Fanfic por MiauNeko

El Inevitable Crossover: Yuu Yuu Hakusho & The King of Fighters

Taiyou, Tsuki, Honoo to Bara
{Sol, Luna, Fuego y Rosas }
ver. 1.02

***

Capítulo 11: Beso de Amigo

Mientras caminaba de vuelta a casa, Kurama sintió claramente que Hiei lo estaba siguiendo. Se detuvo en una esquina para esperarlo.

- Deberías haberlo dejado - fue lo primero que dijo Hiei, saliendo de las sombras.

- ¿Dejarlo morir? - preguntó él -. Eso es cruel.

- Es sólo un ningen, el Reikai lo matará de todas formas.

- Oh, Hiei...

Kurama posó su mano en el hombro de Hiei, inclinándose hacia él. Qué simple le parecía la vida y la muerte a él, un youkai de fuego que había crecido solo en ese salvaje mundo llamado Makai. ¿Cuántos demonios habían muerto bajo el filo de su espada? Demasiados, quizás. Y eso había hecho que Hiei se tomara la muerte a la ligera. Especialmente la de los humanos.

- No es tan simple - dijo Kurama suavemente -. Si yo hubiese estado herido, ¿me habrías dejado morir?

Hiei apartó la mirada.

- Por supuesto que no.

- ¿Y por qué? - continuó Kurama, presionando un poco más su respuesta.

"Porque eres mío", pensó Hiei para sí, pero respondió secamente:

- Sería un desperdicio de poder si murieras.

Esa no era la respuesta que Kurama esperaba, su corazón se sintió adolorido al oír a Hiei decir eso. ¿Acaso eso era para Hiei? ¿Sólo un guerrero poderoso?

Se detuvieron en medio de la desierta calle, y Kurama pasó sus brazos alrededor de Hiei, estrechándolo fuertemente.

- Baka kitsune... {zorro tonto} - intentó protestar Hiei, sin embargo en su interior su corazón latía acelerado debido a la cercanía de Kurama. Se retorció y liberó, apartándose antes de que Kurama notara sus mejillas sonrojadas

- Hiei, si tú estuvieras herido, yo jamás te dejaría morir. ¡Jamás! ¿Sabes porqué? Porque te quiero...

Haciendo una pausa, Kurama lo observó directo a sus ojos escarlata, que parecían confundidos y un poco avergonzados.

- No puedo dejar morir a Kyo... porque imagino cómo sufrirán las personas que lo aman. Perder a un ser amado es lo peor que puede suceder...

Kurama sabía lo que Hiei estaba pensando: que él nunca había amado a nadie. Que él no conocía ese sentimiento. Le sonrió dulcemente. Ciertamente Hiei había conocido el dolor en la vida, había sido abandonado siendo niño y tuvo que aprender a sobrevivir por sí solo, convirtiéndose en el frío y despiadado youkai que era ahora. Había sido traicionado, había sufrido mucho... Kurama lo abrazó de nuevo, hundiendo su rostro en su cabello negro, sintiendo el olor que le recordaba los bosques del Makai. Quizás alguna vez Hiei había tenido alguien a quien pudo llamar amigo, pero lo había dejado atrás, y alrededor de su corazón se había formado una barrera que le impedía sentir cariño hacia alguien. Era una forma de defenderse, una manera de evitar el dolor que causaría la partida de la persona en quien había depositado sus sentimientos.

- ¿Me crees cuando digo que te quiero? - preguntó Kurama con suavidad, acariciando su cabello.

- Yo... - murmuró Hiei apartando la mirada, incómodo. Su corazón le decía: "Sí, ¡SI! Quiero creer en ti." pero sus labios pronunciaron otras palabras -: No lo sé, ni me importa.

La expresión de Kurama se entristeció y para Hiei fue doloroso ver cómo su mirada brillante se apagaba tan repentinamente, pero de todas formas apoyó sus manos en el pecho de Kurama y lo empujó hacia atrás, obligándolo a soltar su abrazo. Le dirigió una fría mirada que ocultaba el remolino de sentimientos en su interior y la confusión en su mente. ¿Kurama decía que lo quería? ¿Podía creerle? No... Kurama era demasiado para él, demasiado hermoso, una criatura perfecta. Era imposible que lo amara. Imposible.

- Hiei... - susurró Kurama comprendiendo lo difícil que era para el pequeño youkai expresar sus sentimientos -. Jamás volverás a estar solo, si es eso lo que temes. Siempre voy a estar aquí cuando me necesites. ¿Comprendes? Siempre voy a estar contigo. Aun cuando un mundo nos separe...

Se detuvo. Hiei le había dado la espalda y echaba a andar delante de él, sin hacerle el menor caso.

"Hiei..." susurró Kurama en su interior, profundamente dolido.

***

- Cambio de órdenes - dijo Yuusuke, su expresión era seria, preocupada. Estaban en la habitación de Kurama, que estaba sentado en la cama. Yuusuke y Kuwabara se habían arrodillado en el suelo. Ambos se veían demasiado serios, como si tuvieran grandes problemas. Hiei estaba en la ventana, escuchando sin mirarlos.

- Esta vez Koenma se ha metido en apuros - comentó Kuwabara con la mirada baja.

- ¿Cómo es eso? - preguntó Kurama.

Yuusuke levantó los ojos hacia él. Los mechones de cabello negro que caían sobre su frente estaban húmedos, su piel se perlaba de sudor.

- Hiei tenía razón. Enma ha planeado una forma de deshacerse del peligro que amenaza a los mundos. Es algo así como una recompensa. El youkai que consiga acabar con Kusanagi o Yagami, o ambos, obtendrá la vida eterna.

- Nani? {¿Qué?} - Kurama no daba crédito a lo que oía. ¿Enma dando una recompensa por acabar con un par de jóvenes ningen? ¡Era una locura!

- Koenma nos dijo que aunque su padre es el Rey del la Muerte, no puede poner fin a una vida que no está destinada a acabar. O no con sus propias manos. Es por eso que envía a youkai. Cientos de ellos. Por supuesto que Koenma se opuso. Y eso lo ha metido en problemas.

- No lo entiendo - murmuró Kurama. ¿Por qué llegar a ese extremo? Por Inari... ¡eran sólo dos ningen!

Yuusuke adivinó lo que estaba pensado.

- ¿Recuerdas lo que dijo Hiei sobre que era la manera más fácil de acabar con la amenaza? Pues es exactamente así. Si Kusanagi o Yagami no dejan de usar sus poderes, cosa que NO van a hacer, este mundo estará en peligro hasta que ellos arreglen sus asuntos. O hasta que mueran. La solución es matarlos. Ah... maldición, Kurama. Lo sabes, para Enma Daiou ellos son sólo dos almas entre muchas otras. Si mueren no habrá problema.

Se quedaron en silencio un rato. Yuusuke apretaba fuertemente los puños, con frustración. No conocía lo suficiente a Kyo como para sentir algo de amistad hacia él, pero sí consideraba sumamente injusto que el Rey de la Muerte quisiese acabar con una persona que aún tenía mucho que vivir. Tenía que haber una forma de evitar eso... Sacudió la cabeza.

- Ahora es nuestro trabajo evitar que los youkai los maten, o al menos darnos un poco de tiempo hasta que encontremos una maldita solución - dijo amargamente. Por mucho que pensara, no conseguía encontrar una salida a ese problema. No quería que ninguno de los dos jóvenes tuviera que morir; pero mientras ambos existieran la amenaza estaría latente.

- Vida eterna... - murmuró Kurama pensativo. Definitivamente, era una locura ofrecer eso a un youkai sediento de sangre y ganas de conquistar mundos. Pero era una recompensa muy llamativa, claro. ¿Quién no quiere vivir para siempre?

- ¿Y cómo vamos a hacerlo? - preguntó Kuwabara hablando al fin -. No podemos estar siempre con esos dos tipos.

- Pues, tendremos que estar con ellos lo más posible - gruñó Yuusuke rascándose la cabeza ante este nuevo problema. Kusanagi no es problema, pero ese maniático de Yagami...

- Ustedes pueden encargarse de Kusanagi-kun - dijo Kurama suavemente -. Hiei y yo vigilaremos a Yagami.

Los rostros de Yuusuke y Kuwabara se iluminaron al instante.

- Aa, arigatou!! {¡¡Ah, gracias!!}- exclamaron felices.

- No tienes problema con eso, ¿verdad Hiei? - preguntó Kurama volviéndose hacia el demonio de fuego, que se volvió para sonreír con maldad.

- Al contrario - dijo en voz baja y complacida.

- Yoshi {Bien}, entonces... estará todo bien durante unos días. El torneo empieza pronto y habrá que tener más cuidado - indicó Yuusuke poniéndose de pie. Parecía más animado que cuando había llegado -. Si conseguimos que no pase nada hasta que termine el King of Fighters, esos dos tendrán que alejarse por todo un año y eso nos dará mucho tiempo.

- Esperemos que sea así de fácil - comentó Kurama con una sonrisa pensativa. Yuusuke se volvió hacia él, furioso.

- ¡NO SEAS PESIMISTA! - exclamó. El pelirrojo le sonrió encantadoramente.

- Aaa, sumimasen {Ah, lo siento}- dijo y los tres rieron.

***

- ¿Y cómo te sientes? - preguntó una voz a su lado. Kyo, que continuaba acostado, se volvió a medias y notó que era Benimaru. Estaba inclinado sobre él y sus largos mechones rubios caían por los lados de su rostro. Sus ojos delineados en negro lo hacían parecer más delicado de lo que era, y con ese cabello... Kyo pensó que estaba mirando a una mujer. No respondió -. Ya fuimos a todas esas sesiones de fotos, y las conferencias, y las entrevistas - comentó, sentándose a su lado -. Lo único que hacían eran preguntarnos: "¿Y dónde está Kyo Kusanagi? ¿No podemos hablar con él? ¿Ha tenido algún problema? ¡Kyo Kusanagi, Kyo Kusanagi, Kyo Kusanagi!"

Cualquiera hubiera pensado que Benimaru estaba celoso de la fama de Kyo, pero él sabía que sólo estaba bromeando. Sonrió. El joven rubio le desordenó el cabello juguetonamente.

- ¿Y tu dolor de cabeza? - preguntó.

- Desapareció - murmuró Kyo, disfrutando del agradable contacto de la mano de Benimaru en su cabello. Tan diferente a la de Yagam... Maldición, mejor ni pensar en eso.

- Yare yare - rió Benimaru -. Seguro que tu enfermera Shingo vino a cuidarte y por eso estás tan feliz - bromeó.

- Baka... {Idiota...} - murmuró Kyo pensando que hubiera sido mil veces mejor tener a Shingo sosteniéndolo que a Yagami.

- Es mejor que estés bien, porque el torneo ya va a comenzar - le recordó Benimaru poniéndose de pie y alejándose.

El torneo. No parecía que hubiese pasado un año desde la última vez que participaran. Todos aquellos que le resultaban familiares estaban ahí de nuevo, los mismo equipos, los mismos rostros. Los mismos rivales...

De nuevo pensaba en Yagami. En su extraño comportamiento de esos últimos días. Kyo no podía creer que había visto a Iori tratándolo casi amablemente un par de veces. Era inconcebible. Cada vez que miraba en sus ojos le daba la impresión que Iori era capaz de matarlo en cualquier momento, dentro o fuera del torneo. Sin embargo habían estado tan cerca... y nada había sucedido. En lo profundo sentía alivio, y a la vez estaba confundido por esa nueva actitud de Yagami. ¿Pretendía humillarlo al comportarse así?

Aún podía sentir sus dedos alrededor de su cuello, presionando peligrosamente y cortándole la respiración. Después de eso no recordaba nada. Quizás Yagami realmente lo había ahorcado hasta hacerlo desmayarse... O quizás no... Y ese Kurama había desaparecido para cuando él despertó. Hm, le preguntaría qué sucedió apenas lo viera.

***

Iori se apoyó en el la pared del baño, tosiendo. La sangre estaba corriendo por sus labios y manchaba su camisa blanca, su cuello. Lentamente su cuerpo cedió y se encontró de rodillas, sangrando.

Apretando los puños golpeó el suelo con fuerza, furioso. Ya no había duda. Era la maldición que le había impuesto su clan al hacer el estúpido pacto con Orochi. Su vida era corta, y al parecer se le estaba acabando el tiempo.

Apoyando su espalda contra la pared, Iori cerró los ojos. Sonrió. ¿Miedo a la muerte? No, no era eso. Ni a la muerte ni a lo que viniera después. Era la desesperación de saber que quizás Kyo podría vencerlo en el torneo debido a esta estúpida debilidad de su cuerpo. Aquello lo enfurecía inimaginablemente. Rió para sí, tal vez ni siquiera estaría vivo para cuando empezaran las peleas.

Limpiándose la sangre con el dorso de su mano, se puso de pie trabajosamente. Había tenido a Kyo en su poder dos veces, había podido matarlo ahí mismo. Pero no, algo se lo había impedido. Es que así no era divertido, se dijo. Sin embargo, sabía que quería hacer algo más antes de acabar con Kyo.

Pero no había tiempo...

Sus piernas le fallaron y otra vez resbaló hasta quedar sentado en el frío suelo del baño. Su pecho ardía, y casi no podía mantener los ojos abiertos. Le costaba trabajo respirar. Lentamente sintió que iba perdiendo la consciencia, para retroceder a aquel momento que se repetía incesante en sus sueños.

El bosque. La luna. El sonido del viento.

- No te muevas.

La voz infantil que lo había perseguido desde siempre.

- No te muevas, estás herido.

- Déjame en paz... O te mataré.

Risas suaves. El niño lo abrazaba y él no tenía fuerzas para soltarse. Tuvo que quedarse allí, bajo la luna, sintiendo su calor. Inesperadamente sintió que el niño se apoyaba en él y susurraba.

- Estás herido por mi culpa... Yo... no dejaré que te hagan daño de nuevo... ¡No se los permitiré!

Iori había reído. ¿Qué iba a hacer un niño contra su padre y maestros? Ellos estaban decididos a enseñarle cómo matar a los Kusanagi, nada los haría cambiar de opinión. Pero... En lo profundo de su corazón Iori deseaba que el niño lo consiguiera, que de alguna forma lo liberara de ese destino.

- Mis padres piensan lo mismo que los tuyos - le dijo el niño suavemente -. Es cruel.

Echando un poco la cabeza hacia atrás, Iori observó el rostro de ese niño que estaba sentado detrás de él abrazándolo. Sus ojos marrones eran grandes y brillaban con determinación, aun a esa edad. La cinta blanca en su frente tenía el símbolo del sol dorado que identificaba a su familia. En ese momento sus miradas se encontraron y el niño sonrió suavemente.

- Te has negado, ¿verdad? - preguntó.

- ¿Eh? - Iori no comprendía de qué hablaba.

- Te negaste a pelear contra mí, te negaste a aceptar que ellos eligieran tu destino.

- ¿Y qué si lo hice? - Iori intentó moverse, pero su cuerpo no le obedecía.

- Yo también lo hice. Y no me prestaron atención. Por eso me voy.

- ¿Qué? - Iori clavó su mirada en ese muchachito. Acaso... ¿acaso ese niño tenía el poder para negarse a la voluntad de sus padres? Si él lo hacía, si lo conseguía... Entonces quizás Iori también tendría una oportunidad.

- Me voy de casa - le explicó el niño suavemente -. Ya no tendrás contra quién pelear y te dejarán tranquilo. Te lo dije, no permitiré que te hagan daño nunca más... Iori.

En aquel momento algo extraño había sucedido. El niño lo abrazaba con fuerza, y Iori deseó creer en él, creer en sus palabras, en su promesa. No más peleas, no más dolor, no más fuego...

Ah, ¡pero que inocentes eran!

Y había tenido que sufrir mucho. Cuando el dolor parecía hacerlo enloquecer, escuchaba esa vocecita: "No quiero que te vuelvan a hacer daño..."

- ¡Mentiroso! - había gemido en la oscuridad de las noches -. Creí en ti... ¡te mataré por esto! ¡Te odio, Kusanagi!

- Kusanagi... - gruñó Iori. Las paredes del baño se materializaron a su alrededor, el sabor de la sangre impregnaba su boca.

Una promesa rota, pensó. Después de darse cuenta que ese niño había sido atrapado mientras huía y obligado a seguir entrenando, Iori lo despreció por no haberlo logrado, y lentamente su corazón aceptó todo lo que le decía su padre, aprendió a odiar a ese clan rival, y pronto olvidó ese encuentro en el bosque, dejando que el odio y desprecio lo envolvieran como si siempre hubiesen sido parte de su alma.

***

Era temprano en la mañana y las clases habían empezado hacía poco. Kurama miraba pensativo por la ventana, en alguna parte podía oír a un profesor hablando pero era demasiado lejos, su mente no estaba allí.

¿Cómo estaría Hiei? ¿Tendría problemas para vigilar a Iori Yagami? Kurama pensó que quizás no debió haberse ofrecido para vigilarlo. Con su horario de colegio tenía que depender de Hiei, y el pequeño youkai era demasiado impulsivo cuando se trataba de peleas. Un descuido y podía terminar enfrentándose con Iori.

Ah Hiei... Recordó el dulce beso que le había permitido darle en una ocasión, y cómo lo había rechazado tan fríamente en otra.

Sintió una punzada en corazón. No podía llegar a Hiei. Quizás lo había besado, quizás lo había abrazado, pero no conseguía sentirse satisfecho. Una vez se había prometido no forzar a Hiei, darle tiempo de pensar y entender sus emociones, pero decirlo era más fácil que hacerlo.

¿Qué hacía dudar a Hiei? ¿Por qué no se entregaba a él? Aquellas dos ocasiones tan íntimas Kurama había estado seguro de que Hiei le abriría su corazón, que le diría cuál era el problema. Pero no había sucedido. Las palabras habían muerto en sus labios cuando estaba a punto de pronunciarlas. ¿Cuál era el problema?

Quizás Hiei tenía miedo. Miedo de entregarse a alguien y después ser traicionado. ¿Cómo podía hacerle entender que jamás lo iba a dejar? Hiei era la criatura más hermosa que hubiese visto nunca. Tan poderoso y frío, y a la vez tan solo e inocente. Cuando lo veía pensativo Kurama deseaba acercársele y abrazarlo, o hacerle alguna pequeña bromita porque le encantaba la expresión de Hiei cuando no sabía cómo reaccionar.

Kurama se llevó una mano al pecho. No podía soportar esa espera. Quizás Hiei continuara dudando por siempre, quizás en realidad no tenía esperanzas.

Aquello le dolió, pero mientras más lo pensaba más real parecía. Hiei era como una sombra en su vida que iba y venía libre. Él no tenía derecho a atarlo con sus sentimientos. Suspiró suavemente. Por fortuna las clases terminarían pronto, estaban en semana de exámenes y la excitación estaba presente en el ambiente. La mayoría de alumnos estaban felices porque podrían asistir a la mayor parte de las peleas del torneo durante las vacaciones. Kurama se preguntó si llegarían a ver algo de ese torneo. Porque así como estaban las cosas, era más probable que el Makai invadiera el mundo antes de que el King of Fighters llegara a las semifinales.

El timbre sonó de repente, sobresaltándolo. Al mirar el reloj de la pared, Kurama notó que ya habían pasado dos horas. Él ni lo había notado. Sonrió para sí. Nunca había estado tan distraído en su vida.

En eso un griterío llamó su atención. Junto con otros alumnos, se apresuró a acercarse a la ventana para mirar. En el patio vio a gran cantidad de escolares reunidos alrededor de un grupo de gente que entraba. Frunció el ceño. Masaka... {Imposible...}

Mientras salía al patio Kurama pensaba qué tenían que estar haciendo ahí, en medio de su colegio, los participantes del King of Fighters. En eso notó las cámaras fotográficas, las cámaras de televisión cubriendo el evento, y a algunos jóvenes firmando autógrafos en los cuadernos que los escolares les entregaban.

- Asamiya-saaaaannn!!! - gritó alguien desde atrás al ver a una recién llegada de largo cabello púrpura que vestía un curioso trajecito rojo. Ella sonrió acercándose a la multitud y saludando, mientras los encargados de seguridad que iban con ella hacían lo posible por que los alumnos no los aplastaran.

Muchos gritos se mezclaban con los nombres, pero el grupo de peleadores consiguió llegar al edificio del colegio y rápidamente los hicieron entrar a un aula vacía. Los alumnos esperaron afuera, continuando con el griterío.

Kurama observó todo desde un lugar alejado del patio. Estaba apoyado en un árbol con los brazos cruzados sobre el pecho, pensando.

- Oi.

Se volvió al escuchar una voz y Kurama se encontró con que era Kyo. Le sonrió.

- ¿Tú por acá? - preguntó Kurama a lo que Kyo respondió encogiéndose de hombros.

- Quiero hacerte una pregunta - dijo seriamente -. Lo del veneno, ¿por qué lo hiciste?

- Para sacar el veneno de tu cuerpo, claro - explicó Kurama.

- ¡No me refiero a eso! ¿Por qué Yagami?

- ¿Eh? - Kurama notó una expresión extraña en el rostro del joven.

- ¡Deja de hacerte el tonto! - exclamó Kyo perdiendo la paciencia. Su mirada era seria, sus puños estaban fuertemente apretados y parecía realmente furioso -. ¡¿Por qué tuviste que llamar a Yagami?!

Kurama frunció el ceño, su expresión se tornó fría.

- ¿Cómo podía saber que él no te agradaba? - dijo intentando sonar indiferente -. Sólo pensaba en algo rápido para salvarte.

Kyo se quedó en silencio. Apartó la mirada algo avergonzado. Kurama era amable con él y él le correspondía de esta forma. Dejó que su expresión se relajara.

- Está bien, gomen. Es que estoy algo alterado, lo de ayer... tú sabes.

Al mirarlo, Kyo se encontró con los ojos comprensivos de Kurama.

- No hay problema, entiendo - lo tranquilizó el pelirrojo tocándole ligeramente el hombro. Al segundo siguiente sonrió como si nada hubiera pasado -. ¿Qué es todo esto? ¿Por qué estás aquí?

- Es para una sesión de fotografías promocionales. Los equipos participantes con sus fans alrededor - explicó Kyo volviendo a la realidad -. Una locura. Esos muchachos se nos van a tirar encima.

- Ciertamente - asintió Kurama riendo al imaginar la ridícula escena de todos esos musculosos peleadores con cientos de niñitas en traje de marinerito encima. En seguida preguntó -: ¿Y vendrán todos los participantes?

Asintiendo, Kyo señaló la multitud de jóvenes gritando.

- Ya deben estar adentro.

- ¿Y tú no vas? - Kurama miró a Kyo a los ojos, en ellos vio algo de dudas, qué extraño. Siempre se veía seguro de sí mismo.

- Tendré que ir... - gruñó Kyo mientras echaba a andar en dirección a la multitud. Kurama fue tras él después de verificar que Yuusuke y Kuwabara no estaban por ningún lado. Kyo caminaba en silencio con la mirada fija en el suelo cuando de repente no pudo evitar preguntar -: ¿Sabes si Yagami ha venido?

Aquella pregunta extrañó a Kurama que se quedó observándolo. Los oscuros ojos de Kyo brillaban ahora, impacientes, esperando una respuesta. Entonces Kurama entendió todo. No pudo evitar sonreír para sí. ¡Era tan obvio!

- Está adentro - respondió. Habían llegado a la puerta, ahora todo era cuestión de pasar la barrera de fans.

- Miren, es Minamino con Kyo Kusanagi - comentó alguien y de pronto todo el colegio tenía puesta su atención en ellos.

¿Cómo consiguió entrar al edificio? Kyo nunca lo supo. Después de verse rodeado por la multitud, Kurama tomó todo en sus manos y al instante siguiente estaban frente a la puerta entreabierta donde alguien le daba las últimas indicaciones a los miembros de los equipos. Al parecer realmente pensaban hacerlos posar con los alumnos que esperaban afuera, curiosos.

En eso la persona que hablaba notó a Kyo en la puerta y lo hizo entrar, invitando a Kurama también, quizás pensando que iba a posar con el resto de los peleadores en las fotos.

Se retiraron al fondo de salón en silencio, escuchando la voz hablar a sus espaldas, determinando las poses, los lugares, las expresiones, vestimenta e iluminación. Había más de treinta personas allí adentro, contó Kurama mentalmente. Y la energía que llenaba el aula era realmente extraña. Nunca había visto a tantos ningen con habilidades espirituales reunidos en un sólo lugar.

Cruzando las manos tras su espalda, Kurama se apoyó en la pared, al lado de Kyo. Mirándolo de reojo, notó que sus ojos estaban fijos en la persona que hablaba adelante, pero que no estaba prestando atención. ¿La razón? Iori Yagami estaba a su izquierda, en el rincón del aula, parado indolentemente con los brazos cruzados y observando a Kyo fijamente.

Kurama notó que Iori vestía una larga camisa blanca que asomaba por debajo de su corta chaqueta oscura, contrastando con el color rojo oscuro de sus pantalones. Ciertamente, tenía un extraño estilo. Se veía inusual, pero era innegable que se veía bien. Kyo, en cambio, estaba vestido como uno más de los estudiantes que se ven todos los días en las escuelas. Camiseta blanca, chaqueta y pantalones negros, y guantes adornados con el dorado símbolo de su familia.

Un rostro se asomó por una ventana y desapareció. A Kurama le bastó un segundo para darse cuenta que era Hiei. Seguro estaba afuera, y Yuusuke también. Excusándose, salió del aula. No era peligroso dejar a Kyo con Iori en ese momento, después de todo, estaban rodeados de gente que podían controlarlos en caso de que algo sucediera.

- ¿Todo bien, Kurama? - preguntó Yuusuke con una sonrisa que se disculpaba por haberle perdido el rastro a Kyo.

- Claro, pero creo que será mejor que yo vigile a Kyo y tú a Yagami, ¿ne?

Yuusuke rió.

- No, no, gracias, así está bien - exclamó, y en seguida se puso serio -. ¿Qué está pasando adentro? La energía de esta zona se siente extraña.

- Es sólo una sesión de fotografías - explicó Kurama -. Parece que durarán el resto de la mañana así que nos darán libre el día.

Así fue. Debido a la excitación producida en el colegio, y a que los alumnos se negaron a a regresar a sus aulas después de terminado el recreo, los profesores decidieron dar por terminado el día de clases. Claro que ninguno de los alumnos regresó a su casa. Todos esperaban ver de cerca a los peleadores.

***

- Ah, ya están saliendo - exclamó Yuusuke algunas horas después. Se la había pasando dormitando bajo el árbol y su expresión era soñolienta, pero se puso de pie de un salto, listo para seguir a Kyo. Sin embargo, para sorpresa de Yuusuke y Kurama, Kyo no salió con el resto de peleadores sino que se dirigió hacia ellos. Parecía cansado.

- ¿No te aburres, Urameshi? - fue lo primero que dijo, molesto.

- ¿Uh? - Yuusuke no entendió a qué se refería.

- De seguirme todo el maldito día.

Yuusuke hizo una mueca como excusa y rió.

- Sólo vigilaba que no aparecieran más youkai, es todo - dijo ligeramente, como si no tuviera importancia. Repentinamente Kyo lo sujetó del cuello de su uniforme y lo atrapó contra el árbol. Yuusuke frunció el ceño e hizo un movimiento para liberarse pero se contuvo -. ¿Qué pasa contigo? - murmuró en voz baja, conteniendo su furia.

Con un gruñido Kyo lo dejó ir. Se observaron largo rato en silencio, sin pestañear. Kurama pensaba intervenir para calmarlos cuando vio que Iori pasaba en dirección a la salida, observándolos con una sonrisa burlona en los labios.

- ¿Qué te dijo Yagami? - preguntó dirigiéndose a Kyo, que pareció sorprendido por la pregunta. Yuusuke también se veía extrañado.

- ¿De qué hablas, Kurama? - preguntó el muchacho. Kyo se limitó a apartar la mirada.

- Su burló porque te seguimos, ¿verdad? - insistió Kurama. La expresión de los tres jóvenes era dura, seria. Oyeron un resoplido divertido proveniente de las ramas del árbol y luego, con un susurro de hojas, Kurama sintió que la presencia de Hiei se alejaba. Volvió a concentrarse en Kyo Kusanagi, de pie frente a él.

- No necesito que me protejan - murmuró Kyo pasándose una mano por el cabello. En un segundo su mirada perdió ese toque de rabia contenida, incluso intentó sonreírles -. Ya no me sigan, ¿quieren?

- Como quieras - exclamó Yuusuke y echó a andar en dirección a las puertas del colegio. Tenía mejores cosas que hacer en vez de estar siguiendo a un jovencito creído y pedante.

Kurama y Kyo estaban solos. Bajo el árbol que se sacudía suavemente con el viento frío. En silencio.

- ¿Por qué te importa tanto lo que Yagami piense de ti? - preguntó Kurama suavemente, dando un paso hacia Kyo que bajó la mirada, evitándolo.

- No me importa - respondió no muy seguro.

- Sí lo haces - Kurama sujetó el brazo del joven que observó su mano y luego a Kurama -. Y yo sé porqué.

Kyo guardó silencio. Kurama dio otro paso hacia él. El patio estaba completamente desierto, y si alguien miraba por las ventanas de algún salón el tronco del árbol los ocultaba a medias.

Inclinándose lentamente, Kurama rozó los labios de Kyo con los suyos. Un toque ligero al comienzo, que hizo saltar a Kyo, luego un poco más de presión mientras sentía que Kyo sujetaba sus brazos fuertemente y se resistía. Sin embargo a través de ese contacto Kurama sintió como si Kyo llorara interiormente, como si estuviera desesperado. Nunca antes había sentido algo así. Ni en su vida pasada, ni en su vida como ningen. Este joven escondía muchos misterios en su alma.

La respiración de Kyo se agitaba, notó mientras pasaba sus brazos alrededor de él sin romper el contacto de sus labios. Escuchó un gemido.

Alejándose unos centímetros, Kurama observó al joven que estaba frente a él. Su mirada estaba baja, sumamente avergonzado. Sus ojos estaban nublados de lágrimas pero también parecía furioso. Triste y furioso a la vez. Su corazón se encogió al notar lo hermoso que se veía con esa expresión tan desolada. Ya antes le había gustado Kyo, ahora se sentía fuertemente atraído hacia él.

- Kyo... - susurró Kurama -. Está bien - le dijo.

Se sentaron bajo el árbol, ocultos a cualquier mirada curiosa que pudiera dirigirse hacia ellos por casualidad.

- No, no está bien - negó Kyo. Su voz estaba tensa, a punto de quebrarse. Sacudió la cabeza, haciendo que los delgados mechoncitos castaños cayeran sobre sus ojos.

Apartando esos mechones, Kurama le dijo dulcemente.

- Está bien que ames a Yagami, es perfectamente normal.

Al escuchar ese nombre Kyo cerró los ojos.

- ¿Normal? ¿Normal querer a alguien que lo único que piensa es matarme?

- Al menos sabes que piensa en ti - respondió Kurama sintiendo un ligero dolor en su corazón.

Kyo rió secamente. Sarcásticamente.

- Parece que tienes experiencia en esto - dijo.

Kurama asintió y le sonrió.

- Más de la que podrías imaginar - le aseguró enigmático. No pudo evitar inclinarse hacia Kyo de nuevo buscando sus labios. Esta vez Kyo no se resistió, al contrario, permitió que Kurama se apoyara en él hasta que quedaron casi recostados en el pasto, ocultos tras el árbol.

A Kurama le gustaba ese joven. Podía sentir que estaba lleno de confusión y rabia. Se parecían un poco, pensó Kurama mientras sentía el calor del cuerpo de Kyo bajo él. Amaban a un imposible. Y buscaban consuelo en otro.

Las manos de Kurama sujetaron los lados de la cabeza de Kyo mientras retrocedía un poco.

- No tengas miedo en aceptar tus sentimientos - le dijo suavemente, acariciándole la mejilla -. Es el primer paso para que él se de cuenta. Ya verás.

- Kurama... tú...

Poniendo un dedo sobre los labios de Kyo, Kurama lo hizo callar.

- Yo tengo mis propios sentimientos hacia una persona - le dijo cariñosamente -. No te confundas. - Kurama rió con suavidad -. Eso fue un beso de amigo, ¿entendido?

Kyo no se movió. Durante un segundo le pareció que el muchacho que hablaba no era Kurama sino otra criatura. El tono de voz cambiaba, la expresión de sus ojos no parecía la de un jovencito que aún asistía al colegio. Sin embargo ese "beso de amigo" lo había reconfortado un poquito. Asintió lentamente. Kurama retrocedió, ayudándolo a incorporarse. Al cabo de un rato salieron de la escuela y antes de tomar caminos separados Kurama se volvió:

- Yagami no te odia tanto como quiere hacerte creer - dijo. Kyo sonrió incrédulo, como si pensara que Kurama estaba bromeando -. En verdad, él no te odia...


 

Capítulo 12: Antes del Torneo

Soy un tonto. ¡Un tonto! Dejé que ese zorro me engañara con sus palabras bonitas, con su *amor*. Ja, que ingenuo fui. Intenté resistirme. Lo hice, pero fue en vano. A pesar de que lo evitaba sus palabras entraban en mi mente y se quedaban ahí, dando vueltas y repitiéndose infinitamente, dolorosamente. Cuando me pregunta si lo quiero... ¿por qué lo hace? ¿Qué puede importarle el amor de un youkai o de otro?

Sin embargo estúpidamente yo quería creerle. Aunque nunca lo aceptara frente a él, mi corazón le creía. La mirada en esos ojos verdes, el largo cabello rojo, demasiado hermoso para ser un ningen. Tan hermoso que me parece imposible que se haya fijado en alguien como yo.

Quiero saber porqué lo hace, ¡no lo entiendo! ¿Acaso se burla de mí? ¿Me considera un juego? O quizás está tratando de probarse a sí mismo que puede llegar a conquistarme. Baka kitsune... Perdiste, porque no necesitas conquistarme. Ya soy tuyo... Ya formo parte de tu colección de amantes... Maldito youko plateado. Te odio por eso, y te mataría. Pero no puedo... no puedo matarte porque te amo. Y matarte sería como condenarme a mí mismo.

Quizás sea uno más entre muchos.

No. SOY uno más entre muchos.

¿Cuántos amantes ha tenido a lo largo de su vida? ¿Qué puede significar un youkai más o uno menos?

Después de todo, él es Youko Kurama. El legendario ladrón del Makai. Muchos youkai lo recuerdan aun, y algunos lo recuerdan como *más* que un simple ladrón legendario.

Pero la primera vez que lo vi... Caí en el hechizo de sus ojos. Y desde entonces comprendí que no sería mío nunca. Quizás yo sería de él, pero él nunca sería mío.

***

Hiei esperaba oculto en lo alto de un árbol, cerca a la puerta de la escuela de Kurama. Ya casi era hora de que las clases terminaran, y el youkai esperaba para ver salir al muchacho pelirrojo. Su corazón dolía y se sentía confundido, quería resistirse a la sublime atracción que el youko ejercía sobre él pero mientras más lo intentaba peor era. Sólo quería verlo, quizás de lejos, sin que Kurama se diera cuenta. O tal vez dejarse caer a su lado y caminar en silencio. Pensando cuánto lo odiaba. Pensando cuánto lo amaba.

La campana anunció, al fin, el término del día escolar y pronto la calle se llenó con las voces de los estudiantes que salían. Hiei los observó indiferente. Kurama no estaba por ningún lado. Frunciendo el ceño, Hiei imaginó que Kurama le iba a reprochar el que no estuviera vigilando a Iori Yagami, pero no le importaba. Ese ningen había estado metido en su habitación del hotel toda la mañana, sentado en su cama y viendo cualquier tontería en la televisión. No había nada que vigilar.

Una presencia familiar lo hizo observar las puertas de la escuela y vio que era Kurama, sonriéndole a algunos de sus compañeros que se despedían de él. Hiei se sintió embargado con diferentes y fuertes sentimientos. Frunció el ceño, intentando en vano calmar su corazón. Un impulso le decía que fuera hacia el kitsune, ¡deseaba tanto encontrarse con esos ojos esmeralda! Quería escuchar su suave voz, sus bonitas palabras... Por otro lado, una fuerza aun mayor lo obligaba a quedarse donde estaba, observando inmóvil.

Hiei cerró los ojos un segundo para intentar ordenar sus sentimientos. No quería aceptar que ese youko lo había atrapado con sus demostraciones de cariño. ¡Kurama era un youko! Quizás ahora tenía la forma del delicado ningen Shuuichi Minamino pero su alma seguía siendo la del Youko Kurama que había sido tan conocido en el Makai. Se decía que Youko Kurama era frío y cruel, que era capaz de traicionar hasta a las personas que lo amaban. Mirándolo ahora, Hiei no podía creer que se trataba de la misma persona: el alto y despiadado Youko plateado y el dulce y cálido Shuuichi.

"Pero son la misma persona", repitió su mente. "El alma de los seres no cambia con el tiempo. Quizás aprende cosas nuevas, amar, sufrir, pero en el fondo sigue siendo lo mismo."

El youkai de fuego conocía muy bien las historias que había escuchado sobre el legendario youko ladrón del Makai. No sólo era poderoso y hábil, también había tenido tantos amantes como tesoros había robado. Se decía que Youko Kurama no estaba satisfecho con tener un solo amante, y por eso había tenido una gran cantidad a lo largo de sus más de mil años de vida. Y no eran demonios cualquiera, los seleccionaba con cuidado, hermosos, poderosos, que consiguieran mantenerlo entretenido al menos por unos cuantos años.

Sin embargo siempre llegaba un momento en que se deshacía de ellos. Los abandonaba, o incluso había llegado a matarlos él mismo. Era así como se había ganado su fama de frío y despiadado. Muchos youkai se habían resistido a sus encantos, pero finalmente habían sucumbido ante el hermoso youko plateado.

Hiei no quería ser uno de ellos. Pero quizás era demasiado tarde.

Dejó escapar un ligero gemido de angustia mientras apretaba los puños. Kurama seguía en la puerta del colegio, unas muchachas lo habían abordado y parecían conversar alegremente. Hn, igual que esas ningen, él había caído en el hechizo de Kurama. ¿Debería seguir sus instintos y dejar que Kurama lo amase aun sabiendo que ese "amor" sería algo pasajero? ¿O debería continuar resistiéndose?

Maldición, ambas cosas eran difíciles y dolorosas.

Una sonrisa se dibujó en los labios del pequeño youkai mientras pensaba sarcásticamente que quizás podría dejarse amar por Kurama, durante un momento olvidar que ese amor era pasajero, y disfrutarlo como si todas las promesas pronunciadas por los labios de ese sensual youko fueran verdad.

Sin embargo ese pensamiento no lo hizo sentir mejor. Al contrario... Él nunca había tenido algo valioso en la vida. Nunca había llegado a significar algo para alguien. Quizás debía conformarse con el amor pasajero del legendario Youko Kurama. Quizás...

Hiei se puso de pie en la rama donde descansaba, oculto en el árbol. Había tomado una decisión y estaba dispuesto a hacer la prueba. Kurama le había repetido muchas veces que realmente lo amaba, que confiara en él, que no lo iba a dejar solo. También le había dicho que él ya no era el mismo youko despiadado. Su vida como humano le había enseñado lo que era el amor verdadero hacia una persona y ahora era capaz de apreciar el valor de sus seres queridos. Además, Hiei había notado claramente cómo Kurama se había preocupado por salvar a ese estúpido ningen Kusanagi. Quizás era verdad y el alma del youko había aprendido a amar. Quizás era sincero cuando le decía que lo amaba sólo a él. Ya no tenía nada que perder, se dijo Hiei inclinándose sobre la rama para saltar hacia Kurama. Su corazón había tomado una decisión muy importante, ya no había marcha atrás.

- Hola, Kurama.

Hiei se detuvo en seco al borde de la rama y tuvo que sujetarse del tronco para no caer. Al mirar hacia abajo notó que una persona se acercaba al pelirrojo. Era un joven que había estado apoyado contra el muro del colegio casi tanto tiempo como Hiei había estado oculto en el árbol. Llevaba lentes oscuros cubriéndole el rostro, y vestía una chaqueta blanca sobre una larga camiseta negra que tenía un diseño en forma de cruz sobre el pecho. Examinando el reiki de ese joven, Hiei no percibió nada extraño, y se preguntó quién demonios sería.

El muchacho pelirrojo ya se había despedido de las chicas que se le habían acercado y se volvió aún sonriendo ligeramente para mirar a quien lo había saludado. Durante un momento no pareció reconocer al joven, y Hiei deseó que se deshiciera de él rápido. Sin embargo el joven se sacó los lentes oscuros y suaves mechones de cabello castaño cayeron sobre sus ojos. Hiei y Kurama lo reconocieron al momento.

- Kyo... - saludó Kurama con una expresión que a Hiei le pareció demasiado feliz. Sólo había visto ese brillo en los ojos del pelirrojo cuando él entraba por la ventana de su habitación y él le decía que se alegraba mucho que estuviera ahí.

- Pasaba por aquí y decidí saludar - dijo Kyo poniéndose los lentes de nuevo para que los alumnos que continuaban saliendo de la escuela no lo reconocieran.

Era mentira. Hiei lo sabía mejor que nadie. Kyo no "pasaba por ahí". Había estado esperando por Kurama desde hacía largo rato. Su corazón latió acelerado y su ceño se frunció mientras instintivamente su mano se cerraba alrededor de la empuñadura de su katana. Al instante siguiente se obligó a relajarse. Había decidido creer en Kurama. Iba a confiar en él.

Entonces su corazón pareció detenerse. Ahí, frente a sus ojos, Kurama había tomado la mano de Kyo y le decía algo en voz baja con una expresión que Hiei pensaba estaba reservada sólo para él. El brillo en los ojos verdes, la ligera curva de esa delicada sonrisa, la mano de ese ningen entre los delgados dedos de Kurama...

Con violencia la sangre volvió a fluir por su cuerpo y Hiei tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no saltar sobre ellos y separarlos. Jamás había visto a Kurama tomar así la mano de alguien, ni Yuusuke, ni Kuwabara, ni siquiera él. Había demasiado significado en ese roce, y la expresión de su rostro... Hiei sacudió la cabeza con violencia, confundido.

Había tenido razón, ¡todo el tiempo lo había estado engañando! Y justo ahora... justo cuando decidía creer en el kitsune sucedía esto. Rió amargamente para sí. Los labios de Kurama y los de Kyo se movían formando palabras, pero ya no podía escucharlos. Los furiosos latidos agitados de su corazón apagaban cualquier otro sonido.

Se alejó de ellos junto con el viento, desapareciendo en un segundo, sin que lo notaran.

***

El viento agitaba el cabello de Kurama mientras le sonreía a Kyo. Se sentía extrañamente feliz de haberse encontrado con él. El joven estaba vestido de manera distinta, ya no con su habitual uniforme negro de colegio. Ahora parecía otra persona, camiseta negra, chaqueta blanca y jeans celestes un poco gastados. Tampoco llevaba la cinta en su frente, y el cabello le caía libre sobre los ojos.

Empezaron a caminar en dirección a la casa de Kurama. Con las manos hundidas en los bolsillos, Kyo murmuró:

- Vine a despedirme, por si no te vuelvo a ver otra vez.

- ¿Por qué? - preguntó Kurama.

- El torneo empieza pronto, y después de la inauguración los encuentros se realizarán en distintas partes del mundo.

- Pero la final será aquí - sonrió el pelirrojo.

- Quizás ni siquiera llegue a la final - gruñó el joven. Debido a los lentes oscuros Kurama sólo pudo suponer que estaba frunciendo el ceño -. Te dije que estaba aburrido de esa pelea sin sentido.

Kurama miró el suelo un momento, pensativo. Luego preguntó:

- Pensé que te gustaba pelear. Yuusuke nos contó que habías aceptado su reto...

Con una risa suave Kyo se quitó los lentes y los guardó en uno de los bolsillos de su chaqueta. Inclinó la cabeza sonriendo irónico.

- Me gusta pelear, sí, es divertido. Me refería a pelear contra Yagami. He estado pensando que debería dejarme vencer en las preliminares. O retirarme, no lo sé. - Pasó una mano por su cabello castaño. Se veía algo angustiado, notó Kurama. Su orgullo no le permitía dejarse vencer a propósito, y su responsabilidad se negaba a dejar que el resto de su equipo perdiera por su culpa. No, Benimaru y Goro no tenían porqué verse afectados por sus decisiones personales.

- Ne, Kyo... - dijo Kurama suavemente.

- ¿Hum?

- ¿Por qué vas a participar en este torneo? ¿Por qué te inscribiste?

Aminoraron el paso, Kyo parecía confundido. O avergonzado.

- ¿Querías ver a Yagami, verdad? - preguntó Kurama sujetándolo del brazo y obligándole a detenerse. Kyo rió secamente, levantando su mirada hasta clavarla en los ojos de Kurama. Negó con la cabeza pero no muy convincentemente. Finalmente su expresión se tornó de burlona a angustiada.

- Te conozco menos que a nadie - dijo Kyo en voz baja -, pero tú pareces saber todo lo que pienso y siento...

- Es que te comprendo - le confió Kurama -. Sé lo que es no ver durante mucho tiempo a una persona. Y sé también lo que se siente cuando al fin te encuentras con ella y lo único que recibes son miradas frías y palabras duras.

Se observaron un segundo y luego Kyo se apartó, murmurando:

- Pensé que esta vez conseguiría solucionar todo de alguna forma. Intenté sentir sólo odio hacia él y por un momento lo logré. Quise vencerlo, incluso matarlo. Pero después que lo trajiste a mi habitación para que te ayudara... - hizo una pausa -. Yo había estado con él antes... Se comportó de forma totalmente distinta... fue casi... amable. Pensé que podría lograr hacerlo entender pero al instante volvió a ser el mismo bastardo de siempre.

- ¿Recuerdas que te dije que él no te odiaba tanto como pensabas? - preguntó Kurama. Estaban cerca de su casa, en la calle solitaria y silenciosa. No había ni una sola persona por ahí, sólo se oía el sonido del viento -. Tal vez él también se obliga a odiarte.

Kyo rió.

- No, Yagami no. El realmente quiere matarme, y le gusta la idea.

Con un gesto Kurama le indicó a Kyo que su casa estaba a pocos pasos y Kyo le sonrió.

- Debo volver al hotel.

- ¿No quieres pasar? - invitó Kurama -. Podemos volver juntos más tarde, debo vigilar a Yagami, ¿recuerdas?

Algo titubeante el joven asintió y siguió a Kurama en silencio.

- 'Kaasan, tadaima {Mamá, llegué} - dijo el pelirrojo después de abrir la puerta. Un rostro femenino se asomó por la puerta de la cocina limpiándose las manos en un paño blanco y sonriendo encantadoramente.

- Okaeri {Bienvenido}, Shuu-chan... Ah... ¿has traído a un amigo? - La madre de Kurama, Shiori, se acercó para saludar a Kyo que pareció algo avergonzado mientras hacía una ligera inclinación.

- Kyo y yo iremos a mi habitación - dijo Kurama después de las debidas presentaciones y subieron las escaleras, Shiori les dijo que dentro de poco el almuerzo estaría listo, y que no había problema si Kyo deseaba quedarse a comer con ellos.

En la habitación, Kurama se sacó el uniforme y se cambió por algo más cómodo. Kyo lo observaba sentado en la cama.

- Tu madre es muy amable - comentó.

- Ah... Es muy importante para mí - sonrió Kurama -. Significa más de lo que te podrías imaginar.

Con una extraña sensación, Kurama sintió el impulso de contarle a Kyo sobre su verdadera naturaleza. No podía explicar por qué.

- ¿Y tu padre? - preguntó Kyo.

- Murió.

Al volverse el youko vio claramente la mirada en los ojos de Kyo. Estaba perdido en sus pensamientos, como si recordara algo que era extremadamente doloroso. De repente supo que el padre de Kyo estaba muerto también y que el joven arrastraba un sentimiento de culpabilidad que, junto a toda la confusión que experimentaba ahora, lo estaba haciendo dudar de sus convicciones.

Terminó de ponerse una camiseta y chaqueta y se sentó al lado de Kyo. Le tocó el hombro.

- ¿Aún estás a tiempo para retirarte del torneo? - preguntó. El joven levantó la mirada hacia él, sin comprender la razón de la pregunta. Asintió.

- Shingo podría entrar por mí en el equipo, pero...

- Kyo, eso es lo que deseas, ¿verdad? Si no participas, no tendrás que enfrentarte a Yagami, y tampoco tendrás que dejarte vencer. El próximo año podrás entrar al torneo de nuevo.

- Pero... - Kyo intentó protestar, sin embargo sus argumentos le parecían estúpidos. Guardó silencio. Kurama sabía lo que quería decir.

- Quieres verlo, lo sé.

- Esto no nos va a llevar a ninguna parte - exclamó Kyo de repente, furioso, golpeando su pierna con un puño -. Ya veré qué hago. Maldición.

Con cuidado Kurama posó su mano en ese puño, obligándolo a relajarse.

- No me crees cuando digo que te entiendo, ¿verdad? - sonrió el pelirrojo dulcemente -. Crees que soy sólo un muchacho sin experiencia en estas cosas, quizás crees que estoy encantado contigo porque eres el famoso Kyo Kusanagi, campeón del torneo King of Fighters.

- No... - negó Kyo -. Encantado no.

Kurama asintió.

- Pero no crees que yo tengo experiencia con ese tipo de sentimientos, ¿ne?

- Eres sólo un muchacho. Y menor que yo. ¿Cómo podrías comprender?

Eso era, pensó Kurama. Deseaba que Kyo creyera en él, y para eso debía hablarle sobre su verdadera naturaleza. El problema era, ¿cómo reaccionaría Kyo al saber que en realidad él era un youko?

- Te entiendo más que nadie - le aseguró sin soltar su mano -. Y me alegra mucho que te hayas tomado la molestia de venir a despedirte de mí.

***

Algunas horas más tarde Kurama y Kyo se dirigieron al hotel donde se hospedaban los participantes del torneo, sin embargo ambos sintieron que algo estaba mal. Pronto oyeron sirenas y gritos, y hubo gran agitación alrededor de ellos.

De una sola mirada echaron a correr, pasando hábilmente entre la gente que observaba desde las veredas cercanas. Oyeron el sonido de vidrios reventando, y súbitamente notaron la alta columna de humo negro que se elevaba contra el cielo.

- ¡Un incendio! - exclamó Kurama deteniéndose en seco. Estaban lo más cerca posible del hotel, habían puesto una barrera para evitar que la gente se acercara. Rodeándola, Kyo lo llevó hacia donde se encontraban los otros peleadores.

- ¿Qué sucedió? - preguntó Kurama. El joven rubio, Benimaru, lo observó un momento y respondió:

- No sabemos, de un momento a otro nos obligaron a salir del hotel y de pronto todo estalló en llamas.

Kurama frunció el ceño. ¿Podía haber sido obra de un youkai? Levantó la cabeza, observando alrededor de él. Notó que Yuusuke estaba a un lado de la barrera, observando seriamente, atento al ataque de cualquier youkai. Concentrándose, intentó percibir si había algún youki cerca pero no notó nada. De pronto oyó:

- ¿¡Dónde demonios está Shingo!?

Era Kyo, que examinaba la multitud esperando ver el rostro de su aprendiz.

- ¡Pensé que estaba contigo! - exclamó Benimaru.

- Shimatta... ese idiota sigue adentro - gruñó Kyo dando un salto y pasando la barrera, evitando a los bomberos que intentaron detenerlo.

- ¡Kyo, regresa! - Benimaru quiso ir tras él pero fue sujetado fuertemente por un grupo de hombres -. Maldito estúpido, ¡si el fuego no le hace daño el humo lo ahogará! - Retorciéndose intentó soltarse, pero sólo fue empujado de vuelta tras la barrera.

- ¡Kurama! - Yuusuke lo había visto y lo llamaba desde el otro lado. Presuroso Kurama fue hacia él -. Que bueno que llegaste - comenzó Yuusuke apartándose de la multitud -. Pasaba por aquí cuando el fuego comenzó - le contó -, y sí, fue producido por un youkai. Al parecer pensaban usar el fuego para obligar a Kusanagi y Yagami a salir. Deben haber youkai en los alrededores, hay que estar alerta.

Asintiendo, Kurama se volvió hacia el edificio en llamas. No pudo evitar que sus ojos expresaran preocupación cuando vio como las ventanas reventaban, para dejar salir las enormes lenguas de fuego.

"Kyo...", pensó, apretando los puños.

***

¡Maldita sea, no era momento para estar perdido en los pasillos del hotel! Kyo corría escaleras arriba, mentalmente intentando recordar cuántos pisos había subido. ¿Seis? ¿Siete? Al diablo con eso. El olor a humo era más fuerte en ese piso así que abrió la puerta y se encontró en el pasillo del octavo piso, donde estaba su habitación.

Había fuego en las puertas y las llamas se extendían rápidamente por la alfombra, despidiendo un espeso humo negro que pronto lo envolvió sin dejarlo ver nada.

- ¡Yabuki! - llamó, sin recibir respuesta.

Sin pensarlo más, Kyo se adentró en el fuego, apartándolo fácilmente con las manos. Se dirigió a la habitación de Shingo y empujó la puerta. Al abrirse, una espesa cortina de humo lo envolvió, haciéndolo toser mientras invadía sus pulmones. Era imposible respirar ahí adentro. El calor y las llamas no eran un problema, pero el humo no lo dejaba ver nada, y cada vez se le hacía más difícil respirar.

- ¡Shingo! - llamó de nuevo. La habitación estaba oscura, las cenizas volaban en el aire. La cama estaba ardiendo, lo mismo que el resto de los muebles. La ventana estaba rota y el humo escapaba como una columna por ahí. Miró debajo de la ventana y lo vio. Hecho un ovillo y protegiendo algo entre sus manos -. Shingo... - exclamó acercándosele. El muchacho estaba inconsciente.

Su visión se nubló de repente cuando el oxígeno dejó de entrar en sus pulmones. Levantando la mirada, Kyo se dio cuenta que ahora toda la habitación estaba en llamas. Empezó a toser mientras sentía que se ahogaba. Cayó de rodillas junto a Shingo, tosiendo dolorosamente. Estaba debajo de la ventana pero ni siquiera eso le permitía respirar.

Haciendo un esfuerzo, levantó a Shingo para intentar salir de ahí. No podía escuchar el sonido de las sirenas en la calle, sólo el rugir de las llamas y su respiración ahogada llenaban el lugar.

- Kusanagi... san - oyó gemir a Shingo. Al menos estaba vivo.

- Eres... un idiota... - gruñó Kyo al ver qué era lo que Shingo protegía contra su pecho.

Un póster. Chamuscado y cubierto de cenizas. Con la firma de Kyo Kusanagi.

Algo hizo explosión a su lado y lo envió contra una pared. Cuando intentó levantarse se dio cuenta que su cuerpo se negaba. El humo lo envolvía y ni siquiera conseguía ver el rostro de Shingo. Tampoco podía respirar. Sonriendo para sí se preguntó si moriría ahogado. Qué ironía, el heredero del fuego de los Kusanagi muriendo atrapado en un incendio.

Sin embargo sentía un poco de alivio. Si todo terminaba así... No tendría que luchar contra Yagami nunca más.

Dejó caer la cabeza, apoyándose en el cuerpo de Shingo. No había salvación para ninguno de los dos, pensó. Su alma se lamentaría eternamente no haber podido salvar a Shingo. Y la de Shingo llevaría por siempre la culpabilidad de haber producido la muerte de su maestro. Estaban parejos. Kyo cerró los ojos.

- ¡Cobarde! - oyó a lo lejos -. ¿Crees que te dejaré escapar del dolor tan fácilmente? Vas a seguir viviendo porque quiero que sufras, ¡quiero que sufras junto conmigo!

Entre sueños volvió al bosque. La noche tranquila, la luna en el cielo. De seguro alucinaba.

- No... - murmuró el niño abrazando fuertemente a quien tenía entre sus bracitos. Eran sólo dos niños, y frente a ellos se alzaba la silueta amenazante de Iori Yagami -. Le prometí que no sufriría más, ¡lo prometí!

Inclinándose sobre los dos pequeños, Iori sujetó al niño pelirrojo que lo observó con odio, pero incapaz de moverse para defenderse. Manteniéndolo en el aire, Iori rió salvajemente.

- No merece ser protegido, ¿lo sabes? ¡Es sólo un cobarde, un idiota que cree todo lo que tú le dices! ¡Es tan estúpido que no se da cuenta que estás mintiendo!

El pequeño de cabello oscuro se puso de pie, dispuesto a enfrentarse a ese alto demonio pelirrojo.

- ¡NO! Yo cumpliré mi promesa, ¡no permitiré que nuestras familias decidan nuestros destinos...!

El niño calló de repente cuando vio como el cuerpo del pequeño pelirrojo era envuelto por las llamas púrpura y lanzado a la oscuridad del bosque con pasmosa facilidad.

- Temee!! {¡¡bastardo!!} - gritó el niño empezando a correr hacia Yagami con una llama escarlata ardiendo en su mano. Iori esquivó los golpes con facilidad, y envió al niño contra el árbol de una sola patada.

- ¡Deberías dejar de prometer cosas que no vas a poder cumplir! - rugió Iori, encendiendo su fuego violeta y haciendo arder al niño.

- Yamero! {¡Detente!} - gritó Kyo pero fue en vano. Iori miraba los cuerpos sin vida de esos dos niños inocentes. Había una sonrisa maligna en sus labios, pero en su mirada... Kyo notó claramente un profundo dolor -. ¿Por qué haces esto, Yagami? - exigió saber, furioso. Iori le respondió con una risa apagada.

- Es lo que se merecen.

- ¡¿Por qué?!

En un segundo Kyo se encontró atrapado con las manos de Iori alrededor de su cuello. Vio sus ojos brillando con maldad, los largos mechones rojos sacudiéndose mientras el fuego comenzaba a envolverlo, y su sonrisa burlona.

- Demasiado inocentes. Es mejor acabar con ellos ahora en vez de dejarlos sufrir en el futuro. Es lo que sientes, ¿verdad? Tú también piensas eso. Deberíamos haber acabado con todo aquella noche el bosque.

¿Aquella noche en el bosque...?

***

Kyo abrió los ojos lentamente. Estaba acostado en algún lugar. Sobre él podía ver las hojas de un árbol contrastando contra el cielo. Escuchó el sonido de los automóviles cercanos, y también el alegre resonar de las voces en el parque.

Entonces... No estaba muerto.

Respiró profundamente, disfrutando del aire fresco que entraba en sus pulmones. Se sentía adolorido y cansado, pero interiormente estaba agradecido de seguir con vida. Los pensamientos en el hotel habían sido de desesperanza, pero ahora que estaba a salvo reconocía que realmente no deseaba dejar ese mundo aún.

En un parque. Estaba recostado sobre la hierba fresca y había una prenda debajo de su cabeza, se sentía suave, y despedía un olor familiar.

Volviéndose lentamente, Kyo percibió el brillo de algunos mechones de cabello rojo. Sonrió.

- ¿Kurama? - preguntó, intentando levantarse.

- Bien quisieras - respondió una voz ronca y profunda, totalmente diferente a la suave voz de Kurama. De un salto Kyo estaba de pie.

- ¡Yagami! - exclamó, sorprendido. ¿Qué se suponía que estaba haciendo Iori ahí? ¡No estaba entendiendo nada!

Con una risa burlona, Iori se inclinó para recoger su chaqueta, que era donde Kyo había estado apoyado. Aquello lo confundió aun más. Observó fijamente a Iori, como esperando una explicación. Notó que sólo vestía su larga camisa blanca, desabotonada hasta el pecho y ciñéndose en su delgada cintura. Había huellas de quemaduras en su ropa, y notó que también sus pantalones estaban manchados con ceniza.

- ¿Creías que te iba a dejar escapar tan fácilmente? - preguntó Iori dando un amenazante paso hacia él -. Nunca creí que fueras tan cobarde, Kusanagi.

- ¿TÚ? - exclamó Kyo dándose cuenta que había sido Iori quien lo salvo de morir en el hotel -. ¿Por qué?

- Te lo dije mientras dormías - sonrió Iori -. Si esta vida te hace sufrir tanto, pues quiero que continúes viviendo... al menos hasta que yo te mate.

- ¡Estás loco! - Kyo retrocedió un paso al ver que Iori se acercaba más, pero al instante Iori se puso la chaqueta y levantó los brazos en posición de pelea.

- Ya que estás con tendencias suicidas, ¡será mejor acabar con esto ahora! - exclamó Iori.

Kyo abrió los ojos y clavó su mirada en Iori. Estaba confundido. Yagami lo había salvado en el hotel porque quería tener el placer de matarlo él mismo, pero entonces, ¿a qué se debía ese amable gesto de prestarle su chaqueta para que apoyara su cabeza? Y a qué se había referido con "terminar todo en el bosque"? Esa frase le hacía pensar en algo importante, pero su mente se negaba a recordar.

- Acabaré pronto con tu dolor, Kusanagi - dijo Iori corriendo hacia él. Kyo no hizo ni un movimiento, ni ofensivo, ni defensivo. Sólo observó la alta figura de Iori Yagami lanzándose hacia él. El golpe en su estómago lo hizo doblarse hacia adelante, pero cuando pensaba que iba a caer un segundo golpe en su mandíbula lo envió hacia atrás, y luego un tercero lo hizo caer contra el suelo. Iori retrocedió de un salto, había una sonrisa en sus labios mientras observaba a Kyo ponerse lentamente de pie. Había sangre brotando de su boca, pero sus ojos estaban bajos y sus brazos caían lacios a sus costados. Iori abrió los ojos con sorpresa -. ¿No te vas a defender?

Kyo lo miró un momento, no parecía furioso, tampoco se veía asustado.

- Te dije que no tengo ganas de... - empezó, pero Iori no lo dejó terminar y corrió hacia él. Su mano derecha buscó la cabeza de Kyo, que no hizo nada para esquivarlo, y la sujetó con fuerza, como si quisiera reventarla.

- Te mataré... - amenazó Iori muy cerca de su rostro, obligándolo a caer al piso. Kyo oyó una dolorosa explosión en su cabeza, y destellos de llamas violeta lo envolvieron. Sin embargo no lo hirió tanto como había esperado. Iori estaba siendo amable con él, incluso para castigarlo. Sus golpes no tenían la fuerza de ocasiones anteriores. Sintió que lo sujetaban del cuello para mantenerlo de pie. Entreabriendo los ojos observó la expresión de Iori. Parecía frustrado al ver que Kyo no pensaba defenderse -. ¿Por qué? - gruñó furioso -. ¿Por qué no te defiendes, por qué no atacas?

Kyo sonrió con sinceridad. ¿Por qué? El mismo no lo sabía. ¿Porque te amo? No, esa respuesta no iba a satisfacer a Iori.

- Dime tú por qué quieres pelear... - murmuró Kyo, tragándose la sangre que inundaba su boca. La expresión de Iori se iluminó con rabia. Entrecerró sus ojos, que brillaron como si no pudiera soportar un fuerte sentimiento.

- Yo te creí, Kusanagi - dijo Iori en voz baja, más baja de lo normal. Sí, le había creído, había creído esas palabras tan inocentes que le prometían protegerlo, evitarle más sufrimientos... ¡Por eso no le iba a perdonar jamás el haberle mentido tan cruelmente! Una mentira en el alma de un niño duele más que una mentira en el mundo de los adultos. Y Kusanagi, con esa inocente mentira llamada promesa lo había herido profundamente, lo había hecho sufrir, lo había vuelto loco.

Kyo no comprendía la expresión en el rostro de Yagami. Ese brillo en los ojos era totalmente desconocido para él. ¿Dolor?

- De qué... ¿de qué estás hablando? - tartamudeó Kyo sin comprender a qué se refería.

- ¡Tus palabras amables, tus mentiras! Las tonterías que dijiste sobre huir de casa y terminar con la rivalidad entre clanes, ¡¿no recuerdas, estúpido Kusanagi?!

¿Qué? Entonces, ese sueño en el bosque... ¿realmente había sucedido? No, no conseguía recordarlo con claridad. ¿Qué había dicho en el bosque?

- Eres despreciable - continuó Iori -. Olvidas lo que prometes, no cumples con tu palabra y eres un cobarde.

- Quizás no lo recuerdo - negó Kyo con firmeza -, pero si prometí algo intenté cumplirlo...

- Intentar no es suficiente - le cortó Iori -. Tú tienes la culpa de todo lo que está pasando, si hubieras cumplido tu promesa tu vida sería muy diferente. ¡Las vidas de ambos serían diferentes!

El rostro de Iori estaba lleno de rencor. Kyo nunca lo había visto así. Siempre era cruel y vengativo, pero esa rabia... Y la razón de esa rabia había estado oculta en su interior. Entonces, ¿él tenía la culpa de todo? Eso era lo que decía Iori, y parecía muy convencido de eso. ¿Por qué? ¿Qué había sucedido? Sin soltar a Kyo, encendiendo una llama violeta en su mano Iori continuó:

- Por ti aprendí a dominar el fuego, por ti acepté que el dolor formara uno conmigo. Y mientras luchaba por controlar las llamas y el dolor acababa con mi cuerpo pensé en ti, en cuánto te odiaba, y decidí que dominaría todo, el fuego, el poder, el dolor, para poder matarte.

La imagen de Iori tosiendo sangre aquella noche volvió a la mente de Kyo.

- ¡Quiero que sientas lo que yo he tenido que soportar toda mi vida!

Kyo fue lanzado contra le suelo, en llamas. Sí, era doloroso. Las llamas quemaban su piel como si quisiesen entrar a sus venas y fundirse con su sangre. No podía comprender cómo Iori había podido soportar eso toda su vida. Apretando los puños, Kyo se dijo que las llamas de los Kusanagi no lo herían tanto... Y se dio cuenta al fin de qué significaba todo eso: Iori sufría al invocar las llamas púrpura. El mismo dolor que sentía su enemigo era experimentado por él, una y otra vez, en todos sus ataques.

De nuevo Iori lo alzó en el aire, sujetándolo con sus manos como garras clavándose en su piel. Uno, dos o tres golpes... Nunca sería suficiente.

- ¡Pelea! - lo retó Iori, sacudiéndolo en el aire como a un muñeco de trapo. Lo dejó en el suelo y antes de que cayera golpeó diagonalmente con mano derecha, rasgando la ropa y haciendo brotar sangre en abundancia, luego golpeó de nuevo, desgarrando la piel del pecho de Kyo.

Iori retrocedió un paso. Era inútil. Kusanagi no pensaba defenderse. Parecía dispuesto a dejarse matar ahí mismo. Bajó los brazos, observándolo duramente. Nunca imaginó que Kyo pudiera ser tan cobarde. Se quedó ahí, observando la sangre correr y a Kyo tambalearse, esperando que cayera.

Sin embargo Kyo dio un paso inseguro hacia él, que no se movió. Su cabeza estaba baja y los mechones de cabello castaño le caían sobre los ojos. Su cuerpo estaba ligeramente inclinado hacia adelante, pero no porque iba a caer.

- Lo siento... - oyó Iori con total sorpresa. ¿Kyo Kusanagi le estaba pidiendo disculpas? -. Hasta ahora has sufrido mucho... - continuó Kyo sin levantar la mirada -, y comprendo por qué buscas venganza... - Kyo lo miró directamente a los ojos, con una expresión que a Iori le hizo recordar al niño en el bosque mientras pronunciaba su antigua promesa. Dando otro paso inseguro hacia Iori, Kyo se apoyó en él, en su hombro, suavemente -. Pero no tengo fuerzas para continuar peleando contigo... Estoy cansado...

- Ch' - fue todo lo que dijo Iori. Kyo no se refería a cansancio físico, sino a que ya no tenía deseos de enfrentarse a él.

Y ahí estaban, dos enemigos frente a frente. Compartiendo el mismo sentimiento.


 

Capítulo 13: Shika, Venganza Oscura

Una risa profunda resonó por todos los rincones del viejo castillo. Las paredes de piedra enmohecida estaban iluminadas parcialmente por el fuego que ardía en las antorchas suspendidas en el aire. Los enormes pasillos estaban silenciosos, y un grupo de youkais de todos tipos y tamaños estaban inclinados ante un trono en el gran salón.

No era nada elegante ni mucho menos. Ese lugar parecía una imitación decadente de un castillo de cuento de hadas. Como contraste, la criatura sentada en el desvencijado trono tenía forma humana. Sus ojos alargados y hermosamente rasgados eran amarillos, mientras su cabello blanco caía largo sobre sus hombros y espalda. Vestía una túnica roja oscura, casi marrón, adornada con un cinturón gris. Sus blancos brazos estaban desnudos, adornados solo con brazaletes plateados tallados con intrincados diseños antiguos. Su hermoso rostro parecía fuera de lugar en ese castillo rodeado por las grotescas formas de sus subordinados youkai.

El demonio de cabello blanco continuó riendo largo rato, mientras observaba la escena que se desarrollaba en una pantalla de energía frente a él.

- Buen trabajo... - dijo a sus youkai, que inclinaron aun más la cabeza -. Ese incendio fue muy bonito, y ya sabemos dónde se encuentra el último descendiente de los Yagami, ¿verdad?

- Shika-sama... - habló uno de los youkai -. ¿Debemos atacarlos ahora?

- No, no... Les daré un poco más de tiempo... Además - ante esto sus ojos amarillos brillaron con crueldad -, primero quiero comprobar una teoría; si mi presentimiento es cierto entonces he encontrado una manera más dulce de vengarme del clan Yagami.

Shika se echó a reír de nuevo mientras observaba su pantalla de energía. Yagami estaba de pie en el pasto, había estado peleando y de seguro su cuerpo debía dolerle terriblemente, sin embargo continuaba ahí, y su enemigo de toda la vida estaba apoyado en su hombro, como un muchacho buscando consuelo. Qué ironía... ¿Acaso podía ver algo más que odio en los bellos ojos de ese Kusanagi? Y Yagami... parecía estar disfrutándolo. Shika se llevó una mano al cabello, acariciando suavemente sus largos mechones blancos. Frunció el ceño mientras recordaba.

Hacía tiempo el clan Yagami lo había desterrado del Ningenkai confinándolo en algún lugar remoto del mundo de los demonios. Habían pasado cientos de años, y gracias a su paciente espera al fin encontraba la oportunidad de vengarse por esa ofensa. Lo más irónico era que se iba a vengar de todos los Yagami gracias a su último descendiente: Iori. No le importaba que Iori ni siquiera hubiese existido cuando él fue enviado al Makai después de una larga y sangrienta batalla. Iori era un Yagami, y aparentemente el más poderoso de esa generación, así que dirigiría todo su odio y sed de venganza contra él. Lo mataría, y, además, obtendría la recompensa ofrecida por el Reikai a aquel que matara a cualquiera de los dos jóvenes.

Lo tenía todo planeado. Atrapar a Iori era bastante fácil si se conocían sus puntos débiles, y él lo había vigilado el tiempo suficiente para conocerlo muy bien. Rió para sí. Todo era cuestión de elegir a los youkais adecuados para el trabajo. Ah... que placentero era pensar que al fin obtendría su venganza.

Jugueteando con su cabello, empezó a pensar en cuántas formas podría torturar al Yagami antes de dejarlo morir. Tenía una idea en mente, que era la que más le gustaba, pero para llevarla a cabo primero tenía que verificar algo. Un poco más de tiempo, pensó. Un par de días y todo podría comenzar.

Shika cerró los ojos. Había esperado ese momento durante cientos de años.

***

Kurama estaba apoyado en su escritorio, frente a él había un libro abierto pero no podía concentrarse en la lectura. Hacía horas que observaba las letras sin prestarles atención. No podía evitarlo, estaba preocupado por Kyo.

Después de verlo desaparecer tras las puertas del hotel Kurama pensó que saldría en unos minutos llevando al muchacho, Shingo. Sin embargo el tiempo pasó y las llamas empezaron a extenderse hacia los pisos superiores, tiñendo el cielo con su humo negro. Había gran agitación entre los otros peleadores, al parecer la mayoría se preocupaba por Kyo, e incluso se hablaba de entrar a buscarlo si es que los bomberos no conseguían hacer nada con aquellas largas mangueras.

- Yuusuke - dijo Kurama mirando a su compañero con ojos preocupados. Deseaba entrar a ayudar, no podía quedarse más tiempo ahí mientras en el interior Kyo podía estar muriendo. Sin embargo Yuusuke negó con la cabeza.

- ¿Sabes? - dijo el muchacho de cabello negro -. Confío en que él está bien. Él tiene esa habilidad que nosotros no poseemos: el fuego no le hace daño. Si entramos no podremos hacer nada, y quizás estorbemos...

- Lo sé - murmuró Kurama entrecerrando los ojos, preocupado -, pero...

Yuusuke le sonrió.

- No creo que le pase nada. Si en verdad es tan poderoso como Koenma dice, entonces estará bien.

"¿Estará bien?" se preguntó Kurama. Después de intercambiar aquellas palabras con Yuusuke ambos habían visto aparecer a un muchacho por el costado del hotel. Yuusuke lo reconoció y corrió hacia él.

- ¡Yabuki! - exclamó, llevándolo hacia un lugar seguro. Kurama se acercó corriendo.

- ¿Dónde está Kyo? - preguntó el pelirrojo. El muchacho bajó los ojos un momento, observó el póster chamuscado que tenía entre sus manos y observó a Kurama.

-Yagami-san está con él - dijo en voz baja.

- ¿Yagami? - repitió Kurama. Yuusuke puso cara de preocupación y empezó a mirar alrededor.

- ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde? - exclamó. ¡No podían permitir que Kyo y Iori se pusieran a pelear en ese momento! No querían más youkai apareciendo.

- Se lo llevó a otro lugar - murmuró Shingo.

Una presencia en la ventana de su habitación llamó la atención de Kurama. Al volverse vio que las cortinas ondulaban suavemente con el viento que entraba, y una silueta oscura estaba sentada en el borde mismo, con perfecto equilibrio. Se puso de pie y fue hacia él, observándolo con dulzura. Los ojos escarlata de Hiei lo siguieron fijamente, sin expresar nada.

- Viniste - le dijo Kurama suavemente, posando una mano en el hombro del youkai.

- Hn. - Hiei apartó su mano bruscamente. No iba a volver a caer en eso -. Sólo vine a avisarte que Yagami y el resto de peleadores ahora se alojan aquí. - El youkai le entregó un papel garabateado con la letra de Yuusuke. Luego se volvió para irse.

- Matte kure, Hiei {espera, por favor} - llamó Kurama -. Quédate esta noche - le pidió dulcemente. Su mano trató de sujetar la de Hiei, pero una vez más fue rechazada. Entrecerrando los ojos no se dio por vencido y se inclinó hacia él para depositar un beso en sus cálidos labios. Ante esto Hiei no ofreció resistencia, pero no le devolvió el beso -. ¿Dónde estuviste todo el día? - preguntó Kurama suavemente -. Esperaba verte, y no apareciste...

- ¿Dónde crees que estaba? - dijo Hiei.

- Vigilando a Yagami - murmuró Kurama deslizando sus brazos alrededor del cuello del pequeño youkai -. Por eso pensé que te vería afuera del hotel pero no fue así.

Hiei sonrió con maldad mientras Kurama lo estrechaba entre sus brazos.

- Te extrañe... itoshii... {querido...} - susurró Kurama. Hiei estaba muy dócil esa noche, notó, alegrándose. Después de la frialdad que mostró la última vez, esa docilidad le devolvía las esperanzas. Lo besó suavemente de nuevo, sintiendo que los labios del youkai se cerraban fuertemente -. Nan da? {¿qué pasa?} - preguntó, divertido por la juguetona resistencia de Hiei. Sin embargo al mirar en sus ojos rojos notó que algo estaba mal. Muy mal.

El youkai de fuego lo observaba fijamente, y en sus labios había una sonrisa maligna, casi burlona. Hiei parpadeó una vez, observándolo a través de sus largos mechones negros. Sus ojos se entrecerraron dándole un aspecto cada vez más cruel y frío, una expresión que Kurama veía pocas veces cuando estaban solos.

- ¿Es eso suficiente, Kurama? - preguntó Hiei secamente, su voz era tan diferente que Kurama no pudo evitar retroceder un paso, confuso.

- Dou iu imi, Hiei? {¿De qué hablas?}

Hiei dejó escapar una risa corta y seca, no muy habitual en él.

- Ya deja de mentir, kitsune - dijo Hiei bruscamente -. No puedes engañarme.

- ¡Hiei!

- Me dijiste que confiara en ti, ¡y lo hice! Me dijiste que me querías, ¡y te creí! - continuó el youkai -. Me besas y dices que me amas, me llamas "itoshii"... ¡¿Qué crees que soy, youko?!

Kurama no podía hablar. No comprendía qué sucedía con Hiei. ¿Por qué esa repentina violencia en sus palabras? Y esa risa maligna... Kurama forzó una débil sonrisa.

- Hiei, ¿de qué estás hablando? - dijo lo más calmadamente posible.

- Deja de hacerte el inocente - gruñó Hiei en voz más baja. Su expresión era cruel, furiosa. Estaba frente a Kurama, con el corazón latiéndole aceleradamente, dolorosamente. Hiei sentía que en cualquier momento esa máscara de odio se iba a romper y Kurama vería cuánto estaba sufriendo al tratarlo así. Pero no, debía ser fuerte. Quizás si le demostraba a ese youko que él era capaz de resistírsele, Kurama lo dejaría tranquilo y ya no lo atormentaría con sus hermosas palabras y dulces gestos. Con una punzada en el corazón Hiei se obligó a continuar con la farsa, a pesar de que cada palabra era como un agudo dolor en su alma.

- ¿Qué pasa contigo, Hiei? - quiso saber Kurama -. Me asustas.

- Kurama - dijo Hiei -, ¿tú me amas?

- Más que a nadie en el mundo - fue la firme respuesta. Y Hiei tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para poder decir:

- Pues yo no te amo. Nunca te he amado, y no creo que lo haga.

Los ojos de Kurama se abrieron con sorpresa. Hiei notó como sus hermosos ojos se llenaban de lágrimas y Kurama se mordía los labios en un intento por evitar llorar.

- ¿Por qué...? ¿Por qué me estás diciendo esto, Hiei? - susurró Kurama -. ¿Qué ha pasado...? ¿Por... qué...?

Hiei apartó la mirada.

- No me engañas con esas lágrimas falsas, youko - le dijo fríamente.

Youko... Que seca sonaba esa palabra en los labios de Hiei, era como si la estuviese utilizando como una ofensa.

- Nunca te he engañado... - respondió Kurama en un susurro entrecortado -. ¿Por qué no puedes creerme?

Hiei rió de nuevo.

- ¿Creerte a ti? ¿Al legendario Youko Plateado del Makai? ¿A cuántos youkai le has repetido las mismas palabras, eh?

Kurama no pudo aguantarlo más, frunció el ceño y estuvo a punto de golpear a Hiei, pero su mano se detuvo a centímetros de su rostro. Hiei pareció sorprendido ante esto, porque realmente esperaba recibir un golpe.

- Hiei, en verdad te quiero - dijo Kurama firmemente.

- Kurama, en verdad no te creo - dijo Hiei con seriedad -. ¿Me quieres? ¿Para qué? ¿Para incluir a un youkai de fuego medio koorime en tu colección de amantes?

- ¡Hiei! - Kurama se sintió profundamente dolido al oírlo hablar así.

- No soy tu juguete, youko - dijo Hiei fríamente -. No seré uno de tus amantes temporales.

Con eso, Hiei desapareció y Kurama se quedó largo rato de pie en medio de su habitación. Los brazos colgaban a sus costados, inertes, su cabeza estaba inclinada y su mirada dirigida al piso, nublada por las lágrimas. Su cabello rojo caía sobre su rostro y finalmente no pudo contenerse, empezó a sollozar mientras resbalaba lentamente hasta quedar arrodillado en el piso, apretando los puños.

¿Por qué? ¿Qué había hecho para que Hiei reaccionara así? Inari-sama... Era cierto que había tenido muchos amantes en su vida pasada, pero como Shuuichi Minamino había un solo youkai que ocupaba todo su corazón y ese era Hiei. Nunca había sentido un lazo tan fuerte con ninguna otra criatura. Realmente amaba a Hiei, ¡lo necesitaba! Su vida pasada era eso, pasado. El nacer como ningen le había hecho conocer el amor verdadero, no era una obsesión pasajera ni una necesidad carnal, era amor. Era Hiei...

Suavemente Kurama se puso de pie y caminó a su cama para recostarse allí, encogiéndose y abrazando su almohada. Hiei le había dicho que no lo amaba... Lo había llamado mentiroso y se había ido quizás para siempre.

- Oh... Hiei... - susurró contra la almohada, humedeciéndola con sus lágrimas -. ¿Qué hice mal? ¿Qué hice mal?

***

Las lágrimas no lo dejaban ver su camino a través de la noche. Como una sombra saltaba de árbol en árbol, alejándose de la ciudad, alejándose de Kurama. Su corazón latía desordenadamente, acompañando a las lágrimas que caían de sus ojos y se cristalizaban en medio del aire. Lágrimas... maldijo Hiei intentado secarlas. Continuó su huida hasta que finalmente llegó a un bosque solitario y silencioso.

Arrodillándose bajo un árbol, Hiei hundió sus puños en la tierra una y otra vez. Lo había hecho, le había dicho a Kurama que no lo amaba y que jamás lo amaría. Pero ¿por qué se sentía tan mal?

Al ver los ojos inundados de lágrimas de Kurama había dudado. Quiso decir cualquier palabra para consolarlo, pero se había contenido al pensar en Kusanagi y como habían conversado tan animadamente a la salida de la escuela. Hipócrita kitsune, ¡se atrevía a derramar lágrimas de inocencia cuando había estado conquistando a un ningen frente a sus propios ojos!

Debía estar orgulloso, se dijo Hiei sarcásticamente. Al menos él no había caído en la trampa de ese youko.

Pero entonces, ¿por qué esa angustia no desaparecía? ¿Por qué sentía como si su corazón se fuera a desgarrar?

- Kurama... - susurró al viento -. Kurama...

***

Con pasos lentos y sin rumbo fijo, Iori se alejó del parque donde había dejado a Kyo. Hundió las manos en los bolsillos de sus pantalones y bajó la cabeza, caminando con esa ligera inclinación de hombros que lo hacía parecer amenazante.

Ch', Kusanagi decía que no quería pelear más. Qué gracioso. Aquella tarde tuvo su vida en sus manos, pero matarlo en ese momento resultaba aburrido. Si Kyo no se defendía, ¿cuál era la gracia? Ese joven debía experimentar lo que era la desesperación de verse derrotado antes de morir. Una muerte sin sufrimiento no valía la pena.

Sonrió para sí. Al menos debía aceptar que Kyo era valiente al aceptar la muerte tan tranquilamente. ¿Valiente o idiota? No podía decirlo. Pero él, Iori, había pensado durante toda su vida en cómo sería su muerte, y al comienzo no había podido evitar sentirse asustado. Y ese Kusanagi era capaz de dejar caer los brazos y decir "adelante, mátame" como si fuera lo más normal del mundo.

"Pensé que eras más feliz, Kusanagi", pensó Iori dando vuelta en una esquina, tratando de recordar dónde era el nuevo hotel al que los habían asignado. Sí, parte del rencor hacia Kyo se debía a que lo imaginaba como un joven orgulloso, poderoso y feliz, rodeado de amigos, de sus compañeros de equipo y ese mocoso llamado Shingo.

Durante los torneos Kyo parecía divertirse grandemente, reía con el resto de peleadores, se divertía conversando con sus fans. Se dejaba querer. En cambio él solía estar apartado, pensando, odiando, observando al sonriente Kusanagi.

Pero ahora había notado que tal vez Kyo no tenía ninguna razón para seguir viviendo, por eso era capaz de aceptar su muerte con esa total indiferencia. Iori frunció el ceño. Él tenía una razón para vivir, ¿verdad? Matar a Kyo.

O tal vez no...

Tuvo su vida en sus manos, pero no había sentido deseos de matarlo... ¿Por qué? Al contrario, se había mostrado más bien amable con él. Sonrió. ¿Acaso esa tristeza en los ojos de Kyo le obligaba a dejarlo con vida para que siguiera sufriendo? ¿Era eso?

No... No lo era...

Iori bajó la mirada, respirando profundamente. Para él, la vida de Kyo era perfecta. Famoso, rodeado de amigos. No debía lidiar con la soledad. Obtenía lo que quería. Su familia lo apreciaba... Era lo opuesto a su vida. Y Iori estaba seguro que Kyo era feliz. Darse cuenta que eso no era cierto lo confundía un poco. Enfriaba el odio que sentía hacia él.

Ya no quiero pelear contigo... Estoy cansado...

Esas habían sido las palabras de Kyo. Y luego se había rendido ante él.

Ya no quiero pelear contigo... Ya no tengo una razón para vivir... ¿No era lo mismo?

Iori se detuvo frente a su nuevo hotel. Echó la cabeza hacia atrás, apartando los largos mechones rojos de su rostro. Sonrió levemente para sí mientras la voz del niño en sus recuerdos susurraba: "Perdóname... Hasta ahora has sufrido mucho..."

Y dulcemente él le respondió:

- Shinpai suru na... Daijoubu ... Kyo... {No te preocupes... Todo está bien... Kyo...}

***

- ¿Hmm...? - sonrió el demonio de cabello blanco, Shika, mientras observaba la alta silueta de Iori Yagami desaparecer entre las puertas del hotel. Volviéndose hacia sus youkais señaló la pantalla que le servía para vigilar lo que sucedía en el Ningenkai -. Mis presentimientos estaban bien - dijo malicioso, mientras una sonrisa iluminaba su hermoso rostro -. Pronto Yagami estará en nuestras manos.

Y cuando lo tuviera... ¡cómo se iba a divertir! Shika se preguntó cuánto dolor era capaz de soportar un ningen. No dolor físico, sino espiritual. Rió para sí. Tenía la forma perfecta para torturar al último descendiente del clan Yagami. Y además, iba a recibir una recompensa por eso. Al fin, el momento de su venganza había llegado.

***

Nota de YYH: "Koorime" significa literalmente "mujer de hielo". Es una raza de mujeres que habita en el Makai, que se reproducen sin necesidad de parejas. Hiei nació de la unión (prohibida) de una koorime y un demonio de fuego, es por eso que en los fanfics a veces se refieren a él como "medio koorime".g


 

Capítulo 14: Comparte tu dolor... Te haré olvidar

Acostado en su cama Kurama había dejado de llorar. Ya no podía más, sus ojos le ardían pero ya no tenían lágrimas. Entre sus brazos estrechaba su almohada, mientras ahogaba sus suaves gemidos de tristeza, rabia y frustración contra ella. No podía comprender por qué tan repentinamente Hiei le había dicho todas aquellas palabras tan duras. ¿Qué había llevado a Hiei a dudar de sus sentimientos? Desde que lo conoció en su corazón no había nadie más que el youkai de fuego. ¡Nadie! ¿Por qué ahora Hiei llegaba y le decía que era un mentiroso?

Kurama suspiró, a pesar del tiempo pasado en el Makai aún se contaban las viejas historias sobre Youko Kurama... Seguramente Hiei las había oído y había dudado... Pero ¿por qué tan repentinamente?

Su pecho le dolía como si una fuerte presión no lo dejara respirar. Se sentía angustiado al no saber las respuestas. Hiei había dicho que no lo amaba. Quizás eso era verdad. Tal vez nunca había sentido nada hacia él y el youkai estaba furioso porque a pesar de eso Kurama se había atrevido a besarlo. ¿Hiei había confundido ese beso sincero con un juego de seducción? Inari-sama... ¿qué iba a hacer ahora? Había perdido a su mejor amigo por culpa de un impulso que no pudo reprimir. Baka kitsune... Kurama deseó haberle dado más tiempo...

Se aferró fuertemente a la almohada, como si aquello lo fuera a salvar de sumirse en la desesperación pero era en vano. En su mente veía cientos de escenas donde intentaba darle una explicación a Hiei y el youkai se limitaba a darle la espalda y desaparecer. La sensación de estar perdiendo algo era abrumadora... Cerrando los ojos el muchacho pelirrojo intentó calmarse, aquietar los sentimientos que se arremolinaban en su corazón.

No podía ser verdad. Estaba perdiendo a Hiei... Para siempre...

Con un suave gemido Kurama apretó la almohada, ¡deseaba que fuera el cuerpo cálido de su youkai! Quería apoyar su mejilla en el ángulo de su cuello y sentir sus suaves latidos, su respiración, disfrutar de su calor. La habitación estaba templada pero para Kurama hacía tanto frío como en el exterior. Más que nunca deseó tener a Hiei, besar sus labios, su pecho, rozar su cabello. ¡Alguien, quería estar con alguien esa noche!

En algún momento se quedó dormido, estaba agotado y dolido, nada era mejor que dormir unas horas para olvidarse de todo. Sin embargo entre sueños oyó claramente como alguien golpeaba un vidrio, ligeros sonidos que lo obligaron a abrir los ojos y encontrarse con que la luz de su habitación seguía prendida y él aún continuaba aferrado a la almohada.

Un golpe más. ¡La ventana! ¿Podía ser él?

De un salto Kurama se levantó de la cama, con el corazón latiéndole desordenadamente. La angustia que le producía la posibilidad de que fuera Hiei hizo que sus manos temblaran cuando abrió la ventana. El viento frío de la noche entró helándolo, pero no le importó. Se asomó y exclamó:

- ¿Hiei?

No. No hubo respuesta, ni percibió el familiar youki. Había alguien ahí frente a su ventana pero no era Hiei.

- Kurama... - llamó una débil voz.

Un escalofrío recorrió su espalda cuando vio que se trataba de Kyo. Había sangre manchando sus ropas y parecía herido.

Kurama corrió escaleras abajo para abrirle la puerta, y no notó cómo la desilusión de no ver a Hiei era rápidamente desplazada por la preocupación de saber que Kyo estaba herido. Su mente se preguntó si habría sido atacado por youkai, o si había salido herido del incendio en el hotel, o...

Abrió la puerta y dio un paso hacia el joven, que mantenía la mirada fija en el piso. Su mano derecha cubría una herida sobre su estómago, su ropa estaba sucia, rasgada. Kurama lo recibió en sus brazos cuando Kyo pareció que iba a caer. Presuroso lo llevó a su habitación, donde lo dejó en la cama mientras retiraba su chaqueta blanca, ahora teñida de rojo.

El cuerpo de Kyo estaba cubierto de golpes y arañones, también habían algunas quemaduras como aquella que Hiei había recibido de parte de Iori.

- ¿Se enfrentaron? - preguntó Kurama mientras limpiaba la sangre con un paño húmedo que había sacado del baño. Miró el rostro de Kyo esperando una respuesta pero se encontró con que sus ojos estaban nublados con lágrimas. El joven apartó la mirada, parecía avergonzado -. Kyo... - murmuró Kurama. Se inclinó sobre él y apoyó su mejilla en su pecho, dejando que sus largos mechones rojos los rodearan. Respiró profundamente, descansando en el joven herido. Ahora más que nunca sentía que lo comprendía. Ambos habían derramado amargas lágrimas esa noche y ese silencioso momento de intimidad lo hacía sentirse un poco menos solo.

- Después de todo... yo tuve la culpa - murmuró Kyo en voz baja, hablando para sí.

Kurama se incorporó y rozó su frente con la punta de los dedos. Kyo tenía fiebre, y además, había perdido mucha sangre. Si no hacía algo rápido su estado podía empeorar.

Durante un rato Kurama lo curó en silencio, escuchando las frases medias susurradas de Kyo. Finalmente terminó y con un suspiro apartó los largos mechones de cabello castaño lejos de la frente húmeda de Kyo. Sintió que el joven se estremecía.

Con cuidado Kurama se introdujo en la cama a su lado, pasando los brazos alrededor de Kyo para transmitirle un poco de calor a través de su youki. En la oscuridad de la habitación Kurama cerró los ojos, disfrutando de la presencia de un amigo justo en el momento en que más lo necesitaba. Lentamente empezó a quedarse dormido también, pero antes de olvidarlo todo oyó que Kyo llamaba suavemente:

- Iori...

***

Unas horas después Kyo despertó. Al comienzo no reconoció dónde estaba, ni podía recordar qué había sucedido. Inconscientemente se llevó una mano al pecho y rozó la larga herida que ya comenzaba a cicatrizar. Sintió que todo su cuerpo le dolía y recordó poco a poco su pelea con Yagami, si es que a eso se le podía llamar así.

Se volvió lentamente y se sobresaltó al ver dos grandes ojos esmeralda observándolo fijamente. Era Kurama, apoyado en la almohada a su lado, recostado junto a él.

- Hey - saludó el pelirrojo con una ligera sonrisa.

Kyo notó que él y Kurama estaban semidesnudos y en la misma cama. Se sonrojó violentamente mientras maldecía a su memoria porque no podía recordar qué demonios hacía allí.

Kurama notó su incomodidad y pareció divertido.

- No te preocupes, no fue nada grave - dijo refiriéndose a sus heridas y dándole un ligero doble sentido que puso alerta al joven. Kurama rió -. Estabas herido pero ya estás bien. Tuve que desvestirte para poder pasarte un poco de mi energía, es todo - explicó.

Realmente, el rostro de Kurama estaba muy cerca del rostro de Kyo, pero ninguno de los dos se apartó. El joven de cabello castaño descansaba sobre las almohadas, echado de espaldas, y las sábanas lo cubrían hasta la cintura. Kurama estaba echado de lado, apoyado en un codo y observándolo con una extraña y dulce expresión en el rostro. Kyo no pudo evitar notar que sus ojos estaban un poco enrojecidos, como si hubiera estado llorando.

- ¿Problemas? - preguntó. Durante un momento Kurama no supo cómo reaccionar pero al instante siguiente sonrió y asintió.

- Los dos tuvimos problemas esta noche - dijo suavemente, haciendo que la expresión de Kyo se ensombreciera un poco -. Pero me alegra que estés aquí - agregó Kurama, y sus palabras eran sinceras.

Para Kyo la situación no parecía real. Estaba en la cama de un muchacho que físicamente no aparentaba ser mayor que él. Pero por la forma de hablar y actuar de Kurama, Kyo bien podía haber apostado que el pelirrojo tenía muchos años más de experiencia que él. Era una tontería, pero le daba esa impresión.

Sus miradas se encontraron un largo momento. Afuera estaba oscuro todavía, y la única luz provenía de una lamparita que Kurama había encendido hacía unas horas, incapaz de seguir durmiendo. De pronto Kyo notó que un brazo de Kurama estaba rodeándolo cálidamente, protectoramente. Sintió que se sonrojaba pero no le pareció incómodo tenerlo tan cerca. Al contrario, sentir a alguien a su lado calmaba su dolor, como un consuelo.

- Kyo... - murmuró Kurama, acercándose más hacia él. El joven no respondió, pero supo lo que iba a suceder. El siguiente momento se encontró aceptando el ardiente beso de Kurama, que parecía querer ir más allá de su boca abierta y dirigirse directamente a su corazón. Ya antes lo había besado, pero esta vez era diferente. Había más pasión. Entreabrió los ojos y vio el rostro de Kurama tan cerca del suyo, con los ojos fuertemente cerrados. Kyo notó que habían lágrimas entre sus largas pestañas, e incluso escuchó el ligero y triste gemido de Kurama.

De golpe todos sus sentimientos regresaron también, abrumándolo. Vio el rostro de Iori donde debía haber estado el de Kurama, el mismo cabello rojo, el mismo calor... Recordó cómo se había rendido ante Iori en el parque, cómo había apoyado su cabeza en su hombro dispuesto a aceptar cualquier otro golpe que Iori quisiera darle. Sin embargo lo había dejado solo, sin hacerle más daño. Iori se había alejado en silencio, tranquilamente.

- Yagami es un idiota... - murmuró entre dientes, haciendo que Kurama se apartase un poco, observándolo pensativo -. Espero que la persona que te hace sufrir no sea tan estúpida como ese bastardo...

Kurama sonrió, mientras sus manos acariciaban el pecho de Kyo con una habilidad que el joven no pudo dejar de notar.

- No... el estúpido fui yo. Él no tiene la culpa...

- ¿Él? - repitió Kyo.

- Su nombre es Hiei - sonrió Kurama tristemente -. Mi pasado lo confundió y ahora...

Kyo miró intensamente a Kurama.

- ¿Pasado? - repitió.

Hubo un momento de silencio, Kurama lo observó fijamente, devolviéndole la mirada, y durante un segundo no pareció él. Entrecerró los ojos con una sonrisa de superioridad que sorprendió a Kyo, que nunca había visto en sus ojos nada más que amabilidad y calma. Ahora que lo observaba tan cerca le pareció incluso amenazante. Sin embargo la sensación desapareció al instante.

Kurama no sabía por qué, pero cuando estaba con ese joven sentía la necesidad de confesarle quién era él en realidad. Quería saber cómo reaccionaría, si tendría miedo, o si huiría de él.

- Yo no soy completamente humano - dijo Kurama en voz baja y confidente. Notó cómo Kyo se sorprendía, continuó -: Durante más de mil años yo fui un youko en el Makai. Un zorro demonio, un conocido ladrón plateado.

Lentamente, Kurama apoyó su frente en el pecho de Kyo y continuó hablando mientras sus labios rozaban la suave y cálida piel del joven.

- Cuando fui herido mortalmente mi alma voló al Ningenkai y reencarné en este cuerpo que ves ahora... - Kurama se detuvo en seco. Kyo lo observaba con una extraña expresión en sus ojos. ¿Era miedo? No... Era molestia, el joven pensaba que Kurama se estaba burlando de él. Los ojos de Kurama brillaron mientras preguntaba -: ¿Qué pasa? ¿No me crees?

- No es fácil creer eso... - murmuró Kyo apartando sus ojos un momento. Un youko... Kurama decía que él había sido un youko. El joven cerró los ojos y trató de imaginarlo en vano. Sin embargo en su mente vio imágenes de Iori sucumbiendo al Riot of Blood... Aquello tampoco había podido creerlo. Iori convertido en casi un monstruo.

Respirando profundamente Kyo meditó: si Yagami podía convertirse en ese ser sin consciencia que asesinaba por instinto, Kurama bien ser convertirse en un youko plateado.

Al abrir sus ojos Kyo se sobresaltó. Durante un instante, menos de un segundo, se encontró rodeado de largos mechones de cabello plateado y frente a él, donde debía estar el rostro de Kurama vio una cara delgada y hermosa, de fríos ojos dorados. Iba a reaccionar pero un parpadeo la imagen desapareció y sólo quedó Kurama.

- Lo que te digo es verdad - sonrió Kurama -. Sólo quería que lo supieras.

Sintió los brazos de Kyo cerrarse alrededor de él. Su rostro volvía a calmarse, aunque Kurama notó un ligero titubeo en su abrazo. No todos los días se encuentra uno cara a cara con un youko.

- ¿Por qué me cuentas esto? - preguntó el joven.

- Me siento muy bien contigo - sonrió Kurama, disfrutando del abrazo -, quería compartirlo... quería que supieras... - El pelirrojo apartó la mirada un segundo -. Me reconfortas. Por momentos me haces olvidar a...

Hiei.

Kurama se sintió culpable. Estaba compartiendo su cama con otra persona. En cierto modo lo que Hiei había dicho se cumplía: el era un youko, no estaba satisfecho con un solo amante.

¡Pero Kyo no era su amante! No, no lo era. Era sólo un amigo, alguien con quien coincidía en varias cosas. Se sentía menos solo a su lado, pero era en Hiei en quien pensaba.

- Quisiera olvidarme de todo... - pidió Kyo, escondiendo su rostro en el abundante cabello de Kurama.

Aquellas palabras sonaron muy inocentes en la mente de Kurama que se dio cuenta que sería la primera vez de Kyo. Quizás había dormido con alguna chica, pero esto era diferente, y Kurama sintió deseos de hacerlo sentir bien. De cumplir su petición y reconfortarlo.

Deslizándose entre las sábanas, Kurama se apoyó completamente en Kyo. Estiró un brazo y apagó la lámpara. Antes de que la luz desapareciera del todo le pareció ver una mirada algo temerosa en el rostro del joven. Le sonrió y en la oscuridad susurró junto a su oído:

- No te preocupes, te haré olvidar...

***

Kurama yacía de costado sobre la cama. Kyo estaba entre sus brazos, respirando agitadamente. Su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho, y todo su cuerpo estaba cubierto de una ligera película de sudor. Su cabello estaba húmedo, y sus ojos cerrados. Una de sus manos estaba entrelazada con las de Kurama, parecía dormir.

El corazón del pelirrojo estaba ligeramente conmovido. Aquella noche había sido gentil con Kyo. Nunca hubiese imaginado que un joven de apariencia tan arrogante como él pudiera ser tan inocente con respecto a esas situaciones. Había sentido su ligero temor, una leve resistencia cuando quiso ser uno con él, pero ya había pasado. Sí, había sido muy gentil.

- Kurama - murmuró Kyo.

- ¿Hmm? - Kurama acarició su cabello.

- Yo... me rendí ante Iori - dijo el joven. Sus palabras eran inseguras, como si le costara trabajo confesar eso -. Le dije que estaba cansado, y que podía hacer lo que quisiera... Pensé que me mataría.

Kurama rió suavemente.

- Te dije que no te odiaba tanto como tú pensabas - dijo dulcemente -. ¿Me crees ahora?

- A un youko de mil años... sí - rió Kyo débilmente.

Hubo una pausa, y Kyo levantó la cabeza. Kurama guardó silencio, observándolo como si esperara que dijera algo más.

- Háblame de Hiei - pidió el joven y Kurama entrecerró los ojos. Extraña petición, se dijo, pero no se negó.

- Es un pequeño demonio de fuego - empezó Kurama -. Lo conocí en esta vida, y desde el comienzo me llamo la atención. Aparentaba ser tan frío, tan autosuficiente, pero a la vez su soledad me impresionó. Es alguien difícil de tratar, desprecia a todos, pero creo que en el fondo lo único que busca es cariño. Yo... deseé darle ese cariño pero me encontré con que ni siquiera él se ha dado cuenta de que eso es lo que anhela.

- ¿Quieres saber lo que pienso? - murmuró Kyo.

- ¿Qué?

- Tu Hiei se parece a Yagami.

Los ojos de Kurama se abrieron con sorpresa.

- Hontou ni {¿En serio?} - sonrió -. Pero... - Kurama cerró los ojos -. Hiei se ha ido. Piensa que sólo lo quiero para que sea mi amante. No cree cuando le digo que realmente lo amo.

Kyo se sonrojó recordando lo que acababan de hacer.

- Esto es diferente - le cortó Kurama como si hubiese leído sus pensamientos -. Que te haga el amor no significa que te ame, ¿ne? Aunque hayas dormido conmigo tu corazón siempre será de Iori. El mío siempre será de Hiei.

Kyo cerró los ojos y guardó silencio. En su mente se repitieron las palabras de Kurama: Tu corazón siempre será de Iori...


 

Capitulo 15: The King of Fighters

El público se agitaba impaciente, esperando que comenzara la inauguración del torneo The King of Fighters de ese año. El local estaba lleno. Una construcción ovalada con una plataforma al medio, rodeada de filas y filas de sillas ocupadas por fanáticos entusiastas. Dos pantallas gigantes mostraban imágenes promocionales de los auspiciadores del evento, entremezcladas con fotos de los luchadores participantes.

Yuusuke y Kuwabara habían conseguido dos buenos asientos en la primera fila, desde donde podían ver todo el interior del recinto y la plataforma metálica que se alzaba iluminada por decenas de potentes reflectores.

El griterío del público se mezclaba con el alto volumen de los parlantes, y Yuusuke tuvo que gritar a todo pulmón para que Kuwabara pudiera oír lo que le decía:

- ¿Dónde está Kurama?

Kuwabara se llevó una mano detrás de la oreja, inclinándose hacia Yuusuke mientras respondía con otro grito:

- Me pareció verlo con Kusanagi, estaban en los vestidores.

- ¿En los vestidores? - repitió Yuusuke, incrédulo -. ¿Y qué demonios hace ahí?

Kuwabara se encogió de hombros.

- Se está tomando muy en serio eso de vigilar a Kusanagi - dijo rascándose la cabeza.

Mirando hacia lo alto, Yuusuke escrutó las vigas metálicas del techo. Como era de esperarse, vislumbró una sombra negra apoyada contra el alto armazón de hierro. Era Hiei, sentado haciendo perfecto equilibrio varios metros sobre la cabeza del público.

Yuusuke frunció el ceño. El King of Fighters empezaba. Debían estar preparados para lo que pudiera suceder.

***

En silencio los dos jóvenes avanzaban por los pasillos. Había bastante gente allí, fans con pases para el backstage, encargados de iluminación y sonido corriendo apresurados para darle los toques finales al gran despliegue de luces que se utilizaría durante la inauguración del torneo. Algunas muchachas risueñas se les acercaban de vez en cuando, con libretas en sus manos, rogando encantadoramente que Kusanagi-san les diera su autógrafo. Kyo no se negaba, cogía distraídamente sus pequeñas libretas y garabateaba rápidamente una dedicatoria y un nombre, siempre era lo mismo. Ya estaba acostumbrado.

Kurama lo seguía sin decir nada, de su cuello colgaba una larga cadenita plateada con una credencial que le permitía acceso total a todas las instalaciones del torneo. Kyo se la había dado, pero Kurama no tenía la menor idea de cómo hizo para conseguirla.

- Disculpe.. - Kurama volvió a la realidad y notó que Kyo conversaba sonriente con un grupo de muchachas, se veía encantador, con un ligero brillo en sus ojos oscuros, y los largos mechones de cabello sobre su frente. Las chicas frente a él parecían cohibidas, pero Kyo estaba amable esa tarde. - Disculpe... - volvió a oír Kurama y se dio cuenta de que se estaban dirigiendo a él. Miró y vio que era una muchachita con las mejillas sonrojadas -. ¿Me da su autógrafo?

Kurama rió divertido. De seguro lo estaban confundiendo con un peleador. Kyo lo miró un segundo y rió suavemente, dulcemente. El pelirrojo entrecerró los ojos, sintiendo una ligera calidez en su interior al ver el semblante alegre de Kyo. Sin decir nada, sujetó la libretita y escribió: "Shuuichi Minamino". La muchacha le agradeció con una profunda inclinación y en seguida corrió hacia Kyo, para que también le diera su autógrafo.

Al menos Kyo se veía un poco más animado, pensó Kurama. Y la verdad era que su corazón también se sentía más ligero cuando estaba con ese joven. Por momentos casi podía olvidar las duras palabras de Hiei.

- Por aquí - le indicó Kyo abriendo una puerta que daba a uno de los vestidores. Aún les quedaba un poco de tiempo antes de que comenzara la inauguración. Kurama se sentó en una de las bancas de madera que había adentro de la pequeña habitación, mientras Kyo se cambiaba sus ropas por su uniforme negro. Kurama observó sus blancos brazos, la suave piel de su espalda, su pecho... Las heridas que había recibido aún estaban visibles, pero ya no eran nada grave. Muchas cosas le habían sucedido a ese joven desde que comenzara la misión encomendada por el Reikai, ser atacado por youkai, luego ser atacado por Iori. Kurama recordó que había sido él quien le curó todas esas heridas y cada vez que veía ese cuerpo ningen tan joven y de apariencia delicada se preguntaba si en verdad era posible que albergara el poder de un youkai de clase S. Ahora, mientras miraba como Kyo se cambiaba, le pareció simplemente imposible. Tal vez Koenma se había equivocado. El cuerpo de ese joven era incapaz de resistir tanto poder. Pero entonces, ¿por qué Enma Daiou había ofrecido una recompensa por ellos? Aquello no tenía sentido.

Kyo terminó de ponerse su chaqueta negra y cuidadosamente dobló las mangas para que le llegaran hasta arriba de los codos. Con una mano se ajustó la cinta blanca de su frente y recorrió su cabello distraídamente. Después se volvió hacia Kurama.

- Gracias por la compañía - dijo con una sonrisa. Ya era hora, Kurama debía ir a su lugar entre el público y Kyo a reunirse con sus compañeros de equipo que debían estar esperándolo junto con el resto de peleadores.

- Suerte - le sonrió Kurama mientras le acariciaba ligeramente el largo cabello castaño.

***

- Mira quién viene ahí - exclamó Yuusuke al ver llegar a Kurama. Ambos, Yuusuke y Kuwabara se quedaron observando fijamente la credencial que colgaba de su cuello -. ¿Y eso?

- Ah... Kusanagi-kun me lo dio. Me pareció una buena ocasión para mantenerlo vigilado - les explicó Kurama. Miró alrededor y para su pesar no pudo evitar preguntar -: ¿Y Hiei?

Yuusuke señaló hacia lo alto. Pero Kurama no levantó la vista, al contrario, cerró un momento los ojos pensando por qué no podía sacar a Hiei de su mente. Ahora que estaba solo volvía a sentir la angustia de sus frías palabras.

Lentamente las luces empezaron a apagarse y el griterío aumentó. Los reflectores que iluminaban la plataforma empezaron a parpadear, anunciando el inicio de la inauguración del torneo. Había cámaras de televisión rodeando la plataforma y transmitiendo en vivo para todo el mundo. Metros y metros de cable se extendían por todo el lugar, reporteros con micrófonos, camarógrafos, fanáticos con cámaras de video y cámaras fotográficas. A pesar de que no había nadie en la plataforma toda la atención estaba fija en ella.

Al fin salió una bonita anunciadora con un micrófono en sus manos, los aplausos del público no se hicieron esperar. Después de las clásicas palabras de bienvenida, se le unió a ella un joven, igual de atractivo, y procedieron a presentar los equipos participantes.

Kurama se había inclinado hacia adelante inconscientemente, quedando apoyado en el borde que delimitaba el área del público. Yuusuke y Kuwabara se habían vuelto parte de la multitud extasiada, pero Kurama continuó en silencio, observando pensativo la plataforma frente a él.

- Campeón consecutivo del King of Fighters, el Hero Team - anunció la voz de la joven presentadora a través de los enormes parlantes y el público enloqueció. Empezó a caer papel picado alrededor de ellos, mientras se oían silbidos y gritos histéricos. Kurama alcanzó a escuchar algunos: "Kyo... ¡Es Kyo! ¡Te amo Kyo!" y no pudo evitar sonreír. ¿Qué pensaría toda esa multitud si se enterara que Kyo había pasado la noche con él?

En la plataforma tres figuras habían aparecido. La primera, de cabello oscuro y vestido de negro y blanco; la segunda con un alto cabello rubio y una silueta delgada; el tercero, un hombre fornido y de más edad. Kurama reconoció al joven rubio como el compañero de Kyo, pero al otro jamás lo había visto. Sin embargo su atención estaba fija en Kyo, en el papel que representaba. Erguido en medio de sus compañeros, Kyo esbozaba una sonrisita de superioridad y desprecio. Su mano derecha estaba apoyada en su cintura, mientras la otra colgaba a su lado. Su mirada era orgullosa y altiva, y Kurama no pudo evitar sorprenderse ante el cambio entre ese Kyo y el que acababa de despedir en los vestidores. Aquella que tenía al frente era sólo una imagen, él lo sabía mejor que nadie. Ese Kyo Kusanagi era el que el público adoraba, pero Kurama sabía cómo era en realidad, y se sintió ligeramente satisfecho de que Kyo hubiera compartido ese pequeño secreto con él.

La presentación de equipos continuó, y cada uno recibía los mismos aplausos y silbidos y gritos histéricos, aunque no tan escandalosamente como el Hero Team. El siguiente grupo era llamado Ikari Team, y estaba formado por dos hombres y una mujer que tenían aspecto de militares. Yuusuke no pudo evitar comentar la extraña aura que rodeaba a la mujer de cabello azul.

- Se siente como Yagami - murmuró, y Kurama asintió. Quizás ella era otra de las ningen con sangre Orochi que Koenma les había comentado. Sin embargo era sólo su aura. No podían sentir que su poder fuese una amenaza para los mundos.

Después de ese equipo entraron dos jóvenes de largo cabello rubio acompañados por un risueño kickboxer que fueron presentados como el Garou Densetsu Team.

Los equipos continuaban, y con la aparición de cada uno de ellos Yuusuke y Kuwabara no podían dejar de comentar los extraños poderes espirituales que percibían en ellos. Después del Garou Team entraron dos jóvenes acompañados por una muchacha de largo cabello agarrado en una trencita. A pesar de su poca edad, Kuwabara notó que esa muchacha se mantenía al nivel de los otros dos miembros del equipo. El presentador los llamó Kyokugenryu Karate Team. A continuación Yuusuke y Kuwabara vieron un rostro familiar aparecer en la plataforma, era la muchachita con quien se habían cruzado tantas veces, Athena Asamiya.

- ¡¿Qué?! ¿E... Ella no es la que vimos esa vez en el hotel...? ¿La que estaba coqueteando con Yuusuke? - exclamó Kuwabara y recibió un bien merecido codazo en las costillas.

- Kurama, ¿puedes sentirlo? El nivel de energía espiritual de esa chica y el muchacho que la acompaña es bastante alto - comentó Yuusuke, pero no recibió respuesta. Se llevó una mano a la cabeza y exclamó -: ¡Maldición, con tanto poder reunido de seguro todo el Makai se nos va a venir encima!

- No lo creo - dijo Kurama calmadamente, sin volverse hacia Yuusuke -. Los youkai no están interesados en el resto de peleadores. Son Kusanagi y Yagami a los que debemos vigilar de cerca.

Un agudo silbido se elevó al unísono desde diversas partes del recinto. Yuusuke y Kuwabara se volvieron para mirar a qué se debía y sus mandíbulas cayeron hacia sus pechos. En la plataforma se encontraban tres hermosas mujeres, y una de ellas usaba un traje rojo que dejaba poco para la imaginación. Kuwabara balbució algo pero un golpe de Yuusuke lo hizo reaccionar.

- ¡Oi! - exclamó Yuusuke juguetonamente -. ¡Se lo voy a decir a Yukina!

La boca de Kuwabara se cerró de golpe y su brazo voló para sujetar a Yuusuke del cuello.

- AAAHH, ¡¡pero mira quién habla!! ¡¡Si tú le dices a Yukina-san yo le diré lo mismo a Keiko!!

Y mientras ellos continuaban su discusión los equipos terminaron de ser presentados. Los últimos en aparecer en la plataforma fueron Shingo Yabuki y Iori Yagami, que participarían solos, sin pertenecer a ningún equipo.

Kurama sintió un escalofrío cuando vio que Iori ocupaba su lugar demasiado cerca de Kyo. Notó la ligera turbación en el rostro del joven pero al momento siguiente estuvo seguro que Kyo lo miraba fijamente, como para tranquilizarlo. Incluso vio que esbozaba una sonrisa. Kurama sonrió para sí en la oscuridad mientras le devolvía la mirada a Kyo. ¿Estaba imaginando cosas?

El público se quedó en silencio. Ya todos conocían el ritual que se celebraba cada año. Los equipos eran presentados, luego se definía quienes se enfrentarían y dónde. La primera y la última pelea del torneo se llevaría a cabo en esa ciudad, por eso todos esperaban espectantes deseando que los equipos que abrirían el torneo fueran los de mayor calidad.

En las pantallas gigantes todos leyeron los nombres de los equipos mientras ordenadamente iban alineándose a lo largo de lineas y ramificaciones. Un rugido surgió del público, la primera pelea estaba definida: Hero Team vs. Korea Team.

Después de unos momentos en la plataforma sólo quedaron esos dos equipos. El Hero Team, liderado por Kyo Kusanagi, se había retirado a un lado, mientras los oponentes parecían discutir quién saldría primero. Kurama observaba fijamente a Kyo. Al parecer él pelearía al final, y no se veía muy animado.

***

Hiei estaba solo observando desde lo alto. Kurama estaba exactamente bajo él, observando atentamente lo que sucedía en la plataforma. No podía evitarlo, cada cierto tiempo su mirada se dirigía hacia Kurama sólo para notar, dolorosamente, que el pelirrojo estaba pendiente de su amigo allá adelante. Amigo... o amante, pensó Hiei apretando los puños. Sacudió la cabeza.

El equipo que se enfrentaría al Hero Team estaba formado por dos tipos de aspectos realmente extraños y un joven de aspecto serio. La presentadora dijo sus nombres: Kim Kaphwan, el joven serio; Choi, un hombrecillo cuya estatura no era mayor a la de Hiei y que usaba garras metálicas sobre sus manos, y por último Chang, un enorme y gordo hombre que en ese momento pulía una bola metálica negra que sujetaba en sus manos como si no pesara nada. Hn, despreciables ningen, pensó Hiei. Esas dos rarezas no parecían ser peleadores muy hábiles. En silencio maldijo el tener que estar asistiendo a ese torneo. Pero lo que más le molestaba en ese momento era estar tan cerca de Kurama, y a la vez tan lejos.

Aún recordaba las lágrimas en sus ojos esmeralda. Había parecido tan sincero...

Con algo de temor Hiei se preguntó si no habría estado equivocado, ¿qué tal si Kurama había dicho la verdad? Si era así, entonces todo estaba perdido, él mismo se había condenado. Pero...

La escena de Kurama conversando tan animadamente con Kusanagi volvió a su mente, confundiéndolo. ¿Acaso Kurama no era amable con todas las personas?, preguntó una voz en lo profundo de su cabeza. ¿Por qué no puede ser amable también con ese joven? Quizás era una inocente conversación entre ningen... Tal vez había malinterpretado un gesto de amistad por un gesto de amor.

Hiei golpeó la viga metálica donde estaba sentado. Intentaba apartar esos pensamientos de su mente pero era en vano: ¿y si me equivoqué? ¿y si tenía razón? ¿si Kurama era sincero?

Lo había herido... Había herido al zorro... Eso jamás se lo iba a perdonar.

***

El público saludó a los peleadores con una ovación que retumbó en todo el recinto. Choi, del Korea Team se enfrentaría contra el delicado rubio del Hero Team, Benimaru Nikaido. Kyo y su otro compañero esperaban a un lado, el resto del otro equipo en el lado opuesto. Benimaru parecía muy seguro de sí mismo, y estiró una mano en un gesto femenino haciendo que algunas chispas recorrieran sus dedos.

- Controla la electricidad con su reiki - murmuró Kuwabara.

Yuusuke asintió, preguntándose qué sucedería si el Reikai reunía a todos esos peleadores y los convertía en Tantei.

El pequeño Choi se encogió en si mismo y se lanzó directamente contra Benimaru que dio un saltito hacia atrás, esquivándolo, y luego, condensando su energía en su puño gritó:

- ¡Raijinken! {Lighting Ken}

Para sorpresa de Yuusuke y Kuwabara, la electricidad que generó Benimaru alcanzó a Choi haciéndolo salir violentamente hacia atrás. Sin embargo al instante el representante del Korea Team estaba de pie de nuevo, furioso. Parecía gritarle algo a Benimaru, que le dirigió una mirada llena de desprecio mientras arreglaba su cabello. El enfrentamiento no duró mucho, Choi tenía algunos buenos trucos pero Benimaru sabía exactamente qué hacer contra cada uno de ellos, por eso, cuando casi se iba a acabar su tiempo, Benimaru se deslizó por el suelo inesperadamente para quedar detrás de Choi. Sujetándolo por los hombros, Benimaru sonrió encantadoramente a su público femenino, que pareció enloquecer y durante un cegador segundo la electricidad de los reflectores fue atraída hacia Benimaru, que hábilmente la transmitió al cuerpo del indefenso Choi, dejándolo inconsciente.

El publico celebró la primera victoria, mientras Benimaru lanzaba despreocupados besos a sus fans, esperando que entrara el siguiente peleador.

La enorme figura de Chang, el hombre de la bola de metal, era un grotesco contraste para el esbelto cuerpo de Benimaru Nikaido. En guardia, el joven rubio inició su primer ataque, sólo para ser rechazado por la bola de metal que estuvo a punto de golpearlo en su lindo rostro. Después de algunos intentos fallidos, Benimaru decidió esperar a que Chang atacara, pero se encontró con que su molesta bola de metal hacía todo el trabajo por él. Bastaba con que la hiciera girar sobre su cabeza y se convertía en la defensa y ataque del enorme hombre. Era arriesgado acercarse, Benimaru sabía eso. Un mal cálculo y esa bola podía romperle la cabeza. A pesar de eso atacó una vez más, esquivó la bola inclinándose hacia un lado y golpeó los pies de Chang que cayó pesadamente.

Benimaru retrocedía cuando Chang se levantó y, salvajemente, lanzó su bola metálica sujetándola de una larga cadena.

Benimaru no oyó el grito de aviso de Kyo, sólo sintió el frío metal golpear un lado de su cabeza y luego todo se volvió negro.

Cuando abrió los ojos Kyo lo estaba sujetando. Había sangre en sus manos. Benimaru sonrió.

- Qué descuidado... - murmuró, sentándose. Su cabeza le dolía como los mil demonios y un hilo de sangre corría por su mejilla hacia su cuello. Kyo le indicó que se quedara quieto. Era el turno de Goro Daimon.

Nuevamente el truco de la molesta bola metálica, notaron Yuuske y Kuwabara. En sus mentes ellos ya ideaban formas de acercarse al gordo Chang sin ser alcanzados por su arma. Yuusuke pensaba que sería fácil lanzarle un ReiGun y acabar con él de una vez por todas, mientras Kuwabara se imaginaba que podía detener esa bola, o incluso partirla por la mitad, con su espada espiritual. Era cuestión de usar la cabeza. Sin embargo parecía que las habilidades de los ningen del Hero Team no daban para tanto.

Como todo peleador de judo, Goro Daimon necesitaba estar cerca de su oponente para poder hacer un ataque efectivo, pero siempre esa estúpida y molesta bola se lo impedía. Él no era tan rápido como Benimaru y no podía simplemente deslizarse por debajo y sujetar al enorme sujeto. Debía encontrar otra manera...

Lanzándose hacia adelante, en una movida peligrosa, Goro vio venir la bola negra por la izquierda y levantó su brazo, recibiendo todo el impacto del golpe pero arreglándoselas para sujetar a Chang de la ropa y lanzarlo al suelo en una llave inevitable. El público gritó emocionado pero al segundo siguiente los gritos de celebración se tornaron en chillidos de alarma. Chang estaba de pie, y atacaba.

Goro se encontró frente a frente con la maldita bola negra y no pudo hacer nada. Le dio de lleno en el pecho y cayó derrotado. Todo estaba en manos de Kyo ahora.

Pero Kurama sabía que Kyo no deseaba pelear.

Yuusuke comentó algo, al parecer el también estaba interesado en ver cómo serían los ataques de Kusanagi. Todo el público gritaba su nombre alocadamente. Realmente era popular.

Kyo entró en la plataforma con las manos en los bolsillos. Miró al público, luego a su enorme oponente. Había mejorado desde la última vez que lo viera. Antes esa bola no había sido un problema, ahora había logrado vencer a dos miembros de su equipo. Kyo había tenido la esperanza de que Benimaru y Goro vencieran sin problemas, sin embargo sacudió su cabello y sacó las manos de sus bolsillos. Irguiéndose, levantó una mano en alto, encendiendo una llamita escarlata. Sonrió con superioridad.

- Ikuze {adelante} - dijo, y aquello hizo enloquecer a su público. Kurama sonrió para sí.

Chang no dijo nada, sólo dejó escapar un suave murmullo, algo que nadie salvo él entendía. Empezó con el mismo truco de defensiva/ofensiva pero no le funcionaría con Kyo. El joven, esquivando el primer golpe, encontró el momento perfecto para atacar, cuando Chang estaba con los brazos en alto y descubierto.

Hundió su puño derecho en las costillas del hombre, que estallaron en llamas, continuó con otro golpe similar pero con la mano izquierda y luego remató con un último golpe escarlata. Chang cayó. Pero esta vez el truco de contraatacar no le funcionaría, se dijo Kyo. Lo había visto dos veces y ya era suficiente.

La bola metálica fue directamente contra él, pero Kyo ya se encontraba alto en el aire. Cayó hábilmente y corrió hacia Chang, encajándole un codazo en el cuello para luego levantarlo con una sola mano y producir una explosión de fuego que lo hizo salir volando, derrotado.

Nuevamente el público celebrando. Kurama observaba atentamente los alrededores. No había rastros de youkai. Al parecer Kyo no estaba usando su nivel más alto de poder. Yuusuke observaba con el ceño fruncido. Había estado cerca de Kusanagi, había conversado con él, y realmente no parecía la clase de persona que podía atacar de esa forma. ¿Cómo había podido levantar en alto el enorme cuerpo de ese hombre llamado Chang? Mirando sus manos, Yuusuke recordó que una vez él había hecho algo similar contra un youkai. ¿Se habría visto tan espectacular como la victoria de Kyo Kusanagi?

El último miembro del Korea Team saludó a Kyo educadamente, que respondió con una sonrisa. Ciertamente Kim Kaphwan era diferente a las otras dos rarezas de su equipo. Parecía centrado en lo que hacía, y sus ataques eran variados y eficientes, basados mayormente en patadas rápidas. Kyo bloqueó algunos golpes y lanzó unos pocos que Kim esquivó fácilmente. Él no era como los otros, realmente sabía lo que hacía.

Pero Kim no contaba con que Kyo Kusanagi quería terminar con eso lo más rápidamente posible.

Después de lanzarse hacia él y golpearlo repetidamente con sus piernas, Kim notó que Kyo no estaba atacando, sólo defendiéndose. Sonrió al darse cuenta que Kyo planeaba vencerlo con un sólo golpe. Estaba esperando el momento perfecto, ¡pues no se lo permitiría! Los ataques de Kim se incrementaron, por el suelo, por el aire, Kyo continuó defensivo hasta que en un descuido Kim sintió claramente cómo Kyo bloqueaba su patada y luego se elevaba en el aire mientras sus manos dejaban un rastro de fuego. Se encontró ardiendo en momentáneas llamas mientras caía. Kyo lo esperaba en guardia. El público gritaba más fuerte que nunca.

Intentó un ataque más, pero Kyo lo esperaba así que no fue problema. Girando sobre sí mismo, el joven Kusanagi le lanzó un golpe de fuego al pecho que Kim recibió de lleno, luego el mismo golpe lo volvió a golpear de regreso, y por último Kyo se lanzó contra él, golpeándolo con el hombro y haciéndolo caer.

No hubo necesidad de anunciar a los vencedores. El Hero Team había ganado el primer encuentro.

Kurama sonrió para sí. Sobre él, Hiei se limitó a gruñir algo en voz baja, pero en lo profundo había prestado atención a todos los golpes de Kusanagi. La forma en que utilizaba el fuego era totalmente diferente al estilo de Hiei y el youkai se preguntó qué sucedería si él utilizara una de esas técnicas uniéndola a su fuego negro. Rió malicioso. Sabía exactamente con quién deseaba probar su fuego.

Yuusuke se estiró en su asiento, deseando más que nunca enfrentarse a Kyo y hacer frente a sus llamas escarlata. Kuwabara suspiró, esperando no tener que enfrentarse nunca a Kyo como enemigo.

***

*Notas sobre KOF:
- ¿Por qué usé al Korea Team como primeros perdedores? Porque Chang y Choi no me caen ^^ Y esa maldita bola de Chang es realmente molesta, compruébenlo en el KOF '98/'99. Odiarán a Chang.
- Kyo levantó a Chang con un solo brazo, jejeje, Koto Tsuki You... ¡Adoro ese movimiento!
- Y si creen que Goro perdió muy rápido... es porque nunca lo uso y no sé qué movimientos tiene, jejeje.
- En esta historia el KOF no está ambientado en ningún año en especial. Que Shingo y Iori hayan entrado sin equipo NO significa que se trate del KOF '97, OK?

*Notas sobre YYH:
- Yukina y Keiko son las chicas que les gusta a Kuwabara y Yuusuke, respectivamente.


 

Capítulo 16: Te Veré Pronto, No Estarás Solo

Kurama, Yuusuke, Kuwabara y Hiei esperaban en el pasillo del backstage, apartados de las personas que pasaban corriendo y de los fans que perseguían a sus adorados ídolos. Era el momento en que los equipos se separarían y viajarían a las distintas locaciones de los enfrentamientos. El Urameshi Team tuvo suerte, no tendría que dividirse para vigilar a Kyo Kusanagi y a Iori Yagami. Todos partirían dentro de poco para presenciar el siguiente combate, que se realizaría en el mismo Japón, pero en otra región.

La credencial de Kurama protegía al grupo como un kekkai {barrera de energía}, muchas miradas se posaban en ellos, listas para echarlos de ese lugar, pero Kurama jugueteaba delicadamente con el cartoncito plastificado que colgaba de su cuello y las miradas se apartaban para seguir su búsqueda de fans infiltrados.

Kuwabara estaba apoyado en la pared con los brazos cruzados y parecía pensar algo profundamente. A su lado estaba Yuusuke, observando pasar a los peleadores perseguidos por sus fans mientras calculaba el nivel de reiki de cada uno. Poderosos sí, para ser sólo ningen, pero no estaban a la altura de los youkai que ellos habían enfrentado en el Ankoku Bujutsukai {Torneo Oscuro de las Artes Marciales}. Bajando la mirada, Yuusuke trató de imaginar qué haría uno de esos peleadores contra un enorme youkai. Sonrió.

Hiei estaba con ellos, eso era curioso. Todos esperaban que al terminar el primer enfrentamiento Hiei simplemente desapareciera, pero él se había dejado caer a su lado y los había seguido al backstage sin decir palabra. En ese momento miraba de reojo a Kurama, que tenía la vista clavada en el suelo.

- Oi, Kusanagi - saludó Yuusuke de repente al ver que el Hero Team aparecía en el pasillo para dirigirse a los vestidores. Kyo le dirigió una mirada como saludo mientras levantaba la mano en un gesto amistoso. Sus otros compañeros saludaron también pero no dijeron nada. Se quedaron frente a frente unos instantes. Yuusuke frunció el ceño al notar que no había rastros de reiki rodeando a Kyo. Lo sentía como un joven común y corriente. Interesante, pensó. Sintió de nuevo el súbito deseo de enfrentarse con él para probar quién era más fuerte.

Sin embargo Kyo miraba a Kurama, parecía preocupado. Su cabello húmedo caía cubriéndole parcialmente los ojos, tenía algunos rastros de arañones en su rostro, cortesía de las patadas de Kim Kaphwan, pero eso no parecía importarle. Era la expresión dolida del pelirrojo lo que le llamaba la atención en ese momento.

Como si notara su preocupación, Kurama levantó la mirada y sonrió levemente, tranquilizante.

Hiei observó esto atentamente.

Los ojos de Kyo se posaron en el pequeño youkai vestido de negro y su expresión se volvió fría, casi hosca. Hiei le sostuvo la mirada.

- Tú debes ser Hiei... - dijo Kyo secamente, hostil. Kurama levantó una mano, como si quisiera intervenir pero se contuvo y no dijo nada. - Si lo eres, Kurama me habló de ti - continuó Kyo. El joven deseaba decirle a Hiei lo que pensaba; que era un tonto al rechazar a Kurama de ese modo, ¡un perfecto idiota! Si todo lo que el pelirrojo le había contado, entonces el suyo era un amor único, como no se puede encontrar en este mundo... Y ese pequeño youkai gruñón lo estaba desperdiciando, ¡lo despreciaba!

- Hn... - sonrió Hiei con maldad mientras se alejaba de ellos, intentando parecer indiferente, mientras un millón de dolorosas preguntas se formulaban en su mente. ¿Kurama le había hablado de él? ¿Qué le habría dicho? ¿Se habría jactado de su logro al seducirlo? ¿Qué...? ¿Qué...?

Sin embargo Kyo no pudo continuar porque Hiei había desaparecido.

***

En algún lugar del Makai, en el viejo castillo, Shika observaba fijamente el enfrentamiento que se desarrollaba en el KOF. Era la primera pelea, y aunque Yagami no estaba allí le interesaba mucho. El joven que peleaba en ese momento, usando las llamas tan parecidas a las de los Yagami, llamaba su atención. No por sus poderes, ni porque su clan era el rival de los Yagami. Nada de eso. Shika tenía planes para ese hermoso joven de cabellos castaños. Rió suavemente mientras con sus largos dedos tocaba su tersa mejilla hasta llegar a la comisura de sus labios para apartar un mechoncito de cabello blanco que le molestaba.

Planes... Muchos planes... Había pasado cientos de años ideando todo tipo de venganzas. Y justo ahora todo parecía ir tan bien, como si los dioses se lo ofrecieran en una bandeja de plata para que él escogiera a quién quería herir y cómo lo quería matar.

Ese jovencito, Kyo Kusanagi, le serviría de instrumento para torturar a Iori Yagami hasta el borde de la locura. Rió nuevamente. Adoraba ese tipo de pensamientos.

- Shika-sama... - dijo uno de sus subordinados presentándose ante él para esperar órdenes.

- ¿Ves a ese ningen? - preguntó Shika apartando su largo cabello blanco -. Quiero que vayan y lo capturen, frente a los ojos de Iori Yagami. No me importa cómo lo hagan, no me importa si lo traen medio muerto. Sólo asegúrense de que Yagami esté presente cuando traigan al descendiente de los Kusanagi al Makai.

- Hai... {sí...}

El youkai desapareció y Shika se quedó solo de nuevo. "Ah... Iori... Tu sufrimiento recién va a comenzar...", pensó para sí. Cerró sus ojos amarillos por un momento, meditando. ¿Qué sería mejor? ¿Dejar que Iori se desesperara unos días al ver que Kyo había sido raptado y quizás asesinado? ¿O quizás traerlo a él también al Makai para que presenciara cómo sus youkai torturaban al inocente Kyo? Ah... había planeado tantas cosas en esos cientos de años... Era imposible realizarlas todas, pero Shika estaba decidido a llevar a cabo la mayoría. Con una sonrisita de satisfacción empezó a meditar cuales habían sido sus ideas más crueles.

***

Kyo los invitó a pasar a los vestidores. Empezó a conversar animadamente con Yuusuke, comentando las técnicas que utilizaba, la fuerza de sus golpes, y todos los pequeños detalles en común que tienen los peleadores. El joven de cabello negro hablaba y reía alegremente, mientras Kuwabara y Kurama escuchaban sentados, un poco apartados.

Perdido en sus pensamientos, Kurama volvió a la realidad cuando Kuwabara le habló:

- ¿Kusanagi lo sabe? - preguntó el muchacho de cabello anaranjado.

- ¿Eh? ¿Qué?

- Que los vamos a seguir al próximo enfrentamiento.

- No.

- ¿No piensas decirle? - la expresión de Kuwabara era curiosa, con una sonrisita de alguien que se ha dado cuenta de un secreto o algo así.

- No.

Kurama sonrió, Yuusuke estaba imitando un movimiento de Kyo y lo hacía bastante bien. El joven de cabello castaño reía divertido. Kurama entrecerró los ojos, observándolo con cariño. Cuando Kyo reía así, parecía que era completamente feliz... Que gran farsante era, reconoció Kurama gentilmente. Era capaz de aparentar una personalidad completamente diferente a la suya. ¿Quién iba a poder imaginar los verdaderos sentimientos que albergaba en su interior? En ese momento era el joven orgulloso y un poco arrogante que había visto pelear hacía unos momentos. Era la imagen que los fans adoraban, la imagen que atraía a tantas personas.

¿Dónde estaría Hiei?, pensó Kurama luego. Sentía su presencia en un lugar no muy lejano. Era curioso, Hiei no estaba ocultando su youki, era como si quisiera que todos se enteraran de que no se había ido todavía. ¿Sería una invitación?

Lentamente el muchacho pelirrojo se puso de pie y salió al pasillo con la excusa de que iba a tomar aire. Empezó a caminar en dirección a la salida, sin embargo se encontró con que había miles de fans esperando ver aparecer a sus ídolos y Kurama no pudo salir. Hombres corrían de aquí para allá gritando indicaciones que se mezclaban con el griterío de la multitud. Desilusionado, Kurama comprendió que si Hiei estaba por ahí no iba a poder encontrarlo.

A pesar de lo que Hiei le había dicho, Kurama aún guardaba algunas esperanzas. Sinceramente, no creía en las palabras del youkai. Lo había besado, había sentido claramente que Hiei lo había disfrutado. "No puedes estar solo para siempre", susurró Kurama mentalmente. "Has vivido solo demasiado tiempo... Rechazado y temido... Eso te llevó a ser como eres, pero yo no te temo, ni a ti ni a tu enorme dragón negro. Hiei..."

Se apoyó en la pared, descansando un momento mientras sentía que la angustia lo envolvía de nuevo. Podía ver a Hiei, muchos años atrás, volviendo a la guarida donde vivía con sus compañeros. Ellos se encontraban alrededor de una fogata, el día estaba helado y amenazaba con nevar. A medida que Hiei se acercaba las expresiones de los rostros de los otros youkais iban cambiando de la alegre charla a miradas frías y temerosas. En un segundo Hiei estaba solo, sin comprender el porqué de ese rechazo.

Eso era cruel. Abandonar a una persona de ese modo. Es algo innato en las criaturas rechazar a aquellos que no pueden comprender. De cierto modo es mejor porque ya no hay que estar soportando las hipocresías, pero por otro lado... Al comienzo es demasiado doloroso. Estar solo, sin entender por qué. Lentamente esa confusión lleva a pensar que es culpa de uno mismo. La forma de actuar, la personalidad... Inconscientemente uno piensa que es culpable de haber producido ese rechazo, y comienza a odiar. No a ellos, sino a sí mismo. Y es lo peor que puede suceder porque uno puede alejarse de las personas a las que odia, pero jamás puede deshacerse de sí mismo. Es un odio eterno, que amarga el corazón, hace despreciar todo, y que por último lleva a adentrarse en lo único que queda, el alma que tanto se odia, buscando un consuelo, una compañía, alguien que sea capaz de amar...

Y cuando finalmente encuentras a esa persona que te ama, tú mismo, todo el odio se torna contra los que te dejaron solo. Luego toda tu vida es odio.

Odio.

Te comprendo más de lo que crees, porque yo también he estado solo.

***

¿Solo? No, pensó Hiei sentado en lo alto del lugar donde se había desarrollado el primer combate del King of Fighters. A él ya no le importaba estar solo. Durante años había vagado sin tener a nadie a su lado y sinceramente ya no le molestaba.

Pero había conocido a Kurama y entonces se dio cuenta que lo que en realidad deseaba era tener a alguien para siempre a su lado. Alguien que lo comprendiera, que no lo rechazara, que se mostrara cariñoso y lo tratara bien. Alguien como Kurama.

¿Pero por qué Kurama? Hiei maldijo en silencio. ¿Por qué había tenido que fijarse en ese youko? Con él no podía estar seguro si todo lo que le decía era cierto o sólo palabras bonitas para engatusarlo y hacerlo caer en sus brazos. El youkai deseaba estar entre esos brazos, pero temía llegar una noche a la habitación de Kurama y encontrarse con la misma mirada fría y de rechazo que había tenido que soportar durante tantos años en el Makai. No iba a poder soportar de nuevo todo ese odio y soledad. A pesar de que en ese momento tercamente se repetía que estar solo no importaba, en su interior ya había experimentado lo que era tener a alguien cerca a él, y ahora su corazón añoraba esa cercanía. No podía evitarlo. Estúpidos sentimientos.

***

- Estás aquí...

El muchacho pelirrojo se volvió y notó que se trataba de Kyo. Su cabello estaba húmedo, recién lavado, y llevaba puestas ropas limpias. En su mano llevaba un bolso. Estaba listo para partir.

Kurama se paró frente a él, observándolo con una expresión que a Kyo le recordó a un adulto mirando al pequeño que dice estar enamorado de él. Era un poco incómodo y Kyo se sonrojó un poquito. Kurama se veía menor que él, pero era como estar ante alguien que merece respeto. Ante Youko Kurama.

- Partiremos en unas horas - comentó Kyo observando a la multitud que se apiñaba afuera del recinto -. Sólo quería despedirme.

- Nos volveremos a ver - le aseguró Kurama con una enigmática sonrisa, pero Kyo lo tomó como un decir. En sus ojos había una ligera expresión de pesar. El joven no quería tener que alejarse tan pronto de esta persona que lo había comprendido en tan poco tiempo. El recuerdo de la noche que pasaron juntos estaría en su memoria para siempre, y durante toda su vida le estaría agradecido a Kurama por haber compartido algo tan íntimo con él.

Kyo suspiró, mirando el suelo. Hacía sólo una semana que había visto a Kurama por primera vez. Recordaba que le había llamado la atención su largo cabello rojo y la expresión tan cálida de sus ojos verdes. Pero nunca hubiera pensado que terminaría siendo su amigo, y mucho menos que compartiría con él una noche. Una semana parecía demasiado poco. Iba a extrañar a ese muchacho.

- Sayonara... {Adiós} - murmuró Kyo dando media vuelta y alejándose. Escuchó que Kurama decía a sus espaldas.

- ¿Cómo, eso es todo?

El joven se detuvo en seco y se volvió a medias.

- ¿Uh?

- ¿Dices "sayonara" y te vas? Esa no es forma de despedirse de un amigo - le reprendió Kurama con una dulce sonrisa. Kyo sintió que sus mejillas enrojecían levemente. Regresó sobre sus pasos y se detuvo frente a Kurama. Se inclinó hacia él y lo besó suavemente en la mejilla. Kurama rió mientras Kyo se alejaba -. Esa timidez no va contigo - comentó deslizando su mano detrás del cuello de Kyo y obligándolo a acercarse de nuevo. Sus labios se tocaron y Kurama lo obligó a abrir más su boca, besándolo tan profundamente que Kyo sintió que le cortaba la respiración. No importaba si alguien los veía, Kyo y Kurama cerraron los ojos y después de un segundo que pareció durar más, se separaron.

- Mata ne {hasta luego} - se despidió Kurama con una sonrisa.

- Ja mata... {hasta luego} - respondió Kyo.


 

Capítulo 17: Por un Estúpido Contrato

El youkai lider se llamaba Ryaku. No era el típico demonio gigantesco con largas garras y colmillos asomando entre sus labios. En realidad, tenía el aspecto de un ningen, cabello dorado, ojos claros, y el típico cuerpo que se veía delicado pero que escondía a un youkai de gran nivel en su interior. Salvo por los pequeños y agudos cuernos de su cabeza, Ryaku podía pasar por un ser humano.

Mientras se dirigía al Ningenkai seguido del pequeño grupo que lo ayudaría a capturar a Kyo Kusanagi pensaba en cuánto deseaba complacer a su amo Shika.

El hermoso demonio de largo cabello blanco era su obsesión desde hacía cientos de años. Después de haber sido derrotado por él había decidido servirle, pero con el tiempo esa sumisión se había tornado en deseo. Una pasión que lo consumía locamente.

Sin embargo Shika lo había rechazado, y Ryaku debía conformarse con tener éxito en las misiones que le encomendaban para así recibir al menos una palabra de elogio de parte de su señor.

Shika podía haber hecho con él lo que quisiera, pensaba Ryaku. A lo largo de los años él había sido testigo de los numerosos amantes que había tenido. Pequeños youkai indefensos que eran capturados siendo niños y con los que Shika se deleitaba durante unos años hasta que perdían las suaves formas infantiles y terminaban muriendo a manos del mismo Shika, durante noches en que gemidos y gritos de dolor llenaban el ambiente del castillo.

¡Qué no hubiera dado Ryaku por ser uno de esos niños!

Su amo ciertamente era un maestro en infringir dolor mientras disfrutaba del placer de ello. Ryaku era el que debía deshacerse de los pequeños cuerpos muertos al amanecer y en cada ocasión no podía dejar de maravillarse ante las numerosas heridas que cubrían a los pequeños youkai, cada una producida de tal forma que no fuera mortal, para que hacia el final de la noche la inocente víctima siguiera viva, y sufriendo los peores dolores.

Qué cruel era, pensaba Ryaku. Pero estaba seguro que si Shika le daba la oportunidad, él sería quien le enseñara lo que era el verdadero dolor y el verdadero placer.

- Señor, estamos llegando - anunció uno de los youkai que iban con él. Se encontraban en un viejo pasaje que unía el Makai con el Ningenkai. Frente a ellos se alzaba una barrera de energía que formaba una enorme malla resplandeciente. Posando su mano en ella, Ryaku notó que no podrían pasar. Debían esperar. Shika le había dicho que cuando esa antigua barrera se rompiera sería el momento exacto para atacar al joven Kusanagi. Sólo debían esperar y estar atentos. El mismo Kusanagi les abriría las puertas.

Ryaku estaba plenamente confiado en que todo saldría perfectamente. Regresaría al Makai llevando consigo a Kyo Kusanagi y Shika lo recompensaría de algún modo.

Rió suavemente, recorriendo su cabello dorado con la punta de los dedos. Se sentó a esperar, y sus subordinados lo imitaron.

***

Un nuevo hotel, una ciudad diferente, desconocida y fría.

La cantidad de fans alborotando era la misma, los altos edificios se veían iguales, pero Kyo sabía que ese era otro lugar. Un lugar que no conocía y que no le hacía sentir nada. No podía hacer más que esperar la pelea final del torneo para tener una última oportunidad de ver a su amigo pelirrojo. Que tonto había sido. Ni siquiera pensó en pedirle su teléfono.

La breve despedida lo había dejado pensativo. Era improbable que se volvieran a encontrar. Qué frágil era la amistad en ese mundo, fácilmente puesta a prueba por la distancia.

Ahora que había dejado atrás a Kurama y su cariño, se sentía mucho más solo. No podía evitar pensar en que desde ese día y durante todo el King of Fighters vagaría por las ciudades desconocidas sin rumbo y sin compañía. Era una costumbre adquirida desde que empezó a participar, pero en los últimos años esos paseos erráticos le habían servido para ordenar sus pensamientos y aclarar sus sentimientos.

Sin embargo nunca había compartido esos paseos con nadie, hasta que conoció a Kurama. Sólo entonces se dio cuenta de lo solitario que se había sentido. Compartir sus pensamientos con ese pelirrojo había servido para aliviarlo un poco. Pero ahora sabía que estaría solo de nuevo.

Tres equipos y un peleador solista se enfrentarían en esa ciudad. Hero Team, All Female Team, Ikari Team y Iori Yagami. Kyo sonrió ante esta coincidencia. Tendría que seguir viendo a Iori durante el resto del torneo y ahora sólo tenía el recuerdo de las palabras de Kurama para darse ánimo.

Todavía tenía un día completo para hacer lo que quisiera antes de su turno para pelear. Pero antes que él, Iori se enfrentaría contra el equipo de las tres mujeres. Quizás podía parecer un tanto desigual tres contra uno, pero Kyo ya sabía el resultado del enfrentamiento. Dejó caer la cabeza. Definitivamente este año la final también sería el Hero Team contra Iori Yagami.

- Oi, Kyo - llamó Benimaru de repente, asomándose en la habitación -. Es tu turno de ir a firmar autógrafos, ¿recuerdas? Todas esas muchachitas están esperando por ti.

Kyo se hizo el desentendido y continuó acostado en su cama sin hacer caso. Perdiendo la paciencia, Benimaru entró a zancadas en la habitación y se arrodilló en la cama, justo sobre Kyo, dejando que su largo cabello rubio cayera sobre ellos. Con delicadeza introdujo su mano debajo de la camiseta de Kyo hasta extender su palma completamente sobre su pecho. Acarició un segundo, sintiendo los firmes músculos de su amigo mientras sus miradas se encontraban. Kyo no se movía.

Viendo que se técnica no funcionaba, (y extrañado por ello porque Benimaru pensaba que Kyo se desharía de él en cualquier instante, incómodo ante semejante cercanía) el joven rubio cambió de idea y, con una sonrisa maliciosa, envió un golpe de electricidad por su brazo hacia la punta de los dedos, haciendo saltar a Kyo.

- Kisama!! - exclamó el joven sujetando a Benimaru del cuello y sacudiéndolo violentamente, juguetonamente.

- Aaaa... Ahora aprovecha y ve a cumplir con tu deber, las fans esperan - rió Benimaru indicándole la puerta. Kyo lo dejó caer en la cama con un resoplido y salió refunfuñando contra las estúpidas líneas del contrato que le obligaban a aparecer en entrevistas, fotografías, revistas, y demasiado merchandising.

Una joven esperaba por él para indicarle el camino. Al parecer sólo un grupo seleccionado de fans podía tener acceso al hotel, después de gastar todo su dinero comprando números de un sorteo cuyo premio era una tarde con los ídolos del King of Fighters.

En el camino se encontraron con otra persona. A primera vista parecía un hermoso jovencito vestido de etiqueta, pero Kyo reconoció a King, una de las integrantes del All Female Team. El joven levantó una mano para saludarla, y ella se le acercó sonriendo.

- Kusanagi, ¿tú también obligado a firmar autógrafos durante toda la tarde?

- Ahá...

Entraron en el ascensor, conversando animadamente mientras la jovencita que los acompañaba escuchaba en silencio.

- Supe que Yagami hizo un escándalo allá abajo - comentó King descuidadamente, apartando su cabello rubio de sus ojos violeta. Kyo la observó un momento, preguntándose por qué una mujer tan hermosa como ella desperdiciaba esa belleza ocultándola bajo trajes masculinos. En ese momento King vestía una blusa blanca, desabotonada en el cuello. Usualmente usaba una corbatita, pero al parecer había preferido la comodidad sobre la imagen. Llevaba también una chaquetilla blanca y corta, y una ancha cinta de seda que le ceñía estrechamente la cintura.

- ¿Ah sí? - murmuró Kyo.

- Como era de esperarse, no deseaba pasar tantas horas sentado firmando estúpidas libretas de autógrafos - continuó King. Parecía ser una persona feliz, pero ¿cuántos problemas escondería en su corazón? - Sinceramente no me imagino a Yagami sentado en una mesa entre cientos de fans y firmando autógrafos - rió King.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. La joven que los acompañaba les indicó que la siguieran y en el camino King le entregó una tarjetita de presentación a Kyo. Decía "Memoirs Bar - Katsuki" y una dirección.

- ¿Recuerdas mi bar? - preguntó, Kyo asintió -. El Memoirs es de un amigo mío, iré a visitarlo esta noche. Espero verte por ahí, ¿ne?

Un griterío llamó su atención y se dieron cuenta que estaban llegando al salón donde los fans esperaban impacientes. "Estúpido contrato", maldijo Kyo dirigiéndose a la mesa donde se pasaría el resto de la tarde firmando dedicatorias para sus fans. Mientras él y King se acercaban por un lado, de otra puerta aparecía un hombre con aspecto de militar. Su cabello castaño oscuro caía en mechones sobre sus ojos, sus manos estaban hundidas en los bolsillos de sus jeans desteñidos y un chaleco verde completaba su atuendo de guerrillero. Saludó a Kyo y King con un gesto que también parecía decir "Estúpido contrato".

Los tres peleadores que se encontraban en las mesas en ese momento se pusieron de pie bruscamente y empezaron a retirarse. En sus rostros también se podía leer: "Estúpido contrato".

Una jovencita de largo cabello amarrado en una cola de caballo se acercó a King y le echó los brazos al cuello, gimoteando lo cansada que se sentía. King le dio palmaditas en la espalda, comprensiva. Después de su turno, ella terminaría sintiéndose igual de agotada y no pudo evitar sentir algo de autocompasión mientras la muchacha se apoyaba en ella.

- Pero en la noche podrás relajarte, Mai - la consoló King con voz suave y una sonrisa -. Te prepararé mi especialidad y te haré sentir mejor.

La referencia a un trago hizo que Mai levantara la cabeza y sonriera.

- Suerte - le dijo a modo de despedida y se alejó arrastrando los pies y estirando los brazos en dirección ascensor.

King suspiró encantadoramente y tomó su lugar en la mesa.

- Son todos tuyos - le dijo alguien a Kyo mientras sentía golpecitos de compasión en su hombro. Era Goro, cediéndole su puesto en la mesa de autógrafos y dejándolo ante una larguísima fila de fans. Kyo sudó una gotita, linda tarde le esperaba.

Por último, el hombre con aspecto militar relevó a su compañero, que ciertamente se veía parecido a él pero usaba una gorra azul y lentes oscuros.

- Cuando termines, Leona y yo te estaremos esperando en el Memoirs, ¿ok, Ralf? - se despidió el de la gorra azul, Clark. Kyo no pudo evitar sonreír. Al parecer King había invitado a todo el mundo a relajarse en el bar antes de enfrentarse en la pelea del día siguiente.

Una libreta apareció frente a él, y al levantar la vista se encontró con el rostro de una muchacha que lo miraba embelesada.

- ¿Cómo te llamas? - preguntó Kyo recibiendo la libreta y sujetando un bolígrafo.

- S... S... Setsuna desu - tartamudeó la muchacha y Kyo escribió: "Para Setsuna, de Kusanagi Kyo".

Fue la primera firma de la tarde y al cabo de unos minutos Kyo ya no recordaba cuántas veces había escrito lo mismo. Su mano se sentía torpe, y su caligrafía era peor a cada minuto. No sabía cuánto tiempo más su letra continuaría siendo legible. Ni siquiera se atrevía a levantar la cabeza, porque era obvio que la fila de fans se alargaba hasta el infinito.

Unas cuantas horas y lo único que Kyo podía pensar era "Para <tal persona>, de Kusanagi Kyo". Se tomó un respiro y miró a su izquierda. King firmaba autógrafos furiosamente, deseosa de terminar lo antes posible con eso, sin embargo levantó la vista hacia él y le sonrió.

- Ganbatte yo {tú puedes} - dijo ella en silencio, formando las palabras en sus labios pero sin producir sonido. O tal vez su voz fue apagada por el rumor de las conversaciones de los fans.

A la derecha de Kyo, Ralf tenía la misma actitud de King. Firmar lo más rápido posible y despachar a los fans con una que otra palabra amable e hipócrita. A medida que avanzaba la tarde los únicos cambios eran las cosas que los fans entregaban para ser firmadas. Empezaron a aparecer pósters, mangas, libros, fotos impresas, trajes íntimos (especialmente de muchachitas) e incluso osos de peluche. Kyo tenía enfrente al monstruo de peluche más gigantesco que hubiera visto jamás y estaba preguntándose dónde demonios iba a firmar cuando se oyó un griterío de emoción entre los fans.

Los tres peleadores levantaron la vista y se extrañaron al ver la razón de esa excitación. Por las puertas de entrada había aparecido un amargo Iori Yagami. Sus manos estaba en los bolsillos, como para evitar destrozar al ejecutivo que lo reprendía mostrándole el estúpido contrato, y entre sus labios había un cigarrillo. Su mirada observó a la multitud con desprecio, pero los fans aplaudieron y gritaron más fuerte. El ejecutivo a su lado parecía estar recordándole que parte del contrato consistía en pasar unos momentos con los fans.

Iori fue llevado a la mesa de autógrafos, donde ya se había empezado a formar otra fila, y el ejecutivo ordenó traer una silla.

- ¡Pónganla aquí, junto a Kyo Kusanagi!

Kyo saltó, King rió. Todos sabían que ellos eran rivales a muerte, pero al parecer ese ejecutivo sólo pensaba en que Kyo y Iori llamarían más la atención si estaban juntos.

La silla fue traída y Iori se sentó a regañadientes, sin deshacerse de su cigarrillo. Sujetó un bolígrafo que le entregaban y empezó a garabatear su firma de mala gana, sin ni siquiera levantar la vista para mirar a sus babeantes fans.

Ahora Kyo se sentía peor. Dejó de prestar atención a lo que le decían sus fans y empezó a escribir sólo su nombre en las libretas que le entregaban. No se atrevía a levantar la mirada. No quería encontrarse con los ojos de Iori y ver todo el odio que albergaban. Se había humillado frente a él, se había rendido. No tenía idea qué estaría pensando Iori en ese momento pero realmente no deseaba enfrentarlo, ni física ni verbalmente.

Sin embargo hubo un momento en que un fan de Iori, vestido de forma similar a él con la larguísima camisa blanca, la chaqueta oscura y los pantalones rojos con la correíta entre las piernas, observó a Kyo y refunfuñó algo que hizo reír a Iori:

- ¿Cómo soportas estar tan cerca de ese bastardo Kusanagi?

Definitivamente, era un fan acérrimo del gran Iori Yagami. Tanto así que había adoptado su odio hacia Kyo Kusanagi, aun cuando era la primera vez en su vida que lo veía de cerca.

Kyo no pudo evitar levantar la mirada para observar a ese muchacho tan fanático. Una mirada de niño inocente con el ceño fruncido aparentando ser frío y malo se clavó en la suya. Largos mechones teñidos de rojo caían sobre uno de sus ojos. Kyo no pudo evitar pensar que se veía como un SuperDeformed Iori y rió, para total furia del muchacho que golpeó la mesa con sus puños, tratando de parecer amenazante, pensando que Kyo se burlaba de él. Sin embargo luego oyó la risa apagada de Iori y su corazón se fue hasta el suelo. No sólo Kyo Kusanagi se burlaba de él, sino también su ídolo Yagami-sama... Aquello era una pesadilla.

Kyo se encontró con que Iori lo observaba, aún con una ligera curva en sus labios que no era una sonrisa de maldad. En realidad, no había rastros de odio o desprecio en su expresión, y sólo por esa vez para Kyo fue fácil sonreírle abiertamente. Iori pareció sorprendido ante esa reacción pero no dijo nada, se limitó a volverse hacia su fan que no pensaba irse sin recibir antes una respuesta.

- Si son enemigos, ¡no deberían estar sentados juntos tan tranquilos! - exclamó, llamando la atención del resto de fans y de King y Ralf -. No lo entiendo - continuó el indignado muchacho -. ¿Por qué no haces nada?

Todos notaron que Iori estaba a punto de responder con una de sus descorteses palabras, que le costarían otra reprendida de parte del ejecutivo encargado, pero Kyo lo interrumpió. Miró fijamente al muchachito y dijo en voz baja pero clara:

- No considero a Iori mi enemigo.

Mantuvo la mirada clavada en el rostro del muchacho sólo porque no se atrevía a bajar los ojos y encontrarse con el rostro de Iori. Pero no había podido evitar pronunciar aquellas palabras. En lo profundo de su corazón era lo que realmente sentía.

El fan dio media vuelta y se alejó, irritado y confundido.

Finalmente, Kyo tuvo que cruzar su mirada con la de Iori. La sonrisa había desaparecido, pero lo que vio en el rostro del joven pelirrojo fue sorpresa. Durante un segundo se observaron y lentamente apartaron sus miradas. La expresión de Iori se suavizó y luego continuó firmando autógrafos, esta vez sin parecer amargado.

Kyo suspiró, no pudo evitar una sonrisa de alivio, y también volvió a los autógrafos.

- Me alegra que no se odien - comentó el muchacho que estaba frente a él. Kyo sonrió y levantó la cabeza para mirarlo. Se encontró con dos hermosos ojos esmeralda que lo observaban dulcemente.

- Kurama... - dijo, sorprendido.


Capitulo 18: ¿Vendrás?

- Kurama... - dijo Kyo sorprendido.

- Hisashiburi ne {Tanto tiempo, ¿verdad?} - sonrió Kurama. En su mano tenía la credencial que Kyo le había conseguido y se lo entregó. El joven lo recibió pero no supo qué hacer con eso. Su corazón aún no se calmaba después de lo que acababa de suceder con Iori, y ver a Kurama frente a él lo había confundido aun más -. Hey, ¿no me vas a dar tu autógrafo? - preguntó Kurama juguetonamente al ver que Kyo no reaccionaba. Detrás del pelirrojo algunas muchachas se empujaban para ver qué tanto conversaba esa "chica" de largo cabello rojo y ojos verdes con su adorado Kyo Kusanagi.

- Ah... Claro... - murmuró Kyo y firmó sobre el cartoncito plastificado.

- Arigatou, Kusanagi-san - rió Kurama suavemente y se alejó, perdiéndose entre la multitud de fans que esperaba impaciente en la fila.

Kyo no pudo decir nada porque él ya había desaparecido, pero al volverse, de reojo vio que la mirada de Iori estaba fija en la multitud, como si él también acabara de perder de vista a Kurama.

- Eh... Kyo-san... - llamó la muchacha que tenía al frente, regresándolo a la realidad.

***

- ¿Se sorprendió? - preguntó Yuusuke. Él, Kuwabara y Hiei estaban afuera del hotel, rodeados de jóvenes que esperaban ver a alguno de los peleadores.

- Parece que sí - respondió Kurama, deteniéndose ante ellos.

Acababan de llegar a esa ciudad, gracias a los boletos de avión que les había conseguido Koenma. Durante el viaje Yuusuke había examinado el cronograma de enfrentamientos y le llamó la atención que Iori Yagami se enfrentaría solo contra un equipo de tres mujeres. No era que Yuusuke menospreciara a las chicas, en realidad las tenía muy en cuenta, por eso se preguntaba qué podría hacer Yagami contra tres de ellas.

Hasta ese momento no habían visto ni una muestra de su poder. Ese poder que tenía en vilo al Reikai. A excepción de aquella noche en que Hiei había sido herido por las llamas púrpura, nunca habían sido testigos del verdadero potencial de ese extraño sujeto.

- Yoshi!, será mejor ir a nuestro hotel, ne? - sugirió Kuwabara y Yuusuke asintió. Esa noche, en otro lugar del mundo, se realizaría otra pelea, y los jóvenes estaban deseosos de verla en televisión.

- Kurama, ¿no vienes? - preguntó Yuusuke al darse cuenta que Kurama no los seguía.

- Los alcanzo luego - dijo Kurama a modo de despedida. Pero antes de volverse y alejarse de ellos notó la mirada que le dirigía Hiei, cargada de pesar, como si sospechara de él y se sintiera herido.

Suspirando, Kurama le dirigió una ligera sonrisa, que Hiei aparentó no haber notado, y caminó en la dirección opuesta. Hacia Kyo.

***

Dentro del hotel, el joven dejó caer el bolígrafo que tenía en la mano y recorrió su cabello castaño con la punta de los dedos, estirando sus músculos tensos y sus brazos adoloridos. Frente a él aún se extendían las largas filas de fans, aunque mucho más cortas que al comienzo de la tarde. De todas formas, Kyo se sentía agotado. A su izquierda King había bajado el ritmo de sus firmas, consciente de que era inútil apresurarse: los fans no dejaban de aparecer. A su derecha, Iori fumaba el décimo cigarrillo de esa tarde, sujetándolo entre sus labios como si estuviera a punto de dejarlo caer.

Con un sobresalto, Kyo notó que estaba mirando fijamente el rostro de Yagami, y para su sorpresa, Iori se volvió y clavó su mirada helada en él, con el cigarrillo colgando de sus labios entreabiertos. El humo ascendía lentamente. El cigarrillo se movió, indicándole a Kyo que Yagami había dicho algo pero no lo escuchó. No podía apartar sus ojos de Iori. Observaba los largos mechones de cabello rojo oscuro que caían cubriéndole la mitad del rostro, dejando visible sólo un ojo con el ceño fruncido. De nuevo Iori daba la impresión de estar listo para matarlo.

Cuando el pelirrojo se movió ligeramente en su silla, Kyo estuvo a punto de levantar los puños defensivo, pero Iori se limitó a sacar una arrugada cajetilla de cigarros y la lanzó sobre la mesa, hacia Kyo.

Perplejo, el joven cambió su mirada de Iori a la cajetilla, sin saber qué hacer. Por sobre el rumor de los fans, oyó que Iori reía. Después de unos segundos de inmovilidad de su parte, finalmente Iori decidió sacar él mismo el cigarrillo y encenderlo con una llamita púrpura, para luego ofrecérselo a Kyo que se inclinó hacia Iori, para recibirlo con sus labios, aún totalmente perplejo.

El humo en sus pulmones se sintió bien, después de tantas horas de monotonía pasadas en ese lugar. Sin embargo Kyo ya no podía pensar en nada más que Iori a su lado. ¿Por qué había hecho eso? ¿Cuál era su razón? Jamás, jamás se hubiera imaginado a Iori Yagami ofreciéndole algo tan amablemente. En su interior Kyo estaba totalmente confundido. No sabía si tomar eso como una buena señal. Podía haber sido una horrible burla pero no podía aceptarlo. Quería creer que había sido una señal de... ¿amistad?

Una voz alta y clara se alzó en alguna parte del lugar anunciando que el tiempo se había acabado y los fans debían desalojar el salón.

Con un suspiro de alivio, Kyo se inclinó en el respaldo de su silla, estirándose perezosamente, con el cigarro todavía en sus labios. A regañadientes algunos fans empezaron a retirarse, mientras otros protestaban porque el tiempo no había alcanzado para que ellos llegaran hasta la mesa de autógrafos. Mala suerte, no todos son afortunados en esta vida, pensó Kyo poniéndose de pie.

King, a su lado, dejó escapar un suspiro y le sonrió.

- Qué dolor de cabeza - comentó -. No puedo esperar a llegar al Memoirs y relajarme un rato.

Él sólo asintió, recordando la invitación. Sí, quizás iría.

- Kyoooo, no se vaya... Lo amooooo - se oyó a sus espaldas y el joven tuvo que volverse para levantar una mano y despedirse de sus fans que dejaron escapar grititos de desesperación al verlo alejarse.

Alcanzó a King en dirección al ascensor. Ella tenía una tarjeta idéntica a la que le había entregado a él, y observaba a Iori dudosa. ¿Debía invitarlo al bar a él también?

Kyo siguió su mirada y vio a Yagami alejándose por otra puerta, las manos hundidas en los bolsillos, los hombros ligeramente caídos, el ceño fruncido y una expresión que podía desanimar a cualquiera que pretendiera dirigirle la palabra. Esa era su imagen, pensó. Él creaba ese aspecto de sí mismo para que la gente no se le acercara. Debía sentirse solo, pensó Kyo. Si él mismo se sentía solo a menudo, ¿cómo se sentiría Yagami? Más bien, ¿sentiría algo o sólo le importaban las peleas? O tal vez eso también era parte de una imagen.

Impulsivamente Kyo tomó la tarjetita de manos de King y exclamó despreocupadamente:

- ¡Yo se la entrego! - mientras se alejaba en dirección a la puerta por donde había salido Iori. King sudó una gotita, inclinando la cabeza con una sonrisa comprensiva. ¿Amigos? ¿Enemigos? Eso no importaba, mientras hubiera amor de por medio, se dijo mientras las puertas del ascensor se cerraban.

- Oi... Yagami - consiguió tartamudear Kyo a espaldas del otro joven. Iori se volvió a medias, observándolo de reojo.

- ¿Qué quieres? - preguntó secamente.

Estaban solos en un pasillo. A su espalda aún se oía el griterío de los fans reunidos en el salón, pero aparte de eso Kyo sentía como si todo estuviese demasiado silencioso. Se preguntó si Iori podía escuchar los latidos alocados de su corazón.

- Mañana es la pelea - dijo el joven levantando su mirada hacia Iori y entregándole la tarjetita de King -. Todos iremos a este bar en la noche, a relajarse, ya sabes... Me preguntaba si tú también querrías ir.

- ¿Para qué?

Kyo bajó la mirada un segundo y luego la volvió a levantar. Un argumento mundano no iba a parecerle bien a Iori, pero no se le ocurrió nada más así que dijo lo que sentía:

- A pasar un buen rato juntos, nada más.

Esa palabra juntos tenía un obvio doble sentido, pero Iori pareció no notarlo, o no demostró haber comprendido.

- No me interesa - fue la respuesta del pelirrojo mientras continuaba alejándose.

- Aburrido... - murmuró Kyo, pero antes de que se hubiese dado cuenta de lo que dijo, y a quién se lo dijo, recibió una mirada asesina de parte del alto pelirrojo.

En un segundo se encontró entre Iori y la pared, observando esa mirada fija en sus ojos. El brazo derecho de Iori estaba apoyado en el muro, y él estaba inclinado amenazante sobre Kyo, que no se decidía a hacer nada salvo levantar las manos para intentar mantenerlo a distancia.

- Dije que no me interesa, Kusanagi - repitió Iori lentamente con un tono bajo y contenido. Su mano izquierda, que sostenía la tarjetita, se encendió en fuego. La súbita iluminación lanzó sombras a los distantes rincones de ese pasillo. Kyo veía el rostro de Iori muy cerca al suyo, podía sentir su respiración contra su mejilla, y sus largos mechones rojos le hacían cosquillas, pero no se movió. Se miraban fijamente, inmóviles. Respiraciones agitadas pero acompasadas, los labios ligeramente entreabiertos... El fuego violeta... Acercándose.

Iori se movió hacia adelante. Kyo se apartó, fue un impulso inconsciente, como cuando el cuerpo se encoge cuando sabe que va a recibir un golpe. Vio la extraña expresión en el rostro de Iori y luego sintió cómo su estómago se encendía en llamas.

El golpe lo hizo encogerse, pero en vez de caer, sintió que Iori sujetaba firmemente su barbilla y con violencia le echaba la cabeza hacia atrás, dolorosamente, como si quisiera romperle el cuello. El fuego ardía aún, mareándolo, pero pudo sentir cuando Iori se inclinó sobre él y lo obligó a abrir sus labios.

Beso de amigo... NO.

Aquello era violento, propio de Iori, su respiración ardía dentro de su boca. A diferencia de Kurama, que había sido tan gentil, Iori lo obligaba a dejarlo entrar en él, bruscamente, sin importarle si era doloroso o no. Profundizaba contra sus labios, cortándole la respiración, arrancándole gemidos ahogados. La mano que estaba en la barbilla de Kyo le echaba la cabeza hacia atrás sin compasión, dejándolo indefenso. El joven intentó resistirse. ¿Por qué? Sinceramente no lo sabía, era como si tuviera que hacerlo.

Quiso empujar a Iori pero él le echó la cabeza aun más hacia atrás, haciendo que otro gemido escapara de su garganta. ¿Era eso lo que Iori quería?, se preguntó Kyo. ¿Era esta otra de sus burlas?

Kyo se había rendido ante Iori una vez. Se lo había dicho. No tenía caso resistirse. Dejó caer lo brazos, dejó que el fuego se extendiera por su ropa, doloroso pero sin herirlo. Relajó su cuello, inclinándose hacia donde la presión de Yagami lo empujaba. Cerró los ojos, y aceptó esa invasión en su ser.

- Que sea la última vez que me molestas. Para la próxima ten por seguro que te mataré... - oyó que gruñía Iori.

Sintió que empezaba a resbalar hacia el piso. No abrió los ojos, se quedó sentando con la cabeza colgando hacia adelante. El fuego violeta se había apagado, y se sentía frío. Levantando una mano se limpió los labios y encontró algunos rastros de sangre. Se quedó observándola fijamente. No le pertenecía. Era la sangre de Yagami.

Pasos se acercaban a él, tranquilos y ligeros. Alguien se detuvo en el pasillo, pero él no levantó la cabeza. No tenía ganas de levantarse. Quería seguir ahí contra la pared sintiéndose frío y saboreando la sangre salada en sus labios.

- Ne... Kyo... - dijo la figura ante él ofreciéndole una mano para ayudarlo a ponerse de pie.

Lentamente el joven miró hacia arriba y a través de sus mechones castaños vio que era el otro pelirrojo.

- K... Kurama... - murmuró, aceptando su ayuda -. Yagami...

Se encontró rodeado por los cálidos brazos de Kurama y apoyó su frente en el hombro del muchacho. Qué contraste era estar con Kurama después de haber sido besado tan rudamente por Yagami. Sin embargo...

- ¿Acaso ese beso no te basta? - preguntó Kurama con una ligera sonrisa -. Las palabras no significan nada cuando son contradichas por las acciones. Conseguiste lo que querías, Kyo, ¿no te das cuenta?

- ¿Lo... que... quería? - repitió el joven mirando el pasillo desierto. ¿Era eso con lo que tenía que conformarse? ¿Un beso y una amenaza?

***

En otro hotel, Yuusuke y Kuwabara estaban pendientes de las escenas que veían en el televisor. La ventana estaba abierta y el viento frío hacía ondear suavemente las cortinas. Hacía un momento Hiei había estado sentando ahí, en el borde entre la habitación y el cielo, pero se había ido silenciosamente, después de darse cuenta de que los dos muchachos se preparaban a ver una pelea de ese tonto torneo ningen.

Desde algún país de Europa, las cámaras transmitían la primera pelea que también era de un luchador solista contra un equipo de tres. Shingo Yabuki vs. The Psycho Soldiers Team.

Kuwabara se echó a reír.

- Yabuki va a perder - comentó entre carcajadas -. ¡No tendrá la mínima oportunidad contra peleadores con niveles tan altos de reiki!

Pero Yuusuke miraba la pantalla con el ceño fruncido.

- Recuerda quién es su maestro, Kuwabara - dijo.

El joven de cabello anaranjado cerró la boca y se dejó caer al lado de Yuusuke, mordisqueando algunos bocaditos que habían comprando especialmente para esa noche.

- Ya va a comenzar - dijo -. Me pregunto dónde estará Kurama.

En la pantalla se anunciaba la siguiente pelea. La cámara enfocó a un Shingo que observaba a sus rivales con una expresión extraña en el rostro. No se veía tan orgulloso como el resto de peleadores, más bien parecía estar perdido en sus propios pensamientos.

- Uhh... de lejos se ve como Kusanagi - comentó Kuwabara inclinándose hacia el televisor para observar mejor. Shingo usaba el mismo uniforme, y la misma cinta blanca en la frente. Aparte de que usaba el mismo estilo de Kyo. Realmente era un fanático.

El equipo rival estaba formado por la muchachita con que se habían cruzado una vez en el hotel, Athena, además de un joven con expresión despreocupada, Kensou, y un viejo que parecía distraído, Chin.

El sonido del público a través de los parlantes del televisor indicó que el round había empezado. Shingo estaba de pie frente al viejo Chin, que se tambaleaba ebrio como si estuviese a punto de caer.

- ¿Cómo lo dejan pelear así? - rió Kuwabara, recordando que incluso Chuu, uno de los rivales de Yuusuke y que también gustaba mucho de la bebida, se veía más poderoso que ese viejo borracho.

- Las apariencias engañan... - dijo Yuusuke con una sonrisa -. Cualquiera podría pensar que ese muchachito Shingo tampoco tiene oportunidad, ¿ne?

Los movimientos del viejo eran bamboleantes pero conseguía esquivar todos los golpes de Shingo. Llegó un momento en que incluso se tomó su tiempo para levantar su botella y beber un poco de lo que sea que contenía. Molesto por esto, Shingo se lanzó contra él, sólo para recibir todo el líquido que le escupió el viejo en la cara.

Mientras el muchacho intentaba calmar el ardor de sus ojos, el viejo bebió otro trago más y sonrió para sí, pensando quizás que aquella pelea había sido fácil y que había terminado demasiado pronto. Tomó aliento y se preparó para escupir su bebida una vez más, esta vez encendiendo una enorme llama de fuego, como en los circos.

- Kh... - Yuusuke se inclinó un poco hacia el televisor, deseoso de ver si Shingo podía evitar las llamas.

En un instante, como si hubiese estado esperando la oportunidad, Shingo giró sobre si mismo, doblando sus brazos, para pasar por debajo del fuego y le encajó un golpe al viejo Chin en el estómago al tiempo que claramente se oía el grito: "¡Kurae!". Yuusuke sonrió, porque ese era el mismo movimiento que Kyo había utilizado durante su pelea contra Chang. Algo diferente en la ejecución, quizás, pero definitivamente era el mismo movimiento.

Mientras Chin se recuperaba del golpe, Shingo saltó hacia él y lo mandó al suelo de una patada gritando "¡¡Shingo Kiiiiiick!!" El cuerpo del viejo maestro se quedó en el suelo y no se levantó. Shingo se quedó observándolo atónito, ¡no podía creer que había derrotado a Chin tan rápido!

- Qué diferencia... - comentó Yuusuke. Él y Kuwabara habían visto a Shingo ejecutar esa misma patada frente a ellos, y ahora debía aceptar que definitivamente había mejorado. Ya no se elevaba en el aire perdiendo el precioso tiempo en que su enemigo estaba confundido. El resultado era un movimiento rápido, directo, y devastador.

Claro que ni Shingo podía creerlo.

El siguiente peleador fue el muchacho vestido de celeste, Kensou. Saludó alegremente a Shingo y durante un momento Yuusuke pensó que parecían hermanos. El mismo cabello castaño corto y vestidos de color azul claro, con rostros bastante juveniles y despreocupados.

Esta pelea no duró mucho tampoco. Kensou no parecía tener muchos ánimos para pelear y se limitaba a lanzar Psycho Balls que Shingo tenía que estar evitando a cada momento. Después de un rato de lanzar y esquivar y ni un sólo golpe conectado, Shingo esquivó una bola rodando por el suelo, y levantándose de un salto golpeando a Kensou en la barbilla y lanzándolo hacia atrás, mareado.

El muchacho se puso de pie de nuevo, y corrió hacia Shingo como si fuera a lanzar un golpe. Shingo intentó esquivar pero se dio cuenta demasiado tarde que era sólo un amago. Kensou no pensaba golpearlo sino...

- ITADAKI-YAAA!!

Yuusuke frunció el ceño. Kuwabara casi se va de narices al inclinarse tanto hacia el televisor. Una enorme bola de energía resplandeció en la pantalla, haciendo desaparecer las figuras de Shingo y Kensou hasta que de pronto vieron que los dos jóvenes salían volando hacia atrás debido a la explosión del reiki.

- Eso... Eso fue... - tartamudeó Kuwabara con la boca completamente abierta - ... U... Urameshi... eso...

- Rei... Gun... - musitó Yuusuke pero su expresión de asombro se tornó en una de ligera satisfacción. Ese torneo estaba lleno de sorpresas.

Los dos muchachos estaban en el piso, pero se levantaron una vez más. La cámara enfocó a un Shingo que frenéticamente revisaba sus guantes, temeroso de que la energía los hubiera dañado. Su uniforme estaba roto en varias partes y tenía algunos arañones en el rostro, pero él parecía estar más preocupado por sus guantes que por nada más. Lentamente Shingo levantó la mirada hacia Kensou y todos vieron claramente que estaba furioso, echando humo y mostrando los colmillos.

- Te... atreviste... Cómo te atreviste... - gruñó amenazante haciendo que Kensou sudara una enorme gota -. ¡¡Rompiste el guante que me regaló Kusanagi-san, te haré PAGAR por eso!!

Shingo se lanzó contra el aterrorizado Kensou y empezó a lanzar golpes a diestra y siniestra hasta que el pobre muchacho quedó tirado en el suelo, con un furioso Shingo gritando encima de él.

La furia le duró para el siguiente round, cuando entró la muchachita vestida de rojo, Athena. Una vez más empezó el juego de tirar bolas de energía y bloquear golpes de Shingo, hasta que el muchacho, aún molesto y lleno de furor, saltó por encima de las Psycho Ball de Athena y la hizo ir de cara al piso tras darle una de las ya clásicas Shingo Kick.

Se veía cansado, notó Yuusuke, pero nadie iba a detenerlo. Lo que impulsaba a Shingo era el deseo de enfrentarse a Kyo Kusanagi en el torneo. No iba a perder contra ese equipo, claro que no.

Athena se puso de pie y saltó alto en el aire, cuando Shingo estaba desprevenido. Encogiéndose sobre sí misma, la joven gritó:

- ¡¡Faaaaaaang Arrooooww!! - Y bolas de fuego empezaron a caer sobre Shingo que no pudo hacer nada más que cubrirse. Varios golpes conectaron, haciendo que el muchacho se encogiera de dolor, pero no cayó. Finalmente, la misma Athena se lanzó sobre él envuelta en fuego, pero fue amablemente recibida por el OniYaki de Shingo. El mismo movimiento que había utilizado contra Kensou.

Con un grito agudo, Athena cayó al suelo. Shingo estaba de rodillas frente a ella, pero era el ganador.

- Ah, vaya, lo hizo - rió Kuwabara celebrando esa victoria a la distancia. Shingo no parecía ser la clase de peleador que podía vencer a todo un equipo, pero lo había logrado. Si él era capaz de hacer eso, ¿qué se podía esperar de su maestro Kyo Kusanagi?

Yuusuke se estiró acostándose en la alfombra, cruzó sus brazos detrás de la cabeza y respiró profundamente. Era tarde y tenía sueño. Habían pasado varias horas desde que dejaran a Kurama en el hotel donde se hospedaban los peleadores. ¿Por qué tardaba tanto? ¿Se habría topado con un youkai en el camino? O quizás se había encontrado con Hiei...

Quiso incorporarse pero perezoso Yuusuke se dijo, "un rato más..." Minutos después los dos jóvenes se habían quedado tranquilamente dormidos sobre la alfombra, con el televisor encendido y rodeados de bolsas vacías de bocaditos.

***

A esa misma hora, en otra parte de la ciudad, un discreto letrero de neón iluminaba una calle solitaria. "Bar Memoirs", decía.

En el interior no había muchos clientes, sólo algunas mesas estaban ocupadas por parejas o grupos de amigos que se apartaban en sus propios mundos, ajenos a las figuras que conversaban tranquilamente en lo más profundo del salón. Luces tenues iluminaban el local haciéndolo acogedor.

Un par de jóvenes meseras se apresuraba de aquí para allá atendiendo amablemente a los clientes. En la mesa del fondo estaban los invitados de King: Mai, Chizuru, Leona, Benimaru, Ralf y Clark. Goro había declinado educadamente la invitación. No conversaban de nada en especial, sólo bebían algunos tragos y se relajaban. No había enemistad entre ninguno de ellos y participaban en ese torneo por diversión. Ya no debían vencer a ninguna fuerza maligna, nadie amenazaba el mundo esta vez. Ser rivales en el torneo no significaba que no podían socializar entre ellos.

King los observaba pensativa desde la barra. Kyo no había aparecido y eso le parecía extraño. ¿Habría conseguido convencer a Yagami para que se presentara? Hubiese sido interesante tener al hosco Iori Yagami bebiendo con ellos.

- ¿Todo bien? - preguntó una voz a su lado. Volviéndose, King le sonrió al joven dueño del bar, Katsuki. Sus ojos pardos la observaban cálidamente, mientras largos mechones dorados caían sobre su frente.

- Ah sí, todo bien - asintió ella -. Sabes cuánto me gusta este lugar. El bar es precioso.

- Me alegra que te guste - respondió Katsuki -. Ve con tus amigos, yo me encargaré de servirles.

"Amable como siempre", pensó King mirando fijamente esos ojos pardos.

- No te preocupes, me gusta estar aquí tras la barra - dijo ella declinando el ofrecimiento, pero se interrumpió al ver aparecer una figura familiar en la puerta.

El alto hombre de cabello rojo paseó su mirada helada por todo el bar. Vestía el mismo atuendo de siempre, la chaqueta negra sobre una larga camisa que ceñía estrechamente su cintura. Tenía las manos en los bolsillos y a King le pareció que no se decidía a entrar. Sin pensarlo levantó su mano y saludó:

- Oi, Yagami, konban wa {buenas noches} - dijo, haciendo que el resto de peleadores se volviera, extrañados de ver a Iori Yagami ahí.

Iori fue hacia la barra, pasando frente a las dos meseras que lo saludaron con una ligera y educada inclinación. Sin ni siquiera mirarlas a ellas o al resto de peleadores que se encontraba en la mesa, tomó asiento justo frente a King y Katsuki, que se retiró para dejarlos solos.

- ¿Y Kusanagi? - preguntó King secando un vaso y poniéndolo frente a Yagami para prepararle lo que él pidiera -. Estaba segura de que vendría.

Iori tardó un momento en hablar, mientras observaba a King llenar el alto vaso con licor.

- Yo también - murmuró él en voz baja, pero ella consiguió escucharlo y sólo sonrió.

***

Dos figuras estaban acostadas muy juntas en la oscuridad. Las cortinas estaban cerradas. La única luz provenía de una tenue lámpara en una esquina, pero ésta no era suficiente para llegar hasta donde yacían los dos jóvenes.

El muchacho pelirrojo estaba de costado mientras el otro joven descansaba de espaldas. Ambos cuerpos estaba cubiertos de una ligera capa de sudor, y sus respiraciones todavía no acababan de normalizarse. Mechones de cabello húmedo caían sobre los ojos oscuros y los ojos esmeralda. Una vez más ellos habían compartido el momento tan íntimo cuando todos los problemas y preocupaciones son olvidados. Pero ahora que había terminado, la realidad volvía a ellos y se habían quedado sin palabras. Sólo yacían ahí, juntos. Los largos dedos de Kurama recorrían el brazo de Kyo una y otra vez, acariciando amablemente, siendo rozados al mismo tiempo por las puntas de los dedos de Kyo. Sin embargo sus pensamientos estaban en otros lugares...

En un parque Hiei cruzó los brazos y se apoyó en el tronco del árbol cerrando lentamente sus ojos rubí.

Frente a la barra del Memoirs, Iori terminó de beber su tercer vaso de licor.


Capítulo 19: Visión: Amantes, Por Última Vez
Aviso: Clichés románticos...

Kurama había ido a servirse un vaso de agua y estaba inclinado sobre el pequeño refrigerador de la salita de la suite. Vestía sólo sus pantalones, su pecho estaba descubierto, contrastando con los largos mechones rojos de su cabello. Se volvió hacia la puerta entreabierta de la habitación donde Kyo continuaba acostado en la cama.

- Pensé que no te volvería a ver - murmuró Kyo.

- Y yo te dije que nos veríamos de nuevo - sonrió Kurama. Caminó hacia él, con el vaso de agua helada en su mano. Se sentó junto al joven en la cama revuelta, tomando lentos sorbos. Observó a Kyo un momento y luego le ofreció un poco de agua acercándole el vaso a sus labios. Kyo bebió despacio, sin levantarse.

Fuera de la habitación las luces estaban encendidas y se filtraban por la puerta entreabierta. La alfombra de color arena era suave y espesa, hacía juego con el color del cubrecamas y las sábanas frías. Una almohada había caído por el costado de la cama y una de las piernas de Kyo asomaba sensualmente por debajo de las sábanas.

- Kurama...

- ¿Hmm?

- ¿A qué te referías cuando dijiste que "ya conseguí lo que quiero"?

Kurama le dirigió una mirada y una sonrisa.

- ¿No lo entiendes?

Kyo negó con la cabeza.

- Iori te besó - indicó Kurama.

- ¿Y eso qué? A Yagami no le importa hacer cualquier cosa mientras pueda humillarme...

- ¿El ha dicho que te odia?

- Cientos de veces.

El pelirrojo sonrió de nuevo y dejó caer una gotita de agua helada sobre el pecho de Kyo.

- ¿Sabías que no hay gran diferencia entre un "te odio" y un "te quiero"? - murmuró Kurama con suavidad, pensativo.

- ¿Lo dices por Hiei? - preguntó Kyo inocentemente haciendo que Kurama riera. Era en momentos como esos cuando Kurama sentía la diferencia de edad y experiencia entre Kyo y él. A veces el joven Kusanagi parecía tan encantadoramente ingenuo... Entrecerrando los ojos juguetonamente Kurama pensó que de haber seguido siendo Youko Kurama, hubiera deseado a Kyo como su amante por unos cuantos cientos de años.

Pero eso había cambiado. Ahora su corazón le pertenecía a sólo un youkai.

Uno que lo rechazaba.

- Hey... - murmuró Kyo rozándole la mejilla con la punta de sus dedos y mostrándole una gotita. ¿Lágrimas?

Se quedaron en silencio unos minutos pero Kyo volvió a hablar.

- ¿Has hablado con Hiei? - preguntó amablemente. Kurama negó con suavidad -. ¿No piensas hacerlo?

- Él no es el tipo de persona con quien puedes tener una conversación normal... - murmuró Kurama.

- Pero si no lo intentas no vas a arreglar las cosas. Me dijiste que Hiei estaba confundido... explícale, habla con él.

Silencio.

- Kurama, quisiera ayudarte, pero tú no estás cooperando - murmuró Kyo con la vista fija en el pelirrojo.

Al fin, después de unos segundos de inseguridad Kurama dijo en voz baja:

- Te dije que yo fui un Youko en el Makai. Legendario. ¿Sabes a cuántas personas se llega a desear en mil años de vida? - Kurama hizo una pausa para mirar a Kyo, que lo escuchaba con los ojos muy abiertos -. Tantos que no puedo recordarlos a todos. Cientos, miles de amantes.

Ante esto las mejillas de Kyo enrojecieron violentamente mientras notaba como la mirada de Kurama se perdía en los recuerdos.

- Hiei... El ha oído hablar sobre Youko Kurama en el Makai - continuó Kurama -. Ha escuchado las historias, y se siente humillado porque piensa que él será sólo un amante más... Le he dicho que no será así... Yo no lo deseo... yo... lo necesito...

- Kurama... - le interrumpió el joven -. Esta será la última noche que pasaremos juntos.

El pelirrojo se volvió hacia Kyo bruscamente, con el ceño fruncido y su mirada oscureciéndose.

- ¿Qué?

Kyo apartó la mirada un segundo, como si fuera una decisión difícil de tomar, pero en seguida observó a Kurama con determinación.

- Esto es lo que Hiei teme - dijo haciendo un gesto que abarcaba la habitación, la cama revuelta, su cuerpo desnudo -. Que tú le digas que lo amas mientras compartes tus noches con otra persona... Quizás él tiene razón cuando dice que sigues siendo el Youko de mil años...

Kyo calló de repente. Una mano cruzó el aire y lo golpeó en la mejilla violentamente, volviéndole la cabeza hacia un lado. El pelirrojo estaba de pie frente a él, los puños fuertemente cerrados, las cejas cayendo sobre sus ojos que brillaban furiosos y ofendidos con reflejos dorados. Su sombra caía sobre el joven, que parecía demasiado sorprendido por el golpe.

- ¡¿Qué sabes tú lo que piensa Hiei?! - exclamó Kurama perdiendo su pasividad por un momento. Sus ojos eran dorados ahora, y su mirada era fría y enfurecida -. Eres sólo un ningen, ¿cómo te atreves a hablar con esa libertad sobre cosas que no entiendes? No puedes juzgarme porque no me conoces. Piensas que lo haces pero no es así. Guarda tus comentarios, no los quiero.

Durante el silencio que siguió Kurama se dio cuenta de lo que había hecho. Levantó ligeramente la mano que había golpeado la mejilla de Kyo y sintió dolor. El golpe había sido tan fuerte que no sólo hizo sufrir al joven sino a él mismo. Pero a Kyo parecía no importarle. Lo observaba desde la cama con el ceño fruncido. Su mejilla estaba marcada.

- Kurama - habló el joven en voz baja -. Tú tuviste muchos amantes, eso no ha cambiado.

- Te equivocas... - murmuró Kurama.

- Kurama, yo soy tu amante.

- ¡No!

Pero así era. Aunque Kurama se lo negara a sí mismo, aunque dijera que sólo eran amigos buscando consuelo y reconfortándose. Si pasaba las noches con Kyo, aun cuando decía que amaba a Hiei... era una forma de traicionarlo. Estaba convirtiendo en realidad los temores de Hiei.

- La última noche, ¿está bien? - insistió Kyo, llevándose una mano a la mejilla.

No respondió a eso. ¡No quería que fuera así!

- No te hagas el sacrificado - murmuró Kurama suavemente pero con el sarcasmo presente en su voz. No pudo evitarlo. Un jovencito de veinte años le estaba dando consejos a él que pensaba tener mucha experiencia en el asunto.

- Sólo quería que te dieras cuenta - corrigió Kyo débilmente -. A mí no me importa formar parte de esos cientos de amantes que tienes olvidados en el tiempo, en verdad no me importa.

- No quiero... - murmuró Kurama. Kyo se volvió incorporó en la cama para observarlo.

- Tienes más de mil años - empezó lentamente, estirando una mano para tocar el brazo del pelirrojo -, pero al igual que yo o un ningen cualquiera, es la primera vez en que realmente amas a alguien. No tienes más experiencia que yo en eso. Y yo sé... Estoy seguro que cuando Hiei esté contigo ya no me vas a necesitar.

Kyo rió suavemente. Ese tipo de conversaciones no eran su punto fuerte.

Con lentitud Kurama se sentó en la cama frente a Kyo. Dejó caer la cabeza y sonrió.

Inclinándose hacia adelante tocó los labios del joven con los suyos. Luego besó la mejilla donde lo había golpeado y acarició su cabello castaño aún húmedo.

- Doumo arigatou... Saigo no koibito... {Muchas gracias... mi último amante...} - murmuró dulcemente para luego mirarlo a los ojos con una mezcla de agradecimiento, cariño y tristeza.

***

Era suficiente, le había dicho King mientras apartaba sus dedos del vaso vacío. El bar estaba desierto, de no ser por el grupo de peleadores que continuaba conversando en la mesa apartada. A medida que el alcohol iba entrando en sus venas, las conversaciones se habían hecho más y más tontas y ruidosas. De vez en cuando alguien estallaba en estúpidas carcajadas, pero Iori continuaba inclinado sobre la barra, con la vista fija en su vaso de licor.

- Yagami, será mejor que vuelvas al hotel - le indicó la hermosa mujer rubia tocándole suavemente el brazo. Habían pasado casi toda la noche frente a frente, de vez en cuando King le había dirigido la palabra y, por increíble que parezca, Iori le había respondido. Al parecer no estaba de mal humor esa noche. Claro que después de más de seis vasos de licor era imposible que no estuviese alegre.

En varias ocasiones King había dejado la barra para ir a la mesa e intercambiar palabras con sus compañeros, pero mientras avanzaba la noche y las conversaciones comenzaban a perder el sentido había decido quedarse con Iori que, al menos, continuaba hablando cosas coherentes.

- ¿Tienes algún problema? - preguntó ella en una ocasión. Estaba secando y ordenando unas copas, y preguntó eso por costumbre. Siempre era de esperarse que ella le dirigiera la palabra a sus clientes, aun si no recibía respuesta. Pero Iori había hablado, aunque sin levantar la mirada.

- El idiota de Kusanagi.

"Eso era de esperarse", pensó King.

- Me pareció escuchar esta tarde que ustedes ya no son enemigos... - comentó ella.

- Ese es el problema. ¿Qué diversión hay en matar a alguien que no piensa defenderse?

- Tú no quieres matar a Kusanagi - dijo King con un tono difícil de refutar.

- Todo lo contrario - fue lo que dijo Iori, con un doble sentido que ella no supo descifrar.

Para King estaba claro. Ya todos los peleadores sabían de la rivalidad entre Yagami y Kusanagi. Pero ella había notado algo más. ¡Era tan obvio! Había visto varios de esos casos entre los clientes de su bar, y había sido confidente de muchos sentimientos mientras servía la dulce poción que ayudaba a olvidar.

Yagami vivía para matar a Kusanagi, pero Kyo se había rendido ante él y ahora Iori no tenía una razón que lo guiara en una vida que lo envolvía amenazando con hacerlo desaparecer, perdido en un mundo que no le interesaba. Si Kyo no quería vivir más ¿qué le quedaba a Iori? El vacío, la soledad.

Sin Kyo, Iori estaba solo.

- Anda, Yagami. Vuelve al hotel. Mañana nos enfrentaremos, ¿recuerdas?

Con gentiles empujoncitos, que en otra ocasión la hubieran hecho estallar en llamas violeta, King obligó a Iori a ponerse de pie. No estaba tan ebrio como para no poder caminar por sí solo, pero de todas formas ella lo acompañó hasta que tomó un taxi.

- Buenas noches - se despidió ella. Iori se limitó a dirigirle una mirada. Por la mañana olvidarían todas las palabras de esa noche y serían enemigos, pero King sentía una ligera satisfacción al haber tenido a Yagami en el bar.

***

El taxi se apresuró por las calles desiertas. Era de madrugada y pocos vehículos circulaban por las avenidas. El conductor no se atrevió a molestar a su pasajero que parecía dormir en el asiento posterior. La sola vista de esa silueta amenazante le producía escalofríos y trató de evitar mirarlo cada vez que sus ojos se dirigían al espejo retrovisor.

El hotel estaba iluminado, con sus eternas fuentes de luz artificial. En la puerta el conserje le dio la bienvenida a Iori que ni siquiera se molestó en mirarlo. Con la mente y la mirada nubladas por el alcohol, Iori se dirigió lentamente al ascensor y presionó el botón que lo llevaría a su piso. Las llaves estaban en uno de sus bolsillos.

Apoyó la espalda en el fondo del ascensor. El reflejo de las luces fluorescentes en las paredes metálicas herían sus ojos, ya acostumbrados a la tenue iluminación del Memoirs.

Cabizbajo salió arrastrando los pies, con las manos hundidas en los bolsillos y los hombros caídos. No había nadie en el pasillo.

Se detuvo frente a la puerta de su pequeña suite, apoyándose en ella mientras buscaba las llaves. Inconscientemente giró la perilla y la puerta se abrió. Gruñó al darse cuenta que había olvidado cerrar con llave.

Las luces tenues estaba encendidas. Alguna mucama había dejado los típicos bombones de cortesía sobre la mesita de la diminuta sala, junto al televisor. Con una mano algo torpe desabotonó su chaqueta y la lanzó sobre el sillón. Continuó con los botones de su larga camisa blanca hasta que esta resbaló por sobre su hombro, revelando los firmes músculos de su pecho.

A tropezones se dirigió a su habitación, apoyándose en el marco de la puerta para recuperar el equilibrio.

Entonces los vio. Entre las brumas del alcohol vio a una figura sentada en la cama, con otra inclinada sobre él. ¿Qué demonios...?

Era Kyo, desnudo, cubierto parcialmente por las sábanas de una cama revuelta. La otra figura también la conocía; era ese pelirrojo de cabello largo que había visto acompañando a Kyo tantas veces. Iori frunció el ceño. Ambos se estaban besando y no habían notado su presencia. Qué gentil era el pelirrojo, notó Iori. Porque era él quien parecía besar a Kyo, no viceversa. Rozando sus labios suavemente, obligando a Kyo con amabilidad a dejarlo entrar en su boca y explorarla con la lengua. Despacio. Sin herir. Y Kusanagi no se resistía. Al contrario, su mano estaba en la nuca de Kurama, perdida entre el abundante cabello rojo.

Qué diferencia, pensó Iori apretando los puños. Aquella tarde casi había tenido que obligar a Kyo a abrir la boca, y aquí lo tenía ahora, entregándose a ese muchacho pelirrojo. Sintió un furioso dolor en su pecho, pero no era producido por el fuego, era algo totalmente diferente. Algo que nunca antes había sentido. Cerró los ojos fuertemente y los volvió a abrir, como esperando que esa visión de los dos amantes en la cama se desvaneciera junto con el dolor.

Kyo y Kurama se separaron lentamente, pero continuaron observándose fijamente a los ojos. El pelirrojo murmuró algo y Kyo le contestó con una sonrisa que Iori no había visto antes.

- Nunca pensé que encontraría consuelo en un ningen... - fue lo que dijo Kurama.

- Y yo jamás imaginé encontrarlo en un youko - respondió Kyo.

Tiernamente, Kurama atrajo el rostro de Kyo hacia su pecho desnudo y lo abrazó cariñosamente, escondiendo su propio rostro en el húmedo cabello castaño del joven mientras sus labios se movían en un susurro privado.

Los ojos de Kyo se abrieron lentamente y notaron la sombra que caía sobre ellos. Levantando la mirada se sobresaltó al encontrarse con el rostro de Iori Yagami. Vio el cabello rojo cayendo como siempre, el ceño fruncido, los hombros ligeramente encorvados... pero esa mirada... ¡Kyo jamás había visto esa expresión en Iori! Sus cejas caían en ángulo agudo, pero sus labios estaban entreabiertos con genuina sorpresa. No era expresión de molestia... era como si no pudiese creer lo que estaba viendo.

Kurama sintió su sobresalto y se volvió bruscamente, haciendo volar el cabello rojo a su alrededor. Ahora ambos miraban a Iori que esbozó una sonrisa burlona.

- No sabía sobre tus inclinaciones sexuales, Kusanagi - dijo, burlón, cruzando sus brazos y apoyándose con gesto indolente en el marco de la puerta -. ¿También te acuestas con Yabuki y Nikaido? Ahora entiendo por qué no quieres pelear más. Okama... {Maricón...}

Kyo abrió la boca pero ni un sonido salió. ¿Cómo? ¿Cómo podía refutar eso? Estaba desnudo en la cama, besando a Kurama.

Iori empezó a sacudirse con una risa apagada. Dejó caer la cabeza, como si no pudiera evitar reír.

- Me das asco - dijo. A lo que Kyo respondió:

- Pues no me pareció así cuando me besaste en el pasillo.

La cabeza de Iori se levantó de golpe, dirigiéndole una mirada fría a través de los mechones de cabello. En seguida sus ojos pasaron de Kyo a Kurama, pero regresaron al joven que apretó los puños.

- ¿Qué? - se burló Iori -. ¿Quieres pelear? Dudo mucho que seas lo suficientemente hombre.

- Kisama...

- Eres despreciable, Kusanagi - el tono de burla seguía presente en la voz de Iori -. ¿Ni siquiera puedes conseguirte una chica? Conformarte con un hombre... - Con eso Iori escupió sobre la alfombra.

Kurama dio un paso hacia él, tomando desprevenido a Iori que inconscientemente retrocedió. Se observaron fijamente, la fría mirada de Iori contra la severa mirada de sus ojos esmeralda. Kurama hizo un movimiento pero el brazo de Iori voló hacia su cuello, de donde lo sujetó fuertemente.

- ¡Kurama! - dijo Kyo.

Pero el hermoso pelirrojo no dejó de observar a Iori. Sin embargo el brillo dorado en sus ojos empezó a tornarse salvaje y frío, como si estuviera dispuesto a arrancar ese brazo intruso de su cuello. Iori lo observó fijamente, sorprendido ante el cambio de expresión en el muchachito que tenía frente a él. Parecía tan frágil, esa mirada casi cruel definitivamente no iba con él.

- ¿Cuál es tu problema? - preguntó Kurama con la voz suave que siempre tenía, pero con un tono firme que exigía una respuesta -. ¿Qué tiene de malo?

Iori se encontró mirando dentro de unos ojos dorados, sintiendo la amenaza que él mismo sabía producir en los que se cruzaban en su camino. Nada, no tenía nada de malo. Pero no podía aceptarlo frente a Kusanagi.

- Ustedes son patéticos... - gruñó, sin soltar el cuello de Kurama -. Buscando consuelo el uno en el otro. Desprecio a la gente tan débil.

- ¿Te desprecias a ti mismo? - la voz de Kurama había cambiado, era mucho más baja, más fría. Su mirada era diferente, más parecida a la de Iori. Lentamente su mano sujetó el brazo de Iori y lo apartó despacio sujetándolo firmemente, hundiendo sus uñas en la piel y haciendo brotar hilos de sangre.

- ¿Qué dijiste? - murmuró Iori en voz baja. Apartó su brazo con violencia, y apretó los puños como si se estuviera conteniendo para no matar a Kurama después de ver la sangre que brotaba de las pequeñas heridas.

- Te desprecias a ti mismo, por sentir lo que se agita en tu interior en este momento después de haberme visto besando a Kyo. Te desprecias porque tú no te atreves a hacer lo nosotros hemos hecho esta noche.

- ¡Kurama! - volvió a decir Kyo esta vez para sí, sintiendo que sus mejillas ardían.

- Kono hanashi ga... bakashii na... {Esta conversación es estúpida...} - gruñó Iori dando media vuelta para salir de la habitación.

- Baka janai {No es estúpida} - refutó Kurama -. Sabes bien que es cierto.

Iori se volvió y le dirigió una larga mirada asesina a la que Kurama respondió con su fría mirada dorada. Kyo apretó los puños, esperando que Iori atacara o algo pero para sorpresa de ambos, Iori entrecerró sus ojos y murmuró en voz baja:

- Quizás...

Luego se retiró en silencio, tomando su chaqueta y echándosela sobre los hombros. Kyo lo siguió con la mirada, confundido. Sintió la mano de Kurama en su hombro, como asegurándole que todo estaba bien.

***

*Notas sobre KOF:
- Imposible King conversando con Iori... Pero King me encanta, y quería que saliera ^^
- Agradecimientos especiales a Kurama-chan... sin su ayuda este fic tendría unas incongruencias espectaculares ^^


 

Capitulo 20: Anhelo Concedido

Iori yacía acostado en su cama. Observaba las luces del exterior reflejarse en el techo y juguetear con las sombras. No se había desvestido, sólo estaba echado ahí sin cubrirse. La camisa estaba tirada a su lado junto con su chaqueta pero no tenía fuerzas para introducirse bajo las sábanas.

Una y otra vez volvían a su mente las imágenes de Kyo y Kurama juntos, besándose tan tiernamente. Intentaba apartar esos pensamientos pero no podía, y estaba furioso. ¿Qué debía importarle a él si Kyo dormía con alguien o no? ¿Por qué se había asombrado tanto al verlos juntos y saber que acababan de hacer el amor?

Su mano se crispó sobre el cubrecamas cuando un acceso de tos lo hizo encogerse de dolor. De nuevo, la sangre. El licor que le había servido King ayudó a calmar el agudo dolor en su interior pero ahora, unas horas después, el efecto pasaba y la realidad regresaba e él.

Volviéndose hacia un costado, Iori sintió la sangre corriendo entre sus labios entreabiertos. Inconscientemente se preguntó qué diría Kyo al verlo así. Quizás lo observaría indiferente... o tal vez...

Fue en ese momento en que Iori se dio cuenta cuánto anhelaba una mirada cálida de Kusanagi, como la que le había dirigido a Kurama hacía unos instantes. Gruñó para sí. Si Kyo lo hacía sentir ese tipo de cosas era porque se estaba volviendo débil, pensó. Odiaba el poder que Kyo tenía sobre él. Odiaba a Kyo.

Eso lo hizo reír. ¿Cuántas veces iba a repetirse lo mismo? No odiaba a Kyo, maldita sea. Ya no podía odiarlo.

Golpeó el colchón con el puño mientras se obligaba a tragar la sangre que tenía en la boca. El dolor era peor a cada segundo, como si en cualquier momento su corazón fuera a estallar. Había estado pasando por eso durante casi tres años completos. Sangrando interiormente y debilitándose cada vez más. Tarde o temprano eso lo iba a matar, y durante esa noche Iori se sintió más solo que nunca.

Muriendo lentamente y solo, pensó. Mientras Kusanagi dormía tranquilamente en brazos de su amante pelirrojo.

***

- Hey... Kyo...

El joven abrió los ojos y se sobresaltó:

- ¿Yagami? ¿Qué estás haciendo aquí? - exclamó, incorporándose bruscamente en la cama. El sol entraba por las ventanas entrabiertas, y el viento de la mañana hacía ondular las cortinas.

- Oye, ¿estás despierto?

Sólo entonces Kyo notó que no era Iori el que tenía al frente, sino Kurama, vestido y listo para salir.

- Go... Gomen... - tartamudeó Kyo. Estaba seguro que había visto a Iori cuando abrió los ojos.

- Ah, no te preocupes - sonrió Kurama acariciándole la cabeza como hace uno con los cachorritos -. Durante la noche no hiciste más que llamarlo así que lo tomaré como parte de tu sueño.

Kyo lo observaba fijamente.

- ¿Yo... llamando a Yagami?

El pelirrojo asintió con una sonrisa.

- Ya es tarde, levántate. ¿No tienes que participar en el torneo?

Echándole una mirada al reloj despertador, Kyo sintió toda la flojera invadiéndolo de golpe.

- Cinco minutos... - murmuró dejándose caer de nuevo en la cama, como un niño que no quiere ir al colegio.

Sintió que Kurama se movía pero no abrió los ojos. De pronto unos labios cálidos se posaron en los suyos, mientras las manos de Kurama se deslizaban bajo su espalda desnuda. Obligado, abrió los ojos y observó el rostro sonriente del muchacho.

- Adiós - se despidió Kurama -. Suerte. Te estaré observando desde el público, ¿ne?

- ¿Te vas?

- Yuusuke y los demás deben estar preguntándose por qué no regresé anoche - explicó Kurama con una sonrisita de culpabilidad. Kyo sonrió también.

Observó a Kurama mientras salía de la habitación y no pudo evitar pensar en cómo se sentiría estar frente a frente con Youko Kurama. Si el cambio de expresión en su mirada había sido suficiente para sorprenderlo, ¿qué sucedería si viera su verdadera forma? ¿Sentiría temor? Si con esa mirada había sido capaz de enfrentarse a Iori...

La puerta se cerró. La habitación pareció crecer a su alrededor ahora que estaba solo. Hacía tiempo que no se sentía así.

Se sentó en la cama, apretando las sábanas. Había estado llamando a Iori durante la noche, reconoció con una sonrisa.

***

- ¡KURAMA! ¿Dónde te habías metido? - fue con lo que lo recibió Yuusuke al abrirle la puerta de la habitación. En seguida se disculpó -. Sé que puedes cuidarte por ti mismo pero dijiste que nos alcanzarías y...

- Está bien - lo tranquilizó Kurama -. Fue mi culpa, debí haberles avisado.

- ¿Dónde estuviste? - preguntó un curioso Kuwabara mientras salía del baño con el cepillo de dientes aún en la boca.

Kurama lo observó, luego a Yuusuke y luego sintió la aguda mirada de Hiei desde la ventana. Estaba cargada de desprecio, odio tal vez, y resentimiento.

- Vigilando a Kusanagi-kun - respondió al fin y Kurama se encogió de dolor al ver que Hiei fruncía el ceño y desaparecía.

- ¿Toda la noche? - exclamó Kuwabara.

- Así es - asintió Kurama -. Digamos que... en sueños su nivel de energía se eleva bastante.

Con eso Kurama se retiró, sonriendo enigmáticamente para sí mientras se acercaba a la ventana. Su sonrisa desapareció apenas vio el cielo celeste surcado por ligeras nubes blancas. Hiei... Kyo le había dicho que lo estaba traicionando pero él no conseguía pensar así. Dejó caer la cabeza con un suspiro. El joven había tenido razón al decirle que aún no dejaba de ser un youko.

***

King esperaba con los brazos cruzados frente a los vestidores del Hero Team. Su rostro estaba serio, y parecía molesta. Kyo sabía que lo esperaba una reprendida de su parte pero la saludó alegremente.

- ¡YO! - exclamó con una sonrisa. King se limitó a observarlo con el ceño fruncido.

- Muy bonito, Kusanagi-san - dijo ella sarcásticamente sin dejarlo entrar al vestidor.

- Es que tenía otros asuntos... - intentó defenderse Kyo -. Por eso no fui...

El dedo acusador de King lo hizo retroceder un paso, sudando una gotita. Juguetonamente, King lo obligó a seguir retrocediendo hasta que su espalda tocó la pared.

- Pues está muy mal, eso de dejar plantado a Yagami - exclamó ella.

La expresión de Kyo se convirtió en una del más puro asombro.

- ¿De qué hablas?

King dejó caer la cabeza con un suspiro exasperado.

- ¡Yagami! ¡Te estuvo esperando anoche en el Memoirs!

- ¿Qué? - exclamó Kyo, totalmente incrédulo. Entonces recordó que Iori se había equivocado de habitación a una hora en que debería haber estado durmiendo, además, había notado el ligero olor a alcohol que lo rodeaba... Su corazón pareció detenerse un segundo al darse cuenta que Iori lo había estado esperando, si es que King hablaba en serio, y luego lo había visto en la cama con Kurama. Ahora... De seguro Iori debía estar pensando que todo había sido una broma cruel para humillarlo. ¡Debía estar odiándolo más que nunca!

- Le debes una explicación, ¿eh? - lo reprendió King, sin perder su tono juguetón pero simulando seguir molesta -. Y me debes una disculpa también.

- ¿Es en serio? - preguntó Kyo titubeante -. ¿En verdad Yagami fue?

- Y tomó bastante, por cierto - recordó King haciendo memoria.

Kyo estaba demasiado confundido cuando al fin King lo dejó entrar en los vestidores después de robarle una disculpa. Se sentía abrumado por el malentendido, no tenía idea de cómo iba a arreglar las cosas. En primer lugar no conseguía hacerse la idea de que Iori realmente se había presentado en el bar, y mucho menos buscándolo a él sólo para tomar un trago. ¿Cuáles habrían sido sus verdaderas intenciones?

Pero si su presencia ahí fue sincera, entonces lo había estado esperando. Varias horas. Y cuando finalmente había regresado al hotel lo encontró con Kurama. ¿Qué habría pasado por la mente de Yagami en ese momento? ¿Se habría sentido humillado por haberse dejado engañar tan fácilmente? ¡Qué tonto había sido! ¡Tonto! Pero ¿cómo iba a saber él que Iori realmente se presentaría en el Memoirs? Era una locura.

- Pero por qué... - gruñó para sí, hablándole a Iori.

- ¿Por qué qué? - preguntó una voz a su espalda.

Volviéndose, Kyo vio que era Benimaru, saliendo de la ducha con una toalla en las manos mientras secaba su largo cabello rubio. Kyo apartó la mirada. No tenía a nadie con quien conversar de eso salvo Kurama. Nadie lo entendería.

- Daijoubu ka {¿estás bien?} - preguntó Benimaru acercándosele -. Pareces preocupado.

- Claro que estoy preocupado - gruñó Kyo.

- Shinpai suru na, les ganaremos - sonrió Benimaru, obviamente confundiendo los motivos de Kyo. En seguida miró el reloj que colgaba de la pared -. Date prisa, la pelea de Yagami va a empezar.

Al oír nombrar a Iori, Kyo sintió un impulso extraño. Si Iori ganaba la pelea, y luego el Hero Team vencía al Ikari Team, entonces tendrían que enfrentarse. Sólo le quedaba una última oportunidad de hablar con Iori antes de que volvieran a ser enemigos en la arena.

Se puso de pie.

- Adelántate, ya voy - le dijo a Benimaru, que lo observó curioso y se encogió de hombros.

Al salir del vestidor Kyo oyó el rumor de los gritos de los fans. El lugar debía estar lleno a reventar. Por los altoparlantes se anunciaba la siguiente pelea y se le pedía a los luchadores presentarse en la arena. Había música resonando por sobre la voz, haciéndola casi ininteligible.

Dando vuelta en un pasillo, el joven notó que todo estaba desierto. Quizás los peleadores ya habían salido a escena. Estaba frente a la puerta que tenía un pequeño letrero con el nombre de Iori. Si había llegado tarde no importaba, se dijo. De todas formas no tenía idea qué iba a decirle a Iori si es que él continuaba adentro.

No golpeó la puerta, sólo entró, pero se quedó quieto antes de dar un paso.

Ahí frente a él estaba Iori, arrodillado en el piso, encogido sobre sí mismo con una mano en los labios y sangre corriendo a través de sus dedos, manchando el piso y sus ropas. Su frente estaba húmeda de sudor, y tenía los ojos cerrados. La sangre goteaba por sus dedos hacia el suelo y jadeaba. Se volvió para dirigirle una mirada al intruso en la puerta pero no parecía poder levantarse.

Kyo dejó atrás el súbito pánico que lo embargó y entró, yendo directamente hacia él.

- Yagami, daijoubu? {¿estás bien?} - preguntó, sin poder disimular la evidente alarma en su voz. Había mucha sangre allí y por un momento el pensamiento más racional de Kyo fue que Iori había matado a alguien, pero al instante comprendió que la sangre era del mismo Iori.

Una mano lo empujó hacia atrás cuando intentó acercarse, aunque demasiado débil para deshacerse de él. Iori gruñó algo, pero al instante se llevó una mano al pecho mientras tosía.

De nuevo, Kyo lo había visto toser así una noche, y sangrar. Eso no estaba bien. ¡Lo de Orochi ya había terminado!

- Yagami... - dijo de nuevo. Estaba arrodillado a su lado, con sus manos en los hombros de Iori, que se estremecían violentamente. Quiso ayudarlo a incorporarse, en vano. Escuchó claramente el gemido de Iori entre su respiración entrecortada.

Iori intentó abrir los ojos pero el dolor era demasiado intenso. Sentía a alguien a su lado, y por un momento le había parecido haber visto a Kyo, pero no estaba seguro. Escuchaba su voz como un murmullo apagado, irreconocible. Quería rechazarlo pero su cuerpo no le obedecía. Cada movimiento le producía un dolor insoportable, y deseó quedarse quieto por siempre.

Entreabriendo los labios para intentar respirar, sintió que el aire fresco llenaba sus pulmones y las brumas se apartaron. La realidad volvió a su alrededor, el vestidor, el suelo, la sangre, el sonido de los altavoces llamándolo para la siguiente pelea.

Y Kyo Kusanagi a su lado.

Lo observó a través de los largos mechones de cabello rojo. Vio su mirada angustiada, preocupada. Sintió sus manos alrededor de sus hombros, como en un abrazo. Se dio cuenta que Kusanagi estaba frente a él, arrodillado en medio del charco de sangre sosteniéndolo firmemente.

- ¿Estás bien? ¿Estás bien? - oyó que repetía.

Intentó apartarlo con un gesto, en vano. Se encontró mirando los ojos oscuros del joven y por fin comprendió que esa angustia era por él. Que Kyo se preocupaba por él.

- Déjame, estoy bien - gruñó, levantándose y poniéndose de pie. No podía evitar sentirse furioso al haber permitido que Kyo lo viera así... Pero muy dentro de él aceptó que era esto lo que había anhelado la noche anterior. Tener a Kyo a su lado, dirigiéndole una mirada cálida. Diferente a la que le había dirigido al muchacho pelirrojo en su habitación. Totalmente distinta.

Se tambaleó ligeramente y al instante sintió las manos de Kyo sujetando sus brazos para sostenerlo. Cuando miró su rostro se sorprendió porque lo que veía allí era la misma expresión de temor que había visto esa lejana noche en el bosque, cuando el fuego lo hería y lo hacía sufrir.

Kyo lo observaba fijamente, sin decir palabra. Parecía asustado pero se negaba a retroceder. Gentilmente lo hizo sentarse en una de las bancas del vestidor.

Aún sin hablar, Kyo buscó una toalla y secó la sangre del rostro de Iori, que no dejó de observarlo ni un momento, mientras respiraba jadeante, con una mano en su pecho.

"En unos minutos se realizará el encuentro entre el All Female Team y Iori Yagami, peleadores, por favor presentarse", oyeron a través de los altoparlantes.

- Tú no vas a pelear - dijo Kyo cuando vio que Iori intentaba ponerse de pie.

- ¿Quién me va a detener? ¿Tú? - le cortó Iori con un gruñido apagado.

- ¿Y qué vas a hacer? - exclamó Kyo duramente, porque no sabía qué otra actitud tomar frente a Yagami -. ¿Ir a toser sangre frente a las chicas?

Sus miradas se encontraron y esta vez Kyo lo observó firmemente. Para Iori, lo que veía en sus ojos era una mezcla de determinación, temor y preocupación. Kyo estaba decidido a no dejarlo ir.

Con un suspiro, Iori se apoyó en la pared. El joven Kusanagi se relajó y retrocedió un paso, observándolo. Sus jeans celestes se habían manchado con sangre, y sus manos aún sostenían la toalla, retorciéndola nerviosamente.

- Yagami... onegai... {por favor...} - murmuró Kyo en voz baja, hablando para sí, pero Iori lo escuchó y frunció el ceño -. No salgas a pelear.

- No te entiendo - gruñó Iori mirándolo fríamente esta vez y cruzándose de brazos. El dolor empezaba a ceder y su respiración a normalizarse.

- Escucha - dijo el joven lanzando la toalla sobre la silla -, me basta con tu odio hacia mí. ¡No hagas que me preocupe por ti! - exclamó, pero para Iori eso sonó como una súplica que lo dejó bastante confundido. ¿Kusanagi había aceptado que se preocupaba por él? Kyo continuó -: Al menos espérame un momento - dijo retrocediendo hacia la puerta -. Sólo un momento, voy a buscar a alguien que te ayudará.

- Matte {espera}, Kyo - gruñó Iori. No se había movido y continuaba apoyado en la pared. Sus ojos se entrecerraron mientras le dirigía una mirada maliciosa.

Inocentemente Kyo volvió sobre sus pasos y se detuvo frente a Iori con el ceño fruncido. Los altoparlantes continuaban llamando a Iori Yagami y al Female Team.

- Nan da... {¿Qué...} - empezó a decir Kyo cuando la mano de Iori lo sujetó del cuello de su ropa y tiró de él hacia adelante para besarlo. Por un momento el joven no creyó que estaba pasando de nuevo, pero sintió el sabor salado de la sangre en los labios de Yagami, y notó claramente su respiración aún agitada. Esta vez no se resistió. Se dejó ir hacia Yagami hasta que tuvo que apoyarse en la pared para no caer sobre él. Sintió un golpe en sus piernas y perdió el equilibrio cuando Yagami lo hizo resbalar al suelo para que cayera de rodillas.

Iori aun lo estaba besando al tiempo que lo observaba fijamente y se inclinaba hacia él para obligar a Kyo a arquear su espalda hacia atrás. Era propio de él, esa crueldad, producir dolor. Pero a Kyo no le interesaba. Sus manos estaban apoyadas a su lado en el piso, sentía que los dedos de Iori sujetaban su nuca y presionaban hacia adelante, ayudando a profundizar el beso.

Cuando al fin se separaron Kyo se quedó observándolo fijamente, parpadeando varias veces sin creerlo.

- ¿Qué...? ¿Por qué fue eso...? - tartamudeó, recibiendo como respuesta otra sonrisa maliciosa de parte de Yagami.

- ¿No te ibas? - preguntó Iori unos segundos después y Kyo recordó que pensaba ir a pedirle ayuda a Kurama. El youko sabría qué hacer para detener la sangre.

Poniéndose de pie torpemente Kyo se apresuró a llegar a la puerta y no se volvió, pero sintió la mirada de Yagami fija en su espalda.

Corriendo por los pasillos ahora vacíos, Kyo encontró una escalera que daba a la salida y subió por ella. Apareció a un lado de la plataforma donde sería el encuentro y, concentrándose un segundo, miró a su alrededor, al público rugiente, intentando encontrar la energía de Kurama.

Vio cientos de rostros gritando excitados, ondeando banderas y levantando carteles apoyando a sus favoritos. Había demasiada gente allí pero confió en sus sentidos y cerró los ojos un momento, ubicando varias auras familiares, a su izquierda. Se volvió y ahí estaban. Urameshi, Kuwabara, y Kurama que en ese momento tomaba asiento junto a ellos.

Corrió por un lado de la plataforma, pasando por sobre cables y esquivando a los camarógrafos. El público lo vio acercarse y hubo un gran movimiento mientras todos estiraban sus manos hacia él. No los notó. Su vista estaba fija en el Urameshi Team, a unos metros de él.

Sin pensarlo Kyo saltó, pasando por sobre las cabezas de público y cayendo ágilmente en una zona despejada, para luego seguir subiendo escaleras hacia los muchachos. Demasiado rápido para que el público se diera cuenta a dónde había saltado, aún tenía unos segundos antes de que todos se le tiraran encima intentando tocarlo.

Yuusuke hablaba algo cuando se sobresaltó al verlo.

- ¡Kusanagi! Nan da? {¿Qué sucede?} - exclamó. Kurama se volvió hacia él y su expresión fue de sorpresa. Se puso de pie y lo sostuvo, como si pensara que estaba herido.

- Es Yagami - jadeó Kyo mirando directamente a los ojos de Kurama -. No sé qué pasó... No está bien... Quería que me ayudaras...

- ¿Te hirió? - preguntó Kurama, preocupado.

- ¡No! - exclamó Kyo. Entonces recordó que su ropa estaba manchada de sangre. Kurama tocó sus labios y le mostró luego sus dedos teñidos de rojo -. No es mi sangre - explicó y Kurama asintió, tranquilizándose.

- ¿Qué decías de Yagami? - preguntó, con calma. La mirada desesperada en los ojos de Kyo lo hizo recordar cuánto se preocupaba él mismo por Hiei.

- Estaba tosiendo mucha sangre... No está bien... - repitió Kyo.

- Pues a mí no me parece que esté enfermo - comentó Kuwabara señalando la plataforma. Kyo se volvió bruscamente y lo vio. Iori estaba de pie, de espaldas a la multitud, con las manos en los bolsillos y esperando que empezara el round. El Female Team se encontraba a un lado, esperando también.

- No... - murmuró Kyo maldiciendo a Iori y también a sí mismo. ¿Cómo se le había ocurrido creer que Iori esperaría por él tranquilamente? Él no era así. Debía haberse quedado con él y evitar que peleara -. Shimatta... - murmuró para sí -. Shimatta... {Maldición...}


 

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Fanfic por MiauNeko para
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versión 1.02
Abril, 2002