Fanfic de Sandy Youko
Traducido por MiauNeko
La Ultima Noche en el Hotel Kubikukuri
Kurama despertó incómodo, temblando, todavía asustado... Pensó que nunca se podría deshacer de la horrible escena que lo perseguía en sus sueños... Esos pegajosos y sucios dedos tocando su cuello, su cabello, y la baja y siseante voz de Karasu viniendo desde atrás...
El sudor cubrió su frente cuando el dolor pareció empezar de nuevo, un desagradable efecto secundario por el mero hecho de pensar en Karasu. Era capaz de recordar todas las heridas, arañazos, explosiones y quemaduras sobre su dolorida piel y sus cansados músculos.
Sin embargo, el torneo finalmente había terminado, y por la mañana dejarían esa horrible isla. Era su última noche en el Hotel Kubikukuri.
Se sentó en el borde de su cama, mirando por un momento la luz de la luna filtrarse a través de la ventana abierta. Luego su atención se volvió hacia la pequeña y tranquila figura envuelta cómodamente desde la cabeza a los pies, echada en la cama contigua a la suya. Había sido la única noche que él y Hiei compartieran la habitación. Durante todas las noches anteriores Hiei se había ausentado, prefiriendo dormir al aire libre o incluso perder su tiempo entrenando incesantemente en los acantilados cerca al mar, o en los bosques cercanos, con la fiera voluntad y determinación que sólo él poseía, tratando de dominar al Dragón Negro.
Kurama observó dormir a Hiei durante un largo rato, una suave y casi imperceptible sonrisa en sus labios mientras presenciaba al pequeño pero fuerte cuerpo subiendo y bajando cuando respiraba.
Hiei era hermoso... Tan hermoso que lo hería el no poder ser uno con él.
Sólo una masa de cabello erizado y un poco de su pálido rostro mostrando un par de ojos fuertemente cerrados era lo que se podía ver por sobre las frazadas. Hiei yacía a su lado, perfectamente quieto de no haber sido por su respiración.
Kurama estaba enamorado de ese pequeño youkai gruñón - Estaba seguro de eso ahora, después de todo lo que habían pasado durante el Ankoku Bujutsukai. Lo había sentido un poco antes de eso, era verdad, pero sólo ahora estaba completamente seguro de cuan enloquecedor se había vuelto su profundo amor por ese exquisito y hermoso Demonio de Fuego.
Kurama se puso de pie, inclinándose lentamente sobre Hiei, mirando anhelantemente los rasgos del muchacho. La urgencia de tocarlo y tenerlo en sus brazos, despertándolo con un beso era muy intensa...
Pero dudó si Hiei entendería . el pequeño Youkai había cambiado desde su primer encuentro, pero no tanto. Temeroso del dolor de un rechazo, Kurama eligió la profunda amistad a la desilusión de un intento fallido de mostrarle a Hiei sus verdaderos sentimientos.
Pero dolía... Dolía mucho...
Al menos su peor miedo, el de perder a Hiei durante una de las batallas del torneo, había terminado.
Cada vez que Hiei entraba a la arena su corazón palpitaba dolorosamente de terror e impaciencia. Cada vez que Hiei era herido, a Kurama le urgía entrar y defender a su amado medio Koorime. Mientras las peleas se hacían más sangrientas y brutales Kurama tenía que esforzarse por no gritar sus miedos y sentimientos ante todo el mundo.
Kurama buscó el traje negro colgando del velador. Sujetó el manto y la bufanda, abrazándolos con ojos cerrados, besando y aspirando la tela. Le gustaba el olor de Hiei, un ligero toque de sudor, salado por su largo entrenamiento junto al mar, albergando rastros de cenizas y la fragancia de pinos y arces en los que le gustaba esconderse.
Kurama respiró más profundamente mientras la angustiada seguridad de que nunca abrazaría contra su pecho más que esta fría tela cruzaba por su mente.
Había amado a Hiei a primera vista. Hiei vino a él como un enemigo, pero incluso esa vez Kurama pudo darse cuenta de cuan sensual y atractivo era el Youkai. Hiei le había causado una profunda impresión desde el comienzo, y Kurama todavía no podía saber exactamente por qué. ¿Era su malhumorado pero aniñado aspecto? ¿Era el dolor que escondía tras sus torturados ojos rojos? ¿O era su profunda voz, tan fuera de lugar en su pequeño cuerpo? ¿La forma en que apartaba los ojos? ¿O su obstinación?
El destino, tal vez... Cuando sus ojos se encontraron por primera vez Kurama supo que vivirían sus vidas juntos.
Kurama atrajo más el manto y la bufanda hacia su pecho mientras miraba al dormido Youkai de Fuego.
- Pensé que morirías en mí. Cuando Bui volvió al Dragón Negro en contra tuya, y esas flamas te cogieron de improviso, mi corazón se rompió. Recuerdo que grité tu nombre tan fuerte como pude...
Kurama suspiró mientras luchaba contra la urgencia de arrodillarse en la cama y agacharse sobre Hiei, abrazándolo tanto como fuera posible.
- Si el bastardo te hubiera matado, juro que habría olvidado mis heridas, mi fatiga, las reglas, y habría utilizado hasta lo último de mi Youki para ordenarle a las plantas del Makai que mataran todo lo que hay en esta maldita isla para vengarte, mi amor...
Hiei continuó quieto en su sueño como antes, sin darse cuenta de las confesiones susurradas de Kurama. Kurama apartó las frazadas suavemente, con toda la gentileza y sutileza de sus habilidades de ladrón, para echar una mirada a la graciosa cara de Hiei, a su nariz de botón, sus pálidas mejillas, sus delgados pero invitantes labios... Kurama ansiaba besar esos labios...
Se inclinó sobre Hiei, tan cerca como le era posible sin correr el riesgo de despertarlo, fascinado por sus rasgos delicados. El dolor y la soledad que el Youkai escondía dentro suyo podían ser percibidos incluso cuando dormía. Los sueños de Hiei no eran muy relajantes.
El pelirrojo se acercó más, su rostro y labios acercándose a los de Hiei, aunque no lo suficiente para tocarlos. Kurama inhaló profundamente y deseosamente, respirando el aliento de Hiei, alimentándose de su calor y su dulce aroma.
- Sé que no hay nada que te una al Ningenkai, Hiei, pero no vuelvas al Makai tan pronto. Por favor, quédate... Te necesito... - susurró Kurama. Y sus palabras se exhalaban tan ligeras como el aliento, mientras luchaba contra la necesidad de acercarse un poco más y tocar los labios de Hiei con el más profundo y devorador beso que pudiera... - Te quiero, Hiei...
Kurama se llevó una mano a su mejilla, enjugando una lágrima. Pero esa fue solo la primera de muchas otras dolorosas gotas mientras observaba a Hiei angustiadamente, sabiendo que a pesar de su amistad nada los unía. Hiei había encontrado a Yukina, había controlado al Dragón Negro, y sus niveles de energía se habían estabilizado. Hiei podía dejar el Ningenkai en cualquier momento y nunca más regresar.
Por lo tanto nunca podrían compartir la vida y el amor juntos como Kurama deseaba profundamente...
Luchó contra sus sollozos mientras un torrente de lágrimas caía de sus doloridos ojos, se puso de pie, dejando las ropas de Hiei y caminando hacia su propia cama, llorando en tonos suaves y bajos.
Que Hiei fuera capaz de entender y aceptar su amor un día... era todo lo que Kurama esperaba...
Kurama se echó, tirando de las frazadas hasta su barbilla y tratando de acomodar el dolor de su corazón y su cuerpo para poder dormir un poco.
Pero mientras vagaba en el cálido umbral entre el estar despierto y el sueño, Kurama pudo sentir un suave roce, como si alguien acariciara su cabello... ¿Era Hiei? Murmuró algo y trató de moverse, pero la oscuridad y el sueño lo envolvieron.
Kurama fue llevado al mejor de sus sueños, aquel donde él y Hiei eran amigos y amantes para siempre...
***
Por la mañana Kurama hizo toda la conversación mientras terminaba de empacar. Era dulce y gentil como siempre pero no podía evitar incitar a Hiei a participar en vez de estar gruñendo.
Pero parecía más difícil esa mañana en particular...
Hiei se sentó en el alféizar, pretendiendo silenciosamente observar el exterior. Pero en realidad prestaba atención a cada movimiento de Kurama. Hiei siguió al insistente zorro con sus ojos rojos; sin embargo bajaba la mirada cada vez que Kurama lo enfrentaba, sin desear que sus ojos se encontraran. De hecho, Hiei parecía confundido, estresado, como si estuviera al borde de algo...
Kurama se acercó, y Hiei tiró de su manga, demandando un poco de atención. Kurama se volvió hacia Hiei, presentándole una de sus más hermosas y luminosas sonrisas.
- ¿Duele mucho?
Kurama no entendió, y frunció un poco el ceño ante su compañero de cuarto.
- ¡Tus heridas, baka!
- Ah, Hiei, no mucho, gracias por preguntar...
Hiei sujetó la mano de Kurama, retirando la manga hacia atrás hacia sus blancos bíceps, revelando arañones y magulladuras que sabía estaban por todo el cuerpo del zorro. Kurama estaba vendado y adolorido. Hiei percibía su dolor aun cuando Kurama insistía en reprimir el dolor y la incomodidad que sentía con cada movimiento. ¡Zorro estúpido! Podía haber muerto...
Miró a los brillantes ojos de Kurama con una seria expresión.
- Te arriesgaste demasiado, Kurama. Podrías haber matado a Karasu con sólo chasquear los dedos pero no lo hiciste. Ese hábito tuyo de jugar con tus enemigos como un gatito {=^-^=} juega con su comida es exasperante. Las peleas son para ser ganadas, no para ser disfrutadas como un tipo de juego. Es muy peligroso sobrestimar a los enemigos.
Kurama estaba sorprendido; Hiei nunca había hablado tanto de una sola vez...
Hiei sujetó las dos manos de Kurama...
- ¿Por qué te haces eso? ¿Por qué me haces eso? ¿No te das cuenta de que me preocupo por ti, kitsune?
Kurama sonrió tímidamente. Sabía cuanto esfuerzo le habían costado esas palabras a Hiei.
- Muchas gracias por preocuparte, Hiei. Nunca imaginé que te preocuparas tanto por mí.
- ¡Claro que me preocupo! ¿No eres mi amigo, mi compañero de pelea? Te habría extrañado si lo peor pasaba.
Kurama estaba atónito ante las palabras de Hiei, y sus ojos estaban bajos, por lo que podía ver que Hiei y él estaban tomados de las manos de la manera más cuidadosa mientras hablaban.
- Si Karasu te mataba, te juro que habría metido al Kokuryuuha por el trasero de todos en esta maldita isla sólo para vengarte.
Kurama sonrió contento cuando sintió a Hiei sosteniendo sus dedos más fuertemente... Pero se dio cuenta de que Hiei debía haber estado despierto la noche anterior. Esas eran casi las mismas palabras que él había pronunciado...
Kurama sintió que le debía montones de disculpas y explicaciones a su amigo. ¡Había sido tan estúpido! ¿Cómo podría haber pensado que Hiei no lo escucharía? Hiei siempre había tenido el sueño ligero, casi paranoico por enemigos y emboscadas.
- No te preocupes, Kurama. Me quedaré por aquí.
Kurama se sonrojó cuando la profunda, baja voz de Hiei dijo eso de una manera tan gentil, y su corazón ansió y dolió por ese pequeño youkai de nuevo. Su urgencia de abrazarlo contra su propio cuerpo y besarlo regresó como una onda tumultuosa e imparable.
Sus ojos se encontraron momentáneamente y Kurama se acercó un paso a Hiei, casi inclinándose sobre él. Luego frotó su mejilla suavemente contra el protegido Jagan de Hiei. ¿Podía su amado Demonio de Fuego usar su Ojo Demoniaco para leer en sus pensamientos más íntimos, develar sus sentimientos, y conocer la devoción y amor que guardaba en su solitario corazón?
- Hiei, sabes que a los ganadores del Torneo Oscuro {Ankoku Bujutsukai} se les concede un deseo. Un deseo que se cumplirá a cualquier precio. Y nosotros también somos campeones. No es sólo Yuusuke el que gana el premio. Tenemos derecho a él...
- Ahn... ¿Es verdad? ¿Cuál sería tu deseo?
- ¿Y el tuyo?
- Yo pregunté primero.
Kurama sonrió maliciosamente, apartando los ojos y sonrojándose un poco más.
- ¿No te das cuenta? Trata de adivinar...
Entonces lo más increíble sucedió: ¡Hiei sonrió! No una sonrisa despreciativa o sarcástica sino una genuina y de todo corazón. Se vio mucho más hermoso de lo que nadie hubiera imaginado cuando hizo eso. Kurama sintió que su corazón ardería de tanta felicidad.
Lugo vino ese largo silencio mientras se miraban cara a cara. Pero, ¿por qué tratar de hablar? Ninguna palabra sería capaz de expresar todas las sensaciones y dulces pensamientos que los llenaban. Sus ojos se encontraron y esperanzada pero tímidamente se intercambiaron una sonrisa. No había necesidad de decirlo en voz alta. Lo entendían muy bien.
Hiei se acercó un poco, descansando su rostro en el pecho de Kurama. Kurama abrazó su cintura, tirando de él hacia su cuerpo gentilmente. Los ojos de Hiei se levantaron para encontrarse con los de su compañero y cuando lo hicieron, Kurama besó sus labios.
Hiei suspiró muy suavemente en aceptación, apartando sus delgados labios mientras respiraba profundamente, y Kurama expertamente deslizó su lengua dentro de Hiei, saboreando su pequeña y sensual boca, inquiriendo por e suave toque de su Youkai. Hiei respondió, un poco incómodo pero con toda su voluntad, abandonándose en los brazos de Kurama con un suspiro de placer...
El beso de Kurama se volvió más profundo y su cuerpo rodeó completamente la figura de Hiei. Su respiración falló ante una corriente de pura excitación cuando se fusionó dentro de la cálida boca de Hiei, húmeda e invitante, un pozo de fuego líquido... Todo lo que Kurama podía soportar en su mente era la intensidad de su amor y su añoranza por Hiei. Deseó tener a ese ágil y lindo Youkai a su lado, como su amante, su pareja, su amigo, por siempre, no sólo durante esa vida, sino en las que vendrían...
Hiei se estremeció ante la gentil y acariciante invasión. Se maravilló ante la suavidad y belleza de Kurama, como un sueño reconfortante. Su esbelto cuerpo era cálido y envuelto en una ligera esencia de rosas, y sus manos eran envolventes e incitantes como pétalos de terciopelo, inflamando su cuerpo torturado. Kurama lo abrumó, devorando, doliendo y calmándolo, curando las viejas heridas de su corazón. Su contacto era protector y acogedor como un hogar, el hogar que Hiei nunca tuvo. Y en su mente y alma su deseo más íntimo resonó: Que amaría y sería amado con quien pudiera confiar sus sentimientos, sus miedos, su alma, su todo. Deseó profundamente una persona con quien compartir su existencia, sin temer ningún rechazo o traición... Alguien como Kurama...
Se apartaron del beso, jadeando mientras se miraban, tan cerca aun que respiraban el mismo aire, y sus labios casi se tocaban cuando hablaron....
- Soy tuyo para siempre, Hiei...
- Eres todo lo que necesito, mi hermoso zorro...
En este punto fueron interrumpidos por gritos haciendo eco en el corredor de afuera. Vigorosos golpes casi hacen caer la puerta mientras sus nombres eran repetidos insistentemente.
Se apartaron. Hiei en un mero oscuro desplazamiento de aire. Y Kurama trató de calmarse, respirando profundamente, demasiado excitado por sus besos y caricias, desconcertado ante el repentino torrente de emociones que llenaban su cuerpo. Kurama se vistió con un largo abrigo para disimular la innegable 'excitación' bajo sus pantalones, y caminó hacia la puerta. Gracias a los dioses que la había cerrado con llave...
Eran Yuusuke y Kuwabara... ¡K'so! ¿No podían haber ido un poco más tarde?
- ¿Están listos? Vamos a tomar desayuno, ¡me muero de hambre!
Kurama murmuró algo accediendo...
Entonces la voz de Kuwabara se elevó por sobre todas cuando sintió algo. Miró a Kurama que tenía los ojos bajos y las manos en sus bolsillos, pareciendo avergonzado. Luego miró a Hiei quien les dio la espalda ostentosamente,.
- ¿Qué pasa aquí? Ustedes dos están muy extraños... ¿Pelearon? ¿Qué pasó entre ustedes dos?
Hiei volvió los ojos hacia ellos un momento, parpadeando ante la maldita perspicacia de Kuwabara. El estúpido era un inconveniente.
Sus rojos ojos se encontraron con los de Kurama cuando intercambiaron una mirada preocupada.
- ¡Sí, Kuwabara tiene razón! ¡Ustedes dos se ven terriblemente culpables!
El comentario de Yuusuke fue más de lo que Hiei podía soportar... ¡No tenían porqué meterse con eso!
- ¡No pasó nada! ¡Preocúpense de sus propios asuntos Ningen!
Yuusuke y Kuwabara miraron preocupados a Kurama.
- ¡Maldición! ¡Deberíamos haber encerrado a Hiei solo en cuarto! ¡Es la única forma en que no discutiría con nadie! - exclamó Yuusuke, mirando a Hiei.
- ¿Cuarto? ¡Una jaula sería mejor! - replicó Kuwabara, molesto.
Pero Kurama les sonrió suavemente y fácilmente y ellos detuvieron sus protestas.
- No se preocupen, amigos. No pasó nada entre Hiei y yo...
Y Kurama sonrió cuando se encontró con los ojos de la ágil figura de negro que estaba parada gruñonamente en medio de la habitación, lejos de todos ellos. Sin embargo Hiei le devolvió la sonrisa, no era más que una torcida curva a un lado de su boca. Pero los experimentados ojos de Kurama pudieron percibir cuanto amor y preocupación había en ese ligero y casi imperceptible gesto... Era una sonrisa llena de promesas...
Kurama guardó esa sonrisa en su corazón y sus recuerdos, saboreando la nueva y exquisita sensación ahora que sabía que él are amado tanto como el amaba. Y no pudo evitar pensar:
"No ha pasado nada... Todavía..."
***
Fin
***
Todos
los personajes pertenecen a
Yoshihiro Togashi, Fuji TV, Shueisha,
Jump Comics, y Studio Pierrot
Traducción por MiauNeko