Fanfic de Siew Lee
Traducido por
MiauNeko

Perdido en el Amor - Epílogo

- Gracias, Keiko.

Una sacudida recorrió su espina. *¡No! ¡No! No puede ser... Keiko Yukimura, hasta estás teniendo alucinaciones! Enfréntalo, Yuusuke no está aquí* gritó Keiko interiormente y se congeló ahí por un momento.

- No puede ser... - murmuró Keiko sin cesar y se volvió.

- Gracias.

Keiko parpadeó, sin atreverse a creerle a sus ojos.

- Finalmente, has vuelto - susurró Keiko inseguramente, las lágrimas ya se asomaban en sus ojos. Rápidamente las desapareció con un parpadeo, sin querer que Yuusuke la viera llorar.

Yuusuke le sonrió y asintió ligeramente.

- ¿Cómo estás? ¿Estás bien? - preguntó el joven suavemente, pero se contuvo de acercarse más a Keiko. *Ella ya tiene un novio llamado Kaguya... Tú sólo eres su viejo amigo, Urameshi, eso es todo. No eres nada comparado con Kaguya* suspiró Yuusuke por dentro pero mantuvo su sonrisa. La excitación y felicidad dentro de él cuando Keiko gritó que lo esperaría desapareció rápidamente con sus pensamientos. *Tal vez sólo fue porque tuvo una discusión con Kaguya. ¿Por qué una chica te esperaría durante tantos años?*

- Te... Te extrañé - dijo Keiko y corrió hacia Yuusuke para abrazarlo pero el chico retrocedió, evitando su abrazo. Keiko se detuvo ahí, confundida, y preguntó -: Yuusuke, ¿dónde has estado?

- Bueno, en ninguna parte - Yuusuke se encogió de hombros, mintiendo, pero su corazón le dolió con otra puñalada de dolor. Se sentía como si hubiera un cuchillo siendo forzado a través de él, rasgándolo en pequeños pedazos. *Lo siento, no quise mentirte... * agregó el joven silenciosamente.

- Yo estoy bien... ¿Cómo estás tú? ¿Cómo va tu vida? - preguntó Keiko rígidamente, su voz mostraba signos de desilusión. Yuusuke se veía incómodo y siguió moviendo los dedos sin parar. Ella no lo podía creer... ¡Yuusuke actuaba tan frío y calmado con ella!

- Bueno, sólo vine a decirte hola.... Creo que debo irme o Kaguya estará esperándote... - dijo Yuusuke e hizo una pausa -. Espero que tú y Kaguya sean felices juntos... - continuó el joven, volviéndose y alejándose mientras su frase se apagaba.

*Adiós, Keiko. Tal vez fue un error que viniera hoy. Sólo volveré al Makai y dejaré que vivas feliz junto a Kaguya. Si, en primer lugar fue un error...* susurró Yuusuke calmadamente mientras su mano se metía al bolsillo de sus pantalones para sentir la caja de terciopelo. *Tal vez es el destino que esta caja me pertenezca para siempre.* Apretó su mandíbula y mordió su labio mientras caminaba hacia la salida del parque.

Keiko se quedó ahí, aturdida. *¿De qué demonios habla Yuusuke? ¿Kaguya? ¿Felices juntos?* Todas las palabras de Yuusuke se repetían en su mente en una confusa velocidad. Sus acciones, su breve sonrisa...

- Yuusuke - grito Keiko con voz ronca y dolorosamente mientras él se alejaba más y más de ella, y todo se aclaró. Yuusuke había malentendido todo.

- ¡Yuusuke, matte! - gritó Keiko mientras corría hacia él -. ¡Lo interpretaste mal! Le diste el sentido equivocado.

Yuusuke se detuvo. *¿Qué?* Se las arregló para preguntarse antes de que un par de brazos rodearan fuertemente su cintura.

- ¿Keiko? - preguntó inseguramente. La presión del cálido cuerpo aceleraba su corazón. - ¿Keiko? - preguntó de nuevo.

- Kaguya no es mi novio y nunca lo será. Es sólo un chico que un amigo mío me presentó... Nunca fue mi intención que fuera mi futuro esposo ni nada - explicó Keiko, sus brazos presionando fuerte a Yuusuke.

- Espera, ¿qué quieres decir? - preguntó Yuusuke lentamente y retiró los brazos de Keiko de su cintura -. No entiendo.

- Yuusuke Urameshi, diré esto sólo una vez. Nunca he salido en serio con otro hombre porque sabía que volverías algún día... - dijo Keiko, un sonrojo trepando por sus mejillas.

- Keiko... - murmuró Yuusuke en un tono bajo -. Lo sien... - comenzó pero encontró las puntas de los dedos de Keiko en sus labios.

- No me digas que lo sientes... Estoy feliz de que finalmente hayas vuelto - dijo Keiko, una lágrima cayendo de su ojos izquierdo, y el silencio reino sobre ellos.

- No llores... Me asustan las chicas que lloran - dijo Yuusuke finalmente y buscó una servilleta en su bolsillo pero lo que salió fue un pañuelo blanco.

Le dirigió una sonrisa. Vacilantemente limpió los surcos de lágrimas. Keiko lentamente extendio una mano para sujetar su muñeca.

- ¿Nunca botaste esto?

- Er... Bueno, sabes que soy desordenado y que necesito alguien que me ayude a limpiar mi vida - replicó Yuusuke, dudando antes de animarse a terminar la frase -... porque tú siempre me ayudabas a aclarar todo...

Keiko lo miró y parpadeó.

- ¿Me ayudarás a organizar mi vida por siempre? - preguntó Yuusuke y empujó con fuerza algo en sus manos. Keiko sujetó el objeto, sus ojos mostrando confusión. Era una caja de terciopelo.- Sé que es un poco abrupto pero... pero ya lo he pensado durante un largo tiempo - dijo a tropezones el joven y la miró directo a los ojos. - ¿Lo harás? - preguntó Yuusuke de nuevo, su voz llena de esperanza.

Con manos temblorosas, Keiko abrió la caja de terciopelo. En medio de ella había una simple banda de oro con un delicado diamante en su centro. Los ojos de Keiko se abrieron de asombro y estaban fijos en el anillo. Gradualmente una juguetona sonrisa apareció y un ligero sentido del humor regresó.

- ¿Por qué es que siempre haces las cosas sin planearlas primero? ¡Cheh! ¡Estás aquí sin el ramo de flores! - molestó Keiko y rió dulcemente.

*¿Flores? ¿Qué flores?* pensó Yuusuke confuso y miró alrededor apresuradamente antes de fijar su vista en algunas flores silvestres a sus pies. Rápidamente se agachó y arrancó una docena de margaritas.

- ¿Lo harás? - preguntó Yuusuke de nuevo, esta vez presentándole un desordenado ramo de flores rosadas.

- No soy de las que ordenan cosas, tu casa se convertirá en un tipo de depósito de basura. Creo que no tengo alternativa... - dijo Keiko, sus ojos brillando encantadoramente mientras aceptaba el ramo de margaritas que Yuusuke le ofrecía.

- Keiko Yukimura, estire su mano por favor - anunció Yuusuke y retiró el anillo de su cajita. Keiko extendió su mano izquierda, sus ojos llenos de felicidad y alegría. - ¿Puedo llamarla Keiko Urameshi? - consultó Yuusuke con una risa y deslizó fácilmente el anillo en su cuarto dedo.

- Sí, sí puede.

La pareja se acercó más y finalmente sus labios se encontraron en un tierno beso ante el fondo de un sol poniente.

***

Fin