Fanfic por Sandy Youko
Traducido por MiauNeko
Baile Privado
Hiei había estado esperando en el pequeño jardín de la residencia Minamino durante algún tiempo. Kurama acababa de llegar de la escuela. Entonces, como ya hacían varias tardes, Hiei se quedaba afuera para permitirle al zorro perder un poco de tiempo charlando con su madre Ningen. Sería sólo después de un tiempo considerable que el Demonio de Fuego decidiría trepar por el árbol y mirar por la ventana la habitación de su amante.
Usualmente Kurama estaría listo esperándolo con una sonrisa invitante en los labios; estaría desnudo, con su largo cabello perfumado, húmedo y goteando por la ducha que se acababa de dar.
Entonces Hiei se uniría a él en la cama y se olvidaría del mundo en los brazos de su amante hasta que una nueva mañana llegara.
El Demonio apretó fuertemente los labios para esconder una sonrisa. Se escondió un rato entre las ramas florecientes de uno de los grandes árboles del jardín, en lo profundo de la copa del árbol, con sus ropas negras casi haciéndolo desaparecer entre las sombras. Reclinó su cabeza contra el tronco del árbol, manteniendo el equilibrio fácilmente mientras se sentaba a horcajadas en una de las espesas ramas, cerrando los ojos para pensar...
Aun se sentía sobrecogido por los muchos cambios y nuevas sensaciones que llenaban su vida en tan corto periodo de tiempo. Había sido un mes y unos cuantos días desde que regresara del Torneo Oscuro. Era una Competencia que era un punto importante en su vida por muchas razones - la más decisiva de ellas era Kurama, su lindo zorro, su tesoro más preciado...
Un punto importante. Y Kurama había sido el mejor precio que nunca hubiera pensado. Su lindo zorro era su más querido y más hermoso tesoro...
Hiei se estiró y bostezó, deseoso de compartir su calor y lujuria con su zorro y sentirse lleno y complacido en sus brazos, extasiado en un extraño lugar de encanto, como su realidad privada de amor, alejados del tiempo y la realidad.
Se sentía bien tener ese sueño viviente de amor para apreciar y disfrutar...
Fácilmente podía recordar todos los duros sucesos y peleas por las que había pasado para poder obtener el secreto del laberíntico túnel dimensional que lo llevó al Ningenkai. Hiei había matado a muchos sin piedad y había enfrentado su más peligrosa hora. Había sido herido, y aun así insistió en arrastrarse entre los mundos durante un largo y solitario tiempo. Había sido un viaje muy oscuro y grave, y él mismo se había desorientado y debilitado tanto que se había imaginado que nunca encontraría la salida del retorcido y angosto pasaje. Se había introducido en los tortuosos y al parecer interminables pasajes entre dimensiones del Makai para llegar al Ningenkai, resignado a sacrificar su vida por la de Yukina. Todo por su hermana gemela, para encontrarla y salvarla de su cautividad a costas de su propio futuro y su propia vida si era necesario.
Actualmente, Hiei había retenido estos recuerdos desagradables en lo profundo de su mente, en un lugar donde ya no lo alcanzaran, porque ahora su alma estaba llena con Kurama y la felicidad que compartían. Como resultado, el Ningenkai ya no era un desagradable lugar de horrores como había pensado antes, todo porque había encontrado ese delicioso amante para querer.
Sin su conocimiento, se había introducido en la misma tediosa rutina Ningen aceptada como una incuestionable parte de la existencia de acuerdo con la vida de Kurama. Sus días de matar, masacrar, de saquear y hacer la guerra habían terminado abruptamente, reemplazados por un mundo de suavidad y amor que nunca pensó que sería real.
Había renunciado con satisfacción a muchas de sus costumbres crudas y violentas. Era más suave, más pasivo, y sabía que la causa de esos cambios nunca había sido el castigo del Reikai o la delicada situación de ser vigilado mientras estaba en libertad condicional. No daba ni una mierda por el Reikai. Era Kurama, su zorro, el que lo había cambiado tanto. Hiei no lo admitiría, pero de algún modo estaba agradecido por eso. Ese dulce Youko con apariencia Ningen había domesticado su salvaje y malévolo espíritu Youkai para la eternidad.
Tenían lazos uniendo sus vidas y almas, pero estos lazos de amor eran tan placenteros...
Hiei sabía que estaba viviendo una realidad Ningen, rodeado de códigos Ningen y moralidad y su loca rutina. Era casi como Kurama, y ni siquiera había necesitado nacer Ningen para que sus instintos salvajes cambiaran... Sólo necesitaba un suave y cariñoso empujón de parte de su querido zorro para introducirse deliciosamente, amorosamente en el más dulce consentimiento.
De todas formas, no tenía oportunidad de volver al Makai. No sería capaz de encontrar y pasar a través del estrecho camino que había usado antes. No tenía conocimiento de otras puertas dimensionales, y aun si lo tuviera, estaba comprometido con el Reikai, Kurama y Yuusuke en los asuntos de Reikai Tantei.
¿Pero qué tal si, de algún modo, de pronto tuviera la oportunidad de volver al Makai? ¿Qué pasaría entre él y Kurama?
Sintió un frío apretón rodeando su pequeño pero fuerte Corazón youkai, llenándolo con una dolorosa tristeza.
¿Qué haría su zorro?
Hiei sacudió la cabeza en vehemente negativa, tratando de apartar esos pensamientos torturantes. Siempre era así, siempre que se sentía perfectamente contento y eufórico, un maligno e insidioso fantasma habitando en la parte oscura de su alma aparecía para llenarlo de dolor y dudas una vez más. Y por todos los Dioses, no quería ser arrastrado de nuevo a las sombras y el dolor.
Nunca tendría que enfrentar la soledad de nuevo, Kurama se lo había prometido... Era todo lo que necesitaba saber...
El pequeño Demonio de Fuego se puso de pie. Luego, como algo indistinguible, saltó a la ventana de Kurama. Se paró muy derecho en el alféizar, manteniendo el equilibrio con perfección mientras atisbaba adentro. La puerta del baño estaba cerrada, y podía oír los ruidos viniendo del interior, indicando que Kurama se estaba alistando.
Bueno... Entonces tal vez era su turno de hacerle una sorpresa a su zorro para la noche...
Retiró su bufanda con un lento movimiento y una deliciosa sonrisa. Brincó adentro e inmediatamente se quitó las botas y medias, y rápidamente se desvistió de su manto y pantalones. Se detuvo para pensar un momento. Se sonrojó ante sus propios pensamientos cuando decidió quitarse también su blanca ropa interior.
Hizo una arrugada pila más o menos organizada en una silla cercana a la ventana, y caminó, desnudo, a la cama de su zorro. Era muy fácil para él no hacer ni un ruido y camuflar su youki. Se deslizó dentro de la cama, yaciendo sobre su estómago y acariciando su rostro contra la almohada de Kurama, respirando profundamente el delicado aroma que lo rodeaba y descansó en la cama de su amante.
Quería que su zorro le hiciera el amor.
Se acurrucó feliz contra la almohada de Kurama. Luego susurró y se agitó con perezosos pero sensuales movimientos entre los cobertores pero consciente de dejar gran parte de su espalda musculosa y su redondeado trasero {?} descubiertos. Hiei quería mostrar suficiente desnudez para excitar a su zorro, haciéndole entender que quería ser abrazado y 'tomado' vigorosamente, exactamente como la noche anterior.
Su zorro... Suyo, sólo suyo y de nadie más, para siempre... Su youko, humano amante, su amigo y pareja eterna... Kurama...
Hiei besó amorosamente la sedosa almohada y se estremeció, recordando qué delicioso había sido tener a su amante con él, dentro de él...
Sintió la parte baja de su abdomen tensa y pesada. Su sexo ya estaba reaccionando en un ligero entumecimiento mientras él se arrellanaba contra las perfumadas sábanas. Cerró sus ojos rojos para imaginar a Kurama viniendo hacia él con sus deliciosas manos suaves y sabrosos labios {!}. Entonces todo su cuerpo se cargó inmediatamente con una deliciosa y hormigueante sensación haciendo que sus músculos se tensaran.
El demonio de cabello erizado notó que los sonidos que venían del baño se estaban volviendo más definidos. La manija de la puerta giró y la puerta fue abierta.
Hiei rápidamente escondió su cara contra la almohada y cerró sus ojos, incapaz de ordenar a sus labios dejar ir la dulce y deseosa sonrisa mientras sentía la cálida presencia de Kurama muy cerca a él, al alcance de su mano. Presionó sus labios para evitar gemir en voz alta cuando sintió un suave toque que comenzó a jugar con su cabello. Luego, se estremeció cuando la punta de unos dedos golpearon afectuosamente todo el camino desde su nuca a su espina {espalda}. Después de eso dos delicadas pero firmes palmas se posaron en sus nalgas {no pensaba traducir eso...}.
- Mi Hiei...
Kurama lo dio vuelta y lo levantó con un fuerte pero gentil agarrón. Forzado a enfrentar a su zorro, Hiei abrió los ojos lentamente, presentando una deliciosa e incitante sonrisa a su compañero.
Pero Kurama no le sonrió. Incluso parecía un poco afligido por algo...
- Hiei, tengo que salir con mi madre...
La cándida felicidad desapareció del pequeño demonio de fuego en menos de un segundo.
La primera reacción fue de pesar, pero después Hiei miró a su zorro asombrado. Era tan hermoso... Kurama le quitaba tanto el aliento que la usual reserva y severidad de Hiei no podían hacer nada más que observar a su amante con la boca abierta.
- Eres atractivo, zorro...
Kurama rió, buscando detrás de su cabello para tomar una de sus rosas rojas. Pero esa noche él no planeaba usarla como un arma. La puso calmadamente en la solapa del esmoquin blanco que vestía, y se puso de pie, girando sobre sí mismo para mostrar más de su elegancia a su amante.
- ¿Lo crees así? Este es un traje considerado muy fino en el mundo Ningen. Voy a ir a una fiesta my elegante, acompañando a mi madre.
Hiei se apoyó en sus codos, mirando a su zorro con ojos juguetones, ya resignado a que su excitación quedara abandonada, convirtiéndose en un dolor en su ingle.
- ¿Te tienes que ir? - preguntó, sin esperanzas de que Kurama se pudiera quedar con él.
- Tengo que ir, amor... - susurró el pelirrojo, con ojos tristes.
Hiei sólo murmuró algo, desviando sus ojos para no tener que enfrentar a su amante. Tiró de las frazadas para ocultar su cuerpo desnudo. Estaba muy deseoso de ofrecerse a las caricias de Kurama; en vano...
Kurama estrechó a Hiei con amabilidad, sentándose en la cama junto a él, dejando que el youkai descansara su cabeza en su pecho.
- No tengo salida. Mi madre siempre insiste en que tome parte de todos esos tontos eventos sociales Ningen. Le gusta lucirme.
- Hn.
Kurama dejó que sus dedos acariciaran el rostro de su amante, deslizándose a lo largo de sus rasgos molestos. Aun cuando su pequeño medio-koorime fuera un maestro en disimular sus sentimientos, era muy fácil para él ver cuanto le afligía el ser dejado solo. Hiei estaba...
- Lo siento mucho, Hiei. ¿Quieres ir?
Los ojos de Hiei se abrieron sorprendidos, y por un momento sólo miró el rostro sonriente de Kurama, tratando de adivinar si lo había dicho en serio o no.
- ¿Cómo?
- Puedo encontrar una manera. No quiero dejarte solo así.
El zorro sujetó la nuca de Hiei en una firme y llena caricia mientras se acercaba más a su amante. Dejó que su mano se deslizara por el lado de su cuello y fuera alrededor para sostener su hombro, sosteniendo a Hiei gentilmente mientras se inclinaba sobre él para darle un rápido pero delicioso beso húmedo.
- Nah.. Me quedo - dijo Hiei descuidadamente escondiendo su profunda desilusión lo mejor que podía -. ¿Qué sucede en una fiesta muy elegante?
El pequeño demonio de cabello erizado se acostó, apoyando su cabeza cómodamente contra las almohadas mientras sus ojos observaban a Kurama. Estaba muy frustrado... Como siempre ocurría entre él y su zorro, la realidad Ningen en que se había sumergido era un inconveniente para su felicidad.
- La gente come, bebe, se luce, chismean entre ellos y flirtean... Es como cualquier reunión festiva en el Makai.
- ¿Flirtean? - repitió Hiei, curioso y a la vez preocupado por Kurama. No podía permitir que nadie se volviera una amenaza para su relación con el zorro. ¡No! ¡Kurama era suyo, sólo suyo!
Kurama rió. Era bueno saber que su amante sentía celos por él...
- Mi madre suele presentarme a todas las chicas que pueda. Quiere conseguirme una novia.
La cara de Hiei fue tomada por una tierna combinación entre confusión y tristeza. Sólo lo hizo verse más como un niño; un solitario, perdido niño, traicionado y abandonado. Se hundió más bajo las frazadas, tirando de ellas más hacia arriba, cubriéndose hasta la barbilla. Y sus lindos ojos rojos brillaron con indignación. Su boca se abrió en un pequeño y angustiado murmullo de protesta mientras miraba a su zorro.
- ¿Novia? ¡Pero nos pertenecemos!
El rostro de Kurama se encendió de vergüenza... Hacía sólo una noche en que habían intercambiado sus más tiernos votos de amor innegable, y Hiei ya estaba desilusionado de él...
- Baka - susurró Kurama, con una voz tan gentil y amorosa que la palabra sonó como una caricia, no un reprimenda -. Nadie más sabe sobre nuestro 'matrimonio'. Mi madre sólo hará todo lo que pueda para hacerme amar y casarme con una chica Ningen. Pero ya estoy locamente enamorado de cierto hermoso demonio de Fuego...
El sensual tono y el ingenioso comentario no afectaron a Hiei. Continuó sombrío y resentido. El pequeño demonio sólo se abrazó a sí mismo más fuerte, sus ojos evitando encontrar los de su zorro.
- ¿Qué hacen esas chicas? ¿Te besan?
El pelirrojo sonrió muy suavemente, una de sus manos tocó la mejilla de Hiei con un tierno roce. Mantuvo la barbilla de su amante en alto y gentilmente lo hizo enfrentarlo.
- No, bebé. Algunas lo han intentado pero me alejo de su alcance. Me invitan a salir, hablan un montón, me piden bailar... Pero me deshago de sus ofertas con una excusa.
- ¿Qué excusa? ¿Les dices a todas que ya estás saliendo con alguien?
Kurama se sonrojó de nuevo y trató de ocultar su rostro de Hiei, con una expresión avergonzada. No... Nunca había mencionado ninguna relación, ningún compromiso. Tenía una larga lista de excusas sociables aceptables, pero ninguna de ellas incluía a Hiei aunque sabía que no necesitaba revelar toda la verdad.
- No... Nadie sabe que estoy enamorado. Tu eres my secreto, mi Amante Demonio secreto. Me gustaría decirles... Me gustaría decirle a mi madre sobre el amor que siento por ti, gritarle al mundo que estamos juntos, pero aquí en el Ningenkai las cosas son diferentes. Nuestra unión sería inaceptable.
- Hn... Tu vida tiene muchos secretos, Kurama. Uno de estos días no serás capaz de ocultarlos todos.
La sonrisa de Kurama desapareció con las palabras del otro. Y una tenue sombra de resentimiento cubrió los usualmente brillantes ojos de Kurama. A veces Hiei era tan directo y franco, y sus suposiciones tan exactas que herían su alta autoestima. No era fácil para un orgulloso y experimentado youko como él admitir que no estaba en lo correcto.
- Pero tengo que vivir de esta forma, Hiei. No hay otra solución.
El medio-koorime miró a su amante con docilidad, e incluso asintió con un calmado y lento movimiento. Sus vidas era un delicado equilibrio entre la verdad y la mentira, Makai y Ningenkai... Hiei sabía que Kurama no podría seguir ocultando tantas cosas ante tantas personas durante tanto tiempo. Un día la apariencia que había construido a su alrededor se tendría que venir abajo, y él estaría con él, a su lado; eso era todo lo que importaba...
- ¿Qué es bailar? - preguntó Hiei, deseoso de cambiar de tema cuando percibió la silenciosa pena en los delicados gestos del rostro de su zorro.
Kurama sonrió una vez más, distraído por la dulce curiosidad de Hiei. Algunos abrazos y besos tal vez podrían compensar de algún modo el frustrar las expectativas de su demonio de Fuego. El pelirrojo no se quería ir después de ese frío rechazo de las atenciones de su amante.
El pelirrojo ofreció su pálida mano a Hiei y mientras se tocaban las manos, puso de pie a su lindo amante, con un gracioso y delicado movimiento.
Hiei se envolvió en las sábanas de la cama en una prisa confundida, tratando de cubrirse, pero Kurama no lo dejó, tirando de él y obligándolo a rendirse a un acogedor y cálido abrazo.
- Te mostraré si me prometes esperarme justo como estás ahora. Tienes que mantener mi cama caliente por mí...
- Bueno, zorro, si te demoras mucho en volver le prenderé fuego a tu cama.
Kurama rió, acariciando la estrella de cabello blanco erizado entre el cabello de Hiei. Acercó más al pequeño demonio y comenzó a acariciar de una manera muy tierna su desnudo y aparentemente delicado pero vigoroso cuerpo.
- Vaya... ¿estás tan caliente?
Hiei se sonrojó, mientras se trataba de resistir un poco al abrazo, temeroso de que mancharía de algún modo el impecable atuendo blanco que Kurama vestía.
- Sí... Estoy... muy caliente.
Kurama evitó que Hiei se apartara del abrazo apretándolo más fuerte contra su pecho. Se besaron, y muy lentamente Kurama deslizó su lengua en la boca de Hiei... Sintió y experimentó en la pequeña boca de su amante con una amable y cariñosa pasión, y percibió cuan dulcemente Hiei gimió durante el largo y amoroso beso, pidiéndole que se quedara un rato más, pasando por alto la fiesta Ningen muy elegante...
El pelirrojo notó que los tensos miembros de su amante se derretían en ardiente concesión mientras ofrecía todo lo que tenía en aquel abrazo. Hiei respiraba profundamente, rápido, dejando que todas las barreras y dudas se vinieran abajo, permitiendo ser abrazado y acariciado completamente. Kurama tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no destruir su esmoquin en pedazos y abandonarse en los brazos de Hiei para festejar por si mismos en la cama por el resto de la noche.
- Amor... Me tengo que ir. Mi mamá me llamará para salir en cualquier momento.
- Kurama...
- Dime, bebé...
- Estaré aquí por ti, ¿pero estarás tú siempre por mí?
Kurama no pudo hacer nada que sentirse terriblemente disgustado. Hiei estaba muy sensible esa noche. Era frágil, demandaba demasiada atención y amor. De hecho, Hiei era exactamente como él era. La verdad era que esa noche el supuesto rudo Demonio de Fuego no estaba avergonzado de mostrar sus necesidades y su corazón abiertamente. Parecía que por fin Hiei había empezado a confiar lo suficiente en él para develarle toda su alma.
Tenía la llave del alma de su amante, tenía su confidencia y total devoción... Y en vez de abrigarlo contra su pecho y escucharlo, atendiéndolo y confortándolo, Kurama tenía que dejarlo solo...
¡K'so!
- ¿Qué quieres decir? - preguntó el zorro, muy gentilmente, mientras acariciaba su mejilla contra el cubierto Jagan de Hiei.
- Parece que este mundo nos está separando.
Kurama no contestó, no podía ofrecerse a sí mismo una respuesta para eso, mucho menos a Hiei. No ser capaz de arreglárselas con su herencia youko y la realidad en el Ningenkai había sido siempre una de sus más graves aprensiones.
El youko mantuvo a su demonio de fuego muy apretado contra él y dejó que su brazo derecho rodeara su cintura, mientras su mano se posaba con extrema gentileza en su espalda. Entonces Kurama se estiró lo suficiente para alcanzar el radio que estaba en los estantes, junto a su cama. Lo encendió e inmediatamente una suave y lenta melodía comenzó a sonar.
- Hiei, fue esta existencia Ningen la que me permitió conocerte y amarte. Este mundo no nos está separando; este mundo nos ha unido.
El encantador y aniñado demonio se sonrojó escuchando la innegable verdad bajo las palabras de Kurama. Era verdad, pero entonces ¿por qué no podía traer paz y seguridad a su solitario y desilusionado corazón? Sus dudas no lo dejaban tranquilo. Kurama parecía tan seguro y positivo en todo... Era algo que Hiei nunca aprendería a ser... Su pasado, su dolor y su sufrimiento siempre estarían poniendo sombras en su vida...
Dejó que el zorro lo abrazara y un estremecimiento de placer sacudió su cuerpo mientras sentía la extraña pero deliciosa sensación de ser abrazado desnudo contra el cuerpo completamente vestido de Kurama. Era como estar siendo envuelto en la más suave y cálida seda. Cuidadosamente descansó su mejilla contra el pecho de su alto amante, respirando calmadamente y profundamente para sentir el delicioso perfume que flotaba alrededor de Kurama, como un aura de encanto. El demonio de Fuego sonrió suavemente cuando sintió la mano derecha de Kurama en su espalda, guiándolo más cerca con una gentil insistencia, mientras que su mano izquierda reposó en su hombro durante un momento, hasta que Hiei abrazó la cintura del zorro. La otra se deslizó en la parte baja de su espalda. Sus cuerpos hicieron un tierno contacto, mientras sus pechos, vientres, muslos y sexos se acercaban, calor con calor.
Kurama besó la ceja de Hiei, ofreciéndole una juguetona sonrisa antes de lamerle la punta de la nariz.
- Hn. Hacemos esto todos los días, pensé que tenía otro nombre.
Kurama lamió a Hiei de nuevo, esta vez sacando un poco su lengua y pasándola rápidamente por sus labios entreabiertos.
- Tienes que moverte conmigo para balancearte con la música...
- ¿Cómo?
- Déjame llevarte, Hiei... Sólo sígueme...
Hiei se abandonó en los brazos de Kurama, obediente a su voluntad y sus movimientos de lado a lado, excitado mientras sentía los largos muslos de su amante golpeando delicadamente su cuerpo mientras bailaban. La música era muy lenta y tocada en un volumen muy suave, y Hiei apenas podía oírla... No importaba mucho. Sólo seguía el balanceo de Kurama, disfrutando su calor, envuelto en su perfume, dejando que su cara descansara contra su pecho. El ritmo que seguía era el del corazón Ningen de Kurama, latiendo calmadamente justo contra su oído, la melodía que sentía y que hacía hormiguear su cuerpo era la tranquila y acompasada respiración de su zorro.
Kurama tocó el rostro de Hiei con un beso y luego acarició su oído con sus húmedos labios mientras murmuraba...
- Cuando regrese voy a besarte y hacerte el amor justo como quieres, bebé.
Los hombros de Hiei temblaron con un ligero espasmo cuando Kurama dejó que la punta de sus dedos recorrieran la forma de Hiei.
Hiei dejó escapar un débil gemido, dejando que su cuerpo descansara completamente contra el de Kurama, confiándole a su contacto y sus manos e que lo sostuvieran y lo movieran de acuerdo a la relajante melodía.
- Zorro, tú no bailas así con esas chicas, ¿verdad? - murmuró Hiei, comenzando a preocuparse cuando sintió las partes de su zorro endureciéndose bajo las elegantes ropas.
- Baka... Este es mi baile privado para ti. No le haré esto a nadie más.
- Hn... Es Música ningen...
- Sí... es una Canción de Amor Ningen.
- Kurama, yo no soy Ningen.
- Bebé, el amor es amor para todo el mundo... Sólo siéntelo...
Entonces sorpresivamente Hiei, quien raramente tomaba la iniciativa, se paró en la punta de los pies para alcanzar la boca de Kurama y besarlo, ávida y deseosamente. Su beso era furioso y dulce al mismo tiempo, e hizo que su lengua explorara los labios del pelirrojo, el húmedo interior de su boca, su lengua con varios movimientos lentos, totalmente absorto en el suave paso de la canción de amor.
- Anda, zorro. Anda a tu fiesta porque estaré esperando. Siempre te estaré esperando... - habló Hiei durante el beso...
Hiei trató de romper su abrazo de baile, pero Kurama lo sujetó fuertemente y agradablemente, y lo besó más largamente y más ardientemente. El youko sólo dejó ir al medio koorime cuando escuchó la voz de su madre llamándolo...
***
Kurama trató de no comer o beber nada. Todo el tiempo estuvo en una esquina del brillante y lujoso hall, cerca de la entrada al balcón desde donde podía ver los estrellados cielos nocturnos. Sólo hablaba cuando le preguntaban algo, e incluso le mintió a su madre sobre un tobillo ligeramente torcido que evitó que bailara con cualquiera de las chicas a las que era presentado sin descanso.
Sólo podía observar los cielos y el oscurecido horizonte esperando que las horas pasaran rápidamente para poder volver al dulce abrazo de Hiei.
El zorro se lamentaba mucho el dejar a su amante. Cada vez que era obligado a dejar solo a su Demonio de Fuego debido a su familia o otros compromisos y responsabilidades sentía su corazón pesado. Viviendo en la mitad de eso era una situación penosa...
Había dejado a su lindo y cariñoso tesoro solo, por esa fútil fiesta Ningen... ¡Qué estúpido!
Kurama suspiró y accedió a las circunstancias. Se inclinó elegantemente ante las cuatro chicas que su madre le acababa de presentar, conforme las formalidades apropiadas. Pronunció cumplidos muy educadamente, siempre con su más dulce y agradable tono de voz. El pelirrojo incluso hizo un esfuerzo por mostrar una sonrisa, aun cuando su corazón se aburría con una amarga tristeza por no ser capaz de estar con el demonio que amaba tanto.
Dejó que su radiante sonrisa social se mostrara, mientras su madre le hablaba sobre cada una de las chicas. Eran sobrinas e hijas de uno de los amigas más cercanos que estaban fuera de Tokyo desde sus días de colegio pero habían vuelto cuando su esposo fue transferido a una nueva posición en la firma para la que trabajaba.
Kurama asintió, siguiendo las palabras de Shiori pero sin realmente escuchar algo... Y aun mantenía la mecánica pero linda sonrisa social...
Su atención se posó en la música que tocaba la orquesta mientras observaba a las parejas bailando por el hall.
Extrañaba a Hiei. Habían sido interrumpidos en un tierno momento romántico...
Sonrió cuando imaginó cuánto había cambiado Hiei. ¡Hiei bailando! Aun cuando había sido en privado, parecía haberlo disfrutado, al menos lo que le había ofrecido a Kurama fue un dulce permiso para hacerlo y una sonrisa, en vez de mala voluntad y protestas murmuradas. ¿Quién hubiera pensado en esa escena volviéndose realidad sólo unas semanas atrás? Su Demonio de Fuego favorito realmente estaba aprendiendo las costumbres Ningen...
Como el mismo Hiei diría: "Hn... Omoshiroi...{Interesante...}"
Con un suspiro afligido se dio cuenta de que su madre lo había hecho de nuevo . Shiori lo dejó solo acompañando a las avergonzadas pero fascinadas chicas. Hablaban y hablaban con seductivamente. Lo rodearon con sonrisas y amabilidad y Kurama fácilmente pudo percibir que se morían por ser invitadas a bailar...
La atención de Kurama sólo pasó por sobre la charla con la mirada perdida. Su mente parecía más lejana mientras trataba de imaginar cómo su lindo y delicioso Hiei estaría entonces. Le había hecho prometer a Hiei que lo esperaría desnudo y caliente, deseando amar y ser amado docenas de veces hasta que el día llegara.
Sólo pareció ser traído de vuelta a la realidad, arrastrado de sus ardientes sueños, cuando escuchó esa pregunta, la pregunta que siempre enfrentaba y que estaba comenzando a molestarlo.
- Minamino-san, su madre nos dijo que no tiene novia, ¿es verdad?
Kurama sólo tenía a Hiei en su mente. Hiei había tratado de actuar como el chico rudo de siempre pero fácilmente se percibía cuan abatido estaba. Su amante odió ser dejado esa noche; había sido solo la noche anterior, menos de 24 horas, cuando Hiei se había ofrecido a rendirse completamente a su deseo y amor. Kurama podía entender su dolor muy bien porque tenía una idea de lo mal que Hiei se debía haber sentido - inadecuado e insignificante, por decir lo menos... Estaría pensando que era inferior, como un ser inútil que ni siquiera podía ser reconocido propiamente como el compañero de Youko Kurama.
Dolía... No sólo en Hiei, sino también en su corazón. Era debido a esas estúpidas mentiras por lo que ellos tenían que vivir en secreto...
Podría decirle a las chicas que tenía a alguien, ¿verdad? No necesitaba decir todos los detalles, o toda la verdad que yacía tras su existencia Ningen. Sólo necesitaba aclarar los hechos lo suficiente para detener su insistencia... Tal vez incluso podría tener una conversación seria con su madre y decirle que ya no era el Sr. Corazónsolitario.
Estaba viviendo como si Hiei no existiera. No le tomaría mucho esfuerzo hacer que su adorable demonio se volviera alguien, ¿no es cierto?
Suspiró... Tendría que explicarle muchas cosas a su madre, tendría que enfrentar todas las habladurías que esa respuesta le traería, ¿pero cómo evitarlo? Hiei al menos se merecía eso...
Se alejó de ellas, dejándolas atrás, buscando a Shiori; tal vez podría convencerla de volver a casa tan pronto como fuera posible. Sólo se detuvo un momento para disculparse, ofreciéndole a las chicas una indulgente y respetuosa sonrisa
- No, se equivocan. Tengo a alguien; alguien que es muy importante para mí. Lamento desilusionarlas.
Luego las dejó, sin mirar atrás.
***
Fin
Todos
los personajes pertenecen a
Yoshihiro Togashi, Fuji TV, Shueisha,
Jump Comics, y Studio Pierrot
Traducción por MiauNeko