Introducción

30 de Marzo, 2002

"Taiyou, Tsuki, Honoo to Bara" es un fic bastante antiguo. Comenzó a finales del '99 y terminó el '01, si no me equivoco. Y fue mi primer proyecto de historia larga publicada en Internet. Nunca pensé que saldría tan enormemente larga (50 capítulos y aún quedan ideas sin escribir), y tampoco esperé que a mitad de camino se me fuera la inspiración ^^'.

Como dije, no tenía experiencia en fics cuando empecé "Taiyou...", por eso es que ahora, luego de tres años, casi, cada vez que lo reviso no puedo creer que haya tantos detalles que no me gustan. Por mencionar algunos: comentarios míos en medio del texto (jeje ^^'), caritas, mal uso de japonés, horrores ortográficos, etc, en fin, todo lo que NO debe haber en un fic, está allí.

Es una lástima haberlo publicado sin saber todo eso, porque ahora sé que las correcciones no servirán de mucho. El fic ya ha sido leído y dudo mucho que alguien vaya a leerse los 50 capítulos de nuevo sólo para verlo sin errores (aunque yo lo haría, la verdad, si la historia me gustara lo suficiente... ^,^), pero de todas maneras, nunca está de más sentirse pseudo-perfeccionista por una vez en la vida.

Esta es la versión 1.02. Quizás dentro de un tiempo la cambie de nuevo...

~MiauNeko
miauneko@hotmail.com

 

 

Fanfic por MiauNeko

El Inevitable Crossover: Yuu Yuu Hakusho & The King of Fighters

Taiyou, Tsuki, Honoo to Bara
{Sol, Luna, Fuego y Rosas }
ver. 1.02

***

Capítulo 1: Un torneo Ningen

Los ecos de una campana indicaron que el día escolar había terminado y lentamente grupos de alumnos empezaron a salir al patio, dirigiéndose a las puertas del colegio. Algunas personas iban solas, otras en parejas o tríos, comentando los hechos del día; nada fuera de lo común, por cierto, sólo las típicas conversaciones juveniles.

- Desaprobé matemáticas...

- ... mañana en la fiesta...

- Sakura es linda, ne?

- ... oí que uno de los alumnos de su clase trabaja en un bar.

Risas.

- ... el torneo empieza pronto... ¡y ya conseguí entradas para la pelea final!

Palabras que iban y venían en el viento, mezcladas con el tono de alivio por una semana que ya terminaba. Uniformes con botones desabrochados, las mochilas colgando holgadamente de los hombros. Camisas afuera, cabellos desordenados... Todas las normas de presentación se olvidaban las tardes de los viernes.

En ese momento un considerable grupo de alumnos salió del edificio y se desperdigó por todo el patio. Algunos jóvenes mantuvieron un paso tranquilo, conversaban entre ellos y reían.

- ¿Un torneo? - preguntó alguien, el viento jugueteaba en su largo cabello y se llevó una mano tras la oreja, para mantener los largos mechones rojos en su lugar.

- ¡Si! - asintió otro de los muchachos -. ¿No te habías enterado, Minamino? Algunos encuentros se harán en esta ciudad, ¿puedes creerlo? ¡La pelea final del torneo The King of Fighters se realizará en nuestra ciudad!

- Ya veo...

Siguieron caminando, siendo dejados atrás por varios otros alumnos.

- Ahh... ¡no puedo esperar! Me pregunto qué equipo será el campeón este año - continuó el muchacho, con la excitación presente en su voz -. Los años anteriores los ganó el equipo japonés... Pero este año hay muchos peleadores fuertes... Minamino, ¿en verdad no te habías enterado? ¿En qué mundo vives?

Otro de los muchachos intervino.

- ¿Por qué no llevamos a Minamino a la final? Quizás le guste. ¿Qué opinas, eh?

Shuuichi Minamino sonrió ligeramente.

- Está bien - aceptó, sus serenos ojos verdes mostrando poco interés en ver un torneo ningen.

- Yoshi! {¡Bien!}- exclamó el muchacho, contento -. Entonces, debo ir a conseguir una entrada más, ja mata! {nos vemos} - dijo mientras se alejaba corriendo calle abajo.

Uno a uno, los muchachos fueron separándose y tomando caminos diferentes. Pronto Shuuichi se encontró solo, caminando con pasos calmados en dirección al parque por el que siempre pasaba para ir a casa.

"Así que un torneo", pensó, "nunca había oído hablar de él."

Conforme caminaba, empezó a notar discretos avisos en la paredes de las calles. Pósters anunciando el torneo, promocionando los lugares donde se realizarían los combates. También había algunas fotos de los participantes, notó. Especialmente del actual campeón, el equipo de Japón, llamado Hero Team.

Le llamó la atención el rostro de uno de los peleadores. "¿Qué no era...?" Hizo memoria un momento, mientras sus ojos leían el nombre del joven: Kyo Kusanagi.

Kusanagi, Kusanagi... había visto ese nombre en algún lado. Lentamente, sus recuerdos retrocedieron a una ocasión en que estaba mirando los resultados de los exámenes nacionales. No tenía por qué estar mirando los nombres de la mitad de la lista, porque sabía que el suyo debía estar en el tercio superior, pero la cantidad de gente apiñada frente al tablero de resultados le impedía moverse, así que mientras esperaba pacientemente sus ojos habían paseado por la lista, notando un nombre sobre el que alguien había escrito encima. Algo como "kirei~~" {¡lindo!} con muchos corazones. Debía haber sido una muchacha, era obvio; el nombre era: Kusanagi, y el puntaje no muy alto. Le había llamado la atención aquella vez, pero pronto lo olvidó.

Hasta ese momento. Sonrió. Un alumno de secundaria, ¿participando en un torneo de Artes Marciales? Empezó a pensar cómo reaccionarían todos esos auto-proclamados poderosos peleadores si tuvieran que enfrentarse a los equipos que lucharon en el torneo entre demonios, llamado Ankoku Bujutsukai.

- Tonterías - dijo una oscura voz a su espalda.

Volviéndose, notó que era Hiei, un demonio de otro mundo que era su compañero. Estaba de pie sobre el muro  tras él, mirando por sobre su cabeza hacia el póster promocional.

- Hisashiburi da na {Ha sido un largo tiempo}, Hiei - saludó el pelirrojo, y en seguida continuó, su suave voz ligeramente burlona -: ¿Has venido a asistir al torneo, o tal vez a participar en él?

El pequeño recién llegado no contestó. La mirada en sus ojos rojos se veía tranquila, no molesta, ni amarga. Sus brazos estaban ocultos bajo el largo manto negro que vestía. La bufanda blanca que colgaba alrededor de su cuello se agitaba a su espalda, con el viento.

Se limitó a bajar del muro con un salto y echaron a andar en silencio.

- ¿Cómo has estado, Hiei? - preguntó el joven pelirrojo, para iniciar, o tratar de iniciar, una conversación. Sabía muy bien que Hiei no era muy comunicativo, pero nunca estaba de más tratar de sacarle algunas palabras, aunque fuera sólo para disfrutar de su expresión gruñona cuando respondía de mala gana.

- No vine aquí para hablar de mí, Kurama - fue la respuesta.

El pelirrojo sonrió. "Kurama", lo había llamado Hiei. "Kurama" era su verdadero nombre, el nombre de un antiguo zorro demonio que había sido una leyenda en otro mundo, y que al morir había reencarnado en el cuerpo de un humano, llamado Shuuichi Minamino.

- Entonces, ¿viniste sólo para estar conmigo? - bromeó Kurama sonriendo -. Qué felicidad.

Antes de que Hiei pudiera decirle lo que pensaba ("baka"), un barullo llamó su atención. Se detuvieron en una esquina; a pocos pasos de ellos, frente a un hotel de la zona, se apiñaba la multitud más enloquecida que Kurama o Hiei hubieran visto jamás. No era "enloquecida violencia" sino algo como "enloquecido desorden". Muchas muchachas empujando y forcejeando, tratando de acercarse a la entrada del hotel, que estaba resguardada por una barricada de rejas metálicas y policías.

- ¡Atrás, atrás! - se oía, aunque los gritos histéricos apagaban las órdenes.

- ¿Qué pasa ahí? - le preguntó Kurama a un hombre que observaba curioso desde la esquina.

- Son esos equipos del torneo que ponen de cabeza a las chicas de la ciudad - respondió el hombre con un tono un poco amargado, como si lamentara lo bajo que había caído esa generación.

Kurama volvió a mirar hacia el hotel y sonrió para sí. Hiei refunfuñó algo.

- ¿Por qué pelean los ningen {humanos}? - preguntó, recibiendo una mirada extrañada del hombre al oírlo referirse a las personas como "ningen", hablando como si él no fuera uno también.

- ¿Por qué pelean los youkai {demonios}? - fue la respuesta de Kurama, no muy seguro de cómo explicarle a Hiei.

- Vivir, sobrevivir, demostrar superioridad - respondió Hiei, lanzándole una fría mirada -. Eso lo sabes. Pero los ningen, ¿por qué pelean? He visto los premios, dinero, una copa de metal que no vale nada... Cosas inútiles.

- Supongo que es parte de la naturaleza ningen, el instinto primario de dominar a los otros mediante la fuerza - dijo Kurama suavemente, pensativo.

- Qué tontería... - comentó Hiei echando a andar en dirección opuesta a la multitud que en ese momento recibía a un vehículo negro de donde bajaban dos jóvenes y un hombre que causó un incremento de volumen en el griterío de las chicas.

A comparación de la calle del hotel, el pequeño pasaje donde se encontraba la casa de Kurama estaba vacío y tranquilo. No se oía ni un sonido, salvo los ecos lejanos de los automóviles acelerando en alguna avenida.

La casa de dos pisos estaba silenciosa también, vacía.

Kurama introdujo la llave en la cerradura y entró. Dejó sus zapatos a un lado y corrió escaleras arriba, a su habitación. Como era de esperarse, Hiei ya lo esperaba en la ventana, sentado haciendo equilibrio en el borde y mirando hacia el cielo, a través de las ramas del gran árbol que había en el jardín.

- Tengo que salir, Hiei - dijo Kurama mientras se sacaba su uniforme de colegio y buscaba una camiseta de mangas largas en el armario -. 'Kaasan {mamá} llega hoy de un viaje, y voy a ir a recibirla al aeropuerto.

- ¿Aeropuerto? - repitió Hiei, nunca había estado allí -. Yo voy.

Bien, Kurama no se iba a negar. ¿Hiei le estaba ofreciendo su compañía? Sonrió para sí, feliz. Que buen día le esperaba.

- Toma - dijo, lanzándole ropa al youkai que, desprevenido, terminó con la cabeza debajo de una camisa azul oscura.

- ¿Qué demoni...? - empezó Hiei mirando hacia Kurama. Calló de repente al notar que el joven estaba desnudo de la cintura para arriba. Su torso blanco era un marcado contraste con los largos mechones de cabello rojo que caían desordenados. En ese momento sus brazos se estaban introduciendo en las mangas de la camiseta, pero se quedaron a medio camino cuando Kurama notó la mirada del youkai.

- Nan da? Hora, hora, hayaku {¿Qué pasa? Anda, apresúrate}. O llegaremos tarde - dijo sonriéndole encantadoramente.

"Me parece que ese kitsune {zorro} está flirteando...", pensó Hiei malhumorado, mientras también empezaba a desvestirse.

La camisa le quedó perfecta, así como los pantalones que Kurama le entregó después. Qué considerado, tener ropa de su talla entre sus prendas large. De todas formas, al atrapar de reojo su reflejo en el espejo, Hiei pensó que con ese atuendo se veía aun más raro que con su manto negro. Una camisa azul sobre una camiseta blanca y jeans negros. Los jeans se sentían incómodos, duros, ásperos. Tiró de ellos en vano. Incómodos.

- ¿Por qué tengo que ponerme esto? - protestó.

- Los mantos negros no están de moda, Hiei - bromeó Kurama. Él también ya estaba listo, su camiseta era gris oscuro de cuello alto, sus jeans negros, como los de Hiei, y sobre todo eso tenía puesto un abrigo negro largo que le llegaba hasta casi las pantorrillas. Era un día frío y ventoso afuera, un clima indeciso, entre invierno y primavera.

Bajaron las escaleras. Sí, los dos. Con esa ropa tan apretada, Hiei dudaba mucho poder saltar de la ventana al árbol sin caer en mitad del camino.

- Vamos hasta la avenida y tomaremos un taxi - le indicó Kurama a Hiei. Caminando por la calle, no pudo evitar poner su mano en el hombro del youkai, acercándolo hacia sí, cariñosamente. Esperaba que Hiei se apartara en cualquier momento pero para su sorpresa dejó que lo tocara de esa forma, incluso levantó su mano y se sujetó de la pequeña correíta que colgaba de la espalda de su abrigo. Kurama no pudo evitar sonreír -. ¿Te sientes bien? - preguntó, aún sorprendido, pero no recibió respuesta, sólo continuaron caminando.

***

*Notas sobre YYH:
- Ningen es "seres humanos". Hiei, siendo un youkai, se refiere a ellos así.
- Youkai: demonio. Hiei es un demonio de fuego. ^^
- Shuuichi Minamino/Kurama. Kurama era un zorro demonio/espíritu. Al morir, su alma reencarnó en el cuerpo de un ningen llamado Shuuichi Minamino.
*Notas sobre KOF:
- El torneo se realiza cada año, pero esta historia no está basada en ningún año en especial, para poder manejar mejor la trama.
- El torneo consiste en peleas de equipos de 3 personas (4, a partir del KOF '99). Cada equipo tiene un nombre, por ejemplo el de Kyo Kusanagi (el protagonista hasta el KOF'98) es llamado Hero Team.

 


 

Capítulo 2: Multitudes

- ¡Kusanagi-san! - exclamó el muchacho de uniforme azul mientras trotaba para alcanzar al grupo que caminaba delante de él. Un joven de cabello castaño y mirada algo arrogante se volvió.

- ¿Eh? - murmuró, observando a quien lo había llamado.

El muchacho se detuvo frente al joven; frente a frente eran casi de la misma altura, y se veían realmente parecidos. Ambos vestían el mismo uniforme, aunque el del joven era negro. Los dos llevaban una cinta blanca en la frente para mantener el cabello alejado del rostro, con la diferencia que el cabello del muchacho era bastante corto, mientras que el del joven era largo y, a pesar de la cinta, caía sobre sus ojos, oscureciendo su mirada.

Sin embargo esa sombra desapareció cuando reconoció a su compañero de escuela y aprendiz: Shingo Yabuki.

- Hey, llegaste - dijo el joven con una media sonrisa, mientras empezaba a caminar de nuevo. Las personas que iban con él habían desaparecido dentro de un ascensor.

- Casi no lo logro - rió el muchacho. En su mano llevaba un bolso, todas sus pertenencias para los viajes que iba a tener que hacer debido al torneo -. Con todas esas chicas afuera gritando por "Kyo Kusanagi" era imposible pasar. Pensaron que yo también era un fan, jeje, y no me dejaban entrar.

El joven de cabello castaño más largo, Kyo, le echó una mirada y dijo algo ofendido:

- Así que ya no te consideras mi fan, ¿eh?

El color desapareció del rostro del muchacho.

- ¡Nononono! ¡No quise decir eso! Gomen nasai! {¡Perdón!} - exclamó haciendo una profunda inclinación que hizo reír a Kyo.

Shingo era divertido y alegre. Usualmente se llevaba bien con todo el mundo, pero había una sola persona a quien admiraba, imitaba e idolatraba, y ese era Kyo Kusanagi. Su compañero y maestro. Esa era la razón por la que vestía como él, simplemente... Shingo deseaba ser como Kyo.

Ahora, mientras caminaban por los pasillos del hotel donde se hospedarían hasta el inicio del torneo The King of Fighters, Shingo observaba a Kyo desde atrás. El sol dorado bordado en la chaqueta de su uniforme negro, brillaba contra la oscuridad de la tela. Su cabello se balanceaba conforme caminaba. La forma en que sujetaba descuidadamente un bolso que colgaba de su muñeca lo hacía verse confiado y muy seguro de sí mismo. Shingo se sintió afortunado al haber sido aceptado como alumno de ese joven maestro. Gracias a esa suerte, ahora él, Shingo Yabuki, un muchacho que hasta hacía años no había sido nada más que un fan obsesionado con un ídolo, conocía las Técnicas Ancestrales de los Kusanagi, una familia cuya vida estaba ligada desde hacía siglos a las peleas y enfrentamientos, y por cuya sangre corría el fuego escarlata que controlaban a voluntad.

Por supuesto que él no tenía dominio sobre el fuego, recordó, dejando caer la cabeza. Debía ser de sangre Kusanagi para obtener ese don... Muchas veces Shingo se había preguntado qué sucedería si Kyo le hacía una pequeña transfusión...

- ¿Tomamos algo? - sugirió Kyo señalando el pequeño bar que había en el hotel. Shingo asintió, entusiasmado. ¿Bebiendo con Kusanagi-san? Rió.

Se sentaron en la barra, pero no pidieron nada de alcohol, después de todo, Shingo aún no cumplía la mayoría de edad.

Mientras tomaban sorbos de sus bebidas, Shingo se encontró con que Kyo lo observaba fijamente.

- Nan desu ka, Kusanagi-san? {¿Qué sucede?} - preguntó.

El joven pareció confundido un momento y en seguida respondió.

- Nan demo nai... {Nada...} - dijo con una sonrisa -. Sólo me preguntaba... cómo no me había dado cuenta antes de lo atractivo que eres...

Unos segundos después el joven Kusanagi salió del café retorciéndose de risa ante la estúpida broma, mientras clientes curiosos miraban al muchacho que había caído de espaldas de su silla, con el rostro azul.

***

- ¿Y dónde está tu siervo, eh? - fue lo primero que oyó Kyo cuando entró a la habitación que compartía con sus otros compañeros de equipo.

Le lanzó una mirada a quien hablaba, un joven de cabello rubio y facciones delicadamente femeninas, Benimaru Nikkaido, por supuesto. Estaba sentado en una de las camas, frente a un televisor encendido en cualquier canal.

- Estará tranquilo por un rato - murmuró Kyo dejándose caer sobre el colchón, junto a Benimaru que no pareció molestarse por la cercanía.

- Ese muchacho está loco - rió el joven rubio.

- Es un buen chico - corrigió Kyo.

- Ja, el sería capaz de morir por ti, si se lo pides.

Kyo se apoyó en su codo para observar el rostro de Benimaru por si bromeaba, pero se encontró con una mirada seria.

Se quedaron en silencio un rato, finalmente Kyo se levantó y se dirigió a la puerta.

- ¿Te vas tan pronto? - preguntó Benimaru -. Ha sido un viaje bastante largo, ¿no quieres descansar? - Su tono era el de un amigo preocupado.

- Nah... voy a ir a dar una vuelta. - Con eso, la puerta se cerró detrás de Kyo.

"Ahora... ¿por dónde demonios está la salida?" pensó Kyo la cuarta vez que pasó frente a la misma puerta. "Estoy seguro que debe estar por acá..."

Después de vagar un rato en los pisos superiores del hotel, especialmente el octavo, donde estaba la mayoría de habitaciones asignadas a los participantes del torneo , Kyo se dio cuenta de que era inútil. Los pasillos alfombrados eran todos iguales, todas las puertas eran idénticas. Debía haber un pequeño descanso donde estaban los ascensores, pero no conseguía hallarlo. Finalmente le pareció oír un lejano y familiar ruido. Sí, el ruido del griterío de unas chicas histéricas. ¡Al fin! Siguiendo el origen del sonido, pronto se encontró frente a la escalera que bajaba a los primeros pisos del hotel.

Bajó los ocho pisos como si nada, saltando los escalones de dos en dos. Llegó al recibidor del hotel, se detuvo un momento al pie de la escalera pregutándose si podría salir a la calle por la puerta principal y pasar a través de la multitud que se apiñaba ahí.

Sin embargo, ni bien había dado un paso en el enorme y lujoso hall, oyó un:

- ¡¡Es Kyo!! ¡¡¡Kyyyyyyyyyyyyooooo!!! ¡¡¡Dame tú autógrafo, onegaiiiiii {por favor}!!! - ¡Era increíble, pero también había fans dentro del hotel! Y en ese momento corrían hacia él como una estampida.

Sobresaltado, miró a su alrededor buscando un lugar por dónde huir. Nada. Las puertas del ascensor estaban cerradas, y encontrar las escaleras de nuevo sería una odisea. De pronto escuchó una voz conocida a su lado:

- ¡Por aquí, Kusanagi-san! - era Shingo apareciendo de la nada y tirando de él para empezar a correr en dirección contraria a las chicas y con destino desconocido.

Kyo sonrió divertido, por el momento estaba a salvo.

***

En el aeropuerto había demasiada gente. Demasiada. Con empujones y golpes Hiei se abrió paso entre la multitud tratando de seguirle el paso a Kurama, que parecía deslizarse suavemente entre el mar de ningen.

El joven pelirrojo miraba hacia arriba, donde un letrero de luces rojas anunciaba los vuelos que entraban y salían del aeropuerto.

- Hmm, el avión recién va a arrivar - comentó volviéndose hacia Hiei, que en ese momento terminaba de apartar del camino a una escolar que gritaba histéricamente, como si un youkai se le hubiera aparecido al frente.

- Baka na onna {tonta} - gruñó Hiei para sí, pero en seguida miró los alrededores.

La construcción del enorme aeropuerto parecía estar basada en acero y vidrio, porque vigas y ventanas era todo lo que Hiei conseguía ver. El lugar donde estaban, por ejemplo, tenía una pared de vidrio oscuro a través de la cual se podía ver a las personas que iban bajando del avión y recogiendo sus maletas. Mucha gente se saludaba a través del vidrio, pero el problema era salir de ahí.

La multitud de chicas gritando hacía imposible el paso. Pronto, unos guardias llegaron a tratar de imponer el orden.

- Es culpa de ese maldito torneo - maldijo uno de ellos mientras pasaba junto a Hiei para apoyar a sus compañeros. Repentinamente se detuvo en seco, miró alrededor, a todas las chicas gritando, y luego a Kurama -. Me sorprende que usted no se vuelva loca como todas - comentó sonriendo antes de continuar su camino.

Kurama no dijo nada a eso, como si ser confundido con una mujer fuera cosa de todos los días. Sólo murmuró pensativo:

- No sabía que ese torneo atrajera a tanta gente... ¿Cómo no me enteré que existía?

- Kurama - Hiei llamó su atención tirando de la correíta de su abrigo.

- Dime... - iba a contestar Kurama cuando de pronto notó la expresión en el rostro de Hiei. La conocía muy bien, la concentración al ubicar a un posible enemigo a punto de atacar. Prestando atención a la energía que los rodeaba, y aislando por un momento el griterío de las muchachas, Kurama trató de sentir qué había puesto en alerta a Hiei.

Pronto lo notó claramente. Entre los pasajeros que llegaban, había uno que emanaba una gran presencia. Estremecedora, notó. Poder, demasiado poder para un cuerpo ningen, demasiado odio, demasiado resentimiento... Tanto que, aunque quizás podía ocultarlo en su interior, no podía evitar que esos sentimientos fluyeran hacia criaturas que, como ellos, podían sentir el reiki existente en todas las personas.

- Hie... ah... es.... - dijo Kurama, pero su voz fue apagada por el ruido de las muchachas, que habían empezado a gritar en serio y hacían retumbar todo el lugar.

- ¿...Qu...? No... oig... - gritó Hiei a su vez, pero era inútil.

La presencia se hacía cada vez más fuerte, acercándose, y, junto con la presencia, el griterío se incrementaba.

Kurama consideró las posibilidades rápidamente: Si era un youkai, era uno muy poderoso, lo suficiente como para destruir ese lugar y herir o matar a todas las muchachas gritonas. Si se llegaba a enfrentar a ellos... sería un enorme problema. Era mejor pasar desapercibidos.

Tomando la mano de Hiei y acercándolo hacia sí, Kurama señaló un lugar entre una pared y la máquina expendedora de gaseosas. Se dirigieron hacia allí, parándose muy juntos, quietos y en silencio. Desde ese lugar podían ver lo que sucedía en la salida de pasajeros, y a la vez podían al menos ocultar su presencia física de lo que fuera, humano o youkai, que estuviera llegando.

La multitud de chicas se agitó y de pronto una parte de ellas cayó hacia atrás, unas sobre otras, en dolorosas posiciones.

- ¿Ataca? - murmuró Hiei, que no podía ver bien.

- No... - Kurama se inclinó para dejarlo ver por sobre su hombro -. Alguien está saliendo, y los guardias empujaron a las muchachas.

En ese momento ambos lo vieron, un hombre joven y alto de cabello granate y mirada maligna. Era un ningen, afortunadamente, y no parecía interesado en la multitud. Pasó entre las muchachas sin esfuerzo, empujándolas tal vez, apartando sus delicados cuerpecitos con una sola mano como si fueran estorbos.

- ¡Iori-san, deme su autógrafo, por favor! - oyeron gritar más de una vez.

Conforme el joven se alejaba en dirección a la salida, la multitud avanzaba con él, y el griterío continuaba.

De repente, Kurama se volvió al sentir una presencia aun más familiar para él.

- ¡'Kaasan! - exclamó al ver que Shiori Minamino, su madre humana, estaba de pie frente a él, observando también a la multitud de chicas.

- ¡Shuu-chan! - saludó ella acercándose sonriente -. Ah, ¡Hiei-chan! - saludó también al ver al youkai mientras abrazaba a su hijo -. ¿Vinieron a esperarme? - dijo contenta. Kurama sonrió y cogió la pequeña maleta que Shiori llevaba consigo.

- ¿Qué tal estuvo el viaje? - preguntó amablemente mientras caminaban. Kurama estaba ligeramente preocupado por la posibilidad de que su madre hubiese viajado en el mismo avión que el joven que acababan de ver.

- ¡Bien! - sonrió Shiori. Ella caminaba a la derecha de Kurama y miraba hacia el exterior a través de las altas ventanas -. Me tocó un compañero de asiento muy extraño - comentó -. Está ahí - señaló hacia afuera, a las chicas histéricas -. No sabía que fuera alguien famoso...

Kurama se volvió bruscamente. ¡No sólo había viajado con él! ¡Se había sentado a su lado! Su mirada se oscureció repentinamente al pensar lo peligroso que podía haber sido eso.

- Se llama Iori, y tiene una banda musical - continuaba Shiori -. Pero viene a participar en un evento...

¡Y había conversado con él!

Hiei caminaba al lado de Kurama, y hasta el momento había estado jugueteando inconscientemente con los tickets de viaje de la maleta de Shiori. Quizás Kurama no lo había notado, pero estaban impregnados con el reiki de ese joven.

- Fue muy amable, aunque al comienzo... - Shiori rió suavemente -. Al comienzo no quería decir palabra... y me recordó a Hiei-chan...

Kurama no pudo evitar reír con ella. El youkai sólo apartó la mirada, hundiéndose en sus pensamientos con expresión amargada. No debía haber pedido ir a ese lugar, maldecía. Tantos ningen despreciables... Deseaba saltar hacia algún edificio cercano y desaparecer, pero se contuvo, porque a la madre de Kurama podía parecerle sumamente extraño. Ella estaba convencida que él era uno de los muchos amigos humanos de su hijo Shuuichi.

- ...Me ayudó con la maleta... Fue muy amable... - repitió Shiori.

Las puertas automáticas se abrieron con un silbido. Nuevamente el griterío los envolvió. La multitud rodeaba a un taxi y no lo pensaban dejar pasar hasta que consiguieran lo que querían: el autógrafo de ese tipo llamado Iori.

Kurama se acercó a un taxi que estaba estacionado más atrás y le indicó al conductor a qué calle debían ir. Rápidamente, el amable chofer se bajó para guardar la maleta en el compartimento trasero del automóvil y le abrió la puerta a Shiori para que entrara. Kurama entró tras ella, y luego Hiei, que apoyó su brazo en ventana abierta con su gesto indiferente de siempre.

El motor del auto se encendió pero cuando iban a partir, la puerta del asiento del pasajero se abrió y alguien se deslizó dentro del auto. Una silueta demasiado familiar, y una presencia abrumadora.

El taxista miró al intruso dispuesto a reclamar pero cuando sus miradas se encontraron un estremecimiento recorrió la espalda del hombre. Los ojos rojos del desconocido eran amenazantes, y no hubo necesidad de que pronunciara palabra para que el conductor comprendiera que si protestaba terminaría en un hospital.

En seguida el intruso se volvió hacia atrás, hacia ellos, que observaban en un extraño silencio.

- Shiori... - dijo con una voz demasiado profunda para una persona tan joven.

Una significativa mirada a la multitud enloquecida alrededor del taxi de adelante le bastó a Shiori para comprender el problema. Sonrió amablemente, sin notar la helada mirada de su hijo y la asesina mirada de Hiei.

- Daijoubu {está bien}, Iori-kun - dijo -. Pasaremos por tu hotel.

Y con eso el taxi arrancó, dejando atrás el aeropuerto.

***

*Notas YYH:
- ¿Es Shiori tan buena con toda la gente? ^^'
*Notas KOF:
- Iori Yagami no es un tipo muy social que digamos... Después de todo, piensa que todas las personas son "estorbos" y la única persona que le interesa es Kyo Kusanagi (lo busca para matarlo, tomen eso como quieran ^^). Claro que es lo bastante inteligente como para utilizar a esos estorbos para que lo lleven gratis en taxi ^^'


apítulo 3: Encuentro

Dos muchachos corrían por el casi desierto parque, atardecía y al parecer se les estaba haciendo tarde.

- ¡Es tu culpa, Urameshi! - gritó uno de ellos, el más alto -. ¡¡Si no las conseguimos te juro que te haré pagar!!

- Urusee na {Ya cállate}, Kuwabara - fue la respuesta, entrecortada por jadeos -. ¡Si no te hubieras chocado con esos tipos no hubiéramos tenido que pelear contra ellos y perder tanto tiempo!

- ¿Pero quién fue el que aceptó la pelea, eh? ¡Tú!

Así continuaron corriendo, entre gritos, medio bromeando y medio en serio.

Yuusuke Urameshi era un muchacho de cabello corto, negro y peinado cuidadosamente hacia atrás con brillante gel. Era el típico delincuente juvenil en su escuela, siempre escapando de clases y metiéndose en problemas con los profesores y otras pandillas. Sus ojos oscuros brillaban siempre alegres y despreocupados, destilando confianza y, de alguna forma, poder.

Su compañero más alto era Kazuma Kuwabara. De cabello anaranjado y rostro alargado, daba la impresión de ser un busca pleitos. Sus ojos, pequeños y largos, podían reducirse a rayitas amenazantes cuando estaba furioso. Pero ahora estaba demasiado ocupado como para estar furioso. Hacía dos horas que debían haber estado haciendo las largas filas para comprar las entradas al dichoso torneo The King of Fighters, pero, como ya lo habían comentado, ni bien salían del colegio cuando tuvieron la mala suerte de ir a estrellarse contra los miembros de una pandilla que pasaba por ahí.

De más está decir que Yuusuke y Kuwabara eran conocidos delincuentes entre el círculo de las pandillas juveniles. Pelear contra ellos, que siempre llevaban en alto su fama de nunca haber perdido ante nadie, era tener una oportunidad de vencerlos. Todas las pandillas deseaban poder ostentar el título de aquellos que habían vencido a Yuusuke Urameshi y Kazuma Kuwabara.

Es por eso que pronto los dos muchachos se vieron rodeados y pasaron un buen rato deshaciéndose de los atacantes. Sin problemas, pero les tomó tiempo.

- ¡Yay! - exclamó Yuusuke deteniendo su carrera en seco. Frente a él se extendía la fila más larga que jamás hubiese visto.

El rostro de Kuwabara pareció perder algo de color.

- Jamás conseguiremos las entradas - murmuró desesperanzado.

- Es ahora o nunca - dijo Yuusuke formándose al final de una fila. Hundió sus manos en los bolsillos y frunció el ceño. Una larga tarde los esperaba.

Yuusuke y Kuwabara habían participado en un torneo una vez, llamado Ankoku Bujutsukai {Torneo Oscuro de las Artes Marciales}. El único detalle era que consistía en un torneo entre youkais, cientos de veces más poderosos que cualquier ser humano. Afortunadamente, los dos muchachos no habían estado solos. Kurama y Hiei habían formado equipo con ellos, dándoles una gran ventaja.

Hiei era un youkai de fuego, capaz de controlar el fuego negro del Makai {Mundo de los Demonios}. A pesar de su aspecto menudo, sus técnicas eran unas de las más poderosas. Kurama, el muchacho pelirrojo, basaba su poder en el control sobre todo tipo de plantas, utilizándolas de modos increíbles para acabar con sus enemigos fácilmente. Yuusuke, aparte de ser un buen streetfighter, era capaz de utilizar ataques de energía, y su compañero Kuwabara poseía la extraña habilidad de condensar su reiki {energía espiritual} para formar una poderosa espada llamada Reiken.

No eran muchachos comunes y corrientes, era por eso que estaban interesados en el torneo The King of Fighters. Se decía que el equipo campeón tenía entre sus miembros a un joven capaz de controlar el fuego, y eso no era todo, otros muchachos tenían poderes psíquicos, mientras otros poseían habilidades que iban más allá de la comprensión humana. Yuusuke quería ver esos poderes de cerca, ansiaba enfrentarse con alguno de ellos.

La fila avanzó un poco y Yuusuke dejó escapar un suspiro de aburrimiento. Kuwabara bostezó perezosamente pero se quedó a mitad del bostezo cuando notó que un grupo de jóvenes se acercaba.

- Uh... Urameshi - indicó, señalándolos.

- K'so {mierda} - maldijo Yuusuke al reconocer a los miembros de la pandilla que habían vencido hacía unas horas. Esta vez venían con refuerzos, un grupo considerable de estudiantes de años superiores -. ¡Malditos cobardes! - exclamó Yuusuke pasándose una mano por el cabello.

- ¡ALLÍ ESTÁN! - se oyó y la pandilla empezó a correr en dirección a ellos.

- Oh-oh - dijo Kuwabara mirando alrededor. Si se ponían a pelear ahí mismo iba a ser un desastre.

- Busquemos un mejor lugar - sugirió Yuusuke mirando alrededor también. Decidieron ir al parque cercano, que estaba vacío -. Hayaku {de prisa} - exclamó Yuusuke -, ¡tenemos que terminar con ellos antes de que la fila avance más!

Yuusuke echó a correr a toda velocidad en dirección al parque mientras que Kuwabara se inclinaba hacia la joven que estaba formada delante de ellos y le pedía amablemente:

- ¡Cuídenos nuestro lugar, onegai shimasu {por favor}! Volveremos en seguida.

La joven asintió extrañada, pero el muchacho ya había empezado a correr, seguido de toda una pandilla.

- ¡Si no conseguimos las entradas voy a acabar con todos ellos! - maldijo Yuusuke cruzando la pista hacia el parque. Kuwabara lo había alcanzado y corría a su lado -. Le prometí a Keiko que iríamos juntos... ¡¡AH... MALDICIÓN!! - Yuusuke cerró los ojos tomando más velocidad cuando de repente...

¡¡¡BUMP!!!

- ¡Woah!

- ¡¡AH... SHIMATTA~ {MALDICIÓN}!!

Yuusuke estaba en el piso, y Kuwabara estaba sobre él. Irguiéndose lentamente, Yuusuke miró al idiota con quien se había estrellado y se encontró con una mirada que coincidía con la suya: encendida y furiosa.

- ¡Fíjate por dónde vas, muchacho! - exclamó el joven con que había chocado, levantándose y limpiando el polvo de su uniforme negro.

- ¡Fíjate tú por donde caminas! - respondió Yuusuke poniéndose de pie también y levantando sus puños dispuesto a pelear.

El joven del uniforme negro lo miró extrañado, pero sonrió maliciosamente y se puso en posición también.

- Eh... - murmuró Kuwabara rascándose la cabeza y mirando a un muchacho que acompañaba al joven. El chico se veía tan confundido como él, pero un poco más excitado ante la posibilidad de ver una pelea de cerca.

- ¡URAMESHI! ¡KUWABARA! - se oyó detrás de ellos. ¡La pandilla! ¡La habían olvidado!

Antes de que se dieran cuenta de lo que sucedía, Yuusuke y el joven del uniforme negro se encontraron sujetos bajos los fuertes brazos de Kuwabara, que corría a una velocidad vertiginosa, seguido del muchacho confundido.

- ¡Arreglen sus asuntos después! - exclamó Kuwabara adentrándose en el parque y sacándole un poco de ventaja a la pandilla -. ¡Ahora tenemos algo pendiente que solucionar!

Al fin, el centro del parque. Con un fuerte suspiro, Kuwabara dejó caer a Yuusuke y el joven, que se quedó sentado en el pasto maldiciendo su suerte.

- Si no son las multitudes, son los niños idiotas - se quejó pasando una mano por su largo cabello castaño.

- Kusanagi-san... - empezó el muchacho que había estado con él -. ¿No cree que deberíamos volver al hotel? Benimaru-san y Goro-san lo deben estar buscando...

- Nah... déjalos, Shingo... Deben estar disfrutando de una buena cena acompañados de todas esas fanáticas histéricas - interrumpió el joven Kusanagi, con sarcasmo.

- Pero... - el muchacho intentó protestar, incapaz de contener su lado responsable, pero fue interrumpido.

- ¿Kyo Kusanagi? ¿El campeón del King of Fighters? - exclamó Yuusuke. Se miraron un momento y Yuusuke se echó a reír.

- ¿Qué es lo gracioso? - murmuró Kyo, molesto.

- Había estado pensando lo grandioso que sería medirme contigo... ¡pero nunca pensé que tendría la oportunidad de hacerlo tan pronto!

Ante eso Kyo sonrió con arrogancia, siempre dispuesto a aceptar una buena pelea y pensando en lo satisfactorio que sería bajarle los ánimos a ese muchacho desconocido.

Pero antes de que dijeran nada se vieron rodeados por la pandilla.

De un salto, los dos jóvenes se pusieron de pie, en medio de aquella multitud amenazante. Kuwabara retrocedió hacia ellos, y el muchacho, Shingo, también.

- Boku no namae wa {Mi nombre es} Urameshi Yuusuke - exclamó Yuusuke alegremente, presentándose ante Kyo que asintió sonriendo.

- Yuusuke Urameshi - habló uno de los jóvenes de la pandilla -. Te daremos tu merecido por habernos dejado en ridículo hace un momento. ¡Prepárate!

- Hai, hai {Claro, claro} - dijo Yuusuke con ironía, lanzándose hacia él en un movimiento tan rápido que tomó desprevenido al joven, haciéndolo salir volando hacia atrás.

Pronto Yuusuke se encontró esquivando y lanzando golpes, saltando sobre los jóvenes de la pandilla y pateando a diestra y siniestra. Kuwabara hacía lo suyo también, como siempre lo habían hecho. Pelear juntos era parte de su vida. Sin embargo, notó Yuusuke, el joven Kyo y su compañero, Shingo, lo hacían bien también.

"Ah, claro... sino no estarían en ese torneo, idiota...", se dijo mentalmente mientras sujetaba una patada con sus manos y le doblaba la pierna al atacante. El pensar en el torneo, y que aún le faltaba conseguir las entradas, hizo que Yuusuke le pusiera más empeño a la pelea.

Kuwabara se agachó justo a tiempo cuando un chico lanzado por Yuusuke pasó por sobre su cabeza y fue a estrellarse contra el tronco de un árbol. Para su sorpresa, a pesar del dolor que debía sentir, el castigado joven volvió a ponerse de pie y fue a la carga una vez más.

- Estos malditos no se rinden - gruñó Kuwabara. No era difícil pelear contra ellos, definitivamente era mucho más fácil que pelear contra demonios, pero el problema era que se trataba de una pelea de muchos contra cuatro, y al ser tan disparejo el número, se tardaban bastante en acabar con el problema.

- ¡¡Shingo Kiiiick!! - se oyó de repente y Yuusuke y Kuwabara captaron una imagen celeste en aire, que al caer mandó a más de cinco de los de la pandilla al suelo -. Jeje - rió Shingo satisfecho de sí mismo -. Eh, Kusanagi-san, dou desu ka? {¿Qué tal?} - exclamó.

Kyo le echó una mirada y negó con la cabeza.

- No tienes que saltar tan alto - le señaló -. Kore dake {Es sólo esto}.

Esta vez, Yuusuke vio una figura negra en el aire, y diez jóvenes que cayeron al suelo golpeados por la patada aérea de Kusanagi.

- ¿Uh? - dijo Kuwabara -. ¿Tú le enseñas... tus técnicas?

Shingo asintió sonriente:

- Kusanagi-san wa ore no sensei {Kusanagi-san es mi maestro} - dijo, mientras esquivaba un golpe y asestaba un contraataque en medio del pecho de un desafortunado joven.

- Sou ka... {¿Ah, sí...?} - comentó Yuusuke.

Llegó un momento en que Yuusuke miró alrededor y notó que casi toda la pandilla había sido vencida. No les había tomado mucho, quizás... quizás aun estaban a tiempo para conseguir las entradas...

Amenazante, Yuusuke Urameshi se volvió hacia los restantes miembros de la pandilla y les dirigió una mirada helada junto con una sonrisa maliciosa.

- Ore-tachi no kachi da! {¡La victoria es nuestra!} - exclamó y los jóvenes echaron a correr, perdiéndose en las sombras del parque.

Kuwabara rió, dejándose caer al suelo sin aliento.

- ¿Qué les hicieron, para que se molestaran con ustedes? - preguntó Shingo acomodando su uniforme.

- Nada - murmuró Yuusuke -. Todas las pandillas de esta zona nos odian, eso es todo - comentó con ligereza, como si no tuviera importancia. Luego los observó a los dos, Kyo Kusanagi y Shingo Yabuki. - Gracias por la ayuda - sonrió.

Kyo se acercó con las manos en los bolsillos, despreocupadamente.

- Estaré esperando esa pelea que me debes, ¿eh? - dijo, con el viento jugando con sus mechones castaños.

- Cuando quieras - asintió Yuusuke. En eso su rostro se iluminó con una idea -: Oye, Kusanagi...

Kyo, que ya se alejaba, se volvió hacia él.

- Por casualidad... ¿no tienes entradas para el torneo? - preguntó Yuusuke, con los ojos brillantes de esperanza.

Kyo Kusanagi sudó una gotita.

- No... No nos dan entradas a los participantes - dijo con una expresión inocente en el rostro, antes de seguir su camino.

Yuusuke dejó caer la cabeza.

- Y yo que pensaba que iba a invitarnos al torneo... - gruñó.

- ¡¿Qué cosas dices, Urameshi?! - gritó Kuwabara -. Deja de perder el tiempo, ¡tenemos que volver a la fila!

Kyo y Shingo observaron a los dos muchachos desaparecer a toda velocidad mientras gritaban: "ja na" diciendo adiós con la mano.

Shingo rió.

- Que extraña es la gente de esta ciudad, eh, Kusanagi-san...

Volviéndose hacia su alumno, Kyo sonrió. Le puso una mano en el hombro y dijo:

- Debes pulir más esa patada.

- Ah... Sou desu... {Sí...} - murmuró Shingo llevándose una mano detrás de la cabeza, avergonzado -. Tengo que practicar más...

- Ikuze {Adelante}, Shingo - fue todo lo que dijo Kyo dando un salto para alejarse del muchacho y se puso en su pose de ataque.

- ¡¿EH?!

- Aún queda una semana para el torneo, lo de antes fue un calentamiento. Muéstrame lo que has aprendido.

Shingo asintió.

- ¡HAI! {¡SI!}

***

- ¿Dónde está...? Doko? {¿Dónde?} - murmuraba Yuusuke mientras recibía miradas extrañadas al examinar de cerca todos los rostros de una fila, buscando a la joven que debía estar cuidándoles su lugar.

Kuwabara buscaba por otro lado, igual de desesperado que su compañero. La oportunidad de conseguir las entradas empezaba a esfumarse. "Justo ahora", maldijo Yuusuke, "que me interesa aun más ver las técnicas de Kusanagi"

Afortunadamente, una voz los llamó:

- ¡Oigan! ¿Ustedes son los que estaban detrás de mí? - Era la joven, y les hacía señas para que se acercaran. Yuusuke notó sorprendido que estaba a apenas veinte o veinticinco personas del local donde se vendían las entradas.

- ¡Fantástico! - exclamó acercándose. Se formaron a su espalda, esperando en silencio mientras lentamente la fila avanzaba.

- Jeje, yatta ze {lo logramos}, Urameshi - comentó Kuwabara.

- Sou da {¡Así es!} - rió Yuusuke pero en ese momento en la fila contigua hubo una agitación.

- ¡Se acabaron las entradas de esta ventanilla! - gritó alguien y la fila se dispersó para ir a formarse en la siguiente.

- Ojalá alcancen las entradas - dijo Kuwabara, esta vez su voz no estaba tan animada.

Finalmente, Yuusuke contó a las personas delante de él, sólo seis. Sonrió satisfecho. ¡Que bien!

- ¡Yuusuke!

Sorprendido, porque no esperaba oír esa voz, Yuusuke se volvió y se encontró con una muchacha de cabello celeste, agarrado en una larga cola de caballo, y ojos rosados.

- ¿Botan? ¿Qué haces aquí? - exclamó Yuusuke al reconocer a una de las mensajera del Reikai {Mundo Espiritual}, tenía un mal presentimiento.

- Koenma-sama necesita verlos, es urgente - comunicó la joven.

- Pero, pero... - intentó protestar Kuwabara. Sólo seis personas los separaban de las entradas al torneo... ¡seis!

- No hay tiempo que perder, ¡es urgente! - insistió Botan golpeando el suelo con el pie -. Un portal al Reikai está esperándolos... ¡el Ningenkai está en grave peligro!

Yuusuke frunció el ceño, su sentido de la responsabilidad le decía que debía obedecer y presentarse en el Reikai, pero su lado rebelde decía a gritos que las entradas eran más importantes y difíciles de conseguir.

Botan pareció notar lo que pensaba y exclamó, dándole un golpe en la cabeza que sacó estrellas y enormes lágrimas de sus ojos.

- ¡De nada te servirán las entradas si no se presentan en el Reikai ahora mismo!

- Maldición - se quejó Yuusuke recordando todo lo que le debía al Reikai. Después de todo, una vez él había muerto y el Reikai devolvió su espíritu a su cuerpo, a cambio de que él hiciera trabajos ocasionales, como atrapar a demonios que amenazaban la seguridad de su mundo.

Esta era una de aquellas ocasiones, así como la vez en que él y sus compañeros debieron participar en el Ankoku Bujutsukai. Mientras se alejaba de la fila, Yuusuke se preguntó cuántos individuos se habrían quedado con las ganas de asistir al Torneo Oscuro. Detrás de él, Kuwabara refunfuñaba su mala suerte, pero no protestaron más.

Agradecida, Botan les sonrió levemente, intentando animarlos.

- Quizás la próxima misión sea más interesante que asistir a ese torneo - dijo con una risita, indicándoles dónde estaba el portal que había nombrado. Ese pasaje los llevaría al Reikai, donde Koenma, el hijo del Rey de la Muerte, los esperaba impaciente.

***

- Ahhh... - suspiró Shingo. Estaba echado de espadas sobre el pasto, agotado. Su cuerpo le dolía debido a los golpes de Kyo, pero estaba ligeramente satisfecho porque en dos o tres ocasiones Kyo le había dicho un cumplido con respecto a cómo había mejorado desde la última vez que practicaron. Ahora, Shingo sentía que no tenía fuerzas ni para moverse, pero estaba contento.

- Oi {oye} - Kyo apareció frente a él, con un par de latas de refresco helado en su mano. Le lanzó una, que Shingo abrió y bebió con avidez.

Luego de un momento de silencio, Shingo preguntó:

- ¿Cree que Yagami se presente este año también?

- Su nombre está entre los participantes - respondió Kyo en voz baja, sus ojos oscureciéndose y su ceño frunciéndose al referirse a su enemigo de toda la vida.

Shingo comentó algo más pero Kyo no lo escuchaba. Pensaba en Iori Yagami, en su mirada oscura y maligna, en sus ardientes llamas púrpura. Un dolor en su pecho lo hizo dejar a un lado la lata de refresco y se sentó al lado de Shingo.

La primera vez que vio a Yagami en el torneo lo había considerado un reto, pero conforme avanzaba el tiempo se dio cuenta que Yagami arrastraba un gran rencor hacia él, sólo por ser descendiente de los Kusanagi, el clan rival de los Yagami. Esa rivalidad... había empezado hacía mucho tiempo... ¡siglos! Y Kyo no consideraba que pudiese seguir existiendo, después de todo, a él no le importaba. Pero al parecer a Yagami sí, y era la razón por la que peleaba: matar a Kyo.

Recordó una vez que debieron pelear juntos contra un enemigo común. Se había sentido muy bien peleando al lado de Iori, pero una vez vencido, Yagami volvió a su mentalidad de siempre, vengativo, sediento de sangre Kusanagi.

Este año sería lo mismo, pensó Kyo amargamente. Ojalá algo pudiera hacer que esa antigua rivalidad terminara.

- ...estoy seguro que lo vencerá... Kusanagi-san - terminó de decir Shingo, con toda su fe puesta en su adorado maestro.

***

*Notas YYH
- Para los que no lo saben, Reikai es el mundo donde van las almas de los muertos a ser juzgados ante Enma Daiou-sama (deben conocerlo, porque sale también en Dragon Ball Z). En YYH, Enma-sama tiene un hijo: Koenma, y podría decirse que el Urameshi Team 'trabaja' para él.


 

Capítulo 4: Desilusión

El taxi estaba rodeado de gente y Shiori tenía una expresión asustada en el rostro. Hiei se había visto obligado a cerrar la ventana, amenazado por las decenas de manos que pugnaban por entrar y tocarlo, o tocar a Iori Yagami que observaba todo enfurecido.

En un primer impulso Hiei había querido salir por la ventana y deshacerse de toda aquella gente insoportable, pero se había visto sujetado fuertemente por Kurama.

- Nan da, kitsune no baka?! {¡¿Qué haces, estúpido zorro?!} - le había dicho observándolo fríamente.

- No puedes dañar a esa gente - le había explicado Kurama calmadamente mientras cerraba la ventana -. Son sólo chicas...

- ¿Y qué? Van a dar vuelta este vehículo si no hacemos nada.

Así era. Como una multitud durante una marcha violenta, las muchachas estaban haciendo que el taxi se balanceara peligrosamente mientras gritaban el nombre de Iori y le exigían que saliera.

Niñas, muchachas, jovencitas... Todas las edades y todo tipo de rostros encendidos de excitación y emoción al tener a un ídolo tan cerca.

Iori las observaba indiferente.

- K'so... - oyó decir Iori en el asiento de atrás. Se trataba del sujeto pequeño, el de erizado cabello negro al que el pelirrojo llamaba Hiei. Iori sonrió con maldad. ¿Estaban asustados? Por el espejo retrovisor notó que el rostro de la mujer estaba pálido y sus ojos miraban nerviosos al exterior. El muchacho pelirrojo también observaba a la multitud, pero su rostro no expresaba nada, sus grandes ojos verdes estaban confiados, tranquilos.

Iori se echó a reír. Que situación tan ridícula, atrapado dentro de un automóvil rodeado por sus fans.

- ¿Qué es lo gracioso? - oyó decir a Hiei, su voz era profunda.

- Nada... - respondió sin volverse, aun sacudiéndose de risa -. Ja~ {Adiós}

Con eso, el alto pelirrojo abrió la puerta del vehículo, empujando con fuerza a las chicas de afuera que cayeron sobre el asfalto y la vereda lanzando gritos de sorpresa.

Kurama, Hiei y Shiori lo observaron abrirse paso entre la multitud con una facilidad abrumadora. Pronto Iori desapareció tras las puertas del hotel cercano y el conductor del taxi maldijo en voz baja:

- Ese tipo parecía un loco - comentó encendiendo el vehículo, que ahora estaba libre, y aceleró por la avenida.

Kurama oyó que su madre suspiraba de alivio y pronto los colores le volvieron al rostro. Hiei parecía furioso y no dijo palabra hasta que llegaron a la casa. Kurama y Shiori estaban en la puerta cuando él desapareció en lo alto del árbol.

- ¿Y Hiei-chan? - preguntó Shiori repentinamente al notar que ya no estaba tras ellos.

Kurama sonrió.

- Ya sabes cómo es él - dijo suavemente, aunque no estaba seguro de que Shiori realmente 'supiera' algo de Hiei -. Voy a subir tu maleta, la dejaré en la habitación - le dijo luego mientras Shiori entraba a la cocina.

Rápidamente subió las escaleras, dejó el equipaje en la habitación de su madre y corrió a abrirle la ventana a Hiei para que entrara. Para su sorpresa, Hiei ya estaba adentro, vistiendo de nuevo su manto negro y asegurando su espada en el cinturón. La ropa que le había prestado estaba desordenada sobre la cama.

- ¿Hiei? - preguntó mientras recogía la ropa y comenzaba a doblarla.

- Ya es hora, debemos presentarnos en el Reikai - le cortó Hiei súbitamente.

- ¿Qué dices?

- Koenma nos necesita, me dijo que te avisara. Ya es hora - dijo Hiei observándolo a los ojos -. ¿Qué te pasa? - preguntó a continuación, secamente, porque Kurama tenía una extraña expresión en sus brillantes ojos verdes.

- No... no es nada - murmuró Kurama apartando la mirada lentamente -. ¿Estuviste con Koenma antes de venir aquí? - quiso saber.

Hiei empezaba a salir por la ventana.

- Él me envió aquí - dijo y desapareció en las sombras del exterior.

Se había hecho tarde, después del rodeo que debió hacer el taxi para llegar al hotel donde se hospedaba el misterioso joven Yagami. Las estrellas ya comenzaban a brillar, y el resplandor del sol poniente teñía el cielo lejano con tonos que brillaban anaranjados e iban oscureciéndose para dejar paso al manto negro de la noche.

Koenma los llamaba una vez más. ¿Qué sería esta vez? ¿Atrapara a un youkai que quería conquistar el Ningenkai? ¿Participar en otro torneo?

- 'Kaasan, voy a salir un momento - dijo asomándose en la cocina.

Shiori le dirigió una mirada muy cálida. Estaba feliz de haber vuelto del viaje y ver a su hijo de nuevo.

- No te tardes, Shuu-chan - le dijo cariñosamente.

Kurama sonrió y salió.

***

Iori Yagami recogió las llaves de su habitación en el recibidor del hotel y se dirigió al ascensor. En su mano derecha llevaba su único equipaje. Afortunadamente no había tenido que llevarlo consigo, parte del servicio contratado por los organizadores del torneo consistía en darles las máximas comodidades, y una de ellas era el traslado del equipaje directamente al hotel. Era irónico que su equipaje hubiera viajado más cómodo que él.

Todas las personas estaban bastante agitadas, notó. La multitud gritando afuera no le daba un descanso a los guardias de seguridad. Además, parte de los que se hospedaban en el hotel y no podían ser mantenidos en el exterior también molestaban a los participantes del torneo que iban llegando.

Una muchacha se le acercó mientras esperaba el ascensor.

- Yagami-san - llamó con una voz melosa y sensual -. ¿Me da su autógrafo? - rogó entregándole una libretita con varias otras firmas.

"Kusanagi Kyo", decía la página opuesta a la que le mostraba. Iori frunció el ceño y gruñó:

- Desaparece de mi vista.

La muchacha, ofendida, se fue lanzando maldiciones contra los peleadores insolentes que no sabían hacer nada excepto golpearse salvajemente, pero él no la escuchaba. Pensaba en Kyo, y en todas las placenteras formas en que podría vencerlo durante ese torneo. ¿Cuántos golpes podía darle a ese maldito antes de que acabara el tiempo de la pelea? Había pasado un año desde el último torneo y una vez más sentía el fuego ardiendo en su interior. Un fuego que se había encendido durante su niñez, cuando sus padres y maestros le repetían que el objetivo de su vida debía ser destruir al clan Kusanagi. Entrena para vencer a los Kusanagi, estudia para vencer a los Kusanagi; sacrifica tu vida, tu futuro, tu destino, para derrotar y acabar con el maldito clan Kusanagi.

Ódialos, mátalos... esas palabras se repetían una y otra vez en su mente durante las solitarias y tranquilas noches en su departamento. Ya había dejado de preguntarse por qué debía hacerlo, ya no dudaba, sólo sentía odio hacia el nombre de los Kusanagi, y deseaba poder humillar frente a todo el mundo al orgulloso último descendiente: Kyo.

Sin darse cuenta se encontró recordando una ocasión, cuando aun era un niño, en que intentó rebelarse contra su maestro:

- Esto es una locura - había reclamado el pequeño Iori -, no conozco a ese tal Kyo, no sé quién es, ¡no me interesa! ¿Matarlo? ¡No quiero basar mi vida en eso! ¿Y por qué no es mi padre el que lo mata? ¿Por qué tengo que ser yo?

Los recuerdos terminaban ahí, porque después de esas palabras había pasado tres días inconsciente debido al castigo que recibió. Su cuerpo estaba malherido y muchos de sus huesos rotos. Sus labios sangraban a causa de los golpes y la falta de agua. Nadie lo iba a ayudar hasta que pudiera ponerse de pie solo. Fue una larga semana, con el dolor y el silencio como compañía. Y lentamente... el odio nació dentro de él... como una rebelde llamita que no se apagaría... ni aunque lágrimas y sangre cayeran sobre ella.

Perdido en sus pensamientos, no notó cuando las puertas del ascensor se abrieron suavemente. De súbito se encontró mirando en los oscuros ojos de Kyo Kusanagi.

Ambos se sobresaltaron al verse tan repentina e inesperadamente, pero fue Kyo (o eso pensó Iori) el que se veía algo asustado, el que retrocedió un paso hasta dar contra el fondo del ascensor. Sin embargo, casi al instante ambas miradas sorprendidas se oscurecieron con odio y rivalidad. Iori dejó que una sonrisa mordaz se formara en sus labios mientras las puertas del ascensor se cerraban nuevamente.

Durante el torneo... se dijo. Se haría cargo de él durante el torneo...

***

Dentro del ascensor, Kyo se pasó una mano por el cabello. Que buena forma de empezar la noche, encontrándose frente a frente, y desprevenido, con Iori Yagami.

A pesar de haber estado pensando en él toda la tarde, mientras observaba a Shingo practicar su famosa patada en el parque, no podía evitar sentir ese ardor en su interior cada vez que observaba esa mirada oscura y maligna cargada de odio, media oculta bajo largos mechones de cabello granate.

Sus pensamientos sobre Iori no habían sido necesariamente belicosos. Sólo había estado preguntándose si habría una forma, alguna manera extraña y remota, de olvidar la rivalidad entre su clanes y poner fin a esa maldita relación que tenía con Yagami. No significaba que quería terminar siendo su amigo, pero al menos deseaba dejar de ser su enemigo. ¿Era eso posible? Esa pregunta la había repetido decenas de veces, haciendo caso omiso a las palabras que Shingo le dirigía de vez en cuando, hasta que el muchacho optó por practicar en silencio... o casi, porque no podía evitar gritar: "¡Shingo Kiiick!" cada vez que se elevaba en el aire para lanzar su patada.

"Quizás si me dejara vencer...", había llegado a pensar Kyo antes de darse cuenta que esa no era la cuestión. Aparte de ser vencido, tendría que dejarse matar si quería dejar satisfecho al vengativo descendiente de los Yagami.

Kyo se dio cuenta que se encontraba en el piso donde estaba su habitación y empezó a caminar por el pasillo esperando no perderse. No fue necesario que se preocupara porque al instante una puerta se abrió y un rostro conocido se asomó, furioso.

- ¡¿Dónde demonios has estado toda la tarde, Kyo?! - exigió saber Benimaru -. ¡¡Pensábamos que te habías ido con todas esas preciosas chicas y que no te aparecerías en toda la noche!!

- Konban wa {buenas noches}, Benimaru-san - saludó Kyo sarcásticamente pasando frente a Benimaru sin prestar atención a sus reclamos.

- Yarou... {maldito} - murmuró el joven rubio perdiendo la paciencia -. ¡Contéstame!

Kyo se encogió de hombros. Se había sacado la chaqueta negra de su uniforme y la dejó sobre una silla, luego se dejó caer en la cama, suspirando mientras miraba el techo.

- Es una ciudad nueva e interesante, fui a dar una vuelta - respondió.

- ¿Con quién? - quiso saber Benimaru, calmándose un poco y sentándose en la cama contigua.

- Yabuki - fue la respuesta. Ante esto Benimaru Nikkaido no pudo evitar reír.

- ¿Él? - repitió -. ¿De entre todas las fans que hay en este hotel tenías que escogerlo a él?

- OI! {¡OYE!} - exclamó Kyo en voz alta -. ¡Shingo me parece mucha mejor compañía que una chica tonta dispuesta a hacer todo lo que yo diga!

- ¿Uh? - murmuró Benimaru.

Kyo notó hacia dónde se estaban yendo los pensamientos del rubio.

- ¡OI, ¿QUÉ ESTÁS PENSANDO?! No me refería a ESE tipo de preferencia, ¡BAKA!

***

Shingo estornudó.

Levantando la mirada se preguntó si alguien estaría hablando de él. Ah, bueno, si lo estaban haciendo ojalá fuera algo bueno. Rió. Quizás era Kusanagi-san alabando los avances que había visto esa tarde.

Rió de nuevo. Eso era esperar demasiado.

Volviendo a lo que estaba haciendo, Shingo sacó de su bolso deportivo un tubo cuidadosamente protegido por cartón. De ahí sacó lo que parecía ser un póster y, tomando algo de cinta adhesiva del cajón del escritorio, procedió a pegar el póster en la pared, a un costado de la cama.

Cuando terminó se quedó admirando el póster arrodillado sobre el colchón. Era un afiche antiguo del torneo The King of Fighters. Le había costado un mundo conseguirlo, y era uno de sus tesoros más preciados... ¿por qué? Porque en una esquina, perdida entre los colores oscuros del póster, estaba la firma de... ¿quién más? Kusanagi Kyo.

Shingo había obtenido ese póster de un compañero de colegio, que se lo vendió a un precio considerable, y SIN la firma. Pero era una edición limitada, claro... En él salía Kyo apoyado indolentemente en una pared amarillenta, y Iori Yagami sentado un poco más adelante, con un cigarrillo encendido entre los dedos. Ambos se veían incómodos, como si desearan que esa sesión de fotografías promocionales terminaran pronto para poder alejarse y no verse más. Pero a pesar de sus expresiones, el póster era bonito.

Conseguir el autógrafo sí había sido toda una odisea. Shingo recordó haber estado mezclado entre las multitudes que esperaban por los luchadores en el aeropuerto, afuera de los hoteles, y al final de los encuentros. En ese tiempo el torneo no era tan popular entre las chicas, y la mayor parte de la multitud estaba conformada por muchachos. En otras palabras: nada de gritos histéricos ni llantos desesperados.

Muchas ocasiones pasaron antes de que Shingo tuviera la más mínima oportunidad de ver a Kyo Kusanagi de cerca, y la vez que lo tuvo al frente, fue como si perdiera control de su cuerpo. Como si su cuerpo quisiese lanzarse al suelo y arrodillarse frente al ídolo.

Mudo e inmóvil, no se dio cuenta que estaba en medio del camino por el que los luchadores se retiraban.

- Apártate, muchacho - oyó que decía Kyo mientras lo hacía a un lado para poder pasar.

- Uh... su... me da su... autógrafo... - fue todo lo que pudo decir mientras le entregaba el póster y un plumón.

Que horrible fue el momento en que Kyo lo observó con una sonrisa que le pareció burlona y siguió de largo, sin detenerse siquiera.

Se había sentido tan mal... Todo ese tiempo había imaginado que Kyo sería amable con él, que le daría el autógrafo con gusto... Pero nada. Nada, ni una palabra, ¡nada!

Toda la multitud parecía observarlo riendo. Era una situación bastante ridícula. Bueno, como no podía ser peor, Shingo corrió hacia el equipo de Kyo, que ya se retiraba, y se interpuso en el camino de nuevo.

- ¿Qué pretendes? - gruñó Kyo al darse cuenta que no los iba a dejar pasar.

Shingo sonrió abiertamente, sin miedo esta vez.

- Su autógrafo - insistió.

- ¿Acaso no entiendes...? - exclamó Kyo. Estaba cubierto de sudor y su aspecto no era el mejor. Quizás sólo quería ir a descansar un rato, pero Shingo no le tuvo clemencia.

- Le saldrá más rápido si me da su autógrafo ahora - sonrió -. Puedo ser bastante insistente, ¡terriblemente insistente!

Viéndose en desventaja, y además, cansado, Kyo sujetó el plumón de mala gana y firmó sin muchos ánimos, devolviéndole el póster y plumón al muchacho para alejarse lo más pronto posible.

- Arigatou! - había agradecido Shingo, satisfecho.

- ¿Aún guardas esa cosa? - preguntó una voz a su espalda.

Volviéndose bruscamente, Shingo se encontró con que Kyo estaba de pie detrás de él. La puerta de la habitación estaba abierta.

- ¡Ah, Kusanagi-san! - dijo estúpidamente porque no se le ocurrió qué más decir.

Kyo examinaba el póster, tenía las manos en los bolsillos y no vestía su chaqueta negra, ni el chaleco que era parte del uniforme, sólo su camiseta blanca y pantalones.

- Deberías botarlo, está viejo - comentó.

- ¡Nonono! - exclamó Shingo -. ¿Después de todo lo que tuve que pasar para conseguirlo?

Kyo se volvió hacia su alumno con el ceño fruncido. Shingo sudó una enorme gota ante la mirada helada que recibió. "Oh-nooooo-Kusanagi-san-se-ha-molestado-conmigoooooo" gritó su mente.

- Ahora me tienes a mí, ¿para qué guardas ese póster? - fue lo que murmuró Kyo dulcemente.

Benimaru, en la habitación de al lado, escuchó un fuerte golpe, algo así como un "¡¡PONK!!".

Kyo se sentó en la cama muerto de risa. Shingo estaba de espaldas sobre el suelo, paralizado.

Realmente, pensó Kyo, debía dejar de juntarse tanto con Benimaru. Le estaba contagiando su forma de pensar.

***

- Entonces, ¿para qué te envió Koenma? - preguntó Kurama mientras él y Hiei se dirigían al Reikai.

Hiei lo miró un momento y después contestó:

- Avisarte de la reunión, y vigilar al poseedor del gran poder que se acercaba.

- Te refieres a...

- Iori Yagami - terminó Hiei.

Hubo un momento de silencio antes de que Kurama preguntara de nuevo.

- ¿Por eso fuiste al aeropuerto? ¿Para vigilarlo?

El pequeño youkai pareció extrañado.

- Claro - respondió -. ¿Por qué más?

Kurama sentía un dolor en el pecho, no podía evitarlo. ¡Qué ingenuo había sido! Imaginar que Hiei venía al Ningenkai para verlo a él... Y... ¡haber pensado que iba al aeropuerto a acompañarlo! No pudo evitar reír amargamente en su interior. Hiei sólo cumplía una orden de Koenma. Si no fuera por el príncipe de la Muerte Hiei ni se hubiera tomado la molestia de visitarlo, a pesar del tiempo que había pasado desde la última vez que lo vio.

Suspiró. Hiei no era el tipo de youkai que podía llegar a ser su amigo. Quizás lo quería, y confiaba en él, pero a Hiei eso no le interesaba. Su vida estaba demasiado llena de sangre, muertes y peleas como para admitir un poco de amistad, un poco de... amor...

- Ya casi llegamos - comentó Kurama ligeramente con una sonrisa, ocultando todo lo que sentía en su interior.

Hiei sólo asintió.

Frente a ellos, un enorme palacio se alzaba. El palacio de Enma Daiou-sama.

***


 

Capítulo 5: Saga Orochi

Yuusuke estaba de pie frente al escritorio donde se sentaba un silencioso Koenma. El príncipe de la muerte tenía forma de niño, vestía un traje oriental celeste y un enorme sombrero celeste también. Para completar el cuadro, en su boquita tenía un pequeño chupón.

A pesar de su aparente cortedad, los ojos de Koenma expresaban una gran preocupación. Las delgadas cejas estaban fruncidas, y su frente se cubría de sudor.

El continuo ir y venir del impaciente Yuusuke tampoco ayudaba. Y los continuos bostezos de un aburrido Kuwabara estaban a punto de sacarlo de quicio.

- ¿Por qué no puedes adelantarnos algo, Koenma? - preguntó Yuusuke deteniéndose y observándolo.

- No puedo, hasta que Kurama y Hiei hayan llegado - fue la respuesta del pequeño por detrás del chupón de su boca -. Hiei podría tener información valiosa sobre este problema, no quiero llegar a conclusiones todavía.

Yuusuke dejó escapar un suspiro de impaciencia mientras empezaba a caminar de un lado a otro de nuevo. ¿Qué podía ser? ¿Qué podía preocupar tanto a Koenma?

En eso dos golpes en la puerta se oyeron y un oni se asomó.

- Koenma-sama, Kurama y Hiei han llegado.

La puerta se terminó de abrir y el muchacho pelirrojo entró, seguido por el silencioso youkai.

- Konban wa, minna {buenas noches} - saludó Kurama con una sonrisa, siempre educado, pero en seguida se puso serio al notar la expresión del rostro de Koenma que, viéndolos a todos reunidos, encendió la pantalla que tenía en una de las paredes de su oficina y les indicó que observaran. Antes de comenzar a hablar, preguntó, dirigiéndose a Hiei:

- ¿Fueron nuestras sospechas confirmadas?

- Sí - asintió Hiei observando la pantalla indiferente.

- Qué problema... - murmuró el pequeño Koenma negando con la cabeza.

En la pantalla se sucedieron diversas imágenes bastante familiares para los cuatro Reikai Tantei. Público, anuncios, comentaristas, peleadores. Pero no se trataba de ningún torneo en el que ellos habían participado, sino uno completamente desconocido.

- El Torneo The King of Fighters empezó hace ya varios años - comenzó a explicar Koenma -. Al principio no era nada más que un torneo local en una ciudad llamada Southtown donde se enfrentaban peleadores para probar sus fuerzas. Tenían poderes que superaban los convencionales, pero nada más.

El equipo Urameshi observó una secuencia de rostros familiares pasar rápidamente ante ellos: Dos jóvenes americanos de largo cabello rubio y facciones algo delicadas, algunas mujeres hermosas de grandes... uh... ojos  y largos cabellos. Había todo tipo de razas de ningen ahí, americanos, japoneses, coreanos... Pero Koenma tenía razón, no se veían muy amenazantes.

- Sin embargo - continuó Koenma -, a medida que avanzaba el tiempo aparecieron dos muchachos con la extraña habilidad de controlar el fuego a voluntad. Así como Kuwabara y Yuusuke son capaces de controlar su energía espiritual, los ancestros de esos muchachos siempre habían recibido el fuego como herencia.

- ¿Y eso qué tiene de especial? - se oyó la despectiva voz de Hiei.

Koenma lo observó comprendiendo por qué el pequeño youkai no se asombraba al escuchar que alguien podía controlar las llamas. Después de todo, el mismo Hiei era un youkai de fuego, y controlaba el peligroso fuego negro del Makai con pasmosa facilidad.

- Es un ningen, Hiei - explicó Koenma -. Sabes que el fuego les hace más daño que a los youkai. Sin embargo, eso no es lo que nos importa ahora, esto va más allá.

Más imágenes aparecieron, mostrando el rostro de un jovencito de largo cabello castaño y una cinta blanca en la frente junto con otro joven de cabello granate y mirada maligna, Yuusuke no pudo evitar una exclamación. Se volvió hacia los otros y sus miradas se encontraron.

- Kyo Kusanagi... - murmuró Yuusuke.

- Iori Yagami... - dijo Kurama.

Koenma asintió.

- En estos últimos años, lo que parecía un simple torneo, se convirtió en un hecho que salvó de la destrucción al Ningenkai. Desde siempre, en el Mundo de los Humanos, han existido fuerzas ocultas y poderosas, selladas gracias a antiguas batallas, pero con el tiempo estos sellos tienden a romperse y las fuerzas malignas son liberadas. Pero al salir de este eterno letargo, esas fuerzas necesitan energía para volver a surgir con todo su poder... Ustedes saben que en el Ningenkai hay pocos lugares donde uno puede conseguir altos niveles de energía... usualmente se obtiene de los humanos que tienen algún tipo de don espiritual - en ese momento Koenma observó a Kuwabara y Yuusuke, que comprendieron. - La fuerza que intentaba liberarse envió mensajeros al King of Fighters para que se encargaran de generar la suficiente energía para su 'resurrección'.

>> El ser detrás de esa fuerza, Orochi, había sido sellado más de mil años atrás por dos poderosos clanes ningen: Kusanagi y Yagami. Pero con el pasar de los siglos, la rivalidad entre estos dos clanes llevó a los Yagami a firmar un pacto con el poder de Orochi. Le ofrecían sus vidas, a cambio de obtener más poder. A partir de entonces estos dos clanes dejaron de ser simples rivales, para convertirse en enemigos a muerte.

>> Cuando Orochi comenzó a despertar en este siglo, el pacto de sangre entre él y la familia Yagami se hizo presente en el joven Iori, que enloqueció convirtiéndose por momentos en casi... un monstruo. Un monstruo muy poderoso, por cierto. Pero afortunadamente pudo ser detenido a tiempo, por los otros participantes del torneo. Se dieron varios otros casos de ningen con sangre Orochi enloqueciendo... pero durante un año nada grave sucedió...

>> Fue en el siguiente torneo que el gran poder de Orochi se manifestó completamente. Kyo Kusanagi peleó contra él, en vano. A pesar de todo sus técnicas y su dominio sobre las llamas se incrementaron considerablemente, y durante su pelea contra Orochi todo el Reikai pudo sentir el temblor que producía semejante energía.

Era como si pudieran sentirlo, el temblor. En la pantalla todo era fuego y sangre... Explosiones de energía. Kyo Kusanagi ya no parecía humano, parecía haberse vuelto uno con las llamas amarillas y escarlata que lo envolvían. Yuusuke no podía creer que el joven que había conocido en el parque era el mismo del que estaba hablando Koenma.

- En todo caso, todos sus esfuerzos fueron en vano - repitió Koenma después de que todos vieron como Kyo caía al suelo una vez más y ya no se levantaba -. Y en ese momento apareció el descendiente de los Yagami. Todos, incluyendo el Reikai, dieron por perdido a Kusanagi. ¿Qué iba a poder hacer ese muchacho contra Orochi y su servidor Yagami? Pero, sorpresivamente, Yagami se puso de lado de Kusanagi y, juntos, lucharon contra Orochi que desesperadamente intentó controlar al Yagami a través de su lazo de sangre. No funcionó.

>>Los dos jóvenes comenzaron a mostrar poderes que por momentos superaban los de un youkai clase S...

- Nani? {¿Qué?} - exclamó Yuusuke. ¿Humanos superando el poder de la clase S? ¿Era eso posible?

- Por momentos - repitió Koenma como aclaración -. Y cada vez que ellos llegaban a ese nivel, los límites entre los mundos se estremecían.

- ¿Cómo es posible eso? - preguntó Kuwabara formulando la pregunta que flotaba en la mente de todos.

Las imágenes mostraron a un Kyo envuelto en llamas escarlata, y a Iori ardiendo en llamas púrpura que se entrelazaban por momentos, brillando intensamente, representado el poder de ambos clanes rivales unidos contra un enemigo común. Pero a pesar de todo no parecía que *ese* poder fuera capaz de amenazar los límites de los mundos.

- Cuando un youkai clase S en el Makai utiliza todo su poder, el Ningenkai no lo percibe, porque, desde el lado del Makai los límites están hechos de energía oscura, miles de veces más poderosa que la energía humana. Sin embargo, cuando hay demasiado poder en el Ningenkai, los límites no lo soportan, tiemblan, se quiebran. El Reikai teme que durante esos momentos algunos youkai aprovechen para entrar al Ningenkai. Quiero que ustedes vigilen que eso no suceda.

Bien, eso era. La misión que Koenma les encomendaba esa vez.

- Pero Koenma - dijo Kurama pensativamente -, Kyo Kusanagi y Iori Yagami llegaron a esos niveles de poder al luchar contra un enemigo, una amenaza común. Esta vez no tienen razón para utilizar toda su energía, después de todo, el enemigo fue vencido, y el torneo vuelve a la normalidad.

Yuusuke se sacudió con una risa de alivio.

- Kurama tiene razón, te preocupas por nada, Koenma.

Pero el pequeño no se veía tan confiado.

- ¿Se han preguntado qué sucederá si Kusanagi y Yagami se enfrentan? Ellos poseen el poder. Y a niveles iguales, están conscientes de ello. Basta con que uno de ellos haga una provocación para que empiecen a dar todo de sí... y es en ese momento que ustedes deben estar alerta.

- Sería más fácil si habláramos con ellos y les pidiéramos que no usen su poder al máximo... - comentó Kuwabara no muy seguro de lo que decía -. Ellos han luchado contra lo que nosotros podríamos llamar "youkai" y nos creerían, ¿qué piensan ustedes?

Koenma negó con la cabeza lentamente.

- Enviamos a un representante a hablar con los que organizan el torneo, les pedimos por favor que no participara ninguno de los dos jóvenes... Pero se negaron. Cuestión de marketing, dijeron. Si esos dos chicos no están, la popularidad del torneo decaería.

- Estúpidos ningen - gruñó Hiei -. Siempre pensando en el dinero.

- Y... Yagami está tan decidido a acabar con Kusanagi que no escuchará razones, participar en ese torneo es como un reto a un duelo a muerte, ambos lo saben y lo aceptan. Su orgullo no les permitirá dejar de asistir al torneo.

La expresión de Yuusuke era seria ahora. Asintió. Al menos esta vez no se trataba de pelear contra un poderoso youkai, pero de todos modos no podía evitar preguntarse cómo harían para evitar que una fisura entre el Makai y el Ningenkai se abriera.

- Por cierto, tomen esto - dijo Koenma entregándoles unos sobres blancos -. Son las entradas a todos los eventos, y pasajes de avión para asistir a los enfrentamientos que se darán en el extranjero.

Kurama y Hiei recibieron las suyas en silencio, pero Yuusuke y Kuwabara hacían ruidos extraños, como si quisieran reprimir una carcajada.

- Urame... shi... estas son... <ja jajaja...>

- Las... <ja ja ja> malditas entradas... Las entra<jajaja>das...

Koenma sudó una gotita. ¿Qué les pasaba a esos dos?

***

En el Ningenkai era de noche. Madrugada, quizás, en la oscuridad de la habitación del hotel era imposible decirlo.

A tientas buscó su reloj pero no consiguió encontrarlo, optó por buscar el interruptor de la lámpara del velador, en vano también. Finalmente, con un gruñido, una silenciosa llama púrpura se encendió en la palma de su mano y envió su débil resplandor a todos los rincones de la habitación.

Con su otra mano, Iori Yagami tiró de las cortinas que cubrían las ventanas y dejó que la luz nocturna de la ciudad acariciara su torso desnudo y su rostro cubierto por desordenados mechones de cabello oscuro. Iba a apagar la llamita cuando de pronto una punzada en el pecho lo hizo inclinarse hacia adelante, jadeando.

- Kuso {mierda} - gruñó mientras sentía que la sangre subía a su boca, tibia y salada -. K'so! - repitió de nuevo al notar que el dolor no cedía. Era extraño, pensó, había vivido tantos años sin prestarle atención al dolor y ahora repentinamente una punzada lo inmovilizaba. El sabor de la sangre era tan familiar, y ese extraño dolor en el pecho... No lo sentía desde que era niño y aprendía el dominio de las llamas que incluía el estilo Magatama. De niño, el fuego significaba dolor, pero el fuego era parte de su vida, estaba en su sangre. Por siempre...

El fuego... Iori levantó una mano y encendió el fuego, ardiente y reconfortante, para calmar el incómodo dolor de su pecho, sin embargo eso fue peor. Empezó a toser sangre y después de un rato cayó rendido sobre su costado.

"Estás herido..." dijo una voz infantil en su cabeza, un niño que tiraba de él hacia la oscuridad para ayudarlo.

- Kuru na {Aléjate} - gruñó Iori cerrando fuertemente los ojos.

"Pero estás herido..." insistió la voz, a pesar de su timbre infantil, la preocupación estaba presente. Comparada con las voces de sus maestros y la de su padre, la de ese niño era suave como la de una mujer.

- ¡¡Dije que te fueras!! - rugió Iori y sonrió satisfecho cuando en su mente vio que los ojos castaños del pequeño se llenaban de lágrimas de miedo.

Ahora, de nuevo estaba solo, en la semioscuridad de su habitación, manchado con su propia sangre. Solo con el dolor, como siempre había estado.

Recordó aquella vez, cuando casi enloqueció debido a su sangre Orochi. El dolor había sido similar, como si algo le desgarrara el pecho. ¿Acaso podía ser eso de nuevo? ¿El Riot of Blood? Pero Orochi había sido vencido... ¡ya nadie tenía control sobre él!

Como un eco recordó los rumores que había escuchado una ocasión entre sus maestros sobre su sangre y una maldición que pesaba sobre el clan Yagami. A pesar de que Orochi había sido sellado una vez más, el pacto de la sangre seguía vigente... Debido a ese pacto de hacía siglos, la vida de los Yagami se acortaba de manera significante... Sus maestros nunca dijeron cuánto exactamente pero durante mucho tiempo Iori se había preguntado si moriría debido a la maldición en su sangre o en manos de Kyo Kusanagi.

¿Podía ser eso? ¿El momento de su muerte?

"No", se dijo. "No antes de que venza a Kyo."

Iori cerró los ojos, el dolor en su pecho era como una llama que se enciende y es imposible mantener bajo control, ardiendo, subiendo por su pecho y su cuello, extendiéndose por sus brazos a la punta de los dedos, para finalmente estallar brotando de todo su cuerpo. Llamas violeta, blancas, púrpura... Y luego el frío, cuando el calor y el dolor desaparecían, dejándolo solo...

Unas pequeñas manos frías se posaron en su espalda desnuda.

"Pero no estás solo... Quiero ayudarte..." dijo la voz y esta vez su cuerpo estaba demasiado cansado de todo como para apartarlo. "No quiero que te hagan daño de nuevo... ¡No se los permitiré...!"

***

Kyo despertó sobresaltado.

La luz de la luna le daba en el rostro y durante un momento fue peor que despertar en la mañana con el sol en los ojos.

Tsuki wo miru tabi omoi dase... Recuérdame cada vez que veas la luna... Iori, la luna plateada...

- Yagami no yarou {Maldito Yagami} - gruñó Kyo dejándose caer sobre las almohadas de nuevo -. No me dejas ni dormir tranquilo.

Como le era imposible volver a recuperar su sueño, Kyo se levantó de mala gana y dio una vuelta por la habitación. En la cama contigua dormía Benimaru, apaciblemente, y Kyo no pudo dejar de mirarlo con algo de envidia. La habitación tenía una pequeña puerta que daba al baño, y del otro lado había otro dormitorio, donde Goro, el peleador de Judo del Hero Team, dormía solo. Lejos de los jóvenes que podían quedarse hasta demasiado tarde conversando tonterías juveniles.

Echándose su camiseta blanca sobre el hombro, Kyo caminó hacia la puerta para salir. Al abrirla, notó que el pasillo se veía exactamente igual como si fuera de día: luces encendidas, de vez en cuando gente saliendo de las habitaciones, sin sueño, riendo.

Un sonido apagado llamó su atención. Frente a él ahora el pasillo estaba vacío. Kyo sabía que todas las puertas que daban a ese pasadizo eran de las habitaciones de los participantes del King of Fighters y supuso que ese sonido debía ser el de alguien haciendo una práctica nocturna... ¿o debía decir matutina?

Sin embargo tenía un extraño presentimiento, como si el sonido lo estuviera llamando.

Descuidadamente pasó frente a cada puerta, sin detenerse, pero con los sentidos alerta para saber qué estaba sucediendo adentro.

En una puerta oyó los tranquilos ronquidos de alguien, en otra, el sonido de la televisión encendida y dos jóvenes discutiendo (con voces bastante agudas) sobre qué canal debían poner. Finalmente, Kyo oyó claramente un sonido apagado: definitivamente golpes.

No debía estar haciendo eso, lo sabía, pero no tenía nada en qué entretenerse así que, furtivamente, entreabrió la puerta de la habitación que tenía enfrente y echó una mirada.

Se sorprendió al ver la cama hecha una hoguera de llamas púrpura. Lo primero que se le vino a la mente fue que Yagami habían entrado y peleado con alguien hasta encenderle fuego, y lo había dejado en la cama para que muriera, pero pronto se dio cuenta que en medio de aquellas llamas se encontraba una silueta que conocía muy bien.

- Yagami... - musitó para sí, e iba a cerrar la puerta y alejarse cuando notó que el puño izquierdo de Iori estaba sujetando su pecho, mientras que el derecho golpeaba repetidamente el colchón, haciendo volar las cenizas violeta y gris. ¿Necesitaba ayuda?

Kyo dio un paso en la habitación. Iori no parecía haber notado su presencia. En ese momento el joven se preguntó qué hacía a esa hora de la noche en la habitación de su enemigo y rival, pero al ver las sábanas ardiendo y manchadas de sangre no pudo evitar extrañarse... y muy profundamente, en alguna parte de su alma, algo le hizo decir:

- ¿Estás herido? - con un tono que no era suyo, no, esa preocupación, ese miedo, no era su voz. Quizás Iori estaba pasando por el Riot of Blood, y de ser así... Kyo se estremeció. Estaría en grandes problemas si es que Iori sucumbía al poder de Orochi otra vez.

"Pero Orochi fue atrapado...", pensó Kyo.

Ya estaba lo suficientemente cerca de Iori y podía ver la sangre que caía por sus labios, abundante. El fuego parecía estar fuera de control y Kyo hizo un movimiento con sus manos, para apagar las llamas, que se resistieron un poco y finalmente murieron. Extraño, notó Kyo, cómo las llamas violeta de Iori eran aun más rebeldes que las llamas escarlata que él era capaz de controlar. Luego, al mirar sus manos, notó que las llamas lo habían quemado ligeramente. "¿Cómo demonios...?" maldijo. Pero pronto su atención volvió a Iori.

- Oi, daijoubu ka? {¿estás bien?} - preguntó rudamente pero no recibió respuesta. Iori tenía los ojos fuertemente cerrados, su frente estaba bañada en sudor y sus manos parecían garras aferrándose a las sábanas -. Oi, Yagami - insistió Kyo una vez más. Titubeante, posó sus manos en los hombros desnudos de Iori, tirando de él para poder ver su rostro.

Una mano voló en dirección a su cuello y oyó un gruñido apagado mientras daba un salto hacia atrás para evitar el golpe..

- Kuru na {Aléjate} - era Iori, pero apenas terminó de decir eso un nuevo acceso de sangre brotó de sus labios. La consciencia de Kyo le gritaba que se fuera, que dejara a Yagami ahí, que volviera a su habitación e intentara continuar durmiendo, pero por otra parte, sentía que su mente le rogaba que se quedara, que lo ayudara. El dolor era causado por el fuego, después de todo, y en ese mundo sólo ellos dos podían comprender lo que significaba sentir ese sufrimiento.

- Yagami... - insistió Kyo una última vez en un murmullo casi imperceptible.

- ¡¡Dije que te fueras!! - fue la respuesta. Kyo se quedó ahí un momento más, con los brazos colgando en los costados, y los ojos fijos en esa persona que era su enemigo.

La explosión de llamas púrpura lo tomó por sorpresa, sobresaltándolo. Escuchó un gemido proveniente de Iori y Kyo se apresuró a apagar las llamas como había hecho antes. Esta vez le fue más difícil, pero finalmente lo consiguió.

En la semioscuridad de la habitación, Kyo recordó una escena de su niñez, en que había sucedido algo parecido, pero no podía recordarlo muy bien. ¿Tal vez era durante los años en que su padre le enseñó a dominar las llamas escarlata? ¿Durante la semana que se rebeló a su destino de vivir para enfrentar a los Yagami y huyó de casa?

- Ore-tachi no unmei wa... onaji da ze... {Nuestro destino es el mismo...} - le dijo suavemente al inconsciente Iori -. Lo sabemos y no hacemos nada, ¡nada!, para cambiarlo. No pienso perder el resto de mi vida luchando contra ti, ¿me oyes?

Pero Kyo se encontró arrodillado frente a la desordenada y ensangrentada cama de Iori. Inclinándose hacia adelante, sus manos tocaron levemente los hombros sudorosos, y su frente quedó apoyada en la espalda de Iori.

- Podemos cambiar nuestros destinos... Estoy harto de pelear contigo. - murmuró Kyo cerrando los ojos.

***

*Notas sobre YYH:
- Reikai Tantei: "Detectives Espirituales" es el nombre que reciben las personas que trabajan para el Reikai.
*Notas sobre KOF:
- Ya... después de esa terrible explicación de Koenma, y el pésimo resumen de la lucha contra Orochi, al fin tengo definido el argumento de esta historia! Y no pienso revivir a Orochi de ninguna manera, por cierto.
- Riot of Blood, el periodo durante el cual la sangre Orochi en Iori (y otros personajes) despierta.
- La popularidad del KOF decaería si Kyo o Iori no estuvieran, dijo Koenma... Lo creo firmemente... ¿Notaron la referencia al rumor de que K & I quizás no estén en el KOF 2000? Si es así... voy a odiar a SNK...
- {Agregado para la versión 1.02: No retiraron a Iori y Kyo, sólo les quitaron el protagonismo y los reemplazaron por el ínsipido K'. Cool, huh? -_-}
- Ya sé, lo correcto es escribir "e Iori" y no "y Iori", pero "e Iori" me suena TAN mal, que me niego a usarlo ^^. Cúlpenme.


Capítulo 6: Abrazando el Fuego Púrpura

Hiei se detuvo al caer suavemente sobre un poste de luz. El viento frío sacudía su manto negro, las copas de los árboles y los cables de electricidad. Abajo, en la calle semi iluminada, caminaban Kurama, Yuusuke y Kuwabara. Conversaban alegremente, como siempre, comentando detalles de esa nueva misión asignada por el Reikai. Hiei gruñó suavemente. Siempre se tomaban todo a la ligera, con esa alegría característica.

Se sobresaltó al notar que Kurama se había quedado atrás, deteniéndose para observar hacia lo alto, hacia él. Hiei notó que su mirada era extraña. Estaba así desde que le había comunicado que debían presentarse ante Koenma. Pero Hiei no comprendía por qué. ¿Acaso no se había encontrado con él cuando Kurama salía de la escuela? ¿No lo había acompañado a ese despreciable lugar repleto de ningen llamado aeropuerto? Con un dolor en el corazón, Hiei se preguntó si lo que había hecho estaba mal. Realmente, había tenido tantas ganas de pasar un rato con Kurama... Pero Kurama ahora se veía distante y extraño. Quizás... Quizás Hiei no debía haberse presentado ante él tan temprano. Quizás debería haberle avisado de la reunión y nada más, alejándose de él para ir a vigilar a Iori Yagami por sí solo.

Kurama había echado a andar de nuevo sin decir palabra, más adelante Kuwabara y Yuusuke lo esperaban con las manos en los bolsillos.

- Hn... quién lo entiende - gruñó Hiei intentando apartar la incómoda sensación en su pecho, sin lograrlo.

Saltó al siguiente poste, y luego al siguiente, manteniendo el paso del trío en la acera. El viento jugueteaba en el cabello de Kurama, y a pesar de la poca luz, desde lo alto Hiei podía ver el brillo quebrándose en cientos de sedosos hilos rojos.

Que hermosa criatura era aquella, a pesar de ser un Ningen. Un rostro andrógino que bien podía ser confundido con el de una mujer, enmarcado en abundante cabello rojo, y luciendo dos bellos ojos del color de las esmeraldas.

Kurama había sido hermoso desde siempre, recordó Hiei. La primera vez que lo vio hacía algunos años, Kurama tenía el cabello corto, pero el brillo de sus ojos era igual, sereno, a veces frío, confiado, con toques de ingenuidad.

En ese entonces lo había confundido con un enemigo, y pelearon. Se enfrentaron largo rato hasta que finalmente él había caído, no vencido, sino debilitado por una herida de alguna batalla anterior. Qué extraño se había sentido cuando el pequeño Kurama lo levantó en sus brazos y lo llevó a su casa. ¡A su hogar, dónde vivía su madre ningen! Hiei no podía dejar de sentirse extraño al recordarlo. Kurama lo había llevado a su habitación, lo había curado y dejado descansar. Ni por un momento había pasado por la mente del pelirrojo el que Hiei pudiera intentar asesinar a su madre humana, o a él mismo. Hiei sonrió al rememorar la mirada de Kurama cuando él despertó: alivio, alegría, curiosidad.

Por supuesto que Hiei no pensaba matar a la madre de Kurama, pero eso el pelirrojo no lo sabía. Sólo confiaba en Hiei. Era la primera vez en toda su vida que alguien confiaba en él y él había pensado que tal vez, de alguna forma, el pelirrojo podía llegar a ser... su amigo...

- ¡Hiei! - llamó alguien arrancándolo bruscamente de sus recuerdos. El youkai observó hacia abajo, Yuusuke gritaba a todo pulmón haciendo bocina con sus manos -. ¡Baja, vamos a entrar al hotel!

Kuwabara se había alejado en dirección a la entrada del edificio. Kurama esperaba detrás de Yuusuke con las manos en los bolsillos y observando hacia arriba.

Hiei saltó dejándose caer sin hacer un sonido al lado de Kurama que le sonrió, como siempre hacía. Él sólo apartó la mirada hacia Yuusuke, sin saber cómo reaccionar.

- ¿Qué vamos a hacer? - preguntó Hiei frunciendo el ceño y sintiendo la mirada de Kurama sobre él.

- ¿Uh...? Entrar, por supuesto. Todavía no conocemos a ese tal Yagami, y ustedes no saben quién es Kusanagi. Debemos empezar por algo, ¿ne?

- ¿A esta hora de la madrugada? - gruñó Hiei -. Pensé que los ningen estaban dormidos a esta hora.

Kurama rió suavemente. Una risa muy dulce pero a Hiei le pareció burlona, y se volvió bruscamente, dirigiéndole una mirada fría al pelirrojo.

- Por eso entraremos a esta hora, porque están dormidos - explicó Kurama cerrando dulcemente los ojos y sonriendo.

- Hum. - Hiei se apartó molesto pero una mano en su hombro lo detuvo.

- Hiei.

- Kurama... - Hiei se volvió, dispuesto a apartar esa mano intrusa pero se encontró frente a frente con los ojos verdes del hermoso pelirrojo. Sus labios se entreabrieron, mientras contenía la respiración. ¿Qué...?

- Hiei, ¿estás... molesto conmigo? - preguntó Kurama en voz baja. Hiei miró alrededor, Yuusuke y Kuwabara estaban lejos. Volvió a mirar en los profundos ojos verdes que estaban tan... demasiado cerca. Frunció el ceño, intentando retroceder un poco.

- ¿De qué hablas? - murmuró. La mano de Kurama no soltaba su hombro.

- Tanto tiempo... meses, desde la última vez que te vi... ¡Meses, Hiei!

- ... Estaba ocupado con mis asuntos en el Makai... - murmuró Hiei.

La mirada de Kurama se disolvió en comprensión.

- Lo siento... Lo sé... - dijo el joven pelirrojo -. Hiei - agregó en seguida -, ¿me creerías si te digo que te extrañé?

Como una ola de calor, Hiei sintió que sus mejillas enrojecían e intentó apartarse antes de que Kurama lo notara. Pero la mano en su hombro era fuerte y firme, y no lo dejaría ir.

- Yo... yo... - esta vez fue él quien tartamudeó, sintiendo su boca seca. Respiró profundamente cerrando los ojos un momento y al abrirlos le sonrió levemente a Kurama -. Ore mo... {Yo también...} - dijo en voz baja, casi en un susurro, pero Kurama lo escuchó y sus ojos se abrieron sorprendidos.

- ¿Hablas en serio? - dijo, intentando contener la felicidad que escuchar esas palabras le producía - ¿Por qué no viniste a verme? ¿No podías tomarte unos minutos?

- Kurama... - Hiei le dirigió una mirada severa mientras la sonrisa desaparecía -. ¿Realmente querías que viniera? No creo que consideres mi compañía algo muy agradable - dijo con un tono amargo.

- ¡Pero Hiei...! - empezó Kurama, sólo para ser interrumpido por los gritos de Yuusuke.

- ¡Oi, ustedes dos! ¡Vamos!

- ¡Hiei, yo sí quiero estar contigo! - exclamó Kurama temiendo dejar pasar esa oportunidad.

Los ojos escarlata de Hiei brillaron en la noche, iluminados por la luz de alguien que guarda muchos secretos.

- Pero yo no puedo estar contigo. No puedo. - dijo secamente antes de desaparecer en el viento.

Kurama estaba solo en la calle.

- ¿Por qué? - susurró -. ¿Por qué?

***

Kuwabara dejó escapar un largo bostezo, justo frente a la puerta del hotel. Se les iba a hacer difícil entrar, notaron, porque parte de la multitud que había estado esperando a los peleadores durante el día continuaban ahí, echados en la acera y ocupando parte de la pista. Muchos dormían profundamente, otros tantos estaban despiertos y conversando, mirando continuamente hacia lo alto del edificio esperado ver asomarse a alguien.

Cuando Yuusuke quiso avanzar hacia la puerta, un guardia malhumorado lo detuvo, obligándolo a retroceder.

- Uh... un buen rato nos espera... - comentó Kuwabara frotando la punta de su nariz con el dorso de su mano. Yuusuke hizo una mueca.

- ¡Un simple guardia no detendrá al Urameshi Team!

Con eso, Yuusuke saltó hacia lo alto sin que el guardia lo notara, Kuwabara se quedó observando hacia arriba con el cuello doblado casi en ángulo recto.

- Se le están pegando las costumbres de Hiei - murmuró antes de seguirlo, saltando lo más alto que daba hacia una ventana abierta. Kurama lo siguió luego sin hacer ni un sonido.

Mirando alrededor, Yuusuke notó que la ventana no daba a una habitación, como había pensado, sino a un pasillo alfombrado y muy iluminado.

- Ikuzo {vamos} - dijo hundiendo las manos en los bolsillos de su uniforme verde.

- ¿Tienes idea de adónde estamos yendo? - murmuró Kuwabara, caminando detrás de él.

- Este es el piso tres - indicó Kurama -. Puedo sentir la energía de alguien, pero está varios pisos más arriba.

- Hacia arriba entonces - exclamó Yuusuke dirigiéndose al ascensor.

La caja metálica abrió sus puertas y los tres entraron. Hiei no estaba con ellos, después de todo, él tenía su estilo para llegar a donde quería, pensó Kurama.

Yuusuke y Kuwabara estaban apretando todos los botones del ascensor, riendo estúpidamente. Como era de esperarse en cada uno de los siguientes pisos el ascensor se detuvo y abrió sus puertas, dándoles unos segundos para examinar la energía y notar si era ahí donde se encontraban los jóvenes que debían vigilar.

- Aquí - indicó Kurama cuando las puertas se abrieron en el octavo piso.

- Sí que es extraño - comentó Kuwabara. Era cierto que sentían una poderosa energía oscura en ese lugar, pero junto con esa, había varias otras que fluctuaban por diferentes niveles desordenadamente.

- ¿Qué tipo de gente es ésta? - se preguntó Yuusuke mientras avanzaba por el pasillo -. Esto se siente peor que estar rodeado de youkais - murmuró, incapaz de definir de dónde provenía cada energía.

En ese momento la puerta a su izquierda se abrió y una muchacha salió corriendo, estrellándose contra él, como era de esperarse.

- Gomen nasai! {¡Perdón!} - exclamó la muchacha haciendo una profunda inclinación. Lentamente se levantó y miró a Yuusuke a los ojos, se sonrieron.

La muchacha tenía largo cabello púrpura sujeto con una cinta y adornado con una estrella dorada. Vestía una bata rosada sobre lo que parecía ser un pijama. Sus ojos eran grandes y alegres, y de alguna forma parecía ser una buena persona.

- Gomen - repitió sonriendo pero al notar que estaba frente a tres muchachos y en pijama, cerró su bata bruscamente y desapareció dentro de la habitación.

- Extraña gente hay aquí... - comentó Yuusuke mientras seguía caminando -. Pero no parecen capaces de ser una amenaza para el Ningenkai...

Sus palabras fueron cortadas cuando vio salir de una habitación a un joven que conocía.

- ¡Yo {hola}, Kusanagi! - saludó levantando una mano. Kyo tardó un poco en hacerle caso, parecía perdido en sus pensamientos, pero finalmente levantó la mirada y se sorprendió al ver a Kuwabara y Urameshi ahí.

- ¿Cómo entraron? - preguntó curioso mientras se acercaba. Observó a Kurama un momento, antes de que Yuusuke los presentara:

- Kusanagi, él es un amigo, Kurama. Kurama, te presento a Kyo Kusanagi.

- Yoroshiku {un placer conocerte} - dijo Kurama con suavidad mientras estrechaba la mano de Kyo. Sus ojos se oscurecieron al momento en que sus dedos hicieron contacto. Kurama miró la mano que le ofrecían y notó que estaba quemada, pero no por fuego, sino por algún tipo de energía. Kyo notó su mirada y sonrió levemente.

- No jueguen con fuego, niños - dijo, empezando a caminar a su habitación.

"¿Niños?", repitió Yuusuke en su mente. Kyo era un poco mayor que ellos, pero no tenía derecho a llamarlos así. Ah, ya le daría su merecido cuando llevaran a cabo la pelea que habían acordado.

- Uh... Kusanagi - llamó Yuusuke aprovechando la casualidad de haberlo encontrado -. ¿Cuál es la habitación de Iori Yagami?

Los tres Reikai Tantei notaron como la expresión del joven se hacía más dura cuando escuchó nombrar a Iori. Kyo frunció el ceño, volviéndose hacia ellos.

- No sé cómo lograron entrar aquí - dijo severo -, pero les aconsejo que no se metan con los participantes del torneo, y mucho menos con Yagami. Algunos están bastante dementes, y no les gustan los muchachos tonteando en los alrededores.

Yuusuke frunció el ceño.

- ¡No nos trates como niños! - exclamó, haciendo que Kyo riera burlonamente.

- Los trato como lo que son - dijo despectivo y les dio la espalda.

Lo observaron alejarse unos pasos y desaparecer tras una puerta que debía ser su habitación. Bastante pedante había resultado ser, pensó Yuusuke. En el parque había parecido más amable.

- Oculta algo - comentó Kurama mirando hacia la puerta cerrada.

Yuusuke y Kuwabara se volvieron hacia él.

- ¿Cómo lo sabes? - preguntaron al unísono.

- Sólo lo sé - dijo Kurama, con su expresión seria aún en el rostro.

***

Los otros estaban cerca, notó Hiei, pero no parecía que iban a entrar en esa habitación. Él sí. Sigilosamente abrió la ventana y se deslizó hacia el interior. La energía ahí adentro era abrumadora, pero no estable. Se desvanecía y volvía con más fuerza para apagarse de nuevo. Una y otra vez Hiei sintió claramente como el poder parecía amenazar con tragárselo para después retroceder. Como olas en una playa.

Observando la figura que yacía en la cama, Hiei se dio cuenta de que se trataba del mismo joven que habían llevado en el taxi por la mañana, pero su energía, su reiki, se sentía mucho más inestable. Dormía.

No parecía gran amenaza, pensó. Quizás podía acabar con él ahí mismo, de ser posible para él matar ningen. Estúpidas leyes del Reikai. Prohibirle matar a esos despreciables y débiles seres...

Observando de cerca al joven, notó que su cabello estaba desordenado y húmedo, la parte superior de su cuerpo, que estaba cubierta a medias con una sábana, brillaba debido al sudor. Había un poco de sangre manchando sus labios, y algunas partes de la cama parecían chamuscadas.

- Hn... ¿y él es quien preocupa tanto a Koenma? - murmuró con desprecio. Iba a volverse para salir por la ventana cuando un susurro llamó su atención. Se volvió rápidamente y notó que la cama estaba vacía. Sus sentidos se pusieron alerta, en un segundo su mano se cerró alrededor de la empuñadura de su katana. ¿Dónde...? ¿Dónde estaba?

Un resplandor púrpura a su espalda le indicó que estaba en peligro y saltó. Sus pies tocaron levemente la pared y cambió de rumbo en mitad del aire, cayendo del otro lado de la habitación mientras una llama de fuego se encendía en el lugar donde había estado parado momentos antes.

- Dare da, kisama... {¿Quién demonios eres?} - oyó gruñir a la alta silueta frente a él. Hiei empuñó su espada firmemente, dispuesto a contraatacar, pero notó que el joven, Yagami, no le estaba prestando mucha atención. Tenía su mano sobre el pecho, y en la otra ardía una moribunda llama violeta.

Se oyeron golpes en la puerta que los sobresaltaron a ambos. Hiei aprovechó para saltar hacia la ventana, donde se volvió para observar a Yagami, que se había vuelto hacia él, furioso.

- No está bien entrar a las habitaciones sin ser invitados - dijo el joven amenazante y, con una velocidad que Hiei no esperaba en un ningen de su tamaño, se lanzó hacia él con la llama violeta ardiendo en la palma de su mano.

Hiei cruzó los brazos frente a su rostro en posición de defensa, pero el golpe lo envió hacia el vacío con tanta fuerza que durante un segundo Hiei tuvo problemas para cambiar de trayectoria hacia un lugar seguro.

De pie sobre un poste lejano, el youkai notó que en la ventana de Yagami aún ardía un fuego púrpura. Luego, examinando su manto, gruñó cuando vio que el fuego de ese ningen había dejado su marca en la tela negra. Frunció el ceño y sonrió al mismo tiempo. Omoshiroi... Interesante... Un ningen capaz de controlar una clase desconocida de fuego... Después de tanto tiempo sin encontrar oponentes que valieran la pena... Rió malignamente para sí. Al parecer esa misión no sería aburrida después de todo...

***

- ¿Qué sucedió, Hiei? - preguntó Yuusuke al verlo aparecer un rato después, cuando ya salían del hotel -. Parece como si te hubieras enfrentado a alguien - comentó en seguida, señalando la quemadura en su manto.

Kurama se acercó, un brillo preocupado en sus ojos.

- No es nada - dijo Hiei intentando rechazar las manos que intentaban apartar su manto.

- Claro que lo es - dijo Kurama revelando una profunda quemadura que empezaba en el hombro, donde se había quemado la tela, y terminaba en mitad del pecho. Había un poco de sangre también.

- ¿Qué demonios...? - maldijo Hiei observando una herida que no había sentido. ¿Cómo era eso posible? Tocándola con la punta de los dedos, notó que no era dolorosa, pero se sentía caliente. ¿Era ese el poder de las llamas púrpura?

- ¿Te enfrentaste a Yagami, Hiei? - ahora el tono de Yuusuke también destilaba preocupación -. No vinimos aquí para pelear, sólo debíamos observar...

Hiei le dirigió una mirada indicándole que cerrara la boca.

- Lo que hago no es asunto tuyo - gruñó.

- Jeje, el enano fue vencido y está molesto - se burló Kuwabara echándose a reír.

- Cierra la boca - volvió a gruñir Hiei dando un paso hacia Kuwabara, pero en ese momento...

- K'so! {¡Mierda!}- exclamó Yuusuke dando un salto hacia atrás.

Una explosión púrpura envolvió a Hiei. Eran llamas, fuego incontrolable brotando de su quemadura. Yuusuke observaba todo sin saber qué hacer, Kuwabara tenía los ojos extremadamente abiertos. Los dos muchachos habían retrocedido unos pasos, alejándose de las llamas ardientes.

- Shimatta... {maldición}- murmuró Hiei mientras las llamas lo envolvían.

- ¡Hiei! - exclamó Kurama. Estaba tan cerca que el fuego hizo que los delgados cabellos de sus mechones se retorcieran un poco.

- ¡Kurama! - ¿Era miedo en la voz de Hiei? No. No miedo. Estaba furioso. - ¡Aléjate!

De un empujón, que amenazó con encender a Kurama también, Hiei lo apartó. Luego, concentrando su youki, empezó a dominar las descontroladas llamas. Eran muy diferentes al fuego común, y diferentes al Fuego Negro del Makai. No obedecía sus órdenes, al contrario, mientras más intentaba apagarlas más parecían hacerle daño.

Apretando fuertemente los dientes, Hiei sujetó su camiseta negra y la rasgó, descubriendo la magnitud de la quemadura.

- ¡¡AAAAARGHHHH!! - rugió, y en un instante las llamas desaparecieron. Se apagaron repentinamente, igual que como habían surgido.

El frío lo rodeó. El viento, helado. Todo su cuerpo ardía y cayó de rodillas en la acera. Kurama se apresuró a sujetarlo.

- Hiei... - murmuró con infinita preocupación mientras el youkai se apoyaba en su pecho.

- ¿Qué demonios fue eso? - exclamó Yuusuke acercándose también para verificar si Hiei estaba bien.

- Es... igual que dominar al Kokuryuuha... - murmuró él con la garganta seca y una sonrisa, ¿de satisfacción? Como aquellas que esbozaba después de descubrir una técnica utilizada por el enemigo.

- Eso significa que el enano se va a quedar dormido durante horas, ¿verdad? - apuntó Kuwabara ligeramente. Hiei ya no lo escuchaba, yacía inconsciente en los brazos de Kurama.

***

*Notas sobre YYH:
- Jaou Ensatsu Kokuryuuha, la técnica máxima de Hiei. Es un dragón negro (que duerme en su brazo derecho, como si fuera un tatuaje) que Hiei controla a voluntad. Esta técnica utiliza gran parte de su youki (energía de los youkai), es por eso que después de usarla, Hiei debe descansar unas horas (se duerme ^^ kawaii...)


Capítulo 7: Siempre Has Sido mi Destino

Iori estaba sentado en su cama observando la sangre seca que manchaba las sábanas. Despreciaba a su cuerpo por semejante debilidad: sucumbir a las llamas púrpura. Frunciendo el ceño, se preguntó si Kusanagi también sufría al invocar el fuego... Rió, debía ser un hecho. No se podía controlar esa energía si es que no había algo de dolor; las palabras de sus maestros estaban arraigadas en su mente: "El fuego muerde, el fuego quema... es un ser rebelde que no le gusta ser controlado, y se defiende. Pero usted tiene el poder, Iori-sama, el poder sobre el fuego púrpura".

Pero ni siquiera tenía poder para cambiar su destino. Ni para matar a Kyo Kusanagi de una buena vez. Sonrió de nuevo, con maldad. Kyo era su destino. Hacía mucho tiempo que no pensaba en cambiar ese hecho, aunque claro, durante toda su niñez y adolescencia había odiado el tener que vivir con sólo un día como objetivo. El día que Kyo muriera en sus manos.

A Kyo le debía todo. Su entrenamiento, su poder, su nombre... De no haber sido por Kyo y los Kusanagi, Iori nunca hubiera pasado de ser una persona ordinaria, como las que se ven todos los días en las calles: apresurándose por la vida sin una razón, sin un objetivo. Si no hubiera sido por Kyo... su vida no tendría sentido. Era extraño que el odio lo guiara por la vida, pero al fin y al cabo era su vida. Ciertamente había empezado mal. ¿Qué niño de cinco años dejaría de lado los juegos infantiles para ser entrenado por maestros despiadados, y rebajado por un padre cuya severidad rayaba la crueldad? Y lo que es peor, ¿qué niño aceptaría voluntariamente el sufrimiento que implica el dominio de las llamas?

Iori Yagami.

Y Kyo Kusanagi, de seguro.

***

Cuando abrió los ojos se encontró bajo un techo extraño. Sobresaltado, intentó incorporarse pero un dolor en el pecho lo mantuvo echado contra el suave colchón de la cama donde estaba.

Evitando movimientos innecesarios, Hiei ladeó su cabeza para poder ver la herida. Casi cicatrizada, notó, pero las marcas púrpura, como de golpes, seguían ahí.

Mirando alrededor, notó que su ropa estaba limpia y colgada en la cabecera de la cama. Su camiseta y manto negros, su bufanda blanca y la katana, todo ordenadamente dispuesto. Estirando su brazo, tiró de la camiseta y la examinó, aun echado de espaldas. La familiar tela negra, sin mangas, como si hubiesen sido arrancadas... No habían rastros de la quemadura... Un momento... ¿Qué no había hecho pedazos esa prenda la noche anterior?

- Buenos días, Hiei - saludó alguien. Sorprendido, Hiei se volvió y vio que Kurama estaba sentado en el borde de la ventana. El sol de la mañana aún no terminaba de salir y el exterior se veía opaco, pero de alguna forma daba la sensación de la promesa de un nuevo día.

No respondió el saludo, sólo observó a Kurama un momento e intentó incorporarse una vez más.

- Mada ugokanai {No te muevas todavía} - le indicó Kurama acercándose. Cuidadosamente examinó el rastro de la herida y sonrió levemente -. Has dormido casi dos días y ya estás bien, pero debes seguir descansando para que la medicina actúe.

- Estoy perfectamente - refutó Hiei levantándose, (maldiciendo por haber estado inconsciente DOS días), sólo para ser lanzado hacia atrás de nuevo bruscamente por Kurama -. Ch'...

Al mirar hacia arriba notó la expresión severa del joven. Sus manos estaban sobre sus hombros, y todo su peso mantenía a Hiei inmovilizado, incapaz de liberarse. El cabello rojo caía sobre ellos, rozando el rostro de Hiei y la punta de su nariz. Los ojos verdes estaban muy cerca, y brillaban.

- Te enfrentaste a Yagami - dijo Kurama suavemente. No lo preguntaba, simplemente lo daba por hecho.

- ¿Y qué si lo hice? - fue la respuesta de Hiei, apartando su mirada de esos ojos verde esmeralda.

- Hiei, lo que me dijiste ayer... - empezó Kurama. No se había movido ni un centímetro, y la presión en los hombros de Hiei era tan firme como al comienzo -. Sobre que a mí no me gustaba estar contigo. Sabes que no es cierto.

Hiei entreabrió sus labios pero no dijo palabra. Lentamente su mirada regresó al rostro de Kurama para enfrentarlo. Frunció el ceño.

- Mentiroso.

Los ojos de Kurama se abrieron de sorpresa. Sus brazos temblaron y Hiei se retorció para liberarse, esta vez con éxito. Deslizándose fuera de la cama, en un instante tomó la camiseta, el manto, la bufanda y su espada y se paró detrás de Kurama, que continuaba confundido con sus manos entre las sábanas.

- ¿Por qué me dices eso...? - preguntó el joven pelirrojo volviéndose lentamente. No comprendía a Hiei, ¿acaso no eran suficientes muestras de cariño las que le daba? ¿No le bastaba eso para comprender cuánto lo quería?

Hiei dio un paso hacia él. Con un movimiento se envolvió en el largo manto oscuro y colgó la espada de su cinturón. Sus ojos rojos eran duros, casi fríos, su cabello caía desordenado sobre sus cejas, cubriendo también su cinta en la frente.

Kurama seguía en la cama, arrodillado con la cabeza inclinada y sus manos sujetando fuertemente las sábanas, como si estuviera conteniéndose de hacer algo. Como si no pudiera soportar un profundo dolor en su interior. No se volvió cuando sintió que Hiei se acercaba, tampoco levantó la cabeza cuando lo escuchó empezar a hablar.

- Dices que nunca vengo a visitarte, ne, Kurama? - dijo Hiei secamente -. Dices que paso demasiado tiempo en el Makai y me olvido de ti. Que a veces pasan semanas enteras sin que nos veamos - el youkai hizo una pausa, dio un paso más hacia la cama y frunció aun más el ceño -. Pues por lo menos yo sí te visito. Una vez al mes, una vez al año... ¡Tú jamás has ido a visitarme a mí al Makai! ¡Y así dices que me extrañas y que quieres estar conmigo!

La cabeza de Kurama parecía colgar inerte de su cuello. Sus pensamientos eran un torbellino. ¡Hiei quería verlo, Hiei quería que estuviera con él! Acaba de decir las palabras que durante tanto tiempo había esperado escuchar... Pero en aquel momento no sabía si tomar esas palabras y regocijarse, o molestarse consigo mismo porque Hiei tenía razón. Dolorosamente Kurama se dio cuenta de cuán egoísta había sido, siempre esperando pacientemente en su habitación a que el youkai apareciera, siempre reprochándole el que se tomara tanto tiempo entre visita y visita. Maldición, ¿cómo había podido ser tan tonto? Sin embargo de golpe, todas las responsabilidades que tenía como ningen apartaron la idea de dirigirse al Makai a visitar a Hiei.

- ¡Pero no puedo! - dijo con la garganta seca -. Hiei, no puedo desaparecer del Ningenkai para ir al otro mundo. ¿Qué diría 'kaasan? ¿Qué dirían en la escuela si yo me tomara libre una semana?

- Eso no es problema mío - le cortó Hiei. Estaban frente a frente ahora. Kurama arrodillado en la cama y Hiei a un lado. Casi a la misma altura -. Si quieres estar con alguien, haces lo que sea por llegar a él.

- Pero Hiei... - protestó Kurama débilmente una última vez.

Se quedaron en silencio un momento, y lentamente Kurama se puso de pie. Miró hacia abajo y se encontró con los ojos de Hiei, que parecía esperar una respuesta, o una excusa. Como no encontró palabras para intentar explicarle sus razones, se limitó a levantar una titubeante mano que fue a rozar la mejilla de Hiei. No hubo reacción de su parte. Bueno, al menos esta vez Kurama podía estar seguro que Hiei lo escucharía. De todas formas, apoyó su mano en el hombro del youkai.

- ¿Por qué te enfrentaste a Yagami? - preguntó retomando el inicio de la conversación -. Pudiste haber salido malherido.

- No es una amenaza - gruñó Hiei. No dio muestras de haber notado el cambio de tema.

- ¿No? - dijo Kurama -. ¿No es una amenaza el fuego que intentó consumirte?

- Lo dominé. No soy tan débil como piensas.

- No, no lo hiciste - refutó Kurama y notó una ligera molestia en los ojos de Hiei -. Esas llamas te hirieron y absorbieron más energía que la que empleas para llamar al Kokuryuuha.

Hiei no dijo nada, sólo observó a Kurama fijamente. Su cuerpo le dolía un poco, pero era soportable. Las huellas de las quemaduras casi habían desaparecido. Pero era cierto que se sentía más cansado. Apretando los puños, aceptó que de no haber sido por la medicina de Kurama habría amanecido en mucho peor estado.

- Hiei... - la voz de Kurama se tornó suave, un poco más animada, como si lo comprendiera -. Está bien que te guste pelear, pero por favor... no vuelvas a asustarme así.

- ¿Qué?

- Cuando estabas en medio de las llamas - continuó Kurama -, pensé que no podrías controlarlas, que te iban a consumir hasta hacerte desaparecer - delicadamente Kurama se llevó una mano al pecho y sonrió -. No me gusta verte herido, no me gusta sentir esta... esta angustia.

Hiei miró directamente en esos ojos verdes que por momentos se hacían cada vez más brillantes. Había una ligera sonrisa en los labios de Kurama, pero al mismo tiempo le dio la impresión que el brillo extraño en sus ojos eran lágrimas. No podía estar seguro... pero...

Dio un paso hacia adelante, hacia Kurama. Levantó su brazo e hizo el mismo movimiento que Kurama había hecho con él; rozarle la mejilla con la mano. En ese momento una lágrima cayó.

- Que tonto soy... - comentó el joven en voz baja. Luego observó a Hiei y sonrió una vez más mientras su mano sujetaba la de Hiei, que continuaba contra su mejilla. Se sentían cálidos, esos dedos que lo tocaban ahora y que en otro momento podían estar acariciando llamas mortales.

- Sí, lo eres - afirmó Hiei, sin retirar su mano -. No tienes que preocuparte por mí... Y deberías volver al Makai. Dejar este mundo.

Kurama asintió sonriendo ligeramente.

- Tienes razón, soy un tonto, porque no voy a hacer lo que me dices - dijo, presionando fuertemente la mano de Hiei entre sus dedos -. Pero te daré algo a cambio.

- ¿De qué estás hablan... hmhp?

El pequeño youkai intentó retroceder pero ya era muy tarde, su mano estaba fuertemente atrapada en la de Kurama, y su pecho le dolía demasiado como para intentar forcejear. Sintió cómo Kurama se inclinaba hacia él con la misma dulce sonrisa de siempre hasta hacer que sus labios se tocaran ligeramente. Resistiéndose, a pesar de todo, Hiei quiso apartar la cabeza. Inútil. La mano libre de Kurama se había deslizado por debajo de su manto y camiseta y sujetaba su nuca firmemente.

Sintió los labios muy suaves y cálidos contra los suyos. La respiración de Kurama entró en él y un estremecimiento lo recorrió. El pelirrojo debió sentirlo también porque se sonrió sin separarse de él. Hiei quiso liberar su mano y empujó con toda su fuerza a Kurama con la mano que tenía libre, pero sólo consiguió que ambos perdieran el equilibrio y cayeran en la cama.

- ¡Suelta... hmph... bakamph...! - gruñó Hiei entre beso y beso pero Kurama estaba sobre él ahora, y todo su peso descansaba en sus hombros (cuidadosamente, sin tocar su herida, Kurama era muy considerado) y piernas. El cabello rojo estaba por todas partes, el brillo verde, el apasionado beso. Cada movimiento que hacía Kurama le producía una sensación extraña, como escalofríos corriendo a lo largo de su espalda. Notó que la mano de Kurama ya no le sostenía la nuca, sino que examinaba su espalda produciéndole la agradable sensación de ser acariciado. El beso continuaba y continuaba... Y de repente su mano se liberó... Bien, ahora...

Hiei comprendió por qué Kurama lo había soltado cuando sintió que su mano recorría su pecho al tiempo que la otra recorría su espalda. En un impulso inconsciente, su cuerpo se arqueó, como si no fuera a soportar esas placenteras sensaciones por mucho más tiempo -. Ba... hmph... ka...

Pero ya no se resistía, y sin darse cuenta, sus manos imitaron los movimientos de Kurama. Primero sobre el uniforme del pelirrojo, luego por debajo, sintiendo un agradable cosquilleo por el simple hecho de estar tocándolo. La piel de su espalda se sentía cálida y suave.

Kurama se irguió un poco, sin dejarlo ir, para ayudarlo a deslizar sus manos entre los botones de su uniforme. Le sonrió a Hiei.

- Puede que no te vaya a visitar al Makai - susurró descansando la cabeza en el hombro del youkai -. Pero te aseguro que pienso en ti todo el tiempo.

No hubo respuesta. Pero Kurama sentía las manos de Hiei contra la piel de su espalda. Placentero.

- Y puede que no deje de cumplir con las costumbres humanas - continuó Kurama -. Pero al mismo tiempo tú no dejarás de arriesgar tu vida, así que estamos iguales.

Con un último y profundo beso, Kurama se separó de Hiei, que se quedó acostado de espaldas en la cama observándolo ordenar su cabello y abotonar su uniforme de nuevo.

- Se me hace tarde - observó -. Me voy a clases. ¿Por qué no te quedas descansando hoy, Hiei? Yo volveré en unas horas.

Hiei no respondió, pero para Kurama el hecho que el youkai continuara echado en la desordenada cama, sin haber salido por la ventana apenas tuvo la oportunidad, valía más que mil palabras.

Le sonrió una vez más antes de dirigirse a la puerta, pero una mano sujetó su brazo. Hiei estaba a su lado, con el ceño fruncido. La expresión de su rostro era la de un niño angustiado por algo, pero desapareció casi al instante. Había muchas dudas detrás de esa mirada escarlata, miedos oscuros, temores... Kurama comprendió lo que involucrarse con alguien significaba para Hiei: el riesgo de una desilusión, un abandono, una traición. Algo que su frágil corazón no podría soportar.

Dio un paso hacia el youkai y lo abrazó con todas sus fuerzas.

- Te quiero, Hiei.. - susurró en su oído -. Confía en mí, ne?

***

En el hotel, la agitación por el torneo se había apaciguado un poco. La mitad de la multitud que había pasado el fin de semana durmiendo en las calles se había visto obligada a volver a las rutinas diarias: colegio y trabajo. Era un alivio para los guardias de seguridad del hotel. Y aun más para los miembros de los equipos, que al fin pudieron salir a tomar un respiro.

Para Kyo, que ya se había acostumbrado a salir a través de la puerta del sótano del hotel, la avenida principal le parecía un lugar totalmente desconocido. Acababa de amanecer, y la poca luz le daba a todo un aspecto acogedor. Como si hubiese conocido esa ciudad durante toda su vida.

Amanecer, sonrió. ¿Qué demonios hacía despierto a esa hora? No tenía que ir a clases, no tenía ninguna responsabilidad hasta que se iniciara el torneo. Y ahí estaba él, a las seis de la mañana de pie en la puerta del hotel.

"La culpa es de Yagami", se dijo mientras hundía las manos en los bolsillos de sus jeans celestes y echaba a andar sin rumbo fijo. Ya eran dos días, desde que Iori había llegado al hotel, que no podía dormir. Estar tan cerca de ese tipo lo estaba alterando. Pensaba con más frecuencia en el pasado, se hacía preguntas que tiempo atrás se había obligado a olvidar. Todos sus pensamientos eran Iori Yagami, y lo odiaba por eso.

Cruzando una calle distraídamente, se preguntó si sería durante este torneo que se enfrentaría por última vez a Yagami. Ya era tiempo de terminar con la estúpida rivalidad entre clanes. Sería interesante, pensó Kyo mientras a su alrededor se levantaba un concierto de bocinazos, que ambos murieran. Así, los más prometedores sucesores de los clanes Kusanagi y Yagami se apartarían de la lucha entre familias que era su legado junto con el fuego en la sangre.

Pero... ¿debía ser a ese precio? ¿Con la muerte de ambos o uno de ellos?

- Kusanagi-kun, ¡cuidado!

Alguien lo sujetó del brazo y lo arrastró al otro lado de la pista, a la segura acera. Kyo levantó la mirada y se encontró con un par de grandes ojos verdes que lo observaban preocupado. Ah, era el muchacho que entró aquella vez al hotel... ¿cuál era su nombre? Kurae, no, Kura...

- ¿Kurama? - murmuró, para probar suerte.

El pelirrojo (ugh... como el cabello de Yagami, pensó Kyo) le sonrió (definitivamente no como Yagami) y asintió.

- Ten más cuidado - le sugirió el muchacho mientras se despedía y echaba a correr en dirección a su escuela. Kyo lo observó desaparecer en una esquina antes de voltearse y darse cuenta que había cruzado una avenida de doble sentido y seis carriles sin notar que la luz del semáforo estaba en rojo. Que afortunado había sido al salir tan temprano en la mañana, cuando no había muchos automóviles.

Siguió caminando, aunque vagando era una palabra más exacta, hasta llegar a un pequeño y solitario parque. Como el sol aún no salía del todo el ambiente estaba fresco. Kyo se dejó caer en el pasto, apoyando su espalda contra un árbol. Aún tenía una semana de vagancia antes de que empezara el torneo. Lo único que debía recordar era asistir a las sesiones de fotografías promocionales, y entrevistas, que se incluían en la lista de actividades de los participantes. Kyo cerró los ojos descuidadamente, si se le olvidaba, ahí estaban Benimaru y Shingo para hacérselo recordar.

Recordar...

No notó cuando se quedó dormido. Debió haber sido después de cerrar los ojos un momento para pensar. Kyo se encontraba caminando por la delgada línea plateada que separa el sueño de la realidad cuando oyó una voz: "Eres sólo un estorbo, apártate y déjame en paz".

- ¿Yagami...? - murmuró Kyo vencido por el sueño. Nadie lo oyó, eran sólo él y los recuerdos que había perdido hacía tanto tiempo...


 

Capítulo 8: Sesión de Recuerdos

- Otousama {padre}, ¿me llamaste? - preguntó el pequeño de cabello rojo oscuro haciendo una ligera inclinación ante la imponente figura de su padre. La expresión del niño era demasiado dura para alguien de su edad. Sus ojos expresaban una frialdad extraña, como si odiara todo a su alrededor.

- Iori - sonó la profunda y severa voz de su padre -, me han comentado tus maestros que has estado haciendo preguntas inapropiadas...

- Sólo quiero saber la razón de algunas cosas, es todo - interrumpió el pequeño irrespetuosamente. Algunos mechones de cabello le caían en el rostro, húmedos. Había estado practicando toda la mañana y no estaba de muy buen humor. No podía dominar una técnica, y sus maestros lo habían criticando duramente.

- ¿Y qué cosas son esas, Iori? - retumbó la voz de su padre, haciendo que el pequeño, a pesar de todo, se estremeciera con temor.

Hubo un segundo de silencio y al fin el niño habló, con un tono más bajo esta vez:

- ¿Por qué debo pelear? ¿Por qué es tan importante que domine las técnicas Magatama? ¿Con qué fin?

- ¡Esas respuestas tú las sabes! - exclamó su padre golpeando la mesa que tenía frente a él.

- ¡Pues no son suficientes! - gritó el niño impulsivamente.

- ¡¿Y qué sería suficiente?! - el hombre, su padre, se puso de pie y avanzó hacia él, amenazante -. Muéstrame lo que has aprendido, y veré si respondo tus estúpidas preguntas.

El niño dio un salto hacia atrás. Estaban en un pequeño pedazo de campo donde su padre solía meditar bajo las sombras de los árboles del derredor. Era bastante amplio, diferente al dojo donde él debía entrenar.

- ¿Quieres saber por qué peleas, Iori? - preguntó su padre. Una llama de fuego púrpura se encendió en su mano, bailando y retorciéndose pero bajo control. Iori adivinó que su padre iba a utilizar un Yamibarai, el golpe de fuego que se arrastra por el suelo, y se preparó para saltar -. Peleas, porque si no lo haces, ¡mueres!

Iori saltó, tan alto como pudo, para esquivar la llama que cobraba vida al separarse de la mano de su padre. Sin embargo, para su asombro, no fue una llama terrestre, sino una altísima columna de fuego violeta que lo atrapó en el aire, encendiendo sus ropas de entrenamiento y lanzándolo contra la tierra, inmovilizado por las llamas.

Gimiendo, el pequeño intentó ponerse de pie, o dominar las llamas, pero le era imposible. ¡Ni siquiera era capaz de encender una simple lengua de fuego en la palma de su mano! No podía moverse, el fuego lamía todo su cuerpo, quemando, ardiendo.

- ¿El porqué de aprender las técnicas Magatama? - En ese momento, su padre, aprovechando su inmovilidad, avanzó hacia él lanzando golpe tras golpe, despiadado -. Para ser poderoso, para aplastar a los débiles, para hacerle frente al clan Kusanagi. Para no ser... ¡humillado!

No le importaba que fuera su propio hijo el que recibía los golpes en el piso, ese pequeño testarudo debía aprender, a través del dolor y el sufrimiento, a aceptar su destino. De una patada lo mandó al otro lado del prado, donde el pequeño se quedó echado un momento antes de intentar levantarse.

- Y si no son suficientes respuestas para ti - gruñó acercándose nuevamente -, entonces lo harás porque YO lo digo.

Un último golpe, y Iori no recordó nada más.

Despertó en la oscuridad de alguna habitación. O quizás estaba en medio del bosque. No podía saberlo, todo era negro a su alrededor. Levantó su mano y sintió como su cuerpo se negaba a obedecer, rendido, agotado. Así y todo, se obligó a sentarse, y con esfuerzo le ordenó al fuego que se encendiera en su mano.

Nada.

Frunciendo el ceño, el pequeño Iori hizo el esfuerzo de nuevo y esta vez una diminuta y tímida llamita violeta parpadeó varias veces, extendiéndose finalmente por toda su mano, alrededor de sus dedos, e intentando ir más allá de su muñeca.

Era una habitación, notó Iori a la débil luz de su fuego, pero no la conocía. No era del dojo ni de su casa. Las paredes eran húmedas y de piedra, el suelo se sentía mohoso y sucio. Miró hacia arriba, el techo era sólo tablas astilladas puestas unas sobre otras, pero no dejaban ver más allá. Buscó una puerta, sí, había una, un hueco en la piedra.

Con esfuerzo, quiso ponerse de pie pero cayó de rodillas, gritando. El fuego se apagó y fue reemplazado por un terrible dolor en su pecho.

Encogiéndose, Iori se recostó sobre la suciedad del piso. ¿A eso se refería su padre cuando hablaba de "ser humillado"?

El pequeño cerró los ojos cuando el dolor se hizo insoportable, y el día vino y se fue, y vino una vez más, pero él no se enteró.

Su espíritu le decía que debía sobrevivir y demostrarle a su padre que era fuerte. Además, quería vivir también para ir en contra de sus deseos. Si su padre quería que él peleara contra los Kusanagi, pues se negaría. Y no iba a morir. No.

Sobrevivió, por supuesto. Para deleite de su padre que aceptó que su hijo era bastante fuerte. Sin embargo, quizás debido a la falta de un objetivo en su vida, Iori tardaba demasiado en dominar el fuego violeta. Sus maestros atribuían esa demora a su falta de interés. Pero su padre notó cuánto sufría Iori al invocar a las llamas. No podía hacer nada, se dijo. Era su destino.

Entonces se encontraron...

Un atardecer, Iori ponía todo su empeño en lanzar el fuego y hacerlo arrastrarse por el suelo. Estaba solo, en el bosque. Había pasado un año y su cabello era largo y delicado, de niño, pero ya algunos mechones rebeldes le caían sobre los ojos volviendo maligna su mirada.

Comenzaba a sentirse frustrado, porque el fuego no lo obedecía. Al contrario, lo hería. Sentía su pecho desgarrado, y sus manos sangraban. Enfurecido consigo mismo, se paró frente a un árbol y empezó a hundir sus pequeños puños en él repetidamente, envueltos en fuego, dejando profundas marcas en la madera.

Se sentía inútil. Pero sus maestros tenían razón. No conseguía encontrar un objetivo en el cual inspirarse para aprender a dominar el fuego. ¿Destruir a los Kusanagi? Ese nombre no significaba nada para él. No podía odiar algo que no conocía. ¿Ser fuerte? Ya era fuerte. Era más fuerte que la gente normal.

- ¡.. K'so...! - maldijo golpeando una última vez, pero en vez de dañar el tronco del árbol, fue su mano la que explotó en llamas y sangre.

Oyó una exclamación a su espalda y se volvió rápidamente, en guardia.

Iori parpadeó un par de veces ante quien estaba ahí de pie con los ojos muy abiertos y expresión preocupada.

- ¿Quién eres? ¡Responde! - exigió saber Iori. Frente a él tenía a un niñito de su edad, vestido como él, con un traje de entrenamiento blanco y azul, guantes en sus pequeñas manos, y en su frente una cinta con un sol bordado.

Iori intentaba sonar amenazante como su padre, pero al parecer no lo consiguió, porque el niño avanzó hacia él mirando sus manos ensangrentadas.

Molesto por la interrupción, sin pensarlo Iori se lanzó hacia él dispuesto a golpearlo, pero el niño, aunque sorprendido en un primer momento, lo esquivó fácilmente. En mitad de un paso, Iori se volvió y con un golpe de revés envió al niño entrometido al suelo. Iba a sonreir con desprecio cuando el niño se puso de pie de un salto. Esta vez su expresión era más dura, molesta, pero no dijo palabra.

No sabía por qué, pero Iori deseó destruir a ese niño. Odió sus grandes ojos marrones, y su cabello castaño. Odió su rostro bonito, su aspecto de niño valiente.

Sin dudar, encendió el fuego violentamente en su mano, la llamarada más grande que jamás había producido. El niño pareció sobresaltarse y Iori, a pesar de que el dolor en su pecho le estaba haciendo toser sangre, se lanzó hacia él pensando en matarlo.

Su golpe conectó, pero ambos, el niño y él, estallaron en llamas púrpura. Gritando.

Cuando recuperó la consciencia, lo primero que notó fue que alguien había abierto la parte superior de su uniforme y la había puesto debajo de su cabeza, como una almohada. Luego, vio que el niño de cabello castaño estaba sentado a su lado, con la espalda contra un árbol y observándolo ¿preocupado?

Incorporándose, Iori apartó los paños húmedos que tenía sobre las quemaduras de su pecho, notando que en realidad eran trozos rasgados de la ropa del otro niño.

- No... - habló el niño cuando Iori intentó levantarse. Al instante sintió que su pecho ardía y comenzó a toser dolorosamente, encogiéndose en el suelo. Nuevamente las llamas estallaron, envolviendo al pequeño Iori. Pero ya no era tan doloroso, no...

Mirando hacia arriba, notó que el otro niño lo estaba sosteniendo, abrazándolo protectoramente, haciendo que Iori apoyara su rostro contra su pecho. Las llamas los envolvían, furiosas, pero el niño no se retiró, continuó ahí, a su lado, compartiendo el dolor. Iori escuchó que gemía suavemente.

- Boku wa... kowai desu ne... {Soy atemorizante, ¿verdad?} - preguntó Iori, pero el niño se limitó a negar con la cabeza y tomó sus manos, que continuaban sangrando.

- ¿Por qué estás herido? - preguntó como si no comprendiera. Iori frunció el ceño, estaba luchando por dominar las llamas en vano. Si alguien los veía, pensaría que eran una hoguera ardiendo en medio del bosque, pero no, eran sólo ellos, dos niños ardiendo en fuego descontrolado.

No había otra manera. Si ambos continuaban ahí ese niño iba a terminar siendo consumido por el fuego.

- ¡¡Aléjate!! - gruñó Iori empujándolo, pero el niño se resistió.

- Pero estás herido...

Testarudos resultaron ser ambos. Durante un momento estuvieron juntos dentro del fuego. A Iori le sorprendía el que las llamas no le hicieran demasiado daño al niño, pero así y todo quería apagarlas, quería dominarlas.

- ¡¡Dije que te fueras!! - esta vez fue un grito, más un empujón que envió al niño lejos de las llamas hasta estrellarse contra un árbol. Una vez solo, el pequeño Iori apretó los puños y le ordenó a las llamas que se apagaran. Nada. Al contrario, empezó a sentir el desagradable dolor en el pecho otra vez.

- No... así no es... - murmuró el niño acercándose de nuevo. Iori le dirigió tal mirada que lo hizo detenerse y titubear, pero en seguida avanzó unos pasos más, arrodillándose frente a Iori. Para su sorpresa, el niño levantó su mano y una cálida llamita anaranjada apareció, ondulándose suavemente, totalmente bajo control -. No le ordenes que se apague, debes dejar de enviar tu energía al fuego... El fuego se alimenta de tu energía. - Y el niño apagó la llamita sin esfuerzo.

- Quién... demonios eres... - gruñó Iori, furioso de que lo trataran como a un igual.

- Ore no namae wa... {me llamo} Kusanagi Kyo da... - sonrió el niño y le tocó ligeramente su mano.

Para Iori, el contacto físico no iba más allá de los golpes que recibía de su padre y maestros, así que ese roce insignificante le pareció extraño, casi placentero. Aun a través del velo de llamas, podía sentir que era agradable tocar esos pequeños dedos cubiertos a medias por los guantes.

- Controla tu energía, y el fuego obedecerá - sonrió el niño presionándole la mano. Iori sintió un estremecimiento y fue como si toda su furia y frustración desaparecieran. Se concentró en sí mismo, en el dolor de su pecho, los deditos entrelazados con los suyos, y el calor del fuego. Y lentamente, las llamas murieron hasta convertirse en una diminuta flama bailando sobre su mano y la del niño Kyo.

Levantando la mirada, algo humillado, Iori esperaba ver una sonrisa de desprecio o superioridad, pero sólo se encontró con dos ojos oscuros preocupados.

- Yatta... {lo hiciste} - sonrió Kyo, y en seguida se le acercó un poco más sosteniéndolo.

Sólo entonces Iori notó que estaba cayendo, no podía mantenerse erguido más tiempo. El calor de las llamas se esfumaba y el aire frío del anochecer lo hería cruelmente.

- Ven, bajo el árbol estarás mejor - le indicó Kyo mientras lo ayudaba a mantenerse en pie.

Al llegar, Kyo se sentó contra el tronco y dejó que Iori se sentara entre sus piernas, apoyándose en él. Gentilmente pasó sus brazos sobre sus hombros, entrelazándolas sobre el pecho de Iori, que no pareció resistirse.

Se quedaron un largo rato así, en silencio. El sonido de un riachuelo se oía en alguna parte, los silbidos de las aves y el correr del viento se fueron acallando a medida que avanzaban las horas. Iori se sentía extraño; estaba recostado contra el cálido cuerpo de ese niño, sentía sus manos contra su corazón, y su respiración junto a su oreja. No tenía fuerzas para moverse, pero la verdad es que tampoco se quería apartar. Se estaba muy bien ahí, en la tranquilidad de la noche y la calidez de otro ser como él.

- ¿Quién te enseñó a dominar el fuego? - no pudo evitar preguntar Iori.

- 'Tousan {papá} - fue la insegura respuesta -. Pero no lo hago bien.

- ¿Ah, no?

Kyo negó con la cabeza.

- Naze? {¿Por qué?} - quiso saber un curioso chibi-Iori.

- Porque no quiero poseer el fuego y tener que hacer lo que mi padre ordena - dijo el niño de cabello castaño impulsivamente -. Quiere darme ese poder porque quiere que mate a alguien, y yo no pienso obedecerle.

Qué casualidad... En eso se parecían...

- ¿A quién debes matar? - preguntó Iori. Interiormente sabía la respuesta, pero en lo profundo de su alma esperaba estar equivocado. Este niño, Kyo, no le desagradaba del todo.

- La familia Yagami - respondió Kyo apretando más su abrazo, apoyando su frente contra el cabello oscuro de Iori.

Entonces, ¿él era a quién debía matar? ¿El último sucesor de los Kusanagi? La persona a la que iba a dedicar su vida entera... Kyo...

- Pero no quiero hacerlo - continuó Kyo -. No voy a hacerlo.

Hubo una pausa y al fin Iori habló:

- Si no lo haces vas a morir, te lo aseguro.

Sintió claramente como Kyo se sobresaltaba.

- ¿Por qué lo dices? - preguntó.

Iori sonrió levemente.

- Ore wa Yagami Iori {Yo soy Iori Yagami} - dijo.

Ninguno de los hizo el más ligero movimiento. Los brazos de Kyo aún descansaban sobre sus hombros y sus manos continuaban entrelazadas contra su pecho. Iori seguía apoyado contra él.

- Douzo yoroshiku {Encantado de conocerte} - oyó que decía Kyo en su oído.

- Hajimemashite... {Igualmente} - fue la respuesta.

***

Con el tiempo, ambos, Iori y Kyo, olvidaron este encuentro, dejando que la rivalidad y el odio llenaran sus corazones... Sin embargo el débil deseo de desobedecer a sus padres ardía como un pequeño fuego en lo profundo de sus cuerpos... Era por eso que breves escenas de aquella noche que pasaron juntos iban y venían entre sueños. Como voces enloquecedoras, o como recuerdos perdidos.

No podían comprenderlos, pero quizás... quizás algún día...

***

Kyo despertó en el parque. Mirando alrededor, notó que todo seguía vacío y tranquilo. La única diferencia era que el sol ya estaba alto en el cielo. ¿Cuántas horas habrían pasado?

Llevándose una mano a la cabeza, recorrió su cabello con la punta de los dedos. Había estado soñando de nuevo, y había sido el sueño más largo y claro que hubiese tenido jamás, pero no podía recordar de qué se trataba. Fuego y un bosque. Y una tristeza insoportable. Pero, al igual que en las ocasiones anteriores, apenas abría los ojos el sueño desaparecía.

Se levantó de un salto, estirándose perezosamente. El ambiente estaba frío, aun cuando había un poco de sol. El parque estaba desierto, y de vez en cuando un automóvil pasaba por la avenida. Era hora de volver al hotel, pensó, pero una voz lo llamó desde atrás:

- Kusanagi.

Volviéndose, se encontró frente a frente con Iori Yagami, que lo observaba malicioso y con una sonrisa en los labios. El ligero viento jugaba con su cabello que caía descuidadamente cubriéndole un ojo, su larga camisa blanca ondeaba hacia un lado.

- Espero que hayas descansado lo suficiente - dijo Iori sarcásticamente, levantando una mano y encendiendo una llama violeta.

Kyo observó cómo los largos y desabotonados puños de su camisa blanca asomaban por debajo de las mangas de la chaqueta oscura que vestía, sacudiéndose violentamente debido al fuego que ardía sobre ellos. Frunció el ceño.

- ¿No puedes esperar hasta el torneo? - gruñó Kyo molesto, pero sin ponerse en guardia. Demonios, ¡no tenía ganas de pelear en ese momento!

- Para entonces podría ser demasiado tarde - respondió Iori dando un paso hacia él y apagando el fuego, con un gesto que parecía significar que el fuego era Kyo.

- Tendrás que esperar hasta entonces - dijo Kyo hundiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones y dando media vuelta.

- Cobarde - oyó a su espalda, y se detuvo para aclarar las cosas.

- En este torneo, acabaré contigo - amenazó Kyo con una mirada que helaba la sangre.

Iori sonrió, también metió sus manos en los bolsillos y se alejó refunfuñando, en dirección contraria.

Bien, al menos esta vez había evitado una pelea sin sentido, se dijo Kyo mientras regresaba por las calles que había recorrido en la mañana. Cruzó la avenida ancha, donde casi lo habían atropellado y no pudo dejar de pensar en el muchacho pelirrojo. Kurama, un nombre extraño, y más extraña aun la energía que sentía a su alrededor. Era como si ese muchacho de rostro y cuerpo tan delicados fuera tan fuerte como cualquiera de los participantes en el King of Fighters. Se sentía como si no fuera una persona común y corriente.

***

Kurama regresó a su lugar después de solucionar un problema en el pizarrón. Escuchó algunos murmullos de admiración entre las chicas de su clase pero no les prestó atención. Se sentía ligeramente inquieto, porque las horas de clases se estaban pasando demasiado lento. No podía esperar a que la hora de salida llegara para correr a casa y ver a Hiei. Sonrió, inclinando la cabeza para que nadie lo notara. Tocó sus labios suavemente y recordó el beso que tan arriesgadamente se había atrevido a darle. Era una fortuna el que el youkai no hubiese reaccionado mal. Inari-sama... aun podía sentir el calor de Hiei, su temor, el miedo de entregarse a sus sentimientos.

Sabía que el pequeño youkai había sufrido mucho; todos los pequeños eventos de su vida lo habían llevado a ser una criatura desconfiada y lejana. Si alguna vez tuvo a alguien a quien pudo llamar "amigo" esa persona ya había desaparecido, lo había abandonado. Para Kurama, que comprendía mejor que nadie lo que significaba estar solo, esos pensamientos le producían una desagradable sensación. Sentía pena por Hiei y muchas veces hubiera deseado acercársele por la espalda y abrazarlo fuertemente, cálidamente.

Hiei tenía miedo de que un día él también lo dejara, y quizás por eso su amistad no podía ser tan cercana como Kurama hubiese deseado. Pero haría lo posible por demostrarle a Hiei que no lo iba a abandonar jamás. Quizás estuviesen separados por un mundo, pero no lo dejaría. En Hiei había encontrado a un amigo y casi un igual.

De pronto Kurama recordó que le había prometido a Yuusuke que vigilaría a Kyo Kusanagi esa tarde, mientras él y Kuwabara se encargaban de Iori Yagami. Kurama dejó caer la cabeza sobre su mesa, maldiciéndose interiormente por semejante estupidez. Le había dicho a Hiei que estaría de vuelta por la tarde... ¡Cómo había podido olvidar eso! Qué haría ahora...

Recuperando su compostura, Kurama ignoró las miradas curiosas del resto de la clase y suspiró para sí. Desafortunadamente, la misión encomendada por el Reikai era más importante. Ojalá Hiei comprendiera eso.


 

Capítulo 9: Pequeñas Confesiones

Qué fácil era rastrear una presencia en el Ningenkai, pensaba Kurama. Había salido del colegio y caminaba por las calles, sintiendo claramente cómo la presencia de Kyo Kusanagi se iba acercando.

No estaban en los alrededores del hotel, notó, mirando hacia la multitud que cruzaba una pista. En realidad, estaban bastante lejos. Divertido, se preguntó si Kyo se habría perdido.

Lo vio caminando media cuadra frente a él y decidió seguirlo un rato, para ver a dónde se dirigía. A través de la multitud podía ver que vestía una chaqueta blanca y jeans azules desteñidos. Parecía que con ese cambio de atuendo ninguna de sus fans lo reconocía, porque durante todo el tiempo que lo estuvo siguiendo, ni una sola persona se le acercó.

Kurama pensó que ya era tiempo de ir y hablarle cuando de repente Kyo desapareció. Se detuvo en seco. No lo veía, aunque hacía un segundo había estado exactamente delante de él; tampoco podía sentir su presencia, ni el más leve rastro de su energía. Nada.

Encogiéndose de hombros, Kurama echó a andar de nuevo, atento a las personas que lo rodeaban.

- Nos encontramos de nuevo - dijo una voz secamente a sus espaldas.

Sobresaltado, Kurama se volvió y se encontró frente a frente con Kyo, que lo observaba seriamente, con las manos hundidas en los bolsillos.

- Ah... Kusanagi-kun - saludó Kurama ocultando su turbación detrás de una sonrisa. Realmente, empezaba a comprender por qué Koenma estaba tan preocupado con respecto a esos jóvenes. Iori había sido capaz de herir a Hiei, y Kyo había notado que lo estaba siguiendo, y había podido ocultar su reiki para aparecer detrás de él. Si un youkai hubiera hecho eso y lo hubiera atacado... Kurama apartó esos pensamientos. Kyo se veía molesto.

- Me pareció que me seguías - dijo dando un paso hacia Kurama. El pelirrojo negó suavemente con la cabeza, mientras sostenía la mirada de Kyo. Era diferente, pensó, diferente a la mirada de Yuusuke, diferente a la de Hiei, diferente a cualquier mirada que hubiera visto durante su vida en el Ningenkai. Parecía llena de rencor contra el mundo, de soledad, oculta bajo una actitud bastante pedante.

- No. Sólo volvía a mi casa - mintió Kurama sonriéndole, y sintió que el reiki de Kyo volvía a percibirse -. Pero, ya que nos encontramos, ¿no quieres ir a tomar algo, Kusanagi-kun?

Patético, rió Kurama para sí. Un youko con miles de años de experiencia invitando a un ningen algo para tomar.

- Claro, ¿por qué no? - dijo Kyo encogiéndose de hombros -. De paso, quizás puedas decirme cómo hago para volver al hotel.

Kurama rió con sinceridad ante eso. Kyo estaba perdido, qué gracioso.

A Kyo su risa pareció sorprenderlo, pero no dijo nada.

- To-namento wa sugu hajimeru desu ne {El torneo empieza pronto, ¿verdad?} - preguntó Kurama observando a Kyo mientras caminaba a su lado.

- Sou da {así es}.

- Nunca había oído hablar del King of Fighters - comentó Kurama, recibiendo una mirada incrédula de parte de Kyo. Sonrió -. La semana pasada escuché un comentario en mi colegio... Mis compañeros tampoco creían que no lo conocía.

- Hen darou na... {Es extraño} - respondió Kyo -. Porque con tanta publicidad que hicieron el año pasado... Posters, postales, musicales, incluso juegos de video...

Ambos se detuvieron en seco. Una joven en uniforme de colegio los observaba fijamente. Y no sólo ella, detrás suyo había una cantidad considerable de alumnos saliendo de clases.

- Eh, ¿no es ese Minamino? - preguntó una de las chicas señalando a Kurama.

- Y está con alguien - notó otra -. Bonita pareja, ¿ne? - Todo el grupo rió ante eso, y Kyo no pudo evitar dar un paso hacia ellos, no dispuesto a ser objeto de sus bromas. Pero antes de que pudiera decir nada, un muchacho se abrió paso entre la multitud y lo observó fijamente, boquiabierto.

- Qu... ¿Qué no es Kyo Kusanagi? - exclamó a toda voz, atrayendo las miradas curiosas de todas las personas que estaban alrededor.

Para desesperación de Kurama, que ya tenía experiencia con esas situaciones, se encontró espalda con espalda con Kyo, rodeados de decenas de curiosos y escolares. Al instante empezaron las típicas preguntas.

- Kusanagi-san, ¿me da su autógrafo?

- Minamino-kun, ¿ya almorzaste? ¿No? Ten, no seas tímido, te regalo mi almuerzo.

- Kusanagi-san, ¿tiene entradas para el King of Fighters? ¿Me regala algunas?

- No, el almuerzo de ella es feo, mejor come el mío.

- Shuuichi-kun, ¿tienes novia?

- Y cómo haces... ¿el truco del fuego?

A cada instante el espacio que los separaba de la multitud se reducía más y más; Kurama miró alrededor. No había forma de salir. Miró hacia arriba, de un salto quizás... ¡Inari-sama... esas multitudes de ningen eran peor que los bandos de youkais!

- Oi, Kurama - Kyo le tironeó la manga del uniforme -. Toma mi mano.

- ¿Uh? - Varios pensamientos estúpidos pasaron por la mente de Kurama, entre ellos el porqué Kyo quería tomarle la mano en un momento como ese, pero los sacudió junto con su cabeza.

- ¡Anda! - exclamó Kyo al notar que no lo iba a hacer. Bruscamente, Kyo agarró su mano y la presionó con fuerza -. Ichi... ni... ¡san! {Uno... dos... ¡tres!} - oyó Kurama y un violento tirón lo hizo echar a correr.

Sin consideración, Kyo apartaba de su camino bruscamente a la gente, sin detenerse, y sin soltar la mano de Kurama. Cuando la multitud se dio cuenta de lo que pretendía, se apartaron para evitarlos, pero los que habían sido empujados y lanzados al suelo estaban furiosos, y empezaron a correr detrás de ellos, especialmente los orgullosos muchachitos que no se detuvieron a pensar que estaban persiguiendo al líder del equipo campeón del King of Fighters.

Corrieron un largo rato, lo suficiente como para dejar atrás a los enfurecidos muchachos. Se detuvieron al llegar a un tranquilo parque. El mismo donde Kyo se había quedado dormido en la mañana.

- ¿Uh? ¿Aquí de nuevo? - refunfuñó Kyo dándose cuenta que había dado una vuelta en círculo para llegar al lugar de donde había partido. Miró a Kurama, esperando verlo jadeando agotado, pero se sorprendió cuando se encontró con su mirada tranquila y ni una gota de sudor en el rostro.

- Íbamos a tomar algo - le recordó Kurama, sonriendo. Kyo asintió, sintiéndose extraño.

Había una heladería cerca, y se dirigieron allí. Sentándose en una mesa apartada, Kurama apoyó los codos en la mesa, observando a Kyo. Bonito y delicado rostro, pensó, y ese cabello sobre los ojos... Sonrió. Las chicas tenían razón al perseguirlo. Para ser un ningen, su aspecto era más atractivo de lo normal.

Kyo se movió en su asiento y sacó un arrugado cigarrillo de uno de sus bolsillos. Poniéndolo entre sus labios, empezó a buscar un encendedor. Como no encontró nada en el resto de los numerosos bolsillos de su chaqueta, encendió una llamita en su dedo índice y lo acercó al cigarro.

Mientras esperaba que se encendiera, Kyo levantó los ojos hacia Kurama, que observaba fijamente la llamita. La apagó al instante, exhalando una nubecita de humo.

Después de un rato en silencio, Kyo comentó:

- Me extraña que no hayas preguntado nada.

- ¿Eh? - La verdad era que Kurama había estado pensando en qué estaría haciendo Hiei, y por un momento había olvidado para qué estaba ahí. Pero ahora que su voz lo devolvía a la realidad, se sorprendió al mirar en sus ojos, porque vio una expresión que no había visto antes. Confusión, desilusión, tristeza... - Ah - dijo Kurama reaccionando -, es que yo también sé hacer algunos trucos.

Kyo rió y se apoyó en el respaldo de su silla, cruzando las piernas.

- La gente piensa que es un truco - comentó suavemente, pero a medida que hablaba sus ojos se iban oscureciendo -. Pero puedes estar seguro que no lo es.

- ¿No? - preguntó Kurama. Los sutiles cambios en la mirada de ese joven le producían una sensación extraña, como si quisiese ahondar en sus sentimientos, obligarlo a abrirle su corazón y contarle qué lo angustiaba. En ese momento, por ejemplo, Kyo observaba sus manos. Manos de joven, con dedos delicados, pero apretadas fuertemente en un puño.

- Legado de la sangre - dijo Kyo con un claro tono de ironía en su voz -. La sangre, el fuego, y el odio. La herencia de mis antepasados.

Kurama no dijo nada. Sólo lo observó. Una mesera les llevó lo que habían ordenado, pero ninguno de los dos se movió. ¿Qué era lo que veía en los ojos de ese joven?, se preguntaba Kurama. Era como lo que veía en los ojos de Hiei, y le producía la misma sensación.

- ¿Has odiado alguna vez a alguien, Kurama? - preguntó Kyo.

- No creo que haya una sola persona en este mundo que no haya odiado alguna vez - murmuró él, suavemente.

- ¿Odiarías a tus padres?

La imagen de su madre, Shiori, apareció unos segundos en su mente. ¿Odiar a Shiori? No, nunca. A ella le debía su vida; más que eso, le debía su humanidad. Negó con la cabeza. Kyo le sonrió.

- Yo desprecio a los míos por haberme criado en la forma en que lo hicieron: con el único objetivo de matar a alguien que en otra vida podría haber sido mi amigo. Cuando lo veo, siento que lo odio, porque durante siglos ese odio ha corrido por la sangre de los Kusanagi, pero no tengo razones para odiarlo. No me ha hecho nada a mí. Este fuego... - Kyo encendió una llama que ardió en su mano sacudiéndose violentamente -, me lo dieron para utilizarlo contra él. El don, le decían ellos... - Kyo observó a Kurama, que lo escuchaba atentamente, y sonrió. ¿Por qué le contaba eso? De seguro el muchachito pelirrojo no comprendía nada.

Un estruendo sacudió la heladería donde estaban, y antes de que pudieran darse cuenta de lo que sucedía, los vidrios de la puerta habían sido rotos en pedazos, dejando pasar a un enorme youkai de piel gris.

Los clientes que se encontraban en el interior intentaron salir en forma desesperada, encontrándose con las enormes garras de ese youkai. Se oían gritos, llantos. La gente miraba con horror a la criatura que comenzaba a destruir el lugar, lanzando trozos de las mesas y sillas por el aire.

Kurama se puso de pie de un salto, en guardia. Sintió que Kyo se paraba a su lado, en guardia también, pero confundido.

- ¿Qué demonios es eso? - murmuró mientras esquivaban un golpe del youkai.

La mente de Kurama le decía que tenía que salir de ahí, pelear en un lugar abierto, alejar al youkai de los ningen que estaban en los alrededores. Al mismo tiempo, dudaba en si debía mostrar sus poderes frente a Kyo. Sacudió su cabello, no era momento de dudas. Haciendo aparecer una rosa en su mano, exclamó:

- ¡Rose Whip! - convirtiéndola en un largo látigo de espinas. Kyo lo observó sorprendido -. Salgamos de aquí - le indicó Kurama deslizándose por el agujero que había hecho el youkai en la pared.

- Ah, ¿piensan escapar? - gruñó el ser con voz ronca, yendo tras ellos.

- ¿Esa cosa habla? - exclamó Kyo corriendo detrás de Kurama.

- Es un youkai, un demonio de otro mundo - le explicó el pelirrojo mientras se acercaban más y más al parque. No tuvo tiempo de explicar más, porque el youkai les lanzó una lluvia de rocas que había hecho aparecer de la nada. Los dos jóvenes saltaron hacia lo alto, Kurama tomó la ofensiva y golpeó al youkai con su látigo, inmovilizándole una garra. Sin embargo, con la que le quedaba libre, el youkai lanzó lejos a Kurama, que recuperó su estabilidad antes de caer y aterrizó de pie, unos metros más allá.

Vio como el youkai se lanzaba contra Kyo, y se dio cuenta que era demasiado tarde, aun cuando corriera no iba a poder llegar a tiempo para detener el golpe mortal que el youkai le había lanzado al joven ningen.

- ¡Kusanagi! - exclamó Kurama, pero para su sorpresa vio cómo Kyo era envuelto y protegido por las llamas, que encendieron la garra del youkai, haciéndolo retroceder varios pasos.

- No estoy entendiendo nada - comentó Kyo avanzando hacia el youkai, concentrando el fuego en su puño. Kyo se agachó rápidamente cuando el youkai atacó de nuevo, y desde el suelo le lanzó una patada baja, que lo hizo caer pesadamente, haciendo temblar todo el lugar.

Kurama apareció al lado de Kyo pero notó que el temblor continuaba, aun cuando el youkai yacía quieto en el suelo. Volviéndose, se dio cuenta que Kyo seguía envuelto en llamas. Eso era, el poder del que había hablado Koenma. Todo estaba claro ahora, en la heladería, Kyo había encendido una llamita, y el youkai había aparecido. Ahora que usaba las llamas para atacar, claramente se sentía el temblor en la tierra.

- Mou ii {es suficiente} - le dijo, y Kyo asintió. Las llamas desaparecieron, junto con el temblor.

- ¿Qué era eso? - preguntó Kyo mirando al youkai caído y luego el látigo que Kurama sostenía en su mano. Kurama frunció el ceño. ¿Debía decirle? ¿Podía contarle todo?

Un gruñido salvaje se escuchó detrás de ellos y se volvieron bruscamente, el youkai estaba de pie, y les lanzó un golpe que los hizo salir hacia atrás, rodando por la arena del parque.

- Esto es sólo un aviso - rugió el youkai avanzando con pasos inestables -, ¡pronto el Makai y el mundo de los humanos será nuestro!

Pero no pudo continuar, porque la hoja de una espada lo cortó limpiamente de arriba a abajo, dividiéndolo en dos y haciéndolo caer en un enorme charco de sangre oscura.

- ¡Hiei! - dijo Kurama al ver llegar al pequeño youkai. Yuusuke y Kuwabara llegaron después.

- Sentimos el temblor y vinimos tan pronto como pudimos - exclamó Yuusuke observando como los restos del youkai desaparecían de ese mundo -. ¿Están bien? - preguntó a continuación, mirando a Kyo y a Kurama, que asintieron. Yuusuke sonrió, rascándose la cabeza -. ¿Cómo le vamos a explicar esto a Koenma? - murmuró, consciente de que Kyo iba a desear saber toda la verdad acerca de ese monstruo que acababan de destruir.

***

- ¿Estás bien? - le preguntó Kurama a Hiei, mientras Yuusuke se las arreglaba para explicarle en pocas palabras a Kyo qué había sido lo que sucedió. Hiei apartó la mirada, Kurama dio un paso hacia él, tocándole suavemente el hombro -. Hiei...

El pequeño youkai le dirigió una mirada. ¿Era preocupación lo que veía en sus ojos rubí?

- Yo debería preguntarte eso - respondió Hiei, señalando un arañón que había roto la tela del uniforme de Kurama.

- Ah, estoy bien - sonrió el pelirrojo dulcemente, contento al ver que Hiei se preocupaba por él.

- No luchaste bien - dijo Hiei volviéndose para mirar de reojo a Kyo Kusanagi, que parecía discutir con Yuusuke y Kuwabara -. ¿Por qué?

Kurama sonrió. Sólo Hiei era capaz de darse cuenta de esos pequeños detalles.

- Estabas probando a ese Kusanagi, ¿verdad? - dijo Hiei al notar que Kurama no iba a responder -. Querías que demostrara su poder. Baka.

- ¿Y baka por qué, Hiei? - preguntó Kurama dulce y suavemente.

Hiei introdujo su dedo en el agujero que tenía su uniforme y tocó la herida, haciéndolo saltar debido al dolor.

- Por eso - dijo Hiei simplemente y dio media vuelta para acercarse a Yuusuke y los demás. Kurama se apresuró a alcanzarlo, aún sonriendo.

 


 

Capítulo 10: No es Humillación

Kyo escondió su rostro entre sus manos. Estaba solo en su habitación, pero no era suficiente. No podía sacar esas palabras de su cabeza, ni la imagen del monstruo gris lanzando golpes con sus gigantescas garras. Dios, era para volverse loco. Sí, él, Kyo Kusanagi, había luchado contra las fuerzas oscuras de aquel ser llamado Orochi y había vencido. ¡Pero Orochi al menos había tenido forma humana! Jamás en su vida Kyo había visto una criatura gris, un youkai, como lo había llamado ese muchacho Urameshi. Y lo peor de todo era que había sido debido a su poder el que el youkai había aparecido tan súbitamente en ese mundo.

¿Pero de dónde venía? ¿Mundos? ¿Makai? Para Kyo no había otro mundo que aquel donde vivía. No había más poder que el que veía en el torneo de The King of Fighters. Y era imposible que ese poder fuera capaz de destruir la maldita estabilidad de los mundos. Demonios, ¡demonios!

Golpeó el colchón con todas sus fuerzas. Furioso. Esas llamas, esas malditas llamas que le habían dejado sus antepasados. Si no tuviera ese poder, hubiera sido una persona común, no tendría que luchar, no tendría que temer... ¡Esto jamás estaría sucediendo!

Y lo peor de todo era que Yagami también tenía el mismo poder. Y los youkai irían tras él apenas se abriera una fisura entre los mundos. Urameshi se lo había dicho, y aunque al comienzo había pensado que bromeaba estúpidamente, no podía negar que el youkai gris había sido muy real. Demasiado real.

Llevándose una mano al pecho, sintió que la sangre del golpe que había recibido continuaba brotando de su herida, abundante. Kurama le había preguntado amablemente si estaba bien, y él había mentido. Aun cuando Kurama le comentó que un golpe de un youkai, por muy ligero que fuera, podía resultar mortal para un humano.

- No voy a morir por esto - murmuró Kyo para sí, quitándose su chaqueta y camiseta ensangrentadas. Las dejó colgando de una silla, y se dirigió al baño.

Abrió la llave del agua, dejándola correr durante largo rato, mientras examinaba el arañón. No profundo, pero comenzaba a tomar un tono extraño, medio azulado.

Dejó que el agua corriera entre sus dedos, llevándose la sangre, y luego se humedeció el rostro y el cabello. Con una toalla limpió la herida, gruñendo cuando la áspera tela rozó su carne viva. Era más doloroso de lo normal, notó. Y ese color extraño...

Observándose en el espejo, Kyo se encontró con un rostro juvenil que lo observaba fijamente. Los largos mechones de cabello castaño le caían sobre los ojos, ondulándose suavemente sobre la cinta blanca de su frente. Una punzada lo hizo encogerse de dolor. Ah... maldito youkai...

Volvió a la habitación, haciendo caso omiso al dolor. Se dejó caer en la cama, pensando.

Faltaban pocos días para que el torneo empezara, pero realmente no tenía ganas ni de pensar en luchar. Levantó su mano derecha, observando aquel puño que podía destruir. Extendiendo suavemente sus dedos, dejó que una llamita cálida se encendiera ahí, y durante un momento recordó claramente: el bosque, el niño envuelto en llamas púrpura, su inocente preocupación, y las palabras... Ore wa... Yagami Iori...

- Yagami... - murmuró, entrecerrando los ojos. Era su culpa... culpa de su clan y de su familia. Si no hubiese existido esa rivalidad... Él nunca habría tenido que aprender a luchar. Estaba aburrido de eso, ¡harto!

Un gruñido a su lado lo sobresaltó, haciéndolo levantarse de la cama bruscamente. Algo estaba allí con él, ¿un youkai acaso? Maldita sea...

Kyo ya estaba de pie en medio de la habitación cuando de pronto el youkai saltó sobre su cama. Era más pequeño que el que lo había atacado en el parque, pero su forma era diferente. Parecía más humano, con la diferencia que este pequeño demonio tenía cuernos, y su piel era de un tono verdoso. Parecía sonreír, con sus enormes colmillos al aire, y sus ojos completamente negros entrecerrándose con maldad y superioridad.

El youkai dejó escapar un sonido rechinante, ¿era una risa?

- Kusanagi Kyo - habló, con el lenguaje de los humanos, para sorpresa de Kyo -. Te llevaré conmigo... - No era una amenaza, más bien parecía un aviso de algo que de todas formas sucedería.

- ¿A dónde, si puede saberse? - gruñó Kyo, maldiciendo para sí mientras levantaba los puños, listo para defenderse.

- Nuestro mundo, Makai... - volvió a rechinar el pequeño youkai, bajando de la cama de un salto y corriendo hacia él.

Veloz.

Kyo saltó hacia un lado para esquivarlo, pero pelear en un lugar tan estrecho como esa habitación era difícil. Se encontró esquivando al youkai, que parecía rebotar por todas partes: paredes, suelo y techo, con las garras extendidas listo para clavárselas en medio del pecho. Cada ataque era acompañado de una risa rechinante, y Kyo comenzaba a impacientarse, porque cuando golpeaba, sus puños encontraban sólo el aire.

- Tsuyoi na? {¿Poderoso?} - dijo el youkai sonriendo ampliamente -. Quizás, pero eres sólo un despreciable ningen. ¡Nada puedes hacer contra los habitantes del Makai!

- ¿Qué tienes contra los despreciables ningen? - exclamó Kyo, levantando en alto su brazo y descargando un codazo sobre el cuerpo del youkai, que en ese momento pasaba volando por su lado.

Se oyó un crujido, y al instante el youkai estalló en llamas escarlata. Cayendo al suelo mientras se retorcía por el fuego.

- No ganas nada con destruirme... - rechinó el youkai -. Somos muchos... y los llevaremos a los dos... al Makai...

Después de eso, el youkai se quedó en silencio, y Kyo lo observó arder hasta que su cuerpo no fue más que una mancha oscura contra la alfombra de la habitación. Había nombrado a "los dos". De seguro se refería a él y a Yagami. ¿Sería conveniente avisarle a Iori sobre esos ataques de demonios? Aunque... tal vez estaría bien que uno de ellos se llevara a Yagami al otro mundo...

Sus pensamientos se detuvieron ahí, interrumpidos por la terrible sensación de estar pensando algo que no debía. Sacudió la cabeza, desordenando su cabello castaño. Quizás Yagami era su enemigo, pero Kyo no era capaz de dejarlo morir en las garras de un ser desconocido.

Se puso de pie, decidido. Tal vez Iori lo sacara a patadas de su habitación, no importaba. Le iba a prevenir sobre esos ataques youkai; después de eso, que Yagami se cuidara por sí solo.

Antes de salir Kyo tomó su camiseta y volvió a ponérsela, sin ni siquiera recordar que estaba rasgada y manchada de sangre. Su mente sólo pensaba en qué diría Yagami, y cómo lograría avisarle antes de que Iori intentara encenderlo en llamas.

Iori...

El pasillo estaba vacío, no había habido mucho movimiento esos últimos días. Kyo se dirigió algo inseguro a la habitación de Yagami. Se detuvo en la puerta un momento. Luego golpeó.

Escuchó el sonido de un televisor encendido... pero no reconoció voces ni música, sólo el sonido de la estática. Negó con la cabeza, sólo Iori Yagami era capaz de ver un canal no sintonizado. Como no recibió respuesta, entreabrió la puerta, se asomó, nada, las cortinas estaban cerradas y la luz no entraba a la habitación. Parecía vacía, aunque no era posible decirlo, porque el televisor estaba con el volumen demasiado alto.

Repentinamente, de la nada, un cuerpo pequeño y verdoso se lanzó contra él. Era como si hubiese salido de las sombras directamente para atacarlo cuando estaba desprevenido. Kyo levantó los brazos para protegerse, y sintió claramente cuando los enormes colmillos penetraron en su brazo, pero no consiguieron traspasarlo, porque una mano se cerró alrededor de la cabeza del pequeño youkai, tirando de él hacia la penumbra.

Kyo gritó, sintiendo que a pesar del súbito tirón los colmillos no cedían. La sangre empezó a correr por su brazo. Algo tiraba de él hacia adelante... No, alguien tiraba del youkai hacia adelante, y los colmillos en su brazo tiraban de él. Kyo se resistió, y sintió claramente cuando los colmillos se quebraron.

Un resplandor violeta inundó toda la habitación, y Kyo vio que era Iori, sujetando al youkai de la cabeza contra el piso. Las llamas brotaron de la mano de Iori, haciendo estallar al youkai. Kyo reconoció el Koto Tsuki In, un ataque que formaba parte del estilo Magatama, y que Kyo también conocía. Dio un salto hacia atrás para evitar el fuego que parecía arder descontrolado, mientras se llevaba una mano a su brazo herido, sintiendo claramente lo profundo que habían penetrado los colmillos.

Durante un momento, sólo se oyó el crepitar del fuego púrpura. Pero poco a poco Kyo empezó a escuchar la respiración agitada de Iori, y no pudo evitar pensar que el youkai también le había causado algunos problemas. Finalmente, levantó la mirada para observar a Iori.

Se encontró con su sonrisa maliciosa.

- Parece que te dieron una paliza - sonrió Iori, refiriéndose a las manchas de sangre en su camiseta negra. Kyo sólo frunció el ceño. Si eso era una provocación, la iba a ignorar. Sus dedos rozaron los horribles colmillos clavados en su brazo. ¿Cómo demonios iba a hacer para sacarlos de ahí?

Iori dio un paso hacia él, amenazante, la sonrisa aun en sus labios. Con un movimiento demasiado rápido, sujetó la muñeca de Kyo, su brazo herido.

- ¿Duele? - preguntó sarcástico, presionando para que Kyo se encogiera de dolor -. No te ha ido muy bien hoy, ¿verdad, Kusanagi?

Intentando liberarse, Kyo sólo gruñó entre dientes:

- Ya te dije que si quieres pelear puedes esperar hasta el torneo. Estoy aquí por otra <¡ouch!> cosa...

- ¿Y qué podría ser? - preguntó Iori, acercándose aun más, sin soltarlo. El dolor en su brazo era tan insoportable que Kyo no hizo ningún movimiento para resistirse. Tensar los músculos de su brazo era sentir los agudos impulsos dolorosos. Bajó la mirada.

- Peligro. Para ambos - respondió, sin mirar a Iori.

- Sou ka {¿ah sí?} - Kyo sintió el aliento de Iori en su cuello, cosquilleante, enviando una sensación que lo hizo estremecer, mezclándose con el maldito dolor en su brazo. Demonios, ¡jamás en la vida había pensado que dejaría a Yagami acercarse tanto! Ahora lo tenía sujetándole el brazo, a menos de un centímetro, y susurrándole burlón en su oído.

- Yagami... - gruñó perdiendo la paciencia. Entonces sintió una mordida en su cuello, y una risita maliciosa de parte de Iori. Quiso apartarlo pero descubrió que ahora sus dos brazos estaban inmovilizados. El derecho, sangrando, en la mano de Iori, el izquierdo, atrapado tras su espalda, con aquellos largos dedos de Yagami alrededor. Sentía la respiración de Iori en su cuello, ¡el maldito se estaba burlando de él!

- Te escucho, habla - sonrió Iori, sin dejarlo ir. La sangre comenzó a gotear a la alfombra.

En ese momento Kyo recordó para qué había ido allí, tan estúpidamente. Sin embargo, aun en esa humillante situación, con Iori dominándolo totalmente, no sentía deseos de pelear. Relajó sus brazos, dejó caer su cabeza.

- Esa criatura que acabas de matar...

- Se llama youkai - corrigió Iori, burlonamente.

- Quería matarte... - jadeó Kyo, porque en ese momento el dolor le cortó la respiración. ¿Que acaso Iori no pensaba dejarlo ir?

- Ya me había dado cuenta... - rió Iori contra su cuello.

- Matarnos... - se corrigió Kyo -. Quieren matarnos a los dos.

- ¿Hmm?

- ¡Maldición, Yagami!

Hubo un momento de silencio. Kyo notó que el fuego se había apagado y estaban en penumbra de nuevo. Sintió a Iori estremecerse de risa.

- Shinpai suru na... {No te preocupes...} Kusanagi. No dejaré que te maten... Tú eres mío, ¿recuerdas? - susurró, apartándose al fin. Se oyó un "click" y las luces se encendieron. Kyo miró alrededor, la cama desordenada, el televisor en el suelo, apagado ahora. Por último, miró a Iori, y se dio cuenta que su camisa estaba rasgada también, por las garras de ese youkai. Su brazo seguía en manos de Yagami, que observaba la enorme herida con ligero interés. Súbitamente, su mano se cerró sobre los colmillos y tiró de ellos, arrancándolos con violencia. Kyo dejó escapar una exclamación -. ¿Dolió? - se burló Iori, dejando caer los trozos de dientes junto a los restos chamuscados del youkai en la alfombra.

- Temee... {bastardo...} - gruñó Kyo, retirando su brazo.

- No tan rápido - Iori volvió a sujetarlo, y lo arrastró en dirección a la cama revuelta.

- ¿Qu... qué pretendes? - exclamó Kyo resistiéndose, pero quizás debido a las dos heridas que había recibido ese día, su cuerpo parecía no tener energía suficiente para soltarse de la garra de Yagami.

- Quieto - le ordenó Iori, lanzándolo sobre la cama.

Los ojos de Kyo se abrieron de sorpresa cuando sintió que Iori apartaba la manga de su camiseta, revelando la profunda herida causada por el youkai. La expresión de Iori no había cambiado nada, pero la forma en que rompió un pedacito de su ya rasgada camisa era totalmente nueva para Kyo. ¿Iori Yagami siendo amable? Lentamente, Iori vendó su brazo, pero con tanta fuerza que Kyo sintió como si estuviera intentando romperle los huesos. Era para detener la sangre, lo sabía, pero viniendo de Iori, todo podía ser tomado como acciones para humillarlo. Especialmente lo que estaba sucediendo ahí, con Iori curando sus heridas.

- Deja de moverte - gruñó Iori, sujetándolo firmemente -. Pareces una niñita.

- Deja de presionar tanto - contestó Kyo, haciendo que Iori riera para sí, mientras ejercía más presión sobre la herida. Kyo retiró su brazo, adolorido. Pero no sabía qué hacer a continuación. ¿Salir? ¿Dar las gracias y salir? Dios... Yagami era capaz de hacerle cualquier cosa, y, además, estaban sentados en la cama. Eso era suficientemente incómodo para Kyo, que ya había sido humillado lo suficiente.

Poniéndose de pie, caminó hacia la puerta. Se detuvo antes de salir, para mirar a Iori, que lo observaba pensativo desde la cama.

- Es en serio, lo de los youkai que quieren atacarnos, Yagami - dijo en voz baja, como si supiera que a Iori no le interesaba en lo más mínimo, pero Iori no dijo nada, sólo continuó observándolo -. Es a causa del fuego - continuó Kyo, notando que por primera vez en su vida estaba teniendo una conversación civilizada (o algo así) con Iori... -. Pone en peligro los mundos, Ningenkai y Makai...

- ¿Quién te ha dicho todas esas tonterías? - le interrumpió Iori.

- Eso no importa - respondió Kyo, apoyando una mano en la puerta -. Sólo ten cuidado...

- Tú, ten cuidado - corrigió Iori inclinándose hacia adelante y apoyando sus codos sobre sus rodillas -. Te quiero en buen estado para cuando empiece el torneo.

"Que típico de Yagami", pensó Kyo abriendo la puerta. Dudó una vez más antes de salir; la comprensión, el pedazo de la camisa, el vendaje.

- No me malentiendas, Kusanagi - habló Iori justo cuando él le iba a agradecer -. Eres tan inútil que tal vez dejes que ese brazo se infecte, eso afectaría nuestro encuentro, lo haría... bastante aburrido. No quiero matarte demasiado rápidamente...

Definitivamente, típico de Yagami, gruñó Kyo para sí mientras cerraba la puerta.

***

Kurama estaba sentado en su escritorio, terminando de escribir una redacción que le habían dejado como tarea. Ya casi terminaba, pero se le estaba haciendo difícil concentrarse. La misión que les había encomendado Koenma le parecía extraña. En realidad, no tenía sentido. ¿Vigilar a dos jóvenes ningen en un torneo y evitar que usaran sus poderes al máximo? Eso era imposible. ¿Qué iban a hacer? ¿Intervenir en medio de la pelea diciéndoles que si continuaban iban a producir una fisura entre el Makai y el Ningenkai? Kurama frunció el ceño, definitivamente, algo estaba mal ahí. Koenma les había pedido algo que no tenía mucho sentido. Quizás si les hubiese ordenado que protegieran a los jóvenes de los ataques youkai, o que los llevaran a algún lugar del Reikai hasta que el torneo terminara, eso tendría más lógica.

- ¿Qué pasa? - oyó que preguntaba una profunda y familiar voz. Se volvió hacia Hiei, que estaba sentado en la ventana, como siempre.

- Pensaba en qué razones tienen los youkai para atacar a Kusanagi-kun o a Iori Yagami - respondió. Hiei no lo estaba mirando, parecía observar el exterior con mucha atención, pero Kurama sabía que sí lo escuchaba, así que continuó -: No deberían atacarlos, si son ellos los que tienen el poder de abrir los portales entre los mundos.

- Alguien les ordena hacerlo - sugirió Hiei, volviéndose para mirar al pelirrojo que estaba apoyado en el respaldar de su silla.

- ¿Quién tendría razones para hacer eso? - preguntó Kurama, extrañado.

- El Reikai. Sería la forma más fácil de terminar con el problema - respondió Hiei con una sonrisa maliciosa. Matar a los dos ningen para acabar con el problema, eso era exactamente lo que él haría.

Kurama se quedó pensativo. Lo que Hiei decía tenía sentido. Además, no había otra razón por las que los youkais atacaran y conocieran a Kyo. Alguien los enviaba, alguien se los había ordenado.

***

- ¿Que el Reikai qué? - exclamó Yuusuke cuando se lo comentaron. Frunció el ceño, como si meditara profundamente lo que acaba de escuchar. Sí, podía ser. Pero entonces, ¿por qué Koenma les había pedido que vigilaran a esos dos jóvenes? - ¡Maldición, creo que Koenma nos debe unas explicaciones! - dijo furioso -. Kurama, Hiei, ustedes los vigilarán mientras Kuwabara y yo vamos a arreglar esto al Reikai, ¿está bien?

Kurama asintió. Al menos eso era mejor que cumplir una misión que no entendían. Se despidió de los dos muchachos; pensaba ir a ver a Kyo, le preocupaba esa herida que había recibido del youkai el día anterior.

Entrar al hotel era fácil, ahora que sabía en qué ventana debía saltar para llegar justo frente al ascensor sin llamar la atención de la gente que pudiera estar pasando por ahí. Rápidamente, como una sombra, Kurama se deslizó al pasillo, y se apresuró a llegar al ascensor. Estaba consciente de que la herida de Kyo debía haberse infectado o algo. El joven pensaba que lo había engañado al decirle que estaba bien, pero Kurama tenía conocimiento respecto a ese tipo de heridas, y sabía que las garras del youkai gris habían tenido veneno.

Se llevó una mano a la altura de su estómago. El también había sido herido, pero como era medio youkai, el veneno no había hecho efecto. En Kyo, sin embargo, debía estar actuando con todas sus fuerzas.

Se detuvo frente a una puerta; claramente podía sentir la presencia de Kyo del otro lado. Golpeó un par de veces. No hubo respuesta. Golpeó una vez más y después abrió la puerta. Entró en silencio, y vio a Kyo acostado en una de las dos camas, con el torso desnudo y respirando agitadamente. Su brazo estaba vendado, y la sangre ya había manchado de rojo parte de las sábanas.

- Kusanagi-kun - saludó, acercándose. Kyo entreabrió los ojos, su rostro estaba cubierto de sudor, y parecía que lo costaba trabajo respirar.

- Ah... Kurama... - murmuró con la garganta seca.

- Se infectó - dijo Kurama observando la desagradable apariencia del arañón en el pecho de Kyo.

- No es nada... - gruñó Kyo, pero Kurama ya lo estaba examinando. Lo hizo saltar un par de veces cuando sus dedos rozaron la herida.

- Es grave - dijo tranquilamente -. Fue un youkai el que te atacó, te lo dije. Deberías haberte dejado curar ayer.

- ¡Estoy bien! - insistió Kyo intentando levantarse, pero un ardor brotó de la herida, inmovilizándolo -. Shimatta...

Kurama no pudo evitar sonreír ante el joven testarudo. En eso se parecía a Hiei, pensó. Ninguno de los dos aceptaría que estaba herido y necesitaba ayuda.

- Tengo la cura - dijo Kurama sentándose a su lado y buscando una semilla entre su abundante cabello rojo. Al encontrarla, la posó en la palma de su mano y aplicó un poco de youki, obligándola a echar raíces y crecer. Kyo observaba incrédulo cómo una semilla se transformaba en una planta de grandes hojas verdes y flores azuladas. Kurama sonrió -. Te dije que yo también sabía algunos trucos - le dijo suavemente mientras tocaba uno de los pétalos con la punta del dedo y luego aplicaba el néctar húmedo en la herida de Kyo.

De un salto Kurama se puso de pie y se alejó de la cama. Si no lo hubiera hecho, la patada de Kyo lo hubiera alcanzado en la espalda.

- ¡Demonios! - exclamó el joven al sentir el néctar hacer contacto con la herida. Dios... ¡El dolor era horrible! - ¿Tú quieres torturarme o qué? - le gritó a Kurama que lo observaba sorprendido y con una gotita colgando de su cabello.

- Es la única cura que conozco - se excusó Kurama -. Tiene que doler para contrarrestar el veneno...

Kyo tocó inconscientemente su brazo vendado. Negó con la cabeza.

- Eres más sádico que Yagami - comentó, haciendo que Kurama riera.

- Si no te curo esa herida, terminarás muerto - le dijo con calma. Kyo apartó la mirada y suspiró.

- Si no hay más remedio.. - gruñó. Kurama asintió e hizo el intento de nuevo, con los mismos resultados, Kyo se retorció en la cama y quedó jadeando. Aquello iba a tardar bastante, se dijo Kurama. De pronto tuvo una idea, miró alrededor pensativo. Kyo clavó su mirada en él -: No estarás pensando amarrarme... - murmuró. Kurama sonrió con inocencia, sus ojos verdes brillando.

- No, algo más simple. Voy a traer a alguien para que me ayude a sostenerte. - Kurama salió de la habitación antes de que Kyo pudiera decir nada. El pasillo estaba vacío, y Kurama iba a golpear la puerta más cercana cuando apareció alguien. Volviéndose hacia la figura, Kurama sonrió... Y se encontró frente a frente con Iori Yagami. Bueno, las coincidencias pasaban, razonó, sin cambiar su expresión.

Iori lo observó un momento con el ceño fruncido, como si estuviera molesto por ese estorbo en su camino, pero en seguida pareció reconocerlo.

- Omae... {tú...} - gruñó en voz baja, caminando hacia Kurama. No parecía que iba a decir nada más, simplemente pasó a su lado, siguiendo su camino.

- Disculpa... - dijo Kurama, haciéndolo detenerse. Iori parecía sorprendido de que ese muchachito se hubiese atrevido a hablarle tan familiarmente, aun cuando la mirada de sus ojos era tan amenazante como siempre -. Necesito que me ayudes en algo - continuó Kurama, indicándole que se acercara a la habitación de Kyo.

Sin esperar más, Kurama entró, consciente de que Iori lo seguía con la mirada. Escuchó que caminaba hacia la habitación con él, pero se detenía en la puerta al ver quién estaba acostado semidesnudo en la cama.

Kyo suspiró suavemente, abriendo los ojos. Observó a Kurama, e iba a preguntar si ya había conseguido a alguien cuando su mirada pasó de Kurama a la puerta, donde una figura conocida lo observaba ¿sorprendido?

- Debes estar bromeando - murmuró el joven mientras Kurama se acercaba. El pelirrojo no dijo nada, sólo tomó en sus manos la planta que había hecho crecer y se volvió hacia Iori.

- Haite kure {Entra, por favor} - pidió amablemente. Y para absoluta sorpresa de Kyo, Iori entró. De haber podido, Kyo se hubiera negado, ¿no había sido suficiente con lo del día anterior? Ah, de seguro que no, porque ahora Yagami estaba de pie junto a la cabecera de la cama observándolo con la misma sonrisa burlona.

Kurama sabía de la rivalidad entre ellos, sabía que tenerlos a los dos tan juntos era bastante peligroso, pero quería verificar el nivel de poder de ambos. Esa situación era perfecta, pensó, deshojando la planta en su mano para dejar sólo las flores azules.

- Sosténlo fuertemente - le pidió a Iori, ignorando la mirada asesina que recibió de Kyo. Durante un momento nada pasó. Iori no se movió. Pero súbitamente su mano derecha fue en dirección al cuello de Kyo, cerrándose alrededor, empujándolo contra las almohadas. Koto Tsuki In... El mismo movimiento que había utilizado para atrapar al youkai. Demonios... Kyo se preguntó si Yagami sería capaz de encenderlo en fuego cuando él estaba indefenso. Sin embargo no pudo pensar más porque sintió que esos dedos en su cuello lo estaban ahogando. Jadeó intentando respirar.

Afortunadamente vio que Kurama posaba suavemente su mano en la muñeca de Iori, indicándole que no hiciera eso. Iori se limitó a reír para sí, como si lo que estaba sucediendo fuera algo hilarante.

- Será doloroso - murmuró Kurama, llevándose uno de los pétalos a los labios.

- Kusanagi está acostumbrado al dolor, ¿verdad? - comentó Iori irónicamente, refiriéndose a todos los golpes que le había dado en sus encuentros anteriores -. Pero no puede evitar quejarse como una niñita.

- Urusee! {¡Cállate!} - jadeó Kyo, levantando una mano para apartar a Iori, que fácilmente detuvo el golpe. Así, atrapado por el cuello y con su brazo sano inmovilizado, Kyo empezó a pensar que Kurama se las iba a pagar también.

- Voy a empezar. - Kurama se arrodilló a un lado de la cama, con los pétalos en una mano. Hacía mucho tiempo, uno de sus compañeros en el Makai le había enseñado a usar esa planta. No era una cura común, y había una sola forma de aplicarla... Y no era una manera muy convencional.

Cerrando los ojos, se llevó los pétalos a los labios, y pareció besar la suave y húmeda textura azulada. Luego, inclinándose sobre Kyo, besó su herida, sintiendo el amargo sabor del veneno, y la sangre salada.

- Kh'! - Kyo se retorció, de dolor y de sorpresa. ¡Esperaba que Kurama aplicara un pétalo en la herida, no sus labios! ¡Maldición! Humillarlo así frente a Yagami... Quiso apartarse pero la presión en su cuello y brazo era firme. Abrió los ojos a pesar del dolor y vio que la expresión de Yagami no era diferente a la suya, total sorpresa. - ¡Ah!

Kurama había empezado a succionar el veneno, causándole oleada tras oleada de dolor. Después de un momento, volvió a tocar los pétalos de la flor, y empezó de nuevo. El veneno se había extendido más de lo que esperaba, y eso iba a tomarle un tiempo. Mientras tocaba la herida una vez más, Kurama se preguntó si Kyo sería capaz de soportarlo. Sentía sus latidos acelerados de su corazón contra sus labios, e inevitables gemidos brotaban de su garganta. Afortunadamente Iori hacía un buen trabajo al mantenerlo quieto.

- Pareces niña, Kusanagi - exclamó Iori, al notar que sus ojos empezaban a nublarse con inevitables lágrimas. Pero Kyo no lo escuchó, su cabeza cayó hacia un lado, inconsciente.

Irguiéndose, Iori observó fijamente al extraño muchacho pelirrojo que continuaba inclinado sobre Kyo. La sangre corría por sus labios, mientras absorbía todo ese veneno. Su mirada no era la de un muchachito común. Era como si tuviera experiencia en esas cosas.

Finalmente, Kurama se retiró, y en silencio se puso de pie para ir a lavarse al baño. Dejó correr el agua y sumergió sus manos ensangrentadas, juntando un poco de líquido para humedecerse el rostro. La frialdad del agua se sintió agradable, llevándose la sangre y el veneno.

Como era de esperarse, Kusanagi-kun no lo había soportado. Era doloroso, Kurama lo sabía, y era mucho peor cuando el veneno había tenido toda una noche para actuar y arraigarse firmemente en el cuerpo del ningen. Pero ya había terminado.

Levantó la mirada para observarse en el espejo, ya no habían rastros de sangre en sus labios. Sólo su cabello húmedo indicaba que aquella curación también lo había agotado a él.

Iba a salir del baño, cuando por el rabillo del ojos captó el reflejo de Iori en el espejo. No pudo evitar observar como el joven se inclinaba sobre Kyo, con una expresión indeterminada en sus ojos, y apartaba suavemente los húmedos mechones castaños de su frente.


[ Capítulos 11 a 20 ]

 

Fanfic por MiauNeko para
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versión 1.02
Abril, 2002