Taiyou to Tsuki to Honoo to Bara

Fanfic por MiauNeko
Versión Youko Gingitsune ^^

Capítulo 41.- Capricho y cuentas pendientes

Ojos verde esmeralda encontrándose con los ojos amarillos, invitantes. Shika lo miraba pacientemente, dándole tiempo para que todos los recuerdos tomaran forma en su mente. Para que aquella ocasión estuviera fresca en su memoria y Kurama comprendiera el porqué de esa situación.

Observó como el muchacho pelirrojo se apoyaba en el muro, sin apartar su mirada. Eran demasiados años, se dijo Shika, complacido. Cientos de años desde la última vez que lo vio, y muchos de los malos recuerdos se habían perdido. Pero él era paciente, sabía esperar. Quería que Kurama lo supiera todo y comprendiera. Nada tendría sentido si no comprendía...

- Recuerda... - Sus labios formaron la palabra, y Kurama cerró los ojos, sintiendo que en su mente aparecían escenas tan vívidas que parecían haber ocurrido hacía sólo un corto tiempo.

***

No había pasado ni un día completo desde la partida de Shika hacia el Ningenkai cuando una figura apareció tambaleándose en el umbral del portal.

- Ku...

La voz, tan débil y dolida... Mientras Kurama esperaba con los brazos cruzados y una sonrisa.

- ¿Sí, Shika? - preguntó.

- Kurama...

Finalmente la figura salió a la luz. Era Shika pero estaba en peor estado que cuando lo conoció. La sangre lo cubría, y nuevamente el fuego había herido su piel. Con pasos temblorosos intentó ir hacia Kurama. Ambos estaban dentro del castillo, en un salón vacío, donde el portal había sido abierto. Sólo ellos.

Los ojos de Shika expresaban un enorme sufrimiento, y, cuando se encontraron con los dorados de Kurama, mostraron confusión y miedo. Se llevó una mano ensangrentada a los labios. Toda su fuerza lo había abandonado de repente mientras atacaba a los Yagami. No había podido hacer nada contra las llamas salvo retirarse, nuevamente derrotado.

- ¿Por qué...? - preguntó en un jadeo, cayendo de rodillas ante Kurama que no hizo ningún movimiento para sostenerlo -. Esto... es veneno...

El zorro lo observaba con una sonrisa cruel en sus labios.

- Me envenenaste... - jadeó Shika, levantando la mirada hacia él -. Tú... ¡me traicionaste!

Kurama sonreía aun, con superioridad. Asintió lentamente, sin importarle aceptar aquella acusación. Entreabrió sus dedos, dejando ver una semilla oscura y sanguinolenta.

- Planeas todo muy bien, pero NUNCA consideras lo que yo deseo - dijo Kurama, secamente -. NUNCA se te ocurrió pensar que no me daría cuenta que me utilizabas. NUNCA te interesó lo mucho que eso me molestaba.

- Pero... yo no... - intentó decir Shika, luchando por respirar

Excusas, excusas... Kurama no quería oírlas. Se alejó de él.

- Este castillo es tuyo, koibito - dijo -. Completamente tuyo. Tu tumba para la eternidad.

- ¡Kurama...!

Antes de dejarlo para siempre, el zorro se volvió y en sus ojos mostró un poco de pesar. Sólo un poco.

- Podría haberte dejado en paz para siempre, querido - dijo suavemente -. En verdad no había necesidad de ese veneno... Pero, eres demasiado hermoso como para dejarte vivir. Demasiado bello como para que le pertenezcas a otro que no sea yo...

- No te vayas...

Fueron las últimas palabras que oyó decir a Shika... y su voz desesperada que se repitió en su mente cuando, desde la entrada del bosque, se volvió para decirle adiós a Shika y ese castillo...

- Eres tan tonto... - repitió para sí. Dio media vuelta, y se marchó. No se llevó los tesoros. Después de todo, se los había prometido a Shika, y él, al menos en esa ocasión, estaba dispuesto a cumplir su palabra.

Shika no murió. Lo supo tiempo después, cuando ya estaba demasiado lejos de ese lugar como para ir a acabarlo. No murió, y se convirtió en el más cruel amo de todo ese territorio. Algunas leyendas llegaron a oídos de Kurama, entre ellas, la del youko que había traicionado al demonio de cabello blanco, y que ahora era buscado para ser castigado. Sin embargo, con el pasar de los siglos todo aquello acabó. El nombre de Shika desapareció de las conversaciones convencionales, y sólo los que se atrevían a adentrarse en su territorio comprobaron en carne propia la crueldad con que era capaz de matarlos... o amarlos.

Kurama supo que Shika se había rodeado de youkai poderosos, pero que uno a uno lo habían aburrido hasta que llegó a matarlos a todos. Con excepción de un demonio de cabello rubio, una belleza que era difícil de encontrar en el Makai. Se decía que eran amantes, y al mismo tiempo que el youkai rubio era su esclavo, pero Kurama nunca se molestó en comprobarlo. Aunque, claro, en lo más profundo de su ser sentía una leve furia al saber que Shika seguía con vida, y que era tanto o más hermoso que antes.

Y que ya no le pertenecía...

- ¿Seguirás planeando tu venganza contra los Yagami? - murmuró una vez para sí, pero dirigiéndose a su antiguo amante. Rió. - No importa cuanto lo planees... Nunca lo lograrás, porque, a pesar de todo... tú mismo rompes tus planes y te precipitas en el momento menos adecuado. Si algo no sale como tú querías - y aquí Kurama cerró los ojos un momento -, no sabes qué hacer. Eso te llevará a la muerte. De forma definitiva. - Rió para sí nuevamente, con suavidad -. Por eso siempre te dije que eras un tonto, querido mío...

En varias ocasiones, especialmente cuando se sentía aburrido, Kurama pensaba en ir a hacerle una visita a su antiguo amante. Reía al imaginar la cara que pondría. Sin embargo dejó pasar el tiempo, su vida en el Makai se acercaba a su fin, y nunca tuvo la oportunidad de volver a verlo.

***

Volviendo al presente, Kurama miró sus manos, sudorosas; tocó su frente, ardía. Sus labios...

Shika lo esperaba adelante, en el pasillo y también tocaba sus labios con la punta de sus dedos.

Veneno... ¡Veneno en el beso de Shika!

- No, veneno no, querido - escuchó que decía el youkai, muy cerca de él, pero no sabía exactamente dónde -. No soy como tú... Prefiero pasarla muy bien contigo antes de matarte.. Y realmente, lo pasaremos bien - una ligera risa a su lado, una caricia en su rostro, un beso envenenado en sus labios -. Como en los viejos tiempos.

Una mano se cerró delicadamente alrededor de su muñeca. No había rastros de hostilidad, sólo una calidez insoportable. Una suavidad que le producía escalofríos. Luego sintió que suavemente lo empujaban contra la pared, hasta que quedaba apoyado de espaldas. El rostro de Shika apareció frente a sus ojos. Se quedó embelesado, mirando dentro de esos ojos amarillos que lo observaban fijamente, llenos de lujuria. Los labios de Shika estaban entreabiertos, Kurama podía sentir su respiración, rozando su mejilla. No pudo evitar un gemido cuando apartó la cabeza, como si le doliera. El calor... el deseo...

- Pero ¿por qué te resistes? - preguntó Shika, su rostro mostró genuina sorpresa -. Esperé pacientemente todos estos años, incluso pensé que no te volvería a ver jamás. - Se inclinó hacia Kurama, abrazándolo tiernamente -. En verdad... ¿no me deseas? - susurró contra su oído. - Te prometo que esta vez será como tú quieras. Según tus deseos, como siempre te ha gustado... - La voz de Shika era tan suave, tan sumisa... Kurama quería apartarlo de un golpe, y al mismo tiempo seguir oyéndola, sensual, soplándole en la oreja.

El pelirrojo levantó una mano, posándola en el pecho de Shika como si fuera a empujarlo, pero en vez de eso inconscientemente apartó la túnica, sintiendo esa piel que tan bien había empezado a recordar. Sin saber cómo, se encontró besando los labios de Shika otra vez. Tomando el veneno otra vez. Pero fue por su propia voluntad. O lo poco que quedaba de ella.

- ¿Dónde... Hiei...? - se obligó a preguntar Kurama, y cuando el nombre de su youkai de fuego salió de sus labios, se dio cuenta que en ese momento no le interesaba. Un millón de excusas acudieron a su mente: que Hiei era fuerte, que sabía cuidarse por sí solo... Shika lanzó una risita, al ver a Kurama finalmente sucumbiendo al deseo de liberar toda su pasión.

Entre besos y caricias, y sonrisas, Shika llevó a Kurama por el pasillo, adorando el cabello rojo tan suave, y el brillo de sus ojos esmeralda. Prefería a la belleza casi divina de Youko Kurama, pero este cuerpo de muchacho Ningen no estaba nada mal. Era más delicado y ligero que el de Yagami, más delicado que Kusanagi... Nunca pensó que un Ningen podría ser tan perfecto. El leve toque de ingenuidad en sus grandes ojos verdes le gustaba, porque ocultaban a un ser cruel y frío que pocos conocían realmente.

- Kurama... farsante... - le dijo, mientras lo empujaba dentro de una habitación. Su habitación. Aquella donde el antiguo amo del castillo había muerto bajo el agudo filo de la espada de Youko Kurama.

Siguió empujándolo hacia la cama, donde hizo que Kurama cayera sentado. Cuando el pelirrojo se dio cuenta de dónde estaban, opuso una débil resistencia. Shika vio como cerraba los ojos, tratando de apartar las brumas que nublaban sus sentidos y los reemplazaban por lujuria. Hacía un gran esfuerzo, notó, y se sorprendió cuando Kurama le lanzó una mirada y le dijo firmemente:

- Kotaete... kisama... Hiei wa doko?! {Respóndeme, maldito, ¡¿dónde está Hiei?!}

Pero por supuesto que él sabía como anular esa poca febril resistencia de su antiguo amante. Le bastó con rozar su mejilla, y ver que aunque Kurama levantaba una mano para apartarlo no lo hacía. Complacido, Shika lo empujó hacia atrás en la cama, subiendo él también y arrodillándose a los lados de sus caderas, quedando sentado sobre ese delicado Ningen. Justo sobre su entrepierna. Rió al sentir la excitación de Kurama, pero antes de hacer nada se inclinó hacia él, mientras el largo cabello que mantenía amarrado caía hacia un lado, los mechones haciéndole cosquillas en la mejilla. Sujetó el cabello rojo de Kurama y lo olió. Rosas. Aun siendo Ningen ese olor no desaparecía. Y él aun adoraba ese olor.

- Daijoubu - susurró -. Hiei está muy bien... Hiei está a salvo... Hiei... ¡Olvídate de Hiei!

Las manos de Shika buscaron los lados de la cintura de Kurama sujetando el cinturón y rompiéndolo fácilmente con sus garras. La túnica quedó suelta, y el youkai la apartó despacio, haciendo que se perdiera entre los pliegues de las sábanas siempre desordenadas.

La habitación estaba a oscuras, pero iluminada con algunas lejanas antorchas. Lo suficiente como para dejar ver el delicado torso, la estrecha cintura, el comienzo de sus piernas esbeltas y suaves. Todas las cortinas cubrían las ventanas, para no dejar pasar ni un rayo de sol. Un pequeño recipiente de incienso, que Kurama le había regalado hacía siglos, ardía en una esquina, y de él brotaba el suave olor a ofrendas de dioses.

Shika besó a Kurama en los labios, acariciando su cuerpo casi totalmente desnudo. Le daba la impresión que sus garras rasgarían esa suave piel, tan delicada, pero al mismo tiempo le excitaba saber el tremendo poder que escondía ese disfraz. No se quejaba, adoraba esta forma de Kurama. Era como él. Delicado, hermoso, y mortal.

Mientras sus lenguas jugaban, un gemido escapó de los labios del youko, porque en ese momento Shika encontró algo entre sus piernas, y lo tomó entre sus dedos sin más consideraciones. Lo excitó con una caricia, presionando su cuerpo contra el de Kurama, que, entrecerrando los ojos, empezó a apartar sus túnicas también.

Con una risita, Shika lo dejó hacerlo, y cuando Kurama estuvo satisfecho al ver con ojos brillantes el cuerpo del demonio que tanto placer le había dado en el pasado, Shika empezó a bajar poco a poco, hasta que sus labios quedaron a la altura de la cadera de Kurama, y luego...

El pelirrojo lanzó un fuerte gemido de placer. Sonó extraño en la inmensa habitación. Sus manos aferraron las sábanas, pero pronto una de ella se dirigió a sus labios y mordió su dedo, para evitar un grito. Sentía la lengua de Shika muy fría, contra esa parte de él que pedía más y más placer. Se estremeció con el roce de los labios del youkai. Ciertamente había adquirido mucha práctica con el pasar de los siglos, reconoció, y se lo hizo saber.

Shika se sorprendió por el halago, pero no pudo hacer más que reír porque Kurama había levantado una pierna y la pasó sobre sus hombros, obligándolo a tomarlo entre sus labios de nuevo.

- Me alegra que te guste... tanto... - jadeó Shika, recuperando el aliento.

- ... Motto... {Más...} - sonrió Kurama. Sus ojos estaban cerrados y por la expresión de su rostro Shika podía decir que era imposible que lo disfrutara más. El cabello rojo estaba desordenado, algunos mechones habían quedado atrapados en la humedad de sus labios y Shika subió hacia allí, para apartarlos. Acarició el rostro de Kurama, y luego lo hizo sentarse, abriendo sus piernas, tocando el comienzo del pasaje que, tiempo atrás, Kurama nunca le había permitido explorar.

Sintió lo húmedo que era, lo cálido. Shika deseó entrar allí. Y lo intentó, pero Kurama lo detuvo con una sonrisa.

- No seas tonto... - dijo, entre jadeos -. No tan pronto...

Y él rió. Encantado con el giro que estaba tomando la situación. ¡Nunca imaginó que la poción de lujuria con la que había envenenado a Kurama fuera tan efectiva! Le había costado un buen tiempo perfeccionarla, sí, pero no sabía que lo fuera tanto.

Empezó a acariciar allí, tocando y retirándose, haciendo que el deseo de Kurama se encendiera y aumentara, más. Sentía que el pelirrojo se movía, como si no pudiera soportarlo. Escuchó su gemido apagado cuando hizo un amago de entrar pero no lo hizo.

- Pídelo - se atrevió a decir, a pesar de que no imaginaba a Youko Kurama rogándole a él. Ah, pero qué más daba. Era el cuerpo de un Ningen. Bien podría...

- Hazlo, Shika... Ya... Por... favor...

Perplejo, el youkai de cabello blanco miró la expresión anhelante de Kurama. Los ojos verdes estaban brillantes y nublados por el placer... La respiración estaba agitada... y él... no podía resistirse, porque también lo quería. ¡Lo había querido desde hacía tanto tiempo!

No era suficiente conformarse con seres hermosos, se dijo Shika mientras se sentaba y traía a Kurama sobre su regazo. No, no era suficiente. Pocos hacían arder la pasión, y menos aun despertaban el deseo. Pero Kurama... de sólo pensarlo, Kurama con él, Kurama en sus brazos... Ni siquiera Yagami le había producido tales sensaciones. ¡Ni siquiera él, que era con quién más tiempo había pasado! Ahora se daba cuenta. Ese Yagami era mejor que los youkai que Ryaku solía traerle... pero Kurama era... No, siempre había sido, lo único que deseaba.

Empujó sus caderas contra las de Kurama, haciéndolo gritar. No podía evitarlo, así era él. Así le gustaba. Estaba adentro de él, sentía cómo las delicadas manos Ningen se aferraban a lo que fuera, su espalda, sus hombros, su cabello, con cada movimiento que él hacía para llegar a ese lugar de Kurama que no sólo lo haría gritar, sino pedir más.

- Shik... ahh...

En su oído, el gemido de su antiguo amante. Dios... lo adoraba...

Lo sentía liviano como un niño, mientras se abrazaba a él. Delicado, mientras empujaba con fuerza, y temía hacerle daño. ¡No quería hacerle daño! Era diferente con los demás. No quería causarle dolor o sufrimiento. Quería...

- A- ah... Por favor... - volvió a pedir Kurama, su rostro oculto en el cuello de Shika, besando y mordiendo y gimiendo. Como si esperara aquello, Shika volvió a recostar a Kurama, sin salir de él, haciéndolo levantar las piernas para que él pudiera acostarse encima suyo. Para poder empujar más hacia su interior, y al mismo tiempo ver su rostro excitado. Kurama se dejó dócilmente. No pensaba, no había Hiei, no había Ningen a quienes proteger. Nada existía salvo ese youkai de cabello blanco, nada excepto esos ojos amarillos mirándolo llenos de calor.

- ¿Por qué no regresas conmigo...? - preguntó Shika, pidiéndolo como un niño anhelante -. ¿Por qué no te quedas conmigo... Kurama...?

Toda la respuesta de Kurama fue una sonrisa y el pelirrojo acercó la cabeza de Shika hacia él, sujetando su cabello y rompiendo el lazo que lo ataba. Quedaron rodeados por los largos mechones blancos.

- Hazlo... - rogó Kurama -. Ya...

Y él lo hizo. Se movió en él, jadeó con él. Hasta que finalmente todo lo que sintió ese dolor en la parte baja de su vientre, y el súbito calor que se liberaba. Sintió que Kurama lo humedecía también, lanzando un gemido que se mezcló con el suyo...

Demasiado pronto, pensó Shika mientras se dejaba caer al lado del muchacho, intentando recuperar el aliento. Demasiado. Corto. Repitió, dejando que una sensación de molestia lo embargara. En eso, se irguió un poco, apoyándose en su codo, mirando a Kurama. Los ojos esmeralda lo observaron con una sonrisa en los labios. Kurama alzó una mano para acariciar su rostro.

- Ne... Kurama...

"Ne, Kurama", se repitió Shika. A pesar de todo el tiempo, aun seguía llamándolo así. "Ne, Kurama. Ne, Kurama..."

- Quiero... verte... - murmuró Shika, acariciando la mano en su mejilla -. Quiero volver a verte...

Y, dócilmente, Kurama empezó a cambiar. Sus ojos verdes cambiaron a dorados con un simple parpadeo, su cabello se volvió lacio, plateado, brillando a la luz de las antorchas. Shika observaba encantado. Esa era la belleza salvaje que más le gustaba. Pronto se encontró mirando a un youko plateado tendido desnudo en su lecho. Se miraron a los ojos. Los ojos dorados de Kurama habían perdido todo rastro de ingenuidad, y eran fríos y bajo control. Pero Shika sabía que aun faltaban horas para que el efecto de su poción terminara. Kurama, ahora en su forma real, se arrodilló en la cama. Observándolo.

- ¿Complacido? - preguntó. Su voz era más grave, masculina.

- Aun no - murmuró Shika, sentándose frente a él, y apartando el cabello blanco. Acercó al youko hacia sí. Hacia sus labios anhelantes, para besarlo. Sintió los colmillos con su lengua, sintió el ardor en el beso de Kurama. Era correspondido. En la penumbra, Shika se apartó un poco, y sonrió encantadoramente, seductor -. Hazme el amor - pidió -. Quiero que me tomes y me hagas el amor.

Kurama parpadeó. Sus orejas ladeándose sin que él lo notara. Como si hubiese oído mal.

- No sabes lo que pides - respondió al fin, con una sonrisa maliciosa y llena de lujuria. Aun más que la expresión de Shika.

- Claro que lo sé - rió Shika -. Por eso lo pido. Ne... Kuramhhh...

Pero no alcanzó a decir más... porque ya tenía al youko sobre él, ahogando sus palabras con un apasionado beso en sus labios.

***

Lemon por Youko Gingitsune aka Shika no Miko ^_~  Ah! Let's get some fun!

Una antorcha crepitó y se apagó. El olor a humo envolvió a las dos figuras que estaban en la cama, dos amantes de cabellos claros y ojos con reflejos dorados.

Kurama estaba sobre Shika, lo había atrapado contra la cama, lo tenía sujeto por las muñecas que reposaban sobre su cabeza, sus caderas inmovilizadas por el peso de un alto youko plateado.

Kurama se irguió, sentándose sobre Shika, dando una posesiva mirada sobre el hermoso y esbelto cuerpo del youkai bajo suyo, totalmente entregado a sus deseos, totalmente dispuesto para que el youko explorara su cuerpo a su antojo.

Kurama se deslizó cama abajo, acariciando la suave y pálida piel del youkai en su descenso, manos expertas arrancando suspiros y gemidos suaves del youkai que lo miraba con ojos llenos de pasión.

Sus manos acariciaron lentamente los firmes muslos, perfectos, mientras los separaba lentamente, dejando un amplio panorama de las partes más intimas de Shika. Kurama alzó la vista y encontró la mirada del youkai sobre él, sus ojos dorados brillaron. El youko sonrió maliciosamente, inclinándose entre las piernas del youkai de cabello blanco, que al sentir la humedad de su lengua contra la entrada a su cuerpo contuvo el aliento. Sus garras se aferraron a las sabanas, casi rasgándolas mientras la lengua jugueteaba en esa parte tan sensible de su cuerpo. Un gemido fuerte.

Una sonrisa traviesa se formó en los labios del youko contra las pálidas nalgas de su amante cuando sintió su reacción.

-Ah, veo que estas realmente ansioso por esto, ne? Realmente me extrañaste? - Un tono ingenuo, que contrastaba con su lasciva expresión. El brillo malicioso en sus dorados ojos.

Shika sonrió, e iba a responder, pero todo lo que pudo hacer soltar fue otro gemido cuando sintió aquella húmeda y traviesa lengua lamiéndolo, empujando hacia sus adentros, explorando.

Cuando volvió a respirar, estiró sus brazos, tomando la cabeza de Kurama, acariciando sus sedosas orejas, y obligándolo a acercarse más a él, quería más, lo quería todo... pero él sabía que Kurama sólo estaba jugando, el deleite de saber que eso recién estaba empezando erizaba su pálida piel.

Esa era la forma en que a Kurama le agradaba excitar a ese youkai, volverlo loco del deseo, de la necesidad. Siempre había sido así. Sus juegos de seducción...

Apartó con un golpe las manos de Shika cuando pensó que ya era suficiente, y lo atrapó por las muñecas nuevamente, inmovilizándolo contra la cama mientras su llevaba su otra mano a la boca de Shika, haciendo a este lamerla, sus dedos jugando con la mojada lengua, dejando al youkai de cabello de cabello blanco sin aire.

Introdujo dos dedos de una vez, haciendo que la espalda de Shika se levantara de la cama, arqueándose, su respiración trabajosa. Kurama dio una sonrisa torcida y empezó a mover sus dedos dentro del youkai en círculos, tocándolo, haciéndolo estremecer y luego sacarlos para luego meter otro, cada vez más fondo, tocando nuevamente ese lugar que hacía a Shika gritar, para luego retirarlos e introducir otro...

-Esto te gusta, ne? Te enloquece... lo sé perfectamente.- Murmuró Kurama sensualmente en el sensible oído de Shika, que tenía los ojos semi-cerrados, su rostro ruborizado, su cuerpo temblaba de la excitación. Gemidos y jadeos fuertes escapaban de los rojizos labios para deleite del youko plateado que lo torturaba deliciosamente con el lento entrar y salir de sus dedos del cuerpo de Shika.

Kurama sonrió, viendo con satisfacción como cada movimiento, por mínimo que fuera, hacía que el youkai se estremeciera de placer, que intentara liberarse, que quisiera que entrara más en él.

- Me estás... matando... - murmuró Shika.

-No te preocupes, mi precioso youkai... se paciente y te daré lo que quieres y más, hasta que ya no te quede voz para gritar del dolor y placer que te proporcionaré. - La sensual y ronca voz del youko susurrando en su oído tales palabras sólo sirvió para que otra onda de placer recorriera su cuerpo, haciéndolo arquear la espalda.

-Kura... ah!...

-Fuiste mío por mucho tiempo, mi querido Shika... Aún lo eres... sé todo sobre ti... - respondió Kurama con voz baja, pero complaciéndolo y entrando un poco más, mientras su otra mano acariciaba las manos de su cautivo, no tocando el palpitante miembro de Shika que ansiaba por atención. - Sé cosas que sólo yo noté en ti. Aún recuerdo a la perfección que caricias son las que te vuelven loco, las exactas.- Se deslizó ascendentemente por el cuerpo de Shika mientras pasaba sus dedos por su largo cabello. - Sé más cosas que las que podrías imagina, amor, mi hermoso Shika. - Kurama soplaba las palabras sensualmente en la oreja del ansioso youkai. Shika gimió, cubriéndose el rostro con ambas manos, mordiéndose los labios.

-No.- Kurama apartó las manos del youkai de su rostro, sus ojos dos llamas llenas de deseo. -Quiero escucharte, Shika, quiero oírte gritar de tanto placer, quiero oír la desesperación en ti cuando no puedas aguantar todas las sensaciones que puedo encender en ti. Quiero escucharte.-

Kurama acarició su rostro contra el abdomen del youkai, besando, mordisqueado y lamiendo la piel sensible, haciendo a Shika contorcerse del placer.

Los dedos de Kurama salieron de él y el youkai iba a protestar por el vacío allá bajo, pero el youko tomó sus labios en un apasionado beso, tan profundo y salvaje que no dejaba el aire llegar a sus pulmones.

Kurama siguió jugando con la lengua del youkai, acariciando con la suya propia cada canto de esa dulce boca que conocía tan bien y que a pesar de todo ese tiempo no había olvidado... cómo podría...

-Ábrete para mí, Shika. - El susurro de Kurama fue más que suficiente para el youkai, sus piernas empezaron a separarse al instante, reaccionando a las caricias osadas el youko plateado, quien se estaba posicionando tan hábilmente entre ellas.

Kurama estaba adorando todo eso, los deleitables ruidos que Shika no podía evitar escaparan de su boca, aquel cuerpo que reaccionaba tan placenteramente a todas sus caricias, el rostro contraído y suplicante del youkai de cabellos blancos lo incitaba a complacerlo, a querer ver más de ese intenso rubor esparcido en las pálidas mejillas, la saliva escurriéndose por un lado de su boca, ya sin poder contener más sus reacciones...

-Mi hermoso Shika...- Una frase que salió de los labios de Kurama en un suspiro casi imperceptible, pero Shika lo escuchó y se obligó a sí mismo a enfocar su mirada en las irises doradas. Lo que sus ojos encontraron fue un completamente sobrio Kurama, sin ni un rastro de la poción en él, mirándolo tan intensamente que podía sentir aquella mirada atravesarlo, había una posesividad casi aterradora, hubiera gritado si por lo menos hubiese sido capaz de escapar del trance en que esos ojos lo tenían.  La mano de Kurama subió lentamente hasta alcanzar el ruborizado rostro, casi haciendo a Shika saltar de susto cuando se dio cuenta de la mano del youko en su rostro, pero todo lo que recibió fue una suave caricia, el pulgar del youko trazando suavemente sus rojos labios.

La respiración de Shika era muy trabajosa, sentía que no había suficiente oxigenó en sus pulmones y su respiración se detuvo por completo cuando los labios de Kurama se posaron sobre los suyos suavemente. El youko empezó a mordisquear los labios del youkai lentamente, lamiéndolos, en una suave caricia que poco a poco empezó a ser correspondida.

Los brazos de Shika envolvieron el cuello de Kurama, sus largas piernas envolvieron la cintura del youko, jalándolo más hacia sí, abriendo su boca para profundizar más ese beso cuya pasión aumentaba con cada segundo.

Las manos de Kurama recorrían todo su cuerpo, haciéndolo tensar con cada oleada tras oleada de placer. Sus caderas se movían como por voluntad propia contra las de Kurama, pidiéndole con el cuerpo aquello que tanto ansiaba ya que su boca estaba aún aprisionada por la del youko.

Shika sintió la erección de Kurama rozando su entrada y todo su cuerpo se estremeció con aquel estimulante toque, pero no tuvo tiempo para otra reacción ya que el youko impelió en él en una sola y firme estocada.

La espalda de Shika se arqueó, instantáneamente levantándola de la cama, su cabeza hacia atrás, enterrada en las sabanas, pero el grito que salió de su garganta quedó preso en el beso en el que Kurama lo atrapara.

El youko cogió las caderas del youkai y empezó a moverse contra ellas, entrando y saliendo del cuerpo que temblaba de tanto placer bajo suyo, tocando aquel lugar que esta volviendo loco a Shika, haciendo que el youkai de cabellos blancos enterrara sus dedos en la espalda de Kurama, la saliva que sobraba se escurría entre sus bocas.

Kurama partió el beso y alzó el rostro para poder ver el de Shika, veía aquel hermoso rostro contraerse del placer, lágrimas escapaban de sus fuertemente cerrados ojos mientras él continuaba con aquella danza de vaivén, penetrándolo cada vez más profundamente, más rápido. Sus ojos dorados estaban encendidos de pasión, aquella vista era deliciosamente erótica, los gemidos y gritos que escapan de los labios de Shika eran como música para los oídos de Kurama.

Era demasiado, Shika no podía resistirlo, estaba completamente fuera de sí, ya podía más. A pesar de todos los youkai que habían pasado por su cama y sus brazos, esto era... imposible... Era Kurama...

Su erección restregaba deliciosamente entre sus abdómenes y él sabía que no iba a poder resistirlo más. Shika se cogió más fuerte a Kurama, arañando todo el largo de su espalda, dejando marcas rojas en la pálida piel con sus garras. Y él sabía que el más ligero movimiento bastaba ocasionarles placer a ambos, y ambos lo sabían. Estaban en el límite, entre el éxtasis y la excitación. Kurama se movía rítmicamente contra él, haciéndolo esperar, y esperar... y esperar...

- Kurama... ah... ah... ahora... - Shika rogó. Sí, rogó. Kurama le sonrió con malicia, empujó con más fuerza.

Un fuerte espasmo invadió el cuerpo de Shika, su cabeza fue tirada hacia atrás, su boca se abrió en un grito mudo mientras el clímax llegaba a él y sintió a Kurama gozar en sus adentros.

Shika respiraba trabajosamente, tratando de ganar algo de aire, todavía en aquel lugar a donde Kurama lo llevara tan solo unos momentos atrás, mientras el youko todavía estaba encima suyo, no se habían movido de esa posición.

Eso era todo, pensó Shika una vez que todo terminó. Tenía a Kurama a su lado, apoyado en él, acariciando su pecho, como antes. El cabello plateado se mezclaba con el blanco, y ambos disfrutaban. La cola del youko se movió ligeramente, buscando una mejor posición.

Satisfecho, Shika suspiró. Esta experiencia lo había llevado finalmente a dar el paso final en todo el plan que desde hacía siglos había preparado. No todo salió como esperaba, pero estaba complacido. Había tenido a Kurama de nuevo en su lecho, Yagami había sufrido y ahora iba a morir. Por fin, todo estaba cumplido, se dijo. Ahora podría acabar con Kurama, porque no había nada más que pudiera desear de él, y sabía que el kitsune se negaría a quedarse con él para siempre. Era el final de Kurama, y con él sería el final de Hiei.

Y sobre Yagami...

Una idea pasó por su mente, haciéndolo sonreír. Acarició el cabello de Kurama, bajando la mirada hacia él. Una última tarea, se dijo. Y con esta, todo estaría definitivamente terminado. Todo. La espera de cientos de años, la venganza. Al fin. Terminado.

Shika sintió los labios de Kurama besar su cuello, mordisquearlo y tuvo que abrir los ojos. Uno de los ojos dorados de Kurama estaba abierto, y lo estaba mirando divertidamente mientras sus dientes dejaban pequeñas marcas en su cuello.

- No creíste que todo terminaría aquí, verdad? - Kurama dijo juguetonamente mientras sus manos empezaron a acariciar los contornos de Shika. - Mi hermoso youkai, nunca reparas en mis deseos... y yo todavía te deseo, tenemos la noche por delante... te guste o no.

Shika gimió.

***

Horas después, Shika abrió la puerta de su habitación. Kurama estaba con él, cabizbajo y algo confundido por una mezcla de elixires que Shika había hecho y lo obligó a tomar. Uno era el resto de la poción que lo había llevado a la cama con Shika, el otro, uno para nublar sus pensamientos y no le permitieran saber qué hacía, salvo seguir sus instintos. No estaba completamente consciente, y Shika aprovechó eso para tomarlo de la mano y llevarlo fuera de la habitación.

Ryaku esperaba ahí. Sabía lo que había sucedido, pero no estaba en sus manos hacer algo para evitar los deseos de su amo. No importaba cuánto le doliera a él. Shika hacía lo que quería.

- ¿Y? - preguntó Shika al verlo, sujetando a Kurama del brazo para que detuviera su errático andar. Ryaku asintió, entregándole un frasco de cristal vacío, y la funda oscura que pertenecía a un viejo cuchillo. Shika sonrió. - Bien... Ahora, ayúdame con Kurama y daremos por terminado todo - dijo. Ryaku asintió, escoltándolos por los pasillos en penumbra, hasta que llegaron a la puerta cerrada de una habitación.

Shika la abrió fácilmente, haciendo desaparecer el kekkai que la resguardaba. Entró antes que Kurama y Ryaku, y miró directamente hacia la figura que estaba sentada al borde de la cama. Sonrió antes de decir:

- Oi, Yagami. Mira quién te ha venido a visitar...

* * *

Continúa

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Shades of Flames and Passion
Agosto, 2001