Capítulo 19: Subiendo en la vida
Setenta días después...
"Sueltame!"
"Shhhh..."
"Kuram..."
Una vez más Yomi tuvo la boca asaltada por los labios voraces del youko, por la lengua invasora que parecía conocer cada milímetro de su boca, cada canto... capaz de hacerlo implorar por cada segundo que perdía el aliento, capaz de hacerlo maldecir la necesidad de respirar...
Locura...
Estaban levantados hace horas, y aunque no pudiesen ver el sol desde donde estaban, podía sentir que ya era muy tarde. Tenían compromisos, responsabilidades, un bando para liderar, robos por planear... problemas... Pero aún estaban ahí, dejándose consumir por aquel fuego inexplicable, por aquella ansia insana de fundir sus cuerpos hasta el límite de sus fuerzas...
"Ahh... Kurama... Van a pensar que estamos
muertos..."
"Al diablos con ellos..."
Las manos alrededor de sus muñecas se soltaron y Yomi pudo sujetar los cabellos plateados en un débil intento de separar los labios que se deslizaban peligrosamente por su barriga, descendiendo en dirección a su ingle...
Respiró profundamente y dio un jalón. Levantó la
cabeza de Kurama, vislumbrando los ojos dorados que rebalsaban vida y lujuria... ojos que
parecían reír de sus preocupaciones, divirtiéndose con su sentido del deber...
"Detente, Kurama... No soy de fierro..."
El youko sonrió... Se montó sobre él, permitiendo maliciosamente que su cola rozase el sexo de su amante...
"Por los Dioses..." Susurró Yomi, sintiendo que la excitación lo dominaba...
"Qué cara es esa, Yomi? Yo no te estoy haciendo nada... Mira, sin las manos..."
"Maldito..."
"Ok, yo salgo..." Dijo Kurama saliendo de encima del youkai en un movimiento ágil.
La punta de la cola acarició al propósito el rostro de Yomi mientras el youko se volteaba.
Yomi quería respirar, preparase para un nuevo día.. estaba increíblemente sudado, meloso, necesitaba un baño con urgencia, de preferencia bastante lejos de Kurama... Pero le costaba mucho despegar la vista de la espalda increíblemente bien delineada, cubierta por mechas de hebras plateadas, de un trasero levantado que aún ostentaba algún rubor producido en la noche... Estiró el brazo a tiempo para agarrar la punta de cola, impidiendo a su dueño salir de su alcance...
El youko apenas sonrió, como si hubiese previsto su reacción, la que no sería ninguna novedad... Cayó entre sus brazos, envolviendo los cuernos con los dedos de modo que controlaba sus movimientos...
"Kurama, suelta eso..."
"Me cojo de donde yo quiero."
Su respuesta fue un fuerte apretón en la base de la cola... Le llegó a doler un poco, pero en lugar de resistir, Kurama sonrió maliciosamente. No iba a ser un pequeño dolor lo que lo haría desistir de un juego tan interesante. Luego Yomi...
"Ahhh..."
"Fuiste tú quien me jaló de vuelta..."
"Kurama, el sol ya debe estar alto..."
"Entonces desistes?"
"Tú..."
La cabeza de Yomi fue tirada para atrás... La presión en sus cuernos irradiaba una molestia que simplemente no podía ignorar, por más que sus manos estuviesen bien posicionadas, deslizándose por las perfectas nalgas de su torturador...
"Suéltalo, Kurama! Kisama!"
Kurama rió alto, deleitándose con la aflicción de Yomi... y en cuanto sus manos
soltaron a su amante su cuerpo fue volteado en un movimiento brusco. Yomi invirtió las
posiciones usando todo el peso de su cuerpo para mantener al youko semi inmovilizado...
bien, por lo menos mientras Kurama lo quisiese...
El youko parpadeó, algo sorprendido, pero luego aceptó la pequeña victoria de Yomi como una anticipación de su propio premio... Sus dedos buscaron las curvas de los muslos del youkai... Era increíble lo que un buen entrenamiento podía hacer con esa parte del cuerpo... Firmes, musculosos... Kurama los acarició con placer, induciéndolos a separarse... Era verdad que Yomi tenía poco del muchacho que conoció hace más de dos años atrás. Se había vuelto tan ambicioso y lleno de orgullo que no era raro tener la sensación de que se estaba acostando con una persona diferente. Tal vez Kimme tuviera razón con respecto a él, y por debajo de esa fachada hecha de músculos e impetuosidad, en ese esbelto cuerpo hubiese un gran potencial o algo así. Sin embargo había algo en Yomi que lo hacia extremadamente tolerable, hasta la horda de tonterías que venia haciendo desde que subió de puesto... Kurama no sabía decir que era exactamente, pero no podía negar que, de algún modo, Yomi se había vuelto parte de su vida.
Y a medida que el cuerpo de Kurama se rendía al deseo, saciándose con aquella suave piel, cuya sensibilidad conocía tan bien, aprovechaba para, una vez más, sacar su mente de la realidad y embarcarse en aquel sueño hecho de sudor, excitación, estímulos y placer... Y mientras Yomi le agradase, Kurama no pretendía renunciar a su compañía. Después de todo, no era un gran sacrificio soportar sus tonterías...
"Ah.... nhhhh... Kurama.... Aaaaahhhh..."
... Lo que no invalidaba la aplicación de algún correctivo ocasional...
"Nh! Tú... tú... hn..."
...
"Yomi?"
"... hn?"
"Si aún estas vivo, sal de mi encima, estamos atrasados..."
"... No..."
"Van a pensar que estamos muertos..."
"Al diablo con ellos..."
"... Entonces él se cayó y se quedó gritando, parecía esa... Cuál es el nombre
de ella? Esa que grita tanto que la tienen que pegar... Como se llamaba, Klaus?"
Preguntó el youkai de piel amarillenta y cabellos desgreñados.
"Oohh, como voy a recordar el nombre de esa puta..."
"En serio... Una pesada, pero bastante gustosa...
Deberíamos presentársela a Yomi..."
"He... Tal vez al menos así el no tuviese que usar tanta ropa el día siguiente.
Sólo míralo. Humm, que deliciosa masacre debe ser la que tienen Kurama y él en las
noches... "
"Habla bajo, Klaus... En lo que te vienes a fijar. Estás enfermo... hic."
"Hum... Que piensa de eso, Yomi-sama?" Indagó Klaus, alzando la voz. "Le agradaría algún tipo de compañía?"
"Estas loco? Si él te escucha... Pueda que vaya a contarle al jefe..."
"Que va! Cuanto tiempo crees que esa aventura melosa va a durar? Si conozco a nuestro querido líder, él ya debe estar deseando algo de carne fresca... Y ese de ahí... Ah, no me engaña... que Kurama cuide bien su propia cola..." Dijo, inclinándose sobre la mesa de modo que se aproximaba al youkai sentado al frente suyo.
"Si tú lo dices..."
Yomi estaba rodeado de subordinados, envuelto en una animada conversación sobre asuntos banales. Se estaba divirtiendo mucho, algo tomado, siendo mimado por todos, especialmente por el barman...
"Señor Yomi... El señor y sus amigos desean alguna otra cosa? El señor sabe que todo corre a cuenta de la casa..."
"Si es así, trae más vino..."
"Claro señor... con todo placer..." Murmuró el youkai humildemente.
"Ah... Arago!"
"Sí, señor? Que desea?" Preguntó con la cabeza baja y manos que le temblaban.
"Sabes, yo quiero eso... Ese que escondes en el fondo del sótano, y no ese meo de rata que guardas en la bodega... Y si lo mezclas con agua o alguna otra porquería voy a estar muy insatisfecho, entiendes?"
"Yo jamás haría eso, señor..." Se disculpó humildemente.
"Lo sé... Ve de una vez, anda! No me hagas perder la paciencia!"
"Yomi-sama!"
"Hn? Habla, Klaus."
"Se está divirtiendo?"
"Mucho. Nunca pensé que sería tan agradable volver aquí."
"Entiendo... Aquí fue donde todo comenzó... Y pensar que tuve que imponerme para llevarte conmigo..."
"Pero Klaus..." Murmuró el youkai que estaba a su lado, completamente ebrio. "No había sido cosa de Kuronue??"
"Te volviste loco, idiota..." Murmuró, golpeándolo bajo la mesa. "Pero, como iba diciendo, si hubiese alguna cosa que pudiese hacer por usted..."
"Estoy bien, Klaus... no te preocupes!"
"Pero..."
Fue interrumpido por el retorno de Arago, que jadeando, llenó los vasos hasta que gotas de vino cayeran por los bordes. No quería que pensasen que estaba siendo tacaño...
"Gracias, Arago, viejo... Ahora, si no te importa, podrías ver lo que puedes hacer con mi katana, sí? Deje que un poco de vino cayera sobre la vaina y no quiero que quede manchada..." Dijo Yomi.
"Sí, señor..."
"Y cuídala. Es un arma muy cara..."
"La cuidare como si fuese la más preciosa de las joyas, señor." Dijo Arago, retirándose torpemente, con el arma en las manos.
Los youkai reían delante de la patética escena. El pobre tabernero estaba tan asustado, tan nervioso, que mal conseguía articular las frases... Algunos no paraban de repetir cuanto se había empalidecido al ver a Yomi entrar a su establecimiento cercado por los ladrones del bando de Youko Kurama.
Y había un secreto placer en todo eso, algo que tal vez ni el mismo Yomi pudiese identificar o entender. Para una buena parte del bando, la trayectoria del youkai que en menos de siete estaciones había pasado de mero entretenimiento sexual a subjefe, tenía una mítica propia e irresistible.
Mientras Kurama era venerado y temido por sus misteriosas habilidades y su personalidad indescifrable, Yomi se volvía popular por haberse vuelto la prueba viva de que vencer no es el privilegio de algunos pocos como se pensaba...
"Klaus..." Susurró un youkai bien vestido que se aproximó despacio. "No te olvides de ese asunto..."
"Ah, Sí! Yomi-sama, hay algunas cosas que a sus subordinados les gustaría pedirle... si no estamos abusando de su paciencia, claro..."
"Corta ese formalismo, Klaus!" Contestó Yomi entre trago y trago. "Saben que pueden contar conmigo... Siempre estoy dispuesto a oír."
"Ah... Si Kurama tuviese su indulgencia, señor... El caso es simple, y creo que le podrá interesar..."
"No!"
"Pero por qué?"
"Porque no quiero. Que te ha estado poniendo esas ideas en la cabeza? Hn, no necesitas decírmelo... Klaus y esos inútiles de su gente..."
"No lo metas en esto! Yo sólo quiero entender porqué tiene que ser así, sólo eso! Soy el segundo al mando..."
"Eso es, 'Segundo'. Eso quiere decir que existe un Primero: Yo. Por lo tanto haste un favor a ti mismo y no te metas en cuestiones que no te competen."
"Eso no es justo! Apuesto que no le hacías eso a Kuronue!"
Esta vez, el youko le lanzó una mirada asesina/penetrante.
"Debería darte una buena paliza."
"Pues hazlo! Pero respóndeme primero!"
Kurama suspiró. Ahí estaba nuevamente, enfrentando otra ridícula sesión de un interrogatorio encomendado. Eso ya estaba comenzando a acabar con su paciencia. Pero no le daría a Yomi el gusto de verlo irritado por asuntos tan banales. Entonces Kurama se aproximó a él, jalando la silla más cercana hasta que estuvo frente a frente con los ojos rosados que insistían en encararlo con determinación, a pesar de la trivialidad de la conversación.
"Será que toda la terquedad del Makai fue a parar en ti!? Está bien, quieres saber porqué no permito que los ladrones traigan a sus mujeres acá? Porque esto todavía es un bando de ladrones y no una villa familiar. Que crees tú que yo voy a hacer con un montón de youkai ricos, gordos, con harenes a sus alrededores y con muchos hijos? Después, viene el problema. Si no me crees por qué no le preguntas a tu gran amigo Kimme. Satisfecho?"
Yomi se tragó la mirada vencedora de Kurama con dificultad. Era cierto que ya había oído historias sobre la bellísima esposa de Kimme, posible pivote de una sucesión de malos entendidos y rumores que vino a poner fin a la magnífica carrera de ladrón de su instructor.
"Es un hecho insolado..." Se quejó.
"Y cual es tu interés en esto? Quieres conseguirte la enamoradita que te sugerí?"
"Epa... nada que ver!"
"Hazlo, Yomi. Yo todavía creo que eso te haría mucho bien..." dijo Kurama, tocando el mentón del youkai en frente suyo con las puntas de sus dedos, en la más sutil de las provocaciones.
Yomi inclinó el rostro, besando la palma de la mano del youko...
"Yo sé lo que me hace mucho bien..." Susurró Yomi, recorriendo con los labios el níveo brazo extendido en su dirección.
"Desististe de discutir tan rápido? Vaya, Yomi, diría que ya vas progresando..."
"Bien..."
"Bien??"
"Por lo menos podrías dejar que tuviesen algunos esclavos..."
Kurama jaló su brazo.
"No es nada malo, Kurama! De que sirve tener tanto oro y nadie hace nada para ti?"
"Eso no es verdad... Ellos tienen esclavos, sólo que no aquí. Y tú también puedes tenerlos, siempre y cuando no sea aquí. Has un esfuerzo, Yomi, no es tan complicado de entender..."
"No es lo mismo! Sólo estoy intentando ayudar, quiero decir, no fue sólo uno u otro quien me busco para tratar esto... No tiene sentido! Antes de llegar aquí, yo casi fui al bando de un ladrón, allá en el sur, y todos los comandantes tenían montones de esclavos. Y no me vengas a decir que eso da problemas! Mujeres, está bien, pero esclavos? Nadie haría problemas por eso..."
"Olvídalo, Yomi..."
"Caramba, Kurama! Eres muy... muy... inflexible! Que es lo que podría salir mal? A los muchachos les gusta estar aquí, muchos viven allá, en el campamento, hasta tienen miedo de ir a otros lugares. Piensa en Kimme! En como le sería útil alguien a su disposición para que lo ayude! Vamos, los esclavos pueden ser usados aquí para miles de cosas... Además de que así es más civilizado. Cualquier ladrón del bando, cualquier espía, tendría al menos alguien para pulirle las armas."
"Tienes razón, Yomi. Creo que los espías no pueden sobrevivir sin alguien que les limpie las katanas..."
"Oye, no comiences a tratarme como si yo tuviera cinco años..."
"No tengo la culpa de que tú me des motivos."
"De casualidad eso tiene algo que ver con esa loca historia de Kuron..."
"..."
Hay miradas que hablan más que mil palabras. Yomi tragó en seco, pero no se dio por vencido.
"No es necesario que me mires así. No creí ni una palabra de lo que ese loco dijo, si quieres saber."
"Deberías medir tus palabras, Yomi, antes que termines ahorcándote en ellas."
"Yo..."
"Quieto! Desaparece, lárgate. Estoy harto de ti por hoy..."
"Pero..."
"Ya vete. Ve y sal con tus amiguitos..."
"Pues es eso mismo lo que voy a hacer!"
Yomi se levantó decidido y caminó en pasos largos hasta la entrada. No había ido hasta ahí para pelear, esta vez no... Por los Dioses, no de nuevo! Si continuasen de ese modo pronto empezarían a coleccionar más peleas que orgasmos. No era eso lo que quería cuando entró ahí... Sólo quería ayudar, ofrecer buenas ideas, intentar combatir algunos excesos de antipatía, herencias del maldito de Kuronue, de seguro. Aquel enfermo, de ideas estúpida... Como era que una criatura tan libre como Kurama podría dejar dominarse por esa abominación aun después de muerta? No podía ser... Conocía a su amante. Sabía que Kurama no era la criatura solitaria y antisocial en la que el youko se había convertido desde la muerte de ese bastardo. Tenía que hacer algo...
"No!" El grito de Yomi resonó en su mente como fulgurar de un relámpago.
No saldría de ahí así.
Yomi volvió para donde había estado. Se paró nuevamente frente al youko que continuaba en la misma posición, sin darle importancia.
"Ven conmigo!"
"Hn?"
"Vamos a la taberna de Arago hoy en la noche. Quiero... Kurama, quería que tú vinieses conmigo."
"No voy a las tabernas de las villas, Yomi. Tú ya deberías estar cansado de saber eso."
"Lo sé, lo sé... Ese... Kuronue iba en tu lugar para garantizar que no fueras..."
"Quien te contó eso?"
"No importa. Kurama, ya no quiero discutir contigo. Ven conmigo... Vamos a embriagarnos, a olvidar toda esta conversación, dejarla de lado... ya olvídala..." dijo Yomi, arrodillándose en frente del youko, para poder ver su rostro.
Kurama lo miró por el rabillo del ojo. Yomi rió.
"Mírame aquí a tus pies..." dijo en el youkai en tono juguetón. "Ajá! Estas sonriendo..."
"Eres bueno como payaso. El día en que tengas tu
reino, lleno de mujeres, esclavos y katanas relucientes, vas a poder cumplir la función
de emperador y bufón de la corte. No va a ser lo máximo?"
Yomi devolvió la provocación con una gran y apretadísimo abrazo, que derrumbó a Kurama
al suelo. No era como si al youko le importase eso... Los brazos de Yomi lo envolvieron
como un manto protector, al mismo tiempo en que labios hambrientos se tocaban, las lenguas
se acariciaban en movimientos lánguidos, como un suave pedido de disculpas por las
palabras rudas de hace unos momentos atrás.
"Ven." Susurró Yomi.
Las manos de Kurama se deslizaron por bajo su camisa, atizando su piel.
"Quiero decir... Ven conmigo..."
Kurama ignoró la invitación de Yomi, prefiriendo entenderla a su manera.
"Tengo que... salir..."
"Sí tienes que salir... salir de dentro de estos pantalones. Que rayos de cinturón es este?"
"Kurama..." dijo Yomi con convicción, cogiendo el rostro del youko para garantizar que no sería interrumpido. "Necesito irme... Lo prometí."
"Estás hablando en serio?"
"Claro. Yo volví sólo para llamarte p..."
Kurama se levantó sin decir nada más.
"Kura..."
"No voy contigo. Si era eso lo que querías saber, ya te puedes ir."
Yomi vio como su amante salía, las palabras presas en su garganta. No podía creer lo que acababa de hacer...
"Mierda..." Maldijo, golpeando el suelo.
Se abotonó la camisa ya bastante arrugada, sintiendo su
cuerpo resentirse por las caricias interrumpidas. Yomi sintió una soledad tan grande que
tuvo ganas de abrasarse, como si ese truco infantil pudiese hacerlo sentir mejor.
"Por qué..." pensó desolado "... tiene que ser tan difícil..."
El youkai de cabellos negros se levantó, acomodándose los pantalones toscamente al mismo tiempo en que procuraba vaciar su mente de pensamientos aún más inconvenientes...
Iba a divertirse, a comer y a beber como un rey, a ser tratado como tal. No podía ser culpado por realizar con algo que soñara toda su vida... Infantilismo, manía de grandeza, lo que sea que fuese, era su sueño, o al menos un pedacito de este.
"Lo siento, Kurama..." Murmuró para sí mismo antes de seguir su camino.
Capítulo 20: Sueños robados