Fanfic por MiauNeko

El Inevitable Crossover: Yuu Yuu Hakusho & The King of Fighters

Taiyou, Tsuki, Honoo to Bara
{Sol, Luna, Fuego y Rosas }
ver. 1.02

***

Capitulo 21: Portal entre dos Mundos

- ¡Iori Yagami vs. Mai Shiranui! - anunció una voz por los parlantes. Kyo levantó la mirada y se encontró rodeado por el personal de seguridad, protegiéndolo de los fans que ya habían notado su presencia en las gradas y luchaban por acercarse.

- Ve con ellos - le indicó Kurama, pero ya estaban en medio de la multitud que empujaba y amenazaba con hacerlos rodar por las escaleras. Kurama cambió de opinión y, parándose junto a Kyo, sujetó su mano para indicarle que lo siguiera.

Saltaron alto, Kyo sintiendo el súbito tirón que le dio Kurama mientras desafiaban la gravedad. Los fans se quedaron observando asombrados, mientras los de seguridad intentaban dispersarlos.

Cuando los dos jóvenes estuvieron junto a la plataforma Kurama quiso llevar a Kyo escaleras abajo, a los vestidores de nuevo, pero él se resistió. Iba a quedarse a ver la pelea.

Iori y Mai ya estaban en posición, observándose fijamente. Tal como había comentado Kuwabara, Iori no parecía estar mal. Su aspecto era el de siempre, salvo por unas diminutas manchas de sangre en el cuello de su camisa que, a pesar de todo, se veían como parte de su atuendo.

Mai, por mientras, pasaba el peso de su cuerpo de una pierna a la otra, manteniendo un ritmo fijo y lista para contraatacar cualquier movimiento de Iori. Sus compañeras esperaban más atrás, sus expresiones serias.

El público aguardaba impaciente que alguno de los dos hiciera un movimiento. Kurama estaba de pie junto a Kyo, observando con el ceño fruncido la pose de Iori. Su respiración no era normal, notó. Parecía cansado, aunque quizás nadie más salvo él y Kyo se habían dado cuenta.

Con un grito, Mai corrió hacia él. Ya era tiempo, porque llevaban varios minutos observándose inmóviles. La joven lanzó su puño hacia adelante, contra el pecho de Iori, pero él se limitó a retroceder un paso, lo suficiente como para mantenerse a distancia. Sin embargo, con una sonrisita, Mai sacó su abanico (de donde sea que lo guarde) alargando el golpe unos centímetros y golpeando a un desprevenido Iori.

El joven cayó de rodillas con una mano en el pecho, Mai retrocedió un salto, sujetando su abanico abierto en una mano. Se sentía tranquila después de ese golpe. Nunca dejaba de ponerse nerviosa cada vez que tenía que pelear contra Yagami, pero al parecer hoy era su día de suerte. Había golpeado a Iori usando su truco más viejo.

Apartando su larga cola de caballo, Mai cerró su abanico de golpe, ladeó su brazo y lo lanzó con toda su fuerza. Iori seguía en el piso, su cabeza estaba baja y no vio a Mai hacer ese movimiento. Cuando todos, Mai, el público, sus compañeras, Yuusuke y Kuwabara, pensaban que el abanico metálico lo iba a golpear, Yagami levantó la cabeza y movió rápidamente su mano, formando una barrera de fuego violeta frente a él que detuvo el abanico, haciéndolo caer al suelo con un resonar metálico.

Sin inmutarse, Mai sacó un segundo abanico, esperando.

- Estás lento, Yagami... - empezó a decir cuando de la nada apareció una mano frente a su rostro que la sujetó fuertemente de la cabeza, haciéndola ir violentamente contra el suelo antes de sentir el fuego púrpura envolviéndola. El golpe la dejó algo mareada, pero alcanzó a contraatacar, moviendo su abanico verticalmente, cortando el aire y golpeando algo en el camino.

Escuchó el gruñido de Iori y aprovechó para ponerse de pie de un salto, intentando atacar antes de que él se recuperara, sin embargo ni bien se había levantado, sintió una garra rompiendo diagonalmente su traje, alcanzando la piel y haciéndola sangrar. Iba a retroceder o defenderse pero los golpes que siguieron fueron demasiado rápidos. Un resplandor la cegó, y cuando abrió los ojos estaba rodeada en fuego violeta. Lo siguiente que recordó fue a King cubriéndola con su chaqueta blanca y a Chizuru entrando a la plataforma.

Kyo se sentía furioso. Quería entrar y sacar a Yagami a rastras, pero sabía que hacer eso era imposible. Nadie podía intervenir en una pelea.

Kurama observaba fijamente. El nivel de energía de Iori subía considerablemente cada vez que hacía su ataque con fuego. Sabía que Yuusuke y Kuwabara estaban muy pendientes de eso. Era seguro que una concentración de poder como esa en el Ningenkai podía crear fisuras entre ese mundo y el Makai. Quizás la fisura ya había empezado a abrirse en algún lugar cercano, pero hasta que no la vieran no podían estar seguros. No había forma de pedirle a Iori que bajara su energía, a él no le importaba. Sólo quería terminar esa pelea. Un pensamiento práctico pasó por la mente de Kurama haciéndolo desear que, si lo que decía Kyo sobre la enfermedad de Iori era verdad, Iori sufriera un ataque y se debilitara lo suficiente para no poder seguir luchando o usando su energía. Al observar a Kyo, Kurama apartó ese pensamiento tan cruel. El joven estaba realmente preocupado, además, desearle mal a Iori era como desearle el sufrimiento a Kyo, y Kurama no quería eso.

- ¡Iori Yagami vs. Chizuru Kagura!

A diferencia de su compañera, Chizuru atacaba premeditadamente, utilizando su velocidad y habilidad para proyectarse físicamente y confundir a Iori. Muchos de sus golpes alcanzaron a Yagami que, tal como había dicho Mai, se veía algo lento. Concentrándose en su energía, ella notó lo inestable que era. Subía y bajaba, fuera de control.

Al fin Iori atacó. Saltó sobre ella, haciéndola retroceder mientras intentaba bloquear los violentos golpes. Golpes que no buscaban sólo causarle dolor, sino desgarrar su carne directamente. A Iori no le importaba si ella era mujer o no, sólo peleaba buscando ganar, por eso Chizuru pasó un momento difícil al tratar de defenderse. A pesar de detener los golpes con sus brazos, pronto sintió como estos se sentían pesados y adoloridos. Como último recurso, empezó a concentrar energía en la palma de su mano. Tardó un poco, mientras Iori continuaba sobre ella, golpeándola con las manos como garras y dejando rastros de fuego en el aire.

Finalmente, cuando fue suficiente la energía, Chizuru lanzó su golpe... Y se encontró con su brazo atrapado en las manos de Yagami mientras él le dirigía una amenazadora mirada que parecía significar "te he vencido". Esos ojos de Yagami le produjeron escalofríos pero a pesar de todo expandió su energía creando un poderoso resplandor. Iori gruñó fuertemente y en una súbita explosión de fuego violeta Chizuru notó cómo su energía se elevaba más allá de lo imaginable. Intentó soltar su brazo en vano. Escuchó la risa de Iori y apretó los ojos con fuerza cuando violentamente las llamas estallaron a su alrededor, haciendo temblar la plataforma, elevándose hacia el techo del domo, produciendo gritos de alarma, temor y excitación entre el público.

Un grito escapó de los labios de Chizuru al sentir el dolor. Estaba ardiendo en el fuego púrpura, Yagami la mantenía en medio de esa hoguera junto a él, que incluso parecía disfrutarlo. Las llamas acariciaban su rostro y su cabello, lamiendo sus mechones rojos, haciendo ondear su larga camisa. Nunca había sentido semejante poder en un humano, pensó Chizuru desesperadamente. Aquello era diferente a la energía que Iori había utilizado en su lucha contra Orochi. Esta era más concentrada, más dolorosa. Mucho más poderosa.

Yuusuke y Kuwabara estaban de pie, pero no sólo ellos. Todo el público se había levantado de sus asientos para observar la enorme hoguera en que se había convertido la plataforma. Sin embargo sólo ellos dos podían sentir la energía que sacudía el suelo como un ligero temblor. Era abrumante. Era lo que el Reikai les había pedido evitar.

Observando la plataforma sólo podían ver una columna de fuego violeta ardiendo y elevándose metros hacia arriba, tocando las vigas de las luces y provocando chispas.

- Yamero {detente} - gruñó Yuusuke apretando los puños. Era demasiado poder para el Ningenkai.

Kurama tuvo que retroceder un paso cuando las llamas saltaron hacia él. Él también podía sentir la terrible onda expansiva del reiki de Yagami y miró a su alrededor, esperando ver alguna grieta entre los mundos por donde los youkai pudiera empezar a aparecer. Nada. O no todavía.

Todos oyeron el grito de Chizuru y súbitamente el fuego se apagó dejando ver a las dos siluetas de pie en la plataforma. Iori sostenía a Chizuru de un brazo, pero ella estaba inconsciente.

Nada gentil, lanzó a la mujer sobre sus compañeras, que la recibieron asegurándose que aún estaba viva. Era el turno de King, pero Mai le pidió que por favor no peleara. Iori no era el mismo ese día. La violencia con que peleaba, la crueldad, el poder... No iba a poder hacer nada. King sólo respondió con una sonrisa mientras se detenía frente a Iori. Se extrañó al notar que él jadeaba, mientras un hilo de sangre corría por la comisura de sus labios. Chizuru no lo había golpeado como para hacerlo sangrar...

- ¿Empezamos? - preguntó ella, levantando los puños. Iori tardó un momento adoptar su pose habitual, y King supo que algo estaba mal.

***

En el pasaje que servía de límite entre el Makai y el Ningenkai Ryaku se puso de pie de golpe. La barrera de energía que protegía ese lugar estaba desapareciendo. Brotaban chispas doradas que salpicaban por las paredes del túnel, pero era obvio que una energía muy poderosa estaba anulando la protección entre los mundos.

- Prepárense - ordenó a sus youkai, y estos se apresuraron a pararse detrás de él, observando como lentamente la barrera se abría.

Al cabo de unos segundos nada separaba los dos mundos y Ryaku dio un paso inseguro al otro lado. Bien, Shika había tenido razón. Esos estúpidos ningen le habían abierto las puertas a su mundo. Echando a correr hacia adelante, pronto el túnel empezó a perder sus formas, cambiando por la de un lugar más amplio, repleto de ningen, con una gigantesca fuente de luz en su interior.

El fuego púrpura, era increíble, se dijo Ryaku mientras lentamente él y sus youkais comenzaban a entrar en el otro mundo. Peor fue su sorpresa cuando vio apagarse el fuego y dejar dos siluetas en su lugar.

"¿Ese es Iori Yagami?", se preguntó Ryaku al ver a un joven pelirrojo sosteniendo a una hembra con una sola mano. "¿El es a quien Shika desea castigar?"

Mirando alrededor, Ryaku notó que el otro joven, Kyo Kusanagi, estaba bastante cerca, pero no peleando. Sonrió al darse cuenta que Shika había cometido un error. No había sido la energía de Kusanagi la que abrió el portal, sino la de Yagami. En fin, eso no importaba. Ya estaban en el Ningenkai y era su oportunidad para complacer a Shika.

***

- ¡¡KUSANAGI, KURAMA CUIDADO!! - gritó Yuusuke pero su voz se perdió entre el sonido del público. Él y Kuwabara corrían hacia la plataforma, donde Yagami y King aún no comenzaban la pelea. Un grupo de youkais se materializaba sobre Kurama y Kyo pero ellos no parecían haberlo notado -. ¡KURAMA! - gritó Yuusuke de nuevo. A su lado, Kuwabara había invocado a su espada espiritual.

El primer youkai terminó de salir por el portal y fue directamente contra Kusanagi. En ese mismo momento Kurama levantó la cabeza y lo vio, pero era demasiado tarde, no podía sacar su rosa y llamar a su Rose Whip antes de que el youkai atacara. Iba a saltar sobre él para apartarlo del camino cuando un silbido cortó el aire y como una sombra atravesó al youkai, partiéndolo en dos.

- ¡Hiei! - exclamó Kurama, pero no había tiempo para conversar. Del pasaje había salido un considerable número de youkai, rodeando a Kurama, Hiei y Kyo en un segundo. Yuusuke llegó y los apuntó con el dedo, preparando un disparo de su Rei Gun, pero cuando se disponía a disparar el grupo se dispersó por el lugar. Algunos saltaron a la plataforma, otros corrieron hacia el público, todo con tal de confundir a los Reikai Tantei.

Afortunadamente para ellos, los ningen comunes veían a esos youkais con forma humana, no los demonios que realmente eran. Al menos no producirían pánico entre el público.

El que parecía el lider se detuvo en la plataforma, observando a Yagami fijamente. De un salto Kyo estuvo a su lado, es posición defensiva.

- Vengo por ustedes - dijo Ryaku calmadamente pero al instante una sonrisa torcida apareció en sus labios. Justo en ese momento Kurama se interpuso entre él y los dos jóvenes, y King que continuaba con ellos. Con el ceño fruncido y su látigo en la mano, Kurama le ordenó que se detuviera. Ryaku sólo rió. Observó a su espalda, donde Yuusuke y Kuwabara lo miraban listos para atacar y dijo:

- Este no es un problema con ustedes, Reikai Tantei. El mismo Enma ha dado una recompensa por estos dos ningen. No molestaremos al resto de los humanos, sólo venimos por ellos. O uno de ellos - corrigió Ryaku aún sonriendo.

- ¡No nos interesa si vienes de parte del Reikai o cualquier otro maldito mundo! - exclamó Yuusuke -. ¡Simplemente no les permitiremos llevarse a ninguno de los dos!

Ryaku se encogió de hombros, apartando su cabello rubio hacia un lado.

- Como quieran... - murmuró e hizo una señal para que sus youkais atacaran.

- ¡Kurama, Hiei, quédense cerca a ellos! - ordenó Yuusuke corriendo hacia un lado para alejar a los youkai.

- Hn - sonrió Hiei. No le gustaba que le ordenaran qué hacer, pero ciertamente toda la diversión estaría en la plataforma. Si era verdad que Ryaku venía por Yagami y Kusanagi, pues los atacaría a ellos y no perdería el tiempo con la distracción que Yuusuke estaba tratando de crear -. Ikuze, Kurama - dijo en voz baja y el pelirrojo asintió, golpeando con su Rose Whip a los demonios que intentaban acercarse mientras Hiei se movía rápido entre ellos, atravesando con su espada a los que conseguían evitar el látigo de Kurama.

Kyo estaba junto a Iori, que se había llevado una mano al pecho y jadeaba. Con un golpe encendido en fuego se deshizo de un alto y delgado youkai, mientras por el otro lado King mandaba a otro de los demonios a volar de una patada. Sus compañeras observaban asustadas y Kyo se volvió hacia King para indicarle que era mejor que se las llevara. Ella asintió y desapareció con Mai y Chizuru hacia las escaleras. Bien, se dijo Kyo, deteniendo a un youkai con una mano y prendiéndole fuego.

- ¡Yagami! - llamó cuando vio a otro youkai aparecer junto a Iori. La sonrisa de ese youkai se desvaneció cuando Iori se volvió hacia él y le lanzó una llamarada púrpura.

- Atrás tuyo - gruñó Iori, mientras lanzaba un YamiBarai hacia Kyo, que pasó a centímetros de su rostro para alcanzar a otro demonio.

- Ya dejen de jugar - ordenó Ryaku y todos notaron un cambio en la forma de ataque de los youkais restantes. Se concentraron en llegar a los dos jóvenes sobre la plataforma. Kurama y Hiei saltaron hacia ellos para ayudarlos. Ryaku los observó -: No voy a perder el tiempo con ustedes - dijo y con un veloz movimiento pasó entre ellos para detenerse frente a Kyo.

Tomado por sorpresa, el joven no pudo evitar el golpe y sintió que sus huesos crujían cuando Ryaku lo envió volando hacia atrás, para golpearlo luego contra la plataforma. Una llamarada púrpura lo obligó a soltar a Kyo y se volvió para encontrarse frente a frente con Yagami.

- ¿Te preocupa que le haga daño? - preguntó Ryaku, sarcástico.

- No permitiré que interrumpan mi pelea - fue la respuesta de Iori.

- Ah... entonces no te preocupa... - sonrió Ryaku sujetando a un semi-inconsciente Kyo y acumulando energía en su garra, justo frente al rostro del joven, como si se preparara a volarle la cabeza.

- Me refería a la pelea entre Kusanagi y yo - corrigió Iori con una sonrisa maliciosa mientras se acercaba rápidamente y apartaba la garra de Ryaku. Durante un momento pareció que Iori iba a encenderlo en fuego pero se detuvo súbitamente cuando el dolor en su pecho no le permitió moverse. Ryaku aprovechó para sujetarlo del cuello y lanzarlo con fuerza sobre la plataforma, justo debajo del portal abierto. En seguida lanzó a Kyo, y Kurama corrió hacia ellos para darles tiempo de levantarse.

El público observaba todo confuso. Sólo podían ver sombras y siluetas que se movían demasiado rápido, saltando, cayendo, golpeando. La mayoría pensaba que se trataba de un entretiempo, y pronto gritos y silbidos se oyeron, celebrando la gran actuación.

Yuusuke se había visto obligado a retroceder hasta el portal dimensional. Kuwabara estaba a su lado lanzando golpes para mantener alejados a los youkai. Estos no parecían interesados en atacarlos, sólo los obligaban a quedarse ahí mientras Ryaku hacía su trabajo.

Hiei observaba al youkai fijamente, con la espada en su mano derecha y listo para atacar. Ryaku le devolvió la mirada y gruñó:

- ¿Crees poder contra mí, pequeño youkai?

Los ojos rojos de Hiei se entrecerraron mientras le dirigía una mirada asesina. Arremetió contra Ryaku, demasiado rápido para que Kurama pudiera detenerlo. Como una exhalación Hiei ya se encontraba frente al demonio, listo para cortarlo con su espada, sin embargo lanzó el golpe y se dio cuenta que sólo había atravesado el aire. Hiei miró hacia arriba, esperando ver que el youkai había saltado pero no lo encontró. Miró hacia un lado antes de escuchar:

- ¡Hiei, cuidado, atrás!

Era la voz de Kurama, y al volverse vio claramente que Ryaku se dirigía a toda velocidad contra él, con sus garras extendidas y dispuesto a atravesarlo.

- ¡Hiei, apártate! - gritó Kurama.

El youkai de fuego se sintió furioso. Él podía evitar ese ataque si quería, ¡Kurama no tenía por qué preocuparse tanto!

El siguiente momento fue confuso. Vio que Kurama se interponía entre él y Ryaku y súbitamente la sangre del pelirrojo le salpicó en el rostro al recibir el golpe de las garras del youkai. Pero no terminó ahí, después Ryaku sujetó a Kurama por la cabeza con las garras cruzadas y produjo una explosión de youki, imitando el movimiento que Iori había utilizado contra Mai. Apartó sus garras lentamente, soltando al inconsciente Kurama.

Hiei observó el rostro de Kurama mientras caía al suelo, con sangre corriendo entre sus labios. Sintió el violento impulso de gritar su nombre y sostenerlo, abrazarlo para protegerlo mientras los demás se ocupaban de Ryaku... ¿Por qué Kurama siempre tenía que estar haciendo eso por él? ¡Él sabía cuidarse solo, el pelirrojo lo sabía! Hiei le dirigió una mirada a Kurama, sus ojos ablandándose durante un momento, diciéndose que Kurama lo apreciaba lo suficiente como para arriesgar su vida para salvarlo.

Pero no había tiempo que perder, Hiei saltó por encima de Kurama preparando un golpe con su espada y, tomando desprevenido a Ryaku, cortó directamente en su rostro, arrancándole un grito mientras sentía como su espada cortaba su piel.

Hiei retrocedió de un salto, Ryaku estaba herido y furioso. Un lado de su rostro estaba cubierto de sangre.

- ¡Vas a pagar por esto...! - rugió.

Kyo había visto caer a Kurama, Ryaku lo había atravesado con esas enormes garras que tenía y ahora el pelirrojo yacía boca abajo sobre el piso en un charco de sangre. Su látigo estaba a un lado, pero pronto volvió a su forma original de rosa.

- Kurama - murmuró el joven corriendo hacia él. Se arrodilló a su lado y se horrorizó al ver el tamaño de la herida. Levantó la mirada para llamar a Urameshi o alguien que pudiera ayudarlo pero todos estaba ocupados con los youkai -. Shikkari shiro! {¡Resiste!} - exclamó, protegiéndolo contra su pecho cuando un youkai se les lanzó encima. Lo reventó con un golpe de fuego, demasiado preocupado por Kurama como para medir sus fuerzas.

- SHINEEE!! {¡MUEREE!} - gritó Ryaku corriendo hacia Hiei que se inclinó empuñando firmemente su espada, listo para recibir el ataque.

Súbitamente Ryaku desapareció a medio camino. Hiei se sobresaltó. ¡Era demasiado veloz! Pero no iba a caer en el mismo truco. Se volvió bruscamente y vio a Ryaku, pero no corriendo hacia él sino hacia donde estaba Kurama y el ningen Kusanagi.

- Kura...- empezó a decir Hiei cuando Kyo levantó la mirada y vio al youkai casi encima de ellos.

- ¡Cuidado! - gritó Yuusuke.

Ryaku sonrió, era demasiado tarde, ya casi tenía al ningen en sus garras. Con la velocidad que llevaba lo sujetaría y en menos de un segundo lo habría arrastrado dentro del portal, para llevárselo al Makai. Era imposible que un ningen reaccionara lo suficientemente rápido para apartarse. Kusanagi ya era suyo.

Su mano se cerró en la cabeza del ningen y lo arrastró consigo mientras le daba una orden a todos sus youkais restantes para que regresaran al portal. No detuvo su carrera mientras veía que la fisura entre los mundos estaba cada vez más cerca. Sin embargo algo estaba mal. ¡Era mucho más pequeña que cuando habían pasado por ella momentos antes! ¡Se estaba cerrando!

Pasó velozmente, lanzando al ningen hacia adelante y luego atrapándolo del otro lado, donde se detuvo a esperar a sus subordinados mientras apartaba los largos mechones de cabello rojo y observaba el rostro inconsciente de... ¿Iori Yagami?

***

Kyo levantó la cabeza. Yuusuke estaba a su lado, y Kuwabara junto a Kurama un poco más allá.

- ¿Estás bien? - preguntó Yuusuke.

Él miró alrededor, confuso. Había visto a ese youkai saltar sobre él, y luego Yagami había aparecido a su lado, corriendo con una velocidad que nunca había visto en él. Iori lo había empujado violentamente, haciéndolo salir rodando por el suelo hasta golpear una de las vigas que sostenían la plataforma.

- ¿Yagami? - exclamó Kyo volviendo a la realidad. No habían youkai cerca, y tampoco podía ver el agujero que era el portal entre los mundos. Yuusuke lo ayudó a ponerse de pie sin decir nada. Iori no estaba con ellos.

El muchacho de cabello negro lo observó un momento, su expresión era de pesar. Habían sido enviados allí a protegerlos y habían fallado. Los youkai tenían a Yagami y ya debían haber regresado a su refugio en el Makai.

Kyo miró el suelo, ajeno al rumor del público y a lo que sucedía a su alrededor. Se maldijo en su interior por todo lo que había pasado. Por su culpa ahora Iori estaba en quién sabía dónde, en manos de unos youkai salvajes... que quizás lo matarían...

Apretó los puños fuertemente, sus uñas atravesando la tela de sus guantes negros y haciendo brotar sangre. Su cabeza daba vueltas mientras regresaba unos minutos hacia atrás y recordaba el beso que le había dado Yagami en los vestidores. Ahora le parecía que había sido una despedida.

- Maldito seas - murmuró -. Maldito seas...

Se sentía horriblemente angustiado. La sola idea de no volver a ver a Iori le hacía desear abrir un portal e ir tras él al Makai. No podía aceptarlo. Ahora que las cosa habían empezado a cambiar entre ellos sucedía esto. ¿Acaso jamás iban a poder estar juntos? ¿Era parte de su destino pelear entre sí en nombre de sus familias y jamás tener la oportunidad de ser... amigos?

Finalmente, cuando Kyo sentía que iba a caer de rodillas y cerrar los ojos para no pensar más, escuchó la voz de Kuwabara.

- ¡Kurama!

La realidad no era mejor que sus pensamientos. Kyo se volvió hacia el grupo de Tantei y vio que Kurama seguía inconsciente. Corrió hacia ellos, sintiendo que a pesar de sus esfuerzos sus ojos se nublaban con lágrimas. ¡No, no podía perder a dos personas al mismo tiempo!

- Kurama... - murmuró arrodillándose a su lado. De nuevo vio la gran herida que tenía a la altura del estómago, y los arañones que tenía en su hermoso rostro, junto con la cantidad de sangre que había perdido. "Todo por... Hiei", se dijo parpadeando varias veces para que los demás no notaran sus lágrimas. Posó su mano entre el cabello del pelirrojo, suavemente. Lo había hecho para proteger al youkai que amaba...

Kyo levantó la mirada hacia Hiei. Ya no tenía control de sus acciones o pensamientos. Sólo sentía una fría rabia en su interior por haber dejado que todo eso pasara. Estaba furioso consigo mismo, con Yagami y...

Sus ojos encontraron los de Hiei, que en ese momento limpiaba la sangre de su katana y la regresaba a su vaina. La frialdad de esos ojos rojos, y la indiferencia con su compañero herido fue lo que hizo estallar a Kyo. ¡Kurama se había sacrificado por ese youkai insensible que ni siquiera demostraba estar interesado en verificar si el pelirrojo seguía vivo o no! Maldito youkai...

Caminó hacia él y lanzó un golpe hacia Hiei, que levantó una mano para detenerlo. Kyo aprovechó ese movimiento para sujetarle fuertemente la muñeca, atrayéndolo hacia sí mientras le dirigía una mirada asesina que casi igualaba a la suya.

- Eres despreciable - gruñó Kyo. Hiei frunció el ceño y sus ojos brillaron con silenciosa ira ante este ningen que se atrevía a insultarlo. Pero a Kyo no pareció molestarle su amenazante mirada y continuó -: Kurama fue herido por ti, ¡y tú ni siquiera te preocupas! - exclamó el joven.

Hiei observó fijamente sus ojos y se sorprendió al ver allí lágrimas a punto de caer. ¿Kyo derramaba lágrimas por el youko? Sintió un agudo dolor en su interior cuando comprendió a qué se debían esas lágrimas. Kurama lo había seducido, después de todo. Kyo estaba bajo el hechizo de esos hermosos ojos esmeralda. Ambos habían sido engañados por el youko plateado... Pero Hiei endureció su corazón y se obligó a decir con una sonrisa burlona:

- Hn.

Yuusuke y Kuwabara observaban en silencio, confundidos pero sin atreverse a intervenir en la pelea entre Kyo y Hiei. Era un asunto que los dejaba afuera, no estaban seguros de qué se trataba, pero parecía un problema demasiado serio, y guardaron silencio.

Hiei retiró su brazo de la mano del joven ningen frente a él y se quedó observándolo fijamente, ardiendo por dentro. Sus dedos se habían cerrado alrededor de la empuñadura de su espada y sus ojos brillaban con furia, como si estuviera listo para atravesar a ese joven insolente. ¿Qué sabía Kusanagi si él se preocupaba o no? ¡No podía comprender el dolor que sentía por dentro con solo ver a Kurama herido! El joven quizás amaba a Kurama, pero ese amor había nacido hacía sólo unos días, en cambio él lo había amado desde que lo conoció... ¿Cómo no se iba a preocupar? ¿Cómo se atrevía Kyo a decir eso?

Hiei observó el cuerpo inconsciente de su amigo y dudó un segundo antes de caminar hacia él. Pero ese segundo estuvo de más, como si Kyo hubiese visto su mirada se dirigió hacia Kurama antes que él, observándolo por sobre su hombro con una mirada de desprecio.

Al llegar junto a Urameshi y Kuwabara, que sostenían protectoramente al pelirrojo, Kyo les hizo un gesto para que se apartaran y deslizó sus brazos bajo la espalda y piernas de Kurama para levantarlo. Yuusuke se apresuró a detenerlo:

- ¿A dónde lo llevas? - preguntó, sujetando a Kyo. Cuando el joven se volvió hacia él le dirigió una mirada fría e inexpresiva -. Kusanagi... - murmuró Yuusuke sorprendido.

- Yagami es mío... - murmuró Kyo acariciando el largo cabello rojo de Kurama con la mirada perdida, confundiendo la realidad.

***

Ryaku maldijo todo el camino de vuelta al castillo de Shika por haber cometido semejante estupidez. Uno de sus youkai llevaba en el hombro el cuerpo de Iori Yagami. No comprendía cómo demonios se había equivocado de ningen... ¿Qué diría Shika? ¿Lo castigaría? Ryaku intentó calmarse diciéndose que Shika también deseaba a Iori. Si tenía suerte quizás lo complaciera más ver a Yagami en vez de a Kusanagi.

Ojalá que Shika estuviese de buen humor, pensó Ryaku para sí.


 

Capitulo 22: Yuuwaku {Tentación}

Finalmente Kyo se había quedado dormido, notó Yuusuke.

Estaban en la habitación de los Reikai Tantei. Kurama reposaba en la cama de Kuwabara, mientras Kyo yacía en la de Yuusuke. Había estado hablando cosas incoherentes durante unos segundos, cosas que ni Yuusuke ni Kuwabara comprendieron. Al parecer el golpe que recibió lo había confundido.

Kyo se preocupaba demasiado por Kurama, pensó Yuusuke sentándose al lado del joven y apartando los mechoncitos de cabello de su rostro ahora tranquilo. Sonrió inclinando la cabeza. Kusanagi no sabía lo fuerte que era Kurama. El pelirrojo olvidaría esa herida apenas despertara. Siempre era así. Sin embargo Kyo no sabía eso, y la preocupación por el estado de Kurama, más la impotencia de no poder hacer nada por Yagami finalmente lo habían vencido.

Frunciendo el ceño Yuusuke maldijo en silencio la forma en que habían fallado para proteger a esos ningen. Sabían que durante esa pelea los youkai atacarían, y así y todo no pudieron hacer nada.

Los youkai son muy codiciosos. No escatiman nada con tal de recibir aunque sea una mínima parte de una recompensa. En este caso la recompensa era la vida eterna, el requisito: uno de dos ningen que no tenían la culpa de haber obtenido esos poderes. Muerto. Yuusuke golpeó su pierna con un puño fuertemente cerrado. Yagami ya debía estar muerto antes de llegar al Makai. Le habían fallado al Reikai, le habían fallado a Kusanagi y a Yagami. Era imperdonable. Nunca antes el Urameshi Team había tenido que pasar por eso.

- Urameshi... - llamó Kuwabara entrando en la habitación. Acababa de llegar con una bolsa de farmacia, con algunos vendajes para curar a Kurama. Pero antes de acercarse al pelirrojo se dirigió a la televisión y la encendió. Satella transmitía el torneo en ese momento, pasando la pelea contra los youkai que habían aparecido tan súbitamente durante el encuentro entre Iori Yagami y el Female Team. Era extraño ver como las cámaras de televisión tampoco habían podido capturar la verdadera forma de los youkai. Se veían como ningen comunes y corrientes, pero para Yuusuke y Kuwabara, si se concentraban un poco la verdadera naturaleza salía a la luz.

Por supuesto que los auspiciadores del torneo no iban a manchar su imagen con un ataque inesperado de personas desconocidas que, entre otras cosas, habían raptado a Iori Yagami. Satella anunció orgullosamente que ese evento había sido perfectamente planeado con meses de anticipación para asombrar a los espectadores.

- Sí, claro - gruñó Yuusuke indignado y furioso mientras recibía la bolsa que había traído Kuwabara y se dirigía hacia Kurama.

***

Ryaku se inclinó respetuosamente ante Shika, sentía sus garras frías, temeroso de la reacción de su amo cuando se enterara de su equivocación.

- ¿Y? ¿Lo consiguieron? - preguntó Shika dulcemente, apartando su cabello blanco para revelar dos ojos amarillos que brillaban con satisfacción. Ryaku sólo se encogió un poco, sin decir nada -. Ni siquiera me molesté en vigilarlos por la pantalla... Era un trabajo tan fácil...

- Sh... Shika-sama... - murmuró Ryaku.

- ¿Por qué no me lo traes? Quiero ver a ese Kusanagi con mis propios ojos, quiero saber qué ve Iori en él.

- E... ese es el problema... señor... - el youkai ya podía sentir la energía de Shika reventándolo en mil pedazos -. No pudimos traer a Kusanagi.

El hermoso youkai de cabello blanco se levantó de su asiento, provocando el sonido del rozar de sus túnicas y el tintineo de sus brazaletes. Ryaku levantó los ojos un segundo, vio la expresión disgustada de Shika y dejó caer la cabeza.

- No te creo... - gruñó Shika -. ¡No puedo creer que hayas regresado con las manos vacías!

- Unos Tantei del Reikai se interpusieron... - trató de explicar Ryaku, escondiendo su rostro bajo su cabello dorado -. Y cuando quise atrapar al ningen... Fue una equivocación. No vi el movimiento de Yagami... No fue mi intención traerlo a él.

- ¿Yagami? - repitió Shika mientras su disgusto se esfumaba y era reemplazado por una cruel sonrisa. Bajó los escalones que lo separaban de su youkai y posó su mano en su cabeza, acariciando suavemente su cabello dorado -. Ah... Eso se puede arreglar. Me has hecho cambiar mis planes pero no está mal del todo... Bien hecho.

Con eso Shika obligó a Ryaku a levantar el rostro, y luego a ponerse de pie. Observándolo fijamente, Shika sujetó su rostro con ambas manos, acercándolo hacia él. Depositó un beso de youkai en la mejilla de Ryaku, sobre el corte que le había hecho Hiei con su katana.

- Ve y cúrate eso - le indicó Shika a un sorprendido Ryaku -. Luego prepara a Yagami. Le daré la bienvenida.

***

Atardecía cuando Kurama despertó. Se sentía adolorido pero sabía que sus heridas ya habían sido curadas. Estaba acostado en una cama que no era la suya, con el pecho desnudo, cubierto a medias por una sábana manchada con gotas de sangre. No había luces prendidas en la estrecha habitación de dos camas. La única iluminación provenía del sol del atardecer entrando por una de las ventanas y un parpadeo constante que lanzaba luces de colores sobre él.

Tardó un poco en darse cuenta que era la televisión y que Kuwabara observaba aburrido, sentado en el piso mientras mordisqueaba los bocaditos que habían sobrado de la noche anterior. No había nadie más con ellos.

Incorporándose silenciosamente, Kurama vio que en la televisión estaban transmitiendo el King of Fighters desde otra parte del mundo. No reconoció ningún rostro familiar.

- Kuwabara-kun... - llamó y el muchacho se volvió hacia él con una sonrisa.

- ¡Kurama! ¡Despertaste! - de un salto Kuwabara estaba de pie frente a él. Encendió una lámpara y se le quedó observando mientras el pelirrojo se ponía una camisa -. Oye... no deberías levantarte todavía... - indicó. Kurama le sonrió.

- Ya estoy bien. ¿Dónde está Yuusuke?

Kuwabara levantó sus brazos y los puso detrás de la cabeza, estirándose perezosamente.

- Fue donde Koenma... Estaba molesto, ya sabes... Fallamos y...

En ese momento Kurama notó que algo estaba mal ahí. Miró a su alrededor, a la otra cama vacía.

- ¿Y Kusanagi-kun? - exclamó, sin poder ocultar la preocupación de su voz. Si Kuwabara decía que habían fallado en su misión... eso significaba que Kyo...

- Él está bien - se apresuró a decir Kuwabara al ver su expresión sacudiendo las manos frente a él -. No te preocupes, fue a Yagami al que se llevaron...

- ¿Qué no me preocupe? - repitió Kurama en un murmullo. ¿Cómo no se iba a preocupar si Kyo debía estar sufriendo terriblemente en ese momento? - ¿Dónde está Kyo? - Kurama no notó la familiaridad con que dijo su nombre, pero fue evidente incluso para Kuwabara.

- Acaba de... salir - fue la titubeante respuesta.

- Hitori de? {¿Solo?} - preguntó Kurama frunciendo el ceño.

- Alguien tenía que quedarse contigo - se excusó Kuwabara pero Kurama ya estaba de pie poniéndose su abrigo, listo para ir a buscar al joven -. Matte, Kurama, omae no kizu... {Espera, Kurama, tu herida...}

- Estoy bien - insistió el pelirrojo con otra sonrisa -. Doko e itta, shiranai? {¿No sabes a dónde fue?}

- A su hotel, supongo - respondió Kuwabara luego de pensarlo unos segundos. ¿A dónde más podría haber ido?

- Ya regreso - dijo Kurama simplemente y salió.

Las calles ya estaban bastante oscuras, notó mientras echaba a andar con las manos hundidas en sus bolsillos y el viento sacudiéndole el cabello. El hotel donde se hospedaban los peleadores no estaba tan lejos pero tuvo que tomar un taxi para llegar. La entrada estaba como era de esperarse: repleta de fans. Kurama tuvo que entrar sutilmente saltando hacia una ventana cuando nadie lo estaba mirando.

Se apresuró por los pasillos en dirección a la habitación de Kyo. La puerta estaba abierta, sin llave, pero en el interior no había nadie. Kurama se quedó en medio de la salita, pensativo, extrañando la presencia de su amante mortal. Todo estaba demasiado silencioso allí adentro, demasiado vacío. Era sólo una habitación de las miles de un hotel.

Kurama salió con pasos lentos, llevándose inconscientemente una mano a su herida. Miró el pasillo, las otras puertas. Notando un reiki familiar se acercó a una de ellas y empujó la puerta, también estaba abierta. Era la habitación de Yagami.

Invadiendo su privacidad, Kurama entró sin pensarlo y suavemente cerró la puerta a su espalda. Podía sentir el ki de ese ningen impregnado en todas las cosas de esa habitación. Algunas revistas estaban tiradas en el sillón de la salita y Kurama se acercó a mirar. Folletos promocionales del torneo, vio, con un póster plegado del Hero Team, donde el rostro de Kyo salía bastante favorecido. Kurama no pudo evitar sonreir al darse cuenta que esa revista realmente era de Iori, pero en seguida sintió una punzada de angustia en su pecho. Que tal si Iori no volvía... Si ya estaba muerto Kyo iba a sufrir mucho...

Pero Kyo no estaba allí. Kurama dejó todo como estaba, no sin antes sonreír de nuevo ante la idea de Yagami, solo, observando cariñosamente la foto de la persona a quien supuestamente quería matar.

Pensando para sí dónde podría estar Kyo, Kurama se dirigió al ascensor. Tenía la mirada fija en la alfombra y no se dio cuenta cuando una mujer se topó con él.

- Oh, eres tú... - oyó. Al levantar los ojos se encontró con una de las chicas que habían peleado contra Iori, de largo cabello negro y vestida de blanco, con aspecto de sacerdotisa o algo por el estilo. Si mal no recordaba, su nombre era Chizuru y resultaba bastante asombroso que ya estuviera de pie después de su enfrentamiento con el pelirrojo -. Tú eres la persona que salió en ese "espectáculo"...

- ¿Eh? - Kurama no comprendió a qué se refería. ¿Qué espectáculo?

- No sé qué pretende hacer Satella, pero siento una fuerte aura a tu alrededor. No es normal. Me parece que utilizar demonios para un espectáculo televisivo es demasiado.

Kurama se extrañó al darse cuenta que esta mujer tenía poderes espirituales. Podía ver a los youkai en su verdadera forma.

- No sé quién seas - continuó la mujer observándolo fijamente, como si quisiera atravesarlo con la mirada -. Pero tengo un mal presentimiento. ¿Dónde está Yagami? Necesito hablar con Kyo y él... Tú eres su amigo, ¿verdad? ¿Dónde está?

Observando a esa extraña mujer, Kurama no supo si contarle parte de la verdad o simplemente decir que no sabía nada.

- Precisamente... estaba buscando a Kusanagi-kun. - Kurama probó suerte contestando con una respuesta bastante neutra pero Chizuru se llevó una mano a la frente, como si acabara de recordar algo.

- Está con King. En el Memoirs. Es un bar cerca de aquí... Se veía bastante mal esta tarde así que lo mandé al bar para que me esperara ahí.

Todo el tiempo Chizuru no había dejado de observar al muchacho que tenía enfrente. Sentía su extraña energía, pero esos ojos esmeralda no le decían nada.

- Gracias - dijo Kurama y se alejó, extrañando aún por todo lo que había dicho esa mujer. ¿Qué tenía que ver ella con Yagami y Kyo?

***

Memoirs. Luces tenues, techo bajo, varias mesas muy cercanas entre si cubiertas con ásperos manteles de simples diseños. Como los que se encuentran en cualquier casa acogedora. La música sonaba en algún lugar, muy baja, lo suficiente como para llenar el ambiente cuando el rumor de las conversaciones se apagaba.

Mirando a los clientes Kurama reconoció al joven que estaba sentado en la barra, frente a la mujer rubia que parecía observar su figura encogida preocupada. En una mano tenía una botella, pero parecía dudar si debía servir un poco más.

Kyo gruñó algo, empujando el vaso hacia ella.

- Kusanagi, ya es suficiente - murmuró King.

- No es suficiente - negó Kyo. Tenía la cabeza apoyada en sus brazos cruzados, como un niño al que le han dado la terrible noticia de que se ha quedado solo. Como si con levantar la cabeza y abrir los ojos la realidad lo fuera a arrastrar hiriéndolo con su crueldad -. ¡King! - insistió el joven al ver que ella no obedecía.

- He dicho suficiente - exclamó ella dejando la botella en su lugar.

- Por favor... - susurró él sin levantase. King lo observó un momento y luego, titubeante, posó su mano sobre el desordenado cabello de Kyo.

- ¿Qué pasó contigo, eh? - preguntó gentilmente, y su preocupación era sincera. El joven no contestó. Ella continuó -: ¿Tiene que ver con ese extraño ataque en el torneo?

Kyo asintió lentamente, sus ojos estaban entrecerrados y vidriosos.

- No puedo creer que lo hayan herido... Se suponía que tenía que matarme, no ser llevado a otro mundo... No quiero perderlos a los dos... No ahora...

- ¿Yagami? - murmuró King para sí. Kyo estaba hablando de Kurama y Yagami a la vez, y ella no comprendía. En ese momento levantó la vista, mirando por sobre Kyo, y notó al muchachito de pie en medio del bar. Le hizo un gesto para que se acercara, reconociendo a la persona que había visto con Kyo durante la pelea de Iori contra Chizuru.

Lentamente Kurama se acercó por detrás de Kyo y deslizó sus brazos sobre sus hombros, para estrecharlo contra sí. Dejando que su cabello rojo cayera sobre él, como una cortina apartándolo de su angustia. Respiró en el cabello oscuro de Kyo, sintiendo su esencia juvenil, un poco de sangre y muchas lágrimas.

El cuerpo de Kyo estaba tenso en sus brazos y cuando él se volvió Kurama vio sus ojos enrojecidos y confundidos. La mano del joven se posó en su mejilla y esbozó una ligerísima sonrisa con olor a alcohol.

- Yagami no yarou... {Estúpido Yagami} - dijo, antes de dejar caer la cabeza contra el hombro de Kurama mientras se aferraba a él fuertemente -. Baka... konoyarou... - repitió, golpeándolo débilmente cada vez, pero produciéndole dolor debido a la herida que aun no cicatrizaba. Kurama acarició su cabello. Kyo lo estaba confundiendo con Iori pero no podía culparlo. Era a Yagami a quien quería, y era de esperarse que su mente sólo pensara en él.

- Kyo... - murmuró King al verlo en ese estado. Interrogó a Kurama con la mirada, pero el pelirrojo negó suavemente con la cabeza, como si no tuviera nada que decir. La mujer apartó un paño que había tenido en su mano y rodeó la barra para ir hacia Kurama -. Tráelo, hay una sala de estar aquí. Deja que descanse un rato.

Kurama no se negó. Ayudó a Kyo a ponerse de pie y siguió a King hasta una pequeña habitación que parecía el vestidor de las meseras. Había un par de espejos y un sillón, donde dejó a Kyo. King le lanzó una manta y Kurama cubrió al joven. Iba a alejarse cuando sintió un tirón en su manga. Aunque inconsciente, Kyo lo sujetaba con firmeza. Suspirando conmovido, Kurama lo obligó a soltarlo.

- Estoy contigo - susurró -. No te voy a dejar.

Luego, volviéndose hacia King, notó que ella estaba de pie con los brazos cruzados y apoyada en la puerta. No lo iba a dejar salir hasta que respondiera sus preguntas. Kurama frunció el ceño.

- Ni Kusanagi ni Yagami son tan débiles como para venir a embriagarse a un bar - dijo ella firmemente -. ¿Qué ha pasado?

Él dudó. Podría contarle todo a esta mujer que parecía ser amiga íntima de Kyo, pero quizás a él no le agradaría que sus sentimientos fueran divulgados. King pareció leer sus pensamientos:

- ¿Crees que no me he dado cuenta de eso? - preguntó viéndose realmente sorprendida. Kurama respondió con la misma expresión. ¿Ella sabía...? - Es imposible que dos personas se deseen tanto a menos que haya algo de por medio. Yo me refería a qué pasó con Yagami. ¿Dónde está?

Mirando a Kyo, su rostro dormido que al fin parecía tranquilo, con los mechones de cabello cayéndole sobre los ojos, Kurama sintió que todo debía terminar de una vez. No le gustaba ver a Kyo así, pero lo comprendía. Perder a alguien a quien se ama es una de las cosas que no se llegan a superar, ni aun en cientos de años de vida. Suspiró, observó a King y decidió que no haría mal en confiar en ella. Era amiga de Kyo, después de todo, y parecía bastante racional.

***

Un techo extraño y desconocido. Rugoso, de un color que cualquier diseñador rechazaría sin ni siquiera imaginarlo. La única iluminación provenía del fuego de una antorcha junto a la puerta cerrada.

Iori se movió en la amplia cama sin levantarse. No tenía idea de dónde estaba, sólo sabía que continuaba sintiendo el horrible dolor en su pecho. Se llevó una mano ahí y se extrañó al no notar la familiar tela de su camisa. Volviendo la cabeza ligeramente vio que su ropa, su camisa, pantalones y chaqueta, estaban dobladas en una mesa junto a la cama.

Cerró los ojos un momento. Lo último que recordaba era la mirada de Kyo cuando se lanzó sobre él para apartarlo.

Para protegerlo.

Iori se echó a reír, su risa convirtiéndose en dolorosos tosidos. ¿Él protegiendo a Kyo Kusanagi? ¿Él? Jamás hubiera imaginado que iba a llegar a eso... Pero se sentía bien.

Levantándose, examinó las prendas que llevaba. Cómodas y suaves, una larga túnica con diseños chinos ceñida estrechamente en su cintura. Nunca había vestido algo así, tan diferente. Caminó hacia donde estaba su ropa, decidido a cambiarse cuanto antes.

- Eso no es amable - dijo una voz masculina a sus espaldas y Iori se volvió bruscamente, inconscientemente su cuerpo adoptó su posición defensiva. El que hablaba estaba en las sombras y no podía verlo, la energía que emanaba era diferente a todo lo que hubiera sentido antes, sobrepasaba la suya, la de Kyo o la de Orochi con creces. Parecía imposible. Escuchó una suave risa -. Después del trabajo que me costó desvestirte y ponerte eso... - continuó hablando el desconocido, provocando la furia de Iori.

Una llama púrpura se encendió, iluminando la habitación y al desconocido en las sombras. Iori vio una silueta sentada con las piernas cruzadas sobre un mueble con forma extraña. Su largo cabello caía a su alrededor, brillando con los destellos del fuego. Sus ojos lo miraban fijamente, sus labios estaban curvados en una sonrisita amable. Pero su rostro... Iori estaba seguro que lo había visto antes.

- Bienvenido a mi morada - dijo el desconocido bajándose del mueble con un saltito y caminando directamente hacia Iori. A medida que se acercaba su mirada se endureció y su sonrisa se tornó cruel y satisfecha. Iori gruñó algo y le lanzó el fuego que tenía en su mano.

Sorpresivamente, a través de la llamarada, una mano apareció y golpeó su pecho. Los ojos de Iori se abrieron de dolor mientras caía de rodillas, escupiendo un poco de sangre.

- Ah... Que mal... No te encuentras muy bien, ne? - dijo el desconocido inclinándose sobre él y tocando sus hombros delicadamente, contrastando con el golpe de hacía un momento. Lo ayudó a ponerse de pie y lo llevó a la cama, donde permitió que Iori se sentara, jadeando.

- ¿Quién demonios eres? - gruñó Iori.

Una risita resonó en la habitación.

- Shika desu, oboenai? {¿No me recuerdas?}

El nombre le trajo recuerdos de su niñez. Así como Orochi formaba parte de la historia de su familia y de los Kusanagi, Shika era como un demonio familiar. Un demonio que sus antepasados habían enviado al otro mundo hacía cientos de años.

- El mismo - dijo Shika -. No sabes cuánto tiempo he esperado este momento.

Iori frunció el ceño.

- ¿Quieres... pelear? ¿Después de cientos de años eso es lo que quieres?

- No soy muy diferente a ti - le hizo ver Shika -. Después de años tú sigues pensando en matar a ese Kusanagi... seguías... - se corrigió el youkai con una sonrisa maliciosa.

Iori comprendió que Shika sabía cosas sobre él. Si llegaba a enterarse de lo que... de lo que sea que había entre él y Kusanagi de seguro lo atacaría. Protegerlo de nuevo, se dijo riendo interiormente.

- Sigo - dijo, dejando en claro que cuando decía que "Kusanagi era sólo suyo" se refería a que él era el único que podía matarlo.

- Claro, claro - concedió el youkai apartando su cabello blanco, con un gesto que le dio a entender que no le había creído.

Shika se quedó observando la trabajosa respiración de Iori y sonrió.

- No te queda mucho tiempo...

- ¡Lo sé! - le cortó Iori con otro gruñido. Eso no le importaba, maldita sea.

- Pero quiero que vivas - continuó Shika -. Si mueres tan pronto no podré hacerte sufrir.

- Je... - Iori rió de nuevo -. Morirás antes que yo.

- Sou desu ka... {¿sí?} - con un rozar de telas Shika se puso de pie, invitando a Iori a atacarlo. Iori aceptó el reto y caminaron hasta la parte más despejada de la habitación -. Pero hagamos esto más interesante... ¿Que te parece... si apostamos a Kusanagi?

Ante eso el pelirrojo se detuvo en seco. Intentó parecer indiferente pero era inútil.

- Si yo venzo, yo lo mato. Si tú vences, puedes hacer con él lo que quieras, seguir odiándolo... o amándolo...

Las llamas se encendieron furiosas en las manos de Iori. En ese momento el dolor que sentía no importaba. Tenía que vencer. Corrió contra Shika, dejando un largo rastro de fuego tras de sí, pero no pudo golpearlo, donde había estado el youkai ahora sólo había aire. Volviéndose, Iori levantó sus brazos en posición defensiva. Escuchó una risa junto a su oído y la súbita explosión de dolor.

Gritó, su voz casi un rugido, mientras sentía la abrumante energía de Shika envolviéndolo. Todo se volvió blanco, como si de un momento a otro fuera a reventar en mil pedazos. Ya ni siquiera sentía el dolor de su pecho, esto era cientos de veces peor. Apretando los dientes, intentó ponerse de pie, pero ya no tenía noción del espacio. Todo era blanco, como si flotara en medio del dolor. Shika reía en algún lugar y lentamente la habitación volvió a materializarse a su alrededor.

- Ese es mi poder, ¿aún crees que podrás matarme? - preguntó el demonio con las manos en la cintura, divertido.

Iori estaba semi arrodillado en el suelo y lentamente levantó su mirada amenazante. Sus ojos estaban inyectados en sangre, como si estuviera a punto de sucumbir al Riot of Blood, pero su cuerpo estaba bajo control. Poniéndose de pie despacio, el pelirrojo abrió sus piernas, y levantó sus brazos en posición de ataque. Su respiración se había convertido en jadeos entrecortados, y su mirada era oscura, como si estuviera poseído. El fuego ardía a su alrededor, y algunas llamas saltaban hacia Shika, como si tuviesen vida propia y quisiesen acabar con él.

- ¿Usas el poder de Orochi contra ? - preguntó Shika poniendo una mano bajo su barbilla con un gesto de desconcierto -. Tu cuerpo no lo soportará.

- Shine... {muere...} - gruñó Iori entre jadeos.

- Terco, si me atacas en ese estado vas a morir por tu propio poder... y no conseguirás hacerme nada, por cierto.

Iori no lo escuchó. Sólo quería matarlo para que dejara tranquilo a Kyo, era todo. Esa era la razón por la que estaba usando el poder que lo había maldecido desde que era niño. Llamas púrpura, dolorosas. Pero no importaba.

Acumulando el fuego en la palma de su mano, Iori gimió. El crepitar de las llamas rebeldes estaba fuera de control, pero si quería lanzar el ataque debía dominarlas. Era como esa noche en el bosque, pensó, cuando las llamas se resistían a su voluntad.

Finalmente, cuando sentía que sus piernas ya no lo iban a sostener más Iori lanzó el fuego al suelo, donde ardió un segundo y luego avanzó por sí solo hacia Shika, como una serpiente violeta brillante, hambrienta. El youkai sonrió y se limitó a saltar hacia un lado.

- ¿Es eso todo...? - preguntó con una risita poniendo sus manos detrás de la espalda en un gesto inocente -. ¿Es ese tu poder?

Iori gruñó algo, observándolo fijamente. Su boca estaba abierta ahora, luchando por respirar. El sudor caía por su frente y parecía que se desplomaría en cualquier momento.

- Patético... - empezó a decir Shika cuando un temblor remeció la habitación. Mirando a su alrededor el demonio no consiguió ubicar la fuente del poder. Su vista volvió a Iori que había levantado una mano, como si llamara a sus flamas. Entonces, repentinamente, sin que Shika tuviera tiempo de reaccionar, ocho pilares de fuego surgieron del suelo, rodeándolo, haciéndolo estallar en llamas, atrapado en una jaula de barrotes púrpura.

Con un grito, Shika intentó cubrirse pero a donde se volviera encontraba fuego. Idéntico al fuego que lo había desterrado para siempre al Makai. No era la misma técnica que los antepasados de Yagami habían utilizado, pero el poder era el mismo. Lo que Shika no podía aceptar era que el poder que todo un clan tuvo que reunir cientos de años atrás se encontraba ahora presente en un solo joven... Quizás lo había subestimado, pensó el youkai, abrazándose para protegerse del dolor. Iori podía estar muriendo, podía estar débil, pero cuando se le da un motivo... una persona es capaz de lograr cualquier cosa.

¿Qué conseguía Yagami al derrotarlo? Ni el título del más fuerte, ni ser reconocido como campeón de ningún torneo, no. Era ese ningen. Estaba peleando por Kyo.

Súbitamente Shika se liberó. No por su propia voluntad sino porque Iori finalmente había caído rendido al piso. Con una sonrisa maligna, Shika levantó sus manos e invocó a su propio fuego blanco. Envolviendo a Iori en sus llamas con un sutil movimiento.

El joven estaba indefenso, sus energías agotadas. El fuego púrpura se apagó lentamente mientras se convertía en altas llamaradas blancas que se lanzaron contra Iori, atravesando su debilitado cuerpo a voluntad. Quiso resistirse al dolor, pero era en vano. Oleadas de fuego lo herían internamente, diferente al dolor de las llamas púrpura, diferentes a las llamas escarlata.

Sintió como si su consciencia se separara de él, como si ya no tuviera control sobre sus pensamientos.

Iori se encontró gimiendo, rogando que terminara. Era imposible, maldijo, pero sus labios ya habían pronunciado las humillantes palabras. Quería apretar los dientes y cerrar la boca pero su cuerpo ya no era suyo.

- Repítelo... - pidió Shika desde algún lugar dentro de su cabeza. Su corazón latía acelerado y sus latidos retumbaban por todas partes. No veía ni oía nada salvo la voz de Shika y la blancura extrema.

- Yamete kure... {por favor dentente...} - De nuevo esas palabras pronunciadas por sus labios mientras desesperadamente él trataba de callarlos... - Yamete... kure... Tsutzukenaide... {detente, no continúes...}

- Te rendiste, Yagami - sonrió Shika deteniendo el dolor al fin y dejando a un muy débil Iori sobre la cama -. Kusanagi es mío - rió -. Y lo voy a hacer sentir lo mismo que a ti, y mil veces peor aun...

El youkai de largo cabello blanco se sentó junto a Iori en la cama y puso su mano sobre el pecho de Iori, acariciándolo suavemente sin que él pudiera resistirse. Repentinamente su mano se cerró, traspasando la tela y alcanzando la piel. Iori gritó mientras un poco de sangre subía por su garganta. El fuego púpura había lastimado un poco a Shika, pero no era nada serio, parecía complacido de que Iori al menos hubiese conseguido herirlo un poquito.

- ¿No temes morir? Cuando estás solo en la noche y ves la sangre, ¿nunca te has preguntado qué pasará después que mueras?

Iori no podía contestar, y Shika lo sabía.

- ¿No deseas vivir para siempre? Ya no tienes tiempo para acabar con Kusanagi. ¿No era ese el motivo de tu vida? ¿No quieres un poco más de tiempo?

- Uru... sai... {cálla... te...}

- Piénsalo, y mañana me darás tu respuesta. Iré a buscar a Kyo... Oyasumi nasai {buenas noches}.

Shika salió con una sonrisa de satisfacción. No era el dolor físico lo que iba a hacer sufrir a Iori, sino la desesperación de saber que tarde o temprano Kyo Kusanagi iba a morir, no en sus manos, sino en las de Shika, ese youkai despiadado y vengativo.

- Shika-sama - llamó Ryaku, que esperaba afuera de la habitación.

- Cuídalo bien, ne? - le pidió Shika mientras se alejaba feliz por el pasillo.

En el interior Iori cerró los ojos. El remolino de ideas en su cabeza era abrumador. Un sentimiento muy fuerte le ordenaba evitar que Shika hiriera de alguna forma a Kusanagi. Pero, ¿por qué? ¿Porque realmente era él el que quería acabar con ese joven rival? ¿O porque... Porque quería protegerlo a toda costa?

Años atrás no le hubiera importado. Que mataran a Kyo, que acabaran dolorosamente con él. Pero ahora... ¿desde cuándo había empezado a sentir eso?

Desde que supo que iba a morir pronto... se respondió. En verdad morir no le importaba, pero en su interior deseaba que su destino no hubiese sido así. No podía imaginarse otra clase de vida, peleando, tratando de ser el más fuerte, odiando a quien el destino le ordenaba odiar. Que todo siguiera igual durante algunos años más, pensó. Que el odio contra los Kusanagi siguiera presente, que Kyo volviera a enfrentarlo con ese rencor de la primera vez. Al fin y al cabo, incluso odiándose Kyo sería suyo. En la muerte uno no tiene nada. Y está solo.

"¿No deseas un poco más de tiempo?", había preguntado Shika seductoramente, invitándole a aceptar. Claro que quería tiempo, ahora sí. Pero ese demonio le pediría algo a cambio y Iori no podía imaginar qué.

Las horas pasaban y él continuaba despierto y pensando. La antorcha enviaba sombras sobre él, como cuando era niño y estaba solo con el fuego. La misma sensación de temor, de indecisión. De soledad...

- Pero no estás solo... Yo siempre he estado contigo... - dijo esa voz tan familiar en su cabeza haciéndolo volverse a un lado sobre la almohada, cubriéndose las orejas.

- Vete... Me estás volviendo loco... No estás conmigo, ¡nunca has estado conmigo!

- ¿Iori...? - Las pequeñas manos se posaron en su espalda, cálidas.

- ¡Dije que te fueras! - Ah, que bien. Ahora estaba discutiendo con una persona imaginaria.

- Iie {no}.

Finalmente Iori se levantó y observó fijamente la cama donde estaba, como si pudiera ver al pequeño que hablaba.

- Vete, es peligroso que estés aquí... - dijo después de unos segundos, con una voz demasiado suave y demasiado preocupada - ... Kyo...

***

*Notas:
- Iori y Kyo están imaginando cosas... ¿los estaré volviendo locos? ^0^' Ah~ el placer de torturar bishounen...
- Insisto: "e Iori" se ve muy mal. Bear with me, continuaré usando "y Iori" y llenando el fic de errores de ortografía/gramaticales.


 

Capítulo 23: Hiasobi {Jugando con Fuego}

La desaparición de Iori Yagami tenía de cabeza a los organizadores del torneo. Los videos lo habían capturado todo, el súbito ataque, el momento en que el pelirrojo parecía desvanecerse en el aire. Los espectadores y fanáticos se habían creído el cuento del espectáculo sorpresa, pero el torneo no podía continuar hasta que Yagami apareciera.

Inventando un millón de estúpidas excusas, el torneo fue suspendido hasta nuevo aviso, mientras en secreto se enviaba a varias personas para que investigaran el paradero de uno de los peleadores más apoyados del torneo.

El Urameshi Team estaba reunido frente al televisor, escuchando las excusas inventadas por los organizadores. Los cuatro estaban ahí, frustrados. Yuusuke tenía la mirada baja, acababa de regresar del Reikai, donde Koenma le había dado algunas graves noticias, y se disponía a discutir las nuevas órdenes con sus compañeros.

Kuwabara tomaba todo casi a la ligera. Nadie amenazaba el mundo esta vez, y la persona a la que tenían que ayudar no era su amigo, así que era sólo una misión como Reikai Tantei, por lo que estaba más relajado que los demás. Hiei, como siempre, parecía totalmente indiferente, pero a diferencia de otras veces daba la impresión que estaba dispuesto a ayudarlos. No era su lucha, pero ahí estaba.

Por último Kurama. Él se había involucrado demasiado en todo el asunto. Si bien no conocía a Yagami, deseaba ayudarlo por Kyo. Además, él era el único que comprendía lo que es perder a un ser querido, y no quería que Kyo tuviera que pasar por eso a tan temprana edad. El joven se había quedado en el hotel, junto con King que, amablemente, se había ofrecido a hacerle compañía. Al menos así Kurama no tenía que preocuparse por el bienestar de Kyo.

- Hablé con Koenma - dijo Yuusuke al fin, bajándole el volumen al televisor mientras salían los resúmenes de las peleas efectuadas hasta ese día -. Yagami no está muerto, Koenma dice que su alma no ha pasado por el Reikai... todavía. Pero mientras estaba allí entró un youkai exigiendo una recompensa que resultó ser la que Enma le daría al que acabara con Yagami. El youkai se llevó la recompensa...

- ¿Quién era? - preguntó Kurama suavemente.

- No lo sé, pero dijo servir a un youkai poderoso llamado Shika.

Los ojos de Kurama brillaron un segundo antes que Yuusuke continuara:

- Por lo que entendí, Shika tiene a Yagami en su guarida, y piensa mantenerlo ahí hasta su muerte. Enma ya le entregó la recompensa de vida eterna a Shika así que... - Yuusuke bajó la mirada, luego clavó sus ojos en los de Kurama, que esperaban serenos a pesar de todo -. Esta misión está oficialmente cerrada.

- Nani? {¿qué?} - exclamó Kuwabara -. ¿Así de fácil?

Yuusuke asintió seriamente, pero Kurama esbozó una débil sonrisa:

- Hay algo que no nos estás diciendo.

Ante esto el muchacho de cabello negro sonrió abiertamente, asintiendo de nuevo.

- Koenma me advirtió que a partir de ahora todo lo que hagamos ya no será aceptado por el Reikai, estaremos actuando por nuestra cuenta. Podríamos meternos en problemas - Yuusuke sonrió maliciosamente ahora -, ¿qué dicen?

Kuwabara hizo una señal con los pulgares levantados, y Hiei sonrió con un ligero "hn".

- Yoshi! - exclamó Yuusuke. Ese era su equipo, siempre unidos, pasara lo que pasara -. ¡No dejaremos que un youkai se salga con la suya!

Para Yuusuke era cuestión de orgullo. Unos youkai habían pasado por sobre el Urameshi Team, SU equipo, como si nada. Ellos habían fallado en proteger a Yagami una vez, pero no volvería a suceder. Recuperar a Iori sería suficiente para enmendar ese fracaso.

- ¿Qué sucederá cuando el Reikai se entere? - preguntó Kuwabara.

- Quizás manden a un ejército a detenernos, o pongan una recompensa por nuestras cabezas - comentó Yuusuke inocentemente, provocando que Kuwabara sudara una enorme gota. En seguida se echó a reír -. Shinpai suru na {no te preocupes}, Koenma nos ayudará tanto como pueda.

Kurama asintió más tranquilo ahora. Observó a sus compañeros. Ellos conseguirían rescatar a Yagami.

Pero la sombra de una duda se albergaba en su corazón: esta no era la lucha de ellos, y tenía razón. Ir por la revancha no era suficiente para desplegar el verdadero poder de esos muchachos.

***

En su habitación de hotel Kyo se levantó de golpe. Al instante sintió como todo giraba vertiginosamente mientras el dolor de cabeza se hacía más y más fuerte. Abriendo los ojos con esfuerzo debido a la luz encendida, miró alrededor y reconoció la suite que alquilaba. No estaba solo, había alguien esperando en la salita.

Saliendo de la cama, caminó torpemente hacia la puerta. Vio a King sentada en el sofá con los brazos cruzados y una expresión seria en el rostro, frente al televisor. Al notarlo, ella se volvió y su rostro se suavizó.

- Te dije que no tomaras tanto - comentó.

Kyo salió a tropezones y se dejó caer en el sillón a su lado, frotándose los ojos enrojecidos e intentando despejar su mente. Las ventanas de la salita estaban abiertas, y el aire frío refrescaba su pecho descubierto. Las lágrimas se habían acabado. Se sentía determinado a matar a esos malditos youkai que lo habían hecho pasar tan mal rato.

- ¿Qué estás haciendo aquí? - preguntó Kyo sin mirarla, cerrando fuertemente los ojos y luego volviéndolos a abrir, esperando que las brumas se apartaran.

- No lo recuerdas, ¿verdad? - King parecía divertida al verlo en ese estado. Definitivamente le gustaba más verlo así que verlo deprimido -. Tu amigo y yo te trajimos hace un rato.

- ¿Ah sí?

En la televisión pasaban por enésima vez la pelea de Iori contra el Female Team, en el momento en que fue interrumpida tan espectacularmente. Kyo observó la pantalla parpadeante donde se veía a sí mismo junto a un caído Kurama y a Yagami un poco más allá. Iori no estaba bien, parecía a punto de entrar en el Riot de nuevo. Luego lo que él sabía que pasaría: Yagami corriendo hacia él para apartarlo con violencia, y la súbita desaparición.

Durante un momento la angustia volvió a Kyo. Sintió el abrumante temor de no saber si Yagami seguía vivo o no. Estaba decidido a encontrar a esos youkai como fuera, pero ¿qué tal si ya era demasiado tarde? ¿Y si Yagami...?

- Kusanagi... - King se apartó, volviéndolo a la realidad. Sorprendido, vio que su cuerpo estaba envuelto en pequeñas llamas furiosas, que apagó al instante cerrando fuertemente su puño. De pronto recordó lo que había pasado el día que conoció a Kurama, hacía unas semanas. Había invocado a su fuego y un enorme youkai había aparecido irrumpiendo en la heladería donde ellos se encontraban. Kurama le había explicado que su poder, y el de Yagami, era capaz de abrir fisuras entre los mundos y por eso el Reikai, temeroso, había ofrecido recompensas por ellos, para evitar cualquier tipo de amenaza. Kyo se dio cuenta del verdadero significado de esas palabras. Él podía ir al otro mundo con sólo elevar su poder al máximo. Él podía ir hacia donde estaba Yagami. Observó a King, indicándole que retrocediera, pero ella pareció leer sus pensamientos y sujetó sus brazos antes de que el fuego se encendiera -. ¡Chotto matte! {¡Espera un momento!} - exclamó. Kyo la miró fijamente, había algo que ella sabía y no se lo había dicho.

- ...'nda... {¿...qué pasa...?} - murmuró el joven y King se puso de pie, poniendo sus manos en la cintura con un gesto severo.

- No recuerdas lo que pasó, no seas tan impulsivo - lo reprendió firmemente. Se quedaron frente a frente un momento, y al fin King continuó -: En la tarde Chizuru quedó con encontrarse contigo en el Memoirs pero bebiste demasiado. Cuando ella llegó tuvo una seria conversación con tu amigo pelirrojo...

"¿Kurama? ¿Kurama fue al Memoris? ¿Ya está bien?", pensó Kyo para sí.

- ... Chizuru vio en su espejo todo lo que había sucedido. Ella y Kurama (Kurama era su nombre, ¿verdad?) hablaron sobre otros mundos, y la forma de llegar a ellos. - King se relajó, dejando caer los brazos a los lados, como si estuviera cansada -. No es sólo cuestión de elevar tu energía, Kusanagi. Tienes que encontrar un lugar donde el límite entre los mundos sea débil.

Kyo sonrió ligeramente.

- ¿Dónde? - preguntó. King le dirigió una linda e inocente mirada, sin contestar -. Tú te involucraste al contarme eso, ahora dime, ¿dónde está ese punto débil?

- Kusanagi... deberías irte a dormir - respondió King, aunque sabía que era inútil resistirse. Kyo se veía decidido y nada lo iba a detener. Se encogió de hombros -. Detrás del Memoirs - dijo al fin, y el joven fue a su habitación para vestirse.

"Juventud impulsiva", pensó King para sí mientras observaba la espalda desnuda de Kyo a través de la puerta entreabierta de su habitación.

***

- Kurama... - Yuusuke y el pelirrojo caminaban delante de Kuwabara y Hiei, que se estaban ignorando. Era de madrugada, todo estaba silencioso. Los pasos del grupo resonaban por las calles desiertas mientras se dirigían al Memoirs. Chizuru y Kurama habían encontrado ese pasaje al Makai detrás del bar y estaban listos para ir al otro mundo. Pero Yuusuke quería saber algo -: ¿No le vas a decir a Kusanagi? - preguntó -. Estaba muy preocupado por ti, ya sabes... Después de que te hirieran...

- No creo que sea necesario - sonrió Kurama. Vestía su larga túnica china, y en ese momento sus manos estaban hundidas en sus bolsillos. Esa respuesta era más una excusa, la verdad era que Kurama sabía muy bien qué sucedería si le decía a Kyo lo que pensaban hacer: el joven querría ir con ellos, y Kurama no estaba dispuesto a permitirle ir al Makai. Era suficiente con tener a un ningen perdido ahí. No quería arriesgar a Kyo.

Así, en silencio, llegaron frente al bar y entraron. El guardia en la puerta quiso pedirles su identificación, o un comprobante de mayoría de edad, pero reconoció a Kurama, que ya había estado allí y no dijo nada.

Dentro del bar las meseras ordenaban todo preparándose a cerrar, pero se detuvieron un momento para saludarlos cordialmente. Katsuki, el dueño, estaba tras la barra y los observó mientras ellos se acercaban. Debían verse bastante extraños, dos muchachos con aspecto de delincuentes juveniles acompañados por un joven vestido con túnica y otro cubierto con un manto negro.

- Buenas noches - saludó Katsuki amablemente, yendo hacia ellos como si supiera a qué iban -. Por aquí - les indicó, llevándolos al vestidor de las meseras. No se detuvieron allí, sino que salieron a un pequeño depósito repleto de botellas y todo tipo de bebidas.

El Urameshi Team se detuvo antes de entrar. No estaban solos. King y Kyo esperaban sentados sobre cajas vacías. El joven levantó la vista al oírlos entrar y les dirigió una larga y significativa mirada.

- ¿No pensaban irse sin mí, huh? - preguntó, y al terminar la frase sus ojos se detuvieron en Kurama, como si supiera sus intenciones.

Yuusuke no tenía objeción para llevar a Kyo, después de todo, Koenma les había hablado de que era poderoso, y unos youkai no podrían con él... Aunque, después de ver la facilidad con que los youkai se habían llevado a Yagami... Ah, que demonios... Ellos también habían sido vencidos, llevar a Kyo como apoyo no estaría de más.

- ¿Tú también vas? - preguntó Yuusuke observando a King. Ella negó con la cabeza pero se puso de pie para que el muchacho pudiera examinar el portal que se encontraba tras las cajas.

Kurama aprovechó el momento y llevó a Kyo a un lado, sintiendo los ojos de Hiei clavados en ellos.

- El Makai es peligroso - le dijo Kurama al joven, que sonrió con la confianza que mostraba cuando estaba a punto de pelear en el torneo.

- Debe serlo - asintió -. Por eso quiero ir.

Notando el súbito cambio en Kyo, Kurama no pudo menos que sonreír. Se veía determinado, listo para acabar con los youkais que se habían atrevido a poner sus garras sobre Iori Yagami. Sin embargo, a pesar de la sonrisa, Kurama sabía lo que Kyo estaba pensando. Si ya está muerto... Si es demasiado tarde... Si no lo conseguimos...

Debería haberle dicho que el alma de Iori aún no había pasado por el Reikai, pero dudó. No quería darle falsas esperanzas en caso de que llegaran tarde.

- ¿Estarás bien? - preguntó Kurama rozando la mano del joven con dos dedos. Era sólo un ningen, tan frágil. A Kurama no sólo le preocupaban los peligrosos youkai sino lo que pudieran encontrar cuando llegaran al castillo de Shika.

Si los eventos de hacía unas horas habían sido demasiado para Kyo, ¿cómo reaccionaría si Iori ya estuviera muerto para cuando ellos llegaran?

Kurama perdió el hilo de sus pensamientos cuando se encontró con los ojos oscuros de Kyo fijos en los suyos. Era diferente, este era el Kyo sucesor de los Kusanagi, decidido y confiado. Iba a conseguir lo que quería, la determinación de sus ojos se lo decía:

- Esté vivo o muerto... - murmuró Kyo para que sólo Kurama lo oyera -: Ese maldito youkai tendrá que enfrentarse a mí, lo haré pagar...

Asintiendo, Kurama volvió a rozar su mano. El joven podía decir lo que quisiera, podía parecer furioso o rudo, pero él sabía lo que había en su corazón y se lo hizo notar. Estaba angustiado, realmente angustiado. Al fin la mirada de Kyo se suavizó un poco y apoyó su cabeza en el hombro de Kurama durante un segundo. Luego se apartaron.

Hiei frunció el ceño mientras desviaba su atención a lo que estaba haciendo Yuusuke.

- Bastante pequeño - comentó el muchacho -. Tendremos que arrastrarnos para pasar.

- ¿Puedes ver si está abierto? - preguntó Kuwabara asomándose por sobre Yuusuke.

- No... La energía que separa los mundos está intacta.

Los dos se volvieron hacia Kyo, como esperando que él actuara.

- Está en tus manos, Kusanagi - dijo Yuusuke, indicándole que era ahora cuando debía elevar su energía al máximo.

El joven asintió y todos retrocedieron unos pasos cuando las llamas empezaron a envolverlo. Era como si su energía encendiera el aire y lo hiciera arder en miles de pequeñas flamas anaranjadas. Esa misma energía hizo que su cabello se sacudiera violentamente, junto con su chaqueta blanca que ondeaba como si estuviera expuesta a un fuerte viento. El fuego alcanzó el techo y las llamas lamieron la pintura, incapaces de ir más allá. King le indicó a Katsuki que era mejor retirarse hacia la puerta. Yuusuke y los demás también retrocedieron un poco más, dejándole espacio libre al fuego, que pareció enloquecer y descontrolarse, saltando de un lado a otro, como si estuviera atrapado entre las cuatro paredes.

Durante un momento nada sucedió, pero después empezaron a sentir el ligero temblor en el suelo mientras la figura de Kyo desaparecía en medio de las llamas.

King frunció el ceño. ¿Era este el verdadero poder de Kyo? Eso significaba que cuando luchaba en el torneo no utilizaba ni la tercera parte de todo su potencial. Era igual que Yagami en eso, pensó. Ocultando su poder hasta el último segundo.

Sin embargo, a pesar de que Kyo estaba en llamas y que todos podían sentir el terrible incremento de su reiki, Yuusuke aun no podía ver que el portal se abriera.

- No está funcionando - dijo, y Kyo se detuvo, confundido. Jadeó un poco mientras el fuego se apagaba lentamente hasta no ser nada más que una llamita en la palma de su mano, que él sofocó con sólo cerrar el puño -. No lo entiendo...

Con un gemido apagado, Kyo se llevó una mano al pecho, inclinándose hacia adelante hasta quedar con una rodilla en el suelo. Kurama se acercó.

- Daijoubu? {¿Estás bien?} - preguntó. Kyo lo observó un momento, había dolor en sus ojos, y algo de sorpresa. El joven rozó sus labios y luego levantó su mano para que Kurama viera: sangre. Los ojos de Kurama se entrecerraron comprendiendo que aquello había sido más de lo que el cuerpo de Kyo podía soportar -. Ven, descansa un poco - le sugirió, y lo llevó al vestidor, para que se sentara en el sillón.

Yuusuke los siguió preocupado:

- Nan da? {¿qué pasa?} - preguntó. Kurama le respondió con una mirada tranquilizante.

- Todo está bien, Yuusuke. Kusanagi-kun debe descansar un poco antes de intentarlo de nuevo - explicó, y Yuusuke regresó al depósito, para volver a revisar el portal. Quizás sí se había abierto después de todo.

- Hey... - Kurama sujetó el brazo de Kyo al ver su mirada perdida. El joven se volvió hacia él, aun tenía un hilillo de sangre corriendo por sus labios. Su mano seguía contra su pecho.

- I... Itai... {D... duele...} - murmuró. No podía creer que eso era lo que Iori sentía cada vez que utilizaba su fuego.

No sólo eso preocupaba a Kyo ahora. ¿Qué tal si no era capaz de abrir la fisura para ir al Makai? Estaban perdiendo tiempo ahí... Tosió un poco y sintió los brazos de Kurama sosteniéndolo. Observando la sangre en sus manos recordó cómo había visto a Iori así la mañana del día anterior. La cantidad de sangre le había preocupado, pero recién ahora comprendía el verdadero dolor...

Sintió que alguien lo observaba y levantó los ojos. Era Hiei, apartado pero observándolos. Kurama aún tenía sus brazos alrededor de Kyo, pero su mirada también estaba fija en ese pequeño y furioso demonio de fuego. Estaban sólo los tres en el saloncito. Yuusuke y Kuwabara seguían en el depósito, Katsuki y King habían salido a terminar de cerrar el bar.

El ambiente era tenso en ese lugar. Kyo observaba a Hiei, que observaba a Kurama con el ceño fruncido. Parecía que en sus ojos rojos dos llamas ardientes brillaban airadas. Traición, dolor... El joven no pudo evitar volverse hacia Kurama y vio su mirada triste. Realmente... "Esto es lo que Hiei teme... que tú digas que lo amas mientras compartes tus noches con otra persona..."

- Hn - fue Hiei el que hizo el primer movimiento, lanzó una sonrisita despectiva, burlona.

En ese momento Yuusuke se asomó al saloncito y se quedó mirando a Kyo y a Kurama. ¿Estaban abrazados? Sacudiendo la cabeza, Yuusuke llamó:

- Oi, Kurama, ven un momento, ¡mira!

El pelirrojo se puso de pie y se dirigió despacio al depósito, no sin antes mirar a Hiei con algo de pesar.

Oh, bien, ahora Kyo y Hiei estaban solos... Y observándose fijamente. El joven no pudo evitar pensar lo amenazante que se veía ese youkai. A pesar de su tamaño, y su rostro tan hermoso, con esos ojos rojos y las finas hebras de cabello negro cayendo sobre ellos, más los curiosos mechones blancos en forma de estrella... A pesar de todo eso Hiei emanaba una sensación atemorizante. Igual que Yagami.

Fue entonces que Hiei sonrió de nuevo, maliciosamente. Dio un paso hacia atrás, hasta que su espalda tocó la pared y, cruzándose de brazos, comentó:

- Parece que Kurama ya se consiguió otro amante. - Resaltó la palabra "otro", pensando que, si sus sospechas eran correctas, eso le dolería tanto a Kyo como le dolía a él mismo. Pero el joven sólo frunció el ceño.

- ¿Qué tiene que seamos amantes? - preguntó tranquilamente.

Aquello, aunque por un lado se lo esperaba, tomó desprevenido a Hiei. Ahí, delante de él, ese ningen había aceptado que era amante de Kurama.

Hiei no pudo continuar, pero sus labios se entreabrieron cuando sintió un dolor en su pecho. Había mantenido viva la esperanza de que las palabras de Kurama fueran verdad... A pesar de todo había querido creer que realmente lo amaba... Y ahora... Ahora se encontraba frente a frente con un estúpido ningen que decía tan tranquilamente ser amante del youko.

La furia lo invadió, apagando la sensación de haber sido traicionado. Quiso lanzarse sobre el joven pero algo se lo impidió. Simplemente no había sido capaz de resistirse a la seducción de Kurama... No podía matarlo por eso. Ambos se encontraban en la misma situación.

¡Pero, demonios! ¡Tenía que descargar su furia en algo! Su mano ya se había cerrado alrededor de la empuñadura de su peligrosa katana.

- No me importa - continuó Kyo mirándolo fijamente a los ojos -. Porque yo sé que es a ti a quien realmente ama...

Confusión. Pero Hiei no quería aceptarlo. ¿Ese ningen se atrevía a burlarse de él?

- ¿Qué sabes tú? - gruñó. Para su sorpresa, Kyo se puso de pie y avanzó hacia él.

- Sé que eres un idiota al no darte cuenta de lo que pasa frente a tus propios ojos - respondió -. Tienes a alguien que te quiere, ¿no lo entiendes? ¡No comprendo cómo puedes ser tan estúpido como para negarte a tus propios sentimientos!

Se oyó un agudo sonido metálico y al segundo siguiente Kyo sintió la fría y aguda hoja de la espada de Hiei contra su cuello.

- Kurama me lo ha dicho - insistió Kyo tercamente. Si era el momento de arreglar las cosas entre los dos youkai pues no podía dejar pasar esa oportunidad -. Y durante las noches... es a ti a quien llama entre sueños...

Aquello era verdad, reconoció Kyo. Un par de veces, durante el momento más intenso de la noche, había oído claramente que Kurama gemía en su oído. Podría haber sido un sonido cualquiera de placer pero más parecía un llanto ahogado: "Hiei..."

- ¡No te creo! - exclamó el youkai de fuego, presionando más la hoja de su espada contra el cuello del joven.

- ¡¿Y qué ganaría yo con mentirte?! - le soltó Kyo. Hiei iba a reponer algo cuando de repente su espada fue apartada con un golpe y tuvo que saltar hacia atrás, en el reducido espacio del salón, cuando el rastro de las llamas de Kyo pasaron rozando su rostro.

El youkai frunció el ceño. Sintió cómo el joven elevó su energía y tuvo una idea. Además, deseaba deshacerse de la furia que lo llenaba y nada mejor que pelear un rato. Se inclinó, empuñando se espada firmemente, y corrió hacia adelante, usando su velocidad para desaparecer justo frente a Kyo y atacarlo desde el otro lado.

Sin embargo se encontró con que el joven ningen giró sobre sí mismo, dejando llamas a su alrededor, que lamieron la espada de Hiei y corrieron por ella hacia su mano, encendiendo los vendajes que mantenían bajo control a su dragón negro.

Al instante Hiei cambió de mano su espada y levantó sus dedos ardiendo en llamas escarlata. Con un movimiento de muñeca las dominó, aunque pudo sentir claramente lo diferente que era del fuego normal, o del fuego negro.

Mezclando aquel fuego extraño con su poder oscuro, Hiei le lanzó la llamarada a Kyo, que se limitó a responder con otra, mientras poco a poco todo su cuerpo comenzaba a arder. De pronto Hiei notó que, aunque parecía dominarlas, las llamas de Kusanagi se rebelaban a él, incontroladas. Kyo sonrió.

- Sólo aquellos de nuestro linaje, los Yagami y los Kusanagi, pueden controlar ese poder.

Hiei sonrió también, apagó las llamas fácilmente, reemplazándolas por su fuego.

- Kurae! {¡Toma esto!} - gruñó Hiei. Dejó la katana atrás, invocando a su propia espada de fuego negro. Kyo retrocedió un salto, detuvo el golpe con su brazo envuelto en fuego escarlata y empujó a Hiei hacia atrás, que volvió a sonreir. La energía de Kusanagi subía con cada golpe, y llamó la atención de Yuusuke, Kuwabara y Kurama, que corrieron a ver qué estaba sucediendo.

- ¡Hiei! ¡Kyo! - exclamó Kurama al encontrarse con una habitación que era devorada por llamas negras y escarlata. De pronto vio la sonrisa en los labios de Hiei, y la expresión de Kyo. Algo raro pasaba ahí. Era como si estuvieran peleando, pero no por una ofensa o porque se odiaban... ¡Hacía tanto tiempo que no veía esa sonrisa en Hiei! Parecía satisfecho al encontrar a un ningen que pudiera hacer frente a sus técnicas de fuego. Ambos ardían ahora, y las llamaradas eran más espectaculares cada vez. No mortales, pero sí lo suficientemente poderosas como para cancelarse unas a otras, mientras el youki de Hiei y el reiki de Kyo continuaban elevándose.

- No lo haces mal... - aceptó Hiei con una extraña sonrisa mientras el fuego los envolvía y los ocultaba de las miradas de sus compañeros - ... para ser sólo un ningen...

Hasta el momento, el youkai no había utilizado ni la mitad de su poder, pero le pareció que ya era suficiente de estar probando al joven y con un parpadeo de energía utilizó su velocidad para iniciar un nuevo ataque. Tuvo tiempo de saltar hacia atrás y volver a sujetar su katana antes de que Kyo se diera cuenta y luego saltó sobre él, lanzando un golpe que, si Kyo no conseguía evitar, lo iba a partir por la mitad.

- Yamero {detente}, Hiei! - oyó que gritaba Yuusuke.

El suelo tembló y se oyó el sonido de las llamas al estallar furiosas. El youkai se detuvo en medio del aire. Su katana estaba atrapada entre las manos de Kyo, que lo observaba fijamente, sus ojos tornándose del color del fuego de alrededor.

Con un rugido, Kyo apartó la katana violentamente, enviando al ligero pero poderoso youkai contra la pared. Hiei giró en el aire antes del impacto y sus pies se posaron firmemente en el muro, utilizó su propio impulso y se lanzó de nuevo contra Kyo, la punta de su espada atravesando las barreras de fuego y apuntando directamente al corazón de joven.

Como una cortina que se aparta, el fuego escarlata desapareció, dejando a Kyo al descubierto. La trayectoria de Hiei era perfecta, hacia el pecho descubierto del joven. Pero súbitamente notó que Kyo esperaba con la mano derecha en alto, donde una llama diferente a las demás se agitaba violentamente. Su mano izquierda estaba crispada, indicando el esfuerzo que requería para mantener a esa flama bajo control. No podía detenerse, Hiei iba directamente hacia el joven que gritó:

- Kurai yagare...! OROCHINAGI!

Kyo dejó ir, al fin, el fuego, que avanzó hacia adelante como una serpiente aumentando su tamaño hasta devorar completamente al pequeño youkai oscuro.

Yuusuke y Kuwabara estaban sin habla. Kurama estaba a medio camino entre ellos, y Kyo y Hiei, en el borde delimitado por las llamas.

- ¡Hiei! - gritó al ver a su amado youkai desaparecer en el golpe de Kyo. Su nivel de poder era abrumante para ser sólo un ningen, y era seguro que el portal ya debía estar abierto.

Lentamente todas las llamas se apagaron, dejando a la vista los muebles chamuscados, pero no quemados. Kyo estaba apoyado en la pared, con la mano en el pecho y jadeando dolorosamente. Sus ojos se abrieron despacio y vio a Hiei frente a él, guardando cuidadosamente su katana en la funda.

- Hn... - Hiei le dirigió una media sonrisa que sólo Kyo pudo notar y luego se dirigió, como si nada hubiese pasado, al depósito donde el portal recién abierto esperaba para llevarlos al Makai.


 

Capitulo 24: I'll Give You... Kagirinai Inochi {Te daré... la vida eterna}

Un par de golpes en la puerta despertaron a Iori. Abrió los ojos lentamente y notó que ya había amanecido. No podía recordar hacía cuánto se había quedado dormido, pero se sentía cansado. Se volvió hacia la puerta, que se abría en ese momento, pero no se levantó. Frunció el ceño al ver que quien entraba era Shika.

Durante un momento pensó que todo había sido una pesadilla pero ahí estaba ese demonio de nuevo, envuelto en su elegante túnica y con una mirada de satisfacción en sus ojos amarillos.

- ¿Qué crees? - preguntó Shika acercándose y tomando asiento a su lado en la cama. Sólo entonces Iori notó que, aunque lo hubiese deseado, su cuerpo se negaba a moverse. Poco a poco recordó lo que había sucedido la noche anterior. Ahora el youkai lo observaba fijamente, sus mechones blancos caían sobre sus ojos dándole un aspecto seductor. Su mano recorrió el brazo de Iori lentamente, suavemente. Luego continuó -: Ese muchacho que te gusta tanto... Kyo, ¿verdad? - Iori gruñó algo pero Shika no le hizo caso -. ¿Recuerdas que lo iba a ir a buscar? Oh, bueno... Ya no será necesario. - Aquí Shika rió suavemente, la expresión de Iori no cambió -. Él viene hacia acá. Y me ahorrará un gran trabajo.

Hubo una pausa en la que Shika sujetó el brazo de Iori con fuerza, y él lo retiró bruscamente.

- Doushimashita ka {¿qué pasa?} - preguntó el youkai apartando su cabello -, ¿no te alegran las noticias?

Iori le respondió con una mirada helada.

- Nani wo tsumori da {¿qué pretendes con todo esto?} - gruñó. Shika hizo un gesto de inocencia.

- Ya verás, es una sorpresa - sonrió. Pareció recordar algo y se puso de pie, entrelazando sus manos tras su espalda -. ¿Ya pensaste en mi ofrecimiento? - quiso saber.

No hubo respuesta.

- Ah... entonces sí lo hiciste - continuó Shika -. De seguro lo estuviste pensando toda la noche, ne...

"Toda la maldita noche..." se dijo Iori.

No respondió. Shika suspiró, frunció el ceño y le hizo un gesto para que se levantara.

- Ven - le dijo, más que una invitación una orden. Y Iori obedeció, aunque su cuerpo deseaba quedarse acostado para siempre.

Llevó al joven a través de largos pasillos a los que daban varias puertas cerradas. El techo era alto, tanto que la luz de las antorchas apenas alcanzaba a iluminar su superficie. Detrás de ellos iba Ryaku, siguiendolos en silencio hasta que llegaron a un enorme salón.

Shika se dirigió al asiento que había allí y observó un momento lo que parecía ser un espejo. Murmuró algo para sí y luego observó a Iori. Hizo un gesto con su mano y Ryaku avanzó hacia él. Shika sólo sonrió.

Iori no pudo evitar adoptar una posición defensiva. La forma en que Ryaku lo miraba era amenazante, como si estuviera dispuesto a cortarle la cabeza.

Como era de esperarse, Ryaku avanzó contra él. Durante un segundo Iori trató de invocar a sus llamas, pero un súbito dolor le recordó que su cuerpo estaba demasiado débil como para hacerlo. Tuvo que saltar hacia un lado para evitar el golpe de Ryaku, que no pensaba dejarlo ir tan fácilmente.

Deteniendo un golpe con el antebrazo, Iori contraatacó desgarrando la extraña piel de ese youkai y luego lanzando un golpe hacia su rostro, donde la herida que le había producido la espada de Hiei aún no desaparecía.

Con un gemido de dolor, Ryaku retrocedió un poco, limpiando la sangre. Allá en el Ningenkai este joven había parecido tan fácil de vencer... Sin embargo ahora...

Volviéndose hacia él, quiso devolver la ofensa pero se encontró con que el pelirrojo detenía sus golpes sin mucho esfuerzo. Se detuvo en seco al notar que hasta Iori se veía sorprendido.

Shika rió.

- Ya deténganse - ordenó.

Ryaku retrocedió, maldiciendo para sí al notar que la sangre no dejaba de brotar.

Lentamente Iori apoyó una rodilla en el suelo, se llevó una mano al pecho, furioso. No había hecho mucho esfuerzo y de nuevo le estaba sucediendo eso. Jadeó intentando respirar. Era como si de repente su corazón se hubiese negado a seguir latiendo. Un entumecimiento empezó a invadirlo y tuvo que apoyarse con las manos en el frío suelo de piedra, delante de Shika. El otro youkai, Ryaku, observaba todo atentamente.

Shika jugueteó con algo entre sus manos.

- Esta es tu última oportunidad, Yagami - amenazó, irónicamente, con dulzura -. Si no aceptas mi proposición morirás en este momento.

Se escuchó una risa apagada de parte de Iori. ¿Qué importaba?

- No estoy diciendo que te mataré... - prosiguió Shika -. Morirás por la maldición que te impuso tu propio clan... Y no podrás ver qué haré con el descendiente de los Kusanagi... si es que consigue llegar hasta aquí.

Ante la mención de Kyo algo en Iori se agitó. Matarlo... protegerlo... Protegerlo de Shika para matarlo con sus propias manos... ¿Era eso? No podía recordarlo. Se sentía tan confundido...

- Acepta, sabes que quieres hacerlo - insistió el youkai.

- ¿Qué quieres a cambio? - murmuró Iori, apretando los puños. Sus mechones rojos caían sobre sus ojos y lo único que podía ver era el suelo ante él, aunque sabía que Shika estaba sonriendo.

- ¿No te dije que era una sorpresa? - respondió el youkai.

Algunas gotas de sangre cayeron al suelo, produciendo un suave sonido en el silencio del salón.

De pronto Iori sintió algo fresco tocar sus labios, un líquido que lo calmaba, que apartaba el dolor. Levantó la cabeza, dejando que ese líquido humedeciera sus labios. Sintió la mano de Shika detrás de su cabeza, sosteniéndolo firmemente. Estaban muy juntos sobre el suelo, y Iori notó que estaba apoyado en el youkai, pero no le importó. Despacio, Shika dejaba caer algunas gotas frías de una botella de cristal que tenía en su mano. Su rostro era serio, y parecía muy cuidadoso con lo que hacía. Durante un momento incluso no pareció el despreciable youkai desterrado y vengativo que era.

Los labios de Shika se entreabrieron en una sonrisa cuando Iori le hizo un gesto que parecía indicar que quería más de aquel líquido.

- Eso significa que has aceptado, ¿verdad? - preguntó, dejando que los labios de Iori tocaran la botella -. A partir de ahora y durante el resto de tu larga vida serás mío, ore no koibito {mi amante} - susurró, deslizando su brazo por sobre los hombros de Iori. La botellita casi estaba por la mitad y Shika finalmente la retiró, observando con deleite la mirada anhelante del joven -. Ch, ch, ch... guardaré un poco para después - le dijo -. Sólo recuerda que eres mío y yo te daré esto... - jugueteó con la botellita una vez más -. Kagirinai inochi... {la vida eterna}

***

En el Ningenkai King entró al saloncito del Memoirs y se sorprendió al ver los muebles cubiertos de ceniza negra. Afortunadamente no estaban estropeados (¿qué diría Katsuki?) pero sí bastante chamuscados y sucios. No había rastros ni de Kyo ni del resto de muchachos.

Corrió al depósito y vio el enorme agujero en que se había convertido el portal. No podía ver nada adentro, pero de seguro los jóvenes ya debían haber llegado a su destino. Suspiró poniendo sus manos en la cintura. Ojalá Kusanagi y Yagami regresaran a salvo, pensó. Sonrió para sí, ciertamente deseaba verlos juntos una vez más.

***

Habían estado corriendo por aquel extraño lugar durante bastante rato, notó Kyo. Urameshi y Kuwabara iban juntos adelante, seguidos por Hiei que ni siquiera parecía correr. Era como si ese pequeño demonio de fuego se deslizara suavemente por el aire, sin tocar para nada la superficie del portal.

Kyo miró hacia un lado y vio que Kurama corría junto a él, con una mano a la altura de su estómago, donde había sido herido.

- ¿Estás bien? - le preguntó preocupado. Kurama le respondió con una sonrisa.

- ¿Tú estás bien? - dijo el pelirrojo, refiriéndose al esfuerzo que había tenido que hacer para abrir el portal. Kyo sólo asintió y volvió su vista al frente, hacia Hiei.

La sonrisa que le había dirigido el youkai no se apartaba de su mente. Podía ver sus ojos rojos llenos de furia y odio al comienzo, pero luego tornándose en algo diferente, algo más familiar. La pelea que habían tenido no se había basado en odio, estaba seguro. Hiei había tenido sus motivos para atacarlo de ese modo.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Yuusuke exclamó algo. Al parecer habían llegado a la barrera que separaba los mundos y el muchacho observaba el agujero. Era como si alguien hubiese cortado una brillante malla metálica.

Cruzaron hacia el otro lado y siguieron adelante. Kyo comenzaba a preguntarse cómo sería el Makai cuando de repente el oscuro portal desapareció y una ráfaga de viento sacudió su cabello violentamente. No pudo evitar contener el aliento cuando vio que lo que hacía un momento era un estrecho pasaje se había convertido en cielo gris que se extendía hacia el horizonte. Pero eso no fue todo. Estaban en el aire, a miles de metros de la superficie y cayendo.

A su lado Kuwabara empezó a agitar los brazos como si fueran alas mientras dejaba escapar un chillido que pronto se convirtió en un grito exigiéndole a Yuusuke que hiciera algo.

- ¿Y qué quieres que haga, baka? - le gritó Yuusuke como respuesta. La velocidad de la caída había desordenado su cabello negro y toda su ropa se agitaba a su alrededor.

Era el colmo, pensó Kyo, todos esos problemas para terminar muerto contra el suelo del Makai. Sin embargo a pesar de todo algo le decía que nada malo pasaría. Kurama y Hiei no dijeron nada pero no parecían preocupados así que el joven se tranquilizó también. Algo debían estar planeando.

- ¿No podías haber abierto el portal en el suelo? - gritó Kuwabara haciendo gestos frenéticos hacia Kyo.

- Claro que podría... ¡si supiera cómo hacerlo, baka! - le respondió el joven.

Luego de unos segundos el grupo entró de lleno contra un banco de nubes y al instante salieron empapados del otro lado. Ya podían ver el valle debajo de ellos que se acercaba a gran velocidad.

- Hiei, Yuusuke, Kuwabara - oyó Kyo decir a Kurama -. Sosténganse.

Al mirar hacia arriba Kyo vio asombrado un enorme par de alas blancas... brotando de la espalda del pelirrojo. Parpadeó un par de veces, sin poder creerlo. El resto de Tantei se sujetaba de las largas ramas que adornaban las alas y lentamente Kurama planeó para detener la caída.

Él se encontraba ahora un poco más abajo que ellos y su mirada se encontró con la de Kurama un segundo. El cabello rojo alborotado alrededor, y el par de hermosas alas blancas lo hacían verse como un ángel, acercándose para salvarlo.

Extendiendo su mano, Kurama intentó alcanzarlo. El viento rugía en los oídos de Kyo y no podía escuchar lo que el muchacho le decía, pero pronto sintió la fuerte presión de su mano y luego un violento tirón cuando Kurama lo atrajo hacia sí.

- Kusanagi, estás pálido - bromeó Yuusuke mientras continuaban el descenso, más suavemente esta vez. Kyo no respondió. Ahora que estaba tan cerca de Kurama pudo ver que no eran realmente alas. Era algo extraño, sujeto mediante largas lianas a su cintura. Acaso era... ¿una planta?

Hiei debió haber notado si expresión sorprendida porque Kyo pudo ver su sonrisita despectiva.

***

- Whew...

Yuusuke se dejó caer en el suelo echándose el cabello de vuelta hacia atrás.

- ¿Por qué los portales no pueden dar justo frente a un hotel o algo por el estilo? - se quejó Kuwabara, aún no repuesto después de haber estado cayendo directamente desde el cielo.

Nadie contestó. Kyo observaba los alrededores sintiendo el extraño ambiente de ese mundo. El cielo gris se oscurecía a medida que se alejaba en el horizonte, y de vez en cuando podían ver un relámpago atravesando las lejanas nubes negras. Se encontraban en un valle, pero no muy lejos de ahí se alzaba una enorme muralla de verdes árboles.

- Kurama, Hiei, ¿saben dónde estamos? - preguntó Yuusuke.

Kurama se volvió hacia él.

- El refugio de Shika está pasando ese bosque - dijo. Cómo lo sabía con tanta exactitud, nadie se atrevió a preguntar, pero Kyo y Hiei notaron el misterioso brillo pensativo de sus ojos verdes.

- Vamos - indicó Yuusuke y echó a andar, ellos lo siguieron en silencio.

Después de algunos minutos, cuando ya se habían adentrado en el bosque, Kurama se hizo cargo de guiarlos al notar que Yuusuke estaba bastante desubicado y dando algunas vueltas en círculo. Hiei se alejó de ellos, haciendo su camino por las altas ramas de los árboles.

Era otro mundo, se decía Kyo, pero el sonido del viento en las hojas, o los pájaros cantando, lo hacían muy similar al mundo de los humanos. Las plantas eran diferentes, enormes, y los árboles tenían formas retorcidas que jamás había visto, pero le daba la impresión de no haber salido del Ningenkai.

¿Dónde estaría Iori?, se preguntó. ¿Cómo estaría? Si algo le había pasado iba a matar a todos esos malditos youkai. Cerró los ojos con fuerza cuando sintió que la rabia lo invadía. Apretó los puños. Ese tal Shika, y el demonio que había interrumpido el torneo, ambos se las iban a tener que ver con él.

Maldita sea... hacía tiempo que no se sentía tan molesto.


 

Capitulo 25: Para Apreciar lo que es Tuyo

La noche cayó sobre ellos silenciosa y desapercibida. Parecía que hacía unos minutos caminaban iluminados por el sol del atardecer cuando las tinieblas se cerraron alrededor del grupo de jóvenes que cruzaba el bosque. Estaban cerca del castillo de Shika, e inconscientemente hablaban en murmullos, como si temieran ser escuchados.

Se detuvieron en un claro, rodeado por altísimos árboles y plantas de aspectos extraños. Yuusuke miró a su alrededor. Parecía un lugar tranquilo. Podrían pasar la noche ahí sin miedo a ser devorados por algún youkai salvaje.

- Vamos, Kuwabara - exclamó Yuusuke de repente, arrastrando a su alto amigo por entre los árboles.

- Eh, eh, ¿eh? Nani? - tartamudeó Kuwabara ante el súbito tirón.

- Vamos a recoger leña, no queremos morir congelados por la noche del Makai - explicó Yuusuke y desaparecieron entre los árboles.

Kyo miró a Kurama. Estaba solos... No... Mirando hacia arriba, hacia los árboles, el joven notó que una sombra lo observaba desde lo alto. Una sombra no muy alta, vestida de negro, con fieros ojos rojos.

No hizo ningún movimiento, sólo se volvió para mirar a Kurama de nuevo, que se había inclinado junto a un árbol, tocando la tierra con la punta de sus dedos. De súbito, y para sorpresa de Kyo, una enredadera surgió de atrás del árbol y rápidamente creció hasta convertirse en un mullido montón de suaves hojas verdes. Kurama se volvió hacia él y sonrió.

- Ven, siéntante - le invitó, tomando asiento para indicarle que todo estaba bien. Kyo no se movió, se limitó a meter las manos en los bolsillos, con gesto serio. ¿Qué pretendía ese pelirrojo? Era obvio que sabía que Hiei estaba en lo alto del árbol observándolo. ¿Por qué lo invitaba a estar tan cerca sabiendo que el youkai estaba atento a cada palabra y movimiento? Kurama lo observaba directamente a los ojos, esperando. Al ver que Kyo no se iba a sentar entrecerró sus ojos verdes y suspiró, sujetando un montón de hojas y dejando que resbalaran entre sus dedos -. El Makai aumenta mi poder... - murmuró en voz baja y triste, como si hablara para sí -. Y trae muchos recuerdos... Estar solo en este mundo es algo por lo que nadie debería pasar nunca.

- Kurama... - Kyo no podía comprender a qué se refería con eso y guardó silencio. Podía ver que los largos mechones de cabello rojo caían sobre su rostro, ocultando la mirada triste de sus ojos verdes.

- Cometí muchos errores en el pasado - murmuró Kurama -. Cada vez que pienso en este mundo siento que los espíritus se levantarán para ajustar cuentas conmigo.

- Hey...

La voz de Kyo era suave y cercana. El pelirrojo levantó la cabeza y lo vio arrodillado frente a él, observándolo con una mezcla de confusión y ternura. No entendía de qué hablaba, pero así y todo Kyo dijo:

- No creo que lo que sea que hayas hecho pueda ser tan malo.

Kurama le sonrió. No, no entendía. Kyo aún no sabía lo que era traicionar a alguien, abandonarlo a su muerte, o enviar a alguien a matar a un amigo... a un amante... Era muy joven. Y además, ¿qué sabían los ningen sobre la vida en el Makai?

Pesados pasos los interrumpieron y Kyo se puso de pie de un salto justo cuando Yuusuke y Kuwabara regresaban al claro cargados de ramas. Para entonces el cielo ya había perdido sus tintes púrpuras para tornarse completamente negro, adornado por puntos de luz aquí y allá.

Los dos muchachos empezaron a romper las largas ramas y apilarlas a un lado del claro, donde pensaban pasar la noche.

- Yosha, Kusanagi! - llamó Yuusuke mientras sacudía sus manos sucias contra sus jeans -. Es todo tuyo. Que conveniente es tenerte aquí. ¿Sabías que no traemos fósforos?

Sonriendo ante la estúpida bromita, Kyo caminó hacia el montón de ramas mientras encendía un pequeño fuego en la palma de su mano. Lo lanzó con un gesto indolente y al instante las llamas cobraron vida, haciendo crujir la madera mientras lamían la superficie reseca, buscando restos de savia para alimentarse.

- Olvidamos la comida - se quejó Kuwabara dejándose caer sobre un matorral idéntico al de Kurama. Sólo entonces los jóvenes notaron que había suficientes matorrales para que todos ellos pasaran una noche, si bien no cómoda, bastante más confortable que si hubiesen dormido sobre el suelo.

- ¿Quién hará la primera guardia? - preguntó Yuusuke.

- Yo puedo hacerlo - se ofreció Kurama y quedó decidido. Kurama haría guardia, luego despertaría a Yuusuke, que sería relevado por Kuwabara. Kyo preguntó qué haría él pero la respuesta fue que él ya había hecho suficiente abriendo el portal al Makai y que debía recobrar sus fuerzas. No insistió. Minutos después el claro estaba silencioso, el fuego iluminaba a tres jóvenes recostados entre hojas y a una delgada y alta figura de largo cabello plateado sentada cerca a un árbol, con los reflejos anaranjados de las llamas bailando en sus bellos ojos dorados.

***

Kyo abrió los ojos y sintió el fuego ardiendo a su espalda. Durante un momento no recordó dónde estaba, pero en seguida todo volvió a su mente de golpe, haciéndolo levantarse. El Makai, Yagami, youkai... Shika.

Miró a su alrededor y vio que Urameshi y Kuwabara dormían profundamente, sin temor a ser atacados, o mordidos, o devorados. Confiaban plenamente en que Kurama haría guardia, además, estaban en un bosque. Las plantas alertarían a Kurama si se presentaba alguna amenaza.

Kurama, no estaba por ningún lado, notó. Su lugar junto al árbol estaba vacío. Levantándose, Kyo dio unos pasos en dirección al bosque.

- ¿Kurama? - llamó en voz baja, sin despertar a los demás. Por respuesta recibió un silbido del viento, y su sombra se movió de un lado a otro entre los árboles cuando el fuego se agitó violentamente. Dio unos cuantos pasos más, adentrándose entre los gigantescos árboles. Podía sentir un enorme poder muy cerca, algo que nunca en su vida había sentido. No era poder de pelea, ni la energía que emanaban los demonios. Esto era más cálido, más poderoso.

- Es peligroso ir al bosque de noche - dijo una profunda voz que lo sobresaltó, haciéndolo volverse bruscamente. No había nadie allí. Se dio vuelta de nuevo y un fragmento de plata se escurrió por el rabillo de su ojo. Era como si lo acecharan, ocultándose de su vista, muy de cerca.

- ¿Quién eres? - exigió saber, apretando los puños. Una risa apagada fue la respuesta. De pronto, unos largos dedos se cerraron en su cuello y sintió que lo atrapaban contra el grueso tronco de un árbol. No se defendió, porque no sentía nada amenazante proviniendo de la figura frente a él. Al contrario, era familiar. Lo conocía.

Un rostro alargado, con brillantes ojos dorados. Cabello plateado, largo, cayendo sobre su frente y por su espalda, con algunos mechones por delante, confundiéndose con la blancura del traje que utilizaba. Era mucho más alto que él, y definitivamente se sentía mucho más fuerte. Le llamó la atención las orejas zorrunas que sobresalían entre el largo cabello, y la esponjosa cola plateada que se agitaba de un lado a otro, a su espalda.

- Hay youkos hambrientos vagando por la noche - volvió a hablar la figura, sin hacer caso a su pregunta y como si continuara con la frase que había dicho antes.

Sus dedos no cedían la presión en el cuello de Kyo, que no pudo evitar pensar lo parecido que era esa presión a la que Yagami ejercía contra él cada vez que lo sujetaba de ese modo. Entrecerró los ojos, abrumado por la irreal belleza del rostro que tenía frente a él, mientras sentía el súbito deseo de tener a Iori ahí, sujetándolo de la misma forma tan brusca, tan posesiva.

Sintió que el rostro se acercaba al suyo y apartó la cabeza, haciendo que las uñas del youko se clavaran dolorosamente en su cuello.

- ¿Qué pasa? Antes no te me resistías.

Kyo cerró los ojos con fuerza, cuando los volvió a abrir se obligó a observar el rostro del youko.

- No puedo creer que tú seas Kurama... - murmuró. Los ojos dorados brillaron mientras se entrecerraban seductoramente. La mano libre de Kurama se deslizó por el pecho de Kyo, empezando a apartar su chaqueta blanca.

- Soy yo, créelo - respondió. Soltó a Kyo y esta vez con ambas manos empujó su chaqueta por sobre sus hombros hasta que finalmente cayó al suelo con un suave sonido. Ahora sólo faltaba deshacerse de esa camiseta negra que llevaba. Inconscientemente, la cola de Youko Kurama se agitaba animadamente de un lado a otro, golpeando sus piernas, ansiosa. Kyo sujetó sus muñecas cuando Kurama casi había terminado de sacarle la camiseta -. Sigues resistiéndote... - murmuró el youko apartando las manos de Kyo y empujándolas contra el tronco del árbol -. Omoshiroi... {interesante...}

- Kurama, aquella noche, te dije que sería la última - intentó discutir Kyo, dispuesto a empujar al alto youko, sin embargo notó que no podía mover sus manos y cuando miró hacia arriba una enorme gota resbaló por su cabello. Unas enredaderas habían rodeado sus muñecas y lo tenían sujeto al árbol, indefenso. Youko Kurama empezó a desabrochar sus pantalones... - YAMERO! {¡DETENTE!}... hmph! - intentó exclamar Kyo cuando unos labios se cerraron sobre los suyos ahogando sus protestas.

- Shhh... Vas a despertar a todos - sonrió Kurama.

- Hanase {sueltame} - ordenó Kyo -. Le prenderé fuego a tus plantas.

La sonrisa de Kurama fue maliciosa.

- Tú no quieres hacer eso.

- ...

- Aaa... ¿ves? - el youko dio un paso hacia atrás, observando el hermoso cuerpo desnudo que tenía frente a él, iluminado por los débiles reflejos de la fogata. En seguida se acercó de nuevo, presionando su propio cuerpo contra Kyo y besándolo en el cuello. El joven gimió, pero intentó resistirse.

- Kuramaaa... - gruñó.

- ¿Sí, Kyo?

- ¡Suéltame de una maldita vez!

- Mada mada... {todavía...}

Kyo sintió las manos de Kurama en su cintura desnuda, y el roce de su cuerpo era insoportablemente placentero. Sus labios recorrían su cuello y sus hombros ahora, mientras todo lo que él hacía era intentar apartarse y liberar sus manos atrapadas. Youko Kurama rió suavemente, sin tenerle compasión. El joven se sobresaltó al sentir la mano del youko en su entrepierna y sintió que empezaba a resbalar. La enredadera que lo mantenía atrapado al árbol se había soltado, aunque aún no le permitía liberar sus manos.

Con cuidado, Kurama lo ayudó a sentarse sobre la hierba y sonrió ante la mirada indignada que le dirigió Kyo. Con una mano acarició su cabello, la otra continuó entre sus piernas. Para el youko era divertida la forma en que Kyo reaccionaba. Parecía molesto, pero era obvio que lo estaba disfrutando. Si le gustaba hacerle difíciles las cosas... pues no había problema. Jugaría su juego.

Se inclinó hacia el joven, obligándolo a recostarse. Kyo, con las manos aún atrapadas no pudo hacer nada contra el peso del youko y cayó pesadamente de espaldas con los largos mechones plateados sobre él, a su alrededor. Kurama apartó gentilmente sus piernas, y rió mientras detenía una patada de Kyo. Se apoyó sobre el joven, que gimió de nuevo apartando su mirada.

- ¿Qué es lo gracioso? - preguntó un molesto Kyo, aún forcejeando por liberarse.

- Tú... Yo... En el Makai...

Kyo sintió un súbito dolor en la parte inferior de su cuerpo y su espalda se arqueó mientras un grito escapaba de sus labios, apoyándose en las manos de Kurama que parecía moverse lentamente, rítmicamente sobre él. Aquello continuó durante unos segundos y cuando Kyo estaba seguro de que Urameshi, Kuwabara y todo el castillo de Shika iban a despertar debido a sus gemidos, Youko Kurama cubrió su boca con una mano húmeda, sin detener sus suaves movimientos.

Sin pensarlo dos veces mordió aquellos largos dedos. Kurama retrocedió unos centímetros y parpadeó confuso.

- ¿por qué no? - preguntó -. No te entiendo. Esto es el Makai, eres libre de hacer lo que desees.

- ¡Ten por seguro que esto no es lo que deseo hacer en el Makai! - fue la respuesta de Kyo que, al fin, encendió en fuego las enredaderas y las convirtió en cenizas. Empujó un poco a Kurama, que se quedó arrodillado frente a él en la hierba. Su túnica blanca estaba un poco arrugada y tenía briznas de pasto, su cabello estaba desordenado y respiraba agitado. Su cola aún se movía, pero esta vez daba la impresión de que era por molestia. Kyo sostuvo su mirada dorada tanto como pudo. Se le hacía más fácil negarse a hacerlo ante Youko Kurama, pero aun así le costaba trabajo no sentirse cohibido ante él.

Con una mano Kyo recogió sus ropas y empezó a vestirse sin decir palabra. Sus movimientos eran bruscos y podía sentir la mirada de Kurama fija en él. Pronto, la única evidencia que quedó fue la hierba en su ropa y su cabello. Kurama continuaba sentado con las piernas cruzadas, como esperando una explicación.

- Hace mucho tiempo que nadie se me resistía de ese modo - murmuró Kurama. Kyo se volvió para observarlo. Pronto su mirada se suavizó mientras el cabello plateado del youko se tornaba rojo, y el brillo dorado de sus ojos daba paso a la serena belleza esmeralda.

- Kurama... - Kyo dio un paso hacia él y le ofreció una mano que el pelirrojo aceptó -. ¿No te diste cuenta?

Hubo un momento de silencio, interrumpido solamente por el sonido lejano del viento y el crepitar de la fogata. Kurama apartó la mirada. Kyo sonrió amargamente.

- Hm... es imposible que no lo hayas notado, ¿verdad?

No hubo respuesta.

- Todo el tiempo supiste que Hiei estaba allí, observando.

Los ojos de Kurama brillaron furiosos, como si Kyo no supiera de qué hablaba. Sin embargo en su interior sabía que Kyo tenía razón, había querido utilizarlo para darle celos a Hiei. Que miserable había sido. Utilizar a alguien de ese modo... era algo que hacía cientos de años había dejado de hacer. Pero esto era el Makai, y el estar ahí siempre le hacía sentirse más cerca del pasado. ¡¿En qué demonios había estado pensando?! ¿Celos a Hiei? No, ese youkai no iba a reaccionar como un ningen, ¡no iba a sentir celos! Iba a sentirse traicionado, y eso era peor. Oh, por Inari... ¿qué iba a hacer ahora? ¡Qué tonto había sido! Hiei los había visto y se había ido... Había confirmado sus temores... Kurama maldijo en silencio el haber actuado tan impulsivamente.

Intentando ordenar sus pensamientos sintió que sería buena idea disculparse primero con Kyo, pero antes de que pudiera decir nada sintió que Kyo posaba una mano en su hombro y se inclinaba hacia él para besarlo suavemente.

- Te dije que no me importaba ser uno más de tus amantes - murmuró el joven retrocediendo y hundiendo las manos en los bolsillos -. Pero creo que estuviste a punto de perder a Hiei para siempre esta noche.

Una risa amarga escapó de los labios de pelirrojo.

- Ya perdí a Hiei - corrigió -. Ya lo perdí...

Kyo lo observó en silencio y notó las lágrimas de rabia que comenzaban a acumularse en esos ojos verdes. Dio media vuelta y se alejó de Kurama, no en dirección a la fogata, sino hacia lo profundo del bosque.

- Kyo... - llamó Kurama pero él no regresó. No quería ver más lágrimas en sus ojos porque le recordaba las lágrimas que él se negaba a derramar por Iori. De nuevo, ambos estaban en la misma situación: a punto de perder a la persona que más amaban. Apretando los puños, Kyo se dijo que pasara lo que pasara, al menos uno de los dos conseguiría lo que quería. Ya sea que Iori muriera o Hiei desapareciera de la vida de Kurama para siempre, uno de ellos sería feliz. Así se lo repitió a sí mismo mientras caminaba adentrándose más y más en el bosque, hasta que llegó a otro claro y se detuvo.

Se apoyó en el tronco de un árbol cercano y cruzó sus brazos. El viento sopló, helado ahora que no tenía la compañía del fuego, pero no le importó. Sólo esperó en silencio hasta que finalmente el youkai que esperaba sentado en la rama de un árbol se dejó caer frente a él, katana en mano.

Se observaron largo rato sin moverse, el viento sacudía el largo manto negro de Hiei y los mechones castaños de Kyo. En la oscuridad, todo lo que Kyo podía ver era el débil reflejo de las estrellas en la aguda hoja de la espada del youkai. Extendiendo su mano, Kyo encendió una llama escarlata que lanzó brillos hacia los ojos rojos de Hiei. Hiei respondió encendiendo una llama de fuego negro en su mano izquierda. Kyo parpadeó un par de veces y sonrió. Hiei bajó su katana y, sin alterar su rostro inexpresivo, caminó hacia el joven. Como niños curiosos examinando los juguetes del otro, Hiei y Kyo acercaron sus manos y sus fuegos, mezclándolos, creando una sola llama anaranjada que se retorcía brillante en el exterior, y oscura en su núcleo. Hiei retiró su mano, dejando la flama de fuego negro en la palma de Kyo que pareció estremecerse y tuvo que sujetar su propio brazo para que no temblara. Finalmente, con un sonido apagado, ambas llamas se consumieron y desaparecieron.

Ellos solamente se observaron. Kyo regresó a su posición anterior, apoyándose en el tronco. Hiei se acercó y se dejó caer a su lado como si no le importara en lo más mínimo si él estaba allí o no.

- ¿Por qué lo hiciste? - preguntó Kyo luego de unos minutos en silencio. Hiei lo miró, luego apartó sus ojos sin responder. Kyo continuó -: En el Memoirs, me hiciste pelear contra ti para que incrementara mi poder y el portal se abriera, ¿verdad?

- Hn - Hiei sonrió maliciosamente -. Para ser un ningen no eres tan idiota...

- Entonces fue a propósito.

- Quería probar tu poder, es todo - le cortó Hiei secamente -. El portal no me interesa.

- Claro, claro... - sonrió Kyo. Esa respuesta la bastaba. El youkai hizo un movimiento como para ponerse de pie y desaparecer en las copas de los árboles pero apenas intentó pararse, notó que algo se lo impedía. Se volvió y vio que Kyo estaba parado sobre su manto negro. Le dirigió una mirada asesina, que Kyo sostuvo tranquilamente. Había enfrentado la mirada de Youko Kurama, la de Hiei no era muy diferente.

Kyo quería conversar con el youkai, explicarle lo que estaba pasando, pero Kurama se lo había dicho claramente: él no era el tipo de persona con la que se puede conversar.

- Espera - murmuró Kyo, continuaba con los brazos cruzados y cerró los ojos, hablando como si tampoco le interesara lo que iba a decir -. Lo que viste hace un momento, no lo malinterpretes. - Kyo oyó un resoplido de parte de Hiei pero prosiguió, sin abrir los ojos -: ¿Sabes cuántas veces Kurama me ha hablado de ti? ¿Quieres saber qué me decía?

- No me interesa.

- No te creo. Kurama te ama, ¿sabías? - dijo Kyo de repente, observando fijamente la reacción de Hiei -. Y entiendo que lo que hicimos te confunda y te haga dudar, pero en realidad yo no le intereso, Hiei. ¿No comprendes?

El youkai apartó la mirada pero no respondió.

- El corazón ningen es muy débil, y debe ser reconfortado, debe encontrar consuelo para poder soportar los momentos difíciles... Eso es todo, consuelo. - Kyo hizo una pausa y sonrió interiormente. ¿Él hablando de eso con un youkai? Qué gracioso, si recordaba esas palabras para cuando regresaran al Ningenkai de seguro podría componer un poema -. Piensas que somos amantes... ¿y qué si lo somos? El que duerma con él pierde todo su significado si no hay nada de por medio. Y eso es todo lo que hay entre nosotros, nada.

Pareció que Hiei iba a decir algo pero guardó silencio. Kyo dejó caer los brazos.

- Y no sé si puedes llamarme su amante. Porque entre nosotros ni siquiera hay deseo.

Ante esto el youkai se volvió hacia el joven.

- Naze ka... {¿por qué?} - sus labios formaron las palabras silenciosas, Kyo lo miró, aliviado de al menos obtener algunas respuestas de Hiei.

- No sé el porqué, no sé por qué lo hicimos. Ambos necesitábamos a alguien esa noche, y ambos estábamos solos. Pero eso no ha cambiado lo que Kurama siente por ti, tienes que entenderlo. Confía en él. Estoy seguro de que no te traicionará jamás.

La cabeza de Hiei estaba inclinada hacia adelante, como si durmiera, pero Kyo sabía que lo estaba escuchando. Ciertamente era difícil tratar de explicarle eso a alguien que parecía no estar prestando atención, pero de algo debía servir. Hiei tenía que comprender.

Finalmente, Kyo dejó ir el manto de Hiei, pero para su sorpresa él no se fue. El youkai se volvió lentamente hasta observar fijamente a Kyo. ¿Debía creer las palabras de ese ningen? Deseaba creerlas pero...

- Baka - murmuró Kyo antes de que Hiei pudiera pensar nada más. El youkai notó que ahora Kyo se había dejado caer a su lado, apoyando los brazos en sus rodillas -. Baka. Baka. Eso es lo que vas a ser si no te decides ahora. Tienes a Kurama tu lado. Te sentiste muy mal al verlo conmigo, ¿verdad? No esperes a perderlo para recién apreciar lo que tienes. Es lo peor que puedes hacer. No esperes a perderlo, Hiei...

El youkai guardó silencio mientras notaba cómo algunas lágrimas caían, ocultas en la oscuridad de la noche. Ese ningen lloraba porque la persona que él quería estaba lejos y en peligro, o muerta quizás. Él sabía lo que era perder a alguien. Ambos lo sabían. Se puso de pie y saltó hacia la rama de un árbol. Se volvió una vez más para observar a Kyo, pero el joven también se había levantado y echaba a andar despacio hacia donde Yuusuke, Kuwabara y Kurama esperaban.

***

Kurama levantó la cabeza, había estado pensando en lo sucedido mientras observaba cómo el fuego consumía lentamente las ramas de la fogata. Kyo se estaba tardando demasiado en volver, por eso cuando escuchó los pasos pensó que era él y se volvió para observarlo, sin embargo ahí, frente a él, estaba Hiei. La mirada en sus ojos rojos era diferente y Kurama supo de alguna forma que si cedía al impulso de ir hacia él y abrazarlo, el youkai no se resistiría.

Eso fue exactamente lo que hizo, ir hacia él y estrecharlo en sus brazos, sintiendo su cuerpo, su calor, su respiración contra su cuello.

- Te debo una disculpa... - susurró Kurama y Hiei no dijo nada, pero no se apartó tampoco -. Itoshii... {querido...}

A través de sus lágrimas, Kurama pensó que había visto a Kyo observándolos desde algún lugar del bosque que los rodeaba, pero no podía estar seguro. Cerró los ojos y se apoyó en Hiei. En Hiei... al fin...


 

Parodia!: Yuu Yuu Hakusho & The King of Fighters

Taiyou, Tsuki, Hono to Bara
{Sol, Luna, Fuego y Rosas}

Esto es una parodia escrita un día de aburrimiento. No tiene mucho que ver con "Taiyou..." así que se la pueden saltar sin problemas ^^. ~MiauNeko

***

Capítulo 25.1: Historias de gatos

MiauNeko estaba aburrida... Hacía tres días que su conexión a Internet había muerto y la sola idea de la cantidad de mails acumulados en su cuenta la estaba volviendo loca.

Después de pasar horas frente a su PC sin hacer nada productivo, y maldiciendo porque ni siquiera tenía ánimos para abrir el Visual Basic, una mano se cerró suavemente sobre su hombro.

MiauNeko se volvió rápidamente con un sobresalto, frente a ella se encontraba un bishounen pelirrojo de grandes y brillantes ojos verdes. La neko sudó una gotita y lanzó una risa nerviosa cuando Kurama dijo:

- Quería hablar contigo. Los cuatro queríamos hacerlo.

Mirando por sobre el hombro de Kurama, MiauNeko notó que no estaban solos. Hiei la observaba con una mirada asesina y una mano en la empuñadura de su katana, como si Miau fuera un youkai al que debía matar. A su lado se encontraba Iori Yagami, el alto joven de cabello rojo y mirada amenazante. El cabello le cubría la mitad del rostro, pero a pesar de todo, el juego de luz y sombras sobre sus ojos le daba el aspecto de alguien de quien se debe guardar distancia. Por último, con las manos en los bolsillos de sus jeans celestes, Kyo Kusanagi esperaba. No parecía muy molesto como los otros dos, pero de todas formas Miau no pudo evitar retroceder.

- Q... Qu... ¿Qué es lo que quieren? - tartamudeó la neko mirándolos nerviosamente y fingiendo una sonrisa.

- Neko-chan... ¿cómo te atreviste? - fue lo que dijo Kurama.

- ¿A qué?

Los ojos de Kurama brillaron dorados un segundo y su mano sujetó más fuertemente a Miau, para que no huyera.

- ¡Te demoraste VEINTICINCO capítulos en hacer que pasara algo entre Hiei y yo... y lo primero que haces en el siguiente es separarnos!

Miau sudó una enorme gota mientras buscaba excusas coherentes.

- Y eso no es todo - intervino Iori, dando un paso hacia ellos y encendiendo una flama púrpura en sus dedos -. Me estás haciendo quedar como un débil moribundo en esa estúpida historia tuya...

- Me gustan los débiles y hermosos moribundos - murmuró una voz proveniente de quién sabe donde. Todos se volvieron y notaron que se trataba de una figura envuelta en túnicas, y de largo cabello blanco.

- ¡Shika! - exclamaron todos, y Miau aprovechó para escabullirse lejos de Kurama y Iori.

- 'hayoo! - saludó Shika y lo primero que hizo fue colgarse del brazo de Iori. Kyo se apresuró a apartarlos. El youkai le lanzó una mirada cargada de odio a Kyo, que la correspondió y pronto chispas empezaron a llenar la habitación.

- OI, hagan eso lejos de la maldita computadora!!! - gritó una SD MiauNeko empujándolos por la puerta. Kyo se volvió hacia ella y al instante encendió una llama anaranjada.

- ¡No creas que no estoy molesto contigo, Neko-chan! - gritó, olvidando a Shika y poniéndose en pose de Orochinagi. Miau se sobresaltó y retrocedió.

- Demo... demo... kimi mo {tú también}, Kyo-chan?? - lloró Miau mientras lágrimas empezaban a caer -. Pero si no te he hecho nada malo a TI!

Los ojos de Kyo Kusanagi brillaron airados

- ¡¿Y crees que no sé lo que estás PLANEANDO hacer?! - el fuego se encendió alrededor de Kyo -. ¡¡Me niego a acostarme con ese... HMPHH!!

Miau sobre Kyo, tapándole la boca con una de sus patas.

- ¡¡No lo digas!! ¡¡Todavía no escribo ese capítulo y quiero que los lectores se queden con la duda!!

- ARRRRGGGHHHHHHH.

Miau salió volando disparada y dio contra la pared.

- Itai... ¿Por qué hiciste eso, Kyonobaka? - le gritó a Kyo, pero enmudeció al ver el fuego del Orochinagi viniendo hacia ella.

De un salto, la neko estuvo detrás de Iori.

- Iori-san... onegai... tasukete kudasai {ayúdame por favor!}!!!! - rogó Miau justo en el momento en que el fuego los envolvió.

Después de unos segundos, Miau abrió los ojos y vio que ella y Iori estaban completamente chamuscados.

- Tú te la buscaste, KYO~! - rugió Iori encendiendo su fuego púrpura y lanzándose contra Kyo, que desprevenido se convirtió en una hoguera violeta, para satisfacción de Iori que dijo -: AAAJAJAJAJAJAJAJA!

Y un golpe inesperado lo mandó volando contra la pared, dejando su huella justo donde Miau había dejado la suya.

Iori: Kissssamaaa!!!
Kyo: Temee!
Iori: Omae wo korosu! SHINEEEE!!
<golpes> <flamas> <vidrios quebrándose> <::Yuuhi to Tsuki sonando a través de los speakers::>

Miau: ...
Hiei: Hn, ningen no baka.
Kurama: Y a estos qué les pasa, el asunto era con Neko.
Miau: Ah, saa na ^^
Shika: <suspiros> Iori-chan...

<golpes, golpes, golpes, golpes, golpes, gritos, gemidos, maldiciones>

Miau: OI, ¡dije que se alejaran de la computadora, ustedes par de idiotas! AHHHH!!! La computadora! Abunai, abunai!! Hush, hush... <Miau tratando de apagar la hoguera en que se ha convertido el teclado y el CPU, en vano>

<Minutos después...>

Lágrimas. Una aura oscura rodea a Miau que lentamente se aleja de los restos de su computadora y se vuelve hacia Iori y Kyo. Iori tiene a Kyo sujeto del cuello, y Kyo tiene su mano en la cara de Iori.
MiaunekOROCHI: I'm gonna KILL YOU BOTH!!!
Iori & Kyo: !!!
NekOROCHI: WHAAAAAAAGGHHHHHHH!!!!!!
Iori & Kyo: Kurama, Hiei, tasukete!
Hiei: Hn.
Kurama: Hm...
Iori & Kyo: Wuuuuaaaaaaaaaaa!!
NekOROCHI: Se lo merecen! ¿Quién me va a bajar los 40 MB del rom del KOF '99, y los 40 del MOTW y los de Samurai Spirits ahora? ¿Quién va a reponer mis GB de info de anime? ¿Quién se va a tomar el trabajo de navegar por las paginas japonesas para volver a bajarse todas las imagenes Y_A_O_I de ustedes dos? ¿Quién va a bajar los doujinshis Y_A_O_I que encontré sobre ustedes? <Miau pisotea a los maltrechos Iori y Kyo>

Voz desconocida: YAMERO!

Todos se vuelven y ven a aparecer al infame grupo llamado Fuerza KOF Anti-Yaoi.

NekOROCHI: ¡¿Y ustedes qué demonios hacen aquí?! ¡No es su problema!
Miembro1: Cada vez que nombras la palabra "yaoi", en el mismo párrafo con "Iori"...
Miembro2: Tendrás que vértelas con nosotros! La fuerza KOF Anti-yaoi!

(^_^ je...)

Neko, volviendo a modo Normal: ¬¬ Hmm... Misete yarimasu... Watashi no Elite Pro-yaoi Team!

De la nada, aparecen Kaine-chan, Es-chan, Youko Gingitsune, Veronica, Claudia, Geo y muchas queridas tomodachi's más.

La fuerza KOF Anti-yaoi está en desventaja pero atacan de todas formas.

Otra voz desconocida: YAMERO!

La fuerza KOF Anti-yaoi se detiene en seco.

LSX: Dejen a Neko en paz.

Fuerza KOF Anti-yaoi:  Keh'

Miau: aaahhhh... LSX-chan!!! <se abraza a él> Arigatou!! <Pero una mano la sujeta por la piel del cuello y la lanza lejos de LSX, contra la pared, junto a Kyo & Iori>

LSX: <gota> V... Vika...

Vicky: Tadaima {llegué}. ^_^

Kurama, Hiei, Shika: ...?!

Hacen su aparición otras dos figuras, una de ellas va directamente donde Kyo, Iori y Neko están desparramados. Después de verificar que Kyo & Iori siguen con vida (y desmayados muy juntos ^^) la figura levanta al maltrecho neko y le hace cariño en la cabeza.

Terry-chan: Neko, daijoubu?
Miau: <snifff> Terry-chaaaaaan!!
Nacho: <pat pat, cariñitos en la cabeza de Neko> Kawaisou...

Mientras, en el background, una nube de polvo envuelve a la Elite Pro-yaoi junto con la fuerza KOF Anti-yaoi.

Nacho & Terry-chan: <sonrisa tranquilizante> Ya pasó...
Miau <mirando la pelea que se lleva a cabo en el background>: Snif...
Kurama & Hiei: ¿En verdad todas esas chicas (Pro-yaoi Team) leen los fanfics yaoi que traduces?
Miau: <asintiendo> Ahá...
Kurama & Hiei <con ojos brillantes>: ¡¡Somos famosos!!
Iori: Bakame! Su INTIMIDAD también es FAMOSA!
Kurama & Hiei se sonrojan.
Miau: <sonrisa maliciosa> Y eso que YYH no es muy conocido en Sudamérica... Cuando llegue la serie... <risa demoniaca> ^o^
<POK! ShinKyo le da un golpe en la cabeza a Miau>
Kyo: nosotros SI somos conocidos en Sudamérica y nos estás haciendo quedar mal.
Miau: Gomen... ¡Pero continuaré haciéndolo! <risa demoniaca> ^o^
<POK! Iori le da un golpe en la cabeza a Miau>
Kyo & Iori: <sonrisa> Pero con una condición...
Miau: ARE??? Condición?
Iori <entrecerrando los ojos sensualmente>: Termina Taiyou, Tsuki pronto <abraza a Kyo>
Kyo <apoyándose en Iori>: Y que sea un buen final.
Miau: Pero.. Pero... Yo no soy buena para los finales!
[Nota de MiauNeko para la versión 1.02: Oh, sí, definitivamente. Eso fue comprobado con este fic.]
Hiei: Hn, es tu problema.
Kurama <risa suave>: Sabes que el Kokuryuuha siempre está hambriento, y un gato sería un buen aperitivo.
Miau: <suspiros y sonrisa, observando a sus cuatro queridos personajes favoritos> Yoshi... wakatta...
Kurama y Hiei se alejan satisfechos. Kyo y Iori se vuelven para mirar la pelea que ocurre detrás de ellos.
Miau: Creo que necesito una computadora nueva.

Miau suspira y se recuesta en el suelo. La falta de conexión a Internet le ha llevado al extremo de escribir esta porquería a MANO. Inari-sama... Y lo peor de todo es que en su mente da vueltas la idea de PUBLICAR esto como un Sidestory/Parody de Taiyou, Tsuki...

Owari...

Kurama: Oi, al final no arreglamos el asunto que nos trajo aquí.
Hiei <apartando las sábanas>: Eso ya no importa, entra a la cama de una vez, kitsune.


Capítulo 26: Compartamos una Noche

El torneo estaba suspendido y Shingo se preguntó qué podría haber pasado para que los organizadores tomaran esas medidas. Debía tratarse de algo importante y grave.

Aquella noche desde su hotel, el muchacho tardó una hora en lograr contactarse con uno de los peleadores que habían ido a la misma ciudad que Kusanagi-san. La operadora no le creía cuando decía que él realmente era Shingo Yabuki y que tenía que hablar con urgencia con cualquiera de los miembros del Hero Team.

La televisión estaba encendida, y mientras esperaba, Shingo escuchó que repetían la filmación del momento en que unas personas misteriosas y salidas de la nada atacaban a Yagami-san, Kusanagi-san y el grupo de muchachos que habían conocido hacía poco. La voz del narrador comentó que se presumía que aquellos hombres eran miembros de alguna organización terrorista decidida a perjudicar el torneo. Ahora que se sabía la confusa verdad (que aquel ataque no había sido un entretenimiento), todos los enfrentamientos se habían suspendido. Nadie quería correr el riesgo de ser raptado durante una pelea.

- Moshi moshi {aló} - oyó Shingo del otro lado del teléfono.

- ¡Benimaru-san! - exclamó -. ¿Qué está pasando allá?

- Ah... Shingo... - la voz de Benimaru se oía cansada y preocupada -. Genki? {¿cómo estás?}.

- ¡Quiero saber qué está pasando allá! - insistió Shingo con impaciencia.

- ¿No has visto las noticias? - por su tono de voz, Shingo supo que Benimaru debía estar acostado en alguna parte, agotado.

- Hai! ¡Por eso estoy llamando! ¿Está ahí Kusanagi-san? ¿Me comunicaría, por favor?

Hubo un silencio que a Shingo le produjo escalofríos. Oyó a través del teléfono que Benimaru se estaba incorporando y luego un suspiro.

- Kyo se fue.

- Nani!?

- No sabemos a dónde. Se fue. Creo que pretende ir a buscar a Yagami.

Shingo apretó los puños, preocupado. Si lo que las noticias decían era cierto, ¿qué iba a hacer Kyo contra toda una organización? ¡Era una locura!

- Oye, no te preocupes - se oyó la voz de Benimaru tratando de tranquilizarlo, aunque él mismo no parecía muy tranquilo tampoco -. Cuando Kyo regrese le diré que te llame, ¿está bien?

- Hai...

Y la comunicación se cortó.

***

La luna estaba brillando entre las copas de los árboles y Hiei la miraba fijamente. Estaba acostado de espaldas sobre el espeso pasto del bosque del Makai, y Kurama descansaba su mejilla contra su pecho. Kurama no lloraba, pero sus ojos verdes estaban entrecerrados y parecían tristes. Lo estaba abrazando fuertemente, y Hiei no se resistía, sólo yacía allí, entre los árboles, acompañados solamente por la luna.

- Perdóname, Hiei... - murmuró Kurama y Hiei le dirigió una mirada de sus ojos rojos al tiempo que posaba un dedo sobre los labios del pelirrojo haciéndolo callar. Frunció el ceño.

- Yo no confié en ti y tú te consolaste con otra persona. Una cosa llevó a otra. Estamos iguales - murmuró Hiei.

¿Consuelo?, pensó Kurama. ¿Cómo sabía Hiei que lo que había buscado en Kyo era consuelo? ¿Acaso Kyo se lo había dicho?

- ¿Y ahora? - preguntó Kurama dulcemente -. ¿Ahora confías en mí?

Los ojos de Hiei brillaron como respuesta mientras sus labios se curvaban en una sonrisa. Kurama comprendió y sonrió también, mientras se inclinaba hacia él para besar suavemente esos labios. Sintió que la mano de Hiei se posaba en la parte de atrás de su cabeza y acariciaba sus mechones de cabello. Aquel gesto hizo que Kurama sintiera una repentina felicidad. Era lo que había esperado todo el tiempo, que Hiei correspondiera a su cariño.

- Ai shiteru {te quiero}, Hiei - susurró entre besos, y Hiei preguntó:

- Doushite? {¿Por qué?}

Kurama retrocedió un poco y parpadeó perplejo. ¿Qué clase de pregunta era esa? Hiei lo observaba, esperando.

- Hiei ga suki {Me gustas} - dijo Kurama simplemente, pero esa no era una respuesta satisfactoria, notó. Cerró los ojos un segundo y trató de poner en palabras sus sentimientos -. Cuando te veo, siento que estás muy solo y quiero estar contigo, quiero hacerte compañía porque a tu lado me siento bien. Aunque no hablemos, aunque no nos miremos, saber que estás ahí es suficiente... Y quiero... quiero que tú sientas lo mismo. Una vez me contaste que unos youkai te dejaron solo... Y me dan ganas de matarlos... Me hubiera gustado estar ahí, para hacerte compañía.

Hiei se sonrojó terriblemente. Nunca hubiera imaginado que a alguien le gustaba simplemente estar a su lado.

- Eres extraño... - murmuró Hiei observando la sonrisa de Kurama.

- Hai - hubo una pausa -. Hiei...

El pequeño youkai se sobresaltó al sentir la mano de Kurama deslizándose bajo su manto para luego deshacerse de él. Con dedos ágiles, Kurama empezó a desabrochar los cinturones de Hiei que sujetó su mano rápidamente, observándolo con las mejillas enrojecidas.

- O... Oi... Omae wa hayai na? {H... Hey... Eres rápido, ¿verdad?}

Como respuesta Kurama sólo sonrió.

- Hay que aprovechar cada segundo, itoshii, nunca se sabe qué puede pasar aquí en el Makai.

Kurama besó a Hiei de nuevo, como si quisiera distraerlo mientras se deshacía de el resto de sus ropas.

***

Kyo levantó la cabeza cuando escuchó un sonido. Estaba sentado en el lugar donde Kurama debía estar haciendo guardia, a un lado de la fogata. Yuusuke se acababa de despertar y miró a su alrededor, alarmado.

- ¿Kusanagi? - preguntó al ver a Kyo sentado apoyado contra el tronco del árbol -. ¿Y Kurama?

El muchacho se había puesto de pie y se acercó a él, mirando hacia la oscuridad del bosque. Kyo pensó en algo coherente que decirle como excusa.

- Ah... oyó un ruido y fue a investigar - murmuró descuidadamente.

- ¡¿Youkai?! - exclamó Yuusuke dando un paso hacia el bosque -. ¿Y por qué no nos avisó? ¿A dónde fue? Oi, Kuwabara, Kuwabara okiro {despierta}! ¡Youkai!

Kyo sudó una enorme gota que se quedó colgando de la punta de su cabello. Agarró a Yuusuke por la camiseta justo cuando él iba a adentrarse en la oscuridad del bosque.

- Matte yo! {¡Espera!} - exclamó.

- ¿Pero qué te pasa? - fue la respuesta de Yuusuke. Kyo lo miró fijamente.

- No dijo que fueran youkai. Tal vez sólo fue una excusa para ir a dar un paseo.

Yuusuke parpadeó un par de veces y se encogió de hombros.

- Pero te dejó de guardia a ti, ¿por qué no nos despertó a nosotros? - insistió Yuusuke, dudoso.

Kyo rió.

- Yo estaba despierto - dijo, luego agregó -: Oyasumi {buenas noches}, Urameshi.

La expresión del muchacho cambió, era obvio que le agradaba la idea de volver a dormir. Asintió, mientras sus ojos se cerraban.

- Uhn, oyasumi nasai, ofukuro (buenas noches, mamá)... - murmuró mientras se dejaba caer junto a Kuwabara y al instante estaba dormido de nuevo. Kyo suspiró, volvió a su lugar bajo el árbol y sonrió para sí, divertido.

***

Hiei gimió en la oscuridad del bosque. Kurama estaba sobre él, su pecho desnudo rozando el suyo y enviándole agradables sensaciones mientras sentía los suaves labios del pelirrojo rozando su frente, sus cejas, bajando por su nariz hasta finalmente encontrar su boca entreabierta.

El pelirrojo tenía ambas manos de Hiei sujetas en la suya, como para evitar que Hiei se resistiera, y le parecía graciosa la forma en que el youkai lo miraba.

- ¿Qué pasa, Hiei? - preguntó, pero no hubo respuesta.

Kurama se echó hacia atrás, observando al youkai que tenía al frente de la misma forma como había observado a Kyo momentos atrás. El menudo pero fuerte cuerpo de Hiei lo llamaba, quería morder su cuello, besar su pecho blanco, sentir la cálida piel de su torso. Casi sin notarlo, Kurama se encontró haciendo justo lo que estaba pensando, mientras Hiei cerraba los ojos para ceder al placer, sus manos atrapadas liberándose repentinamente para sujetar los mechones rojos del cabello de Kurama, que en ese momento lamía suavemente el pecho del youkai.

Después de unos minutos Kurama se dijo que ya era suficiente. Deslizándose sobre Hiei, lo rozó seductoramente, excitándolo y arrancándole un gemido de sorpresa. Le sonrió malicioso mientras acercaba su rostro al del youkai.

- Esto es por hacerme esperar tanto - dijo juguetonamente y con un movimiento del pelirrojo la espalda de Hiei se arqueó, mientras el youkai dejaba escapar un ahogado grito y se aferraba fuertemente de los hombros de Kurama que no detuvo sus movimientos, a pesar de que las manos de Hiei en sus hombros estaban haciéndole daño. Deslizando sus dedos tras la espalda de Hiei, Kurama lo acercó aun más hacia sí y continuó besando al youkai. Sus movimientos eran lentos y rítmicos, como para seguir excitando a Hiei pero sin complacerlo del todo.

- Ah... Kurama...

- ¿Ves? Esperar puede ser insoportable, ne, Hiei? - murmuró el pelirrojo.

- Kisama...

- Hmm... ese vocabulario, itoshii... - sonrió Kurama y repentinamente presionó su cuerpo contra el de Hiei, que contuvo el aliento -. Relájate... - murmuró el pelirrojo en su oído mientras sus manos recorrían las piernas de Hiei, enviando deliciosas sensaciones. Luego, gentilmente, como si estuviera enseñándole cómo hacerlo, Kurama apartó con lentitud las piernas de Hiei, que no hizo ni un sonido, sólo se limitó a observarlo fijamente.

El pelirrojo ya estaba frente a él, entre sus piernas entreabiertas, inclinado sobre Hiei, rozando esas suaves zonas vírgenes que jamás youkai alguno se había atrevido a tocar.

Hiei gimió, el placer invadiendo su cuerpo, que pronto exigió un poco más.

Como sabiéndolo, Kurama se deslizó encima del youkai, rozándolo con su vientre desnudo y sintiendo el palpitante calor. Mientras besaba a Hiei una vez más y sentía sus labios húmedos entregarse por completo a él, su mano se cerró alrededor de esa cálida sensación y esto le arrancó un corto grito a Hiei que se apartó repentinamente del beso, cerrando fuertemente lo ojos, como si no pudiera soportarlo.

Cariñosamente, Kurama sujetó la barbilla del youkai y lo hizo volver el rostro de nuevo hacia él. Miró en los brillantes ojos entrecerrados de Hiei, su color rojo le fascinaba, jamás se cansaría de perderse en esas hermosas pupilas... Con una sonrisa, el pelirrojo leyó la mirada de su pequeño youkai y asintió.

- Lo sé, Hiei... - jadeó -. Sé cuánto lo deseas...

El youkai enrojeció ligeramente y no dijo nada. La sonrisa de Kurama era encantadora.

Atrayéndolo hacia sí, el pelirrojo continuó acariciándolo con sus manos expertas, sabiendo cuándo excitar y cuándo detenerse, sólo para escuchar a Hiei gemir tímidamente pidiendo que continuara.

Tímidamente, pensó Kurama. ¿Quién se iba a imaginar al frío youkai de fuego con esa actitud? Pero Kurama estaba complacido... Hiei lo estaba dejando ver su verdadero ser, no el del youkai asesino que todos conocían, sino el de alguien que está haciendo el amor por primera vez.

Pensando así, Kurama quiso entregársele por completo; hacerlo sentir el placer que él tantas veces había experimentado a lo largo de su vida, pero en esta ocasión dándole un sentido, algo que fuera más allá del simple hecho de dormir con otra persona. Quería que significara algo, un lazo por el que Hiei pudiera estar seguro que ambos se pertenecían y nada, nada los volvería a separar.

Cuando tentativamente trató de entrar en Hiei, el youkai se sobresaltó, lanzándole una mirada inquisitiva. Kurama sonrió, apartando algunos mechones rojos que se habían deslizado entre sus labios.

- Confía en mí - susurró y Hiei lentamente se relajó.

Ahora Kurama presionó con gentileza, entrando en Hiei, forzando el estrecho pasaje.

- Ah... Kurama... - gimió el youkai mientras el pelirrojo se adentraba más y más, lentamente. Pareció que Hiei se retorcía, como si quisiera huir, pero Kurama lo sujetó firmemente. Acariciándolo, calmándolo.

- Hiei... Todo está bien... - murmuró jadeante. La presión que ejercía Hiei en él era deliciosamente placentera, y Kurama no pudo evitar dejar de moverse, sintiendo el placer que recorría su cuerpo, consciente de que el youkai sentía lo mismo. Cada movimiento le daba la impresión de que pronto todo terminaría, y Kurama no deseaba que fuera tan rápido. Se detuvo un segundo, para luego volver a moverse, y detenerse de nuevo. Complacido, notó que el cuerpo de Hiei respondía a sus estímulos, y se movía siguiendo su ritmo, incrementando el placer que ambos sentían.

Besó a Hiei una vez más, cerrando los ojos para concentrarse en las sensaciones que enviaba la cercanía del youkai.

Se sentía atrapado dentro de él, y los ligeros movimientos de Hiei se estaban haciendo insoportablemente placenteros.

- Tú eres el rápido, itoshii- susurró Kurama -. Aprendes muy... ah... rápido...

Hiei le dirigió una media sonrisa, como si no supiera qué contestar a eso.

Kurama empezó a incrementar su ritmo, y con cada roce Hiei gemía suavemente. El pelirrojo se encargó de tocar todos aquellos lugares inexplorados del cuerpo del youkai, y la invasión en esas zonas vírgenes no hacía más que aumentar la excitación de Hiei. Era el encanto de la primera vez, pensó Kurama con dulzura, cuando cualquier movimiento, por ligero que sea, se incrementa infinitamente, haciendo que uno se pierda en un mar de placer.

- Kurama... - gimió Hiei -. No puedo... No quiero... esperar más...

Con una sonrisa, Kurama asintió.

Las respiraciones de ambos se convirtieron en jadeos entrecortados y Kurama cerró fuertemente los ojos, mientras sentía que Hiei se aferraba a él. Oleadas de placer los hicieron estremecer al unísono, abrazados, ocultos en esa parte del bosque. El cielo desapareció, la luna se apagó, la suave hierba bajo ellos se desvaneció y sólo quedó la sensación, el calor de sus cuerpos y sus respiraciones agitadas. Con sus corazones latiendo acelerados, Kurama y Hiei comprendieron el error que habían cometido al no confiar y el querer producir celos. Aquello no sería necesario, nunca más, pensaron. El haber sido uno, por primera vez, durante esa noche, había creado un lazo muy especial entre ellos, una relación que no terminaría así sin más. Kurama amaba a Hiei y al fin Hiei lo había comprendido.

Kurama sintió que llegaba al clímax y el interior de Hiei se humedeció súbitamente, haciéndolo estremecerse y, casi al mismo tiempo, el pelirrojo sintió como Hiei lo humedecía a él con su cálida secreción.

La última explosión de placer que invadió sus cuerpos los dejó sin aliento, yaciendo uno junto al otro, con las manos entrelazadas, mientras la pulsante sensación se apagaba lentamente.

- Kurama...

- ¿Si?

El youkai se volvió y besó a Kurama en los labios.

- Utsukushii... {Eres hermoso...}

- Sou ka? {¿Eso crees?} - sonrió Kurama entrecerrando sus ojos verdes, feliz -. Omae mo...{tú también} Hiei.

***

Yuusuke despertó sobresaltado al sentir que alguien lo remecía bruscamente. Buscó a su alrededor tratando de encontrar una almohada para taparse la cabeza mientras murmuraba:

- Cinco minutos más...

Las sacudidas se hicieron más violentas y Yuusuke abrió un ojo soñoliento al tiempo que escuchaba:

- Chikusho, okiro! {Maldición, ¡levántate!}

Era la voz de Kusanagi, y su tono de urgencia espabiló a Yuusuke al instante.

- Nan da... - empezó a preguntar el muchacho cuando tuvieron que saltar hacia un lado para esquivar al youkai que cayó sobre el montón de hojas donde Yuusuke había estado durmiendo. La fogata ardía débilmente, y de una sola mirada Yuusuke supo que estaban en serios problemas. - ¡OI, KUWABARA! - llamó mientras inconscientemente se daba cuenta de que en los árboles que los rodeaban había todo un ejército de youkai.

De mala gana, el muchacho alto se levantó frotándose los ojos.

- ¿Uh...? - bostezó -. ¿Qué quieres... Urameshi? - gruñó Kuwabara pero al segundo siguiente sus ojos se abrieron repentinamente y saltó en posición defensiva, Reiken en mano. Furioso se volvió hacia Kyo que esperaba en guardia, con una llama anaranjada brillando entre sus dedos -. Shimatta... ¿Por qué no nos avisaste a tiempo? - reclamó Kuwabara golpeando el suelo con un pie. Kyo se volvió hacia él y le dirigió una mirada arrogante y despectiva.

- ¿Qué crees que he tratado de hacer durante los últimos cinco minutos, idiota? - respondió secamente -. Para ser peleadores, ¡tienen el sueño demasiado pesado! ¿Acaso su instinto estaba dormido también? - El tono de Kyo enfureció aun más a Kuwabara, que dio un paso hacia él.

- ¡Hablas como Hiei! - exclamó, pensando que así ofendería a Kyo.

- ¡Kuwabara, ya basta! - ordenó Yuusuke. Los youkai se estaban preparando para atacar -. ¿Y dónde demonios están Kurama y Hiei?

No hubo respuesta porque en ese momento el youkai que estaba a su espalda, en lo alto de las ramas de un árbol, saltó sobre Yuusuke con las garras extendidas y mostrando la hilera de enormes colmillos.

- ¡Urameshi! - murmuró Kyo para sí, pero no lo dijo en voz alta porque otro youkai se lanzó sobre él. Lo detuvo con un golpe y se volvió para mirar a Yuusuke, que se había arrodillado sobre el pasto para que el atacante siguiera de largo. Levantando lentamente la mirada, Yuusuke sonrió malicioso y apuntó directamente al rostro del demonio.

- Bakyun! {¡Bang!} - dijo burlón -. Rei Gun!

Un destello de energía consumió completamente al youkai, para satisfacción de Yuusuke, pero fue la señal que los demás demonios esperaban para iniciar el verdadero ataque.

En medio de la confusión siguiente, Kyo se encontró luchando espalda con espalda con Yuusuke. Por lo que podía ver, esos dos muchachitos eran unos asesinos despiadados. La energía del ReiGun de Yuusuke acababa con varios demonios a la vez, y él no mostraba el mínimo cargo de consciencia por matarlos de esa forma. El otro muchacho, Kuwabara, literalmente cortaba por la mitad a los youkais que tenía cerca, salpicándose de sangre oscura como si fueran gotas de lluvia, algo perfectamente normal.

Una llamarada de fuego envolvió por sorpresa a Kyo, que levantó los brazos para cubrirse. Se sentía extraño, ese fuego de otro mundo, y al mismo tiempo tan familiar...

La punta de la espada espiritual de Kuwabara apartó las llamas.

- Oi, daijoubu? {¿estás bien?} - preguntó, cubriendo a Kyo que levantó un pulgar en señal afirmativa.

- Esto parece no tener fin - se quejó Yuusuke mientras de una patada mandaba a volar a un demonio que tenía al frente. Kyo miró y vio que el muchacho tenía razón. Estaban rodeados de cuerpos muertos, sangrando y mutilados, pero entre las ramas de los árboles aún había muchos youkai más.

- ¿Son enviados por Shika? - preguntó Kyo en voz alta.

- Seguro que sí - gruñó Yuusuke mandando una serie de golpes hacia adelante -: ShotGun!

- Awww... shit! - maldijo Kuwabara empezando a atacar desordenada pero efectivamente -. ¡¿Dónde está ese maldito enano cuando lo necesitamos?! - gritó, refiriéndose a Hiei.

- ¿A quién llamas enano, idiota? - dijo una voz baja y profunda y al instante una sombra oscura pasó entre los youkai que se encontraban sobre una rama. Hiei ya había caído suavemente al suelo y vuelto a enfundar su espada antes de que los youkai se dieran cuenta de que estaban muertos.

Un silbido se oyó por otro lado, y con una explosión de pétalos de rosa Kurama hizo su aparición, dejando tras de sí un rastro rosado y carmesí, de pétalos de rosa y sangre de youkai.

- ¡Hiei! ¡Kurama! - saludó Yuusuke -. ¿Dónde estaban?

- Investigando un asunto - fue la respuesta de Hiei, y Kurama asintió con una ligera sonrisa que trató de ocultar. En su mano sostenía fuertemente su látigo.

- Muy bien, entonces, ¡acabemos con esto! - dijo Yuusuke con renovados ánimos. Kyo sonrió al darse cuenta que al muchacho realmente le gustaba pelear al lado de su equipo.

Sin embargo los youkai no hicieron ningún movimiento. El grupo de Reikai Tantei estaban junto a la moribunda hoguera, en guardia, y todos los youkai observaban inmóviles. Hiei descansó su mano sobre la empuñadura de su espada y rió burlón:

- ¿Nos tienen miedo? Cobardes...

Como respuesta recibió gruñidos, pero una voz se alzó entre ellos. Una voz conocida.

- Al fin están juntos, Reikai Tantei. Era lo que estábamos esperando.

Una esbelta figura salió a la luz. Todos reconocieron su cabello dorado y ojos claros. Era el youkai lider que dirigió el ataque durante el torneo, en el encuentro entre Iori y el Female Team. Ryaku.

- Shika-sama aguarda su llegada - continuó el youkai apartando los suaves mechones de cabello dorado -. Iori-san está muy solo sin la compañía de su aman... - Ryaku le sonrió a Kyo mientras veía su expresión -, ... amigo ningen. Y, como el castillo aún está lejos, me envió a darles un recibimiento apropiado.

- Maldito ¿qué es lo que quieres? - exigió saber Yuusuke.

Ryaku le sonrió. Dios, ¡cómo aborrecía esa bella sonrisa hipócrita!

- Ya lo dije, quiere que se apresuren... y compañía para Iori-san.

Con un susurrar de hojas y crujir de ramas, la mayor parte de los youkai se retiró. Sólo quedó Ryaku, apoyado contra un tronco y sus garras brillando encendidas en energía. Levantando los brazos, el youkai pareció entrelazar lineas en el aire, una por cada dedo. El rastro luminoso de su energía formó una malla. No, era un kekkai {barrera de energía}, con forma de malla.

- Abunee {cuidado} - previno Yuusuke, suponiendo lo que pretendía. Los demás jóvenes asintieron. Kurama y Hiei retrocedieron hacia ellos, hasta formar un grupo compacto pero listo para separarse y atacar por diferentes ángulos. Ryaku no hizo nada, sólo continuó dibujando lineas en el aire frente a él hasta que, finalmente, apartó sus manos y las líneas de energía desaparecieron. El youkai rió.

- ¿Creían que iba a hacer algo tan obvio como tirarles una red encima? Con esa espada espiritual y el nivel de energía de ustedes cinco la destruirían en un segundo. Yo soy más original que eso.

Como trozos desgarrados de una tela, pedazos de la malla de energía aparecieron rodeando al grupo de jóvenes. Al segundo siguiente todos estaban tratando de evitar los pedazos que se lanzaban contra ellos. Se separaron, saltando hacia los árboles, por las ramas. Yuusuke intentó dispararle a Ryaku pero se encontró con que su propia energía le servía de escudo.

- Shimatta - gruñó Yuusuke y al siguiente instante escuchó:

- Fuukaenbujin! - era Kurama, invocando a lo pétalos de sus rosas para que formaran un remolino de cortantes cuchillas que se hicieron cargo del ataque de Ryaku. Pronto todos los trozos de energía cayeron al suelo, como insectos muertos.

- Qué confiado eres - se burló Kuwabara -. No podrás vencernos con ese ataque tan débil, ¡JAJAJAJA!

Pero como respuesta recibió una sonrisa y Ryaku levantó las manos con gesto indiferente.

- Kuso! - se oyó maldecir a Hiei y todos se volvieron para mirarlo. Kurama dio un paso hacia él cuando vio que estaba atrapado en el aire, rodeado por trozos invisibles de la energía de Ryaku. Inmovilizado, Hiei no pudo sacar su katana, y la energía del youkai rubio cancelaba la suya, por lo que tampoco podía invocar a su fuego negro.

- Hiei - murmuró Kurama para sí mientras saltaba hacia él, dispuesto a liberarlo. Sin embargo con otro sutil movimiento Ryaku atrajo a Hiei hacia sí, lejos del alcance del pelirrojo. Hiei le dirigió una mirada asesina al youkai que se limitó a sujetar su barbilla y obligarlo a levantar el rostro.

- Hmm... que pequeño y hermoso youkai. Akai me {ojos rojos}. Nunca había visto ojos como los tuyos. Ahora entiendo por qué Shika-sama me ordenó llevarte.

- Kisama... - siseó Hiei, pero no podía hacer nada.

- ¡Hiei! - exclamó Yuusuke apuntando a Ryaku, listo para disparar su ReiGun. El youkai sólo sujetó a Hiei y lo puso delante de él, pasando un brazo por el cuello del demonio de fuego y usándolo como escudo.

- Inténtalo, dispárale a tu propio compañero.

- Ch' - Yuusuke bajó su mano, aunque la mirada de Hiei le ordenaba disparar y destruir a ese maldito youkai hipócrita, sin preocuparse si lo hería a él también o no.

- Bueno, ya es hora de irse... - comentó Ryaku observando fijamente a Kurama -. No te preocupes, me encargaré personalmente de cuidarlo bien - dijo sarcástico, luego sudó una gotita -. Ah, me olvidaba - se volvió hacia Kyo, que frunció el ceño -. Tú también vienes - dijo Ryaku y el joven fue elevado en el aire.

- ¡Cuidado, Kusanagi! - gritó Yuusuke pero ya era tarde. Ryaku empezaba a alejarse entre los árboles.

- No... Hiei... Kyo... - murmuró Kurama dejando caer su látigo. Frente a los ojos de sus compañeros, Kurama se volvió el alto youko de cabello plateado y echó a correr, seguido de Yuusuke y Kuwabara, sin embargo, a pocos pasos, su cuerpo cambió de forma otra vez, transformándose en un zorro plateado con varias colas que pronto se perdió en la oscuridad del bosque.

- ¡Kurama, espera! - gritó Kuwabara pero fue en vano. Kurama había seguido el mismo camino de Ryaku y no daría marcha atrás.


 

Capítulo 27: Goukan... {Violación}
*LEMON*

***

Suspendidos en el aire, rodeados por la repulsiva energía del youkai de cabello dorado, Hiei y Kyo se debatían por liberarse. Ryaku saltaba ágilmente de rama en rama, a una velocidad impresionante. Al parecer durante el camino hacia el castillo hizo uno que otro comentario pero no lo escucharon. Estaban demasiado ocupados tratando de deshacerse de la energía que los envolvía. Finalmente, sobre un claro, Ryaku se detuvo en seco y se volvió.

- Miren - dijo con una media sonrisa, señalando hacia el suelo.

Hiei bajó la mirada y notó que un zorro blanco acababa de aparecer entre los árboles, jadeando, oliendo a su alrededor, como si hubiera perdido un rastro. Ryaku lo apuntó con un dedo, imitando la pose del ReiGun de Yuusuke. Hiei le dirigió una mirada asesina, como si lo amenazara jurándole que si le hacía daño al zorro se las pagaría.

- Es un zorro muy persistente, ne? - comentó el youkai sin dejar de apuntar al zorro y empezando a acumular energía en la punta de su dedo -. Es por eso que se dejó matar hace tanto tiempo. Creo que aún no aprende la lección.

- Kitsune no yarou! {¡Zorro idiota!} - gritó Hiei repentinamente y el zorro plateado dio un salto para ponerse a salvo, oculto entre los gruesos troncos de los árboles. Ryaku gruñó molesto, Hiei acababa de arruinarle la diversión. Se volvió hacia él con ojos llameantes y lo apuntó con la energía de su dedo.

- Eso no fue muy inteligente de tu parte - dijo Ryaku en voz baja y contenida. Dejó ir su energía, que pasó rozando el rostro de Hiei. El pequeño youkai frunció el ceño y sus ojos escarlata se oscurecieron furiosos cuando amenazó:

- Maldito cobarde, atrévete a soltarme.

- Heh... No estás en posición para hablarme así - gruñó Ryaku cruzándose de brazos y volviendo a mirar hacia abajo, hacia el zorro.

Kyo había permanecido en silencio, nunca antes había visto a Kurama con esa forma. Ni siquiera había sabido que podía convertirse en un zorro plateado aparte de youko. Le parecía irreal aquello... saber que Kurama era ese hermoso animal de cabello brillante y varias colas. Volvió su mirada hacia Hiei, que ya no podía contener más su furia. De haber podido, el youkai hubiera destrozado a Ryaku en cientos de pedazos de la forma más dolorosa posible. Su mano estaba cerrada alrededor de la empuñadura de su espada, pero la energía que lo atrapaba era tan estrecha que le hacía imposible moverse.

- Bueno, sigamos - dijo Ryaku para sí y esta vez partieron a una velocidad vertiginosa, el bosque se convirtió en una mancha verde borrosa, y el cielo nocturno desapareció en un remolino que oscureció todo el Makai.

***

- ¡Kuramaaaaa! - llamó Yuusuke poniendo las manos a los lados de su boca para amplificar su grito. Hacía mucho rato que lo habían perdido de vista y temían estar perdidos en ese bosque retorcido y traicionero.

- ¡¡Kuraaaaaamaaaaa!!! - esta vez fue Kuwabara quien gritó a todo pulmón. Todo estaba muy oscuro y apenas podían verse entre sí.

- Hey...

Con un sobresalto, los dos muchachos se dieron cuenta que habían llegado a un claro muy parecido al que acababan de dejar atrás; y, ahí, frente a ellos, esperaba la alta figura de Youko Kurama que les dirigió una mirada seria y fría.

- ¿Do... dónde están? - tartamudeó Yuusuke mirando alrededor y esperando ver a Hiei y Kyo -. No me digas que Ryaku consiguió llevárselos...

Lentamente el alto youko levantó un brazo y señaló con un largo dedo índice hacia el castillo que se erguía contra el cielo.

- Allá están, en el castillo de Shika - dijo en voz baja.

- ¿Y qué esperamos para ir a...? - empezó Kuwabara animadamente, poniéndose en pose de victoria asegurada.

- Baka! - el grito de Yuusuke arruinó el efecto -. No podemos ir y entrar, ¿o tú crees que todo ese ejército de youkai nos recibirá amablemente?

- Yo entraré - intervino secamente Kurama, apartando su largo cabello del rostro y haciendo aparecer una rosa que pronto se convirtió en látigo.

- ¡Ja! ¿Ves? Kurama me apoya - rió Kuwabara pero la mirada de Yuusuke lo hizo callar definitivamente.

- ¿Tienes algún plan, Kurama? - preguntó Yuusuke sin mirar directamente hacia esos ojos dorados. El youko no se volvió, continuó observando el castillo.

- No conocemos el terreno - dijo finalmente -, y estamos en desventaja. Esperaremos que amanezca. El bosque nos protegerá hasta entonces.

Los dos jóvenes ningen miraron hacia el cielo, aún se veía oscuro. No tenían forma de saber cuánto faltaba para el amanecer.

***

- Ya pueden abrir los ojos - oyó Kyo y lentamente empezó a recobrar la consciencia. Parpadeó varias veces hasta que una imagen se formó ante sus ojos: un salón enorme, con paredes de piedra y vacío salvo por un antiguo trono cubierto de lienzos y mantas que caían y se confundían con la alfombra. Había una persona allí, su cabello blanco fue lo primero que le llamó la atención; podría haber sido un anciano por el color de su cabello, pero su rostro no parecía tener edad determinada... Al contrario, parecía demasiado joven para la poderosa energía que proyectaba. Vio una sonrisa formarse en sus labios.

- Bienvenidos a mi humilde morada - saludó el youkai poniéndose de pie produciendo un rumor de telas.

Kyo se levantó también, y vio que Hiei a su lado hacía lo mismo. Su mano continuaba en la empuñadura de su katana pero no la desenfundó. Esperaba el momento preciso, y no sería él quien iniciara el ataque.

Mientras tanto, Shika se había acercado hasta quedar frente a Kyo. Lo observó fijamente un momento, y luego de una sonrisa, levantó sus manos para apartar el cabello castaño de los ojos oscuros del joven.

- Es entendible por qué le gustabas tanto a Iori... - comentó. Luego se volvió hacia Hiei y apartó los mechones negros y blancos de su frente, dejando visible su cinta blanca. Con un movimiento veloz la arrancó, mostrando el tercer ojo de Hiei, su Jagan. El pequeño youkai se limitó a fruncir el ceño mientras su Jagan se iluminaba con una tenebrosa luz púrpura. Kyo no pudo evitar quedar observando la frente de Hiei pero Shika volvió a él y sujetó su barbilla. Su contacto envió escalofríos por la espalda de Kyo y con un brusco movimiento apartó la mano intrusa.

- Oh... eso no fue nada gentil de tu parte - dijo Shika retirando su mano y frotándosela suavemente -. Te estoy tratando mejor de lo que jamás he tratado a nadie, deberías estar agradecido. Tú y tu amigo jaganshi pasarán un buen tiempo aquí.

- No lo creo - gruñó Kyo apretando los puños y adoptando una posición ofensiva. Shika parpadeó con inocencia y se echó a reír.

- ¿Eh? ¿Quieres pelear conmigo? ¿Tú? - el youkai hizo una pausa y se llevó dos dedos a la frente -. Es verdad, lo había olvidado... Ustedes los ningen sólo viven para pelear, ¿no es así?

Kyo y Hiei guardaron silencio, en un entendimiento sin palabras, preparándose para un ataque simultáneo. Sin embargo antes de que pudieran hacer nada Shika volvió hacia su trono y les sonrió de una forma mucho más sincera que Ryaku.

- No tengo nada en contra de ustedes - dijo -. Pero servirán perfectamente para mis planes. - Shika apartó una de las cortinas que había detrás de su trono y una silueta se dibujó contra la luz de las antorchas. - Antes de enviarlos a sus aposentos, supongo que te agradará ver a alguien...

- ¡Yagami! - Kyo no pudo evitar una exclamación. Quien acababa de salir a la luz era Iori. Vestía de forma muy diferente, con una larga túnica que llegaba casi hasta el suelo. Su cabello brillaba suavemente, reflejando la luz de las antorchas, y el ojo que no quedaba cubierto por los largos mechones rojos observaba indiferente a Kyo. Sus manos estaban relajadas a sus costados, sus largos dedos adornados con anillos plateados. - ¿Estás bien? - El joven dio un par de pasos hacia Iori que se limitó a observarlo y esbozar una extraña sonrisa.

- Estaba esperándote - dijo Iori, poniendo una mano en la cabeza de Kyo, como si acariciara a un niño o un cachorro.

- Yagami... Yo... - imágenes de Iori tosiendo sangre en el vestidor, y luego interponiéndose en el ataque de Ryaku parpadearon en la mente de Kyo, que dejó morir las palabras en sus labios, seguro de que Iori entendía lo que trataba de decir.

El pelirrojo retiró su mano y sonrió de nuevo, maliciosamente esta vez. Shika se interpuso entre Kyo, que retrocedió un paso, y Iori, que permanecía inmóvil y tranquilo.

- Ahora que ya se han saludado - dijo Shika hablándole a Iori -, cuéntale sobre tu decisión. Dile que has decidido quedarte aquí conmigo.

La mirada de Kyo fue de confusión absoluta antes de convertirse en una expresión dura y furiosa. Iori no dijo nada, sólo continuó observándolo. Finalmente, como ninguno de los dos habló, Shika se paró al lado de Iori y entrelazó sus dedos en los de él. Con su mano libre sujetó la barbilla de Iori y lo acarició con suavidad antes de hacerle volver la cabeza para besarlo con gentileza en los labios.

El pelirrojo cerró sus ojos un segundo, como si disfrutara ese beso, pero los volvió a abrir para clavar una mirada burlona en Kyo. Cuando Shika se separó de él Iori rió fuertemente.

- ¿Qué le has hecho? - gruñó Kyo avanzando enfurecido hacia Shika que no había soltado la mano de Iori.

- ¿Eh? Creo que lo he besado - rió Shika llevándose dos dedos a los labios -. ¿Quieres que lo haga de nuevo? - Y Shika se inclinó hacia Iori una vez más. Kyo no pudo evitarlo y lanzó un golpe dirigido al rostro del hermoso youkai de cabello blanco. Hiei hizo un movimiento como para detenerlo, sabiendo que era una estupidez atacar de ese modo a un youkai del nivel de Shika, pero no fue necesario que interviniera. Una mano se cerró alrededor del puño de Kyo y con gran facilidad apagó sus llamas anaranjadas, convirtiéndolas en una llamarada púrpura que brilló intensamente un momento.

- ¡Yagami! - exclamó Kyo sin querer creer lo que acababa de suceder. Iori le sonrió con una de sus antiguas sonrisas crueles, cargadas de rivalidad y odio.

- ¿Qué pasa, Kyo? - dijo, sarcástico. En seguida dirigió su mirada al fuego que bailaba en su mano totalmente bajo control, sin producirle dolor, sin herirlo. Kyo miró también, luego observó a Iori. Las llamas se apagaron cuando el pelirrojo cerró su mano en un puño. - Shika no me ha hecho nada - dijo, contestando a la anterior pregunta de Kyo -, sólo me hizo un ofrecimiento y yo acepté. ¿Es tan difícil de comprender? - Iori rió apagadamente -. Ah, claro, lo había olvidado, siempre fuiste bastante estúpido.

Demasiado confuso como para volver a atacar, Kyo se quedó observando a Iori, que continuó:

- Eres tan estúpido como para imaginar que todo lo que sucedió en el Ningenkai nos llevaría a ser amigos, ¿verdad? - Iori rió y Shika rió con él.

- Vi los besos que Iori te dio, Kusanagi - intervino Shika con una sonrisa de superioridad -. Y comprendo por qué caíste en su engaño. Cualquiera caería en ese truco... Iori besa muy bien, ¿ne?

Hiei frunció el ceño. Podía ver que Kyo apretaba fuertemente los puños, tratando de no demostrar los sentimientos que se agitaban en su interior. Si demostraba estar afectado por esas palabras recibiría más y más burlas y no lo podría soportar. Los atacaría, a ambos, y perder el control en un momento como ese, en ese lugar tan desventajoso sería una muerte segura.

- Entonces... - murmuró Kyo.

- Kisama... - fue Iori quien contestó -. ¿Por qué demonios me interesaría en alguien como ? ¡¿No me dirás que pensabas que era en serio?!

Kyo se mordió el labio pero en seguida su mueca se tornó en una sonrisa y sus hombros se estremecieron cuando rió. Que idiota era... Caer en ese truco... ¡Era tan obvio! ¡Era típico de Yagami! ¡Por supuesto que todo había sido una gran actuación! ¿Yagami amando a alguien? ¿Yagami preocupándose por algo más que no fuera matarlo? ¡Quizás todo había estado preparado desde el comienzo! El ataque... el viaje al Makai... K'so...

- ¿Sorprendido? - rió Iori.

Kyo levantó la vista hacia él y rió también, cosa que extrañó al pelirrojo aunque no lo demostró.

- Si, pero no de ti. Era de esperarse... después de todo, eres tú, maldito bastardo. Lo que me sorprende es que yo haya caído tan estúpidamente en tu truco.

Más risas.

- Por eso dije que siempre has sido un idiota, Kusanagi Kyo.

- Temee... Te haré pagar... - gruñó Kyo encendiendo una llamarada de fuego en su mano.

- Morirás primero - fue la respuesta de Iori acompañada de su sonrisa burlona.

Shika sonrió, tenía los brazos cruzados y se apoyaba en Iori. Estaba complacido por la forma en que todo sucedía. Con una señal le indicó a Ryaku que llevara a Kyo y Hiei a la "habitación" que les había asignado, no sin antes apoderarse de la katana del youkai que intentó resistirse pero no pudo hacer nada porque Ryaku le sujetó ambos brazos con facilidad.

Después de que los dos youkai y el ningen salieron del salón, Shika pasó su brazo alrededor de la esbelta cintura de Iori y lo atrajo hacia sí. Iori lo rechazó con un brusco empujón y le dirigió una helada mirada asesina. Shika sonrió dulcemente. La primera parte de su grandioso plan se había llevado a cabo a la perfección.

- Pensé que estarías feliz de verlo - comentó Shika con una sonrisa burlona, a la que Iori respondió guardando silencio y apartando la mirada -. ¿Qué? ¿No estás feliz? Pero si lo traje antes de tiempo para que te hiciera compañía.

El tono burlón de Shika era insoportable, pero Iori se limitó a apretar los puños. En una ocasión diferente, lo primero que hubiera hecho habría sido lanzarse contra ese maldito youkai y destrozarlo con sus propias manos, pero ahora no podía hacerlo. Su decisión estaba tomada, había aceptado el ofrecimiento de Shika. Sólo le quedaba soportarlo.

Pero...

Mientras escuchaba la voz del youkai que continuaba burlándose, Iori se preguntó qué demonios planeaba hacer con Kyo. "Una sorpresa", le había dicho Shika, nada más.

Iori dio unos pasos, alejándose del trono y del youkai, que seguía hablando tonterías para enfurecerlo. Llevándose una mano a los labios, Iori sintió la esencia de Shika aún impregnada en él y la odió. Era algo repugnante, ser besado por ese youkai que, aunque hermoso, seguía siendo sólo un demonio. La mirada que le dirigió Kyo cuando vio que se besaban estaba muy clara en su mente... dolida, pero rápidamente tornándose en desilusión, comprensión y furia.

Aquella ocasión en los vestidores... cuando Kyo lo encontró arrodillado en el suelo, justo antes de su pelea con el Female Team, se había sorprendido al ver su expresión sincera y preocupada. No había podido creer que el arrogante Kyo Kusanagi pudiera ser la misma persona que tenía al frente, gentil, algo titubeante y tan sumiso. Jamás lo hubiera imaginado así, jamás. En ese momento había querido quedarse observándolo, tratando de leer en sus ojos si esa preocupación era producida por algo más que responsabilidad hacia otra persona. Pero ahí estaba, ese brillo. Rogándole que esperara un momento mientras iba a buscar ayuda.

Iori se dirigió a la salida del salón y a su espalda oyó la voz de Shika exclamando:

- ¿A dónde crees que vas?

Se volvió a medias para observarlo en silencio, luego prosiguió su camino hacia la puerta mientras su mente seguía perdida en sus desordenados recuerdos.

Kyo le había dicho varias veces que ya no quería pelear, y él se había limitado a burlarse y amenazarlo. ¿Por qué? Oh... porque simplemente no sabía cómo demonios reaccionar ante esas palabras. ¡No se podía terminar con una rivalidad que duraba ya varios años, toda una vida, con sólo esas palabras! Pero al parecer Kyo sí creía eso. Y se había negado a pelear en varias ocasiones. No importaba si Iori lo golpeara cruelmente y sin consideración. Kyo no había respondido ni un solo golpe.

Y, cuando al fin había comprendido por qué Kyo se había rendido de ese modo, aparecía este maldito youkai y los separaba. Iori gruñó para sí. Había comprendido que Kyo sentía lo mismo que él, ¡era tan simple!

Un dolor en su pecho lo hizo sobresaltarse. Volvió a tocarse los labios y notó que sangraba. Oyó la risa de Shika muy cerca, justo a su lado.

- Hm... parece que la dosis que te di no fue suficiente, ¿ne, Iori? - dijo suavemente, sacando la botellita de su manga y haciendo brillar el líquido a la luz. Iori frunció el ceño. Shika continuó -. Si te diera todo... jamás morirías, pero gota a gota te mantendré con vida mientras yo lo desee. Y apenas me aburra... - El youkai le sujetó el brazo y lo llevó en dirección contraria a la que Iori se dirigía -. Pero si te portas bien jamás me aburriré de ti - continuó diciendo y acarició la mejilla del pelirrojo con uno de sus dedos -. Me gustan las cosas hermosas... y adoro divertirme con ellas. Ven... - Shika se detuvo un momento, sosteniendo a Iori, que había comenzado a toser -. Ven, aprovechemos lo que queda de la noche. El amanecer traerá un día muy ocupado...

***

La habitación de Iori estaba cálidamente iluminada por una antorcha que ardía junto a la puerta. La amplia cama estaba revuelta; desordenada porque Shika había mandado despertar a Iori en medio de la noche para que fuera a "recibir" a sus invitados. Ahora que volvían, Shika empujó a Iori obligándolo a acostarse nuevamente.

El pelirrojo tenía los ojos cerrados y una mano en le pecho, sintiendo los latidos acelerados de su corazón. Era como si de un momento a otro éste fuera a estallar debido al dolor y el ardor.

Los labios de Shika se posaron en los suyos entreabiertos, manchándose de sangre y lamiendo el hilillo que seguía brotando. Con manos ágiles, el youkai empezó a soltar la túnica que Iori vestía y que, pensó, era mucho más fácil que desabotonar su larga camisa. Iori no se resistió, hacer cualquier movimiento le cortaba el aliento. Sabía lo que Shika pretendía, pero no tenía fuerzas para deshacerse de él.

La túnica se abrió, revelando su torso desnudo. Shika recorrió su pecho con la punta de los dedos.

- ¿Duele? - preguntó, besando a Iori en el cuello y apartando la mano que él tenía sobre su corazón. Lo besó ahí también, dejando un rastro de su propia sangre y sintiendo el latir del corazón de Iori contra sus labios. - Hey, cálmate... Todavía no he hecho nada como para que te agites así... - bromeó Shika y Iori le dirigió una mirada furiosa. Shika sonrió. Subiéndose a la cama, se arrodilló, quedando con Iori entre sus piernas, mientras comenzaba a abrir su propia túnica a la débil luz de la antorcha.

Pronto, las llamas iluminaron su cuerpo pálido, con el aspecto de un humano y sin embargo de youkai. Iori ya no lo miraba. No podía soportar la idea de tener a esa criatura sobre él y estar a su merced. Cuando su cuerpo empezó a reaccionar, contra su voluntad, a las dolorosas pero placenteras caricias del youkai, el pelirrojo no lo soportó más y le lanzó un golpe, dispuesto a deshacerse de él. No iba a pasar por semejante humillación, ¡prefería la muerte! ¿Qué importaba seguir viviendo si iba a ser con el propósito de "entretener" a Shika durante el resto de su vida? Pensando así golpeó con toda la fuerza que el dolor le permitió acumular, pero se sorprendió al ver la facilidad con que el youkai detuvo su puño.

- No sé tú... pero me encanta que mis amantes se me resistan - murmuró Shika apartando su mano y atrapándola contra el colchón. Hizo lo mismo con el otro brazo de Iori, que quedó inmovilizado bajo él.

Ahora que ninguno de los dos podía usar sus manos, Shika empezó a moverse suavemente, sorprendiendo a Iori que contuvo el aliento durante largo rato. El roce de la piel del youkai era enfermante, pero su estúpido cuerpo reaccionaba como Shika esperaba que lo hiciera y el demonio se veía sinceramente complacido.

- Si todos los ningen son como tú... - sonrió Shika -, ese Kusanagi debe ser muy interesante también.

Iori lo miró con odio.

- No te... atrevas... - jadeó, pero Shika lo hizo callar con un beso mientras incrementaba un poco el ritmo de sus movimientos.

- Mientras tú me satisfagas... no intentaré hacerle nada a tu Kusanagi... De eso puedes estar seguro... - Shika le arrancó un grito a Iori y supo que el momento que más le gustaba estaba llegando. Obligó a Iori a levantar sus piernas y se apoyó justo sobre él. - Me parece que lo estás disfrutando tanto como yo, ¿ne, Iori? - sonrió el youkai mientras con la punta de su dedo acariciaba aquellas partes jamás exploradas del cuerpo del joven. Iori se movió violentamente cuando Shika forzó sus dedos dentro de él, a través del estrecho pasaje. Shika ya no lo sujetaba, pero la sensación que lo embargaba era tan dolorosa que inconscientemente Iori se aferró a las sábanas revueltas, mientras cerraba fuertemente los ojos, incapaz de resistir más el placer.

Gentilmente al comienzo, el youkai rozó la suave piel del interior, haciendo que Iori conteniera el aliento y gimiera suavemente. Acarició durante unos segundos más pero luego su sonrisa se convirtió en una de maldad. Placer y dolor... Odio y amor... Todo perdía su significado en ese momento.

Iori gritó cuando sintió que el youkai lo forzaba a abrirse. Toda la gentileza había desaparecido, y el placer casi era sobrepasado por el dolor que le producían las garras del youkai al herir su interior. Inevitables, las lágrimas empezaron a correr por las mejillas del joven mientras Shika retiraba sus dedos y miraba con ojos satisfechos la brillante sangre que los cubría.

- Hace tanto tiempo que no poseo a un ningen, Iori... ¡Hace siglos! Desde que tu familia me desterró a este mundo he tenido que conformarme con demonios de nivel bajo, que no ofrecen nada de placer. Son tan fáciles... Pero aquí te tengo, resistiéndote hasta el final. Eso me gusta... Me excita mucho... ¿sabías? - Y, como para demostrar lo que decía, Shika rozó suavemente a Iori que, al comprender lo que era aquella calidez rozando entre sus piernas, intentó levantarse violentamente. Sin embargo, como si lo esperara, Shika se movió también, apoyándose sobre los hombros de Iori para mantenerlo quiero contra la cama mientras que, con una brusquedad extrema que a él también le produjo un agudo dolor, penetró en Iori, que no pudo contener un grito.

Iori sólo cerró los ojos, sujetando las sábanas entre sus dedos. Gimió cuando Shika se retiró y volvió a entrar en él con la misma violencia de la primera vez pero apretó los dientes para no volver a gritar. ¿Satisfacerlo? ¿Así? No quería imaginarse a Kyo soportando al repulsivo youkai, la sola idea lo enfurecía. Pero el hecho de tener que soportarlo él mismo lo enfurecía aun más. Odió a su estúpido cuerpo mortal por no poder controlar su reacciones, odió al youkai que estaba sobre él y se mostraba tan complacido cada vez que él gemía. Jadeó cuando la sensación se hizo insoportable, y no pudo resistirse cuando Shika lo obligó a sentarse frente a él.

Con el aliento entrecortado, Iori sintió que la sangre lo estaba ahogando, pero a Shika parecía gustarle mucho lamer ese rastro carmesí que brotaba de la comisura de sus labios. Ahora, frente a frente, Iori no pudo evitar dejar caer la cabeza, apoyándose en el hombro de Shika, apretando los dientes y aferrándose a sus hombros. Cada vez que Shika entraba en él, él hundía sus uñas en la piel del youkai y gemía en su oído, deseando matarlo. Respirar se le hacía imposible, entre jadeos y tosidos debido a la sangre; el dolor en su pecho se mezcló con el dolor que Shika le estaba produciendo y durante un momento Iori sintió que no iba a soportarlo más. Invocó a sus llamas púrpura, pero una punzada lo hizo desistir en su intento. No supo si fue debido al fuego, o si fue Shika, pero sus ojos se llenaron de lágrimas y vio que su propia sangre había manchado todo.

El youkai continuó con eso durante largo rato, rozando el interior herido de Iori sin consideración. Sus movimientos eran bruscos pero medidos, de alguien que sabía cómo prolongar la excitación hasta finalmente hacerle creer que llegaría al clímax, solo para volver a aminorar su ritmo y alargar la insoportable espera. El pelirrojo creía que iba a enloquecer si ese juego de Shika continuaba, pero esa era la idea del youkai, eso era lo que le gustaba, y la sonrisa volvió a aparecer en sus labios.

- ¿Qué pasa, Iori? ¿No es suficiente?

- Ah... - Iori no pudo responder porque en ese momento Shika lo atrajo hacia sí, presionándolo contra su cuerpo -. Kisam... ahh...

Con una risita, Shika limpió el sudor de la frente de Iori y susurró:

- Ruega...

La mirada de indignación de Iori fue tal, que el youkai no pudo contener la risa.

- Ya no tienes nada que perder, ne? Tu orgullo está hecho pedazos... Y yo quiero oírtelo decir... Ruégame... Ruega que termine...

Silencio.

Shika arrancó otro grito a Iori y exclamó, más cruelmente esta vez:

- ¡Ruega!

Iori se limitó a apartar la mirada, lágrimas humedeciendo las sábanas. Shika terminó perdiendo la paciencia.

- Tu amante ningen está a pocas habitaciones de aquí, si no me satisfaces, quizás vaya a hacerle una visita antes del amanecer - jadeó en el oído de Iori, que cerró los ojos fuertemente. Quería obligarse a que no le importara, quería hacerse creer que no sentiría nada si Shika cumplía con sus amenazas pero, ¿a quién quería engañar? Su mente le gritaba que Kyo era suyo y de nadie más, ese sentimiento tan posesivo lo volvía loco. O quizás ya había perdido la razón desde la primera vez que vio a ese maldito joven de cabello castaño. Gimió una vez más. Lo que Shika hacía ahora era doloroso, más doloroso que lo de momentos atrás. Lo hacía a propósito para obligarlo a implorar.

- Termina con eso - dijo Iori inexpresivamente. El youkai frunció el ceño.

- Nake! Sakebe! {¡Llora! ¡Grita!} - exclamó, remedando las propias palabras del pelirrojo.

Iori se volvió hacia Shika, lágrimas salpicando su rostro.

- Naze da...? {¿Por qué...?} ¿Por qué haces esto? - exigió saber en un gemido. Shika sonrió malignamente.

- ¿Sabes la humillación que sufrí cuando tu maldito clan me envió al Makai? ¡Quiero que tú pases por lo mismo! ¡Es tan simple! Y, después de años de observar a los ningen, me di cuenta que el simple hecho de ser... ¿violados? ¿Así es como le dicen ustedes? Les produce una profunda verguenza. Ser violados, o derrotados. Y te voy a hacer pasar por todo eso, itoshii. En nombre de todos los Yagami, ¡por haberme desterrado a este mundo hace siglos!

Iori se encogió en sí mismo, apretando las sábanas como si fuera lo único a lo que podía aferrarse para que el dolor no lo arrastrara consigo. Shika aceleró su ritmo, rozando e hiriendo, produciéndole un intenso placer que rápidamente se convirtió en una pulsante sensación. Y cuando Iori pensaba que no iba a poder soportarlo más, un estallido tibio en su interior lo hizo saber que Shika había alcanzado su clímax, pero no pudo pensar nada más porque sintió que los labios de Shika se cerraban alrededor de él para recibir su húmeda semilla, que brotó a pesar de que Iori no deseaba concederle esa satisfacción al youkai.

El youkai rió, finalmente apartándose. Se quedó recostado junto a Iori, que jadeaba con los ojos cerrados.

- Creo que... sí me gusta como lo haces... - le dijo apartando el cabello rojo y lamiendo la humedad de los labios, barbilla, cuello y pecho de Iori -. Puedes estar tranquilo, tu amante ningen puede esperar...

Con eso, Shika buscó entre las túnicas que habían caído al suelo y sacó la botellita que le había entregado el Reikai como recompensa. La destapó con delicadeza y dejó caer algunas gotas en los labios de Iori.

Eso no iba a terminar así... pensó el pelirrojo mientras sentía la fresca sensación apartar el dolor. No... no iba a terminar así...


 

Capítulo 28: Separación

Ryaku estaba teniendo problemas para contener al enfurecido Kusanagi. Camino a la habitación que les había asignado Shika, el joven se deshizo con un golpe de los dos youkais que lo sujetaban de los brazos. Los dos demonios volaron a través del pasillo hasta dar con una pared donde quedaron suspendidos en el aire un momento antes de caer pesadamente contra el piso.

Hiei sonrió malicioso, y en un movimiento demasiado rápido escapó de las garras de Ryaku, que se volvió hacia ellos, molesto.

- No se resistan, están en desventaja - los amenazó mientras alertaba a los guardias cercanos incrementando bruscamente su youki.

- No en este momento - remarcó Kyo, dando un firme paso hacia él, listo para golpearlo.

El youkai esquivó el golpe del ningen pero al mismo tiempo se encontró con que Hiei atacaba por el otro lado. Le costó trabajo esquivarlos a ambos, y tuvo que saltar hacia atrás. Su cabello dorado desordenándose a su alrededor.

Sin esperar más, Kyo corrió hacia él, encendiendo sus llamas, realmente dispuesto a destruirlo. No quería perder el tiempo ahí, no quería ser encerrado en una habitación. Lo que en ese momento deseaba era estar frente a frente con Yagami. Quería devolverle la humillación, quería hacerle pagar. No importaba si había otros sentimientos de por medio. Lo que en ese momento sentía era una rabia insoportable. Rabia contra sí mismo por haber sido tan estúpido.

No tenía consideración con nadie... Sus pensamientos estaban bloqueados, decididos a continuar en esa bruma de odio. Odiaba a Yagami, se odiaba a sí mismo, odiaba a Kurama por haberle hecho creer que el amor era posible en su vida. Rió con amargura interiormente mientras Ryaku sujetaba su puño y le hundía una garra en el estómago. Kyo no sintió el dolor. Estaba demasiado alterado. Sabía que Hiei estaba a su lado, y eso le recordaba las dulces y estúpidas palabras que le había dicho en el bosque. Que confiara en Kurama... Que Kurama lo amaba.

¡Tonterías!

Quizás debía seguir el ejemplo de Yagami: alejar toda clase de sentimentalismos de su vida. ¿Amor? ¿Calidez? Si no había amor no habría sufrimiento. Yagami no se preocupaba por nadie y así era feliz.

Kyo se encontró atrapado contra la pared. Había estado peleando tan erráticamente que ni siquiera notó cuando fueron rodeados por youkais. Hiei ya no estaba a su lado, estaba rodeado de demonios en otro lugar del pasillo. Eran demasiados para ellos dos solos, pero ninguno de los dos se iba a rendir tan fácilmente.

- Estás molesto por Yagami, ¿verdad? - preguntó Ryaku, sujetándolo firmemente para que no consiguiera zafarse de sus garras.

El joven se limitó a mirarlo airado, mientras levantaba su pierna para encajarle un rodillazo. Ryaku dio un salto hacia atrás, esquivándolo, pero dejó libre a Kyo, que se puso en guardia.

- Eso no te importa - respondió.

Ryaku sonrió malicioso, aumentando su youki y acumulando energía en la palma de su mano.

- Claro que no - asintió mostrando sus colmillos -, el que me importa es Shika-sama, y tu Yagami está demasiado cerca de él.

- Como si yo tuviera la culpa - rió Kyo con arrogancia.

- No puedo deshacerme de Yagami - murmuró Ryaku con un tono furioso -, y estoy realmente tentado a desquitarme contigo.

- Inténtalo, te irá mal - sonrió Kyo. Ryaku solo se encogió de hombros y le lanzó el youki que había estado acumulando. Kyo no hizo nada por evitarlo.

En otro lado, Hiei escuchó la explosión y al volverse vio que la pared del pasillo estaba humeando. Ryaku estaba de pie y Kusanagi arrodillado frente a él, al parecer herido.

- Shimatta - gruñó el youkai de fuego. ¿Por qué los malditos ningen no podían cuidarse por sí solos?

Pasando entre los guardias que intentaban atraparlo, Hiei corrió rápidamente hacia Kyo. Vio que seguía vivo y sólo estaba algo confundido. Miró a Ryaku con sus fieros ojos rojos. El youkai rió.

- No lo he matado... Shika-sama me haría desaparecer si llego a matar a alguno de sus "huéspedes" - dijo con ironía y en seguida agregó -: Aunque, ¿sabes? Quizás sería mejor para él morir ahora.

- Maldito... - gruñó Kyo débilmente.

Hiei lo observó un segundo, luego miró a Ryaku con una sonrisa maliciosa.

- Te voy a matar - dijo encendiendo una llama en su mano -. Jaou Ensatsu Ken... - pronunció y una espada de fuego negro se formó.

Ryaku le devolvió la sonrisa y observo como el fuego lentamente se apagaba.

- Nani? - gruñó Hiei observando sus manos. Intentó invocar a sus llamas de nuevo pero nada sucedió. Ryaku se apresuró a sujetarlo con sus fuertes brazos, inmovilizándolo. Hiei se retorció, tratando de liberarse, pero era inútil.

- Al fin surtió efecto... - gruñó Ryaku echando a andar, sin soltar al pequeño y enfurecido youkai, y siendo seguido por otros guardias que sujetaban a Kyo -. Este castillo está protegido por un kekkai... y la energía de Shika-sama es capaz de cancelar la tuya... - Ryaku rió apagadamente. Ya casi llegaban.

La puerta de la estrecha habitación se abrió y Hiei y Kyo fueron lanzados bruscamente al interior. Levantándose rápidamente, Hiei se volvió hacia Ryaku, que lo observaba desde la puerta. Corrió hacia él pero se encontró con que la puerta estaba bloqueada por una barrera. Ryaku le sonrió burlón.

- No podrán escapar de ahí - les dijo y cerró la puerta, aunque eso no era necesario.

- Maldita sea - gruñó Hiei. Observó su mano y ordenó al fuego aparecer. Nada. Sin notarlo, su jagan había empezado a emitir una débil luz púrpura y, al fin, las llamas brotaron violentamente. Las apagó cerrando su puño y luego se volvió a examinar en qué tipo de lugar estaban.

Era un salón pequeño, al parecer abandonado desde hacía mucho tiempo. Tenía una enorme ventana a través de la cual podían ver el bosque donde habían pasado la noche, y el cielo que empezaba a aclarar. Una vieja y gastada cama estaba junto a la pared. Aparte de eso, no había nada más.

Kyo observaba también, y lo primero que hizo fue acercarse a la ventana. Con un puño fuertemente cerrado, parecía a punto de golpear. Hiei le iba a decir que no lo hiciera pero Kyo ya había levantado su mano. Para sorpresa de Hiei, que esperaba verlo lanzar un furioso golpe, el joven sólo posó la palma de su mano sobre el frío vidrio. Al instante, una corriente de energía oscura recorrió su mano y trepó pos su brazo, retorciéndose a su alrededor, hiriéndolo cruelmente.

- Ah... - fue todo lo que dijo Kyo, retirando su mano y observando la piel chamuscada -. Madición...

Hiei se acercó.

- Es un kekkai poderoso. Ni siquiera pienses en destruirlo - sugirió.

- ¿Y qué haremos? ¿Sentarnos a esperar? - le soltó Kyo, aún furioso.

El youkai lo observó calmadamente y sonrió con superioridad, como si supiera algo que Kyo no.

- Esperaremos hasta saber qué se propone ese youkai. Salir de aquí será fácil - fue todo lo que dijo, y se sentó en el alféizar de la ventana. Kyo lo observó un momento, luego se alejó de él y se dejó caer en la cama. Cerró los ojos tratando de calmarse pero se le hacía bastante imposible. Quería desquitar su rabia con alguien, y la única persona que se le venía a la cabeza era Yagami.

- Voy a matarlo... - murmuró, sin darse cuenta que lo había pronunciado y que Hiei lo había oído.

- Shika es demasiado poderoso para ti - vino la respuesta de Hiei.

Kyo se sobresaltó al escuchar su inesperada voz pero no se movió.

- Hablaba de Yagami - aclaró, y desde su posición no pudo ver la mirada extrañada del youkai de fuego.

Hiei parpadeó un par de veces, observando al ningen acostado en la vieja cama. No podía comprender ese súbito cambio en el joven. Estaban ahí para rescatar a Yagami, y ahora decía que quería matarlo. Hn... ¿Quién comprendía a los ningen?

***

Las horas continuaron y pronto amaneció. El grupo de Tantei oculto en el bosque vigilaba atentamente el castillo de Shika, pendientes de los youkais que hacían guardia en la enorme entrada.

- ¿Hasta cuándo vamos a esperar? - preguntó Kuwabara, sintiendo que sus miembros estaban adormecidos.

- No lo sé... Creo que no falta mucho, na, Kurama? - fue la respuesta de Yuusuke. El youko se limitó a observarlos fríamente mientras decía:

- El castillo está protegido por una barrera. Aun si nos deshiciéramos de los guaridas no podríamos entrar.

- Nan da to? {¿qué?} - exclamó Yuusuke. Luego de pensar un segundo golpeó el suelo con su puño, furiosamente -. ¿Entonces cómo vamos a hacer para entrar?

Kurama se inclinó un poco más, como si acechara el movimiento de los youkais cerca al castillo. Miró a Yuusuke un segundo y luego respondió:

- Tenemos que esperar a que Hiei consiga de alguna manera acabar con esa barrera.

- ¿Confiar en ese enano? - gruñó Kuwabara -. ¡Nos pasaremos toda la vida esperando aquí! Y la vida de los humanos no es tan larga como la de los youkais, ¿recuerdas? Además, ¿qué va a poder hacer ese enano si está atrapado?

Como respuesta, Kurama sólo sonrió confiadamente. Kuwabara sintió un escalofrío al ver esos ojos dorados fijos en él, pero no tuvo tiempo de pensar nada más porque Yuusuke exclamó:

- ¡Miren!

Con un crujido las puertas del castillo se estaban abriendo. Lentamente, pesadamente, para dejar pasar a una figura que se veía delicada y elegante, envuelta en un traje de fina tela y diseños extraños. Su cabello era largo, y brillaba bajo la luz del sol del Makai. Los youkais que hacían guardia hicieron una inclinación.

- ¿Quién es? - preguntó Kuwabara.

- Ese debe ser Shika - respondió el muchacho de cabello negro -. Puedo sentir un gran poder rodeándolo... Pero, ¿qué está haciendo?

La figura de largo cabello blanco caminó hasta el límite de la barrera que protegía a su castillo y dejó que el viento fresco jugueteara en sus túnicas antes de decir:

- Sé que están ahí, Reikai Tantei.

Yuusuke abrió los ojos con sorpresa y apretó los puños.

- Ch'...

- No tengo nada en su contra, Tantei - prosiguió Shika amablemente, mientras distraídamente acariciaba la suave tela de sus ropas -. Sólo quiero hablar pacíficamente.

Kurama se puso de pie.

- H... Hey... - Yuusuke intentó detenerlo pero el youko no le hizo caso. Dio un paso fuera de su escondite, y el sol brilló en sus ojos dorados y largo cabello plateado. Shika lo vio y no pudo ocultar una expresión complacida.

- Kurama... - sonrió -. Cuánto tiempo...

Yuusuke y Kuwabara se detuvieron en seco. ¿Qué? ¿Kurama conocía al youkai? Se volvieron hacia él como esperando explicaciones, pero todo lo que Kurama dijo, sin dejar de observar a Shika fue:

- Nos conocimos hace algunos siglos.

La risa de Shika llenó el aire. Hubiera sido una risa encantadora, pero como provenía de ese youkai a Kuwabara le hizo sentir escalofríos.

- ¿Nos "conocimos"? ¿Sólo eso? - rió Shika -. Ne, Kurama... Esa no es toda la verdad...

- Entréganos a Hiei y a los dos ningen - le cortó el youko fríamente.

- ¿Por qué tendría que hacerlo? - preguntó Shika. Sólo estaba hablando, protegido por el límite de su barrera. No parecía que fuera a atacar, pero su tono de voz era confiado y algo burlón -. El Reikai puso una recompensa sobre las cabezas de Yagami y Kusanagi, y yo los tengo a ambos. ¿Acaso ustedes no están bajo las órdenes de Reikai? ¡No tienen nada que hacer aquí!

- ¿¡Y qué hay con Hiei!? - exclamó Yuusuke -. ¿Qué demonios pretendes al atraparlo también a él?

- Ah... Ese ya es un asunto personal - respondió el youkai observando fijamente a Kurama. Sonrió de nuevo y señaló hacia lo alto, hacia su castillo -. Él está bien, míralo.

Los Reikai Tantei observaron y Kurama frunció el ceño al ver que Hiei estaba sentando en la ventana de una habitación, en los pisos superiores del castillo. El youko sintió el impulso de pasar por sobre Shika y correr hacia Hiei pero algo lo detuvo. "Asuntos personales", había dicho Shika para explicar la razón por la que tenía atrapado a Hiei. Con una punzada Kurama supo exactamente a qué se refería. Por Inari... Conocía bien a ese youkai de cabello blanco, sabía de lo que era capaz. Era vengativo, y no le importaba hacer sufrir a cualquier criatura mientras aquello le produjera placer. Si tenía a Hiei en sus manos era porque deseaba vengarse de él. Era su forma de corresponderle lo que había sucedido hacía tantos años en el pasado...

- Por tu mirada, parece que lo recuerdas, ne, itoshii... - preguntó Shika, remarcando esa palabra con un desagradable tono de ironía -. Y sí, estás pensando lo correcto, es por eso que tengo a Hiei... Y haré con él justo lo que te imaginas.

Yuusuke y Kuwabara no entendían qué sucedía. ¿Por qué Shika llamaba "querido" a Kurama? ¿Y qué demonios tenía que ver Hiei en eso?

- Pero - esta vez Shika se dirigió a los dos ningen -, el asunto no es con ustedes. Yagami y Kusanagi están aquí porque el Reikai ordenó atraparlos o destruirlos. Y sobre ese pequeño youkai... Eso es sólo entre Kurama y yo.

En ese momento Shika dio un paso hacia el youko, tomándolo desprevenido de la parte superior de su túnica. Tiró de él con fuerza, sin que Kurama pudiera resistirse, y, cuando estuvieron dentro de la barrera del castillo atrajo a Kurama hacia sí, besándolo violentamente en los labios.

El beso duró unos segundos antes de que el zorro de cabello plateado se liberara. Shika se tocó los labios y sonrió.

- Sigues besando tan bien como siempre, Kurama... - comentó. El youko sonrió con maldad y gruñó:

- Eres el mismo estúpido de siempre, Shika - dijo.

Shika agitó sus manos en el aire, como si no le interesara lo que el youko tuviera que decirle.

- Por ahora... no los necesito aquí. Déjenme disfrutar de mis huéspedes sin interrupciones - dijo ligeramente.

- ¡Wuuuaaah! - gritó Kuwabara cuando sintió que el suelo desaparecía bajo él -. ¡Urameshi!

Yuusuke apretó los dientes, todo había sucedido tan de repente que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar y saltar. Kurama caía junto con ellos, pero rápidamente sacó una rosa y la transformó en su látigo, que lanzó hacia arriba, intentando encontrar algo a qué aferrarse. Sin embargo, a pesar de eso, no pudieron detener su caída, y pronto los tres vieron como el agujero se cerraba y los dejaba en la más completa oscuridad.

***

Kyo había caminado hacia la ventana cuando escuchó un gruñido proveniente del pequeño youkai. Inclinándose para ver, se había sorprendido cuando vio que Shika estaba saliendo descuidadamente del castillo, como si se preparara a dar un paseo matutino. Kyo y Hiei lo siguieron con la mirada, observaron cómo las puertas se abrían y luego notaron que Shika decía algo, como hablando al viento.

Tres figuras familiares salieron del bosque cercano. Eran Kurama, Yuusuke y Kuwabara, notaron. No podían oír lo que estaban diciendo, pero los dos muchachos se veían exaltados. Por el contrario, el youko se veía frío y severo. Shika era todo sonrisas. Que insoportable criatura, había pensado Kyo.

Repentinamente, cuando ninguno de los dos se lo esperara, Shika sujetó a Kurama y lo besó apasionadamente, frente a sus compañeros. Hiei abrió mucho los ojos, pero no hizo ni un sonido, ni otro movimiento. Kyo observaba también, sin poder creerlo. Kurama le sonreía a Shika... Y Shika le devolvía la sonrisa... ¿Qué demonios...?

En eso el grupo de Tantei desapareció. Se desvaneció. Como si la tierra se los hubiera tragado.

- ¿Qué pasó? - murmuró Kyo forzando su vista para tratar de ver lo que ocurría a esa distancia.

Hiei se había puesto de pie, furioso. Sentía un odio incontenible contra ese maldito youkai que se había atrevido a besar a Kurama... Inconscientemente su mano buscó la empuñadura de su katana, como si se preparara a salir de esa habitación y cortarle el cuello a Shika. Pero no encontró nada, y con frustración Hiei recordó que Shika se había apoderado de su espada.

Unos segundos pasaron y la puerta de la habitación se abrió. Ambos, Hiei y Kyo, se volvieron bruscamente para encontrarse con que Shika los observaba divertido. Tenía un dedo en sus labios, y sonreía, con esa hipócrita sonrisa que parecía tan sincera.

- Ah... estaban viendo... - comentó, como si no lo hubiera sabido todo el tiempo.

- Maldito, ¿qué les hiciste? - exigió saber Hiei, dando un paso hacia Shika y tratando de dominar su furia para no actuar en forma precipitada y estúpida.

- ¿Hacerles? Nada. Fuero ellos los que tomaron la decisión.

- ¿Decisión de qué? - intervino Kyo al ver que Hiei se limitaba a apretar sus puños.

- De volver, por supuesto - respondió Shika como si fuera lo más obvio del mundo -. De volver al Ningenkai y dejarme tranquilo con ustedes.

- Uso {mentiroso} - le cortó Hiei.

- ¿Eh? ¿Por qué mentiroso? - quiso saber Shika -. El Reikai puso una recompensa por los dos ningen, y yo los atrapé... - Hubo una pausa durante la cual ninguno de ellos habló, hasta que Shika continuó, burlón -. Oh... me olvidé de ti, pequeño... Pero, dime, ¿en verdad crees que ellos te van a rescatar a ti? ¿Al Niño Prohibido del Makai?

Kyo miró a Shika y luego a Hiei. ¿A qué se refería?

- Y... si estás pensando en tu amante youko - Shika lanzó una risita despectiva -. Ya viste cómo disfrutó mi beso... ¿verdad? Y de seguro viste también la sonrisa con que aceptó mi ofrecimiento para enviarlos de vuelta al Ningenkai.

Silencio incómodo. Hiei gruñó algo para sí.

- ¿Crees conocerlo? - prosiguió Shika -. Nadie llega a conocer del todo a Youko Kurama, eso te lo puedo asegurar. Y yo tengo más experiencia en eso que tú, querido. Hmm... ¿sabías que Kurama y yo fuimos amantes durante muchos, muchos años?

Como previniendo cualquier acción descontrolada de parte del youkai de fuego, Kyo puso su mano en el hombro de Hiei justo cuando él se iba a lanzar sobre Shika.

- ¿Te molesta saberlo? - se burló Shika -. Pues sí, fuimos amantes, durante varios largos años... Y te aseguro que Kurama fue muy feliz a mi lado. Más feliz de lo que podría ser jamás contigo. Muy apasionado en sus besos... y muy ardiente durante las noches en que compartimos el lecho...

- Hiei... - susurró Kyo al sentir que el pequeño youkai se estremecía, como si ya no pudiera soportar más la rabia. Rápidamente, el joven le lanzó una mirada a Shika y le sonrió burlón -. Si Kurama era tan feliz como tú aseguras, ¿entonces por qué te dejó? Porque eso fue lo que sucedió, ¿verdad? Kurama te dejó y tú aún le guardas rencor por eso. Qué patético.

La expresión de Shika fue tal, que Kyo pensó que lo iba a matar en ese mismo momento. Había acertado. Eso era justamente lo que le había sucedido y Shika buscaba vengarse de Kurama.

- Nos veremos - gruñó Shika, la sonrisa desapareciendo de su rostro molesto. Dio media vuelta y antes de salir le dijo a Kyo, como para devolverle la ofensa -: Por cierto... Si Kurama es ardiente en la cama, Yagami no se queda atrás... para ser sólo un ningen.

Y después de eso la puerta se cerró. Hiei apartó bruscamente la mano de Kyo y regresó a su posición en la ventana. El joven lo observó, luego bajó la mirada. Shika... ¿un amante de Kurama? No quería ni imaginar lo que Hiei estaba sintiendo en ese momento.

No pensó demasiado en lo que el demonio de cabello blanco había dicho de Yagami. Después de todo, odiaba a Yagami, quería matarlo... No le interesaba lo que Yagami y Shika hicieran en la cama... No, no le importaba.

***

- Shimmmaaaattaaaaaa!!!!! - El grito provino de la nada, y Shingo levantó la cabeza asustado. Miró a su alrededor, tratando de ubicarse. Tardó un rato en reconocer la habitación del hotel en que se hospedaba ahora. Los organizadores del torneo habían reunido a todos los participantes en un solo lugar para evitar cualquier tipo de contratiempos mientras trataban de solucionar los problemas que la desaparición de dos de los más queridos peleadores les había ocasionado.

El muchacho se dejó caer sobre la almohada.

- Kusanagi-san... - murmuró, preguntándose dónde estaría su maestro. Habían pasado varios días ya, y no se tenían noticias, ni rumores, nada.

- ¡¡¡Urameshi estamos cayendoooooo!!!

Esta vez Shingo saltó fuera de la cama. El grito era demasiado cercano, demasiado real para ser un sueño. Además... conocía esa voz...

De repente, con un estruendo, algo pesado cayó sobre su cama, donde momentos antes había estado acostado. De un salto llegó al interruptor y encendió la luz... Para encontrarse con tres pares de ojos que lo observaban desde la cama, en posiciones un tanto incómodas, como si acabaran de caer del cielo.

- ¿¡Q... Q... Qué demonios!? - exclamó el muchacho poniéndose en guardia. Le había parecido ver que una de esas tres personas tenía ojos dorados y amenazantes... Orejas de zorro... Y cola...

- M... matte! ¡Somos nosotros! - se apresuró a decir Yuusuke, antes de que Shingo se les tirara encima para atacarlos.

- ¿Eh? ¿Ustedes? - el muchacho bajó los puños y los observó. Sí, eran Urameshi y Kuwabara, los recordaba. Y el pelirrojo que había visto una vez durante el incendio del hotel... - ¿Qué hacen aquí?

Yuusuke se puso de pie, luego Kurama, que rápidamente había vuelto a su forma humana. Kuwabara se cayó por un costado de la cama antes de poder deshacerse de las sábanas que se habían enredado en sus piernas. Miraron a su alrededor, y se sorprendieron al notar que estaban de vuelta en el Ningenkai.

- Ah... creo que nos equivocamos de habitación... - murmuró Yuusuke rascándose la cabeza, como excusa, pero Shingo no le creyó.

- Ustedes saben dónde está Kusanagi-san, ¿verdad? - preguntó ansiosamente, anhelante.

- Bueno... - Yuusuke miró a Kurama, como dudando si debía decirle o no. El pelirrojo asintió, pero antes de que Yuusuke pudiera continuar Shingo interrumpió:

- ¿Por qué no me dicen lo que está pasando? King-san y Kagura-san lo saben también, pero no quieren hablar... ¡Ni siquiera se lo han dicho a Benimaru-san...! Puedo ser de ayuda, ¿sabían? - continuó el muchacho, realmente alterado -. Si en verdad es una organización terrorista, no tengo miedo... Sólo quiero saber dónde está Kusanagi-san...

Yuusuke sudó una gotita.

- H... Hey... Tranquilo...

Kurama le dirigió una mirada al muchacho, que se calmó un poco.

- Yuusuke, yo le explicaré, ¿está bien? - se ofreció Kurama. El joven asintió, comprendiendo que eso significaba que él y Kuwabara debían averiguar el estado de las cosas en el Ningenkai, y encontrar alguna manera de volver al Makai.

- No tardaremos - dijo Yuusuke, y dejaron solos a Kurama y Shingo.


 

Capítulo 29: Shittobukai... {Celos Profundos...}

La noche cayó en el Makai y nada sucedió. Shika no los había vuelto a visitar y todo estaba en perfecto silencio. Hiei continuaba junto a la ventana, Kyo se había quedado dormido.

La expresión de Hiei no decía nada sobre lo que estaba pensando. Sus ojos rojos observaban serenos cómo la luz se iba desvaneciendo y las sombras se alzaban amenazantes desde el bosque cercano. Aún podía percibir la entrada del castillo, donde hacía unas horas Kurama había intercambiado una sonrisa con el youkai de cabello blanco. Hn. Hiei cerró los ojos, luego los volvió a abrir y le lanzó una mirada alerta a la puerta, que en ese momento crujía. Se puso de pie de un salto, esperando ver entrar a Shika, pero sólo se encontró con la mirada seria de su sirviente, Ryaku.

El pequeño youkai oscuro frunció el ceño, e iba a exigir saber qué demonios deseaba ahí cuando notó que Ryaku no le prestaba atención, sino que observaba fijamente a Kyo dormido.

- Se ve tan indefenso e inocente - comentó Ryaku para sí, burlón -. No entiendo qué le ven a este ningen. ¿Tú sabes? - En ese momento Ryaku miró a Hiei, pero volvió a avanzar hacia la cama. Se inclinó sobre Kyo y con un dedo rozó su mejilla. El joven despertó en ese momento y se encontró con los ojos de ese youkai justo frente a él. Incorporándose rápidamente, Kyo lo apartó y se puso de pie en posición defensiva. Ryaku lo observó y lentamente su expresión seria se tornó en una de extrema furia contenida.

- ¿Qué es lo que quieres? - exigió saber Kyo. Durante un momento no hubo respuesta, pero finalmente Ryaku se puso de pie también. Su respiración se había agitado, y sus ojos brillaban con rabia.

- Vengo a arreglar un asunto - dijo deteniéndose frente a Kyo. Durante un momento se sostuvieron la mirada, pero finalmente Ryaku continuó -. No soporto más esto. Vendrás conmigo.

Con un movimiento rápido, el youkai quiso sujetar el brazo de Kyo, pero al segundo siguiente se encontró atrapado en una llave, con sus garras inmovilizadas tras su espalda, y con Kyo muy cerca suyo murmurando:

- Te enviaré al infierno.

Una explosión de llamas anaranjadas envolvieron al youkai, que se liberó y giró sobre sí mismo intentando apagarlas. Kyo se volvió hacia Hiei.

- ¿Qué esperas? Salgamos de aquí - exclamó. Hiei se limitó a observarlo fríamente.

- El asunto no es conmigo - fue todo lo que dijo y volvió a sentarse junto a la ventana. El joven no comprendía qué le sucedía. Miró a Ryaku, que continuaba rugiendo en medio del fuego, luego observó la puerta abierta y el pasillo desierto.

- ¡Hiei, ¿qué demonios estás esperando?! - insistió Kyo una vez más haciendo un gesto impaciente. Se movió hacia un lado cuando Ryaku quiso aferrarse a él, aún ardiendo en llamas.

- Vete tú, si quieres - gruñó Hiei. No miraba a Kyo, sólo observaba la noche con su expresión de piedra.

- Shimatta... - Con dos pasos Kyo estuvo junto a Hiei e iba a sujetarlo y arrastrarlo para salir cuando un par de garras se cerraron alrededor de su cabeza, alzándolo en el aire y arrojándolo sobre la cama. El olor a carne chamuscada llenó la habitación, junto con los jadeos de Ryaku, que finalmente había conseguido dominar las llamas rebeldes y atrapar a Kyo. El aspecto del youkai era lamentable, su largo cabello dorado se había quemado en varias partes, sus ropas estaban deshechas por el fuego, y su piel sangraba de un millar de pequeñas heridas. Kyo forcejeó con él un momento y sorprendido vio como el youki de Ryaku se extendía por todo su cuerpo herido, curando y regenerando. En unos segundos Ryaku se veía como si nada hubiese sucedido, salvo por el estado de su traje.

- No está mal... - gruñó Ryaku, sujetando a Kyo con algo de esfuerzo. El joven estaba de espaldas sobre la vieja cama, que crujía bajo su peso y el del youkai encima de él. De ninguna manera se iba a quedar tranquilo, se decía Kyo en su mente. Levantó una pierna, empujando a Ryaku hacia un lado. Oyó un gruñido furioso de parte del youkai, y un sorpresivo golpe le dio en el rostro.

Durante un momento todo se volvió negro y sólo fueron él y el dolor, pero lentamente la habitación regresó a su alrededor, y el rostro de Ryaku, observándolo muy de cerca, con una fría y cruel expresión.

- ¿Quieres resistirte? - preguntó el youkai levantándose y liberando las manos de Kyo -. ¿Quieres intentar pelear contra mí? - Muy seguro de sí mismo, Ryaku sonrió levemente y le hizo un gesto para que atacara. Kyo frunció el ceño.

- ¿Qué es lo que te propones? - preguntó, levantando los puños, en guardia.

Ryaku sacudió la cabeza, su sonrisa desapareció al instante y murmuró:

- Nada en especial. Sólo quiero saber... qué ve Shika en los ningen como ustedes. Quiero saber por qué le gusta tanto acostarse con Yaga...

Pero no terminó de hablar porque en ese momento Kyo avanzó hacia él, su fuego encendido, sus ojos brillando con furia.

El youkai detuvo el golpe con una mano y la explosión se apagó contra su palma. Entrecerró los ojos, disfrutando del ligero dolor. Al instante sus dedos se cerraron sobre el puño del joven, atrapándolo, y utilizando esa ventaja, Ryaku envió su youki contra el cuerpo de Kyo, que bloqueó con la otra mano, apartando su garra con un movimiento rápido.

Hiei volvió sus ojos hacia las dos figuras que forcejeaban en la estrecha habitación, luego apartó la mirada hacia la noche nuevamente, mientras entre dientes susurraba:

- Ningen no baka...

En ese instante, Ryaku estaba riendo para sí. Su garra estaba alrededor del cuello de Kyo, y el joven jadeaba intentando respirar.

- No puedo matarte... porque Shika-sama te quiere vivo... - murmuró, dejando caer a Kyo al suelo, donde quedó tosiendo dolorosamente -. Pero no puedo soportar saber que estás aquí tan tranquilo, mientras Shika-sama se divierte con tu amigo. No es justo, ¿verdad? ¡Yo también quiero divertirme!

Kyo levantó la mirada hacia Ryaku, y se encontró frente a frente con la palma de su mano, donde una gran concentración de energía se estaba acumulando. Quiso apartarse, pero no tuvo tiempo. Se incorporó mientras era envuelto por el youki de Ryaku y al mismo tiempo invocó a sus llamas, que surgieron furiosas... y lentamente se apagaron, contra su voluntad.

No, no podía ser cierto... Su fuego... se desvanecía...

Sin embargo lanzó su ataque. Aun si no tenía el fuego ayudándolo, un golpe podía ser lo suficientemente efectivo como para hacer que Ryaku desistiera...

Hiei sintió que algo estaba mal y se volvió hacia ellos. Alcanzó a ver que Ryaku arrastraba a un inconsciente Kyo fuera de la habitación. Quiso ir hacia ellos pero el youkai le lanzó una mirada.

- Quédate ahí - dijo entre dientes -. Tú mismo lo dijiste; el asunto no es contigo.

***

Shika levantó la cabeza levemente. Podía sentir una agitación de energía en el ala opuesta de su castillo. Su ceño se frunció mientras apartaba los largos mechones de cabello blanco de su rostro.

- Ryaku... temee... {maldito...} - musitó para sí, bajando la mirada a su regazo, donde descansaba la cabeza de ese hermoso pelirrojo que tenía en su poder. Sus dedos recorrieron el cabello de Iori, que dormía después de recibir otra pequeñísima dosis de vida eterna. A través de las sábanas podía ver partes de su cuerpo desnudo, y aquella visión lo hacía estremecer de placer. Era un ningen delicioso aquel, resistiéndose hasta el final. ¿Cuántas veces ya? No podía recordarlo. Pero, aunque en cada ocasión sabía que sucedería, sentía que no se cansaba de ver los inútiles intentos de Iori para vencer la debilidad de su propio cuerpo. Adoraba la sensación que le producía.

Que dulce venganza... sonrió. Apartó algunos cabellos rojos de los ojos de Iori y tocó sus labios. Estaba murmurando algo... Estaba llamando a su amado ningen...

Shika clavó la mirada en la pared, como si quisiera atravesarla con su poder y destruir a quien estuviera del otro lado. Hizo un brusco movimiento como para levantarse, pero un gemido de Iori lo obligó a quedarse inmóvil admirando nuevamente la belleza de ese ningen. Sin embargo, en sus adentros Shika maldijo a Ryaku. "¡No te atrevas, estúpido youkai!", gritó en su mente. "¡No te atrevas a poseer a Kusanagi antes que yo!"

***

Cuando Kyo abrió los ojos se encontraba en una habitación espaciosa, pero tan vieja y cubierta de polvo como la que había servido de prisión para él y Hiei. Se volvió sobre las ásperas y gastadas sábanas, sólo para encontrarse con la penumbra, apenas iluminada por un antorcha ardiendo junto a la ventana.

Gruesas cortinas caían desde el techo, cubriendo los altos ventanales. Parecía terciopelo, o alguna pesada tela oscura que caía hasta el suelo, formando suaves y espesos pliegues con formas extrañas.

Intentó incorporarse, examinar el lugar donde estaba, pero se encontró con que sus manos estaban fuertemente atadas tras su espalda. Cerró los ojos y trató de liberarse. Nada.

- Es inútil - dijo una voz desde la oscuridad, pero se oyó demasiado cercana y confidente.

Kyo invocó a sus llamas, pero nada sucedió tampoco.

- Ya basta - insistió la voz. Era tranquila, suave, inexpresiva. Se trataba de Ryaku, por supuesto, pero no el Ryaku incoherente que lo había ido a atacar a la habitación, sino uno sereno, como si supiera que tenía la situación bajo control. Como si estuviera seguro de lo que sucedería en los siguientes minutos -. No desperdicies energías, Kusanagi - continuó Ryaku, acercándose un poco más a la cama -. Lo que sujeta tus manos es mi youki, y no podrás hacer nada contra él. Además, como le expliqué al youkai enano, el kekkai que Shika ha puesto sobre todo este castillo cancela tu poder. Tu fuego no te obedecerá mientras estés dentro de su territorio. Aquí eres sólo un pobre... - Ryaku apoyó una rodilla sobre el colchón, inclinándose hacia Kyo - ... vulnerable... - su garra sujetó a Kyo del cuello, inmovilizándolo a pesar de que Kyo intentó rechazarlo - ... e inocente... ningen.

Las dos figuras cayeron hacia atrás en la cama. Los ojos de Kyo se abrieron de repulsión cuando sintió los labios del youkai apoyándose en los suyos y forzándolos a abrirse. Sintió la fría lengua de Ryaku explorando sus labios, luego el interior de su boca, y aquello hizo que apartara el rostro hacia un lado, al mismo tiempo que forcejeaba bajo el peso del youkai.

- Hum... es diferente... - murmuró Ryaku apartándose unos milímetros de sus labios y lamiendo la esencia que Kyo había dejado en él. Apartó su cabello hacia un lado y volvió a inclinarse sobre Kyo, como un animal curioso. Kyo intentó liberar sus manos nuevamente.

- Maldito seas - gruñó, pero observó la mirada de Ryaku y aquello le produjo escalofríos. Era como si al youkai se le acabara de ocurrir una idea que jamás había pasado por su mente. Como si sintiera una curiosidad enorme por intentar algo que hasta hacía unos momentos le parecía imposible.

Sus garras se posaron sobre el pecho de Kyo y apartaron su chaqueta blanca, deslizándola por sus hombros hasta que llegó a sus manos atrapadas. El joven comprendió súbitamente lo que pretendía hacer y forcejeó más enérgicamente ahora. Ryaku lo observaba fijamente. Inexpresivo.

Con cuidado, y algo de esfuerzo debido a los constantes movimientos de Kyo, el youkai levantó su camiseta negra, revelando su torso y sus firmes músculos. Pero no se detuvo allí, rápidamente sus manos bajaron y se entretuvieron un momento con el botón de sus jeans.

Como un niño sin experiencia, Ryaku se dedicó unos segundos a tirar del botón, esperando soltarlo. De vez en cuando rozaba placenteramente a Kyo, que no pudo evitar un sobresalto y un gemido furioso cuando notó que su cuerpo comenzaba a reaccionar ante aquel estímulo.

Finalmente el botón cedió, y Ryaku tiró de sus pantalones hasta deshacerse por completo de ellos. Observó fijamente al ahora semidesnudo Kyo y sonrió. Tan cálido, pensó. Tan fresco. Los youkais no eran así. Era muy difícil encontrar un youkai hermoso que encendiera su deseo tan fácilmente. Usualmente esos youkais eran los que le entregaba por las noches a Shika-sama para que se entretuviera. Jamás había podido poseer a uno de ellos, siempre debía conformarse por esas horribles criaturas que abundaban en el Makai y con las que no podía sentir ni el más mínimo placer. Pero este ningen... Lo deseaba... Quería poseerlo, hacerlo suyo, y disfrutarlo. Shika tenía a Yagami ahora... No tenía nada de malo que él se divirtiera unas horas con este muchacho.

Las túnicas que él vestía se abrieron, pero no se deshizo totalmente de ellas. En la penumbra de la habitación rozó las piernas desnudas de Kyo, atrapandolas bajo su peso para evitar cualquier golpe inesperado. Con sus garras acarició la firme y suave piel, haciendo caso omiso a todos los insultos que Kyo le estaba lanzando en ese momento. Suave..., pensó. Si era tan suave por el exterior... ¿cómo sería... estar dentro de él?

Sus garras trazaron su ruta con sangre mientras subían por las piernas del joven hasta llegar a sus muslos. Hubo un poco de resistencia aquí, pero él estaba en mejor posición que Kyo y no le costó mucho trabajo apartar sus piernas, acariciando aquellos muslos que se sentían tan suaves, tan cálidos.

Oyó un gemido brotar de los labios de Kyo, y aquello envió deliciosas sensaciones por su espalda. En momentos como ese, un youkai no gime... Pero este era un ningen. Quería oírlo gemir.

Olvidó por un momento lo que hacía, y se acercó al rostro de Kyo que respiraba agitadamente, enfurecido. Sonrió ante la sarta de insultos que el joven le gritó y luego lo hizo callar con un beso ahogado. Con sus colmillos Ryaku mordió suavemente los labios de Kyo, haciendo brotar un hilillo de sangre. Saboreó la sal, y luego empezó a bajar por su torso, acariciándolo con ambas manos, delineando sus músculos con la punta de sus uñas. Escuchó otro gemido y se sintió complacido. Lamió el pecho de joven suavemente, sabía que aquello lo excitaría, y cuando el cuerpo de Kyo reaccionó al placer, Ryaku bajó un poco más, envolviendo con sus labios aquella calidez extrema.

El joven se agitó una última vez, pero luego sucumbió al placer.

- Ahh...

Ryaku presionó sus labios y, cerrando sus ojos, vio a Shika-sama y a Yagami juntos, disfrutando de este mismo placer. Sintió que la furia lo envolvía de nuevo y se levantó, arrancando otro gemido de los labios de Kyo.

- Maldito... seas... - gimió el joven. Apenas podía mantener los ojos abiertos, pero entre brumas volvió a ver la expresión seria de Ryaku. No era la expresión de alguien que lo está disfrutando...

Frunciendo el ceño, Ryaku apartó las piernas de Kyo y luego, tentativamente, rozó su suave piel.

Kyo no pudo evitar arquear su espalda cuando sintió aquella misma frialdad que hacía unos momentos había explorado su boca, humedecer entre sus piernas, helado, y sin embargo haciéndole sentir el más intenso y humillante placer.

Desesperado, Kyo invocó a sus llamas una vez más, pero tuvo que desistir. Era imposible... A pesar de eso lo intentó una y otra vez, mientras el youkai avanzaba en su interior, preparando el camino para el siguiente paso...

- Shika-sama debe haber disfrutado mucho a Yagami... - murmuró Ryaku pero lo dijo como si hablara para sí -. Ustedes los ningen son diferentes... Se hacen desear... Y los odio por eso. A ti y a Yagami.

Iba a responder, cuando un súbito dolor invadió todo su cuerpo. Inconscientemente intentó cerrar sus piernas para apartar a Ryaku de ahí, pero aquello sólo hizo que el youkai sonriera mientras acariciaba con su mano libre el vientre desnudo de Kyo.

Sí, tal como lo había imaginado, se dijo Ryaku satisfecho mientras sus dedos exploraban el interior de Kyo. Forzó aquel estrecho pasaje a abrirse un poco más y a propósito fue brusco con sus movimientos. Quería que el ningen sintiera dolor. Kyo lanzó un grito apagado cuando una de sus garras rasgó la piel.

- Eso es, llora - gruñó Ryaku al ver que las lágrimas amenazaban con caer de los ojos de Kyo -. Pero tú no eres virgen - comentó en seguida, introduciendo más y más sus dedos, cortándole la respiración al joven -. ¿Qué pensará Yagami cuando se entere que tú has compartido tu cama con otras personas? No le va a gustar nada, ¿verdad?

Kyo se mordió los labios. No le importaba. ¡A Yagami no le importaba nada de lo que pudiera pasarle a él! Quería matarlo, quería verlo sufrir, eso era todo. Que Ryaku hiciera lo que quisiera. No le importaba. ¡Nada importaba!

Ryaku arañó nuevamente, pero esta vez la crueldad fue desmedida. No hubo placer en absoluto, sólo dolor. Y Kyo no pudo contener el grito que desde hacía varios minutos había atrapado en su garganta.

- Esto es lo que siente Yagami cuando está con Shika-sama, ¿te gusta? - se burló Ryaku -. Ahora, yo quiero sentir lo que siente Shika-sama...

- Yamero... - exclamó Kyo. El sudor corría por su rostro, juntándose con algunas lágrimas que brotaban de sus ojos. Sollozó cuando Ryaku retiró sus dedos ensangrentados, y no pudo hacer nada cuando el youkai lo sostuvo firmemente, dispuesto a poseerlo.

Kyo se encontró atrapado contra el colchón, sus manos estaban bajo él y era doloroso, pero ya no sentía ese tipo de dolor. Ahora el dolor estaba dentro de él y se mezclaba con las oleadas de placer que Ryaku le producía al rozarlo, o sujetarlo fuertemente con sus garras.

Sintió algo cálido explorando el estrecho y ensangrentado pasaje, y sus ojos buscaron algo, algo que mirar mientras durara ese momento. El techo oscuro, la antorcha ardiendo, las espesas cortinas cubriendo a medias la sucia ventana... Y a través del vidrio... El cielo de la noche, las estrellas del Makai... la luna...

- Iori... - gimió. Y en ese momento Ryaku entró en él con violencia, ambos gimieron, pero Ryaku continuó moviéndose, entrando y saliendo, hiriéndolo más y más con una perversa satisfacción. El placer y el dolor se convirtieron en uno. El éxtasis del momento hizo que Ryaku perdiera el control de su energía y las manos de Kyo se liberaron, pero todo lo que el joven pudo hacer en ese momento fue aferrarse a las sábanas. Todo su cuerpo estaba siendo invadido por aquella sensación y deseaba que terminara, pero Ryaku lo disfrutaba, disfrutaba hacerlo esperar, y disfrutaba el hecho de estar dentro de un ningen, de oír sus gemidos y de observar su mirada dirigida hacia la luna.

La sucia sábana se retorció entre los dedos de Kyo cuando él no lo pudo soportar más. Pero Ryaku no parecía estar satisfecho. Lo atrajo hacia sí, abrazándolo contra su cuerpo, penetrando profundamente, hasta lo más hondo... Haciendo que Kyo contuviera la respiración para luego dejar escapar un gemido.

- No llames a tu querido Yagami... - jadeó Ryaku -. Él está feliz al lado de Shika-sama... Tú deberías disfrutar esto tanto como él...

Presionando fuertemente una vez más, Ryaku cerró los ojos y gimió con suavidad cuando sintió la explosión de placer que desde hacía rato había estado prolongando. Casi al mismo tiempo, sintió complacido la humedad de Kyo contra su vientre... Oír el gemido humillado de aquel jovencito fue suficiente para hacerlo sentir satisfecho. Ahora comprendía por qué Shika-sama había estado tan interesando en tener a aquellos dos ningen como prisioneros. Eran criaturas más hermosas que los youkais... Y tan deliciosas...

Observó al joven que yacía exhausto sobre la cama. Acomodó sus ropas y lo volvió a vestir, quizás con demasiada amabilidad. Cuando movió a Kyo para obligarlo a ponerse de pie el joven gimió de dolor. Maldiciéndose, Ryaku notó que le había hecho más daño del que esperaba. Que criatura tan delicada, pensó burlón mientras lo levantaba en sus brazos y lo llevaba de vuelta a su habitación.

***

Hiei escuchó que la puerta se abría y vio que era Ryaku, llevando a Kusanagi sobre su hombro. El alto youkai entró, dejó caer a Kyo sobre la cama y le lanzó una fría mirada a Hiei que no se movió de donde estaba.

No fue hasta que Ryaku cerró la puerta tras de sí que Hiei, en un parpadeo, estuvo de pie junto a la cama, observando a Kyo. Esperaba encontrarlo inconsciente, pero para su sorpresa notó que tenía los ojos abiertos. Lo hizo volverse hacia la luz que entraba por la ventana y notó su rostro sudoroso. Su cuerpo se estremecía y Hiei se sacó su túnica negra, dejándola caer sobre Kyo que no se movió.

- Sa... mui... {Hace frio...} - musitó el joven. Hiei lo tocó suavemente y su jagan brilló púrpura un momento. Los ojos rojos de Hiei brillaron con furia al ver las imágenes en la mente de Kyo. Aquel youkai... Ryaku... y Kyo...

Sentándose a su lado, Hiei cerró su jagan. Lo observó un momento más y luego siguió su mirada, hacia la ventana, hacia la luna en el cielo.


 

Capítulo 30: Para una traición... (Decir "Lo Siento" no es Suficiente)

Shingo apartó las sábanas de su cama y levantó las que habían caído al suelo luego de la estrepitosa llegada de los Reikai Tantei. Kurama sólo lo observó en silencio. Yuusuke y Kuwabara habían salido y el pelirrojo se preguntaba qué tanto debería contarle a este muchachito ningen.

- Entonces, ¿dónde está Kusanagi-san? - preguntó Shingo, interrumpiendo los pensamientos de Kurama. Continuó arreglando la cama, dándole la espalda, como si no quisiera mirar el rostro de ese lindo joven pelirrojo que se había hecho amigo de Kyo en tan poco tiempo. - ¿Está bien? - agregó Shingo al notar que Kurama no respondía. Pasaron unos segundos de silencio antes de que el muchacho se volviera para enfrentarlo -. ¡Kurama-san! - dijo, pero se detuvo en seco.

Los ojos verdes de Kurama lo observaban fijamente y Shingo sintió como si lo estuviera examinando. Un escalofrío recorrió su espalda al notar algo extraño en ese joven. Repentinamente el muchacho apretó los puños. No le gustaba sentirse tan expuesto ante nadie, y en ese momento estaba seguro que el pelirrojo podía leer todos sus pensamientos y preocupaciones por su maestro.

Como Kurama no dijo nada, el muchacho se dejó caer en la cama y continuó hablando:

- Entre los peleadores se dice que fue una mafia, o algo así. Han empezado a correr todo tipo de rumores... Pero Kusanagi-san no se dejaría atrapar tan fácilmente. Si fue a ayudar a Yagami-san... entonces los dos ya deberían estar de vuelta. Ellos no son dos personas a las que pueden mantener atrapadas por mucho tiempo...

- Yabuki-kun... - habló Kurama al fin -. No es tan simple. Incluso si hubiese sido una mafia, todo estaría mucho mejor.

- ¿Entonces qué sucedió? ¿Dónde están?

Kurama apartó la mirada, suspiró para sí y no pudo evitar pensar en Hiei. Hiei en manos de alguien como Shika... Ahora que por fin Hiei se había entregado a sus sentimientos tenía que suceder esto. Maldición.

- ¿Kurama-san?

De vuelta a la realidad, el pelirrojo frunció el ceño. ¿Qué estaba haciendo allí con un ningen que no comprendía nada? ¡Perdía los preciosos minutos en que podía estar rescatando a Hiei! Ni siquiera pensó en esperar a Yuusuke y Kuwabara... Él era el único que sabía cómo era realmente Shika.

Ese youkai se divertía durante unas noches, y apenas se aburría de algo lo desechaba. Podía jurar que tal o cual era el mejor amante que había tenido en su larga vida... pero siempre terminaba aburriéndose y matándolo. Kurama no estaba seguro si esas eran sus intenciones con Hiei, pero no había mucho tiempo. ¡Tenía que hacer algo!

El pelirrojo se llevó una mano a la frente, pensando. Bien, ya sabía qué haría.

No iba a perder más tiempo con Shingo. Simplemente le contaría todo y si no le creía ese era su problema. Le lanzó una mirada y se encontró con su rostro impaciente. Anhelante.

"Sí... comprendo cómo te sientes..." pensó Kurama mientras avanzaba hacia él para sentarse en el alféizar de la ventana. "Veremos si tus sentimientos son más fuertes que tu razón..."

- Quiero que me escuches bien... - empezó Kurama.

- ¿Acaso... acaso tiene algo que ver con Orochi otra vez? - interrumpió Shingo, inclinándose hacia adelante, hacia Kurama, que negó con la cabeza.

- No. Pero se trata de un youkai con un nivel de energía similar...

El rostro del muchacho reveló una total frustración... temor...

- Ku... ¿Kusanagi-san fue a enfrentarse a él...? - preguntó débilmente.

Kurama asintió.

- Algo así...

Esta vez fue Shingo quien apartó la mirada, apretando los puños.

- Yo... vi toda la pelea contra Orochi - murmuró el muchacho -. Ambos estuvieron a punto de morir... Pensé que eso no volvería a pasar. Pensé que Kusanagi-san era ahora la persona más fuerte...

- ¿Pensaste? - interrumpió Kurama -. ¿Por qué en pasado?

- Está en problemas ahora. Si fuera el más fuerte podría arreglárselas solo. Pero no. Ustedes fueron con él para ayudarlo, ¿verdad? Y tampoco pudieron hacer nada.

Kurama se quedó pensativo. No conocía a este muchacho. No sabía si ésta era su forma de ser habitual o si algo le había sucedido durante el tiempo en que estuvo solo. Según lo que había escuchado, él era el fan número uno de Kyo Kusanagi. ¿Por qué mostraba esta repentina falta de confianza en su maestro?

- El enemigo de esta ocasión no puede compararse con el poder de un ningen - dijo el pelirrojo, observando fijamente a Shingo -. Ni siquiera con el poder de Orochi.

- ¡Orochi era un dios! - exclamó Shingo poniéndose de pie bruscamente -. ¡¿Quién puede tener más poder que un dios?!

- ¡Orochi era un dios en el Ningenkai! - dijo Kurama -. ¡Shika también fue un dios cuando estuvo en este mundo!

- ¿Quién? ¿Shika?

- Un dios al que la familia de Iori Yagami desterró a otro plano, al Makai. Él es el enemigo ahora. Llámalo dios, si quieres. Pero para nosotros es sólo un youkai más. Lo venceremos.

Hubo una pausa. Shingo guardó silencio.

- ¿Quién te ha hecho dudar de Kusanagi-kun? - preguntó Kurama, sin poder evitar ser curioso -. ¿Por qué temes tanto por él?

El muchacho dio algunos pasos por la habitación. Tomó su chaqueta celeste y se la puso, dando la impresión de que se preparaba para salir.

- Kagura-san - gruñó Shingo. Terminó de ponerse la chaqueta y luego se amarró una larga cinta blanca alrededor de la frente -. Kagura-san y King-san no han querido hablar palabra, pero es seguro que saben lo que está sucediendo. Nunca había visto a Kagura-san tan preocupada. Ni siquiera durante la batalla contra Orochi. En esa ocasión ella confiaba plenamente en Kusanagi-san y Yagami-san... Pero ahora no puede ocultar su turbación...

- ¿Confías en Kyo? - preguntó Kurama cruzando los brazos.

Shingo asintió decidido.

- ¡Sí! Es sólo... que tengo miedo... No sé por qué, ¡tengo miedo!

- ¿Por qué? - preguntó Kurama lentamente, como si quisiera que Shingo meditara un momento y encontrara la respuesta en su interior.

El muchacho dejó caer los brazos.

- Escuché algo... cuando pasaba frente a la habitación de Kagura-san. Ella miraba su espejo, y le comentaba a King-san sobre si sería mejor "dejarlos morir por el bien de todo este mundo". Hablaban de Yagami-san y Kusanagi-san... Pero cuando las interrogué ellas sólo rieron. Como si conversaran sobre una película o cualquier tontería así.

- ¿Dejarlos morir? - repitió Kurama frunciendo el ceño. Él pensaba que aquellas mujeres eran mejor que eso... Habían parecido sinceras al desearles buena suerte... Una idea pasó por su mente en ese momento, y temió por la fisura que había en el bar. ¡Ojalá Yuusuke y Kuwabara llegaran a tiempo! ¡Si aquella débil división entre los mundos era cerrada... sería demasiado difícil abrir otro portal al Makai!

Unos golpes en la puerta los sobresaltaron a ambos. Golpes furiosos, desesperados. Luego un débil grito de mujer llamando a Shingo, que se apresuró a abrir. Kurama lo siguió.

Ahí, en la puerta, esperaba una jovencita de corto cabello claro. Apenas vio a Shingo dio unos pasos hacia él y exclamó:

- ¿Dónde está Kyo?

Shingo retrocedió un poco.

- ¡Yuki-san!

La muchacha paseó sus ojos por la habitación, como si esperara ver a Kyo, pero pronto se dio cuenta de que no había nadie allí. Entrecerró sus párpados para contener las lágrimas y justo en ese momento apareció Kurama. Ella corrió hacia él.

- ¡Usted sabe dónde está Kyo, ¿verdad?! - exclamó, juntando las manos en actitud suplicante -. Vi todo en las noticias y vine lo más pronto que pude... ¿Es en serio? ¿Todo lo que dicen, es verdad?

Kurama parpadeó un par de veces y miró a Shingo como esperando explicaciones. Shingo murmuró que ella era la novia de Kusanagi-san y Kurama no pudo evitar quedarse observándola unos segundos. Pero casi al instante adoptó su actitud tranquila, como si tuviera todo bajo control.

- Tranquilízate - dijo suavemente, mirando a la muchacha directamente a los ojos.

- ¿Cómo quiere que me tranquilice si Kyo puede estar en peligro...? - empezó a decir ella pero una severa mirada del pelirrojo bastó para hacerla callar. Kurama se dirigió a Shingo.

- ¿Cuál es la habitación de esa mujer Kagura?

Shingo salió al pasillo y señaló una puerta, ocho habitaciones más allá. Kurama salió con pasos decididos, dejando a los dos solos.

- Shingo... - insistió Yuki, llorosa, pero él sólo siguió con la mirada a Kurama que en ese momento golpeaba a la puerta de la habitación de Chizuru.

Los ningen pueden amar de una forma tan sublime... y a la vez ser tan traicioneros como el peor de los youkais, especialmente cuando se trata del bienestar de uno mismo, pensaba Kurama mientras golpeaba la puerta. Qué egoístas... En un segundo había comprendido todo lo que Chizuru Kagura pensaba hacer. Parecía tan simple... Abandonar a aquellos dos jóvenes que ponían en peligro la estabilidad del Ningenkai. Si ellos vivían, si ellos seguían peleando, más y más youkai encontrarían esas fisuras para entrar a este mundo. En cambio, si los abandonaban a su suerte, en el Ningenkai todo sería fácil. Una solución simple para un problema que podía costarle la vida a toda la humanidad. Qué crueles.

Nadie respondió a su llamada. En realidad, Kurama no podía sentir la presencia de alguien dentro de esa habitación así que empujó la puerta con fuerza y ésta cedió.

El lugar estaba iluminado solamente por la luz que entraba del exterior. Las ventanas estaban entreabiertas y las cortinas semitransparentes ondulaban con el viento, lanzando sombras tenues sobre la cama y la mesita al lado de ésta. La cama estaba ordenada, lo que significaba que nadie había dormido allí esa noche.

Entrando en silencio, Kurama paseó su vista por los sillones, las mesas, y por último... lo vio. En el escritorio, contra un rincón, como si fuera un objeto común y corriente. Se acercó a él y notó que se desprendía una suave energía. Lo sujetó volviéndolo hacia la luz. Era el espejo de Chizuru. Aquel espejo que le mostraba cuando la energía maligna se preparaba para apoderarse del mundo.

Kurama no pudo evitar un ligero gemido cuando el espejo descargó su energía en su mano. Lo dejó caer con un sonido apagado. Observó su superficie fijamente. Dos hermosos ojos verdes le devolvieron la mirada, adornados con algunos hilos rojos que caían sobre ellos. Parpadeó, concentrando su youki, y lentamente el reflejo de sus ojos se convirtió en brumas que eventualmente formaron una imagen. Parecía el castillo de Shika...

- Shimatta... - murmuró Kurama y salió rápidamente. Shingo y Yuki esperaban en la puerta.

- Doushimashita ka {qué pasa}, Kurama-san? - preguntó Shingo mientras corría a su lado a lo largo del pasillo. Yuki los seguía con expresión angustiada.

- Tenemos que encontrar a Chizuru Kagura - le dijo Kurama firmemente -. ¿Sabes dónde puede estar?

- ¿A esta hora? - murmuró Shingo, pensando.

Habían llegado al ascensor. Kurama golpeó el botón y esperaron. Cuando las puertas se abrieron entraron precipitadamente y bajaron hasta el primer piso. Todos los huéspedes que se encontraban ahí los miraron extrañados. Un trío de jovencitos saliendo del hotel a todo correr en altas horas de la madrugada.

- El bar del amigo de King-san - sugirió Shingo débilmente -. ¿Por qué? ¿Qué sucede? - insistió. Kurama le lanzó una mirada mientras pensaba que Shingo tenía razón, el lugar más obvio era el bar.

Se detuvieron en una esquina, esperando que pasara algún taxi que pudiera llevarlos, pero las calles estaban silenciosas y desiertas. Kurama explicó, mientras Shingo y la muchacha recuperaban el aliento:

- Kusanagi-kun tuvo que utilizar su poder para ayudarnos a abrir un portal hacia el Makai. Ese portal fue creado a partir de una fisura entre ambos mundos que se encuentra en el bar Memoirs. Nos fue posible ir al Makai a través de él, pero al mismo tiempo algunos youkai podrían tener acceso a este mundo si es que encuentran esa fisura. Creo que Kagura-san pretende sellar el portal para siempre.

- ¡Pero Kusanagi-san aún está en el otro mundo! - terminó de decir Shingo -. ¡A eso se refería Kagura-san cuando dijo que debían dejarlo morir!

- De... ¿de qué están hablando? - pidió saber Yuki.

- Es una larga historia - respondió Kurama suavemente pero Shingo lo interrumpió de nuevo con otra pregunta.

- Pero ¿por qué cerrar ese portal... o lo que sea, ahora? ¿Por qué no esperar que Kusanagi-san regrese? Podemos hacernos cargo de cualquier criatura que intente pasar por ahí... ¿Por qué quiere abandonar a Kusanagi-san?

El pelirrojo miró a derecha e izquierda. No sentía que Yuusuke y Kuwabara estuvieran cerca. Tampoco había vehículos. Frunció el ceño, impaciente. El hotel donde se alojaba Shingo no era el mismo donde había estado la habitación de Kyo. El otro hotel estaba mucho más cerca del bar... Se volvió y miró por sobre su hombro. Este era un edificio que se veía más caro y lujoso.

Shingo siguió su mirada y dijo:

- Todos los peleadores se hospedan aquí. Los organizadores lo decidieron así porque en este hotel había más seguridad. No querían ningún ataque contra los participantes del torneo...

- Ya veo...

- No me ha respondido. ¿Por qué Kagura-san quiere sellar ese portal con tanta urgencia?

Kurama sacudió la cabeza. No había ni un vehículo. Sería mejor dejar de perder tiempo. Echó a andar mientras contestaba.

- Es el poder de Kusanagi-kun y Yagami el que abre esos portales. Si ellos regresan, entonces la amenaza de este mundo durará mientras vivan, ¿comprendes?

El pelirrojo se detuvo porque Shingo se había quedado atrás.

- ¿Yabuki-kun...? - murmuró Kurama.

- ¡No puede hacer eso! ¡No puede! - exclamó enfurecido -. ¡No puede traicionar a Kusanagi-san después de haber luchado juntos contra Orochi!

La voz de Shingo resonó a través de la calle desierta. Yuki se llevó las manos al rostro, conteniendo las lágrimas. No comprendía nada, pero sabía que su amado Kyo estaba en peligro, y no podía evitar llorar. Recordó el momento en que Kyo lanzó su último golpe durante aquella batalla... Había temido por él... ¡No quería pasar por lo mismo de nuevo!

- Ike {vamos} - dijo Kurama empezando a caminar de nuevo -. Intentemos llegar antes de que Kagura cierre ese portal.

- Hai.

***

- Konbanwa {buenas noches}, Chizuru - saludó el dueño del Memoirs, dejando pasar a la mujer vestida de blanco. Ella asintió con una ligera sonrisa mientras se volvía a sus acompañantes para presentarles a Katsuki. Él saludó amablemente a la joven pareja que estaba con ella. Eran sólo unos muchachos, pero los dejó pasar porque venían con Chizuru -. ¿Qué haces aquí?

- Necesito pedirte un favor, Katsuki - dijo ella suavemente -. Queremos ver el portal.

- ¿Sucede algo malo? - preguntó Katsuki mientras les indicaba el camino al salón trasero del bar. Había pocos clientes a esa hora, pero aún faltaba para el amanecer y el momento de cerrar. Las meseras saludaron educadamente y luego continuaron con su trabajo. Chizuru apretó sus puños mientras contestaba:

- No, sólo vengo a verificar que este pasaje no sea peligroso... Ya sabes... Para cuando el grupo de muchachos regrese.

El joven los dejó pasar en el saloncito pero no entró, afortunadamente. Después de verificar que la puerta estaba cerrada y asegurada, Chizuru se volvió hacia sus acompañantes: - Athena, Kensou... Necesito que me ayuden con esto.

La jovencita de cabello morado asintió, el muchacho esperó en silencio.

- Si no cerramos este pasaje, cientos de criaturas pueden entrar a nuestro mundo. Es un peligro para las personas que nosotros juramos proteger... Vengan.

Chizuru apartó algunas cajas y dejó al descubierto un lugar donde las cosas parecían ser medias transparentes, como si se estuvieran desvaneciendo.

- Concentren su energía aquí. Obliguen a que esta fisura se cierre. Sé que pueden lograrlo.

- Pero... ¿qué es esto? - preguntó la jovencita, extendiendo las manos hacia la fisura.

- Es una abertura que comunica este mundo y otro mundo llamado Makai. Las criaturas que habitan ese mundo pueden utilizarla para venir hacia acá. Debemos cerrarla lo antes posible.

- No entiendo nada, pero qué importa - murmuró el otro joven, Kensou, que recibió un codazo de parte de Athena.

Chizuru no dijo nada ante esa infantil actitud, sólo se arrodilló frente al portal y juntó sus manos, invocando al mismo hechizo que había utilizado para sellar a Orochi definitivamente. Podía sentir la energía de Athena y Kensou fluir a través de ella, poderosa. Los bordes de la fisura empezaron a desvanecerse lentamente.

- Gomen nasai... {Lo siento...} Kyo... Yagami... - murmuró Chizuru para sí mientras su energía comenzaba a resplandecer y los bordes del portal a temblar -. Sé que comprenderán... Ustedes lucharon contra Orochi por salvar a este mundo. Sus vidas no fueron importantes en ese momento... Tienen que comprender...

***

- ¡¡¡¡O O O I I I I I, K I I I I I I I N G!!!!

El grito rompió el silencio de la madrugada y muchas luces se encendieron para ver quién era el culpable de semejante escándalo. Katsuki se apresuró a salir del bar cuando el guardia le informó que había dos muchachos a los que le había negado el paso y ahora estaban gritando como enloquecidos.

El viento de la calle era helado, notó Katsuki, pero al segundo siguiente se olvidó de eso. Frente a él se encontraban dos de los muchachos que habían estado con King días atrás.

- Ustedes... - murmuró sorprendido. Se suponía que habían ido a otro mundo. ¿Por qué estaban ahí? ¿Cómo y cuándo habían regresado?

- Ahh... - Yuusuke avanzó unos pasos, rascándose la cabeza -. Suman {lo siento} - dijo -. Pero ese tipo no quería dejarnos pasar, y teníamos que decirle algo urgente a King... ¿Ella está?

Katsuki negó con la cabeza.

- No...

Kuwabara interrumpió bruscamente.

- ¿El portal sigue abierto? ¡Tenemos que volver al Makai de nuevo!

El viento jugó con el largo cabello de Katsuki y él entrecerró sus hermosos ojos pardos, levantando una delicada mano blanca para sujetar los mechones que se desordenaron con la brisa. No parecía molesto por la forma en que esos dos muchachos interrumpían la noche. Los observaba como si supiera todo lo que sucedía, y como si debiera mantenerse al margen.

- Chizuru Kagura también vino a verificar el estado del portal. ¿Por qué no pasan?

Yuusuke asintió. Kuwabara le lanzó una mirada burlona al guardia que no les había permitido el paso.

- ¿Qué hace Kagura acá? - se preguntó Yuusuke en voz alta. Caminaron entre las mesas, recibiendo miradas de los clientes que se extrañaban al ver a esos muchachitos dentro del bar. Las meseras observaron a Yuusuke y rieron entre ellas juguetonamente. Kuwabara las observó embelesado. Lindas jovencitas vestidas de seda y encaje...

Katsuki golpeó a la puerta un par de veces al notar que estaba cerrada con llave. Frunció el ceño, extrañado.

- Sakura - llamó, y una de las meseras se acercó -. Tráeme las llaves de esta puerta.

- Hai, Katsuki-san - respondió la joven con una sonrisa y corrió tras la barra, donde empezó a buscar por todos lados, bajo las toallas, entre las botellas, entre los papeles.

Katsuki, Yuusuke y Kuwabara sudaron una gotita.

- Chizuru - dijo Katsuki en voz alta al notar que Sakura iba a tomarse su tiempo -. Abre la puerta.

Nada. No hubo respuesta.

- ¿Estará todo bien? - preguntó Kuwabara.

- No siento ningún youki - murmuró Yuusuke -. Al menos sabemos que no son youkai los que están adentro.

- En realidad... siento tres reikis... - dijo Kuwabara frunciendo el ceño -. Y sus niveles se están incrementando...

Yuusuke se pasó una mano por el cabello. Estaba dispuesto a llamar a Chizuru a todo pulmón, sin importarle si estaba dentro del bar. Pero en ese momento la puerta se abrió.

***

Chizuru se había sobresaltado cuando oyó los golpes en la puerta pero no se detuvo, continuó enviando su energía hacia el portal. Pasaron unos segundos y Katsuki la llamó. Sólo entonces ella notó que debía hacer algo si no quería ser interrumpida.

Volviéndose hacia Athena y Kensou les dijo en voz baja y confidente:

- Ya están aquí.

- ¿Quienes? - preguntó Kensou.

- Aquellos que desean mantener el portal abierto. Los que están dispuestos a dejar que las criaturas invadan nuestro mundo.

Athena cerró sus ojos dulcemente. Sintió las presencias de dos jóvenes tras la puerta cerrada. No parecían tener malas intenciones.

- Pero... son sólo dos muchachos, como nosotros - dijo suavemente -. ¿Por qué querrían estar del lado de esas criaturas?

Chizuru frunció el ceño ante las buenas intensiones de esa jovencita. Aún tenía mucho que aprender sobre la gente, pensó. En seguida dijo:

- Ellos no son lo que parecen. Están aquí porque pretenden detenernos. No se dejen engañar... Debemos proteger este mundo a toda costa.

Athena parpadeó confusa, pero Kensou comprendió el punto de Chizuru. Dejó de enviar su energía y se volvió hacia la puerta.

- Athena, vamos a hacernos cargo de ellos.

- Nani?

- No vamos a permitir que esas criaturas entren en nuestro mundo, ¿verdad? Vamos...

Chizuru sonrió aliviada.

- Por favor... vayan. Yo continuaré aquí, no se preocupen.

Kensou esperó a Athena, que lo siguió algo titubeante.

- No puedo sentir malas intenciones en esos dos muchachos de afuera - insistió ella -. Al contrario, parecen preocupados por algo...

- ¡Claro! ¡Preocupados de que Chizuru cierre el portal que permitirá a las criaturas entrar en este mundo! - exclamó Kensou dirigiéndole una cálida y protectora mirada -. ¿Lista, Athena?

Ella bajó la mirada luego asintió decidida.

- Aquí vamos...

Y Kensou abrió la puerta.


 

Capítulo 31: Responsabilidades

- ¡Kurama-san! - Por tercera vez en la misma cuadra Kurama se detuvo y se volvió hacia Shingo. Observó al joven, que sostenía a una agotada y jadeante Yuki -. Ella ya no puede más. ¿No podemos detenernos un momento?

El pelirrojo frunció el ceño, durante un momento pareció perder la paciencia, pero se contuvo y su mirada se suavizó. Regresó sobre sus pasos y miró a Yuki.

- Si estás cansada vuelve al hotel y espéranos allí. Nosotros seguiremos adelante.

- I... iie! {No} - exclamó ella sacudiendo la cabeza -. Quiero ir con ustedes a donde esté Kyo.

Shingo la observó compasivo, luego miró a Kurama como rogándole que la dejara continuar. Kurama cerró los ojos. Esa muchacha era una carga. Si seguían así no llegarían jamás al bar. Pero no pudo decirle que no. Era sólo una chica enamorada...

Ella se dejó caer de rodillas, respirando con dificultad. Kurama se alejó unos pasos, impaciente. Shingo fue con él.

- Creo que tiene derecho a saber qué sucede con Kusanagi-san - dijo Shingo en voz baja -. Ella comprenderá.

- ¿Por qué lo crees así? - quiso saber Kurama. Cualquier persona creería que los youkai y los otros mundos son cosa de la imaginación. ¿Por qué esa jovencita iba a aceptarlo como una realidad?

- Durante la batalla contra Orochi, algunas muchachas fueron destinadas para sacrificarlas en su nombre. Yuki era una de ellas...

Kurama lo observó sorprendido. No sabía eso.

- Según se cuenta... Ella estaba destinada a ser la mujer de Kusanagi-san debido a que sus antepasados vivieron esa misma historia. Ella siendo sacrificada a Orochi, y Kusanagi luchando contra él junto con un descendiente del clan Yagami, para salvarla.

- ¿Quieres decir que Kyo luchó contra Orochi para salvarla a ella? - preguntó Kurama en voz baja.

El muchacho asintió. Kurama sonrió. Imaginar a Kyo peleando por una mujer... Por una mujer a la que amaba tanto como para dar su vida por ella.. Entonces, ¿cuál era la razón de Iori? ¿Por qué había peleado también?

- Sí... así es... - habló Yuki detrás de ellos -. Estaba destinada a ser la mujer de un descendiente de los Kusanagi... Y odié que mi futuro fuera establecido por una antigua historia que unía a la familia de Kyo y la mía... Pero me di cuenta que era una buena persona... y que realmente me amaba... ¡por eso quiero ir con ustedes! ¡Quiero hacer algo, cualquier cosa, para compensar todo lo que él ha hecho por mí!

Esa gentileza... Ese amor tan puro...

Sin decir nada, Kurama echó a andar. No podía estar quieto más tiempo. Cuando Yuki hablaba de amor, la imagen de Hiei se formaba en su mente y el hecho de estar tan lejos de él lo impulsaba a acelerar sus pasos, siendo desconsiderado con el par de cansados ningen que lo acompañaban. Si Shika se atrevía a hacerle algo a Hiei...

Un estremecimiento de rabia recorrió a Kurama mientras apretaba los puños. Shika era capaz de cualquier cosa, sólo por diversión. Tenía sus métodos para conseguir que las criaturas, youkai o ningen, hiciera lo que él ordenaba. No importaba si un youkai era capaz de dominar el fuego negro del Kokuryuuha. Para Shika todos eran diversiones pasajeras.

"Hiei...", pensó Kurama para sí, intentando sentir la presencia de Hiei a pesar del mundo que los separaba. "Hiei..."

- ¡Cuidado! - exclamó Shingo cuando Kurama estaba a punto de cruzar la calle perdido en sus pensamientos. El pelirrojo se sobresaltó y al instante retrocedió de un salto cuando un vehículo apareció a toda velocidad, deteniéndose frente a él con un agudo chirrido.

Shingo se acercó corriendo, dispuesto a gritarle al conductor que esa no era forma de manejar y mucho menos a esa hora de la madrugada. El muchacho ya había abierto la boca cuando una voz de mujer le cortó:

- ¡Oi, Yabuki!

- ¿Eh?

Era King, sentada en el asiento de pasajero del precioso convertible rojo. Su cabello estaba revuelto, y su rostro serio.

- Iba a buscarte al hotel, ¿qué esperas? ¡Sube! - su voz era autoritaria, no había tiempo que perder.

- King-san... Robert-san... - saludó Shingo al ver al conductor del deportivo. El joven de largo cabello oscuro le devolvió el saludo con un gesto de su mano, pero a la vez indicó que debían apresurarse.

- Ustedes también suban - les dijo a Kurama y Yuki, que observaban.

Los tres saltaron al asiento trasero y King se volvió hacia ellos. Su mirada se detuvo en el pelirrojo, reconociéndolo. Luego pasó a Yuki, que se veía confundida y temerosa. Iba a comunicarles qué sucedía cuando Shingo interrumpió.

- ¡King-san! ¡Sabemos lo que usted y Kagura-san pretenden! ¡No permitiremos que abandonen a Kusanagi-san de ese modo!

El sonido del motor del automóvil subió su intensidad a medida que Robert Garcia aceleraba por las calles desiertas.

- Matte (Espera), Yabuki - murmuró King frunciendo el ceño -. Eso es lo que le dije a Chizuru aquella noche en que nos escuchaste hablar. ¿Crees que yo sería capaz de dejar que Kusanagi y Yagami sean abandonados en el otro mundo? No me importa que ellos puedan destruir todo el Ningenkai, ¡ellos son nuestros compañeros y jamás los abandonaría!

- Asi se habla, preciosa - sonrió Robert.

- Pero... - murmuró Shingo. No se esperaba una respuesta tan enérgica de parte de King.

- Chizuru es la única capaz de cerrar ese portal. Aun si yo no estoy de acuerdo, me dijo que lo haría. Por eso íbamos al hotel, para discutir el asunto. Pero ella se dirigió al Memoirs por su cuenta...

- Y se llevó a los dos Psychos con ella - comentó Robert dando vuelta en una esquina a una velocidad vertiginosa.

- ¿Athena... y Kensou? - repitió Shingo.

- Pretende sellar el portal con sus poderes psíquicos... - comprendió Kurama. King asintió.

- Le dije que no lo hiciera, pero no quiso escuchar razones. Y la comprendo. Chizuru teme que en ese otro mundo pueda existir alguien tan poderoso como Orochi.

Shingo le lanzó una mirada preocupada a Kurama, pero el pelirrojo se había sumido en sus pensamientos.

- ¡De prisa, Robert-san! - exclamó Shingo y el joven conductor aceleró un poco más. Su cabello cogido en una colita revoloteaba tras él. King suspiró. Ojalá llegaran a tiempo.

****

- ¡No les permitiremos cumplir sus propósitos! - exclamó Kensou dando un paso para salir del salón. Su actitud fue tan decidida que Yuusuke, Kuwabara y Katsuki tuvieron que retroceder.

Yuusuke observó a la pareja de jóvenes y con un sobresalto reconoció a Athena. Ya se habían cruzado muchas veces con ella, y su reiki llamaba su atención. Era poderoso, pero ella parecía no darse cuenta de eso. Se veía preocupada, como si no estuviera preparada para pelear en ese momento.

- Nan da, omaera!? {¡¿Ustedes qué quieren?!} - exclamó Kuwabara.

- No los dejaremos pasar - dijo la muchacha. Ella y Kensou se pusieron en posición de ataque.

En ese momento una de las meseras, Koori, se interpuso entre los dos bandos. Los observó fríamente, con severidad.

- Arreglen sus asuntos afuera - ordenó. Katsuki le dirigió una breve sonrisa, asintiendo. Los jóvenes debieron salir, intercambiando miradas asesinas y apretando los puños.

Una vez en la calle Yuusuke intentó pedir una explicación, pero antes de poder hacer nada fue interrumpido por un disparo de energía que iba en su dirección. Saltó hacia un lado. Kuwabara ya había invocado a su espada espiritual.

- Chotto, chotto! (¡Un momento, un momento!) - exclamó Yuusuke -. ¿Por qué demonios nos están atacando?

Kensou le dirigió una mirada indignada.

- ¿Creen que podrán engañarnos? ¡Nosotros sabemos sus planes! ¡No les permitiremos llegar al portal!

- ¿Eh? - se preguntaron Yuusuke y Kuwabara, sin entender qué estaba pasando ahí.

Sin darles más tiempo, Kensou atacó impulsivamente y Athena se vio obligada a seguirlo. Acumulando energía en sus manos, la pareja se lanzó contra Kuwabara, que parecía ser el que había bajado la guardia.

Con una mueca, Kuwabara consiguió esquivar las dos bolas de energía que se dirigían contra él y luego con un grito se lanzó contra Kensou, que era a quien tenía más cerca. Levantó en alto su ReiKen, listo para darle un golpe cuando de repente Athena se interpuso en su camino y juntando sus manos frente a ella, proyectó su energía formando una pequeña barrera. Kuwabara se detuvo en seco, resbaló, patinó por la acera y finalmente cayó aparatosamente.

La muchacha pareció sentirse súbitamente culpable al haber hecho eso y se llevó las manos al rostro, avergonzada. Kuwabara yacía en el piso, por su expresión, parecía que admiraba las estrellas que debían estar volando a su alrededor. Yuusuke observó la ridícula escena y no sabía cómo reaccionar (¿atacar? ¿deslizarse dentro del bar?) cuando oyó un sonido ahogado. Miró al muchacho frente a él y notó que se cubría la boca con ambas manos, tratando de no echarse a reír. En vano. Pronto Kensou empezó a reírse abiertamente ante una avergonzada Athena y un confundido Kuwabara.

- Y después dicen que yo soy ridículo... - murmuraba Kensou entre risas.

Yuusuke se encogió de hombros y se acercó a Kuwabara despreocupadamente.

- Oi, daijoubu? {¿Estás bien?} - dijo, dándole golpecitos con la punta del pie. Kuwabara se levantó de golpe, miró a todos lados con una expresión furiosa y graciosa a la vez. Cuando sus ojos se posaron en el risueño Kensou todo él pareció enrojecer. Se acercó unos pasos y le lanzó un golpe en la cabeza.

- Baka! ¡¿Qué es lo gracioso?! - exclamó.

Kensou ni pareció sentirlo. Tenía lágrimas en sus ojos y su risa continuaba y continuaba...

De pronto, como si todo lo anterior no hubiese sucedido, Kensou dio un salto hacia atrás y se volvió a poner en guardia. Athena se paró a su lado.

- No queremos pelear con ustedes, por favor váyanse - dijo.

- ¿Pero no lo entienden? - exclamó Kuwabara golpeando el suelo impacientemente -. ¡Estamos aquí para AYUDAR!

- Y yo soy Iori Yagami - gruñó Kensou negando con la cabeza como si Kuwabara fuera un caso perdido.

- ¡Idiota!

Hubieran continuado con aquel intercambio de palabras cuando a lo lejos se oyó el sonido de un automóvil tomando una curva a demasiada velocidad. El chirrido de los neumáticos los hizo esperar el estruendo de un choque, pero para su sorpresa los cuatro jóvenes se vieron súbitamente iluminados por las fuertes luces de un auto deportivo. Enceguecidos ante el resplandor, sólo pudieron ver tres siluetas que se bajaban de un salto del automóvil. El conductor era alto, y se acercó rápidamente, siempre al amparo de la contraluz. Kensou entrecerró los ojos, haciéndose sombra con la mano. Yuusuke y Kuwabara observaron, listos para enfrentarse a quien sea que fuese.

La segunda silueta era más delgada y ágil, pero ésta se detuvo a un lado del auto, sin avanzar hacia ellos. Por último, dos figuras menudas se acercaron unos pasos. Nadie habló. Kensou no pudo evitar más la tensión del momento y, juntando sus manos, acumuló su energía para luego lanzarla contra los recién llegados. Contra el conductor.

- Kusotare! {Mierda} - se oyó exclamar al hombre, mientras notaba que con esa trayectoria, la energía de Kensou destruiría su precioso deportivo. Pensando rápido, él también juntó sus manos y proyectó su energía -: Ryuu Geki Ken!

Ambos reiki se cancelaron, para alivio de él, que se acercó amenazante al atrevido Kensou. El muchacho retrocedió mientras reconocía al joven.

- Ro... Ro-Robert-san...! - tartamudeó -. Q... ¿Qué hace aquí?

- ¡Ciertamente no dando un paseo para que destruyas mi auto!

Mientras, el recién llegado Kurama se acercó rápidamente hacia Yuusuke y Kuwabara, Shingo lo siguió. King continuó junto al automóvil, mientras esperaba que Yuki bajara.

- ¿Qué pasó? - preguntó Kurama -. ¿El portal...?

- ¡El portal...! - exclamó Yuusuke reaccionando -. Chizuru está adentro, pero ellos - señaló a Athena y Kensou, que en ese momento recibían un sermón explicativo de parte de Robert - salieron y atacaron. No sabemos...

- Chizuru quiere cerrar el portal - le cortó Kurama -. Quiere dejar a Kyo y a Yagami en el Makai.

Kurama corrió hacia el bar, seguido por Yuusuke, Kuwabara y Shingo. Se dirigieron rápidamente al salón posterior y a medida que se acercaban podían sentir el reiki de alguien, un reiki que se elevaba cada vez más.

- ¡Chizuru, no! - gritó Yuusuke. No era necesario que Kurama le explicara qué sucedía allí. Era obvio. Chizuru debía proteger el Ningenkai, sin importar a costa de qué o quienes. Una traición no significaba nada si de eso dependía el bienestar de ese mundo.

Golpearon a la puerta, que estaba cerrada de nuevo, y Kuwabara estaba listo para echarla abajo cuando la energía de Chizuru se desvaneció.

- ¿Uh? ¿Qué...? - musitó Yuusuke confundido.

- ¡¡¡¡AHHHHHHRGH ya lo cerró!!!! - exclamó Kuwabara, aunque él no tenía idea de por qué era el apuro.

- ¡Chizuru! - llamó Kurama golpeando la puerta. No hubo respuesta durante unos segundos hasta que finalmente ésta se abrió.

La figura vestida de blanco los observó con frialdad, sus manos estaban apretadas en puños, su cabello negro caía desordenado tras su espalda.

- Ustedes... - murmuró mirándolos uno a uno. Sus ojos se detuvieron en Kurama. Luego en Yuusuke. - Demonios del otro mundo...

- O.. Oi.. - Yuusuke se adelantó un paso para tratar de explicar, pero al instante siguiente Chizuru ya no estaba frente a ellos, sino detrás. Como si nunca se hubiera movido de su lugar.

- No les permitiré seguir adelante.

- ¡Sólo queremos ayudar!

- Mentiras... ¿Cuándo se ha oído de un demonio que no quiera destruir este mundo? - dijo ella. Su voz era contenida y parecía serena, pero su energía comenzaba a sentirse amenazante y preparada para enfrentarlos.

- ¿Qué te hace pensar que todos los demonios son malos? - preguntó Kurama frunciendo el ceño.

- Basta de conversaciones que no nos llevarán a ningún lado - dijo Chizuru firmemente. Hizo un movimiento con su mano indicándoles que se enfrentaría a ellos afuera. Era una invitación formal, no una amenaza. Comprendieron que aquella no era una lucha sin sentido que ellos pudieran acabar simplemente pasando sobre ella. Era el enfrentamiento de sus ideales. Lo que cada uno consideraba que era correcto.

- ¡Kagura-san! - intervino Shingo en ese momento -. Onegai desu! {¡Por favor!}

Ella lo observó como si recién notara su presencia.

- Mantente alejado, Yabuki - ordenó, mientras echaba a andar hacia la puerta.

- Demo... {Pero...} - Shingo corrió tras ella y la sujetó del brazo haciéndola detenerse. Chizuru se volvió y clavó su mirada en él. El muchacho no tuvo problemas en sus ojos oscuros -. Ellos sólo quieren traer de vuelta a Kusanagi-san, ¡no tiene nada de malo! ¡Es usted la que está siendo injusta! ¡Está traicionando a Kusanagi-san!

Chizuru zafó su brazo de la mano de Shingo.

- Junjou, kimi wa... Zen zen wakarimasen! {Eres tan ingenuo, ¡no entiendes nada!} - dijo con voz contenida -. De seguro ellos no te han contado lo que Kyo y Yagami son capaces de hacer con este mundo.

- ¡Claro que lo han hecho! - exclamó Shingo firmemente -. Pero esa no es razón...

- Tonto. ¿No te das cuenta de que quieren utilizar el poder de ellos dos para sus propósitos? ¡Quieren abrir un portal que una el mundo de los demonios con éste! Buscan lo mismo que Orochi, ¡destruir el mundo!

- ¿¡Pero quién le ha metido semejantes estupideces en su cabeza!? - exclamó Yuusuke para sí. Kurama posó su mano en su hombro, indicándole que no interviniera.

- Si hay que pelear, pelearemos. No podemos seguir perdiendo tiempo, Yuusuke. Shika es capaz de cualquier cosa.

Yuusuke sintió el impulso de preguntar de qué cosa exactamente era capaz el youkai pero fue interrumpido por la exclamación de Chizuru.

- ¡Te están utilizando a ti! ¿Crees que a ellos les importa salvar a dos personas que ni siquiera conocen?

Shingo se volvió y miró a los tres jóvenes que esperaban. No los conocía. Los había visto un par de veces, pero no sabía nada sobre ellos. ¡Nada! En cambio Kagura-san... Habían peleado todos juntos contra los enviados de Orochi, confiaba en ella tanto como podía confiar en Kusanagi-san. No era posible que ella cambiara tan radicalmente su actitud a menos que tuviera razón...

El muchacho estaba confundido. Dejó caer los brazos y miró el suelo.

- Oi, Yabuki - habló Yuusuke. Su expresión había cambiado, se veía serio y agresivo. Sus manos estaban hundidas en los bolsillos y su boca tenía una ligera curva sarcástica -. Si quiere pelear déjala. Al final comprobarás que estaba equivocada.

Sin hacerle caso, la mujer terminó de salir del bar. Yuusuke la siguió junto con su grupo y Shingo salió detrás de ellos.

Las luces del deportivo de Robert seguían encendidas. Kensou y Athena estaban con él, sus expresiones eran serias. King les había contado todo lo que sabía, de seguro, porque en ese momento ella abrazaba a una desconsolada Yuki.

Chizuru los observó a todos un momento. Supo que no estaban en contra de ella, pero que no aceptaban su decisión de abandonar a Iori y Kyo en el Makai. Quizás fueran un peligro para ese mundo, pero eran personas conscientes después de todo. Era posible arreglar las cosas con palabras... al menos con Kyo.

- Saa hajimemashou? {Bien, ¿empezamos?} - dijo Chizuru.

La calle estaba desierta y ella se detuvo justo al medio, lejos del bar, y lejos de los edificios de alrededor. Yuusuke dio un paso hacia ella, para ser el primero en pelear, pero ella lo detuvo con un gesto.

- Los tres.

- Qu... ¿Qué? - murmuró Yuusuke.

- Dije los tres. Atáquenme los tres al mismo tiempo.

Kurama y Kuwabara intercambiaron una mirada extrañada. Kuwabara se encogió de hombros y dio un paso hacia adelante. El pelirrojo quiso advertirle que de seguro era una trampa pero ya Yuusuke y Kuwabara estaban sobre Chizuru así que no le quedó nada más que ir tras ellos.

Yuusuke había saltado, y Kuwabara invocado a su Reiken para realizar un ataque directo. Kurama sacó una rosa y rápidamente ésta se convirtió en su látigo... Pero Chizuru había desaparecido. Se detuvieron en seco y escucharon su voz, proveniente de tres lugares diferentes. Volviéndose, se sorprendieron al notar tres imágenes de la mujer, enfrentándolos.

- Qué... Qué demonios... - gruñó Kuwabara. Entrecerró sus ojos, tratando de adivinar cuál era la real.

Las tres imágenes de Chizuru atacaron al mismo tiempo, y los tres muchachos reaccionaron defensivamente, pero las imágenes se limitaron a traspasarlos sin hacerles daño. Mirando alrededor, notaron que las imágenes volvían a ponerse en una pose ofensiva.

- Esto no va a llegar a ningún lado... - murmuró Yuusuke.

Las imágenes se movieron y atacaron de nuevo, y una vez más sólo los traspasaron. Eran imágenes, nada más.

- Chizuru, doko ka?! {¿dónde está?} - gritó Yuusuke perdiendo la paciencia. Se concentró, sintiendo el reiki de la mujer a su alrededor. Era extraño, pero sentía que provenía de las tres imágenes. Ah, que importaba. Concentró su energía, dispuesto a disparar su ReiGun sin embargo...

- ¿¿¡AH!?? ¡ReiKen!- Kuwabara observaba su mano como si se tratara de un youkai. Algunas chispas de energía brotaron, pero se apagaron sin llegar a formar su espada espiritual. Kurama lo observó un segundo y luego miró su mano, su látigo había vuelto a su forma original de rosa. La dejó caer y apretó los puños. Un resplandor púrpura brotó de ellos. Púrpura, como el color que también iluminaba las manos de Kuwabara. Por último Yuusuke quiso preparar su ReiGun y notó que sus manos también estaban iluminadas por ese resplandor extraño.

- ¿Qué...?

Una risa se oyó desde algún lado. La risa de Chizuru. Lejana.

Las imágenes se movieron al unísono, rápidas, dejando estelas tras de sí con cada movimiento que hacían. En sus manos se encendió una luz blanca que dejaba rastros en el aire, dirigiéndola contra los muchachos que se vieron envueltos en el doloroso resplandor.

Hubo una pequeña explosión de energía que los envolvió en polvo y humo. Shingo, que observaba, no pudo evitar dar un paso hacia atrás. Yuki lanzó una exclamación asustada. Robert y King intercambiaron una mirada.

Lentamente el humo se apartó y dejó ver a los tres jóvenes, arrodillados en el asfalto. El resplandor púrpura los envolvía ahora completamente.

- Pero... ¿qué es esto? - murmuró Kurama. No era reiki, ni youki. Era una energía que no le permitía utilizar la suya, sentía que lo debilitaba.

- No me subestimen - dijo Chizuru saliendo de las sombras. Sus brazos estaban cruzados, y los observaba con desprecio. Lentamente extendió sus brazos y dejó ver lo que parecía ser un bastón de ceremonias, con el símbolo de Orochi grabado en él. Era plateado, adornado con anillos que tintineaban al más mínimo movimiento. Deteniéndose frente a Kurama, Chizuru levantó su báculo en alto, y todos pudieron ver que, a la luz de los faros del automóvil, la hoja de una guadaña resplandecía -. Tú primero. Shinde, youkai {muere, demonio}.

Kurama vio la hoja afilada bajar a toda velocidad en dirección a su cuello, la luz resplandeció un segundo mientras por su mente pasaba el pensamiento de que él no podía morir así. No a manos de una humana. No. Quiso apartarse, o utilizar su youki contra ella, pero el resplandor púrpura lo tenía inmovilizado. Yuusuke y Kuwabara no pudieron reaccionar, y, aun de haberlo hecho, no podían hacer nada.

- ¡Chizuru, no! - se oyó a lo lejos la voz de Athena, mezclada con otra exclamación -. ¡Tú no eres una asesina!

- ¡Kagura-san no lo haga! - exclamó Kensou.

Con su báculo en alto, la mujer se volvió hacia King y Shingo, que se habían acercado. Su mirada se suavizó e incluso sonrió tristemente negando con la cabeza.

- Ustedes no entienden - dijo lentamente -. No pueden entender. Esta es mi vida. Es el único propósito que tengo: proteger a este mundo. No importa lo que tenga que hacer, sacrificar mi vida o la de otros. Ha sido responsabilidad de mi familia durante siglos. Pero no entienden...

Chizuru empuñó su báculo con firmeza. Kurama sacudió la cabeza, intentando liberarse de esa extraña energía que lo envolvía.

- ¡Por favor, Chizuru! - insistió King acercándosele. Chizuru se volvió hacia ella bruscamente, cortando el aire y casi alcanzando a King.

- ¡Retrocede! ¡Ellos te están utilizando a ti también! ¿Por qué no te das cuenta?

- Chizuru...

- ¡Retrocede, King!

Y, sin decir más, Chizuru se volvió hacia Kurama, cortando diagonalmente con todas sus fuerzas.

Se oyó un golpe seco. Y luego el tintineo del báculo al caer al suelo.

Yuusuke no conseguía moverse, sólo sentía a Kurama muy cerca suyo. Sintió cómo su cuerpo se había encogido cuando iba a recibir el golpe. Vio que el pelirrojo estaba quieto, con la cabeza baja, y el cabello cayéndole sobre el rostro sin dejar ver sus ojos.

- Ku... ¿Kurama?

Hubo un momento de silencio y luego un murmullo:

- Daijoubu... {estoy bien...}, Yuusuke.

Levantando la mirada, los muchachos vieron que Chizuru se había llevado una mano al costado izquierdo, y que en su rostro había una expresión de dolor y furia. Shingo estaba a su lado, y su puño aún no dejaba de temblar después del poderoso golpe que le había dado a la mujer.

- ¿Cómo te atreves...? - gimió Chizuru -. ¡Idiota!

Ella proyectó su energía hacia Shingo, que intentó esquivarla pero fue alcanzado en el hombro. La tela de su uniforme se rasgó en el punto donde la energía hizo contacto y la sangre empezó a brotar, abundante. El muchacho retrocedió un poco. No se esperaba ser herido de esa manera. No por Chizuru.

Iba a contraatacar cuando vio lágrimas en sus ojos. Lágrimas de rabia e incomprensión.

- Desde hace siglos se ha llevado a cabo sacrificios para prolongar la existencia de este frágil mundo. Las doncellas sacrificadas a Orochi son sólo un ejemplo. ¿Qué significa una persona si a cambio de ella podemos salvar millones de vidas?

Con un rápido movimiento, Chizuru volvió a sujetar su báculo y atacó a Shingo que replicó, mientras esquivaba los golpes:

- ¡Pero Orochi fue vencido hace siglos por personas que no quisieron aceptar ese destino! ¡Podemos hacerlo de nuevo!

- Oh, ¿podemos? - repitió Chizuru con una sonrisa sarcástica -. ¿Podemos pelear contra un mundo repleto de demonios?

- Ya basta ustedes dos - intervino King.

Finalmente las lágrimas de Chizuru cayeron.

- Lo estoy haciendo por ustedes, ¿no entienden? ¡Por ustedes!

Hubo un momento de silencio.

- No queremos que hagas esto. Ya déjalo. No tienes que cargar con toda la responsabilidad, es demasiado. - intervino Athena, su voz era suave y tranquilizante. Chizuru sollozó.

- No entienden... - murmuró apoyándose en King -. Yo sólo...

Kurama y los demás observaban en silencio. Era mejor no intervenir. Ambas eran amigas y de seguro King sabría cómo calmarla...

- ¡Cuidado!

Era la voz de Robert, pero demasiado tarde. Con toda su fuerza, Chizuru golpeó a King en un costado utilizando la parte afilada de su báculo. La joven rubia dejó escapar una exclamación mientras sus piernas cedían y caía de rodillas. La sangre corría entre sus dedos cuando se llevó una mano a la herida. Shingo quiso ayudarla, pero se encontró frente a frente con el arma de Chizuru. Sin embargo ella no le prestó atención y corrió hacia Kurama dispuesta a acabar con él de una vez por todas.

Robert hizo un movimiento de impaciencia. No había otra cosa que hacer. Si quería evitar que la alterada Chizuru acabara con todos debía actuar. Athena quiso evitarlo, pero él fue más rápido y, concentrando su energía exclamó:

- Haou shou kou ken!

La gran concentración de energía alcanzó a Chizuru por la espalda. La envolvió completamente y ella gritó. El báculo resbaló de sus manos, junto con algunas de sus lágrimas.

Finalmente su cuerpo cedió y cayó frente a Kurama que lentamente sintió cómo la energía púrpura se desvanecía hasta liberarlo por completo. Yuusuke y Kuwabara se pusieron de pie mientras el resto de peleadores se acercaba, pero Kurama continuó observando el rostro surcado de lágrimas de Chizuru. Pareció perdido en sus pensamientos durante unos segundos pero las voces de los demás lo volvieron a la realidad.

- King... - dijo Robert sosteniéndola. Estaba sangrando mucho.

Una sirena de policía sonó a lo lejos. Intercambiaron miradas para decidir qué hacer y, finalmente, en la puerta del bar apareció Katsuki, indicándoles con una mirada que debían entrar. El portal... Había sido cerrado.

***

Notas de KOF: Robert Garcia es integrante del Art of Fighting Team. Se dice que es un mujeriego sin remedio, proviene de una familia de millonarios italianos, y su posesión más preciada es su colección de automóviles.


 

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Abril, 2002