Fanfic por MiauNeko
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Créditos del proof-reading a Artemis

~ Dark Crimson, Forbidden Fantasies ~

Capítulo 40.- Esperando...

El agua ardiente dejaba una sensación de dolor en su piel, pero no lo hería. Iori sólo estaba allí, en medio de la bañera, dejando que la fuerte presión de la ducha golpeara su cuerpo como un leve masaje para sus músculos agotados. El suelo del baño estaba cubierto por sus ropas desordenadas y manchadas de sangre seca. Las había dejado caer descuidadamente en el camino, y ahora solamente esperaba que el agua lavara todas las marcas rojas que adornaban su piel, impregnaban sus manos, su cuello, todas partes.

El sonido que hacía la ducha no le permitía oír nada salvo el rumor de las gotas golpeándolo, golpeando el fondo de la bañera, y luego yéndose por el desagüe. Con una mano apartó los húmedos mechones de cabello que se habían adherido a sus mejillas, y levantó el rostro directamente hacia el agua, sus ojos cerrados.

De alguna manera sabía que ya había empezado a nevar. El viento lo había anunciado, así como las nubes cargadas para la tormenta. Durante un corto momento se preguntó cómo estarían los ninjas, esperando que no fueran tan tontos como para quedarse en la intemperie esa noche, pero sinceramente ellos no le importaban. El pensamiento cruzó por su mente sin que fuera su intención. Eso era lo que ganaba luego de estar cerca de otras personas durante tanto tiempo. Suspiró, para luego aspirar la deliciosa humedad del cuarto de baño. El vapor ya había nublado todo, no podía ver más allá de su mano. Quizás el agua realmente estaba demasiado caliente, pero no hizo nada para evitarlo; el apagado dolor que le producía era placentero.

Recorrió su pecho con la punta de los dedos, inconscientemente. Rozó su cuello despacio, hasta finalmente volver a apartar el cabello que de nuevo había caído hacia adelante. Era suficiente.

Cuando posó su mano en la llave del agua, sus ojos no pudieron evitar ver un movimiento del otro lado de la cortina que evitaba que las gotas salpicaran por todo el baño. Fue una sombra, quizás la luz atrapada en el vapor que ascendía hacia el techo, pero Iori se quedó quieto, su mano detenida en medio del movimiento. No cerró la llave y sólo escuchó, intentando reconocer algún sonido por sobre el rumor del chorro de agua cayendo.

Lentamente, imperceptiblemente, apartó unos milímetros de la cortina, lo suficiente para no hacer ni un solo ruido. Con calma, se inclinó y se asomó. No pudo evitar una leve sorpresa al ver de quién se trataba.

No dijo nada, no se movió más. El agua continuaba cayendo sobre él, entrando en sus ojos, pero esto no parecía molestarlo. Solamente observaba a Kyo de pie allí en el baño lleno de vapor, una mano apoyada en la húmeda pared, la otra sosteniendo algo de ropa y una toalla blanca, enorme. Sólo estaba allí quieto, el cabello castaño desordenado con algunos mechones cayendo sobre sus ojos escarlata, su rostro totalmente inexpresivo. Estaba justo frente a Iori, pero no sabía que el pelirrojo lo observaba. ¿Qué esperaba?, se preguntó, sin apartar su mirada del joven Kusanagi.

Lentamente Kyo dejó sobre el lavamanos las prendas que llevaba. No dijo nada, sus pasos no hicieron ni un sonido, y, tal como había entrado, salió del baño, juntando la puerta tras de sí, sin notar que todo el tiempo la mirada de Iori había estado fija en él.

Apenas el joven de cabello castaño desapareció de su vista, Iori pareció volver a la vida. Cerró la llave del agua con un solo movimiento, y extendiendo su brazo alcanzó la toalla que Kyo acababa de dejar allí. Percibió el dulce olor que emanaba la prenda, pese a haber estado guardada durante todo el tiempo que Kyo no había regresado a su departamento, e incluso por sobre ese olor, y el vapor en que estaba sumido el baño, creyó sentir el aroma de Kyo también.

Le lanzó una mirada a la ropa que había allí. Nada fuera de lo común, una camisa y jeans, el típico vestuario que era de esperarse en Kyo: simple e informal, sin clase ni detalles que pudieran hacerlo llamativo. Se vistió, con su piel aún húmeda, permitiendo que el agua en su cabello goteara sobre la tela, que pronto se volvió semitransparente, traslúcida, permitiendo ver su piel. Apartó la ropa que yacía en el suelo hacia un rincón, y lanzó la toalla sobre el lavamanos de nuevo antes de salir.

En la sala se encontró con la más completa oscuridad y cuando apagó la luz del baño fue aun peor, pero bastó un corto parpadeo para empezar a percibir la luz que se filtraba por la ventana. Ahora no había luna, pero la débil luz eléctrica de la ciudad era suficiente. Un destello iluminó de golpe todo el lugar, un rayo lejano, entre las nubes. Pasaron algunos momentos antes de que el sonido retumbante del trueno llegara a sus oídos. La tormenta ya había comenzado a caer salvaje lejos de allí, era cosa de minutos antes de que la nieve golpeara la ventana amenazando con romperla.

Pero aún había tiempo, se dijo, dirigiéndose hacia la figura que había visto durante la milésima que duró el destello del relámpago; era Kyo sentado a solas en el sillón, apoyado en un rincón, como si durmiera. Fue hacia él, sus pies desnudos dejando huellas húmedas sobre la gruesa alfombra sin hacer un sonido. Percibía la silueta del joven, así como el borde azulado que delineaba todos los muebles de la sala, pero no podía ver los detalles de su rostro. No quiso encender la luz; en ese momento le parecía mejor compartir la oscuridad con Kyo, un breve momento de intimidad.

Se sentó a su lado, observándolo. La habitación pareció crecer a su alrededor, como si de pronto todo lo que existiera fuera ese sofá, la luz que se filtraba por la ventana, y Kyo. Era una sensación extraña, estar a solas en medio de la nada; pero a pesar de todo se sentía tranquilo. Un solo sonido interrumpía la tranquilidad, aparte del viento golpeando las ventanas, y eran las gotas de agua que caían de sus mechones rojos e iban a dar contra la superficie del sillón.

Plic, plic, plic, una y otra vez, hasta que se convirtió en una enervante molestia; algo tan simple incomodándolos tanto...

Súbitamente vio a Kyo sobre él, fue como si en un parpadeo hubiera perdido varios segundos de esa noche que el joven Kusanagi aprovechó para arrodillarse en el sillón a su lado e inclinarse justamente sobre él. Sus manos en su cabello, apartando los mechones húmedos, llevándose el agua y deteniendo el monótono sonido de las gotas al caer. Iori no se movió, realmente lo había tomado desprevenido. Con una sonrisa se preguntó si se estaría volviendo un descuidado, si hubiese sido antes, jamás hubiera dejado que el Kusanagi se le acercara tanto y sin notarlo.

Lentamente Kyo continuó acariciando su cabello, porque aquel suave movimiento era eso, ya no apartar los largos mechones, sino dejar que la punta de sus dedos se introdujera entre las hebras, tocando de forma tan leve que hacía que Iori deseara un poco más de esa caricia, un poco más y finalmente todo. Pero Kyo se tomó su tiempo, ¿qué pretendía?

El joven tenía cada pierna a un lado de Yagami ahora, que simplemente estaba sentado, su espalda contra el sofá, sus brazos relajados sin intención de seguirle el juego a Kyo hasta saber qué deseaba. Kyo descansó su peso sobre las piernas de Iori, hasta quedar sentado sobre él, pero su rostro aún muy cerca, casi oculto en su cuello mientras sus dedos húmedos recorrían ahora las mejillas del pelirrojo, bajando lentamente, lentamente, siguiendo un camino hacia su pecho, semidescubierto por la camisa que no se había molestado en abrochar del todo.

El beso de Kyo en la piel de su cuello envió confusas sensaciones por todo su cuerpo. De algún modo sabía que haría algo así, pero en el fondo no se lo esperaba. No le gustaba el silencio de Kyo, no le gustaba no poder saber qué pasaba por su mente.

- Nani wo shi...? {¿Qué hac...?} - empezó a preguntar y, como si lo hubiera estado esperando, Kyo lo hizo callar con un beso, profundo, invadiendo el interior de su boca sin consideración. El pelirrojo no devolvió el beso, tampoco apartó a Kyo. Sin embargo al notar que Iori no estaba reaccionando como él quería, Kyo finalmente se detuvo, se alejó unos milímetros, y tan lentamente como había empezado, apoyó su mejilla en el amplio pecho de Iori, sus manos sobre la tela de la camisa, acariciando aún, ya no con forzada pasión, sino simplemente con cariño.

Fue entonces que Iori pasó sus brazos alrededor de Kyo y lo estrechó contra sí. Oyó una ligera risa de parte del joven, junto con un apagado "temee" y Kyo se deslizó a un lado, aún atrapado en el abrazo, rodeando a Iori también y ocultándose contra él, como si buscara calor. Los dedos del pelirrojo se dirigieron a su cabello, inconscientemente. Cuánto le gustaba acariciar esos mechones castaños, tan suaves que se escapaban cada vez que intentaba atraparlos.

Y cuánto le gustaba tenerlo también, así, contra él, sólo ellos dos sin nadie que pudiera interrumpirlos, en ese departamento que para él era totalmente ajeno. Podía sentarse allí con Kyo a esperar el final de la vida, sintiendo al joven en sus brazos, sabiendo que le pertenecía sólo a él, y viendo la nieve caer perdida en el viento a través de la ventana.

Pero lo que Kyo quería era algo muy diferente, no le permitiría ese momento de tranquilidad... podía sentirlo en la energía que ahora lo unía a él. El joven titubeaba, quería decir algo y no lo hacía, ¿qué podía ser tan malo? ¿Qué debía estar pensando, como para temer enfurecerlo?

Pasaron unos últimos segundos así, como si Kyo los disfrutara al máximo antes de apartarse despacio, permitiendo que los brazos de Iori lo dejaran ir, hasta finalmente enfrentarlo, su rostro serio y extrañamente frío.

- Dámelo, Yagami - fue todo lo que dijo. "Dámelo", como una orden, tan simple.

Iori frunció el ceño. Maldito arrogante, estúpido Kusanagi... Precipitado y egoísta como Iori había olvidado que era. Sintió que la rabia lo llenaba, sí, aun cuando había pensado que ya no era capaz de odiar a Kyo, todo regresaba de golpe por culpa de esas palabras. Cerró los ojos, apretando los puños con fuerza y comenzando a sonreír. ¿Dárselo? ¿Se refería a la maldita energía que podía curarlo? Quería hacerlo, ¡claro que quería! Había estado pensando en eso desde hacía mucho, y había tomado una decisión... Pero el que Kyo se lo pidiera lo enfureció, irracionalmente; sintió placer al pensar en que podía negárselo. Ah, había tenido razón al dudar, sí.

Miró a Kyo directamente, esa expresión tan decidida, que alteraba el rostro al que ya se había acostumbrado durante esa semana. Le sonrió, y con un gesto suave le acarició la mejilla.

Como si sintiera la malignidad en los pensamientos de la mente de Iori, Kyo se sobresaltó ante el contacto, pero no pudo hacer nada antes de que Iori siseara, burlón:

- ¿Has olvidado que los Yagami no compartimos nuestro poder con nadie?

Aquello pareció tomar por sorpresa a Kyo, y el pelirrojo frunció aun más el ceño. ¿Tan seguro estaba de que aceptaría? No pudo evitar comenzar a reír apagadamente, y rió aun más cuando Kyo apartó su mano con un golpe.

Sintió los dedos helados cerrarse alrededor de su garganta de pronto, sintió el súbito dolor punzante que le produjo Kyo al hacer una violenta presión, ahogándolo, y al mismo tiempo como si buscara romper su cuello. Intentó toser, pero no pudo porque el aire no llegaba a sus pulmones. Hizo un movimiento brusco para apartar a Kyo pero todo lo que logró fue que cayeran a un lado en el sillón, y luego sobre la alfombra en el suelo. El golpe fue fuerte, pero no le importó. Sus ojos rojos estaban clavados en el rostro de Kyo, que tenía los ojos cerrados con una expresión de total dolor.

Luchando por respirar, un pensamiento pasó por la mente de Iori. Era Kyo... ¿era Kyo capaz de matarlo? Luego de toda esa semana que había estado a su lado, ¿realmente sabía cómo era ese joven? ¿Había aprendido algo sobre él? Aparte del dolor, aparte del miedo... ¿había habido algo más?

Su pecho le ardía, pero todo el tiempo estuvo esperando que en cualquier momento Kyo lo dejara ir... Sin embargo, los segundos pasaron y no ocurrió. Tenía a Kyo frente a él, su rostro dolido... sus manos sin detener ni por un momento la intensa presión.

- Dámelo, Yagami - susurró Kyo, sin volver su rostro, como si no quisiera enfrentar a Iori -. No quiero hacer esto... ¡sólo dámelo! - Junto con la exclamación hubo una sacudida, y Iori sintió que su cabeza golpeaba contra algo. ¿Era el sillón? ¿Era el suelo? Sus labios estaban entreabiertos en un inútil gesto por respirar. La habitación parecía tan lejana, tan grande y oscura... Cuando su visión comenzó a fallar, aún tenía claro en su mente el rostro del joven Kusanagi... Era irónico... Pero de pronto había comprendido... Comprendió por qué Kyo tenía los ojos fuertemente cerrados y el rostro apartado. Era para que no viera las lágrimas, ¿verdad? Para que no lo viera llorar si es que las lágrimas caían.

Estúpido Kusanagi, se repitió en su mente, mientras un gemido escapaba de sus labios. Le pareció una eternidad desde que la falta de aire había comenzado. El ardor en su pecho era ahora fuego corriendo por su interior, invadiéndolo todo y sumiéndolo en un extraño sopor.

Comprendió también que ésa era una forma de rogar... Una forma de rebajarse a rogar para que le diera su poder oscuro, y al mismo tiempo no dejar que su orgullo terminara de ser destrozado. Kyo le estaba rogando, a él, que le diera su poder... que salvara su vida. Irónico, mil veces irónico.

Su mano golpeó a Kyo en el costado en un acto reflejo de supervivencia, sus dedos clavándose como garras en su piel y arrancando la tela de su ropa y sangre, obligando a Kyo a liberarlo. Debía haber hecho eso hacía mucho rato, pero no podía hasta comprender... y ahora que sabía la verdadera razón, no perdonaría a Kyo por eso. ¡Jamás le perdonaría el dolor que sufría ahora en su interior! No era el ardor, no era la presión que había amenazado con romper su cuello. ¿Es que luego de todo ese tiempo, luego de casi entregarse al Kusanagi, Kyo no podía pedirle algo tan simple? ¿Tenía que recurrir a su vieja costumbre de parecer altanero y orgulloso, despectivo y arrogante? ¿Pero en qué demonios estaba pensando? Iori ya lo había visto en un estado que jamás imaginó verlo, lo había cuidado, y lo había consolado... ¿Y aun así Kyo debía reafirmarle que, pese a todo eso, aún no confiaba en él?

Como si todo el tiempo que pasó a su lado no significara nada, como si solamente lo hubiera utilizado mientras lo necesitaba. ¿Era eso? Maldición, ¡¿era eso?!

Sus jadeos desgarraron su garganta, pero esto no evitó que se lanzara sobre Kyo, que yacía en el suelo, una mano sobre la herida recién abierta. El joven Kusanagi bloqueó el siguiente ataque con tal precisión que Iori se asombró, pero al segundo siguiente sus manos de nuevo habían salpicado sangre, esta vez sintiendo cómo las gotas manchaban su rostro, sus labios. Oyó el grito de Kyo, sintió la llamarada de fuego escarlata alzándose para proteger a su amo.

Fuego, ¿cómo era posible...?

Kyo estaba de pie, pero se mantenía erguido a duras penas. Iori vio que las heridas que le había causado estaban sangrando abundantemente... pero Kyo parecía hacerles caso omiso. Dio un paso hacia él, el fuego rojizo ardiendo en su mano derecha, quemando la sangre con que se había manchado al tocar la herida. Sus dos siguientes pasos fueron tan rápidos que todo lo que Iori vio fue el halo de su fuego detrás de él, y de pronto la explosión en su pecho que lo hizo salir despedido hacia atrás hasta que su espalda golpeó una pared. Otro golpe en su pecho, y al mirar era Kyo, atrapándolo contra el muro, haciendo presión sobre su cuello, de nuevo, pero esta vez con su antebrazo. Los ojos rojos parecían llamear debido a las flamas anaranjadas que brotaban descontroladas de su mano.

- Maldita sea, Yagami, ¡dámelo! - gritó Kyo. Su rostro fue iluminado completamente por la luz de un relámpago que cortó el cielo en el exterior. La furia, la total ira en su voz, y una expresión de maldad que él jamás había visto en Kyo... Sus ojos escarlata tornándose amarillos durante un segundo, la pupila vertical claramente definida... Su respiración como un siseo, y la figura de esa mujer, con su largo cabello azul plateado observándolo con superioridad y absoluto desprecio.

Orochi... Setsuna...

Orochi en Kyo por culpa de la energía que Setsuna le había cedido... Maldición...

El fuego escarlata estaba muy cerca de su rostro ahora. Claramente podía ver que no era Kyo a quien tenía enfrente. Era otra criatura, utilizando el cuerpo y la energía de Kyo... energía que era suya y que por ende pertenecía a Orochi. Sacudió la cabeza cuando con toda su fuerza empujó hacia adelante, obligando a retroceder a Kyo o quienquiera que fuese. Su mente intentaba encontrar la manera de volverlo a la realidad pero ¿era eso posible? Si cuando Orochi lo había poseído a él, ni siquiera usando toda su fuerza de voluntad había podido vencerlo.

- Lucha contra él, Kyo - se encontró diciendo, al tiempo que esquivaba un golpe y contraatacaba con otro. Se obligó a no pensar que era el cuerpo de Kyo el que estaba hiriendo. Él no era como el Kusanagi que se había negado a atacarlo cuando Orochi lo poseyó aquella vez en su departamento. Él no era tan estúpido como para dejarse matar. - Lucha - repitió, pero ¿cómo le pedía eso si él mismo sabía que era algo imposible?

Sus manos goteaban sangre que no era suya, veía una mancha oscura en el traje desgarrado de Kyo, y esa mancha se extendía cada vez más.

- ¡Kyo! - gritó, y la respuesta fue una risa burlona.

- Kyo no está... - Un siseo. La voz tan familiar que retumbaba en su cabeza cuando sufría el Riot of Blood. Retrocedió un paso cuando Orochi utilizó el fuego escarlata para atacarlo. Había una sonrisa en sus labios -. Ya perdiste, Yagami - dijo, dejando caer los brazos. Sin embargo hizo un gesto abarcando las heridas. - ¿Crees que resistirá a esto si regresa? - preguntó, provocándolo, complacido de la expresión de frustración en el rostro del pelirrojo. - Puedo irme ahora, y dejarlo regresar a ti... Dejar que lo veas morir de una vez por todas...

- Kisama... - interrumpió Iori, pero la voz de Orochi siguió hablando a través de los labios de Kyo, por los que ahora corría un hilo de sangre oscura.

- ... O puedes darle lo que te pedía con tanta desesperación...

- Eras tú, maldito bastardo - el fuego púrpura estalló alrededor de los puños de Iori, su ira iba en aumento, y lo único que lo mantenía bajo control era que veía el rostro de Kyo frente a él, retorcido por una macabra satisfacción, pero era Kyo... El Kyo a quien él había estado protegiendo todos esos días, el que había confiado en él lo suficiente como para entregarle su vida, ¡el Kyo que no se rebajaba a rogar de rodillas!

- Como sea... - una risa maléfica resonó en el departamento -. Tú decidirás qué hacer... Dejarlo morir... o entregármelo para siempre...

La voz se apagó como si fuera llevada por el viento, y al segundo siguiente Iori se encontró recibiendo en sus brazos a Kyo, que cayó hacia adelante. El fuego se había apagado ya, la energía totalmente consumida una vez más.

Se arrodilló en la alfombra para permitir que Kyo se recostara, observó la sangre que corría por su pecho y su abdomen, pero no había modo de detenerla.

- Kyo - llamó. Aquello ya había sucedido antes, Kyo herido en el suelo, y él obligándolo a despertar y ser consciente del dolor... y lo que seguía, era como si pudiera ver el futuro. Nuevamente iba a morir...

Su brazo sostenía al joven Kusanagi, que lentamente abrió los ojos. Kyo no habló, no le pidió nada, no hizo nada más que volverse hacia él como si quisiera buscar consuelo entre sus brazos. Y Iori lo abrazó, tal como Kyo quería, lo abrazó y lo mantuvo contra sí durante largo rato, escuchando la débil respiración convertirse en cortos jadeos.

- No siento nada... - susurró Kyo de pronto, como si quisiera asegurarle que no estaba sufriendo. Iori se apartó, y observó su rostro. ¿No se había dicho que no lo volvería a dejar ir? No quería dejar de verlo, no quería entregárselo a la muerte...

¿Entregárselo a la muerte... o a Orochi?, se repitió. ¿Era una opción peor que la otra?

No lo pensó más. Simplemente permitió que la energía fluyera, continua, hacia Kyo, penetrando en su cuerpo, mezclándose con la débil aura dorada que lo caracterizaba. Dejó que su energía fuera absorbida, pese a saber que aquello era peligroso porque no tenía control de lo que sucedía. Pero de todos modos ya estaban perdidos, ambos.

Sintió que su consciencia iba y venía, pero no cortó el flujo. ¿Cuánta de su energía ya había sido dada? ¿Cuánta le quedaba? Se obligó a abrir los ojos y se encontró con las pupilas rojas de Kyo observándolo fijamente, el brillo regresando a ellas, la sangre contaminada siendo purificada por el aura púrpura que ahora los rodeaba. Vio la expresión de Kyo... ¿Qué era?, se preguntó, mareado ya.

Sus brazos cayeron sin fuerza, incapaces de sostener más al joven. Sus fuerzas estaban siendo drenadas demasiado rápidamente, demasiado violentamente. Sintió que su propio corazón latía con irregularidad, pero Kyo continuaba atrayendo su aura, aún la absorbía... eso quería decir que no era suficiente. No pudo evitar sonreír. Quizás él también era tan estúpido como para sacrificarse... ¿Acaso no había estado dispuesto a eso durante la batalla contra Orochi?

- Kyo... - susurró, sintiendo que en unos segundo más ya no podría hacerlo.

Ambos yacían en la alfombra, y la luz que entraba del exterior comenzaba a aclarar las sombras. ¿Amanecía, quizás? Imposible saberlo... Vivir para ver el amanecer... Parecía tan difícil ahora...

- Ya basta, Iori. - La voz de Kyo lo obligó a regresar de las frías sombras a las que su cuerpo luchaba por retirarse. Vio lo cálida que era su mirada de nuevo, vio su sonrisa... y luego vio que se apartaba lo suficiente como para quedar lejos del alcance de su ahora débil aura.

- Mada {Aún no...} - intentó decirle, pero sus palabras se oyeron extrañas, sin sentido.

Kyo le sonreía, estaba a sólo unos pasos pero se veía tan lejano, tan inalcanzable...

- ¿No comprendes...? No quiero perderte... - susurró el pelirrojo, pero nuevamente no supo si realmente había hablado, o si sólo lo pensó. Vio que Kyo negaba con la cabeza, y que aún le sonreía.

- No quiero tu vida, Iori... - oyó -. No quiero esto si es a costa de tu vida...

Iori quiso gritarle que no se alejara, que no era suficiente la energía que le había dado para que continuara viviendo. Quiso decirle que no lo subestimara, que no era tan débil, pero las palabras no brotaban. Podía ver las heridas sangrando, y el aura púrpura disolviéndose a su alrededor. Podía ver que Kyo lo observaba, como si se sintiera inmensamente feliz con poder disfrutar su rostro. Parecía tan tranquilo, sentado allí, lejos de él.

- No quiero mi vida... Perderte... - quiso gritar, y la desesperación de no oír su voz y no poder moverse comenzó a embargarlo. ¿Kyo no comprendía la expresión de su mirada? ¿No comprendía lo que no podía poner en palabras?

El pelirrojo no lo sabía, pero Kyo lo observaba como si con mirarlo pudiera evitar que el sopor que lo invadía terminara dejándolo inconsciente. El joven de cabello castaño veía cómo Iori luchaba contra su propia debilidad para intentar llegar a él; se veía tan furioso, tan decidido a no dejarlo ir, que lo hacía sentir extraño. Lo conmovía profundamente el que así, de pronto, Iori hubiese mostrado sus sentimientos hacia él, de forma tan sincera. Esa forma de negarse, y la manera en que luchaba... Iori lo hacía por él. ¡El pelirrojo realmente había estado dispuesto a arriesgar su vida por él!

Pero no se lo permitiría, sentía que no valía la pena. El simple hecho de que Yagami hubiese llegado a sentir algo hacia él, ese algo que no podían explicar, ya era suficiente. Habían comenzado mal, pero esos pocos días fueron como una corta oportunidad de conocerse, de llegar a desearse... Sin embargo el destino de ambos había sido escrito y sellado hacía mucho, la muerte era algo que compartían, y era por eso que en aquel momento se sentía íntimamente ligado a Iori. No era sólo por la energía de Iori en su cuerpo, era ver a Iori frente a él observándolo fijamente con sus ojos rojos ordenándole que no se alejara. Sí, era una orden, no era una súplica ni un ruego, era la mirada amenazante que siempre le había dirigido, la que nunca cambiaría, la que durante esa semana tomó otro sentido.

Resbaló lentamente hacia un lado, hasta que su cabeza descansó contra la alfombra, su mirada fija aún en Iori. El cabello cayó sobre sus ojos, ahora también rojos, pero no tenía fuerzas para apartar los mechones. Vio cómo Iori yacía en la misma posición que él, frente a frente pero separados por algunos pasos. Ni siquiera sabía cómo consiguió alejarse de Iori estando tan débil.

Sonrió para sí. Podía ver en la expresión del pelirrojo que él no comprendía el porqué de su rechazo. Ah, Yagami... Era tan simple... Había sentido el cuerpo de Iori ceder y debilitarse debido a la falta de energía, había sentido claramente su dolor a través del aura que los envolvía. Si Iori hubiese estado bien quizás eso no hubiera sucedido, pero durante toda la semana Kyo sabía que su sola presencia había estado drenando poco a poco al pelirrojo. La energía que le cedió había sido mucha, tanta, que se creó un vínculo entre ellos; de alguna manera Kyo sabía que a Iori le dolía... No estaba seguro si el pelirrojo también era capaz de sentirlo a él, pero aquello ya debía detenerse.

Le parecía gracioso que aún estuviera con vida debido a Iori. Quizás si él nunca hubiese esperado para ayudarle a salir de la mansión todo ya habría terminado. Pero... fue bueno, sí... Las experiencias de esa semana habían valido más que toda su vida junta; las personas a las que más había llegado a querer estuvieron cerca, incluso Iori...

El joven sintió que el siguiente parpadeo lo invitaba a dormir, le costó mucho abrir los ojos de nuevo. No se cansaba de disfrutar de la media luz y el rostro de Iori. Poder ver al pelirrojo allí con él lo complacía infinitamente, porque ahora lo veía de modo diferente. No podía saciarse de su expresión, del intenso color rojo de su cabello, de su expresión mezquina incluso ahora en que parecía amenazarlo para que se acercara nuevamente...

Kyo intentó extender su mano hacia Iori, pero su cuerpo no le obedecía. Era tal como le había dicho, no sentía nada. Todo estaba concentrado en mantenerse consciente para poder seguir observando a Iori, no había nada más. Prolongar ese momento tanto como fuera posible, solamente disfrutando...

Iori vio que el joven Kusanagi cerraba los ojos en un lento parpadeo y, luego de largos minutos de luchar contra la oscuridad, por fin permitía que la inconsciencia se lo llevara; el dulce sueño de muerte envolviéndolo imperceptiblemente. Lo vio relajarse por completo, la leve sonrisa aún dibujada en sus labios.

Luchó por moverse; se maldijo a sí mismo, y maldijo a Kyo porque siempre, siempre tenía que hacer exactamente lo contrario a lo que él le decía. Fue cuando el sol despuntaba que finalmente consiguió llegar a él, lo sostuvo en sus brazos y lo estrechó con fuerza, como en un trance, absolutamente perdido en la expresión tan calmada y tranquila de su rostro dormido.

No se dio cuenta que pasó horas apartando una y otra vez el cabello castaño de su rostro, acariciándolo tiernamente, llamando su nombre con suavidad, esperando que despertara.

Esperando...

* * *

Souji despertó bañado en sudor. Bruscamente se levantó de la cama para notar que estaba respirando con dificultad, como si acabara de salir de un mal sueño. Se llevó una mano al pecho, intentando calmarse, y justo en ese momento el repiqueteo del teléfono lo sobresaltó. Lanzó una exclamación maldiciendo en la oscuridad, su mano buscando a tientas el pequeño móvil que había dejado sobre su velador. Lo activó y sin necesidad de decir nada, oyó una breve risa femenina del otro lado.

- Setsuna... - murmuró, molesto ante la mujer que todo ese tiempo no había hecho más que manipularlo como si fuera una marioneta, seduciéndolo con la promesa del poder, y utilizándolo con otros fines.

- Fue tan fácil... - oyó que decía ella, aún riendo -. Lo que tú tardaste tanto en hacer, y era tan fácil, ¡tan simple!

Casi podía ver sus hermosos labios pintados con un intenso tono rojo sonriendo complacidos mientras pronunciaba esas palabras, sus ojos grises brillando victoriosos.

- ¿Qué has hecho? - preguntó, roncamente. ¿Tenía algo que ver con la pesadilla en que había estado atrapado durante horas?

- Kusanagi Kyo wa mou... {Kusanagi Kyo ya ha...} - susurró ella, interrumpiendo la frase con una risa.

| - ¿Muerto? ¿Es eso posible?, ¿ya está muerto? - exclamó Souji estúpidamente, pero era como lo sentía, como si su primo fuera incapaz de morir. Kyo había escapado cuando creía ya tenerlo en sus manos, varias veces... y ahora de súbito pensar que había terminado era demasiado irreal.

La comunicación se cortó, y Souji se dejó caer en las almohadas de su amplia cama. La luz del amanecer aún no era suficiente para penetrar las gruesas cortinas que ocultaban las ventanas, pero podía notar que el día ya llegaba. ¿Cómo comprobar que lo que esa mujer le había dicho era cierto? ¿Cómo poder creer que finalmente su mayor problema había sido solucionado?

Tendría que esperar un tiempo, se dijo, calmándose, y en la penumbra de su habitación, oyó el eco de su propia risa resonando en los rincones.

* * *

Continúa...

[ Capítulo 41: Susurro al Olvido ]

* * *

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Shades of Flames and Passion
Noviembre, 2002