Amor Humano e Inmortal

Por Verónica

 

Armand:

La primera vez que lo vi estaba en busca del gran y, a su propia manera de ver las cosas, maravilloso secreto de la inmortalidad. Luego de entrevistar a uno de los nuestros en una mugrosa habitación de Divisadero Street, más exactamente al más humano de los vampiros, Louis, se sentía extasiado ante la idea de la asesina belleza de nuestra raza, de la maldad divina que nos rodea, de nuestro halo de misterio. Su obsesión, y hasta él lo comprendía, casi lo llevaba al borde de la locura; no se conformaba con la seguridad de nuestra existencia, de nuestra belleza, a pesar de que no muchos humanos tienen esta posibilidad de conocernos y conservar sus vidas, no le importaba cómo éramos en verdad, quería la inmortalidad para sí, sin saber ni poder comprender que casi todos nosotros la llevamos como una maldición, obligados a ver cómo nuestro alrededor cambia, todo lo que es seguro y que nos agrada se destruye inevitablemente, el tiempo avanza dejándonos a nosotros atrás, siempre perdidos en el vacío de un tiempo que nunca se detendrá ni volverá. En ese momento supe que era a él a quien había estado buscando.

Por qué él y no cualquier otro de los millones de humanos que existen, la mayoría de ellos mucho más cuerdos y sensatos? Ni siquiera yo estoy seguro. Tal vez fue ese aire de desencanto que lo rodeaba, o su determinación casi idolatrada de convertirse en uno de nosotros, tan incomprensible para mí en ese momento (y aún ahora no lo comprendo), puede que sea su desdén por la vida, o probablemente sólo por su peculiar y casi irreal belleza, su cabello platinado y sus maravillosos ojos amatista.

En un principio lo tomé como un juego, una diversión, una amena manera de conectarme con la nueva época; decidí perseguirlo, enloquecerlo de terror, observar sus acciones desesperadas para huir de mí. No pasó mucho tiempo hasta que al fin decidí que era suficiente de ese juego y empecé a entablar conversaciones con él, comencé con preguntas acerca de su viaje, de las actividades que realizaba, de por qué le gustaban ciertas cosas; buscaba comprender las causas de su manera de actuar, de sus preferencias, de sus elecciones. Con el tiempo nuestras conversaciones se hicieron cada vez más largas y reflexivas, charlábamos sobre filosofía, sobre las guerras, la historia, los nuevos inventos tecnológicos, en fin, de cualquier cosa que se nos presentara. No podría decir con seguridad en qué momento de ese tiempo decidí que de ninguna manera lo mataría, ahí fue cuando descubrí finalmente que era la persona indicada para hacerme entrar en la nueva era y lentamente fue dejando de ser una herramienta más, usada para mi propia conveniencia, para convertirse en mi amante secreto; claro que no llegué a esa conclusión precipitadamente, me probé a mí mismo dejando de buscarlo durante ese verano en que viajó al sur de Italia, a pesar de que podría haberlo encontrado en cualquier momento sin problemas, como siempre lo había hecho. Durante todo ese tiempo extrañé no sólo sus conversaciones y sus ideas, lo extrañé a él, casi sin que lo notara estaba comenzando a importarme más de lo que hubiera pensado. Y fue por eso que sellé nuestra unión en la Villa de los Misterios, le di a beber sólo un sorbo de mi sangre y por primera vez probé la suya. Desde ese momento todo cambió, Daniel al fin comprendió que no buscaba matarlo (qué iluso en pensar que podría hacerlo!) y fue desde entonces que comenzamos a viajar juntos, sus noches me pertenecieron desde ese día sólo a mí.

Ah! En ésa época lo obligué a acompañarme en mis casi maratónicas jornadas, que lo dejaban completamente exhausto. Ahora que lo pienso, tal vez el ritmo que llevábamos era demasiado desenfrenado para él, un simple humano; lentamente lo obligué a alejarse cada vez más de todo, lo até a mí, sin notar que él también me estaba atando en respuesta. Durante ese tiempo el mundo me resultaba tan maravilloso y sorprendente que no podía dejar de aprenderlo todo, cada segundo de mis noches estaba evocado a esta tarea de redescubrimiento, la nueva era me envolvía como hacía mucho no me pasaba, y la compañía de Daniel sólo contribuía a acrecentar mi fascinación y amor por todo lo que me rodeaba, haciendo mi entorno mucho más maravilloso simplemente con su mera presencia. Mis repentinas fascinaciones con los elementos del siglo XX que descubría me hacían perder cada vez más la compostura y serenidad que me caracterizan ante Daniel, mostrarme cada vez más como verdaderamente soy, rompiendo mi imagen de calma e importancia, de superioridad y sabiduría.

Con el tiempo al fin decidí buscar un lugar donde establecerme definitivamente (con el poco significado que tienen para un inmortal como yo esas palabras...). Fue en ese momento que decidí diseñar personalmente la Isla de la Noche, mi mayor tributo, hasta entonces, a mi amado Daniel. Llené el lugar con todas las cosas que me agradaban (y aún me agradan), con los materiales más lujosos, obras de arte, objetos modernos, ropa, CDs, libros, en fin, todo.
Fue durante ese tiempo en que finalmente comprendí la magnitud de mi amor por él, muchas veces he tenido diversa cantidad de compañeros a lo largo de los siglos, tanto humanos como vampiros, pero en el fondo ninguno ha llegado a importarme lo suficiente. Ninguno se convirtió en una parte tan indispensable de mi 'vida' como él lo hizo. Y tuve un terrible miedo, primero de lo que los otros inmortales pudieran hacerle, por eso le entregué el Amuleto, para protegerlo de los demás, para marcar que era (y aún es) mío, que cualquiera que se atreviera a dañarlo tendría que vérselas conmigo; luego de él mismo, de que finalmente se cansara de esperar por la sangre que juraba nunca darle y me abandonara. Cuando comenzó con esos absurdos y ridículos viajes me aterroricé, no quería perderlo, sin embargo él insistía en sus inútiles intentos por huir de mí, cuando hacía tiempo que ya no tenía una vida fuera de la que llevaba conmigo, yo era todo para él como lo era él para mí.

Por eso esperaba ansioso su regreso, con los brazos abiertos. Claro que no podía dejárselo saber, si lo hubiera sabido sin duda lo hubiera utilizado en mi contra, no, no podía permitir que descubriera mi debilidad. Fue así que comencé a observarlo hundiéndose en la desesperación, luchando por alejarse de mí, y finalmente rogando para que lo trajera conmigo de vuelta. Ver su dolor siempre me llenó de angustia, sin embargo me vi obligado a hacerlo para demostrarle que no tenía nada sin mí, que su vida hacía tiempo que ya no existía, que no tenía adónde regresar más que a mí; fue una lucha contra él y contra mí mismo para evitar que se alejara. A pesar de lo que diga y piense, nunca hice nada para forzar su regreso, él mismo en el fondo lo deseaba, deseaba volver conmigo tanto como yo deseaba que lo hiciera, y mi reacción ante su retorno, mi aparente indiferencia, mi supuesta falta de interés en encontrarlo, no hacía sino lastimarlo más.

Si no fuera por la capacidad total que tenía de leer en sus pensamientos, seguramente hubiera creído que sólo estaba a mi lado por la sangre, a veces, por sus palabras, parecía que era lo único que le importaba, que yo no valía nada más que por el Don Oscuro, sin embargo cada vez que sondeaba su mente podía ver el amor que me tenía y que aún, después de convertirlo en lo que es, me tiene. En esos momentos me sentía aún más débil, no podía dejar de pensar que era un monstruo al hacerlo sufrir de esa manera, por eso lo llenaba de regalos, le daba todo lo que pudiera desear, menos mi sangre inmortal, su verdadero deseo.

A pesar de todo el dolor que sé que le causé con mi decisión, siempre lo hice buscando su bien, quería que disfrutara de la vida, de las maravillosas cosas que un inmortal no puede hacer, sin darme cuenta de que su existencia se basaba solamente en la miseria que le causaba esa misma vida y la inmortalidad que yo le negaba.

Sin importar toda mi determinación, todas las promesas que me hice a mí mismo, mi propia experiencia personal, cuando llegó el momento no pude soportar la sola idea de perderlo. Cada vez que lo veía consumiéndose, dejándose morir más y más, era como una puñalada para mí, que Daniel se encargaba de retorcer cada vez con mayor intensidad. Esa noche en el avión decidí tomar la decisión definitiva, actué egoístamente, no podía permitirme perderlo, no podía ni ver cómo se autodestruía o cómo lo hacía lo que fuera que había despertado. Mi existencia no hubiera tenido más sentido sin él, lo confirmé totalmente en ese momento, así como yo era todo para él, él lo era para mí. Así fue que lo convertí en uno de nosotros, lo hice mi hermano en la oscuridad, y temo que algún día tendré que pagar las consecuencias. Sin embargo no puedo negar que siempre me gustó mi creación; parece mentira que ahora, estando 'muerto', se vea más vivo que nunca! La alegría lo colma como nunca antes, todo parece interesarle, cada sencillo movimiento, el cambio de los colores, su alrededor parece fascinarle como si cada una de las cosas que observara fuera la más maravillosa del mundo. A pesar de eso aún me preocupa un poco su excesiva confianza, nada parece a su entendimiento peligroso, nos considera indestructibles, pude observar su tranquilidad durante nuestro enfrentamiento con la Madre, como si estuviera seguro de que nada podría causarnos daño, y espero, por su bien y por el mío propio, poder estar a su lado si algún día necesito protegerlo.

A pesar de todo temo que en algún momento se dará cuenta de nuestra realidad, cuando descubra todas nuestras limitaciones, temo que vuelva a sumirse en la desesperanza y que me odie por lo que le hice, por sucumbir a él y concederle el Don Oscuro, por acceder a entregarle lo que tanto codiciaba, por rendirme ante el deseo egoísta de ambos. No soportaría volver a ver su mirada herida y comprender que esta vez por mi debilidad no habrá vuelta atrás, su rencor, y lo que es peor, llegar tal vez a verlo partir de mi lado, esta vez quizá para siempre (y en mi caso la palabra toma su sentido literal). Creo que en ese momento enloquecería, perdería toda la serenidad y el autocontrol que he cultivado y mantenido a lo largo de mis 500 años de 'vida'; a veces pienso que podría sobreponerme a todo, menos a la pérdida de Daniel, mi único y eterno amor.
 

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Yaoi no Sekai
Ó Youko Gingitsune Diciembre 2002