Fanfic por Yue

Sombras

Libro II
~~ Caja de Recuerdos~~

Capitulo 4: CAJA DE RECUERDOS

Cerró los ojos y se dejó llenar por los sonidos del bosque, en alguna parte de éste un pequeño animal corría sobre las hojas, los pájaros volaban de rama en rama trinando una hermosa canción a la primavera; casi podía verlo, la luz filtrándose entre las ramas de los pinos, desparramándose antes de tocar el suelo creando una imagen de cuento de hadas donde en cualquier momento aparecería un ser mítico en todo su esplendor. También podía ver al viento acariciando con suma delicadeza a las flores que se escondían baja la sombra de los pinos como damas ante la galantería de algún soñador, pero una voz interior le recordó porqué estaba ahí y no era precisamente para hacer alegorías de la naturaleza.

"No debo fantasear...Concéntrate en su energía, en el sonido de su cuerpo"

Algo estaba moviéndose por el bosque de pinos en su dirección, venia de la playa no muy lejana, aplastando el musgo a su paso, asustando a los pequeños animales y alertando a los grandes depredadores, no le importaba solo avanzaba sorteando los objetos.

"Ahí estas...No puedes engañarme"

La presencia desapareció y de pronto solo quedo el bosque sumergido en un silencio total.

Sin pensarlo coloco posición de defensa aun sin abrir los ojos; la energía apareció de pronto en todas direcciones confundiendo sus nuevos sentidos al máximo, ¿Qué era esto? ¿Una cacería en su contra?, parecía haber mas de una persona moviéndose entre los pinos preparándose para atacar, al final el sonidos de aves levantado vuelo a sus espaldas descubrió la posición de su enemigo, sin pensarlo giro hacia la presencia.

-¡¡Te encontré!!.-Grito mientras abría los ojos y materializaba una flama de tamaño considerable en su palma, vio la figura acercándose, una sombra en disposición de atacar así que dejo ir el fuego este reacciono de inmediato, como si fuera una bestia hambrienta se lanzo contra la corta figura atrapándola y enredándose alrededor de esta pero algo le dijo que estaba mal, tal vez fue el tamaño de la presa o el chirrido de esta al ser golpeada.

-¡¡Eres muy tonta!!.-El grito provino de su derecha y se encontró con una figura mucho mas grande que llevaba en sus manos un fuego púrpura que danzaba amenazante, quiso moverse pero fue tarde sintió el impacto en su rostro, fue un puñetazo y una explosión lo que la aventó a un metro o dos de donde estaba originalmente después el fuego comenzó a devorar sus ropas y se vio en la necesidad de rodar hasta apagar la ultima flama.

"¡¡Maldición!! ¡¡Diablos!!"

Su mente grito porque su cuerpo estaba demasiado agotado para hacerlo, con sus ultimas fuerzas se movió para quedar boca arriba y así lograra aspirar mas el preciado aire.

-¡¡Levántate!! ¡¡Tenemos que irnos!!

Quiso hacer lo que su hermano le ordenaba pero simplemente no podía, su cuerpo gritaba de dolor con tal solo mover la mano.

-No...No puedo...-Se quejo aunque no estuvo segura de que fue escuchada así que abrió los ojos y con cuidado giro el rostro para encontrar a su hermano no muy lejos de ella, él tenia doce años, con su rostro aun acorazonado, su cabello escarlata corto para evitar problemas al entrenar y sus ojos grises, dos perfectos círculos de fina plata pero fríos, sin el mas mínimo sentimiento, así era como la observaba en estos momentos sin el mas mínimo remordimiento por dejarla mal herida.

-No me veas así.-Iori reclamo con voz fría.-Tu querías el entrenamiento además me confundes con ese pobre animal...

Dijo señalando el cuerpo aun encendido pero ya sin poder reconocer que era exactamente en vida, cuando los ojos azules se posaron en esa antorcha su estomago dio un vuelco y tampoco la ayudo el olor a carne quemándose, no pudo evitar el gesto de repulsión que se formo en su pequeño rostro.

-Ni siquiera se te ocurra Himiko, contrólate si quieres seguir entrenando conmigo.-La amenaza funciono logro hacer aun lado su malestar estomacal y prefirió concentrarse en como su piel eliminaba sola el dolor.

-El poder debe hacerlo solo.-Se sorprendió mas por el tono suave de su hermano mayor que por las palabras, sorprendida giro el rostro en dirección a su él y lo encontró sentado a su lado pero no la miraba, su atención estaba fija en el cielo. Ella lo imito y observo el perfectamente claro cielo azul.

-No le apresures tienes ocho años aun te faltan dos para despertarlo completamente...Me quedare hasta que puedas...

-¡Tu regresaras a entrenar conmigo!.-La voz emergió a sus espaldas pero era inconfundiblemente de su padre, Iori no dijo mas solo se puso de pie y giro, Himiko por su parte intento ponerse de pie para saludar correctamente a su padre y señor pero no consiguió mas que sentarse, aun eso le costo mucho trabajo.

-Parece que aun debes estudiar con los tutores, no estas lista para entrenar con tu hermano.-La voz estaba impregnada de molestia y es que si algo molestaba a su padre era que Iori fuera retrasado en sus entrenamientos, Himiko no pudo mas que sentir aun peor por atraer la molestia de su padre sobre ella.

-¡Llévensela!.-Una sombra aterrizo frente a ella, uno de los tanto ninjas sin identidad de su padre, estaba por levantarla en brazos cuando un brazo mucho mas corto y blanco se interpuso.

-Yo la llevare.-Declaro el pequeño pelirrojo.-Retírate.

El ninja pareció confundido por unos segundos pero retrocedió como se ordeno.

-¿Oniisan?.-Pregunto preocupada, esto era un claro acto de desobediencia hacia su padre y por supuesto la replica de este no se hizo esperar.

-¡Iori!.-Amenazo Yagami-sama pero su hijo mayor no pareció prestarle gran importancia a esa llamada de atención al contrario se dispuso a cargar a su hermana.

-Yo la lastime, yo tengo que llevarla.-Esa declaración solo logro aumentar el enojo en su padre, lo sabia y por eso mismo lo hacia.

-¡Ya basta Iori!.-Yagami apareció atrás del niño y lo sujeto del cuello lanzando lejos.-¡No por ser tu hermana debes preocuparte por ella!

Eso fue lo ultimo que vio Himiko porque después un agudo dolor se clavo en su pecho y todo fue sombras.

Abrió los ojos con lentitud; se sentía mucho mejor, estaba dispuesta a dormir una vez mas cuando una imagen flasho en su mente, su hermano siendo proyectado contra un árbol, eso la hizo recordar y sentarse de inmediato, descubrió que estaba en su cuarto aun con su ropa de entrenamiento, su segundo pensamiento voló hacia la hora que era, eso fue respondido por los rayos de luz rojiza que se filtraban por las cortina a medio cerrar.

-Oniisan.-Murmuro mientras era presa de un creciente temor.

-No te levantes hija, aun estas débil.-La suave voz sonó a su derecha pero algo lejana, sin pensarlo se giro para ver a su madre sentada en un sillón que estaba en la esquina.

-Mamá...-Su propia voz no fue mas que un débil murmullo.

-¿Sí Himiko?.-Hikaru se puso de pie y a ritmo lento se acerco.-¿Qué ocurre?

-Mi hermano...¿Esta bien?.-Pregunto nerviosa, realmente no quería que lastimaran a su terco hermano por su culpa.

Su madre no contesto solo se sentó a la orilla de la cama y la sujeto en un abrazo cuidadoso.

-No lo se Himiko...Simplemente no lo se...-Murmuro al nivel de su oído.-Creo que esta en el viejo cerezo.

No pudo evitar soltar un jadeo de sorpresa mezclado con horror cada que vez que su hermano iba a ese lugar regresa mas frío y obsesionado con acabar a los Kusanagi.

-¿Himiko?.-La voz de Kyo la despabilo, el joven peleador la miraba con interés al parecer había interrumpido su narración.

-Lo siento...Recordé mas de la cuenta.

Con una lentitud que no le caracterizaba se puso de pie y se acerco a la ventana. Habían llegado cuando el sol estaba poniéndose sobre el bosque de pinos, la nueva mansión en Sakai era obviamente mucho mas moderna que la vieja también se encontraba del extremo opuesto, con una ciudad en medio de ambas.

-Himiko, me decías que acostumbraban encerrarlo en la celdas de la mansión.-La voz de Kyo fue baja como si fuera una vergüenza para él, como si fuera quien cometió esas atrocidades.

-No tienes de que apenarte, eso es una falta que cae en mi familia...Sí....pero eso no era lo peor que podía pasarle a mi hermano, de hecho no es lo peor que puede pasarle aun...

* * *

Al día siguiente...

Caminaba a paso lento, aplastando las flores a su paso, no le importaba solo seguía avanzando guiado por ese hermoso sonido, por lo que parecía el canto de una mujer; sabia que no estaba solo, que otra persona le seguía y que esa persona era su padre, fue él mismo quien esa mañana lo había traído al bosque y le había dicho que podía pasear por el lugar, recordar lo que había olvidado, después de eso se había quedado solo pero cuando el viento comenzó a soplar trajo consigo ese maravilloso canto.

-¿Dónde estas?.-Fue el viento de nuevo quien le contesto, siempre delante de él, siempre llevándolo al corazón del bosque.

Otra imagen jugo en su mente, un niño de diez años corriendo por ese mismo bosque, un pequeño parecido a él y fue cuando quiso retroceder porque el mismo sentimiento de temor lo lleno ahora sabia que esto era una trampa y que esa canción solo lo dirigía a la perdición pero no podía detenerse algo mas fuerte lo jalaba, algo que estaba dentro de él.

-Sí Iori...Continua, sabes el camino y a lo que te lleva pero no puedes resistirte, ninguno de nosotros lo ha logrado...-Los ojos azules vieron como la espigada figura desaparecía entre los gruesos troncos de pinos, inconscientemente levanto el rostro para ver el cielo, medio día, tenia que regresar a la mansión, su esposa e hija habían llegado el atardecer del día anterior y no solas, ese joven Kusanagi estaba con ellas, por primera vez en mucho tiempo algo se agito en su pecho, su esposa, su adorada Hikaru lo había traicionado y ahora ayuda a el vástago de su enemigo; movió su cabeza frenéticamente alejando esos pensamientos y los sentimientos, no era el momento para dejarse llevar, debía preparar todo, cubrir lo mejor que pudiera su rastro y continuar con la ceremonia la siguiente noche.

-Tienes que terminar lo que se empezó, debes cumplir con tu destino.-Fue lo ultimo que dijo antes de dar media vuelta y comenzar a avanzar en sentido contrario de donde se dirigía su primogénito.

* * *

Saisyu daba vueltas inquieto por la amplia terraza esperando que el teléfono sonara y que no trajera esas horribles noticias para él. Había regresado a Osaka esa mañana y encontrado a todo el clan inquieto por el atentado que había recibido en Tokyo, eso creyó al principio pero le hicieron recordar que día seria mañana y lo que significaba.

-¿Por qué no llaman?.-Miro una vez mas su reloj. Las tres de la tarde.-¡Diablos!

Las palabras del viejo Yue resonaron en su cabeza de nuevo, esa noche en Tokyo, el guerrero de fuego púrpura dejo muy claro que no quería a Kyo cerca de su hijo y que estaba harto de los Kusanagi también había dicho algo que no había entendido pero que ahora tenia gran significado.

"-El alma del cerezo al amanecer...El fuego de la pena en el cuerpo..."

-¡Maldición ese idiota se refería a esto!.-El miedo despertó de nuevo pero fue interrumpido por el irritante sonido del teléfono aun temiendo levanto el auricular y se dispuso a escuchar las malas noticias que resultaron ser peores para de lo que esperaba.

-Disculpa pequeña...

Yuki volvió a negar con la cabeza y después sonrió con la mayor sinceridad que habitaba en su corazón.

-No es su culpa que Kyo no este en casa, cuando vuelva de ese viaje dígale que venga a verme....-Las mejillas de la chica se tiñeron de rojo.-Que lo extraño.

Shizu asintió y sonrió con la mayor calma posible, Yuki no podía enterarse, estaría mejor y a salvo si todo ocurría como Hikaru lo había planeado, lo correcto era hacerle creer a la chica que su hijo estaba negándose a verla y que se desilusionara ella misma.

-Buenas tardes señora Shizu.-Es lo ultimo que dijo la jovencita antes de subir en el auto que la llevaría a casa.

-Que estés bien dulce Yuki.-Murmuro Shizu cuando vio el auto dejar la mansión.

Fue al atardecer que su esposo la mando llamar al despacho y cuando entro lo encontró visiblemente apresurado, guardando viejos documentos en su maletín.

-¿Qué ocurre Saisyu?...¿Te iras de viaje ahora?.

-Tenemos que hablar Shizu.-La voz de su esposo se escucho temblorosa pero al fin se dio un respiro quedándose quieto con las manos apoyadas en el escritorio.

-¿Qué pasa Saisyu? ¿Ya encontraste a Yagami o a Kyo?...

-Encontré a Yagami...Esto es malo Shizu...Debo ir a Sakai...

-¿A Sakai?.-Pregunto con la mayor inocencia que pudo.-¿Qué hay en Sakai?

Los ojos cobrizos reflejaron miedo.

-El fin si no lo detengo...-Pareció recordar algo de pronto, quizás que el tiempo se le escurría y que un auto lo esperaba listo para marcharse.- Iré a Sakai deje todo preparado para ti en caso de no volver, procura convencer a Kyo de regresar y si no lo logras la jefatura pasara a manos de Souji.

-Pero Saisyu, Souji no tiene el poder necesario para convertirse en el próximo líder.-Esta vez si estaba preocupada, Saisyu solo pensaba en ideas tan drásticas cuando estaba seguro de que no podría cumplir.-¿Qué pasara si Yagami ataca?.

Saisyu tomo su maletín, se acercó y le propinó un corto beso en la frente.

-Créeme que si no lo detengo tampoco quedara un Yagami...

Kusanagi sonrió, como ultimo acto abrazó a su delicada esposa.

-Shizu me diste unos maravillosos años, tengo recuerdos invalorables y todo gracias a ti, discúlpame si siempre te presione con lo de Yue...Yo...

No termino la oración pero tampoco fue necesario, ya sabia que significaba ese silencio, se alejo de ella y se dispuso a salir, Shizu por su parte no podía moverse, tenia miedo de hablar porque sabia que su voz fallaría pero alcanzo a mencionar el nombre por lo bajo.

-¿Saisyu?...

-Nos vemos Shizu...

Escucho la puerta cerrarse y con ese sonido todas sus fuerzas escaparon, cayo al piso de rodillas conteniendo el llanto, no tenia caso llorar ahora ni arrepentirse, escucho las ultimas ordenes que dictaba Saisyu y después salió de la mansión.

-Perdóname Saisyu...Perdóname...

* * *

Kyo se dejo caer en la mullida cama, definitivamente esos días había recopilado mas información sobre Iori de que hubiera logrado arrancarle al pelirrojo, datos un tanto crueles que ahora comprendía porque había terminado siendo tan frío pero al mismo tiempo tan explosivo y obsesionado.

-Iori...-Murmuro por lo bajo seguro de no ser escuchado.-Espero que estés bien...solo resiste, no se como pero te aseguro que volveremos a estar juntos...pero solo debes esperarme...solo un poco mas...

El silencio le respondió y fue el mismo quien lo arrulló hasta que quedo dormido totalmente, viajando entre sueños de un futuro mejor, ya fuera en la vida o en la muerte todo estaría mejor si podía ver al pelirrojo.

Kyo no lo noto pero las sobras que protegían la residencia estaban moviéndose ante la llamada que se recibió hace apenas unos momentos.

* * *

Ahora el canto se había detenido del todo y estaba ahí en medio bosque, en un claro donde un viejo cerezo de grueso tronco en plena flor reinaba.

-El cerezo...-Murmuro mientras se acercaba y tocaba la rugosa corteza roja.-El viejo cerezo rojo...El que siempre esta en flor...

-Por fin haz vuelto...Mi amado...Iori...-La suave voz sonó a sus espaldas, una que quería escuchar desde hace tanto tiempo.

-¿Kyo?.-Giro para ver a su amante de cabello castaño sonriéndole y ofreciéndole un lugar en sus brazos.-Mi Kyo...

El joven sonrió y el viento soplo arrancando los pétalos rosas de las ramas.

-Sí Iori...Ven a mi...Se uno conmigo...

Se pego al tronco tratando de alejarse lo mas posible del ser tan parecido a Kyo que estaba frente a él.

-Tu no eres Kyo.-Declaro al final controlando su voz para que no revelara la debilidad que de pronto lo embargaba.

-Pero Iori , ¿Qué estas diciendo? ¿Qué no te alegra verme?.-Voz dulce con un tono casi de alegría, esos hermosos ojos color avellana entrecerrados, tenia que ser verdad, ahora tenia lo que tanto deseaba, había vuelto a ver a Kyo estaba a unos pasos de poder tocar la tibia piel pero esa misma parte de si que deseaba ver al joven peleador le advertía que esto era una trampa.

-Me alegraría si fueres él...Pero no es esa la realidad, se que no eres Kyo, ni tu nivel de energía, ni los sentimientos que me inspiras son los de Kusanagi...

La sonrisa en el rostro del moreno desapareció.

-¿Tu que sabes de sentimientos?, debes de odiar a ese joven pero en cambio creaste un sentimiento hacia él tan imperdonable.-El cabello castaño comenzó a perder color rápidamente hasta quedar como la plata pulida, los ojos avellana se transformaron en dos rubí de pupilas de reptil, el cuerpo creció un poco mas y el rostro termino de adoptar su verdadera forma.

-Orochi...-Murmuro cuando la ultima facción de Kusanagi desapareció, quedando frente a él ese antiguo dios enloquecido.-¿Cómo es posible que tu...?

-¿Este vivo?.-El albino sonrió.-Es solo mi poder lo que ves, siempre regreso aquí, encarnación tras encarnación vuelvo a habitar este lugar...Es mi tumba querido...Mi tumba...

Antes de poder entender del todo las palabras del dios sintió un agradable calor brotar en su espalda, provenía del cerezo.

-¿Qué?.-Pregunto mientras giraba y lo que vio solo logro sorprenderlo del todo.-¿Qué es esto?.

Una figura humana se dibujaba en el tronco, no, emergía del tronco, era una silueta delicada, femenina.

-¿Quién eres tu?.-Una sonrisa pareció formarse en los labios de madera roja y sus energías desaparecieron con eso, se sintió pesado, incapaz de moverse. Una mano fría se cerro en su hombro con delicadeza, era Orochi.

-Es hora Iori...Debes de conocer las raíces de este árbol, las mas profundas...

Complaciendo al Dios, las ramas del cerezo comenzaron a rodear al pelirrojo, atrayendo al joven hacia el tronco y al ser en el.

-Kyo...-Murmuro aferrándose a lo único que lo mantenía cuerdo.

-No Iori...No esta aquí...por el momento...

Continuará...

[ Capítulo 5: Una Tarde de Tormenta ]

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