Capítulo 9: Cambios bruscos
Yomi levantó el rostro, mirándose en el pequeño espejo de bordes plateados. Finalmente ya había un poco más de cabello en su cabeza. Las puntas ya alcanzaban los hombros, aun cuando algunas mechas aun tuvieran menos de dos dedos de largo. Nada que una arreglada no pudiera disfrazar. Tenía que estar presentable, él sabía que Kurama tomaba en cuenta esas cosas.
Del resto, había aprendido a no darle importancia a todo lo que le incomodaba. No tomaría a mal las represarías de Kimme y mucho menos los ataques de Shigeru. No se intimidaría por la presencia de Kuronue y tampoco por los otros integrantes del bando. Viviría un día a la vez, ignorando solemnemente los ceños fruncidos a sus espaldas. Que se vayan todos al infierno! No arruinaría su felicidad por culpa de lo que la gente decía. Como ellos lo podrían entender? No... sólo alguien que se hubiese sentido como él sabría comprender lo que pasaba por su mente... por su corazón.
"Hn... que es lo que tanto vez ahí?"
Aquella voz... Yomi cerró los ojos y suspiró al sentirse abrazado por detrás. Él se volteó recibiendo el abrazo y los besos responsables por sus más recientes desvaríos. Los labios suaves que a esas alturas ya conocían su cuerpo tan bien... por los Dioses... eso no podía ser normal... nadie debería tener tanto poder sobre él. Pero que hacer si ya se sentía perdido para siempre?
Entre un beso y otro, Kurama le dijo algo sobre ir a una reunión de jefatura. Inmediatamente Yomi separó sus labios. Sabía que de otro modo jamas conseguirían conversar.
"Pero... por que? No tengo nada que hacer allá..."
Kurama no se hizo de rogar. Volvió a aproximar los rostros, iniciando un rozar lento, suficiente para arrancar de su amante suspiros apasionados.
"Preguntas demasiado... has lo que
te digo y verás..."
"No quiero encontrarme con Kuronue... sabes eso."
"Te preocupas demasiado por él... por lo que parece, más de lo que por mí"
"No digas eso... tú conoces mis motivos..."
Kurama se separó de él.
"Y tú mis condiciones.!
"Lo sé, lo sé..."
"No soy de nadie, Yomi. Ni tuyo, ni de él. Si eso no te satisface podemos acabar con
todo esto ahora."
En un impulso Yomi lo abrazó, besándole los labios, sin esconder su aflicción.
"No... yo voy a donde tú quieras."
Lentamente Kurama se separó. Después se volteó, no sin antes guiñarle un ojo. "Apuesto que te van a agradar las novedades."
Yomi lo observó retirarse, sin conseguir desviar la mirada de él hasta que desapareció por el corredor. Muchas veces agradecía el no poder verse a si mismo en los momentos que pasaba al lado de Kurama. Estaba consciente que perdía totalmente el control sobre sí mismo. Pero, en el fondo, no se incomodaba en lo más mínimo por eso...
Ya era de noche cuando Yomi fue a la sala de reuniones del bando. Hasta entonces sólo había estado ahí una vez, cuando Kurama lo llevó antes de la separación. Y ni se acordaba muy bien del lugar ya que ni bien llegaron habían conseguido una mejor utilidad a la mesa.... en fin, al menos esa posibilidad estaba descartada por el momento...
Yomi río solo al imaginar a Kurama haciendo crecer arbustos para separarlos de los otros ladrones en plena reunión... de la forma en la que estaban no faltaba mucho para que llegara a ese punto.
Pero la sonrisa no duro mucho tiempo en su rostro. Al alcanzar la entrada la primera imagen captada por sus ojos fue la del youkai de alas negras. Criatura de mal augurio....
Se paró cerca de la puerta, esperando que lo notasen. Alrededor de la 'fatídica' mesa, Kurama y los otros ladrones discutían animadamente. Aun cuando el tema parecía caliente, el tono de la discusión sonaba bastante festivo. Habían innumerables botellas, jarras y tasas sobre la mesa. En unos instantes Yomi se enteró de lo que conversaban... Kurama iba a escoger un nuevo sustituto para Klaus, ya que el último duró solo tres ataques, víctima de un dardo envenenado.
"Tal vez Klaus ya está en
condiciones de reasumir su cargo, Kurama! Que piensas de eso?" provocó un youkai, ya
visiblemente ebrio.
"Quebrado de la forma en la que debe estar... eso no se va a levantar de la cama tan
pronto en esta vida." Contestó otro.
"Sugiero que sea Himura," afirmó Kuronue, poniéndose al frente de la discusión.
"Himura? Por que él? Es uno de los
más fieles seguidores de Klaus..." cuestionó Marou, uno de los ladrones del grupo
de Kurama.
"Él ya trabajó en mi grupo. Tiene valor. Y eso rompería de una vez la influencia
de Klaus sobre esos lisonjeros."
"Que tonterías dices, Kuronue..."
"No le prestes atención, Marou, Kuronue ahora no duerme de preocupación por
Klaus," Cortó Kurama en un tono sarcástico.
Algunas risotadas se escucharon pero ni aun así Kuronue les tomó importancia.
"Que sea Shigeru entonces. Él es
bueno, y ya está en el bando hace más de tres años. También es de confianza..."
"Hum... Shigeru es novato, pero ha tenido una buena actuación hasta ahora..."
agregó Marou, seguido por algunos otros comandantes.
Del rincón en donde estaba, Yomi casi se olvidó de su posición para hablar a favor de su amigo. Shigeru realmente merecía subir en la vida. Era un buen amigo, además de ser muy leal al bando... tan leal que hasta se ponía a defender las extravagancias de Kuronue. En fin, nadie es perfecto... pero aun así conseguiría imaginar la sorpresa que se llevaría cuando supiera quien iba a ser elegido como comandante.
"Yo ya escogí un nuevo comandante." Informó Kurama, en un tono bajo, que fácilmente pasaría de estar percibido si no fuera la voz del líder.
Inmediatamente todas las miradas se dirigieron hacia el youko.
"Y quien es el escogido?"
"Yomi."
En ese mismo instante la sala de reuniones se transformó en un bullicio de voces exaltadas. Kuronue se levantó, visiblemente indignado. Como no se hacia oír acabó golpeando la mesa con fuerza, atrayendo la atención de todos a su alrededor.
"Te volviste loco, Kurama! Sabes que
ese novato no está calificado para liderar. Que diablos pasa contigo!?"
"Cálmate Kuronue, yo sé lo que estoy haciendo."
"Yo no acepto eso!" gritó.
"Cuidado con ese tono de voz... " dijo, levantándose. "no abuses de tu
posición aquí o aprovecho para encontrar un substituto para ti también.
"Has eso, Kurama! Pon a tu amante a mandar a todos aquí..."
"Calma Kuronue..." intervino uno de los ladrones, cogiendo el brazo del youkai.
"Suéltame!" gritó, soltándose de la mano que lo cogía, antes de avanzar en dirección a Kurama. "... alguien aquí tiene que decirle la verdad. Kurama, no puedo creer que vayas a promover a ese puto con tantos ladrones talentosos en este bando! Estas ebrio, perdiste el juicio! O será que se te dio por pensar con la parte equivocada del cuerpo!?"
Como un rayo Kuronue fue tirado al suelo, derribado por una bofetada fuerte que sonó como el golpe de una vara. Esta vez el silencio se hizo total, casi aterrador. Desde donde estaba, Yomi se estremeció. Una sensación angustiaste invadió su pecho, como si el golpe hubiera le hubiera sido dado a él y no en su enemigo. Su visión llegó a nublarse...
Kuronue se levantó tambaleante, sus alas temblaban, sin embargo ningún youkai se atrevió a tocarlo. Se quedó parado, delante de Kurama, encarándolo sin vacilación. Su rostro ya exhibía la marca roja que ciertamente se acentuaría en los próximos días. Lentamente él sacó un puñal que tenía sujeto en el cinturón y lo depositó sobre la mesa. Después se volteó y se dirigió a la entrada. Los que estaban delante de él le abrieron paso sin decir palabra. Al alcanzar la entrada se encontró con Yomi. Sólo entonces la presencia del nuevo comandante fue notada. Kuronue simplemente levantó el rostro y pasó frente a él como si fuese apenas un obstáculo en el camino.
Al darse cuenta de que era el centro de atención de todas las miradas, Yomi se aproximó. Estaba serio, aun cuando sentía las piernas tambaleantes y el sudor en su frente. El silencio persistía.
"Que pasa! Nadie va a saludar al nuevo comandante?" dijo no de los ladrones, rompiendo el malestar general.
Las voces fueron cobrando fuerza al poco rato. Súbitamente, Yomi fue cercado por los ladrones cuando menos se lo esperaba, fue empapado con vino hasta la ropa interior. Su espalda era sacudida por golpes y más golpes de bienvenida . Una botella entera llegó a sus manos. No pasó mucho para que el altercado con Kuronue fuera olvidado por la conmemoración, como si nada hubiera pasado. Yomi quería abrazar a Kurama, por lo menos mirarlo a los ojos, pero siempre que intentaba esquivarse era atacado en algún otro ritual de iniciación.
Su nombre era repetido innumerables veces... no tardó mucho para que todas aquellas demostraciones efusivas surtieran algún efecto sobre su abatido animo. Después de todo, había sido promovido! Y después, no era racional que se sintiera mal por Kuronue. No, la verdad era que tenía que estar feliz con todo lo que estaba pasando. Kurama le dio un bellísimo golpe en la cara de ese cretino delante de todos. Que podría ser mejor?
Fue entonces que Yomi encontró una brecha entre los youkais que lo rodeaban para poder ver. Sus ojos buscaron la figura de Kurama... el youko aun estaba en el mismo lugar de la mesa, mirando apáticamente el puñal dejado por Kuronue. Yomi sintió su corazón detenerse en su pecho al percibir que había algo raro en su expresión... era como si el pesar se hubiera abatido sobre él. Pero no pudo verlo así mucho tiempo. Las miradas se cruzaron y Kurama le sonrió. Yomi le devolvió la sonrisa con los ojos fijos en él.
El youko se levantó y fue hasta donde estaba.
"Felicidades, Yomi."
"Voy a ser el más dedicado de sus comandantes, señor. No se a arrepentir de haberme
escogido."
"Están viendo? Acaba de ser iniciado y ya afirma que los va a superar. Hice o no la
elección correcta?" comentó alejándose.
"Hey, jefe! A donde va?"
"No se preocupen, ahora vuelvo..."
Yomi aun intento llamarlo, pero fue contenido por sus colegas.
"Él ya vuelve, chico. Ahora vamos a ver si ya estas preparado para beber como un miembro del comando."
Ya amanecía cuando Yomi cruzó los corredores cogido por dos de sus nuevos compañeros. Había bebido más de la cuenta, mucho más de lo que estaba acostumbrado. Jamas imaginó que sería tan bien recibido entre los grandes del bando, menos aun ante la presente circunstancia.
Se acordaba que alguien le había dicho que era el ladrón que había subido más rápido en el bando, con menos de medio año de actuación como ladrón. También oyó algunas críticas, pero nada que le molestara. La mayoría había confiado plenamente en la decisión del líder... tal vez la mejor parte de su breve convivencia con los jefes fue saber como Kurama era respetado. No falto quien apoyase su actitud en relación al atrevimiento de Kuronue. Lo consideraron correcto y determinado de parte de él no dudar en castigar un subordinado petulante, aunque este fuera su compañero.
Bien, tal vez esa fue una de las partes que no le gustó a Yomi... constatar que todos los veían como compañeros y no meros amantes. Era como si ninguno de ellos dudara que en breve ellos ya estarían juntos nuevamente. Pero sin duda, lo peor de todo había sido esperar por el regreso de Kurama en vano.
A penas se libró de los otros Yomi fui hacia el cuarto donde acostumbraba tener sus encuentros con Kurama. Esperaba encontrarlo allá, de preferencia sin Kuronue. Con todo, el cuarto estaba vacío. Aprovechó para recomponerse un poco. Su cabeza pesaba y su cuerpo pedía descanso, pero en su mente tenía otros planes. Quería contarle la novedad a su instructor Kimme y también a los pocos amigos que hizo en su antiguo grupo de ataque. Se lo ocurrió contarle a Shigeru que su nombre había sido propuesto para tomar el comando pero acabó desistiendo de la idea. No quería que pensase que lo habían dejado de lado.
Yomi se lavó y se cambió de ropa lo más rápido que pudo, ansioso por regresar al campamento. No evito el pensamiento de que tendría que estar más presentable en adelante... 'nada', pensó sacudiendo la cabeza... mejor se volvería como Kurama que conseguía ser hermoso e imponente, no como Klaus que de tantas baratijas más parecía una esclava virgen...
Yomi terminó de ajustar las tiras que sujetaban las largas botas de cuero, sintiéndose más que listo para otra ronda de celebraciones. Estaba seguro que Kimme se pondría muy feliz cuando se enterara de su ascenso.
Pero al dirigirse hacia la puerta se encontró con la figura de Kuronue, bien al medio de su camino. El youkai aun usaba el mismo traje con el que estaba en la reunión y también la misma expresión de pocos amigos. En su rostro, una hinchazón enrojecida que se podía ver de lejos, resultado del golpe que le dio Kurama.
"Que haces aquí?" preguntó Yomi a la defensiva. Instintivamente su mano derecha alcanzó la vaina de su espada.
"Relájate Yomi... no vine a
matarte."
"Y como puedo estar seguro? Ya lo intentaste una vez... Kurama estará aquí en
cualquier momento."
"Él no vendrá. Y es contigo con quien quiero hablar."
"Viniste a amenazarme?"
"Quiero que le digas a Kurama que no vas a aceptar el comando."
"Qué!?"
"Lo que escuchaste. Tú deberías
ser el primero en reconocer que no está preparado para asumir esa posición."
"Estas completamente fuera de tus cabales si piensas que haré eso!"
"Si te importan la vida y la seguridad de Kurama entonces lo harás. O piensas que sería bueno para él tener como apoyo un comandante novato que mal sabe manejar la espada? Ya te pasó por la cabeza que tu amante puede morir por causa de alguna falla que cometas?"
Yomi tragó en seco. La verdad aun no se había visualizado en su función... Kuronue percibió su indecisión y prosiguió...
"No. Estoy viendo que no se te ocurrió nada de eso. Pero como se te podría haber ocurrido, no? Se recién has comenzado a actuar con el bando. No sabes..."
"Mentiroso! Dices eso por que me odias! Porque te quité a Kurama!"
Kuronue sonrió. Había un indescifrable trazo de ironía en su expresión.
"Tú? Esa es buena... muchacho, aun no sé si eres egocéntrico o simplemente un tonto. Piensas que eres el primero en este bando en lograr cosas a costas de favores sexuales? Casi todos los comandantes ya pasaron por la cama de Kurama. Hasta tu estimado maestro Kimme fue su amante por casi quince años, hasta que en un combate perdió la vista..." dijo Kuronue calmadamente, como si estuviera sentado en una mesa de te. "... Hn... sorprendido? No me mires con esa cara... si no me crees pregúntale a él... Yomi, Yomi... mete una cosa en esa atolondrada cabeza tuya antes de que sea separada de tu cuello. Para Kurama eres apenas un juego como tantos otros que él ya tuvo. En breve aparece otro novato para tomar tú lugar. Kurama es del tipo que se aburre rápido..."
"Como dices una cosa de esas, maldito?"
"Es la pura verdad. Kurama sólo piensa en enriquecerse y en más nada. Los amantes son un mero pasatiempo. Y tú, querido, apenas uno más de una laaaaarga lista."
"Tú también eres traicionado."
"Un ordinario pretencioso como tú jamas podría alcanzar a comprender lo que hay entre nosotros. Si llamar a eso 'traición' te facilita las cosas, no me importa."
"Todo eso es mentira..."
"Vamos, Yomi... pensa. Porque te estaría mintiendo? No me preocupa cuantas veces te acuestas con Kurama. Mi única preocupación es el bando. Por eso repito: no estas capacitado para liderar. Si aprecias tu vida, desiste."
"Nunca."
"Muy bien. Lo intenté... después no te quejes cuando la realidad toque tu puerta. En fin. Que se puede esperar de un puto barato como tú?"
La mano que aun sostenía la empuñadura de la espada la desenvainó en un movimiento ligero. Un golpe cortó el aire, esparciendo minúsculas gotas de sangre por el aire. Kuronue se llevó la mano a las costillas, cubriendo la herida, al tiempo que su otra mano buscaba un péndulo que llevaba atado a su cinturón.
Yomi avanzó nuevamente, sin dar tiempo a su adversario, pero su golpe fue evitado por una hábil esquivada al mismo tiempo que el certero péndulo volaba en dirección a su arma. Yomi intentó esquivar, pero la espada fue arrancada de sus manos. Su puñal estaba lejos, en la ropa que había tirado, así como el péndulo de Kuronue, contra la pared. Ambos intentaron alcanzar sus armas al mismo tiempo, pero el choque entre ellos rápidamente evolucionó en un furioso combate cuerpo a cuerpo.
Las manos de Yomi se aferraban a la camisa negra de Kuronue. Un intento de empujón que le daría un tiempo para respirar antes de avanzar nuevamente. Sin embargo, el impulso fue débil, apenas suficiente para hacer que su oponente se apartase un poco. Se enfrentaban, jadeando pesadamente, claramente avergonzados por sus propias reacciones. Serían motivo de risa, si los vieran atacando de aquella forma.
Entonces un débil sonido se hizo oír. Yomi miró hacia abajo instintivamente, sin la malicia de que pudiese ser atacado en una distracción. Había un objeto sobre el suelo... una correita que se estiraba a los pies de Kuronue atada a un pendiente de metal y cristal bermellón.
Había visto aquello antes... incluso más de una vez.
Kuronue se detuvo, guardando la cadenilla rápidamente con manos temblorosas. Se volvieron a observar.
"Eres un esclavo..." murmuró Yomi, mirando fijamente al youkai "eres su esclavo, por eso soportas todo."
"No seas ridículo..."
"Conozco esa correíta! La he visto colgar del cuello de muchos youkai en mi vida! Eres su esclavo, admítelo!!
"No sabes de lo que estás hablando. Como osas acusarme de eso, tú mocoso estúpido..." cortó dándole la espalda a Yomi.
"Espera! Entonces qué estás escondiendo? Tienes miedo de que arruine tu reputación? Pues puedes tener la certeza de que esa actitud no te va a durar cuando todo el mundo se entere de lo que llevas oculto en tu cuello!
"Cierra la boca, maldito... No soy esclavo de nadie. Es tu gran y adorado jefe quien es mi esclavo, entiendes? MIO! Mío, que lo saqué del agujero donde vivía; mío, que dejé que viviera como un youkai libre y se volviera ese maldito loco ambicioso que es hoy en día!
Yomi se quedó en silencio. Sus palabras se atragantaron en su garganta. Quería gritar alguna insolencia, cualquier cosa que hiciera a Kuronue negar esa loca historia. Kurama un esclavo? No... Cómo podía la más libre de las criaturas pertenecer a alguien?
"No..."
Kuronue respiró profundo. No creía lo que acababa de hacer... Cómo había podido? Cómo había podido revelar el secreto de una vida a un muchacho insensato?! En el forzado silencio del cuarto todo lo que se podía oír eran los pasos nerviosos de Yomi, que aun se movían sin dirección. Kuronue miró hacia arriba, sintiéndose sofocado. Se tuvo que apoyar en el mueble de su lado para asegurarse de estar en pie. Sus pensamientos daban vueltas en su mente, una mezcla de culpa y alivio, de aflicción y rabia que parecían subir por su sangre, distorcionándole los sentidos.
Yomi se sentó en la cama de cabecera baja, ajeno al movimiento del otro lado del cuarto. Los puños de Kuronue se cerraron a medida que su respiración se aceleraba. Sólo una idea rondaba en su cabeza en ese momento, de que el mal tenía que ser deshecho... No podía permitir que Yomi usara lo que sabía...
Su mano derecha buscó lo que llevaba en el cinturón, tocando su ropa sin encontrar...
"Buscando eso?"
"Kurama..."
Yomi miró para el frente, aun más aturdido por la presencia de Kurama. El youko estaba de pie, al lado de Kuronue, sosteniendo una daga plateada.
"Olvídalo, Kuronue... No necesitarás esto ahora..." dijo secamente, lanzando el arma hacia un lado.
"Kurama, escúchame..." imploró Kuronue en tono afligido.
"Siento mucho haber interrumpido esta pequeña reunión de ustedes..."
"Yo no creí ni una palabra de lo que me dijo, Kurama..." afirmó Yomi, levantándose nervioso.
"Sal de aquí, Yomi."
"Kura..."
"Ahora!"
Yomi obedeció mecánicamente, sin saber qué pensar. Antes de alcanzar la puerta recibió un último aviso.
"No olvides que ahora tu vida vale menos que tu lengua."
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Algunos instantes pasaron después de la salida de Yomi. Los dos youkais permanecían en silencio, alejados el uno del otro, como si hubiera un muro invisible entre ellos. Kurama fue el primero en alzar la vista para encarar a su compañero.
"Que quieres que haga contigo ahora?"
"Yo no pretendía eso. Kurama... te lo juro. Nadie va a saberlo... hago lo que sea..."
Kurama tomo una respiración profunda. Fue hasta la cama y se sentó.
"Que importancia tiene eso ahora?"
Kuronue lo miró sin entender. En seguida fue hasta él y se arrodillo frente al youko, abrazándolo, enterrando su rostro en el pecho de Kurama como un niño arrepentido que busca comprensión por sus actos.
"Perdóname Kurama... estoy loco, no sé lo que hago... sólo sé que te amo. Mátame si eso te va librar de este maldito secreto... o simplemente dime una palabra y yo me mataré por ti. Pero por todo lo que es más sagrado, no me odies..."
Sin poder contenerse, Kuronue se agarraba cada vez más al cuerpo de su amante, sintiendo las lágrimas deslizarse por su rostro como hacia cientos de años no ocurría. Sólo quería estar ahí, junto a él lo más que pudiese, aunque esa fuera la última vez. No le importaba morir por su pecado, por la promesa que no podría ser rota, con tal que muriera en sus brazos.
"Que esta sucediendo contigo, Kuronue...?" susurró Kurama en un tono de voz preocupado que pocas veces podía ser oído.
"No lo sé."
Silencio.
Kuronue sintió los brazos de Kurama y su cuerpo fue suavemente envuelto por ellos.
"No te preocupes. Ya sabré yo que hacer con respecto a Yomi... no pienses más en eso."
"Te extraño, Kurama... ni te imaginas cuanto."
Kurama acarició el rostro que reposaba en su hombro, inclinando la cabeza hasta que su rostro tocase los cabellos de Kuronue.
"Ya no digas más nada. Yo le voy a encontrar una solución a todo, lo prometo..."
Capítulo 10: Amargo Despertar