Capítulo 2: Rumores de alcova
Medio año después...
Yomi atravesó el corredor obscuro en silencio. Después de una mañana entera de ejercicio pesado, no se sentía dispuesto a ser cuidadoso. No en tanto sabía que era una medida necesaria. Cualquier ruido fuera de lo normal en el interior del escondite del bando podía ser interpretado como un ataque. Eso sin mencionar las muchas trampas que ocultas en las paredes de piedra de aquella caverna eran accionadas por el sonido. Sabía que si era atrapado por error una vez más, no habría nada que salvara lo que le restaba de reputación... Si es que aún le quedaba alguna...
Aun siendo revelado como un alumno aplicado en las clases de esgrima su actual función en el bando no ayudaba en nada a imponerse delante de otros ladrones. Al final, qué cargo ocupaba en el momento que no sea el de 'concubino' de Kurama? No es que tuviese que reclamar del trabajo en sí... muy por el contrario... apreciaba todos los momentos al lado de su jefe como no nunca había apreciado nada en toda su vida. A cada día se descubría más fascinado por aquel youko de mirada penetrante y modos libertinos que conseguía ser al mismo tiempo tan misterioso como envolvente.
La verdad era que jamas en toda su vida sintió que fuese a sentir de ese modo por alguien. Desde que dejara su ciudad natal muchos youkais interesantes habían cruzado su camino... algunos casi consiguieron disuadirlo de la idea de volverse un ladrón famoso y poderoso. Pero ahora agradecía a los Dioses por nunca haberse desviado de sus objetivos.
Con todo, su alegría no invalidaba el hecho que se sentía muy mal cuando se volvía el motivo de burla por parte de los otros. Tal vez era envidia, al final, a quien lo le gustaría tener las atenciones de un youkai como Kurama? Aún así era desagradable... podía quejarse con el jefe si quisiera pero algo le decía que esa no era la solución ideal. Lo mejor que tenía que hacer era esperar la oportunidad de robar con el bando. Ahí sí, les refregaría en la cara de esa gente cuan competente y valioso era. Sólo era cuestión de tiempo... hasta entonces se dedicaría a sus entrenamientos y, claro, a cuidar bien de su estimado patrón.
Sí podría lidiar con el despecho de los otros. Al diablo con ellos y con todas sus bromas imbéciles... pero ese no era el único problema...
Estaba Kuronue también.... ese sí conseguía ser más desagradable que todos lo ladrones juntos. Prefería mil veces soportar las provocaciones que la indefectible presencia de ese youkai de alas negras...
Pensándolo bien, hasta ahora no entendía lo que Kurama había visto en él... siempre serio y melancólico, Kuronue era del tipo de persona que sólo habría la boca para reclamar o decir que algo estaba mal. Siempre presagiando, siempre encontrando defecto en todo... y lo peor era que Kurama siempre lo oía...
Kimme, su maestro espadachín, era un youkai bastante reservado, difícilmente obtenía alguna información de él, mucho menos al respecto de los rumores de alcoba. Nunca se olvidaría del espanto que le causó verlo por la primera vez.
Kimme era un youkai completamente ciego a pesar de moverse como si viera todo a su alrededor. Acostumbraba entrenar a los novatos, cuidar a los heridos entre otras tareas compatibles con su condición. También era un profesor austero, que no perdía mucho tiempo con palabras.
Por lo poco que había conseguido arrancar de él, supo que Kurama y Kuronue estaban juntos hace mucho tiempo. Habían sido compañeros por años, hasta que Kurama comenzó a formar el bando. Tenían una relación muy poco convencional aun para los padrones del makai. Estaban siempre juntos, pero casi siempre en actitudes nada cariñosas. Kurama acostumbraba insultar a su amante en frente de quien quiera que fuese sin la menos inhibición. Él mismo vivía encontrándose con esas escenas, aún más ahora que participaba, de manera corva de la intimidad de la pareja...
Muchas veces presenciaba en total incredulidad las escenas más bizarras entre ellos. Peleas en que invariablemente, apenas Kurama se exaltaba. Analizando bien Kuronue era una especie de mártir en ese sentido. Soportaba todo, y pocas veces salía con algo además de sus comentarios secos y crueles. El youko siempre parecía determinado a sacarlo de lo serio... era todo tan misterioso y agresivo... Yomi imaginaba que historias no se esconderían por detrás del extraño amor de aquellos dos...
Bien, su curiosidad no era mayor que el deseo de que algún día, Kurama se deshiciera de una buena vez de aquella situación complicada. Aún más ahora, que tenía compañía mucho más agradable a su disposición.
Él entro en el cuarto despreocupadamente, con suerte tendría tiempo para tomar un baño antes que Kurama llegara. Era increíble como nunca sabía donde estaba; estando a su lado casi todos los días.
Fue entonces cuando una taza golpeó su frente. Soltó un gemido.
"Lárgate de aquí, muchacho idiota." Kuronue estaba echado en la cama al lado de Kurama, no fue preciso pensar mucho para saber lo que habían acabado de hacer.
"Kurama me pidió que viniese después de mi entrenamiento." Afirmó con convicción mientas masajeaba el área golpeada.
"Cállate la boca, puta de lujo." Susurró Kuronue cubriendo al youko con una de las alas negras. "No vez que tu dueño esta durmiendo?"
Yomi se estremeció de rabia, lo que quería hacer era partir a ese maldito en mil pedazos pero sabía que no se podría atrever a tanto. Su cuerpo quería luchar pero la razón lo comandaba a aguardar un momento más propicio...
"Tú no me mandas." Masculló lleno de rabia antes de voltear.
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Kurama miro de lado para su adorable ayudante. Yomi estaba tan molesto aquella noche que mal conseguía hablar. Aun cuando eso no perjudicaba su cualidad en el masaje... nunca había encontrado un youkai con manos tan suaves. Sería un desperdicio transformar un youkai tan talentoso por un ladrón cualquiera... pero también sabía que no podría mantener aquella situación por mucho tiempo. No con Kuronue llenando sus oídos al respecto de eso casi todos los días.
"No me vas a decir que pasó?"
preguntó con aire de desinterés.
"No pasó nada... bien..."
"Bien...?"
"Kuronue me llamó 'puta de lujo' hoy temprano."
"Ah! No le prestes atención, esta con celos." Respondió el youko con voz
suavizada por el efecto de las manos de Yomi en su espalda.
"Los otros también se burlan de mí..." lo soltó cruzándose de brazos. Kurama se volteo en la cama de modo que encarara a su interlocutor.
"No sabía, nunca me dijiste
nada..."
"Me gusta aquí... me gustas tú, pero quiero la oportunidad que pedí..."
"Nuestra profesión no tiene tanto
glamour así, Yomi, las cosas también salen mal..."
"Pero yo quiero ir... no me importa venir aquí y ser tuyo siempre que me quieras...
pero aprendí muchas cosas desde que llegue, estoy preparado, no soy tan ingenuo como
piensas."
El youko se volteo nuevamente, dando a Yomi la nítida impresión de que estaba molesto.
"Kurama, no quería..."
"Mañana vas con nosotros, está bien así?"
"Mañana?"
"No era eso lo que querías?"
"No te voy a decepcionar, te lo prometo."
"Si tienes tanto talento para ladrón como para otras cosas, luego estarás en mi
lugar..."
Las manos volvieron a subir y descender por la espalda del youko. Yomi sonrió satisfecho, finalmente iría a atacar con el bando; ahora sí tendría lo que siempre soñó...
"Vas a ver que voy a superar todas
tus expectativas." Afirmo, esmerándose en el masaje.
"Pues espero que te comiences a esforzar desde ahora."
"Sí señor."
Yomi se concentró aún más en los contornos del cuerpo delante suyo. Algo le decía que esa noche sería especial. Entonces un detalle aún no percibido llamó su atención...
"Kurama?"
"Hn?"
"Tienes arañones aquí en la espalda... y bien marcados..."
Kurama se volteo nuevamente, esta vez en un moviendo brusco. "Creo que ya te deje divertirte demasiado por hoy, youkai." Interrumpió Kurama, asegurando a Yomi por el hombro. "Ahora es mi turno de jugar..."
Yomi se limitó a sonreír al mismo tiempo en que Kurama se inclinaba sobre él. Pocas cosas en el mundo lo dejaban más excitado que la sucesión de besos y lamidas con las que era recibido siempre que se encontraba en los brazos de Kurama. Debía de haber algún misterio inexplicable en aquellos labios perfectos, en la lengua que exploraba cada detalle de su cuerpo con precisión indescriptible... tan diferente de todas sus anteriores experiencias...
Toque.
Olor.
Sabor.
Todo parecía haber ganado una nueva dimensión después de haber conocido a Kurama...
Era increíble como aquellas manos acostumbradas a buscar tesoros sabían perfectamente encontrar cada punto sensible en su piel, enloquecerlo por el más simple placer de hacerlo perder la razón e implorar para ser tomado como un animal irracional, desprovisto de dignidad, dignidad que tanto se esforzaba por mantener frente a todos. Tal vez ese era el truco de Kurama, matarlo de deseo, reducirlo a sus instintos más primitivos... y hacerlo agradecer por eso.
Así, una vez más, la suavidad de los labios del youko se hacían sentir en su cuello, alrededor de su oreja, en la línea de su maxilar en movimientos continuos y suaves, esparciendo húmedamente el calor en su piel. El ronronear de Yomi se volvió aun más rítmico cuando los labios de Kurama se cerraron alrededor del lóbulo de la oreja. Una mordida saliente lo hizo soltar el primer gemido, aún tímido y contenido. Él sabía que a partir de ahí estaba en sus manos, incapaz de contener sus propias reacciones, entregado como nunca se imaginó que se entregaría...
A medida que los besos se iban volviendo más exigentes, las manos ágiles del ladrón se desasían de los pequeños obstáculos que la ropa les ofrecía. En instantes Yomi se pudo sentir toda la extensión de su piel libre de los tejidos inconvenientes, rozando deliciosamente sobre el cuerpo que lo mantenía preso contra el colchón. Rápidamente sus brazos envolvieron la cintura y la espalda del youko, deslizándolos desde la nuca hasta la base de la cola, sintiendo casa contorno hasta envolverlo con fuerza. Sus piernas no tardaron en realizar el mismo movimiento, apartándose generosamente, recorriendo todo el camino hasta cruzarse en torno a las caderas de Kurama.
Yomi tembló cuando la cola de zorro se enroscó alrededor de sus tobillos, la punta felpuda haciendo cosquillas a sus pies, haciéndolo sofocarse con risas interrumpidas por las ondas de placer que lo tomaban poco a poco.
La nueva posición aproximó aún más los sexos pulsantes, haciéndolos latir, arrancando gemidos incontrolables de Yomi. Él sabía que su patrón no pararía por ahí... Kurama se irguió por un momento, como si apenas para verificar el ardor reflejado en las facciones de su subordinado. Después volvió a inclinarse sobre el cuerpo sudadicimo de Yomi, dispuesto a extraer de él reacciones aun más intensas. Al mismo tiempo en que sus labios encontraron una de las tetillas rosadas, besándola, probando su firmeza, el youko dejó que un a de las manos se deslizara por la silueta del youkai, avanzando por sus caderas, subiendo por la pierna, apretando el muslo musculoso mientras se humedecía con el sudor que recorría la piel en gotas generosas, preparándose para ir aún más lejos...
Yomi gimió alto así que el toque caliente se profundizó en el espacio entre sus nalgas, sintiendo la suavidad de cada curva hasta encontrar el ano. Cuando pensó que iba a ser invadido por un dedo explorador, fue mordido con fuerza en la tetilla. El dolor invadió su cuerpo mezclándose son todas las otras sensaciones, dejándolo fuera de sí. Yomi dejó un grito sofocado escapar de su boca, esforzándose para respirar, pero su jefe parecía determinado a no permitir que intentase algún modo de recomponerse. Un dedo penetró sin ceremonia el orificio caliente y apretado, revolviéndose en su interior hábilmente. Esta vez Yomi mal pudo emitir un ruido. Su cuerpo se arqueó en total descontrol y él llegó a pensar que no aguantaría más. Sus dedos se enterraron con fuerza en la espalda de Kurama, aliviando un poco su desespero... Gritó. Si le hubiera restado algún poder de raciocinio, tal vez se hubiera dado cuenta que gritó el nombre de su compañero.
El dedo dejó su cuerpo, pero Yomi no tubo tiempo de asimilar la sensación, ahora era Kurama quien no podía más...
Kurama lo invadió lentamente hasta el fin. Entonces sus movimientos se hicieron más rápidos e intensos, la penetración siendo más profunda con cada estocada hasta que no hubiera más aire o conciencia que les permitiese realizar cualquier otro gesto. Solamente el sonido mojado de los cuerpos en colisión, el rozar frenético entre las pieles mojadas podía ser escuchado, si es que aún pudiesen percibir alguna cosa.
Entonces el cuerpo de Kurama se estremeció en un sacudir breve y convulsivo, Yomi sintió su interior ser invadido por el semen caliente al mismo tiempo que su propia erección explotaba entre sus barrigas coladas. Por un momento fue como si todo el makai se hubiese acabado y no restara nada además de aquel cuarto, aquella cama. Quería abrazar a Kurama pero sus brazos y piernas descansaban lívidamente sobre las sabanas desordenadas, completamente exhausto y entregado a una gama nueva de sensaciones. Todo lo que Yomi aún podía sentir era el peso del cuerpo de Kurama sobre el suyo, el calor intenso que exhalaba, el respirar acelerado y el contacto suave del aire expirado contra su nuca.
Había sido simplemente maravilloso...
Kurama no se movió, Yomi tendría que empujarlo con cuidado para un lado para aliviar el peso sobre su pecho, sólo que estaba tan cansado...
Algún tiempo después tocó al youko en el hombre, Kurama aún estaba despierto pero parecía más exhausto que él. Yomi le pidió para que se moviera un poco para un lado y Kurama así lo hizo pero volvió a cerrar los ojos antes de completar el movimiento. Cuando lo abrazó para acomodarse mejor Yomi sintió que era abrazado. Sus ojos buscaron el rostro del youko inmediatamente pero el continuaba dormido, sin darse cuenta del gesto inédito que acababa de realizar.
Él retiró los brazos lo más rápido que pudo. Que pensaría Kurama cuando se levantara y se encontrara durmiendo agarrado a su subordinado como si fueran... una pareja de enamorados? Se podría irritar, creer que Yomi estaba olvidando su lugar...
Y Yomi sabía cual era su lugar...
Kurama se volvió a mover, esta vez en un rozar lento contra él. La mano que pendía sobre el pecho del youkai sujetó una porción de cabello negro, jalándola levemente antes de parar de moverse.
Yomi cerró los ojos, sabía que no demoraría en sucumbir al dulce sopor que continuaba tomando sus sentidos. Entonces abrazó a Kurama con todo cariño, acercándose aún más cerca de él.
El líder podría esperar hasta la mañana... hasta entonces serían apenas amantes.
Capítulo 3: El Ataque