Fanfic por MiauNeko
Créditos del beta-reading a Pekkochu
Créditos del proof-reading a Artemis

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 39.- Preámbulo

El doctor observó a los tres jóvenes reunidos en la habitación. La rubia estaba sentada al borde de la cama, vistiendo una larga prenda de hilo color madreperla. El escotado cuello curvo llegaba casi hasta el borde de su pecho, y la blusa se ceñía estrechamente a lo largo de su cuerpo, delineando su esbelta cintura. Las mangas eran angostas, pero terminaban acampanándose, demasiado largas para ella, cuyas manos quedaban semiocultas, apoyadas ligeramente sobre el colchón. Sus ojos verdes observaban a Kyo frente a ella. Él solamente estaba de pie, sus ojos cerrados, esperando. Y por último, apartado, estaba el pelirrojo. Parecía mirar atentamente hacia el oscuro exterior a través de la ventana, ajeno a todo, como si lo que estuviera sucediendo allí no fuera cosa de él. El cuarto joven, el que había sido herido, aquel cuyos ojos ámbar no expresaban nada cuando lo miraban, había desaparecido.

- No podemos esperar más tiempo - dijo el doctor -. La ambulancia donde se irán ya debe estar lista.

Kyo asintió. No había sido su idea esperar a Syo. Él era el que más sabía que su ninja bien podía haber salido del hospital sin que nadie lo viera, ni la prensa ni los policías. Fue cosa del doctor, quizás por su costumbre de preocuparse por todos los que conociera. Kyo estaba demasiado confundido con los sentimientos en su interior como para hacer nada. Si le decían que saldrían por la puerta posterior, y subirían a una ambulancia en silencio, él lo haría sin protestar. Estaba cansado de ese lugar. Quería salir de allí, sentir que retomaba el control sobre su vida al menos por un momento.

- Ven, Kyo. - Alex lo llamó, porque él parecía no estar prestando atención a lo que sucedía.

Kyo sólo asintió, no dijo nada. No quería hablar con ella y tener que escuchar sus respuestas con esa voz que, a pesar de ser suya, no era la del Alex que conocía.

Los pasos de Yagami a su espalda lo hicieron titubear un momento, y estuvo seguro que Alex lo notó. Caminaron hacia el ascensor, perdiéndose entre pasadizos vacíos y evitando a las personas. Unas cuantas palabras del médico bastaban para accesar puertas cerradas y tomar un camino por el que el público no tenía autorización de pasar. A medida que avanzaban el aire se hizo más y más frío, hasta que Kyo vio una pequeña puerta que daba al oscuro exterior, un estacionamiento interior semidesierto, donde la prensa no había tenido oportunidad de entrar.

- Suerte a todos - dijo amablemente el doctor, mientras le indicaba a Alex que debía subir a la ambulancia. Kyo subió tras ella un poco torpemente, quizás, e Iori subió después. - Solamente podremos llevarlos hasta fuera del perímetro del hospital. Espero que puedan arreglárselas solos - continuó el doctor -. Cuidense.

Con un golpe las puertas de la parte trasera de la ambulancia se cerraron, y ellos quedaron aislados del mundo, en la penumbra. Los sonidos habituales no llegaban hasta allí, y pronto todo fue absorbido por el rumor del motor y el vehículo en movimiento.

- ¿Adónde vamos? - preguntó Alex. Ya era suficiente para ella. Kyo le había explicado a grandes rasgos lo que había sucedido, y no le agradaba para nada salir furtivamente de ese lugar así. Sentía que estaban en peligro, y no le agradaba poner a Kyo en esa situación.

Kyo no respondió, Yagami tampoco. El departamento de Mature, que era su lugar habitual de residencia había sido destrozado. Su departamento tampoco estaba en mejor estado. ¿Qué otro lugar quedaba?

- Iremos a mi departamento y luego tú volverás a casa - dijo Kyo, su voz cortante como si no quisiera ser desobedecido. Más pareció una orden hacia Alex, que la respuesta a una pregunta.

La rubia lo observó fijamente, por un lado molesta ante el trato, y por otro preguntándose por qué Kyo parecía tan decidido a deshacerse pronto de ella. Sus palabras la hirieron, aunque no lo demostró. Kyo nunca antes la había tratado de manera tan fría. Hubiera protestado de no haber sido por la presencia de Yagami, no pretendía quedar como una mujer engreída frente al pelirrojo.

¿Y qué hacía él allí, de todos modos? Kyo había dicho que lo estaba ayudando... ¿pero por qué? ¿No le había repetido mil veces que los Yagami eran enemigos de su familia? ¿Y ahora Kyo pretendía que ella lo dejara a solas con ese pelirrojo que en cualquier momento podía aprovechar para atacarlo? No, Kyo estaba muy equivocado si pensaba que ella se iría de su lado tan fácilmente.

Una sacudida del vehículo la tomó desprevenida, y sin poder evitarlo fue lanzada hacia Kyo. El joven la sujetó por los hombros, para que no cayera y su contacto envió escalofríos por todo su cuerpo. Alex se quedó quieta, apoyada en él. No hizo ningún movimiento para apartarse, y Kyo tampoco la rechazó esta vez. Maldición, necesitaba hablar con Kyo, pero no podía hacerlo con Yagami frente a ellos. No le agradaba el modo en que parecía examinarla fríamente, como si ella no fuera más que un estorbo entre él y el joven Kusanagi.

Antes de poder seguir pensando, sintió que Kyo inclinaba su cabeza hacia ella, hasta que sus labios rozaron su cabello rubio.

- ¿Kyo...? - murmuró ella. Dios, sentía la necesidad de abrazarlo, quería atraerlo contra sí y preguntarle qué sucedía, qué lo preocupaba. Kyo le estaba ocultando muchas cosas y ella sabía en su interior que algo estaba muy mal allí, con él o con ella. Algo que era obvio pero que ella no podía notar.

Olvidar. Eso le había dicho el joven de ojos ámbar. ¿Era que ella había olvidado algo importante? ¿Pero qué podía ser? No sentía como si algo le faltara, solamente estaba confundida acerca de lo que había sucedido el día anterior, nada más. Levantó la vista hacia Kyo y se encontró con su mirada escarlata, apesadumbrada. Ah, odiaba verlo así.

Si estuviera a solas con él le preguntaría tantas cosas... pero no podía hacerlo porque Yagami estaba allí. Tampoco comprendía la razón de su presencia, y Kyo parecía estar muy tranquilo pese a tener a su enemigo a su lado. Nada tenía sentido. ¿Qué estaba sucediendo?

Se llevó una mano a la cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos, y en ese momento la ambulancia se detuvo. Segundos después las puertas fueron abiertas y el conductor les indicó que ya estaban lejos y a salvo, que podían bajar. Lo hicieron en silencio, y para sorpresa de Alex vio que un automóvil negro estaba justo detrás de la ambulancia. Una mujer rubia esperaba de pie junto a la puerta del lado del conductor, sus ojos azules le resultaron ligeramente familiares.

La ambulancia se alejó por la calle, salpicando nieve sobre la acera desierta, mientras Yagami caminaba hacia el vehículo e intercambiaba algunas palabras con la rubia. Sus ojos azules fueron del pelirrojo a Alex y Kyo, y luego de nuevo al pelirrojo. Parecían discutir algo y no terminar de ponerse de acuerdo. Finalmente la mujer cedió, y el pelirrojo subió al vehículo. La rubia le hizo una seña a Alex y a Kyo para que subieran también.

- De prisa - murmuró al ver que Alex dudaba, y mientras ella subía a la parte trasera agregó -: Ustedes ninjas nunca dejarán de sorprenderme. Ciertamente se recuperan rápido.

Alex quiso preguntar qué significaba aquel comentario, pero ya Kyo subía a su lado, y Yagami encendía el motor del auto, que hizo un sonido impaciente, listo para partir.

Mature subió de un salto en el asiento del copiloto y con una sacudida se pusieron en marcha.

- ¿Por qué no regresan al templo Kagura? - preguntó la rubia a Iori -. Es el lugar más seguro. Kagura puede protegerlos.

- Demasiado obvio - murmuró Iori, volteando bruscamente en una esquina, enfilando hacia una avenida principal intensamente iluminada. Esa no era la verdadera razón, pero ¿cómo explicarle a Mature que no podía volver a acudir a Chizuru, luego del enfrentamiento que habían tenido?

Iori se concentró en el camino. La nieve acumulada durante el día había sido hecha a un lado y se había derretido. Ahora el frío de la noche congelaba el asfalto, y las ruedas del auto parecían patinar con cada curva que tomaban.

- Vice y Tsukiyo están en el templo - comunicó Mature.

- Nosotros no iremos allí - fue todo lo que dijo Iori. Kyo ya había decidido que irían a su departamento. ¿Para qué? No se había tomado la molestia de preguntar, pero Iori también sentía que prefería estar lejos de cualquier otra persona. Cuando Kyo se deshiciera de Alex, él enviaría a Mature con Vice. Todo lo que quería era un momento a solas con el Kusanagi. Lanzó una mirada por el espejo retrovisor, solamente para ver a Alex perdida en sus pensamientos, y a Kyo apoyado en la puerta, con los ojos entrecerrados.

Inconscientemente aceleró un poco más, adelantándose a los demás vehículos que circulaban por esa calle. Los pequeños árboles que adornaban las aceras estaban decorados con luces doradas, y todos estaban encendidos. Parecían delinear un camino hacia un hermoso destino, su brillo contrastando con la oscuridad de esa fría noche. Esa avenida parecía invitar a olvidar completamente los problemas y simplemente disfrutar de la belleza que unas luces artificiales podían ofrecer. La poca gente que caminaba por allí se veía satisfecha y feliz, deteniéndose a disfrutar de los escaparates, intercambiando comentarios, totalmente ajenos a los cuatro jóvenes que estaban dentro del automóvil negro.

Las manchas de sangre en la ropa de Iori no eran visibles ante la poca luz del interior, la expresión confundida de Alex y la palidez de Kyo también quedaban ocultas, como si no existieran. Qué fácil hubiera sido dejarse engañar y pensar que todo estaba bien. Era más fácil pensar como un estúpido mortal cualquiera, que obligarse a estar consciente de que no importaba lo que hicieran esa noche o la siguiente, todo terminaría con la muerte. Iori podía olvidarlo, así como a veces se olvidaba de su propio destino y se preocupaba solamente del presente, pero no lo hacía. No quería hacerlo. Sentía que quería hacer desaparecer a las dos mujeres que los acompañaban, para tomar a Kyo y volver a hacerlo suyo.

Fijó su mirada en el camino ahora. No faltaba mucho. Pronto ya no tendría que luchar contra una idea que estaba fija en su mente desde hacía horas. Cuando estuvieran a solas podría saber si era capaz de hacerlo o no. Ya no se trataba simplemente de tomar a Kyo, ahora había algo más. Sabía que estaba prohibido, sabía que las consecuencias eran desconocidas y peligrosas... pero no permitiría que nadie le arrebatara a ese joven de cabellos castaños que era suyo.

* * *

Kyo se dio cuenta que no sabía dónde estaba. Se había quedado dormido lo que parecieron unos minutos y ahora que despertaba le era imposible ubicarse. Todo estaba silencioso y quieto a su alrededor.

- ¿Dónde estamos? - preguntó en voz baja, levantando su rostro y encontrando la mirada de Iori en el espejo retrovisor.

- ¿No mencionaste tu departamento? - respondió el pelirrojo quedamente, sus ojos rojos se desviaron hacia el alto edificio cuyas ventanas aún continuaban iluminadas. Ya era avanzada la noche, y el viento helado comenzaba a soplar anunciando una tormenta. Bajaron del vehículo, mientras por instinto Iori buscaba a alguien que pudiese haberlos seguido, alguna amenaza oculta en las sombras. Su compañera hacía lo mismo unos pasos más allá, pero pronto volvió hacia él, caminando sin problemas pese a sus altos tacos hundiéndose en la nieve.

- Entonces yo regreso al templo - anunció Mature, y pasó sin detenerse frente a Iori y Kyo. Pareció ruda, pero en verdad no había nada más que decirles. Ella sabía muy bien que el pelirrojo tenía algo en mente, y era obvio que eso no la incluía a ella en los planes. Era mejor dejarle libre el camino para que hiciera su voluntad... como siempre.

Alex también continuaba allí, observando con sus ojos verdes al pelirrojo. Los tres estaban en completo silencio. Durante una fracción de segundo Alex sintió como si ella estuviera sobrando, pero la impresión desapareció al momento, cuando vio que Iori le lanzaba una mirada helada y luego se apartaba de Kyo.

- Te acompañaré esta noche y volveré a casa mañana - dijo Alex de pronto, acercándose a él. Kyo se volvió levemente hacia ella.

- Volverás a casa esta misma noche - dijo el joven, y por su entonación Alex supo que la decisión era definitiva.

Pero ella no iba a aceptarlo.

- ¿Por qué? - preguntó, en voz baja esta vez para que el pelirrojo que iba delante de ellos no oyera -. ¿Te he hecho algo malo para que me quieras lejos de ti, así tan fríamente? ¿Algo que no recuerdo?

- No has hecho nada malo - respondió Kyo con una leve sonrisa, como si quisiera calmarla -. Estarás más segura en casa que conmigo.

- Si tú no estás seguro, quiero quedarme contigo para cuidarte - insistió Alex tercamente, aún en voz baja.

- Ya has hecho suficiente, Alex... - susurró Kyo, deteniéndose finalmente, tomándola de los brazos, para que prestara atención. - Tú no lo recuerdas, y lo agradezco, pero si has llegado a esto fue por mi culpa. - Hizo una pausa, no quería decirle todo a Alex, pero no había modo de dejar de mencionarlo -. Y no valgo la pena, créeme. - Una sonrisa triste adornó los labios del joven -. Porque cada minuto que pasas conmigo ahora, lo único que yo te deseo es algo malo.

- ¿Qué... quieres decir? - Alex preguntó con un titubeo. Le hubiera dicho a Kyo que dejara de bromear, pero la expresión del joven era seria.

- Ahora no lo comprenderías - dijo él simplemente.

- Estás muy extraño... - murmuró ella. Kyo negó con la cabeza.

- No... - dijo -. No soy yo el que está extraño.

Alex no pudo responder a esto porque una brisa helada los hizo estremecerse. Yagami ya casi había llegado a la entrada del edificio cercano y esperaba por ellos. Alex se apartó de Kyo, sintiéndose confundida. No importaba cuánto lo pensara, no conseguía dar con el detalle que hacía que todo pareciera fuera de lugar.

* * *

Sintiéndose incómoda, Alex se adelantó a Iori y Kyo en el pasillo que llevaba al departamento. Por el rabillo del ojo vio que apenas ella soltó la mano de Kyo, el pelirrojo posó la suya en la base de la espalda del joven, cuyos pasos continuaban siendo inseguros. Fue un gesto muy solícito, como si ya estuviera habituado a hacerlo. No pudo evitar pensar en que era extraño viniendo de un Yagami, pero a Kyo no parecía afectarle en nada.

Apartó sus ojos verdes intentando no buscar más respuestas, y su mano se posó en el pomo de la puerta. Como era de esperarse, la cerradura estaba abierta, y bastó con hacerla girar para poder entrar. Sin embargo, un escalofrío la recorrió apenas dio un paso en el interior y extendió su mano para buscar el interruptor de la luz. No supo cómo, pero en la penumbra sintió claramente una presencia, una amenaza. Percibió el susurro de un paso contra la alfombra y alcanzó a volverse sobre sí misma para alertar a Kyo.

Un frío cortante ahogó su voz en su garganta, una mano sujetó su muñeca y la atenazó en una llave que la inmovilizó totalmente, obligándola a arquear su espalda hacia atrás debido a la fuerza que amenazaba con dislocar su brazo. Maldijo entre dientes, sin poder forcejear. Vio la alerta en los ojos rojos de Iori, y la expresión del rostro de Kyo. Habían sido tomados por sorpresa, el atacante bien podía haber matado a Kyo si hubiese sido él quien entrara primero.

Alex se retorció en las manos del desconocido, sintiendo que la hoja del arma entraba en la piel de su cuello. Cerró los ojos con fuerza, quería liberarse y no sabía cómo. ¡Se sentía tan impotente!

Pero no fue necesario luchar, la mano que sujetaba su muñeca la dejó ir, y el cuchillo se apartó despacio, sin hacerle más daño. Se volvió al instante, enfrentando al desconocido. Dos ojos ámbar le devolvieron una fría mirada despectiva.

- Bienvenido, Kyo-sama - habló el joven, ignorándola totalmente.

- Syo... - murmuró Kyo.

El ninja se hizo a un lado para permitirles la entrada. Alex quiso gritarle algo pero en vez de eso se dirigió a la parte más alejada de la sala, dejándose caer en el sofá, una mano rozando su cuello y sintiendo el lugar donde el metal había producido un pequeño corte que no sangraba. En verdad la había humillado, ese joven. Aún podía sentir su corazón latiendo asustado en su pecho.

Iori la siguió, sentándose frente a ella, con Kyo a su lado. Syo continuó de pie, junto a Kyo.

Se les había adelantado para preparar el departamento. Sabía que Kyo no había pasado por allí en mucho tiempo, desde que el problema con NESTS empezó, y ciertamente no era un lugar donde el descendiente de los Kusanagi pudiera estar. Demasiada suciedad acumulada durante un año, todo había tenido un aspecto a lugar abandonado. Pero ahora al menos estaba mejor. Syo no se cuestionó por qué lo había hecho, solamente formaba parte de su responsabilidad. Si Kyo-sama lo notaba o no, no debía importarle.

Era como un sirviente, sí, preocupándose por su amo simplemente porque... era su deber. Durante mucho tiempo había pensado que así estaba bien, y que debía conformarse con eso, pero... ahora que miraba a Alex, vestida como una simple joven, se sentía confundido. Ella también servía a Kyo, y, al igual que él, había llegado a un grado de amistad con su amo. Tenía que ser así, ¿verdad?

Pero lo que no podía comprender era qué la llevaba a imaginar que era una amiga de Kyo-sama ahora. ¿Por qué luego de ese momento tan traumático había despertado creyendo eso? ¿Acaso era lo que más deseaba? ¿Ser solamente una mujer, una amiga? Odiaba mirarla. Si antes había sentido un profundo desprecio hacia él, ahora no podía soportar estar cerca de ella. Prefería mil veces al ninja, que a la joven que ahora se sentaba confundida mirando de vez en cuando a Kyo, y luego bajando sus ojos verdes hacia la alfombra.

No... Kyo-sama no necesitaba de una amiga a quien debiera proteger.

Inconscientemente su mano tocó el cuchillo que guardaba bajo sus ropas. Junto a él tenía también las armas que Alex había usado cuando apareció de súbito en el templo Kagura. Las había dejado caer cuando protegió a Kyo, y Syo tuvo el buen cuidado de recogerlas y guardarlas. No era correcto que armas tan nobles fueran olvidadas en una batalla. Se preguntó qué sucedería si se las entregaba a Alex ahora. ¿Sabría de qué se trataba? ¿Las reconocería? Cuando su mano se cerrara alrededor de la empuñadura, ¿su mente recordaría la familiar sensación de la sangre corriendo, cálida, por sus dedos?

Cerró los ojos un momento y los volvió a abrir cuando Kyo murmuró:

- Syo, quiero hacer una llamada.

Solícito, Syo sujetó la mano que Kyo extendía hacia él. Aunque parecía totalmente recuperado, había cierta torpeza en los movimientos e inestabilidad en los pasos del joven Kusanagi. Syo lo percibió claramente cuando Kyo se apoyó en él. Lo llevó hacia su habitación sin necesidad de más órdenes o más palabras. Sabía que allí había un teléfono, y cerró la puerta tras ellos, sin encender la luz. Kyo no debía expresarse en voz alta para que él supiera que quería un momento de privacidad; de algún modo se adelantaba a los deseos del joven y le ahorraba darle indicaciones innecesarias. Ahora estaba a solas con su amo que se sentó en la cama y marcó los números lentamente en el teléfono. Kyo no le pidió que saliera, no era necesario; había querido estar lejos de Iori y Alex, no de él.

En el silencio absoluto de la habitación a oscuras, Syo oyó el timbrar del otro lado de la línea. Tardaron en responder, pero finalmente una voz se escuchó.

- Yo, Hiroshi - saludó Kyo apagadamente. Se inclinó hacia adelante, como si estuviera cansado. Su frente quedó apoyada en el ninja, pero no se retiró, y Syo no se apartó, pero lentamente posó su mano en el hombro de Kyo, mientras el joven continuaba hablando, suavemente -: Sí, aún estoy vivo - decía Kyo sin poder evitar una sonrisa y apartando el auricular unos centímetros de su oído, mientras Hiroshi escandalosamente expresaba su alivio al saberlo. Del otro lado se oyeron más voces, luego ruidos como si alguien forcejeara, y finalmente una voz más calmada y fría se hizo cargo de la conversación. Al parecer Hiroshi estaba demasiado eufórico como para poder seguir siendo coherente -. Kaiji - saludó Kyo de nuevo, ahora a otro de los ninjas. Mientras hablaba, su otra mano rozó la de Syo, como si buscara que el joven de ojos ámbar la sujetara, cosa que hizo. - Daijoubu, hai... {Sí, yo estoy bien...} - continuaba hablando, suavemente, su voz sonando agotada -. Pero Alex no lo está...

Hubo una pausa, larga, antes de que el joven prosiguiera:

- La enviaré con ustedes... porque no sé qué sucederá ahora.

Syo oyó la voz del tal Kaiji hablando calmadamente. Kyo asintió.

- Si ella vuelve a recordar... dile que lo siento - dijo con una sonrisa. Cortó la comunicación sin despedirse, y se quedó cabizbajo un momento. Cuando habló se dirigió a Syo -: ¿Puedes llevarla? - preguntó.

- Hai, Kyo-sama.

Kyo sonrió, dejándose caer hacia atrás, sobre el colchón de la cama. Se recostó, reclinándose hacia un lado, sus ojos entrecerrados. Syo tomó el borde de la sábana y lo cubrió, despacio.

- ¿Desea dormir? - preguntó, inclinándose sobre su amo para acomodar las almohadas donde descansaba su cabeza.

- Eternamente - respondió Kyo, su voz sonaba extenuada.

- Kyo... - Syo se sentó a su lado, sabiendo que lo que sucedería desde ese momento en adelante era desconocido para ambos -. Kyo-sama... - repitió, incapaz de tratar al joven Kusanagi de otro modo. Negó con la cabeza, no, él no era como Alex, no podía tratarlo como a un amigo. Kyo era su amo, por siempre su amo. Dudó antes de rozar con su mano el cabello castaño. Pese a la oscuridad, podía ver cada detalle en esa habitación, estaba tan acostumbrado a las sombras... Veía claramente la expresión del joven Kusanagi, agotada.

No quería irse, pero la orden había sido dada. Se puso de pie, abandonando cualquier intento de decirle nada a Kyo, e hizo una profunda inclinación. Salió sin hacer ruido, y esperó un momento antes de dirigirse hacia los dos jóvenes que esperaban en la sala. Habló directamente con Alex.

- Kyo-sama ha dicho que debo llevarte a la mansión Kusanagi - dijo simplemente. Alex pareció sorprendida y se puso de pie para negarse. Iori se mantuvo en silencio, sólo los miró impasivo. La rubia negó con la cabeza, su cabello cayendo sobre sus ojos verdes, sin decir palabra, frunciendo el ceño y lanzándole una mirada de desprecio al ninja. Syo pareció no darse por enterado. - Partiremos ahora mismo - indicó y Alex sacudió la cabeza otra vez.

- ¿Por qué habría de obedecerte? - desafió, tercamente. Syo la observó conservando la calma, repitiéndose que era solamente una mujer. Las mujeres siempre reaccionaban así.

- No a mí, a Kyo-sama - le corrigió suavemente, para total furia de la joven.

- No lo haré - sonrió Alex. Syo entrecerró sus ojos. No la soportaba, no. No iba a estar aguantando a una chica caprichosa.

- ¿No dijiste que confiabas en Kyo-sama? ¿No dijiste que significaba mucho para ti? - dijo. Las mejillas de Alex se sonrojaron de golpe, como si no comprendiera por qué este joven se atrevía a sacarle en cara eso. - Si él te dice que debes volver a casa ahora, es por tu propio bien.

- ¿Quién te crees para...? - murmuró Alex, realmente dispuesta a enfrentar a Syo, sin embargo en ese momento una voz profunda intervino.

- No lo entiendes, ¿verdad, gaijin? - Era Iori, que se puso de pie y se acercó a los dos ninjas -. Kyo no te quiere cerca.

Un silencio cayó sobre ellos, denso e incómodo. Iori sonrió burlón.

- Vete y piensa que es culpa de tu debilidad el que Kyo ahora te aparte de su lado - el pelirrojo no tuvo compasión, ni siquiera cuando vio los ojos verdes nublarse de confusión e impotencia -. Lárguense los dos.

Syo hizo un gesto con la cabeza, asintiendo. Tomó el brazo de Alex y la obligó a dirigirse hacia la puerta. Yagami-san había sido demasiado rudo, pero fue suficiente para que ahora la rubia se comportara dócilmente y fuera con él en completo silencio. Iori los observó dejar el departamento hasta que finalmente la puerta estuvo cerrada.

Suspiró, a solas en la sala del lugar. Lanzó una mirada a la habitación de Kyo pero luchó contra el deseo de entrar e interrumpir el descanso del joven. Suspiró de nuevo, cerrando los ojos. Todo lo que había sucedido en ese corto tiempo también lo había afectado. En ese momento de tranquilidad, en que debía aclarar sus pensamientos, tenía la mente en blanco. Sonrió para sí, sus dedos recorriendo su camisa manchada con sangre seca.

La idea de poder descansar aquella noche le parecía inconcebible, pero allí estaba, la oportunidad ofreciéndose en silencio. Quería ir hacia Kyo, pero por alguna razón se obligó a dejar que el deseo se incrementara dolorosamente en su interior. Apagó las luces, preguntándose cuánto tiempo podría soportarlo. No mucho, era lo más seguro.

Con una mano apartó su cabello a un lado, su mirada dirigiéndose a la única iluminación ahora proveniente de la ciudad que se veía a través de la ventana... y la luna, asomándose por entre las nubes que anunciaban tormenta. Se acercó, siguiendo el camino que la luz plateada dibujaba sobre la alfombra de la sala, y se detuvo pensativo, a unos centímetros de la ventana. Poco a poco las nubes densas ocultaron aquella figura que siempre lo había acompañado durante sus noches solitarias. El viento helado aulló en el exterior, y él cerró los ojos nuevamente disfrutando de la tranquila oscuridad.

* * *

Continúa...

[ Capítulo 40: Esperando... ]

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Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002