Fénix
Por Raye Johnsen
Traducido al castellano por MiauNeko
Capítulo 4
Raoul se sentó y miró al reloj destrozar sus nervios, contando los segundos hasta su encuentro con Katze.
No puedo creer que esté tan nervioso, pensó. Este es mi territorio. Él reacciona a mis acciones. Tomó un profundo respiro. Sé lo que hago, pensó, tratando de convencerse.
- Buenas tardes.
Raoul se relajó. Debía estar acostumbrándose a las silenciosas entradas de Katze.
Katze, por su parte, estaba ligeramente resentido. Había estado esperando la incomodidad de Raoul, para su diversión y ganancia, y esta calma lo había frustrado. Oh, bien, eso simplemente significaba que el hombre ya se estaba acostumbrando - y eso no era malo. Tanagura sólo puede tener un amo, pensó obscuramente.
- Buenas tardes - respondió Raoul. Se sentía extrañamente desilusionado ante la educación que Katze y él usaban entre ellos. Los saludos educados, las frases formales - los escudos de sacarina que él y Iason habían usado para esconder las dagas entre tratados y el desprecio que sentían hacia los diplomáticos extranjeros. Se sentía oscuramente irritado usándolos con Katze. Pero no había nada más que usar.
- Estás preparado?
- De hecho. Y tú?
- Estoy preparado para negociar.
Ambos miraron al otro.
El silencio ardía entre ellos.
Anda, habla, incitó Katze a Raoul. Dame algo a lo que responder! Observó, inconscientemente memorizando el largo, delgado cuerpo, los amplios hombros que terminaban en una angosta cintura, dando la impresión de un cuerpo demasiado delgado sin suficiente carne en los huesos; estudiando el largo cabello amarillo, más oscuro que el de Iason, el zafiro oscuro de sus ojos triste y rico y brillante. Es el hombre más hermoso que haya visto nunca, pensó Katze de repente, sabiéndolo de verdad, y sintió un ligero dolor ante el pensamiento de que ya no sentía eso por Iason. Iason había sido más severo de rostro, y más simétrico en forma; nadie hubiera pensado que Iason era demasiado frágil para su responsabilidad. Iason tenía un atractivo muy masculino, pero, Katze debía admitirlo, nada de la belleza andrógina de Raoul.
Raoul, por su parte, notó el intenso estudio de Katze. No vas a romper el hielo, verdad? Pensó, y eventualmente aclaró su garganta. Se necesita una táctica sorpresa.
- Para comenzar, necesito que los mercados negros y grises se retiren totalmente de la de Tanagura.
- Eso es inaceptable! - replicó Katze, sorprendido.
Raoul se encogió de hombros.
- Entonces comienza a hablar. Ninguno de los dos tenemos tiempo que perder.
- De acuerdo. - Katze trajo una silla a la mesa, y dejó un pequeño disco, uno que coincidía con el que Raoul ya tenía en la mesa.
Mientras Katze se sentaba y comenzaba a cargar los archivos de su disco en el monitor de Raoul, Raoul le dio una pequeña examinación.
Más bajo y ligero que el mismo Raoul, con claros ojos grises y fino cabello rojo, cortado irregularmente. Un rostro terso y delicado, arruinado sólo por la cicatriz serpenteando por una mejilla. Blanco y sin marcas, su rostro; era un rostro acostumbrado a guardar secretos. Raoul frunció el ceño; no le gustaba no poder leer a sus oponentes.
- Había pensando que... - comenzó Katze. Raoul se volvió hacia el monitor.
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Una hora después, Katze honestamente deseaba hacer una bola con alguna de las impresiones, y lanzarla a la cabeza de ese Blondie.
Bueno, quizás eso sería demasiado descontrolado.
Pero, de todos modos, definitivamente quería hacer algo!
Raoul no comprometería las tarifas, ni las patrullas policiales. Y se mantuvo demandando una disminución en el número de infracciones y robos insignificantes. No parecía querer comprender que los ladrones en cuestión eran, en muchos casos, niños tratando de comer!
Katze parpadeó y se arrepintió - de nuevo - de su anterior estudio de Raoul. Ahora estaba al tanto de la Elite - su belleza, su inteligencia, su fuerza - y concentrarse estaba resultando demasiado difícil.
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Raoul honestamente quería dejar caer un pisapapeles en los pies de Katze.
Bueno, quizás eso sería demasiado juvenil y grosero.
Pero, de todos modos, definitivamente quería hacer algo!
Katze no comprometería la cantidad de infracciones menores que estaban destacando en las estadísticas. Admitía que conformaban el 90 por ciento del mercado negro, pero una reducción en las cifras no dañaría a nadie! Y se mantenía demandando en bajar las tarifas! No parecía querer aceptar que los impuestos eran parte necesaria de la vida.
Raoul se movió hasta que estuvo al lado de Katze, inclinándose hacia el monitor.
- Mira este gráfico - dijo, señalando -. Como puedes ver, las tarifas son importantes para la manutención de los servicios de transporte público...
Trató de no recordar su anterior mirada a la manera en que el hombre se veía, su forma delicada contrastando con la fuerza de su cuerpo y voluntad, y en vez de eso, concentrarse en el negocio entre manos. Ahora no era momento para sexualidad...
Raoul se inclinó un poco más, y su cuerpo rozó ligeramente contra el costado de Katze. Contuvo el aliento mientras su pecho rozaba ligeramente - muy ligeramente, pero no lo suficientemente ligero - contra el brazo de Katze. El contacto levantó una electricidad que Raoul nunca antes había sentido, quemando a través de su piel y encendía fuego por sus nervios, y que no podía comprender.
Katze había estado atento a la proximidad de Raoul desde el momento en que el otro hombre se había inclinado sobre la mesa. Luego se había inclinado un poco más, y frotado contra Katze. La sorpresa que corrió a través de él - de su brazo a todas partes - había causado que se inclinara hacia atrás y mantuviera un profundo respiro. Reconoció el fuego; lo sintió por última vez la noche en que Iason descubrió su intrusión en el sistema, la noche en que obtuvo su cicatriz, un fuego que un ex-Furniture como él, supuestamente nunca debía sentir.
Se volvió, lejos de la mesa, justo cuando Raoul se inclinaba hacia él, y sus labios se encontraron.
Grandes ojos azules observaron dentro de grandes ojos grises; mejillas coloreadas y pálidas; y labios rozándose, presionados, casi apartados pero presionados de nuevo. Lenguas tocándose, entrelazándose, bailando, retrocediendo y avanzando.
Quién tomó los brazos de quién? Quién levantó a quién? Ninguno de los dos lo sabía, ninguno se preocupaba. Todo lo que sentían era que la llama ardiente que repentinamente se había encendido entre ellos, el choque eléctrico que de alguna manera ya no los sacudía sino que aumentaba el calor, mientras ellos se rendían a sus no reconocidos deseos con su primer, torpe, apasionado beso.