Fanfic por Siew Lee
Traducido por MiauNeko
Perdido en el Amor - Keiko Yukimura
***
Soy
como un canario perdido en el viento,
Volando alto y bajo, buscando el camino a casa,
¿Qué pecados he cometido para que se me de este dolor?
¿Dónde está la última verdad que he deseado tanto?
Para mí, seré como el canario,
Buscando su camino de vuelta,
Pero cayendo miserablemente porque el camino se ha desvanecido...
***
Keiko suspiró suavemente mientras leía el verso que sostenía en sus manos. Había una hiriente sensación en sus ojos pero rápidamente secó esas lágrimas. *¿Es el amor realmente tan doloroso?* se preguntó suavemente.
Habían palabras chocantemente familiares en ese verso, como si el verso la señalara a ella. El canario era como ella, buscando la verdad, ¿pero cuándo sería la verdad visible para ella?
Como el canario, había perdido el camino de su vida.
Como el canario, continuaba buscando su camino de vuelta a casa.
Sus dedos temblaban ligeramente cuando enrolló la revista. Era una revista de literatura con trabajos originales y traducidos de todo el mundo. A Keiko siempre le gustó mirar esos trabajos de humanos profundamente enamorados, odiándose profundamente, o quizás sufriendo profundamente. De algún modo eran tan realistas que ella siempre los encontraba fríamente familiares.
Quizás todos los humanos eran lo mismo. Todos los humanos están hechos de carne y hueso. Quizás todos los humanos sentirían lo mismo ante un conjunto de circunstancias idénticas.
¿Qué sentía ahora? Su corazón era como una nebulosa girando llena de sensaciones diferentes.
¿Tal vez dolor?
¿Pesar?
¿Pérdida?
¿Amor?
Lentamente, desenrolló la revista de nuevo y miró el verso. La autora había dejado el verso incompleto y colgando ahí. ¿Qué quería decir? Keiko miró el nombre del país de origen. *Malasia...* susurró suavemente. El verso estaba ahí, dejando a los lectores pensando sobre el destino del canario.
Quizás ella tenía razón. La búsqueda del canario no tenía final.
Como ella. Ahora ni siquiera podía definir su objetivo. ¿Qué era lo que estaba buscando?
*Yuusuke Urameshi, ¿dónde estás?*
Con un suave suspiro, Keiko se apoyó en el respaldo de su sillón. Cerrando sus profundos ojos marrones, comenzó a evocar todos aquellos años que pasó con *él*. ¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
¿Dos años? ¿Tres años?
Había sido demasiado tiempo. Simplemente demasiado.
***
14 años atrás...
Ella lo miró. Él era sólo un niño así como ella. Era el primer día en la escuela elementaria y la clase estaba llena de fuertes sonidos y niños llorando y voces gritando. La mayoría de los padres se despedían de sus hijos preparándose para ir a trabajar y habían muchas caritas arrasadas de lágrimas por todas partes.
Pero él no lloró.
Keiko miró a su madre que sonreía y reía con su maestra. Bueno, tenía a su kaasan hoy, ¿pero qué había sobre ese niño? Estaba solo, sentado ahí, apesadumbrado. No había nadie con él en ese momento, estaba solo. Keiko miró con interés cuando él tomó su cartuchera de plástico y sacó un grueso lápiz. La chica lanzó una exclamación cuando vio que el niño empezaba a dibujar y escribir sobre esos aburridas mesas de madera.
Aun sobrecogida por la audacia del niño, Keiko se puso de pie y dejó su lugar. Caminó hacia la esquina donde estaba sentado el niño y se quedó ahí, mirando esos dibujos de personas-palito que había garabateado.
Lentamente, él se dio cuenta de que alguien lo estaba observando. Levantó la mirada y la miró extrañado.
- ¿Qué quieres? - gruñó.
Keiko simplemente se encogió de hombros y se sentó junto a él.
- Nada, sólo quería ver qué dibujabas - respondió la niña divertida.
Él resopló y continuó dibujando distraídamente sus fantásticas piezas de arte.
- ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Keiko Yukimura - comenzó Keiko.
- ¡Huh! ¿Por qué debería decirte? - desafió el muchacho dejando de dibujar. Se volvió para enfrentar a Keiko, mirándola misteriosamente. Keiko apretó los dientes y se paró para irse, irritada por su ruda actitud.
- Está bien, no necesitas molestarte tanto, ¿está bien? Las personas me dicen Urameshi, pero si quieres puedes llamarme Yuusuke... - dijo el muchacho rápidamente y pasó sus dedos por su cabello. La miró y le hizo un gesto para que se sentara de nuevo.
- Bueno... No creo que esté bien dibujar en las cosas. Kaasan siempre me dice que no garabatee en mesas, sillas o paredes - comenzó Keiko lentamente. - ¿Dónde está tu kaasan? ¿Por qué estás solo?
- ¡Huh! No hables sobre okufuro. Está borracha en casa. No se preocupa por mí así que, ¿por qué debo preocuparme por ella? Estoy feliz aquí - le soltó Yuusuke con molestia.
- Yuusuke-kun, no es bonito decir esas cosas sobre tu kaasan. Entonces, ¿dónde está tu tousan? - preguntó Keiko.
- No tengo tousan, ¿está bien? Tampoco tengo amigos así que deja de molestarme.
Keiko se quedó tranquila. No le asombraba por qué el chico era tan solitario y tranquilo. Tal vez había un ligero toque de antisocial en su comportamiento, pero Keiko simplemente lo ignoró.
- Seré tu amiga - pidió Keiko inocentemente, sus ojos marrones brillando alegremente. - Si nadie es tu amigo, seré tu amiga - continuó la joven.
- Como quieras - resopló Yuusuke y continuó dibujando en la mesa.
Keiko sacudió la cabeza ante el chico. *¡Vaya compañero de clase!*
***
Cuatro años atrás...
- ¡Whew! ¡Esa estuvo cerca! ¡Heh! ¡La expresión del señor Tanaka era indescriptible cuando le dije que parecía un sapo con anteojos! - suspiró Yuusuke y se inclinó contra un viejo sillón apartado laboratorio de trabajos en madera. Lánguidamente puso sus piernas sobre la mesa del profesor.
"Un lugar como este... Sin maestros entrometidos... ¡Demonios! Esto es mejor que el parque en la ciudad donde Keiko y yo siempre hacemos nuestros picnics!" se quejó con una risita.
Miró a su alrededor en el espacio cerrado. Los ventiladores estaban situados encima de las ventanas y los rayos de sol se filtraban entre los espacios de la alambrada. El laboratorio estaba ubicado una esquina alejada del complejo de la escuela. Durante los días de semana usualmente estaba llena de estudiantes arremolinándose, terminando sus proyectos en madera.
Pero ese día era Domingo. Incluso las veredas estaban desiertas, también el bloque más cercano del edificio del colegio. Yuusuke ahogo un bostezo y suspiró contento ante la tranquila atmósfera. Todas las ventanas estaban fuertemente cerradas y sólo el ventilador del techo giraba lentamente.
- Yuusuke, el señor Tanaka nos envió aquí a terminar nuestro trabajo, ¡no a relajarnos o a tontear! - le reprendió Keiko y cerró la puerta. Caminó y se sentó en una silla de madera justo en el lado opuesto de Yuusuke. El muchacho pasó sus dedos por su cabello y bajó las piernas.
- Si, gracias a ese tal Tanaka estoy pegado aquí - gruñó Yuusuke y se inclinó hacia delante.
- Bueno, yo debería ser la que se estuviera quejando, no tú - le contestó Keiko, esparciendo los papeles a su alrededor -. Tú eres el que siempre está molestando al sensei hasta que te envía aquí, no yo.
- Sí, sí, sé que el señor Tanaka me ve como una monstruosidad y estará encantado de deshacerse de mí enviándome aquí contigo - gruñó Yuusuke y apartó la mirada, pero en lo profundo, estaba secretamente complacido ante la idea del profesor.
- ¿Y? ¿Es tan difícil quedarte aquí y hacer tu trabajo? - le respondió Keiko y le hizo una señal a Yuusuke para que se sentara junto a ella. El chico murmuró algo sobre profesores estúpidos y empujó su sillón movible cerca a la muchacha.
Yuusuke bostezó de nuevo.
- Keiko, ¿por qué tenemos que ir a la escuela? - preguntó distraídamente mientras Keiko comenzaba a presionar botones en su calculadora basándose en las preguntas que tenía al frente.
- ¿Por qué? Simplemente porque tendremos una vida mejor en el futuro - contestó la muchacha simplemente y escribió la respuesta de la pantalla en s cuaderno.
- ¡Heh! Me pregunto por qué mi ofukuro siempre consigue dinero suficiente para enviarme a la escuela - murmuró Yuusuke. Tomó el lápiz técnico de las manos de Keiko y comenzó a escribir en la mesa. - ¿Mejor vida? Mi mamá ni siquiera trabaja, ¡por el amor de Dios! Siempre está borracha en casa.
- Yuusuke, nunca te deshaces de tus viejos hábitos - suspiró Keiko y trató de tomar el lápiz de la fuerte mano del muchacho. - Desde el primer día de escuela te he visto dibujando en las cosas de la escuela.
- Sí, ¿y? Ni que el señor Tanaka fuera a aparecer y arrastrarme a la oficina del director - Yuusuke se encogió de hombros y automáticamente dejó de garabatear. Le sonrió a Keiko y miró su reacción. Keiko sacudió la cabeza y Yuusuke estudió su rostro. El suave girar del ventilador en el techo agitaba algunos mechones de su cabello y su clara complexión que complementaba sus ojos oscuros llamó su atención. *¿Por qué no había notado que linda y encantadora es Keiko? Es extraño... He enfrentado a muchos enemigos, como los hermanos Toguro, antes pero nunca había sentido mi corazón latiendo tan rápido. ¿Será miedo o será algo más?* susurró Yuusuke en silencio mientras miraba a la chica. Había cambiado mucho físicamente durante aquellos años y tenía una figura mucho más llena pero aun conservaba esa expresión determinada en el rostro. Yuusuke se rió por lo bajo y pensó: *Keiko es una chica determinada.*
- ¿Por qué me estás mirando así? - preguntó Keiko extrañada y parpadeó.
- Estás muy linda hoy - dijo Yuusuke en un soplido. Keiko apartó los ojos e ignoró eso con un gesto.
- Aun sigues con molestarme de esa manera - replicó Keiko.
- Sabes algo, nunca he besado a una chica antes... Tal vez porque no quiero contagiarme de gérmenes o otras estúpidas enfermedades - rió Yuusuke y miró a sus ojos juguetonamente. *¡Maldición! ¿Por qué le estoy contando estas cosas? ¡Ya basta, Urameshi!*
- ¡Heh! Sabes muy bien que las chicas no quieren besarte - lo molestó Keiko y dejó el lápiz en la mesa.
- ¿Has besado a un chico antes? - preguntó Yuusuke inocentemente y se reclinó hacia atrás del sillón de nuevo, sintiendo su corazón latiendo fuertemente de nuevo.
- Bueno, no... - dijo Keiko lentamente, con un sonrojo trepando tranquilamente por sus mejillas. Miró a lo lejos pero su intuición le dijo que le devolviera la mirada a Yuusuke.
Lentamente se volvió y miró en los profundos ojos de Yuusuke.
- ¿Qué sucede?
- Yo... eh... Sólo quería saber qué se siente - susurró Yuusuke en un tono casi inaudible -. No me malinterpretes, Keiko, sólo quise preguntar eso para divertirme. - Yuusuke casi se golpea a sí mismo por decir una cosa tan estúpida pero se contuvo para esperar la respuesta de Keiko.
- Bueno, si realmente quieres probar... - comenzó Keiko lentamente, sus mejillas ardiendo .- Yo...
- ¿De verdad? - preguntó Yuusuke gentilmente -. La verdad, no es nuestra primera vez... ¿Recuerdas cuando me besaste para volverme a la vida?
- Eso no cuenta realmente - respondió Keiko y bajó la mirada hacia sus dedos entrelazados -. Eso fue bajo condiciones extremas...
- Gracias - dijo Yuusuke y se inclinó hacia delante. Keiko cerró sus ojos y esperó. Gentilmente, como si temiera tocar a la muchacha, Yuusuke besó su mejilla lentamente.
- ¿Sólo eso? Tienes bonitos labios... - comentó Keiko suavemente, con un ligero tono de desilusión en su voz. Yuusuke miró su mejilla interrogantemente, sus ojos le preguntaban.
- ¿Entonces...?
Keiko se acercó más.
- Bésame si te atreves - susurró ella y sus mejillas enrojecieron en un tono rosado más brillante aun. Yuusuke estaba sorprendido pero procedió a poner sus brazos alrededor de su ligero cuerpo. Lentamente, movió su rostro más cerca de la chica. Keiko cerró los ojos y esperó.
Yuusuke se acercó más, pero tenía miedo de avanzar más. *Vamos... Urameshi, ¿qué te sucedo hoy día? Gracias a tu bocota le has pedido un beso a Keiko... Bien, si no la besas ahora, ¡saldrás de su vida para siempre!* se reprendió Yuusuke. Finalmente tomó aire y avanzó hasta que estaba a sólo milímetros de su rostro.
Vacilantemente presionó sus labios contra aquellos labios rosados.
Yuusuke se encogió ligeramente cuando el brazo de Keiko se posó alrededor de su cuerpo. Después de años y años de verse envuelto en peleas callejeras no podía dejar de reaccionar así ante ese contacto. Saboreó el gusto salado y dulce de sus labios mientras su beso se hacía más y más profundo. Cuidadosamente lamió sus dientes con su lengua, enviando otra nueva sensación por su espina.
Keiko tembló ante la sensación de la lengua de Yuusuke. *Se siente frío...* murmuró Keiko en su corazón pero se mantuvo quieta mientras atraía al muchacho más hacia sí.
Gradualmente la pareja se apartó, un poco sin aliento.
- Gracias, Keiko - dijo Yuusuke y una ligera sombra de rojo trepó por sus mejillas. Keiko se puso de pie y sujetó a Yuusuke por los brazos.
- Gracias a ti también, eres muy bueno conmigo - susurró Keiko y lo abrazó, su cálido cuerpo muy cercano al suyo.
- ¡Heh! Yo sólo quería saber cómo se sentía, no me malentiendas - rió Yuusuke pero aun sostenía el cuerpo de Keiko entre sus brazos.
- Quiero sentirlo una vez má... - pidió Keiko suavemente, sus mejillas ardiendo mientras trataba de esconder su rostro en el hombro de Yuusuke. Antes de que pudiera terminar la oración notó un par de sedosos y suaves labios sellados sobre los suyos.
Como en un sueño, se encontraron flotando dentro y fuera de la realidad. Como enredaderas, se entrelazaban entre sí, compartiendo un simple beso.
Tan simple pero tan encantador.
Lentamente la pareja se apartó, pero Keiko aun abrazaba fuertemente al muchacho. Yuusuke puso un brazo protector alrededor de sus hombros.
- Sé que serás mía un día. Lo sé... No sé qué más decir... - tartamudeó Yuusuke, respirando la dulce esencia de su fino cabello.
- Yuusuke, las palabras no son importantes para nosotros. Tú eres importante para mí, eso es todo - susurró Keiko, sonriendo secretamente en su corazón. *Tan inmaduro... Aun tan joven... Yuusuke, nunca cambias. Nunca te acostumbraste a decir ese tipo de cosas. Aun eres la persona que me gusta y por lo menos eres sincero conmigo. Confío en que yo también te gusto.*
- Ai... Ai shiteru, Keiko - dijo Yuusuke efusivamente, su voz temblando. Casi molesto se gritó a sí mismo mentalmente: *¿Qué pasa contigo, Urameshi? ¡Estás loco al decirle eso a ella!*
Justo en ese momento la puerta se abrió con un crujido y la pareja se separó. Una cabeza se asomó y Yuusuke parpadeó al humano. Era Kazuma Kuwabara.
Keiko se estaba sonrojando furiosamente e inclinó la cabeza al ver al mejor amigo y enemigo de Yuusuke. Kuwabara rascó su cabeza y los miró fijamente. Urameshi estaba tosiendo y aclarando su garganta mientras tiraba del cuello de su uniforme.
- ¿Han terminado sus proyectos? El señor Tanaka me pidió que los viniera a observar - dijo Kuwabara y levantó una interrogante ceja. *¿Por qué demonios Yuusuke se ve tan incómodo y esa chica se está sonrojando tanto? ¡Claro, por supuesto! Sé que Urameshi siempre...* pensó Kuwabara astutamente y tocó su mejilla.
- Er... todavía - respondió Keiko rápidamente y caminó de nuevo hacia el escritorio y recogió el lápiz -. Una pocas líneas más y terminamos.
- Bien entonces, el señor Tanaka dijo que la clase extra terminará en una hora y media y quiere que ustedes vayan para allá - informó Kuwabara -. Por ahora, ¡disfruten el tiempo! - rió Kuwabara maliciosamente y salió, cerrando la puerta mientras salía del laboratorio.
- ¡Estúpido Kuwabara! - maldijo Yuusuke y su mirada echaba chispas contra la puerta cerrada. *Justo tiempo para estropear el ambiente...*
- Yuusuke, ven aquí... Necesitamos terminar el proyecto - comenzó Keiko débilmente y sonrió un poco cuando Yuusuke finalmente asintió. Suspiró y se dejó caer en su lugar.
- Keiko, si alguna vez dejara este lugar, ¿me seguirías? - preguntó Yuusuke repentinamente, su rostro se oscureció de pronto. Sus ojos estaban ensombrecidos con dudas y preguntas, haciendo que Keiko lo mirara instantáneamente.
- Si... Sí, lo haría - juró Keiko con una sonrisa. Yuusuke también le sonrió y asintió una vez.
- Gracias.
***
Eso había sido cuatro años atrás, pero parecía que hubiera sido sólo ayer. El ayer era dulce, pero el hoy era amargo. ¿Mañana? Keiko se mordió el labio, nadie sabía lo que sucedería mañana. Su puño se cerró alrededor de la revista fuertemente, arrugándola.
Las últimas palabras de Yuusuke eran claras como el cristal ese fatídico día.
[Keiko, lo siento.]
Ese día había sido soleado y brillante, pero ella se sintió totalmente el opuesto.
Una lágrima se deslizó por su rostro lentamente. Esas palabras hacían eco y retumbaban en sus oídos sin cesar. Se había ido hacía mucho tiempo, pero sus palabras continuaban ahí. Keiko se había quedado ahí paralizada, incapaz de decir nada.
Más lágrimas siguieron pero no ni un sonido salió de la chica. Ella había perdido la noción del tiempo. Ya no había diferencia entre un minuto y una hora. Para ella ambos estaban llenos de dolor y remordimiento. El sol se había comenzado a poner pero era incapaz de moverse de su posición, era como si hubiera echado raíces ahí.
No podía creerlo. Yuusuke se había ido una vez más. Le dijo a ella que no lo esperara. ¿Por qué? Él se había negado a decirle la razón.
¿Qué le había dicho?
Otra lágrima corrió por sus mejillas.
Él le dijo que no eran compatibles. Le dijo que él no era pareja para ella. Le dijo que encontrara otro hombre que fuera capaz de amarla verdadera y profundamente. Le dijo que no sería capaz de vivir mucho más.
- ¡Yuusuke Urameshi, ¿cómo puedes decirme eso?! - gritó Keiko y escondió su rostro entre las manos, sollozando incontrolablemente. ¿Cómo podía herirla así?
Estaba perdida como el canario, sin un camino que seguir, sin un lugar adonde ir. Las imágenes del rostro de Yuusuke ese día parpadearon en su mente rápidamente. Él sonreía, pero Keiko conocía esa sonrisa muy bien. Era una sonrisa falsa, una sonrisa llena de grises emociones.
*Yuusuke esconde algo* susurró Keiko dentro de su corazón. Hasta ahora, aun pensaba en la forma en que Yuusuke había actuado ese día. La forma en que hablaba... No era natural.
- ¡Keiko!
Keiko se puso de pie inmediatamente, sus ojos mirando el camino bajo su ventana.
- ¿Yuusuke? - gritó Keiko, con sus dos ojos buscando frenéticamente pero se encontraron con la simple forma de un joven.
- ¡Keiko-san, soy yo, Kaguya! - replicó el joven, saludándola con la mano. Con un pesado suspiro Keiko lo saludó también y rápidamente secó los surcos de lágrimas de su rostro con el dorso de su mano. Dejando la revista en el escritorio corrió para encontrarse con Kaguya.
- Hola, Keiko-san - la saludó el joven educadamente sonriéndole.
Keiko asintió una vez.
- ¿Por qué estás aquí?
- ¿Lo has olvidado? ¡Me prometiste que vendrías a ver una película esta noche! Ya casi son las 5 de la tarde y pensé que tendríamos tiempo de ir a cenar antes de ir al cine. Además, podemos ir al parque de la ciudad para pasar un rato - ofreció el joven mientras mostraba los dos tickets -. Tú sabes, hemos salido varias veces y no hemos intentado nada...
Repentinamente Keiko se sintió enferma y disgustada consigo misma. ¿Qué estaba tratando de hacer? ¿Encontrar un reemplazo de Yuusuke? ¡Encontrar a alguien que fuera con ella al parque! No, nadie nunca podría reemplazar a Yuusuke en su corazón. Desde ese mismo momento, supo que lo esperaría.
- Lo siento, no... No me siento muy bien hoy... Lo siento - se disculpó Keiko y se volvió. Kaguya gritó algo detrás suyo pero ella no escuchó nada.
Había un pensamiento en su mente: Yuusuke Urameshi.
Gradualmente esos pasos rápidos se convirtieron en zancadas. Pronto Keiko corría por la calle, hacia el parque de la ciudad.
El sol se había comenzado a poner, sus suaves rayos coloreaban el lago y las nubes bajas con brillantes tonos de rojo y violeta. Keiko se inclinó hacia adelante sobre las barandas de metal, sus ojos mirando a la lejanía. Rápidamente hurgó en los bolsillos de sus jeans buscando papel y lápiz.
Palabra a palabra escribió el final del verso.
***
Después
de buscar por todas partes
El canario finalmente encontró el camino a casa,
Su hogar había estado con él todo el tiempo,
Sólo que él había fallado en reconocer la ruta;
Como el canario, busco la verdad,
Pero no la encontré en ninguna parte salvo en mi propio corazón,
Como el canario,
Finalmente encontré el camino a casa...
***
Doblando el verso con dedos hábiles, Keiko lo lanzó alto en el aire. Una sonrisa iluminó su rostro cuando la gentil brisa lo sopló al medio del lago.
- Yuusuke, te esperaré, no importa cuanto me tome... - gritó Keiko, su voz temblando de emoción.
Cada vez más lentamente el papel flotó y finalmente descansó en la superficie del agua. Centímetro a centímetro comenzó a hundirse en el lago.
- Yuusuke, te lo prometo, te esperaré... Te lo prometo.
***
Continúa...