mirar. Retrocedió, sintiéndose incómodo y furioso. ¿Por Alex? Ese abrazo... ¿Por Alex?

Sus pasos no hicieron ni un sonido, cuando se hizo a un lado. No dijo ni una palabra, tampoco. Sólo esperó a un lado, como indicándole a Kyo que debía entrar a la habitación donde estaba Alex. ¿Por qué se sentía tan resentido ante las palabras del joven? Le dolía demasiado... pero era estúpido. Él debía saber que no era más que un sirviente, ¡en verdad lo sabía! No podía esperar que ese joven por el que daría su vida, y a quien hacía años no tenía cerca, sintiera algo por él. Luego que se separaron, se habían visto en contadas ocasiones, y la distancia entre amo y sirviente había sido demasiado grande como para que él pudiera acercarse a Kyo a conversar simplemente. Intercambiaban una mirada, y Kyo le sonreía, pero no había mucho más.

- ¿Syo? - murmuró Kyo suavemente, posando una mano sobre el hombro del ninja. Hubo un par de segundos de total silencio, Kyo no se movió, sólo cerró los ojos, bajando la cabeza. Preguntó suavemente: - ¿Qué dije que te ofendiera?

Syo entrecerró sus ojos, pero no respondió.

- No creerás que no me he dado cuenta de que Alex no te agrada, ¿verdad? - continuó Kyo.

- Kyo-sama... - no pudo evitar interrumpir Syo.

- Ah, lo sabía... - Kyo sonreía levemente y parecía divertido. Nuevamente los ojos ámbar se encontraron con los ojos de Kyo. Syo no sabía qué decir. Veía a su amo sonriéndole, con una sombra traviesa en su expresión, pese a todo. Kyo estaba mejor, luego de todo aquel sufrimiento y ese alivio lo animaba... pero eso era porque no sabía que Alex...

- Por favor, Alex espera, Kyo-sama - dijo Syo una vez más. ¿Por qué se preocupaba tanto por el rubio?, se preguntó. Vio que Kyo asentía. - ¿Dónde está Yagami-san? - preguntó Syo antes de abrir la puerta, y por el rabillo del ojo vio que Kyo negaba con la cabeza. ¿Ese pelirrojo ya se había ido?

- Yoh, Kyo - oyeron los dos jóvenes al entrar. Alex se escuchaba normal, como si todo estuviera perfectamente. Syo lo miró, y se encontró con sus ojos verdes observándolos intensamente. Kyo avanzó hacia la cama.

Syo hizo una ligera inclinación hacia Alex, antes de retirarse. Se sorprendió de que el rubio le correspondiera con un leve movimiento de su cabeza, pero no dijo nada.

* * *

- ¿Cómo te sientes, Alex? - preguntó Kyo suavemente, luego de oír que Syo los dejaba a solas.

- Mejor - respondió ella forzando una sonrisa, haciendo que su voz sonara ligera y despreocupada. Estaba sentada en la cama, las sábanas resbalando sobre su regazo. Se sentía extraña, como si debiera explicarle algo a Kyo y no pudiera recordar qué.

Miró a Kyo, a su lado, y la leve sonrisa desapareció.

- ¿Te quieres sentar? - ofreció, haciéndose a un lado trabajosamente, tirando de Kyo, que tomó asiento. Sin embargo había algo en su mirada que incomodaba a la joven.

Sujetó la mano de Kyo, entrelazando sus delgados dedos con los de él. Kyo se volvió hacia ella.

- Estás fría. ¿Te sientes bien? - preguntó, preocupado.

- Perfectamente, dentro de todo lo malo - asintió ella. Su voz era firme, y sus ojos verdes intentaban sostener la intensa mirada que le estaba dirigiendo Kyo -. Ha sido una semana horrible, ¿verdad? - susurró, inclinándose hacia él, intentando acostarse en su regazo. Los cables que la conectaban a las máquinas se tensaron, inmovilizándola, y ella, molesta, los arrancó, dejando sólo el suero, y el desagradable tubo del oxígeno.

- ¿Qué haces...? - dijo Kyo, deteniéndola. Acababa de salir de una operación, no debía estar moviéndose tan libremente. La joven permitió que Kyo la obligara a recostarse de nuevo, y suspiró apartándose el cabello de los ojos.

- ¿A dónde irás ahora? - preguntó de pronto, entrecerrando los ojos, sin mirar a Kyo. Sintió una mano de él posándose en su cabello, haciendo una suave caricia. - ¿Cómo estás? - preguntó luego, cambiando el tema bruscamente, recordando que, aunque el joven parecía estar perfectamente bien, no podían tener la seguridad de que el Henka ya había terminado.

- Mejor - respondió Kyo imitando su respuesta anterior, bajando su rostro hacia ella, su mano pasando del cabello a la mejilla de Alex -. Esa Setsuna me ha dado unos cuantos días para seguir meditando acerca de la muerte. - No había rencor ni reproche en su voz.

- Aprovéchalos - sugirió Alex, sonriendo, inclinando su cabeza hacia un lado, permitiendo que Kyo acariciara su mejilla y luego bajara por su cuello, introduciendo las puntas de sus dedos bajo la bata de hospital que vestía -. Vete con Yagami y Fujimiya, y aprovéchalos, Kyo.

- Iie {No} - sonrió el joven -. Te dije que me quedaría contigo.

Alex intentó protestar. Esa vieja promesa siempre había sido reconfortante, pero ahora no podía evitar pensar que era una pérdida de tiempo hacer que Kyo se quedara en ese hospital. Sin embargo, al ver la forma en que Kyo la observaba con una ligera sonrisa, supo que no podría hacer nada para obligarlo a cambiar de idea.

Súbitamente una imagen de Kyo parpadeó en su mente. Kyo dejándola en manos de desconocidos, permitiendo que la rodearan, que la alejaran. Los trajes de blanco impecable brillando con demasiada intensidad bajo las luces fluorescentes, las voces, las manos... Las líneas del techo que pasaban a toda velocidad, como si ese grupo de hombres la llevaran de vuelta en el tiempo, de nuevo sola en esa pesadilla...

El pasado...

- Dios mío - susurró Alex, cerrando los ojos con fuerza cuando en su mente aparecieron las familiares figuras de negro que habían irrumpido violentamente en su hogar cuando era niña. Familiares, pero jamás podría acostumbrarse a ellas, ni evitar que le afectaran. Era demasiado, el miedo, el terror... -. ¿Por qué...? - gimió. ¿Por qué no podía olvidar? ¿Por qué esas imágenes debían estar siempre acosándola, como si en un descuido intentaran llevarla de nuevo al pasado para no dejarla regresar jamás?

Una mano acarició suavemente su cabello, yendo por su mejilla hasta rozar sus párpados cerrados, húmedos.

- Ne, Alex... No pienses en eso - era Kyo, aún a su lado, hablándole tiernamente. Sintió su reconfortante presencia, mientras el joven se inclinaba sobre ella -. Abre tus ojos...

- Kyo... - susurró Alex. Sabía que debía obedecer y hacer lo que Kyo decía, pero no podía. Tenía miedo. ¿Y si al mirar se encontraba en su casa de nuevo? La sangre, los hombres, sus padres...

- Alex - llamó Kyo. No era necesario que ella dijera nada, el joven Kusanagi ya sabía qué era lo que estaba sucediendo. Había estado junto a ella durante años, cuando esa clase de ataques sucedían... Pero era extraño, a pesar del tiempo, cada vez parecía ser peor que la anterior, y Kyo no podía dejar de pensar que quizás esa podía ser la última vez... Que si no hacía regresar a Alex, la perdería para siempre en sus propios recuerdos.

No era sólo que ella "pensara" en lo que había sucedido, hacía tanto tiempo. En verdad volvía a vivirlo, como si estuviera allí. No importaba si tenía los ojos abiertos o cerrados, la realidad desaparecía para Alex. Kyo no sabía exactamente qué sucedía en su interior, pero no le gustaba verla así. Había hecho lo posible por ayudarla, tranquilizarla, desde la primera vez. Le había parecido increíble que fuera justamente él, que tanto disfrutaba haciéndola rabiar, quien pudiera calmarla.

Alex sintió un escalofrío pese a estar tan cerca de la cálida presencia de Kyo. Frío, frío como el que sintió cuando aquellos hombres desgarraron su ropa de niña... Nuevamente el estruendo de las cosas al caer al suelo, mientras toda su casa era inspeccionada, en busca de algo que nunca fue encontrado. Las manos sosteniéndola con fuerza. La voz de Kyo exigiendo saber quiénes eran esos hombres...

¿La voz de Kyo?

- Ittai nani wo..., temeera {¿Pero qué demonios pretenden, bastardos?}

Sí, era la voz del joven. Alex abrió los ojos de golpe, porque había sentido temor en su tono, una leve inflexión que ella nunca había oído en Kyo. Temor, inseguridad.

- ¿Creíste que sería tan fácil, Kusanagi? - fue la respuesta. Era una voz de mujer.

- Tú... - murmuró Alex, volviéndose y encontrándose frente a frente con los ojos grises de Kushinada Setsuna, que sonreía.

- Ah, pero si eres tú... - sonrió Setsuna, pasándose una mano por su ahora irregular cabello azulado. Dio un paso hacia la cama, y Alex sintió el impulso de ponerse de pie e interponerse entre Setsuna y Kyo, pero su cuerpo no le respondía. Kyo sujetó su mano con fuerza, como si de todos modos quisiera evitar que ella hiciera cualquier movimiento.

Fue entonces que notó que Setsuna no estaba sola dentro de la habitación. Tras ella, sus hombres vestidos de negro habían empezado a entrar. Portaban armas, algunos, y otros solamente observaban con aire de superioridad. Sus miradas eran casi tangibles para Alex, como si pudieran apartar las sábanas que la cubrían y hacerle daño con sólo un gesto. Cerró los ojos, intentando controlarse para no gritar. Tenía que preocuparse por Kyo, no por ella. Setsuna estaba allí para hacerle daño al joven, no podía perder el control ahora... No podía...

Kyo se deslizó de la cama, poniéndose de pie, avanzado hasta quedar justo frente a Setsuna. La joven sonrió, cruzándose de brazos.

- Si quieres arreglar algún asunto, hagámoslo afuera - dijo Kyo fríamente.

- No estás en condiciones de exigir nada, Kusanagi - fue la sonriente respuesta de Setsuna, mientras hacía un gesto con su mano derecha. Los hombres avanzaron hacia él y extendió su brazo para bloquearles el paso justo cuando uno de ellos iba a pasar por su lado, en dirección a la cama donde estaba Alex. Ofendido, el hombre se volvió para mirar a Kyo, apretando los puños, listo para lanzarle un golpe, pero se sorprendió al observar sus ojos, rojos y brillantes, fijos en su ama.

- ¿Qué quieres aquí? - preguntó Kyo de nuevo, con un gruñido.

Setsuna rió abiertamente esta vez.

- El asunto ya terminó contigo - dijo, explicando lentamente -. Vas a morir de todos modos, ¿verdad? Pero ése - señaló a Alex - me ha estado estorbando todo el tiempo.

El joven Kusanagi le lanzó una mirada entre furiosa y extrañada. ¿Por qué de pronto Setsuna volvía su odio hacia Alex, que no tenía nada que ver?

La joven de cabello gris se dio cuenta de su expresión, y sonrió, aunque cuando habló su voz sonaba amarga y contenida:

- Muy bien, evitaron que Orochi despertara. Los felicito. - Hizo una pausa y luego apartó la mirada un segundo, para volver a clavarla en el rostro de Kyo, todo rastro de la sonrisa desapareciendo -: No sabes lo frustrada que me siento, Kusanagi. ¿Y qué mejor que desquitarme con ustedes?

Kyo no alcanzó a reaccionar cuando el hombre a quien le había cerrado el paso lo sujetó del brazo, atrapándolo en una extraña llave. Pronto otros hombres se le unieron para contener al joven Kusanagi, que había comenzado a forcejear.

- No puedes proteger a nadie en ese estado, Kusanagi - se burló Setsuna, viéndolo intentando invocar a sus llamas sin lograrlo. Kyo se vio arrastrado hacia la puerta; quiso volverse, resistirse, pero no tenía la fuerza suficiente. Demasiados brazos lo sujetaban ahora.

- ¡No, suéltenme...! ¡Maldición! - Era la inconfundible voz de la ninja, aguda, asustada.

- ¡Alex! - gritó Kyo, intentando volverse hacia la cama donde estaba la ninja, mientras la intensidad de la voz de Alex comenzaba a aumentar. Oyó cómo algo caía al suelo, el sonido de sábanas siendo arrastradas, y ropa siendo rasgada. No... No podían atreverse a hacer eso... - ¡Setsuna! - rugió. Forcejeó violentamente, sintiendo que aquellos que lo sostenían le hacían daño, torciéndole el brazo detrás de su espalda, ¡pero no podía permitir que le hicieran eso a Alex!

- Kyo... - la voz de Alex se oyó débil, desesperada, como si el terror no le permitiera articular palabra -. No... ¡NO!

- ¡Alex!

- ¡Por favor, Kyo... !

Las risas apagadas de los hombres que estaban con Alex llegaron a sus oídos, y gritó. Fue un sonido de pura furia, una amenaza inarticulada. Si se atrevían a hacerle daño a Alex... Nunca había sentido algo como eso. Por primera vez en su vida quería matarlos, a todos ellos. ¡No quería dejar a ninguno vivo!

- No te quieres perder el espectáculo, ¿verdad, Kyo...? - se burló Setsuna cruelmente.

- ¡Kisama...! - siseó Kyo, intentando lanzarse contra ella, pero estaba totalmente fuera de su alcance. Ella sujetó el rostro de Kyo con sus dedos, y lo hizo volverse hacia el rincón donde estaba Alex. Kyo no pudo evitar un estremecimiento cuando dirigió su mirada hacia la rubia.

Dos hombres la tenían sujeta de los brazos, la delgada bata de hospital estaba hecha pedazos que colgaban de sus hombros. Estaba atrapada de espaldas contra la pared, y lloraba.

Kyo quiso golpear a Setsuna. Sabía que no estaba a su alcance pero realmente quería hacerlo. Encenderla en fuego, dejar que ardiera hasta que su cuerpo no fuera más que un montón de cenizas.

La joven le sonrió.

- Mira, observa cómo tu amiga termina de perder la razón...

Y junto con esas palabras, Kyo oyó un súbito disparo en el exterior de la habitación. Setsuna se alejó de él, saliendo del lugar para averiguar qué estaba sucediendo. Oyó golpes, gruñidos y maldiciones, mientras alguien le decía a la joven Kushinada que se pusiera a salvo, que estaban bajo ataque.

- ¡Kyo-sama!

Aquella era la voz de su otro ninja. Finalmente había podido pasar la barrera de hombres que vigilaban el pasillo y bloqueaban la entrada a la habitación, y ahora forcejeaba contra los que estaban en la puerta. Estos estaban armados, y no dudaban en dispararle, sin importarles que estaban dentro de un hospital. Kyo aprovechó la confusión que estaba produciendo Syo, y logró liberarse. Para su sorpresa, apenas los hombres lo soltaron Kyo sintió que sus piernas no lo sostenían y cayó de rodillas. Su cuerpo temblaba por el esfuerzo que había hecho al forcejear. Sólo entonces se dio cuenta que jadeaba.

En medio del caos que se había producido allí dentro, con Syo cortando y golpeando y los hombres intentando defenderse o huir, Kyo se dio cuenta que ya no podía oír la voz de Alex.

El silencio de la ninja era aun más terrible que sus gritos. Eso quería decir que había perdido el conocimiento, o que simplemente ya no podía gritar... Gritar no evitaba nada... no la salvaría de esos que la estaban haciendo revivir el terror del pasado.

- Syo, ayuda a Alex - ordenó Kyo, enfurecido. Alguien intentó tomarlo del brazo, y él por reflejo respondió con un violento golpe, que, si bien no fue fuerte, bastó para alejar las manos que querían sujetarlo de nuevo. - ¡A Alex! - repitió, cuando vio que Syo se deshacía de los hombre que lo estaban atacando a él.

- Eso intento... Kyo-sama... - murmuró Syo, sostenía un cuchillo por la hoja entre sus labios, el otro estaba profundamente clavado en la espalda de uno de los hombres, que había estado apuntado a Kyo listo para dispararle.

Con toda la confusión, Setsuna ya se había escurrido, satisfecha, fuera de la habitación. Con un gesto indicó a algunos de sus hombres que se acercaran para protegerla, y ellos lo hicieron al instante. Con una leve sonrisa, Setsuna tomó el arma que uno de ellos llevaba en el cinturón, y la cargó hábilmente, inclinando su cabeza a un lado, para dejar que los mechones de cabello que le caían sobre el rostro se apartaran.

Se asomó a la habitación de nuevo. En el suelo yacían los cuerpos de los que habían sido heridos, los demás ya se habían retirado. Kyo continuaba de rodillas, lentamente reuniendo la fuerza suficiente para ponerse de pie, mientras el entrometido ninja de ojos ámbar se inclinaba sobre la joven que estaba acurrucada en el rincón más alejado.

- Te dije que no sería tan fácil, Kusanagi... - murmuró Setsuna, haciendo que Kyo se volviera bruscamente, sus ojos escarlata posándose en el arma que Setsuna empuñaba. Setsuna oyó que Kyo la maldecía pero ¿qué otra cosa podía hacer el joven? Ella estaba demasiado lejos de él, y era ella quien tenía el arma... El dedo de Setsuna estaba en el gatillo, el cañón apuntando firmemente a su objetivo -. Parece que tendrás compañía en el infierno - susurró Setsuna, y se oyó el ligero "click" junto con la detonación, y luego su risa y sus pasos apresurados para retirarse antes de que el personal del hospital se diera cuenta de qué era lo que estaba pasando.

Un par de gotas de sangre cayeron al suelo, antes de que Kyo oyera el inconfundible sonido de un cuerpo al caer, inerte, en el otro lado de la habitación.

- ¿Alex...? - llamó, su voz trémula -. ¿Syo...?

El silencio fue toda la respuesta que recibió.

* * *

Setsuna corría y sonreía, satisfecha. No podía estar más feliz. ¿Matar a Kyo? ¿Para qué? Era mucho mejor destruir a todos los que estaban a su alrededor, y negarle la tranquilidad de sus últimos días. Tan simple. Tan reconfortante.

Su personal había sido reducido considerablemente, notó, al mirar a su alrededor y ver que pocos de sus hombres la acompañaban ahora. Tampoco importaba. Debían sacrificarse por su causa, por Orochi. Y ella, como su representante en la tierra, tenía todo el derecho de enviarlos a una muerte segura.

- ¿A dónde iremos ahora, señora? - preguntó uno de ellos. Todos eran iguales, ni siquiera se había tomado el trabajo de aprenderse sus nombres.

- A la compañía, claro está - respondió con toda la tranquilidad del mundo -. Empieza una larga semana de ajustes financieros...

- Comprendido, señora...

Mientras se dirigían a la salida del hospital, Setsuna no podía quitarse la sonrisa de los labios. Estúpido Kusanagi, estúpida Tsukiyo, todos eran unos malditos incompetentes... pero ya habían recibido lo que se merecían.

El grupo se detuvo súbitamente, y la joven sintió que tiraban bruscamente de ella hacia un lado, para tomar un pasillo lateral. Antes de que su vista fuera bloqueada por la pared, creyó ver una alta silueta de cabellos rojos interponiéndose ante ellos. Oyó la voz profunda del Yagami, y los sonidos de las armas al ser preparadas para disparar... pero aquello tomó demasiado tiempo. Ese tranquilo pasillo del hospital ya se había convertido en una marea de fuego púrpura, que abarcaba desde el suelo al techo, las llamas lamiendo y extendiéndose, consumiendo a todo aquel que se interpusiera en el camino. Cuando el fuego se extinguió, Setsuna vio a Iori pasar con paso presuroso a la habitación de la ninja.

Lo dejó ir. No había necesidad de hacerse cargo de él.

- Volvamos - dijo ella tranquilamente, al único hombre que había sobrevivido.

* * *

 

* * *

Continúa...

[ Capítulo 37: De Nuevo en la Penumbra ]

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MiauNeko, Artemis &
Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002