Near Miss

Por (la antigua) Kuronue no Miko

Traducido por Youko Gingitsune la actual Kuronue no Miko

 

 

Alcanzamos nuestra guarida después de haber corrido solo Dios sabe cuanto y finalmente pude detenerme y tomar algo de aire.

"Kuronue..." Kurama Gruñó.
"Kura..." empiezo, interrumpido cuando me coge y me jala hacia él, sus labios tomando los míos. Me besa salvajemente, lo suficiente como para dejar marcas en mí el día siguiente. "Ku..." empiezo, pero no me deja continuar, profundizando el beso.

Sus manos recorren todo mi cuerpo, tirando de la correa de mi chaleco. Están totalmente enredadas, así que él simplemente las rasga.

"Kurama, tú..." trato de nuevo y por última vez. Es obvio que no me dejará proferir una palabra.

"Cállate y déjame poseerte." Ordena, sus ojos dorados están llameando.
Me tira en la cama. Empiezo a desabrochar mi cinturón, pero el toma mis manos y las pone sobre mi cabeza.
"No," ordena, tomando mis labios en un beso. Libera mis muñecas y empieza a despojarme de mis pantalones, tirando la tela blanca a un lado.

Cuando estoy desnudo me da una rápida y posesiva mirada para después mirarme directamente a los ojos.
Monta sobre mí, una pierna a cada lado, tomando mis manos y entrelazando nuestros dedos. Empieza a moverse, la sedosidad de su atuendo jugando cruelmente con mis sentidos.

"Oh, Dios..." gimo, la única palabra que me ha permitido terminar. Su boca esta en la mía de nuevo y trato de besarlo entre mis gemidos, tratando de igualarlo en su frenesí.

"Kurama..." gimo tirando mis caderas hacia las suyas.
"Sí..." él susurra, alcanzando mi palpitante miembro. Sus dedos me acarician y me veo forzado a cerrar los ojos.

"Kurama..." su otra mano está en mi pecho, sus afiladas uñas recorriendo imaginarios caminos en mi cuerpo hacia arriba y hacia abajo, ocasionalmente pellizcando, y arrancando otro gemido de mí. "Kurama..."


Sus manos desaparecen. Mis ojos se semiabren, y a través de mi visión cubierta por mis pestañas puedo verlo empezando a quitarse sus propias ropas. Blanco y pálido pecho ondeándose con cada movimiento. En segundos está completamente desnudo, salvo por su pendiente, y regresa a su posición sobre mí.


"Kuronue," él dice en un suave susurro lleno de lujuria, alcanzando la pita que recoge mis cabellos y sacándola. Sujeta mi cabeza con sus manos, besándome con sus dientes, mordisqueando mis labios mientras rota sus caderas contra las mías, nuestros palpitantes deseos rozando el uno contra el otro en una fricción enloquecedora.


"Kurama, Kurama, Kurama..." gimo, presionando mi cabeza contra la almohada. Sus labios y dientes me siguen, negándose a dejarme en paz. Ellos viajan camino abajo en mi cuello, chupando desesperadamente contra la vena que esta ahí. Parece tentado a morderla y yo tentado a gritarle que lo haga.

Casi como si hubiera escuchado mis pensamientos él lo hace, sus filudos dientes vulpinos me causan una honda de dolor. Gimo más alto, la sensación me esta volviendo loco.


"Maldición, Kurama, hazlo! Deja de jugar!" las palabras son masculladas de mi garganta, ya que cada par de segundos otro gemido es arrancado de mis labios.

"Jugando?" él pregunta, mordiendo el lóbulo de mi oreja.
"Hazlo!" grito, no importándome que no estoy preparado.
Y lo hace, forzándose dentro mío. Grito con dolor, pero el diáfana y crudo deseo de la carne da lugar al placer.
"Kurama, Kurama, Kurama," repito una y otra vez, gritando y gimiendo y rogando e implorando, todo a la vez. Mis uñas se clavan en su espalda mientras el impele contra mí, corto y rápido, duro y violento y exactamente en la forma en que yo adoro.

Con un fiero grito él llega al clímax en mí, entrando más profundamente en mi cuerpo. Muerde mi cuello, estrujándome contra él mientras impele unas ultimas veces.

Es más que suficiente para llevarme al desvarío. Sollozando su nombre desválidamente, me cojo a él más fuerte mientras mi propia semilla se rocía entre nuestros estómagos, flotando en un mundo de sensaciones.

Permanezco echado, tratando de recobrar algo de aire. Su cabeza esta descansando en la curva de mi hombro y su jadeo sopla aire caliente sobre mi piel sensible. Sus brazos me abrazan poderosamente, pero de ninguna manera amenazantes.

Un sonido que parece un sollozo viene de él. "Kurama?" pregunto, abriendo mis ojos.

Siento que él empieza a temblar, a sacudirse. Inhala agudamente y se rehusa a mirarme.
"Kurama," lo intento de nuevo, más despierto esta vez.

Él empieza a llorar.

Kurama, llorando? La última y única vez que lo vi llorar fue hace doscientos años atrás, cuando obtuvo su ultima cola. Pero esas lagrimas eran diferentes, lagrimas de sacrificio casi. Pero estas...


"Pense que ibas a *morir*!" gritó, sus brazos estrujándome. "Realmente pensé que morirías y tendría que verte morir y estaría solo de nuevo! Porque regresaste por eso, idiota!?"

Cierro mis ojos, mis abrazos cerrándose en torno de él. "Se te cayo, y tú habías querido ese manuscrito por tanto tiempo..." dije, tragando con dificultad.

Creo que había estado realmente cerca de la terminar muerto hoy. Habíamos irrumpido en la bóveda de los tesoros de Sorenji buscando especialmente el manuscrito de Ai Shi Sei En que Kurama había tenido en la mira por el último par de años. Habíamos irrumpido en el lugar y encontrado el manuscrito sin mayores problemas, pero cuando tratamos de tomar otras cosas...

Las alarmas habían empezado a sonar y una trampa de dardos envenenado fue disparada. Conseguimos evadirlos todos sin un rasguño, pero el sonido de un ciento de pisadas nos estaba llevando a la desesperación.

Ahí fue cuando Kurama soltó el manuscrito justo cuando estabamos en la mitad del camino, en el medio de las malditas hoces oscilantes. Justo cuando los arqueros dejaron sus flechas volar.

Pude coger el manuscrito, pero no sentí a los arqueros estando en medio de las hoces que eran manipulas por youki. Había estado demasiado ocupado intentando fútilmente poner las hoces bajo mi control como para notar a los arqueros hasta que oí el agudo silbido de las flechas

Quedé congelado. En el último momento posible, había logrado controlar una de las guadañas y detuve todas las demás, con las justas.

Ahora que me acuerdo, puedo escuchar a Kurama gritando mi nombre.

"Piensas que yo hubiera arriesgado tu vida por eso!? Por un estúpido pedazo de pergamino encantado!? Kuronue, tu eres mi compañero, mi amante, mi amigo e Inari-sama sabe que cosas más!" él dijo, las lagrimas recorriendo su rostro en mi ya mojado pecho. "Kuronue, si tú murieras..."

Paso la mano sobre su desordenado cabello plateado. "Kurama, no me había dado cuenta..."
"Te amo, sabes. Te amo y cuando estas tan cerca de la muerte, por mí... pienso que una pequeña parte de mí también muere. Lo eres todo para mí, Kuronue, y lo has sido por un largo, largo tiempo." susurra, todavía no encontrándose con mi mirada.


Mi voz se bloquea en mi garganta. Eso era lo último que jamas he esperado escuchar de alguien, mucho menos del más temido y respetado ladrón en todo el makai. El proclamado de ser un descorazonado hijo de puta y de una raza conocida por sus afecciones pasajeras.

"Lo dices en serio?" pregunto, mi voz ronca.

Kurama sube la mirada, sosteniendo la mía con sus aureadas irises. "Te amo," dice calmadamente. "creo que me di cuenta de eso el día que irrumpimos en el lugar de Garou. Te acuerdas? Sólo encontramos algunos viejos libros que después vendimos porque eran realmente aburridos... pero después, la siguiente mañana cuando desperté y te vi todavía dormido, yo..." Kurama se detiene. "Había estado lloviendo esa mañana. Ambos estabamos totalmente empapados y estaba pensando en cuanto te parecías a una criatura negra que alguien había zambullido una docena de veces, con tu cabello todo suelto y pegado sobre tu cuello y rostro... " Kurama sonríe ligeramente. "Estaba pensando algo como, 'apuesto a que soy el único que lo puede ver así' y de ahí pensé, 'creo que es por eso que lo amo.' Y supe que era verdad. No fue un gran momento de revelación, sólo que finalmente tome conciencia del echo, supongo. Era diferente al agudo sentimiento de celos que tengo si te veo sonreír a alguien más atractivo que yo, o el sentimiento de satisfacción después de tener sexo, o la emoción de completar un asalto con un compañero muy hábil. Era diferente que como cuando sentí después de haberte confiado mi pasado, la única persona a la que le he hablado de mi madre, o tener la confianza de alguien en retorno. Pero lo que sea que fuera, sabía que te amaba." Terminó. "Te amo."

"Oh," Susurro.

Kurama descansa nuevamente su cabeza en mi pecho, sus labios rozando mi cuello. Sus ojos están cerrados, su respiración es tranquila y regular.


"Kurama, nosotros robamos esos libros hace algo de cien años atrás." Digo calmadamente.
"Lo sé." Contesta con mi mismo tono de voz.
"Por que no me dijiste?"
"Porque no quería que me rechazaras. Porque te amaba, necesitaba lo que teníamos. Por que no hubieras sido capaz de soportarlo si me hubieras dejado."
"Como sabias que no sentía lo mismo por ti?"
"Lo sabía." Contesta.
"No sabía..."
"Ciego..." murmura.
"Sí."

Se queda callado.

"Kurama. Yo..." empiezo, pero el sacude la cabeza.
"Espera hasta mañana."
"Kurama..." lo intento de nuevo.
"Por favor."

Suspiro y lo beso suavemente. "Ambos somos unos ciegos."
"Lo somos?" Kurama pregunta.
"Sí. Una pareja de ciegos estúpidos." Digo. "Kurama?"
"Sí?"
"Abre los ojos."

Kurama los abre y me inclino sobre él para besarlo ligeramente, con la boca abierta. Dejo mi lengua saborear sus labios y él me devuelve el gesto. Mantuvimos los ojos abiertos, mirándonos el uno al otro, una sensación extrañamente penetrante.

"Quiero pasar el resto de mi vida contigo." Digo.
"De verdad?"
"Sí." Afirmo. "Y lo he querido por mucho tiempo."

Kurama cierra los ojos, luego los abre de nuevo. "Nunca pensé escucharte decir eso."
"Lo siento." Le digo.
"Por qué?" me pregunta.
"Por hacerte dudar.

Kurama alcanza la parte de atrás de su cuello y desabrocha su pendiente. Lo mira por varios segundos, en la obscuridad, cadena de ébano, el cristal rojo como sangre. Toma mi mano y pone el pendiente ahí.

"Kurama..." empiezo.
"Quiero que tú lo tengas." Dice calmadamente.
Abro mi mano. "Entonces abróchalo por mí."

Kurama toma el pendiente y lo coloca en mi cuello, la gema fría contra mi pecho caliente. Cierra el broche y su mirada fluctúa con el sube y baja de mi respiración.

"De todas formas se ve mejor en ti." Kurama sonríe ligeramente.

Lo envuelvo en mis brazos y lo retengo cerca. "Te amo."

Me besa suavemente. "Lo siento."
"Por qué?" yo pregunto.
"Por dudar."

 

Owari