Fanfic por MiauNeko
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~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 38.- Pensamientos Egoístas, Sentimientos Verdaderos

Iori no notó lo cansado que él mismo se sentía hasta que Kyo se quedó dormido apoyado en él. Sintiendo su tibieza tan cerca, su respiración calmada acariciando su mano, que continuaba cerca de los labios del joven, no pudo evitar que el sopor comenzara a invadirlo poco a poco. Inconscientemente permitió que su aura rodeara a Kyo. No parecía ser necesario, pero no le agradaba sentir la energía de esa Kushinada en el joven.

Bajó su mirada escarlata hacia el rostro dormido de Kyo, y apartó los mechones castaños que le interrumpían esa visión. Parpadeó despacio, admirando el rostro del joven. ¿Qué era lo que sentía en ese momento, en esa tranquila habitación, con sus pensamientos totalmente en calma? Observaba a Kyo complacido. Tenerlo así, era como demostrar que ese joven le pertenecía, ¿verdad? Como si fuera un objeto de su propiedad que nadie más tenía derecho a tocar. Lo mismo había sucedido, aunque de un modo ligeramente diferente, en la mansión de su padre, cuando el viejo Yagami quiso quedarse con Alex. Era obvio que él no permitiría a su padre quedarse con el ninja de Kyo. Su ninja. No se extrañaba del todo, desde siempre había sido así, posesivo. Considerando sólo lo que era suyo, y amenazando a todo aquel que quisiera acercarse. Kyo suyo, repitió. ¿Eso lo alegraba? ¿Cambiaba en algo lo que siempre había sido su vida?

La satisfacción de ese pensamiento era clara, pero Iori quería llegar un poco más allá. No importaba qué tanto lo pensara, llegaba a un punto en que no sabía qué era lo que sentía. Si Kyo no estuviera tan débil, si no necesitara de él, ¿sentiría ese mismo encanto atrayéndolo hacia el joven? ¿Qué era lo que lo mantenía a su lado? ¿El lazo de dependencia que se había formado con él o algo más?

Acarició la suave mejilla de Kyo. Podía ver el rastro de los golpes que le dio cuando fue poseído por Orochi, allá en su departamento. Vagamente recordó que realmente le había hecho mucho daño...

Apartó la frazada y levantó ligeramente la camisa que el joven de cabello castaño vestía. Vio las ahora opacas marcas que le dejó su pelea con Souji.

Nuevamente se preguntó qué sentía, mientras despacio posaba su mano sobre la piel de Kyo y lo acariciaba, subiendo hacia su pecho, recorriéndolo con la punta de sus dedos. El joven no despertó, sólo se movió ligeramente. Iori lo observó hasta que estuvo quieto de nuevo, y luego retiró su mano para volver a cubrirlo.

En ese momento lo que quería era hacerlo suyo de nuevo. La sensación que le dejó aquella noche era indescriptible, aunque, claro, él no lo había demostrado. ¿Era eso? ¿Simple deseo?

Si pensaba que aquel rostro, aquel cabello, aquellos largos y delicados dedos que se cerraban alrededor de su mano le pertenecían, era como alardear demasiado. Que alguien como Kyo, con ese "algo" que hacía que la gente a su alrededor sintiera un intenso cariño hacia él, fuera suyo, en todo el sentido de la palabra, no parecía algo fácil de comprender. ¿Por qué él tenía esa oportunidad, si Kyo vivía rodeado de personas que podían demostrarle mucho más afecto, e incluso quererlo más que él?

Se detuvo allí. ¿Quererlo? Pensó en los ninjas que lo habían acompañado desde el comienzo: ¿Syo lo "quería" o era simplemente lealtad hacia su amo? ¿Alex lo "quería" o era que lo necesitaba para que la consolara, porque temía estar sola en ese mundo? ¿Su traidora "novia" alguna vez lo habría llegado a querer?

Y por último... ¿qué sentía él?

Más allá del deseo... ¿había algo? ¿Y qué sentiría Kyo? Seguramente lo consideraba como la única persona que realmente podía servirle de algo en esos momentos. Los dos ninjas no eran lo suficientemente fuertes y ya había sido demostrado. Quizás Kyo estaba con él por simple necesidad pero... aquella vez en que insistió para que lo hiciera suyo, ¿a qué se debió? Y la mirada que vio en su rostro cuando Kyo despertó para encontrarlo con un desconocido en el sillón...

Tal vez Kyo también fuera un posesivo, se dijo. No se cansaba de mirar su rostro dormido. Recorrió con la punta de su dedo la frente del joven, acariciando sus cejas perfectas y bajando por su nariz hasta poder tocar sus labios, tibios. Se veía tan tranquilo, tan confiado. Así, dormido, parecía ser una persona que, en efecto, podía llegar a ser propiedad de alguien; pero cuando despertara esa expresión se borraría totalmente. Iori se preguntó cómo sería Kyo realmente si no estuviera pasando por el Henka. ¿Arrogante? ¿Insoportable? Así era en los torneos... Pero ahora que estaba con él parecía ser otra persona.

Y esta otra persona le agradaba...

Pero tarde o temprano todo por lo que él llegaba a sentir algo de afecto era destruido. Siempre había sido así. Intentaba no permitir que nada ni nadie cobrara importancia en su vida, porque odiaba lamentar las pérdidas... y ahora tenía a Kyo, y no quería dejarlo ir. No de nuevo. No ahora que había regresado, como si los dioses les dieran otra oportunidad.

Finalmente cerró los ojos, cansado de pensar sin llegar a nada. Apoyó su espalda en el respaldo del sillón, y echó su cabeza hacia atrás, su mano reposando cerca de la de Kyo. Lo miró una última vez, cubriéndolo bien con la frazada, antes de dejar que el sueño lo envolviera.

* * *

Fue Kyo quien despertó primero. De alguna manera supo que había pasado mucho tiempo desde que se quedó dormido. ¿Acaso ya era hora de salir de allí, como había dicho el doctor?

Se movió despacio, levantándose. No había ni un sonido en esa habitación, salvo la calmada respiración de Iori a su lado. Se volvió hacia él, sorprendido de que continuara haciéndole compañía..

- ¿Yagami? - llamó suave pero claramente, Iori no respondió y Kyo supo que estaba profundamente dormido. Sonrió levemente. ¿Tan agotado estaba?

Ciertamente esa semana había sido horrible para ambos, para todos. Lo único que quería era seguir en un lugar tranquilo como esa habitación, y no pensar en nada. Estaba cansado, harto de todo. Le hubiera gustado mucho continuar acostado allí en la compañía de Iori, pero al mismo tiempo estaba preocupado por Alex, y por Syo.

Extendió sus manos hacia Iori, aún con la leve sonrisa en sus labios. Se apoyó en su pecho, inclinándose sobre él con cuidado de no despertarlo. Con la punta de sus dedos acarició su rostro, apartando lentamente el cabello rojizo, rozando sus labios, para luego acercarse más y besarlo suavemente. Durante un momento tuvo la impresión de que el pelirrojo lo apartaría bruscamente, rechazándolo, pero no sucedió nada. Sentía como si fuera casi un atrevimiento besar a Iori mientras dormía. ¿Le hubiera permitido hacerlo, de haber estado despierto?

Kyo se retiró unos centímetros, aunque aún estaba tan cerca como para sentir la cálida respiración de Iori acariciando su rostro. Se llevó una mano a los labios. Besar a Iori, eso era algo que jamás en su vida había pasado por su mente... hasta que vio al pelirrojo en compañía de otros jóvenes aquella vez mientras se recuperaba de lo que le habían hecho en los laboratorios de NESTS. De pronto había sentido el deseo de que Iori continuara afirmando que le pertenecía, y que sólo él tenía derecho a matarlo... Era como reafirmar que, aun cuando Iori durmiera con quién sabía cuántos amantes distintos, él continuaba siendo lo más importante, la razón de su existencia. Era una obsesión enfermiza, la de ambos. La de Yagami por tener esa idea de matarlo fija en su mente, y la suya por permitirlo y hacer nada al respecto. ¿Por qué nunca había dejado las cosas en claro con Iori?, se preguntaba ahora. Era porque le gustaba sentirse importante, ¿verdad? Tan importante como para tener la seguridad que dondequiera que fuese, el pelirrojo estaría allí por él.

- Yagami... - susurró para sí, solamente observándolo dormir.

Iori continuaría allí, cerca de él, vigilándolo como siempre había hecho, ahora ya no tenía duda alguna. Le hubiera gustado saber el verdadero porqué del pelirrojo. Obviamente ya no estaba con él para matarlo... Y dudaba mucho que estuviera solamente por cumplir la promesa de que lo acompañaría hasta el final. Una promesa como esa podía ser rota fácilmente. Entonces... ¿por qué?

Se puso de pie antes de intentar responder él mismo a esa pregunta. Por un momento podía dejar de cuestionarse y simplemente aceptarlo.

Alejándose con pasos algo inseguros, Kyo no notó que lentamente Iori volvía la cabeza para seguirlo con la mirada.

Kyo debía ser muy ingenuo para creer que sus leves movimientos no lo despertarían al instante. Había mantenido los ojos cerrados mientras Kyo lo acariciaba, y el beso lo tomó por sorpresa. Estuvo a punto de devolverlo, sus brazos en tensión dispuestos a rodear al joven Kusanagi para estrecharlo contra sí. Pero no hizo nada. Sólo continuó totalmente quieto, sintiendo a Kyo sonreír y oyéndolo susurrar su nombre.

La puerta se abrió durante unos segundos y la luz blanca de los fluorescentes del pasillo lo iluminaron, a él y a Kyo, que desapareció del otro lado del umbral, cerrando la puerta tras de sí y dejándolo de nuevo en la tranquila penumbra del lugar. Decidió que le daría algunos minutos para encontrar la habitación de los ninjas, o de hacer lo que quisiera hacer, y luego lo alcanzaría.

El pelirrojo suspiró suavemente, reclinándose de nuevo contra el sofá, como si sintiera aún el beso de Kyo contra sus labios.

* * *

- Kusanagi-san.

Kyo se sobresaltó al oír una voz justo a su lado, pero al instante reconoció al doctor que había prometido ayudarlos. El hombre lo tomó del brazo y lo llevó presuroso hacia algún lugar. Si no se había perdido, debían estar dirigiéndose a la habitación donde estaban los ninjas.

- Está todo listo - decía el doctor mientras tanto -, unas amigas de Yagami-san esperarán afuera por ustedes. Fujimiya-san y Gaunier-san deben estar preparados para dejar este lugar...

- ¿Alex despertó? - interrumpió Kyo. Siguieron caminando, Kyo maldiciendo porque el doctor no le estaba diciendo a dónde iban o qué hacían, pero se olvidó de eso cuando entraron a una habitación y escuchó un suave y aliviado:

- Kyo...

Era Alex, consciente y recibiéndolo con una expresión de total confusión. Estaba recostada contra varias almohadas, nuevamente perdida entre las sábanas de una cama. Kyo se le acercó, permitiendo que ella tomara su mano. Quería saber si ella estaba bien, pero la joven continuó:

- ¿Qué hacemos aquí? - preguntó Alex, su tono era urgente pero su voz medida, sin ser escandalosa -. Se suponía que estábamos en tu habitación... ¿por qué estamos aquí ahora? ¿Qué pasó?

- Alex... - intentó interrumpir Kyo, aunque no sabía exactamente qué iba a decir.

- ¿Qué sucedió? - repitió Alex, exigiendo saber esta vez. Kyo observó sus ojos verdes, que le decían que algo estaba mal allí. La manera en que Alex se expresaba, su voz tan suave... Vio que Alex apartaba las sábanas como si quisiera ponerse de pie. - Tengo que avisarle a mis padres que llegaremos tarde - murmuró, como si aquello le molestara.

- Alex, ¿tus padres...? - repitió Kyo en un susurro. Debía ser el efecto luego del ataque... Alex debía estar confundida...

- Claro, mis padres - repitió ella -. ¿No quedamos en ir a cenar con ellos? Voy a llamarlos y luego me dirás exactamente qué sucedió.

Alex intentó bajar de la cama, pero Kyo no se lo permitió.

- ¿Qué? - preguntó, volviéndose bruscamente, levantando su brazo para que Kyo la liberara de una buena vez. Sus ojos verdes brillaron molestos mientras observaba al joven, pero la furia desapareció cuando miró su rostro -. ¿Kyo...? - murmuró, relajándose. Lentamente Kyo la dejó ir, y ella posó sus manos en los hombros del joven, que la observaba como si fuera una desconocida. - Dime, ¿qué pasa? - preguntó Alex suavemente.

Fue en ese momento en que ella vio los intensos ojos ámbar observándolos fríamente desde detrás de Kyo. Era ese joven de la cama contigua, sentado atento a todo lo que ellos hacían. La rubia frunció el ceño -. ¿Se puede saber qué miras? - dijo en voz alta y siendo nada cortés.

- Y ahora haces como si no recordaras nada - murmuró Syo en voz baja, entrecerrando sus ojos. Alex sintió que esa manera de observarla era una amenaza, o una burla. El joven continuó, apartando su cabello castaño con un gesto de su cabeza -: Que fácil, huir así... Debí esperarlo de ti, gaijin...

- I tu qui dimonis ets? {¿Y tú quién demonios eres?} - siseó Alex. Syo entrecerró aun más los ojos. Apartó las sábanas para ponerse de pie y abandonar esa posición que lo hacía sentirse en desventaja. De un salto estaba en el piso, y en menos de una fracción de segundo ya estaba junto a Kyo y Alex.

- ¿No dijiste que lo querías proteger? - dijo Syo, con desprecio -. Mírate ahora... Ni siquiera puedes contigo mismo. ¿Es que acaso los Kusanagi no podían conseguir a alguien más decente? - Hizo una pausa, apretando los puños. Una oleada de dolor recorrió su herida en el hombro, pero no le hizo el más mínimo caso. - Cuando comenzaba a pensar que quizás valías algo, me encuentro con esto: una débil y cobarde mujer.

Syo detuvo con toda facilidad el golpe que le lanzó Alex. Incluso él mismo se sorprendió de lo simple que fue. Miró esos ojos verdes, aún brillando desafiantes, como los recordaba desde la primera vez que los vio. Ahora, ver a Alex comportarse de ese modo... era más de lo que podía soportar. Todo su entrenamiento no lo había preparado para algo semejante. Sentía tal frustración ante lo que sucedía, que no podía evitar expresar su rabia. No debía hacerlo, la rabia ardía y se apagaba, sin llegar a salir de su interior... pero no podía. Ver a Kyo-sama así, ver al extranjero así... Poco a poco todo se iba destruyendo. Era como si Kyo los arrastrara a todos hacia un final... y él no lo quería permitir. Pero Kyo-sama se escurría entre sus posibilidades como arena entre sus dedos, no podía hacer nada al respecto... y ahora Alex. Él no había llegado a tiempo para ayudarlo, él no había podido protegerlo, si no por simpatía, por lealtad hacia Kyo. Pero la culpa no era sólo suya... también era de Alex por ser tan insoportablemente débil. Y ahora había despertado comportándose como si no recordara nada, como si no supiera quién era él. Como... si nunca hubiese sido un ninja al servicio de Kyo.

La idea le parecía tan desesperante que hubiera querido reír. ¿Y si no era un ninja que pretendía ser? ¿Una amiga de Kyo? No, no podía ser tan fácil. ¿Acaso también había olvidado el Henka? ¿Y todo lo que habían pasado esa semana?

Dejó ir el puño de la rubia.

- ¿Quién eres tú, a todo esto? - murmuró ella.

Syo dudó un segundo. ¿Acaso... le dolía que Alex no lo recordara...?

- ¿Pero por qué olvidar? - murmuró Syo, negando con la cabeza, sin poder comprender -. ¿Qué sucedió como para que hayas elegido ese camino...?

- ¿Olvidar? - repitió Alex.

- Olvidar - asintió Syo -. Henka, Setsuna, Orochi...

- Es suficiente, Syo - interrumpió Kyo bruscamente. Se volvió hacia el ninja, que pareció sorprendido. Syo cerró los ojos. Se estaba dejando llevar, estaba siendo demasiado impulsivo... Eso no era correcto. Pero no podía evitarlo. Sintió un leve toque en su brazo. Era su amo. - Déjanos a solas un momento - pidió Kyo, que agregó dirigiéndose hacia el doctor pero sin volverse -: Usted también, sensei...

- Kyo-sama - murmuró Syo, titubeando.

- Sólo unos minutos. - Kyo sonrió débilmente, como para indicarle que estaba bien, que no estaba furioso con él. Sólo necesitaba un momento a solas, era todo.

El doctor salió, y luego Syo. Alex no dejó de observarlo hasta que la puerta estuvo cerrada.

- Qui és aquest per venir a parlar-me així? {¿Qué se cree ése para venir a hablarme así?} - fue lo primero que dijo, entre dientes. Kyo la calmó con otra ligera sonrisa.

- Entonces... ¿cenaríamos con tus padres? - preguntó con voz calma. Ella asintió, el desagrado que le producía el chico de ojos ámbar desapareció mientras decía:

- Ya que están de visita en Japón, quería presentártelos... pero tal parece que no llegaremos a tiempo - inconscientemente sus ojos verdes buscaron un reloj en la habitación. No había ninguno.

- No vamos a ir a cenar con tus padres - dijo Kyo, suave y claramente, volviéndose hacia Alex.

- ¿No quieres? - murmuró ella, y su voz sonó desilusionada. Kyo negó con la cabeza.

- No es eso...

¿Debía decirle la verdad? ¿Debía recordarle lo que en verdad había sucedido y decirle que sus padres estaban muertos desde hacía años? Levantó levemente una mano, rozando la mejilla de Alex. Ella se apoyó en él, ladeando su cabeza con expresión curiosa.

- Si algo malo hubiese sucedido - comenzó Kyo, en voz baja -, y tú lo hubieras olvidado... ¿querrías que yo te lo recordara...?

Sintió que Alex sonreía.

- Depende qué tan malo - dijo, pero luego continuó, más seriamente -: Sería tu decisión. Sabes que confío en que harás lo correcto.

Esta vez fue él quien sonrió. ¿Lo correcto? ¿Qué era lo correcto? Desde que había conocido a Alex había querido que ella pudiera olvidar esos momentos de su pasado que tanto la abrumaban. Había estado a su lado, todo el tiempo, para cuando ella lo necesitara. La había distraído y consolado, pero nunca había logrado su propósito. Las imágenes vivían en el interior de la joven, no había modo que él pudiera ayudarla, salvo reconfortándola cuando salían al exterior. Ahora finalmente sabía que esos recuerdos habían sido enterrados y olvidados pero... ¿por qué no se sentía bien por Alex? Más que estar feliz por ella, sentía algo como... rabia, sí, era rabia. Simple y pura rabia. Setsuna la había llevado al límite, y ésa había sido la solución, ¡tan simple! Entonces... si él hubiera obligado a Alex a enfrentarse a aquellos fantasmas, si en vez de consolarla con cariño la hubiese presionado hasta un extremo, todo hubiera estado bien. Perfectamente bien, durante años.

Había desperdiciado años pensando ingenuamente que algo de cariño podría solucionarlo todo. Maldición. ¿Es que acaso Yagami tenía razón al burlarse de él diciendo que se creía un héroe bueno e ingenuo? ¿Era eso? Tenía razón, oh, claro que la tenía. En este mundo el amor ya no solucionaba nada. Un corazón frío, simples hechos que comenzaban y terminaban una vez cumplido su objetivo, un alma cruel, y todo era más simple. Era más simple para Yagami, ¿verdad? Sí, casi podía imaginarlo. Si hubiese sido su caso, le habría gritado a Alex que si no era lo suficientemente fuerte para salir adelante, entonces podía pudrirse en su vieja mansión hasta que muriera. Y eso la hubiera llevado a solucionar todo en un segundo. No su cariño, no sus cuidados. Un desperdicio de tiempo.

- Kyo... - Alex lo había tomado de los hombros, lo sacudía levemente.

Entonces... ¿ahora qué? ¿Debía ir y agradecerle a Setsuna por haber logrado lo que él no pudo en tantos años? ¿Agradecer? No... No sentía que debía agradecer. La odiaba por eso.

Apartó a Alex demasiado bruscamente, no quería sentirla tan cerca. ¿Tan egoísta podía llegar a ser él? Prefería mil veces a Alex, su ninja, sufriendo, que a esta Alex que ahora lo acompañaba. ¿Qué era? ¿Prefería que Alex dependiera totalmente de él, que lo buscara y que gimiera su nombre cuando necesitara compañía? Tenía que aceptarlo... lo prefería. Era lo mismo que le producía el saber que Yagami nunca dejaba de pensar en él. Le hacía sentir importante al menos durante unos segundos. Importante porque en ese breve momento su vida tenía un sentido. Ser importante para alguien, sentir que al menos una persona en todo el mundo tenía necesidad de él. Se había acostumbrado a la sensación, ¡y Setsuna se la había arrebatado tan fácilmente! Odiaba a esa mujer, si es que era posible odiarla aun más. Odiaba a Alex que ahora buscaba tomar su mano de nuevo. ¿No se daba cuenta? ¿En verdad no se daba cuenta de los pensamientos que se arremolinaban en su interior? Eran tan intensos que Kyo tenía la impresión que la joven bien podría estar sintiéndolos físicamente, adivinando sus sentimientos. Debía avergonzarse por pensar eso, sí... Caer tan bajo... Desearle ese mal a una persona que él decía querer tanto...

- Alex, tus padres están muertos - dijo, simplemente, sin meditarlo.

Hubo un segundo de silencio.

- Pero qué dices... - la voz de Alex, y ella sonreía, confundida.

- Murieron hace años, asesinados...

Kyo se volvió hacia la joven.

- ¿De qué hablas...? - murmuró ella.

Kyo sonrió, negando con la cabeza sin darse cuenta. ¿Quién era el ingenuo aquí?

Alex finalmente consiguió sujetar la mano del joven sin que éste se apartara. La acercó a sus labios, cerrando sus ojos verdes. Parecía confundida, perdida entre recuerdos del pasado, el presente, y su propia negación. Finalmente susurró, como si no quisiera aceptar las palabras de Kyo aun sabiendo que eran la verdad:

- No me importaría... No me importaría tanto, prefiero que sean ellos, a que seas tú...

Kyo sintió el beso que le daba Alex en la mano. Un escalofrío lo recorrió.

Él. Morir. Y Alex había tenido que enfrentar eso también... Volver a la realidad con sus padres muertos, y él... ¿Acaso eso no era peor?

Y a pesar de todo la idea le agradaba... Era egoísta, era cruel, pero también era arruinar lo que había logrado Setsuna. Cerró los ojos, con una risa corta y extraña. Alex se inclinó hacia él, preguntándole qué sucedía, pero él no respondió.

* * *

Continúa...

[ Capítulo 39: Preámbulo ]

* * *

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Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002