Fanfic por MiauNeko

Hasta pronto... ~ Kyo

No entiendo qué haces aquí, Yagami. Pensé que habíamos llegado a un acuerdo la última vez. Tú mismo lo dijiste, tú mismo lo aceptaste, frente a mí, y frente a esa mujer que dice ser tu novia. Aun recuerdo las palabras que pronunciaste, anunciando que me dejarías tranquilo por el resto de mi vida... O hasta que por una casualidad nos volviéramos a encontrar. Ya no me buscarías. No volverías a retarme. Ni siquiera participarías de nuevo en los torneos.

Yagami...

Aquellas palabras fueron más dolorosas de lo que jamás te podrías imaginar. Incluso hubiera preferido que proclamaras orgulloso tu victoria sobre mí.

Cuando diste media vuelta para alejarte y esa mujer caminó hacia ti, entrelazando sus delicados dedos con los tuyos... Sentí que la rabia me embargaba. ¿Te retirabas? ¿Te atrevías a abandonar esta pelea que ya se había vuelto parte de mi vida? Maldito ¿quién te daba el derecho de irrumpir en mi existencia y retirarte cuando te diera la gana?

Apareciste aquel año, jurándole al mundo que me matarías. Me costó muchas noches acostumbrarme al hecho de que siempre estarías allí esperando acabar con mi vida. Pero cuando finalmente acepté encontrarme frecuentemente con tu mirada, y recibir tus golpes, y sentir tu fuego... Me di cuenta que cada vez que aparecías me sentía aliviado. Como si tu presencia me asegurara que a pesar de lo que ocurría a mi alrededor, el rapto de Yuki, Riot’s, Orochi, yo seguía siendo el mismo. Una persona capaz de vencer todas las adversidades; lo bastante poderoso para que alguien como *tú* me considerara un buen rival y alguien digno de enfrentarse a ti.

Y poco a poco empecé a esperar nuestros encuentros, a desear oír tus palabras altaneras y burlonas.

Estoy seguro que notaste la sonrisa arrogante apareciendo en mis labios cada vez que te respondía. Había algo detrás de esa arrogancia. Un sentimiento oculto que lentamente se hizo evidente.

Los que me rodeaban tomaron mi interés en ti divertidos. Pensaban que todo lo que yo buscaba era una buena pelea donde demostrar mi superioridad. Pero no era así... Realmente quería saber dónde estabas, qué hacías cuando no participabas en el torneo. ¿Tenías familia? ¿Novia quizás? ¿Qué programas de TV te gustaban? ¿Qué tipo de música oías?

Tu banda. Cuando supe de tu banda hice hasta lo imposible por asistir a uno de tus conciertos. Mucha gente te admira, Yagami. Y las entradas fueron realmente difíciles de conseguir. Pero una vez adentro, cuando te vi aparecer en el escenario sin tu expresión habitual de "que bueno que te veo, Kyo; ahora te mataré", comprendí lo que sentía por ti. Fue humillante saber que habías logrado eso, aun sin proponértelo. Quise odiarte. Pero no pude.

Los sentimientos inundaban mi interior, y yo era incapaz de expresarlos. Cómo... ¿cómo podría decirte esas palabras que no parecían tener significado en tu vida?

El tiempo pasó, los problemas se presentaron. Tú seguías siendo el mismo, buscándome, retándome, pero yo... Creo que fui demasiado evidente. Demasiado. Quizás fue mi mirada, o el desgano con que aceptaba tus retos. No lo sé... Pero de alguna forma te diste cuenta y supiste que era inútil luchar contra mí. Habías perdido a tu oponente, y encontrado a alguien que no podía resistirse a la seducción de tu mirada.

"Maldita sea, Kyo, ¡pelea!" gritaste una vez, perdiendo la paciencia, luego de que yo recibiera de lleno la explosión de tu Yamibarai sin hacer el más mínimo movimiento para evitarlo. Me sujetaste de los hombros, me sacudiste violentamente, acorralándome contra un muro y lanzando un golpe púrpura que resquebrajó la pared. "Doushite, Kyo... oshiete doushite {¿Por qué, Kyo? Dime por qué.}"

¿Por qué? Yo también quisiera saberlo.

Con ojos vidriosos observé tu rostro, tan cerca... tan cerca del mío... Tus labios, tu mueca de desagrado, la calidez de tu aliento... Y lentamente, sin que mi expresión se alterara levanté mi mano y con la punta de mis dedos rocé tu mejilla.

Tu mirada brilló con ira, tus manos me dejaron ir y retrocediste.

"¿¡Te burlas de mí?!" exclamaste. Jamás olvidaré tu rostro confundido y furioso. En tu interior comprendías lo que yo sentía, ¿verdad? Es sólo que en ese momento no querías aceptarlo. Te lo negabas a ti mismo.

"Yo..." mis labios resecos se movieron imperceptiblemente, pero no me escuchaste. Diste media vuelta y empezaste a alejarte, murmurando algo. Algo que podría haber sido: "aclara tu maldita cabeza, en ese estado no vale la pena pelear contigo."

Yo bajé mi mirada, mientras te escuchaba alejarte. Sin embargo no estabas más que a unos pasos, cuando oí tu gemido ahogado. Lo siguiente que vi fue tu figura encogida en el suelo y la sangre goteando de tus labios. Corrí hacia ti, te sostuve con fuerza.

"Yagami, daijoubu {¿estás bien?}"

Quisiste apartarme, como si mi presencia tan cercana te produjera repulsión, pero ni siquiera lograste empujarme lo suficiente antes de que tu cuerpo convulsionara y se estremeciera de dolor.

"Yagami..."

No podía hacer más que repetir tu nombre. En medio de tus gemidos y respiración entrecortada gruñiste algo, maldiciendo. No a mí, sino a tu sangre Orochi. A tu destino.

Me di cuenta de que aquel ataque se debía de algún modo a Orochi. Aun cuando ya habían pasado varios años desde su derrota, la maldición seguía presente en ti, y ahora se manifestaba con crueldad. Creo que vi lágrimas en tus ojos, y un extraño brillo... ¿Miedo?

No era el Riot of Blood, era algo diferente. Si hubiese sido un Riot tu mirada ya hubiese estado encendida de sangre, con una expresión enloquecida que desfiguraba tu... lindo rostro... Tus manos hubiesen buscado mi garganta, dispuestas a destrozarme... Y yo no hubiera estado allí, sosteniéndote contra mi pecho, acariciando tu cabello rojizo que poco a poco se iba humedeciendo con la llovizna que empezaba a caer. Tu aliento era ardiente ahora, tus ojos muy abiertos debido al dolor. Tus gemidos se convirtieron en quejidos, inevitables, que no podías contener.

Me pareció que junto con el dolor y el miedo te avergonzaba infinitamente el que yo estuviera ahí, a tu lado, viéndote en ese estado de debilidad. Tosiste un poco y más sangre brotó, cálida, espesa. Te costaba respirar y cerraste los ojos. Inconscientemente tus manos se aferraron a mi y hundiste tu rostro en mi pecho, como si eso te fuera a ayudar a escapar del sufrimiento.

Tus dedos se clavaron en mi cintura y mi espalda, aferrándote a la tela de mi ropa, rasgándola. Quería ayudarte, ¡hacer algo! Pero no sabía qué ni cómo. Sólo te abracé, mientras ambos continuábamos arrodillados en medio de la calle húmeda y desierta.

En el silencio que nos rodeaba empecé a sentirme gradualmente angustiado. No había nadie cerca como para pedir ayuda. Que llamara a una ambulancia, ¡cualquier cosa! Cuando miré alrededor sólo vi el paisaje grisáceo y desolado de esa parte de la ciudad. Que mal lugar habíamos elegido para pelear...

Imaginé entonces cómo debías sentirte cuando estabas solo y el Riot se manifestaba. El miedo que te debía haber embargado, el dolor, y la sensación de estar completamente abandonado. El pensamiento de que si llegabas a morir nunca nadie se enteraría.... Debe haber sido tan difícil... Y pensar que yo me burlé de tu situación. Que me burlé del sorprendente poder que demostrabas poseer cuando entrabas en el Riot... Que tonto fui... ¡Qué tonto!

"Tranquilo, Yagami," me encontré diciendo en tu oído, tan confidente como jamás me hubiese imaginado hablándote. "No estás solo. Estoy contigo."

Tus manos se relajaron en mi espalda, no levantaste la cabeza, ni dejaste de estremecerte, pero supe que me habías escuchado claramente.

Besé tu cabello, ahora que eras incapaz de alejarte o apartarme. Sentí su aroma, la sedosidad de esos largos mechones rojos.

Y lentamente fuiste calmándote. Tus manos se retiraron, alzaste la cabeza despacio. Tu mirada expresaba un profundo odio hacia mí por haberme atrevido a abrazarte de esa forma pero no me extrañó. Lo que me llamaba la atención en ese momento era la sangre en tus labios. Sin dudarlo, retiré la cinta blanca de mi frente y, sin ofrecértela, rocé aquella mancha roja. Tú retrocediste un poco.

"Kisama...," murmuraste débilmente.

"No estoy haciendo nada malo..." fue mi respuesta.

Te pusiste de pie con algo de trabajo, pero yo no me moví. Me observaste un largo rato mientras yo continuaba arrodillado frente a ti, apretando en mis manos la tela manchada con tu sangre. No dijiste nada. Diste media vuelta y echaste a andar algo inseguro, algo encorvado. No intenté detenerte ni ir hacia ti. ¿Para qué? ¿Qué podía decirte?

Luego de eso no te vi en mucho tiempo... Me preocupé por ti, pensé que algo malo te había sucedido después de ese ataque. Nunca supiste las noches de insomnio que pasé, imaginado oir tu voz pidiendo ayuda... Viendo tu sangre, tu mirada asustada... Nunca lo supiste.

Y finalmente apareciste, acompañado de esa hermosa mujer que me observó con fría indiferencia mientras dejaba ir tu mano, que segundos atrás había sostenido tan cálidamente entre las suyas. Hermosa, Yagami, tu pareja perfecta. Yuki no es nada, si comparamos la similitud entre tu mirada y la de tu mujer. El cuerpo esbelto, la delgada cintura... Que afortunada...

Ella retrocedió un poco mientras me saludabas con tu sonrisa habitual, pero esta vez hubo un cambio. Te detuviste y retiraste algo de tu dedo, un anillo plateado. Ella se acercó de nuevo cuando se lo alcanzaste diciendo: "Guárdalo, no quiero que se manche con sangre Kusanagi."

Y por su asentimiento, comprendí que ella lo sabía todo sobre nosotros. Nuestros clanes, nuestra rivalidad... Y tú lo habías compartido con ella. ¡Tú!

Cuando ella se retiraba yo le pregunté:

"¿Omae wa dare da? {¿Y tú quién eres?}"

Se detuvo en seco ante mi tono tan rudo e irrespetuoso. Tú sólo sonreíste. Ella se volvió y me lanzó una mirada de desprecio, pero en seguida hizo una irónica inclinación y dijo en voz alta y clara:

"Watashi wa Yagami no koibito. Yoroshiku onegai shimasu, Kusanagi Kyo-san {Soy la novia de Yagami. Es un placer conocerlo, Kusanagi Kyo.}"

Koibito... Omae no koibito... {Amante... Tu amante...}

Se jactó de eso orgullosamente. Ella lo sabía. Sabía lo que yo sentía por ti... Y si fuiste tú quien se lo dijo, entonces... Tú también lo sabías... Por eso la habías traído. Para humillarme...

Estaba tan perdido en mis pensamientos mientras la observaba que no noté cuando diste un paso hacia mí y al siguiente segundo tu palma estaba extendida frente a mi rostro, lista para lanzar las furiosas llamas púrpura. Me sobresalté y retrocedí unos centímetros, aunque sabía que era inútil tratar de escapar a tu fuego.

Sonreíste. Dulcemente...

"Kyo..." suspiraste en un tierno tono condescendiente. "Kyo..."

"N... nani... {¿Q... qué?}"

En seguida reíste suavemente, bajando tu mano, sacudiéndote divertido.

"Lo conseguiste."

"¿De qué hablas?"

"Conseguiste lo que tanto querías... Terminó. Todo. Ya no te buscaré más, y podrás continuar tu aburrida vida al lado de tu insípida mujer e inútiles amigos."

No pude creerlo. Parecía un sueño, o, mas bien, una pesadilla.

"Si te encuentro de nuevo, te destruiré de una vez por todas y para siempre. Pero no volveré a perder mi tiempo buscándote. Ahora tengo mejores cosas que hacer."

"Espera."

Espera, espera, espera. No te vayas. No así...

Sonreíste mientras te alejabas y esa mujer se acercó a ti, solícita y cariñosa.

"Vete, Kyo. No quiero tener que ver tu rostro nunca más."

Te fuiste, dejándome solo nuevamente. Pero debo agradecer a esa mujer el que te haya mantenido ocupado para que no te volvieras hacia mí. No me hubiera gustado que me vieras llorar.

***

"Nan da, Kyo? {¿Qué pasa, Kyo?} ¿No te alegra verme?"

Tu voz me trae de vuelta a la realidad, al presente. Has estado esperando por mí durante mucho rato, bajo la lluvia. Tu cabello está mojado, así como tus ropas, aun cuando el largo abrigo negro te cubre casi completamente. Con los brazos cruzados levantas la cabeza y sonríes. Te alejas del muro donde te apoyas y empiezas a caminar despacio, amenazante. Como cuando te preparabas a retarme, hace tanto tiempo.

"¿Qué haces aquí?" pregunto estúpidamente. No te importa lo que yo siento, así que ¿para qué molestarme en decirlo?

"Vine a acabar con todo de una maldita vez."

Río.

"Pensé que ya estabas cansado de mí y todo esto."

"Nunca dije que lo estuviera," sonríes tú.

Bajo la mirada. Pensamientos se arremolinan en mi mente. Te observo quitarte el largo abrigo y lanzarlo a un lado, sobre la acera de la estrecha y desierta calle. Sigues siendo el mismo, y eso despierta todos los sentimientos que había intentado reprimir en mi interior.

Estás listo y yo no puedo hacer nada más que admirarte. Quiero abrazarte. Quiero sentir tus manos. Quiero besar tu rostro...

Empiezas a avanzar hacia mí. Me preparo. Te atacaré con todas mis fuerzas, Yagami. Te heriré salvajemente con mi poder y cuando seas incapaz de levantarte de nuevo, podrás ser mío. Para hacer lo que quiera contigo, besarte, acariciarte.

Violarte.

Lo que sea, con tal de poder estar a tu lado.

Dejo que el fuego me envuelva mientras observo atento la distancia que nos separa. Acércate un poco más. Ven hacia mí.

Sin embargo pareces saber lo que pienso hacer y sonríes mientras me atacas de lejos. El fuego púrpura arrastrándose por el suelo.

Lo esquivo con un salto que me deja a sólo pasos de ti. Te sorprende que sea yo el que tome la ofensiva así que retrocedes para ganar un poco de distancia, pero en seguida te recuperas y te lanzas hacia mí. Tus ojos brillan salvajemente, tu cabello se sacude en el viento, dejando transparentes gotas de agua en el aire.

Nunca he invocado a tanto poder como ahora. El fuego me envuelve doloroso. Pero es la única forma. Debo herirte... así podré estar contigo. Al menos durante el tiempo que tardes en recuperarte. Incluso unos segundos serán suficientes.

Esquivo tu mano, que buscaba mi cabeza, y me deslizo por el suelo mojado, apretando mis puños fuertemente, dejando que el fuego estalle alrededor de ellos. Estoy a tus pies, y tú aun no te recuperas del movimiento anterior. Tu cuerpo, tu pecho está descubierto. Es la oportunidad que esperaba.

Con un grito lanzo mi puño hacia delante, hacia ti. Las llamas están fuera de control. Bajas la mirada y noto que estás sorprendido y a la vez complacido por mi violenta ofensiva... Nuestros ojos se encuentran y sonríes.

Me hiciste titubear. En esa fracción de segundo en que tus ojos parecieron corresponder a mis sentimientos. Dudé.

Maldición, Yagami, no puedo hacerlo.

Finalmente mi golpe hace contacto con tu pecho, pero no puede llamarse golpe a ese roce que más pareció una caricia. El fuego desaparece con un sonido ahogado. No puedo herirte. No quiero. Aun si eso te obligara a quedarte a mi lado... No quiero que sea de ese modo.

Tu expresión cambia súbitamente. Pareces desilusionado. Continúas observándome y de pronto tus rodillas se doblan y caes frente a mí. Temo que mi golpe te haya herido sin que yo me diera cuenta, pero antes de pensar otra cosa veo que estás cayendo hacia delante. Sorprendido, me apresuro a recibirte en mis brazos, pero tu cuerpo está totalmente flácido y ambos terminamos en el suelo, en medio de un charco de agua fría.

En mis brazos. Y no haces ningún movimiento para apartarme.

"¿Qué pasa?" pregunto, sin comprender. No hay respuesta. "¡Oi, Yagami!" exclamo.

Tu rostro está contra mi hombro y no puedo ver tu expresión. ¿Es esto una broma?

Lentamente te levantas y siento que tu cuerpo es recorrido por un temblor violento. Me sonríes. Nuestras miradas se encuentran nuevamente.

No.

Hay sangre en la comisura de tus labios, y yo sé que no fue debido a mi ataque.

El hilo rojo corre por tu mentón y por tu cuello. Tú me observas sin decir palabra. ¿Por qué, Yagami? ¿Por qué me haces esto?

Estás temblando incontrolablemente ahora. Tus manos caen sin fuerza. Me inclino sobre ti, abrazándote, como si eso pudiera calmarte en algo. Ríes apagadamente.

Lo he comprendido todo, ahora. Estás muriendo. Estás muriendo en mis brazos, no por una herida mortal, sino porque desde que naciste estaba escrito que tu sangre maldita acabaría con tu vida. Pero... ¿por qué me buscaste? Acaso... ¿acaso no querías estar solo cuando pasara?

"... Hn..."

"Shhh... No intentes hablar, Yagami, descansa un momento," me apresuro a decir.

"La idea era morir... honorablemente... peleando contra alguien digno... Kyo..." murmuras.

Entonces, querías que yo te mate...

"Sin embargo," continúas tan suavemente que casi no puedo oírte, "... creo que morir en tus brazos... no será tan malo después de todo..."

Yagami... No puedo creer lo que dices. Es que... no puede ser...

"Resiste, iré por ayuda."

Intento moverme, pero tú me lo impides. Estás acostado de espaldas, el agua nos ha empapado, pero es como si no importara. La lluvia sigue cayendo helada... Quiero cubrirte con mi cuerpo, protegerte.

"Tonterías... Aquí... termina todo..." dices, aun con esa débil sonrisa en los labios.

"¡Por favor, Yagami!" exclamo. No puedo creer que estés hablando así.

Te quedas en silencio, suspiras. Y luego, lentamente, levantas tu mano para posarla entre mi cabello húmedo. Siento tus dedos acariciándome tiernamente. Parpadeas con lentitud, como si te costara seguir despierto.

"Utsukushii Kyo... {Mi hermoso Kyo...}" susurras. No sé si sonreír o llorar. ¿Me estás hablando a mí? ¿Me estás acariciando a mí?

"Kore wa warui yume desu ne... {esto es una pesadilla, ¿verdad?}" susurro cerrando los ojos. Es que no puede ser que me digas estas palabras ahora.

"No llores... Mi Kyo..." susurras tú. Tus ojos están fijos en mí, y tu expresión es indescriptiblemente triste.

"Por favor, Yagami, por favor..." te ruego para que no suceda lo que ambos sabemos ocurrirá en unos minutos. "Por favor, no ahora... Resiste un poco más..."

Ríes débilmente. Tu respiración se detiene un momento y cuando yo voy a gritar tu nombre siento que te aferras a mí, dejando escapar un gemido.

Una lágrima brota de tus ojos fuertemente cerrados. El dolor debe ser insoportable, y siento que mi corazón se encoge con cada estremecimiento tuyo.

"Resiste," repito. "Mi departamento no está lejos. Iremos para allá, te pondrás ropa seca, luego podrás descansar, ne? Sólo resiste un poco."

"Es inútil..." murmuras. "Vine sabiendo lo que sucedería... Vine... Porque... quería estar contigo..."

Dejas de hablar. Tu cabeza cae hacia un lado. La mano que acariciaba mi cabello resbala y queda contra tu pecho.

"No, Yagami..." murmuro desesperado en tu oído. Parpadeas de nuevo. ¿Son lágrimas las que caen de tus ojos o es la lluvia? "No ahora, por favor... No ahora que podemos empezar algo... juntos..."

"Kyo..."

Deja de repetir mi nombre de esa forma. Si continúas... me echaré a llorar. Porque cada vez que lo pronuncias temo no volver a oírtelo decir.

"Yagami, yo..." al fin podré decirte lo que siento... Al fin... "Te..."

"Ai shiteru, Kusanagi Kyo..." {Te amo, Kusanagi Kyo...}

Pronunciamos las palabras al mismo tiempo, pero yo sólo oí las que brotaron de tus labios. Haces un esfuerzo y tocas mi rostro húmedo.

"Nos veremos... Ya no llores, no seas cobarde, Kusanagi," sonríes a través del dolor y el frío.

"Quédate conmigo, Yagami... No me dejes ahora. No te lo perdonaré..."

"Ódiame, entonces."

Es que no puedo...

Tus ojos empiezan a perder su brillo, me inclino sobre ti y beso tu frente helada. Me aparto para buscar tu mirada. Noto que a pesar de todo tú también me sigues observando fijamente. No puedo evitar que las lágrimas caigan. Tus dedos me acarician tiernamente y susurras:

"... Me llevaré el recuerdo de tu... hermoso rostro... conmigo..."

Siento que te estremeces una última vez mientras un débil gemido roza mi mejilla...

"... Kyo..."

***

Creo que la lluvia ha estado cayendo sobre mí eternamente. Fría, tan fría que ya no puedo sentirla. Tan fría como mi corazón, que también parece incapaz de sentir algo salvo tu cuerpo acurrucado en mis brazos. Mi mirada está fija en el horizonte gris. El día se apaga, pero no me he movido. No quiero que llegue la noche, pero tampoco quiero moverme de este lugar. Mi mano acaricia suavemente los dedos de la tuya, ambos estamos helados. Parpadeo cuando las luces de la ciudad se van encendiendo, una a una. Pero no bajo la vista. Es que no me atrevo a volver a ver tu rostro... Y saber que... que...

Tus ojos están cerrados, y tu expresión es tan calmada... Como si durmieras plácidamente. La lluvia se ha llevado los rastros de tu sangre. El sonido de las gotas golpeando el suelo es monótono. No quiero dejar de abrazarte. Es inútil, pero siento que aun no puedo aceptar el dejarte ir.

Unos pasos apagados me ponen alerta, pero sinceramente no me importa, y no hago nada para identificar a los intrusos que nos interrumpen.

"Kusanagi Kyo" dice una voz mientras dos sombras caen sobre nosotros. "Kusanagi Kyo" repite la voz cuando yo no me molesto en levantar la mirada para observarlos.

"¿Qué demonios quieren?" gruño en voz baja y lentamente alzo mi cabeza, dirigiéndoles una mirada amenazante.

Son ninjas, oscuras y silenciosas figuras vestidas de negro. Alcanzo a ver que sus ropas están adornadas con el símbolo de la luna creciente. Son ninjas de tu clan. ¿Qué hacen aquí? ¿Cómo nos encontraron? Parpadeo cuando una idea cruza mis pensamientos.

Te seguían. Todo el tiempo te habían estado siguiendo... Te vigilaban y sabían de todo lo que sucedía en tu vida.

Entonces... Un estremecimiento de rabia recorre mi cuerpo cuando me doy cuenta de la razón tras tu repentino distanciamiento, de tu repentina decisión de no volver a buscarme.

Yagami...

¿Lo hiciste por protegerme?

Para evitar que tu familia se enterara lo que yo sentía por ti... lo que quizás tú sentías por mí... ¡Baka! ¿Por qué? ¡No necesitaba que me protegieras! ¿Acaso no soy lo suficientemente fuerte como para enfrentarme a todos los ninjas que tu clan decida enviar en mi contra? No soy tan débil, Yagami...

Sin embargo cuando vuelvo a mirar tu rostro apacible toda mi rabia desaparece para dar paso a la sorpresa... y agradecimiento.

Nunca pensé que serías capaz de hacer eso por mí.

Los ninjas me interrumpen al inclinarse sobre ti, que continúas en mis brazos. Tocan tu cuello, buscando indicios de una vida que ya no existe. Intercambian una mirada y asienten. Te van a llevar con ellos, al lugar donde yacen tus antepasados. Te van a llevar... Yagami... Ya no te volveré a ver...

Sujetan tu cuerpo, esperando que yo te libere de mi abrazo, pero dudo. Los miro, me observan. Te miro... Ellos siguen la dirección de mi mirada. Parpadean sin comprender. Y cuando me inclino hacia tu rostro y beso tus labios helados ellos dejan escapar una ligera respiración de sorpresa. Son demasiado silenciosos como para decir algo, pero lo que ven, al descendiente de los Kusanagi, besando tan tiernamente el cuerpo muerto de un Yagami, los sorprende.

Me retiro. No levanto la mirada cuando uno de ellos te sostiene, con respeto, y te levanta en sus brazos. La lluvia acalla su partida, pero el otro se queda atrás. Cuando lo observo para saber qué pretende, él hace una profunda inclinación. Luego se va.

Con sorpresa me doy cuenta que ellos me reconocen como el vencedor. Yo vencí al más poderoso descendiente de los Yagami. Yo...

Oh, Iori...

***

El sol se pone.

Ya es verano... y estoy aquí, compartiendo una noche con Yuki y los chicos.

Mientras observo por la ventana, sosteniendo las cortinas con una mano, oigo que ellos deciden ir a dar un paseo. No me invitan. Desde que te fuiste ellos han notado que estoy diferente, y ya no se molestan en ofrecerme a hacer cosas que saben que me voy a negar. No comprenden qué fue lo que pasó; todo lo que saben es que algo me hizo cambiar bruscamente. Algo que me hace despertar de noche gritando tu nombre, algo que me hace pelear de forma violenta, hiriendo y desgarrando, como tú lo hacías.

"¿Sucede algo malo, Kyo?" preguntó Benimaru una vez. Sus ojos celestes brillando con sincera preocupación.

"Nada. Todo está bien." Fue mi hipócrita respuesta, junto con una hipócrita sonrisa. Pero Benimaru no volvió a insistir.

Todo está bien... Seguro.

"Hey, Kyo, ¡ja ne!" se despiden Shingo, Benimaru y Yuki mientras salen a dar un paseo antes de que el sol termine de ponerse.

Yo no me despido, ni siquiera me volteo para mirarlos. Sólo sigo allí, en la ventana. El sol se pone tras los edificios, y la luna aparece del lado opuesto. Este es el momento que espero cada día... El momento que me mantiene con vida después de todo este tiempo.

Mi mano se aferra fuertemente a la cortina y dejo caer mi cabeza. Los mechones castaños se mueven suavemente. Siento que me estremezco y mis labios pronuncian tu nombre.

"Iori..."

"¿Kyo...?"

Sonrío, sin moverme, sin abrir los ojos.

Dos brazos se deslizan alrededor de mi cintura, y siento un suave aliento junto a mi oído.

"Kyo..."

El cabello me hace cosquillas al tocar mi mejilla. El tenue brillo rojo...

Mis ojos se inundan de lágrimas, aun con los párpados cerrados.

¿Por qué? ¿Por qué puedo oír tu voz llamando mi nombre y sentir tus brazos rodéandome si sé que no estás aquí? Abro los ojos y entre lágrimas vislumbro tu rostro en el reflejo de la ventana. Pero sé que no estás ahí. Me estoy volviendo loco... ¿verdad?

No me has dejado nada para recordarte, salvo estos recuerdos que ahora me traicionan. No tengo nada tuyo, ¡nada! Es como si hubieras entrado en mi vida para alterarla, y luego te hubieses retirado sin que nadie notara tu presencia... Como si no hubieras existido nunca...

Me abrazo a mi mismo, cerrando fuertemente los párpados. Siento tu respiración en mi cuello, te siento a mi lado. Y no quiero que termine, quiero estar así, acurrucado contra la pared, sentado en la alfombra, y sentirte tan cerca... Abrázame, Iori. No dejes que este momento termine. Hazlo eterno por mí... y quédate a mi lado para siempre.

Siento que obedeces. Siento que me abrazas y apoyo mi mejilla contra tu pecho. Me acaricias suavemente.

"Te quiero... Kyo..."

***

"¡Kyo!"

Abro los ojos. ¿Qué...?

Ah... es sólo Yuki observándome preocupada. Está arrodillada frente a mí, en el suelo. Ella ríe.

"¿Te quedaste dormido en la alfombra?"

"Vaya... sí que debes estar aburrido, ne?" interviene Benimaru. Shingo está haciendo ruidos en la cocina.

"Ahh..." es mi respuesta y empiezo a ponerme de pie. Sin embargo mi mano se apoya en algo frío que está sobre la alfombra. Lo recojo y observo...

No puede ser...

Tu anillo. El anillo plateado que en esa ocasión le entregaste a esa mujer...

"¿Qué es?" quiso saber Yuki, curiosa.

"Nada..." sonrío yo. Levanto mis ojos hacia el cielo. La luna brilla intensamente ahora. Es tu respuesta a mis preguntas, ¿verdad? La forma en que me aseguras que eres real, que estuviste conmigo aunque sea durante esos pocos segundos, bajo la lluvia. La forma en que me repites tus palabras: "Nos veremos... ya no llores..."

Gracias, Iori. Gracias...

"Gracias..." digo en voz baja. "Te lo devolveré pronto, cuando nos volvamos a encontrar..." susurro mientras introduzco el anillo en mi dedo.

Yuki me mira.

"¿Dijiste algo?"

"No, nada" dijo inocentemente, y ella se sorprende al ver mi sonrisa de nuevo... mientras una lágrima resbala por mi mejilla.

~ Fin ~

::suspiros::
Tenía que escribirlo. A pesar de los clichés y lo cursi que parezca.
En realidad... era una escena que yo había pensado para terminar con Taiyou, Tsuki... ^^U
Es la inspiración que me viene cuando estoy en el trabajo.
~MiauNeko ~

Shades of [Flames]... and [Passion]
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